La imposible gobernabilidad de las derechas

Por Raúl Zibechi

Cuando comenzó el declive del ciclo progresista, aproximadamente cinco años atrás, planteamos que los eventuales gobiernos de la derecha que los sucedían serían inestables, asediados por una elevada conflictividad social, la profundización de la crisis sistémica y cambios en las relaciones entre las diversas clases sociales (https://bit.ly/2XCMzbB).

El fin del progresismo es mucho más que la desaparición de esos gobiernos y que no le sucederá un ciclo derechista o conservador sino un periodo de inestabilidad. Esto quiere decir que veremos cambios bruscos en el escenario político, virajes de la derecha extrema a la izquierda moderada, y viceversa, sin que ninguna de esas fuerzas consiga estabilizar la gobernabilidad.

Las razones son las mismas que provocaron el fin del ciclo anterior. Pero antes veamos brevemente la situación en los tres principales países de la región sudamericana.

En Brasil el gobierno de Jair Bolsonaro entró en crisis apenas unas semanas después de asumir. A una fuerte caída en su aprobación, se le suma el enfrentamiento con el sector militar, que conforma el núcleo de su gobierno, y las trabas que encuentra para hacer aprobar la reforma previsional, con un trasfondo de estancamiento de la economía. La forma principal que está asumiendo la crisis del gobierno es la puja abierta y pública entre los bolsonaristas y el vicepresidente Hamilton Mourao, que agudiza la inestabilidad.

Por abajo, los movimientos no han parado un solo momento. Entre enero y febrero, en pleno verano, el Movimento Passe Livre (MPL), que desencadenó las jornadas de junio de 2013, volvió a las calles con cinco grandes marchas en Sao Paulo. Estos días las organizaciones indígenas están acampando en la Explanada de los Ministerios en Brasilia, provocando una aguda respuesta represiva del gobierno que movilizó la Fuerza Nacional contra la Articulación de los Pueblos Indígenas.

En Colombia el gobierno uribista de Iván Duque debió enfrentar una oleada de movilizaciones indígenas, negras y campesinas desde el 10 de marzo, que bloquearon las principales carreteras del país, en particular la estratégica Panamericana que corre de norte a sur y es la vía de las exportaciones hacia Ecuador y el resto del continente. La organización correspondió a una amplia confluencia, realizada en febrero, con 380 delegados de 170 organizaciones, que cuestionaron el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del gobierno.

La Minga indígena y popular (trabajo comunitario) fue la primera gran movilización nacional posterior a la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC, enseñó la acumulación de muchos malestares, en particular contra el modelo extractivo en curso. Hubo 25 mil personas en las carreteras, acampadas o movilizadas de forma permanente, lo que forzó al presidente a acudir al Cauca a negociar con los movimientos.

Argentina es el caso paradigmático de la imposible gobernabilidad derechista. La crisis desatada en abril de 2018, que llevó el dólar de 18 a 44 pesos, disparó la inflación a 50 por ciento anual y multiplicó la pobreza pero también la fuga de capitales, comenzó en diciembre de 2017 con las masivas protestas contra la reforma de las pensiones. Los de arriba comprendieron que Mauricio Macri no podía imponer su programa y comenzaron a especular frenéticamente.

En estos momentos el panorama es de una crisis de credibilidad del gobierno, una oleada de protestas con marchas diarias (en la que destaca el activismo del movimiento de mujeres) y la posibilidad de que Macri pierda las elecciones de octubre. En el medio, un impresentable acuerdo con el FMI que multiplica la deuda y hace que los próximos gobiernos, del signo que sean, tendrán enormes dificultades para sacar al país del atolladero.

En esta situación, veo tres aspectos que van a profundizar la crisis de gobernabilidad en los próximos años, generando mayor inestabilidad y planteando profundos desafíos a los movimientos antisistémicos.

La primera es la potencia del campo popular. Más allá de la opinión que se tenga de los gobiernos progresistas, es evidente que en las dos pasadas décadas hubo un fortalecimiento de los sectores populares, aunque sus organizaciones a menudo se han debilitado. Este es el núcleo del déficit de gobernabilidad.

La segunda radica en las consecuencias del agravamiento de la crisis global, que entra en una fase de caos sistémico. Con ello se reducen las chances de estabilidad económica y política.

La tercera es que ninguna fuerza tiene la capacidad para estabilizar la situación. Para hacerlo, la derecha debería derrotar al campo popular, lo que no está en condiciones de hacer. La izquierda puede gobernar si logra mover el modelo extractivo, romper con las agencias globales que lo sostienen y las élites locales que lo avalan. No tiene la voluntad de ánimo para iniciar un ciclo de luchas que debería ser tan potente, que no sólo barrería el extractivismo sino que podría expulsarla del escenario.

Brasil, Argentina y Colombia…

Hablando con Cornelius Castoriadis

Esta entrevista fue realizada por Jean Liberman y publicada en le Nouveau Politis 434, número de marzo 1997. Castoriadis, filósofo, psicoanalista, pensador de la sociedad, fue cofundador del grupo «Socialismo o barbarie», de notable influencia en los hechos de Mayo del ’68; crítico hacia la URSS y el marxismo, inspirador de Solidaridad en Inglaterra y Polonia, propulsor del proyecto de sociedad autónoma, firmante del llamamiento a la desobediencia civil contra la ley Debré, etc. En esta entrevista analiza en especial «el avance de la insignificancia» (título de su libro publicado en 1997) en la sociedad actual. Fue publicada por Iniciativa Socialista, por cuya gentileza se publica en exclusiva y en versión completa.

 

Politis: Usted describe un «aumento de la insignificancia» en la sociedad contemporánea y, entre sus características, constata un «derrumbamiento de la autorepresentación de la sociedad». ¿Por qué esto es grave en relación al proyecto de autonomía individual y colectiva que usted singulariza?

Cornelius Castoriadis: Ninguna sociedad puede perdurar sin crear una representación del mundo y, en ese mundo, de ella misma. Los hebreos del Antiguo Testamento, por ejemplo, plantean que hay un Dios que ha creado el mundo y que ha elegido la línea de Abraham, Isaac, Jacobo, etc, hasta Moisés como «su» pueblo. Para los griegos, para los romanos, existían representaciones globales que jugaban el mismo papel. Los occidentales modernos se han representado como aquellos que, por una parte, iban a establecer la libertad, la igualdad, la justicia y, de otra, iban a ser los artesanos de un movimiento de progresión materíal y espiritual de la humanidad entera. Nada de esto vale para el hombre contemporáneo. Éste no cree más en el progreso, excepto en el progreso estrechamente técnico, y no posee ningún proyecto político. Si se piensa a sí mismo, se ve como una brizna de paja sobre la ola de la Historia, y a su sociedad como una nave a la deriva.

LNP.-Usted describe una descomposición de los mecanismos de dirección política que regentan, no una democracia, sino una «oligarquía liberal», ligándolo a la «evanescencia de los conflictos» y a la «disgregación del sistema educativo»…

C.C.- Todo el mundo reconoce la futilidad y la no pertinencia de los mecanismos de dirección política de la sociedad. A raíz de las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos, donde la abstención ha alcanzado casi un récord absoluto, todos les comentaristas coincidieron en decir que Dole y Clinton evitaban todos los asuntos sobre los cuales podían tener divergencias, es decir, el meollo político. En Francia es una farsa. Mitterrand fue elegido como socialista e impuso al país el neoliberalismo. Después de las elecciones de 1986, la derecha no ha cambiado nada, excepto con la reprivatización de las empresas nacionalizadas por los socialistas. Volviendo al poder, los socialistas han seguido la misma política con Bérégovoy que Balladur se apresuró a adoptar. Chirac, elegido en 1995 con la promesa de cambiar todo, ha continuado por la misma senda. Actúan como si no hubiera ninguna elección, como si todo lo que hicieran les fuera impuesto por las circunstancias. Coinciden en que no son políticos, todo lo más gestores de una corriente mundial de la que repercuten las consecuencias en la sociedad francesa.

Esta evolución está condicionada por la evanescencia de los conflictos. La clase política puede aferrarse al cinismo y a la irresponsabilidad porque no está sujeta a ningún control ni a ninguna sanción. En otros tiempos, una situación como la de hoy hubiera engendrado huelgas, movimientos de protesta, etc. Hoy, es la apatía. Es verdad que se han producido algunos movimientos sectoriales el año pasado, pero es característico que no se han extendido a los sectores verdaderamente tocados por la crisis.

Pues si el capitalismo ha evolucionado durante los 150 años cincuenta precedentes hacia un régimen relativamente tolerable, es debido. esencialmente. a los movimientos sociales. Dejado a sí mismo, habría verificado todas las sombrías predicciones de Marx: pauperización de los trabajadorws, paro creciente, crisis de sobreproducción. etc. Si Marx se ha «equivocado» es porque en sus análisis había «olvidado» la lucha de clases -aunque él fuera su teórico-. Pero son las luchas obreras y populares las que han impuesto a los patronos el aumento de los salarios, creando así mercados internos de consumo que pudieran absorber la producción creciente de las fábricas capitalistas. Son ellas las que han impuesto las reducciones sucesivas del tiempo de trabajo, haciendo pasar de más de 72 horas semanales hacia 1840 a 40 horas en 1940, reabsorbiendo así el paro potencial que hubiera engendrado el formidable progreso técnico que había tenido lugar. Pero después de 1940 la duración del tiempo de trabajo no ha variado. Lo mismo ha ocurrido en el plano político: las tendencias autoritarias del sistema han sido controladas por los combates políticos. Desde hace un cuarto de siglo. todo esto ha desaparecido.

La disgregación del sistema educativo es otro aspecto de esta evolución. El sistema ya no es capaz de producir a los individuos que le hagan funcionar o. en todo caso, de producir ciudadanos. La crisis de los valores penetra profundamente en la educación, donde el contenido está minado por la preocupación exclusiva de «la preparación para la vida profesional». El resultado es que el sistema educativo no está regido por ninguna de las tres partes participantes. Los padres no ven más que el modo para que sus hijos obtengan el famoso «papel». Los alumnos no pueden apasionarse por tal objetivo, sobre todo cuando perciben que este papel les sirve cada vez menos en el mercado de trabajo. Los educadores no creen que puedan transmitir gran cosa.

LNP.- El «incremento de la insignificancia» está caracterizado, según usted, por un pseudo consenso generalizado, por la apropiación comercial de toda subversión, por la sustitución de los valores a cambio del dinero rey. Nos gustaría que aclarara las consecuencias de esta tendencia.

C.C.- Los individuos no tienen ninguna señal para orientarse en su vida. Sus actividades carecen de significado, excepto la de ganar dinero, cuando pueden. Todo objetivo colectivo ha desaparecido, cada uno ha quedado reducido a su existencia privada llenándola con ocio prefabricado. Los medios de comunicación suministran un ejemplo fantástico de este incremento de la insignificancia. Cualquier noticia dada por la televisión ocupa 24 o 48 horas y, enseguida, debe ser reemplazada por otra para «sostener el interés del público». La propagación y la multiplicación de las imágenes aniquilan el poder de la imagen y eclipsan el significado del suceso mismo.

LNP.- El posmodernisrno no escapa a sus críticas, ya que esconde, según usted, un conformismo generalizado…

C.C.- El posmodemismo no es más que una denominación pomposa de la crisis de creación en el terreno de la cultura. El término fue inventado por los arquitectos cuando concluyeron que la corriente moderna en la arquitectura se había agotado. Como no eran capaces de dar una salida y como estaban poseídos por otro mal de la época, el furor por lo «nuevo», que conduce casi siempre a una simple repetición, inventaron este término para una producción en arquitectura que no es más que collage. Toman diferentes estilos de la arquitectura pasada y los unen los unos a los otros en el mismo conjunto: un poco de una villa italiana del siglo XVII, algunas columnas griegas, un recuerdo gótico y, por qué no, una pagoda. Este collage domina también tanto en literatura como en cine, con citas. imitaciones. remakes, etc. Es la consecuencia de una enonne bancarrota de las vanguardias, en donde el imperativo de innovar por innovar ha conducido a los lienzos blancos sobre fondo blanco, al bidé de Marcel Ducharnp repetido cientos de veces, etc. En este terreno, la insignificancia se manifiesta verdaderamente.

LNP.- Usted pone en causa a la economía-casino de hoy y al economicismo dominante, pero no parece ver en esta invasión de la insignificancia las consecuencias de una cierta mundialización.

C.C.- La tendencia a la mundialización existe desde los orígenes del capitalismo -no hay más que releer a Marx o a Braudel-. La cuestión es saber porqué ésta invade todo hoy en día y no en el siglo XIX o durante la primera mitad del XX. La respuesta es que la victoria de la mundialización presuponía, en principio, la victoria de una reacción política. Ésta comienza con Thatcher y Reagan en 1979-1980 y, en Francia,con Mitterrand, a partir de 1983. Ha llegado a imponer el poder absoluto del mercado y el desmantelamiento de los medios de la política económica, por la desregulación de la economía, la libertad de movimiento de los capitales, la facultad otorgada a las empresas de despedir libremente., el rechazo de la política presupuestaria como instrumento de regulación de los ciclos económicos, etc.

LNP.- ¿No se debe también a los efectos del enorme progreso de la tecnociencia?

C.C.- Estos progresos no son la causa de la mundialización, simplemente han permitido la forma y la marcha que ha tomado. Por ejemplo, la deslocalización de las empresas ha sido posible y rentable a partir del momento en el que el trabajo relativamente cualificado, en otro tiempo parte esencial del input productivo, ha sido liquidado por la automatización y ha sido reemplazado por un trabajo no cualificado al alcance de los jóvenes del sudeste asiático. La mundialización económica realmente es un fenómeno muy importante, pero la forma que ha tomado y las consecuencias que se desprenden han sido condicionadas por una voluntad política. Ésto es flagrante en el caso de Europa. Mientras que la Comunidad Europea, entidad económica casi autosuficiente, hubiera podido utilizar la tarifa exterior común (TEC) para permitir la supervivencia de una agricultura y una industria europea, sin embargo se ha permitido la desertización de los campos y la destrucción de ramas enteras de la industria y de las regiones correspondientes.

LNP.- A diferencia de Edgar Morin, aunque usted esté preocupado por los valores, no plantea la cuestión de la ética y de su rehabilitación, a la que parece subordinar enteramente a la política.

C.C.- La ética -o, más bien, la charlatanería sobre la ética- sirve hoy para esconder la miseria de la impotencia política. ¿Qué es más importante, no matar a una persona o a un millón de personas? La muerte de millones de personas depende de la política, no de la ética: guerras, hambruna, epidemias que diezman países sin medios sanitarios, etc.

Hemos pasado de una mistificación a la mistificación simétrica y opuesta. Durante tres cuartos de siglo el comunismo ha pretendido, en nombre de una «política» monstruosamente embustera, que el fin po lítico justicaba todos los medios, lo que es intrínsecamente absurdo: una política que pretende ambicionar la liberación de la humanidad no debería utilizar más que medios que apuntan en esa dirección y no que la destruyen, como el terror y la mentira. Cuando esta mistificación explotó en la cara de todos, al mismo tiempo que la política reformista o conservadora mostró su impotencia cara a los problemas de la época, se redescubre la ética, como si pudiera responder a todas las cuestioncs. Ciertamente, la problemática ética está siempre ahí, y siempre lo estará, pero ésta concierne a la vida y a las actitudes personales de cada uno. No permite a un gobierno orientarse en los dominios económicos, educativos, de sanidad pública, de medio ambiente, etc.

LNP.- En su nuevo libro, Fait et à faire, que publica Seuil, usted dice: «El nudo gordiano de la política de hoy es la ruptura con la economía que debe dejar de ser el valor dominante e incluso exclusivo.» Pero no nos da ninguna pista para ello.

C.C.- Antes de indicar una pista para llegar a un fin, la gente tiene que aceptar ese fin, ese objetivo. Ésto no depende de las proposiciones de un autor individual. Es la gran mayoría de los seres humanos la que debe convencerse que su vida tiene que cambiar radicalmente de orientación y sacar las consecuencias. Mientras que los seres humanos continúen poniendo por encima de todo la adquisición de un nuevo televisor en color para el año próximo. no habrá nada que hacer.

Primero vinieron por Assange

Por Yanis Varoufakis

Mis reuniones con el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, siempre tuvieron lugar en la misma habitación pequeña. Como saben los servicios de inteligencia de varios países, visité a Assange en la embajada de Ecuador en Londres muchas veces entre el otoño de 2015 y diciembre de 2018. Lo que estos fisgones no saben es el alivio que sentía cada vez que me iba de allí.

Quería reunirme con Assange por el profundo aprecio que siento por el concepto original de WikiLeaks. Cuando de adolescente leí 1984 de George Orwell, a mí también me inquietaba la perspectiva de un estado vigilante de alta tecnología y su potencial efecto en las relaciones humanas. Los primeros escritos de Assange –particularmente su idea de utilizar la propia tecnología de los estados para crear un inmenso espejo digital que pudiera mostrar a todos lo que estaban haciendo- me colmaron de esperanza de que, en conjunto, podríamos derrotar a Gran Hermano.

Cuando conocí a Assange, esa primera esperanza ya se había desvanecido. Rodeados por bibliotecas abarrotadas de literatura ecuatoriana y publicaciones del gobierno de Ecuador, nos sentábamos y conversábamos hasta bien entrada la noche. Un dispositivo sobre un estante de la biblioteca emitía un ruido blanco agobiante para contrarrestar los dispositivos de escucha. A medida que iba pasando el tiempo, la sala claustrofóbica, la cámara muy mal escondida que me apuntaba desde el cielo raso, el ruido blanco y el aire rancio sólo me producían ganas de salir corriendo a la calle.

Los detractores de Assange han estado diciendo durante años que su confinamiento era autoinfligido: se escondía en la embajada de Ecuador porque huyó tras el pago de una fianza en el Reino Unido para evitar responder por acusaciones de ataque sexual en Suecia. Como hombre, siento que no tengo ningún derecho a expresar una opinión respecto de esas acusaciones. Las mujeres deben ser escuchadas cuando denuncian un ataque. Sólo la violencia que los hombres han infligido a las mujeres durante milenios es más vil que la falta de respeto y la denigración a la que son sometidas las mujeres cuando hablan.

Recuerdo decirle a Julian que, de haber estado en su lugar, habría querido enfrentar a mis acusadoras, y escucharlas cuidadosa y respetuosamente, sin importar si se presentaron o no cargos oficiales. Él me respondió que él también quería eso. “Pero, Yanis”, dijo, “si yo fuera a Estocolmo, me dejarían incomunicado y, antes de que tuviera la posibilidad de responder a cualquier acusación, me habrían despachado en un avión rumbo a una cárcel de máxima seguridad de Estados Unidos”. Para dejar sentada la idea, me mostró el ofrecimiento de sus abogados a las autoridades suecas de ir a Estocolmo si le garantizaban que no sería extraditado a Estados Unidos bajo cargos de espionaje. Suecia nunca tuvo en cuenta la propuesta.

Durante los años que pasó Assange en la embajada de Ecuador, en circunstancias que Naciones Unidas consideró una “detención arbitraria”, muchos amigos y colegas se burlaban de su miedo –y me fustigaban por creer en él-. En septiembre pasado, la historiadora e intelectual feminista Germaine Greer resumió esa idea en una radio pública australiana: “No será extraditado a Estados Unidos”, dijo burlonamente, culpando a los abogados de Julian de engañarlo haciéndole sentir miedo a una extradición mientras cobraban las regalías de su libro.

Ahora Julian está languideciendo en Belmarsh, una célebre cárcel de alta seguridad inglesa, en una celda sin ventanas en el sótano, con menos aire fresco y menos luz que antes. Sin posibilidad de recibir visitas, espera la extradición a Estados Unidos. “Déjenlo que se pudra en el infierno”, es una respuesta frecuente de gente buena en todo el mundo que se enfureció ante la difusión por parte de WikiLeaks de correos electrónicos de Hillary Clinton antes de la elección presidencial de Estados Unidos en 2016, que insufló aire fresco a las velas de Donald Trump. ¿Por qué, preguntan, Assange no ha difundido nada fulminante sobre Trump o el presidente ruso, Vladimir Putin?

Antes de que explique por qué sus detractores deberían reconsiderar su postura, permítanme dejar sentada mi frustración personal por su apoyo al Brexit, sus ataques imprudentes a sus críticas feministas, su editorialización a favor de Trump y, más importante, sus comunicaciones con la gente de Trump. Yo le manifesté esta frustración en la cara varias veces.

Pero castigar a WikiLeaks por no publicar filtraciones que dañen a todos los bandos por igual es no entender la situación. WikiLeaks se creó como un buzón digital donde cualquier denunciante podía depositar información que fuera verdadera y cuya revelación resultara de interés público. Ésa es la única obligación de WikiLeaks. Por naturaleza, no puede controlar quién filtra qué; su tecnología impide inclusive a Assange conocer la identidad de un denunciante. Si esto significa que la mayoría de las filtraciones incomodarán a las potencias occidentales, ése es el gran servicio, aunque imperfecto, que nos brinda WikiLeaks –un servicio que, para mi frustración, se vio disminuido por la editorialización de Julian.

Los acontecimientos recientes demuestran que su situación actual no tiene nada que ver con las acusaciones suecas o con su papel al ayudar a Trump contra Clinton. Ahora que Chelsea Manning está nuevamente en prisión por negarse a confesar que Assange la incitó, o la ayudó, a filtrar pruebas de las atrocidades de Estados Unidos en Irak y Afganistán, la mejor explicación de lo que está sucediendo surge de boca de Mike Pompeo, el primer director de la CIA de Trump y hoy secretario de Estado norteamericano.

Pompeo describió a WikiLeaks como “un servicio de inteligencia hostil no estatal”. Tiene toda la razón. Pero es una descripción igualmente precisa de lo que todo medio periodístico que se precie de tal debería ser. Como han advertido Daniel Ellsberg y Noam Chomsky, los periodistas que no se oponen a la extradición de Assange a Estados Unidos podrían ser los próximos en la lista negra de un presidente que los considera el “enemigo del pueblo”. Celebrar su arresto y hacer la vista gorda al continuo sufrimiento de Manning es un regalo para los mayores enemigos del liberalismo.

Además del liberalismo, la persecución de Assange por el complejo industrial y de seguridad de Estados Unidos tiene otra víctima: las mujeres. Ninguna mujer, en Suecia o en cualquier parte, recibirá justicia si ahora lo encierran en una prisión de máxima seguridad por revelar crímenes contra la humanidad perpetrados por hombres desagradables con o sin uniforme. El continuo sufrimiento de Manning no le sirve a ningún objetivo feminista.

De manera que ésta es la idea: juntemos fuerzas para impedir la extradición de Assange de cualquier país europeo a Estados Unidos, para que pueda viajar a Estocolmo y darles a sus acusadoras la posibilidad de ser oídas. Trabajemos juntos para empoderar a las mujeres, protegiendo a la vez a los denunciantes que revelen un comportamiento infame que gobiernos, ejércitos y corporaciones preferirían esconder.

 

El capitalismo está en un momento delicado

Por Michael Roberts

La reciente reunión del FMI y el Banco Mundial en Washington ha puesto de manifiesto una vez más que la economía mundial se está desacelerando y la perspectiva de una recesión es mucho más probable.  Los economistas del FMI redujeron su pronóstico para el crecimiento mundial al nivel más bajo desde la crisis financiera mundial de 2009 en medio de un panorama más sombrío en la mayoría de las principales economías avanzadas y señales de que los aranceles más altos están perjudicando al comercio: “una desaceleración del crecimiento y una recuperación precaria”, según el FMI.

El FMI estima que la economía mundial crecerá un 3,3% este año, por debajo del 3,5% que había pronosticado para 2019 en enero. Es la tercera vez que el FMI ha rebajado su previsión en seis meses. La nueva economista jefe del FMI, Gita Gopinath cree que la economía mundial ha entrado en “un momento delicado” . Y ha ofrecido un perspicaz pronóstico: “Si los riesgos de una desaceleración no se materializan y la política de apoyo puesta en marcha es eficaz, el crecimiento global debería recuperarse. Sin embargo, si cualquiera de los principales riesgos se materializa, entonces las esperadas recuperaciones de las economías estresadas, de las economías dependientes de las exportaciones y de las economías altamente endeudadas pueden descarrilar”. Así que, por un lado o por el otro ….

Junto a la perspectiva del FMI, la Brookings Institution, privada, hizo público también su análisis sobre la situación de la economía mundial, concluyendo de su índice de seguimiento de la actividad económica que el mundo ha entrado en una “desaceleración sincronizada” que puede ser difícil revertir.  El índice de seguimiento Brookings-FT para la recuperación económica mundial (Tigre) comparan indicadores de la actividad real, de los mercados financieros y de la confianza de los inversores con sus promedios históricos para la economía global y para países concretos. Los principales índices han retrocedido significativamente desde finales del año pasado y están en sus niveles más bajos, tanto para las economías emergentes como para las avanzadas desde 2016, el año de rendimiento económico mundial más débil desde la crisis financiera.

Brookings no cree que sea inminente una recesión, pero “todos los sectores de la economía mundial estaban perdiendo impulso”.  Si bien no estamos en una recesión global aún, es evidente a partir de los últimos datos de las principales economías que aún estamos en la Larga Depresión, como he definido este período desde el año 2009.  Frances Coppola, la economista heterodoxa, también ha escrito que el capitalismo está bloqueado en una larga depresión y hace una serie de puntualizaciones similares a las mías sobre sus consecuencias. Pero en cuanto a las causas, Coppola, como otros keynesianos, se aferra a la idea de un  ‘estancamiento secular’,a saber, que la depresión se debe a una falta crónica ”de demanda ». Los lectores habituales de mis artículos saben que no considero que esta sea una explicación adecuada de las crisis y depresiones. En una economía con fines de lucro, es la rentabilidad del capital lo que importa.

Y el nuevo Informe de Estabilidad Global del FMI ofrece más apoyo a mi interpretación causal de la larga depresión. Confirmando lo que he demostrado empíricamente antes, el FMI considera que la rentabilidad empresarial (medida por las ganancias corporativas en relación con el balance de activos) en las principales economías no ha recuperado los niveles de 2008. De hecho, la rentabilidad del capital está muy por debajo de los niveles de finales de 1990.

Esta larga depresión tiene características similares a la depresión de finales del siglo XIX  y la Gran Depresión de la década de 1930. La primera fue superada por una serie de crisis, que finalmente hicieron aumentar la rentabilidad y la segunda mediante una guerra mundial. Creo que la actual depresión tendrá una evolución más parecida a la del siglo XIX.

La baja rentabilidad explica sobre todo por qué la inversión empresarial ha sido tan débil desde 2009. Los beneficios obtenidos han sido destinados a la especulación financiera: para fusiones y adquisiciones, la recompra de acciones y el pago de dividendos. También ha habido acumulación de dinero en efectivo. Todo ello porque la rentabilidad de la inversión productiva sigue siendo históricamente baja.

Como lo resume Gillian Tett en el FT: “el FMI calcula que las empresas estadounidenses pagaron dividendos a los accionistas y recompras de acciones que suponían el 0,9 por ciento de los activos el año pasado, el doble del nivel de 2010. No es de extrañar que los mercados de acciones se hayan disparado (dejando de lado las oscilaciones de finales del año pasado). Las empresas también han utilizado este arsenal para aumentar significativamente las fusiones y adquisiciones: este tipo de acuerdos absorbieron flujos de efectivo equivalentes al 0,4 por ciento de los activos en 2019, en comparación con prácticamente cero en 2011. Sin embargo, el volumen de flujo en efectivo gastado como inversión de capital, por el contrario, se mantiene plano desde 2012, situándose en torno al 0,7 por ciento de todos los activos – menos que el flujo de efectivo destinado al pago de dividendos a los accionistas”. O, como señala el informe del FMI:“Las fuertes ganancias en los Estados Unidos fueron utilizadas para pago de dividendos y el aumento de riesgos financieros”. Pero no, parece, para aumentar la inversión.

El otro factor clave en la larga depresión ha sido el aumento de la deuda, especialmente de la deuda empresarial. Ante la baja rentabilidad, las empresas han acumulado más deuda para financiar proyectos o especular. Las grandes empresas como Apple o Microsoft pueden hacerlo porque tienen reservas de efectivo en las que apoyarse si algo va mal; las empresas más pequeñas sólo pueden aguantar esta espiral de la deuda porque las tasas de interés se mantienen en mínimos históricos y, por lo tanto, el servicio de la deuda sigue siendo viable – siempre y cuando no haya una disminución de las ventas y ganancias.

De nuevo, el Informe sobre la Estabilidad Global del FMI resume la situación. “En la mayoría de las economías avanzadas, la capacidad de servicio de la deuda en el sector empresarial mejoró durante la reciente recuperación cíclica. Los balances parecen lo suficientemente fuerte como para sostener una desaceleración económica moderada o un endurecimiento gradual de las condiciones financieras. Sin embargo, los niveles de deuda en general y la toma de riesgos financieros han aumentado, y la solvencia de los prestatarios se ha deteriorado en relación con la calificación de los bonos como inversión y los mercados de préstamos apalancados. Una desaceleración significativa o un endurecimiento importante de las condiciones financieras podría llevar a una revisión importante de los precios de los riesgos de crédito y hacer más difícil  el servicio de la deuda de las empresas endeudadas. En la medida en que las condiciones monetarias y financieras sigan siendo favorables, es probable que la deuda continúe aumentando a mediano plazo, en ausencia de medidas de política económica, aumentando el riesgo de un ajuste más duro en el futuro”.

Cada crisis tiene un disparador diferente o causa próxima. La recesión internacional de 1974-5 fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo y el abandono de los EE.UU. del patrón dólar-oro. La crisis de 1980-1982 fue provocada por una burbuja inmobiliaria en Europa y una crisis industrial en las principales economías. La recesión de 1990-2 fue provocada por los precios del petróleo y la guerra de Irak. La leve recesión de 2001 fue el resultado de la explosión de la burbuja dot.com. Y la Gran Recesión se inició con el colapso de la burbuja inmobiliaria en los EE.UU. y la consiguiente restricción del crédito provocada por la diversificación internacional de los derivados de crédito. Pero detrás de cada una de estas crisis se encuentra el movimiento a la baja en la rentabilidad del capital productivo y, finalmente, una desaceleración o disminución de la masa de ganancias. (El nexo de inversión y lucro).

Esta vez creo que el detonante será la deuda empresarial, ya que las empresas consiguen acumular un exceso de créditos baratos y cuando los beneficios caen y el coste de los interés sube, se convierten en insolvente. El  economista marxista Eric Toussaint, del CADTM, está de acuerdo. “Esta montaña de deuda corporativa privada será un elemento primordial de la próxima crisis financiera”. Y subraya que “a medida que las tasas de interés suben, el valor de la deuda corporativa cae. Cuanto mayor es la proporción de la deuda corporativa devaluada en relación con los activos de una empresa, mayor será su impacto negativo en el balance de la empresa. El valor del capital corporativo cae también y puede llegar un punto en que ya no cubre sus obligaciones. En 2016 Apple informó a las autoridades de EE UU que en el caso de un aumento del 1% en las tasas de interés, perdería $ 4.900 millones. Por supuesto, al igual que otras compañías, Apple pidió créditos para financiar sus compras de deuda. En 2017 Apple ya se ha endeudado por valor de $ 28 mil millones, situando el total de su deuda en $ 75 mil millones. Esto, por efecto dominó, podría producir una crisis de una dimensión similar a la de la crisis financiera de Estados Unidos en el período 2007-2008“.

Como ha dicho la economista jefe del FMI: el capitalismo está en un momento delicado.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com
Traducción: G. Buster / sinpermiso.info

Alexander J. Urbelis: “Assange será extraditado a los Estados Unidos, pero WikiLeaks ya ha cambiado el mundo”

Alexander J. Urbelis es un personaje único. Socio del Blackstone Law Group, bufete de Nueva York especializado en privacidad y seguridad, también se muestra activo en la comunidad de “hackers”, como productor del programa de radio Off The Hook, desde  la página “hacktivista” digital 2600. Le hemos preguntado [Marina Catucci, de il manifesto global] por el futuro de Julian Assange y los cambios en su reputación entre los “hackers”.

Como abogado, ¿podría decirme cuál es la hipótesis más probable en el caso de Assange?

La salida de Assange de la embajada de Ecuador ha puesto en movimiento varios enfrentamientos legales simultáneos, todos los cuales se verán sin duda sometidos a una intensa observación y cobertura por parte de los medios de comunicación internacionales.

En primer lugar, la policía de Londres ya ha puesto a Assange a disposición judicial y se le ha considerado culpable de eludir la acción de la justicia británica. Los tribunales del Reino Unido le impondrán a Assange una sentencia en breve por esa acusación, lo que significa que estará sujeto a reclusión en el Reino Unido.

Por separado, los representantes legales de Assange en el Reino Unido han señalado que tienen la intención de luchar contra la petición de los Estados Unidos de extraditar a Assange. Assange comparecerá ante un tribunal en el Reino Unido en mayo para iniciar ese proceso de enfrentarse a la extradición. Este será el campo de batalla y es de esperar que Assange y los partidarios de WikiLeaks utilicen el proceso de extradición para sembrar calumnias sobre el sistema legal norteamericano y los peligros de procesar al periodismo. No ha de sorprender que esto parezca habérselo esperado el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y haya elaborado la imputación de Assange siguiendo líneas muy restringidas. Al enfrentarse tan sólo a cinco años de cárcel si se le condena, a Assange le resultará difícil argumentar que el sistema legal norteamericano le persigue de una forma intrínsecamente prejuiciada o abiertamente agresiva. .

Dicho esto, aunque la imputación sea limitada y la pena relativamente ligera, considerando la gravedad de la información publicada por WikiLeaks, el hecho mismo de que Assange esté afrontando esta batalla de la extradición bien podría tener implicaciones peligrosas y de gran alcance para los periodistas de los Estados Unidos y del extranjero que publican materiales de fuentes con origen en la seguridad nacional. Y de modo simultáneo, la asesoría legal de la presunta víctima de violación en Suecia también buscará la extradición de Assange si las autoridades suecas deciden volver a imputar a Assange por ese delito. De acuerdo con la ley sueca, las autoridades pueden  llevar adelante estas acusaciones hasta que prescriban, lo que no sucedería hasta 2020.

Así pues, en resumen, sabemos que Assange tiene problemas legales en el Reino Unido y se verá sentenciado por el crimen del que se le declaró culpable [el jueves], que habrá momentos legales decisivos en los tribunales británicos acerca de si extraditar o no a Assange a los Estados Unidos, y que bien puede ser que Suecia salte a la palestra a fin de vindicar su derecho a juzgar a Assange por violación. Mi previsión es que Assange será extraditado a los Estados Unidos, y que esto se deberá en parte a la redacción restringida que se ha hecho de la imputación y a la leve sentencia de cárcel a la que se enfrenta Assange. En cualquier caso, el verano de 2019 estará lleno de historias acerca de WikiLeaks y Assange.

Como “hacker”, ¿cuál cree usted que es la opinión general acerca de él en la comunidad de “hackers”, sobre todo en la comunidad norteamericana?  

Si me hubiese hecho esta pregunta hace varios años — y sobre todo antes de las elecciones de 2016 — habría dicho que la comunidad de “hackers” tiene una visión generalmente favorable de Assange. No hay duda de que se trata de un individuo con coraje, una persona que ha arrojado luz sobre secretos que, podría sostenerse, no deberían haber permanecido en secreto, y que la ha cantado las verdades al poder. Sin embargo, en años recientes ese apoyo ha menguado. La implicación de Assange en la publicación de los documentos del Guccifer 2.0 de la Convención Nacional Demócrata, durante las elecciones de 2016, se han considerado clave para la elección de Donald Trump. Y recientemente ha salido a la luz que Roger Stone, aliado y confidente de Trump, que se enfrenta asimismo a acusaciones penales en los Estados Unidos, puede haber tenido relación, directamente o por medio de intermediarios, con WikiLeaks durante las elecciones de 2016. No ayudó a la reputación de Assange que Donald Trump declarase durante la campaña, según es fama, que le “encanta WikiLeaks.”

Todo esto, junto con lo que muchos interpretan como un comportamiento desdeñoso y narcisista,  no ha sido el mejor modo de que Assange se ganara amigos e influyera en la gente de la comunidad de “hackers”. Pero hay partidarios a muerte WikiLeaks en el mundo de los “hackers” que creen que la misión y la finalidad de WikiLeaks se encarna en Assange, y el apoyo a Assange en ese mundo no ha decaído. Pero, culpable o no, no se puede negar que las prácticas e injusticias que Assange y WikiLeaks sacaron a la luz con las filtraciones de Manning cambiaron el mundo. Y por eso no dejaré de tener sentimientos encontrados: aplaudo el resultado final, pero discrepo de los medios.

¿A qué se arriesga hoy Chelsea Manning por causa de Assange? ¿Cree usted que estuvo suficientemente protegida por WikiLeaks?

Tal como están ahora las cosas, no creo que Chelsea Manning se enfrente a riesgo legal alguno a cuenta de Assange. Ya le juzgó y condenó por sus delitos un tribunal militar de acuerdo con el Código Uniforme de Justicia Militar, por el que Manning estuvo ya en prisión. El presidente Obama le conmutó luego la sentencia en uno de los actos finales de su presidencia. Por definición, de acuerdo con la Quinta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, no se le pueden imputar de nuevo los mismos cargos. Si Assange, no obstante, detalla ante las autoridades norteamericanas acciones de  Manning que puedan dar lugar a delitos aparte, es posible que Manning tenga que enfrentarse a cargos adicionales como civil. Considerando el abanico de acusaciones contra Manning, creo que es una hipótesis muy poco probable.

Por el momento, las cuestiones legales a las que se enfrenta Manning, y por las que se encuentra en prisión, son responsabilidad suya por negarse a prestar declaración ante el Gran Jurado acerca de Wikileaks. La posición de Manning es de principio y hunde sus raíces en la creencia de que el testimonio en secreto es injusto, pero en mi opinión, esta es una lucha mal encaminada. La declaración ante el Gran Jurado es secreta por una razón: atañe a investigaciones penales en curso. Cuando concluyan los testimonios, será cosa del Gran Jurado — compuesto por ciudadanos corrientes — llegar a una decisión respecto a si existen pruebas suficientes para proseguir con la acusación.

Esta protección de WikiLeaks al precio de la libertad de Manning me parece extraña. Tal como yo entiendo las cosas, WikiLeaks no hizo abiertamente esfuerzos para proteger a Manning en el curso de su juicio. Admitamos que quizás poco pudiera hacer WikiLeaks, aparte de tratar de persuadir a la opinión pública. Pero resulta crucial recordar que en 2017 WikiLeaks se comprometió a que “si Obama le concede clemencia a Manning, Assange se avendrá a su extradición a los EE.UU”. Después de que Obama le conmutara la pena a Manning, Assange incumplió su promesa y permaneció en la embajada de Ecuador en Londres.

veterano abogado, “hacker” y consultor de seguridad informática, es socio del bufete Blackstone Law Group de Nueva York

Fuente:

il manifesto global

Jacques Rancière: “No estamos frente al capitalismo, sino que vivimos en su mundo”

por Eduardo Febbro

Discípulo de Althusser, ha escapado a los vicios de una tradición marxista fosilizada confrontando su pensamiento con las luchas concretas de los dominados.

Hay formas de pensar no diferente sino en disidencia, de no repetir el agotador mensaje del diagnostico del mal y, al mismo tiempo, de descubrir las posibilidades infinitas de la acción humana. El filósofo francés Jacques Rancière pertenece a esta dinastía de los rebeldes con magia y argumentos. Quien se acerque a su profusa obra saldrá con sus convicciones trastornadas. Discípulo de Louis Althusser, Rancière ha sin embargo escapado a los vicios de una tradición marxista fosilizada confrontando su pensamiento con las luchas concretas de los obreros y los dominados. La palabra obrera, La noche de los proletarios o La filosofía de los pobres fueron los primeros libros que publicó a partir de los años 70. Le siguió un cuerpo de obra monumental cuyo centro ha sido siempre la emancipación humana, la lucha de clases y la igualdad. Rancière es un insurgente inspirado que, en los últimos años y a partir de obras como El odio a la democracia, El espectador emancipado, Los tiempos modernos, Arte, tiempo, política o ¿En qué mundos vivimos? ha atraído a un público joven y comprometido, hastiado del pensamiento que se consume como un plato congelado cocinado en un microondas.

Es un pensador realista cuando escribe: “no estamos frente al capitalismo sino que vivimos en su mundo”. Cine, teatro, literatura, exploración de los lazos entre política y estética son igualmente temáticas que integran su obra en una búsqueda constante de comprender la multiplicidad de los tiempos en los que vivimos. Porque para el filosofo francés nacido en Argelia en 1940, la idea de que existe una suerte de modernidad única, un tiempo universal y lineal es una construcción tramposa. No hay una línea temporal sino varias a lo largo de las cuales se despliegan nuestras realidades y rebeldías . Esa pluralidad del tiempo es, según expresa en esta entrevista con PáginaI12 realizada en París, una de las posibilidades más ricas de reconstruir una acción colectiva y efectiva. En suma, una semilla para derrotar al sistema. Adepto de las brechas, las islas o los instantes de rebeldía, Rancière defiende la idea de que los movimientos de protestas sólo tienen éxito cuando logran detener el curso del tiempo e instaurar, por un momento, otro, fuera de las agendas del sistema. Son semillas de autonomía que producen bosques de transformación. Revoluciones, movimientos de protestas, posibilidades de acción contra el liberalismo, extremas derechas y ocaso de las izquierdas centradas y de las extremas son algunos de los temas que el filósofo francés borda en esta entrevista, donde lo esencial es la posibilidad humana de la emancipación ante un sistema de opresión voraz.

–El sistema liberal mundial cerró con candado todas las posibilidades de una transformación fría, es decir, sin violencia, mediante la concertación y la negociación. Usted, en su abundante obra, postula un modo de acción espacial y temporal casi como única legitimidad de acción colectiva para confrontar al sistema.

–He tratado de demostrar que ya no hay más un poder central concebido como una fortaleza y la posibilidad de un asalto contra esa fortaleza. El capitalismo está en todas partes de la vida social, no estamos frente a él sino que vivimos en su mundo. Sin embargo, el capitalismo es también frágil. Su ley choca en todas partes con resistencias locales y puntuales. En todas partes se han dado una serie de revueltas protagonizadas por comunidades específicas contra le extensión del poder capitalista y el poder del Estado. Creo que en una situación como esta es importante que se desarrollen comunidades que tengan sus propias agendas políticas sin estar sometidas a las agendas parlamentarias porque estas se han vuelto de alguna manera agendas del Estado. En casi todos nuestros países los sistemas representativos han pasado a ser agentes del Estado, han dejado de ser una parte del poder popular. Una política efectiva o alternativa al sistema capitalista y al poder del Estado que está cada vez más integrado al poder capitalista puede existir únicamente de forma autónoma, es decir, con gente capaz de crear sus formas de organización, sus agendas y sus propios medios de acción. Se trata de desarrollar movimientos con una autonomía lo más amplia posible. Pueden ser formas de autonomía política separadas de las agendas parlamentarias, puede ser una autonomía económica a través de la creación de una red alternativa de producción, de consumo y de intercambios, o formas de autonomía ideológica o incluso militares, como en México por ejemplo. De todas maneras, esto no tiene nada que ver con las ideas que antes se tenían sobre la insurrección. Hemos dejado de estar en esa situación en la que se creía que el capitalismo produce su propia desaparición. La lógica marxista enunciaba que el capitalismo creaba un modelo de producción que lo haría explotar. Está claro que no es así. Incluso se pensó que el capitalismo se alimentaba a si mismo con el trabajo pero ya sabemos que el capitalismo lo que hace es destruir el trabajo para perpetuarse. No hay ninguna expectativa de que el capitalismo produzca el socialismo, ni tampoco de que el pueblo armado se rebele porque los obreros como las armas han desaparecido. No hay ni horizonte definido, ni fuerzas identificables. Lo que si vemos es la creación puntual de autonomías locales específicas en donde el sistema de dominación es frágil y se lo puede atacar y a partir de las cuales pueden constituirse fuerzas alternativas. Luego, esas zonas de autonomía extienden su poder tanto como pueden.

–En su filosofía la idea del tiempo y del papel que este juega tanto en los sistemas hegemónicos como en los intentos de trastornarlos es fundamental. Usted escribe al respecto que “una política de emancipación existe bajo la forma de una interrupción del tiempo”.

–Se tiene siempre la idea según la cual están, por un lado, los movimientos efímeros y, por el otro, las estrategias a largo plazo. Pero la historia del mundo es bastante diferente. Cuando se crean alternativas al sistema de dominación siempre ocurren durante momentos singulares. Las revoluciones fueron momentos singulares que duraron días, semanas, meses o años. Esto equivale a decir que el orden normal de las cosas fue interrumpido, que, en ciertos momentos, las reglas normales desaparecen, que el tiempo queda suspendido y al mismo tiempo se acelera porque los movimientos generan altas velocidades. Un ejemplo de ello es lo que pasó en Francia en Mayo de 1968: el orden normal del gobierno y de la economía de pronto se detiene, el tiempo se para, se bloquea. Y cuando el tiempo se detiene la gente empieza a reflexionar sobre la sociedad y se lanzan iniciativas que tienen efectos muy rápidos. Estamos entonces en una situación que el sistema no previó.

–¿El movimiento de los chalecos amarillos en Francia responde acaso a esa lógica?

–-Se trata de un movimiento interesante porque, al principio, fue protagonizado por una categoría de gente que nunca protesta. Y es interesante también porque es un movimiento de gente relativamente madura, de personas que no son oriundas de una tradición de la izquierda pero que terminan por adoptar formas pertenecientes a la izquierda internacional. Ocuparon las rotondas como los jóvenes indignados ocuparon las plazas en Madrid. Se pronunciaron a favor de una democracia horizontal, lo cual corresponde al anarquismo de la juventud intelectual. Creo que fue efectivamente un momento de suspensión que empezó como protesta contra un impuesto ecológico y acabó poniendo en tela de juicio todo el sistema. Después, los chalecos amarillos fueron un movimiento que se vio paralizado porque no sabía exactamente qué quería más allá de sus reclamos iniciales. No había un horizonte final, pero no es culpa de ellos sino porque es así: no hay horizonte final y nadie sabe hacia dónde mirar. Los chalecos amarillos reflejaron la situación global de los movimientos de protesta de los últimos años durante los cuales se vieron formas de interrupción del tiempo que al final se trabaron porque tuvieron un tiempo autónomo que no sabía hacia dónde se dirigía. Ocurre entonces que esos movimientos o se agotan o los gobiernos los transforman en enfrentamientos. Así se pierde la originalidad política de la situación.

–Esto equivale a pensar que resulta imposible constituir lo que usted llama “una comunidad de lucha contra el enemigo”.

–Se han creado esas comunidades de lucha y muchas obtuvieron victorias. Han sido victorias puntuales, locales. Pero en realidad, en la historia de la emancipación siempre ha sido así: hay momentos de emancipación colectiva. Esos momentos pueden ser pensados como etapas dentro de una temporalidad extensa y, al mismo tiempo, como momentos en cuales la gente vivió con libertad y en igualdad. Serían como los momentos de los movimientos: vivir cierto tiempo en plena libertad colectiva. Se crean espacios, brechas, oasis, y se busca desarrollarlos, pero no es evidente. Por eso me gusta la idea de la ocupación de las plazas, de los espacios, porque indica que cuando se ocupan los espacios se crea otra forma de temporalidad.

–¿Cómo durar más allá de esos momentos?

–Ha habido intentos de crear movimientos que vayan más allá de la protesta para prolongarse en el tiempo hasta convertirse en movimientos capaces de organizar formas de vida alternativa. La historia nos demuestra sin embargo que fueron esos movimientos autónomos los que consigueron victorias, incluso parciales, contra el capital y el Estado. Hoy vemos claramente que ni los partidos revolucionarios ni los sindicalizados llegaron a ganar algo. No. Cuando hay medidas que van en contra del trabajo lo más eficaz no es la acción de los sindicatos sino la de los movimientos autónomos como los indignados, la noche de pie o los chalecos amarillos. Las estrategias de los partidos o los sindicatos ya no valen nada. Las fuerzas de la izquierda han sido integradas al Estado y llevan a cabo una política similar a la de las fuerzas de la derecha. Es paradójico porque al mismo tiempo que no sabemos hacia dónde se dirigen esos movimientos, son, de hecho, los únicos movimientos reales que impugnan al poder. En Francia, la izquierda tradicional no existe más. Queda por ahí ese presunto populismo de izquierda que intenta recuperar lo que hay y dotarse de una fuerza parlamentaria: Syriza en Grecia, Podemos en España o Francia Insumisa aquí. Pero esos partidos no organizaron ninguna lucha victoriosa contra el enemigo. En cambio, movimientos como los indignados sí lo hicieron. En Grecia, por ejemplo, Syriza cambió de bando. Al final, tenemos movimientos que nos sabemos hacia donde van pero son los únicos que existen.

–Esas tres izquierdas europeas, la de Grecia, Francia y España, al final no desembocaron en nada. Están en una situación de ocaso lento.

–A mi me llamó mucho la atención el hecho de que en España, Podemos, cuando se constituyó, su primera acción consistió en presentar una lista para las elecciones europeas en vez de actuar allí donde su acción tenía un sentido. Creo no obstante que, como la izquierda adoptó en todas partes el perfil de la derecha, hay un lugar para la izquierda de la izquierda. Sin embargo, hasta ahora, esa izquierda de la izquierda no fue capaz de organizar ninguna acción autónoma.

–¿Qué deberíamos reformular? ¿Hacer un inventario de toda la herencia de la izquierda revolucionaria y la de transformación y, desde allí, pensar en otra cosa?

–La única herencia real con lo que contamos hoy es la herencia que nos dejaron los movimientos momentáneos. No hay herencia de los partidos de izquierda, ni tampoco de los partidos revolucionarios que apenas consiguen escasos porcentajes en las elecciones. No estoy diciendo que se debe rechazar a los partidos de la izquierda. Se trata de constatar la verdad. En Francia, la resistencia al liberalismo ha sido tal vez más fuerte que en otros lados, pero sólo gracias a la herencia de mayo del 68 y no a los partidos de la izquierda que, más bien, lo que hicieron fue confiscar esa herencia.

–Lo efímero es entonces lo trascendente.

–Lo efímero es lo que rompe el curso del tiempo de la dominación y lo que deja una herencia. No es sólo una herencia sentimental sino que son hechos. En Francia, las victorias obtenidas contra la reforma de la jubilación (1995) y contra una ley de reforma laboral en 2006 se consiguieron por la herencia de mayo del 68 y no por la acción de los partidos de la izquierda.

–Las extremas derechas son la gran figura renacida del panorama mundial. Fueron creciendo proporcionalmente al ocaso de la socialdemocracia. Para usted, ¿ese retorno es un momento efímero o veremos un arraigo temporal más consistente?

–El fenómeno mayor, para mi, no es el de una extrema derecha que regresa después de haber estado escondida. No, lo esencial es cómo la derecha tradicional se fue a los extremos. En la medida en que la izquierda implementa la misma política económica y social que la derecha, la derecha tuvo que buscarse una figura especifica para existir. Es por eso que la derecha necesita radicalizarse y apelar a toda una serie de instintos y pasiones que hace 30 años no necesitaba. Antes, la derecha se presentaba como una fuerza de centro, medio liberal, medio modernista. Ahora eso se acabó. Para existir en el parlamento deben radicalizarse. Por eso no pienso que la extrema derecha sea una expresión de las clases populares. Ese es el análisis oficial. El auge de la extrema derecha se debe a la radicalización de la derecha. Desconfío de la idea acerca de un supuesto arraigo popular de la extrema derecha. La idea de un pueblo francés racista que tiene enfrente a los inmigrados ha sido construida por todo un sistema de propaganda.

–Hago una escala en uno de sus libros más bellos: “Los tiempos modernos”. Por lo general se habla de “modernidad” y no de tiempos modernos. ¿Cuál es la diferencia entre la modernidad y los tiempos modernos?

–-Para mi la idea de la modernidad es totalmente falsa, tanto como el enunciado según el cual la modernidad ha funcionado como una declaración de la autonomía del arte. Siempre traté de demostrar que era lo contrario, es decir, que si existía una modernidad artística ésta consistía en la voluntad de unir el arte con la vida y no de hacer que el arte fuera autónomo. Con este libro quise demostrar que no existe una temporalidad de la modernidad sino que hay varias maneras de construir la modernidad. Tiempos Modernos porque son varios y varias: está la modernidad económica y la modernidad industrial y ambas no se corresponden con la modernidad política o espiritual. No hay un sólo tiempo moderno. Una historia con una gran H y un tiempo homogéneo no existe. Hay, sí, temporalidades diferentes. También se ha acuñado la falsa idea de que la modernidad es un proceso continuo dentro de un tiempo único y similar. No, no hay tiempo sino tiempos. El arte y los artistas crean en cierto momento un tipo de tiempo moderno que no es en nada homogéneo. Es una suerte de paradigma de la modernidad, una manera de ligar el tiempo, el movimiento, la comunidad, el presente, el futuro.

–Hoy vivimos dentro de varios tiempos dictados por la tecnología y dentro de la noción de “pos”: pos modernidad, pos verdad. Se evoca así el fin de todo pero todo sigue…

–El término pos, en realidad, corresponde un poco al discurso del intelectual cansado que dice “todo está terminado”. Ya se empezó a decir que todo estaba terminado en los años 1820…En aquella época ya se hablaba de la literatura industrial y se afirmaba que la literatura y la cultura se habían terminado, que sólo importaba el mercado. Hace dos siglos que se afirma esto. Este discurso le conviene a todo el mundo: tanto a quienes se presentan como los últimos defensores de la civilización como a los que se creen innovadores de un nuevo tiempo y portavoces de ese tiempo. Son nociones sin interés porque después, bueno, todo sigue, continúa, no estamos ni en el pos ni en el fin de la civilización. Es una construcción falsa aunque sea intelectualmente tan útil para los filósofos crepusculares como para los se creen vanguardistas. Es un doble juego donde, en lo que atañe a la verdad, se decreta que la verdad se ha terminado, que los hechos carecen de importancia y que lo importante es el análisis y la interpretación porque estamos más allá de todo, en un pos infinito. Aquí vemos claramente que estamos ante a una forma de administrar la opinión en donde los hechos han dejado de ser necesarios y donde lo importante es integrarlos en un sistema de explicación preexistente y, por consiguiente, no hace falta que los hechos sean verdad.