La Cuarentena de Maduro: NOTAS SOBRE BIOPOLÍTICA CHAVISTA.

 

por Jeudiel Martínez

 

El coronavirus coincide en Venezuela con la quiebra de las finanzas públicas. La cuarentena potencialmente puede convertirse en una tragedia, es decir, la cuarentena dura (aplicada por el grupo de exterminio de Maduro, el FAES, en algunas ciudades) es una medida necesaria desde el punto de vista sanitario pero una locura desde el punto de vista económico.

El sistema de salud declina desde los años 80 y, en los gobiernos de Chávez, exactamente la misma estructura en crisis fue beneficiada por los mayores ingresos petroleros pero en definitiva permaneció igual, la diferencia del período chavista es que el caudillo usó a los médicos cubanos para solventar las fallas de la salud venezolana sin realmente crear un nuevo sistema de salud y una nueva seguridad social. En el periodo de Maduro la declinación dio paso a la descomposición y Venezuela se volvió un país con desnutrición infantil, lepra, sarampión, fiebre puerperal y cantidad de epidemias locales que todos los días matan gente. Lo más grave no fue que no se pudiera atender enfermedades complicadas como el cáncer sino que el país empezara a retroceder al siglo XIX debido a la falta de antibióticos e insumos muy básicos.   Luego de ser presionado hasta el extremo – y solo estando al borde del derrocamiento- Maduro aceptó ayuda de la Cruz Roja, la ONU y sus aliados para recibir insumos médicos como antibióticos, vendas, gasas, etc.

Y como allá no hay agua corriente, alcohol y nada por el estilo, como incluso  el jabón es escaso y costoso, la forma más racional es aislar al país del mundo e internamente. Pero eso en sí implica un enorme problema político y logístico (es decir biopolítico) para el que parece ser el gobierno con peor comprensión de la logística en todo el planeta, y uno de los pocos que tiene aversión a la circulación de las personas.

De hecho lo que distingue a Venezuela es que más que gobernar la vida se administra la descomposición. Ni siquiera se trata del equivalente de un “tratamiento paliativo” de las crisis sino una gestión o modulación del colapso: se quita la electricidad en el interior del país para que haya en Caracas, no se admite la emergencia hospitalaria para no reconocer la gravedad de la crisis, se crean grupos de exterminio para contener la violencia…se le puede llamar necropolítica a todo esto si se entiende que el simple “dejar morir” no es reemplazado por una política de exterminio sistemática sino que simplemente se convierte en una conducta deliberada de abandonar a la muerte y la descomposición a los seres vivos. Los animales enfermos y raquíticos de los zoológicos venezolanos y los prisioneros políticos y comunes, frecuentemente expuestos a la podredumbre, son la imagen de este laissez faire ante la descomposición.

Por eso sorprende la respuesta del gobierno de Maduro aunque ellos mismos reconocen que es tardía: en vuelos de Iberia habrían entrado varios infectados entre el 5 y el 8 de Marzo, infectados que circularon libremente y tuvieron contacto con concentraciones de personas y hasta abrazaron a políticos chavistas. Luego habrá que volver porque el chavismo se distanció de la negación de la epidemia que une a las izquierdas y las derechas a Giorgio Agamben y Jair Bolsonaro…

Hasta ahora las cuarentenas generales -sociales como les dice Maduro- han sido en zonas extremadamente prósperas como Lombardía y, en general, en países desarrollados con restos del estado de bienestar o sistemas de salud universales (excluyendo a EEUU, claro, la usual vergüenza tercermundista del primer mundo).  En una economía así una familia tiene ahorros o reservas o ingresos pendientes en una moneda fuerte y puede comprar comida barata para varias semanas y encerrarse a esperar viendo Netflix…

Aun así, ya en varios países han tenido que empezar a pensar en medidas: Francia dejó de cobrar servicios públicos y muchos países están viendo cómo transferir recursos sea a las empresas, sea a las personas, en EEUU ( super-desarrollado para unas cosas y subdesarrollado para otras) Ocasio Cortez está proponiendo un ingreso mínimo universal. Muy abajo en la escala económica, el gobernador de Río, donde no se ha decretado cuarentena, ya está previendo transferencias monetarias a pequeñas y medianas empresas y advirtiendo que habrá que pagarle seguro de desempleo a miles de personas. Hasta Guedes,  el infame ministro de la economía, tuvo que tomar unas previsiones que no se sabemos si servirán para algo pero demuestran que la situación obligaba a, al menos, hacer parecer que están haciendo algo en un país donde, para conservar su militancia más dura, el presidente tiene que decir lo contrario de lo que dicen las demás instituciones e incluso sus ministros.

Ahora veamos la economía de Venezuela:

-El petróleo está por debajo del precio de producción.

-Hay sanciones que limitan las ventas de petróleo.

-El único ingreso serio es el contrabando de oro.

-Casi todo es importado.

-El ciclo de producción de la moneda está quebrado porque los bancos no pueden dar créditos: el banco central retiene casi el 100% de los capitales de los bancos, es decir, el encaje bancario (depósito compulsorio) es igual a la totalidad del capital de los bancos. Esa irracionalidad sin precedentes fue la medida del chavismo para poder combatir la inflación sin tener que bajar el gasto público.

La “burbuja” de prosperidad del año pasado se debió a que las sanciones se relajaron y Venezuela vendió más petróleo a un precio decente, Chevron y Rosneft estaban produciendo más y  Maduro, finalmente, dejó que los dólares circulasen tranquilos en la economía. Con miles de venezolanos saliendo todos los días del país las remesas se incrementaron también diariamente, gestionadas por un ecosistema de casas de cambio y corredores informales que, dicho sea de paso, son más eficientes y baratas que cualquier otro servicio de envío de dinero en el mundo.

En ese contexto, y como la mayoría de los venezolanos son cuentapropistas, vendedores informales o trabajadores del sector terciario, la gente logró cobrar en dólares por su trabajo y algunas empresas dolarizaron los salarios pagando dólares en efectivo o al cambio del día de cobro. Sin embargo la mayoría de esos trabajadores autónomos no puede hacer nada desde su casa y el teletrabajo es difícil porque el internet no funciona muy bien y la electricidad es más que precaria. Exceptuando a los jóvenes que se las arreglan para trabajar en internet la mayoría de esa gente necesita circular  para tener dinero con lo que el empleado de una zapatería, el albañil, el técnico que arregla refrigeradores o celulares  o un vendedor de comida en la calle, básicamente, han sido condenados a pasar hambre.

El gobierno de Maduro no tiene expertos de ningún tipo en ningún área:  ellos le dan cualquier responsabilidad a la gente que consideran de confianza, además hay precedentes amplios y terribles de que ellos nunca prevén las consecuencias de sus actos y que solo los corrigen cuando ya el desastre ha ocurrido, el chavismo puede durar semanas o meses negando algo evidente mientras gente sufre: la catástrofe que ocurrió cuando Maduro decidió retirar los billetes de 100 bolívares, los de mayor denominación, en menos de 15 días terminó no solo con ancianos padeciendo bajos colas kilométricas sino en saqueos y escenarios dignos de The Walking Dead. Solo en 2018 Maduro pareció ser un poco más reflexivo y racional en sus acciones pero  en realidad tenemos una gran propensión al error con una curva de aprendizaje muy lenta en autoridades que saben que no van a responder ante nadie.

 

REVISEMOS LA SITUACIÓN:

El gobierno de Maduro sabe tan poco de epidemias como de economía. Las medidas son improvisadas o con segundas intenciones que nunca tienen que ver con los problemas. En este caso el deseo de militarizar todo. Uno no tiene ni idea de que les pueden sugerir los asesores cubanos y rusos que son la única gente a la que escuchan.

No hay un solo médico involucrado en la emergencia excepto por algunos asesores cubanos.

Estúpidamente, otros gobiernos no quieren colaborar con Maduro lo que podría ayudar a que fueran más razonables en algunas cosas. Además, los chavistas le tienen una aversión patológica no sólo a los periodistas sino a las ONG a las que consideran agentes extranjeros. Un periodista de un medio regional o un funcionario de Cáritas es para el chavismo un enemigo.

Como la economía Venezolana se basa, sobre todo, en la extracción de minerales en enclaves el gobierno es muy indiferente a la circulación y movilidad de las personas. Más que agentes económicos que producen dinero o pagan impuestos el gobierno ve a los ciudadanos como funcionarios públicos o clientela política. Desde los tiempos de Chávez la idea ha sido que ricos y pobres dependan del gobierno de alguna manera.  De ahí que el gobierno haya tratado de ser el distribuidor de alimentos y que vea toda producción y circulación que no controla como un mal necesario.

Maduro, en años anteriores, ha tratado de paralizar el país o ralentizar la circulación de gente: en 2016, en medio de una de las tantas crisis eléctricas, trató de que la gente se quedara en casa por semanas: intuía que la tormenta que azotó en 2017 se avecinaba.  Maduro no tiene problemas con las calles vacías porque calles llenas son ocasión para protestas…

Esto ocurre porque para ellos el valor no se produce sino que se extrae ya realizado  del subsuelo (la ideología mercantilista de la commodity-moneda de Chávez -y de todo desarrollista- que Maduro llevó a sus últimas consecuencias con el petro). De ahí que la circulación y producción interna de valor sea completamente secundaria para el chavismo respecto a la captura de divisas en el exterior que alimenta no solo al estado sino a las diferentes facciones del cartel que capturó al estado.

Para el chavismo la moneda-commodity, que ya es riqueza, se cambia por divisas afuera y las divisas se reparten adentro. Se puede decir que, para ellos, la economía es más algo que ocurre afuera del país más que dentro de él. Solo en el último año y medio Maduro empezó a abandonar esa doctrina.

No es exagerado decir que lo único que para el chavismo se produce dentro de Venezuela debe ser chavismo y solo chavismo, es decir, la relación de la población con los propietarios privados del estado. Crear valor es crear chavismo y la riqueza solo es un insumo para el crear chavismo: que las personas le compren su comida al gobierno, que les atienda un médico en un consultorio que parece una oficina del PSUV, que la persona sienta que depende del gobierno, que le apoye, que se sienta endeudada, que ame a Hugo Chávez o defienda a Maduro, que sienta lealtad a la dirigencia, que  crea que no tiene derechos de ningún tipo si el chavismo no está en el poder, etc. La creación del chavismo es entonces una forma clientelista de la “producción inmaterial”

El chavismo siempre niega las crisis  y sí reconoció esta es, o por oportunismo, o porque realmente están asustados y el nivel de contagio es enorme. Seguramente miedo y oportunismo se combinan aquí, el hecho de que no pueden ser culpados por la pandemia es, con toda certeza, un factor importante en que no se sientan obligados a negarlo y, sin duda, la idea de usar la epidemia como leverage para pedir una relajación de las sanciones es buena parte de su disposición a aceptar que la enfermedad existe.  Pero es casi seguro que no han pensado o no se preocupan por la dimensión económica de la cuarentena.

No tienen dinero, la “burbuja” de pseudo-prosperidad acabó. Los dólares en Venezuela circulan sólo físicamente y la producción de la moneda fiat, de la moneda como tal, está quebrada gracias a la locura del encaje monetario. Dentro del país o se paga con dólares en las tiendas o se cambian los dólares por bolívares pero los dólares tienen que ser entregados en la mano del comprador. La cuarentena sabotea este circuito. La dependencia de las remesas será más grande aún.

Al darle mano libre a los militares y policías (ahora hablan de unidad cívico-militar-policial) se cometerán miles de abusos y arbitrariedades. La experiencia nos dice que mientras más discreción tienen los militares y policías en intervenir en los flujos de personas y mercancías más difícil  se hace ese flujo y más aumentan las extorsiones: para policías y guardias nacionales de bajo rango, que no controlan grandes esquemas, el ciudadano común es la principal fuente de ingresos.

Cualquier insumo médico que entre al país, en mayor o menor medida, terminará en manos de las mafias cívico-militares. No importa lo que diga el gobierno en Venezuela los stockpilers, los acaparadores,  son chavistas o gente ligada al chavismo. No olvidemos que todas las mafias que Maduro dijo combatir en 2018 (de dinero en efectivo, alimentos, metales preciosos, petróleo) eran TODAS de funcionarios públicos y de chavistas.

Lo que se había avanzado en liberar el flujo de bienes de extorsiones y burocracia puede retroceder en estos próximos meses.

En fin, para la Venezuela de hoy parece que se abren dos opciones al gobierno en la medida en que la cuarentena acelera la crisis económica terminal ya acelerada por las sanciones, ambas son igual de probables:

Dejan circular a la gente y la cuarentena pierde efecto.

Siguen limitándola y condenan a la gente a pasar hambre en su casa.

Seguramente en las próximas semanas veremos al gobierno moverse de una a otra como una pelota de ping-pong. Solo se puede esperar que la curva de aprendizaje sea, en este caso, un poco más rápida y que, fuera de Venezuela, otros gobiernos e instituciones entiendan la necedad de la actitud de Duque y busquen cooperar con el gobierno venezolano y, sobre todo, renuncien a la fantasía colectiva de que Guaidó importa. A pesar del oportunismo y brutalidad del gobierno hay una vulnerabilidad profunda que podría ser usada para sacar algunas concesiones que pueden salvar vidas.

La situación, por demás, es impredecible. Venezuela siempre está a una crisis más de una situación catastrófica y en el gobierno sabe que, un día, uno de estos desastres puede arrastrarlos.

En todo caso es predecible que, con el tiempo, la desesperación por la situación económica sobrepase el miedo al contagio y la cuestión se reduzca a si el gobierno se va a decidir a mantener la cuarentena por la fuerza o si pensará en alguna forma de garantizar un ingreso a las personas que quedan recluidas en su casa…pero como si la economía se desmorona??.

Los que crean dioses, santos y fabulaciones parecidas…que recen…daño no va a hacer.

 

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