Elogio del tumulto

Amador Fernández-Savater
Por Interferencias
15M, conflicto independentista… Nuestra democracia tiene fobia al conflicto y sin embargo el conflicto es fuente de toda vitalidad y justicia social.

«De los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes» (Maquiavelo)

¿Cuál es la principal aportación de Maquiavelo al pensamiento político? Según el filósofo francés Claude Lefort, es la idea de división social. No hay armonía en ningún sitio, toda sociedad se encuentra dividida entre los Grandes que quieren dominar y el pueblo que rechaza ser dominado. Entre ambos hay desunión, tumulto y conflicto. La vitalidad y la justicia de cualquier sociedad se juega siempre en la disposición que da a esa división insuperable.

¿Será el conflicto absorbido, sofocado o tendrá alguna vía abierta para desplegarse? De la respuesta a esta pregunta se deducen según Maquiavelo-Lefort los tipos de organización social: elprincipado, en el cual las instituciones están por encima de la sociedad y se protegen de sus agitaciones; la república, en la cual la ley se deja afectar por el conflicto y se transforma para darle una respuesta; la anarquía, donde el conflicto no tiene ninguna respuesta y corre el riesgo de pudrirse o convertirse en guerra civil.

En la primera opción, la ley es propiedad de los Grandes y su avidez de poder y riqueza no encuentra ningún freno, la sociedad queda sometida. En la segunda, la rapacidad de los Grandes encuentra un límite, el conflicto del pueblo logra modificar las leyes establecidas, su deseo de no ser gobernados se inscribe en derecho (la creación del tribuno de la plebe en Roma, por ejemplo). En la tercera, la situación se detiene, se estanca o se pudre al no encontrar ninguna forma de elaboración.

Pueblo es lo que no quiere ser dominado. La república es la imposición de la cosa pública al partido de los ricos. Sólo el tumulto, el conflicto que viene de abajo, da lugar a la generación de nuevas leyes y a la libertad política; es el mayor factor de cambio histórico.

Nuestra organización social no se parece en nada a una república, sino que encaja perfectamente con la definición del principado. Pretende ignorar que hay división entre dominantes y dominados, entre gobernantes y gobernados, es ciega al hecho de que siempre hay división, que la división es insuperable. Piensa la arquitectura institucional como una «solución» y un «sistema armónico» donde cada cosa tiene su lugar y su función establecida por siempre jamás: la gente vota, los partidos legislan, la Constitución marca las reglas de juego de la vida en común, los gobernantes disponen y los gobernados acatan.

¿Y si desacatan? Ningún conflicto tiene razón de ser: es un disfuncionamiento, una anomalía, una locura irracional, algo que no debería ser y que no pasaría «si el pueblo entendiese» (la complejidad de la situación, las exigencias de Bruselas, la necesidad de expresarse en los cauces de la ley, etc.). Un poco de pedagogía, vía antidisturbios o tribunal supremo, servirán para explicarle bien las cosas.

Tres ejemplosLo llaman democracia pero no lo es. Lo nuestro es más bien un sistema cerrado y al servicio de las exigencias de explotación y poder de los Grandes, una oligarquía con algunos mecanismos internos (pocos) de control recíproco entre los oligarcas, una cultura consensual que tiene verdadera fobia y pavor al conflicto, esto es, al motor de la vitalidad social y de la justicia, un poder elevado sobre la gente común que no se deja afectar o transformar por las reivindicaciones populares.

Algunos ejemplos recientes:

-cuando el rechazo de cómo somos gobernados se expresó en el 15M, el conflicto abierto no afectó para nada a las estructuras de poder ni se tradujo en ninguna ley (ni siquiera la razonabilísima propuesta de ley sobre la vivienda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca apoyada en miles de firmas y consenso social). El 15M fue reprimido por una parte a través de cargas policiales, heridos y detenidos, sistemas de penalización administrativa vía multas, procesos penales, hasta la ley mordaza finalmente que considera delito gestos activistas básicos como testimoniar sobre la brutalidad policial o circular convocatorias.

Por otra parte, el conflicto fue absorbido por vías de cooptación más sutiles: una cierta incorporación por parte de los políticos de algunas palabras, algunos gestos, algunas demandas, pero sin afectación alguna, sin que esa «integración» supusiese cambio real alguno. Puro maquillaje, cosmética, gestos simbólicos disociados de cambios materiales. Ninguna modificación sustancial en el ámbito institucional. Sólo nuevos condimentos para el «relato» político: símbolos, guiños comunicativos, retóricas y algunos detalles menores (transparencia, primarias).

Sofocando (vía represión o cooptación) el conflicto propuesto por el 15M, se perdió una oportunidad de reinventar nuestra democracia (que no lo es). Los problemas señalados por el 15M no se elaboraron creativamente, simplemente se han congelado y ahora se pudren. Hasta el próximo tumulto.

-el 1 de octubre de 2017, dos millones de personas acuden a votar en un referéndum simbólico por la independencia. Es un gesto de desobediencia que llama la atención sobre la extensión de malestar con respecto a un tipo de encaje territorial, a un tipo de democracia de muy baja intensidad. No se trata simplemente de una cuestión nacional, nacionalista o identitaria, es algo evidente para quien tenga oídos y los use para escuchar. Se expresa ahí un rechazo del sistema político español, hay un deseo de otra situación, de otras reglas de juego, de una república, etc. La respuesta es… ninguna. La represión del 1 de octubre primero, la judicialización de la política después.

Según Maquiavelo, si la vida de Roma fue larga y justas muchas de sus leyes se debió a que la sociedad y la institución era permeable al conflicto. En nuestra sociedad la ley -un instrumento para la vida en común- se convierte en un fetiche sagrado, es decir que no se puede profanar, es decir que no se puede tocar. Al revés, en su nombre se pone fin a todo lo que interrumpe el orden.

Sofocando el conflicto abierto el 1 de octubre, se cierra una oportunidad de reinventar el encaje territorial, las reglas de juego de la convivencia, las hechuras mismas del Estado y el significado mismo de España, algo que no sólo se desea en Catalunya. El conflicto que no encuentra ninguna respuesta o forma de elaboración se pudre, amenaza convertirse en conflictohorizontal entre la propia gente de abajo.

-un tercer ejemplo que no me resisto a poner aunque sea de otra índole: el caso de Podemos. Los líderes de Podemos nos han abrasado los oídos desde su aparición con sus lecturas tan sabias sobre Maquiavelo. Pero, ¿qué encontraban en Maquiavelo? Lo más banal: que lo político es una técnica, que el poder lo es todo, la separación entre moral y política, el juego de tronos (ganar o morir). Ni rastro de la idea más fecunda del florentino: dar espacio a lo que disiente, la fecundidad del conflicto. Todo lo contrario, en un proceso alucinante y un tiempo récord, se ha laminado y expulsado a todos los que pensaban distinto ¡y todo ello sin quitarse el 15M de la boca! La misma cultura política de fobia a la división.

Resultado: se pierde la oportunidad de reinventar la forma-partido y lo que queda de Podemos es una cosa homogénea, por tanto rígida, por tanto débil, por tanto en vías de extinción. A falta de un verdadero balance autocrítico, encarnado, con efectos y no sólo retórico, Íñigo Errejón va por el mismo camino.

Sin conflicto, ni vitalidad ni justiciaTanto a izquierda como a derecha, «el gobierno es permanentemente enemigo del cambio». La derecha odia con todas sus fuerzas (casi físicamente) cualquier anomalía: desde los manteros hasta las casas okupadas pasando por toda expresión popular ingobernable. La izquierda por su parte tiende a la hipocresía: su sueño -el sueño más que evidente de Pedro Sánchez por ejemplo- es gobernar como la derecha pero con los votos (y la legitimidad) de la izquierda. Y la Nueva Política, por su parte, fetichiza las nociones de «orden» y «estabilidad» como si se pudiese imponer la cosa pública al partido de los ricos (que es trasversal a todos los partidos) sin ningún conflicto o inestabilidad de por medio.

Unos y otros hablan del Estado del bienestar, pero olvidan que este fue justamente un efecto de la división social y la capacidad de conflicto de la gente de abajo. En medio de condiciones muy duras, las luchas obreras consiguieron la reducción de la jornada de trabajo, el aumento de salario, derechos sociales, etc. Nada de armonía, uno se divide en dos: hay patrones y hay obreros, el tumulto se expresa como lucha de clases y el «reformismo» es justamente la plasticidad de la ley en su regulación. Todo eso -con los infinitos claroscuros de la dialéctica entre lucha e integracion de los que no nos vamos a ocupar aquí- ya no existe. El sistema no reconoce la división social, ahora somos todos «empresarios de nosotros mismos». El neoliberalismo desmantela todas las mediaciones que respondían creativamente al conflicto y ya no hay espacio alguno para el resto popular ingobernable. El capitalismo hoy se ha desbocado por ausencia de conflicto.

Si nuestra democracia es tan raquítica y suscita tan poco entusiasmo se debe precisamente a esto: no se deja afectar por los tumultos de abajo, no quiere saber nada de la energía del demos, es incapaz de ninguna fluidez o plasticidad instituyente a no ser que lo pida el Banco Central, convierte lo que es producto y herramienta (la ley) en el factor determinante y primero. El Estado de Derecho, que nació para poner límites a la arbitrariedad del poder, se convierte hoy en un sistema cerrado y sacralizado, enemigo de toda energía instituyente. No nos hemos librado aún de la teología en política.

Desafectada, a esa democracia se la puede llevar el viento, el viento de cualquier «posfascismo» actual. Pero la responsabilidad cae toda del lado de quienes han sostenido una concepción puramente consensual de la democracia.

¿Hay esperanza? Ninguna, mientras seamos pueblo iluso, creyendo que las cosas cambian solas, por la gracia de políticos buenos o de las astucias de la razón en la historia. Alguna, si somos pueblo negativo y desconfiado, pueblo-plebe. «Es una opinión plebeya y un punto de vista negativo suponerle al gobierno una mala voluntad» (Hegel). Es justo el punto de vista que necesitamos, todo el rato. La plebe es justamente el pueblo cuando se hace valer, el que grita «no nos representan», el que sabe que las leyes justas son siempre fruto del tumulto y las ganas de libertad de abajo.

La democracia no es una sociedad armónica o armonizada (tampoco bajo los modelos utópicos de la autogestión o la democracia digital), sino la sociedad que abre paso al conflicto, una sociedad efervescente y abierta al cambio que subordina lo instituido a lo instituyente, esa sociedad que experimentando la inestabilidad consigue obtener la mayor estabilidad, en la que cualquiera (y no sólo los que monopolizan la cosa pública) puede hablar, actuar y ser tenido en cuenta, la sociedad donde la pregunta por la vida buena y la justicia se mantiene abierta, donde la ley es puesta en juego por el conflicto sin ser exactamente su producto. Democracia es sostener la división social, la posibilidad infinita de la división.

En «Mientras dure la guerra», la última película de Amenábar, el personaje de Franco explica su decisión de alargar la guerra en la necesidad de exterminar al otro. «Si no en dos días estaremos en las mismas, los españoles siempre están a la gresca». Es el espíritu de cruzada que aún pervive: hay que suprimir el mal. Pero no se trata de cambiar el franquismo por el imperio de la ley sacralizada e intocable, sino justamente de aprender a convivir con la gresca y elaborarla. Así y sólo así enterraríamos de una vez por todas los restos del dictador. Hay que romper la representación dominante que ve en la división y el conflicto el principio de la decadencia y el declive. El mal es el acicate del bien, de los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes.

«La república es superior a todos los demás regímenes: se presta al movimiento» (Lefort-Maquiavelo).

Gracias por las conversaciones a Diego, a Hugo, a las amigas del taller de los lunes.

Referencias:

Maquiavelo: lecturas de lo político, Claude Lefort, Trotta.

Claude Lefort, la inquietud de la política, Edgar Straehle, Gedisa.

La democracia contra el Estado, Miguel Abensour, Colihué.

Los 30 pesos más caros de la historia de Chile

por Santiago de Arcos-Halyburton

 

A Luis Thielemann y Alfonso Pizarro que son la nueva ternura de las luchas

La evasión inició casi como un juego, se veía como una travesura escolar. Pero había una profundidad de rabia, frustración, abusos: jubilaciones miserables, salud indigna, precariedad absoluta, endeudamiento ahogante y a eso le sumamos las alzas que nos ahogan más y más.

El metro es el corazón del sistema de transportes de la ciudad, pero también es el corazón de un sistema que solo produce riquezas para el sector privado en contubernio con lo público-estatal, su asalto se transformó en un ataque al corazón del sistema de explotación, donde el 80% de los trabajadores chilenos gana menos de 500 dólares, y un gigantesco porcentaje, de ese 80%,  gana menos de 250 dólares. Esa evasión del pasaje de tren subterráneo se transformó en una multitud que se agencio a los muchos estableciendo un contrapoder en lucha, que no solo busca una rebaja en las tarifas del transporte público, sino que ha significado la destrucción del orden actual de las cosas, la “normalidad” del arte de gobernar liberal se transformó en el kairós que le impide gobernar a la clase política que administra la governance del capital en Chile.

El gobierno no entendió nada al imponer estado de emergencia, porque le significo que la mancha de aceite se derramara desde la ciudad de Santiago a todo el país: marchas, saqueos, incendios por todo el territorio chileno en un solo día. Un toque de queda que nadie respeta porque ya no gobiernan.

En el centro neurálgico de la ciudad se da la principal batalla: no conozco a nadie, son jóvenes, millenials, veinteañeros, casi ninguna capucha, solo cacerolas que se enfrentan a la fuerza policial durante todo el día, y que se encapucha para resistir la represión. Muchas mujeres. La emoción no tarda en acudir como sentimiento, ante la enorme potencia desatada por esta sociedad adormecida (los 30 años de democracia solo han configurado una subjetividad de servidumbre voluntaria), estos días han sido embriagadores, y hoy la bacanal de la potencia al ir encadenándose, al transcurrir el día, ciudad tras ciudad. Esto es el acontecimiento, eso que siempre esperamos, y desesperamos al ver que nunca estalla, y cuando llega nos revienta en la cara y salimos a la calle fundiéndonos en esa afectividad que nace de los cuerpos deseantes que se movilizan. Aquí no hay colectivos, partidos, movimientos, hay una cierta espontaneidad en el acontecimiento, por eso es un estallido salvaje, primitivo, solo hay la oposición a todo lo que nos oprime, la insatisfacción difusa, gigantesca, con la vida que llevamos bajo el capitalismo financiarizado chileno, pero que se ha expresado finalmente para enfrentar al poder-

El gobierno y la prensa insisten en criminalizarnos, en que delinquimos, sin entender que cada saqueo y cada incendio o barricada es un punto de fuga, un éxodo del poder mismo, un momento de fundación de un común que aún no se define, ni se vislumbra, apenas se asoma como un agenciamiento molecular callejero en el sonido de una cacerola. Ahora, recién ahora, todos coinciden en que existen motivos de insatisfacción, pero, tratan de dividirnos en buenos y bien portados manifestantes pacíficos y los vándalos violentos. Según ellos, estamos concertados por la maldad y el deseo de destruir por destruir, se destruye porque cada supermercado, banco, parada de autobús, peaje o portal de cobro automático de peaje es un símbolo de la explotación que sufrimos, son ellos los que nos ahorcan mes a mes económicamente, llevándonos a la desesperación. Según ellos, vivimos un tiempo de paz y prosperidad, de felicidad y desarrollo para todos. Donde esta? Los comunes no saben dónde o con que se come ese desarrollo y la prosperidad. Según ellos somos manipulados para oscuros fines políticos y ellos son la bondad del Estado que nos cuida y beneficia. El verdadero vandalismo es subir el precio de los pasajes del transporte público, de los planes de salud, que nuestras jubilaciones serán miserables mientras las AFP se enriquecen con nuestro dinero previsional, que los milicos y policías roban miles de millones, que los parlamentarios se reajustan sus salarios y nosotros debemos levantarnos más temprano para gozar de la tarifa baja del tren subterráneo (dichos del ministro de transporte), vandalismo es asesinar mapuches y perseguir a un vendedor ambulante mientras los evasores de miles de millones en impuestos son perdonados, su política de orden y modernización es el mayor vandalismo.

Los derrotamos en las calles, pusimos el cuerpo a las tanquetas y fusiles de los militares, resistimos todo el día los balines de plomo y gases de la policía y tuvieron que congelar el alza del pasaje de transporte público, pero ahora no es suficiente, lo queremos todo y lo queremos ahora. Nos han impuesto el toque de queda, pero aún tenemos el día de mañana para seguir luchando en las calles de Santiago de Chile. Hemos impuesto nuestra agenda en la calle, cambiando la correlación de fuerzas.

Los jóvenes han decidido no adaptarse más, los viejos hemos salido con ellos a la calle a combatir este mundo que quieren construir para nosotros, un mundo basado en la violencia de la superexplotación, de la precariedad, de una vida Starbucks. No fracasamos, luchamos, porque no queremos más ese mercado del trabajo que te obliga a ser exitoso, competitivo. Es nuestra subjetividad la que hoy se ha sublevado contra una realidad insoportable construida por el capital: status, seguridad, endeudamiento para aparentar, y por ultimo transformarse en una pyme productiva que financie todo lo demás, incluso sus deudas, esas que lo ahorcan hasta no dejarle vivir. Hoy esos jóvenes, y nosotros los veteranos de otras luchas, se levantaron contra el sistema en su conjunto reinventándose como un sujeto que surge de las luchas, como una potencia plebeya que lo subvierte todo porque quiere vivir de otro modo y dice BASTA! Y transforma su Instagram en un medio de prensa que disemina la revuelta, destruyendo al mismo tiempo esa mistificación que el Estado ha construido sobre el sagrado Metro (nombre que recibe la red de tren subterráneo de Santiago) u otros símbolos históricos y los desconoce como tales destruyéndolos físicamente y a partir de esta destrucción reafirmar su propia subjetividad de sujetos en lucha que ofende al poder, porque es puro afecto que se constituye en contrapoder escupiendo en el rostro del Estado su incapacidad para gobernarlo, dejándole solo el sabor de la derrota, a pesar de que el poder sostenga verbalmente su mando, a pesar de que el monopolio de la violencia le haya sido arrebatado.

Las luchas son globales y se expresan como una peste que contagia todo, esparciéndose como esporas: esta lucha nuestra salto desde Quito, Ecuador, a Santiago de Chile, y no es precisamente el toque de queda o los 10 mil efectivos policiales y militares en las calles lo que detendrá o derrotara la movilización global. Llegamos para instalarnos en las calles, desde la Primavera Árabe, hasta Parque Gezi y el Junho de 2103 brasileño, de ahí a los Gilets Jaunes hasta Quito y Santiago de Chile, hemos cambiado el miedo de lado, hemos aterrorizado al poder, hemos visto como tiembla su barbilla ante nuestra potencia que convulsiona este presente que hasta ayer era oprobioso

Mientras escribo estas palabras los helicópteros militares sobrevuelan la ciudad, pretenden que les temamos, pero no saben que nuestra fuerza colectiva se funda sobre la potencia de lo posible…Somos David sobre hombres de gigantes, los nuestros.

 

 

 

Decio Machado: “Lo más interesante en el reciente proceso de luchas populares en Ecuador son sus nuevos liderazgos”

Decio Machado es un experto en comunicación y analista político de nacionalidad española afincado desde hace más de una década en Ecuador. Vinculado a los movimientos sociales, Machado nos hace una análisis en esta entrevista de las luchas reivindicativas protagonizadas por la sociedad ecuatoriana en estos últimos días.

Entrevista de Gabriel Brito /  Correio da Cidadania / Brasil

En primer lugar, ¿cómo es el paquete económico de Lenín Moreno?

El gobierno de Lenín Moreno lleva casi dos años y medio de gestión. Durante el primer año, período en el que paulatinamente se fue distanciado ideológicamente del correísmo, no tuvo claro cual era su hoja de ruta económica. Sin embargo, durante esta segunda mitad de su mandato todas las medidas económicas han tenido una clara tendencia hacia la liberalización de los mercados, políticas de austeridad económica, achicamiento de un Estado mediante el despido de 23 mil funcionarios públicos y políticas de flexibilización en el mercado laboral.

En el anuncio de estas últimas medidas económicas que terminaron incendiando al país se anunciaron cuestiones tales como la eliminación el subsidio al combustible, la reducción del 20% de la masa salarial de todos los contratos ocasionales en la función pública que vayan a ser renovados, la reducción del período anual de vacaciones de los empleados públicos de 30 a 15 días, así como obligación por parte de los trabajadores de las empresas públicas de aportar obligatoriamente un día de salario mensual al Estado. En paralelo, se decretaban una serie de medidas laborales que implican la flexibilización del mercado de trabajo privado, justificándolo bajo el argumento de la necesidad de implementar un modelo acorde con los nuevos tiempos.

¿Porque Ecuador acudió al FMI para orientar su política económica?

Durante la década de gobierno de Rafael Correa a la sociedad ecuatoriana se le contó que éramos un modelo económico ejemplar para todo el planeta. El régimen llegó a definir la economía como el “jaguar latinoamericano” buscando compararse con los “tigres asiáticos”. Sin embargo, la realidad era otra muy distinta. Entre 2010 y 2019 la deuda por cada ecuatoriano creció 7 veces, pasando de 538,81 dólares a 3.582 dólares; el pago de intereses por ecuatoriano creció 11 veces, de 38,31 dólares a 435,29 dólares; y el gasto en deuda creció 12 veces, evolucionando de 613 millones de dólares a 7.400 millones de dólares. En términos comparativos, el gasto de deuda actual (intereses y amortizaciones por 7.400 millones de dólares) supera casi dos veces el presupuesto de educación (4.970,9 millones de dólares) y el casi tres veces del presupuesto en salud (2.882,9 millones de dólares).

Con un Estado cada vez más endeudado, el gasto de consumo fue decayendo tanto en términos públicos como privados, sintiéndose claramente como los servicios públicos se van deteriorando. Terminada la gran fiesta propiciada por los excedentes petroleros, nunca hubo una redistribución de la riqueza durante el período correista sino la transferencia de los excedentes del Estado para sostener políticas de subsidios e inversión pública en infraestructura, se apagó el motor de la economía nacional. Fruto de todo esto el país lleva seis años estancado económicamente y los ecuatorianos pierden año tras año capacidad adquisitiva.

De esta manera, al aumento del déficit fiscal le siguió el incremento del endeudamiento, a lo que le siguió a su vez problemas de acceso al financiamiento, lo que hizo que comenzaran a bajar la reservas internacionales del país. 

Tras el fin del “boom de los commodities” la economía se estancó, en 2017 Rafael Correa entregó un país donde el gasto público era ampliamente superior a los ingresos permanentes necesarios para sostenerlo. Esto implicaba la necesidad de reformas de carácter estructural. Frente a otras posibles opciones, Moreno terminó optando por una visión neoliberal de como intentar reactivar la economía.

Durante la gestión de Rafael Correa el Estado ecuatoriano recurrió a créditos chinos para sostener sin soluciones a medio plazo esta situación. Desde la llegada de Lenín Moreno al poder, el país cambió su posición en el tablero geopolítico internacional. Con una política exterior entregada a los Estados Unidos, Ecuador pasó de los usureros créditos chinos con altas tasas de interés al financiamiento fondomonetarista y sus planes de ajuste estructural.

¿Porque Lenín Moreno cambió tan radicalmente la política económica correista? ¿Cuáles son los fundamentos de tamaño giro?

El sector empresarial ecuatoriano tiene una tasa de inversión en la economía nacional sustancialmente inferior al promedio latinoamericano, el cual ya de por sí es muy bajo. En paralelo, la economía ecuatoriana está muy concentrada, la mayoría de sus sectores económicos son oligopólicos y por lo tanto muy poco democráticos. El país goza de un empresariado al que podríamos definir como escasamente patriótico. Fue así durante la década correista y sigue siendo así durante la gestión de Moreno.

Nada ha cambiado durante los últimos 40 años, incluso en la gestión de Correa el país nunca transformó la matriz de acumulación capitalista heredada del período neoliberal anterior. Pese a sus críticas al FMI y a los tratados de libre comercio, durante el último período de gestión de Correa el país ya comenzó a ser supervisado por la tecnoburocracia fondomonetarista a cambio de futuros préstamo y se firmó un tratado de libre comercio con la Unión Europea. 

En resumen, la liberalización económica y pérdida de derechos de los trabajadores en el Ecuador comenzó a partir de que terminara la gran fiesta de los altos precios del crudo. Dos años y medio antes de que Rafael Correa abandonara la poltrona presidencial.

¿Cómo se entiende la dependencia de la población en relación al subsidio del combustible y cuales eran las consecuencias de este pretendido aumento de precios?

La necesidad de optimización en el gasto público ecuatoriano no está en discusión, la discusión está en sobre quien recae el peso de la políticas que tienen como objetivo volver a equilibrar la economía nacional. El Decreto 883 de liberalización de precios del combustible implicaba un notable incremento de precios de la gasolina “extra” —la más usada en el país— pasando el galón de 1,45 a 2,41 dólares. De igual manera la gasolina Eco País (extra con etanol) de 1,45 a 2.53 dólares y la Súper de 2,3 a 3,07 dólares. Pero más allá de esto, por experiencia histórica el pueblo ecuatoriano sabe que el incremento de precios del combustible afecta al sector alimenticio, a los productos de primera necesidad y a las tasas de inflación.

Esto sumado al descontento generalizado con la gestión de Lenín Moreno, la frase socialmente más aplaudida en la mesa de negociación entre movimientos sociales y gobierno para solventar la crisis fue cuando un líder indígena le habló al Presidente de la República de sus “ministros vagos”, hizo que estallara la revuelta nacional encabezada por el sector indígena pero secundada por amplios sectores de la población más humilde.

¿Cómo describes las reacciones populares registradas hasta hoy? ¿Tiene un carácter insurreccional anticapitalista?

El movimiento indígena, como anteriormente dije, principal protagonista de la protesta y el paro nacional si tiene un perfil estructural anticapitalista. En paralelo los sindicatos ecuatorianos, una estructura organizativa con escasa capacidad de adecuarse a los tiempos de precarización actuales y que mantiene una narrativa discursiva de los años ochenta, movilizó lo poco que tiene durante estas jornadas de lucha.

Sin embargo, la sorpresa provino de sectores sociales urbano marginales, muchos de ellos muy jóvenes, que se sumaron de forma decidida a la lucha.  De igual manera, los estudiantes universitarios y un movimiento feminista cada vez más potente que se construye en base a nuevos liderazgos jóvenes.

Mientras influencers de redes sociales, generadores de opinión en medios de comunicación convencionales y periodistas tradicionales desprestigiaban de forma cotidiana las movilizaciones, amplios sectores de la sociedad quiteña y de otras localidades del país expresaban diariamente su solidaridad con los movilizados entregándoles medicamentos para los enfermos y heridos, mantas, alimentos, zapatos, agua y comida. 

Fue de esta manera como fracasó una intencionada estrategia diseñada desde los sectores más conservadores del país que pretendía enfrentar a blancos cultos y acomodados urbanitas contra indígenas pobres provenientes de sectores rurales.

¿Que matices y tonalidades tiene el movimiento popular en este momento, considerando que parte de este apoya a Correa y otra parte rompió hace tiempo con el gobierno anterior de Alianza PAIS?

Los déficits en la gestión del gobierno de Moreno han permitido a Rafael Correa mantener un apoyo popular estimado de entre el 22 y 24% de la sociedad. Lejos de aquel más del 50% que le apoyó durante gran parte de su mandato, aun sigue siendo un porcentaje importante de seguidores para un Ecuador donde se prevé un enorme fraccionamiento del voto en las próximas elecciones presidenciales.

En todo caso, en un país donde el establishment político está altamente desprestigiado, lo más interesante en este momento es la conformación de nuevos liderazgos jóvenes en los movimientos sociales. Esto se pudo ver durante las movilizaciones de estos últimos 12 días de sublevación popular, donde el movimiento de estudiantes, de mujeres y especialmente de los indígenas estuvo dirigido por una nueva generación de militantes sociales que nada tienen que ver con el correísmo e incluso lo repudian. 

¿Qué piensas de las reacciones del Gobierno, tanto en términos del uso de los aparatos represivos como del traslado de la sede administrativa de Quito a Guayaquil? ¿El Gobierno corre el riesgo de caer?

El actual gobierno del Ecuador carece de inteligencia política, construcción prospectiva de escenarios y capacidad estratégica. El frente político del gobierno de Lenín Moreno está en manos de una generación de jóvenes políticos que pretendían ser la renovación de la derecha ecuatoriana.

La respuesta represiva por parte del Estado a las reivindicaciones populares dejó 8 personas fallecidas, 1.192 detenidos y 1.340 personas heridas para terminar cediendo ante el movimiento indígena en una histórica negociación televisada en directo fruto de la exigencia de los sectores movilizados. 

Tras esta crisis el gobierno nacional ha quedado aun más debilitado de como estaba antes de que comenzará el conflicto. Teniendo en cuenta que el año 2020 será un período preelectoral en Ecuador y considerando que incluso la derecha ahora expresa fuertes críticas al gobierno por ceder en sus posiciones y retirar el Decreto 883 ante las demandas populares, es de suponer que será muy compleja la gestión del presidente Moreno en lo que le queda de mandato. De ahí a que el gobierno se caiga todavía hay una distancia respetable, de hecho la única sensibilidad política interesada en que eso pase en este momento es el correísmo, quien tiene una agenda política marcada por la urgencia de una pretendida convocatoria de elecciones anticipadas.

¿Qué piensas de la formulación: “del fracaso del neoliberalismo al populismo; del fracaso del populismo de vuelta al neoliberalismo”? ¿Qué revela esto de nuestras construcciones política e ideológicas hasta ahora logradas, tanto en Ecuador como en el resto de Suramérica?

El neoliberalismo de los años ochenta y noventa en América Latina se mostró como un modelo fallido para el subcontinente. De ese fracaso devino el llamado ciclo progresista. Teniendo en cuenta de que América Latina es el territorio con mayor desigualdad del planeta, la carencia de transformaciones económicas estructurales durante ese período volvió a dejar a la sociedad latinoamericana huérfana de ilusión política. Los líderes progresistas son hijos del “boom de los commodities”, terminado este ciclo económico que permitió grandes excedentes para los Estados de la región el modelo de políticas de subsidios sin redistribución de la riqueza se volvió inviable.

El sistema de representación política esta en crisis, la casta política latinoamericana y nuestras instituciones públicas carecen de legitimidad social, los gobiernos tienen cada vez menor credibilidad ante la ciudadanía. Esta realidad supera la geografía de nuestro continente, es una tendencia mundial.

Todo esto implica la necesidad de nuevas formas de organización política, de nuevos mecanismos en la forma en que se toman decisiones desde las diferentes estructuras de los Estados, la implementación de mecanismos de democracia directa y consensos ciudadanos. En fin, hay que reinventar la  política, importante reto en un momento donde el modelo productivo y consumista implementado por el capitalismo muestra impactos ya irreversibles para la sostenibilidad a medio y largo plazo del planeta. 

En América Latina y en otras partes del sistema mundo se asiste hoy a experiencias inéditas de como determinados grupos comunitarios desarrollan mecanismos de apoyo mutuo y generación de sociedades paralelas que ya no disputan el poder en términos de Estado, estas resistencias en forma de procesos autónomos antisistémicos podrían ejercer un papel importante ante el colapso que está por venir.

Gao Mobo: “China puede ser todavía alternativa al capitalismo”

Originario de Jiangxi, y hoy profesor de estudios chinos en Australia, en la Universidad de Adelaide, Gao Mobo [entrevistado para il manifesto global por el periodista Simone Pieranni] es una de las muchas figuras de la llamada “Nueva Izquierda”, término ambiguo que designa una línea de pensamiento, internamente muy diversa, a través de un enfoque multidisciplinar, que relee la reciente historia china en su contexto, yendo más allá de las categorías occidentales. Por añadidura, algunos autores de esta corriente han dedicado concretamente su labor al tema de la Revolución Cultural y su impulso transformador inicial. Además de su proyección académica, esta «nueva izquierda» china tiene tambien sus referentes políticos, a los que SP ha ofrecido una aproximación hace unos meses (ver aqui) y que permite una lectura del marco histórico en el que se produce la obra de Gao Mobo.

Mientras Wang Hui y otros se han centrado en el concepto de modernidad, que ofrece una respuesta a quienes creen que China sólo se volvió “moderna” con la llegada del capitalismo y la reforma de Deng, Gao Mobo se centra en una lectura de la historia china que pretende revelar en términos explícitos el cortocircuito intelectual que se produce en el campo de los “estudios asiáticos”, de origen norteamericano y establecido principalmente en la época de la Guerra Fría (aunque, por supuesto, esto sigue pudiendo afectar hasta a otros países hoy en día, así como al sistema mediático en su conjunto).

El reciente Constructing China, Clashing Views of the People’s Republic (Pluto Press, 288 páginas, 2018) de Gao ofrece un excelente resumen del método Gao Mobo (su libro anterior, también publicado por Pluto Press en 2008, se titulaba The Battle for China’s Past), que se centra en devolver a China su  “conocimiento”, que la historiografía occidental, según Gao, le había negado. Al mismo tiempo, Gao Mobo ofrece también extraordinarias intuiciones interpretativas de la China contemporánea.

Empecemos por Hong Kong y lo que está pasando ahora. Su opinión es que tanto Hong Kong como Taiwán están ligados al sentido de identidad y de nación de China. De modo que hoy en día ¿nos hace Hong Kong preguntarnos de nuevo una y otra vez: “¿Qué es China?”?

Sí, creo que Deng Xiaoping tenía la esperanza de que cincuenta años después de la devolución, no hubiera ya “dos sistemas”, porque China se convertiría en algo similar en muchos aspectos, si no idéntico, a Hong Kong. Con la llegada, sin embargo, de Xi Jinping a la presidencia, las cosas han cambiado de modo significativo. Su campaña contra la corrupción amenazaba a los capitalistas de ambos lados. No obstante, colaborar en efecto con los capitalistas de Hong Kong ha supuesto no ocuparse de las clases inferiores, con el resultado de que muchos ciudadanos de la antigua colonia británica se han sentido abandonados. Hay que averiguar si  Xi querrá hacer algo al respecto.

En Constructing China, pone usted de relieve el oneroso papel que desempeñan los medios y muchos estudios occidentales en la demonización de la Revolución Cultural. Sin embargo, setenta años después del nacimiento de la RPC, hasta el veredicto del PCC acerca de la misma resulta negativo (y Xi Jinping publicó recientemente un discurso en el que el actual presidente reiteró este veredicto por parte del Partido). ¿Sucede esto porque, como escribe usted, “lo que hizo Deng tras la muerte de Mao demostraba hasta qué punto era cierto el temor de Mao: la vía china al capitalismo comenzaba con el desmantelamiento de los bienes comunales”?

Sí, y mucho más además. Desde luego, la Revolución Cultural fue destructiva en muchos aspectos. Se produjeron muchas víctimas entre funcionarios e intelectuales, y resulta verdaderamente difícil para ellos y para sus familias adoptar actitudes menos personales y mejor informadas históricamente respecto a la Revolución Cultural; esto resulta comprensible. Pero el hecho es que el capitalismo es un sistema global que se traga a todo el mundo, incluyendo a los miembros de del Partido Comunista Chino, hasta a sus principales líderes. Si leemos las opiniones de  Zhao Ziyang [Secretario del PCC en 1989, destituido debido a sus posiciones reformistas y al diálogo con los estudiantes], expresadas durante su arresto domiciliario  [publicadas en Prisoner of State, Simon & Schuster, 2010], podemos darnos cuenta plenamente de ello. Esta es la razón  por la cual el argumento de que el socialismo no tiene posibilidades de tener éxito en ningún país en concreto resulta tan razonable. Por lo que respecta a Xi, su discurso es más complejo que eso, porque todavía tengo la creencia de que la verdadera lógica del PCC tiene como meta mejorar la suerte de su pueblo. Para ser justos, Xi también declaró que no deberíamos utilizar las tres últimas décadas de la República Popular para denigrar sus primeros treinta años.

Hoy en día, siguiendo la argumentación de su último libro, parece que China es capaz de decir “qué está bien” y “qué está mal”, al menos con respecto a su pasado. Pero ¿qué imagen de China está dispuesta a revelar al mundo el Partido Comunista?

No hay consenso en esta cuestión. La mayoría de estos dirigentes carecen de ideas y de ideales en estos tiempos. Están ahí solamente para hacer carrera. Wang Qishan, Xi Jinping y Li Keqiang pudieran acaso tener algunas ideas sobre cómo responder a esta cuestión. La articulación más explícita es la de Xi de perseguir el común destino de la humanidad (renlei gongtong mingyun), encontrando un terreno común, dejando a un lado las diferencias en favor de la coexistencia y el desarrollo pacífico, origen de la idea de la Nueva Ruta de la Seda. Se supone que esto se ha de mantener (permitiendo las diferencias pertinentes) tanto en un plano internacional como en el plano político interno.

En el caso de China, ¿cuál es la diferencia entre lo que usted llama “conocimiento” y  “actitud”?

La producción de conocimiento de la humanidad la dominan en la actualidad Occidente y el capitalismo. La élite intelectual china queda en buena medida subsumida en el seno de este sistema de producción. La actitud hacia China resulta particularmente dura, porque ni la izquierda ni la derecha encuentran interesante a China. La izquierda cree que China es demasiado capitalista, y la derecha cree que es demasiado comunista. Por ende, existen actitudes racistas hacia China. El conocimiento refuerza las actitudes, y las actitudes llevan a cierto tipo de producción de conocimiento. Se alimentan una de otra.

Durante la década de gobierno de Hu Jintao, daba la impresión de que China podía cambiar, quiero decir, no en un sentido democrático, sino en el sentido de una mayor atención a la redistribución y a las distorsiones ocasionadas por el desarrollo. Luego, pareció que todo se paraba. ¿Por qué?

Se introdujo un cambio muy positivo: la abolición de todos tipo de tasas agrícolas. Era la primera vez que se hacía algo así en toda la historia china de más de 2000 años. Hu quería probablemente hacer más, pero era demasiado débil. No sabemos mucho de las metas políticas que siguieron ocultas tras los muros rojos de Zhongnanhai [el cuartel general del Partido Comunista], pero creo que la razón principal de esto se puede encontrar en los intereses creados que eran reflejo de muchos sectores: intereses de autoprotección, lo que venía a significar que los objetivos políticos terminaban por no salir del  complejo de Zhongnanhai en esa época. Sospecho que esta era la razón por la que Xi quería crear muchos pequeños grupos políticos bajo su liderazgo. Creo que esta es su solución para esquivar los diversos obstáculos ministeriales  a la puesta en práctica de medidas políticas. Lo que yo llamo “intereses creados” es el mundo de las empresas de propiedad estatal, de los  “principitos” (una facción del PCC formada por hijos y parientes de funcionarios del PCC) y de la  “élite compradora”.

¿Qué piensa usted del uso que hace Xi Jinping de Mao?

Tiene la convicción de que el PCC podría y debería servir mejor a China y al pueblo chino. Su insistencia en el concepto de chuxin (“la aspiración original”) no es mera retórica, sino un intento real de restaurar el espíritu y la legitimidad del Partido Comunista.

Debido en parte a la Nueva Ruta de la Seda, se ha reactivado en China el debate acerca del concepto de Tianxia en China. ¿Qué opinión tiene de ello? ¿Cómo puede ayudar este concepto a Chiba para proponer un sistema de gobernanza global?

Puedo entender la intención del debate, pero no creo que sea un concepto útil en este mundo. Creo que el “destino común por medio del desarrollo pacífico” resulta un concepto más aceptable fuera de China. Tianxia implica un centro y una jerarquía. No se trata de un concepto que sea aceptable en el mundo moderno.

“The Chinese Model” de Daniel A. Bell acaba de publicarse en Italia. En primer lugar, ¿cuál es su opinión de este libro? ¿No cree usted que el conflicto entre democracia y meritocracia es limitador porque se inserta dentro de una lógica capitalista, sin imaginar otras posibilidades? Para ir más allá, podría un modelo chino ser capaz de diferenciarse de la evolución del capitalismo occidental?

Bell tiene el mérito de mostrar que las elecciones no deberían constituir el único criterio de legitimidad con el que evaluar a un gobierno. Hasta ahora, la de Bell es la única voz dispuesta a combatir el discurso político dominante en Occidente a la que se ha tomado también en serio.  Se trata de un logro enorme. Pero tiene sus limitaciones cuando se mira en detalle. Luego, respecto a si hay o no un modelo chino que pueda proporcionar una alternativa, no se trata de una argumentación que haya llevado hasta ahora a una respuesta definitiva, y quizás no pueda haberla en absoluto. Dependerá de dos factores principales: si podrá resolver China sus contradicciones y perplejidades, y el grado en que esté dispuesto Occidente a estrangular a  China antes de que China tenga éxito.

Ya desde hace algún tiempo, China ha ido llevando a cabo un extraordinario empeño tecnológico: hablamos del Big Data, de inteligencia artificial, de un sistema de crédito social. Y parece que China marcha por la misma vía que los países occidentales hacia un “Estado de vigilancia”, en un mundo caracterizado por el “capitalismo de vigilancia”. ¿Qué piensa usted de esto? Y ¿qué importancia tiene la historia china en esta hipótesis de control social (pienso, por ejemplo, en la baojia, o en la organización más reciente de los barrios)?

Sí, esto resulta preocupante para personas como nosotros, que somos individualistas y autónomos. Pero podría no resultar tan amenazador—al menos no todavía — para muchos en China. En su opinión, si obedecen las reglas y las leyes, no tendrán problemas, no importa la vigilancia a la que se les someta. Para algunos, esto resulta netamente positivo en términos de seguridad personal. Esta es la actitud que adoptan muchos en China acerca del experimento del llamado crédito social. Resulta difícil en la actualidad poner en práctica reglas y regulaciones en  China, hasta aquellas previstas con las mejores intenciones. En la China tradicional, invadir la libertad y privacidad personal en general no suponía un problema social, pues la tradición acentuaba la obligación social, la responsabilidad mutual y las relaciones mutuas. Ahora bien, China ha cambiado demasiado, porque la gente ya no se preocupa del espacio personal.  Por consiguiente, creo que esto puede ser un problema en el futuro.

(1952), profesor de estudios chinos en la Universidad de Adelaide (Australia), donde dirige el Instituto Confucio, estudió Inglés en la Universidad de Xiamen, en Fujian, y amplió su formación en las universidades británicas de Gales, Westminster y Essex. Especialista en lengua y cultura chinas, ha sido profesor visitante en Oxford y Harvard. En 1990 emigró a Australia, si bien regresa con frecuencia a su país y aldea natales.

Fuente:

il manifesto global

Mercancías de conocimiento

Por Michael Roberts

En el Manual de Oxford de Karl Marx, Thomas Rotta y Rodrigo Teixeira contribuyen con un capítulo llamado “la mercantilización del conocimiento y la información». En este capítulo, argumentan que el conocimiento es «trabajo inmaterial» y que las «mercancías del conocimiento» están reemplazando cada vez más a las mercancías materiales en el capitalismo moderno.

«Ejemplos de productos de conocimiento son todo tipo de datos comercializados, software de computadoras, fórmulas químicas, información patentada, música grabada, composiciones y películas con derechos de autor, y conocimiento científico monopolizado».

Según Rotta y Teixeira, estos productos de conocimiento no tienen ningún valor en términos marxistas porque su reproducción tiende a ser gratuita. El conocimiento se puede reproducir infinitamente sin coste. Autores anteriores han afirmado que debido a que las mercancías del conocimiento no tienen valor, la ley del valor de Marx ya no es válida. Rotta y Teixeira argumentan que pueden restaurar la ley del valor de Marx como explicación de las mercancías del conocimiento. Y su solución es que, aunque los productos de conocimiento no tengan valor, los propietarios de dichos productos a través de patentes y derechos de autor, etc. pueden extraer rentas de sectores capitalistas productivos, de la misma manera, como explicó Marx, que los terratenientes (a través de su monopolio de tierra) extraen rentas de capitalistas productivos. Concluyen estimando la mayor cantidad de valor que se extrae en forma de «rentas» por parte de las «industrias del conocimiento».

¿Se sostiene la aparente defensa de Rotta y Teixeira de la ley del valor de Marx en relación con la industria de la información? No lo creo. Este es el por qué. Primero, Rotta y Teixeira, como otros autores antes que ellos ( Negri, etc.), malinterpretan la teoría del valor de Marx sobre esta cuestión. Que el conocimiento sea intangible, no lo hace irrelevante. El conocimiento es material.

Tanto los objetos tangibles como los pensamientos mentales son materiales. Ambos requieren un gasto de energía humana, que es material, como lo demuestra el metabolismo humano.

Más específicamente, el gasto de energía humana que constituye el proceso cognitivo, el pensamiento, provoca un cambio en el sistema nervioso, en las interconexiones entre las neuronas del cerebro. Esto se llama sinapsis. Son estos cambios los que hacen posible una percepción diferente del mundo. Por lo tanto, negar que el conocimiento, incluso si es intangible, es material, es ignorar los resultados de la neurociencia. Después de todo, si la electricidad y sus efectos son materiales, ¿por qué la actividad eléctrica del cerebro y su efecto (conocimiento) no deberían ser también materiales? No hay trabajo «inmaterial», a pesar de las afirmaciones de todos los «marxistas del conocimiento», incluidos Rotta y Teixeira. La dicotomía no es entre el trabajo material y el mental, sino si es tangible o no.

El segundo error que cometen Rotta y Teixeira es que debido a que el conocimiento es «inmaterial», creen que es un trabajo improductivo que no produce ningún valor. Pero el trabajo productivo es el trabajo gastado bajo las relaciones de producción capitalista. El trabajo productivo no es solo lo que produce bienes físicos. El trabajo productivo también incluye lo que los economistas convencionales llaman servicios. Como explicó Marx: si un capitalista tiene un sirviente, eso es trabajo improductivo. Pero si va a un hotel y utiliza un conserje para llevar su equipaje a la habitación, ese conserje realiza un trabajo productivo porque él / ella está trabajando para el propietario capitalista del hotel por un salario.

Rotta y Teixeira ponen el ejemplo de un concierto en vivo. “Por lo tanto, lo que llamamos un concierto es en realidad un conjunto de varios productos, entre ellos productos de conocimiento como composiciones musicales. La presentación en vivo es una combinación del trabajo productivo de músicos y personal técnico, más el trabajo improductivo de quienes compusieron las canciones en primer lugar ”. Pero, ¿qué tiene de improductivo el compositor? Él / ella puede vender esa pieza musical como derechos de autor y regalías de actuación en el mercado. Las regalías deben pagarse si la música se usa en el concierto. La plusvalía se crea y se realiza.

Luego está el ejemplo de un teléfono inteligente. “Cuando se compra un teléfono inteligente, parte del precio del teléfono cubre los costes de producción de los componentes físicos. Pero otra parte del precio remunera el diseño patentado y el software con derechos de autor almacenados en la memoria. Por lo tanto, las partes con derechos de autor del teléfono son productos de conocimiento, y los ingresos asociados con estos componentes específicos son rentas de conocimiento ”. Pero ¿por qué los ingresos por derechos de autor y patentes se consideran solo rentas? La idea, el diseño y el sistema operativo han sido producidos por el trabajo mental empleado por las empresas capitalistas. Las empresas explotan esa mano de obra y se apropian de la plusvalía vendiendo o alquilando el software. Esto es trabajo productivo y produce valor. No es diferente de una compañía farmacéutica que emplea a científicos para idear una fórmula para un nuevo medicamento que pueda vender en el mercado con una patente que posean desde hace años.

Por la misma razón, la producción de conocimiento (trabajo mental) puede crear valor y plusvalía si es trabajo mental realizado para el capital. En este caso, la cantidad de nuevo valor generado durante el proceso de trabajo mental viene dada por la duración e intensidad del trabajo mental abstracto realizado, dado el valor de la fuerza laboral de los trabajadores creativos. La plusvalía, entonces, es el nuevo valor generado por los trabajadores creativos menos el valor de su fuerza de trabajo; y la tasa de explotación es esa plusvalía dividida por el valor de su fuerza de trabajo.

El valor del conocimiento (y de cualquier producto mental) podría incorporarse en una forma objetiva o no. En ambos casos, es una mercancía intangible pero material, cuyo valor está determinado por el nuevo valor producido más el valor de los medios de producción utilizados. El programador de computadoras o el creador de sitios web es, en principio, tan productivo como el trabajador que hace la computadora si ambos trabajan para la compañía de computadoras. Así, la producción de conocimiento implica producción de valor y plusvalía (explotación) y no renta. Una vez producidos, los propietarios capitalistas de productos mentales (conocimiento) pueden extraer ‘renta’ de su propiedad intelectual (el conocimiento producido por los trabajadores mentales para ellos) mediante la aplicación de los derechos de propiedad intelectual. Pero primero hay producción de valor. La diferencia entre producción y apropiación es fundamental.

Además, no es correcto decir que el valor del trabajo mental y las mercancías del conocimiento no pueden cuantificarse. Rotta y Teixeira, para respaldar su afirmación de que la reproducción del conocimiento no tiene valor, citan a Marx: “Pero además del desgaste material, una máquina también sufre lo que podríamos llamar una depreciación moral. Pierde valor de cambio, ya sea porque las máquinas del mismo tipo se producen de manera más barata, o porque compiten con ella mejores máquinas. En ambos casos, por muy joven y llena de vida que sea y esté la máquina, su valor ya no está determinado por el tiempo de trabajo necesario realmente objetivado en él, sino por el tiempo de trabajo necesario para reproducirla a ella o a la mejor máquina. Por lo tanto, se ha devaluado en mayor o menor medida».

Rotta y Teixeira piensan que esto muestra que, debido a que el tiempo de trabajo para reproducir una máquina podría caer por debajo del valor de la primera máquina, debido al progreso técnico (depreciación moral), Marx sugiere que los productos del conocimiento tenderán a no tener ningún valor porque el conocimiento puede reproducirse infinitamente sin gastar tiempo de trabajo. Pero esta cita de Marx se refiere al valor de cada nuevo proceso de producción que reduce el trabajo involucrado en el valor de una mercancía (máquina). Pero eso no provocaría una caída en la rentabilidad del capital invertido hasta cero. La tasa de ganancia promedio está determinada por los costes iniciales de capital fijo y cualquier coste de capital circulante involucrado en la reproducción. La rentabilidad aún estaría determinada por todas las etapas de producción del producto, incluso si el valor de cada producto recién producido disminuye.

Y los productos de conocimiento no se pueden producir por nada, porque son materiales. La productividad de los productos físicos tangibles se mide en unidades de producción por unidad de capital invertido. Esto vale tanto para la producción mental como para los productos de conocimiento, por ejemplo, un videojuego. El producto mental puede estar contenido en una forma objetiva (un DVD). Los DVD producidos se pueden contar. También puede estar contenido en un archivo digital y descargarse de un sitio web a una computadora y luego a otra. Se puede contar el número de descargas. En resumen, el producto mental se puede contar o las mercancías del conocimiento. En los sitios web, se puede contar el número de visitas. La reproducción se convierte en el contador de productividad y rentabilidad.

El capital original invertido, el denominador, también se puede medir. Primero, está el capital invertido en el prototipo. Esto no es solo capital constante fijo (computadoras, locales, instalaciones, impresión de chips, plantas de ensamblaje, etc.). También está circulando capital constante (materias primas) y capital variable, salarios, que van de muy altos (para desarrolladores altamente calificados) a bajos. Luego están los costes de administración, de publicidad de preventa y otros costes de comercialización. Luego está el capital adicional invertido en la reproducción de las réplicas del prototipo. En realidad, el valor total de la mercancía del conocimiento puede ser alto, no cero. El valor unitario viene dado por el valor total dividido por el número de réplicas realizadas. Es directamente proporcional al valor total e inversamente proporcional a la cantidad de réplicas. El valor de reproducir de tales productos de conocimiento no llegará a cero porque siempre hay costes de reproducción del producto de conocimiento en el acceso del usuario.

Nuevamente, la reproducción de cualquier producto de conocimiento no es diferente de la reproducción de un nuevo medicamento por parte de una compañía farmacéutica. El precio inicial del medicamento es el coste inicial de emplear el trabajo mental, probar el medicamento para humanos, etc., la producción de las píldoras, de los líquidos y de cualquier equipo para administrarlo, etc. Claro, el coste unitario de la producción de cada nueva píldora puede caer a un valor muy bajo, pero eso no significa que el valor total y el valor unitario hayan caído a cero.

En resumen, el conocimiento es material (aunque intangible) y si los productos de conocimiento se producen en condiciones de producción capitalista, es decir, utilizando trabajo mental y vendiendo la idea, la fórmula, el programa, la música, etc. en el mercado, entonces el trabajo mental puede crear valor. El valor proviene de la explotación del trabajo productivo, según la ley del valor de Marx. No es necesario invocar el concepto de extracción de rentas para explicar los beneficios de las compañías farmacéuticas o de Google. La llamada «renterización» de las economías capitalistas modernas, que ahora es tan popular como una modificación o suplantación de la ley del valor de Marx, no está respaldada por la producción de productos básicos del conocimiento.

Gran parte de los argumentos que he presentado aquí fueron desarrollados por Guglielmo Carchedi en su trabajo, Vino viejo, botellas nuevas e Internet, en Work, Organisation, labour and Globalisation, Volumen 8, Número 1, Otoño 2Ol4. Su trabajo mental ha sido muy productivo, pero como no lo patentó, la reproducción de sus argumentos aquí me ha costado poco (¿cero?). Por lo tanto, cualquier crédito que obtenga sería una gran extracción de renta a él.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster

Un cadáver en el canal: el Asesinato de Rosa Luxemburgo

Sobre un reciente libro de Klaus Gietinger
Por Nicolás González Varela

“Solo esto es la verdadera Esencia del Socialismo: hay que destruir un Mundo, pero cada lágrima que pudiera haber sido evitada es un crimen; y la persona que, corriendo a realizar ‘actos importantes’, inadvertidamente pisotea aunque sea a un pobre gusano, es culpable de un crimen”. (Rosa Luxemburg, 1918)

[Klaus Gietinger:Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgo, Nautilus, Hamburg, 2018.[1]]

Los visitantes que llegan hoy al Berlin-Mittepueden pasear por la AlexanderPlatz, echar un vistazo al imponente teatro Volksbhünediseñado por Oskar Kaufmann, construido en 1914 y reconstruido después de 1945, al cine Babylondiseñado por Hans Poelzig y seguramente quedarán desconcertados al notar bajo sus pies una serie de palabras forjadas en metal incrustadas en forma de zigzag formando ángulos sobre el pavimento. Si nos acercamos, notamos que los que se nos revela es en realidad una instalación artística que forma parte de un monumento histórico, uno más de los tantos que Berlín exhibe. Estamos en la Rosa Luxemburg Platz. Esta es un poco particular: se compone de citas escritas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX por una tal Rozalia Luksenburg, mejor conocida como Rosa Luxemburgo. Una personalidad que ni siquiera es alemana, una pensadora militante revolucionaria, socialdemócrata (cuando estas palabras significaban algo), que no dudó en criticar a las vacas sagradas del Socialismo del 1900, de Bernstein a Kautsky pasando Jaurés y Lenin, que no dudó en preferir la cárcel y finalmente el Gólgota a rebajar su Ética socialista.

Hay que decirlo claro: sus libros son inhallables o están agotados. La última pasión febril sobre su pensamiento nació y murió con el 1968 europeo. Paradójicamente en Alemania continúa siendo una figura popular, una heroína de dimensiones nacionales, un ejemplo alternativo tanto a la fallida antiutopía de Stalin como al Neoliberalismo del capital. Y Rosa “La Roja” es popular tanto en el este como en el oeste. La parábola de su vida y muerte fue llevada al cine por la directora Margarethe von Trotta en 1985, con Bárbara Sukowa como Rosa, en un film multipremiado, aunque la retrataba como una heroína liberal y feminista y diluía su alma revolucionaria socialista; su figura volvió al espectáculo del music hall, una obra llamada simplemente Rosaque en Berlín agotó rápidamente las localidades. En cada aniversario de su muerte militantes de la izquierda, desde anarquistas a la nueva Die Linkee incluso liberales, le rinden un silencioso homenaje con flores en el cementerio Friedrichsfelde. La damnatio memoriaesobre Rosa comenzó en 1933: un ignominioso 10 de mayo de 1933, el ministro de propaganda del IIIº Reich Goebbels, que había bautizado a todos sus hijos con la letra “H” en honor a Hitler, hizo planificadamente que se quemasen “espontáneamente” miles de libros de autores con espíritu anti alemán en plazas y universidades, incluida la del Rektor-führerHeidegger en Freiburg, en un lugar preferencial se encontraban las obras completas de Luxemburg y Liebknecht. La incineración de su pensamiento en papel completaba la damnatio memoriaeburguesa, con catorce años de diferencia y demora, el aniquilamiento de su persona en carne y espíritu. Y en la alevosa falta de justicia por su violenta muerte política.

El historiador y escritor Jörn Schütrumpf, que vive en Berlín, es director gerente de la editorial Karl-Dietz Verlag (que edita a Marx), editor de la compilación de sus textos, Rosa Luxemburg: Der Preis der Freiheit(Rosa Luxemburg: el precio de la Libertad),[2]que abre con una cita del agudo Karl Kraus, que a su vez re-cita el malogrado Benjamin: “El Comunismo, en cuanto realidad, sin duda es solamente el compañero de su ideología ultrajadora de la vida, pero tiene un origen ideal que es, por cierto, más puro; es un medio funesto en busca de una meta ideal y más pura. Lleve el Diablo su praxis, pero, en cambio, que Dios nos lo conserve en su condición de amenaza constante sobre las cabezas de quienes tienen bienes; ésos mismos que, para preservarlos, envían implacables a los otros a los frentes del hambre y del honor patrio, mientras que pretenden consolarlos diciendo y repitiendo que los bienes no son lo más importante en esta vida. Dios nos conserve siempre el comunismo para que, ante él, aquella chusma no se vuelva aún más desvergonzada; para que la sociedad de aquellos únicos autorizados para disfrutar, que cree que las gentes sometidas a ella tienen ya amor bastante cuando de repente les contagian la sífilis, se vea al menos, cuando va a dormirse, atenazada por una pesadilla. Para que al menos pierdan el deseo de predicar moral ante sus víctimas e incluso de hacer chistes sobre ellas.”[3]

Afirma con razón que muchos de los que hoy se identifican con su figura, lo hacen impresionados por su cobarde asesinato y no tanto por la comprensión fiel de sus ideas políticas, la mayoría incómodas y heterodoxas. Rosa compone, junto con Marx, Gramsci y el Che, los ideales utópicos que nunca han perdido ni perderán vigencia, símbolos unánimes: “Uno de ellos que casi siempre forma parte de todo esto, pero en cierto modo flota en el aire por encima de todo, y por tanto frecuentemente se olvida su mención, es un judío alemán de la ciudad de Tréveris: Karl Marx. Junto a él quedan solamente las imágenes de tres seres humanos, que son mostradas en casi todo lugar: la de una judía polaca, asesinada de forma bestial en Alemania; la de un argentino, que cayó el año de 1967 en Bolivia en las garras de sus asesinos; y la de un italiano, liberado por los fascistas en 1937, después de diez años de encarcelamiento para dejarlo morir: Rosa Luxemburg, Ernesto Che Guevara y Antonio Gramsci… Los tres no solamente materializan esa congruencia poco común entre la palabra y la acción. Los tres representan también un pensamiento propio, que no se sometió a doctrina o aparato alguno. Y: los tres pagaron por sus convicciones con la vida. Fueron llevados a la muerte no por sus contrarios en el propio campo, sino por el enemigo, lo que no era normal en absoluto en el siglo XX.”

Rosa tiene algo en común con Gramsci y Marx: nunca se encontraron en una situación en la que se prestaran al ejercicio del poder de Estado, nunca se obligaron a aplicar de manera reaccionaria una Realpolitiko en que sus manos quedaran manchadas por participar en un régimen dictatorial o totalitario. Ernesto Che Guevara sigue hasta hoy en día avivando la imaginación de la juventud; Gramsci impresiona desde hace décadas sobre todo a los académicos; sin embargo de Rosa, la más multifacética y profunda de los tres, la mayoría sólo conoce vagamente su nombre y lo que le ocurrió, pero no su pensamiento, ni su obra.

Su biógrafo inglés Nettl señaló que sus ideas “pertenecían al lugar donde la Historia de las ideas políticas se enseña con seriedad”. El gran filósofo Lukács dijo que su obra “muestra el último florecimiento del Capitalismo alemán… los caracteres de una siniestra danza de la muerte”. Lenin, uno de sus opositores dentro de la Socialdemocracia europea de entonces, la definió como “fue y es un águila en obra y pensamiento”. Trotsky decía que detrás de una amenidad femenina surgía una “poderosa mente y gran oradora de masas”. La politóloga conservadora Arendt tenía la esperanza de un reconocimiento tardío de “quién fue y qué hizo, así como también, de que por fin tendrá su lugar en la educación de los científicos políticos en los países de Occidente”. El fundador de la socialdemocracia alemana y amigo-biógrafo de Marx y Engels, Mehring, que murió apenado poco después de su asesinato, dijo que era “la cabeza más genial entre los herederos científicos de Engels y Marx”.

Lo cierto es que Rosa comenzó su militancia en un pequeño partido socialista sin país soberano, el Partido Socialdemócrata del reino de Polonia y Lituania (SDKPiL). Luego de la revolución rusa fallida de 1905, Rosa fue acusada de “terrorista” y abandonó la Polonia zarista hacia Finlandia para recalar en Suiza, en aquel tiempo el país más libre del Mundo: ¡incluso las mujeres tenían derecho a estudiar! Allí hizo dos doctorados simultáneos, Economía y Derecho, descubrió a un tal Marx y se hizo marxista crítica. Frecuentó los círculos políticos de emigrados de toda Europa, de rusos a polacos, pasando por italianos y austrohúngaros. Las autoridades en Alemania no la tenían registrada como Rosa Luxemburgo, sino como “Rosalia Lübeck”. Mediante un matrimonio de conveniencia con un hijo de inmigrantes socialistas, la economista de 27 años, recién graduada del doctorado en Zúrich, había conseguido la nacionalidad alemana. Nacionalidad muy importante para su protección jurídica en la militancia política clandestina en Polonia. Rosa era políglota: hablaba y escribía el idioma alemán mejor que la mayoría de los alemanes. Ni hablar de todos los otros idiomas que dominaba: ruso, francés, inglés e italiano.

Se afilió al partido-guía de la socialdemocracia europea, un gigantemiope con pies de barro llamado Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD), la organización más numerosa de Occidente, lleno de luminarias y rápidamente se ganó un nombre como teórica en el ala izquierda del partido. Al principio Rosa simplemente intentaba aplicar la letra de Marx y Engels a la táctica del partido que llevaba como “doctrina oficial” al marxismo, sin mucha creatividad, pero en 1899 llegó su fama como polemista y teórica con el artículo contra el revisionismo teórico de Bernstein, colaborador de confianza de Engels, albacea testamentario, considerado uno de los máximos teóricos del Socialismo en la época. Rosa era una mujer pequeña, de apariencia física nada favorable; un cuerpo notoriamente menudo, poco equilibrado y simétrico, con un andar defectuoso debido una enfermedad en su cadera. Su rostro, aunque con ojos muy vivaces y despiertos, mostraba casi siempre una sonrisa melancólica, insegura. Tenía tendencia a la introspección. Su nariz era un poco larga para el modelo femenino del siglo XIX. Para empeorar las cosas era polaca (en aquella época los palestinos europeos) y además de ascendencia judía… ¡Y con ideas de izquierda! ¡Un escándalo!

Dirigente y teórica del modelo socialdemócrata del sigo XIX, el SPD alemán, persona non grataen los círculos del Poder, fundadora del Partido Comunista alemán, crítica de todo Socialismo burocrático y autoritario, brillante intelectual marxista heterodoxa(subrayado), una pensadora multidimensional, como nos lo recuerda en el prólogo a sus obras completas el editor Peter Hudis.[4]Además pedagoga revolucionaria: paralelamente a su praxis como escritora y conferencista, Rosa era además una verdadera maestra. Y lo era, en la escuela central del SPD en Berlín, inaugurada en 1906, y su materia era Nationalökonomie, la Economía Política capitalista, cuyo agudo curso preparado para obreros podemos leerlo en español.[5]Allí Rosa reconocía que la Economía Política “es una Ciencia extraña” porque no tiene un objeto definido. A partir de 1911 además Rosa enseñará un curso de Historia del Socialismo, reemplazando al biógrafo de Marx, Franz Mehring.

Al principio Rosa simplemente intentaba aplicar la letra de Marx y Engels a la táctica del partido que llevaba como “doctrina oficial” al Marxismo, sin mucha creatividad, pero en 1899 llegó su fama como polemista y teórica Fue gracias a su intervención en la llamada Revisionismusdebatte, una discusión a nivel casi mundial sobre la aparente crisis y caducidad del Marxismo comenzada por Eduard Bernstein en Alemania. Bernstein no era un diletante ni un francotirador externo: había sido colaborador de confianza de Engels, albacea testamentario del Nachlassmarxiano y caprichoso editor, considerado uno de los máximos teóricos del Socialismo en la época, una vaca sagrada intocable de la Nomenklatura del SPD. El debate dio lugar a la más severa y penosa crisis final de la gloriosa socialdemocracia europea: todos los pensadores y militantes se congregaron en el campo de batalla. En Alemania encontraremos a Parvus, Kautsky, Mehring, Bebel, Clara Zetkin: en Rusia Plejanov y Lenin; en Italia el filósofo Antonio Labriola y Croce. Aunque Rosa dentro del SPD estaba confinada a la propaganda y agitación en los territorios del este del Elba (de lengua polaca) logró que lo publicara a regañadientes en entregas el diario socialista local, Leipziger Volkszeitung, una obra culmen: Sozialreform oder Revolution?(¿Reforma social o Revolución?, 1888/9). ¿Qué era el Revisionismo?Básicamente el pathosrevisionista se sintetizaba en una fórmula del propio Bernstein, que decía “El fin del Socialismo, sea cual fuera, no es nada; el movimiento lo es todo”.

Como notaría Luxemburgo (y mucho más tarde Lenin) el revisionismo pretendía desmontar a Marx desde dentro, pero a pesar de su relativa homogeneidad en el fondo no era una contra teoría nueva y crítica, un sistema alternativo serio y científico, sino una amalgama superpuesta, una síntesis de diversos elementos procedentes de críticas burguesas y conservadoras realizadas a Marx desde 1867. Luxemburg comparó al Revisionismuscon un “enorme montón de escombros”, en los que los fragmentos y retazos del pensamientos burgués y reaccionario, hallaban una sepultura común. El Revisionismo teórico tenía una base bien material, absolutamente anclada en el mundo de la vida: primero una época excepcional de expansión del Capitalismo en cuanto al contexto histórico; en segundo lugar un estrato dentro de la Socialdemocracia de funcionarios, diputados parlamentarios, asesores y “liberados”, representantes en la administración local y una plantilla permanente de “cuadros” político-burocráticos. Como lo demuestran las propias estadísticas los “representantes” del Proletariado marxista eran comerciantes, pequeños empresarios, funcionarios, abogados y notarios, profesores universitarios y periodistas de profesión.

Su formación política era muy ecléctica, con más influencia del Sindicalismo y de la corriente fabiana que de Engels y Marx. Estratos sociales particularmente receptivos al mensaje de un Socialismo evolutivo, reformista y legalista con el status quo, y todavía atrapado dentro de la jaula de hierro del Nacionalismo burgués. Los rasgos básicos del Revisionismo se los puede resumir en seis puntos homogéneos a todos los autores: 1) en lo económico se eliminaba la Teoría del Valor y de la Plusvalía; 2) en lo filosófico se apoyaba en la Filosofía neokantiana, rechazando la herencia hegeliana y el Materialismo tout court; el objetivo más importante en esta operación crítica era el ataque contra el concepto de Dialéctica; 3) en la concepción de la Historia se rechazaban la teoría de los estadios de las formaciones económico-sociales y los cortes y saltos violentos (lo que se correspondía con la idea de un Proceso evolutivo de la sociedad, de lo viejo a lo nuevo, de una manera gradual y pacífica); 4) políticamente le correspondía, como corolario natural, un Reformismo consecuente y resistencia epistemológica contra la idea de violencia y Derecho a la revolución (“Socialismo de destrucción” le llamaba el revisionista ruso Struve a las ideas de Marx); 5) con respecto a la transición al Socialismo, se oponía a la teoría de Marx de la Dictadura del Proletariado como medio más eficaz de paso del Capitalismo al reino de la libertad (un “atavismo” según Bernstein); 6) la consecuencia táctica era obvia: para los revisionistas lo único real y racional era la praxis inmediata, el sostenimiento de la forma de Estado burguesa, el afianzamiento del día a día parlamentario, la colaboración y alianza interclases.

La Socialdemocracia, como sostenía Bernstein, era la continuadora histórica del Liberalismo político: “no hay ninguna idea liberal que no pertenezca también al bagaje ideológico del Socialismo”. La conclusión de su razonamiento no dejaba lugar a dudas: el partido socialdemócrata debería tener el valor de “emanciparse de una fraseología que, de hecho, ha quedado obsoleta y adoptar la apariencia de lo que realmente es: un partido democrático-socialista de reforma”. Al Standpunktdel revisionismo Rosa le contestó con una superación diríamos hegeliana: Reforma y Revolución, elementos inseparables: “Para el Socialismo la reforma social y la revolución social forman un todo inseparable… Bernstein aconseja el abandono del objetivo final de la Socialdemocracia, la Revolución social, y convertir el movimiento de reforma, de un medio que siempre fue, en el fin de la lucha entre clases… pero como quiera que el Objetivo final (Endziel) es precisamente lo único concreto que establece diferencias entre el Movimiento socialista y la Democracia burguesa y el Radicalismo republicano burgués… al discutir esta postura con Bernstein y sus partidarios no se trata, en último extremo, de ésta o aquella manera de luchar, de esta o aquella táctica, sino de la entera vida del Movimiento socialista.”

Rosa había descubierto el efecto aniquilador del Revisonismus: conservar o no el carácter proletario en las organizaciones socialistas. Lo más grave no eran tanto los consejos prácticos sino el trasfondo objetivo que presentaba, con aires científicos, del movimiento objetivo de la sociedad capitalista. Era este diagnóstico estratégico optimista en las sombras del cual se derivaban las opiniones y consignas tácticas. Y el diagnóstico se asentaba en un Método oportunista, die opportunistische Methode, como le llamaba Rosa. Básicamente este Método de reflexión era más o menos la reacción y negación de las premisas básicas científicas del Socialismo que residían en El Capital. Si Marx había demostrado, al nivel lógico e histórico, que los resultados del desarrollo del Capitalismo eran la Anarquía (Anarchie) creciente de su Economía, la progresiva Socialización del proceso de producción (Vergesellschaftungdes Produktionsprozesses) y una mayor conciencia de clase de los trabajadores y paralelamente en sus formas de organización (die wachsende Organisationund Klassenerkenntnisdes Proletariats), el Revisionismo negaba en el mismo acto la validez de la Ley de Valor y la necesidad objetiva “la justificación del Socialismo basada en el curso del desenvolvimiento social y material de la sociedad”.

El dilema de hierro era que o bien la Revolución se concebía como resultado de las contradicciones internas, en su propia historische Notwendigkeit, “del propio Orden capitalista, contradicciones que aumentan al desarrollarse éste haciendo el derrumbe inevitable, no importa el momento ni la forma en que se presente” o, como sostiene el Revisionismo el Capitalismo desarrolla “medios de adaptación” que no conocía Marx en el siglo XIX (crédito de consumo, medios de comunicación, carteles y trusts de empresas) y que son capaces de evitar y superar las contradicciones internas (inneren Widersprüchen der kapitalistischen Ordnung), evitar las crisis cíclicas, esquivar su hundimiento, con lo que “entonces el Socialismo de ser una necesidad histórica, una historische Notwendigkeit, pudiendo ser luego todo lo que quiera, pero nunca el desarrollo material de la sociedad (ein Ergebnis der materiellen Entwicklung der Gesellschaft)”. Al llegar a este punto Rosa sabe que el dilema que si el Revisionismo tiene razón el Socialismo es una mera idea ética, una fantástica utopía más entre Moro, Campanella, Harrington y los falansterios. That is the question…No era casualidad que premonitoriamente ya en esta discusión el ala derecha del SPD apodara a Rosa con el calificativo de “anarcosocialista”. De manera premonitoria, Rosa había afirmado en una carta a Sonia Liebknecht que “a pesar de todo, espero morir en mi puesto, en una batalla callejera o en una prisión”.

Sabemos el oprobioso final: fue asesinada con crueldad en 1919 por los antepasados de los nazis, las fuerzas paramilitares Freikorps, con la complicidad de parte de la dirigencia de su antiguo partido socialdemócrata. Con ella cae otro dirigente fundamental de la nueva izquierda alemana: Karl Liebknecht. Rosa fue un cadáver más en el Landwehrkanal que atravesaba Berlín. Su crimen se cubrió de impunidad. Una densa impunidad institucional de la cual se intuía demasiado, pero de la cual se sabía muy poco. Hasta ahora.

La historia policial –decía Peter Brooks– es la narrativa de las narrativas, su estructura clásica desnuda la estructura de toda narrativa posible. En otras palabras, cuando el yo narrador busca pistas y reúne la información en un todo coherente, es un reflejo de nuestro propio acto de lectura.

Chesterton afirmaba que él se quedaba con aquel que consagra un relato breve a afirmar que puede resolver el misterio de un asesinato, antes que con aquel que dedica un libro entero a decir que es incapaz de resolver el problema de las cosas en general. Gietinger cumple el confirma la hipótesis de Brooks y el principio chestertoniano: nos ofrece una definitiva investigación política-criminal de su violenta muerte, en un relato estilo thrilleralemán, un Realkrimi, que nos mantiene conteniendo el aliento físico y moral hasta el final. Sin ninguna intención de hacer un pleonasmo, Gietinger afirma que el asesinato de Luxemburgo y Liebknecht es una de las grandes tragedias de Europa del siglo XX, ya que casi ningún asesinato político ha conmovido tanto las conciencias y ha cambiado el clima político en Alemania como el de la noche del 15 al 16 de enero de 1919 frente al hotel con el paradójico paradisíaco nombre de “Edén”. La ignominia de 1919 será el preámbulo del despertar nacionalsocialista de 1933. O como dice Gietinger: “lo que los líderes del SDP no entendieron al hundir el cuerpo de Luxemburgo en el Canal Landwehr, es que estaban hundiendo la República de Weimar junto con él”.

El libro se estructura a partir del estado de shock social en las postrimerías de 1918, la sombra de la victoriosa Revolución de Octubre rusa planeaba sobre la Alemania derrotada y en plena efervescencia consejista. En este marco, la crisis termina afectando a los partidos obreros, que empiezan a fraccionarse acompañando la polarización política y el aumento del derrumbe económico. Se presenta una situación revolucionaria ideal, tanto del lado objetivo como del subjetivo, líderes capaces y una organización llamada Liga Spartakus, pero para la burguesía nunca hay callejones sin salida. Gietinger descubre cómo el Estado en pleno naufragio desarrolla rápidamente sus propios mecanismos de reacción, político-militares, institucionales, extra institucionales, para aniquilar elkairósrevolucionario. Se movilizan tropas de asalto que llegan del frente, se constituyen los cuerpos francos, los Freikorps, anticipo organizativo de las futuras SA y SS de Hitler. No se puede consentir la caída de la capital, Berlín: el partido socialdemócrata, que ya había traicionado sus ideales votando chauvinistamente los créditos de guerra en 1914 (el único diputado en negarse fue precisamente Liebknecht) coincide con las viejas fuerzas del régimen Junker. La capital se encuentra bajo una dictadura de factoa cargo de la Garde-Kavallerie-Schützen-Division (GKSD), una unidad de élite paramilitar ad hoc, traída desde Francia, cuya misión era exterminar toda posibilidad de levantamiento popular y eliminar a los comunistas berlineses. La GKSD se transformaría en la columna vertebral de la reacción del Poder en la situación revolucionaria de 1918-1919, en los vagones de transporte con los que llegaron del frente, se leían amenazantes graffitis: “¡A Berlín! ¡Abajo Liebknecht y sus camaradas!”

En la noche del 15 de enero de 1919 son apresados Rosa y Karl, a las pocas horas serán asesinados. ¿Quién los mató? El GKSD oficialmente anuncia que Rosa fue linchada por una turba incontrolada y arrojada al canal; en cuanto a Karl le tuvieron que disparar porque se había fugado. En pocos días la verdad fue surgiendo, el GKSD era el responsable. Pero: ¿quiénes fueron los asesinos? ¿Quién emitió la orden de ejecutarlos?

Gietinger, después de escarbar en una montaña de mentiras oficiales, desvíos jurídicos y falsos testimonios, puede individualizarlos. El asesino de Rosa es el teniente naval Hermann Souchon, que subido al estribo del coche en que la transportaban, le dispara con una pistola en la sien izquierda. Ella murió instantáneamente y su cuerpo fue arrojado al canal por el oficial de transporte Kurt Vogel en el puente Lichtenstein. Son las 23:45 horas del 15 de enero de 1919. La ignominia no acaba aquí, soldados roban pertenencias personales como trofeos de guerra: su cartera con una edición de bolsillo del Faustode Goethe, un zapato, una carta nunca enviada a Clara Zetkin. El doble asesinato había sido ordenado por Waldemar Pabst, primer oficial de personal general del GKSD, apodado “pequeño Napoleón”, quien se atribuyó orgullosamente la responsabilidad de los asesinatos en una serie de notorias entrevistas en los 1960’s, afirmando que “los tiempos de guerra civil tienen sus propias leyes” y que los alemanes deberían agradecer a ambos (a él y a Gustav Noske, ministro de defensa socialdemócrata) “de rodillas por ello, ¡construyan monumentos con nosotros y nombren calles y plazas públicas después con nuestros nombres!”. Hitler agradecería ex postel rol clave de Noske, afirmando que “era un roble entre estas plantas socialdemócratas”. Gietinger descubre que Pabst, disfrazado de civil, asiste a mítines del USPD y de Spartakus, que incluso escucha los discursos públicos de Liebknecht y Luxemburg (a la que no conocía hasta su llegada a Berlín); ellos son su auténtica Némesis. Pabst inmediatamente pone su unidad al servicio del ministro Noske; se intercepta la correspondencia de ambos líderes, se pinchan sus teléfonos, se combina el trabajo con fiscales de la extrema derecha, la pinza se cierra. Los gastos de la GKSD los sufraga el Comando Supremo del Ejército, los gastos extraordinarios son cubiertos generosamente por dos grandes industriales: Hugo Stinnes y Friedrich Minoux.

La investigación de Gietinger no concluye aquí, hablaría mal de su libro: revelará la densa trama post-asesinatos, político-jurídica-institucional-mediática, que encubrirá a ejecutores e ideólogos, siguiendo el hilo rojo que concluye en los años 1960’s. Es la farsa de la tragedia. Su primer y apasionado biógrafo Paul Frölich, que se equivoca al identificar a su asesino,[6]decía con razón que “la prostituida Justicia y la Razón de Estado se unieron para echar tierra sobre sus asesinatos”. Hubo una serie de juicios estrambóticos en los que los líderes del SPD se pusieron de acuerdo con los asesinos, nombrando a sus colaboradores… como jueces; Gietinger los califica como “los juicios más descarados y mendaces de toda la Historia legal alemana”.

Ya en la Alemania occidental de la década de 1960, cuando Pabst reveló a Der Spiegelque había ordenado el asesinato y revelado el nombre de Souchon, afirmando que “participé, en aquel entonces (enero de 1919), en una reunión del KPD, durante la cual hablaron Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Me llevé la impresión de que los dos eran los líderes espirituales de la revolución, y me decidí a hacer que los mataran. Por órdenes mías fueron capturados. Alguien tenía que tomar la determinación de ir más allá de la perspectiva jurídica. No me fue fácil tomar la determinación para que los dos desaparecieran… Defiendo todavía la idea de que esta decisión también es totalmente justificable desde el punto de vista teológico-moral.” En el consiguiente escándalo, el gobierno federal emitió un escueto comunicado oficial en el que calificaba el doble homicidio como una “ejecución legítima” durante el estado de excepción. Quizá Gietinger tenga un pequeño fallo estructural en su escrúpulo forense: la importancia epocal y la repercusión teórico-política de los asesinatos, el “efecto mariposa” en la Izquierda histórica e incluso el propio Marxismo como Teoría crítica y Praxis de vanguardia.

El propio perfil del autor restringía la capacidad de conclusiones materialistas profundas. Al no subrayarlos y establecerlos, pensando por defecto en una suerte de autoevidencia en el lector de 2019, el libro sobreestima la capacidad analítica lectora, incluso de los militantes que reivindican su pensamiento y obra. ¿Por qué fue una tragedia para la Izquierda occidental la desaparición tan temprana de Rosa y Karl? ¿Cómo hubiera impactado su Teoría crítica que combinaba acción directa con formas democráticas de base? Finalmente, Gietinger nos ofrece mucho material en su apéndice: perfiles de asesinos, cómplices y encubridores, fotos inéditas, mapas y documentos imprescindibles para comprender la tragedia.

Rosa, hoy olvidada, es para muchos meramente icónica, lejana, extraña, pero no hay duda que su combate es y será el nuestro. Ayer, como hoy, el profesionalismo de una nueva clase de políticos profesionales e intelectuales generaba en el seno del movimiento obrero más avanzado de Occidente y en sus partidos políticos el Cretinismo parlamentario, el Oportunismo teórico y la corrupción del Poder. No sólo eso, la miseria del Parlamentarismo desarmado en Weimar abrió las puertas de par en par a la Reacción. La muerte de Rosa fue el primer acto de ascenso del Nacionalsocialismo en Alemania, el disparo de salida para formas cada vez más totalitarias. Parafraseando al historiador y biógrafo de Trotsky y Stalin, Deutscher, el crimen fue el último triunfo de la Alemania imperialista-monárquica de Bismarck y el primero del futuro IIIº Reich de Hitler. Haffner en su Deutsche Revolution 1918/19señala con justeza que el asesinato impune de Liebknecht y Luxemburg fue el preludio de la matanza por venir, la obertura sangrienta del Nacionalsocialismo sobre Europa.

El combate mortal de Rosa contra el Colonialismo-Imperialismo, el Estado autoritario y la guerra se desarrolló en tres frentes simultáneos, no cronológicos. Tres momentos que se entrecruzan y conforman el cénit del Pensamiento político más audaz y avanzado del siglo XX. El libro de Gietinger –y ese es uno de sus grandes méritos– nos permite reflexionar sobre la utopía de una reconstrucción abierta de Marx, nos ayuda a vislumbrar los reflejos de un posible Mundo en el cual la Izquierda realmente enarbolaba los principios de Marx encarnados en la Teoría y en la Praxis, una Izquierda en la que las ideas internacionalistas y pacifistas seguían siendo más decisivas que cualquier autodeterminación nacional o momento populista, una Izquierda en la cual el fin de llegar al reino de la Libertad era superior a cualquier cargo parlamentario, una Izquierda en la cual la Revolución proletaria no tenía ninguna necesidad del Terror, una Izquierda que “odia y aborrece el asesinato”.


[1]Klaus Gietinger: Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgo, Nautilus, Hamburg, 2018. Nacido en 1955 es escritor, guionista, director de cine y sociólogo; como autor ha publicado una biografía novelada de Marx: Karl Marx, die Liebe und das Kapital, 2018; tiene una dilatada trayectoria en cine, TV y documentales, un autor multipremiado, de los cuales se destaca “Hitler vor gericht” (2009), “Wie starb Benno Ohnesorg?” (2o17), donde demuestra que el estudiante de izquierda no murió accidentalmente sino fue asesinado por la policía el 2 de junio de 1967, su último trabajo es un docudrama sobre la relación entre Marx y su sirvienta Demuth: “Lenchen Demuth und Karl Marx” (2018). Web del autor: http://gietinger.de/

[2]Edición en español: Jörn Schütrumpf, Rosa Luxemburg: el precio de la Libertad, Fundación Rosa Luxemburg-Publicaciones Oficina Región Andina, Quito, 2010.

[3]Karl Kraus: “Antwort an Rosa Luxemburg”; en: Die Fackel, November, 1920, p. 8.

[4]Rosa Luxemburg: Complete Works, Volume I, Economic writings I, Verso, London, 2013.

[5]Rosa Luxemburg: Introducción a la Economía Política; Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1982.

[6]Paul Frölich: Rosa Luxemburgo: vida y obra; editorial Fundamentos, Madrid, 1976; aunque la biografía es de 1939; Frölich había sido designado por el KPD para realizar las obras completas de Luxemburg, planificada en nueve tomos, de los que tan solo aparecieron tres hasta 1928.