Las varias caras progresistas en campaña sucia contra el candidato indígena del Ecuador

Salvador Schavelzon (para Desinformémonos.org, columna Peripecias del Sur y Autonomías) 

Llama la atención la furia con que defensores de los gobiernos progresistas sudamericanos, desde distintos países, se dedicaron a criticar y difamar de forma tendenciosa a un candidato indígena a la presidencia del Ecuador. Yaku Pérez, de la etnia quechua-cañari, con larga trayectoria de defensa del agua contra la minería en su región, dirigente de la Confederación Indígena del Ecuador (CONAIE) y de la Confederación de la nacionalidad Kichwa (ECUARUNARI), obtuvo 1.800.000 votos (superando el 19%) que por pocos miles quedó desplazado al tercer lugar en un resultado que es hoy contestado en la justicia. 

Este episodio puede leerse como emblemático para entender los límites y dilemas de un progresismo políticamente debilitado que debe enfrentar los costos del tipo de política que implementó.

Las campañas en redes sociales contra Yaku Pérez entraron en juego mientras el escrutinio se definía y por varios días el candidato indígena permaneció en el segundo lugar. Al concluir el conteo de votos, el banquero Guillermo Lasso (CREO, Creando Oportunidades) alcanzó el segundo lugar, resultado más favorable para el candidato del correísmo, Andrés Arauz (UNES, Unión por la Esperanza), que en primera vuelta obtuvo el 32% de los votos. Yaku Pérez es abogado, hizo postgrados sobre gestión de cuencas hidrográficas, derecho ambiental, justicia indígena y derecho penal, y fue Prefecto de Azuay, renunciando para presentar la candidatura. También estuvo preso varias veces en conflictos de defensa del agua, secuestrado por una empresa minera china, y sufrió por represalia la expulsión de su compañera, de nacionalidad extranjera, también activista, después de una movilización durante el gobierno de Correa. 

Juan Carlos Monedero, del partido español Podemos y vínculos políticos con el progresismo, participó en las elecciones de Ecuador del 7 de febrero como observador electoral. En entrevista en TeleSur, al día siguiente de la elección, dio el tono de lo que se escucharía por varios días. Consideró la candidatura de Pérez un producto de laboratorio, financiado desde afuera. Habló de “candidato falso” y de “indígenas no reales”, mientras defendía a Arauz como candidato que le permitiría a Ecuador “volver a tener un lugar en el mundo”. La desconfianza sobre el carácter indígena de Yaku Pérez y su candidatura deriva de que para Monedero la adopción de un nombre indígena sólo podía tener el propósito de engañar, y que desde el desconocimiento del mundo indígena compara con la entrada en un convento. Para un injuriado Monedero tampoco la lucha anti minera es auténtica, y negó que Yaku Pérez tenga apoyo colectivo o proyecto de país.  

Monedero denunciaba en la televisión lo que sería una operación para evitar la elección de Andrés Arauz, consistente en reemplazar a Guillermo Lasso por Yaku Pérez en segundo turno, con más posibilidades electorales de vencer al candidato que reemplazó a Correa, condenado en causas de corrupción, y que tampoco pudo ser habilitado para disputar la vicepresidencia. Sería una operación que contaría con el apoyo de Estados Unidos y se había operado a través de los medios, presentando esa candidatura positivamente. Extraño este análisis venir de uno de los fundadores de Podemos, que surge como fenómeno en la política española justamente así, con amplio espacio en los grandes medios para un candidato que abría un espacio más allá de la vieja polaridad dominante.  

En pocos días analistas y actores políticos progresistas llevarían a cabo una operación contra la reputación de Yaku Pérez, sólo abandonada cuando el banquero Lasso se impuso sobre el indígena en el conteo de los votos, quedando atrás el riesgo de una difícil elección con Pérez. Otro español cercano a los gobiernos progresistas sudamericanos, Alfredo Serrano, del CELAG, afirmó “Podríamos decir que Yaku es un candidato no progresista que logró quedarse con parte del voto progresista e indigenista”, negaba también que los votos hayan sido para él. Escribió que podrían haber sido para cualquier otro líder indígena quitando mérito a la elección de Yaku Pérez, en un razonamiento que no se aplicaba para el candidato del correísmo. Por unos días de lo que se trataba era de deconstruir su candidatura sea para preparar una disputa en segundo turno o para impedir que se cuestione el resultado electoral. 

La alta votación para el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), brazo político fundado en 1995 de una hoy dividida CONAIE, se explica por la extensión de la presencia del movimiento indígena en las regiones amazónica y serrana del país, además de reflejar sin duda la fractura política dejada por el levantamiento de once días de bloqueos y protestas en octubre de 2019. Iniciadas contra un aumento de combustibles decretado por el presidente Lenin Moreno, y con papel determinante de la CONAIE, las protestas anunciaban la inquietud y descontento que se manifestó también con un millón de votos nulos y que no encontrará expresión el 11 de abril, cuando se enfrenten el banquero Guillermo Lasso y el candidato de Rafael Correa, que se encuentra exiliado en Bélgica. En el levantamiento de octubre la CONAIE había dejado claro que el rechazo al gobierno de Lenin Moreno, no significaría un acercamiento con Correa, que en su gobierno criminalizó cientos de líderes indígenas, y esa oposición que atraviesa la polaridad Correa-anti Correa se expresó en la elección de Yaku Pérez. 

El resultado electoral fue una derrota para el presidente Lenin Moreno, que después de romper políticamente con Correa, de quien fuera vicepresidente y candidato sucesor, terminó fuera de juego por la presión de las calles. Pero también fue una mala elección para el correísmo, que esperaba ganar en la primera vuelta, capitalizando el descrédito del actual gobierno. La derecha tradicional, en un frente encabezado por el banquero, también se debilitó, impactada por la mala gestión de la pandemia en Guayaquil. Para Pachakutik fue una victoria, que permite retomar la disputa anti neoliberal de octubre de 2019, además de avanzar en su agenda anti extractivista buscando dar lugar a otro modelo de desarrollo para el país.  

Alicia Castro, de trayectoria en el sindicalismo peronista renovador de los ‘90 y ex embajadora kirchnerista en Venezuela y el Reino Unido, se sumaba a la campaña de desprestigio contra Yaku Pérez desde twitter, y preguntaba: “Quién es el candidato @yakuperezg que quiere tumbar las elecciones en #Ecuador aliado a @Almagro_OEA2015 ; puede confundir a algunos desinformados como “ambientalista”, “indigenista” o “nueva izquierda” En cambio, es un farsante. Nada nuevo bajo el sol, desde la Malinche.”  

Cuestionar la autodefinición indígena es común como parte de las estrategias del despojo colonial de siempre. Es con el argumento de los “falsos indios” con lo que se avanza con la frontera agrícola sobre territorios indígenas en toda la región sudamericana, o se defienden obras de desarrollo que amenazan su agua y formas de vida. Aliado al poder del agronegocio y la megaminería, el correísmo sabe que encuentra en Yaku Pérez y la CONAIE un obstáculo para el modelo depredador en base al cual gobierna. Los ataques de la elección, denunciando operaciones que se demostraron infundadas, debe entonces entenderse como continuidad de la fuerte represión y hostigamiento contra las organizaciones indígenas y territorios que tuvo lugar durante el correísmo. 

No es nueva la persecución de los gobiernos progresistas sudamericanos a líderes indígenas y de luchas medioambientales en el continente, y tampoco que el progresismo se sienta más cómodo disputando elecciones con candidatos de derecha, iniciando campañas sucias contra posibles alternativas en la primera vuelta de una elección presidencial. Pero la posibilidad de que un candidato indígena dispute desde la izquierda contra el progresismo es una novedad en Ecuador y también para el resto de América Latina. La nueva izquierda parlamentaria y de búsqueda de espacio institucional en la región participó también en la campaña contra Yaku Pérez. Esta izquierda que reúne disidencias, “apoyos críticos’, nuevos líderes que disputan elecciones presidenciales en Chile y Perú, Suele mantenerse bajo el ala de influencia política del progresismo o izquierda que fue o permanece en el gobierno, fortaleciendo así su influencia política y la falta de renovación. Tímidas críticas a un modelo dependiente que inviabiliza la vida es hecha sólo detrás de las cortinas y contribuyendo a mostrar el modelo económico, los consensos del poder como única alternativa.  

La expectativa de Pachakutik por alcanzar el segundo lugar, unificó un movimiento indígena dividido, con liderazgos y visiones que se enfrentan internamente en líneas más clasistas, más abiertas a alianzas con sectores mestizos, de confrontación en las calles, o de liderazgos personales en disputa. En esta coyuntura, sin embargo, se dispusieron a movilizarse en defensa del voto, sin dejar de marcar diferencias. Frente a una derecha sin fuerza y un progresismo con apoyo corroído y sin poder plantear un debate sobre el modelo de desarrollo en toda la región, las diferentes tendencias del movimiento indígena y la izquierda crítica no desarrollista despliegan tendencias, contradicciones y convergencias que realmente importan como posible paso adelante en la política sudamericana. En estos debates algunas propuestas de Yaku Pérez son criticadas por Leónidas Iza, que tuvo papel protagónico en el levantamiento de octubre, y otros líderes. Es un debate necesario en el que el progresismo no entró, volcándose a una campaña marcada por la lógica electoral y de polarización con la derecha que no dejaría espacio para nada más.  

La candidatura de Yaku Pérez cuestionó con datos técnicos los resultados de la elección, pidiendo el conteo de 20.050 actas observadas (de un total de 39 mil). La Corte Electoral sólo aceptó revisar 31 actas, después reducidas a 28 y con las cuales se aumentó la votación de Pachakutik en 612 votos, constatando votos atribuidos equivocadamente en el conteo inicial a candidatos que quedaron más abajo del tercer lugar. En base a esa disparidad hubo movilizaciones y presentación de un recurso que no fue atendido en la Corte y tramita ahora en el Tribunal Electoral. Una reunión con Lasso cuando no estaba definido el escrutinio para pedir conjuntamente un recuento de votos en algunas provincias, y que terminó sin concretarse, encendió los alertas progresistas. Fue Lasso el que se alejó del pedido de recuento, cuando se consolidó su leve ventaja.  

Yaku Pérez denunció fraude para excluirlo del segundo turno, presentando indicios de irregularidades. El progresismo consideró esta denuncia como parte de otro fraude, esta vez contra el candidato Arauz, con riesgo de ruptura constitucional, deslegitimizando nuevamente al candidato Pérez, cuya presencia en el juego sería meramente como operación de la derecha y Estados Unidos para frenar al correísmo. La entrada en campo del progresismo de otros países, muestra un cierto cortocircuito entre líneas argumentales legalistas, militantes y de noticias falsas y autoritarismo estatal. De la prepotencia que criminalizó líderes o militariza un territorio indígena para imponer un proyecto de minería, como en el caso Shuar y de Sarayaku, pasamos al discurso victimizante que sensibiliza la opinión pública sudamericana con la denuncia del lawfare. 

Si siguiendo a las investigadoras de CLACSO Adoración Guamán y Soledad Stoessel entendemos el lawfare como “herramienta de uso extendido que combina la manipulación mediática de la opinión pública, la represión física y jurídica, el encarcelamiento y la criminalización del opositor político” vemos que esta es exactamente la situación que el movimiento indígena enfrentó con Correa en la defensa de sus territorios, y también Yaku Pérez en la campaña de difamación que negaba su carácter indígena y la legitimidad de su lucha y de la alta elección. Pero las investigadoras utilizan el concepto para señalar la persecución de Correa, e incluso sumándose a la ola de sospechas sobre Yaku Pérez, con otro argumento común en la desconstrucción mediática que sufrió el candidato de presentarlo aislado de un movimiento indígena que el progresismo imagina confluyendo con el correísmo. 

La campaña sucia negaba también el carácter ecologista y lo asociaba con la derecha y el imperialismo, acusándolo de ser canal para intervencionismo norteamericano. En los días posteriores a la elección, el progresismo militante se preparaba para denunciar un golpe, como lo hizo en Bolivia de 2019 y en Brasil de 2016. El progresismo latinoamericano vio entonces en Yaku Pérez un aliado de Luis Almagro, secretario general de la OEA que fue un factor de desequilibrio llevando a la renuncia de Evo Morales en 2019, después de que convocado por este, recomendó la repetición de las elecciones. La filósofa Luciana Cadahia, simpatizante del correísmo, denunciaba en posteo público de Facebook un pacto entre Yaku Pérez y el banquero Lasso que sería una “jugadita hegeliana” orquestada por Almagro (secretario General de la OEA), y con participación de la prensa, en que un acuerdo entre el “dizque” movimiento indígena y la oligarquía buscaría de forma sofisticada una derrota de Arauz, cerrando una alianza entre el segundo y el tercer puesto de la elección, sin los costos que Almagro habría tenido que pagar por su accionar en la crisis boliviana. 

Ante la fuerza de la elección de Yaku Pérez otro camino hubiera sido abrir un diálogo político sobre modelo de desarrollo y la agenda de octubre de 2019. A contramarcha de la campaña sucia, y mostrando hasta qué punto la puesta en duda del carácter de izquierda e indígena de Yaku Pérez es difamatoria, el propio  Andrés Aráuz destacaba en su twitter después de la elección: “Progresismo + Unidad Plurinacional + Socialdemocracia = 70% El 7 de febrero el pueblo ecuatoriano ya venció”, sumando los votos del correísmo con los de Yaku Pérez y también el cuarto ubicado, Xavier Hervas de Izquierda Democrática, lejos de negar el carácter antineoliberal de sus contrincantes, y más bien acercándose a ellos para buscar sus votantes y presentar como oposición principal la del banquero Lasso contra correísmo. Cabe dudar, sin embargo, hasta qué punto fuera de las elecciones los gestos antineoliberales y ecologistas pueden ser llevados adelante por el progresismo. 

Salta a la vista el juego ambiguo y de varias caras del progresismo que, sin embargo, deben considerarse como momentos de un mismo movimiento. Antes de la elección la preocupación del correísmo se enfocaba a una operación que involucró al fiscal general de Colombia, con supuestas pruebas encontradas en el celular de un guerrillero capturado del ELN involucrando su organización con financiamiento al correísmo. La repercusión en la prensa activó los mecanismos de un progresismo de línea institucionalista. El Grupo Puebla, que reúne ex presidentes, académicos y juristas (entre ellos Andrés Arauz y Rafael Correa) y participó como observador de las elecciones, denunciaba un ataque contra la democracia.  

Con firmas de Axel Kicillof, Guilherme Boulos, Daniel Jadué, Gustavo Petro, Pablo Iglesias y Verónika Mendoza, el Espacio Futuro que nuclea una generación más joven del mismo campo político progresista se pronunciaba contra cualquier modificación en la fecha de las elecciones, sumándose a la campaña que desconsideraba sin conocer las denuncias de irregularidades que el candidato indígena presentaba a la Corte y Tribunal Electoral del Ecuador. En un juego político que usa el Estado de Derecho como un argumento político cuando conviene, que además se proclama observador electoral en nombre de la democracia, no daba la menor importancia ante la presentación de indicios de irregularidades. Su papel político es el de usar cuadros de prestigio académico para poner en el aire la retórica del golpe con la que el progresismo se defiende de un modo justo, muchas veces, pero muy parcial y silenciador de prácticas semejantes operadas desde el propio espacio.  

Contra el movimiento indígena es otra la cara que aparece, llegando a la criminalización, ya no desde la argumentación jurídica democrática del Estado de Derecho sino desde la persecución policial, el acoso jurídico, para no hablar del propio avance sobre los territorios contra lo que Yaku Pérez y la CONAIE resistieron. La campaña contra Yaku Pérez, que debe relacionarse con sesiones de difamación pública en el programa televisivo presidencial de Correa contra el líder indígena y su compañera, Manuela Picq, también activista, se extendió en las redes sociales cuando asomó al segundo turno y el progresismo imaginó una nueva versión de una «nueva modalidad de golpe”. La susceptibilidad ya despertada por las operaciones de la derecha, que existen, movilizó una máquina mediática que rápidamente deja de diferenciar su institucionalismo con gestos prepotentes, de un proyecto de poder que, en nombre de lo popular, y fiel al estilo de la izquierda estatal autoritaria, es incapaz de lidiar con la diferencia. 

La Revolución Ciudadana de Correa carga con tensiones y ambivalencias que se expresan, como en el MAS de Bolivia y otros lugares, con las alianzas internacionales en que se sustentan. Frente a las denuncias de lawfare que acercan a Correa de Cristina Kirchner y la defensa legalista con que el PT respondió al juicio político de Dilma, desde Cuba, Nicaragua y Venezuela la acusación que se escuchó contra Yaku Pérez era la de colaboración con el imperialismo.  

Contra esta narrativa que presentó a Yaku Pérez como apoyador de golpes sudamericanos y posible pieza de un golpe contra Correa apoyado por Estados Unidos, puede citarse que el 12 de junio de 2019 Yaku Pérez se solidarizaba con Lula da Silva como representante de Coordinadora de la Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA, representante de 511 pueblos indígenas 9 países). En la vigilia frente a donde el ex presidente cumplía arresto decretado en el marco de la operación Lava Jato afirmó “Estoy aquí para solidarizarme con vos, Lula, estamos contigo y no descansaremos, estaremos en resistencia”. Sobre inversiones internacionales, Pérez se quejó de la actitud agresiva de China con el extractivismo y violación de derechos humanos, sobre Estados Unidos, sin embargo, dijo que “el halcón es halcón”, pero habló positivamente de algunas políticas de Biden. 

El alineamiento automático de progresistas sudamericanos contra un candidato indígena llama mucho la atención si vemos las posiciones que defiende el correísmo, no sólo en la cuestión socioambiental. Tres días antes de las elecciones, el cierre de campaña de Correa, desde el exilio, apostó a los votantes conservadores, criticando a Yaku Pérez por su posición favorable a la interrupción del embarazo hasta los tres o cuatro meses, refiriéndose a esta posición en términos de “aborto por hedonismo” y “porque me dediqué sin cuidado a una actividad frenética sexual y puedo quitarme el hijo sin ningún requisito”. Rafael Correa llegó a amenazar con presentar su renuncia en 2013 en caso de aprobación del aborto en la asamblea legislativa, y propuso que expulsaran del partido a las mujeres que apoyaron esta posición. Su conservadurismo excede la guerra declarada contra los indígenas por sus recursos naturales, y puede verse en el impulso del Plan Familia, cuya recomendación para educación sexual era “abstinencia y valores”. 

Un tuit de Yaku Pérez reflotado por Correa y otros cuando disputaba el segundo lugar daba cuenta de su posición anticorrupción, en noviembre de 2016, y decía: “La #Corrupción acabó al gob d Dilma y Cristina; ahora falta q caigan @MashiRafael y Maduro. Solo es cuestión d tiempo”. Se entiende que para quien hoy se ocupa de criticar el warfare contra Cristina Kirchner o del propio Correa, o quien vea la caída de Dilma y Evo como operaciones orquestadas desde Washington para imponer gobiernos de derecha, sea propicio a desconfiar de Pérez.  

Pero posiciones anticorrupción, por más liberales que parezcan, no son sólo banderas utilizadas por la derecha contra el progresismo, y se constata como casi obligatorio para cualquier izquierda nueva, como lo fue Podemos de España, que a pesar de los vínculos políticos dejó de defender gobiernos como el de Maduro y Ortega, o nuevas izquierdas en Chile y Perú, además del progresismo cuando llegaba al poder. Tampoco extraña la oposición a Dilma Rousseff, que aprobó leyes antiterroristas, criminalizó activistas, se alió a pastores conservadores, empresarios del agronegocio, bancos y la gran minería, incluso cediendo ministerios a estos sectores. Como la carretera por el TIPNIS, el petróleo del Yasuní, Dilma carga con el costo político de autorizar Belo Monte, represa faraónica y mal calculada, de impacto incalculable ya visible, que financió su campaña y es símbolo de la destrucción ambiental y etnocida de la Amazonia. En un video reciente, refiriéndose a las manifestaciones populares de las jornadas de junio de 2013 en Brasil, Dilma Rousseff se refiere a diálogos con Putin y Erdogán en que más que golpe o lawfare la interpretación del proceso político que llevó a su caída es el de guerra híbrida impulsada por la potencia norteamericana.    

Sólo desde el desconocimiento total de la dinámica de las organizaciones indígenas en las últimas décadas es posible caracterizar a ONGs como capaces de manipular a los pueblos y responsables por la movilización y rechazo a obras que de hecho dejan territorios con contaminación de cianuro o sin agua. Se puede hablar de campaña sucia contra Yaku Pérez porque sus ejecutores no desconocen la trayectoria de las organizaciones indígenas (de las que el progresismo fue aliado), así como el papel de Yaku Pérez y la CONAIE. El discurso sobre ONGs que influencian grupos indígenas para atacar la soberanía nacional es solamente una campaña para defender intereses económicos y políticos, favorables a la gran minería y explotación petrolera sin límites, y es exactamente el discurso de Bolsonaro y la derecha peruana o colombiana para avanzar sobre la selva.  

Por otra parte, tuits con poca repercusión de años atrás se hacen circular en una operación que tiene en vistas desarmar una candidatura, denunciando un golpe, pero en realidad mostrando preocupación por el riesgo de enfrentamiento en segunda vuelta con un candidato más competitivo que sabe poner el dedo en la yaga de los límites del progresismo y representa directamente la movilización social. Lo que queda no dicho es el debate político que está presente desde que el progresismo definió su perfil desarrollista y se enfrentó en toda la región a las organizaciones indígenas históricas. 

En la línea de desconstrucción de la candidatura de Pérez de línea más bolivariana, incluso de movimientos aliados al gobierno de China. El portal del MST de Brasil publicó un resumen de un artículo del periodista norteamericano Ben Norton con el título “El candidato ecosocialista de Ecuador: indígena y partidario de los golpes de Estado en América Latina”. Desde la Fundación Bonifacio, ligada a Aldo Rebelo (PCdoB), ex ministro de Lula y Dilma, se afirmaba que Yaku Perez era el caballo de troya de las potencias extranjeras. El artículo afirma que detrás de banderas identitarias, ambientalistas e indigenistas se defienden intereses extranjeros, a través del contacto con ONGs. Por el mismo camino iría Atilio Borón, en el portal cubadebate, afirmando que el discurso indígena y de izquierda del candidato indígena no pasa de un engaño y sirve intereses imperialistas.  

Desde Kawsachin News, un servicio de noticias en inglés de las federaciones de productores de coca del Chapare, Ollie Vargas acusaba a Yaku Perez de usar fake news para incitar crímenes contra migrantes venezolanos en Ecuador. El candidato indígena se había referido a denuncias de intervención de “hermanos venezolanos” en una conversación viralizada sin que podamos conocer el contexto en un micro vídeo que lo asocia al discurso sí anti venezolano y xenófobo de Lenin Moreno. El popular youtuber brasileño Jones Manoel  asoció a Yaku Pérez con el canciller bolsonarista de extrema derecha conservadora Ernesto Araújo y otras figuras de la política del Brasil. Por su posición adscripta a la reciente ola revisionista de Stalin, un texto de José Correa Leite relacionaría los ataques, calumnias y fake news que circularon sobre Yaku Pérez con las operaciones de «amalgama» del stalinismo en los ´50. El progresismo en el gobierno o luchando para volver moviliza todo tipo de recurso, en un amplio espectro político y de estilos discursivos.  

Esta línea de acusación que debe entenderse en el marco de la guerra comunicacional inflamada en que imperialismo, comunismo, nazismo son moneda corriente, se basó en la construcción tendenciosa de Ben Norton, que en su blog critica el postmodernismo y corrientes anarquistas ecologistas y primitivistas, presentando al candidato indígena como un golpista apoyado por los Estados Unidos. Una foto con el embajador norteamericano mientras cumplía agenda como prefecto de la provincia Azuay, los tuits sobre líderes sudamericanos desplazados y una curiosa combinación de argumentos sobre el partido Pachakutik y el movimiento indígena. Llama la atención que mientras por un lado se presenta a Yaku Pérez como líder aislado del resto del movimiento, del otro se presenta como prueba de su papel al servicio de los Estados Unidos los fondos que las fundaciones norteamericanas para ayuda al tercer mundo destinaron al movimiento indígena, sin ninguna especificación sobre estos fondos ni vinculación directa a Yaku Pérez.  

Una carta abierta criticando este artículo y otro de la revista Jacobin, con firmas de académicos e intelectuales como Isabelle Stengers, Arturo Escobar, Miriam Lang y Alberto Acosta (“Stop Racist and Misogynist Attacks on the Emergent Indigenous, Eco-Feminist Left in Latin America, and Address the Crisis in Today’s Ecuador”) tuvieron como resultado inmediato que la publicación norteamericana de izquierda Monthly Review levantara el texto de Ben Norton. El doble juego del progresismo trae cortocircuitos entre su aspecto institucionalista, democrático seguido en las candidaturas del progresismo de Brasil, Argentina, Bolivia y ahora Ecuador, que para sortear problemas con la justicia y el voto negativo optó en los últimos pleitos por figuras moderadas y liberales (Haddad, Fernández, Arce y Aráuz); y un progresismo bolivariano, leninista, nacionalista que emerge menos a la hora de gobernar y más en estas disputas de redes sociales. Ben Norton criticaba en uno de sus textos a Judith Butler, otra firmante de la carta contra los ataques a Yaku Pérez, en un artículo en que “denuncia” a la intelectual por donar cerca de mil dólares a la campaña de la actual vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, alguien que hoy está lejos de ser foco de crítica de los gobiernos progresistas.  

La carta con decenas de firmas de desagravio, acierta en buscar despejar las difamaciones contra Yaku Pérez y su compañera, poniendo la discusión en sus términos reales: el progresismo estatal desarrollista, que combina caras populista y liberal, buscando atacar a una izquierda anti extractivista, que expresa la posición indígena en los conflictos de los años correístas con el movimiento indígena, además de otras banderas progresistas de derechos de mujeres, plurinacionales y LGTB que el correísmo no supo representar o ha abandonado. Pero para Ben Norton en su artículo, las críticas ambientalistas contra el progresismo son piezas de marketing publicitario. Con reportes desde Venezuela y Nicaragua, además de Ecuador, el artículo presenta a Estados Unidos “desesperado” para evitar la “ola socialista” que recorrió América Latina en la primera década del siglo XXI, y encontró en Yaku Pérez una “herramienta perfecta”.  

En otra carta, se presenta al líder indígena como candidato que “combate la ofensiva del neoliberalismo al tiempo que rompe con los vicios caudillistas y la corrupción sistémica de la vieja izquierda autoritaria e impugna en nombre de la vida y de la tierra las graves limitaciones del modelo de desarrollo extractivista”. Esta carta denunciaba la campaña de difamación y vilipendio en redes sociales y fue firmada por Marina Silva, que sufrió una campaña sucia muy dura cuando se enfrentó contra Dilma Rousseff en las elecciones de 2010 y 2014, e intelectuales latinoamericanos que también fueron linchados mediáticamente por sus críticas a los gobiernos de Bolivia y Venezuela, como Rita Segato y Maristella Svampa. 

En uno de los tuits de Yaku Pérez citado por sus detractores compara la política de intervención sobre la CONAIE organizaciones indígenas de Correa y Evo Morales con Conamaq, Confederación de Ayllus y Marqas del Qullasuyo. En ambos casos se invadieron sedes, se intentó crear organizaciones paralelas a favor de proyectos de destrucción territorial, con cooptación o compra de líderes con beneficios estatales. En el tuit también se comparaba el Yasuní con el TIPNIS, en el primero Correa dio lugar a la explotación petrolera después de haber fracasado un proyecto en que pedía al mundo dinero para defender el parque nacional de la explotación que sería nociva, en la argumentación inicial de Rafael Correa. Fue en ese espíritu que en el artículo 71 de la Constitución aprobada en 2008 se introdujo la figura de Derechos de la Naturaleza y aunque se busque maquillar, la ruptura de Correa con esta agenda es innegable. 

El TIPNIS fue un punto de inflexión en Bolivia, en 2011, cuando el gobierno del MAS impulsó una campaña y operación política para la construcción de una carretera que atravesaría el mayor parque nacional y territorio indígena del país, con oposición de los pueblos indígenas y las centrales históricas que fueron brutalmente reprimidas. En febrero de 2021, como jefe de campaña para las elecciones regionales, Evo Morales ofreció continuar la construcción de la carretera a cambio del voto por su candidato en el departamento del Beni. En su tuit, Yaku Pérez comparaba a Correa con Evo Morales a partir de varios rasgos: “Ambos apostaron x reelección, autoritarismo, machismo, extractivismo y populistas”. Son posiciones coherentes con la postura del movimiento indígena en el continente, y no una postura de cara a elecciones. 

En una disputa parecida, García Linera encabezó desde do gobierno de Bolivia, la crítica al movimiento indígena y las ONG que acompañaron las luchas que llevaron el MAS al poder y en que él mismo había sido consejero. La argumentación que confluye con la de los militares y la derecha conservadora latinoamericana en que los indígenas juegan para intereses extranjeros, mezclaba de forma deshonesta fundaciones ligadas al poder político norteamericano con ONGs de apoyo militante y jurídico a indígenas. Como vemos en el gobierno de Bolsonaro, presentando indígenas a favor del agronegocio o creando centrales indígenas pro gobierno, como en Bolivia. Una de las acusaciones de Ben Norton contra Manuela Picq es justamente mencionar que denunció el ecocidio de los incendios forestales de 2019 en Bolvia. Según Norton, así ella contribuyó a preparar el terreno para el golpe. En realidad, contribuyó a denunciar que con decretos a favor de las quemas de bosques, conseguidos por el poder del agronegocio aliado al MAS, el gobierno incentivaba la desforestación del mismo modo como ocurrió en Brasil con movilización progresista.  

Por un lado, el Grupo Puebla, el Espacio Futuro y la Internacional Progresista con mandatarios y otros actores políticos que se ubican políticamente en la socialdemocracia o el progresismo, rechazan operaciones como la del fiscal colombiano, con susceptibilidad ante las disputas que se vivieron en la Corte Electoral, buscando impedir el recuento de votos. Por otro el ataque de destrucción de reputación, contra posiciones a las que cabría en realidad enmarcarlas en un debate político. linchamiento mediático y ataques personales como las que hizo el MAS con Gualberto Cusi, juez aymara más votado en la elección directa de 2011 para los altos tribunales y destituido por presión del gobierno; como Rafael Correa volvió cotidiano en la defensa de explotación extractiva, encuadrado movilizaciones con leyes antiterroristas, como Bachelet con los mapuches.  

Estas operaciones que son frecuentes en diferentes escalas no tienen forma de ser reparados o atenuados y son piezas imprescindibles de un tipo de construcción política que debería llamar la atención de sus apoyadores honestos. Contra la eterna paciencia de la “izquierda crítica”, uno se pregunta cuántos atropellos son necesarios para entender que es una línea política prioritaria la defensa del extractivismo aunque eso implique violar derechos y romper con pueblos indígenas. Al final, siempre prevalece el cálculo que entiende como estratégico mantener un apoyo popular con políticas estatales en detrimento del respeto al territorio indígenas. Es por esta lógica, también, que la elección del 7 de febrero preocupó al progresismo. Los ríos de dinero del petróleo para políticas públicas durante el correísmo, las campañas de marketing con mucho más recursos , no permitieron la victoria electoral por amplia mayoría que permitiría dar legitimidad a las políticas asociadas a este proyecto político. Es ahí que debe pensarse la fuerza de un levantamiento como el de octubre de 2019. 

Raúl Zibechi tiene razón cuando dice que “las insurrecciones populares no caben en las urnas”, observando como por más que el levantamiento de octubre haya sido un parteaguas en la historia reciente, expresando la resistencia de las comunidades rurales y ciudades medianas, Zibechi observa como las urnas no logran modificar la relación de fuerzas de un parlamento que mayoritariamente apoya el extractivismo y no pone en cuestión el modelo neoliberal. En su perfil de Facebook, Alejandra Santillana evalúa después de las elecciones que “Las calles y la construcción de tejido social organizado siguen siendo un camino determinante aún para lo que ocurra en el plano electoral. Imaginar un proyecto feminista popular Plurinacional y campesino sigue siendo un asunto pendiente que no se resolverá únicamente en el diálogo con el estado, nuestra entrada a este o en reformas institucionales”.  

Una vez despejado el tema del necesario rechazo a una campaña sucia es pertinente discutir junto al movimiento indígena de la CONAIE las diferencias sobre propuestas de Yaku Pérez que generaron oposición interna, y las distintas estrategias de confrontación y diálogo que también crearon divergencias durante el gobierno de Lenin Moreno. Las movilizaciones vividas en varios países latinoamericanos antes de la pandemia se encuentran latentes y abren un debate que no cabe en la polarización entre derecha y progresismo.  

La crítica al acoso judicial de los líderes progresistas, y el avance de la derecha en la región, no debe significar congelar las contradicciones y conflictos anti neoliberales, indígenas por territorio y de clase que marcarán el periodo que se abre, más allá de los límites del progresismo. La extrema derecha crece en la región, de hecho, porque los gobiernos progresistas se incorporaron a la clase política que las mayorías ven como elites del poder desconectadas. Izquierdas del orden, que además asumen el lugar autoritario estatal con eficacia, no pueden proponer otro modelo de desarrollo aunque en algún lugar entiendan la legitimidad de las luchas indígenas.   

Desde el apoyo al correísmo, Valeria Coronel reconoce que “Arauz tendría que ser mucho más enfático en que su proyecto es el de las movilizaciones de octubre, tendría que acercarse al movimiento indígena y romper las barreras que se establecieron en algún momento entre Correa y el movimiento indígena”. Eso no parece ser posible y en los distintos países hubo muchos esfuerzos desde el Estado para acercarse a los líderes indígenas. En el citado texto de Guamán y Stoessel se afirma que «el Ecuador que hoy se expresa en las urnas ha mostrado su voluntad de superar dicha polarización [Lasso/Correa]. Se devela así la urgencia de renovar las agendas públicas con un componente más progresista en el campo de los derechos (sexuales, reproductivos, asociativos, sindicales y participación ciudadana) y en la cuestión ecológica.”  Pero, ¿Es eso realmente posible desde el correísmo que persiguió y encarceló líderes indígenas, y busca alcanzar audiencia conservadora y religiosa hablando de aborto por hedonismo a pocos días de la elección?

En un panorama de la política latinoamericana actual, Claudio Katz separa progresistas moderados y radicales… lo primeros en el Brasil del PT y en los “progresismos tardíos” de México y Argentina actual, los radicales en Bolivia y Venezuela, aunque haya dudas con los sucesores de Chávez y Evo Morales. Katz llama a votar a Arauz, como única alternativa a la que el movimiento indígena debería plegarse, en la segunda vuelta. Admite que las declaraciones de Yaku Pérez en las elecciones de 2017, por las que afirmó  “prefiero un banquero a un dictador”, y que es leída como adscripción al neoliberalismo –desde la lógica bipolar- es consecuencia del “durísimo conflicto” con el gobierno empeñado em ampliar la extracción minera, y que incluyó 400 procesos judiciales contra dirigentes indígenas. Pero vuelve al regazo del progresismo, cuya cara radical o moderada parecen ser dos momentos de un mismo juego de retórica clásico en los nacionalismos del siglo XX cerrando filas siempre con la defensa del orden de un mismo proyecto de poder. Esta posición decanta de su caracterización del movimiento indígena en dos vertientes, una clasista, que podría confluir con el correísmo, y otra “etnicista”, de Yaku Pérez, de demandas corporativa, vínculos espurios con ONGs y sintonías con la ideología neoliberal. Katz sugiere también que la corriente etnicista podría llevar a Latinoamérica un desangre étnico-comunitario como el de los Balcanes, Medio Oriente o África, citando análisis en este sentido de José Antonio Figueroa. 

Junto al progresismo de la denuncia legalista y de la acusación de colaboración con el imperialismo, el progresismo “crítico” cierra filas con la esperanza imposible de acercamiento hacia aquellos actores que persigue y busca destruir mediáticamente. La solución de Katz y otros apunta a Bolivia, donde “los líderes del MAS introdujeron el Estado plurinacional, el respecto a las lenguas y costumbres de las comunidades y la orgullosa reivindicación de la tradición indigenista”. Para ellos es la incorporación de la agenda indígena para poder proseguir con la agenda del desarrollo. Desde el seguimiento de los procesos políticos sólo puede significar intervenir desde el Estado em el movimiento indígena para dividirlo y, quitando del camino elementos de resistencia y lucha contra el modelo extractivista, conceder reformas cosméticas mientras el modelo basado en negocios privados o del Estado en la explotación de recursos naturales se desarrolla con la fuerza y legitimidad hegemónica que hoy en América Latina el progresismo constata que ha perdido. 

Draghi al volante: el piloto automático está en reparación

por Gianni Giovannelli

Tras la caída de Giuseppe Conte, estallaron violentas luchas entre los distintos grupos parlamentarios que hicieron casi imposible la formación de un nuevo gobierno. Para restablecer el orden, el jefe de la banca, llegó con un palo y una zanahoria.

El 7 de marzo de 2013, al final de la reunión del consejo del BCE, durante la habitual rueda de prensa en la sala de la EuroTower, Mario Draghi comentó los resultados de las elecciones que se acababan de celebrar en Italia, sin una mayoría cierta. El 5 de agosto de 2011, a cuatro manos con su predecesor Trichet, el nuevo presidente había dirigido al primer ministro Silvio Berlusconi una carta secreta para imponer no solo cambios profundos a la legislación laboral italiana sino también la inclusión en la Constitución del principio de equilibrio del presupuesto, amenazando con la cancelación de la ayuda económica europea en caso de denegación. Como es bien sabido, todos los partidos se habían doblegado, aprobando en tiempo récord, casi por unanimidad y sin referendos confirmatorios, la norma que impedía cualquier inversión pública futura, en caso de que ello conllevara un aumento de pasivos.

EL PILOTO AUTOMÁTICO

Habiendo constatado así la fragilidad de la clase política italiana, Mario Draghi no dudó en afirmar, con voz tranquila pero con insolente certeza, que las elecciones sólo impresionan a los partidos y periodistas, no a los mercados; por tanto, se declaró seguro de que Italia continuaría el camino de las reformas trazadas por el BCE, independientemente de quién constituyera la estructura de gobierno. Decidir el camino del ejecutivo en formación, fuera el que fuera, era en realidad, a estas alturas, un piloto automático: no podía haber obstáculos ni desvíos. Hay que reconocer que la imagen del piloto automático representaba (representa) perfectamente la idea de lo que eran (son) las relaciones de poder y los equilibrios de poder; en cualquier caso, la sucesión de hechos le dio toda la razón.

De hecho, entre 2013 y 2018, las dos Cámaras desmantelaron toda la arquitectura de los derechos conquistados por los trabajadores, a costa de luchas muy duras, en el último siglo; el trabajo iniciado por la pareja Monti-Fornero (a petición del BCE dirigido por Draghi) continuó con Matteo Renzi. El paquete de Decretos Legislativos (la llamada Ley de Empleo) autorizados por una amplia mayoría parlamentaria contó con el pleno consentimiento del grupo actual dentro del componente de izquierda L&U, o el artículo 1 de Bersani / Speranza, e incluso el voto del ícono Mario Tronti. Solo la severa derrota del Partido Democrático en el referéndum constitucional (diciembre de 2016) determinó una ruptura del marco político, una crisis de alianzas exacerbada por el crecimiento simultáneo del consenso para el componente soberano (derecha: Meloni y Salvini). Pero el piloto automático (también en pleno funcionamiento en el curioso mosaico del gobierno de Gentiloni) siguió asegurando el mantenimiento de la ruta. En el quinquenio 2013-2018, Mario Draghi, salto a la cúspide del BCE, fue el verdadero artífice indiscutible de una formidable consolidación de las privatizaciones, especialmente en los sectores clave de telefonía, energía, banca y seguros; en poco tiempo, el sistema del país cambió radicalmente.

MARIO DRAGHI

Draghi nació en Roma en 1947, durante el IV gobierno de De Gasperi, y esto ya parece un signo del destino; para obtener los fondos para el Plan Marshall, los comunistas necesariamente se habían colocado en la oposición por primera vez, sin dejar de ser constructivos y comprometidos. Su padre, Carlo, se había unido al Banco de Italia en 1922, vinculándose con Donato Menichella, el hombre que dirigió el IRI entre 1936 y 1944 y luego el Banco de Italia en 1946, por recomendación de Luigi Einaudi. Después de terminar la escuela secundaria en los jesuitas romanos (el prestigioso Istituto Massimiliano Massimo) y graduarse en la Sapienza, Draghi, en 1971, fue admitido en el Instituto de Tecnología de Massachussets por recomendación (¡nada menos!) De Modigliani; en 1981, a los 34 años, ya era profesor titular en la Universidad de Florencia (cátedra de economía y política monetaria). Goria, ministro de Hacienda, lo nombró asesor en 1983 y este fue el primer paso en la política de este joven ambicioso y brillante, director ejecutivo del Banco Mundial entre 1984 y 1990. Por nada en el mundo tal hombre habría querido estar lejos de las salas de gobierno; ¡al contrario! Entre 1991 y 2001, como director general de Hacienda (e indiferente al cambio de ministros) fue el gran director de la primera gran privatización de empresas estatales. La revolucionaria legislación sobre intermediación financiera fue lanzada sobre la base de una ley delegada, mediante un decreto legislativo, n. 58/1998; por el nombre de la persona que escribió el texto se llama ley Draghi. Precisamente por la dilatada experiencia adquirida dentro del ministerio y dentro del palacio de la política fue llamado por Goldman Sachs, con una función apical, ocupándose en particular de las derivadas. Allí permaneció casi cuatro años, en los dos últimos años como miembro del Comité Ejecutivo. En el 2016 llegó Barroso, siempre desde la Unión Europea. Dado que fue Goldman Sachs quien llenó Grecia de productos derivados que provocaron el colapso de ese país, estallaron acaloradas controversias, con acusaciones de conflicto de intereses; pero el profesor Draghi dejó en claro, con calma y gracia, que él era un extraño en ese mal negocio, Grecia lo había hecho en 2011, antes de su llegada. Y aceptó, tras el llamado escándalo Bancopoli, la propuesta de Silvio Berlusconi, en diciembre de 2005, sustituyendo a Fazio en la cúpula del Banco de Italia. La inversión en Goldman Sachs se confió al fondo ciego Serena junto con el resto de los activos; y, por supuesto, podemos estar seguros de que Mario Draghi no ha sabido nada de él desde entonces, salvo una revisión periódica de los resúmenes enviados por los funcionarios del fideicomiso ciego. El resto es historia reciente: desde noviembre de 2011 hasta la expiración del mandato en 2019 permaneció en la cima del BCE, y luego se fue a Umbría. El único de la familia que se ocupa de los derivados es Giacomo, su hijo, primero en Morgan Stanley y ahora con Hedge LMR (antiguo operador de UBS). La noticia informa que durante muchos meses el banquero vive recluido en un pueblo de Umbría, Città della Pieve, con su esposa y un bracco húngaro (¿se llamará Orban?), dedicado al ocio y la lectura; por respeto no se menciona lo que come y cuánto bebe, pero lo presentan como un holgazán en reposo.

Draghi y Raiaw retoman, reelaborando y adecuándolas a la fase, algunas ideas de Joseph Schumpeter sobre la Creative Destruction modelo dinámico, ante un cambio objetivo en los métodos organizativos del proceso general de producción y beneficios. La gigantesca transformación originada por el impulso de las continuas innovaciones ha entrado en contacto con las consecuencias vinculadas a la pandemia; los juristas podrían traer el coronavirus nuevamente al evento, daño, causa y efecto al mismo tiempo, sin necesidad de más manifestaciones. Ciertamente hubo una sinergia que multiplicó geométricamente tanto las pérdidas como las ganancias, la riqueza y la pobreza. Casi haciendo referencia a nuestro Christian Marazzi el G30 parece evocar una especie de comunismo del capital para remediar, al menos de forma inmediata, las fisuras en el mecanismo actual, y asegurar la continuidad en este pasaje.

El flujo de mercancías intangibles impone un cambio de ritmo, aquí y ahora, al nuevo capitalismo; la pandemia ha demostrado que la hipótesis de un reemplazo gradual de la antigua estructura es ahora insuficiente. En 2011 la opción había sido utilizar la austeridad y un presupuesto equilibrado para desmantelar el tradicional sistema de bienestar popular obrero en todos los estados de la Unión Europea, hacer que los trabajadores estabilizados pagaran el costo de la crisis financiera, facilitar, imponiéndola, la introducción de una condición precaria generalizada porque es más adecuada a las necesidades del lucro. Por lo tanto, se emprendió el recorte de personal público, la privatización de la educación y la salud y la contención del gasto; el presupuesto equilibrado, invocado por estructuras estatales en permanente déficit institucional, constituyó una maniobra íntegramente política de ataque funcional al proceso de subsunción a realizar en la fase de transición. En 2020, tras la sucesión de grietas y crisis, el programa cambia; Hay un retorno al uso de la deuda para invertir, curar las rupturas, consolidar el cambio y mantener firme el nuevo equilibrio de poder logrado por el capital durante el conflicto social en curso.

De diferentes formas, en los últimos años se ha desarrollado una ruptura del marco político tradicional, una distribución de los consensos electorales tan variada que dificulta cualquier síntesis, incluso para los demasiado frecuentes cambios de sentidos en territorios regionalizados y casi atomizados. La autoritaria entrada en escena de movimientos nacionalistas, de componentes abiertamente reaccionarios y xenófobos, incluso de enfrentamientos violentos motivados con referencias a la religión, todo ello ha creado algunos obstáculos en el funcionamiento del piloto automático; en los estados individuales, la resolución de las dificultades requirió cierta cantidad de creatividad, diversificándose en España, Alemania, Francia, Inglaterra, Polonia, Italia (sin duda nos contamos entre las experiencias más imaginativas, como siempre somos un laboratorio). La pandemia ha agravado los problemas; no es de extrañar que en la sala de control no se hayan limitado a la estrategia de contención, sino que hayan decidido utilizarla. ¡Aprovechar la oportunidad! Especialmente después de haber aprobado el gasto, la inversión a corto plazo, la elección de un déficit.

LA CREATIVE DESTRUCTION. EL PROYECTO DEL GROUP OF THIRTY

Reelaborando a Schumpeter, el informe elaborado por Mario Draghi y presentado el 16 de diciembre de 2020 se basa en una verdadera destrucción creativa, capaz de entrar en la fase actual de crisis y transformación para construir un nuevo equilibrio, diferente, con los fondos asignados. En esta situación, las elecciones son de poca utilidad; por lo que la solución sería la misma independientemente del resultado. El pobre Tsipras ganó en ampliamente su referéndum, pero no le sirvió de nada; las condiciones no eran tratables, o las aceptaba o las arreglaba. Se rindió a Mario Draghi como un mal menor.

El proyecto de destrucción creativa no tiene la intención de preservar o restaurar el status quo anterior. Las reglas actuales son muy claras, como explicó el actual director de Hacienda Alessandro Rivera: los fondos van a quienes pueden presentar una facturación previa de al menos 50 millones, no están en estado de decocción objetiva, pretenden invertir al menos 100 millones en un momento preciso. La entrada de la parte pública juega un papel primordial, garantizando a los bancos, con el objetivo de protegerlos de los riesgos asociados a préstamos fallidos; por lo tanto (pero es diferente del antiguo IRI de Beneduce y Menichella) el Estado entra directamente en el juego para controlar el mecanismo general. Con el debido respeto a la nostalgia ligada a la manufactura, el proyecto Draghi (y el G30) no teme en absoluto el riesgo de un aumento del desempleo; por el contrario, se sugiere que no se desperdicien recursos en rescatar empresas que no parezcan capaces de asegurar su supervivencia al final de la pandemia. La destrucción es suya, sin ningún sentimiento de culpa y sin pensarlo dos veces. La idea fuerte radica en la creencia de que solo procediendo de esta manera surgirán nuevas oportunidades de acceso al trabajo e ingresos (Draghi es una persona educada, no lo llama acceso a la explotación). Este es un concepto claramente desarrollista que ve las nuevas tecnologías (digitalización) y la transformación ecológica (el tema ambiental) todo inclinado a las necesidades del nuevo capitalismo financiero y de TI. Dentro de este esquema, no solo se consuma el conflicto tradicional entre trabajadores y capital, sino que también prevé un enfrentamiento inevitable dentro de las estructuras empresariales.

EL GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL

La pandemia y la inadecuación de la clase política hacen necesario tener un servicio y el piloto automático se encuentra temporalmente en el taller para su mantenimiento. Mientras tanto, su inventor, Mario Draghi, se puso al volante para evitar accidentes de tráfico. Persona decidida pero a la vez prudente, aceptó el cargo sólo después de haber obtenido la adhesión de casi todo el espectro político, de derecha a izquierda, con la única oposición, naturalmente serena y constructiva, de la exfascista Giorgia Meloni, lo que garantiza así la dialéctica contradictoria y parlamentaria.

Después de Ciampi, Dini y Monti, el Banco de Italia se compromete a enviar a sus funcionarios al gobierno de unidad nacional. Esta vez nos hemos ahorrado las lágrimas comunistas que habían acompañado el voto de confianza de Dini, el ministro Speranza (también egresado de LUISS por cierto) se mantuvo en su cargo sin necesidad de una lágrima. Estamos mucho más allá de la mayoría de Ursula, la católica Victoria Ivashina (Pontificia Universidad Católica del Perú antes del Harward) tenía razón al creer que Mario Draghi habría llevado a cabo la misión, manteniendo unidas todas las fuerzas pendencieras de las dos cámaras. La justicia y el trabajo se caracterizan por nombramientos sustancialmente interlocutorios. Orlando fue ministro durante la Ley de Empleo, pero también promulgó las leyes penales sobre la contratación; Ciertamente Confindustria lo aprecia más que Catalfo, pero ni siquiera es un forcaiolo del todo. Cartabia es un poco católica intolerante (nunca se ha resignado a la introducción del aborto) pero no carece de sensibilidad social. La escuela y la investigación parecen proceder con cautela, probablemente sin sobresaltos, a juzgar por los elegidos. El ritmo del nuevo ejecutivo aparece claro mirando los nombramientos relacionados con el gasto: Colao, Franco, Giovannini, Garofoli, Cingolani son un equipo de tecnócratas cautelosos y probados, en plena sintonía con el informe G30 y con el estilo de Draghi. Los políticos, sean partidarios de la Lega, cincoestrellistas o democráticos, se adaptarán contentándose con un porcentaje, exactamente como si el piloto automático estuviera todavía en funcionamiento. Y periodistas como Fubini o Buccini evitarán con cuidado medirse en el espinoso tema de las empresas a financiar o derribar, limitándose, como siempre, a discutir sobre spread, del Mes, de nada, escribir cualquier cosa siempre y cuando se pague. El bracco húngaro puede caminar tranquilamente en el parque privado de Pieve della Città.

Traducción del italiano: Santiago De Arcos-Halyburton

Gianni Giovannelli: Abogado laboralista de Milán. También es el vicepresidente lombardo de la Asociación de abogados especializados en derecho laboral. Ha publicado las dos primeras partes de un trilogía sobre dinero e instituciones: Follow the money y Moonlighting.

Cartografías en devenir

Por Bifo

Me propongo escribir este libro desde que Félix Guattari murió, en 1992.

Pero el libro no terminaría nunca, porque el pensamiento rizomático es la cartografía de las regiones por venir, por lo tanto, las regiones en las cuales éste prolifera no dejan de desplegarse ante mis ojos, cada día que pasa, más rápidas que cualquier rayo-escritura.

El desarrollo de la red telemática, el agenciamiento biomaquínico, el Proyecto Genoma, la constitución de un paradigma bioinformacional son todas manifestaciones sucesivas de este devenir rizoma del mundo que Félix ha pre-cartografiado.

Entretanto el pensamiento de Félix Guattari y Gilles Deleuze ha ganado una vastísima atención, sobre todo en el ambiente Internet, allí donde se agencia y prolifera una forma de enunciación colectiva que se llama red.

Con la insurrección de Seattle, el 30 de noviembre de 1999, este agenciamiento ha mostrado ser una fuerza política planetaria. Agente colectivo de enunciación rizomática y proceso insurreccional son lo mismo.

Precisamente el agenciamiento de redes ha puesto en movimiento un proceso por el cual el pensamiento Deleuze-Guattari, y la bibliografía que éste alimenta, no deja de proliferar, superando cualquier posibilidad de mantenerse actualizado.

Sobre todo en el mundo anglo-americano salen continuamente nuevos libros y revistas sobre los temas que el pensamiento rizomático ha planteado a la atención filosófica, psicoanalítica, política y estética.

El campo del pensamiento filosófico y político, del psicoanálisis, pero también de la biotecnología y del ciberpensamiento están atravesados por los principales conceptos que la máquina neo-logística Deleuze Guattari ha construido.

En la trilogía que va de El Anti-Edipo a Mil mesetas y a ¿Qué es la filosofía? se condensa una aventura intelectual extraordinaria, que concluye probablemente la parábola del pensamiento del siglo veinte, y derrama sus energías más vivas en el pensamiento del siglo futuro.

No pretendo hacer un balance de la suerte actual del pensamiento Deleuze Guattari.

Quiero simplemente relatar mi historia, mi encuentro con aquel pensamiento y las perspectivas que veo derivar de él.

Mi encuentro con Félix Guattari sucedió en diferentes momentos. Cuando hacía el servicio militar en un cuartel de castigo del sur italiano, en 1974, había decidido hacerme el loco para ser enviado a casa.

Un amigo francés me había hablado de un psicoanalista que intentaba ver el mundo desde el punto de vista del esquizo más que desde el del psiquiatra, entonces compré un libro suyo, el único que por aquellos años estaba editado en Italia. El libro se llamaba Una tomba per Edipo[1].

Una noche de junio hice una pequeña escena de locura rehusándome a abandonar el turno de guardia y sosteniendo que allí permanecería hasta el extremo de mis fuerzas. Me ingresaron al hospital psiquiátrico de Nápoles y luego de diez días de observación el coronel médico me mandó a llamar.

Me preguntó: ¿qué es lo que no va?

Yo le dije: en verdad nada, va todo muy bien, sólo que cuando veo la patente de un automóvil los números quedan estampados en mi cerebro donde sufren toda suerte de recombinaciones, hasta que me viene dolor de cabeza.

El coronel médico (que se llamaba Moretti) me miró por un momento con interés, luego dijo que si había aprendido la lección, la había aprendido muy bien, y me mandó a casa con el diagnóstico de neurosis cenestopática (quién sabe por qué).

Desde entonces quedó impresa en mi mente enferma la idea de que Félix me salvó de la colimba. Ya saben, el alzamiento de la bandera a las seis y media y todas esas corridas adelante y atrás…

Luego leí El Anti-Edipo, en marzo de 1976. Aquella vez estaba en la cárcel, en una celda de san Giovanni in Monte (una cárcel bellísima que en el setecientos fue un convento y que hoy es la facultad de Historia de la Universidad de Bolonia). Por más bella que fuera la cárcel me deprimía, sobre todo porque me habían acusado de poner una bomba en una sede de la democracia cristiana, y yo no sabía nada de aquel asunto. Mi amigo Riccardo, que luego partió hacia destinos muy lejanos y que de tanto en tanto reaparece con una nueva mujer vietnamita o californiana, me envió a la celda una copia de El Anti-Edipo. Dentro estaba el mapa de las errancias existenciales y teóricas en las que nos estábamos perdiendo por aquellos años. Proliferar y perderse, éste era el sentido de la empresa colectiva que el movimiento intentaba en Italia.

En Bolonia con algunos amigos hacía A/traverso, una revista que había debutado con el título: Pequeño grupo en multiplicación. La idea del contagio, de la proliferación viral, estaba implícita en aquella fórmula presentada como modelo de organización (¿política? ¿post-política?, poco importa). Y la idea de que los procesos sociales y las transformaciones políticas y culturales son contagios, proliferaciones de virus que se difunden en el cuerpo de la sociedad produciéndole mutaciones, es una idea que proviene de la visión molecular de Félix. Uno de los puntos de contacto entre el pensamiento rizomático y la inspiración filosófica de William Burroughs, que ha hablado de la palabra como virus.

Me encontré con Félix personalmente recién en junio de 1977.

En aquel año en Bolonia tenía lugar una bizarra insurrección que se inspiraba más en el dadaísmo y en El Anti-Edipo que en los manuales de la política revolucionaria.

En un cierto momento para mí las cosas se habían puesto mal. Había hablado en alguna asamblea y había hecho imprimir volantes y periódicos. Iba a Roma con frecuencia donde me encontraba con otros autonomistas, así que un juez consideró tener todas las pruebas para acusarme de instigación al odio de clase y demás cosas.

Mientras el terror se había desatado en la ciudad. Un joven asesinado por un carabinero. Enfrentamientos de días enteros en el centro de la ciudad. Trescientos arrestos de estudiantes, jóvenes obreros e incluso amas de casa que por casualidad pasaban en medio de la batalla. Durante algunos días permanecí clandestino en la ciudad, durmiendo en casa de algún amigo, luego tomé el camino que llevaba al exterior. Naturalmente a París. En junio me decidí a telefonearle a Félix. No recuerdo el primer encuentro con él. Sólo se que enseguida fue lo que siempre ha sido.

Un amigo generoso, inocente y genial.

Al inicio de julio me arrestaron. El juez italiano que la tenía conmigo vino a París y convenció a la policía local de que yo era peligroso, y los de la escuadra antimafia me vinieron a buscar mientras iba de una amiga para el almuerzo.

Mierda, el depot de La Santé es un sitio fétido. Estábamos apiñados de a sesenta en un sótano, mientras afuera llovía a cántaros, y para mear era preciso hacerlo en un rincón atento a que nada ocurriese.

Permanecí dos días, luego me llevaron a Fresnes. Fresnes ya era entonces una cárcel high tech. En la celda estaba solo, las paredes eran todas de metal y en el patio se debía caminar en fila india. Añoraba la cárcel convento de Bolonia.

Pero aquello no duró más de una semana. Félix se había puesto en contacto con mis compañeros, había activado los canales de comunicación de la intelectualidad parisina y había creado, en pocas palabras, las condiciones para sacarme.

Los jueces debieron reconocer que la magistratura italiana había falsificado las cartas, y me concedieron permanecer en Francia. El día en que salí de la prisión de Fresnes Claudia vino a buscarme a bordo de un escarabajo Wolkswagen que guiaba Alain Guillerm, también estaba Danielle.

Ese mismo día me reencontré con Félix y juntos escribimos el texto de una declaración contra la represión en Italia y contra el compromiso histórico entre comunistas y democracia cristiana. La declaración obtuvo el apoyo de Michel Foucault y Gilles Deleuze, de Roland Barthes y de Julia Kristeva, de Philippe Sollers, de María Antonietta Macciocchi y de Jean Paul Sartre, entre tantos otros.

En Italia produjo un efecto fuertísimo, la intelectualidad italiana reaccionó expresando posiciones contrastantes. El disenso intelectual se manifestaba, por primera vez, como fenómeno internacional capaz de oponerse con la misma fuerza al capitalismo occidental, a la opresión soviética y al socialismo real.

La declaración abrió el camino hacia un congreso en contra de la represión que tuvo lugar en Bolonia, en septiembre de aquel año. El congreso de septiembre fue un evento muy importante. Llegaron decenas de miles de personas (algunos dicen que eran cientos, no las he podido contar). Se hicieron asambleas enormes, reuniones y representaciones teatrales en las calles, comicios móviles y conciertos. Fue una explosión de alegría y de rabia, pero en cierto sentido aquello marcó el fin de la historia de los movimientos en Italia abriendo la fase de la deriva terrorista y de la acción estatal de liquidación de las fuerzas sociales disidentes.

En aquellos días la gente llegó a Bolonia como esperando una palabra mágica capaz de abrir el camino hacia una nueva historia, una historia igualitaria y libertaria que estuviese a la altura de los tiempos venideros.

Era como si todos estuviesen allí para oír el rumor del tiempo que estaba llegando y para encontrar la fórmula mágica capaz de evitar el reflujo, la violencia, la catástrofe, el aislamiento y la derrota de toda solidaridad.

No logramos encontrar aquella palabra mágica.

Ciertamente habíamos errado en algo. Quizá también habíamos errado en aquella declaración de julio de 1977. Habíamos ubicado a la violencia estatal y a la represión en el centro, habíamos insistido en el derecho al disenso, mientras que probablemente deberíamos haber insistido mucho más en el carácter propositivo y creativo del movimiento.

De este modo no habríamos cambiado el curso de la historia que estaba preparando una contraofensiva capitalística furiosa a escala internacional, la contra-revolución tacheriana a escala global y el ataque a las formas de vida de la clase obrera. No habríamos cambiado la historia, pero quizás habríamos preparado la transformación de los rebeldes en experimentadores autónomos. En los años sucesivos me encontré con Félix sobre todo para discutir lo que se podía hacer para ayudar a los expatriados políticos que venían de Alemania o de Italia. Durante los años ochenta, los años de invierno[2], su empeño público principal estaba dirigido a denunciar la represión política y a defender lo conquistado por las luchas pasadas. Pero la creatividad filosófica de Félix Guattari, en los libros escritos junto a Deleuze y en aquellos que escribió solo, no sufrió en absoluto el contragolpe de la situación en la que nos encontramos cuando debimos defender algo de nuestro pasado, y la posibilidad misma de nuestra supervivencia.

La creatividad filosófica de Félix Guattari consigue delinear un panorama mucho más amplio del que nuestras fuerzas pueden hoy abrazar. En este sentido canta la canción de los tiempos que deben venir.

Félix murió en 1992.

La caída del bloque soviético, la proliferación de los conflictos étnico-religiosos y el devastador despliegue de la onda monetarista dibujan el horizonte de los años noventa. Luego de su muerte he seguido el desarrollo de la última década del siglo considerando al pensamiento rizomático como un mapa, procurando ver las huellas de lo real en continuidad con las líneas que el mapa contiene.

En continuidad no en analogía, porque el pensamiento rizomático no es un calco sino un ritmo, un funcionamiento, un estilo. Un mapa rítmico, si se puede decir así.

Este libro querría reconstruir el mapa rítmico del pensamiento Félix, y hacer resonar los acordes, los ritornelos y las disonancias de la rapsodia planetaria contemporánea a partir de aquel mapa.

[1] Se trata de Psychanalyse et transversalité (1972). Hay edición castellana. [N. d. T.]

[2] Guattari F., Les années d’hiver: 1980-1985, Bernard Barrault, Paris, 1985 [N. d. T.]

«El poder represivo no puede perdonarlos porque lo desafiaron abiertamente, aterrorizaron a la clase dominante»

por Vadim Vidal / periodista independiente y activista barrial.

Entrevista a Julio Cortes Morales, abogado del Instituto Nacional de Derechos Humanos

Se define a sí mismo como anarco-marxista; reivindicando las vertientes de pensamiento que abogaban por la abolición del Estado durante el siglo XIX. Es abogado experto en derechos humanos y sistema penal, defendió a Carlos Riveros y Felipe Guerra durante el llamado Caso Bombas, de hecho, uno de sus escritos fue considerado como prueba inculpatoria contra los anarquistas Mónica Caballero y Francisco Solar en España.

Desde distintas tribunas, ya sean columnas en El Desconcierto o en Radio Universidad de Chile, como en publicaciones en editoriales independientes, ha llamado la atención sobre los mecanismos que usa el Estado para reprimir el pensamiento y la acción política. Para él no hay dos lecturas: en Chile hay presos políticos. Y desde hace bastante.

VV: ¿Hay presos políticos en Chile?

JC: Yo creo que sí hay presos políticos en Chile, notoriamente a partir del estallido, y antes. El Código Penal de 1874 tiene todo un párrafo y títulos sobre los delitos contra la seguridad del Estado, y los delitos contra la seguridad del Estado son delitos políticos. Es una cuestión de doctrina penal antiquísima. El delito terrorista se supone que se le excluye de eso aunque, en un sentido sociopolítico, el terrorismo es político, salvo en el narcoterrorismo quizás, pero el terrorismo de inspiración política, claro, se discute eso, si está en el límite o no con el delito político, pero lo que no debiera generar discusión es que hay delitos políticos en el código penal.

VV: ¿Cuáles?

JC: Alzamientos, atentados a la autoridad, el mismo desorden público se puede entender que es una forma de delito político, pero, además, en numerosas ocasiones a lo largo del siglo XX se dictaron leyes de seguridad interior y exterior del Estado y eso se sistematizó finalmente. Es una historia bien curiosa, porque la criminalización política más abierta que había a mitad de siglo pasado fue la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, de Gonzalez Videla.

VV: La ley maldita

Claro, y bajo esa ley se procesó a un montón de personas, porque en toda esa inestabilidad que hubo, sobre todo en los años 50, se decretaron primero decretos leyes, que eran pseudo legislación, porque no las hacía el parlamento, pero después el parlamento y la corte suprema las validaron. Hay decretos leyes de esa época que se siguieron aplicando eternamente. El 52, Ibañez prometió derogar la Ley Maldita, pero no sólo no la derogó, sino que la siguió aplicando. Y en el año 57, el 2 de abril, en Santiago, Valparaíso y Concepción, hubo una especie de estallido social bien fuerte. Yo creo que es lo más parecido en Chile a lo que vivimos el 18 de octubre…

VV: También por alza del transporte público

JC: También por transporte público y también espontáneo. Y ahí, bueno, mucha gente terminó presa, hubo varios muertos, después hubo una amnistía el 58 y recién ahí Ibañez derogó la Ley Maldita, pero creó en su reemplazo la Ley de Seguridad del Estado, que es la que todavía se aplica, la que es, en mi opinión, un pilar de la defensa del orden social en Chile.

Pero no es la única herramienta, también está la Ley antiterrorista También es una forma de criminalización política: cuando los ladrones le ponen una bomba a un cajero para chorearse la plata, lo formalizan por robo en lugar no habitado, pero si lo hace un anarquista y no se roba la plata, sino que deja un panfleto criticando al capitalismo o al sistema bancario, ahí se considera un delito terrorista. Entonces creo que esa posibilidad de escoger formas más intensas de legislación, que hacen que un delito ya no se castigue como un delito común sino como un delito más grave. Es algo que, incluso en el Informe Valech se señala como un ejemplo de criminalización política.

VV: ¿El informe Valech hace una definición?

JC: Sí, dice que hay prisión política cuando hay motivación política en los agentes que encabezan la represión. En dictadura esos agentes eran la DINA y la CNI. El tema es que el Informe también dice que para criminalizar a alguien se ocupa, no la legislación ordinaria, sino una legislación especial que intensifica las penas. Por ejemplo, la Ley de Seguridad del Estado. El estándar está ahí clarísimo. Fue un informe que se hizo por encargo del gobierno, tiene un valor oficial y está ahí, y te dice: cuando no te reprimen de acuerdo a la legislación penal ordinaria, sino con esta legislación especial, hablamos de represión política y entonces tú eres preso político.

VV: ¿Hay gente pagando penas por la Ley de Seguridad?

JC: Casi nunca llegan a condenar bajo la figura de la Ley de Seguridad, lo que te hacen es formalizar. Yo creo que el caso más ejemplificador es el del profesor Roberto Campos, que estuvo dos meses preso por patear un torniquete. En derecho penal común eso es un delito de daños, y los daños no te dejan en prisión preventiva. En una situación normal, a esa persona lo hubieran formalizado, le hubieran dejado una cautelar. Pero como se invocó la Ley de Seguridad del Estado, que agrava figuras que ya están en la legislación penal común con penas mucho más bajas, lo dejaron en prisión preventiva, si no, no habría sido posible.

VV: Pero, si no hay nadie procesado o cumpliendo penas por Ley de Seguridad del Estado ¿la pena en sí es la prisión preventiva?

JC: Claro, ese es el problema de fondo. Y eso no es un problema sólo de la ley de Seguridad del Estado. Es un problema que se trató de remediar con la reforma procesal penal, pero que, finalmente, una serie de modificaciones que se han seguido haciendo y que se siguen haciendo, han implicado una verdadera contrarreforma. Entonces esta idea de que no hubiera presos sin condenas o que fueran muy minoritarios, en la práctica, pasa que en muchos casos la pena anticipada es la prisión preventiva y después de un tiempo la fiscalía va y negocia, y te ofrece salir en juicios abreviados. Entonces no se va a juicio oral o el juicio oral puede ser demorado dos años fácilmente (que es el máximo de plazo de investigación que da el código procesal penal). Si logras tener a alguien en prisión preventiva y que no le relajen la medida cautelar, puede estar perfectamente dos años en prisión preventiva.

VV: En el fondo, como estas penas son escasamente efectivas de condena, ¿es una herramienta que usa el poder político para castigar ideológicamente?

JC: Anticipadamente, claro. Invocando esas leyes, se garantiza casi prisión preventiva, con independencia de si después no logran condenarte en el juicio o te condenan por delitos comunes porque no se logra acreditar.

VV: ¿Y eso el ministro de interior lo sabe y lo aplica?

JC: Si, se sabe y se aplica. La ley de Seguridad el Estado se aplicó contra Alejandra Matus, por escribir el Libro negro de la justicia chilena, contra el paro de microbuseros, contra el paro de gendarmes, contra la revuelta de Aysén en 2012. Y en todos esos casos, finalmente no se llegó a condenar, pero Alejandra Matus tuvo que salir del país, otra gente estuvo en prisión preventiva…

Y VINO EL ESTALLIDO

Para Cortés, el término Ley de Seguridad está tan dentro de nuestro inconsciente, que su sola pronunciación por parte de la autoridad provoca efectos en la población. “A mucha gente se le olvida, pero el 18 de octubre la gente salió cuando Andrés Chadwick a las siete de la tarde dijo por la tele: ‘esto es delincuencia pura y dura, y vamos a aplicar la Ley de Seguridad del Estado, vamos a presentar querellas’ y ahí empezó la gente a salir a la calle y empezó el caceroleo y todo pasó de ser una protesta callejera fuerte a una rebelión popular. Yo creo que eso no se ha destacado lo suficiente, el efecto que tuvo el anunciar precisamente la aplicación de esta ley maldita”.

VV: Volviendo al inicio ¿por qué la resistencia a entender que hay presos políticos por parte de las autoridades y la elite política?

JC: Porque eso legitimaría la violencia popular del estallido, esa es mi impresión. Pienso que sería un mal precedente porque implicaría decir, bueno estamos reconociendo que el proceso constituyente en que estamos partió gracias a ustedes saltándose los torniquetes y la gente tomándose las calles y haciendo barricadas. Y eso es lo que no pueden aceptar, porque le estarían reconociendo al estallido el carácter de una especie de revolución política, yo creo que eso es lo que no se pueden permitir .

VV: ¿Hay espacio para un indulto general como el que se está presentando en el Senado?

JC: Yo creo que no lo hay. Es muy curioso y muy cobarde también, porque nadie podría negar que sin ese gran estallido no habría habido un proceso constituyente, y los mismos que ahora están candidateándose, están usufructuando del jugarse la vida o la libertad en la calle, como hicieron miles de personas, principalmente jóvenes de sectores empobrecidos de la población y que muchos de ellos se fueron presos.

Lo que dicen es que sentaría un mal precedente porque se trataría de actos graves Cuando uno lo analiza más individualmente, debe tenerse en cuenta por ejemplo que la mayoría de los presos más jóvenes de la revuelta no eran sujetos politizados antes de ella, no tenían antecedentes penales, pero se vieron en un contexto que en términos de psicología de masas incluso, los llevó a responder a una violencia estructural. Así lo veo, la violencia estructural, que no tiene responsables directos, como la pobreza, la marginación, la discriminación, y la violencia social que estalla desde abajo el 18 de octubre y que tiene bastantes componentes de irracionalidad también.

VV: Es complejo hablar de contextos en estos tiempos, es como “avalar la violencia”?

JC: Pero a lo que apuntaba como elemento de contexto es para entender en términos de reproche penal. El reproche penal es individual y en principio se considera la tipicidad, en qué delito se encuadra este comportamiento, en segundo lugar si es que había o no causales de justificación, es decir, clásicamente, en el caso del homicidio, si es que era en legítima defensa. Yo diría que en la mayoría de estos casos, con los antecedentes que he podido ver, me da la impresión de que son delitos que han cometido gente en una situación tan especial, que no indica lo que criminológicamente implica un compromiso delictual muy alto, sino que más bien haber actuado en una situación bastante especial. El 18, cerca de mi casa, vi que se armaba una barricada y un señor de edad salió con un sillón y dijo “esta bueno ya” y lo tiró al fuego. Estoy seguro de que ese señor nunca habia cometido ningun delito, pero si lo hubieran filmado habrían dicho aquí hay un delito, pero fue un delito a lo Fuenteovejuna, salían millones de personas, cortaron la calle, si lo miras con la lupa penal, dices: oh, aquí hay un desorden, aquí hay un daño, pero precisamente la razón de ser de las amnistías en el siglo pasado (que fueron más de 100), era entender que habían habido circunstancias extraordinarias donde mucha gente había realizado comportamientos que, quizás, eran reprochables penalmente, pero que era más importante finalmente recuperar la paz y la estabilidad social y perdonar ese tipo de comportamientos.

VV: Si no es un castigo político porque no es gente politizada es un castigo a qué, ¿a lo que significa la revuelta?

JC: Yo diría que el poder represivo no puede perdonarlos porque lo desafiaron abiertamente, aterrorizaron a la clase dominante durante un mes por lo menos y cuando empezaron a caer, se concentraron en ellos intensificando una lógica que ya tiene el sistema penal normal pero que en esto casos se incrementa, eso de “no sé si te voy a poder condenar, ni con qué delito, pero mientras tanto nadie te va a poder salvar de varios meses de prisión preventiva”, ese es el mensaje.

LOS PRESOS DE LA REVUELTA

Nadie sabe con exactitud cuántas personas permanecen detenidas por causas referidas a la revuelta social. Hasta antes de la tramitación de una ley de indulto general en el Senado, simplemente no existían datos o se daban vía Transparencia de modo parcial. En enero de 2021, la Fiscalía Nacional entregó a la Comisión de Derechos Humanos del Senado datos al 30 de noviembre del 2020. En ellos se hablaba de 175 las personas en prisión preventiva, con un promedio de edad de 29 años.

Para la Coordinadora por la Libertad de los Prisioneros Políticos 18 de Octubre, organización conformada por familiares, amigos y diversas organizaciones, esta información es parcial pues no hacen seguimiento de los casos, ni entregan reportes sobre el estado de cada detenido, ni en qué recinto se encuentran. Tania Riquelme, miembro de la Coordinadora, cuenta que ellos llevan un catastro que, a noviembre de 2020, contaba 258 detenidos, “pero siempre llegan carpetas nuevas, incluso ahora, más de un año después de iniciada la revuelta. Hay familias cuyos abogados les dicen que no politicen la causa porque puede ser perjudicial para sus familiares presos, pero luego de un tiempo se dan cuenta de que su situación sí es política”. Para la Coordinadora, el indulto que se tramita en el Senado (y que Sebastián Piñera ya anunció que vetará si se aprueba) es insuficiente, ya que sólo remite las penas de quienes ya fueron condenados, con la posibilidad de dejar ciertas tipificaciones de delitos fuera, y con ello a un número importante de procesados. Por eso abogan por una amnistía general y sin concesiones, ya que esta borra el delito, abarcando a quienes están hoy sin condena pero bajo procesamiento y dejando a los actuales procesados sin antecedentes.

Carlos Taibo: «Vivir mejor con menos solo tiene sentido si antes hemos redistribuido radicalmente la riqueza»

por Guillermo Martínez @guille8martinez

Si el planeta se va al garete, y todo apunta que así sucederá si no cambiamos algunos parámetros y dinámicas estructurales, algo habrá que hacer. La teoría del decrecimiento, a la que Carlos Taibo (Madrid, 1956) prefiere tildar de «perspectiva», aporta algunas respuestas al qué, cómo, cuándo y por qué que deberían guiar a la sociedad para intentar paliar lo máximo posible los efectos de una crisis climática más presente que nunca. El escritor y teorizador del decrecimiento aterriza la idea y la conjuga con otra de las realidades más acuciantes a las que se enfrenta la Península Ibérica en su libro de reciente publicación Iberia vaciada. Despoblación, decrecimiento, colapso (Catarata, 2021). Al mismo tiempo, el autor ha condensado una docena de años de trabajo en Decrecimiento. Una propuesta razonada (Alianza Editorial, 2021), una edición de remodelada y actualizada de un antiguo libro publicado hace años. Público conversa con él sobre aspectos como el ecofascismo, la cultura de la prisa o la necesidad de que la respuesta al cambio climático sea autogestionaria y antipatriarcal.

Ha escrito que «la perspectiva del decrecimiento nos dice que si vivimos en un planeta con recursos limitados —y vivimos—, no parece que tenga mucho sentido que aspiremos a seguir creciendo ilimitadamente». Esto, por lógico que parezca, parece no estar demasiado interiorizado. ¿Por qué?

La lógica del crecimiento acompaña sin fisuras a la del capital. Es uno más de los elementos que en los países ricos nos han colocado dentro de la cabeza a través de la publicidad, los medios y el sistema educativo. Que salir de ella no es sencillo lo demuestra el hecho de que porfiamos en defenderla aun cuando sepamos que acarrea agresiones sin cuento contra la igualdad y contra el medio natural, y que estimula al tiempo un individualismo abrasivo.

No desdeño, aun así, que la proximidad del colapso acabe por producir cambios radicales en nuestra conducta. En ese sentido, lo ocurrido al calor de la pandemia tal vez nos abra los ojos ante un futuro marcado por ese colapso.

En su Propuesta razonada recoge que las economías capitalistas desarrolladas han crecido de forma notable a la par que se han destruido puestos de trabajo. De la misma forma, el decrecimiento acarreará una gran pérdida de empleos. ¿Qué solución encuentra la perspectiva que defiende ante este problema?

La solución es doble. Por un lado propiciar el desarrollo de aquellos segmentos de la economía que guardan relación con la atención de las necesidades sociales insatisfechas y con el medio natural. Por el otro, y en los sectores de la economía convencional que seguirán existiendo, repartir el trabajo. La combinación de estos dos factores permitirá que trabajemos menos horas, disfrutemos de más tiempo libre, acrecentemos nuestra a menudo alicaída vida social y reduzcamos, cuando sea posible, nuestros desbocados niveles de consumo. Creo que todo ello es manifiestamente preferible al modo de vida esclavo que se nos impone hoy.

En Iberia vaciada afirma que «cualquier contestación del capitalismo en el siglo XXI tiene que ser, por definición, decrecentista, autogestionaria, antipatriarcal e internacionalista». ¿Qué ocurriría si esto no fuera así?

Ocurrirá que, al calor de un colapso probablemente insorteable, seguirán en pie muchas de las taras que arrastra la izquierda que hoy vive en las instituciones. Y entre ellas el acatamiento de la miseria capitalista, la idolatría de la productividad y la competitividad, el sindicalismo claudicante, los flujos autoritarios y personalistas, las huellas de la sociedad patriarcal, el etnocentrismo y el cortoplacismo. Cuánto tiempo dedicamos a hablar de la corrupción y qué poco le asignamos, por cierto, a la plusvalía.

¿Realmente podemos vivir mejor con menos? ¿Por qué?

No nos va a quedar otra opción. Más allá de ello, se imponen tres consideraciones. La primera subraya que, dejados atrás los estadios iniciales del desarrollo, el hiperconsumo al que con frecuencia se entregan los habitantes del mundo rico poco o nada tiene que ver con el bienestar. La segunda llama la atención sobre el hecho de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, y admito que este último concepto es más polémico de lo que pudiera parecer, ese bienestar más se vincula con los bienes relacionales, los que surgen de nuestra relación con otras personas, que con los bienes materiales que nos ofrecen en los supermercados. En tercer y último lugar, lo de «vivir mejor con menos» solo tiene sentido si antes hemos redistribuido radicalmente la riqueza.

En Iberia vaciada continúa con una obra anterior, que en 2020 alcanzó su quinta edición: Colapso. Agrega que ante dicho colapso medioambiental se dan dos reacciones, los movimientos por la transición ecosocial o el ecofascismo. ¿De qué forma se han expresado estas dos reacciones en los últimos años?

Aclararé, antes que nada, que no sostengo que sean las únicas respuestas esperables ante el colapso. Me interesaba analizar, sin más, esas dos porque creo que contribuían a enriquecer el debate correspondiente. En lo que respecta a la de los movimientos, es fácil apreciar una ebullición de espacios autónomos que reivindican la autogestión, la desmercantilización y, ojalá, la despatriarcalización de todas las relaciones. Entre nosotros, y en los últimos años, el fenómeno ha adquirido una fuerza mayor, aunque no suficiente, al calor del 15-M. Tampoco está de más que recuerde el alcance de los numerosos grupos de apoyo mutuo que germinaron, la primavera pasada, con ocasión de los confinamientos.

Por lo que respecta al ecofascismo, y por no abandonar el terreno de la pandemia, creo que los estamentos de poder que empiezan a coquetear con soluciones autoritarias ante lo que entienden que es un exceso de población han observado con alegría el formidable ejercicio de servidumbre voluntaria al que nos hemos entregado. Más allá de ello, no deja de ser llamativo que circuitos que son formalmente negacionistas en lo que hace al cambio climático y al agotamiento de las materias primas energéticas asuman en los hechos posiciones que remiten a criterios muy distintos. Ahí estaba Trump, sin ir más lejos, intentando comprarle Groenlandia a Dinamarca.

Dice que el universo del automóvil y el de la alta velocidad ferroviaria, sectores nada desconocidos para la amplia parte de la población, resumen bien muchas de las aberraciones que el decrecimiento desea contestar. ¿Por qué?

Resumen bien muchas de las sinrazones de nuestras sociedades. Dan rienda suelta a la cultura de la prisa y del movimiento desaforado, se asientan en proyectos que beben de un individualismo feroz, ningún respeto muestran por el medio y, de manera cada vez más clara, se hallan al alcance, pienso ante todo en la alta velocidad, de unos pocos. Qué penoso es que el progreso de una economía se siga midiendo en términos del número de automóviles vendidos o de la apertura de un nuevo, e insostenible, tramo de alta velocidad ferroviaria.

Los problemas que nos acosan, como dice, son los límites medioambientales y de recursos, el cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas, los ataques que padece la soberanía alimentaria y las pérdidas en materia de biodiversidad. ¿Considera que hay alguno de ellos más acuciante que los demás?

El cambio climático y el agotamiento de esas materias primas, a buen seguro. Cierto es que en el escenario de la pandemia hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo un puñado de factores que parecían llamados a desempeñar un papel menor han acabado por configurar una bola que ha ido engordando y que acaso nos sitúa en la antesala del colapso. Estoy pensando, sin ir más lejos, en las pandemias sanitaria, social, de cuidados, financiera y represiva. Debemos estar atentos, con todo, a las secuelas de una paradoja: son los territorios más deprimidos los que, al menos en primera instancia, mejor saldrán adelante en el escenario del colapso. Y eso importa saberlo en relación con la Iberia vaciada.

Según la perspectiva del decrecimiento, el norte del planeta debe disminuir sus niveles de producción y consumo. ¿Qué principios y valores tendríamos que cambiar para que dicha reducción fuera posible?

Los principales remiten al designio de salir cuanto antes del capitalismo y de sus reglas. Pero, en lo que atañe a los principios y valores que reclama, de manera más específica la perspectiva del crecimiento, ahí están sin duda la recuperación de la vida social que nos han robado, el despliegue de formas de ocio creativo, el reparto del trabajo, la reducción del tamaño de muchas de las infraestructuras que hoy empleamos, la restauración de la vida local y, en fin, en el terreno individual, la sobriedad y la sencillez voluntarias. Por detrás se hallan, inequívocamente, la autogestión y el apoyo mutuo.

Mujeres, cuidados, decrecimiento es el título de uno de los capítulos de la publicación de Alianza Editorial. Son aspectos que también trata en Iberia vaciada. ¿De qué forma están entrelazados estos tres ámbitos que menciona?

Ningún proyecto emancipador, y el decrecimiento quiere serlo, puede rehuir la necesidad de articular una radical despatriarcalización que acabe con la marginación, material y simbólica, de las mujeres. No está de más que recuerde que un 70% de los pobres y un 78% de los analfabetos existentes en el planeta son mujeres, y que, según una estimación, estas realizan el 67% del trabajo para recibir a cambio un escueto 10% de la renta.

Siempre he pensado que, en virtud de su vínculo con el trabajo de cuidados, y pese a las grandezas y las miserias que rodean a este, las mujeres tienen una comprensión más rápida y fluida de lo que significa la perspectiva del decrecimiento. Tal vez es así porque, tal y como lo subraya el ecofeminismo, son decisivas en el sustento de una vida que escapa con fortuna a la lógica mercantil del capitalismo. Si la Iberia vaciada ha resistido, en buena medida ha sido gracias a sus mujeres.

Vivimos en una sociedad capitalista que desde hace años se configura en torno al neoliberalismo. ¿Por qué no se puede defender el decrecimiento y ser capitalista al mismo tiempo?

No afirmo taxativamente que no pueda hacerse. En Francia y en Italia hay empresarios que coquetean con la perspectiva del decrecimiento, toda vez que entienden que el planeta, en efecto, se nos va. Pero no veo que nuestra actuación tenga sentido y eficacia si no cuestionamos, como lo hace la versión del decrecimiento que defiendo, todos los artefactos que rodean al capitalismo: la jerarquía, la mitología del progreso, la explotación, la productividad, la competitividad, el consumo y, naturalmente, el propio crecimiento.

Al respecto tenemos que aprender mucho, por cierto, de las sociedades precapitalistas. Y debemos colocar en primer plano a las generaciones venideras, a las mujeres, a los habitantes de los países del sur y a los miembros de las demás especies con las que, sobre el papel, compartimos el planeta.

Filosofía para tiempos revueltos: la fuerza de Simone Weil

Por Carlos Javier González Serrano 

El mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado.

La corta vida de Simone Weil (1909-1943) se vio muy pronto entregada al quehacer filosófico: desde los catorce años, cuando es víctima de una profunda crisis personal, comienza a preguntarse por el sentido de la existencia humana, un interrogante que no le abandonará hasta su muerte (de la que en 2013 se cumplían 70 años). Su indudable implicación moral con el devenir de los tiempos y de los acontecimientos sociales que vivió le hizo tomar por bandera de sus reflexiones el siguiente dictado: “Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia”. Fue profesora de filosofía entre los años 1931 y 1938, y se introdujo sinceramente y de hecho en la lucha a favor de los obreros y campesinos más desfavorecidos, convirtiéndose voluntariamente en uno de ellos.

En 2009, con motivo de la conmemoración del nacimiento de la filósofa francesa, se celebró un congreso internacional, organizado por el Seminario Filosofia i Gènere, bajo el título Lectoras de Simone Weil. Uno de los más brillantes resultados de aquel encuentro fue un completo y muy recomendable volumen, coordinado por las profesoras de la Universitat de Barcelona Fina Birulés y Rosa Rius Gatell (ambas profesoras de dicha Universidad), en el que además de estudiar en profundidad la figura y el pensamiento de Weil, se hace hincapié en la relación que ésta mantuvo (efectivamente o en diferido, a través de sus textos) con distintas personalidades femeninas de la época, como Hannah Arendt, Cristina Campo, María Zambrano, Jeanne Hersch, Ingeborg Bachmann o Elsa Morante. Redactado por especialistas en la obra de Weil y el devenir de la historia de la filosofía del siglo XX, este libro se erige como puerta privilegiada de acceso al pensamiento de Simone y, más importante incluso (puesto que como ya explicó André Gide, no existe un auténtico conocimiento de una obra sin el conocimiento del contexto en el que se fragua), al meollo cultural, político y social en el que se desarrolló su intensa vida personal y su actividad filosófica.

El conflicto y el ensañamiento de los humanos con sus semejantes, de mano de la muerte, fueron algunos de los temas centrales que Weil abordó y en el que tanto influyó a numerosos autores. Así, escribía en el estudio que dedicó a La Ilíada de Homero:

Llega un día en que el miedo, la derrota, la muerte de compañeros queridos hacen que el alma del combatiente se doblegue bajo la necesidad. La guerra deja entonces de ser un juego o un sueño; el guerrero comprende al fin que existe realmente. Es una realidad dura, demasiado dura para ser soportada, pues contiene la muerte. El pensamiento de la muerte no puede ser sostenido, sino por destellos, desde el momento en que se siente que la muerte es, en efecto posible.

Simone_Weil guerra

Simone Weil en la guerra civil española, en 1936

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Lectoras de Simone Weil no sólo indaga en la actividad filosófica de la autora de El amor a Dios y la desdicha (quizás la obra más conocida, aunque no por ello la más representativa de la producción de Weil), sino que también se hace cargo de toda una “tradición oculta” –como indica Fina Birulés en el artículo introductorio– que debe ser tenida en cuenta si no se desea omitir gran parte del desarrollo filosófico del siglo XX. Un periodo repleto de figuras femeninas en muchas ocasiones silenciadas –o, peor incluso, obviadas–, de imprescindible conocimiento para investigar el decurso de la más reciente historia del pensamiento.

La violencia aplasta a los que toca. Termina por parecer exterior al que la maneja y al que la sufre; nace entonces la idea de un destino ante el que los verdugos y las víctimas son igualmente inocentes, vencedores y vencidos hermanados en la misma miseria. El vencido es causa de desdicha para el vencedor, como el vencedor lo es para el vencido.

Y es que, como también apunta la profesora Birulés, “al hilo del trabajo en torno a Simone Weil, se ha ido haciendo patente que la mayoría de las autoras de la primera mitad del siglo XX habían leído la obra de esta filósofa francesa y que, a pesar de haberlo hecho de formas bien distintas, para todas ellas la figura de Weil parece ser fuente de autoridad”. Aunque gran parte de la obra de Weil fue publicada póstumamente y numerosas autoridades de las mencionadas no lograron tener un contacto directo con ella, sí es cierto que en los escritos y biografías de Zambrano, Arendt, Hersch o Iris Murdoch, por mencionar sólo algunos ejemplos, la sombra (a veces alentadora, a veces aleccionadora) de la pensadora francesa permanece muy presente.

Weil

En sus años de docencia activa, Simone Weil siempre incitó a sus alumnas a que intentaran pensar por sí mismas; con tal objetivo les recomendaba escribir sobre asuntos de la más diversa índole. Su filosofía estuvo ligada desde el primer momento a la realidad que le tocó en suerte vivir. Como ella misma escribió: “la auténtica libertad no se define por una relación entre el deseo y la satisfacción, sino por una relación entre el pensamiento y la acción”. Weil, a diferencia de otras autoras contemporáneas (como en el caso de Edith Stein), se manifestó muy temprano en el apartado político. Una filosofía que no practica –y que no lucha por llevar a la realidad– sus convicciones está herida de muerte. Así, explicaba sin pelos en la lengua que:

El poder encierra una especie de fatalidad que se abate tan implacable sobre los que mandan como sobre los que obedecen; más aún, en la medida en que subyuga a los primeros, se sirve de ellos para aplastar a los segundos. […] Para obtener de los esclavos la obediencia y los sacrificios imprescindibles para un combate victorioso, el poder debe hacerse más opresivo.

Su sobresaliente implicación en el esfuerzo por pensar su tiempo le condujo, incluso, a trabajar deliberadamente en una fábrica, y fue de este modo como comenzó a cuestionarse algunos asuntos capitales que siempre mantendrían un denominador común: la dignidad humana y las relaciones de los humanos entre sí. “El factor social es esencial”, aseguraba en una de sus obras, pues “no existe realmente desdicha donde no se produce degradación social en alguna de sus formas o conciencia de esa degradación”.

Tal dedicación a la causa obrera repercutió muy negativamente en su salud, ya naturalmente maltrecha (sufría dolorosas migrañas a causa de su crónica sinusitis). Toda la obra y la vida de Weil fueron un denodado combate por conseguir la ansiada justicia social. En 1942 confesaba a uno de sus interlocutores epistolares que “tenía el alma y el cuerpo hechos pedazos; el contacto con la desventura había matado mi juventud. Hasta entonces no había tenido experiencia de la desventura. […] Recibí para siempre la marca de la esclavitud”. Hubo de exiliarse de Alemania el mismo año que Arendt, en 1940, debido al nazismo, pasando por Marsella, Nueva York, Londres o Casablanca (entre otros muchos destinos). Tras una existencia plagada de desdichas, en la que sólo encontró consuelo en el pensamiento comprometido y la filosofía, muere en 1943 por inanición en un sanatorio de Ashford, después de sufrir una grave tuberculosis y presa de una absoluta lucidez.

Sus contundentes reflexiones sobre el poder, la opresión, el pacifismo, la coacción y las razones de la lucha social, así como su pensamiento más metafísico (tildado en no pocas ocasiones de místico) sobre la relación del ser humano con la divinidad, pertenecen hoy al patrimonio de la filosofía occidental, que aún ha rendido pocos e insuficientes honores a esta mujer de férreo carácter, endeble salud y decidida voluntad que entregó su vida para comprender el mundo que vivió.

No hay dominio de sí mismo sin disciplina, y no hay más fuente de disciplina para el hombre que el esfuerzo requerido por los obstáculos interiores. […] Son los obstáculos con los que tropezamos y que debemos vencer los que nos dan la ocasión de superarnos a nosotros mismos.