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Gustavo Esteva: La amenaza real es un ejercicio autoritario sin precedentes

26abr-20
Publicada el 26 abril, 2020
por admin

Desde que el virus salió de China se sabía que no es mayor problema para la inmensa mayoría de las personas. No sentirán nada o, cuando más, padecerán una gripa más o menos severa. Tendrán probablemente dificultades respiratorias quienes ya sufrían de problemas pulmonares por la contaminación industrial, como en Wuhan y Palermo, o por otros factores. La mayoría se curará en unos días. Unas cuantas, las que tenían ya una condición de salud delicada, requerirán tratamiento especial y algunas personas de este grupo morirán. Nunca se sabrá la verdadera causa de su muerte… pero se contabilizará en la cuenta del coronavirus, para aumentar el pánico.

Ciertas personas son especialmente vulnerables, por su edad o por condiciones de salud delicadas. El número no es muy grande, pero es mayor que quienes cada año corren riesgos por la gripa de invierno. Una reacción apropiada hubiera sido organizarse localmente para cuidar a esas personas de la mejor manera posible. El papel del gobierno habría sido respaldar ese empeño, garantizando apoyo económico y atención médica a quienes les hiciera falta.

En vez de eso, los gobiernos imitaron a China…, pero sólo en el confinamiento. Allá dieron prioridad a la gente, no a la economía, y el gobierno garantizó condiciones materiales de supervivencia y atención médica gratuita a todas las personas. Implementó esas decisiones a través de una amplia estructura organizativa.

Era imposible imitar a China, donde se combinaba una tradición milenaria de disciplina del pueblo chino con un gobierno muy autoritario, que ejerce amplio control tecnológico sobre cada persona. Ningún otro gobierno podía garantizar a toda la gente la supervivencia y la atención médica gratuita. En forma atropellada se creó así un dispositivo ineficiente, injusto e inmoral. No logra hacer más lento el contagio, atiende a los infectados de manera racista y clasista, y de trasmano condena a una clase de personas a la muerte, las desecha.

El virus hizo evidente la manera in­sensata y casi criminal de tratar a personas de edad avanzada. En Italia murió la mitad de los ancianos de un asilo… que ya estaban en completo abandono. En casi todos los países empezaron a desecharlas disimuladamente. El gobierno mexicano fue el primero que lo convirtió en política pública abierta. Según su Guía bioética, preferirán a los jóvenes sobre los viejos.

La amenaza real es un ejercicio autoritario sin precedentes. “La actual emergencia sanitaria –sostiene Giorgio Agamben– puede considerarse como el laboratorio en el que se preparan los nuevos arreglos políticos y sociales que esperan a la humanidad” (Distanciamiento social, Una Voce, 6/4/20, artilleriainmanente.noblogs.com.). Podríamos salir, según ‘Bifo’, bajo las condiciones de un estado tecnototalitario perfecto (Franco ‘Bifo’ Berardi, Crónica de la posdeflación, Mundo Nuestro, 19/3/20, http://mundonuestro.mx/index.php/ autores/item/2303-franco-berardi-bifo- cronica-de-la-psicodeflacion). Para Raúl Zibechi, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto que pueden revertir los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis (A las puertas de un nuevo orden mundial, elsaltodiario.com).

Muchas personas están actuando con libertad, por estrictas razones de supervivencia –tienen que salir a buscarla– o porque no aceptan vivir sin interacción humana. En vez de asumir el aislamiento, la separación, la subordinación a la pantalla y la instrucción, intensifican sus relaciones con otras y otros. Resisten en pequeños grupos la ola autoritaria que nos acosa y empiezan a producir juntos su propia vida, en redes con otros y otras que hacen algo semejante.

Hay quienes, tal como Giap usó la máquina estadunidense de guerra para derrotarla, entran al territorio enemigo para destruirlo. El “ hackeo cultural”, por ejemplo, produce narrativas insurrectas de código abierto y defiende vida y territorio desarticulando los sistemas de opresión un meme a la vez ( https://hackeocultural.org/ wp-content/uploads/2020/04/Hackear LaPandemia-1.1 -HackeoCultural.pdf ).

Mientras se multiplican la imaginación creativa y la capacidad autónoma, así como la solidaridad con quienes nada tienen, millones presionan por volver a alguna forma de normalidad. Aprenden a vivir bajo una sociedad de control, obedeciendo sin chistar hasta las instrucciones más disparatadas. Cuelgan su alimentación de Uber Eats, Walmart y Monsanto, y exigen medidas policiacas contra quienes siguen su propio camino.

Mientras gobiernos y corporaciones extienden sus tentáculos electrónicos de control, se forma desde abajo el caldo de cultivo social del ejercicio autoritario. Muchas personas empiezan a atacar o reprimir a quienes sólo pueden entender la vida como un ejercicio de libertad entre personas y comunidades.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/04/20/opinion/022a1pol

La esencia del Estado contemporáneo (1)

25abr-20
Publicada el 25 abril, 2020
por admin

Por Jacques Rancière

Fuente del texto en francés: Le Grand Continent, 10 de Marzo de 2020.

Traducción al español: Ignacio Gordillo y Martín Macías Sorondo. Corrección y edición: Gisele Amaya Dal Bó.

El filósofo francés Jacques Rancière firma un texto crucial sobre las transformaciones del Estado contemporáneo, los usos de la inseguridad y la lógica global de la profunda contradicción que estructura la secuencia actual.

El 29 de febrero, en Francia, el gobierno decidió implementar el decreto 49.32 para hacer pasar su reforma de las jubilaciones en la Asamblea Nacional, reforma que desde su fase de proyecto había desencadenado uno de los mayores movimientos sociales de los últimos cincuenta años. Ese mismo día, se anunciaron las primeras medidas de orden público para limitar la propagación del coronavirus, prohibiendo las grandes reuniones y restringiendo la circulación en los primeros focos de contagio identificados. Esta coincidencia no debe entenderse como más que eso, una coincidencia. La llegada del virus sigue siendo, por supuesto, un elemento exógeno. Pero tampoco hay que desaprovechar esta oportunidad conceptual, porque implica simultáneamente dos formas del vínculo entre los ciudadanos y el Estado, que pueden parecer contradictorias.

Nos pareció pertinente entonces ofrecer la lectura de una crónica pronunciada por el filósofo Jacques Rancière en el verano de 2003 en una situación que presenta elementos análogos a los que estamos viviendo en estos días: por una parte, la canícula que conlleva la muerte de miles de ancianos, por la otra, la reforma del sistema jubilatorio. El autor nos ha autorizado generosamente a publicarla bajo la condición de que “no le adjudiquemos el rol de profeta”.

El Estado y la canícula por Jacques Rancière

Al defenderse por no haber sabido prever los efectos de la canícula3, nuestro gobierno ha reconocido implícitamente que le correspondía, si no controlar el calor y el frío, por lo menos, prever todos sus efectos posibles sobre las vidas de nuestros conciudadanos.

Si el asunto se presta a la reflexión, es porque el gobierno está al mismo tiempo empeñado en una labor aparentemente opuesta. Su gran tarea es la de reducir los gastos que la colectividad asume para garantizar, tanto como sea posible, para cada uno un empleo, un salario y acceso a la salud. Este cometido se acompaña de un discurso que exalta las virtudes reencontradas del riesgo y de la iniciativa individual contra la tiranía del Estado de bienestar y el arcaísmo timorato de los privilegios sociales.

Es así como las circunstancias actuales nos presentan, en apariencia, un singular contra-efecto: en el momento en el que el Estado decide hacer menos por nuestra salud, se reconoce responsable en su conjunto en lo que respecta a nuestra vida, su duración y su protección contra todos los flagelos que la pueden amenazar. No se trata aquí de una contradicción accidental, sino más bien de una lógica global. Lo que está en juego en las reformas actuales no es, sin importar lo que se diga, la restauración gloriosa de las virtudes del individuo contra el lastre del Estado. Es más bien el reemplazo de sistemas horizontales y asociativos de solidaridad por una relación vertical entre cada individuo con el Estado protector.

¿De qué nos protege el Estado precisamente? Se resume en una palabra: inseguridad. Se ha querido asignar este término a los fenómenos de violencia y de delincuencia que existen en buena parte de los suburbios y colegios. Pero la inseguridad no se identifica con ningún fenómeno en particular; es la sensación móvil de que estamos amenazados por flagelos innumerables y eventualmente sin rostro. Nuestro presidente fue hace poco elegido por algunos para luchar contra el flagelo de la inseguridad en los suburbios y por otros para protegernos de la extrema derecha securitarista. En qué medida ha vencido a esas dos enfermedades, hoy en día nadie se lo pregunta expresamente. En su lugar, se le plantea si su gobierno ha hecho todo lo que es necesario para prolongar nuestra vida tanto como ella pueda serlo.

Detrás de las alabanzas oficiales a la virtudes del emprendimiento y del riesgo, lo que aparece de hecho es un vínculo cada vez más fuerte de cada individuo con un Estado encargado de protegernos de todos los peligros, tanto aquellos del islamismo y del terrorismo, como aquellos del calor y del frío. Esto quiere decir que la sensación de miedo es aquello que hoy más que nunca cimienta la relación de los individuos con el Estado.

Sería necesario entonces revisar algunos de los análisis entre los que hemos estado viviendo desde hace algún tiempo. Estos nos describen al Estado contemporáneo como aquel cuyo poder está cada vez más diluido, invisible, en sincronía con los flujos de mercancías e información. Estaríamos en la era del consenso automático, del ajuste indoloro entre la negociación colectiva del poder y la negociación individual de los placeres en la sociedad de masas democrática.

Sin embargo, el estruendo de las armas estadounidenses, los himnos a Dios y a la bandera o las renovadas mentiras de la propaganda estatal han sacado a la luz una verdad inquietante: el Estado consensual en su forma consumada no es el Estado gerencial o el Estado modesto. Es el Estado reducido a la pureza de su esencia: el Estado policial. La comunidad de sentimiento que apoya a este Estado y que este gestiona en su beneficio, es la comunidad del miedo.

Los errores que los gobiernos reconocen o de los que se les acusa en lo que respecta a la protección de su población actúan, entonces, como una especie de contra-efecto. Al no protegernos bien, están demostrando que están ahí más que nunca para hacerlo. El fracaso del gobierno de los Estados Unidos en proteger a su pueblo de un ataque preparado desde hacía mucho tiempo se revela como una prueba de su misión de protección preventiva contra una amenaza invisible y omnipresente. Lo mismo ocurre con los fracasos de nuestros gobiernos para hacer frente a la pequeña delincuencia o para prevenir los riesgos para la salud. Prevenir el peligro es una cosa, manejar la sensación de inseguridad es otra.

La opinión reinante desearía ver en el desarrollo de la lógica securitaria una reacción defensiva provisoria, debida a los peligros que plantean hoy en día a nuestras sociedades avanzadas las actitudes reactivas de las poblaciones desfavorecidas, impulsadas por la pobreza al desvío de conducta, el fanatismo o el terrorismo. Pero no hay indicios, en verdad, de que las actuales campañas de fuerzas militares y policiales o que los reglamentos securitarios estén conduciendo a una reducción de la brecha entre ricos y pobres, lugar privilegiado en el cual se quiere ver la amenaza permanente que pesa sobre nosotros.

La inseguridad no es un conjunto de hechos, es un modo de gestionar la vida colectiva. La avalancha mediática cotidiana sobre todas las formas de peligros, riesgos y desastres, así como la moda intelectual del discurso catastrofista y la moral del mal menor, muestran suficientemente que los recursos del tópico securitario son ilimitados. La sensación de inseguridad no es una preocupación arcaica, hoy reactivada debido a circunstancias transitorias. Es una forma de gestión de los Estados y del planeta que es capaz de reproducir en bucle las mismas circunstancias que lo sustentan.

 

 

(1) El artículo original se encuentra en: Rancière, Jacques, Moments politiques, interventions 1977-2009, París, La Fabrique, 2009, pp. 142-145.

(2) El tercer párrafo del artículo 49 de la Constitución Nacional francesa le permite al primer ministro, luego de consulta con el gabinete de ministros, decidir la promulgación de un proyecto de ley referido a las finanzas o al financiamiento de la seguridad social sin que sea necesario el debate parlamentario. Funciona, en suma, como una medida de excepción en la promulgación de leyes. El Parlamento puede contestar la decisión presentando una moción de censura en el lapso de las 24 horas posteriores a la aplicación del artículo 49.3, que debe ser apoyada por la mayoría de los miembros de la Asamblea para cobrar efecto y desaprobar el programa o la decisión del gobierno. En tal caso, el primer ministro debe, por ley (art. 50) presentar su renuncia al presidente. En el caso en cuestión, dada la mayoría parlamentaria del partido promotor de la reforma de las jubilaciones, la aplicación del artículo 49.3 supuso una aceleración en la aprobación de la ley que impidió su debate, método ampliamente repudiado por la ciudadanía y los partidos de oposición. (N.T.)

(3) En 2003, una ola de calor en Europa occidental y el creciente número de muertes que ella provocó habían suscitado en Francia cierta crisis político-mediática.

Movimientos en la pandemia: un nuevo comienzo rebosante de dignidad y autonomía

25abr-20
Publicada el 25 abril, 202025 abril, 2020
por admin

Por Raúl Zibechi

“No queremos tus donaciones. No queremos tus víveres disfrazados de intenciones de exploración”, dice el comunicado de comuneros y autoridades de rondas campesinas de las provincias de Huancabamba y Ayabaca, en la región Piura, norte del Perú.

De ese modo, el 21 de abril las comunidades afectadas por la empresa minera Río Blanco Cooper SA, rechazaron la maniobra de la minera que desde hace años pretende ingresar en esa zona y que ahora se aprovecha de las necesidades para dividir a la población.

El comunicado destaca que la empresa “disfraza sus verdaderas intenciones a través de donaciones”, ya que “desde que llegó a nuestra provincia solo ha traído muerte y ahora viene tendiendo actos de persecución y juicios iniciados contra nuestros dirigentes”. Les dicen que las medicinas que dona “no servirán cuando contamines nuestro medio ambiente y nuestras aguas” y que la ropa que quieren donar “no servirá cuando destruyas nuestros bosques de neblina”.

Además responsabiliza a la minera Rio Blanco “de las acciones que tome cada base o central de rondas contra sus promotores en la zona quienes deben estar en su casa y no dividiendo a nuestra población”.

Raphael Hoetmer, que ha acompañado las resistencias y marchas de los comuneros de Ayabaca, reflexiona por teléfono sobre la importancia del páramo y de los bosques de neblinas para el abastecimiento de agua de Piura y Cajamarca. “Es una zona de fuerte organización campesina, con rondas autónomas y autogestión de la vida. Rechazan la minería porque, aunque se saben pobres, quieren conservar un modo de vida que les ofrece bienestar y libertad, que empeoraría con la minería”.

Otra muestra de dignidad la ofrecen las comunidades de Morona Santiago (Ecuador), que son denunciadas por la minera Explorcobres, por haber atacado el campamento La Esperanza el 28 de marzo. Siempre según la empresa, los comuneros —a los que tilda de “delincuentes”—, tomaron el campamentos , “quemaron varias instalaciones, equipos y un vehículo”.

También en Ecuador, la comunidad San Pedro Yumate, que resiste a la minera Río Blanco en el macizo de Cajas, a una hora de Cuenca, instaló el lunes la tercera pluma (barrera) frente a la vía Cuenca-Molleturo-Naranjal, en una minga para impedir el paso a carros y personas no autorizadas por la asamblea comunitaria, nos escribe Paul desde su momentáneo confinamiento entre los shuar, en la Amazonía.

Mientras las mineras destruyen vidas, contaminan aguas y montes poniendo en riesgo la continuidad de las comunidades, los campesinos e indígenas no golpearon ni atacaron a ninguna persona, solo las instalaciones de las empresas multinacionales.

Seguimos en la región andina. El compañero y antropólogo Rodrigo Montoya nos envía un texto maravilloso, titulado “Aquí termina Lima”. Relata que miles de pobladores de Lima, que migraron años atrás desde diferentes provincias andinas, emprendieron una marcha de retorno a sus pueblos. “No se trataba de manifestante camino a una plaza pública para protestar”. Tenían en común su deseo de irse de la mega ciudad.

“La mayoría de caminantes era joven y tenía rostro andino”, escribe Rodrigo, que a sus casi 70 años fue alumno de la escuelita zapatista. Traigo este recuerdo porque es un compañero que ha hecho de su compromiso una forma vida. Aunque no sabe si desean irse de la capital para siempre, constata que se trata de un hecho “tal vez, demasiado importante”.

Se van de Lima porque no tienen trabajo, pasan hambre, y porque el individualismo de la gran ciudad golpea sus corazones. “A los viajeros de regreso les queda la reciprocidad del ayni —un día de trabajo por un día de trabajo, una carga de leña por una carga de leña— y la minga —un día de trabajo por una comida, con música, bebida y baile— entre familiares de un mismo ayllu o comunidad, como el último recurso en las tierras altas, allí donde los retornantes sin virus esperan llegar y ser bien recibidos”.

Tal vez estamos ante el comienzo de un ciclo inverso, la migración de la ciudad al campo, como nos proponen estos días los rebeldes de Rojava, “volver a la tierra” para “repoblar aldeas rurales”, como reza el comunicado del Comité de Solidaridad con Kurdistán de Ciudad de México. Siento que lo que están haciendo unos cuantos andinos, es todo un programa para enfrentar el colapso del sistema.

Desde la región andina vamos hasta Montevideo (Uruguay). Allí se produjo lo que un jerarca del gobierno municipal definió como “la ocupación urbana más grande de los últimos 50 años”. Se trata de unas mil familias que ocupan un enorme predio de una empresa de servicios portuarios, abandonado desde hacia 50 años, cuyos dueños tienen una elevada deuda con el Estado..

La ocupación comenzó en enero con apenas 28 familias, en Santa Catalina, la periferia pobre del oeste de Montevideo. La necesidad provocó un estallido de familias que decidieron correr el riesgo de tomar un terreno privado, para superar el hacinamiento en el que viven. El jueves 16 de abril el Ministerio del Interior desplegó un fuerte operativo con decenas de policías, helicópteros y drones, deteniendo a cinco vecinos. Dos de ellas fueron procesadas con prisión domiciliaria.

El lunes 20 de abril, desafiando la cuarentena, entre 50 y cien ocupantes se manifestaron frente a la casa de Gobierno. Resistieron el desalojo, tomaron la iniciativa y desafiaron la cuarentena. Se trata de trabajadores empobrecidos, desocupados, empleadas domésticas, changarines, pescadores y hasta algunos policías, que no pueden siquiera pagar un modesto alquiler en una zona que fue cuna del movimiento obrero.

El abogado Pablo Ghirardo, que representa sindicatos y trabajó durante varios meses con los ocupantes del barrio que bautizaron Nuevo Comienzo, asegura que lo hicieron “por el hacinamiento, ya que viven hasta siete personas en un mono-ambiente que se llueve, además de la fuerte especulación inmobiliaria que hace impagables los alquileres”. En la concentraciónportaban pancartas donde se leía: “Tierra para quienes la habitan” y “No nos condenen por ser pobres”.

En el barrio funciona un merendero con donaciones de varios sindicatos y de vecinos solidarios. Trazaron las futuras calles y dejaron lugares libres para espacios colectivos y el salón comunal. Están tan bien organizados que la policía no pudo desalojados. La estaca que un día de enero colocó una vecina para marcar su espacio en un terreno baldío, se multiplicó hasta convertirse en barrio.

Jorge Zabalza califica la masiva ocupación como “una explosión social como la que iniciaron aquellos estudiantes que saltaron los controles en el metro de Santiago de Chile”. Cientos de miles son expulsados por el modelo extractivo a los márgenes de la ciudad. Para Zabalza, “la iniciativa individual que se volvió alud colectivo permite adivinar la existencia de un imaginario que anticipa futuras rebeldías populares”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/movimientos-en-la-pandemia-nuevo-comienzo-rebosante-dignidad-autonomia

Una mirada burguesa a la primera sublevación proletaria

25abr-20
Publicada el 25 abril, 2020
por admin

Por Jesus Aller Manrique

Los hermanos Edmond y Jules de Goncourt, nacidos respectivamente en 1822 y 1830 en la familia de un rentista, antiguo oficial del ejército napoleónico, trabajaron en colaboración en numerosos volúmenes de historia, crítica literaria y artística, y cinco novelas adscritas a la escuela naturalista. Además de estas obras, publicaron también tres entregas de un Diario en el que presentan un retrato agudo y entrometido de la vida intelectual de su tiempo. Hay que decir que son estas páginas de su producción conjunta, debidas sobre todo a Jules, las que han tenido una pervivencia mayor en el interés de los lectores. De ellas Renacimiento ha puesto hace poco en circulación una versión en castellano (2017, edición y traducción de José Havel)

Tras la temprana muerte de Jules en 1870, Edmond prosiguió los trabajos literarios hasta su fallecimiento en 1896, y el cuarto volumen del Diario (primero en solitario) arranca, así, en la época convulsa de la guerra franco-prusiana, el sitio de París y la comuna subsiguiente. Este cuarto tomo lo acaba de traducir José Havel completo para Renacimiento, mientras que, por su parte, Julio Monteverde ha preparado para Pepitas de calabaza una edición que prescinde de las entradas finales, posteriores a las perturbaciones de la Comuna. Los dos libros vienen con estudios liminares de sus traductores e índices onomásticos, y el de Renacimiento trae además profusas y provechosas notas a pie de página

Prusia contra París

Las anotaciones comienzan el 26 de junio de 1870, sólo seis días después de la muerte de Jules, y transmiten un duelo desgarrado por la desaparición del hermano menor, amigo y compañero entrañable, que representaba el polo amable y sensible en la compenetrada pareja. El 6 de agosto llegan a París rumores de una gran victoria francesa que resultan ser falsos, y para fin de mes la capital se apresta a la batalla y el Louvre es evacuado a Bretaña. “Vivir rodeado de esta extrañeza amplia y aterradora, que nos envuelve y abraza, no es vivir”, escribe Edmond el 3 de septiembre, al conocer la noticia de la captura del emperador. Ese mismo día se proclama una República que él recibe con agrado, pero también con la desconfianza de un propietario que teme excesos de la chusma.

El 19 de septiembre truena el cañón toda la mañana y después arriban a la ciudad tropas en retirada. El 23 Edmond anota: “Y siguen abiertas las puertas de los cafés, por las que brota el ruido de las conversaciones divertidas; y sigue la vida despreocupada de la capital, que subsiste junto con todo el horror de la guerra a nuestro alrededor.” Los días siguientes, sin embargo, se instala ya la escasez: “Ayer comimos las últimas ostras, y no hay más pescado que anguilas y gobio”. Los guisos de los ricos llevan carne de caballo y somos testigos de la ira contra los acaparadores que se lucran con la penuria. Compartimos ruidos y olores del París popular y burgués a punto de convertirse en campo de batalla, que el autor describe con amoroso detalle. El día 30, “en los cabarets no se bebe y casi no se conversa.”

La belleza del otoño se despliega indiferente a los rituales bélicos. Ya en octubre, los izquierdistas apuestan en animadas reuniones por declarar la Comuna en la capital sitiada. Las semanas que siguen no traen grandes cambios, aunque la comida, casi reducida a patatas y queso, escasea cada vez más. En enero de 1871 arrecian los bombardeos y explotan obuses cerca de la casa de Edmond en Auteuil. El 20 de enero se consuma la derrota. Los soldados regresan y son insultados por los guardias nacionales en las calles. Es la hora de la capitulación.

Versalles contra París

En febrero “comienza a haber carne y otras cosas de comer. Pero los parisinos carecen completamente del carbón con que cocinarlas.”  Los alemanes ocupan la capital por unos días, y tras su retirada, a mediados de marzo, la insurrección triunfante toma el control: “Los guardias nacionales se multiplican, y se levantan barricadas por todas partes coronadas por bravos chiquillos.” Cuando los militares Clément-Thomas y Lecomte, verdugos del pueblo, son fusilados, Edmond, abatido, clama por una existencia tranquila, entregado al arte, sin soportar la brutalidad de una “turba destructiva” que, armada y prepotente, le encorajina; en lo que ocurre ve los estragos del sufragio universal y la libertad de prensa. En seguida París es cañoneado de nuevo, y desde las mismas posiciones fortificadas de los prusianos, pero ahora por el gobierno provisional francés, presidido por Thiers y establecido en Versalles.

La visita a un hospital de campaña nos muestra el espanto de los cuerpos rotos, rédito de la guerra, y después asistimos a un desfile de féretros con banderas rojas. Edmond reconoce “una profunda tristeza por la suerte de estos brutos.” El 15 de abril los obuses causan estragos en torno a su casa, y ha de refugiarse en el sótano. Son jornadas en las que proliferan barricadas y desconcierto en las avenidas de una capital bajo el signo de la guerra. Ante el decreto que enrola a todos los varones entre diecinueve y cincuenta y cinco años para la lucha contra Versalles, nuestro rentista decide esconderse, pero los días que siguen no deja de vagabundear por París. El 25 de abril reflexiona que la Comuna encarna en realidad el patriotismo de las masas defraudadas por el tratado de capitulación, y rompiendo éste se habría hecho imposible el ataque de Versalles.

A finales de abril, Thiers rechaza cualquier conciliación y el 22 de mayo los versalleses entran en la capital. Es una jornada caótica en la que Edmond nos describe sus experiencias recorriendo plazas y avenidas. En breve caen las últimas posiciones de los federados, y mientras cadenas de prisioneros atados parten hacia Versalles, se empieza a oír el tableteo de los fusilamientos, coronado por detonaciones sueltas de tiros de gracia para los moribundos. Así, poco a poco, la ciudad de la luz vuelve a la normalidad. La última anotación recogida en la edición de Pepitas es la del 20 de junio, aniversario de la muerte de Jules: “Paso el día reuniendo los artículos necrológicos que se le han dedicado.”

Un documento extraordinario

La edición original se publicó en 1890, y fue recibida fríamente, llegándose a acusar a su autor de falta de patriotismo. Seguramente su descripción no fue considerada suficientemente aplicada en la bestialización de los insurrectos, tarea en la que enseguida se volcaron algunas de las mejores plumas del país. El retrato del natural, bien trazado y colorista, pero casi como de pasada, de un movimiento revolucionario de enorme trascendencia, es probablemente el mayor atractivo del relato. Por su parte, las anotaciones de los meses previos y el asedio prusiano nos ponen ante otro episodio decisivo de la historia de la ciudad, que además aporta las claves para comprender lo que ocurrió después.

El censo de grandes escritores que hacen cameos en las páginas del libro es realmente impactante. Ahí tenemos a Zola, que en una comida con Edmond le esboza su plan para los Rougon-Macquart. Renan aparece a menudo, y una vez lo vemos gesticular histérico defendiendo la superioridad intelectual de los alemanes sobre los franceses, causa en su opinión de todo lo que acontece. No faltan tampoco Verlaine, Gautier, Saint Victor, Flaubert, o el mismísimo “dios” Víctor Hugo, recién llegado de su exilio al París de Haussmann y sus grandes arterias, que declara preferir las viejas calles: “Este gobierno no hizo nada por la defensa contra los extranjeros, ¡todo fue hecho para la defensa contra el pueblo!”Él trata de infundir coraje a su amigo para superar el dolor: “Yo creo en la presencia de los muertos. Los llamo los invisibles.”

La pasión por el retrato fiel y minucioso de Edmond de Goncourt nos acerca a los rostros de un París insólito, con escenarios de guerra y revolución como nubes plomizas arrastrándose sobre la gran urbe. Los detalles de la vida cotidiana son un retablo palpitante y lleno de color que enriquece, con la mirada inquieta de un sensible y talentoso enemigo de clase, la historiografía más conocida sobre la primera sublevación proletaria.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

El virus o la paradoja de la democracia I: La preparación que no existió

24abr-20
Publicada el 24 abril, 202023 mayo, 2020
por admin

 

Texto colectivo MultiNômade

El primer consenso que podemos extraer de la pandemia del COVID-19 es el fracaso de todos los gobiernos del mundo, con la excepción de algunos países pequeños de Asia, de anticipar y organizar una respuesta al problema. Desde la represión, en el caso chino, al primer médico que advirtió sobre la aparición del nuevo virus, hasta la indiferencia e inercia de los países europeos, el apego a la normalidad llevó a los gobiernos a perder un tiempo precioso que costó y costará decenas de miles de vidas. Del otro lado del Atlántico (o Pacífico), la situación es peor. En los casos de Trump (EE. UU.), López Obrador (México) y Bolsonaro (Brasil), la incredulidad se ha convertido en acción política, convirtiendo la postura antisistema en un verdadero desdén organizado contra la sociedad. Frente a una realidad que se ha impuesto, el caso brasileño es aún más grave, representando hoy al único país (con la excepción de Bielorrusia), cuya máxima autoridad no solo minimiza el problema, sino que defiende que las muertes deberían ser parte de la rutina del país, cueste lo que cueste.

Pero sería un error centrarse solo en esta manifestación abiertamente mortal. Necesitamos poner nuestra reflexión en la línea de tiempo. Durante el último ciclo político-económico anterior al bolsonarismo, en el período comprendido entre la crisis mundial de 2008 y junio de 2013, que culminó con la crisis brasileña de 2015, Brasil vivió bajo la retórica de la preparación. Era necesario prepararse para la aceleración de Brasil Maior con la construcción de grandes represas en la Amazonia, grandes obras de infraestructura vinculadas a la extracción y grandes préstamos y subsidios para una supuesta «industria nacional». Fue necesario preparar mega eventos deportivos con intervenciones urbanas impactantes, con la construcción de equipamientos deportivos, estadios carísimos y apartamentos minúsculos para concentrar a las miles de familias que fueron removidas de sus hogares.

Mientras Brasil ensayaba un salto que, en verdad, apuntaba al abismo actual, las condiciones de vida experimentaban un cambio silencioso: el aumento de las tarifas de transporte llegando a un 60% por encima de la inflación; el porcentaje de familias endeudadas que alcanzó el 45% en 2014 (escalando al 61,2% en 2018); una triplicación del número de trabajadores tercerizados (12 millones), un quíntuple del número de personas encarceladas (715 mil prisioneros); los gastos de las familias representando el 60% de los gastos totales en salud del país, la red de hospitales convirtiéndose en un 70% privada y apenas el 50% de los fondos para saneamiento básico siendo aplicados, con una tasa inaceptable de solo el 48% de las casas con alcantarillado

Junio de 2013 fue el movimiento que, de forma inesperada y avasalladora, suspendió el móvil-perpetuo de esta falsa preparación y planteó problemas concretos a todos los gobiernos: «menos estadios y más hospitales», «escuelas y hospitales estándar FIFA», «saneamiento sí, teleférico no», «todos contra el aumento», «más libros, menos lacrimógeno», «fin de la corrupción y más salud», «democracia real ahora», en fin. Como sabemos, el breve intervalo se vio sofocado por las represiones, capturas, crisis políticas, económicas y de polarizaciones, posponiendo la posibilidad de que otra preparación pudiese enfrentar los problemas colectivos y urgentes de Brasil.

En 2020, con la mirada atemorizada por el COVID-19, nos enfrentamos nuevamente a las mismas preguntas: ¿cómo movilizarnos ante un problema real y concreto? ¿Cómo garantizar las condiciones básicas de vida? ¿Cómo construir un nuevo pacto social y democrático en Brasil?

 

La nueva movilización social y una necropolítica über alles

Incluso antes de que hubiera claridad sobre qué medidas tomar para reducir el impacto de COVID-19 en el país, el nuevo hecho que surgió fue la rápida construcción de una movilización real y transversal que activó a toda la sociedad. Inspirada en los ejemplos que vinieron de Italia, pronto se formó una red de solidaridad para apoyar a los trabajadores de la salud, reforzar la necesidad de quedarse en casa, compartir información correcta, evitar la escasez en los supermercados y crear campañas para recolectar y distribuir recursos e insumos básicos. En las favelas y periferias, los colectivos de residentes y comunicadores se convirtieron en los protagonistas de las campañas para difundir recomendaciones de salud, pero también recuerdan que no se ha hecho nada en los últimos años para mejorar el acceso a los servicios básicos, como el agua y el alcantarillado. Estos gestos están creando algo impensable en una sociedad tan fragmentada y ya acostumbrada a la multiplicación de controversias y disputas vacías: las bases de una nueva cooperación social y una nueva confianza horizontal fueron lanzadas, movidas por el desafío real y sin precedentes de enfrentar los dramas de una pandemia.

Para el clan que nos gobierna, esta alianza es insoportable. Se escapa de la gestión de la política que se estaba llevando a cabo a través de las redes sociales, de las redes de intriga y mentiras, de la producción continua de chivos expiatorios y enemigos, de la normalización a través de la ignorancia y el fomento del caos y la fragmentación social. Por el contrario, la nueva movilización obliga a todo el país a pensar en nuevas políticas sociales, en medidas para valorar la vida, la importancia de los bienes comunes, la necesidad de compartir información segura, el papel de la ciencia y las universidades y la urgencia de un sindicato. de esfuerzos más allá del sectarismo. Este nuevo momento puede iniciar un mundo totalmente contrario al ruido performativo del populismo, si la movilización encuentra resonancias democráticas y no autoritarias. El hecho es que, ante la catástrofe, el coraje de decir la verdad nuevamente adquirió un sentido práctico y relevante.

No por casualidad, atrapado en un mundo que ya terminó, Bolsonaro intenta romper esta confianza emergente estimulando una revuelta contra las medidas implementadas en los estados y por su propio gobierno. Incapaz de soportar un movimiento que crece fuera de sus corrales digitales y círculos de fanatismo, el presidente canaliza la energía antisistémica para exponer a la población a la muerte, al mismo tiempo que busca multiplicar las constantes amenazas y las viejas disputas improductivas. Contraponiendo cínicamente economía y salud, y confrontado con los límites de su propia ineptitud, toma la necropolítica (la movilización de la política para la muerte) como la única forma de recuperar el control de una realidad que ya está en otra parte.

El cambio que estamos presenciando también explica los límites del comando económico del país. Es suficiente recordar que, cuando el virus ya había pasado a la fase de transmisión comunitaria, el Ministro de Economía dijo que el aislamiento era una oportunidad para pensar en… «reformas». Después de darse cuenta del carácter inevitable de la pandemia, el mismo ministro afirmó que Brasil debe atravesar la crisis rápidamente antes de poder retornar a… «las reformas». Esta insistencia explica, por un lado, la lentitud en la concepción e implementación de los programas de apoyo financiero, solo ahora implementados, y muestra, por otro lado, la falta de capacidad para enfrentar los efectos permanentes de la pandemia en el país y en la globalización en general.

Todo nos lleva a creer, por lo tanto, que es la movilización actual por la vida la que crea una resonancia positiva entre la dinámica de la cooperación social y las decisiones que se toman a nivel institucional y en los diferentes poderes, como lo demuestra la confrontación actual en torno al Ministerio de Salud. Es esta movilización la que nos impide ingresar al juego utilitario que trata de equiparar a los vivos y a los muertos basándose en la falsa racionalidad de los balances económicos y las tablas contables. En la etapa actual de la pandemia, está claro que esta lógica no es más que una lógica de la fosa común, una política de muerte contra la cual debemos, urgentemente, oponer una política de vida.

 

La paradoja de la democracia: medidas para aislar y ampliar la circulación

Frente a las curvas ascendentes de los infectados y los muertos, la necropolítica asume la contradicción entre economía y vida como una condición para su juego mortal, mientras que la democracia aparece en toda su forma paradojal. Para que el aislamiento funcione es necesaria la circulación, para que la pandemia no destruya la circulación, es necesario aislarla y distanciarla. La catástrofe sería imaginar que la propagación del virus impone necesariamente una lógica de contradicción y, por lo tanto, naturaliza una de las peores marcas de la sociedad brasileña: el gran y rutinario sacrificio de vidas (precarias, pobres, negras) en favor del funcionamiento de una máquina fundada en la desigualdad y la injusticia.

Por lo tanto, paradojalmente, enfrentar la pandemia y proteger vidas significa pensar en otra lógica de la circulación y de funcionamiento de la propia máquina, movilizando:

(1) La circulación de la riqueza, con políticas de Renta Garantizada, apoyo a pequeños y microempresarios, expansión de la asistencia social, donaciones masivas por parte de bancos y grandes empresas, etc.;

(2) La circulación de infraestructura, con la distribución de equipos de protección, kits de pruebas en todo el país, con el mantenimiento de un transporte público seguro, con acceso de todos al agua, electricidad y productos de limpieza, con logística para mantener y expandir servicios esenciales, con la construcción de hospitales de campaña y la expansión de camas de UCI, etc.;

(3) La circulación de tecnología, con acceso de todos a Internet, con inclusión digital gratuita en barrios marginales y periferias, con la fabricación de respiradores, equipos de protección y kits de pruebas, con la movilización de laboratorios universitarios, con una inversión masiva en ciencia y tecnología, etc .;

(4) La circulación de información, con la lucha contra el subregistro, con la garantía de publicidad de los datos, con el intercambio de métodos y protocolos de higiene para los infectados, con la lucha contra las fake news, con la difusión del debate científico, la publicación de artículos académicos, la movilización de redes de aprendizaje, producción, difusión y circulación de conocimiento territorial, etc.;

(5) La circulación de la protección, con equipos que pueden aumentar la protección de todos los trabajadores que están en la primera línea, enfermeras, médicos, agentes públicos, trabajadores de logística y entrega, comunicadores, líderes comunitarios, etc.;

(6) La circulación de las libertades, con medidas de restricción y control que son el resultado de la libertad y la movilización democrática, con el veto de imposiciones administrativas autoritarias, prisiones o leyes marciales para garantizar la cuarentena, con medidas responsables para la mayor cantidad de excarcelación, posible, de prisioneros provisionales, prisioneros con enfermedades crónicas, ancianos, mujeres embarazadas y mujeres lactantes, con la substitución de las medidas de internación de jóvenes por medidas de seguimiento en régimen abierto, etc. (Ver CNJ Recomendación No. 62);

(7) La circulación del apoyo psíquico, con la proliferación de diversas iniciativas comunitarias e institucionales para acoger el malestar y el sufrimiento que surgen de la no disociación entre la vida, salud mental, realidad social y económica, con atención gratuita en línea para profesionales de la salud, con el reconocimiento de que es tarea de todo trabajador de salud detectar el sufrimiento psicológico en emergencias humanitarias, etc.;

(8) La circulación de la biodiversidad, con la promoción de la diversidad biológica como un medio de protección contra la aparición de nuevos virus (cinturones vivos), el fortalecimiento de los organismos de inspección ambiental y el monitoreo de unidades de conservación y de los territorios indígenas, el enfrentamiento de las quemas en la Amazonia, la construcción de una nueva relación ética entre todos los seres vivos, etc.

Todas estas iniciativas de circulación de la cooperación social e institucional, además de conformar una agenda urgente para el período de contagio, pueden formar una línea de acción sólida después de la crisis. El fortalecimiento de este nuevo pacto social, ecológico y democrático, basado en la recualificación de la circulación, debería permitir que la movilización continúe por otros medios y a través de otras medidas que serán necesarias. A nivel global, es una oportunidad para pensar en una globalización basada en la solidaridad y la cooperación internacional, en oposición a la crisis de los bloques regionales y las tentaciones nacionalistas y reaccionarias que, a  derecha o izquierda, sueñan con una arcaica desglobalización . En el caso del decrépito gobierno brasileño, es lo que puede evitar un intento rápido de restablecer los cotos electorales basados en mentiras, la reanudación de una austeridad no relacionada con la realidad, o una solución militarista «por arriba», lanzada para enfrentar la ineptitud del propio presidente y la inestabilidad provocada por la pandemia.

Que la experiencia colectiva de solidaridad y movilización transversal sirva, por lo tanto, como una vacuna para estas trampas y componga el terreno concreto para una democracia adecuada al mundo que emerge ante nosotros.

 

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

Estas son las razones por las que debemos oponernos a la Cuarentena General

22abr-20
Publicada el 22 abril, 2020 1
por admin

por Jeudiel Martínez

La ilusión  de la Cuarentena General es que todos nos metemos en pijama en la casa, pasamos tiempo con la familia y nos lavamos las manos todo el tiempo mientras dejamos que el virus se muera: hasta agosto dicen algunos o más tiempo. Luego saldremos, como los animales del Arca de Noé, a un nuevo mundo donde ya no se puede abrazar o dar la mano, las citas son online y los niños se fabrican in vitro…

Es el fetichismo en el poder del confinamiento que no es menor que el fetichismo de Trump o Bolsonaro con la hidroxicloroquina, pero tambíen es la convicción de que, colectivamente,  no podemos hacer otra cosa que escondernos debajo de la mesa hasta que pase el diluvio. El “bravo nuevo mundo” que nos anuncia una nueva raza de profetas no está hecho de posibilidades sino de inhibiciones, limitaciones y tristezas.

 En torno de aquella ilusión y de esta profecía ha nacido algo que podríamos llamar “cuarentenismo” una moral basada en la fé absoluta en el confinamiento y en la certeza de que quienes no lo defienden son irresponsables o partidarios de la muerte. 

Pero que pasa si el cuarentenismo es la ilusión de los que tienen la opción de confinarse??.

Que pasa si la cuarentena indefinida es imposible para buena parte, si no la mayoría, de la población mundial?:

Qué pasa con los que no pueden quedarse en casa por razones económicas o no tienen un espacio adecuado para hacerlo??

Que ocurre si el confinamiento general, no es suficiente para contener el virus?.

Que pasa si  en varios países no ha sido necesario para derrotarlo?.

Que pasa si la cuarentena general es imposible, inefectiva e indeseable??.

Y para creer todo esto tenemos buenas razones.

Las razones

1. LA CUARENTENA GENERAL NO ES LO QUE ESTÁ CONTENIENDO LA EPIDEMIA.

Suecia, Hong-Kong, Taiwan, Alemania, Singapur y  Japón han contenido la epidemia sin cuarentena general, solo con  la detección y aislamiento sistemático de los contagiados.. Nueva Zelanda tiene una cuarentena severísima pero “ENFATIZA EL AISLAMIENTO DE CASOS Y LA CUARENTENA DE CONTACTOS PARA ‘ELIMINAR’ LAS CADENAS DE TRANSMISIÓN”  algo parecido a lo hecho en China.

Lo que tienen en común los países que contuvieron la epidemia, hayan impuesto o no una cuarentena general, es la aplicación de test masivos, la detección sistemática de los contagiados  y de los que han tenido contacto con ellos seguida de  su aislamiento total.

Como la clave no está en la reclusión forzada de la población no debe extrañar que en Alemania y Nueva Zelanda se deje que la gente salga a hacer ejercicio y en Japón, donde recientemente se declaró la emergencia, el primer ministro ha dicho que “aunque declaremos el estado de emergencia, NO CERRAREMOS CIUDADES COMO SE VE EN OTROS PAÍSES. Los expertos nos han dicho que no hay necesidad de tal paso“.

2. EN LA CUARENTENA GENERAL EL CONTAGIO NO SE DETIENE, CONTINUA DENTRO DE LAS CASAS ( Y AHÍ ES TODAVÍA PEOR).

“¿Alguien se plantea el problema de por qué, A PESAR DE TODAS ESTAS MEDIDAS RESTRICTIVAS, SEGUIMOS VIENDO INFECCIONES? ¿si toda esta gente que está enferma en casa está infectando a otros miembros de su familia? le dijo a Al Jazeera el micro-biólogo italiano Andrea Crisanti, miembro del Imperial College.

En la misma entrevista  agregó : “en lugar de decir a las personas con síntomas leves que se aislaran en casa, las autoridades DEBERÍAN HABER ESTABLECIDO CENTROS PARA SEPARARLAS DE SUS FAMILIAS, como se hizo en China, donde la epidemia se originó en diciembre”.  

En efecto para hoy,  13 de Abril, Italia está estancada en una meseta de unos 4000 casos nuevos al día. A diferencia de China, Nueva Zelanda, Singapur, Corea, etc. donde el contagio disminuyó dramáticamente en Italia  la tasa de contagio se mantiene estable.  Por contraste en  el pequeño pueblo de  Vo’ Euganeo Crisanti logró que las autoridades aplicaran otra estrategia: le hizo test a todos los habitantes, aisló a todos los contagiados, y erradicó la enfermedad en un par de semanas.

Sergio Romana, el maestro de Crisanti ,  comparte con su alumno la impresión de que en Vo Euganeo “FUE EL AISLAMIENTO DE LOS ASINTOMÁTICOS POSITIVOS lo que frenó la epidemia”  pero agrega algo inquietante:  “creemos que CUANDO EL VIRUS CIRCULA MUCHAS VECES POR EL MISMO AMBIENTE, POTENCIA SU ACCIÓN...” 

En pocas palabras: sin una estrategia para detectar los infectados dentro de las casas la Cuarentena General solo reemplaza el contagio puertas afuera en uno puertas adentro, más reducido si, pero persistente y más potente y dañino. Recientemente estudios en China mostraron que el virus se esparce hasta 4 metros al lado de los contagiados…es fácil imaginarse el efecto que un contagiado asintomático tiene sobre sus parientes a lo largo de los días…

3. La Cuarentena General no es para todos incluso si quieren hacerla. 

Millones de personas no pueden confinarse sea porque tienen que salir a trabajar, sea porque no tienen el espacio para hacerlo: “La idea es que todos tengamos una casa individual, un poco burguesa, en la que podamos refugiarnos cuando haya una pandemia o un desastre natural” (…) “pero lo que veo en los barrios pobres no es para nada eso. Existe una realidad rodeada de condiciones insalubres, pero no solo eso. EN ESTE TIPO DE BARRIOS, HAY CASAS EN LAS QUE VIVEN CUATRO O CINCO PERSONAS POR HABITACIÓN, POR EJEMPLO“.

Esto es lo que dice el sociólogo Hamza Esmili sobre los banlieue los suburbios franceses 

Ahora hagamos un ejercicio  e imaginemos    el alcance del contagio puertas adentro en las favelas, barrios  y “villas” de América Latina  donde las condiciones sanitarias son todavía peores que las de cualquier barriada europea:   hectáreas de casas apenas separadas,  llenas de familias que comparten el mismo espacio muchas veces sin agua corriente.  Si todavía falta bastante para que se agote la capacidad del virus de seguir contagiando en las bien urbanizadas Italia y España, cuándo se agotará  en los titánicos complejos de favelas de Río y São Paulo o incluso en los de Antímano y  Petare en Venezuela??.

Además ningún estado latinoamericano (o del mundo) tiene la capacidad de mantener  el confinamiento en esas inmensas barriadas populares  (y por eso los poderes establecidos de la favela están intentando sus propias regulaciones más inteligentes que las de los gobiernos).

Pero incluso si, invocando algún poder milagroso,  los gobiernos lograrán confinar millones de favelados y precarios y, por otro a milagro todavía más grande aún, ellos no se siguieran contagiando en el encierro: qué sería de la vida de esas personas durante esos largos, larguísimos meses? que comerían, de que vivirían??.

4. LA CUARENTENA GENERAL EXACERBA LAS DESIGUALDADES 

Pero la vivienda  no es la única razón por la que  el lockdown  solo abarca a una parte de la población. Hay otro problema:  los que prestan los “servicios esenciales” no son grupos reducidos,  son millones,  no solo se trata de  los trabajadores de la circulación y los servicios públicos sino los agricultores, obreros, etc., que siguen sometidos al riesgo del contagio.

Los pobres quedan divididos por la Cuarentena General entre trabajadores autónomos que se quedan sin ingresos y empleados precarios que siguen expuestos al virus.  De hecho hay  segmentos de la población que tienen que estar expuestos para que otras puedan resguardarse -y no se trata solo de los trabajadores sanitarios.

Que no toda la población puede estar en cuarentena y que toda la que está en cuarentena no está protegida contra el contagio es la muestra más clara de las limitaciones de la Cuarentena General.

Pero el problema no es solo ese sino el daño masivo que el confinamiento forzado es capaz de hacer…

5. EN EL TERCER MUNDO LA CUARENTENA GENERAL ES COMO UN ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.

Para los más pobres un lockdown es devastador instantáneamente y  solo es cuestión de semanas o meses para que esa bomba caiga sobre la clase media.  En realidad la gran masa de la población está aprisionada entre el contagio y el  hambre.  En América Latina la mayoría de los trabajadores son autónomos, precarios o trabajan en el sector servicios y no tienen reservas para más de una semana. En general los migrantes de todo tipo son las primeras víctimas de la cuarentena como los hindúes y los venezolanos expulsados de sus viviendas por no poder pagar alquiler  y porque, con las calles vacías, no pueden hacer dinero.

Los gobiernos parecen tomar las medidas improvisadamente, imponiendo la cuarentena antes de saber qué hacer: Maduro decretó un paquete de medidas que no puede cumplir pues la economía venezolana está arruinada  y Alberto Fernández algunas bastante insuficientes o problemáticas. En Colombia no se ha hecho casi nada y en América Latina muchos países son gobiernos regionales, locales u organizaciones civiles o comunitarias las que tratan de contener el desastre repartiendo alimentos.

Dado el tamaño de la población pobre y precaria haría falta una política muy bien pensada para acompañar una Cuarentena General y nadie en América Latina parece tenerla.

6. ES UNA AMENAZA CONTRA  LAS LIBERTADES.

El gobierno de Venezuela anuncia que la gasolina está racionada por tiempo indefinido, Orbán acaba con los restos del estado de derecho en Hungría, y Duterte decreta la muerte para el que viola la cuarentena.  Los cuarentenistas denuncian, con razón, el negacionismo de Trump y Bolsonaro pero frecuentemente olvidan mencionar que muchos gobiernos, todaṽía más autoritarios que esos, han visto en la cuarentena  la clave no sólo para permanecer en el poder por tiempo indefinido sino para tomar  un control total o casi total sobre la vida de la población.

En este momento Venezuela, un caso extremo, no se diferencia mucho de Corea del Norte y no está claro cuándo será levantada la cuarentena pues el propósito de la misma es racionar la gasolina y restringir los movimientos de la población. Que el que es probablemente el gobierno más necropolítico del mundo (es decir que se beneficia de dejar morir o exponer a la muerte a la población)  sea radicalmente cuarentenista es algo que se ha discutido muy poco…

Otro aspecto sistemáticamente ignorado por los cuarentenistas es el enorme poder que policías y militares adquieren con la Cuarentena: en la India palizas y en Venezuela le entregó a la siniestra Guardia Nacional el control total de la gasolina. Además la policía tiene la autoridad de encarcelar al que no lleve máscaras. En todo el Sur Global la cuarentena trajo un aumento de la brutalidad policial .

Pero, en realidad,  el encerrar a la población en países como estos es tan  difícil de lograr y tan dañino cuando se logra que, en la práctica, la cuarentena muchas veces es relajada  o ignorada: Alberto Fernández anunció flexibilizaciones de la cuarentena y en Venezuela muchas veces  no se cumple. Algunos medios hablan de una situación caótica en Manila.  Parece que, incapaces de concebir o de aplicar medidas coherentes, muchos países van a aprisionar a la población entre órdenes contradictorias y, en general, entre los males de la cuarentena y los del contagio.

Memorias del Tercermundismo.

Alberto Fernández resumió muy bien la posición cuarentenista:  el contagio masivo “va a ocurrir” pero “Si nos quedamos en casa va a ser más lento” y: Cuanto más lento sea el contagio, más posibilidades de atención a la gente y menos posibilidades de que el virus mate” .

Este es el estándar de la posición cuarententista, completamente reactiva, y opuesta a la proactiva de los países que han  buscado formas o de suprimir la curva de contagio radicalmente o trabajando activamente para achatarla lo más rápido posible.

Pero, nos dicen, eso no es lo que nos toca a nosotros: esto no es Singapur ni Corea, ni Alemania ni Nueva Zelanda, a nosotros, sudamericanos, la cuarentena es lo que nos toca.

“es lo que nos toca” tiene una larga historia en el esperpento latinoamericano: nos tocaban dictaduras militares porque no estamos listos para las elecciones, nos tocaban gendarmes necesarios para protegernos de nuestros propios impulsos raciales….nos tocaban periodos especiales y dictaduras de partido por el cerco imperialista y  resignarnos a “democracias imperfectas” (corruptas y elitistas) para no retroceder a las dictaduras. Ahora nos dicen que una lucha pro-activa y efectiva contra el corona virus tampoco nos toca porque no somos coreanos…en fin, siempre se nos pide paciencia  para lo menos malo en medio de una lenta transición a lo bueno.

En esa perspectiva, derechos humanos, presidentes que no sean saqueadores y policías que no sean ladrones y asesinos entran en el terreno de lo utópico porque no somos Suizos, Suecos o Coreanos.

En realidad las elecciones, los sindicatos, los derechos laborales y las libertades básicas nos tocaron gracias a la gente que no aceptó que esas cosas estuvieran fuera de nuestro alcance… y eso aplica también para la lucha contra esta  pandemia  (y todas las que China seguirá disparándonos en los próximos años).

Como hemos visto, combatir el Corona virus no tiene nada que ver con aplicar una cuarentena general y el encierro forzado de toda la población, un encierro  a la vez imposible, inútil e indeseable que mientras más tiempo se trate de mantener será más desastroso.

El problema no son las normas de distanciamiento social, la prohibición de eventos deportivos y conciertos o incluso la disminución de la actividad económica: todo esto es necesario para eliminar las aglomeraciones. El problema, como señalan repetidamente epidemiólogos chinos e italianos es aplicar una política pro-activa de detectar los contagiados y aislarlos…en ese contexto si se puede esperar a que aparezca, primero algún fármaco que combata al virus y luego una vacuna.

Pero la condición de eso sería la aplicación del test masivo que es muy raro en América Latina y todo el Tercer Mundo.

Las razones no son solo materiales, de falta de equipos: hay resistencia de doctores que todavía creen que es una herramienta clínica y no de seguridad, burocracias sanitarias  y pura y llana incomprensión de su importancia pese a que expertos chinos, que combatieron el virus en Wuhan, han dicho claramente que : «SI UN PAÍS PRIORIZA A LOS PACIENTES GRAVES EN LAS PRUEBAS Y TRATAMIENTO, SU TASA DE LETALIDAD SERÁ MÁS ALTA. En un país donde las pruebas son más comunes y hay muchos pacientes leves detectados y puestos bajo cuarentena, LA TASA SERÁ MÁS BAJA»

Así o más claro??

Un cuarentenista más sutil podría decir que el “quédate en casa” es una “idea reguladora” o un estándar, es decir, todo el mundo no va a hacerlo pero la idea es que la mayor cantidad posible lo haga…en realidad incluso como idea reguladora el Cuarentenismo es deficiente porque no separa contagiados y saludables.   “Máximo de circulación con el mínimo de aglomeración” o “Detectar el máximo de contagiados, aislar al máximo de detectados” serian estándares o ideas mucho mejores pues derivan de experiencias exitosas.

Entonces, es falso que en América Latina no se pueda hacer otra cosa que encerrar a la gente en la casa, lavarse las manos, y declara enemigo público número uno al que sale a estirar las piernas:  de hecho la mayoría de los países del continente tienen todavía alguna capacidad de actuar decisivamente en tres áreas:

  1. Implementando progresivamente los test masivos, no solo para tener una imagen del contagio y su evolución sino para que cada quien pueda tomar las medidas necesarias (no solo aislarse en su casa sino de sus familiares, por ejemplo). especialmente necesario es ir  a las zonas más pobres y vulnerables y aplicarlo masivamente eligiendo algún método de muestreo.
  2. Crear la infraestructura sanitaria para que los contagiados, incluso los asintomáticos,  puedan confinarse sin esparcir el virus, eso incluye entrar activamente en favelas y barriadas no solo a hacer test y sacar a los contagiados sino a llevar agua e infraestructura sanitaria.
  3. Tomar decisivamente medidas económicas, especialmente a. Una renta básica para la mayoría de la población que equivalga a un salario mínimo b. Subsidio de alquileres y servicios públicos c. producción local de insumos y equipos sanitarios.

Es cierto que todo esto es difícil y que hay grandes obstáculos -incluidas nuevas formas de rapiña y piratería que hacen difícil adquirir insumos sanitarios- pero es falso que no se pueda hacer nada, por ejemplo:

  • En periodos de contracción en que la circulación de dinero ha disminuido  medidas de expansión controlada del gasto que aumentan  la circulación de dinero no generan inflación,
  • Se pueden empezar a aplicar progresivamente  más test y chequeos  mientras se construyen infraestructuras para la cuarentena (hoteles y posadas podrían ser usados si son adaptados adecuadamente dándole un impulso al empleo)
  • Los gobiernos pueden combinarse con los grupos de profesionales y las comunidades populares que se están organizando para combatir el virus.

En general es necesaria una actitud mucho más pro-activa en la salud pública. La salud, como todos los servicios públicos, no son gastos sino producción. Y ea producción de salud debe  llegar a donde no ha estado nunca antes. Esa era la virtud de las Misiones Sociales de Chávez, virtud  que es independiente de que fueran usadas para el  clientelismo y el control social o de que se usara la salud preventiva como muleta para un sistema de salud decadente y quebrado en vez de renovarlo.

Nada impide que se hagan experiencias parecidas sacando el componente clientelar y caudillista y fortaleciendo áreas en que las Misiones siempre fueron muy débiles (tecnología, comunicaciones, etc)

Pero el cuarentenismo que espera que el virus desaparezca si la gente se mete en su casa y se lava las manos no es más que la continuación de una lógica sanitaria, “biopolítica” que ya era reactiva: no llevar la salud, hacerla fluir sino esperar a la enfermedad para contenerla (cuando se puede) pero no se le puede apostar al “quédate en casa” la lucha contra el corona virus mientras se mata de hambre los pobres, los precarios y los inmigrantes: no solo tenemos derecho a saber si estamos contagiados y a poder aislarnos sin perjudicar a nadie en condiciones sanitarias sino que ningún gobierno tiene derecho a decirle “quédate en casa” a una persona que no tiene dinero para comer o pagar el alquiler…

No olvidemos que tanto los que niegan la epidemia como los que imponen las cuarentenas no pasan hambre e, incluso si el virus los alcanza, siempre tienen siempre trato preferencial: el virus es democrático pero nuestro mundo no lo es, no todavía.

Entre tanto:

‘Tem que se mover, não pode ficar sentado‘

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