por Silvio Pedrosa
Hace algunos años que critico y alerto sobre el neostalinismo en ascenso dentro de la izquierda brasileña. Como el bolsonarismo, comenzó como meme o chiste (Aún recuerdo cuando dijeron que la frase “Stalin mataba poco” era solo una broma – eran los mismos que decían que la libertad de expresión debería tener límites cuando el asunto era el humor…) y fue ganando espacio dentro del campo progresista. Con la invasión de Ucrania creo que da para decir que hemos llegado al momento de la metástasis.
El neostalinismo amalgamado a las tendencias punitivistas y persecutorias propias de las redes sociales, se volvió una especie de modo de pensar progresista por excelencia. Ante la invasión sin motivos de un país soberano, se argumenta con geopolítica como si los ucranianos fuesen irrelevantes, meras piezas en el tablero de WAR.
Ante el drama de los refugiados de una guerra iniciada por Rusia, ninguna palabra de reprobación al estado agresor, pero mil y una formas de desviar el foco del imperialismo putinista. Las catástrofes humanitarias no se llaman catástrofes por nada y en todas ellas están presentes fenómenos como el racismo, el machismo y las desigualdades de ingresos y de poder: optar por hablar solo de esto mientras los ucranianos huyen de los bombardeos es solo uno más de las canalladas que infestan las redes disfrazadas de argumento.
Ante la resistencia popular ucraniana, reprobación pues se trataría de prolongar el conflicto “irresponsablemente”. Sería ciertamente el caso de entregar el país a Putin en nombre de los supuestos derechos territoriales rusos que el autócrata ruso desplegó como argumento para declarar a Ucrania un país que no tiene derecho a existir.
Ante el surgimiento de milicias de extrema derecha en ambos lados del conflicto (que se extiende casi una década), se llega a decir y escribir que el único país de Europa gobernado por un judío tiene un gobierno neonazi, aceptando la canallada putinista de la “denazificación”. Es un argumento tan increíble como el de los bolsonaristas que ven comunismo en el gobierno de João Dória & Cía. en el Brasil.
Nada de esto es incoherencia, sino que representa una tradición autoritaria sobre la cual la izquierda nada dice, guarda sepulcral silencio -con tanta o más facilidad cuando ella está en un país donde históricamente, siempre, fue oposición y solo en las últimas décadas llego al poder. La izquierda posee otras tradiciones y es preciso recuperarlas contra el ascenso de este neostalinismo que espejea al bolsonarismo en el espectro ideológico nacional
Y para recuperar, en la izquierda, esas tradiciones democráticas, es necesario una crítica sistemática y cotidiana de ese autoritarismo violento que, con el pretexto del realismo, moviliza principios abstractos e idealista todo el tiempo, performando una identidad tamizada de símbolos nostálgicos, reveladores, al mismo tiempo, de una impotencia y del deseo de superarla mediante las peores alternativas de pensamiento y acción.
Merleau- Ponty (un autor que rompió con la tradición autoritaria de la izquierda para volverse un férreo defensor de la tradición democrática, a mediados de los 50’s en el siglo XX), planteaba, que es necesario combatir “la astucia de aquellos que dirigen sus ojos, y los nuestros, a los cielos de los principios, para desviarlos de lo que hacen” (1). Sin una izquierda democrática y libertaria, capaz de hacer frente a los autoritarismos bolsonarista y neostalinista (no en vano aliados en esta hora grave de la invasión a Ucrania), vamos a sucumbir todos al arbitrio de los justicieros, sean ellos los ciudadanos de bien o los revolucionarios de libros de texto de secundaria.
Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton
Silvio Pedrosa, es miembro de Universidade Nômade, Brasil; , Director Adjunto en Secretaria Municipal de Educación de Rio de Janeiro
Nota:
1.- Maurice Merleau-Ponty, Sinais, Lisboa, Minotauro, 1962 [1960], p. 340.

