por Marcus Fabiano
El mayor problema de estas filtraciones, posiblemente editadas, es nuevamente un abuso sobre la buena fe de los legos. Se está orquestando otro escándalo a partir de un hecho ordinario del cotidiano jurisdiccional: el juicio criminal, hecho por el Estado, y la acusación, hecha también por el Estado, se comunican REPUBLICANAMENTE en la lucha contra el crimen más grave que, además de los bienes individuales, lesiona las estructuras cooperativas del bien común. De igual modo, el juicio, hecho por el Estado, también se comunica con la Defensa de los acusados, eso cuando el defensor no es algún mongoloide que sólo se presta al teatro político (para mayores matices, llamen a los «especialistas en diseño institucional») . Por otro lado, hace poco, vimos al tal Presidente del STF, antes incluso de cualquier acción judicial, recibir con reverencias al abogado de la Vale do Rio Doce tras el desastre de Brumadinho, aunque el mismo se negó a recibir a los familiares de las víctimas. También ese mismo Presidente del STF participó de un «pacto político» con Bolsonaro y Rodrigo Maia, extrapolando otra vez su sacrosanta «misión institucional» de modo hasta más descarado. Pues sí. ¿Algo sucedió? Absolutamente nada, pues vivimos bajo el signo de la pesadilla de Montesquieu.
Acabo de leer todas las supuestas filtraciones, que considero, ante todo, el más genuino periodismo amarillista (yellow journalism), algo que incluso demanda una enérgica respuesta penal. Desgraciadamente, las enormes dimensiones y el carácter sistémico del esquema de corrupción enfrentado por la Lava Jato, reconocido como gigantesco incluso en foros como la ONU, exige un mínimo de coordinación entre actores cuya tarea implica la protección del bien común. Esto incluso a nivel internacional (véase la materia de las colaboraciones abajo, por las cuales Judiciales y Ministerios Públicos de muchos países ciertamente intercambiaron cientos de mensajes). Además, observe que, en MOMENTO NINGUNO de estos posibles montajes, el Poder Judicial o el Ministerio Público surgen recibiendo DINERO o FAVORES POLÍTICOS, FORJANDO PRUEBAS o aún planeando la VICTORIA ELECTORAL DE ALGÚN CANDIDATO ESPECÍFICO. Tampoco veo aquí malévolos «direccionamientos» de la actuación ministerial.
Es es el fundamento de la defensa prioritaria de las Instituciones, del Poder Judicial y del Ministerio Público, que fueron víctimas de crímenes gravísimos. Los crímenes, estos, posiblemente perpetrados o por servicios de espionaje extranjeros, o por mercenarios privados de alta calificación egresados de ese mismo ámbito (recuerde que el sistema blindado de Odebrecht era originario de la inteligencia de Israel). Pero la masa manipulable que acude al sensacionalismo, desgraciadamente, no alcanza ese arco de cuestiones. El promedio del brasileño instruido, rehén de un imaginario de espionaje típico del agente 007, ni siquiera logra identificar aquel «profesorcito extranjero camarada» y aquel «traductor apasionado por Brasil» como tentáculos de Agencias de Inteligencia que mantienen sus laboratorios de interacción social, observación y la influencia a través de un campo académico intelectualmente devastado (el llamado «soft power»).
Lo más increíble, en medio de todo esto, es notar que, a la izquierda, pocas voces (o ninguna?) se levantan por la radicalización de Lava Jato dentro de la ley y de las garantías procesales, una Operación histórica que acusó, desde Alberto Youseff, entre otros, a Eduardo Cunha, Sérgio Cabral, Eike Baptista, Aécio Neves, André Esteves, Romero Jucá, Renan Calheiros, Michel Temer, Antônio Palocci, José Dirceu, Geddel Vieira Lima, Guido Mantega, Delcídio do Amaral, Paulo Roberto Costa, Nestor Cerveró, Joesley Batista, Marcelo Odebrecht y, por supuesto, Lula. Y parece incluso haber, entre algunos, una especie de júbilo morboso en la defensa velada de esos y otros parásitos como «pobres víctimas» de un malévolo esquema persecutorio.
Ahora bien, es deber funcional -y no opción- del Ministerio Público ofrecer acciones penales contra tales criminales. Y esas supuestas filtraciones (repito: probablemente editados) en nada modifican las condenas o la actuación de protagonistas que no ocuparon sus puestos por criterios políticos y / o ideológicos, sino que fueron investidos por el efecto aleatorio de un concurso público.
Luego, si el Poder Judicial y el Ministerio Público conversaron entre sí al combatir a una mafia que desvió cifras del orden de trillones de reales (incluso para reelegirse perpetuamente), ellos cumplieron sus deberes. Sin embargo, si en algún momento, además del cinismo sensacionalista, el Poder Judicial y el Ministerio Público sobrepasaron los límites éticos y legales del Código de Proceso Penal, eso debe ser demostrado por pruebas lícitas (pruebas de la misma naturaleza que condenaron a los arriba enumerados) . Y si existen nulidades eventuales, que estén bien demostradas y oportunamente consideradas en el debido proceso legal.
Personalmente, no me dejo convencer por rumores provenientes de supuestas «fuentes anónimas» movidas con propósitos explícitamente partidarios de la defensa de una organización delictiva de alcance multinacional. Nada de eso, sin embargo, significa una defensa intransigente de las personas del juez Sérgio Moro o del Procurador Deltan Dallagnol. En primer lugar, se trata de un llamamiento a la razón para que se protejan ante todo nuestras instituciones y sus prerrogativas, considerando el peligroso contexto de actuaciones nebulosas que tal vez hasta hayan provocado la extraña muerte del Ministro Teori Zavascki .
Sin embargo, recuerde la verdad: ya hubo campañas difamatorias jurando de pies juntos que Sérgio Moro era del PSDB. ¿Qué pasó? Se unió al equipo de Bolsonaro. También se movilizaron revelaciones masivas asegurando que Moro era un infiltrado, un agente de la CIA. Y ahora el presunto agente secreto tiene su teléfono pinchado. Ahora bien, veamos y (con)vengamos: en medio de ese estallido, no vimos al Judiciario (sea como juez, sea como TRF4), ni el Ministerio Público conspirando para abrir cuentas en el extranjero a fin de recibir fortunas de empresas o de grupos partidistas.
¿Y cómo queda Lula en medio de todo esto? Para mí, Lula es sólo otro criminal común que ejercía un papel especializado en el mega esquema desarticulado, alguien a quien aún rinde una parte de cierta izquierda que se hundió, tal vez irremediablemente, en el cleptopopulismo y en la mediocridad salvacionista. En el Perú, un ex presidente se suicidó y otro está preso por los desdoblamientos de Lava Jato. Lo cierto es que fuerzas muy superiores al alcance de las campañas de propaganda están en juego en todo este proceso: energías que pretenden hacer creer que la lesión drástica y de alta escala al interés público es un asuntillo de puro «moralismo», una suerte de «comisión » irrelevante a ser pagada con la sangre y el sudor del pueblo.
En el mundo del derecho, todos sabemos que ricos abogados que circulan en sus Porsches y sus Ferraris, comprados con honorarios oriundos se sabe de donde, denuncian en público la Operación Lava Chorro mientras en los bastidores se digladían por sus riquísimos clientes. ¡Instrumentalizando en defensa de la corrupción tanto el garantismo liberal como la teoría de la selectividad (de inspiración marxista!) Tales «juristas» por cierto jamás morirán de cáncer en una fila del SUS. Y lo más lamentable es notar que el principal aliado de esas fuerzas comisionadas es una elite espiritual desertora y simplista, cuya pereza crítica la hace actuar como claque de resonancia para campañas de propaganda cada vez mayores que las de João Santana & Mônica Moura.
En medio de ese caos absurdo, nadie le da la debida atención a un tema indispensable a la soberanía nacional, respecto del cual el general Heleno ya había alertado al país en la gran prensa: el derretimiento completo de nuestros sistemas de Inteligencia. La cuestión para mí no es Moro o Dallagnol. En mi opinión, el Poder Judicial y el Ministerio Público de Brasil son chantajeados por fuerzas que tal vez estén involucradas incluso en los asesinatos de autoridades. Eso es gravísimo. ¿Y qué tratamiento, cierto periodismo, declaradamente partidario, da al episodio? El mismo de los «desnudos» divulgados por Neymar.
Traducción del portugués al español: Santiago De Arcos-Halyburton

