Mario Bunge: “Las políticas científicas utilitarias están hambreando a las ciencias básicas”

Pocos años atrás Gustavo E. Romero realizó esta formidable entrevista a Mario Bunge, uno de los más grandes filósofos contemporáneos, autor de la obra de filosofía más importante y ambiciosa del siglo XX, que rescata el espíritu griego de que la ciencia y la filosofía son herramientas para llegar a una ética y a una forma de hacer mejor el mundo. En este diálogo extenso y profundo, Bunge cavila sobre sus aportes más hondos y a la vez sobre el escaso impacto de su obra en la comunidad filosófica.

Mario Bunge lleva ya más de 70 años investigando sobre prácticamente todos los aspectos de la filosofía y la ciencia. Bunge es doctor en Ciencias Fisicomatemáticas por la Universidad Nacional de La Plata, fue profesor titular de Física Teórica en esa universidad y en la de Buenos Aires, profesor titular de Filosofía con dedicación exclusiva también en la UBA, así como en las de Delaware y Temple, y Frothingham Professor de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill en Montreal, hasta retirarse como profesor emérito. Doctor Honoris Causa de casi una veintena de universidades de Europa y América, Guggenheim Fellow, Alexander von Humboldt Fellow, Killiam Fellow; Mario Bunge es autor de unos 80 libros que incluyen clásicos como Causality(1959), Scientific Research (1967), y el monumental Treatise on Basic Philosophy(1974-1989) en ocho volúmenes, acaso una de las obras de filosofía más importante y ambiciosa del siglo XX.

Profundamente interesado en el desarrollo de la cultura, dista de ser el pensador apartado de los problemas reales y encerrado en una torre de marfil filosófica. No hace mucho presentó sus memorias, tituladas Entre dos Mundos. En esa ocasión, tuve el honor de decir unas palabras sobre Mario, que reproduzco a continuación: “La publicación del libro de memorias de Mario Bunge en castellano, por las editoriales Eudeba y Gedisa, es un acontecimiento extraordinario en mi opinión. Y es extraordinario por dos razones. Primero porque la trayectoria vital de Mario es extraordinaria, y por otro lado porque la obra filosófica de Mario Bunge también es extraordinaria. Como recién comentaba Miguel Ángel [Quintanilla], si uno tiene que pensar en un filósofo comparable a Mario Bunge, el único nombre que por lo menos a mí me viene a la cabeza es el de Bertrand Russell. Bertrand Russell vivió en una época filosófica diferente; una época de transición, desde una filosofía más bien oscurantista a una filosofía científica, y no pudo desarrollar una obra con la coherencia que tiene la obra de Mario Bunge, que se pudo escribir en un período distinto, a partir de los años 50. Si tuviera que señalar qué es lo más extraordinario de la obra de Bunge precisamente diría eso: la coherencia. Hace no mucho releí Causalidad, el libro que Mario escribió en 1959; primero lo publicó en inglés, como se mencionó hoy, y luego lo sacó Eudeba en 1961, o sea hace 53 años. Es prácticamente imposible encontrar en esa obra algún enunciado que no sea armonioso con los volúmenes que seguirían a lo largo del medio siglo posterior. Si uno va a otros grandes libros de Mario, por ejemplo, en la década del 60, el Foundations of Physics –un libro que lamentablemente nunca fue traducido al castellano– en la parte inicial del libro hay un proyecto de filosofía científica que básicamente preanuncia lo que Mario haría en las siguientes dos décadas, que sería el Tratado de Filosofía Básica, actualmente en proceso de traducción al castellano. La obra de Bunge no sólo es una obra coherente, sino que es una obra de extraordinaria claridad, es una obra de una enorme amplitud: abarca la semántica, la ontología, la epistemología y la filosofía de todas las ciencias especiales y abarca también la ética. Para los griegos, la retórica, que sería lo que nosotros llamamos hoy en día la semántica o filosofía del lenguaje, y la física eran un medio para llegar a una ética, a un conocimiento que nos permitiese vivir en el mundo y vivir lo mejor posible. Lamentablemente, para la mayor parte de los filósofos y de las personas que hacemos ciencia hoy en día, la filosofía y las ciencias son solamente un trabajo más. Yo creo que Mario Bunge ha sabido rescatar ese espíritu de la vieja filosofía griega de que la ciencia y la filosofía son herramientas para llegar a una ética y a una forma de hacer mejor el mundo. Permítanme terminar esta brevísima intervención con una confesión. El encontrarme con la obra de Mario Bunge ha sido el hecho capital de mi vida intelectual. Me ha marcado para siempre. En las últimas pocas semanas, durante el mes de septiembre, cuando leía las pruebas de galera de este libro, en un lugar muy extraño, en las islas Galápagos, me fue dado recuperar la alegría del descubrimiento inicial de esaobra extraordinaria.”

Una de las dichas de mi vida ha sido la amistad generosa de Mario Bunge. Quizás abusando de esa amistad, le he pedido una entrevista, para que ampliase algunos temas que toca en sus memorias, y otros que me han intrigado. Ofrezco al lector esa entrevista, con la esperanza de que la disfrute tanto como yo

Su obra tiene una coherencia única en la filosofía actual. Sus primeros libros, comoCausality, Metascientific Queries, Intuition and Science y The Myth of Simplicity son trabajos con un fondo realista, y despliegan una filosofía científicamente informada y en ocasiones altamente formalizada. Sin embargo, en mi opinión, es hacia 1967 que se produce quiebre con Scientific Research y Foundations of Physics: dos libros ambiciosos que presentan proyectos enormes de una unidad notable. En Foundations, libro feliz y único, en su capítulo segundo presenta un esquema de lo que luego desarrollaría usted en su Treatise. Parecería como si a partir de allí pasó a ocuparse en forma verdaderamente sistemática de un proyecto filosófico completo. ¿Cómo ve Foundations a casi 50 años de su publicación y cuál es el impacto que piensa tuvo en el desarrollo de la filosofía de la ciencia?

Creo que si mi obra filosófica tiene alguna unidad y coherencia es porque me he ocupado de problemas y no de autores; porque esos problemas son importantes y no meros ejercicios académicos; porque me han interesado todas las ramas de la filosofía; porque he procurado mantenerme cerca de la ciencia; y porque, al librarme de Hegel y sus discípulos, me empeñé en ser lo más claro posible. Tanto, que un amigo íntimopredijo que yo nunca llegaría a ser un filósofo. “¿Por qué?” le pregunté. “Porque se te entiende todo”, respondió.

Por definición, problemas importantes son los que se presentan en paquetes o sistemas, de modo que no pueden atacarse de a uno, aislándolos de los demás componentes del sistema. Esta es una de las limitaciones del enfoque analítico. Por esto una vez les dije a los de SADAF (Sociedad Argentina de Análisis Filosófico) que planeaba instalarles en frente la futura ASF (Asociación de Síntesis Filosófica).

El típico profesor de filosofía es un comentarista o escoliasta que trabaja miniproblemas o pseudoproblemas antes que un investigador de problemas gordos, como los de la naturaleza del espacio y el tiempo, la materia y la mente, la causalidad y el azar, el significado y la verdad, el valor y la acción, la ciencia y la técnica, la justicia social y el progreso. Suele plantearse problemitas o pseudoproblemas de las formas “¿Qué opinó Fulano acerca de la crítica de Mengano a Zutano?”, “¿En quiénes se inspiró Perengano?”, “¿En qué consiste conocer el color rojo?”, “¿En qué se distinguen losinfinitos mundos posibles del que habitamos?”, “¿Cuáles nombres no cambian en otros mundos?”, “¿Cómo se asciende de un puñado de datos empíricos a una ley?”, “¿Por qué hay algo y no nada?”, y “¿Cómo construye el mundo el yo (o el cerebro)?”.

La frecuencia de cuestiones de estas formas en la literatura filosófica actual explica tanto la fragmentación como la inutilidad de la misma: trata de nimiedades o de absurdos, de modo que las respuestas, cuando las hay, no constituyen avances del saber ni suscitan nuevos problemas que motiven nuevos proyectos de investigación. Son meros juegos sin consecuencia, como los juegos de naipes, aunque sin la excitación que provoca la incertidumbre del resultado. Evocan al cínico que declaró que la filosofía es aquello que, con ella o sin ella, el mundo permanece tal y cual. En el original italiano suena mucho mejor.

En efecto, 1967 fue para mí como el annus mirabilis que vivió Newton tres siglos antes, aunque con consecuencias incalculables para todo el mundo. El que ambas obras mías aparecieran ese año se debió a circunstancias ajenas a mi voluntad, porque Scientific Research, que empecé a escribir en Buenos Aires en 1961, ya estaba concluido en 1963, y Foundations of Physics, comenzado en Delaware en 1964, fue terminado dos años después. En mis memorias cuento las vicisitudes que sufrieron ambas obras. Baste decir aquí que ambas fueron víctimas de la neofobia que aqueja a casi todos los filósofos contemporáneos, y también que la terminación y publicación de ambas son ejemplos de la buena suerte de que he gozado desde mi nacimiento.

Usted me pregunta por el impacto de mi sistema filosófico. Francamente, creo que no ha tenido ninguno en la comunidad filosófica, y un impacto muy débil sobre los físicos, psicólogos y sociólogos. Es verdad que algunos filósofos han adoptado algunas de mis ideas sin citarme, pero la mayoría las ha ignorado o basureado porque chocan con la imagen de segunda mano que han aprendido de las autoridades en la materia. Por ejemplo, los empiristas, que tendrían que haber analizado correctamente las operaciones de medición, no lo han hecho, porque han ignorado nada menos que los indicadores.

Ya en La investigación científica (1967) afirmo que lo que se pone a la prueba empírica no es una proposición teórica sino la conjunción de la misma con un indicador adecuado, tal como la altura de una columna de mercurio cuando medíamos la temperatura corporal. Para peor, Dirac y otros grandes han afirmado que los valores teóricos se contrastan directamente con las lecturas de los instrumentos. Los trabajos prácticos que hacíamos en el Instituto de Física de La Plata me salvaron de cometer ese error garrafal.

Foundations of Physics ha sido algo más exitoso gracias a un puñado de físicos, en primer lugar tu maestro Héctor Vucetich,el relativista mexicano Guillermo Covarrubias y el premio Nobel Willis Lamb, quien me ofreció trabajar con él cuando yo estaba inmerso en la filosofía de lo social.

La escuela llamada estructuralista, de Patrick Suppes, Joseph Sneed, Wolfgang Stegmüller, y Carlos Ulises Moulines, comprende que hay que analizar teorías íntegras,pero lo que entienden por ‘teoría’ no es lo que entienden los matemáticos ni los físicosteóricos, y sus tentativas de reconstruir la mecánica y la termodinámica son tan absurdas que se han ganado las burlas despiadadas del máximo especialista en esas teorías, el difunto Clifford Truesdell, amigo mío, en su libro An Idiot’s Fugitive Essays on Science(New York: Springer, 1984), en el que pulveriza a esos autores. Conste que yo intenté convencerlo a Truesdell de que morigerara sus ataques. Fue inútil: estaba furioso por esa tergiversación de la ciencia. Pero los autores de la misma no se dieron por aludidos. Tampoco reaccionaron a mi crítica, algo anterior, en Mathematical Reviews, en la que señalaba, entre otros errores graves, la confusión entre dos conceptos de modelo, el matemático (ejemplo de una teoría abstracta) y el usado en ciencia y técnica (teoría específica, o de alcance limitado), que Baithwaite había llamado apropiadamenteteorita. Mis amigos Jesús Mosterín y Roberto Torretti sienten gran respeto por esos macaneadores, ninguno de los cuales ha aportado algo a las grandes controversias de su tiempo, en particular las referentes a la interpretación de la mecánica cuántica, el dualismo psiconeural, y el enfoque individualista de lo social.

Mi Foundations of Physics es desconocido por casi todos los filósofos de la física, mayormente porque se ocupan de calcular o medir, antes que de examinar fundamentos, y en muy pequeña parte debido a la reseña hostil de John Earman en Philosophy of Science. Earman, colaborador de Jesús Mosterín, en un artículo sobre cosmología inflacionaria, atacó este libro pese a no saber física o, mejor dicho, por ignorarla por completo. Debe haberle molestado particularmente mi afirmación de que no es lícitoexaminar alguna fórmula famosa, tal como “E=mc^2”, fuera de su contexto, que es lamecánica relativista. Incluso Popper hizo esto: creía que esa fórmula valía para todo, cuando de hecho sólo vale para cosas dotadas de masa. La arrogancia de los filósofos es notable. También atacaron el libro el matemático holandés Hans Freudenthal, especialista en pedagogía matemática, y el profesor de física Strauss, de Alemania Oriental, ninguno de los cuales había trabajado en axiomática.

El problema de la verdad lo ha ocupado durante más de 50 años. Desde la publicación de su primera teoría de la verdad en The Myth of Simplicity hasta la penúltima, Matter & Mind, usted ha ido perfeccionado y esclareciendo su posición ¿Cuál es la situación actual del problema? ¿Qué falta hacer, en su opinión?

Desgraciadamente no tengo nada nuevo que informar. Esto se debe a que la mayoría de los filósofos ni siquiera advierten el problema: no saben que en las ciencias y técnicas se usan dos conceptos de verdad (formal y fáctica), así como verdades aproximadas además de las exactas que nos dan la lógica y la matemática. Por ejemplo, la afirmación de que los planetas son esféricos es una verdad fáctica y aproximada: pertenece a la astronomía, no a la geometría, y su grado de verdad es algo menor que el de la afirmación de que los planetas son elipsoides imperfectos. Los científicos toman todo esto por sabido, mientras que los lógicos lo ignoran. Incluso el gran Tarski creyó que el concepto de verdad como adecuación de la idea a la cosa, que aprendió de Aristóteles, valía en matemática, y Popper acató su autoridad. Mi ex-alumno Jean-Pierre Marquis hizo su tesis doctoral sobre la verdad aproximada y construyó toda una teoríaalgebraica, a la que llamó “álgebra de Bunge”, publicada en el Notre Dame Journal of Logic, pero no tuvo repercusión.

Los estudiantes de filosofía suelen empezar por las tablas de verdad, que sirven al principio, e interpretan el principio de ambivalencia como la tesis de que toda proposición es ya verdadera, ya falsa. Yo lo interpreto como la tesis de que toda inferencia deductiva es ya válida, ya inválida. Creo haber sido el primero en sostener que la lógica deductiva no es una teoría de la verdad, de modo que hay que inventar teorías de las verdades que respeten la lógica.

También creo haber sido el primero en afirmar que las lógicas no estándar, como la trivalente y la modal, son inútiles, y que la lógica para-consistente, que admite contradicciones, es perniciosa, ya que lo menos que podemos pedirle a una teoría es que sea coherente. También he criticado la identificación de verdad parcial con probabilidad, que es absurda, porque la verdad no tiene nada que ver con azar ni con incertidumbre. Ciertos hechos o acontecimientos son probables (mucho o poco), pero laexpresión “la probabilidad de la proposición A es igual al número B” ni siquiera tienesentido. Pero muchos filósofos seguirán usando el cálculo de probabilidades como la llave maestra para abrir todas las puertas filosóficas, porque es la única teoría matemática que conocen.

En matemática pura se usan dos conceptos de verdad formal (como demostrable y como satisfacible, o susceptible de tener modelos) y en las demás disciplinas usamos el concepto, aun intuitivo, de verdad de hecho, o conformidad de la idea a la cosa. He hecho varios intentos de construir tal teoría, la última vez en mi Evaluating Philosophies, del 2012, que tendría que estar por salir en castellano. Pero aun no estoy satisfecho. Necesitamos nuevas intuiciones y nuevos contraejemplos.

En todo caso, yo trato la construcción de una teoría adecuada (¿verdadera?) de la verdad fáctica parcial como un proyecto de largo alcance. Espero que otros investigadores propongan teorías mejores que las mías, pero les advierto que se expondrán a la irritación de los lógicos, como la que atacó a mi amigo Paul Bernays (el asistente de Hilbert) cuando le presenté la primera de las mías. Una noche, en pleno invierno de 1961, fue a nuestro departamento, situado en el barrio negro de Filadelfia, para retarme y hacerme desistir de mi intento. Yo lo tomé con calma y no le llevé el apunte. También criticó mi teoría de la intensión (con s) o connotación, que expuse una década después en el aula colmada del ETH de Zürich, no porque le encontrase errores, sino porque era aún más formalista que su gran maestro David Hilbert. Pero ninguna de ambas críticas empañó la relación muy cordial que Marta y yo teníamos con él. Nos vimos tanto en los EE UU como en Europa. Una noche se lo presenté al filósofo argentino Andrés Raggio, viejo amigo mío, y los tres asistimos al seminario que Bernays mantenía en el ETH. No entendimos mucho porque exponía un estudiante que parecía recién bajado de la cumbre, ya que hablaba un alemán suizo muy cerrado.

Los 4 primeros volúmenes de su monumental Treatise on Basic Philosophy, dedicados a la semántica y la ontología, están altamente formalizados. Eso los hace libros particularmente claros y precisos. Sin embargo, el estilo del Treatise cambia a partir del tomo 5 y se vuelve más discursivo. ¿A qué se debió ese cambio? Mirado desde hoy, ¿piensa que fue positivo?

Es muy cierto que a partir del quinto tomo de mi Tratado hay poca matemática. El motivo es que hacia esa época cambió radicalmente el clima cultural o Zeitgeist: las humanidades y las ciencias sociales fueron inundadas por el posmodernismo, enemigo del rigor. Por ejemplo, la sociología matemática, que James Coleman, Raymond Boudon y Harrison White habían empezado con tanto ímpetu alrededor de 1960, se eclipsó de golpe. Cuando llegué a McGill a fines de 1966, propuse dictar un curso de sociología matemática y fui a verlo al director del departamento de sociologíapidiéndole que me mandase algunos alumnos, y me respondió de buena fe: “¿Qué es eso?.” Y el patrón de la epistemología en la Université du Québec à Montréal difundió exitosamente la escuela austriaca de economía, que ignora la matemática y va junto con el individualismo filosófico y el neoliberalismo.

Yo cedí por temor a que nadie me leyese y abandoné el estilo matemático aunque, por supuesto, seguí rechazando el macaneo posmoderno, tan bien criticado por Juan José Sebrelli en Argentina y por Gabriel Andrade en Venezuela. No obstante, en 1971 fundé la Society for Exact Philosophy, asociación americano -canadiense que sigue reuniéndose anualmente. Yo he dejado de asistir a sus reuniones porque casi todas las exposiciones que se hacen en ellas versan sobre aplicaciones de la concepción bayesiana o subjetivista de la probabilidad, que yo rechazo porque son modelos aprioristas, por tanto arbitrarios, de la creencia.

La psicología de la creencia es otra cosa: es la investigación empírica de las creencias. Irónicamente, uno de sus resultados es que nuestras creencias no se ajustan al cálculo de probabilidades. En particular, solemos violar el teorema según el cual el grado de creencia en una conjunción A&B es menor o igual que las probabilidades separadas de A y de B.

¿A qué se debió que una vez terminado el Treatise, se dedicase una década a la filosofía de las ciencias sociales?

Hasta 1980 yo había trabajado en las filosofías de la matemática, física, biología y psicología, pero había descuidado la problemática filosófica de las ciencias sociales. Sentía el deber de llenar ese hueco en mi filosofía de la ciencia, tanto más por cuanto estaba muy insatisfecho con los trabajos que leía para dictar mis cursos sobre la materia, así como con las presentaciones que escuchaba en coloquios. Además, en la década de 1970 yo había publicado algunos trabajos sociológicos sobre estructura social, participación, marginación, desarrollo, e indicadores sociales, de modo que me sentía capacitado para trabajar en filosofía de las ciencias sociales.

En particular me interesaba la ontología de lo social: ¿Qué clase de cosa es el grupo social, cómo funciona y en qué se diferencia de lo biológico y de lo mental? Estaba insatisfecho tanto con el globalismo de Talcott Parsons como con el individualismo de Friedrich von Hayek: con el primero debido a su tufo intuicionista, y con el segundo porque negaba la existencia de totalidades como la familia y la empresa, que poseen propiedades impersonales, como composición, estratificación, cohesión y estabilidad o su contraria.

Pensando en estos problemas di con el tercer enfoque, el sistemismo, y elaboré un concepto sistémico de grupo social. Este se resume en la cuaterna ordenadaComposición, Ambiente, Estructura, Mecanismo. Presenté algunas de estas ideas en los seminarios sobre desarrollo organizados por UNESCO en Paris (1978), por el PNUD en México (1979), y en Katmandú el año siguiente. Todas esas reuniones me enseñaron y estimularon. Además, en todas ellas tuve maestros y críticos constructivos, los que escasean en las reuniones de filósofos.

Durante la primera década del siglo XXI publicó usted una serie de libros notables como su Philosophical Dictionary, Emergence & Convergence, Chasing Reality yMatter & Mind. En cierta forma esos libros expanden en forma accesible problemas que ya había tratado. Son, quizás, los libros que más llegada han tenido al gran público en inglés. ¿Qué lo motivó a escribirlos?

Cada uno de esos libros resume una nueva etapa de un proyecto de investigación de largo alcance. Retoma temas que había trabajado antes, pero siempre corrijo errores e introduzco algo nuevo. Por ejemplo, en Matter and Mind le doy al enredo (entanglement) más importancia que antes, al punto de afirmar que la caricatura clásica de una partícula elemental es el abrojo y no la bolita. También le doy al libre albedrío, en el que siempre creí, más importancia que antes. Es una característica que la máquina de Turing no puede imitar, porque ella se detiene cuando no recibe impulsos exteriores. Hay decenas de problemas que me siguen intrigando y manteniendo despierto después de medio siglo. Éste es uno de los motivos del insomnio que padezco desde los treinta años de edad.

Además de repensar viejos problemas a la luz de los nuevos conocimientos que aprendo en las revistas científicas que frecuento, están los estímulos exteriores, como algunas preguntas que me formulan corresponsales viejos o nuevos, así como errores importantes que encuentro en la literatura. Por ejemplo, la semana pasada leí una frasede un neurocientífico a quien admiro: “El cerebro es la maquinaria que construye la realidad.” Junta un error (el mecanicismo) con una locura digna de un esquizofrénico (eso de la construcción en lugar de representación del mundo).

¿Por qué piensa que los filósofos angloparlantes son reacios a citar sus trabajos, mientras que los mismos trabajos son fuente de estímulo para muchos científicos? ¿Cree que esa situación se revertirá?

Creo que hay dos motivos: desinterés por los problemas que más me interesan, y facilismo. Recordemos que lo que más aprenden los estudiantes de filosofía en todo el mundo es historia de la filosofía, filosofía ya hecha por otros. Su tarea no es filosofar, sino leer y comentar textos. Les enseñan a convertirse en escolásticos, no a ayudar a avanzar el conocimiento conversando con gentes que enfrentan problemas nuevos.

Para hacer carrera en filosofía hay que mostrar que se ha memorizado una pila de detalles que no excitan a nadie. Es peligroso enfocar problemas nuevos o tratar problemas viejos de manera original.

Para la mayoría de los filósofos yo soy un advenedizo, un inmigrante indocumentado, ya que no tengo un doctorado en filosofía. Para peor, tengo el descaro de reprochar a filósofos profesionales, con doctorados en filosofía, el que no se atrevan a abordar problemas gordos, que exijan estudiar materias que no figuran en el plan de estudios de filosofía. Y cuando se animan a asomarse a territorio extranjero suelen limitarse a libros de divulgación, porque no están preparados para leer artículos técnicos en revistas especializadas. Este no es mi caso, ya que desde mis tiempos de estudiante me he habituado a leer revistas y, habiendo estudiado ciencias “duras”, no les temo a las “blandas.” En resumen, no soy uno de ellos, de modo que no tienen por qué leerme ni,menos aún, citarme, sobre todo cuando me plagian.

No sé si esta situación cambiará alguna vez. Dejé de hacer profecías cuando mi bola de cristal se estrelló al chocar con la realidad.

En muchos de sus libros su estilo polémico suele ser particularmente duro para los estándares académicos anglosajones. ¿Piensa que eso ha perjudicado la divulgación de sus ideas originales en ese ámbito?

Sin duda. Mi falta de tacto, que ya me reprochaban mis padres, me ha atraído muchas antipatías. Pero creo que lo que más odios me ha acarreado es el decirles a muchos que lo que están haciendo no es sino molestar a las polillas: que nada de lo que dicen o escriben ayudará a avanzar el conocimiento o, lo que es peor, que han obstaculizado la búsqueda de la verdad. ¿A quién puede gustarle que le digan que ha vivido en vano? Pero admita que soy circunspecto. Por ejemplo, no he escrito que el segundo Husserlestuviese loco de atar, ni que el segundo Wittgenstein escribía para tontos, ni que…

Entiendo que Nicholas Rescher es el filósofo vivo que mejor consideración le merece. ¿Puede resumir sucintamente el porqué?

Admiro a Nick Rescher por su curiosidad, su conocimiento monumental, y su amor por la claridad. Nunca olvidaré la ocasión en que, en una reunión de un comité de un organismo internacional, tuvimos que pronunciarnos sobre la interpretación de cierto reglamento. Éramos el lógico ruso Kolmogoroff, el filósofo y doctor en jurisprudencia Stephen Körner, Nick y yo. El único que entendió el problema fue Nick, quien disertó sobre el mismo y propuso la resolución que los demás aceptamos humildemente. Además, le estoy reconocido a Rescher porque ha respondido puntualmente a todas mis preguntas y ha reconocido mis méritos. Otra característica poco común de Rescher es que no ha tenido empacho en abrazar causas políticas impopulares. Por ejemplo, decidió hacerse republicano cuando advirtió que todas las guerras habían sido iniciadas por gobiernos demócratas. No sé si el belicismo de George Bush Jr. le ha hecho cambiar de opinión.

¿Cuáles son en su opinión los principales temas abiertos de los que debería ocupar la filosofía contemporánea?

Primero, siguen en pie todos los grandes problemas que nos han legado nuestros predecesores, desde los llamados presocráticos en adelante. No es que sean misterios insolubles, como lo afirmó recientemente Noam Chomsky, sino que se trata de grandes proyectos de investigación que, esperamos, se vayan resolviendo de a poco. Segundo, están todos los nuevos problemas que van surgiendo a medida que avanzan las ciencias y las técnicas. Por ejemplo, todavía no sabemos a ciencia cierta en qué se distingue la materia viva de la química, en qué consiste la información de que hablan los psicólogos, ni cómo debemos obrar para evitar causar en los niños modificaciones epigenéticas heredables, ni qué es la justicia social.

¿Porqué cree que la mayoría de los filósofos son tan ignorantes de ciencia, en particular de física y neurociencias?

Primero, porque aprender ciencias duras es más difícil que leer y comentar historias de la filosofía. El jardinero de cementerio hace un trabajo mucho menos duro que el labrador que abre nuevos surcos en tierra virgen. Segundo, porque el idealismo y el fenomenismo, que han sido las filosofías dominantes desde Berkeley y Hume, Kant y Hegel, menosprecian, desprecian o malentienden la investigación científica. Incluso Popper, el más famoso filósofo de la ciencia, la ha entendido mal, al sostener que los científicos aspiran a que sus ideas sean refutadas (como me lo dijo en 1961, cuando lo visitamos con Marta), y que la historia de la ciencia es una sucesión de teorías, en que la única función de los experimentos es intentar refutar teorías.

¿Piensa que tiene sentido plantear, como lo intentan algunos físicos actuales, una“teoría del todo”? ¿Considera es epistemológicamente razonable pensar que pueda formularse tal teoría?

En los tiempos en que la mecánica era la única teoría científica propiamente dicha, cabía la ilusión de que lo explicase todo. A partir de entonces se fueron descubriendo propiedades emergentes y se fueron construyendo teorías y disciplinas que desbordaban a la ciencia de los cuerpos. Ni siquiera a la física le bastó la mecánica cuando se estudió la luz. Los químicos posteriores a Dalton y Berzelius descubrieron vínculos químicos, como el que mantiene a la molécula de hidrógeno, que no eran físicos. Darwin mostró que las especies biológicas pueden transformarse sin que sucedan catástrofes físicas. Marx describió cambios sociales que surgen de conflictos sociales ajenos a la física y la química. Etcétera, etcétera. En resumen, la realidad es tan variada que no basta una teoría para describirla y explicarla. De hecho, cada tanto se forman ciencias nuevas que nadie predijo. Por ejemplo, nadie predijo la epigenética, nacida hace una década. El proyecto de construir teorías de todo me parece ridículamente ambicioso, porque la mayoría de las propiedades las tienen exclusivamente los miembros de algunas clases. Por ejemplo, los átomos carecen de memoria, y los seres humanos somos los únicos animales que nos distinguimos por ser en gran medida artificiales, hecho que refuta los intentos de explicar la naturaleza humana en términos puramente biológicos.

¿Cuáles son las mayores amenazas a la ciencia en nuestro tiempo?

La principal amenaza a la ciencia es la misma que pende sobre la especie humana: los desastres antropogénicos causados por la pérdida constante de suelo, el agotamiento de recursos no renovables, el calentamiento global, y otras calamidades concomitantes con la industria que procura la ganancia de unos pocos en lugar del bienestar de todos.

Las políticas científicas utilitarias, que privilegian a las ciencias aplicadas y a las técnicas, están hambreando a las ciencias básicas y están perjudicando a las que buscan conocimiento más que poder. Ejemplo reciente: las grandes firmas farmacéuticas han cerrado sus laboratorios de neurociencias porque no les rendía; en particular, no habían inventado nuevas píldoras para tratar eficazmente las enfermedades mentales más comunes, la depresión y la demencia. La ciencia aplicada y la técnica siempre se han nutrido de la ciencia desinteresada. Si esto lo ignoran los empresarios, el Estado tendrá que tomar la iniciativa. Incluso Clinton y Obama, tan obtusos en todo lo demás, lo han comprendido.

Una amenaza menor es el anti-cientifismo que campea en los sectores de extrema derecha y de extrema izquierda, y cuyo resultado neto es desanimar a los jóvenes que están considerando seguir una carrera científica. Este engendro de filósofos oscurantistas y científicos fracasados no sería tan dañino si no penetrase en las universidades, como lo viene haciendo en Argentina. De aquí que los profesores de ciencias tienen el deber de contrarrestarlo.

¿Qué proyectos tiene entre manos?

Creo que me dedicaré a los fundamentos de la sociología. Aunque ya no podré contar con los sabios consejos de Bob Merton ni con las críticas agudas de Raymond Boudon, es seguro que podré interactuar con mi nuevo amigo Dominique Raynaud, que se especializa en historia de la ciencia y del arte, así como en sociología histórica del conocimiento. Es un náufrago notable del hundimiento de las humanidades francesas.

Sin embargo, no estoy seguro de poder terminar este proyecto, porque desde que tuve mi primer accidente cerebro-vascular, hace cuatro años, siento que las parcas me pisan los talones.

¿Qué le diría a un joven científico con intereses filosóficos, o a un joven filósofo con intereses científicos?

Le diría que haga filosofía siempre que la tome como vocación, no como profesión. También le aconsejaría que se ocupe de problemas, no de autores, y que prefiera los problemas grandes a los chicos, aunque piense que le quedan grandes, porque para disfrutar del filosofar hay que tomarlo como una aventura, no como una rutina.

Finalmente, le recomendaría que hable con no-filósofos, para saber cuál es su filosofía espontánea, para saber qué tesis y problemas filosóficos tienen sin saberlo, y para suscitarles inquietudes filosóficas. Por ejemplo, pregúnteles a los matemáticos cómo demostrar que todos los teoremas se descubren, no se inventan; a los físicos, que los entes físicos no tienen propiedades antes que empezaron a trabajar los físicos; a los biólogos, cómo saben que los dinosaurios de todo el mundo se extinguieron de golpe cuando cayó el gran meteorito en el Yucatán; a los antropólogos, cómo saben que los Homo Sapiens nunca se cruzaron con los Neanderthal; a los historiadores, por qué los parisinos destruyeron la Bastilla pese a que allí había solo siete presos; a los teólogos, qué pruebas tienen de la existencia de Jesús; y a los acólitos de Chomsky, que niegan la evolución de las lenguas, por qué casi todos los sustantivos anglosajones perdieron el género cuando fueron invadidos por los normandos, que sí les asignaban sexo (LA fleur, LE fruit).

Su teoría de la verdad considera como portadores de verdad a las proposiciones. Siendo las teorías sistemas infinitos de proposiciones, ¿piensa que puede atribuírseles valores de verdad?

No. Creo que los valores de verdad emergen solamente en el curso del trabajo de poner a prueba las proposiciones. Mientras no se dé por concluido el trabajo de verificación, residen en una especie de limbo. Es claro que en el curso de dicho trabajo suele atribuírseles verdad o falsedad, pero tal atribución es tentativa o transitoria: se la hace para saber qué consecuencias traería su verdad o su falsedad.

Me doy cuenta de que esta postura contradice al platonismo, que es la filosofía espontánea del matemático. Pero concuerda con mi visión de la investigación como invención justificable (no arbitraria), no como descubrimiento de un mundo platónico de ideas hechas. La realidad nos es dada, mientras que a la ciencia la vamos haciendo. Un jurista diría acaso que a mí me interesa la scientia ferenda más que la scientia lata.

¿Por qué no cerró el Treatise con un volumen 9, dedicado a la estética? Es la única rama de la filosofía que no ha abordado en forma sistemática.

No me he ocupado de la estética porque no creo en ella. Creo que la estética no es una disciplina sino un montón de opiniones injustificadas, y que quienes no tienen experiencia artística debieran abstenerse de hacer estética. Sin embargo, creo que los filósofos que tengan experiencia artística pueden intentar hacer estética. Fue el caso de mi difunto amigo José María Ferrater Mora, autor de media docena de buenas novelas y una cincuentena de películas. Durante años le insté a que escribiese sobre estética. Finalmente empezó a escribirlo y había alcanzado a terminar cuatro capítulos cuando le falló el corazón.

Permítame terminar preguntándole por sus gustos estéticos. ¿Podría mencionarme algunos artistas y escritores de ficción que tiene en estima?

No me duermo sin antes leer algunas páginas de alguna novela. Los grandes novelistas me inspiran tanto respeto y afecto como los grandes científicos y filósofos. Lo mismo me ocurre con los grandes dramaturgos y comediógrafos, como Aristófanes, Lope, Molière y Wilde. En cambio, los trágicos y la poesía me dejan frío.

Desde mi adolescencia me gustó explorar las literaturas de todos los países. Creo que elQuijote, La comedia humana y Guerra y paz son las cumbres de la novelísticauniversal. Pero he “descubierto” grandes novelistas en todos los países que he visitado,excepto Argentina, Marruecos y Nepal, y me entusiasman algunos de países que nunca he visitado, como Albania (Ismail Kadaré), Trinidad y Tobago (Vidiadhar Surajprasad Naipaul), y Sudáfrica (J. M. Coetzee). También me gustan mucho Eça de Queirós, Jorge Amado, Alejo Carpentier, Gabriel Delibes, Mario Vargas Llosa, Naioul, Vonnegut, Narayan, Le Clézio, Margaret Atwood, Peter Carey, Philip Roth, Sinclair Lewis, Anatole France, Italo Calvino, José Saramago, Carlos Fuentes, Orhan Pamuk y otros más.

Admiro el estilo de Borges, pero sus temas me parecen triviales: fue un miniaturista. Para emprender algo grande en cualquier campo hay que tener coraje. Los tímidos siguen a otros en lugar de tomar la delantera; y si es necesario se agachan ante los poderosos.

Siempre me gustó la música y una vez quise aprender a tocar el violín, mi instrumento favorito, pero fracasé. Mi repertorio musical es reducido: está comprendido entre Vivaldi y Prokofief. Me conmueven Mozart, Beethoven, Schubert, y algunas cosas de Bach, Schumann, Mendelsohn, Ravel, Stravinsky y Fauré, pero Britten, Bartók, Mahler y Schostakovich me aburren o enojan. Marta, que tiene una buena educación musical, se irrita por la limitación de mis gustos musicales, pero para mí no hay arte sin emoción, y los compositores posteriores a Prokofief me dejan frío en el mejor de los casos. En cuanto al rock, me parece la antimúsica, así como el existencialismo me parece la antifilosofía.

Soy un negado para las artes plásticas, con excepción de los viejos maestros, como Dürer, Holbein, los Brueghel y Vermeer, así como los impresionistas. Me interesan Dalí y Magritte. Y me conmueven el Partenón y las catedrales góticas, especialmente las de Notre Dame, Chartres y Freiburg, a la que admiraba diariamente desde mi despacho en el Instituto de Física Teórica en esa ciudad, en la que escribí Foundations of Physics. Ella fue lo que más eché de menos cuando nos mudamos de Freiburg a Montreal.

*Una primera versión de esta entrevista se publicó en enero de 2015 en el sitio

http://www.filosofiaenlared.com

Arundhati Roy: «Las elecciones en India son una burla de lo que se supone que es la democracia”

Por Samuel Earle

“En India”, escribió Arundhati Roy en 2002, “si eres un carnicero o un genocida que se dedica a la política, tienes todos los motivos para ser optimista.” Roy se refería a Narendra Modi, el entonces primer ministro de Gujarat, quien se había visto implicado en los tumultos de 2002 contra los musulmanes en este Estado, en los que murieron asesinadas por lo menos mil personas. Modi siempre ha proclamado su inocencia –de forma poco plausible, según muchos–, pero la predicción de Roy sobre el futuro que le esperaba ha resultado certera. Tras las últimas elecciones en India, en las que su partido, el Bharatiya Janata Party (BJP), ha arrasado con un descarado mensaje de supremacía hindú, Modi se dispone a asumir su segundo mandato presidencial y reúne en sus manos más poder que nunca.

Como dice Roy, la “democracia más grande del mundo” –un orgulloso epíteto nacional que ella prefiere entrecomillar– existe en distintos siglos al mismo tiempo, presa entre la tradición, el sistema de castas y el caos del turbocapitalismo. Modi encarna estas contradicciones más que la mayoría: un personaje auténtico y al mismo tiempo con aspiraciones, que promete tanto la gloriosa resurrección del Hindustán como reformas neoliberales; el mítico niño chaiwala que ahora viste trajes de 16.000 dólares.

Modi no aparece mencionado en la largamente esperada segunda novela de Roy, The Ministry of Utmost Happiness (El Ministerio de la Máxima Felicidad), publicada en 2017, pero su visión de una nación hindú está presente en el libro. “Quizá no deba decirlo”, declara ella, “pero si una novela puede tener un enemigo, el enemigo de esta novela es la idea de una nación, una religión, una lengua, que es el lema de la ideología hindutva de Modi.

Pese a que Roy saltara a la fama por su novela de ficción, al ganar el Premio Booker en 1997 con su primera obra, El dios de las pequeñas cosas, nunca quiso ser conocida, según dijo una vez, como “una mujer guapa que ha escrito un libro”. Tampoco estaba interesada en convertirse en embajadora cultural de la India moderna, ascendente, que domina la caracterización de su país que hacen los medios occidentales en el siglo XXI. Actualmente, Roy es tan conocida por su actividad política como por sus obras de ficción. Ha estado encarcelada, acusada de sedición, se unió a los maoístas en la jungla india y ha apoyado movimientos políticos de todo el planeta. En junio publicará sus obras completas de no ficción, My Seditious Heart (Mi corazón sedicioso), un libro que tiene más de un millar de páginas.

He conversado recientemente con Roy por correo electrónico sobre el resultado de las elecciones indias, el significado de Modi y el papel de una escritora en un momento en que –en sus palabras– “el mundo está agitado”. Esta entrevista ha sido ligeramente editada por razones de claridad y estilo.

Pregunta: En medio de todo lo que ha cambiado en tus escritos y en el mundo, Modi siempre ha aparecido como un personaje terrible en tu obra. ¿Se ha desarrollado la tragedia de su presidencia tal como preveías, o te ha sorprendido de alguna manera su liderazgo?

Respuesta: El primer mandato de Modi se desarrolló tanto de la manera que yo había previsto como por vías que yo no esperaba. Yo preveía que se comportaría como un aplicado trabajador de la protofascista Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS, Asociación Patriótica Nacional), la madre del BJP, consagrada a declarar formalmente a India como nación hindú. Así, yo esperaba el ataque a la comunidad musulmana, la demonización de los cristianos y los comunistas, la tendencia a atacar y también cooptar e hinduizar a los dalits. Esto estaba en el guion. Incluso preví (y anticipé por escrito) un golpe terrorista o una guerra justo antes de las elecciones. Esperaba la buena acogida por parte de las grandes empresas, la política de privatización, pero no preví su política de desmonetización, que anunció una noche por televisión, cuando declaró que el 90 % de la moneda india dejaba de ser de curso legal. Fue un duro golpe para la gente, pero esto no ha impedido que salieran en masa a votar de nuevo por él.

Modi ha vuelto, incluso reforzado, adorado como un dios. El fenómeno psicológico es fascinante: el dolor convertido en placer por el bien de la nación. Es una victoria formidable, proporcionada por votantes de todas las castas, clases, regiones y etnias. En su discurso triunfal ante miles de personas que gritaban su nombre, dijo dos cosas que dan mucho miedo. Primero, que la elección de 2019 ha sancionado la muerte oficial del laicismo en India. Ningún partido político ha hecho campaña ondeando la bandera del laicismo, dijo. Eso es más que cierto: el principal partido de oposición, el Partido del Congreso, no tuvo el valor de mencionar la palabra musulmán por miedo a que lo calificaran de promusulmán. Así, los linchamientos, las masacres de musulmanes han quedado tapados por un tupido velo. El mayoritarismo, el nacionalismo hindú, ha ganado la partida.

En segundo lugar, Modi declaró que en esta elección, al derrotar completamente a los partidos que decían representar a las castas inferiores, el BJP había derrotado el sistema de castas. Las dos únicas castas que reconoce, dijo, eran los pobres y los que trabajan por acabar con la pobreza. Así, mientras que en el terreno social el BJP se dedica a combatir al enemigo, en el ámbito económico aparentemente no hay enemigos. En un país en el que nueve personas poseen la misma riqueza que los 500 millones de personas más pobres, los ricos son misioneros. Es una visión terrible. Y habiendo sido elegido y alcanzado el estado divino echando migas a los pobres, una bombona de gas a familias rurales acechadas por el hambre, un regalo de 2.000 rupias (30 dólares) a campesinos profundamente endeudados y que se suicidan por cientos de miles, armando a millones de jóvenes parados con nada más que con retórica agresiva, Modi se ha ganado el derecho a continuar con la política económica que ha generado este problema.

Al afirmar que ya no hay castas salvo los pobres y los que desean aliviar la pobreza, viene a decir que él y la RSS han hecho lo que B.R. Ambedkar, un defensor pionero de los dalits, no logró: acabar con el sistema de castas. Es una afirmación extremadamente inquietante. Porque como dijo Ambedkar, el hinduismo es una casta. Lo que han hecho la RSS y el BJP en esta elección es reforzar el sistema de castas: manejar las divisiones de casta, aprovechar las contradicciones materiales entre castas y subcastas, y enfrentar unas con otras con precisión matemática.

Pregunta: Parece que ha redefinido efectivamente el centro político a su imagen. ¿Ves alguna manera de hacer frente a esta nueva normalidad a lo largo de su próximo mandato?

Respuesta: En los días que siguieron a su elección, después de recibir algunas duras críticas en la prensa internacional, Modi pronunció un discurso en el que habló de la protección de las minorías y del cumplimiento de la constitución india. Contradijo más o menos lo que él mismo y sus colegas de la dirección habían declarado el día antes. Este oportunismo es la táctica típica de la RSS. Un aspecto interesante es que el endiosamiento de Modi ha oscurecido la idea del BJP como partido. Su enorme riqueza, la maquinaria del partido, todo ha sido utilizado para coronar al monarca. Existe una ridícula película hagiográfica sobre la vida de Modi, llena de falsedades, que acaba de publicarse. No cabe duda que contribuirá a su endiosamiento. Pero a pesar de todo esto, Modi solo puede ser el monarca mientras la RSS quiera que ocupe el trono. El poder de la RSS es la nueva normalidad.

Preguntas cómo se puede hacer frente a esto. En estos momentos, en el norte de India, la mayoría de otros partidos políticos están sumidos en el desastre. El Congreso ha sido derrotado, los comunistas están destruidos, los partidos políticos que se identifican como dalits o casta desfavorecida han quedado más o menos diezmados. En conjunto, los partidos de oposición han tenido un comportamiento mezquino y arrogante entre ellos, debilitándose mutuamente mientras su barco se hundía. Espero que se formulen algunas preguntas serias.

La RSS cuenta con unos 600.000 cuadros disciplinados y muy formados que puede desplegar. Los demás no tienen casi ninguno. Esta vez el BJP tenía 20 veces más dinero que todos los demás juntos. La próxima vez tendrá probablemente 50 veces más dinero. Y no cabe duda de que las elecciones en India tienen que ver cada vez más con el dinero, con el espectáculo, con el control de los grandes medios de comunicación y de las redes sociales. Todas las instituciones de este país se han doblegado a su voluntad, incluida la Junta Electoral y, quién sabe, tal vez las máquinas de votación electrónica. Ese dinero les permitió comprar decenas de miles de expertos informáticos, analistas de datos, activistas de las redes sociales que manejaban miles de grupos de Whatsapp con propaganda cuidadosamente seleccionada, personalizada y adaptada a cada sector, región, casta y clase, a cada mesa electoral de cada circunscripción.

Esta clase de dinero puede vender todo lo que decida vender, en este caso un producto tan tóxico que generó una epidemia. La campaña no abordó ni una cuestión importante, como el cambio climático, la crisis económica en cierne, la salud o la educación. Nada salvo estupidez medieval tóxica a escala colosal. ¿Cómo podemos considerar que ha sido una elección justa? Fue una carrera entre un Ferrari y unas cuantas bicicletas, y los medios aplaudiendo al Ferrari como si no hubieran notado nada anómalo. Ahora lo enjabona con alabanzas y se mofa de las bicicletas por sus malos resultados.

Así que ¿cuáles son las vías que quedan para hacer frente a esta formación? Los partidos políticos existentes no lo tendrán fácil, en este modelo mayoritario de democracia electoral, para hacer frente a esta formidable máquina cargada de dinero y de odio. Creo que la rabia popular romperá un día la máquina. No hablo de una revolución, sino de una erupción, de la reaparición de movimientos sociales no oenegeizados. Esto vendrá, y generará nueva energía y un nuevo tipo de oposición que no podrá ser domeñada. Tendremos que jugar un juego nuevo, uno que no haya sido amañado como lo ha sido este. Esta elección en India, que tanto saludan como un gran ejercicio de democracia, es todo lo contrario: nada más que una burla de lo que se supone que es la democracia.

Pregunta: ¿Consideras que el éxito del BJP va en la misma onda que recientes convulsiones nacionalistas en lugares como el Reino Unido, EE UU y Brasil?

Respuesta: Creo que tiene mucho que ver con las convulsiones nacionalistas que prevalecen. Aunque en India la RSS lleva trabajando concienzudamente en pro de este objetivo desde hace 95 años. Cuenta con sistemas que los demás fascistas o supremacistas blancos no tienen.

Pregunta: En 2009 dedicaste una colección de ensayos tuyos a quienes “aprendieron a separar la esperanza de la razón”. ¿Cuál es la relación entre esperanza y razón en estos momentos? ¿Hay señales de que vuelven a juntarse?

Respuesta: Puse en práctica esta doctrina durante la precampaña electoral. Mientras que todos los comentaristas predecían el triunfo del BJP [por escasa mayoría], algunas de nosotras insistíamos en que perdería. Lo dije públicamente, porque sentí la necesidad de poner en duda la certeza del resultado. Había quienes temían la victoria del BJP y predijeron en público que este partido se llevaría la palma. Probablemente quisieron indicar que sabían tomarle el pulso al pueblo. No hacía falta mucho para sentir el pulso, se respiraba en el aire. Pero esas tristes predicciones no hicieron más que reforzar la propaganda, en el sentido de la inevitabilidad. De modo que quienes habíamos aprendido a separar la esperanza de la razón insistimos obstinadamente en que ganaría la oposición, en que tenían pactos secretos y estrategias acertadas. Porque es justamente esa clase de esperanza loca la que finalmente hará que la gente se levante contra esta pesadilla. Así que sí, la esperanza separada de la razón. Y añade a esto: la resistencia separada de la razón. Eso es lo que necesitamos.

Pregunta: El estado de ánimo en India parece cada vez más militarizado, y Modi hizo todo lo que pudo para dar alas a este sentimiento durante su campaña electoral, alineándose con las fuerzas armadas y atizando el temor a los supuestos enemigos de la nación. ¿Qué posición ocupa una escritora –especialmente una que tiene un “corazón sedicioso”– en semejante atmósfera?

Respuesta: ¡Ja! Endeble, diría yo, y sumamente peligrosa. Porque nos hemos visto reducidas a una situación en que incluso quienes se oponen al nacionalismo hindú proponen de manera poco convincente diversas variantes de un hinduismo mejor y un nacionalismo mejor. Nuestros cerebros están siendo envueltos con film retráctil en la bandera nacional. El ataque, no contra los intelectuales, sino contra toda forma de inteligencia, va a ser feroz. Mientras que los políticos, los directivos empresariales y sus socios en los medios de comunicación son millonarios y milmillonarios –ricos más allá de lo imaginable–, los estudiantes, profesores, escritores, periodistas independientes están siendo acusados de antinacionales elitistas.

Elite es la etiqueta que se aplica a cualquier persona de inteligencia superior a la media que alberga instintos no serviles. Amit Shah, el presidente del BJP, y Ram Madhav, el secretario general, emitieron sus amenazas sin adornos el mismo día uno. Amit Shah, desde el estrado en que celebró la victoria en la misma noche en que se proclamaron los resultados; Ram Madhav, en la columna de un diario al día siguiente, titulada “The Leader is the Truth” (El líder es la verdad), donde dijo que los “restos” de los “cárteles seudolaicos/liberales que mantenían una influencia y un dominio desproporcionados sobre el establishment intelectual y político del país” tenían que ser “desechados” del “paisaje cultural e intelectual” del país. Antiguo, directo, típicamente fascista. En este segundo mandato, tratarán de llevar a cabo lo que iniciaron hace cinco años: el fin de toda educación real, de toda investigación real, de todo pensamiento real, de todo arte real. El ataque a las universidades, a la propia inteligencia, está en el orden del día.

Pregunta: Siempre has refutado a quienes tratan de imponer una distinción entre tu arte y tu activismo, diciendo que basta con llamarte escritora. ¿Es esta limitación –en que el compromiso serio y activo con el mundo se sitúa fuera de la misión de una escritora– algo que sientes más insistentemente en India?

Respuesta: No, de verdad que no. Lo noto más insistentemente en Europa y América, donde solía sentir una especie de complacencia petulante: no había mejor aspiración que tratar de ser como ellos. Pienso que esto está cambiando, se ha producido una desestabilización. Han aparecido grandes temores. Una vez más se plantean grandes cuestiones. El mundo entero está revuelto. El arte y la literatura lo reflejarán.

Pregunta: La lengua, en el sentido más amplio, ha pasado a ser objeto de atención especial en tu pensamiento: su pluralidad, sus posibilidades, sus perversiones políticas. ¿Se trata en parte de una respuesta a la doctrina hindutva de “una nación, una lengua, una religión”, doctrina que comparten todos los nacionalistas, o es la lengua simplemente el terreno natural de una escritora?

Respuesta: Es el terreno natural de este país, esta complejidad. Y por supuesto, siendo escritora disfruto con ello. La parte más graciosa de la doctrina de los nacionalistas hindúes de “una lengua, una religión, una nación” –que aquí se resume en “hindi, hindú, hindustán”– es que esas tres palabras son en realidad palabras persas. Pero más en serio, en una región en que se hablan 780 lenguas, de las que 20 están reconocidas en la constitución india, ¿puedes imaginar la violencia de esa doctrina? Después tienes a la élite que habla inglés, cuyos componentes se acusan regularmente entre sí (en inglés) de ser una élite anglófona, y también la élite de casta superior que no habla inglés, pero que envía a sus hijos a escuelas que enseñan en inglés, pero que quiere denegar a los pobres el derecho a aprender un idioma que les proporcionará oportunidades que de lo contrario no tendrán.

Pregunta: Finalmente, a lo largo de tu vida te has manifestado a través de muchos medios distintos, como novelas de ficción, películas, obras de teatro, reportajes, ensayos, incluso en el teatro y la arquitectura. ¿Existe una forma –o un entorno, un tiempo, un espacio– en que te encuentras más a gusto?

Respuesta: Yo cuento historias. Pienso en historias. Son mi hogar. Mi verdadero amor.

Samuel Earle es periodista independiente, residente en Londres.

https://newrepublic.com/article/154011/arundhati-roy-indias-elections-a-mockery-democracy-supposed-be

Traducción: vientosur.info

Christophe Dejours: “Sin posibilidades de sublimar a través del trabajo, es muy difícil conservar la salud mental”

por Verónica Engler

Es psicoanalista, pero plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: el trabajo como base de la identidad, fuente fundamental de sentido para la vida y mediador para la autorrealización en lo social

 

El histórico teatro IFT de la ciudad de Buenos Aires se llenó. No había un recital ni una obra de teatro sino la conferencia “Trabajo, precarización y subjetividad”, brindada por el prestigioso psicoanalista francés Christophe Dejours, que llegó al país invitado por la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA) y la editorial Topía. El público variopinto que acudió a escucharlo estaba compuesto por personajes del ambiente psi (profesionales, profesores, intelectuales, estudiantes), pero también por integrantes de sindicatos varios interesados en las ideas de Dejours sobre el trabajo y su relación tanto con la salud como con la enfermedad.

Considerado el padre de la Psicodinámica del Trabajo, este especialista plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: que el trabajo es la base de la identidad, una fuente fundamental de sentido para la vida y un mediador irreemplazable para la autorrealización en lo social. “El capitalismo actual viene intentando imponer sentidos para naturalizar su degradación, con el fin de abaratar costos y aumentar ganancias”, advierte en conversación con PáginaI12. “De la forma en que nos apropiemos del trabajo y de lo producido, de las estrategias de defensa colectiva construidas por trabajadoras y trabajadores, dependerá que el trabajo pueda o no constituirse en un medio de experimentación de la solidaridad y como antídoto a la alienación que impone el neoliberalismo”.

–Para la concepción clásica del psicoanálisis la explicación de las conductas humanas se plantea a partir de la centralidad de la sexualidad. Pero desde su perspectiva el trabajo también ocupa un lugar central tanto como fuente de sufrimiento como de placer. ¿De qué manera el trabajo deja de tener un lugar marginal en la constitución de la subjetividad?

–Siendo esquemático se puede decir que hay dos ejes en la realización de uno mismo. La realización personal en el campo erótico pasa por el amor, que es el campo habitual del psicoanálisis. El segundo campo es la realización de uno en el campo social, eso pasa por el trabajo. En estos dos campos delimitan dos tipos de destino para la pulsión: uno sexual y el otro sublimatorio. Cuando uno se refiere a la concepción freudiana, la sublimación fue considerada como exclusiva de seres excepcionales, los grandes hombres, Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci. Pero la clínica del trabajo muestra que la cuestión de la sublimación se encuentra presente en todos los que trabajan. En cada oficio la cuestión de la sublimación está presente. La clínica muestra que cuando se puede aprovechar o tener la suerte de contar con una buena organización del trabajo, que permite su desarrollo, la sublimación se beneficia, funciona. Esa es la forma principal de la transformación del sufrimiento en el trabajo en el placer en el trabajo. Pero no es solamente generador de placer, la victoria sobre el sufrimiento es una victoria desde el punto de vista de la salud. Cuando uno está forzado a trabajar mal, porque las condiciones son malas, porque está la presión de la productividad cuantitativa contra la cualitativa, las condiciones de sublimación se rompen, y mucha gente se enferma. Donde no hay posibilidades de sublimar a través del trabajo, se torna muy difícil conservar la salud mental, y muchas veces hay que desarrollar estrategias muy complicadas para protegerse contra los ambientes deletéreos en el trabajo.

–¿Qué sucede cuando no se tiene la posibilidad de trabajar, cuando se está desempleado/a?

–Cuando uno es privado de la posibilidad de trabajo uno pierde la posibilidad o el derecho de traer su contribución a través del trabajo a la construcción de la sociedad, y consecuentemente si uno pierde esa posibilidad, no se puede más tampoco beneficiar de la retribución, y generalmente la retribución en el sentido común es el salario. Pero en la clínica del trabajo, como yo la entiendo, uno se da cuenta de que hay otra forma de retribución, que pasa por la sublimación. Si no podemos hacer un aporte de una contribución a la sociedad o a la empresa o a los colegas, o eventualmente a los subordinados, perdemos el derecho de beneficiarnos con el reconocimiento, que es una forma de retribución extremadamente importante desde el punto de vista psíquico y que desde el punto de vista de la salud es más importante que la retribución material a través del salario. Cuando uno no puede aportar una contribución a través del trabajo, se pierde el beneficio posible de esa retribución simbólica a través del reconocimiento, y en esta cuestión el porvenir desde el punto de vista de la salud mental se vuelve mucho más precario. La gente que está desempleada de manera crónica tiene una incidencia de perturbaciones psíquicas mucho más elevadas que aquellos que están empleados, que están trabajando. Creo que es igual en todas partes del mundo, no es algo nuevo.

–¿Qué patologías y qué posibilidades de encontrar placer en el trabajo encuentra en las condiciones actuales del neoliberalismo?

–Pequeño problema (se ríe)… El trabajo puede ser generador de lo peor, por eso hoy en día llega a provoca suicidios en los lugares de trabajo; pero también puede generar lo mejor, de manera tal que gracias al trabajo la salud metal mejora. Y el problema, entonces, consiste en comprender por qué, por un lado, pasamos a la desolación, la desesperanza, y por qué en algunos casos se vuelve felicidad. Y hay una razón que es muy precisa, que es el rol decisivo en la organización del trabajo. Hay algunas organizaciones del trabajo que son particularmente deletéreas para la salud mental y vemos cómo progresivamente cada vez hay más patologías mentales del trabajo, sobre todo desde el comienzo del siglo XXI, con el surgimiento de nuevas patologías que antes no existían. En la organización del trabajo hay un cambio mayor que corresponde a lo que llamamos el “giro de la gestión”, que es la manera en la cual dentro del mundo del trabajo se concreta el arribo masivo del neoliberalismo. Se introducen nuevos métodos, nuevos dispositivos, que cambian completamente la organización del trabajo: la evaluación personal de los desempeños; la noción de calidad total; la normalización o estandarización del trabajo, el tema de las normas como las ISO; la precarización; y también la manipulación comunicativa producida por las mismas empresas. Esta manipulación es muy importante, no solamente respecto de lo externo, de la empresa para afuera, haciendo publicidad, por ejemplo mostrando los resultados de la empresa en la bolsa; sino que también es una comunicación que está destinada al interior, porque se vuelve un sistema de prescripciones, al cual los mismos trabajadores asalariados deben estar muy atentos, para poder utilizar las buenas formas del lenguaje, las maneras en las que hay que implicarse en las relaciones jerárquicas, lo que uno puede o no decir, todo eso está dictado por la comunicación interna.

–Este sistema de presión y control ideológico está vigente tanto en las empresas privadas como en organismos públicos, ¿verdad?

–Sí, claro. Y estos nuevos métodos tienen unos impactos muy poderosos, muy fuertes, no solamente sobre la manera de trabajar de manera individual, sino también sobre la manera de trabajar junto con los demás, sobre todo de los colectivos de trabajo. Ese giro de la gestión, de los números, se traduce por una voluntad de romper todo lo que sea colectivo, y romper las cooperaciones, para poder tener únicamente individuos que en la jerga de la gestión llaman “los individuos responsables”. Y los métodos en cuestión son muy fuertes, muy poderosos, y han logrado desestructurar esas cooperaciones. Al hacer eso, al desestructurar esa cooperación, se destruyen cierto tipo de vinculaciones entre las personas, sobre todo las relaciones de convivencia, que tienen que ver con estar atento a lo que necesita el otro, la ayuda, el saber vivir juntos y la solidaridad. Todo está destruido por estos nuevos dispositivos. Ahora cada uno está solo en un mundo que es hostil, y donde cada persona está en competencia con su vecino, y también incluso en el modo de la competencia desleal. Y esto se ve tanto en el nivel inferior de la escala, porque la competencia es extremadamente dura respecto de la cuestión del empleo, pero también es muy duro en la cima de la jerarquía, donde los cuadros superiores pasan su tiempo vigilándose unos a otros, por ejemplo. Esta cuestión de lo colectivo y la solidaridad, esta cuestión de vivir juntos, es una cuestión social y política por supuesto, pero es también una cuestión que tiene que ver con la salud.

–¿Por qué?

–Porque la mejor manera de prevenir contra riesgos psicosociales, contra las patologías mentales del trabajo, es justamente esta convivencia, el vivir juntos, la solidaridad. Hay dos grandes fuentes en la salud en el trabajo, la primera es el vínculo individual con la tarea, que está relacionado con la sublimación, pero también está el hecho de poder entrar en un vínculo, en una relación de pertenencia en un equipo, pertenencia a un oficio, una profesión, porque todas estas pertenencias nos remiten siempre a sistemas de valores. Cada profesión está estructurada por ciertas reglas, esas reglas de trabajo no son nunca únicamente normas para tratar la cuestión de la eficacia; esas normas de trabajo organizan también los vínculos y los lazos entre los miembros de un equipo. Al desestructurar esos colectivos, se les hace perder a los trabajadores todo el beneficio de la ayuda mutua, que no es solamente en favor de la eficacia, sino que también es una ayuda mutua respecto del sufrimiento.

–¿Por qué en relación a las patologías en el trabajo usted prefiere no hablar de estrés?

–Porque en la concepción del estrés el trabajo se presenta como un entorno, es decir algo que está alrededor y que contiene cierto número de prescripciones, reglas, restricciones, inconvenientes. De esta manera, el trabajo es una cuestión externa que actúa sobre un individuo considerado como un ser aislado. Pero lo que la clínica del trabajo nos está mostrando es que el trabajo no está únicamente por fuera del individuo, para que yo pueda hacer un trabajo de calidad el trabajo tiene que volverse interno, es necesario subjetivar el trabajo, tengo que aceptar sentirme invadido por el trabajo, mucho más allá del tiempo concreto de trabajo, por fuera del trabajo también, hasta cuando vuelvo a mi casa por ejemplo. Esto también es parte del trabajo, son todas las perturbaciones que ocasiona el trabajo, por fuera de él. Entonces, el trabajo está en el interior, no por fuera, no es un entorno, pero la teoría del estrés considera al trabajo como un entorno prácticamente material, y considera al individuo como un individuo prácticamente biológico. La teoría del estrés es una teoría que está destinada no a hacer psicología o, en el mejor de los casos, es psicología animal, el modelo es comportamental, extremadamente simplista. Para comprender la sutilidad de los vínculos entre el trabajo y la subjetividad es necesario una estructuración conceptual extremadamente sofisticada en al menos tres disciplinas. Primero es necesario tener una teoría del sujeto que no sea simplista, esto lo hace el psicoanálisis; pero también es necesaria una teoría del trabajo. Hay disciplinas del trabajo que dan cuenta de la complejidad del trabajo vivo que no tiene nada que ver con lo que se dice del estrés. También es necesario un tercer tipo de conocimiento sobre la teoría social y la teoría de la dominación; no solamente la dominación entre clases, sino también la dominación de género. De acuerdo con la teoría del estrés los hombres y las mujeres son lo mismo, pero la clínica del trabajo muestra que para los hombres y las mujeres el trabajo no implica lo mismo, el sufrimiento en el trabajo para hombres y mujeres no es igual, y las estrategias de defensa que construyen hombres y mujeres son diferentes.

–Algunos teóricos tan disímiles como André Gorz o Jeremy Rifkin habían previsto una reducción del tiempo de trabajo social y una expansión del tiempo libre, pero lo que sucedió a partir de los años 90 es exactamente lo contrario: para quienes tienen trabajo, la jornada laboral se volvió prácticamente ilimitada.

–Creo que las declaraciones de Jeremy Rifkin son parte de una manipulación de la opinión pública para inculcar el miedo, pero sus análisis son completamente falsos. Un año después de la publicación de su libro (El fin del trabajo, 1995), se anunció el pleno empleo en los Estados Unidos. Pero el trabajo de André Gorz y Dominique Meda, en Francia, es más serio, son dos intelectuales reconocidos. Rifkin es solo un consultor exitoso que está al servicio de la ideología neoliberal.

–A comienzos de este siglo, el filósofo italiano Franco Berardi postulaba que la sociedad industrial construía máquinas de represión de la corporeidad y del deseo, mientras que la sociedad posindustrial funda su dinámica sobre la movilización constante del deseo, por eso la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio ha sido progresivamente cancelada. ¿Está de acuerdo con estas ideas? ¿Cuáles serían las consecuencias de poner a trabajar la libido en pos del capital y de la identificación total con la empresa?

–No estoy convencido de los planteos que hace Berardi. El problema no está en el deseo más o menos bien dominado por la sociedad posindustrial. Sobre todo porque la sociedad actual no es posindustrial, sigue siendo muy industrial. La industria solo se ha trasladado de norte a sur, pero la masa de trabajadores industriales ha crecido en todo el mundo. El problema radica más bien en el giro neoliberal de finales del siglo XX. En el mundo del trabajo, este punto de inflexión tomó la forma de un “giro en la gestión”, con nuevos métodos y organización del trabajo. Estos métodos, extremadamente efectivos resultan en un mayor poder de dominación. Lo que me interesa investigar es un control poderoso de los pensamientos y comportamientos de los individuos, que no pueden construir fuerzas significativas para luchar contra estas nuevas formas de dominación. El resultado es que los trabajadores se ven obligados a trabajar cada vez más duro y más tiempo. Desde el punto de vista de la salud, esto se traduce en una explosión de patologías: burnout, Karoshi (muerte súbita por accidente vascular), Karôjisatsu (suicidio por exceso de trabajo) y abuso de sustancias psicoactivas, entre otros. Creo que el dramático deterioro de la salud mental en el trabajo no aboga por la movilización del deseo o la libido, más bien significa la agravación de la servidumbre, el aumento del sufrimiento, el desbordamiento de estrategias individuales y colectivas de defensa contra el sufrimiento en el trabajo y la incapacidad para defenderse contra los efectos nocivos de las nuevas formas de gestión.

La depresión global: el gatillo comercial y tecnológico

por Michael Roberts

A pesar de todos los discursos optimistas del presidente de Trump sobre el estado de la economía estadounidense, los últimos datos sobre la actividad económica y la producción industrial sugieren que Estados Unidos se suma a Europa y Japón en una fuerte desaceleración al entrar en la segunda mitad de 2019. Y ello ocurre cuando la guerra comercial y tecnológica entre los EE.UU. y China ha subido un nuevo escalón y amenaza con desencadenar una recesión global antes de que termine el año.

informan los economistas de JP Morgan de que el avance de mayo del PMI de los EE.UU., Europa y Japón (G-3) apunta una disminución de 0,7 puntos, consistente con un crecimiento anual de sólo un 2,5% del PIB mundial. Los índices de compras de los gerentes (PMI) son encuestas de opinión de las compañías sobre sus compras y ventas actuales y futuras. Han demostrado ser orientadores razonables de la producción real. Y un crecimiento del 2,5% a nivel mundial se considera una ‘perdida de velocidad’ de la economía mundial, por debajo de la cual se avecina una recesión.

Según JP Morgan la fabricación mundial de manufacturas está sufriendo la peor parte – de estar casi en 50 en el PMI (por debajo de 50 significa una contracción). Pero los servicios, que constituyen el 70-80% de la mayoría de las principales economías (al menos en la definición oficial), también se deslizan hacia los niveles de la mini-recesión de 2015-6.

Más preocupante aún, “los índices mundiales de expectativas de manufacturas y servicios parecen caer alrededor de 2 puntos en mayo y arrastraría los índices por debajo de los mínimos establecidos a principios de 2016.”   (JPM).

Al igual que otros analistas, el Economic Outlook de la OCDE , publicado la semana pasada, predice un crecimiento más lento que el año pasado en la mayoría de las grandes economías – en algunos casos mucho más lento. Más aún, incluso en 2020, el crecimiento mundial no volvería al ritmo que alcanzó en los últimos años, según afirma. Ángel Gurría, su secretario general, dijo: “La economía mundial está en zona peligrosa.”

Hasta ahora, ha sido en Europa y Japón dónde eran visibles las señales de una desaceleración e incluso de una franca recesión. Pero ahora la economía de Estados Unidos puede sumarse. El PMI manufacturero de Estados Unidos cayó a 50,6 en mayo, lo que implica casi un estancamiento. Es el índice más bajo desde septiembre de 2009 como consecuencia de que los nuevos pedidos cayeron por primera vez desde agosto de 2009, mientras que la producción y el empleo aumentaron menos.

PMI manufacturero de EE.UU.

El sector servicios también cayó. El indicador económico global mostró la expansión más débil en el sector privado desde mayo de 2016. El viernes pasado, conocimos datos reales de bienes duraderos fabricados en EE UU. En mayo, los nuevos pedidos cayeron un 2,1% respecto al mes anterior, en abril de 2019. Los equipos de transporte, también cayeron dos de los últimos tres meses. El modelo GDPNow de la Fed de Atlanta (un indicador muy fiable de crecimiento futuro) estima que el crecimiento del PIB real de EE UU en el segundo trimestre de 2019 será sólo un 1,3%.

Cuando se llega a Europa, la última cifra para la locomotora de Europa, la industria manufacturera alemana, es una lectura particularmente triste. El índice de mayo apunta un quinto mes de contracción en el sector industrial, porque los nuevos pedidos continuaron cayendo bruscamente, en gran parte debido a la menor demanda en toda la industria del automóvil y los efectos de la liquidación de existencias. Además, la tasa de destrucción de empleo se aceleró hasta ser la mayor desde enero de 2013.
PMI manufacturero alemán

Incluso si el sector de servicios aguanta, la actividad general en Alemania es muy débil. Y la encuesta de confianza empresarial está en su punto más bajo desde hace casi cinco años. La actividad en la zona euro en su conjunto está también en su nivel más bajo en cinco años.

PMI compuesto de la zona euro

La economía de Japón está  “empeorando” por primera vez en más de seis años, de acuerdo con uno de los principales indicadores del gobierno. El índice de condiciones económicas, compilado por la Oficina del Gabinete del Gobierno de Japón cayó un 0,9% de febrero a marzo. Esto obligó a los estadísticos del gobierno a reducir su evaluación de la economía de “debilitamiento” a “empeoramiento” – el más bajo de los cinco niveles. La última vez que la Oficina del Gabinete utilizó el grado inferior para describir su economía fue en enero de 2013. El economista de Barclays Kazuma Maeda señala que la  rebaja “mecánica” de la evaluación no implica necesariamente una recesión en perspectiva. Sin embargo, agregó: “Dicho esto, existe una creciente preocupación acerca de una recesión económica”.

El crecimiento de la actividad nominal en Japón, que puede ser visto como un a variante actualizada del PIB nominal, ha estado cayendo desde finales de 2017, ya que la disminución del crecimiento de la producción real ha sido mayor que el aumento de la inflación. El índice de la actividad nominal del núcleo, ha caído alrededor de un 0,5 por ciento, más bajo que durante el choque deflacionario de 2016.

Como acotación al margen, vale la pena señalar que Japón es un ejemplo de la política fiscal y monetaria keynesiana. El Banco de Japón tiene tasas de interés negativas y ha comprado casi todos los bonos gubernamentales disponibles de los bancos, así como deuda corporativa y valores, a través de inyecciones de crédito masivas en los últimos diez años. Y ha aplicado sistemáticamente déficits presupuestarios para tratar de impulsar la economía; tanto es así que la deuda pública en relación con elPIB es la más alta del mundo. Sin embargo, el crecimiento del PIB nominal y de los precios continúa estancado.

Los que defienden la Teoría Moderna Monetaria deberían tomar nota. Sí, se pueden ejecutar déficits presupuestarios de manera permanente y contraer deudas públicas sin consecuencias para la inflación o incluso la divisa en una economía como Japón. Pero no se puede conseguir un impulso permanente del crecimiento si las empresas japonesas o el gobierno no invierten. La creación de dinero no es necesariamente creación de valor. La ironía es que el primer ministro Abe planea elevar el impuesto sobre las ventas a finales de este año para tratar de reducir los déficits y los coeficientes de deuda en línea con las políticas neoliberales. La última vez que lo hizo, Japón entró en recesión.

Fuera de los bloques imperialistas, las economías de los llamados «mercados emergentes” también se están desacelerando. Turquía, Argentina y Pakistán ya están en recesión. Brasil y Sudáfrica están al borde. Y los flujos de capital a estas economías desde el bloque imperialista se están secando, mientras que la inversión del sector público casi se ha paralizado.

La inversión pública neta en los mercados emergentes ha caído por debajo del 1% del PIB por primera vez en su historia, aumentando los temores de un déficit de infraestructuras. La participación que los gobiernos de los países en  desarrollo en la producción nacional que dedican a la inversión en activos como escuelas, hospitales, transporte e infraestructura de energía (neta, sin  la depreciación del stock de capital existente), ha caído desde el 3,3 por ciento en 1997 a un mínimo de sólo el 0,9 por ciento el año pasado, según datos del FMI. Es mucho menos que lo que el FMI cree que se necesita para satisfacer las necesidades básicas y permitir a estos países cerrar las brechas de infraestructura que están ralentizando su ritmo de desarrollo.

De hecho, si se excluye a China, el crecimiento de la inversión está cayendo en el resto de las economías del G-20. Sólo los EE.UU. y la India están manteniendo la inversión positiva. Si fallasen, en la medida en que la inversión es el impulsor de la economía, se produciría una recesión global.

Si se descuenta a China de las cifras, el promedio ponderado para el resto del mundo emergente es del 3,9 por ciento del PIB, sensiblemente inferior a la cifra del 4,8 por ciento de una fecha tan reciente como 2010. Los 49 países en desarrollo de bajos ingresos, sobre todo en África, pero también países como Vietnam, Bangladesh y Moldavia, están aún peor situados, y el FMI cálcula que necesitan invertir un 7.1 por ciento del PIB al año adicional hasta 2030 en carreteras, electricidad y agua. Si se suma la sanidad y la educación, esta proporción se eleva a un colosal 15,4 por ciento del PIB, o $ 528.000 millones anuales.

La baja rentabilidad es lo que explica sobre todo por qué la inversión corporativa ha sido tan débil desde 2009.  Los beneficios realizados han sido desviados a la especulación financiera: fusiones y adquisiciones, la recompra de acciones y el pago de dividendos. Además, ha habido una cierta acumulación de dinero en efectivo por los FAANGS. Todo esto se debe a que la rentabilidad de la inversión productiva sigue siendo históricamente baja.

El otro factor clave en la larga depresión ha sido el aumento de la deuda, especialmente de la deuda corporativa. Con una baja rentabilidad, las empresas han acumulado más deuda para financiar proyectos o especular. Las grandes empresas como Apple o Microsoft pueden hacer esto porque tienen reservas de efectivo en las que apoyarse si algo va mal; las empresas más pequeñas pueden manejar esta espiral de la deuda porque las tasas de interés se mantienen en mínimos históricos y, por lo tanto, el servicio de la deuda sigue siendo viable – siempre y cuando no haya una caída de las ventas y ganancias.

Cuando los fundamentos como la rentabilidad y la deuda son negativos para el capital, cualquier cosa puede desencadenar una depresión. Cada crisis tiene un disparador diferente o causa próxima. La recesión internacional de 1974-5 fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo y la salida de EE.UU. del patrón dólar-oro. La caída de 1980-1982 fue provocada por una burbuja inmobiliaria en Europa y una crisis industrial en las principales economías. La recesión de 1990-2 fue provocada por los precios del petróleo y la guerra de Irak. La leve recesión de 2001 fue el resultado de la explosión de la burbuja dot.com. Y la Gran Recesión se inició con el colapso de la burbuja inmobiliaria en los EE.UU. y la consiguiente restricción de crédito provocada por la diversificación internacional de los derivados de crédito. Pero detrás de cada una de estas crisis hubo un movimiento a la baja en la rentabilidad del capital productivo y, finalmente, una desaceleración o disminución de la masa de ganancia. (El nexo entre inversión y beneficios).

Ahora parece posible que la amenaza de una guerra comercial entre los EE.UU. y China podría ser un nuevo detonante de una recesión global. Ciertamente, el banco de inversión estadounidense, Morgan Stanley ha elevado ese riesgo: “Si bien una escalada temporal de las tensiones comerciales podría gestionarse sin graves daños, un enfrentamiento duradero podría tener graves consecuencias. Si las conversaciones se estancan, no hay acuerdo y los EE.UU. imponen aranceles de un 25% sobre los restantes $ 300 mil millones en importaciones de China, creemos que la economía global tenderá a la recesión “.

La OCDE también ha puesto de relieve el peligro de una guerra comercial. Según la OCDE, el comercio internacional ha disminuido bruscamente. Su tasa de crecimiento ha caído del 5,5 por ciento en 2017 a lo que la OCDE cree que será un 2,1 por ciento y 3,1 por ciento este año y el próximo, respectivamente. Es menor que el crecimiento económico proyectado, es decir, el comercio se está reduciendo como proporción de la actividad económica mundial. Desde el año 2009, cuando se produjo la desaceleración del crecimiento de la inversión que ha llevado a una desaceleración en el crecimiento del comercio, el FMI estima que tres cuartas partes de la desaceleración del crecimiento del comercio podrían atribuirse a la débil actividad económica, especialmente de la inversión. Pero ahora la bota parece estar en el otro pie.

Los números de la OCDE sobre la inversión agregada son corroborados por estadística más precisa. La inversión de la mayoría de las grandes compañías estadounidenses, como se informa en la normativa reguladora, se ha frenado de forma espectacular. Según una investigación de The Wall Street Journal, 356 dude las 500 compañías del índice S & P invirtieron sólo más del 3 por ciento en capital en el primer trimestre; desde una tasa de crecimiento del 20 por ciento del año anterior. Para los mayores inversores de capital, esta cayó de plano. Las fricciones comerciales parecen ser la causa principal – directamente para las empresas que dependen especialmente de la demanda china, como los productores de chips especializados, así como indirectamente por el aumento de la incertidumbre en toda la economía. Según otro estudio, muchas empresas estadounidenses que operan en China también están frenando la inversión.

Morgan Stanley también advierte que no hay que subestimar el impacto de las tensiones comerciales de varias maneras. En primer lugar, el impacto en el sector empresarial de Estados Unidos sería más generalizado si China pudiera decretar barreras no arancelarias como la restricción de compras. Dada la ralentización del crecimiento global que ello produciría, las ganancias de las operaciones internacionales de las empresas se verían afectadas y las empresas no serían capaces de trasladar completamente los aumentos de aranceles a los consumidores.

Lo que hace probable que la guerra comercial no se resuelva de manera amistosa para evitar una recesión global es que la batalla entre los EE.UU. y China no es sobre ‘comercio desleal’, sino un intento de los EE.UU. de mantener su superioridad tecnológica global frente al rápido ascenso como competidor de China. El ataque a Huawei, organizado a nivel mundial por los EE.UU., es sólo un comienzo.

Está en marcha una reacción en cadena en la medida en que una industria gigante se prepara para un choque violento. El banco de inversión estadounidense Goldman Sachs ha observado que, desde 2010, el único lugar donde los beneficios empresariales han crecido es en los EE.UU.. Y esto, según Goldman, se debe totalmente a las empresas de super-tecnología. Las ganancias globales fuera de ese sector son sólo moderadamente más altas de lo que eran antes de la crisis financiera, mientras que los beneficios del sector tecnológico se han disparado bruscamente hacia arriba (lo que refleja principalmente el impacto de las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos).

La desaceleración del crecimiento está siendo impulsada por una baja inversión y rentabilidad en la mayoría de las economías y en la mayoría de los sectores. Sólo las grandes empresas de tecnología en los EE.UU. han evitado esta tendencia, ayudadas por una reciente bonanza de los beneficios procedentes de las reformas fiscales de  Trump. Pero ahora la guerra tecnológica con China afectará también a las ganancias de las empresas de tecnología – incluso si los EE.UU. y China llega a un acuerdo comercial.

El FMI está muy preocupado. El nuevo economista jefe del FMI, Gita Gopinath, comentó: “Si bien el impacto sobre el crecimiento global es relativamente modesto en este momento, la última escalada podría mellar significativamente los resultados empresariales y el clima existente en los mercados financieros, interrumpir las cadenas de suministro globales, y poner en peligro la recuperación prevista del crecimiento global en 2019.” Roberto Azevedo, director general de la Organización Mundial del Comercio, dijo que la guerra comercial entre EEUU y China estaba perjudicando a la economía mundial. La OMC ha quedado al margen, en la medida en que la administración Trump dirige sus ataques directamente contra China. Azevedo ha señalado que: “se han introducido $ 580 mil millones de medidas restrictivas en el último año, siete veces más que el año anterior. Esto desanima a los inversores, está frenando a los consumidores, y por supuesto está teniendo un impacto en la expansión de la economía mundial. Todo el mundo pierde … cada uno de los países perderán si no encontramos una solución“.

Así es.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

“Entre la vida y la obra de Andrés Rivera emerge la coherencia ideológica”

Andrés Rivera cruzó la cultura argentina con una obra potente y reveladora. Su vida y sus palabras ahora son relatadas en una biografía publicada por Editorial Sudestada.

Por Leandro Albani para La tinta

Un hombre obsesionado con su oficio de escritor, de palabras secas y cortantes, de ideas duras y claras que supo sostener en el tiempo. Esa persona es la que los periodistasMartín Latorracay Juan Ignacio Orúedescriben y analizan en Andrés Rivera. El obrero de la literatura, biografía publicada recientemente por Editorial Sudestada.

Pero, en el libro, también aparece el Rivera más íntimo, el que trabaja en sus escritos con detalle y una disciplina sistemática, el padre de dos hijos que, pese a su parquedad, transmite sentimientos profundos, el militante comunista fogueado en un entorno familiar de luchas sindicales e historias de una Europa lejana y nebulosa.

andres-rivera-libro-sudestadaLatorraca y Orúe relatan la vida de Rivera de forma concisa, ágil, armando un rompecabezas con testimonios, retazos de historias de un país siempre al borde y una prosa que rechaza hundirse en análisis eruditos o encorsetados por una academia que siempre miró de reojo al autor de La revolución es un sueño eterno, El farmer, Ese manco Pazy El verdugo en el umbral, entre muchas otras novelas y libros de cuentos.

La biografía, además, cuenta con un anexo que recoge varios artículos de su época de periodista (bajo el seudónimo de Pablo Fontán) en el diario El Cronista Comercial, su polémica escrita con el historiados Norberto  Galassoy una carta de Ricardo Piglia a Rivera, que rescata una amistad profunda (y epistolar) poco conocida.

La tinta dialogó con Latorraca y Orúe sobre cómo nació la idea del libro, la estrecha relación que mantuvieron con Rivera, la implicancia del escritor en la cultura argentina y un legado cargado de palabras justas, incómodas y militantes.

—¿Cómo nace la idea del libro?

—Martín Latorraca (ML): Con Andrés, tenía una relación de muchos años de admiración literaria y de amistad, de mucha cercanía. Cuando lo conocí a Juan hace cinco o seis años, empezamos a hablar sobre lo que nos gustaba de la literatura argentina y salió el nombre de Andrés, que los dos admirábamos. Un día, charlando, nos dijimos por qué no hacíamos una biografía, aunque, en realidad, es más un recorrido, un retrato con muchas voces. Entonces, empezamos a investigar, a buscar todos sus libros, que son 32 títulos, armamos un listado de entrevistados y todo el trabajo de preproducción.

—¿Qué características de la obra y de Rivera como persona les interesó volcar en el libro?

—Juan Ignacio Orúe (JIO): Creo que la característica principal que atraviesa su obra y toda su vida se resume en la última línea de La revolución es un sueño eterno: “¿Qué revolución compensará las penas de los hombres?”. En esta síntesis brutal, entre vida y obra, lo que emerge es la coherencia ideológica. Él siempre estuvo detrás de ese objetivo de cambio social, un ideal que conecta con la historia de su familia inmigrante, obrera, judía y de izquierda. En esa búsqueda, no renunció a la belleza en la escritura.Andrés planificaba su obra con obsesión. Hablamos de la línea final del libro, pero no olvidemos el comienzo. Es una patada en la cabeza. Y cualquier escritor sabe que el comienzo y el final de cada texto son centrales. Andrés lo tenía clarísimo.

—¿Qué pudieron encontrar o descubrir investigando la vida de Rivera que los asombró?

—JIO: El quiebre de la amistad con Juan Gelman, los motivos de esa ruptura y los hechos que sucedieron alrededor de esa situación, los desconocía. Coincide con el fallecimiento de Carlos, el hijo mayor de Andrés; con el vínculo amoroso que Gelman tenía con la ex esposa de Rivera, con su participación en Montoneros y su paso a la clandestinidad. Es una de las etapas más duras. Me asombró, también, haber descubierto su obra periodística. Pudimos rescatar varios textos suyos de su época en El Cronista Comercial. Trabajó allí durante la última dictadura y firmaba con el seudónimo Pablo Fontán. Fue compañero deTito Cossay Osvaldo Sorianoen la sección Cultura. Andrés cubrió el velatorio de Ringo Bonavenaen el Luna Park. La crónica es tremenda. En esos textos, se nota cómo aparecía de a poco la poética que iba a consolidar más adelante en sus novelas y cuentos.

—ML: Lo que más me asombró fue su etapa de laburante, de corrector de estilo o de periodista. En la época de El Cronista Comercial,su compromiso con sus compañeros, su actitud de ayudar y de enseñar a los periodistas nuevos. Son cosas que no conocía, pero podía imaginar por su posición política y su ideología, pero eso me asombró gratamente. Todos sus compañeros, salvo un caso, lo recuerdan bien, como un tipo que enseñaba, ayudaba, los defendía.

andres-rivera-libro-sudestada-3—Hay una idea de Rivera como una persona muy osca. ¿Eso era así?

—ML: Lo conocí a fines de 1990, en Córdoba, en su casa, con Susana Fiorito. Fuimos con otra compañera de un periódico en donde trabajábamos. Nos recibió para una entrevista, justo estaba cocinando pescado con ensalada de rabanitos. Nos sirvió sin preguntarnos si nos gustaba. A mi compañera no le habló en toda la charla, hasta que, en un momento, ella le preguntó y él la vio y le empezó a hablar. Algo de Rivera era como una coraza, aunque era un tipo muy tierno y adorable, pero tenía eso de tipo duro y osco que, imagino, viene de su crianza con padres militantes, inmigrantes judíos, en una casa que era un hervidero político, donde se hacían reuniones de militantes, entonces, creció en ese ámbito de más dureza. Cuando te juntabas con él, te decía “hola, ¿cómo te va?” y, en un momento, te decía que te tenías que ir. No tenía dobleces ni en su vida política ni en su vida sentimental o en la amistad.

—¿Cómo ven la figura de Rivera dentro del mundo de la literatura de Argentina?

—JIO: Creo que es central. Pertenece a la generación de escritores que estaba instalándose antes del último golpe militar, que bloquea la lectura y la producción literaria de todos ellos. Narradores, en general, provenientes de sectores medios y bajos, varios de provincias, acostumbrados a transitar los márgenes de la cultura oficial y legítima, con sensibilidad social y un lenguaje cercano al realismo alejado del costumbrismo, que padeció la persecución política, el exilio o la desaparición. Un grupo de autores cercano al mundo concreto del trabajo que se caracterizó por tener varios oficios, además de la escritura, fundamentales para sobrevivir. Eran obreros, docentes, correctores, libreros, periodistas, pilotos, vendedores, tipógrafos, pintores. Pienso en Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Daniel Moyano, David Viñas, Humberto Costantini, Antonio Di Benedetto. Fue una de las voces más claras en el debate cultural en tiempos de menemismo. En los últimos años, estuvo más alejado del debate público, pero su marxismo seguía intacto.

—¿Qué ausencia queda en el campo de la cultura con el fallecimiento de Rivera?

—JIO: El vacío es grande, pero Andrés ya estaba cansado. Queda su obra que interpela al poder, que, a su modo, es un relato posible de la Argentina, del mundo del trabajo, sus luchas y desgracias. Ojalá esta biografía impulse a que más lectores se interesen por ella.

—ML: Claramente, lo que se conoce como “la academia” lo dejó de lado. Cuando empieza la democracia, la Facultad de Filosofía y Letras es copada por el alfonsinismo y todos los que venían del Partido Comunista quedaron un poco olvidados. En esa facultad, no se lee a Rivera. Hace falta la mirada que tenía, porque hoy los escritores no hablan sobre la realidad que está pasando.Recuerdo siempre las columnas que Andrés publicaba en Clarín, porque le pedían notas sobre la actualidad y él las escribía con los tapones de punta. Falta esa mirada crítica, sin medias tintas sobre la realidad. Los escritores, los intelectuales, hoy se acomodan bastante a un lado u otro de la grieta y por ahí surfean.

*Por Leandro Albani para La tinta

¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento para un crecimiento económico más inclusivo?

Los dos objetivos deben ser la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos
Por  CARLOS OCHANDO CLARAMUNT (LA PARADOJA DE KALDOR)

Existe ya bastante evidencia teórica y empírica sobre los efectos positivos del gasto social sobre la eficiencia y el crecimiento económico. Citemos algunos.

En primer lugar, las políticas públicas corrigen fallos del mercado e internalizan efectos externos (positivos y negativos) que el intercambio libre del mercado no considera, lo que resulta muy positivo para la toma de decisiones económicas de los agentes privados.Por ejemplo, la intervención pública permite la corrección de las imperfecciones en el mercado de capitales. En presencia de mercados de capitales imperfectos, una mayor desigualdad impide o limita la inversión en capital humano (especialmente, en salud y educación) de quienes no superan un determinado umbral de ingresos, disminuyendo el capital humano agregado y con él la tasa de crecimiento económico y la productividad. La mayor equidad distributiva puede facilitar un mejor acceso al crédito y a la información de los hogares pobres, aumentando las oportunidades para que hagan inversiones productivas (Galor y Zeira, 1993).

Por otro lado, existen externalidades positivas del gasto público en bienes sociales o preferentes sobre la productividad y la movilidad de la fuerza de trabajo y esto es fundamental para incrementar la competitividad en los mercados internacionales e impulsar el desarrollo económico y el cambio tecnológico. Así mismo, la reducción de la pobreza y un mayor nivel de desarrollo humano (en términos de educación, salud y nutrición) eleva la productividad de la fuerza de trabajo y estimula el proceso de innovación en la economía.

No obstante, creemos que los actuales Estados del bienestar pueden contribuir a un crecimiento económico más inclusivo mediante la consecución de dos objetivos claves: la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos.

Estado del bienestar y desigualdad

Numerosos estudios teóricos y empíricos llegan a la conclusión de que la desigualdad en la distribución de la renta está negativamente correlacionada con la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo o, lo que es lo mismo, que una mejora en la distribución de la renta contribuye a favorecer positivamente la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo. Hasta el propio FMI ha llegado a aceptar que la desigualdad económica y el crecimiento insostenible son las caras de una misma moneda y que una reducción de la desigualdad tiene efectos positivos sobre el crecimiento económico (Berg y Ostry, 2011; Ostry, Berg y Tsangarides, 2014).En resumen, el Estado del bienestar no se mostraría tan disfuncional con el crecimiento económico como algunas corrientes de pensamiento económico liberal pretenden plantear. Y ¿por qué?

El argumento fundamental es que el Estado del bienestar puede generar efectos positivos sobre los incentivos económicos y el crecimiento económico (Bandrés, 2014). Explicaremos algunos argumentos que refuerzan esta tesis:

– Una mayor desigualdad aumenta la probabilidad de inestabilidad política y conflicto social, ampliando la incertidumbre sobre la garantía de los derechos de propiedad y la calidad de las instituciones, con los consiguientes efectos negativos sobre la inversión y el crecimiento económico. Por tanto, una mayor equidad permite una mayor estabilidad política y social del sistema democrático, condición previa para el crecimiento económico.

– Una mayor desigualdad genera una mayor demanda de políticas redistributivas que reducen la inversión y la tasa de crecimiento (“tesis de la redistribución endógena”). Una extrema desigualdad puede sesgar la política tributaria, o bien hacia planteamientos más populistas con lo que introduciría distorsiones y desincentivos que mermen el crecimiento económico (Alesina y Rodrik, 1994; Persson y Tabellini, 1994) o bien hacia los intereses de los grupos de mayor nivel de renta, lo cual también puede provocar un menor crecimiento económico.

– La reducción de la desigualdad aumenta la confianza y/o el capital social, aspectos nucleares del desarrollo y crecimiento económico. Autores como Sanz y Corrochano (2010) proponen la necesidad de incentivar la formación en capital social para potenciar los efectos económicos y sociales del Estado del bienestar. Apuntan que “el Estado de Bienestar tiene efectos dinamizadores positivos sobre el crecimiento económico cuando existe una fuerte presencia de capital social que, teóricamente, reduce el abuso de las prestaciones y permite sinergias que facilitan la reincorporación de los ciudadanos a la actividad social y económica productiva” (Sanz y Corrochano, 2010: 102).

¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento eficaz contra la desigualdad? Los Gráficos 1 y 2 parecen validar esta tesis. Los países con mayor gasto social obtienen mejores resultados en términos de reducción de la desigualdad y de tasa de pobreza.

Gráfico 1

 

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

Gráfico2

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

Estado del bienestar y empleo

A diferencia de autores liberales, pensamos que el Estado del bienestar no es la causa de las crisis económicas, sino que favorece -y no dificulta- las salidas sostenibles y sólidas a las mismas.

No es cierto que aquellos países que han desarrollado más extensamente el Estado del bienestar muestren peores resultados en términos económicos. Todo lo contrario. Los países con fuertes Estados del bienestar obtienen mejores resultados en términos de desempleo, crecimiento económico, inflación, productividad y competitividad. Lo cual no quiere decir que no tengan necesidad de reformar de forma periódica, dinámica e innovadora sus políticas sociales.

El Estado del bienestar puede ser un instrumento eficaz en la lucha contra el desempleo. Varios argumentos nos ayudan a comprender esta afirmación. El gasto social ayuda a mantener alto y estable el consumo y la demanda agregada interna, en la medida en que las prestaciones van dirigidas a grupos con alta propensión al gasto, lo que hace innegable el carácter anticíclico de las prestaciones sociales y sus consecuencias estabilizadoras sobre el ciclo económico. Por tanto, la expansión del gasto público y, en concreto, del gasto público social tiene un impacto positivo (directo e indirecto) en la creación de empleo (público y privado).

Por otro lado, el Estado del bienestar impulsa sectores y actividades económicas potencialmente creadoras de empleo (público y privado). Los servicios sociales y de atención personalizada (personas mayores, dependientes, menores, etc.) son sectores con un crecimiento potencial del empleo muy importante en los próximos años, sobre todo, en países como España, donde estos servicios sociales están claramente infradesarrollados. La potenciación de estos servicios sociales públicos, pilares centrales del Estado del bienestar, tendría un efecto claramente dinamizador sobre la economía y tendría dos efectos importantes sobre el empleo: a) directo, ya que representan un porcentaje importante del empleo creado en el sector de servicios y b) indirecto, ya que permiten aumentar la participación activa de las mujeres en el mercado de trabajo.

En cierta medida, el buen comportamiento del empleo que tienen otros países desarrollados de nuestro entorno se debe a una mayor extensión y cobertura de sus regímenes públicos de bienestar social, como se puede comprobar en el Gráfico 3.

Gráfico 3

 

Fuente: https://ctxt.es/es/20190529/Politica/26415/Carlos-Ochando-Claramunt-economia-Estado-social-bienestar.htm