Crisis permanente del capital y el asentamiento de un nuevo nacionalismo autoritario en el siglo XXI

Por Daniel Feldmann 1 2

Traducción del francés: Emilio Guzmán Lagreze3.

En este artículo, Daniel Feldmann se propone, a partir de una confrontación crítica con las tésis de Karl Polanyi desarrolladas en su obra La Gran Transformación, analizar el sentido de los nuevos nacionalismos encarnados por los gobiernos de Trump, Orban, Duterte, Bolsonaro … Mientras que los proyectos de modernización nacionalistas sean de derecha como de izquierda durante los dos primeros tercios del siglo XX tendían a promover el desarrollo capitalista modulando sus efectos atomizantes y desocializantes, los nuevos nacionalismos, lejos de llevar la lógica neoliberal, constituyen hoy en día las formas mejor adaptadas a la gubernamentalidad neoliberal en la medida en que ellos aceleran las reestructuraciones económicas y políticas en curso, avalan y simbolizan en un sentido « patriótico » la lucha autofágica de todos contra todos y proponen tomar en carga de manera más eficaz, la gestión autoritaria de los individuos y grupos sociales deviniendo estos superfluos de cara a la valorización capitalista.

1 – Introducción1

En el prefacio titulado « Anatomía del nuevo liberalismo » en la traducción inglesa de su obra Esa pesadilla que no termina. La extraña victoria. Cómo el neoliberalismo destruye la democracia2, Christian Laval y Pierre Dardot sostienen la tesis según la cual el giro político mundial actual, marcado por el ascenso de un nuevo nacionalismo de derecha, en el que el punto de lanza fundamental es la elección de Donald Trump en 2016, pero también el ascenso reciente en el poder de otros dirigentes como Matteo Salvini, Viktor Orban, Sebastian Kurz, Rodrigo Duterte y Jair Bolsonaro, se inscribe en un marco más largo y general caracterizado por el entrelazamiento entre neoliberalismo y autoritarismo. Para Dardot y Laval, « Esta matriz estratégica de las transformaciones económicas y sociales, muy cercano de un modelo naturalizado de guerra civil, encuentra otra tradición, más auténticamente militar y policial, aquella, que hace de la « seguridad nacional » la prioridad de todos los objetivos gubernamentales. Neoliberalismo y securitarismo de Estado han hecho tempranamente una muy buena pareja »3.

Buscaremos a lo largo de este texto identificar ciertas causas y consecuencias de tal imbricación, a partir de hipótesis y análisis que serán abordados en las cuatro secciones siguientes. En primer lugar (sección 2), apoyándonos en ciertas categorías de la crítica a la economía política marxiana, sugerimos que la guerra civil es siempre algo latente y constitutivo de la misma dinámica capitalista, al mismo tiempo que suponemos que las transformaciones en curso del siglo XXI tienen tendencia a eludir los frenos en otros momentos históricos han podido han podido retener mediante el intermediario del Estado y de ciertas instituciones el desencadenamiento de tal guerra. Luego (en la sección 3), recuperando de manera crítica la importante contribución de Karl Polanyi, intentaremos mostrar que las condiciones históricas que, en el siglo XX (sobre todo después de la Segunda Guerra mundial), autorizaban ciertas formas de limitación y de control social consciente de la esfera económica, son hoy en día superadas, dando lugar a una heteronomía creciente del proceso político y social, así que a la profundización substancial de un proceso de individualización y de atomización. Tener en cuenta esas evoluciones resulta esencial para aprehender la coyuntura que vivimos. En la sección 4, afirmamos que tal intensificación de la incontrolabilidad y de la de-socialización reemplaza más y más al espectro de la guerra civil y es indisociable de un proceso de crisis permanente e irreversible del capital, proceso que buscamos esclarecer a través del concepto de « contradicción en proceso » presente en los Grundrisse4 de Marx. Finalmente, en la sección 5, trataremos discernir los sentidos de los nuevos nacionalismos autoritarios, indicando que ellos tienen en común el llevar al extremo y con eficacia ciertas tendencias ya contenidas al seno de la diseminación de la dinámica de límites internos del capital y de la difusión de la racionalidad neoliberal.

2 – La modernidad capitalista y el fantasma de la guerra civil

Para esclarecer lo que llamamos por « fantasma de la guerra civil » que ronda las sociedades capitalistas en este siglo XXI, debemos saber qué tipo de guerra hablamos. Para este hecho, es muy útil e incluso necesario proceder a una breve digresión inicial que nos ayudará a producir una puesta en perspectiva teórica e histórica los términos de esta guerra civil.

La separación entre lo que hemos llamado como esfera política y la esfera económica es un producto de la modernidad capitalista. Después de todo, es el capitalismo que, instalando la generalización de la mercancía y del valor como forma indirecta de mediación entre individuos, produce tal autonomización de lo económico en la medida en que suprime la antigua indistinción entre la reproducción de la vida material con las costumbres, las tradiciones y las relaciones de poder directas y personales entre individuos.

Sin embargo, tal escisión, en la que el resultado es la co-emergencia del sujeto económico privado celoso de sus intereses y sumido en la competencia de los mercados y del sujeto político bajo la forma del ciudadano moderno, debe ser aprehendido en tanto que unidad sin la cual la sociedad capitalista no podría desarrollarse. No deseamos tratar en detalle las diferentes dimensiones de esta relación entre las esferas económica y políticas (tales como la promoción violenta de fases de acumulación primitiva sostenida por el Estado en tanto que garante del dinero, y en tanto que proveedor de infraestructuras esenciales para la reproducción capitalista, el Estado en tanto que promotor de la expansión externa de los capitales nacionales, etc.). No retenemos aquí más que una de esas dimensiones, lo que parece esencial para la reflexión contemporánea. La interiorización por parte de los individuos de los imperativos abstractos de valorización del capital genera en sí una dinámica perturbadora y de potencial guerra civil. Y ello no solamente en razón del hecho que las relaciones sociales dentro del capitalismo deben aparecer bajo la forma de cosas como la mercancía y el dinero. Más importante aún es el hecho que una sociabilidad fetichista « pura » – es decir sin ninguna otra forma de mediación social– no podría más que conducir a una lógica de destrucción y de mera supervivencia. La violencia directa de la mercancía sin ningún control llevaría directamente a la guerra civil. Sin la constitución de una esfera política distinta, lo que Marx llamó « salto de la muerte » de la mercancía5, es decir, la necesidad imperativa de transformarla en dinero, de transponerla cruda y desnuda en el conjunto de las relaciones sociales, estas serían simplemente inviables. Así, la metáfora del « salto mortal » de Marx abre la posibilidad de ir más allá de una simple metáfora.

Es en esta óptica que es legítimo considerar el Estado- nación y la esfera política, no como una simple relación de exterioridad a la dinámica del mercado y de competencia, pero mucho más precisamente en tanto que estructura del lazo social que permite reproducir esta dinámica. Así, pertenece al Estado, no solamente el crear una institucionalidad correspondiente a la sociabilidad de la mercancía y del capital – ley abstracta, contratos, normas, etc. – así que el rol de atenuación del potencial siempre presente de violencia y de conflicto generalizado contenido en la lógica de la competencia. Bien entendido, ello no niega el hecho que la violencia misma bajo diferentes formas– internas o externas en el marco de cada uno de los diferentes Estados nacionales – ha sido siempre una marca decisiva de esta misma modernidad capitalista. Por el momento, lo que nos interesa antes que todo, es sugerir que existe un potencial de guerra civil y de explosión que se desprende de la forma reificada instituida por la categoría de valor económico que debe ser debe estar en alguna medida contenida, sino, el caos y el descontrol social pondría en peligro la misma continuidad de las condiciones de valorización infinita del capital en tanto que fin en sí. Es precisamente en el marco de esta tensión constitutiva que el Estado debe aparecer en tanto que regulador de las relaciones económicas, productor de control y de contrapeso para la lógica descentralizadora de la concurrencia generalizada, en tanto que árbitro de ciertos conflictos entre diferentes intereses privados y no en menos ocasiones, en cuanto organizador de la integración – material, institucional y simbólica – del espacio territorial de la nación.

Conviene decir que esta misma tensión constitutiva plantea una contradicción moral que divide también la sociedad burguesa. Dado que tal sociedad reduce el contacto de los seres humanos a una concurrencia feroz y permanente, es necesario erigir como ideal moral la represión y la retención de esta agresión egoísta desencadenada por la propia estructura social. Como lo señala Max Horkheimer, para atenuar y sublimar tal agresividad, le corresponde igualmente a la esfera política y al Estado promover la difusión de valores opuestos al individualismo ilimitado: « La necesidad de la moralidad idealista resulta de la situación económica de la burguesía. (…) ha sido necesario amplias medidas gubernamentales para permitir al conjunto de la realidad social el reproducirse en la forma dada (…) Así, uno de sus orígenes es por tanto la necesidad para la sociedad de limitar el principio de concurrencia al curso del período histórico que éste regula »6.

Por otra parte, y es central, la capacidad del Estado para resolver tal tensión constitutiva no jamás puede ser ilimitada. El mismo Estado está sumido a los imperativos y restricciones que escapan a él, y que son el producto de una lógica tautológica que impide a menudo toda coordinación racional. Para tratar de abordar mejor esta cuestión, nos remitimos aquí a Jean-Marie Vincent, que declara : « No hay discontinuidad absoluta entre la acumulación de capital y la producción de valores propios del Estado, orden, seguridad, formalismo de la igualdad, pero al contrario, discontinuidad relativa, dialéctica sutil de la exclusión y de la inclusión. De un lado, el Estado se presenta como la sublimación de las relaciones sociales inmediatas, como si devolviera a los individuos de la sociedad capitalista una sociabilidad de la que han estado desposeídos. De otro lado, está íntimamente vinculado a la socialización-privatización de la vida capitalista »7. Vincent señala el hecho que esta socialización encarnada en el Estado y en las instituciones políticas es al mismo tiempo una privatización, ya que ella restablece igualmente el atomismo generalizado resultante del hecho que los individuos no son más que medios individualizados de una dinámica capitalista que les escapa. Los individuos están estrechamente vinculados, pero se trata de una interconexión centrada en la concurrencia y la confrontación. Así, la misma socialización política capitalista que produce la unificación de los individuos en un mismo marco social estable constituye la base de la búsqueda de su exclusión y de su separación conflictiva, es decir, de una inestabilidad crónica. Tal inestabilidad no puede simplemente estar suspendida de manera indefinida. Ya que el Estado no puede bloquear la reproducción fetichista de la sociedad en la cual « la independencia recíproca de las personas se completa en el seno de un sistema omnilateral de dependencia factual »8. El Estado debe ser la mediación política que corresponde a esta « dependencia reificada » de la que habla Marx, así como el mismo Estado no puede más que estar obligado por ella. Así, al seno de esta dialéctica de unficación y separación, de socialización y de privatización mediada por el Estado, una dinámica se crea en la cual las medidas yendo hacia un orden consciente de la reproducción social no pueden abolir el carácter incontrolable y errático de esta reproducción. En más, en medida en que en el capitalismo, la mediación política estática no es un fin en sí, sino que el marco político que permite el desarrollo de la valorización del capital en tanto que un fin en sí, la acción de control mismo del Estado no puede más que preparar nuevas situaciones incontrolables. La voluntad organizadora y « pacificadora » del Estado le ayuda a reconstituir los elementos desorganizadores, imprevisibles y perturbadores. Es por esta razón que Vincent critica la ilusión voluntarista consistente en « sobrestimar las posibilidades del Estado » y a « atribuirle capacidades de intervención más allá de los límites que le asigna a la valorización »9. Tal sobrestimación del Estado, que tiende a inflar excesivamente su autonomía, encuentra su origen en la exteriorización de la esfera política de cara a la sociedad, pero no comprende que esta exteriorización es precisamente la otra cara de una totalidad dominada por el movimiento imparable y abstracto del capital. Así, la misma totalidad que confiere cierta autonomía al Estado reproduce incansablemente su subordinación y heteronomía10.

Ahora podemos volver a nuestra cuestión inicial. Nuestra hipótesis es que la nueva coyuntura histórica estaría marcada por una bancarrota creciente en ese rol de balizamiento, de orden, de sublimación del egoísmo agresivo y de control social y económico relativo ejercido por el Estado nación y sus instituciones. Trataremos mostrar que esta quiebra constituye el contexto de las nuevas formas de nacionalismo autoritario que han sido desarrolladas recientemente. En una coyuntura marcada por la crisis del capital, al seno de las parejas contradictorias en las cuales se despliega la tensión constitutiva de la sociabilidad capitalista – socialización-individualización, inclusión-exclusión, unificación-separación, organización-desorganización -, estaríamos confrontados a una dominación creciente del segundo término de estas parejas. Así, una sociabilidad emerge que se confunde más y más con la lógica desnuda y bruta de la mercancía y del valor, y se aproxima entonces, peligrosamente a una guerra civil abierta. Frente a esta imagen explosiva y a las consecuencias imprevisibles, la política y la actividad de Estado cambian de condición. En lugar de proponer , de atenuar y limitar las potenciales violencias, la lucha de-socializante de todos contra todos y la desintegración social, ahora es cuestión de asumir más y más esas características en tanto que realidades cristalizadas y de gobernar con y a través ellas.

3 – La realidad y el anacronismo de Karl Polanyi

La tensión constitutiva tratada en la sección precedente no puede ser aprehendida de manera abstracta, es decir, desencarnada y separada de la realidad y de la historia concreta. En ese sentido, es muy útil aquí volver a la lectura de Karl Polanyi sobre la crisis del liberalismo de comienzos del siglo XX. Este autor, partiendo de una aproximación diferente de la crítica de la economía política marxiana, ha presentado una lectura de una calidad y originalidad innegables de la « gran transformación »11 que marcaría el siglo XX, a saber la emergencia de instituciones que buscarían de diversas formas « reorientar » la economía a través de ciertas formas de control y de limitaciones de la sociedad.

Uno de los principales puntos abordados por Polanyi en su libro de 1944 es de una actualidad abrasadora : la reducción de todas las esferas de la vida al mecanismo del mercado, la transformación de todas las actividades humanas en un juego indiscriminado de oferta y demanda sería insostenible. Para Polanyi, no podría haber una sociedad verdadera rebajando la relación del hombre a la naturaleza a un simple hecho de ganancia pecuniaria transformando el trabajo humano en una simple mercancía que pueda ponerse en excedencia en cada momento, el dinero no siendo más que un medio de cambio controlado por la sociedad, deviene objeto de una mera especulación tal como un casino12. La tierra, el trabajo y el dinero serían para Polanyi falsas mercancías, o mercancías « ficticias » en su terminología, en el sentido en que no podrían jamás ser autorizadas para flotar en el modo anárquico de los mercados desregularizados.

Es precisamente contra esta « mentalidad de mercado obsoleta », según los términos de Polanyi13, esta mentalidad absolutista e intransigente defendida por sus apologistas, que la sociedad no solamente desearía, sino que ha sido obligada a rehacer. Las intenciones de ganancia puramente económicas, la monetarización total de las actividades humanas no podrían fluir libremente, ya que ello pervertiría el sentido mismo de lo que sería la vida común de los individuos. Así, el « contra-movimiento » sería inevitable, tendiente a reorientar lo económico que huye en vía de las diferentes formas de control social. Habría una repulsión casi automática, un imperativo real de contestación frente a la tentativa de reducir el mundo a los excesos motivacionales puramente mercantiles.

Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que tal reacción obligatoria de la sociedad estaría lejos de garantizar en si una solución positiva y civilizatoria a la cuestión. Después de todo, para Polanyi, el « contra-movimiento » permitiría en tanto reforzar un nuevo marco institucional que reduciría el atomismo social preservando el bienestar y la libertad de las personas más que revitalizar la economía por instituciones políticas y sociales poniendo en obra una represión creciente, a la imagen de los regímenes fascistas o dictatoriales. En nombre de la lucha contra la de-socialización brutal del libre mercado, el siglo XX produciría nuevas formas sociedad autoritaria, mucho más brutales y bárbaras que aquellas que se pretendía combatir.

Ese « contra-movimento » Polanyiano ha estado siempre ligado a lo nacional. La invocación de lo nacional en el siglo XX, sea bajo la forma directa de los nacionalismos modernizadores o de mecanismos nacionales de coordinación y de planificación económica y social era una constante. La integración y la cohesión social han sido propuestos por vía del Estado nacional, al mismo tiempo que este último afirmaba su razón de ser precisamente a través de esta integración y esta cohesión. Incluso si en realidad, esta integración y cohesión, sobre todo en la periferia del capitalismo, parecían fantasiosas, ya que la dinámica social estaba mantenida por niveles enormes de exclusión y violencia14, siendo siempre el « proyecto nacional » que inspiraba y legitimaba – en las dictaduras y las democracias de izquierda y derecha – la movilización del progreso y la perspectiva de un devenir armonioso ante el desafío puesto por la modernización. Para parafrasear a Benedict Anderson, incluso si las « comunidades imaginadas »15 nacionales no existían dentro de cierta medida más que en el imaginario, ellas eran el pilar de ordenamiento investigado.

De ello se desprende que la actualización de la tesis Polanyiana en el siglo XXI está hoy en día atravesada por una contradicción flagrante. Así, el « contra-movimiento » parecía profundamente presente en la medida en que la sociedad reacciona innegablemente a los efectos de la subordinación total e indiscriminada a los mercados que la dinámica neoliberal busca imponer. Hay inquietudes frente a la globalización y la revuelta difusa y transversal en diferentes sectores con la intensificación de la dinámica social perjudicial actual. Sin embargo, el carácter de ese « contra-movimiento » Polanyiano en relación a lo que había sido a lo largo del siglo XX, ha cambiado considerablemente de cualidad. Contrariamente al pasado, los procesos que logran reorientar o reintegrar la esfera económica bajo el control de la sociedad por sus instituciones no están en curso. La insatisfacción generalizada no puede estar políticamente movilizada– de la izquierda a la derecha – contra los procesos sociales y económicos que restablecen la de-socialización, la individualización y la mercantilización en profundidad de la sociedad a escala extendida. La tierra (entendida aquí en el sentido amplio del entorno natural de las actividades humanas), el trabajo y el dinero que deberían ser preservados y coordinados socialmente para Polanyi, han devenido justamente objetos de desregulación desarraigados, de mercantilización y especulación. Así, si nos apoyamos en las propias concepciones de Polanyi, se desprende que el nuevo nacionalismo del siglo XXI no puede ser asimilado como los nacionalismos y proyectos nacionales del pasado fundados en la administración política y la restricción por la sociedad de los « molinos satánicos » del mercado16. Avanzamos aquí hacia una tesis que será desarrollada más adelante : pese a la cortina de humo de los discursos apologéticos que dicen lo contrario, los nuevos nacionalismos no solamente no suprimen la absolutización de los mercados– con la desintegración y la anomia social que son los corolarios – sino que al contrario, reproducen, incluso radicalizan una vez que están en el poder, la reducción de la vida social a las motivaciones económicas y a la competencia cada vez más intensa de los individuos.

¿Dónde se sitúa entonces el límite teórico de Polanyi ? Si tenía razón en nuestra opinión, cuando señalaba la imposibilidad de establecer mercados ilimitados en tanto forma de coexistencia estable, sin embargo, se mantiene atado a una antropología trans histórica según la cual estaría siempre a disposición de las sociedades de subordinar la vida material a las costumbres, a los valores y prácticas que pondrían la práctica económica en su lugar, es decir, en un marco institucional que impediría la desestructuración de la sociedad. Si en La gran transformación Polanyi muestra de manera convincente que los mismos mercados modernos eran en gran parte una construcción planificada e instituida por instancias políticas, ello no significa, sin embargo, que será siempre posible concebir una planificación en dirección opuesta, en el sentido del advenimiento de instituciones capaces de limitar los efectos perturbadores de esos mercados sobre la sociedad. Un breve resumen de los procesos al curso del siglo XXI muestra por sí mismo que estamos lejos de todo « contra-movimiento » Polanyiano, bien al contrario : tanto las instituciones políticas como las formas de subjetivación tienden a un proceso incontrolable de de-socialización, de soberanía de la lógica mercantil, de la atomización de los individuos y la destrucción de los pilares colectivos susceptibles de provocar lo que el autor ha llamado el movimiento « de autoprotección » de las sociedades.

Para nosotros, hay en el análisis de Polanyi una falta de percepción, ya que la posibilidad misma de dirigir y de forjar mediante las instituciones y de frenar el élan disoluble de los mercados y de la monetarización ilimitada de la vida (volveremos más tarde en la sección siguiente) debe ser historicizada. Sobre todo desde que el capital en tanto que relación social se impone de manera invasiva al mundo, eliminando o remodelando en todos lados los vestigios pre-modernos, el carácter y la cualidad de las esferas sociales, políticas y culturales no pueden estar libres de la dinámica fetichista del capitalismo.

Tal fetichismo, por supuesto, no debe ser comprendido en el sentido de una subordinación simplista a los automatismo e imperativos del valor y del capital, como si los individuos fueran casi como marionetas carentes de toda agencia. En efecto, la fuerza del fetichismo contemporáneo reside precisamente en gran parte en una subordinación consciente y deseada de las personas a una forma de dominación abstracta e impersonal que termina por someter a todo el mundo, ya que ella domina y limita el alcance de las iniciativas y acciones individuales. Ello nos da cuenta de la vigencia y actualidad del diagnóstico dado por Herbert Marcuse sobre los países desarrollados a finales de 1960. Para este autor, conviene poner al día la formulación original de Marx sobre el análisis de las prácticas fetichizadas del capitalismo. En efecto, si estas últimas forman parte de una sociedad enferma dentro de su propia impotencia y heteronomía, ellas constituyen al mismo tiempo el producto de una adhesión abierta de los individuos y están también manifiestamente inflados por la cultura y las instituciones en vigor17.

Sea lo que sea, pensamos que la relectura de la obra de Polanyi, tanto por su fuerza como por sus debilidades, más allá de la simple curiosidad intelectual, puede darnos indicios valiosos para pensar la especificidad del momento presente, precisamente a partir de una búsqueda sobre el estancamiento de una reedición del « contra-movimiento » Polanyiano y del carácter incontrolable e imprevisible de la coyuntura que se desprende. La lectura de las transformaciones en curso por Wolfgang Streeck constituye una contribución valiosa en este sentido, pero no sin exactitudes como veremos más adelante. Para Streeck18, estaríamos de cara al fin del capitalismo, no como una caída repentina, sino como un largo proceso de ruptura de las condiciones que permitirían históricamente su mantenimiento sin vuelta posible a ellas. Más precisamente, y acá al igual que Polanyi, Streeck sugiere que no solamente los frenos y límites institucionales de los mercados desregulados conferían un mínimo de cohesión social al capitalismo, sino que designaban igualmente las diferentes expresiones de oposición al capitalismo que le daban una gran vitalidad. No es por azar – en un diagnóstico que se parece al de Eric Hobsbawm en su Edad de los extremos– que Streeck recuerda que es precisamente la fuerza de los sindicatos, del movimiento obrero y de la amenaza soviética en la post-guerra, combinada con las reglamentaciones keynesianas y al apoyo explícito de las inversiones públicas que permitieron la fase más grande de crecimiento del capitalismo. En esta perspectiva, esas serían las limitaciones, las amenazas y las limitantes externas impuestas al capital, y también en cierta medida las victorias relativas de los trabajadores en la lucha de clases, que garantizaron la estabilidad y el orden social sin los cuales la acumulación del capital no podría haberse desarrollado de forma adecuada a largo plazo.

Por otro lado, en nuestros días, dentro del marco de la dinámica neoliberal y Hayekiana en curso, el precedente juego virtuoso entre vitalidad y oposición habría tomado fin, haciendo de la victoria total aparente del capitalismo, la prefiguración de su fin. Para Streeck19, el estancamiento económico, la redistribución oligárquica, el saqueo del sector público, la corrupción y la anarquía mundial serían los síntomas de esta profunda crisis. Y al origen de esta crisis, el « desorden mundial (…) es hoy en día otra cosa : el resultado de un ataque rápido y exitoso de los mercados contra una larga diversidad de instituciones y de actores heredados del pasado o construido sobre largas luchas políticas, que durante un cierto tiempo han contenido la avanzada del capitalismo dentro de los limites socialmente aceptados ».

La tesis de Streeck es seductora y es sin duda un poder explicativo para ciertos fenómenos contemporáneos, pero ella deja cuestiones cruciales sin respuesta. En primer lugar ¿Por qué, contrariamente al pasado, este ataque de los mercados puede ser tanto global como totalitario? En un segundo lugar, en relación con la cuestión precedente, ¿Por qué el desorden mundial se impone como norma y evita formas de control social consciente que podrían de cierta forma re establecer los frenos necesarios para sumir al capitalismo en ciertos mecanismos? Si, por una parte, Streeck llama acertadamente la atención sobre los aspectos fundamentales del capitalismo actual – crisis económica permanente, concentración de ingresos y de las riquezas, totalitarismo de los mercados, anarquía y heteronomía de las acciones de los individuos y de los Estados, etc – por otra parte, no puede darnos claramente la explicación de las causas y de la historicidad de estos mismos aspectos. En otros términos, las virtudes del análisis de Streeck no lo eximen de cierta forma de razonamiento tautológico explicando el poder del capital de destruir sus barreras exteriores… por la propia victoria (a lo Pyrrhus) del capital y de los mercados. Por consecuencia, sugerimos aquí un eje de análisis que intente llenar las lagunas dejadas por Streeck, siguiendo los indicios dados por Jean-Marie Vincent indicados en la sección precedente : el marco institucional de las sociedades no proviene del « exterior », en la medida en que está igualmente conforme a las vicisitudes del fin último del modo de producción actual siendo el movimiento de « valorización del valor » que está a la base del capital en tanto que relación social. Ello nos lleva a buscar, dentro de los límites internos de esta relación social, los motivos y las consecuencias del estancamiento actual del « contra-movimiento » de Polanyi, así como intentar situar los contornos del nuevo nacionalismo.

4 – La contradicción en proceso en siglo XXI.

La heteronomía creciente y la incapacidad flagrante de los Estados nacionales para mantener algún control sobre la esfera económica en el sentido Polanyiano del término es un rasgo llamativo de los últimos decenios. El rasgo destacable de este resulta ser más intenso cuando contrastamos nuestra época con el estándar mundial post-Segunda Guerra Mundial durante la cual el « contra-movimiento » defendido por Polanyi tenía su apogeo. Pese a las diferencias importantes que existen entre las diferentes regiones del mundo y la rivalidad declarada entre los diferentes modelos económicos de esta época, existían líneas comunes, una similitud importante detrás de una retórica que proclamaba la diferencia absoluta. Después de todo, en el primer mundo con el modelo fordista-keynesiano, en el segundo mundo con los llamados « socialismos reales » y en el tercer mundo con las experiencias de modernización desarrollistas, las prácticas de planificación, de control y de reglamentación sostenidas por el Estado se encontraban presentes de forma remarcable. De diversas formas, la idea que podríamos modelar el desarrollo económico en un sentido determinado estaría presente. Como lo señala justamente Moishe Postone20, el hecho que las prácticas y formaciones estructurales de la post guerra hayan perdido su lugar no debe considerarse como algo fortuito, producto de una llamativa contingencia histórica. La avalancha neoliberal consolidada firmemente entre la década de los 1980 y 1990 no puede ser atribuida a una simple ofensiva de las potencias y a una astucia de las élites quienes, en nombre de sus privilegios y de su codicia, habrían consciente y deliberadamente engañado y remodelado la sociedad entera según sus deseos, asfixiando a todas las resistencias para establecer el orden actual profundamente desigual y oligarca. Esta subestimación de la agencia y coordinación de las élites confunde no solamente las causas con las consecuencias de los procesos actuales, sino que también deja sin explicación la resiliencia y la profundidad de las transformaciones ocurridas. Ya que reduce la cuestión al eterno problema de las relaciones de poder y de fuerza, a una configuración hegemónica desfavorable supuestamente efímera, parte importante de la izquierda – radical o moderada – sigue atada a la promesa de un vuelco que, implícita o explícitamente, coquetea nostálgicamente con el deseo de retorno del élan conductor y regulador del Estado el cual ya ha terminado y no puede volver.

Al mismo tiempo, tal sobrestimación retrospectiva del arreglo Post-Guerra en los tres mundos, olvida el hecho que los procesos ya estaban en curso en esta época, que se han vuelto contrarios al « contra-movimiento » Polanyiano y preparaban ya cierta manera la vuelta al « molino satánico » de los mercados ilimitados. Sea en el primer mundo con su alianza tácita entre el capital y el trabajo que ha incluido de forma relativamente favorable a los trabajadores en los circuitos de producción y consumo, sea en el segundo y el tercer-mundo con sus esfuerzos de modernización recuperatoria de sus economías y sus sociedades, ya existía un proceso en el que la imposición de la lógica y los imperativos del capital se generalizaban y reforzaban. Pensamos que la dinámica de modernización de la post-guerra, a pesar del espíritu dominante de coordinación de los procesos económicos (o incluso puede ser por esta misma razón) ha contribuido a universalizar y profundizar el élan de la producción para la producción, la búsqueda ilimitada de acumulación, la interiorización de la competitividad, el consumo en tanto que manipulación del deseo, destrucción de las formas de vida tradicionales precapitalistas, dominación de las motivaciones puramente económicas y elección del dinero y de la forma-valor en tanto que mecanismos todopoderosos de mediación social (incluyendo en los países autodenominados « socialismos reales »). Liberando las fuerzas supuestamente puestas bajo su control, los vectores de contención y de administración política buscan ordenar la integración y cohesión de los individuos a nivel nacional han reforzado sea de manera intencional o no, la dinámica de la socialización fetichista potencialmente des-integrante y desestabilizadora que hemos mencionado apoyándonos en Jean-Marie Vincent. Al mismo tiempo, precisamente porque la dominación y la protección de los espacios económicos nacionales no eran más que un medio para preparar a los países y empresas en los mercados internacionales, ello contribuye en reforzar posteriormente la internacionalización y la reanudación de los movimientos de capitales y una competencia mundial que se hace en detrimento del marco estabilizador que el Estado-nación pretendía o afirmaba defender.

La sociedad neoliberal contemporánea y las instituciones que la acompañan no surgen por tanto como una ruptura total con el momento precedente. Las mismas exigencias del proceso de acumulación capitalista, así como la difusión incesante de la racionalidad instrumental legitimada por la idea de modernización y de progreso omnipresente en los tres mundos de la post-guerra, han pavimentado la vía actual sobre la cual avanzamos. Retrospectivamente, podemos afirmar que una especie de « astucia de la irracionalidad » del capital ha vuelto a su lugar. De esta forma, el margen de maniobra relativa y el horizonte de alternativas y de proyectos nacionales integradores que se abren (o parecen abrirse) en el período post-guerra estimulan una dinámica que ya contiene en gran parte el germen de su propia negación. Así, más allá de las utopías y proyecciones que han marcado y marcan aún la comprensión de esta fase más estatista del capital, una gran homogeneización de la vida alrededor de los criterios abstractos de rentabilidad y competencia ya estaba en curso, incluso si en una gran parte de la humanidad, ello implicaba – e incluso hoy en día mucho más – la transformación de los individuos en « sujetos monetarios sin dinero » tal como lo dice Robert Kurz21.

Por otro lado, el argumento que hemos mantenido hasta ahora siempre resulta insuficiente para trata de forma correcta el problema de saber por qué y cómo, en el transcurso de los últimos decenios, el neoliberalismo ha tenido una profundidad sin resistencia en todos los niveles, generando una escalada de la heteronomía y un crecimiento de la pérdida de control sobre el sistema-mundo capitalista. Tratemos de avanzar en este punto. Si es innegable que la mundialización comercial, productiva y financiera actual es un factor que socava a la antigua noción de espacios económicos nacionales y debilita al tipo de coordinación de Estado usada en otros períodos – sin hablar del chantaje y del veto a las políticas nacionales que los « mercados mundiales » pueden ejercer – no es la mundialización como tal quien podría explicar someramente la significación de los procesos en curso. Tenemos que incorporar forzosamente la existencia de los limites internos del capital en tanto que relación social. O incluso, debemos tener debidamente en cuenta el hecho que la mundialización – que en términos de Marx mencionados a continuación, han devenido una forma inmediata de interdependencia « reificada y universal » – interconecta bajo una forma cada vez más caótica una totalidad atravesada por tales limites. Esos límites son aquí comprendidos como la concretización cad avez más visible de la hipótesis ya avanzada por Marx en los Grundrisse a raíz de lo que denomina como la contradicción en proceso del capital, es decir su tendencia, de hacer de la lógica competitiva, en transformar el trabajo vivo en trabajo obsoleto por la producción de riqueza material, mientras que el mismo capital continúa en exigir la extracción de trabajo viviente como presupuesto de su propia valorización22.

Es precisamente en la unión del anacronismo histórico de la forma-valor en tanto que presupuesto de la existencia material y, por otro lado, las exigencias cada vez más brutales del capital que buscan modelar la sociedad a imagen suya que se encuentra la llave decisiva para la comprensión de la irracionalidad creciente y de la aceleración de la vida contemporánea. La línea directriz absoluta de la valorización en tanto que fin en si, subordinando al conjunto de la producción social, revela las paradojas así como la perspectiva de un colapso ecológico frente a la posibilidad de una relación armoniosa con la naturaleza, la miseria frente a la abundancia, la explotación y la precariedad creciente del trabajo frente al potencial de su reducción substancia, si no su abolición, para obtener la mayoría de los bienes necesarios para la vida. Si las consecuencias de la contradicción en curso, que hacen lo que Marx llamó como « General Intellect » – es decir, la ciencia y la tecnología avanzada – el factor decisivo de la producción, ya han sido puestos en marcha con la llegada de la tercera revolución industrial hace algunos decenios, estos no tienden más que a intensificarse el día de hoy con las innovaciones – en curso o en potencia – que acompañan a la cuarta revolución industrial y sus nuevos métodos de producción a imagen de la industria 4.0. La realidad de una crisis profunda del trabajo y de los empleos23, que tiende a englobar a las profesiones aún más cualificadas y a la clase media24, no escapan tampoco los economistas llamados mainstream25.

Por otro lado, es evidente que, y es una constante que se discute mucho menos, que la crisis del trabajo es también la misma del capital y las mediaciones que se le asocian, por lo tanto, el Estado Nación. Teniendo que el motor del sistema es la creación de plusvalor mediante la extracción de trabajo productivo no es sorprendente que el sistema ande desde hace muchos decenios con un crecimiento débil, con crisis recurrentes, con la incapacidad de retomar un modelo de acumulación durable y una contradicción substancial de las inversiones productivas a largo término. La propia reproducción sistémica del capitalismo comienza a sumirse cuando, tal como lo señala André Gorz, « la producción de mercancías (…) es demasiado estrecha y demasiado eficiente en trabajo humano para permitir la sobreabundancia de capitales el valorizarse »26. O dicho de otra manera, tomando como válida la hipótesis desarrollada por François Chesnais quien retoma la obra de Ernest Mandel y de Robert Kurz, el límite del capital deviene insuperable « a medida que la escasez de plus-valor se consolida, deviene estructural »27.

Aparece entonces la siguiente paradoja : mientras el capital logra sus límites, exige e impone de manera más ilimitada la adhesión de los individuos, instituciones y Estados a su dinámica. Ya que contrariamente a la sugestión de Streeck, la autonomía relativa del pasado de la cual disponía la esfera política para gestionar los procesos sociales e imponer ciertos controles a los aspectos más perniciosos de la lógica mercantil no significa– o por lo menos no principalmente – establecer barreras exteriores al capital. Al contrario, esta autonomía ha ganado peso por el mismo rol de la esfera política en establecimiento y refuerzo de la dinámica expansiva de la valorización del capital, al igual que esta dinámica expansiva retro actúa con el fin de acrecentar el margen de la esfera política. Tal como se le llama « modernización » o « desarrollo », los controles estatales de la post-Segunda Guerra Mundial eran irreemplazables para garantizar ciertas condiciones esenciales que una mera empresa privada no desearía jamás o no podría jamás instituir, tal como superar ciertos vestigios sociales atávicos tan necesarios ; unificar, proteger y consolidar los mercados nacionales ; establecer la infraestructura y los diferentes mecanismos de sostenimiento por el desarrollo de la producción y de la circulación de mercancías ; sin hablar de la creación extremadamente violenta, de un proletariado en las regiones de un capitalismo más tardío. Pensamos que es posible, en cierta medida, invertir la cuestión propuesta por Streeck a propósito de « la edad de oro » y el gran crecimiento económico de los « tres mundos » post Segunda Guerra Mundial. Ya que no serían tanto las oposiciones y los límites institucionales tendientes a controlar el capital habrían sostenido éxito en el curso de este período. Al contrario, el horizonte aún presente de una expansión extendida de la acumulación de capital – expansión favorizada por las mediaciones sociales, pero también extendiendo igualmente el tamaño y amplitud de dichas mediaciones – constituía precisamente el principal factor que ha permitido esta modelización de las instituciones sobre la lógica económica.

Ahora bien, mientras los mismos límites internos del capital son alcanzados, frente a la puesta en marcha de la expansión sistémica que ha suscitado en el pasado la promesa de un « progreso » a lograr con penalidades y serios sacrificios, deja lo que esta promesa resulta fraudulenta, el colapso del viejo rol del Estado deviene evidente. Lo que se produce entonces, es un enorme retroceso de los controles posibles anteriormente en la esfera económica. Y como la crisis actual no ha hecho aparecer otra forma de sociabilidad más allá del capital y de la mercancía, la forma concreta por la cual se llevan a cabo los procesos sociales y económicos no puede ser que la subordinación directa y sin frenos a una competencia cada vez más brutal que poner en marcha procesos de-socializantes e insensibles a todo otro sentido y objetivo social que no sea el de la rentabilidad contable y abstracta28.

En otras palabras, el bloqueo de la valorización inscrito en la contradicción en proceso del capital no implica la suspensión de la ley del valor29. Al contrario, la ley del valor deviene en realidad cada vez más implacable, colonizando todas las instituciones y dominios de la vida justamente porque que su « materia prima » se enrarece. Si, como decía Cervantes, « La mejor salsa del mundo, es el hambre » la insaciabilidad y el descontrol inherente al mismo concepto de capital no pueden más que crecer mientras la posibilidad efectiva de nuevos frentes durables y perennes de valorización se enrarecen. Ello no significa, por el contrario, que el Estado-nación abandone la escena o que su importancia se vea reducida. Se trata más bien de un cambio de cualidad y de sentido de su propia performance : pasa de su antiguo rol de apoyo gestión de una dinámica ascendiente – en términos capitalistas por su puesto – a la situación actual en la cual se adapta y busca imponer la adaptación total de la sociedad a los riesgos, a la imprevisibilidad y a los imprevistos resultado de una crisis estructural sin fin.

De ello se desprenden importantes transformaciones. Una marca indeleble del nacionalismo y de los proyectos nacionales de la post-guerra era la conciliación relativa y regulada de la expansión de la valorización del capital con la integración de sus poblaciones por el trabajo. El horizonte que le daba un sentido a la idea de lo nacional era el de una sociedad salarial, material, institucional y simbólicamente ordenada por el Estado, sea en la mediación de las relaciones entre capital y trabajo, o en el propio Estado en tanto que empleador privilegiado por sus inversiones y empresas. Existe el día de hoy, entonces una ruptura fundamental cuando el trabajo no puede aparecer como el lazo que une los esfuerzos individuales a un orden colectivo o nacional30 y que el fantasma de lo superfluo pesa como una espada a su vez sobre los que ya son superfluos así como sobre aquellos que temen caer en esta condición.

No obstante, como tal superfluidéz creciente del trabajo no suprime su necesidad por la vida de los individuos bajo el capitalismo, un conflicto cada vez más sangriento se instala en el mundo del trabajo. Un conflicto cada vez más individualizado y en el que prolifera la informalidad, la rotación creciente de empleados, la flexibilidad, el devenir « empresario de si mismo », sin hablar del crecimiento de la oferta de servicios personales a los más afortunado – un síntoma combinado de alza de las desigualdades y de falta de empleos. La rareza de encontrar empleos estables y perennes abre la vía a una sumisión sin límites así como a un culto a la competencia. Tal como hace metáfora Herbert Böttcher, vivimos para « pedalear para mantener una posición, en una escalera descendiente »31. En ese sentido, la racionalidad neoliberal – inculcada por los gobiernos que no dejan de eliminar los derechos y garantías del trabajo, pero que también está interiorizado por los individuos – puede ser muy bien leído como una forma de gobierno que se corresponde con un mecanismo de selección adaptado a la coyuntura en la que el capital alcanza sus límites internos. El carácter abstracto de esta racionalidad, es decir el hecho de unificar la evaluación de cada individuo sobre la base del único criterio de rentabilidad cuantitativa, está ahora erigido en mecanismo de selección y de exclusión, de recompensa y sanción. La auto-cosificación de los individuos, su búsqueda constante de auto-valorización – que encuentra en la exaltación del concepto de « capital humano » su expresión perfecta – indica una captura aún más profunda de las personas por el fetiche del capital. Una dinámica perversa de compensaciones se produce, en la cual, frente a la atrofia del valor, se busca a todo lugar el valorizar todo « capital humano » individual, y al mismo tiempo, frente a la heteronomía y la ausencia de estabilidad, se promueve la apología de la autonomía y de la independencia de los individuos32. Las consecuencias psicosociales de esta situación son profundas. Tal como lo describe Anselm Jappe, una subjetivación extrema del valor en su momento de crisis engendra una alternancia devastadora de sensaciones de éxito y de poder absoluto, con sentimientos de fracaso, de auto-culpabilización y de vacío absoluto33. Así, si releemos la cita de Horkheimer de nuestra primera parte a la luz del presente, aparece no solamente que la dinámica social no puede inhibir los aspectos más perniciosos, agresivos y egoístas del « principio de competencia », pero que los alienta incluso deliberadamente. La antigua sublimación que restringía esos aspectos mediante una moral limitante, que tan hipócrita y contradictoriamente, era la base de una institucionalidad tendiente a generar una tensión constitutiva de la sociedad burguesa, se disuelve. Liberada de tales límites, la violencia del « salto mortal » de la mercancía, violencia siempre latente pero reprimida, tiende a trascender su carácter de simple metáfora, liberando los fantasmas de la guerra civil.

Christian Laval y Pierre Dardot utilizan el concepto de « subjetivación financiera »34 para pensar las consecuencias de una sociabilidad en la cual los individuos incitados a comportarse como si fueran « capital humano » adoptan por sus propios medios la lógica del capital portador de intereses y del capital ficticio. Ya que en la lógica del capital humano está incrustada la convicción que cada uno puede « valorizar su valor » a lo largo del tiempo a partir de la simple posesión de ciertos atributos, interiorizando la lógica del capital financiero que parecería valorizarse y producir sus frutos para su propia posesión « Invertir en sí mismo » a la espera de una rentabilidad posterior es el discurso dominante, incluso para aquellos que son aún asalariados formales y relativamente estables. Así como el concepto de capital portador de intereses manifiesta el hecho que « el capital en tanto que tal deviene mercancía »35, el « capital humano » manifestaría la situación en la cual los individuos en tanto que tales, y no solamente su fuerza de trabajo, son proyectados como mercancías.

Asimismo, como la lógica del capital ficticio, el « capital humano » está basada en el proceso de valorización y de desvalorización fundado en expectativas y anticipaciones siempre cambiantes siempre en riesgo por el porvenir. El concepto y análisis de Dardot y de Laval son muy pertinentes en este sentido, pero pensamos que es crucial integrar el hecho que, es justamente a causa del estancamiento actual de la expansión del trabajo productivo y del valor, esta subjetivación financiera es el corolario de la dinámica objetiva del capitalismo contemporáneo, totalmente fundada en apuestas cada vez menos creíbles de anticipación futura. La hipertrofía de la financiarización contemporánea, el aumento incontrolable de burbujas de activos y el endeudamiento creciente de las empresas, crédito extendido a los consumidores – a la vez para compensar la frágil renta de las familias y para crear una demanda de mercancías de obsolesencia programada– no expresan más que una tentativa de fuga teniendo en cuenta los límites internos alcanzados por el capital. Como lo señala Chesnais, « la financiarización es la consecuencia y no la causa de la situación de estancamiento de la acumulación »36 . Sin embargo, como la montaña de capitales ficticios que circula el día de hoy no puede estar completamente autonomizada de una valorización real que podría producirse un día (¿cuándo?), se trata de una fuga cada vez más precaria e irreal, y que necesita entonces dosis cada vez más fuertes de un pretendido remedio que no puede más que convertir al sistema económico siempre más errático y explosivo.

Estos últimos decenios han estado marcados por una sucesión de crisis financieras cada vez más brutales, el propio FMI y la OCDE han proclamado la aparición de una nueva crisis a venir. Cada vez más, en momentos muy breves en los cuales hay de hecho una expansión de la acumulación de producción real, resulta que esta última tiene tendencia a ser inducida por las burbujas financieras, de las acciones en la bolsa o por el precio de ciertos commodities37, así como por el crédito acrecentado que les acompaña. El término « capitalismo invertido » de Norbert Trenkle38 bien describe al proceso en el cual no es más la perspectiva de una valorización productiva que guía la dirección de la finanza sino que más bien la perspectiva de una acumulación financiera a corto término por la inflación artificial de ciertos activos, lo que terminar por dar un impulso a ciertas inversiones productivas. El hecho que tal lógica « invertida » se haya también intensificado de manera intensa después de la gran crisis de 2008 revela que ella tiende a devenir cada vez más el modus operandi del capitalismo mundial. La idea que el crecimiento chino y su modelo económico particular podrían contradecir tal lógica no está respaldada por los hechos. Al contrario, se trata más bien de una excepción que confirma la regla. Es innegable, por un lado, que la China ha devenido durante los últimos decenios una enorme fábrica de bienes y de plus valor para el capitalismo mundial, su propia expansión de exportaciones ha estado condicionada por la demanda proveniente del crecimiento exponencial de créditos y del «  efecto de riqueza » de las burbujas inmobiliarias y de activos provenientes del resto del mundo, en particular de los Estados Unidos39. En efecto, la funcionalidad de la integración China en el « sistema-mundo » capitalista, además de atenuar provisoriamente las dificultades de valorización del capital productivo y de provocar booms de materias primas en los países periféricos durante cierto tiempo, consistía en hacer que el alineamiento de sus saldos comerciales sobre las obligaciones americanas ayudan a los Estados Unidos a seguir siendo el principal motor de la economía mundial gracias a su creación desmesurada de capital ficticio. Así, la excepción china no ha dejado de ser la confirmación de una regla más general dictada por la dinámica de la contradicción en proceso del capital. En realidad, esta regla no deja de manifestarse hoy en día en la dinámica interna de la economía China, en la que el proletariado industrial está en un declive absoluto en medio de la más grande robotización del mundo y por tanto el crecimiento económico – incluso si ella supera la media mundial – depende cada vez más de la dinámica de un endeudamiento intenso, así como de una burbuja inmobiliaria sin precedentes que no podrá durar sin futuras crisis.

Es en este contexto intrínsecamente frágil que la economía mundial se reproduce. El aumento incontrolable de las deudas públicas y la crisis fiscal del Estado son a la vez las causas y consecuencias de la “arquitectura de castillo de cartas” en la cual el capitalismo se encuentra atrapado hoy en día. En primer lugar, sin ámbitos de valorización productiva durable, el Estado – que no crea valor por el mismo – ve su fuente de recursos erosionada. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta la dinámica « invertida » del capitalismo, la socialización recurrente de las ganancias con el fin de evitar una desvalorización devastadora del capital acumulado deviene el único medio de retardar un estancamiento total de la máquina económica. En el mismo sentido, es necesario comprender que las presiones en favor de exenciones fiscales para los capitalistas a la imagen de aquellas recientes empresas por el gobierno de Trump tienden menos a la recuperación directa de las inversiones productivas que a inflar mejor – o al menos de evitar el colapso de – la acumulación ficticia de las empresas40.

La flagrante injusticia social de ese favoritismo hacia las minorías privilegiadas que ello entraña, deviene aún más cruel en la medida en que, para hacer frente a esta dinámica, la austeridad llega totalmente a los servicios públicos y a los bienes públicos de uso colectivo. Austeridad selectiva y elitismo, pero que refleja al mismo tiempo una contradicción insoluble, a saber el hecho que, al mismo tiempo que los Estados han sido llamados a gastar o abdicar los recursos para que la acumulación ficticia continúe, el crecimiento del endeudamiento estatal amenaza a la credibilidad del último « refugio » hasta el presente de esta misma acumulación, a saber, los títulos públicos nacionales. Las crecientes preocupaciones de que una nueva crisis mundial mayor no puede ser apaciguada por el sostenimiento estatal – o por lo menos sin la intensidad necesaria manifestada después de la crisis de 2008, ya que las tasas de interés son demasiado bajas dentro de las principales economías y una nueva expansión general de la deuda pública resulta temeraria – pesan como una seria amenaza sobre las diferentes divisas y la riqueza asociada a ellas. La misma confianza en el dólar en tanto que pivote permanente e infalible del sistema financiero mundial se ha devaluado, sin hablar del hecho que en razón de las divisiones geopolíticas actuales, es prácticamente imposible que se reproduzcan acciones coordinadas a nivel internacional entre gobiernos como aquellas que han sido desencadenadas en respuesta a la crisis del 2008. En todo caso, la ausencia de toda base creíble para pensar a largo plazo, impulsa las decisiones capitalistas y a los Estados nacionales hacia un corto-terminismo profundamente enraizado41.

No es sorprendente que el estrechamiento de la valorización productiva puesta por la contradicción en proceso del capital en el siglo XXI acentúa los mecanismos de expropiación que no hacen más que redistribuir una riqueza existente – conforme a lo que David Harvey llama « acumulación por desposesión »42– es decir, la privatización, las adquisiciones predatorias de empresas, la expropiación y la especulación inmobiliaria y territorial, la monopolización de la propiedad intelectual y de los commodities, sin hablar de la corrupción sistémica.

5 – Los sentidos del nuevo nacionalismo

Teniendo en cuenta el fracaso de lo nacional en tanto que instrumento de control social consciente de la lógica mercantil y de respaldo del « contra-movimiento polanyiano », el crecimiento de nuevos nacionalismos podría a primera vista aparecer como un extraño anacronismo, como una especie de atavismo que, pese a todo, continua de manera fantasmagórica produciendo sus efectos de sentidos y en conformidad a una cierta lógica social. La pista no es totalmente falsa puesto que resulta evidente que el recurso al pasado deviene actual y viviente justamente porque porvenir parece bloqueado. La sociabilidad que corresponde a la profundización de la contradicción en proceso del capital exige la repetición acelerada y la subordinación cada vez más aguda a un presente que se desploma más, en la misma fase en que la esfera política – que llevaba siempre en ella una visión o esperanza por el futuro – se sustrae los medios que podrían transformar de manera substancial este momento presente. Sugerimos que es bajo este prisma que es posible comprender de mejor forma el por qué reencuentra tanta importancia la movilización de la idea de nación.

Ciertamente, la superposición de las temporalidades, el uso y funcionalización de avatares del pasado en contextos presentes muy diferentes de aquellos de los cuales han sido formados no son en si nuevos. Horkheimer ha ya mostrado justamente que ese proceso es recurrente a lo largo de la historia de la modernización43. La cuestión que se propone es por tanto de tratar de identificar aquí las especificidades de un nacionalismo en un contexto de crisis permanente, de un nacionalismo que da forma y está al mismo tiempo moldeado por la coyuntura contemporánea de los límites internos del capital.

Un primer paso en esta dirección consiste a tener en cuenta que incluso si la mundialización capitalista podría mantener las promesas de sus apologistas – prosperidad, difusión de las democracias y de los valores liberales, pacificación de los conflictos internacionales por vía de intercambios económicos, culturales, etc – ésta hipotética integración benéfica no resolvería el problema de la separación política del mundo en soberanías político-nacionales opuestas entre ellas. Meiksins Wood ha considerado muy bien esta situación44 : para una economía cada vez más integrada al nivel transnacional no existe alguna estructura política transnacional que le corresponda. Si utilizamos aquí la terminología marxista clásica, habría una incongruencia entre une infraestructura capitalista que trasciende al Estado-nación y una superestructura que la reafirma habida cuenta de la imposibilidad de superar la división política del sistema-mundo capitalista. Wood pone entonces un elemento a su vez simple pero fundamental: ¿Quién podría establecer, y de qué manera, un orden armonioso y convencional en medio de la fragmentación del mundo en cientos de Estados dotados de estructuras políticas así como de fuerzas militares desigualmente potentes? ¿O bien, en regiones del mundo en donde incluso no hay Estados, sino que conflictos entre milicias y caudillos de la guerra, para que tal ordenación pueda ser producida? La respuesta negativa tales cuestiones sería la prueba que la historia de una eventual harmonía resultado de la mundialización de los capitales no sería más que una quimera. Al contrario, un potencial de violencia – real o amenazante – y de anarquía así como la posibilidad de un retroceso nacionalista en todo momento estaría siempre presente dentro del sistema-mundo capitalista. Tal diagnóstico de Wood, establece al día siguiente del 11 Septiembre del 2001, mientras que Estados Unidos buscaba simplemente afirmar su rol de « policía mundial » en el nombre de un pretendido « orden », hoy en día es aún más pertinente en un mundo que sufre siempre los efectos de la crisis económica de 2008 y donde incluso no hay tampoco sombra alguna de la coordinación de relaciones internacionales que parecían existir bajo la dirección de Estados Unidos poco después de la Guerra Fría. La reciente subida en potencia política y militar de Rusia, a pesar de su relativa debilidad económica, sería el arquetipo de esta « inadecuación » entre lo político y lo económico que reaviva a los nacionalismos.

Parelalemente, podemos partir de la observación de Wood para revelar otro proceso. La resiliencia « atávica » de las estructuras nacionales le permite la posibilidad de participar no solamente en la escena internacional, sino que también de redimensionar y de resignificar la dinámica de la crisis económica, social y política en cada país. Esta refuncionalización de la idea de nación, incluso si comparte un punto común con los nacionalismos y el fascismo presentes durante la crisis de la década de 1930, es un fenómeno sin precedente y totalmente diferente de los ejemplos del pasado. El nacionalismo lleva consigo genéticamente siempre una idea de diferenciación con respecto al otro y, en ese sentido, ha estado siempre en relación con su « afuera », con su exterior. Consecuentemente, en la historia, construir la nación –consideráramos este acto como civilizador o bárbaro – siempre ha significado constituir una frontera que unifica a un conjunto dado, precisamente porque se excluye a otro.

Los nuevos nacionalismos de hoy en día, así como las formas reaccionarias del nacionalismo anterior, reposan sin duda este ascenso de un conjunto nacional dado en detrimento de su exterior, apoyándose en el sentimiento real de impotencia y de resentimiento vigente. No obstante, hay un nuevo aspecto y crucial dentro de la oleada nacionalista contemporánea, a saber, el hecho que, en la ausencia de bases materiales concretas que unifiquen al conglomerado tal como en el pasado, la idea de nación no puede estar movilizada en el sentido de una inmovilización o limitación del atomismo y de la desocialización. De ahí la extraña situación, pero cada vez más presente, de una cierta identidad política de ese grupo nacional deforme, que no es la promesa de una transformación profunda de las instituciones sociales y económicas, sino del fomento y de la simbolización « patriótica » de la lógica autofágica de lucha de todos contra todos presente hace mucho tiempo en nuestra sociedad45. Además una de las razones por las cuales, contrario a los nacionalismos llegados al poder posteriormente a profundas rupturas institucionales – revoluciones, guerras, contra-revoluciones -, en la coyuntura actual no es necesario tal grado de ruptura. La misma adaptación del Estado y de la esfera política a los imperativos totalitarios de los « mercados » y a la competencia intransigente últimos decenios, una lógica que ha decaído, aquello que se denominaba como democracia, ha permitido al autoritarismo en proceso de ser desplegado a partir de las propias instituciones existentes, lo que le promete asimismo ganar terreno de mejor forma en el seno de un aura de « legitimidad ».

Por tanto, la cadena siguiente se consolida. Frente a una crisis irreversible de capital, la tecnología gubernamental neoliberal se erige como una forma de administración de los individuos, o tal como lo señalan Dardot y Laval46 , el neoliberalismo deviene una forma de gobierno mediante la crisis . Sino que, ya que esta tecnología de gobierno consiste en un mecanismo cuantificador de la selección de personas en función de una renta individual más y más difícil para tener en cuenta los límites de la propia valorización capitalista, ella produce una verdadera fábrica social de indiferencia, miedo y odio. La indiferencia, ya que la internalización aumentada de fetichismo exigida por la sociabilidad presente implica el desprecio de todos los valores humanos y todas las cualidades sensibles y concretas que no sirvan directamente para la obtención de un valor monetario abstracto. El miedo, porque la precariedad e inseguridad respecto al porvenir han devenido norma inevitable. Y, finalmente, el odio – a los otros y sí mismo – ya que el culto a la competencia sin controles ni contrapesos, al mismo tiempo que transforma a los otros en potenciales enemigos mortales, también normaliza la convicción que los fracasos personales son una responsabilidad y una culpa exclusiva de los mismos individuos o de ciertos chivos expiatorios47.

Tenemos entonces, los ingredientes de un sufrimiento social agudo. En la medida en que tal daño social no está racionalizado en enfrentándose a sus verdaderas causas, que residen en la heteronomía de una sociabilidad que no puede ser reproducida más que en el impulso extremo de compulsiones incontrolables, ella no puede más que devenir más y más difusa e indeterminada, reclamando compensaciones emocionales – las « respuestas concretas », de las medidas teniendo « un impacto » y de los « culpables » – que crean un terreno fértil para la demagogia del populismo nacionalista.

Si no entendemos al capitalismo como una mera ideología o una política específica, sino que como un modo de gobierno de la vida capitalista en una crisis en permanente, los nuevos nacionalismos autoritarios no son menos neoliberales que el cosmopolitismo « democrático », hoy en día desvanecido. Así, los nuevos nacionalismos se muestran aún mejor adaptados para ir hasta el fin de tal neoliberalismo. Teniendo que el horizonte de la vida es reducido a un corto-terminismo alucinatorio, la política tradicional, basada en promesas cada vez más abstractas y la proyección de un avenir cada vez menos creíble, hoy en día atado por la tensa cuerda del presentismo, se sofoca48. En la medida en que ella está fantasiada en el espectáculo de un pretendido diálogo social que es en realidad un monólogo en el que el resultado es casi siempre sabido de antemano, la política tradicional aparece como un « lujo » fastidioso, ineficaz y falso, abriendo la vía a otras proposiciones políticas que prometen « fuerza » y « agilidad ».

Por otra parte, mientras que el cosmopolitismo « democrático » trata de disimular o de minimizar la dura realidad de la indiferencia, miedo y del odio, los nuevos nacionalismos populistas toman en serio a este mal social, no porque tengan la intención de eliminarlo sino porque proponen canalizarlo, dándole formas concretas y gobernar mediante esta vía. Horkheimer fue muy perspicaz cuando desde los años 1930, había notado que la politización de la agresión latente en la sociedad burguesa no era solamente un medio de canalizar la cólera de las masas contra sus enemigos que amenazaban realmente o no los fundamentos del poder establecido49. Tanto más pertinente y actual es el hecho que tal politización de la agresividad sería una forma odiosa pero eficaz de igualdad social. Dirigiendo la cólera y la frustración hacia aquellos que aparecen como gente extraña, como amenazas, que salen de lo común o incluso aquellos que parecen estar relativamente protegidos de las compulsiones societales que están en curso, los demagogos pueden dar la impresión que nadie puede escapar a la destructividad general. En ese sentido, se trata de una nivelación, no en el sentido de una igualdad sustantiva, sino que al contrario una nivelación de todos los malestares y desprecios producidos socialmente, que de manera perversa gratifica a los individuos mostrándoles que no hay alternativa a una vida mejor y diferente a su miseria cotidiana, dándoles a entender que todo seguirá igual. Todo ello sin entrar en las otras características esenciales de cada uno de los prejuicios y de formas de odio que se multiplican en la coyuntura actual, pensamos que el análisis de Horkheimer permite traer una clarificación esencial sobre el desarrollo general de la hostilidad hacia la actividad artística e intelectual, la persecución de los movimientos sociales, el odio hacia los inmigrantes, racismo contra los negros, islamofobia, antisemitismo, machismo y homofobia.

Estos precedentes permiten sacar a la luz el hecho que los nuevos nacionalismos, incrustados en un discurso « anti-sistémico », pueden ser tanto o más eficaces para responder a las exigencias del sistema neoliberal y su racionalidad, incluso si sus dirigentes no han sido apoyados – al menos desde el inicio – por la mayoría del establishment de sus países.Ya hemos comentado las exenciones fiscales de Trump para las grandes empresas, pero igualmente podemos hablar de su ataque contra servicios de salud (Obamacare), mencionar la reforma laboral de Orban diseñada para sus opositores como una forma de semi-esclavitud, o entonces evocar la actual coalición en el poder de Italia, al seno del cual el Movimento 5 estrellas incluso ha integrado en su programa gubernamental la proposición de un « Ministerio de la promoción meritocrática », sin mencionar del programa económico de Bolsonaro en el que la radicalización del neoliberalismo ha dejado sin aliento a los más conversos defensores del « libre mercado ».

Sin embargo, es también muy significativo que incluso el gobierno de Macron, que se hace la de un campeón del cosmopolitismo « democrático » y el heraldo de un empresariado individualista que tiene la intención de transformar Francia en un « start up nation », ha movilizado de manera cínica los sentimientos nacionalistas y xenófobos contra los migrantes luego del discurso nacional pronunciado en respuesta al movimiento de los Gilets Jaunes el 10 de diciembre del 201850. Igualmente, el ministro del Interior de la que en algún momento fue la tolerante Alemania, ha declarado recientemente que la cuestión de los refugiados era la « madre de todos los problemas »51. Sin olvidar por supuesto, toda la xenofobia que rodea a la retórica alrededor del Brexit. Las líneas de demarcación entre diferentes ideologías han sido cada vez más débiles y existe una conjunción cada vez más explícita entre el neoliberalismo y el nacionalismo autoritario52. Y tal conjunción no puede tomar importancia más que en la medida en que la lógica securitaria y represiva aparece como el único pilar posible de las formas de sociabilidad existentes. La apología de « el orden », de « la autoridad » y de la « seguridad »53 se adhiere a un esfuerzo de moralización fundado en la combinación de la meritocracia neoliberal con valores atávicos tales como los de la familia y la religión.

El miedo, el odio y la indiferencia, que son síntomas de una individualización generalizada y del carácter cada vez más abstracto de los vínculos sociales, por otro lado no pueden estar dirigidos de forma solamente individual. Ellos necesitan de una forma colectiva de desborde, de encarnar en una forma específica su carácter difuso. Expresado y promovido por la idea de una patria nacional, tal como la de « America first » de Trump o el « Brasil ante todo y Dios por sobre todo » de Bolsonaro, ese trabajo está facilitado por la puesta en relieve de enemigos internos y externos a dominar y reprimir. Por un lado, se pide que el Estado sea duro y violento contra los supuestos enemigos de la nación. En el caso de Brasil, la elección de los pueblos autóctonos como enemigos nacionales se vincula totalmente con la « acumulación por desposesión », demoliendo toda fantasía ecológica o humanista que pudiera generarla. Por un lado, mientras este mismo Estado en el caso de Trump y Bolsonaro, propone la legalización de las armas para todos los ciudadanos termina ilustrando la racionalidad neoliberal misma puesta en extremo por su agresividad: la individualización y privatización de los medios de violencia. Si el precio a pagar para tratar de asimilar la existencia humana a la lógica del capital en crisis es la generalización de la guerra civil y la supresión del carácter dialógico de la política, el nacionalismo autoritario está más equipado que sus ideologías de competencia para dar tal pelea, a la vez discursiva y concretamente54.

Asimismo, la ola autoritaria aparece igualmente más apropiada para tratar la superfluidez estructural que acompaña a la contradicción en tanto que proceso del capital. Si la modernización nacional no ha parado de producir a sus excluidos, a quienes han casi siempre pedido esperar el día en que, finalmente, el « progreso » y el « desarrollo » llegue a ellos, pareciera ahora de manera cada vez más explícita que, frente a la carrera de la « selección » y a la « exclusión » neoliberal, el número de personas dejadas en la exclusión, incapaces de salir adelante aumenta cada vez más. ¿ Qué hacer entonces con aquellos en los que el trabajo no es explotable y que incluso no pueden simular su auto-valorización en tanto que « capital humano », pero que por otro lado están privados de toda otra forma de existencia que aquella fundada en el dinero y el valor ?

En un capitalismo en el que, frente a sus límites, intensifica aún el culto al trabajo y del producir por producir – incluso en la forma individualista del empresario de si mismo– los que no pueden, incluso potencialmente, entrar como mercancías dentro del juego de la abstración y de la igualdad del valor no pueden ser considerados más que con extrañeza, como una diferencia absoluta y por tanto como una amenaza. En donde la intensificación de la administración represiva y criminalizante de los superfluos, de la administración de las personas desechables de las condiciones económicas y sociales existentes, factores que permiten al nuevo nacionalismo el adquirir un complemento. En el nombre de los « valores nacionales », las personas tomadas en la categoría de « amenaza externa », representadas por ejemplo bajo el trato de los inmigrantes y de los refugiados, son decretados como « incompatibles », « inadmisibles» o incluso directamente designados como « animales » o de « escorias humanas », al mismo término que aquellas subsumidas bajo la « amenaza interna », por ejemplo los jóvenes sin ninguna perspectiva de empleo remitidos a las periferias urbanas.

La comunidad nacional se imagina entonces como la colectividad de lo que están – o parecen estar– integrados, proyectando en ellos mismos una victoria supuesta sobre los seres humanos « vencidos », teniendo en cuenta que estos últimos son indeseables para el capital.

No obstante, ello no debe ocultar el hecho que, como bien lo demuestra Achille Mbembe en Critique de la raison nègre55, la desechabilidad y la vulerabilidad tienden a volverse condición universal de los seres humanos. Así, el rechazo que golpea a los que están marcados por la exclusión constituye también una exteriorización de un fantasma que rodea aquellos cuales la inclusión pareciera tener un carácter cada vez más provisorio e incierto. En todo caso, es dentro de este proceso de deshumanización mortal y de separación forzada que los populistas de derecha configuran su identidad, tratando de dar más continuidad a los dispositivos de control físico de los humanos que son desarrollados en todos lados independiente del gobierno de turno. Paralelo a la supresión de todas las fronteras que separan aún ciertos territorios y ciertas dimensiones de la vida de la lógica del capital, la sociedad crea ahora nuevas fronteras, barreras, muros, sistemas de seguridad público y privados sofisticados para aislar y contener a los hombres de forma policial y militar. Retomando a Mbembe56, ello puede parecernos el sentido de su concepto de fronterización, vale decir de nuevas formas globales de confinamiento y control de los individuos que residen en el « sueño de una seguridad sin falla, que no solamente exige vigilancia sistemática y total sino que también exige expurgar a ciertos sujetos » y que « es síntoma de las tensiones estructurales que, hace décadas, acompañan a nuestro paso hacia un nuevo sistema técnico más automatizado , más reticular y más abstracto, hecho de diversos monitoreos – numérico, algorítmico, numinoso »

Finalmente, si por un lado las perspectivas de lucha y de los movimientos sociales buscan combatir tal marco y evolucionan en una dirección emancipatoria parecen extremadamente limitadas, por otro lado, la dureza y brutalidad de la coyuntura actual pueden ayudar a buscar nuevos caminos y a desmitificar las prácticas y las ideas que aprisionan al pensamiento de izquierda. En particular, la crítica del nuevo nacionalismo de derecha por la vía de defensa de un nacionalismo de izquierda « auténtico y popular », o en tanto que « populismo de izquierda »57, no solamente le erra al blanco, sino que legitima igualmente, independiente de las intenciones, al mismo marco de referencias que debería ser criticado. Esas posiciones, perpetúan y se apoyan en el fetiche de la política, ignoran la dinámica de trasfondo fetichista que ha bloqueado a la política tal como ha existido en otras ocasiones. Así, la lógica soberanista de combate para los Estados Nacionales como tales, sea cual sea el sentido que haya podido tener en el pasado y las emociones que ella pueda aún movilizar en el presente, no puede más que conducir hoy en a un callejón sin salida consistente en proponer diferentes formas de gestión de la misma crisis del capitalismo.

Es precisamente el hecho que el Estado nacional ha perdido toda capacidad para estructurar lo social en torno a un « proyecto » de desarrollo apareciendo cada vez más y más como la última mediación al seno del colapso social que debe ser denunciado y tematizado para hacer posible la búsqueda de alternativas eficaces.

Sin este punto de vista, la lucha por la hegemonía deviene como mucho una evaluación abstracta y a-histórica de las relaciones de fuerza (¿ Para hacer qué exactamente ?), y lo peor, tiende aproximarse transversal y peligrosamente la izquierda a la demagogia populista de derecha. Si el concepto de hegemonía tiene siempre un sentido para pensar la lucha para superar el estado actual de las cosas, ello requiere necesariamente la crítica negativa de las categorías estructurantes del capital – mercancía, valor, trabajo abstracto así como el Estado – con el fin que en la lucha para superar el estado actual de las formas, podremos proponer nuevas formas de vida y de existencia en común. Sin minimizar la adversidad del contexto en el cual estamos enredados y tomando conciencia de la naturaleza colectiva de esta tarea, yo creo que es el único medio de dar coherencia y de inteligibilidad a las luchas que se siguen y seguirán, incluyendo las luchas más inmediatas.

29/11/2019

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1 La idea de este artículo viene de las discusiones que han tenido lugar el 2018 en el seno del Grupo de estudios sobre el neoliberalismo y las alternativas (GENA) de SOPHIAPOL, Unité de investigación en sociología, filosofía y antropología política, de la Université Paris Ouest Nanterre La Défense. Agradezco mucho a mi amiga y colega profesora de la Unifesp Virgínia Junqueira por la traducción de este artículo así como a Memphis Krickeberg et Paul Guillibert por las relecturas.

2Dardot Pierre & Laval Christian, Ce cauchemar qui n’en finit pas. Comment le néolibéralisme défait la démocratie, La Découverte, 2016.

3Dardot Pierre & Laval Christian, « Anatomie du nouveau libéralisme », reflexions-echanges-insoumis.org, 2019, http://reflexions-echanges-insoumis.org/anatomie-du-nouveau-neoliberalisme/

4Marx Karl, Manuscrits de 1857 – 1858 dits « Grundrisse », Éditions Sociales, 2011.

5 « Ese salto del valor de la mercancía que abandona su cuerpo de mercancía para encarnarse en la del oro, lo he llamado en otra obra el salto mortal de la mercancía. Claro que si le falla, no es la misma mercancía la que se estrella, sino su poseedor. » in Marx Karl, Le Capital. Critique de l’économie politique. Livre premier. Le procède de production du capital, Quadrige/PUF, 1993, p 120.

6Horkheimer Max, « Contribution à l’anthropologie de l’âge bourgeois » in Théorie traditionnelle et théorie critique, Gallimard, 1974, p.144.

7 Vincent Jean-Marie, Les mensonges de l’Etat. Paris, Le Sycomore, 1979, p.39.

8 Marx Karl, Le Capital. Critique de l’économie politique. Livre premier. Le procès de production du capital, Quadrige/PUF, 1993, p 122.

9 Vincent Jean-Marie, Les mensonges de l’État, Le Sycomore, 1979, p.40.

10 « Al mismo tiempo, la política se manifiesta como su propia negación, como crecimiento de la impotencia en el juego de la potencia. Más precisamente, los dispositivos maquínicos de los cuales ella se dota terminan por absorber y deformar las impulsiones de las cuales ella cree alimentarse y vivificar las confrontaciones estratégicas y tácticas. En lugar dirigir verdaderamente, la política está dirigida por todos los procesos suponía tomar en cuenta y adaptar los unos a los otros. Lejos de transcender los automatismos económicos, porque ella sustituye las deficiencias, ella termina por casar la lógica y la dinámica” en Vincent Jean-Marie, Critique du travail: Le faire et l’agir, Presses Universitaires de France, 1987, p.91.

11Polanyi Karl, La grande transformation. Aux origines politiques et économiques de notre temps, Gallimard, 1972.

12 Conviene notar que incluso un autor políticamente conservador y defensor explícito de la civilización burguesa, pero sobre todo perspicaz como Schumpeter, ha llegado a conclusiones similares en el tema de las antinomias del liberalismo utilitario : « ningún sistema social puede funcionar si está exclusivamente fundado sobre un sistema de libres contratos celebrado entre partes contractuales (legalmente) iguales, cada una de esas partes no estando por hipótesis, guiada por nada más que por sus propios fines utilitarios (a corto término). » in Schumpeter Joseph, Capitalisme, socialisme et démocratie, Payot, 1983, , p. 404). Sobre este tema, ver también Feldmann Daniel, « Utilitarismo e racionalidade em Schumpeter, Keynes e Hayek: uma visão crítica » in Revista da sociedade brasileira de economia política, n. 42, 2015.

13Polanyi Karl, « La mentalité de marché est obsolète ! » in Polanyi Karl, Essais, Seuil, 2008.

14En lo que concierne en la manera en que la modernización acelerada de Brasil después de la Segunda Guerra mundial ha tenido como resultado alimentar la exclusión social y la violencia, conviene citar Francisco de Oliveira en su Critique de la raison dualiste de comienzos de los años 1970, como en el siguiente de 2003, el texto « Ornithorynque » ( Oliveira Francisco de, Crítica à razão dualista. O ornitorrinco, Boitempo, 2003).

15Anderson Benedict, L’imaginaire national, La Découverte, 2006.

16« Los mercados de trabajo, de la tierra y de la moneda son sin duda esenciales para la economía de mercado. Pero ninguna sociedad podría soportar, aunque solo fuera durante el tiempo más breve, los efectos de un sistema igual fundado en ficciones groseras, si su substancia humana y natural como su organización comercial no estuvieran protegidos contra los estragos de esta fábrica del diablo. » Polanyi Karl, La grande transformation. Aux origines politiques et économiques de notre temps, Gallimard, 1972, p. 124. Es precisamente esta protección de la que hablaba Polanyi que deviene imposible en este siglo XXI.

17A propósito de los procesos fetichistas, Marcuse (1967) afirmará que « Marx pensaba que ellos afirman « a espaldas» de los individuos; en las sociedades avanzadas de hoy en día, esto es verdad solo con importantes reservas. Ingeniería social, el management científico de la empresa y de las relaciones humanas, la manipulación de las necesidades instintivas son practicadas en el plano de las políticas públicas y demuestra un grado de conciencia al seno de la ceguera general. » in Marcuse Herbert, « Aggressiveness in advanced industrial society », marxists.org ,https://www.marxists.org/reference/archive/marcuse/works/aggressiveness.htm

18 Streeck Wolfgang, « Como vai acabar o capitalismo? O epílogo de um sistema em desmantelo crônico », piaui.folha.uol.com, 2014, https://piaui.folha.uol.com.br/materia/como-vai-acabar-o-capitalismo/

19Ibid.

20Postone Moishe, « Histoire et impuissance politique : mobilisation de masse et formes contemporaine d’anticapitalisme », palim-psao.fr, 2017, http://www.palim-psao.fr/2017/04/histoire-et-impuissance-politique-mobilisation-de-masse-et-formes-contemporaines-d-anticapitalisme-par-moishe-postone.html

21 Kurz Robert, O colapso da modernização: da derrocada do socialismo de caserna à crise da economia mundial, Paz e Terra, 1993.

22«  El capital mismo es la contradicción en tanto que proceso, cuanto que se esfuerza en reducir el tiempo de trabajo al mínimo mientras que por otro lado pone al tiempo de trabajo como la única medida de la riqueza. » in Marx Karl, Fondements de la critique de l’économie politique [Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie, 1857-1858], Anthropos, 1967, tome 2, pages 222-223.

23 Botelho basado en los datos de la OIT, señala que actualmente « 63% de la mano de obra mundial actual está desempleada, desmotivada (no busca empleo) » o compuesta « de empleos vulnerables, de trabajadores autónomos, trabajadores sin ingreso, miembros de cooperativas de productores, etc. ». Voir Botelho Maurilio Lima, « Crise do trabalho hoje: desenvolvimento tecnológico, instabilidade do emprego e crise do capitalismo » in Acesso Livre, n.5, 2016, p.18.

24Ver sobre este tema un análisis convincente en Collins Randall « The end of middle class work: no more escapes. » in Wallerstein Immanuel (dir.), Does capitalism have a future ?, Oxford University Press, 2013.

25Rifkin Jérémy, La nouvelle société du coût marginal zéro : L’internet des objets, l’émergence des communaux collaboratifs et l’éclipse du capitalisme, Babel, 2016.

26 Gorz André, Ecologica, Éditions Galilée, 2007.

27Desde un punto de vista sistémico, el crecimiento relativo de los empleos en el sector de los servicios en relación a los otros sectores no solamente no resuelve el problema, sino que tiende a agravarlo. Ya que si es cierto que ciertas ramas del sector de servicios pueden emplear un trabajo productivo – es decir un trabajo productivo para el capital, aquello que crea plusvalor – una gran parte de la mano de obra empleada en ese sector es improductiva, incluso si ella es necesaria para el circuito del capital, en la medida en que ella no ejerce sus actividades más que en el dominio de la circulación de las mercancías, como en el caso del comercio, de las finanzas, de la publicidad y del marketing, etc. Donde el hecho que los capitales que emplean una mano de obra no productiva no contribuyen del todo a crear plusvalía, mientras que entran por el contrario en conflicto con los otros capitales para obtener de plus-valor.

28Sobre la difusión generalizada en la sociedad contemporánea de normas contables y normas abstractas de rentabilidad económica, ver Dardot Pierre & Laval Christian, Ce cauchemar qui n’en finit pas. L’étrange victoire. Comme le néolibéralisme défait la démocratie, La Découverte, 2016, en particulier la riche discussion du chapitre « La fabrique du sujet néolibérale ».

29Ella parece ser para nosotros la tesis errónea de André Gorz mismo así como de otros autores como Toni Negri. Ver Gorz André, Ecologica, Éditions Galilée, 2007.

30Una dimensión crucial de esta cuestión reside en el hecho que las nuevas estructuras productivas aumentan las asimetrías entre las diferentes regiones del globo y aceleran el aborto de la utopía del « catching up » de la periferia capitalista en relación al centro. De una parte, las exigencias en términos de ciencia, de cualificación, de capitalización y de infraestructuras devienen muy grandes para los países periféricos llegados tarde en la competencia, sin contar el hecho que las tecnologías son más y más inaccesibles dado su monopolización por la generalización actual de las patentes y propiedades intelectuales. Por otro lado, incluso el « dumping social » puesto en obra por los antiguos proyectos nacionales, es decir, la puesta en disposición de una mano de obra abundante con muy bajos salarios para seguir el cabo de la modernización, deviene cada vez más obsoleto, en particular en los sectores clave de la economía mundial que son precisamente aquellos que necesitan menos trabajadores. Para ello véase Feldmann Daniel, « A crise contemporânea do capitalismo: reflexões a partir de um debate com as abordagens sistêmicas de Arrighi, Fiori e Wallerstein. » in Economia e Sociedade, Campinas, 2019.

31 Böttcher Herbert, « Alguma coisa segue seu curso ou: o apito final que ninguém quer ouvir », 2018,http://www.obeco-online.org/herbert_bottcher3.htm

32 Así, el lugar que ocupa Internet y las redes sociales en las nuevas formas de subjetivación no pueden solamente reducirse hoy en día a los desarrollos tecnológicos. Después de todo lo que los nuevos canales numéricos dan forma, es simplemente el contenido de la atomización y de la abstracción que corresponde a la dinámica de crisis misma del capital. La publicidad directa de si puede ser individualizada sin mediación, en función del resultado numérico de los gustos y lo que se comparte que permiten dar a conocer y valorizar su « capital humano ». La centralidad de esos canales numéricos para la actividad política contemporánea – ver las campañas de Trump y Bolsonaro – no puede ser interpretada a partir de un determinismo tecnológico. Aquí, las redes sociales ceden el paso a un proceso ya en vías de poner fin a la política en tanto que movimiento dialógico y en tanto que espacio de discusión de posiciones contradictorias. En la medida en que el suceso de tal política numérica reside precisamente en su capacidad cuantitativa para atender la mayor cantidad de personas rápidamente e instantáneamente, la idea misma de diálogo, la construcción colectiva de ideas y de proposiciones, la discusión de las divergencias e incluso la veracidad de los mismos hechos empíricos son bloqueados. Así, la política está consolidada en tanto que inversión en la cual lo virtual deviene real y lo real deviene virtual.

33«  Esta descripción resumida de la lógica del valor permite tomar la similitud con la lógica narcisista. (…) La única realidad es su yo, un yo que (casi) no tiene cualidades propias porque no se enriquece más a través de las relaciones objetuales, que hacia el otro. Al mismo tiempo, este yo trata de expandirse al mundo entero, de englobar y reducir ese mundo a una simple representación de si mismo, una representación en la que las figuras son inesenciales, pasajeras e intercambiables. El mundo exterior – a partir de su propio cuerpo orgánico – no tiene consistencia para el narcisista más que el valor de uso no tiene consistencia para el valor. En los dos casos, no puede haber relación pacífica, sino que solamente de dominación y de explotación para alimentar un apetito voráz. » Jappe Anselm, La société autophage: Capitalisme, démesure et autodestruction, La Découverte, 2017, 129.

34 Vease Dardot Pierre & Laval Christian, Ce cauchemar qui n’en finit pas. L’étrange victoire. Comme le néolibéralisme défait la démocratie, La Découverte, 2016, notamment les pages 94 et 107.

35 Marx Karl, Le Capital. Livre II et III, Folio, 2013, p. 1669.

36Chesnais François, « Les dimensions financières de l’impasse du capitalisme. », alencontre.org, 2017,http://alencontre.org/economie/les-dimensions-financieres-de-limpasse-du-capitalisme-i.html

37NDE: « Los commodities corresponden a las materias primas tales como la cebada, el trigo, el oro, el petróleo y el gas. El sector de las materias primas tiene consecuencias importantes sobre otros dominios y sectores. Por ejemplo, una subida de precios del trigo puede aumentar en los países pobres. Los commodities son intercambiados en los mercados al contado o de los mercados derivados. Ciertas materias primas tienen un precio universal que evoluciona según la oferta y la demanda, tal como el cobre. Otros como el trigo o el petróleo dependen de la calidad de la producción. » Ver « Qu’est-ce que les commodities ? » andlil.com, 2013, https://www.andlil.com/definition-de-commodities-132089.html

38Trenkle Norbert, « Workout. The crisis of labor and the limits of capitalist society , Keynote Lecture at the International Conference « Rethinking the future of work », 27-28/04/2018, ICUB Research Institute of the University of Bucharest, krisis.org, http://www.krisis.org/2018/workout-the-crisis-of-labor-and-the-limits-of-capitalist-society-text-and-video/

39 Brenner Robert, O Boom e a Bolha: Os Estados Unidos na Economia Mundial, Record, 2003, p.264.

40Vease Chesnais François, « Etats-Unis. Les vantardises de Trump. Or, une nouvelle crise financière guette », alencontre.org, 2018, https://alencontre.org/ameriques/americnord/usa/etats-unis-les-vantardises-de-trump-or-une-nouvelle-crise-financiere-guette.html

41Esta dimensión es crucial para comprender el carácter efímero de lo que se ha llamado – no sin una gran distorsión del modelo original – las experiencias de desarrollo en América del Sur. Si, desde 1994, Roberto Schwarz había declarado que « el nacionalismo desarrollista había devenido una idea vacía, o mejor, una idea por la cual no había dinero », un ensayo desarrollista no podía insinuarse que de manera precaria en aquel comienzo del siglo XXI ya que, precisamente en el curso de un breve momento de valorización artificial global del capital ficticio desde el último decenio, el dinero – dólares americanos principalmente – afluían. Cuales sean las intenciones de los dirigentes y de los partisanos de la vuelta al desarrollismo, el hecho mismo que este sea dependiente del clima especulativo y de corto término del capital internacional, indica que tal impulso de « proyecto nacional » traicionaría ya su propio concepto. Véase también Daniel Augusto, « Impasse brasileiro: o desmonte como projeto », Nuestra America XXI. Grupo de trabajo CLACSO. Crisis y Economia Mundial, r2017, http://rebelion.org/docs/227823.pdf

42Harvey David, Le nouvel impérialisme, Les Praires Ordinaires, 2010.

43Horkheimer Max, « Égoïsme et émancipation. Contribution à l’anthropologie de l’âge bourgeois » in Théorie traditionnelle et théorie critique, Gallimard, 1974.

44Meiksins Wood Ellen, Império do capital, Boitempo, 2014.

45Es lo que, para nosotros, adhiere a la sugestión de Pierre Sauvêtre formulada en un debate de GENA que esos nuevos nacionalismos podrían igualmente ser descritos como una forma de «  neoliberalismo identitario ».

46 Dardot Pierre & Laval Christian, Ce Cauchemar qui n’en finit pas. L’étrange victoire. Comment le néolibéralisme défait la démocratie, La Découverte, Paris, 2016

47Dardot y Laval por un lado, como Robert Kurz del otro, comprenden bien ese punto : « El capitalismo avanzado destruye no solamente las estructuras tradicionales que lo han precedido, en primer lugar la familia, pero igualmente las estructuras a la creación las cuales ha contribuido, como las clases sociales. Asistimos a una individualización radical que hace que todas las formas de crisis social sean percibidas como crisis individuales, todas las desigualdades son vinculadas a una responsabilidad individual » (Dardot Pierre & Laval Christian, La nouvelle raison du monde. Essai sur la société néolibérale, La Découverte, 2010. p. 335). O incluso : « El orden dominante del sistema social ha sido erigido en dogma de una ley natural, más allá de toda posibilidad de evaluación – por consecuencia, la causalidad de las experiencias negativas no puede recaer más que sobre los sujetos, en su existencia inmediata. Cada uno es culpable de sus propios males o fracasos, pero también las crisis sociales y las catástrofes no pueden ser causadas más que por personas o grupos subjetivamente culpables. El error no es nunca del mismo sistema, es siempre alguien quien ha cometido una falta o un crimen »  in Kurz Robert, « Populisme hystérique. Confusion des sentiments bourgeois et chasse aux boucs-émissaires », palim-psao.fr, 2009, http://www.palim-psao.fr/article-populisme-hysterique-confusion-des-sentiments-bourgeois-et-chasse-aux-boucs-emissaires-par-robert-kurz-40339574.html

48Es interesante notar que en los años 1940, Schumpeter apuntó hacia una cosa similar y que su análisis siempre es actual para dar a luz la fragilidad del juego institucional de las democracias liberales frente al frenesí utilitario de las sociedades modernas. « Para las masas, son las consideraciones a corto plazo que cuentan (…) desde el punto de vista del utilitarismo individualista, tal sentimiento es, por supuesto, perfectamente racional » in Schumpeter Joseph, Capitalisme, socialisme et démocratie, Payot, 1983,p. 174.

49Horkheimer Max, « Égoïsme et émancipation. Contribution à l’anthropologie de l’âge bourgeois » in Théorie traditionnelle et théorie critique, Gallimard, 1974.

50« El discurso de Emmanuel Macron frente a los « gilets jaunes » », lemonde.fr, 10/12/2018,https://www.lemonde.fr/politique/article/2018/12/10/le-verbatim-de-l-allocution-televisee-du-president-de-la-republique_5395523_823448.html

51« Alemania: la inmigración, es la «madre de todos los problemas», dijo el ministro del Interieor », lesoir.be, 06/09/2018, https://www.lesoir.be/176934/article/2018-09-06/allemagne-limmigration-est-mere-de-tous-les-problemes-dit-le-ministre-de

52Por no mencionar aquí el caso de China, que persiste trágicamente aún a ser considerado por ciertos sectores de la izquierda como una alternativa « anti-imperialista » a los Estados-Unidos. El desarrollo en curso del sistema de « ranking social » basado en las tecnologías de reconocimiento facial que serán obligatoriamente impuestas en China durante los próximos años es la muestra más clara de los procesos que acá discutimos. Tal sistema servirá no solamente para capturar a los presuntos criminales, sino para también atribuir notas – es precisamente esta connotación que se llama « ranking social » – a todos los ciudadanos sobre la base de una investigación vigilada en tiempo real sobre su comportamiento a través de los 600 millones de cámaras ya existentes para tal función. Esas notas, a su vez , servirán de referencia para la asignación de empleos, préstamos bancarios, alojamientos, visas, admisión a las universidades etc. Esta distopía de control absoluto digna de 1984 de Orwell muestra que lo que la China « comunista » tiene la intención de organizar y de institucionalizar es en realidad la lógica neoliberal extendida a su límite: los individuos serán reducidos a simples « capitales humanos » que serán forzados bajo una vigilancia totalitaria para luchar por su constante auto-valorización, es decir, a pelearse sin tregua para mejorar su “score” que será atribuido por el gobierno en cada período. Así, el reconocimiento facial será utilizado de manera que cada persona sea clasificada según un « valor nominal » abstracto y cuantitativo. El hecho que los diputados del partido de Bolsonaro hayan viajado a China para informarse de esta « innovación » en vistas de su futura aplicación en Brasil, muestra solamente que la conjunción entre neoliberalismo y autoritarismo es transversal a la cortina de humo que son las diferentes ideologías promovidas por los Estados, véase: « Bancada do PSL vai à China importar sistema que reconhece rosto de cidadãos »,noticias.uol.com, 2019, https://noticias.uol.com.br/politica/ultimas-noticias/2019/01/16/bancada-do-psl-vai-a-china-para-importar-tecnicas-de-reconhecimento-facial.htm?fbclid=IwAR2WHZeVfotq-IRKuW1sFCEdB-VSdjMtQYGXu68bkWmwPoVZ4CqXXQ9wOBY

53Es porque, contrariamente a la austeridad impuesta a los servicios públicos en general, los budgets de la armada y de la seguridad han, aumentado de manera global. Para un análisis detallado de la cuestión en el caso francés, ver Serfati Claude, « La défense, un avantage compétitif de la France en la Unión Europea », contretemps.eu, 2018, https://www.contretemps.eu/defense-armee-france-europe/

54Para un buen análisis de la ideología subyacente a la extrema derecha brasilera actualmente en el gobierno, ver Catalani Felipe, « Aspectos ideológicos do bolsonarismo », blogdaboitempo.com.br, 2018,Aspectos ideológicos do bolsonarismo Voir Carvalho Fred Lyra de, « Crise: entre o comum, o sentido, o governo, o motim e a comuna », Revista Maracanan, n. 18, 2018 pour une réflexion bien faite sur la place de la violence dans la politique contemporaine.

55 Mbembe Achille, Critique de la raison nègre, La Découverte, 2013.

56Mbembe Achille, « La démondialisation », esprit.presse.fr, 2018, https://esprit.presse.fr/article/achille-mbembe/la-demondialisation-41829

57Como lo propone por ejemplo Chantal Mouffe. Ver Mouffe Chantal, « Diante do avanço do populismo de direita, “o único caminho é desenvolver um populismo de esquerda”. Entrevista com Chantal Mouffe », ihu.unisinos.br, 2018, http://www.ihu.unisinos.br/78-noticias/584930-diante-do-avanco-do-populismo-de-direita-o-unico-caminho-e-desenvolver-um-populismo-de-esquerda-entrevista-com-chantal-mouffe

1Texto original « Crise permanente du capital et sens du nouveau nationalisme autoritaire au XXIème siècle ». Aparecido el 26 de Julio de 2019 en Solitudes Intangibles. http://solitudesintangibles.fr/crise-permanente-du-capital-et-sens-du-nouveau-nationalisme-autoritaire-au-xxieme-siecle-daniel-feldmann/

2Profesor adjunto del Departamento de Economia de la Universidade Federal de São Paulo.

3Sociólogo de la Universidad de Valparaíso, miembro del CEPIB-UV.

Fuente: https://www.intersecciones.com.ar/2019/11/29/crisis-permanente-del-capital-y-el-asentamiento-de-un-nuevo-nacionalismo-autoritario-en-el-siglo-xxi/?fbclid=IwAR3kv7lPqbHfTM-f4T4h4RbUh7OrazLFlO2c5K96NiHv2EgYgl6B-5I1LIc

La ponencia feminista

Entrevista a Verónica Gago por Roxana Sandá

En su último libro, La potencia feminista –Tinta Limón-, la politóloga Verónica Gago enhebra teóricamente los hilos de sentido que fueron tejiéndose en las acciones colectivas, asamblearias y callejeras de los últimos años. ¿Una huelga internacional llamada desde los feminismos? ¿Responder a la crueldad femicida con acciones que parecían exclusivas del ámbito sindical? ¿Definir otra vez de qué se trata la violencia machista y cuál es su engranaje con las violencias financieras y económicas? Preguntas que dan cuenta de lo que son capaces los movimientos feministas que cruzan fronteras, se enfrentan al neoliberalismo; conectan conflictos y resistencias. En días en que la región arde y los tanques militares volvieron a circular por las calles de territorios hermanos reprimiendo con especial saña a las mujeres, resulta necesario ponerle palabras a esa potencia que se despliega siempre con otras y otres.

Una rabia de siglos envuelve el territorio latinoamericano y truena con amargura. El movimiento de mujeres, lesbianas, trans y travestis se levanta contra la cacería feroz del golpe de Estado en Bolivia y le hace frente al aparato represivo que se derrama sobre Chile. Son miles de cuerpos encendiendo fuegos de rebelión para desafiar las fobias racistas y de clase, las fobias colonialistas y dominantes que escupen sobre quienes pelean por una alternativa de poder feminista antipatriarcal, antiextractivista, descolonizante y antiadultocéntrico. Les jóvenes enfrentan la maquinaria neoliberal para que no siga empobreciendo a sus familias. Mientras esta nota se escribe, la resistencia lleva semanas. “La historia es nuestra y el futuro también”, declaran grafitis teñidos de urgencia. Por un momento, los ojos de la politóloga, docente y militante feminista Verónica Gago se ensombrecen. Piensa en los ríos de sangre que están corriendo pero también en esa secuencia de luchas vueltas tembladeral, para reencontrarse este 25 de noviembre contra todas las violencias y seguir rompiendo los límites de un poder de muerte. El libro que acaba de presentar, La potencia feminista (Ediciones Tinta Limón), es una caja de herramientas para ser desplegada contra esa ofensiva neoliberal y conservadora, pero también una investigación tramada al calor de las asambleas, de las movilizaciones, de los paros nacionales y los paros internacionales del 8 de marzo que conecta las violencias económicas, financieras, políticas, institucionales, coloniales y sociales. Un femicidio cada 29 horas en la Argentina obliga a correrse del binarismo víctima-victimario y a atravesar los conflictos, enhebrando transversalidad en “la simultaneidad del temblor en las camas, las casas y los territorios” de las que habla la investigadora, sin dejar nada afuera porque a todo lo atraviesan las luchas feministas. Una advertencia: desde estas páginas, leer la consigna NiUnaMenos implica precisamente re conceptualizar las violencias machistas y politizarlas para reconocer su horror y desarmarlo, al punto de convertir en migajas la retórica de la victimización. Pero cuando nos asalten las letras de NosMueveElDeseo, esa aventura en clave plurinacional, estaremos frente a una capacidad experimental, anhelante, masiva y radical con la que se construye una propuesta revolucionaria: el deseo de cambiarlo todo.

¿A qué se refiere La potencia feminista?

-Es una manera de nombrar la fuerza del proceso que los feminismos protagonizaron en los últimos años y de dar cuenta de todo lo que abrieron, pusieron en discusión y conmocionaron en las relaciones sociales, en las formas de hacer alianzas políticas, en las dinámicas callejeras, en las maneras de hacerse cargo del sufrimiento y en el modo de crear luchas transversales. Potencia feminista quiere decir que experimentamos una fuerza concreta que desplaza y modifica los límites de lo que creemos que podemos y somos capaces de hacer, de transformar y de desear. Y esa potencia tiene mucho que ver con otra de las caracterizaciones con las que más insisto en el libro: la conjunción que los feminismos lograron entre masividad y radicalidad que, desde mi punto de vista, marca una novedad histórica. Claro que siempre hubo grupos, dinámicas, debates feministas variados, fundamentales, radicales. Pero que tome una escala de masas y transnacional, como pasó en los últimos tiempos, trastocó la escena. Esa expansividad del feminismo al interior de organizaciones, espacios y territorios existenciales de lo más diversos hace que el movimiento feminista, intergeneracional y pluralista logre tener intervenciones políticas coyunturales muy fuertes a la vez que va alterando las vidas cotidianas. La simultaneidad del temblor en las camas, las calles, las casas, los territorios y los lugares de trabajo (a su vez redefinidos por el feminismo) enhebra esa transversalidad materialista, que no deja nada afuera, nada sin tocar. Y una cuestión que enlaza todos esos planos es cómo se han re conceptualizado de manera práctica, desde las instancias colectivas, las violencias domésticas teniendo en cuenta las violencias financieras, institucional, racista, laboral. Eso permite un diagnóstico feminista del aumento de las violencias y un mapeo y una caracterización precisa de las conflictividades sociales del presente.

Y permite conectar esos diferentes conflictos.

-La potencia feminista es una capacidad de conectar luchas bien distintas desde una preocupación común: ¿qué se está expropiando de la riqueza colectiva de modo tal que nos empobrece la vida, nos roba tiempo y explota determinados cuerpos y territorios de manera brutal? En esa clave se empiezan a tejer los conflictos, las reivindicaciones y las luchas que plantean los colectivos indígenas, las travestis y trans, las trabajadoras precarizadas, lxs estudiantes, las trabajadoras de la tierra, las jubiladas. Y ésa es, insisto, la materialidad concreta de la transversalidad feminista que se ha conquistado. Por último diría que la noción de potencia es una discusión en términos de teoría política: desde cierta lectura de Spinoza se puede decir que la potencia es una capacidad de hacer, de instituir, de afectar y de crear que se diferencia del poder, que es un grado mínimo de potencia. Creo que esto es importante para discutir la infantilización que muchas veces se quiere hacer del feminismo, como una práctica ingenua o microscópica a la hora de disputar la transformación social.

¿Por qué elegiste plantear la huelga feminista como una especie de lente para conceptualizar y politizar las violencias?

-La huelga funciona como una especie de umbral, de práctica de desplazamiento frente a la violencia femicida porque genera un lugar de enunciación que no acepta sólo la subjetividad de las víctimas, que es la predilecta de los medios y de ciertas instituciones, y en cambio propone una subjetividad que se hace en la lucha, en el encuentro con otres, y la huelga expresa un gesto de bloqueo frente al estado de cosas. El llamado a huelga permitió poner en discusión a qué le llamamos trabajo, cuál es el valor que producimos, de qué manera las violencias machistas se relacionan con la precarización generalizada. Pero además, la huelga como proceso político que se inicia en 2016 y que sigue con el devenir internacional de la huelga del 8M durante estos años, tiene como protagonistas a quienes realizan los trabajos históricamente desvalorizados o a las que fueron relegadas en los sindicatos por mucho tiempo. Así, la huelga impulsada desde las trabajadoras sindicalizadas y las trabajadoras de la economía popular, desde las docentes ad honorem y las estudiantes, las periodistas free lance y las trabajadoras estatales precarizadas, las campesinas y las trabajadoras migrantes, desde las que hacen trabajo en sus casas y las desocupadas, despliega en términos prácticos una perspectiva feminista para leer las formas del trabajo hoy que, a la vez, nos permite leer todos los trabajos, que en su mayoría comparten la condición de precariedad y de superexplotación. Entonces la perspectiva feminista no sólo alumbra, visibiliza y valoriza el trabajo de las mujeres y de los cuerpos feminizados, sino que a partir de ahí permite leer de modo situado la condición de precarización general, la fragilización de las relaciones y la necesidad de una fuerza colectiva para hacerle frente a tal nivel de saqueo vital. La huelga feminista desacata el reconocimiento restringido que la huelga tradicional hace respecto de quiénes son trabajadorxs, lanza esa bella consigna de #TrabajadorasSomosTodas y a la vez evidencia que incluso hoy el llamado trabajo formal se hace cada vez más intermitente, más difícil, y que, aun teniendo el “privilegio” del salario, ese ingreso ya casi no garantiza la reproducción. Hay mucho escrito y pensado sobre qué significa la división sexual del trabajo, de ese matrimonio indisociable entre patriarcado, colonialismo y capitalismo, pero la novedad es que la huelga feminista actualiza ese debate en términos prácticos, en una perspectiva que abre un espacio de insubordinación al mandato de austeridad, deuda y precariedad.

El femicidio de Lucía Pérez en 2016, al borde del entonces Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, fue duelo colectivo e impulso vital del primer Paro Internacional Feminista.

-Se produjo entonces una racionalidad de asamblea. Y de esa asamblea en la CTEP salió la idea-fuerza del Primer Paro de Mujeres, como se llamó. Lo que planteo en el libro es que las asambleas producen un modo de inteligencia colectiva en tres actos: la imaginación de una acción común que surge ahí mismo, in situ; la evaluación de la fuerza que se tiene y, finalmente, la capacidad práctica de operativizar una decisión colectiva. La asamblea es una máquina de decisión política que instala otra fuerza soberana, que surge de producir condiciones de escucha cada vez más escasas en tiempos de hipermediatización. El llamado a dejar las redes, a encontrarnos cuerpo a cuerpo, siempre es un llamado a lo trabajoso de encontrarnos, y a sostener los desencuentros que ahí se producen, como parte de una práctica de elaboración colectiva. Ese es un ejercicio histórico del feminismo y que, en los últimos años, lo hemos visto masificarse y multiplicarse.

A partir de las asambleas y los paros, y desde los territorios, el feminismo comenzó a tejer un nuevo proceso transnacional y plurinacional imparable.

-El proceso de transnacionalización o internacionalismo feminista es de las cosas más interesantes, porque desde el movimiento feminista se está reinventando esa práctica. Tiene que ver con la capacidad de resonancia que van adquiriendo las luchas, la manera en que se van traduciendo y encarnando los sentidos de una consigna, de una bandera, de un pañuelo, de una imagen. Cuando se da el debate por el aborto legal, seguro y gratuito o la huelga feminista, no es simplemente el esquema clásico de solidaridad de unas luchas con otras, sino que el transnacionalismo se expresa como una fuerza concreta en cada lucha y un horizonte común que no aplana las diferencias ni las mete debajo de la alfombra para encajar todo en un mismo esquema. Esta experiencia de no estar solas que sintetiza consignas como “¡Tocan a una, tocan a todas!” expresan una repercusión, una conexión, una resonancia y una transversalidad que produce un cuerpo colectivo, ensanchado, y que permite ir coordinando iniciativas muy grandes, al punto de producir ese efecto océanico de marea.

Desde NiUnaMenos se nombra una decisión de avanzada, casi contraseña de transformación, que es Nos Mueve El Deseo. ¿Qué repone políticamente esa consigna?

-Es una consigna que me encanta. Le veo muchos pliegues y, en ese sentido, la tomé como guía en el libro. Por un lado, para mí significa que el deseo tiene potencia cognitiva. Esto quiere decir que produce conocimiento, percepción, sensibilidad. Darle ese estatuto al deseo implica asumir su capacidad política de movilización y de invención de trayectorias vitales. Algo muy rico del movimiento feminista es esta elaboración permanente de consignas, de frases, de eslóganes que van tramando un saber colectivo y una pedagogía feminista para ir conceptualizando, nombrando y compartiendo eso que vamos haciendo y sistematizando también como saber. El deseo no es lo contrario de lo posible, como muchas veces se dice. Es lo que abre otros posibles. En ese sentido, que nos mueva el deseo implica una apuesta a la radicalidad de lo que significa hacer política feminista, donde ningún aspecto de la vida queda por fuera de la política. Tal politización de la existencia confronta la jerarquía entre el espacio de lo que se llama usualmente política y el espacio de lo doméstico. Romper esas divisiones tiene que ver con desear cambiarlo todo.

Para el orden conservador, producir esos sentidos representa un peligro al que hay que disciplinar, castigar o destruir si fuera necesario. ¿Cómo caracterizás la guerra en y contra el cuerpo de las mujeres y cuerpos feminizados en el escenario actual?

-En su investigación histórica Calibán y la bruja, Silvia Federici explica por qué la caza de brujas es una escena fundante de guerra contra las mujeres que está oculta en el origen del capitalismo, y la pregunta que se hace es por qué el capital necesita combatir a las parteras y aborteras, a las que viven solas, a las artesanas y jefas de gremio, y ubicarlas a todas como brujas, que significa ni más ni menos que subjetividades heréticas y subversivas para el capital. Esto supone en simultáneo la necesidad de desprestigiar sus conocimientos, de quitarle poder social a sus actividades y de enclaustrar a muchas en el hogar, entendido como servicio doméstico obligatorio y gratuito. Hay ahí una cuestión sobre qué se quiere encerrar cuando se encierra ese poder y ese conocimiento, que es un poco la pregunta que nos vuelve sobre por qué en algunos momentos históricos hay ciertos cuerpos y ciertos territorios a los que se les hace la guerra: qué se quiere silenciar, explotar, dominar en ellos. Porque hoy mujeres, lesbianas, travestis y trans están discutiendo y confrontando los modos históricos de subordinación y explotación diferencial de esos cuerpos, es que la respuesta es cada vez más violenta. Para sintetizar: hay una actualidad de la pregunta de la guerra porque estamos en un momento en que la violencia se convirtió en la principal fuerza productiva.

Hablás también de la necesidad actual del capital de incrementar las violencias para sostener formas de dominio y explotación que están en crisis.

-Están en crisis porque hay un montón de luchas que las están cuestionando y las están impugnando a partir de desear otras cosas y de repudiar los modos de vida neoliberales con sus dosis insoportable de sufrimiento, soledad y austeridad. Por eso también el ensañamiento particular con las generaciones más jóvenes: con endeudarlas, medicarlas y controlarlas. Así hay que entender esa obsesión actual de reemplazar educación sexual por educación financiera en las escuelas. Parecen cuestiones menores y son todo lo contrario, van al punto de cómo el capital organiza formas de explotación y de extracción de valor en el futuro, cómo intenta superar la crisis de mando cuando cuerpos y territorios se declaran en rebeldía, dicen que han perdido el miedo y que están dispuestxs a cambiarlo todo.

¿Cómo caracterizás las violencias explícitas desatadas sobre esa fuerza que los feminismos despliegan en la región?

-Como una contraofensiva militar, financiera y religiosa para intentar “volver” a lo que el capital llama normalidad que, insisto, es imposible sin pasar un nuevo umbral de violencia que tiene que jugarse en esos tres frentes al mismo tiempo. Financiero a través de la deuda y el empobrecimiento generalizado; militar, como lo estamos viendo, con represión pura y dura, y los fundamentalismos religiosos, que están en una nueva cruzada colonial, racista, por el dominio de los cuerpos y lo hacen, como también estamos viendo, con la biblia en la mano.

Sin embargo las violencias se dimensionan de diferentes modos en mujeres, lesbianas, trans y travestis, en las pibas de los barrios, en las mujeres migrantes, y aun en sus propias concepciones de reproducción de la vida.

-La caracterización interseccional de las violencias y la confrontación con las violencias racistas, patriarcales, coloniales, capitalistas, son un hilo rojo de los distintos feminismos: feminismo villero, transfeminismo, feminismo indígena-comunitario, feminismo negro, feminismo popular, y muchos otros. La historización de las violencias explicitan heridas y opresiones diferentes, y refieren a una dimensión de clase inocultable. Situar y especificar lo que significa la violencia en cada una de las existencias diversas es fundamental y a la vez es necesario componer una lucha común que no aplane ni banalice esas diferencias históricas. Ese plano común se teje a partir de lo que el colectivo Mujeres Creando ha llamado “alianzas insólitas”, capaces de componer lo que se intenta mantener en clasificaciones y casillas separadas.

Cuando los feminismos se hacen fuertes, como citás, ponen en el centro del debate los actos de despojo del neoliberalismo.

-Un punto fundamental es el carácter anti-neoliberal que hoy expresan los feminismos. Son los feminismos los que pusieron en el centro del debate político la cuestión del extractivismo sobre cuerpos y territorios. Desde el extractivismo de una multinacional minera que desplaza a toda una población en nombre del desarrollo hasta el extractivismo financiero de un endeudamiento que extrae valor de tu precariedad. Pero también son los feminismos los que pusieron en primer plano la cuestión de qué significa el despojo de infraestructura pública y la privatización de servicios sociales que deben ser reemplazados con trabajo gratuito o híper barato de las mujeres, lesbianas, trans y travestis en los territorios, que el capital quiere producir como una especie de nueva clase servil. Son los feminismos los que pusieron en cuestión qué significa una educación sexista con mandatos de género que al mismo tiempo te prepara para pasantías baratas en las empresas. Desde los feminismos se ha enlazado la dimensión del ajuste estructural con la dimensión de gobierno del deseo, y del orden político-sexual que implica el trabajo y la inclusión social en un esquema heteronormativo. Y todo eso fue lo que permitió que en países como el nuestro se corriera del mapa al feminismo liberal, que sólo propone igualdad de condiciones bajo el ideal de convertirnos en empresarias de nosotras mismas.

 

Esas acciones directas de cuerpo-territorio se vieron con claridad en estos días con las asambleas de mujeres y disidencias en Chile…

-Lo que sucede en Chile es impactante. Las compañeras de la Coordinadora Feminista 8M señalan una secuencia central que va al menos desde el mayo feminista de 2018, esa conjunción de reclamo de educación pública y educación no sexista, y el posterior Encuentro de Las que Luchan, hasta la masividad del 8 de Marzo de este año. Hay un acumulado en el último tiempo de la dinámica feminista que tiene mucho que ver con la impronta de la movilización actual. Sobre todo por el lugar que tuvieron lxs jóvenxs de la secundaria en iniciar la desobediencia, la evasión masiva, como un gesto de ruptura con el chantaje moral de culpa que implica el endeudamiento familiar para que se eduquen y sean exitosxs en términos de competencia; lo mismo venían haciendo quienes denunciaban la deuda por salud. Para resumir, en el corazón del proyecto neoliberal de los Chicago boys estalla la vida neoliberal gracias al empuje de las generaciones más jóvenes, junto con una dinámica que proyecta la huelga feminista como huelga plurinacional feminista. Porque lo que vemos en la huelga de los últimos días en Chile son elementos de la huelga feminista que tienen en cuenta la dimensión de la reproducción de la vida como un espacio donde hoy el capital acumula todo el tiempo. Como hoy la reproducción de la vida ya no está garantizada por los ingresos (sean salariales o de otro tipo), la deuda se convierte en una obligación, se la adquiere compulsivamente. Por eso me parece tan genial ese graffitti que en Chile se escribió en la pared de un banco y dice “Nos deben una vida”, que invierte quién debe a quién.

Bolivia arde, y cada día que pasa el encarnizamiento de los sectores que tomaron el poder después del golpe de Estado y los comandos cívicos de ultraderecha están causando más represión y más muertes.

-Es una masacre atroz tras el golpe de Estado que es, sin dudas, racista y fundamentalista. La violencia sexual como violencia política y el ensañamiento de la heteronormatividad contra indígenas, mujeres, lesbianas, travestis y trans es el rasgo sobresaliente y común en Brasil, Chile, Ecuador y Bolivia. La pregunta que surge es cómo se desarma el fascismo social y cómo se desarma la situación de guerra interna que se pretende instalar. Y hay una discusión de fondo sobre cómo el desarrollismo implica dinámicas neo-extractivas que están siendo hace años resistidas. Y esas resistencias están protagonizadas por mujeres que han dicho claramente que la conquista neo-extractivista y neo-colonial de los territorios es contra la reproducción de la vida, contra los despojos de todo tipo, contra los bienes comunes. No es una discusión teórica, es un acumulado de luchas que con enorme esfuerzo, riesgo y perseverancia han logrado instalar este debate. Este es un punto muy fuerte de la discusión latinoamericana actual, porque los feminismos vienen denunciando la amalgama entre neoliberalismo, extractivismo y colonialidad, y hoy eso está en el centro de la guerra social. Las luchas feministas pusieron en palabras y en prácticas una resistencia antineoliberal y relanzaron el conflicto político, por eso tienen un papel fundamental en combatir el fascismo y por eso están en el centro de las violencias.

 

FUENTE: Las12 

Silvia Rivera Cusicanqui: La sociedad boliviana “no ha renunciado a su derecho, a su memoria y a su autonomía”

por Gloria Muñoz Ramírez

ilvia Rivera Cusicanqui, pensadora, feminista y activista boliviana, habla en entrevista con Desinformémonos de la actual y compleja coyuntura en este país andino. Inicia con lo que llama “la negación del fraude” de Evo Morales en su cuarta reelección. Explica el machismo, el racismo y la “interculturalidad” en los 13 años de gobierno del MAS. Habla del capitalismo en Bolivia, del pensamiento único y  la descalificación a la crítica de los gobiernos progresistas, y de las salidas desde abajo para la reconstrucción de Bolivia, entre otros temas.

La entrevista se realiza en su casa de La Paz el 22 de noviembre, a un mes dos días de las elecciones presidenciales y a 12 días del gobierno de facto de Jeanine Áñez, en medio de la polarización y conflictividad política del país.

– Hacia afuera se maneja únicamente la existencia del binomio MAS o ultraderecha en Bolivia. ¿Hay algo intermedio?

– El que hacia se perciba que sólo hay la ultraderecha y el masismo, ha sido construido. Todos los sectores intermedios hemos sido privados de la voz. No existe en castellano una idea de mediación tan interesante como la que hay en aymara: El hecho de que en opuestos se crea un espacio Taypi que articula las diferencias, y por más que te demores un poquito tienes que llegar a un espacio en el cual la polarización no genere inviabilidad social, bloqueo mutuo. Eso yo lo he vivido desde 1971 en comunidades quechuas y aymaras. Pero ahora las palabras mediación e intermediario y paz se han vuelto un cliché.

Yo creo que estamos en la posibilidad de entendernos desde esas nociones aymaras, quechuas, guaranís. Hay mucho que discutir de democracia entre nuestras formas propias de hacer las cosas que no siempre son de perfeccionismo lingüístico.

-¿Qué sistema se implantó con el MAS en el poder?

Alguna vez dijeron algo sobre capitalismo andino, amazónico, pero este es un proyecto capitalista que tiene todo su nexo con los BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, pero además tiene total nexo con la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), porque esto fue un proyecto del banco mundial que se agarró Unasur en 2010 y se volvió IIRSA-COSIPLAN. A esto yo le llamo el Plan Cóndor contra la Amazonía y contra las tierras bajas.

Es la alianza militar al margen de que si está Lula, Bolsonaro, Evo o no sé quién. Es una cuestión sistemática, con un paquete enorme de carreteras, represas, todas ellas vinculadas a lo que se llama el subimperialismo brasileño que fue antiguamente un tema nuestro, cuando la época de las dictaduras, y eso se ha totalmente lavado y olvidado. La gente no recuerda que ese poder brasileño está vinculado al capitalismo y a la necedad del nexo con China, que es un factor fundamental de expansión del capitalismo en el Braisl y en toda América.

-¿Qué forma tiene el capitalismo en Bolivia?

Lo lamento, pero no tiene la forma empresarial que paga impuestos, tiene formas corruptas, de burguesías compradoras. Y claro que, obviamente, su eje son los soyeros, productores de biodíesel, madereros y toda la gente que quiere liquidar los árboles para hacer de eso una parte de la República de la soya o de la palma africana. Eso muestra cuán arcaico es el modelo de desarrollo que se ha instalado desde antes del Movimiento al Socialismo (MAS) y que ha continuado el MAS, pero reciclado con este uso simbólico poderoso y con un factor de redistribución de poder y redistribución económica.

Se trata de una redistribución muy sesgada. Mi hija ha tenido dos wawas en casa con una partera aymara maravillosa, una sabia. Pero ahora mi hija no califica para recibir el Seguro Universal Materno Infantil porque tiene que ir al hospital, y si tú rechazas eso, estás trabajando contra el Estado. ¿Pero acaso no es pluricultural un parto con partera aymara? Es, y sin embargo no tiene derecho al SUMI. Mis nietos han crecido con todo lo que el trabajo de mi hija ha podido generar para comprar almendras, castañas, todas las cosas buenas que hay en ese paquete de subvención.

La subvención es entonces un proceso de disciplinamiento. Todas las formas de bonos o subvenciones tienen ese factor de disciplinamiento, y eso me parece muy tenebroso en tanto Estado central, porque no tiene nada de plurinacional. Ha sido una forma muy estudiada, muy inteligente, de crear una pantalla ideológica que permita a la gente entregar su subjetividad a aquellos entes que se creen que lo saben todo. Y para mí eso está muy centrado en el personaje de Álvaro García Linera y en sus nostalgias guerrilleras y de poder, en toda una vida personal que me parece amerita no solamente el análisis periodístico, sino también psicoanalítico y sociológico.

Digo esto con profunda pena, porque hay seres humanos masculinos, maravillosos, llenos de amor por su familia, que no usan a sus hijos para hacer política, y que para mí son también una esperanza en las comunidades. Pero el hecho de que se ha privilegiado una masculinidad agresiva, separatista de la comunidad, también de eso es responsable el crecimiento de las opciones evangélicas, desde Chi, hasta Camacho y Jeanine (Áñez).

La pantalla dice que aquí ya se dijo todo, ya está hecho todo, hay un gay de ministro, hay lesbianas, por eso el Estado ya está saneado de todo su monolitismo. Pero no. La vida cotidiana no ha cambiado nada, y eso es lo que ha estallado, porque se ha incubado frustración, desesperación, rabia. Se ha incubado además frente al feminicidio la cuestión de que no podemos hacer nada porque hay mucho poder distribuido en estratos masculinos, y ese poder está siendo usando de manera tenebrosa, muy mala, muy sesgada, lejos del bien común. Se ha perdido la idea del bien común como bien local, en el terreno, en la comunidad, en el barrio, y se ha vuelto el bien público, donde el Estado define qué necesita la gente.

Lo que se ha redistribuido no es ni muy necesario ni muy sostenible. Entonces hay un problema estructural, y por eso es que creo que las mujeres en este momento estamos llorando, pero a la vez activando, repensando nuestras comunidades, nuestras juntas, nuestros barrios, y dialogar y ejercer un derecho a la disidencia.

Cuando hubo todos los conflictos yo estaba enferma, y todo el mundo sacaba banderas. En mi barrio era la bandera boliviana. Yo saqué bandera negra, porque para mí yo estaba enterrando una ilusión, que era el Estado plurinacional. Ahora estamos procurando crear las bases para la reconstrucción desde abajo de lo plural, desde las comunidades, desde cada sindicato, desde cada junta. Superar el racismo, superar el temor al otro, superar el binarismo y hacer que las calladas y los callados recuperen la voz para recuperar la posibilidad de una estructura plural de organizaciones sociales. Y no esos llamados movimientos sociales que generan una relación absolutamente vertical, como la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam) de Bolivia, donde están de adorno las mujeres.

Conalcam era la forma de quitarle a las bases toda la pluralidad que permitía que las autonomías fueran debatidas. Los guaranís del parque Kaa Iya han desarrollado una propuesta increíble de relación con los grupos no contactados, con los meleros. Resulta que está quemado eso. ¿Dónde se ha quemado? En todos los lugares controlados por la Agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y Zonas Fronterizas – ADEMAF.

Y de pronto el fuego saltaba, del parque caía en el extremo sureste del país al parque Madidi, que es en el extremo noroeste. Frontera que hay, frontera en la que yo creo que hubo una inducción de fuego, porque es más barato quemar que sacar los árboles a pulso o con máquinas. Por eso yo creo que lo que hay en cierto modo invisible en esta coyuntura es el Plan Cóndor contra las tierras bajas.

– Háblanos del discurso sobre el racismo de Evo Morales

– Si tú como Estado incurres en una política de educación para la rabia, para que el resentimiento florezca y aflore como rabia, vas a generar organismos u organizaciones arbitrarias. La suma de las arbitrariedades en cada una de estas localidades, la corrupción de alcaldes, los sindicatos que estaban vinculados con cosas medio oscuras, cuestiones de misoginia, escándalos sexuales de dirigentes y concejales es un cúmulo de cosas. Y la gente común va a decir «estos indios masistas». No representan todo lo que es la base del MAS pero se ha acumulado una rabia contra esas sistemáticas arbitrariedades que da el poder arbitrario, porque no es un poder que venga de abajo, no es un poder hacer, es un poder de dominación, de control.

El control es casi una exigencia estatal. En algunos lugares ha habido negociación, pero en otros era sistemáticamente disciplinar y si no dividir la organización. Eso ha pasado en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) y en todos lados. En Totora Marka los maridos han ganado a las mujeres en el tema de la autonomía, las autonomías que existen han sido tremendamente tuteladas. Pero estamos en la posibilidad de recuperarlas.

Tenemos algo muy grave encima, que es un sector de derecha que es revanchista. Para mí eso es fomentar también el racismo. Por un lado la gente de a pie se ha enojado con esas arbitrariedades del poder distribuido a sectores populares, y ellos siendo de sectores populares han renegado de esas formas arbitrarias, y por el otro lado está el resentimiento acumulado de las oligarquías por la pérdida de poder y de influencia pública, y eso tiene el nombre de revanchismo.

– Evo Morales y Álvaro García han declarado en México que los expulsaron por gobernar para los indios

-El racismo también anida dentro del MAS. Para mí es racismo decirle a una concentración indígena que se va a ocultar el sol y la luna se va a escapar si no votan por ellos. Eso es creer que la gente es tonta. Además nunca lo ha dicho en aymara, nunca lo ha dicho en quechua, es una interlocución trunca, porque él habla y hay un mediador que traduce y posiblemente traduce con sesgos. Mientras no haya la posibilidad de que la población indígena hable sus propios idiomas y piense con su propia cabeza en cualquier instancia pública, eso está muy mal.

– ¿Por qué indio es visto, y tratado por el poder, como pobre?

– Hay toda una estrategia mundial que yo le llamo miserabilismo, de que indio es igual a pobre y que por eso hay que darle todo y enseñarle todo porque no piensa. El pensamiento que anida el agente de a pie, hable bien o no el idioma nativo, está nutrido de una experiencia de vida que hace que las ideas tengan un arraigo y que digan cosas poderosas. Yo me nutro de eso. La pobreza llamada así por ellos, para mí es una riqueza olvidada, una riqueza negada.

– Qué es lo que pasa con la crítica a un gobierno progresista. ¿Por qué los calificativos de traidores, vendepatrias, derechistas a quienes los cuestionan?

Nos acusa una izquierda arcaica, una izquierda que además tiene un afán de representar lo indio sin conocerlo. Una izquierda masculino-centrada que ha arrastrado a todo el mundo a sentirse avergonzado de tener pensamiento crítico. Yo le llamo el nuevo pensamiento único. El caso boliviano tiene una relación muy fuerte con una coalición de izquierdas continentales vinculadas a los llamados progresismos, que tiene la cola de paja por que son procapitalistas, entonces, por ejemplo, quieren hacer una central nuclear en El Alto donde hay una falla geológica, pero en realidad quieren uranio.

Los periodistas que tienen el deber de averiguar qué están haciendo estos BRICS en América Latina y cómo están haciendo para que los progresismos hagan que sus inversiones no sean cuestionadas por el pueblo, y esto es a través de los manipuleos simbólicos. La gente tiene que acordarse de cómo se les tapa la boca a las personas indígenas en los foros públicos por parte de voceros blancos, que no hablan idiomas nativos y que tienen grandes inversiones.

¿Quiénes están en ese esquema capitalista? ¿Qué color son? ¿Qué idioma hablan? Y nos vamos a ver con la misma estructura de siempre.

-Qué relación tiene lo que mencionas con lo que está ocurriendo en Colombia, Ecuador, Chile…

-Yo soy de las que mira desde abajo. Con Chile tenemos aymaras en ambos lados de la frontera y todo un proceso de deseos de algo distinto. En Chile hay una cordillera que está siendo amenazada por estos BRICS y por todas las inversiones nefastas, como parques eólicos y otros proyectos. Con Argentina sucede lo mismo, igual en Bolivia. Ahí no tenemos naciones, tenemos regiones, territorios. Yo le llamo a todo eso la matria. La patria son las fronteras, la matria es el subsuelo indio de América, de nuestro continente. En ese subsuelo es donde debemos fundar las nuevas estructuras políticas hasta donde se pueda.

-¿Tú crees que en este momento exista en Bolivia un espacio para esa construcción desde abajo?

Todo lo que tú amas permanece, como dice Ezra Pound. Lo que tú amas, la gente, la vida, prevalece. En medio del incendio salen nuevamente plantitas. Estamos reconstruyendo ese tejido vulnerado. Hay un texto en el Museo de Antropología que dice que nuestra vida se ha convertido en una red de agujeros, según un poeta anónimo náhuatl. Esos agujeros los tenemos que remendar, y ese remiendo lo hacemos colectivas y colectivos y grupitos y barrios y asociaciones pequeñas y cooperativas. Cada vez estamos tejiendo más lazos.

Hemos iniciado las vigilias charlamentarias, y vamos a seguir porque se está multiplicando esta imaginación. Mujeres Creando ha creado el Parlamento de Mujeres, pero también hay no sé cuántos parlamentos convocados donde hay mujeres, hombres, abuelas, monjas. Esta sociedad no ha renunciado a su derecho, a su memoria, a su autonomía, y al hecho de que lo indio está en cada uno de nosotras. No vamos a renunciar ni a volver al pasado, a hace 17 años.

Yo hablo de 17 años, no de 14. La Agenda de Octubre tenía un cuarto punto: autorepresentarnos sin la mediación de partidos políticos. Pero lo que ha hecho el último MAS en su máxima degradación es crear una ley de partidos políticos donde ya no votamos por uninominal y donde ya no hay asociaciones ciudadanas. Tiene que haber un aymara entre la corte electoral. Mi candidato es Williams Bascopé, cívico de La Paz nacido en Santiago de Okola, una región sagrada del lago Titikaka, hablante también de aimara pero abogado constitucionalista. Ese es un ejemplo, debe haber muchos.

Es necesario romper con esa absurda ley de elecciones primarias y partidos políticos y retomar, aunque sea coja, la ley que había antes donde la asociación ciudadana podía tener personería y capacidad de decidir mucho más desde abajo, porque como vieron que ya no podían controlar eso porque se les fue de las manos, entonces nos chantaron el monopolio del partido.

Al inicio de su gestión Álvaro y Evo decían que el MAS no era un partido, sino una articulación de los movimientos sociales, algo que la historia demostró que no es así. Era tan partido y tan arcaico que ni siquiera había democracia interna. Se cocinaban las cosas y se distribuía el discurso y luego se encargaban los organismos entre información, comunicación, prensa, radio, de generar una conciencia revanchista.

– ¿Qué puso a Bolivia en la actual crisis política?

– Este proceso viene del fraude y de la negación del fraude. La negación del fraude tiene que ver con la distribución escalonada de información. Hay lugares donde no llega otra cosa más que el canal 7 y canales del exterior totalmente distractivos, pero esa información va horadando la conciencia. Si a eso le añades que en su momento el vicepresidente dijo que aquí el sol se iba a ocultar y la luna se iba a esconder si no ganaba Evo, que eso no sólo fueron palabras,  sino que venían llenas de regalos. Se decía eso y se daban cocinas o canchas de césped o lo que sea, toda una campaña de prebendalismo.

Yo he distinguido tres formas de fraude que ya funcionaron, dos de ellas notoriamente en la anterior elección. En la anterior elección ya había lo que llamo el fraude prebendal, o sea la cuestión de que a cambio de votos dan regalos. El segundo tipo es el fraude coactivo, donde está el sindicato que dice que aquí todos votan así, mujeres calladas, no hay deliberación. Es el control del voto, en el que la gente estaba obligada a mostrar que sí había votado. “Si votan 100 por ciento les doy todo lo que quieran”, dijo Morales, entonces “el todo lo que quieran” les hizo brillar los ojos a los dirigentes, pero sólo eran valores simbólicos.

La posibilidad de dar a las comunidades algo bueno para ellas, como un sistema de rescate de semillas o un sistema de aguas, no se dio, lo que se ve son canchas, estadios, cosas ornamentales que tienen que ver con bienes de prestigio. Entonces, si una comunidad tiene un estadio, la otra quiere otro estadio, aunque vayan cuatro gatos nada más. Se ha generado una cultura del Estado papá, del Estado que te lo da todo.

Esto se da con la plata del gas, que es producto de años de luchas y de colectividades enteras que han buscado que ese recurso sea revertido hacia la formación de una sociedad armónica, fuerte, beligerante, capaz de sobrevivir por sí misma. Los colectivos del agua, de semillas, la gente que está trabajando en función de que la gente tenga fe en su propia capacidad para manejar su vida, sus recursos, pero eso es lo que sistemáticamente se ha expropiado a la gente durante años. Hay una idea masculina ilustrada de que no hay otra forma más que el Estado te lo dé todo. Para eso tiene que ser centralizado, para eso la autonomía indígena debe ser tutelada, para eso el que se opone es antipatriota, antinacional. La idea del nacionalismo ha hecho mucho daño porque en cada frontera hay algún pueblo indígena que está a ambos lados.

El tercer nivel de fraude es el informático, que es el que está ahora. Antes había, pero era microfraude, porque a unos cuantos muertitos los hacían votar, a señoras jubilidas y qué sé yo. Para mí, hoy la mayoría parlamentaria es producto de esa suma de esos tres tipos de fraude. La otra cosa que me parece que fue muy artera es que todo espacio intermedio en el parlamento como potencial fue negado y cercenado, se le negaron personerías jurídicas a cualquier persona que no fuera de ultraderecha. La ultraderecha vale para polarizar el país y para decir que es lo único que hay.

A Carlos Mesa (el candidato opositor a la presidencia por Comunidad Ciudadana) yo lo considero un poco despistado en cuanto al curso del país, pero hizo un esfuerzo de aliarse con el PRIN (Partido Revolucionario de la Izquierda Nacionalista), aunque no lo suficientemente consistente, de modo que el MAS lo puso en la bolsa de que es la derecha y de ahí prosperó la idea del golpe, advirtiendo que si ganaba Carlos Mesa se iba a acabar el sol, la luna, el agua, el gas y todo. La campaña fue tan sucia.

Europa, la fragilidad del capitalismo y la construcción del contrapoder: entrevista con Toni Negri

Marco Baravalle entrevista al pensador y politólogo Toni Negri. Una conversación que tocó temas de construcción política y estratégica actuales para los movimientos sociales, de la nueva conformación de la gobernanza europea a la guerra contemporánea, de la centralidad de la «justicia climática» a la necesidad de determinar formas de contrapoder y organización política transnacional.

Por Marco Baravalle

Recientemente has publicado un artículo llamado «Europa y nosotros«: comienzas haciendo una evaluación de las últimas elecciones europeas, que contribuyen a dar un salto cualitativo a la gobernanza y que se insertan en esta fase histórica caracterizada por el Brexit, los populismos, Trump. ¿Cuál es el significado de este último pasaje europeo?

Se ha producido un cambio de perspectiva: si hasta ahora los Estados nacionales habían sido fundamentales en la construcción de Europa, hoy esta última se vuelve fundamental en la determinación y el liderazgo de los Estados nacionales. Dicho en estos términos, la cosa parece poco realista, pero no lo es en absoluto.

Hay una clase política europea que en lo sucesivo está estabilizada, utilizando las distintas herramientas que se han construido con una perspectiva federal para Europa y que siempre se han utilizado para una orientación fuertemente neoliberal, tanto en los presupuestos como en la gestión del modo de vida europeo. Ese período de «promoción» hacia arriba de las élites nacionales ha terminado; hoy existe una clase política europea, un punto de vista europeo que precede a los demás.

Diría que, desde este punto de vista, la crisis de soberanía y la del Brexit han de ser bienvenidas; demuestran que no podíamos sino permanecer juntos en Europa y, de esta suerte, consolidar los instrumentos centrales.

Dicho esto, se trata de abrir de nuevo el discurso. El discurso no es: «aceptamos Europa tal y como está»; el problema es distinto: no podemos prescindir de este terreno europeo para movernos y luchar por nuestros ideales. Hoy tenemos que avanzar en este terreno político, y es necesario hacerlo, para obtener más derechos, más salarios, más libertad.

Aún está por venir un movimiento totalmente europeo y radical, aunque, desde nuestro punto de vista, lo que se mueve en el terreno de la justicia climática es potencialmente esto: un movimiento que, hasta donde hemos visto, es consciente de que el espacio de la intervención para un desafío tan grande es como mínimo continental o de lo contrario ese espacio no puede darse. Desde tu punto de vista, has analizado muy de cerca el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia: ¿cómo crees que podemos llegar a construir formas de movimiento transnacionales? Por otro lado: ¿qué desafío para los movimientos plantea esta irreversibilidad de la gobernanza europea?

Lo que es seguro es que solo en el terreno europeo será posible, de ahora en adelante, hacer política. La política ya no se hace fuera de este terreno. Esto es algo que debe explicarse de una manera absolutamente masiva. Fuera del terreno europeo no se hace más que cháchara; por eso todas las posiciones que hasta ayer parecían liberadoras —desde la izquierda— contra Europa, me parecen completamente inútiles y echadas a perder. Los movimientos, como de costumbre, se encargan de dar ese paso adelante, desechando lo que es retórico e inútil.

¿Cómo construir este movimiento? ¿Cómo dar a estos movimientos —por ejemplo, sobre el calentamiento global— la capacidad de moverse y construir una fuerza política efectiva? Creo que ese tránsito es muy difícil y exige de nosotros un esfuerzo enorme. Y también creo otra cosa: que solo en el terreno del contrapoder se puede definir este tránsito.

No podemos pensar en convertir a la clase política europea en una clase política «limpia». No debemos limpiar Europa, desde el punto de vista del clima o de los innumerables problemas que se abren. Sencillamente, necesitamos establecer una relación de fuerzas con el capitalismo que se ha organizado en torno a Europa. Debemos construir contrapoder en este ámbito. Establecer contrapoder significa, como siempre, volver a abrir la llave de la que el capital se sirve para tratar de encerrarnos.

El capital siempre tiene dos cabezas: es poder de mando, pero siempre debe sufrir la resistencia de quienes producen. Y en este terreno debemos abrir el contrapoder, imponer nuevas vías de desarrollo. Obviamente, esto se aplica a la justicia climática pero también se aplica a muchos otros aspectos, en particular al problema de la igualdad y —algo que no es secundario— al de la guerra, porque, cuando está en peligro, el capital siempre se lanza a la guerra. Mira lo que hace Erdogan: con la trama turca en crisis, recurrió a la guerra inmediatamente.

Con Michael Hardt, bromeamos y decimos que nuestro próximo panfleto llevará el nombre de las consignas que Lenin estableció para los soviets de 1917: pan, tierra y paz. Y, de hecho, el pan es el problema de la igualdad; la tierra —entendida no como land, sino como earth— es el problema de la justicia climática; y la paz…

Te has adelantado a mi siguiente pregunta, que tiene que ver con Turquía y Rojava, que para muchas y muchos ha sido un faro en los últimos años. Un ejemplo de una revolución con una tendencia no estatal, laica (en un área atormentada como el Oriente Medio), vinculada a la idea del Confederalismo Democrático. ¿Qué puede pasar ahora en la zona?

Lo que ha sido sumamente importante en Rojava —para quienes han estudiado durante mucho tiempo los escritos de Öcalan, que es todo menos un escritor de cuentos— es el ataque a la soberanía, al papel del «padre» y la propiedad, a esos tres fetiches. La organización solo puede darse en estos términos, cuando logra crear instituciones no soberanas, no patriarcales y no propietarias.

Son cosas que Rojava ha visto nacer: intentarán destruirlo, pero es algo que permanece en los cuerpos y en los corazones de millones de personas. Y creo que se trata de avanzar en ese terreno. Mencionábamos antes la fórmula de Lenin, ahora tenemos la de Öcalan. Me parece que la intersección en la construcción de movimientos es esencial y solo puede basarse en estas tres cosas, en estos tres «no» explosivamente creativos en los que tenemos que trazar líneas estratégicas.

Volviendo a tu artículo sobre Europa, sabemos que no es uniforme; hablas de tres áreas que corresponden a otras tantas áreas políticas: el norte de Europa, liderado por los alemanes; el bloque de Visegrado y la Europa mediterránea, con Macron en tanto que posible «abanderado» de una nueva hipótesis de «izquierda autoritaria». ¿Qué sucede en esta división y qué desafíos nos presenta?

Estoy bastante convencido de que el Bloque de Visegrado será demolido gradualmente, dejándole algunas peculiaridades, por parte del «bloque central» —y esto ha empezado con la pérdida de Budapest y otras ciudades importantes. A su vez, el «bloque central» tendrá que encontrar una forma de renovación y dinamismo interno, tendrá que ir más allá del ordoliberalismo que hasta ahora nos han impuesto los alemanes.

Desde este punto de vista, lo que sucederá en el sur de Europa es sumamente importante. En Portugal y España, en Francia, en Italia y en Grecia, nos enfrentamos a una situación terriblemente difícil, porque ya no hay fuerzas políticas que en cierto modo puedan «echarnos una mano». Siempre he sido partidario de considerar las fuerzas políticas como lo que son, sin confundirme nunca con ellas desde el punto de vista de la autonomía, pero siempre reconociendo que existen y que hay que lidiar con ellas. Y ahora estamos en una situación sumamente difícil.

¿Cual es el camino? No podemos trazarlo, pero podemos decir una cosa: el poder capitalista nunca ha sido tan frágil como ahora. Es una olla hirviendo; por ahora sólo oímos el glu glu glu. No sabemos si tanto hervor terminará estallando, pero sabemos que dentro de esta fragilidad tenemos que construir contrapoder. Y sólo en la medida en que construyamos contrapoder nos será posible indicar un camino institucional por recorrer y podremos albergar esperanzas de un proceso de liberación. Pero en lo que hay que insistir es en esto: ¡tiene que explotar!

GLOBALPROJECT.INFO
Entrevista de Marco Baravalle en Globalprojecto.info, realizada gracias a la ayuda de Incommon y traducida por Raúl Sánchez Cedillo.

 

La revolución de Manchester

Por Paul Mason

Para sobrevivir a las batallas de la década de 2020, la izquierda debe imaginar su propia utopía. ¿Y si imaginamos el futuro de una vieja ciudad obrera como Manchester? ¿Cómo sería una Manchester poscapitalista?

La revolución de Manchester

Imaginemos lo siguiente: un niño nace en una ciudad donde 40% de la fuerza laboral produce objetos utilizando máquinas y trabajo manual. La relación social dominante es la salarial. El contrato social es fuerte y se articula mediante el sistema impositivo. El Estado es el proveedor de la mayoría de los servicios.

60 años más tarde, nace un niño en la misma ciudad. Ahora solo 10% de la población se dedica a la manufactura y de ese porcentaje, la mitad se ocupa de tareas más emparentadas con la ciencia y la computación. Las formas de explotación por el capital son en la actualidad fundamentalmente financieras, y la relación salarial resulta secundaria para la extracción de valor, que se realiza por vía de intereses, fijación monopólica de precios, trabajo subremunerado y explotación de datos de comportamiento. La mayoría de los servicios son provistos a través del mercado.

En el ciclo de vida de 250 años del capitalismo industrial, ese lapso de 60 años ha visto claramente una enorme mutación, impulsada por la tecnología, la globalización y el desarrollo humano. Y su impacto social es evidente.

En los años 60, las calles de la ciudad eran tranquilas durante el día, y los domingos, silenciosas como un cementerio. Existía una clara división entre el trabajo y el ocio. Hoy las calles de esa ciudad vibran con cafés al aire libre; las veredas están llenas de gente que conversa o consulta dispositivos inteligentes mientra camina.

En los años 60, un prominente científico de la ciudad fue perseguido por ser gay en su vida privada. Hoy su rostro se ve en los billetes de 50 libras y la ciudad tiene todo un barrio dedicado a la cultura gay.

La ciudad en cuestión es Manchester, en cuyos alrededores nací en 1960. Famosa por ser la «zona cero» de la Revolución Industrial, la dinámica de su fuerza de trabajo es sorprendente. De una población en edad productiva de 1.760.000 personas, 24% trabaja en el área de finanzas y en servicios profesionales; 20% trabaja en salud, educación y cuidado social; solo 10% se dedica a la producción industrial.

Más allá del carbono y el capitalismo

La pregunta es: ¿cómo se verá Manchester en otros 60 años?

Dentro de 60 años, debería ser totalmente posible automatizar por completo la manufactura y reducir la fuerza laboral en la mayoría de las fábricas a una mínima función de supervisión. Para entonces, deberíamos haber logrado algo más que la mera automatización de los procesos humanos (como en el caso de los robots de la industria automotriz, que efectúan soldaduras de punto como si fuesen humanos gigantes que han consumido speed): los procesos mismos serán en esencia no humanos. Podríamos «hacer crecer» un objeto metálico o imprimirlo, del mismo modo en que hoy las aspas de un turboventilador se forman a partir de un único cristal de metal bajo condiciones similares a las de un laboratorio.

En consecuencia, 95% o más de la fuerza de trabajo se concentraría en servicios, muchos de ellos de persona a persona. Como hemos eliminado la especulación financiera y automatizado muchos procesos financieros –como la banca comercial, el derecho comercial, la contabilidad y los mercados de futuros–, la fuerza de trabajo que trabaja en el área es también pequeña. Pero el número de empleos en salud, cultura, deporte y educación es grande y eclipsa al sector de servicios empresariales, del mismo modo en que hoy eclipsa a la producción industrial.

La mayoría de la gente «trabaja» solo dos o tres días a la semana, y el trabajo es, como hoy, una mezcla de trabajo y ocio. La famosa reprimenda de Karl Marx a Charles Fourier –que el trabajo «no puede convertirse en juego» sino que solo puede reducirse su duración– ha sido refutada. Pero ambos tenían razón: la automatización redujo la duración de la jornada laboral y desdibujó los límites.

No hay monopolios tecnológicos, solo una mezcla de pequeñas y medianas empresas (PyMEs) innovadoras, que obtienen ganancias a la manera tradicional, y servicios de información pública, que solo cobran el costo de producción y mantenimiento.

El cuidado holístico de la salud (que incluye salud mental, fisioterapia y odontología), la educación hasta el nivel universitario y el transporte urbano son gratuitos. El alquiler promedio ronda el 5% del salario promedio (como en la Viena Roja de la década de 1920) y la tasa de interés hipotecario tiene un tope similar.

Para 2080 la ciudad habrá alcanzado hace mucho tiempo su objetivo de cero emisiones netas de carbono y su gobierno progresista estará comprometido con procesos innovadores para eliminar el carbono de la atmósfera e introducir medidas reparadoras en el resto del mundo.

La lucha política y cultural

La siguiente pregunta es: ¿cómo llegamos a eso?

Primero, convertimos los años 2020-2030 en una década de lucha política y cultural de masas para lograr un nuevo tipo de capitalismo. Se formaron gobiernos que suprimieron la actividad financiera especulativa; construyeron un millón de viviendas sociales ecológicamente sostenibles y se comenzó a transformar el inventario habitacional restante en el mismo sentido; subsidiaron la creación de nuevos sistemas de transporte urbano y la eliminación de todos los autos y camiones nafteros y diesel; disolvieron o nacionalizaron los monopolios tecnológicos tomando el registro de datos como propiedad pública; fomentaron en forma deliberada la creación de un gran sector granular sin fines de lucro, que incluye bancos, comercios minoristas, prestadores de salud y cuidado social y centros de producción cultural; y eliminaron toda forma de coerción del sistema de beneficios sociales al fusionar las pensiones estatales y los beneficios en un único ingreso básico y modesto, consagrado como un derecho en la Constitución.

El resultado, para 2030, seguía siendo capitalista. Pero el gobierno había aprendido a medirlo de una manera diferente: no solo calculando el valor agregado bruto sino midiendo también la producción física, las horas trabajadas y la productividad. Si la «ganancia económica total» se dividía en 2020 entre 40% del Estado, 59% del mercado y 1%del sector no lucrativo, entonces para 2030 alrededor de 10% de la economía estaba operando «al costo». El PIB nominal se había estabilizado y comenzaba a achicarse.

Como consecuencia de esto, los mercados financieros habían comenzado a incluir en sus cálculos la supresión de la especulación y el eventual fin del proceso de acumulación de capital. En una palabra, entraron en pánico –ante la perspectiva de un mundo poscarbono y poscapitalista– y el Estado y el Banco Central se vieron forzados a intervenir para salvar, estabilizar y tomar a cargo la infraestructura financiera, lo que llevó al capital especulativo a debilitarse. El rescate total se financió mediante la creación de moneda en el Banco Central y la monetización de la deuda nacional.

La década de 2020 se dirimió como una batalla entre una economía centrada en la ganancia y otra enfocada en la gente y el planeta. El gobierno socialdemócrata radical, reconociendo los peligros de una intervención estatal demasiado rápida y dramática, fomentó deliberadamente el nuevo desarrollo de un sector privado a escala de PyMEs, utilizando la intervención pública y el financiamiento para empujar al empresariado fuera de las operaciones de escaso valor y hacia la innovación tecnológica y social.

El sistema económico mundial, que ya se estaba desintegrando para 2020, no pudo sobrevivir a la adopción simultánea de un poscapitalismo verde por parte de los partidos liberales de izquierda y los socialdemócratas. Para 2030 se había fragmentado en bloques regionales: Europa era el más exitoso, China había adoptado y absorbido la mayor parte de Rusia, y Asia central y América del Norte se habían aglutinado en un mercado relativamente autosuficiente.

Sin embargo, luego de 2030, con la supresión de la globalización financiera, revivió una nueva forma de globalización económica, basada en los viajes, el uso compartido de la información y el comercio de materias primas.

Entre 2030 y 2050 el gobierno municipal de Manchester priorizó agresivamente la idea de una transición justa al estatus de cero emisiones netas de carbono. Operaba como una ciudad-región, reubicando importantes entidades de servicio como universidades, instituciones de investigación y desarrollo y grandes centros de salud en antiguas ciudades industriales antes estancadas.

Para 2040 el centro de la ciudad de Manchester se liberó de vehículos, y bicicletas, tranvías y caminata se transformaron en las formas dominantes de transporte. El racionamiento de los vuelos todavía está vigente, pero hay desarrollos prometedores que involucran una aviación masiva operada a baterías, libre de carbono, por lo que la ciudad decide mantener el aeropuerto de Manchester a pesar de las demandas de los radicales de volver la zona a sus condiciones naturales originales.

En el río Irwell, tan contaminado en 2020 como cuando Friedrich Engels lo contempló desde el puente Ducie, ahora se pueden ver nutrias jugando en las orillas, y río arriba –en algún lugar entre Ramsbottom y Bacup– hay castores. En cuanto a la vida social de la ciudad, es tan diferente de la de hoy como la actual en comparación con la era de posguerra de Ena Sharples y Stan Ogden (personajes de la telenovela Coronation Street, que transcurría en Salford), pero no puedo pronosticar en qué sentido.

Falta de imaginación

Para sobrevivir a las batallas de la década de 2020, la izquierda debe imaginar su propia utopía. Pero lo que es frustrante acerca del enfoque actual para alcanzar la neutralidad en términos de carbono es la absoluta falta de imaginación –entre legisladores, científicos y manifestantes– sobre qué aspecto debería tener la economía como precondición para lograrlo.

En un sentido, el fracaso de la imaginación económica es entendible. La economía como disciplina académica de masas solo despegó durante los últimos 60 años y su postulado clave ha sido que… nada diferente es posible. Pero dado que el mundo se ve hoy forzado a imaginar un capitalismo sin carbono, también debe ser forzado a contemplar una economía sin trabajo compulsivo.

El objetivo es hacer que la economía llegue a ser libre de carbono y circular en términos de recursos, para reducir las horas trabajadas y promover incrementos cuantificables en la salud y la felicidad humanas, para volver a integrar el «cinturón de óxido» suburbano con el centro y encontrar fuentes sustentables de alimento. Es necesario que el diseño y la evaluación de caminos de transición se convierta en una tarea realmente seria.

La ciudad será una unidad primordial en esta transición: es lo suficientemente grande como para operar a escala y al mismo tiempo lo suficientemente pequeña como para que los caminos de transición puedan probarse en diferentes localidades y para que la población pueda sentirse cerca de la toma de decisiones y experimentar de primera mano los resultados.

En 1960, cuando nací, Manchester se veía y se sentía como una versión electrificada de sí misma en el siglo XIX; todavía había chimeneas industriales, calles adoquinadas y fuegos alimentados por carbón. Hoy se siente como si una era hubiera pasado. Para el año 2080, es crucial que se produzca otra transición cualitativa totalmente diferente. Pero ni siquiera comenzará si no podemos imaginarla.

Fuente: IPS-Journal y Social Europe

Traducción: María Alejandra Cucchi

Crisis política en Bolivia: la coyuntura de disolución de la dominación masista

Por Luis Tapia

Fraude y resistencia democrática

Este momento de crisis política es el inicio de la caída del régimen de dominación masista. El 20 de octubre se termina de consumar un fraude electoral que pretendía articular otro momento de legitimación del control del aparato estatal, de la sociedad civil y de los territorios comunitarios indígenas. El MAS ha enfrentado la resistencia ciudadana al proyecto de prolongación de su dominación en el país. El fraude de octubre tiene antecedentes: ha estado preparado por varios momentos de fraude y cancelación de la democracia, siendo el principal el desconocimiento de los resultados del referéndum sobre la reelección de Evo Morales y García Linera en febrero de 2016, cuando el pueblo boliviano votómayoritariamente por el “NO”.

Ante el fraude en las últimas elecciones se articula una gran resistencia, que entra en una primera fase de desobediencia civil y que tiene varias facetas. Primero, se denuncia el fraude a través de trabajos de ciudadanos y de grupos de profesionales que han proporcionado pruebas de la manipulación de los datos. Esto se acompañó de marchas autoconvocadas que ocurrían a diferentes horas del día y en diferentes lugares de todas las ciudades capitales de departamento. Otra faceta de la resistencia al fraude es la del paro cívico, que implicó el bloqueo dentro de las ciudades como resultado de la organización barrial.

Esta resistencia contiene, por un lado, una acumulación de cansancio y rechazo al abuso y al autoritarismo gubernamental. También es una expresión de desobediencia civil, que fue acompañada del despliegue de una capacidad de autoorganización, que en las primeras semanas operó como fuerza de bloqueo a un nuevo intento de prórroga del gobierno de Morales. Luego, esta capacidad de autoorganización se convierte en una forma de resistencia y contención a la fase de despliegue de violencia destructiva que el MAS empieza a desplegar inmediatamente después de la renuncia de Morales, con ataques a las ciudades y las poblaciones, con quema de casas y destrucción de bienes públicos.

Estas formas de organización de la gente a nivel de barrio, incluso por cuadras, ha sido la principal fuerza que ha bloqueado el proyecto de continuidad masista. Esto mucho más en el caso de La Paz, donde no hay un comité cívico que cumpla las tareas de dirección y articulación como ocurre en Potosí, Santa Cruz, Sucre y otros lugares. En un otro nivel los comités cívicos han operado como articuladores de un paro nacional. El espectro político de los comités es heterogéneo; el de Santa Cruz está dirigido por empresarios, como siempre. Los comités de Potosí, Sucre y Oruro están dirigidos por sectores populares: maestros, obreros, entre otros.

Estas fuerzas de la fase de resistencia de las primeras dos semanas posteriores al fraude desembocaron en un motín policial. La policía era una fuerza que estaba siendo movilizada contra la resistencia civil. Los oficiales y la tropa policial entran en un motín y dejan de contribuir a la represión estatal. A esto se aúna el hecho de que el ejército le puso un límite a la intención presidencial de movilizar al ejército para la represión a la resistencia. Los primeros días de despliegue de la resistencia civil hicieron que Morales públicamente declare que iba a contrarrestar las movilizaciones con cerco a las ciudades y que estaba muy confiado porque tenía la fuerza de sus organizaciones sociales y el ejército. Parece que en ese momento el ejército le puso un límite, pues nunca más volvió a hablar de la intervención militar y empezó a desplegar grupos de choque, primero con transportistas en las ciudades y luego de manera más extendida, después de la renuncia del presidente.

Tal renuncia es el resultado de la articulación de esta acumulación de resistencia civil, motín policial y del primer informe de la OEA, que ratifica que hubo un fraude generalizado en todas las fases del proceso electoral. Fue el propio MAS el que había convocado a la OEA a realizar una auditoría, cuyos resultados debían ser vinculantes. Tras los resultados cambia de estrategia, ya que estaba esperando que hubiera un informe favorable de la OEA que lo legitime y a partir de eso reprimir y desarmar los núcleos de resistencia civil, lo cual es imposible porque hemos vivido la fase de mayor movilización política por largas décadas, ya que esto ha ocurrido en muchos casos en todos los barrios de muchas ciudades, en algunas, como La Paz, en una parte importante de la ciudad. Es algo que se ha sostenido por semanas y de manera creciente. Es por eso que una consigna básica era: “¿quién se rinde?, nadie se rinde; ¿quién se cansa?, nadie se cansa…”.

El MAS, entonces, pasa de la táctica de legalización y legitimación por parte de la OEA, a la táctica de denuncia de un supuesto golpe de estado. Primero Evo Morales habla de convocar a nuevas elecciones y pide que se enjuicie a los miembros del órgano electoral que él mismo nombró. Más tarde, él y el vicepresidente renuncian públicamente desde el Chapare y, simultáneamente lanzan un ataque violento a las ciudades. El tono dominante ha sido el de la violencia destructiva y el ataque a la gente, que implicó la muerte de varias personas.

La táctica de denuncia de un supuesto golpe supuso la solicitud de asilo y posterior salida del país, luego la movilización del apoyo internacional articulado por México, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Uruguay y otros países, desconociendo el hecho básico del fraude comprobado en Bolivia y por la OEA. A la vez solicitó una reunión del Consejo Permanente de la OEA para desplegar esta estrategia, pero el tiro les salió por la culata, ya que una intervención contundente de la OEA declaraba que se trató de un fraude en todas las fases del proceso electoral y que de ninguna manera se trataba de un golpe de estado en el país, sino de una resistencia democrática, que en las semanas previas había ido documentando el fraude electoral, material que sirvió para la auditoría de la misma OEA.

La táctica del MAS consistía en abandonar el país para dejar el lugar de delincuente que hizo fraude y convertirse en víctima de un supuesto golpe de estado y movilizar sus fuerzas causando terror, destrucción y muerte en las ciudades, de tal manera que sus parlamentarios en el Congreso no acepten su renuncia y viabilicen una vuelta (imposible) del caudillo como salvador y el único que puede restablecer el orden político en el país.

Sucesión constitucional y violencia destructiva del MAS

Las consignas populares democráticas empezaron con la demanda de segunda vuelta por los índices de fraude sobre un margen de la votación que anulaba esta segunda fase en el proceso de elección de gobernantes. Se fue demostrando que el fraude fue mayor, la consigna popular y democrática era la anulación de elecciones. Esta consigna se sostuvo desde la primera semana de resistencia y frente a la reacción reveladora de total autoritarismo del gobierno que amenazaba con cortar el agua, la luz y cercar las ciudades, la consigna se transforma en: renuncia del presidente, y se va generalizando en los días siguientes. En este sentido, la demanda de las movilizaciones democráticas consiste en renuncia del presidente y convocatoria a nuevas elecciones con la conformación de un órgano electoral imparcial y calificado.

La renuncia ya ocurrió, estamos en el momento de la sucesión constitucional. La constitución establece que, ante la renuncia o ausencia de las cabezas de ejecutivo, asume, por orden de prelación, la cabeza del legislativo. Junto a Evo Morales renunció el vicepresidente, la presidenta del senado y el presidente de diputados. Tras las renuncias, la siguiente autoridad en orden de prelación era la senadora Añez, que asume la presidencia de la república debido al abandono de funciones por parte de las principales autoridades del Estado. Este procedimiento ha sido avalado por el tribunal constitucional, elegido por el MAS. De acuerdo con la constitución la nueva mandataria asume de manera transitoria para convocar a nuevas elecciones en un plazo de 90 días.

La primera fase de violencia desatada por el MAS llevó a que la policía se vea rebasada en varios lugares y a que las turbas financiadas y movilizadas por el MAS siembren terror en la población, quemen casas de líderes de la resistencia democrática y de periodistas críticos que se destacaron por la denuncia del fraude; las bases de la policía pidieron la participación de los militares en tareas de defensa de la población y resguardo de instituciones públicas. Según la normativa boliviana, el ejército debe intervenir cuando se produce este tipo de situación para resguardar el orden público. La actual participación del ejército en la contención de una escalada mayor de violencia responde a estos antecedentes y situación; también al hecho de que las acciones violentas desplegadas para bloquear la salida constitucional y forzar el retorno de Morales, se caracterizan por el uso de armas de fuego.

Esta transición se está dando con base a las fuerzas que responden a la configuración del sistema de partidos anterior, fuertemente marcada por el diseño que le imprimió el MAS, es decir, un control monopólico, la eliminación o reducción de la presencia de otras fuerzas de izquierda. Por tanto, lo que queda en el parlamento son las formas de recomposición de la vieja derecha oriental y del centro y centro derecha occidental. Eso es lo que hay en el parlamento y es con ese tipo de fuerzas que se tiene que operar este momento de transición, bajo los parámetros del sistema de partidos existente y del orden constitucional. Esto implica que no había un sistema representativo pluralista que contenga la diversidad de fuerzas existentes en el país, lo cual permitiría ahora la configuración de un gobierno más plural y representativo.

Esta coyuntura que tiene como rasgo dominante el despliegue de la violencia destructiva es también una coyuntura de la revelación del carácter del MAS. Recuerdo algunos momentos de revelación previos. El TIPNIS es la coyuntura de revelación del carácter anti-indígena y anti-comunitario del MAS. El desconocimiento de los resultados del referéndum sobre re- reelección es una coyuntura de explicitación de su carácter antidemocrático. La cumbre agropecuaria del 2015 entre agroindustriales, CSUTCB y el gobierno es un momento de revelación del proyecto burgués y gamonal del MAS que se ha orientado a la promoción de los terratenientes y la burguesía exportadora oriental, que se volvió un aliado fuerte y el beneficiario más importante de la política económica del gobierno saliente. Hoy estamos en un momento de revelación del MAS como fuerza destructiva, que anteriormente operó como una mafia estatal que ha extorsionado, controlado, corrompido y desorganizado la sociedad civil.

Cabe considerar que ya hace varios años, por lo menos desde la coyuntura del TIPNIS, el MAS se ha vuelto un partido de derecha, es la principal fuerza de derecha en el país, por el contenido económico y político del gobierno. En lo económico lo ha sido, básicamente, por el carácter extractivista de su política económica, que implica expansión sobre territorios comunitarios, áreas protegidas y parques nacionales, y la orientación de la inversión pública en la economía en favor de la expansión de la frontera agrícola y los intereses agroindustriales y de los capitales transnacionales en la minería e hidrocarburos, también a favor de los cooperativistas mineros; es decir, expansión capitalista en el núcleo extractivista y flujo del excedente fuera del país.

En lo político el carácter derechista del gobierno del MAS se refiere básicamente a la eliminación de la democracia, en el ámbito del estado al cancelar la autonomía de poderes y cerrar los canales de fiscalización ciudadana, criminalizar la acción de fiscalización, protesta y acción política autónoma, es decir, la reducción de derechos políticos y libertades y una intervención de control corporativo prebendal y reducción de los espacios públicos en el seno de la sociedad civil. En este sentido, en el último tiempo la disputa electoral se despliega en un espectro corrido totalmente hacia la derecha, es decir, entre la nueva derecha masista y las formas de recomposición del viejo bloque dominante en el campo del sistema de partidos.

Por último, una consideración sobre la violencia. Charles Tilly decía que la violencia suele desplegarse sobre todo en dos momentos: cuando hay nuevos sujetos que entran al sistema político y, por lo tanto, despliegan fuerza para posibilitarla, y en los momentos de salida. Cabe diferenciar los tipos de violencia y de despliegue de fuerza. Cuando se trata de la entrada al sistema político esto históricamente ha tenido que ver mucho con luchas por la conquista de derechos y también la resistencia a la represión estatal. En el caso de la violencia que se despliega a la salida del sistema político (que aquí cabría especificar como salida del gobierno) se trata sobre todo de violencia destructiva. Aquellos sujetos que pierden el poder tratan de destruir de manera irracional las condiciones materiales de vida de parte de la población, que es lo que estamos viviendo hoy.

La salida del MAS del gobierno, de manera más amplia, implica la disolución del dominio masista, que ha entrado en la fase de destrucción de los bienes públicos. En la ciudad de El Alto se ha destruido la alcaldía, núcleos policiales, han atacado la universidad pública, el teleférico; también hay destrucción de los bienes familiares y las vidas. Incluso están destruyendo cosas que este gobierno habría montado como infraestructura pública. Este despliegue de la violencia destructiva está generando a su vez la destrucción de su partido, que se revela como fuerza destructiva y autoritaria, lo que está provocando la desarticulación del control que tenían en varios núcleos de la sociedad civil. Algunas centrales obreras departamentales se han deslindado de la línea de la dirección de la COB y se han movilizado como parte de la resistencia democrática. Están ocurriendo rupturas con el MAS en varios núcleos corporativos, como resultado de este despliegue de la violencia y de la evidencia del fraude electoral como forma de continuación en el poder. Es tal la furia por la pérdida del poder que están atacando y destruyendo vidas humanas y bienes públicos, incluso están destruyendo su propio partido.

El MAS, en este momento, despliega un discurso hipócrita que habla de pacificación mientras organiza y despliega su fase más violenta que incluye: hechos vandálicos que crean un régimen de terror en la población, marchas agresivas y, en parte, forzadas por amenazas de quema de casas y otras agresiones, exacerbación instrumental de las diferencias étnicas, culturales y de clase. Lo que busca es mayor enfrentamiento, una escalada de violencia que obligue a una mayor presencia militar y policial con el fin de imponer el retorno de Evo Morales. La táctica de la simulación de un golpe de estado por parte del MAS ha estado orientada a obtener apoyo internacional a la vez que es una nueva muestra de desprecio a la población boliviana sobre la que ha desatado una ola de violencia, que hace imposible que Evo vuelva a gobernar el país legítimamente.

Estos serían algunos rasgos de esta coyuntura de disolución de la dominación masista, que ha entrado en la fase de la violencia destructiva, que se está enfrentando a nuevas capacidades de autoorganización y resistencia social, que incluye de manera central jóvenes y mujeres. El sentido común es la demanda de nuevas elecciones y defensa de la democracia.