Mike Davis: “La desesperación no sirve de nada”

A lo largo de varias décadas, Mike Davis, el escritor del sur de California, ha documentado obsesivamente el lado obscuro del Estado Dorado: sus incendios forestales, terremotos, promotores inmobiliarios megalómanos y violentos departamentos de policía.

En ensayos como The Case for Letting Malibu Burn [Defensa de que arda Malibú] Davis ha argüido que los desastres naturales de California no son verdaderamente naturales, sino que son resultado de la codicia, el racismo y la falta de previsión de los agentes de poder de la región. En City of Quartz -publicado en 1990, dos años antes de la revuelta de Rodney King- describía Los Ángeles como un estado policial de supremacía blanca que se había comercializado con éxito como un paraíso.

Se le motejó de “profeta de la fatalidad” » y algunos le tildaron de ser excesivamente crítico, un izquierdista delirante. Pero en los últimos años, las advertencias de Davis sobre la destrucción ecológica y social han empezado a sonar cada vez más proféticas. A medida que California se enfrenta a una creciente desigualdad de la riqueza y a la falta de vivienda, conforme estallan nuevas protestas por la violencia policial y las mansiones de Malibú arden una y otra vez, sus escritos no han hecho sino cobrar mayor relevancia.

Todo esto llega mientras Mike Davis se está muriendo. Este verano, este hombre de 76 años suspendió el tratamiento contra el cáncer de esófago y comenzó a recibir cuidados paliativos, por lo que se calcula que le quedan entre seis y nueve meses de vida.

Entrevisté [escribe Lois Beckett, periodista del diario The Guardian] a Davis en su casa de San Diego a principios de agosto pasado, junto a su mujer, Alessandra Moctezuma, conservadora de arte y profesora. A lo largo de más de ocho horas, me contó anécdotas de su infancia de niño de clase trabajadora crecido en El Cajón [ciudad del condado de San Diego], me habló de sus décadas de activismo en los movimientos de derechos civiles y laborales, del modo en que su trabajo como camionero y conductor de autobuses en Los Ángeles influyó en su carrera de escritor tardío, y de sus reflexiones sobre el activismo juvenil, la crisis climática y lo que se siente cuando tu vida termina en un momento sombrío de la Historia.

Davis no quería parecer demasiado grandilocuente respecto a su propia muerte – «La gente no escribe su propio legado, por Dios bendito»- y temía que la morfina que toma para el dolor pudiera entorpecer su memoria enciclopédica o sus dotes oratorias. Pero no tenía de qué preocuparse. Se puso el sol, la batería de mi portátil se agotó al llegar al 0%, y Davis no había terminado de contar historias.

Se ha ganado usted una reputación de historiador con una extraña habilidad para ver lo que está por llegar. En 2005, escribió un libro, Monster at the Door, [Llega el monstruo, Capitán Swing, Madrid, 2020] sobre la amenaza de una pandemia de gripe. Pocos meses antes del 6 de enero [de 2021, fecha del asalto al Congreso norteamericano], advirtió de que la izquierda norteamericana no estaba preparada para los crecientes niveles de violencia socialdel país. ¿Qué es lo que ahora ve que va a venir?

En lo que más pienso estos días es en la muerte de California. En la muerte de sus paisajes emblemáticos. Escribí en The Nation un artículo sobre la razón por la cual son irreversibles estos cambios, sobre cómo gran parte de la belleza del estado podría desaparecer para siempre. Sin árboles ya de Josué. Sin secuoyas.

Me he regocijado toda mi vida con la belleza de California: senderismo, carreras de montaña, viajes por todo el estado. Son tantas las cosas que me gustaría que mis hijos pudieran ver, que pudieran haber visto, que no verán. Y eso, por supuesto, está pasando en todo el mundo.

¿Qué opina de la respuesta que ofrece California a esta destrucción?

[El gobernador de California, Gavin] Newsom se va a presentar a la presidencia, en parte por sus logros en la lucha contra el calentamiento global en California. Cada vez que hay un incendio, sale a declarar: ‘Esto es una advertencia global, y en esto vamos en cabeza, estamos dando el mejor ejemplo’.

Pero hemos superado el punto de inflexión en muchos aspectos, y estamos haciendo muchas cosas equivocadas. No se trata sólo del calentamiento global y la sequía, es el hecho de que dos tercios de las nuevas viviendas construidas en el Oeste norteamericano están en zonas de alto riesgo de incendio, y los demócratas se niegan a hablar de una moratoria en la construcción o incluso de frenar la construcción en la interconexión entre lo urbano y la vida silvestre. A los políticos resulta más fácil decir que apoyan los vehículos eléctricos. El “greenwashing” [“ecoblanqueo”] ha llegado a un punto repugnante. Por doquier, nuestras clases dirigentes carecen de análisis racional alguno o de una explicación sobre el futuro inmediato. Hay un pequeño grupo de personas que ha concentrado más poder sobre el futuro de la humanidad que nunca antes en la historia humana, y carecen de visión alguna, no tienen ninguna estrategia, ningún plan.

La crisis climática, la crisis migratoria y la pandemia nos han mostrado la verdad sobre cómo reaccionan los estados supuestamente democráticos ante acontecimientos que suponen una amenaza global: suben el puente levadizo.

Llevas toda la vida organizando el cambio social. ¿Cómo te enfrentas a un futuro que parece tan sombrío?

Para alguien de mi edad que participó en el movimiento por los derechos civiles y en otras luchas de la década de 1960, he visto cómo se producían milagros. He visto a gente corriente que hacía las cosas más heroicas. Cuando has tenido el privilegio de conocer a tantos grandes luchadores y a tantos resistentes, no puedes arrojar la espada, aunque las cosas parezcan objetivamente desesperantes.

Siempre me han influido los poemas que Brecht escribió a finales de los años 30, durante la Segunda Guerra Mundial, después de que todo hubiera quedado incinerado, con todos los sueños y valores de toda una generación destruidos, y Brecht decía, bueno, es una nueva edad obscura… ¿cómo resiste la gente en tiempos obscuros?

Lo que nos hace seguir adelante, en última instancia, es nuestro amor por los demás, y nuestro rechazo a agachar la cabeza, a aceptar el veredicto, por muy todopoderoso que parezca. Es lo que tiene que hacer la gente corriente, tenemos que querernos, tenemos que defendernos unos a otros, tenemos que luchar.

¿Qué crees que deberían hacer los norteamericanos en este momento?

Organizarse del modo más masivo posible: con desobediencia civil no violenta. En lugar de limitarse a luchar por la legislación medioambiental en el Congreso, que acaba en un proyecto de ley que supone tanto subvencionar a la industria del automóvil y a los combustibles fósiles como cualquier otra cosa, hay que empezar a sentarse en las salas de juntas y en las oficinas de los grandes contaminadores, en todas esas reuniones en las que se sientan los Koch y otros productores de petróleo con los políticos republicanos.

En 2020, se produjeron protestas callejeras masivas en todos los Estados Unidos, y en todo el mundo, después de que la policía matara a George Floyd. Sin embargo, tú has argumentado que la izquierda de los Estados Unidos ha entregado las calles a la extrema derecha. ¿Por qué?

Los republicanos están haciendo un trabajo espléndido al combinar los movimientos de protesta con la política electoral. No se trata sólo de que los republicanos hayan dominado la lucha callejera de baja intensidad, es que han sido capaces asimismo de mantener una dialéctica entre el exterior y el interior de un modo que los demócratas progresistas no han podido.

Nuestros dos hijos [los gemelos de la pareja, que tienen ahora tienen 18 años], como todos sus amigos, se volcaron en Black Lives Matter. Se prestó mucha atención a la participación de los blancos en las protestas, pero creo que la parte más emocionante fue la cantidad de nuevos chicos inmigrantes, latinos, que estaban en el centro de todo. Después del verano de 2020, quedaron un poco huérfanos. Qué hacer, dónde protestar, a qué unirse, cómo concebir la posibilidad de una vida dedicada a luchar por el cambio social…todo eso quedó sin respuesta.

Hay una base para una política de izquierda más activista, más agresiva, pero también más estratégica. Los estudiantes de los institutos del centro de California son un dragón dormido. Si se miden las cosas por las encuestas de opinión, esta generación es más de izquierdas que la de los años 30. Un gran número de personas menores de 30 años dice estar a favor del socialismo o está dispuesta a escuchar argumentos en favor del socialismo. Y eso es asombroso.

Me sorprendió saber que fue en Londres, curiosamente, donde concibió por primera vez el proyecto que se convertiría en City of Quartz, el libro que le dio fama.

Lo pasé verdaderamente mal en Londres, y en mi añoranza, empecé a pensar: ¿cómo podría explicar el sur de California en términos radicales?

El libro es uno de los primeros que la gente recomienda a quien se muda a Los Ángeles. ¿Qué opinión tienes de otros escritores emblemáticos de Los Ángeles?

Algunos de mis favoritos llevan mucho tiempo olvidados. Uno de ellos es Myron Brinig, que escribió esa divertida descripción de los círculos bohemios de Los Ángeles en 1930, titulada Flutter of an Eyelid. Un novelista de Nueva Inglaterra es enviado por su agente a recuperarse en el sol de California. Está en un cóctel, se le acerca una hermosa mujer y él le dice: «¿A qué se dedica, señora?», y ella le responde: «Reparto y acepto el dolor». A partir de ahí es uno parar.

Nunca he sido fan de Joan Didion desde que leí Salvador, un libro horrible, en el que El Salvador aparece como un país de cadáveres, no un pueblo ni una cultura.

Odio a Raymond Chandler, aunque lo he leído y releído muchas veces. Es un fascista, y lo digo en un sentido preciso. Representa al pequeño empresario pisoteado por fuerzas externas. Cada una de sus novelas tiene una parte abiertamente racista. Pero claro, a uno le importa la escritura, y acaba perdonando cosas que realmente no son perdonables. Chandler era un tipo extraño. Está enterrado a una milla de aquí.

¿Has estado en la tumba de Chandler?

Sí. Está justo al lado de nuestro Home Depot [cadena de tiendas para el hogar].

A principios de este verano, la noticia de su decisión de dejar el tratamiento del cáncer se compartió, sin permiso, en Twitter. Esto provocó una avalancha de homenajes a su vida y su obra. ¿Qué ha supuesto leerlos?

Soy de valores bastante anticuados: no hay que ocultar la enfermedad terminal, pero tampoco hay que difundirla. Me han bombardeado con mensajes cariñosos y profundamente conmovedores, pero al mismo tiempo parece que hay una especie de competición sobre quién puede escribir la mejor necrológica. Y entonces recibo cosas como esta: ‘¿Puedo llevar a mi novia la semana que viene? Quiere conocerte antes de que te mueras». Hay alguien que quiere llevar a sus alumnos de viaje y que les hable de mi legado. Es una situación muy extraña.

¿Puede compartir algunos de los mensajes que ha recibido? [Davis toma un montón de papeles de su impresora, abre un cajón y saca otra montón, y empieza a leer pasajes en voz alta].

«No hemos llegado a conocernos nunca, pero, como a mucha gente, su trabajo me ha cambiado. Soy un chico moreno del condado de Orange que ha pasado muchos años tratando de entender y articular el amor complejo pero inquebrantable que siento por nuestro hogar, su hechizada extrañeza, su belleza, su crueldad…»

«He oído que estás en la recta final de, bueno, todo esto. Te escribo desde París unas horas antes de volar de vuelta a Los Ángeles, y sé que cuando hagamos el descenso final a la cuenca de Los Ángeles esta tarde, lloraré suavemente, como hago siempre, tan enamorada del lugar que llamo hogar …»

«Llegaste a mi podcast a finales de 2020 y hablamos mucho sobre la América rural. Ahora mismo mi comunidad está destrozada, porque la semana pasada el este de Kentucky se vio muy afectado por unas inundaciones de esas que se producen cada mil años. Me resulta muy difícil encontrar algo de esperanza en algún lugar. Pero leí esta entrevista que concediste, y me hizo sentir, no necesariamente más esperanzado, pero sí más en paz…»

«Es bastante común que la gente subestime su propio legado. Así que permítame decir que me alegro de que no haya muerto en las barricadas demasiado pronto, antes de que tuviéramos sus maravillosos libros. Al fin y al cabo, ¿no son una especie de barricada para la época?».

Hay tanto amor inmovilizado por ahí. Es realmente conmovedor ver cuánto hay.

¿Qué hacen usted y su familia en este tiempo que les queda?

Evitar esa trampa de que los escritores creen que deben intervenir con unas últimas palabras célebres o un largo ensayo sobre la muerte. Estamos viendo mucho cine negro escandinavo en HBO. En el último mes, he empezado a consumir cantidades inmensas de historia militar, una vuelta a la infancia. Encuentro los contrafácticos -esta batalla, qué decidió, cuál era la alternativa- profundamente fascinantes.

No puedes esperar a morirte en un momento muy heroico. Estaría bien morirse en 1968, o con la liberación de Europa en 1945. Estás en las barricadas en 1917, 1919. Salir de la vida con las banderas rojas ondeando. Pero la desesperación no sirve de nada.

profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008), Buda’s Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009) y junto con Justin Akers Chacón, Nadie Es Ilegal, Combatiendo el Racismo y la Violencia del Estado en la Frontera (Chicago, Illinois. Haymarket Books. 2009).

Fuente:

The Guardian, 31 de agosto de 2022

Traducción:Lucas Antón

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