Malatesta: aventura y anarquía

“La palabra civilización sirve hoy de excusa á muchos para intentar legitimar el fraude, el robo y la opresión” es una frase de Errico Malatesta que aparece en la edición número 13 de Obrero Panadero, un periódico gremial argentino de 1899.

En su breve estancia en Argentina, Malatesta apoyó la construcción del sindicato “Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos”, una organización pequeña en principio pero que en poco tiempo se fue constituyendo en uno de los referentes históricos del sindicalismo anarquista en latinoamérica. Era 1887, y aún le quedaban 45 años de actividad política al joven italiano de 34 años.

Creció en la agitada Italia del siglo XIX, en la que se enfrentaban republicanos y monarquistas que buscaban la unificación nacional, contra monarquistas que se alineaban en favor del dominio que mantenía el imperio austro-húngaro en parte del país. En ese contexto, Errico inició la carrera de medicina, de la que se tuvo que retirar para dedicarse a distintos oficios como la mecánica o la venta callejera de comida, mientras se dedicaba a actividades de tipo político y conspirativo.

Primero republicano, luego anarquista, asumió la causa libertaria con las noticias que llegaban sobre la Comuna de París de 1871, y la inspiración que despertaba en él las ideas de Mijail Bakunin. Su vida transcurrió entre Europa, Asia y América, creando medios de comunicación y organizaciones anarquistas, o bien, sumándose a causas de liberación de países sometidos a monarquías o dominios extranjeros.

Nació en Santa Maria Maggiore, Campania, un 4 de diciembre de 1853, y falleció en roma un 22 de julio de 1932, siendo un actor, antes que un espectador, de la convulsionada transición del siglo XIX al siglo XX.

A contrapelo del anarquismo que ganaba fuerza en su tiempo, de tipo individualista y de acciones sin perspectiva estratégica, defendió la organización masiva y la formación constante, pero también la posibilidad de la unidad entre distintas tendencias.

“Sin entendimiento, sin coordinación de los esfuerzos de cada uno para una acción común y simultánea, la victoria no es materialmente posible” diría.

Se distanciaba también de quienes tomaban por libertad el simple libertinaje o el puro egoísmo. En La Anarquía, tal vez su escrito más conocido, afirmaba: “La libertad que los anarquistas queremos para nosotros mismos y para los demás, no es libertad absoluta, abstracta, metafísica, que se traduce fatalmente en la práctica, en la opresión de los débiles, sino la libertad real, la libertad posible qué es la comunidad consciente de los intereses, la solidaridad voluntaria”.

Fuera como organizador, propagandista o conferencista, ni en su vejez dejó de participar en los acontecimientos de la historia. No suscribió las esperanzas en la guerra entre potencias, y se opuso activamente a la primera guerra mundial, mientras instaba a la huelga de las y los trabajadores. Su pensamiento se guió por una concepción abierta del anarquismo antes que doctrinaria y dogmática. Esta podría ser una de sus premisas fundamentales: “la duda debe ser la posición mental de aquellos que aspiran aproximarse cada vez más a la verdad o, por lo menos, a esa porción de verdad que es posible alcanzar”.

La dictadura de Mussolini lo aisló en sus últimos días, imponiendo una suerte de prisión domiciliaria que impedía su participación en toda iniciativa que buscara la derrota del fascismo.

 

Santiago Vilanova: «La demanda de electricidad por la IA será tan colosal que resultará imposible substituirla totalmente mediante las renovables»

El periodista, escritor y político ecologista publica ‘Els conspiradors del canvi climàtic’, un ensayo sobre quienes trabajan para seguir explotando los recursos fósiles.

Por Lluis Bassa Tomás

Santiago Vilanova (Olot, 1947) conoce bien los mecanismos para proteger el medio ambiente y las estrategias para tan sólo simularlo. El periodista, escritor y político ecologista se ha volcado en ello a lo largo de su carrera, impulsando asociaciones claves del ecologismo catalán como Una Sola Terra o el partido Els Verds – Alternativa Verda, y siguiendo como periodista los intríngulis de las negociaciones climáticas internacionales.

En el ensayo Els conspiradors del canvi climàtic (Lapislázuli, 2025), Vilanova vierte más de cincuenta años de conocimiento y experiencias personales para señalar personas e instituciones que, lejos de trabajar para un mundo mejor, se han escondido detrás de lemas e ideas vacías para que, en realidad, nada cambie.

¿Quiénes son los conspiradores del cambio climático?

Son diplomáticos, políticos, empresarios, comunicadores, científicos e, incluso, destacados miembros de asociaciones internacionales ambientalistas, que aun proclamándose a favor de la transición energética, hacen un activismo destinado a retrasarla y acaban haciendo el juego a los negacionistas. Quieren hacer compatible seguir explotando los recursos fósiles invirtiendo con energías renovables con menor intensidad, y desarrollando soluciones ‘tecnosolucionistas’. Actúan en los principales organismos de gobernanza global del medio ambiente vinculados a la ONU y al PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente).

En el libro explica cómo las conferencias mundiales del medio ambiente y las cumbres por el clima han sido históricamente impulsadas por miembros vinculados al sector de los combustibles fósiles y la energía nuclear.

La conspiración de la que hablo en mi ensayo se inició con la primera conferencia mundial sobre el medio ambiente, conocida como la Conferencia de Estocolmo. Fue dos años después de las manifestaciones del 22 de abril de 1970, el día de la Tierra, en el que en Estados Unidos se movilizaron más de veinte millones de personas. El presidente Richard Nixon se vio obligado a crear la Agencia de Protección Ambiental, mientras a la vez daba órdenes al FBI de desprestigiar a los organizadores como ‘infiltrados comunistas’. Dos años después, la ONU delegó la organización de la conocida como la Conferencia de Estocolmo en el empresario y diplomático canadiense Maurice Strong, vinculado al sector del petróleo, el gas y la energía nuclear.

¿Por qué es relevante la figura de Maurice Strong? 

Strong logró vehicular durante tres décadas las cumbres con el fin de que no incidieran sobre la economía de las grandes energéticas. Generó un ambientalismo controlado por el establishment, impulsando estructuras de control científico y político como el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente), el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC en inglés), el Consejo de la Tierra, y la UICN (Unión Internacional para la Conserva de la Naturaleza). Tenía el apoyo de personalidades como David Rockefeller (fundador del Chase Manhattan Bank y la poderosa Standard Oil), Henry Kissinger, Robert MacNamara (Banco Mundial), Armand Hammer (Occidental Petroleum), y del propio secretario general de la ONU, U Thant, entre otros.

En el libro también señala a Stephan Schmidheiny, empresario suizo del sector del cemento, como pionero del ecopostureo o greenwashing.

Schmidheiny, que había sido condenado por la contaminación de su planta de amianto en la región de Piamonte, impulsó en 1991 la constitución del Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo Sostenible (World Business Council for Sustainable Development) y Maurice Strong lo nombró consejero para la preparación y desarrollo de la Cumbre de Rio en el 1992. Es la primera gran estructura de ecopostureo destinada a grandes multinacionales contaminantes, que todavía hoy goza de una gran influencia en la gobernanza global del medio ambiente y es uno de los lobbies empresariales más reconocidos por el PNUMA.

Entre los grandes conspiradores de hoy en día, menciona a las empresas tecnológicas que componen las GAFAM.

GAFAM son las siglas de las cinco mayores empresas tecnológicas (Google, Amazon, Facebook –ahora Meta–, Apple y Microsoft) que tienen una posición dominante a nivel global. Sus líderes (Jeff Bezos, Elon Musk, Mark Zuckerberg, Tim Cook) han acordado unirse para reavivar el sector nuclear civil y militar, que recibirá nuevas ayudas y subvenciones como energía ‘verde’. Esta es la mejor conspiración para retrasar, hasta hacer fracasar, el proceso de descarbonización de la economía mundial, haciendo desbordar las prospectivas de las COP.

¿Cómo lo hacen?

Bill Gates, por ejemplo, está impulsando reactores SMR (Small Modular Reactors) de 5 a 300 megavatios destinados a suministrar la electricidad que reclaman los data centers. En Europa, la Inteligencia Artificial (IA) disparará la demanda de electricidad en un 160% en cinco años, según un informe de la organización Beyond Fossils Fuels. La demanda será tan colosal que resultará imposible substituirla totalmente mediante las renovables. La tan reclamada descarbonización de la economía para el 2050 lo más seguro es que acabe en fiasco. La taxonomía de la UE considerando la energía nuclear como ‘verde’ facilitará las subvenciones por los reactores SMR e incentivará la propuesta del Foro Atómico mundial de alargar el período de vida de los reactores actuales hasta treinta o cincuenta años más.

La dirección contraria a un sistema energético democrático basado en energías renovables.

Con esta iniciativa, las GAFAM inician un nuevo período poscapitalista basado en el control de la información y la capacidad de tratamiento de la misma; de hecho, ya monopolizan el comercio de la información. Por otra parte, el potencial de crecimiento de la industria de defensa que se espera de la IA con el apoyo logístico de las GAFAM es ingente. Esta alianza facilita a las big tech un dominio que ninguna acción parlamentaria y democrática puede controlar, y que ya ha permitido el acceso al poder de personajes como Elon Musk (fundador de Space X y la automovilística Tesla) como administrador del Departamento de Eficiencia Gubernamental de la Casa Blanca.

¿Qué podemos esperar en los próximos años?

Todo indica, y ahora más que nunca gobernando los negacionistas en la Casa Blanca, que caminamos hacia unas formas de autarquía energética que algunos analistas han llamado ‘electrofascismo’, basada en el control del sector electronuclear y tecnológico. Esto hará que se consolide el centralismo energético y el control militar sobre las instalaciones nucleares, como hemos visto durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, para evitar el peligro de acciones terroristas o ser objetivos bélicos.

En el libro explica cómo las infraestructuras de energías renovables y el despliegue de las tecnologías de IA necesitarán grandes cantidades de minerales estratégicos que actualmente se encuentran principalmente en Latinoamérica y Asia. ¿Qué puede comportar esto?

Las reservas de los minerales estratégicos provocarán un cambio estructural en el sector energético, amenazando con convertirse en la principal fuente de conflictos en el planeta durante las próximas décadas. Si el petróleo se ha concentrado en Occidente y Oriente Próximo, ahora los productores de litio y tierras raras se concentrarán en Latinoamérica y Asia. Esto es una oportunidad única para redefinir también un modelo de desarrollo ecológico y su autonomía frente a las acciones colonizadoras de potencias como Rusia, Estados Unidos y China. Hay que tener en cuenta que este último lleva mucha ventaja en producción y capacidad de procesamiento de estos minerales. Los países que gozan de las principales reservas tendrán una gran capacidad para influir en el futuro de la humanidad y en el desarrollo de sus propios países. La edad de la minería no ha hecho más que empezar.

¿Qué mecanismos tendrán que poner en marcha los países productores de estos minerales para evitar estas acciones ‘colonizadoras’?

No tengo la solución, pero está claro que son necesarios nuevos acuerdos comerciales interregionales en Latinoamérica y África para evitar un crecimiento que no provoque más impactos ecológicos y para armonizar las normas ambientales y la seguridad alimentaria. Los recursos minerales estratégicos deben permitir autofinanciar la transición a las energías renovables y evitar una nueva colonización, como ocurrió con el cobre de Chile o sucede con el coltán en la República Democrática del Congo o el uranio en Níger.

Propone la creación de una cumbre de países productores de litio.

Esta cumbre tendría varios objetivos. Por un lado, impulsar un modelo propio de desarrollo ecológico, para evitar el impacto ambiental irreversible de las extracciones; también el de defender las culturas de los pueblos afectados y hacerles partícipes de los beneficios que genera el litio y otros minerales estratégicos; impedir los oligopolios, como los que han sucedido con el petróleo, gas y el uranio, en el que cinco empresas producen el 60% del litio y el 56% del cobalto mientras que la capacidad de refinamiento está en manos de China; y, finalmente, evitar el uso del litio y otras materias raras para el desarrollo de la energía atómica con fines militares, como es el caso de India y Corea del Norte.

Hablemos de las cumbres del clima (COP). En Bakú vimos tensión en los diálogos sobre el fondo para financiar la adaptación a los impactos del cambio climático en los países del sur global. ¿Existe el peligro de que se rompan las negociaciones en la próxima cumbre de Belém (Brasil)?

Los 300.000 millones de dólares anuales en ayudas climáticas que la COP29 de Bakú concedió in extremis por ayudas climáticas a los países en vías de desarrollo, cuando éstos reclamaban como mínimo un billón anual, quedan en una cifra calificada de “miserable” por los afectados por los subsidios. En 2024, las subvenciones a las fósiles a nivel mundial han significado el doble de esta cantidad.

Los Estados, especialmente los más contaminantes (Rusia, Estados Unidos, China, Brasil, India…) no respetan los acuerdos de las COP, ni desempeñan un papel activo en las resoluciones. Menos de un 20% de los países signatarios no han llevado a cabo la mayoría de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) ni las 169 metas a alcanzar de cara al 2030, ni tampoco han presentado a la ONU las llamadas Nationally Determined Contributions (NDC-Contribuciones determinadas a nivel nacional) a efectos del cambio climático.

¿Cómo puede cambiar el escenario en la COP30 con Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos?

Las decisiones de Trump pueden convertir a la COP de Belém a un nuevo fracaso. Está tomando acciones que pueden llevar hacia el bloqueo de la COP30, suprimiendo ayudas y cerrando departamentos dedicados al cambio climático, afectando a organismos de la NASA y de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) que forman parte de los apoyos al IPCC, o con la retirada de Estados Unidos de los Acuerdos de París. Todo esto puede comportar una crisis en la financiación de la Convención Marco sobre el Cambio Climático de lo que dependen las COP.

¿Vamos hacia un escenario descontrolado?

Yo diría en una ‘tierra ignota’. Todo puede ocurrir, desde replantearse una reforma de las COP hasta la creación de una Organización Mundial del Medio Ambiente con capacidades similares en el Consejo de Seguridad de la ONU y equivalente a organizaciones como la Organización Mundial del Comercio o la Organización Internacional del Trabajo.

¿Quiénes son las voces que quieren reformar las COP, y hacia dónde apuntan?

Previendo un escenario negativo provocado por las decisiones de la Administración Trump, hay quien es partidario de una reforma de las COP, como el Club de Roma; Christiana Figueres, ex secretaría ejecutiva del Convención Marco sobre el Cambio Climático, o Ban Ki-moon, ex secretario general de las Naciones Unidas. Proponen cambios en el sistema de elegir las sedes de las conferencias de las 197 partes; que no sean petroestados; una participación más eficiente y justa de los países del Sur afectados por el cambio climático, piden también publicar la afiliación de todos los participantes; equilibrar la presencia de científicos en el IPCC, dominado en un 70% por anglosajones; evitar la presencia dominante de lobistas de las corporaciones energéticas; reducir sensiblemente el número de miembros de las delegaciones para hacer más eficientes los debates y resoluciones; entre otros.

¿Cómo se podría llegar a regular la presencia de lobbys de los combustibles fósiles en las COP?

Aplicando la transparencia y haciendo pública la identidad y la afiliación de cada participante; evitando el acceso a lobistas en sesiones de negociación donde se redactan los documentos finales y los compromisos. En el primer informe del IPCC de 1990 estuvieron batallando para las conclusiones 11 representantes de la industria petrolera; hoy son más de 600, según Cristophe Bonneuil, historiador de ciencias del CNRS francés. No se puede seguir tolerando que los lobistas que representan al sector energético de los combustibles fósiles superen en número de representantes a los científicos, indígenas y representantes de las naciones del Sur más vulnerables al cambio climático. A la COP 29 de Bakú asistieron 1.773 lobistas que tenían como objetivo evitar resoluciones contrarias a los sectores del petróleo y el gas natural.

En el ensayo explica que existen partidarios de crear otros espacios de confluencia internacional para abordar los problemas del cambio climático.

Es lo que proponen otras personalidades como el pensador Edgard Morin, el jurista Michel Prieur o el climatólogo Jean Jouziel. Son partidarios de crear una Organización Mundial del Medio Ambiente, encabezada por personalidades desvinculadas de los sectores económicos y energéticos dominantes.

También habla de la creación de un Tribunal Internacional Penal de Medio Ambiente.

La creación de un Tribunal Internacional Penal de Medio Ambiente, como propone un grupo de 16 juristas internacionales coordinados por Laurent Neyret, profesor de la Universidad de Versalles Saint-Quetin, posibilitaría juzgar los casos de ecocidios perpetrados por las compañías mineras, energéticas y agroforestales y sus actividades tanto de ecoblanqueo (greenwashing) como de ocultación de datos (greenhushing).

Algunos Estados se están apresurando a introducir legislaciones en contra del ecoterrorismo, para neutralizar y criminalizar los actos de los activistas climáticos.

A los conspiradores del cambio climático les ha interesado controlar los resultados de las COP y los informes del IPCC pero les interesa también, y mucho, frenar el radicalismo de los activistas ecologistas. Y la forma de hacerlo está criminalizándolos aunque sus acciones no sean violentas. Una forma de presión que practican es haciendo que los medios de comunicación conservadores y de extrema derecha reclamen mano dura por este nuevo activismo situado al margen de los partidos políticos tradicionales. Y està teniendo efecto: en Francia, Alemania, Austria, Irlanda y Reino Unido hay mucha presión para que el Estado endurezca las leyes contra el activismo ecologista. En Dinamarca los «extremistas climáticos» figuran en la lista de las «amenazas terroristas». Italia ha dictado una ley llamada «ecovandalismo» con penas que van hasta cinco años de cárcel y 10.000 euros de multa. Extintion Rebellion se considera por la extrema derecha española una organización vinculada al terrorismo internacional. En Estados Unidos, Greenpeace ha sido condenada a pagar 650 millones de dólares por estimular las protestas contra el oleoducto Dakota Access. La empresa que denunció a la organización ecopacifista es Energy Transfer y la multa podría llevar a la quiebra de Greenpeace en EEUU.

¿Cómo reaccionan las ONG y la población civil ante esto?

En España, a finales de 2024, el Tribunal Constitucional admitió a trámite el primer litigio climático de la historia (la primera denuncia por delito ecológico la ejerció Alternativa Verda en 1984 contra la contaminación ácida de la central térmica de Cercs, propiedad de Fecsa). Se trata de un recurso contra España por inacción ante el cambio climático y lo han presentado Greenpeace, Ecologistas en Acción, Oxfam Intermón, Fridays for Future y la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo. Veremos cómo evoluciona. Las protestas ambientales cuestionan cada vez con mayor contundencia la eficacia y la utilidad de las conferencias climáticas, convertidas en instrumentos de desmovilización.

¿Estas protestas llegan a cuajar en la sociedad civil?

Reprimiendo y criminalizando las acciones directas de estas organizaciones se las aleja de la sociedad civil y se logra que la opinión pública acabe viendo como un mal menor la gobernanza y la vigente forma de organizar la lucha climática, dejándola en manos de funcionarios de la ONU, muy bien remunerados y libres de impuestos, y apoyados por sus principales estructuras: el PNUMA, la Convención Marco y las COP. Se trata de un gigantismo burocrático, vigilado por las energéticas; es la huella que dejó como legado Maurice Strong. Conspiradores y negacionistas del cambio climático son dos caras de la misma moneda.

 

Marcha atrás: tercera derrota electoral consecutiva del correísmo

Daniel Noboa, joven heredero de uno de los más importantes emporios empresariales del Ecuador, se reelige como mandatario de este pequeño país andino con aproximadamente 1.2 millones de votos sobre su adversaria progresista.

Por Decio Machado/ Semanario Brecha

Tras la primera parte del ciclo progresista en el presente siglo, esa que se enmarca entre el triunfo de Hugo Chávez en 1999 y el fin del gobierno de Rafael Correa en 2017, el único país en el que dicha sensibilidad política no volvió a recuperar el poder en ningún momento ha sido Ecuador.

Así, el pasado 13 de abril, la Revolución Ciudadana -partido político liderado por el ex presidente Rafael Correa desde el exilio- en unas elecciones en las que tenía todo a su favor para volver a ser gobierno, volvió nuevamente a ser derrotada en las urnas.

El caso ecuatoriano es de estudio académico. A diferencia de países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile o Uruguay; Ecuador se enmarca en un derrotero de constantes fracasos electorales tras el fin de la década de mandato correísta, entre 2007 y 2017, y la posterior traición política de su sucesor en el cargo Lenín Moreno entre 2017 y 2021.

A partir de entonces, las candidaturas presidenciales del correísmo, tanto en 2021 con Andrés Arauz al frente, como en 2023 y ahora en 2025 con Luisa González como relevo presidencial, la Revolución Ciudadana consagra su tercera derrota electoral consecutiva en apenas cuatro años.

Especializados en perder lo que parecía imposible de perder

Si algo caracteriza al progresismo ecuatoriano en estos últimos años ha sido su especialización en perder campaña electorales, a priori, consideradas difícilmente perdibles por el correísmo.

En 2021 el joven quinquelingüe y brillante economista Andrés Arauz, quien se perfilaba como el heredero de Rafael Correa al frente el progresismo ecuatoriano, se veía inverosímilmente derrotado frente al septuagenario bachiller y banquero Guillermo Lasso, en un país donde la banca ha sido responsable del exilio económico de más de un millón de personas apenas una generación atrás.

En 2023, tras la renuncia de Guillermo Lasso en apenas treinta meses de gobierno y con todo a su favor para volver al sillón presidencial del Palacio de Carondelet, el progresismo ecuatoriano perdía las elecciones de forma sorprendente tras el asesinado de uno de los candidatos presidenciales, hecho exógeno a la disputa electoral que le permitió a Daniel Noboa entrar en la segunda vuelta y ganar con apuros el balotaje frente a Luisa González, una abogada forjada a sí misma y proveniente de sectores populares costeños.

El pasado domingo 13 de abril, tras una campaña electoral en primera vuelta marcada por la brillante estrategia de consultores extranjeros que permitió polarizar entre Luisa González y Daniel Noboa unas elecciones en la que participaban dieciséis candidaturas presidenciales; el correísmo se dio de bruces en una segunda vuelta cuya principal característica fue volver a repetir errores tácticos y operacionales propios de sus campañas anteriores.

Entre estos destaca su incapacidad para desmarcarse del gobierno de Nicolás Maduro, régimen político que genera escasas simpatía en el país; sus limitaciones a la hora de generar confianza respecto a su programa económico de gobierno, especialmente en todo lo que tiene que ver con el sostenimiento de la dolarización; y su torpeza para comunicar un talante dialogante, abierto y democrático que genere certidumbre ante una sociedad que recibe un permanente bombardeo mediático a través del cual se le acusa al correísmo de corrupción y autoritarismo.

Así las cosas, la ventaja en intención de voto favorable a Luisa González tras el pacto entre el correísmo y otras «izquierdas», el movimiento indígena y otros sectores social populares generado tras el arranque de la segunda vuelta, se vio mermada por errores cometidos por la candidata progresista y su equipo de asesores en el debate presidencial televisivo frente a Daniel Noboa. Un debate por cierto, marcado más por la limitación dialectica y sobreactuación teatral de ambos candidatos que por la visibilización de sus atributos positivos para sacar adelante a un país inmerso en una crisis de caracter multidimensional y diez puntos porcentuales más pobre hoy que 10 años atrás.

Si el objetivo era marcar la diferencia entre Luisa González y Rafael Correa, dado que la oposición conservadora acusaba a la primera de ser marioneta del segundo, el resultado fue todo lo contrario. Luisa González terminó pareciéndose mucho en ese debate al líder principal de la Revolución Ciudadana, quien desde hace años es objeto permanente de orquestados ataques desde diferentes ámbitos mediáticos, procesales, sociales, académicos y políticos.

Desde entonces, 23 de marzo, hasta las elecciones del pasado domingo, el correísmo perdió la iniciativa política inmerso en una ceguera colectiva, pero principalmente de la mayoría de actores y sujetos involucrados de forma directa en la disputa electoral.

Por si lo anterior fuera poco, el uso de la Fiscalía General del Estado como herramienta política electoral por parte del Gobierno Nacional -Noboa siempre jugó con la cancha inclina a su favor en esta campaña electoral-, permitió hacer públicos los chats y grabaciones de audio contenidas en los dispositivos tecnológicos incautados a uno de las autoridades alineadas a las filas del correísmo dentro del Consejo de Participación Ciudadana, entidad responsable de la designación de autoridades en organismos de control en el país. Lo anterior, transparentó los intestinos de una organización política donde muchos de sus miembros se graban las conversaciones entre ellos, descalificándose entre sí de forma muy poco elegante y con ciertos aires de superioridad.

Si Luisa González, con una campaña fresca y muy poco ideológica, había sumado en primera vuelta unos 10 puntos porcentuales más que lo que venía sumando la Revolución Ciudadana en esa misma fase de campaña anteriores; posiblemente perdió la mitad de ese voto blando en la segunda vuelta, siendo este reemplazado por un voto más ideológico afín a las organizaciones políticas y sociales que les expresaron respaldo en esta segunda fase de campaña. En resumen y dicho en términos populares, «subió la carne pero bajó el pescado», todo ello inmersos en una campaña de acusaciones mutuas entre los candidatos presidenciales donde no existió conversación alguna con el electorado.

Pocos días antes de la jornada del balotaje y en un ambiente de espiral triunfalista por parte del correísmo, algunas de las investigaciones cualitativas indicaban ya mayor resistencia ante Luisa González que frente a Daniel Noboa en determinados segmentos del electorado que aun mostraban incertidumbre respecto a su intención de voto. No importó, todo fue ignorado, una vez más los trofeos de guerra era despilfarrados en celebraciones prematuras.

De error en error hasta la derrota final

Lo anterior desembocó en la tragedia, no solo para el correísmo sino para el conjunto del pueblo ecuatoriano, de la noche del pasado domingo 13 de abril.

Pese a que todo mandatario que corre para una reelección hace que la disputa electoral se convierta en un plebiscito sobre su gestión, en este caso quince meses de gobierno noboista sin un solo hito o meta cumplida en su gestión, más por rechazo al correísmo que por apoyo a Daniel Noboa, este último se imponía con el 55,60% de los votos válidos emitidos.

Pero como dice la sabiduría popular “no hay dos sin tres”, motivo por el cual la dirigencia correísta cometería su último error estratégico electoral en la noche de autos, no reconocimiento los resultados y acusando de fraude al Consejo Nacional Electoral. Si bien es cierto que la campaña electoral de Noboa se caracterizó con una sucesión de irregularidades permitidas cómplicemente por los órganos rectores y de control de la democracia, lo que le permitió jugar con notable ventaja frente al correísmo, también lo es que hasta lo fecha sigue sin presentarse una sola prueba con el suficiente sostén como para acreditar tal denuncia robo en las urnas, motivo por el cual el correísmo se ahonda aun más en su propia crisis de credibilidad.

Nubarrones en el horizonte

Dos izquierdas políticas de importancia existen en Ecuador, una político institucional, la Revolución Ciudadana, y otra político social, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Una con presencia y en disputa permanente por las instituciones y otra con músculo social movilizador. Los errores de campañas ponen dejan en este momento a ambos ejes de intervención política muy tocados tras los resultados del pasado domingo.

Como sorteará la indudable crisis interna que seguramente se le avecina a la Revolución Ciudadana tras su tercera derrota electoral consecutiva, en esta ocasión por “goleada”, tras haber sido la fuerza hegemónica en el país durante los años anteriores es una pregunta todavía sin respuesta. Unos hablan de un posible riesgo de implosión interna, otros de la necesaria renovación de sus cargos dirigentes en dicha corriente política e incluso hay quienes indican de posibles futuros escenarios de rupturas en territorios determinados ante las elecciones seccionales que tendrán lugar en el país dentro de dos años. Todo en estos momentos es incertidumbre, especulación y evidentemente una grieta por donde el aparato mediático y gubernamental actua como herramienta para intentar agudizar fisuras.

Y de igual manera sucede en el movimiento indígena, donde su actual dirigencia, comprometida en la lucha contra las políticas neoliberales en el país, apoyaron contra “viento y marea” la candidatura de Luisa González en la segunda vuelta. Ahí, en ese ámbito menos funcionarial y más militante, en el segundo semestre de este año deberá tener lugar el Congreso de la CONAIE para la elección de nuevas autoridades del movimiento indígena, momento en el que Leonidas Iza -actual presidente de la organización- y su equipo deberán hacer frente a los sectores indígenas más conservadores que financiados por el gobierno de Noboa se oponían al pacto con el correísmo y ahora planifican el asalto a la dirección del movimiento social más importante del país. Un hipotético triunfo de los opositores a la actual dirección de la CONAIE supondría la entrega, bajo prebendas, al gobierno de la única organización social en el país con musculatura para construir resistencias contrahegemónicas a los envites neoliberales por llegar durante el próximo período de mandato noboista.

Así las cosas, lo sucedido el pasado domingo debería analizarse en toda su profundidad, la cual va mucho más allá de lo electoral. Bajo la hipótesis del peor escenario en estos momentos posible pero perfectamente factible dada estado de situación, una crisis interna que debilite aun más al maltrecho correísmo sumada a una derrota de los sectores con compromiso con la lucha popular y social al frente del movimiento indígena, supondría dejar convertido en un erial a la izquierda política y social del país durante la próxima década. Todo ello además inmersos en un proceso de nueva constituyente, ya anunciado con carácter de urgencia por los voceros del gobierno de Daniel Noboa, que implicará un fuerte retroceso de las conquistas sociales plasmadas en la aun vigente Constitución de 2008.

La pregunta

¿Hay alguna manera de escapar de la espiral de demencia suicida que emana de la senescencia de Occidente?

por Franco ‘Bifo’ Berardi

Hace unos días recibí la invitación de una asociación estadounidense para participar en una convención que se celebrará en Chicago los días 5, 6 y 7 de abril. El tema de la convención es “¿Existe una izquierda en el siglo XXI?”. Respondí rápidamente:

“Por desgracia, mi salud es tan precaria que no puedo abordar el viaje a Chicago. Así que no podré estar con ustedes en persona. Sin embargo, escribiré un texto y lo publicaré antes de abril para que puedan leer mis reflexiones si les interesa conocer mi opinión. Gracias por la invitación”.

Francamente (más allá de mi fragilidad física), no tengo ningún deseo de ir a Estados Unidos, a ese país aterrador donde una mafia de racistas agresivos gobierna a una población de individuos infelices que viven en una frenética competencia por la supervivencia.

Sin embargo, la cuestión que se debatirá en dicha convención es un buen punto de partida para una reflexión muy necesaria sobre el futuro (o el no futuro) de la subjetividad social en este siglo. Aqui esta mi respuesta.

Una pregunta equivocada

¿Existirá la izquierda en el siglo XXI? Mi respuesta es: esta pregunta no me parece interesante. El significado mismo de la palabra izquierda se ha perdido porque, con la excepción quizás de algunos países como España, la mayoría de quienes han formado parte de gobiernos de centroizquierda en los últimos treinta años han traicionado completamente a la clase trabajadora y a la sociedad en general. Además, el mundo en el que la palabra izquierda significaba algo ha desaparecido.

En Estados Unidos, en el Reino Unido y en la mayoría de los países europeos, la izquierda ha sido la punta de lanza de la devastación neoliberal de la vida social. La función de Blair, Schröder, Hollande y los demás socialdemócratas que gobernaron en los años noventa y en la primera década del nuevo siglo fue devastar las condiciones de vida de la sociedad en favor del lucro y la competitividad, privatizar los servicios públicos y favorecer la transferencia de dinero de los trabajadores a los ricos. También la política racista de rechazo a los inmigrantes ha sido concebida y diseñada por políticos como el italiano Marco Minniti (excomunista, entonces ministro del Interior en un gobierno de centroizquierda, arquitecto de la política de deportación de los migrantes que inspira a Meloni y a Trump).

En Estados Unidos, los gobiernos de Clinton, Obama y Biden se han alineado perfectamente con la política conservadora de agresión imperialista. Como resultado, se puede decir que en todo Occidente el centroizquierda ha sido responsable de la desilusión generalizada que llevó a muchos votantes a abandonar la izquierda y a volcarse al nacional-liberalismo emergente que finalmente culminó en la furia trumpista.

Los nazi-libertarios están restaurando un régimen esclavista y empujando a Occidente hacia la agresividad nacional y la guerra. Pero la razón del ascenso de esta ola ultrarreaccionaria reside en la traición de la autodenominada izquierda. Por lo tanto, ¿por qué debería preocuparme por el destino de una clase política que, autodenominándose de izquierda, ha seguido las mismas políticas de la derecha?

La pregunta interesante hoy no es: ¿existe una izquierda en nuestro futuro? La pregunta interesante es si nuestra existencia social encontrará o no una manera de escapar de la agresión en curso y del retorno de la esclavitud, del terror social, de la militarización y de la guerra. ¿Encontrará la vida social una vía para la subjetivación social? ¿Surgirá un movimiento (consciente, colectivo y solidario) en el contexto actual de competencia, depresión, pánico y deserotización de la vida social? Esta es la interesante pregunta que intento contestar.

Pánico

Una ola psicótica recorre la sociedad occidental: la causa de la psicosis de pánico masiva es una especie de colapso senil de la mente occidental.

¿Qué es el pánico? En el último capítulo de ¿Qué es la filosofía? Deleuze y Guattari reflexionan sobre el envejecimiento y hablan de la senescencia en términos de la relación entre el orden y el caos: “ (…) Un poco de orden para protegernos del caos. Nada es más angustioso que un pensamiento que se escapa a sí mismo, que las ideas que se escapan, que desaparecen apenas formadas, ya erosionadas por el olvido o precipitadas en otras que ya no dominamos (…) infinitas variabilidades, cuya aparición y desaparición coinciden (…)”.

“Caos” se define aquí en términos de velocidad, de aceleración de la infoesfera en contraposición a los ritmos lentos de la razón y de la mente emocional. Cuando las cosas empiezan a fluir tan rápido que el cerebro humano se vuelve incapaz de elaborar el significado de la información, debido al caos, entramos en el estado de pánico. Pánico es la incapacidad de tomar decisiones porque lo que sucede a nuestro alrededor es demasiado rápido, demasiado complejo, y por lo tanto indecidible.

El pánico explica el comportamiento actual de la Unión Europea inconsistente hasta el punto de la demencia. Para complacer al amo estadounidense (Biden), hace tres años los líderes europeos decidieron empujar al pueblo ucraniano a la guerra contra Rusia. Rompieron el vínculo económico con Rusia y se pusieron en modo belicista, apoyando y armando el nacionalismo ucraniano. Fue una decisión suicida porque el propósito de Biden era romper la relación económica entre Europa y Rusia, y derrotar a Alemania. Alemania ha sido derrotada, Ucrania ha sido destrozada. Europa ha sido empujada al borde del abismo.

Luego, el amo estadounidense (Trump) traicionó la causa ucraniana y abandonó a los europeos a su suerte. Millones de personas han abandonado Ucrania, innumerables jóvenes han muerto en las trincheras del Donbás. Los ucranianos están derrotados, empobrecidos y humillados. Los europeos se encuentran en una trampa. Tras caer en una crisis de pánico, Macron, Starmer, Merz y Ursula von der Leyen decidieron hacer algo inútil, peligroso, destructivo y autolesivo: una enorme inversión de dinero para el rearme del continente.

¿Qué hacer en una situación de pánico? Mi sugerencia es que no se tomen decisiones, que no hay que centrarse en el torrente de información, sino que hay que respirar hondo y renunciar a la acción. Los líderes europeos, por el contrario, decidieron lanzar un plan masivo de rearme y reconversión militar de la industria automotriz.

¿Se quedarán los rusos de brazos cruzados mientras los europeos se arman hasta los dientes, o decidirá Putin atacar a Europa antes de que esté lista para la guerra?

La rusofobia generalizada de los líderes europeos corre el riesgo de convertirse en una profecía autocumplida. Mientras los europeos se apresuran a tomar las armas por temor a la agresividad rusa, tengo miedo de que los rusos no se queden esperando perezosamente el rearme completo de los europeos.

Depresión

Según los psiquiatras, la depresión es la patología predominante de la generación que aprendió más palabras de una máquina que de la voz de su madre. La depresión es desagradable, es dolorosa; bueno, la depresión es depresiva. Así que harías casi cualquier cosa para liberarte de sus garras. Resulta que la movilización agresiva de energías mentales puede ser una terapia para la depresión.

Hitler lo sabía. A los alemanes deprimidos, humillados tras la Primera Guerra Mundial, les dijo: “No se consideren trabajadores derrotados, considérense guerreros. No se consideren humillados. Considérense humilladores”. Él ganó las elecciones, y los alemanes arrastraron a Europa a la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial.

La autoidentificación agresiva, la movilización nacionalista y el patriotismo actúan como una terapia de anfetaminas para la mente deprimida. Esta terapia funciona por un tiempo. Luego, se cae en tragedias abismales. Por eso la ola psicótica de la senescente cultura occidental converge con las decisiones políticas de una parte importante de la nueva generación.

Como pueden ver, la pregunta interesante no es si existirá la izquierda en el siglo XXI, sino cómo escapar de la reacción del ciclo pánico-depresivo que estalló abruptamente en 2025.

¿Es posible iniciar un proceso de subjetivación consciente y autonomía social?

Deserción masiva

Mis viejos amigos pacifistas expresan su consternación porque no hay movilización política contra el rearme de la Unión Europea ni manifestaciones masivas contra la creciente militarización de la economía y del discurso público.

Entiendo su consternación, pero sé que desde el 15 de febrero de 2003, tras la enorme movilización mundial contra la guerra de Irak, el movimiento pacifista se ha disuelto. En aquella ocasión, el pacifismo no pudo detener la guerra, y hoy cuesta creer que las manifestaciones y las protestas sean útiles para frenar el frenesí.

La locura de los belicistas europeos no tiene su raíz en una estrategia política, sino en el colapso mental de la cultura occidental, incapaz de afrontar su propio declive irreversible. Y (obviamente) tiene su raíz en los intereses del complejo militar industrial.

Lo que necesitamos es mucho más que manifestaciones y protestas. Lo que la vida social necesita es una forma de escapar de la militarización de la sociedad europea. Lo que se necesita es una ola masiva de deserciones. Deserción de la guerra, pero también deserción de la economía de guerra y de la obsesión nacionalista.

Obsesión

El año 2025 marca un antes y un después. En el siglo pasado, el marco de la subjetivación social era la lucha de clases: el internacionalismo y la solidaridad obrera contra la explotación.

Ya no. El marco ha cambiado porque la conciencia social se ha hiperfragmentado, el tiempo social se ha celularizado y el semiocapital ha transformado el proceso de producción en una recombinación de fractales vivos. La solidaridad se ha borrado de la vida social debido a la precarización del trabajo.

La precariedad, el aislamiento y la soledad han desatado una ola de angustia mental y de disforia. La subjetivación social ha pasado del ámbito del conflicto social al de la psicobiopolítica. A nivel global, la identificación biológica (racial, étnica, nacional) ha sustituido a la solidaridad social. La pertenencia ha sustituido a la conciencia. La ferocidad y la lucha por la vida han sustituido al conflicto para la redistribución de la riqueza social. En consecuencia, la supervivencia y el genocidio son los puntos cardinales del nuevo mapa biopolítico.

Consciencia y psicosis

La conciencia (conciencia de sí mismo y del otro) está criminalizada: woke es la palabra clave de esta criminalización. Estar despierto (consciente) significa ser débil: la generación que algunos sociólogos llaman “generación del copo de nieve” [en España es más usual el término “generación de cristal”] es tan frágil porque los jóvenes asumen la responsabilidad de la colonización blanca y piensan en la sexualidad en términos de elección y no en términos de la supremacía natural del hombre.

Si quieres ser fuerte, olvídate de la conciencia, confía en Trump y en el dinero. Si quieres ser fuerte, olvídate del pensamiento y cree (en Dios, en la nación, en la supremacía blanca, en la civilización superior de Occidente).

En 1919, Sandor Ferenczy dijo que el psicoanálisis era incapaz de tratar la psicosis de masas. La política también. Todo el mundo sabe lo que sucedió en Europa después de 1919. Un siglo después, estamos en el mismo punto. Ahora surge una pregunta: ¿es invencible el Reino de Trump? No lo creo. Creo que los monstruos no van a triunfar para siempre porque en todo el mundo han puesto en marcha un proceso de desintegración general: la desintegración del Estado, la desintegración de la civilización social, la desintegración del medio ambiente.

El orden occidental se está desmoronando y se derrumbará. La cuestión que tenemos que investigar es la siguiente: ¿puede surgir una subjetividad colectiva y solidaria desde las ruinas de la civilización?

Desintegración

Desintegración del mapa geopolítico, del sistema social y del cerebro senil de Occidente. La integración económica del Sur (BRICS) es un peligro para el senil mundo occidental. La inminente crisis del dólar como centro del sistema financiero global y el declive demográfico del hemisferio norte han empujado a Estados Unidos a abandonar el proyecto de globalización que fue el eje estratégico de los últimos treinta años (el llamado Imperio). Ahora apuestan todo a la alianza con Rusia por la supremacía blanca.

El trump-putinismo es el proyecto de restauración del suprematismo blanco, la división del mundo en zonas de influencia hipercolonialista, la liquidación de la democracia liberal y el inicio de un proceso de devastación extractiva de los recursos del planeta.

Genocidio, deportación y detención de la población migrante, esclavitud masiva, destrucción definitiva del medioambiente: todo esto ocurrirá bajo la hegemonía de Trump-Putin.

¿Funcionará este proyecto? ¿Controlará la mafia depredadora los flujos caóticos de terror, sufrimiento y guerra que implica la desintegración en curso?

Desmoronamiento del orden, colapso inminente del medioambiente y de la economía. Trauma: este es el panorama del siglo.

Trauma

En la densa red de la obsesión, es posible percibir las señales de un colapso inminente, un trauma del futuro. El trauma suele estar vinculado a una experiencia pasada de pérdida o violencia. Ahora, por primera vez, nos enfrentamos a un trauma inverso: el trauma del colapso inminente e inevitable que atormenta la mente y el cuerpo de los jóvenes de todo el mundo.

La generación disfórica, que ha crecido en un estado de aislamiento físico y parálisis emocional, está traumatizada por la indescriptible percepción de una catástrofe inminente. Saben que el planeta es cada vez más incompatible con la vida humana. Sienten que los adultos se han vuelto incapaces de evitar el catastrófico cambio climático. Sufren su condición de soledad y son cada vez más incapaces de gestionar su propio cuerpo sexual. Finalmente, se ven abrumados por la intensificación de la estimulación infoneural.

La generación del copo de nieve está traumatizada por algo que aún no ha sucedido, pero que se percibe como inminente, y un proceso de subjetivación solo puede basarse en esta experiencia común del trauma futuro. El desenlace de todo ha provocado un trauma que es el punto de partida del siguiente proceso de subjetivación.

¿Cómo construir un sujeto activo y consciente a partir de un trauma?

¿Hay alguna manera de escapar de la espiral de demencia suicida que emana de la senescencia de Occidente?

Esta es la pregunta que necesita respuesta.

Ecuador: un proceso electoral sembrado de dudas

Este domingo, 13 de abril, Ecuador decidirá en las urnas quién ejercerá como máximo mandatario del país durante los próximos cuatro años. Los sondeos de opinión manifiestan un empate técnico entre las candidaturas del magnate presidente conservador Daniel Noboa y la opositora progresista Luisa González.

Por Decio Machado

Investido como máximo mandatario el 23 de noviembre de 2023, Daniel Noboa encabeza un gobierno transitorio carente de éxitos en su casi año y medio de gestión presidencial.

De la crisis multifacética que hoy flagela al Ecuador, la inseguridad ciudadana y la crisis económica son las dos principales preocuaciones ciudadanas. Respecto a la primera cuestión y tras incrementar el IVA del 12% al 15% en abril del pasado año con el objetivo de fortalecer la recaudación fiscal para reforzar el combate al crimen organizado, este primer trimestre del 2025 marca los indicadores de violencia y homicidios intencionados más altos de la historia del país. En lo concerniente al ámbito económico, en un país que hoy es 10 puntos porcentuales más pobre de lo que era diez años atrás, durante el período de gestión noboísta se registra una pérdida de cerca de 300 mil empleos adecuados y un incremento proporcional del empleo informal en el país. De hecho, lo que salvó la economía nacional durante el año 2024 fueron los 6.500 millones de dólares que ingresaron al país en concepto de remesas provenientes de la migración ecuatoriana en Estados Unidos, rubro superior a los 5.800 millones de dólares provenientes de organismos multilaterales durante ese mismo año y producto de la política de endeudamiento acelerado que viene teniendo lugar en Ecuador.

En este pequeño país andino, cuyo número de habitantes ronda los 18 millones de personas, 450.000 mil niños y adolescentes de entre tres y diecisiete años están fuera del sistema escolar;  el Ministerio de Inclusión Económica y Social le adeuda seis meses de sueldos a sus educadores;  el sistema público de salud se encuentra inmerso en una crisis de fase terminal con hospitales desabastecidos de los médicos y medicamentos necesarios; los derrames de crudo se suceden uno tras otro con cada vez mayor impacto ambiental fruto de la falta de inversión para el mantenimiento de las cada vez más deterioradas instalaciones y oleoductos petroleros; la infraestructura vial, portuaria y aeroporturia se encuentra cada vez más deteriorada; el indicador de pobreza se elevó hasta alcanzar al 28% de la población y el de extrema probeza el 12,7%.

Pese a ello, a pocos días de la jornada electoral de balotaje, todos los sondeos de opinión sitúan las diferencias entre los dos candidatos presidenciales -Daniel Noboa y Luisa González- dentro del margen de error del ±3%, preveyéndose un “desenlace foto finish”.

Este clima de incertidumbre política se enmarca en lo que ha sido la campaña electoral más turbia que ha tenido lugar en Ecuador desde el año 1979, momento en el que el país volvió a la democracia tras casi una década de dictadura militar.

Pese a su corto período de gestión, Noboa hoy controla todos y cada uno de los poderes del Estado y el conjunto de instituciones de control de la democracia. A la par, la estrategia de comunicación noboista ancló una de sus aristas en la cooptación de los principales medios de comunicación del país mediante contratos para el pautaje de distintas campañas de propaganda gubernamental.

Así las cosas, esta campaña electoral se ha caracterizado por la complicidad de los órganos de control electoral -especialmente del Consejo Nacional Electoral y Tribunal Contencioso Electoral- con la estrategia electoral de la candidatura de Daniel Noboa por su reeleción presidencial. Enmarcado en lo anterior, a finales del pasado mes de noviembre el Tribunal Contencioso Electoral descalificaba sin mayor justificación la candidatura de Jan Topic, otro joven millonario heredero de un imperio económico vinculado al sector tecnológico, que se presentaba como principal rival y divisor del voto de Daniel Noboa dentro del ámbito ideológico conservador. De igual manera y pocos días después, el Consejo Nacional Electoral y la Corte Constitucional del Ecuador autorizaban al mandatario vulnerar el artículo 93 del Código de la Democracia, el cual establece que todos los funcionarios que opten por la reelección inmediata al mismo cargo deben solicitar una licencia sin remuneración desde el inicio de la campaña electoral.

En paralelo y mientras el candidato-presidente Daniel Noboa ejercecía su campaña haciendo uso, sin pudor alguno, del patrimonio público para fines personales-electorales, el conjunto de los medios de comunicación más importantes del país se alineaban en torno a un relato -carente de respaldo probatorio- que vinculaba a la candidata Luisa González y su entorno político con las redes delincuenciales del narcotráfico que hoy operan en el país.

Régimen de guerra

Entender como, con la complicidad de las instituciones responsables, se llegó a la violación sistemática de la normativa electoral y del orden constitucional vigente durante la actual disputa presidencial, pasa por comprender el proceso de consolidación de un “regimen de guerra” al interior del país durante el actual mandato noboísta.

En respuesta a la espiral de violencia que transversaliza al país, el 9 de enero del pasado año el presidente Noboa declararía de forma oficial la existencia de un “conflicto armado interno”. Mediante el decreto ejecutivo se dispuso la movilización e intervención de las Fuerzas Armadas, en apoyo a la Policía Nacional, para combatir “el crimen organizado transnacional, organizaciones terroristas y  los actores no estatales beligerantes”.

Lo anterior permitió la militarización del país, el fin de toda movilización social en espacios públicos y la escalada de una “guerra sucia” contra el narco que tuvo su momento de climax en diciembre del pasado año, con la desaparición forzada y posterior ejecución extrajudicial de cuatro niños pobres de origen afroecuatoriano a manos de un escuadrón militar que patrullaba un barrio periférico urbano marginal de la ciudad de Guayaquil. Con posterioridad a dicho caso, se desvelaron múltiples denuncias de características similares que englobarían una treinta de falsos positivos distribuidos por diversas ciudades del Ecuador.

En encubrimiento sistemático por parte del Ejecutivo y la Fiscalia General del Estado de este tipo de casos conllevaría la fidelización de las Fuerzas Armadas a la figura del presidente Noboa, así como el consiguiente resquemor a que ante un posible cambio de gobierno se inagurasen sin número de procesos de investigación que develaran múltiples casos similares.

En un país en crisis profunda e incapaz de mantener el orden interno, las fronteras entre lo económico, lo democrático y lo militar se hicieron rápidamente cada vez más difusas, alterándose tanto la retórica política como las prácticas represivas que terminarían consolidando un “régimen de guerra” enmarcado en la creciente militarización de la vida económica, social e institucional, así como en la creciente alineación de estas con las exigencias de la seguridad nacional.

Lo anterior implicaría, no solo un recorte de libertades bajo los criterios de un estado de excepción permanente, sino también el sometimiento en la práctica de los distintos poderes del Estado e instituciones autónomas al poder Ejecutivo.

Es a partir de ahí donde establece una clara conexión entre el ethos militarista de parte de una sociedad transversalizada por el miedo, tanto a la inseguridad como a un futuro carente de horizonte económico positivo, y el apoyo de esta a las jerarquías sociales dominadas por una fracción de las élites que capturó el Estado y puso a su servicio.

Legitimidad del proceso electoral

En este contexto y más allá de la cancha inclinada en la que tuvo lugar esta disputa electoral, existe un miedo generalizado en amplios sectores de la sociedad ecuatoriana respecto a que su voluntad expresada en las urnas no sea respetada.

Todo régimen de guerra actua en contra del principio de la división de poderes y los “checks and balance” establecidos en todo Estado moderno y reconocidos en la carta magna ecuatoriana. A su vez, todo régimen de guerra tiende a la centralización y concentración del poder bajo lógicas autocráticas, atenta contra los principios de transparencia y se transforma en herramienta de destrucción de los fundamentos de la democracia.

Más que por convicción ideológica, son estos los factores que llevaron al movimiento indígena y a otras organizaciones sociales y populares a determinar su apoyo en segunda vuelta a la candidatura correísta encabezada por Luisa González. Pero a su vez, son estos factores también los que generan dudas sobre la “limpieza” en el recuento de votos que tendrá lugar el próximo domingo, máxime en una coyuntura donde la diferencia de entre una y otra candidatura en primera vuelta fue inferior a veinte mil votos.

China destrona a EEUU como líder mundial en investigación

Por Imran Khalid

En la última década, se ha producido un profundo cambio en el mundo académico mundial que ha alterado fundamentalmente la jerarquía de la investigación científica. China, que en su día se consideraba un actor periférico en la ciencia de vanguardia, ha ascendido ahora a la vanguardia de la excelencia académica. Las últimas clasificaciones del Nature Index revelan una tendencia asombrosa: nueve de las diez principales instituciones de investigación del mundo son ahora chinas, siendo la Universidad de Harvard la única presencia occidental en el escalón superior. 

Esta transformación sísmica, mientras la administración Trump está instituyendo recortes profundos en la financiación para la investigación y cerrando el Departamento de Educación, subraya no solo la destreza científica de China, sino también su visión estratégica para el liderazgo global en innovación y tecnología. Para apreciar plenamente el ascenso meteórico de China, uno debe mirar hacia atrás al panorama académico de hace una década. Cuando se publicaron por primera vez las clasificaciones del Nature Index Global en 2014, solo ocho universidades chinas entraron en el top 100. Hoy en día, ese número se ha quintuplicado con creces, con 42 instituciones chinas que ahora se encuentran entre las mejores del mundo, superando a las 36 universidades estadounidenses y a las cuatro británicas de la lista.

Entre estas instituciones, la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC) se ha convertido en un formidable centro de investigación. Ahora ocupa el segundo lugar a nivel mundial, con un total de 2585 artículos de investigación de gran impacto y una cuota de contribución de 835,02. Del mismo modo, la Universidad de Zhejiang, la Universidad de Pekín y la Universidad de Tsinghua han consolidado su posición como líderes en el ámbito académico mundial, con investigaciones innovadoras en campos que van desde la computación cuántica hasta las energías renovables.

Un análisis más detallado de los datos del Nature Index revela que el dominio de China es particularmente pronunciado en química, ciencias físicas y ciencias de la tierra y del medio ambiente. Solo en química, las universidades chinas ocupan los 10 primeros puestos, una hazaña asombrosa que refleja el compromiso del país con la investigación fundamental. Del mismo modo, en ciencias físicas, ocho de las 10 principales instituciones son chinas, lo que indica un cambio en las prioridades de investigación a nivel mundial.

Mientras que Estados Unidos sigue liderando la investigación biomédica y traslacional, China está acortando rápidamente distancias. Instituciones como la Universidad Jiao Tong de Shanghái y la Academia China de Ciencias están haciendo importantes avances en biotecnología, genética y ciencias farmacéuticas, campos tradicionalmente dominados por universidades occidentales. El contraste en el énfasis de la investigación —el enfoque de China en ingeniería y ciencias aplicadas frente a la fortaleza de Occidente en investigación médica— ilustra cómo las diferentes regiones se están posicionando para la futura supremacía tecnológica.

La transformación de China en una potencia investigadora no ha sido casual. Es el resultado de decisiones políticas deliberadas, una inversión financiera sustancial y reformas sistémicas destinadas a mejorar la calidad académica. Según la Oficina Nacional de Estadística de China, el gasto en investigación y desarrollo (I+D) del país alcanzó un máximo histórico de 3,61 billones de yuanes (aproximadamente 500 000 millones de dólares) en 2024. Esto representa un aumento interanual del 8,3 % y representa el 2,68 % del PIB de China, un porcentaje que sigue aumentando de forma constante. A diferencia del pasado, en el que la financiación de la investigación se repartía escasamente entre muchos proyectos, el gobierno chino ha adoptado un enfoque más estratégico, canalizando los recursos hacia áreas clave como la inteligencia artificial, la ciencia de los materiales y la exploración espacial.

Uno de los cambios de política más notables ha sido el abandono de los criterios de evaluación basados en publicaciones. Anteriormente, se incentivaba a los académicos chinos a publicar el mayor número posible de artículos, a menudo a expensas de la calidad. Sin embargo, las recientes reformas han introducido un sistema de revisión por pares más riguroso que da prioridad a la investigación impactante e innovadora sobre el mero volumen. Este cambio ha dado lugar a una mejora significativa de la credibilidad y la influencia mundial de la producción científica china.

Otro factor crucial en el resurgimiento académico de China han sido sus agresivas estrategias de adquisición de talento. El «Programa de los Mil Talentos», lanzado en 2008, ha atraído con éxito a miles de investigadores chinos y extranjeros de primer nivel a las principales universidades del país. Al ofrecer salarios competitivos, instalaciones de investigación de vanguardia y una financiación sustancial, China ha revertido el fenómeno de la «fuga de cerebros» y ha creado un entorno en el que los investigadores de primer nivel pueden prosperar.

Además, se ha dado a las universidades una mayor autonomía en las decisiones de contratación, el desarrollo de planes de estudios y las colaboraciones internacionales. Esta descentralización ha permitido a las instituciones ser más dinámicas y receptivas a las tendencias científicas mundiales, acelerando aún más el ascenso de China como superpotencia académica. La creciente influencia de China en el mundo académico no es solo un logro intelectual, sino que tiene importantes ramificaciones geopolíticas. Los avances del país en áreas como la computación cuántica, la inteligencia artificial y la biotecnología han suscitado preocupación en Occidente, especialmente en Estados Unidos, donde los responsables políticos ven el auge científico de China como un desafío a la supremacía tecnológica estadounidense.

En respuesta, Washington ha implementado una serie de políticas restrictivas, incluyendo controles de exportación de tecnología avanzada de semiconductores y limitaciones de visados para investigadores chinos. Sin embargo, en lugar de frenar el progreso de China, estas medidas solo han intensificado el impulso del país hacia la autosuficiencia. La reciente presentación del modelo DeepSeek R1 AI, que rivaliza con el GPT-4 de OpenAI a pesar de haber sido desarrollado con chips nacionales, es un testimonio de la capacidad de China para innovar bajo presión.

Además, las colaboraciones de investigación de China se están extendiendo más allá de Occidente. Cada vez más, las instituciones chinas están formando asociaciones con universidades de África, América Latina y Oriente Medio, fomentando un nuevo orden académico que desafía el modelo tradicional de intercambio científico centrado en Occidente. Este cambio no solo está fortaleciendo la influencia de China en los mercados emergentes, sino que también está remodelando el panorama de la investigación mundial de formas que eran inimaginables hace apenas una década.

A medida que China continúa consolidando su posición como líder en investigación académica, surgen preguntas sobre el futuro equilibrio de poder en la ciencia global. ¿Podrán Estados Unidos y Europa recuperar su antiguo dominio, o tendrán que adaptarse a un mundo académico multipolar donde China desempeña un papel central? Aunque las instituciones occidentales siguen liderando en muchas áreas, el rápido ascenso de China demuestra que la excelencia científica ya no se limita a un puñado de universidades de élite en Estados Unidos y Europa. El cambio no se trata solo de números. Se trata de influencia, innovación y la capacidad de establecer la agenda para el futuro de la ciencia y la tecnología.

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Imran Khalid
analista geoestratégico y columnista de asuntos internacionales. Su trabajo ha sido ampliamente publicado por prestigiosas organizaciones y publicaciones internacionales de noticias.

Fuente:

counterpunch.org, 27/3/2025