Por Yoann Duval
[El lobo en el aprisco. Derecho, liberalismo y vida común]
Los «cuerpos constituidos» [denominación en Francia de los organismos constitucionales] no son los únicos que se han estremecido a causa de los chalecos amarillos. En los círculos serenos de las justas intelectuales, la consternación se debate con el júbilo tras cinco semanas de movilización, y este juego de pendencias le encanta, tal parece, al filósofo Jean-Claude Michéa. El ensayista recluido hoy en su granja de las Landas se ha convertido – a imagen de la filósofa belga Chantal Mouffe para «Nuit debout» – en el pensador de un movimiento tan heteróclito como contradictorio. Nacido en 1950, catedrático de Filosofía, gran lector de George Orwell, Jean-Claude Michéa fustiga de libro en libro a la «intelligentsia» progresista que, desde hace una treintena de años se ha alejado del pueblo. De Impasse Adam Smith a Complexe d’Orphée, su obra exalta la «decencia común» de las clases populares. .
Su última obra, escrita antes de la insurrección de los «chalecos amarillos», recoge los discursos dispersos – dirán algunos que desde las franjas más reaccionarias de la derecha hasta sus amigos de antaño de la izquierda revolucionaria – y analiza las derivas de un sistema que no pisa tierra, alejado de «los que no son nada». Como admirador de George Orwell, Michéa se hace eco de reividicaciones concretas a golpe de referencias eruditas que tienen todas por objeto señalar la lenta y, según él, según él, inexorable deriva de la izquierda hacia el liberalismo e incluso hacia el macronismo.
De libro en libro, Michéa denuncia invariablemente la traición de la izquierda a sí misma. Esta traición se habría llevado a cabo, en su opinión, a partir del momento en que los «progresistas», apartándose del «pueblo», se preocuparon exclusivamente de las «minorías», identificándose con los «derechos humanos».
La adhesión de la izquierda a la vertiente política del liberalismo equivale por otro lado para Michéa a una rendición ante el liberalismo económico. Las reivindicaciones que el pensador de inamovible gorrito de lana plantea en este nuevo libro son sencillas: alimentarse, tener un techo, circular, ejercer una profesión … con toda «libertad». Todo se sucede hoy como si la «República de las pasiones tristes» no permitiera ya el ejercicio pleno de los derechos elementales.
Jean-Claude Michéa establece una doble conclusión con apariencia de profecía. Por un lado, apela al despertar de un movimiento que se diga «autónomo»: este despertar debería llevarse a cabo en oposición a los partidos progresistas que habrían olvidado la lucha social en beneficio del combate en favor de las minorías, para que se actúe por fin respondiendo a los apremios de las clases populares. Por otro lado, ofrece una llamada de atención a las élites globalizadas con el fin de que no descuiden más la angustia que carcome a esos ciudadanos olvidados. En otros términos, Michéa, como libertario decepcionado, acaricia la esperanza de que el «aprisco humano» se defienda finalmente de las garras del lobo, que para él es el capitalismo sin control.
¿Son precisamente los «chalecos amarillos» los salvadores del «aprisco humano»? Han sorprendido a todos los comentaristas, pues han surgido de la «base». Su indignación y su «inventiva», comme la califica Michéa a propósito del movimiento en una carta abierta a la página digital de Les Amis de Bartlebyy Les Crises, han encontrado un relevo en los canales no institucionalizados, las redes sociales. Sin duda se trata, en Francia, de la primera insurrección Facebook.
Sin embargo, atempera enseguida el autor, «los lazos débiles sobre los que se apoyan estas redes hacen difícil, por no decir imposible, la institutionalización de nuevos valores o de formas políticamente duraderas». Hay que tener en cuenta asimismo la ambigúedad constitutiva del uso político de Internet que «pertenece con mayor frecuencia a las nuevas clases medias de las metrópolis». Entonces, ¿no está ya la izquierda en condiciones de concebir el sufrimiento y traducirlo en reformas concretas?
De este libro de Michéa surgen varias cuestiones esenciales, que van a sobrevivir a la probable desecación del movimiento de los «chalecos amarillos»: ¿Cómo rehacer Francia? ¿Cómo apagar los fuegos de la cólera, que por todas partes parpadean sobre las barricadas y en las rotondas ?¿Cómo volver a insuflar «subjetividad humana», como dice el autor, en un mundo en el que las decisiones las toman máquinas «axiológicamente neutras», dicho de otro modo, neutras desde el punto de vista de los valores?
Nuestra civilización, que el cineasta denomina «cibernética», reinaría sin compartir sobre nuestras economías mercantiles, privando totalmente de espacio político a un auténtico proyecto de alternativa por la izquierda. Bien conocido por su sensibilidad anarquista, Michéa propone aquí, pues, una lectura solidaria de un movimiento ambiguo. Su libre se asemeja, en resumidas cuentas, a la pira de un hombre de izquierda contra la izquierda, lo que vuelve el conjunto del empeño algo tan equívoco como las fuerzas que exalta.
Fuente: L´Express
Traducción: Lucas Antón / sinpermiso.info

