Crítica de la Teoría Monetaria Moderna

Por Michael Roberts

1- El Chartalismo y Marx

La Teoría Monetaria Moderna (TMM) se ha convertido en una moda entre muchos economistas de izquierda en los últimos años. La nueva representante demócrata de izquierdas en EEUU, Alejandra Ocasio-Cortez es al parecer una de sus partidarias; y un destacado exponente de la TMM ha debatido recientemente la teoría y sus implicaciones políticas con el portavoz para economía y finanzas del Partido Laborista, John McDonnell.

La TMM tiene cierto atractivo para la izquierda, porque parece ofrecer apoyo teórico a las políticas de gasto fiscal financiadas con dinero del banco central y para aumentar el déficit presupuestario y la deuda pública, sin miedo a la crisis. Y por lo tanto para defender políticas de gasto público en proyectos de infraestructura, creación de empleo e industrias, en contraste directo con las principales políticas neoliberales de austeridad y mínima intervención del gobierno.

Por lo tanto, en esta nota voy a ofrecer mi opinión sobre el valor real de la TMM y sus implicaciones políticas para el movimiento obrero. En primer lugar, voy a tratar de hacer una descripción general de la misma para señalar sus similitudes y diferencias con la teoría monetaria de Marx.

La TMM se fundamenta en las ideas de lo que se llama el “Chartalismo”. Georg Friedrich Knapp, un economista alemán, acuñó el término “chartalismo” en su Teoría Estatal del Dinero, que fue publicada en Alemania en 1905 y traducida al inglés en 1924. El nombre deriva del latín ‘Charta‘, en el sentido de una ficha o billete. El Chartalismo argumenta que el dinero se originó con los intentos del estado de dirigir la actividad económica y no como una solución espontánea a los problemas con el trueque o como un medio para monetizar la deuda.

El Chartalismo sostiene que el intercambio de mercancías generalizado solo se generó históricamente después de que el estado fuese capaz de crear la necesidad de utilizar su moneda soberana mediante la imposición de impuestos a la población. Para los chartalistas, la capacidad del dinero para actuar como unidad de cuenta para el crédito/deuda depende fundamentalmente de la confianza depositada en el soberano o el poder del soberano para imponer su voluntad sobre la población. El uso del dinero como unidad de cuenta de las deudas/créditos es anterior a la aparición de una economía basada en el intercambio generalizado de mercancías. Así, el chartalismo argumenta que el dinero surgió primero como una unidad de cuenta de la deuda y no del intercambio. Keynes fue en gran medida un admirador del chartalismo, pero esta teoría se opone claramente a la visión de Marx de que el dinero es analíticamente inconcebible sin entender el intercambio de mercancías.

¿Puede la Teoría chartalista / Teoría Monetaria Moderna (TMM) y la teoría marxista del dinero ser compatibles o complementarias o es una de ellas errónea? Mis respuestas serían: 1) el dinero es anterior al capitalismo, pero no por la acción del estado; 2) Sí, el estado puede crear dinero, pero no controlar su precio. Así que la confianza en su dinero puede desaparecer; y 3) una posición chartalista estricta no es compatible con la teoría del dinero marxista, pero además la TMM tiene características complementarias.

Ahora quisiera tratar de ampliar estos argumentos.

La Teoría Monetaria Moderna y la teoría marxista del dinero son complementarias en la medida en que ambas son teorías endógenas del dinero. Ambas rechazan la teoría cuantitativa del dinero, es decir, que la inflación o la deflación depende de las decisiones de los bancos centrales de inyectar o no dinero-crédito. Por el contrario, es la demanda de dinero la que determina la oferta: es decir, los bancos hacen préstamos y como resultado se crean depósitos y deuda para financiar los préstamos, no al revés. En ese sentido, tanto la TMM como la teoría marxista reconocen que el dinero no es un velo sobre la economía real, sino que la economía moderna (capitalista) es una economía monetaria de cabo a rabo.

Tanto Marx como los partidarios de la TMM coinciden en que la llamada teoría cuantitativa del dinero, como la desarrollaron en el pasado el economista de la Escuela de Chicago Milton Friedman y otros, que guió la política de los gobiernos en la década de 1980, es errónea. Los gobiernos y los bancos centrales no pueden influir en los auges y crisis del capitalismo mediante el control de la oferta de dinero. El triste récord de los actuales programas de flexibilización cuantitativa (QE) adoptados por los principales bancos centrales para tratar de impulsar la economía lo confirma. Los balances negativos de los bancos centrales se han disparado desde la crisis de 2008, pero el crecimiento del crédito bancario no; y tampoco el crecimiento del PIB real.

Pero la teoría marxista de dinero hace una distinción importante que no incluye la TMM. El capitalismo es una economía monetaria. Los capitalistas comienzan con capital dinero para invertir en la producción de productos básicos y de capital, que a su vez, a través del empleo de la fuerza de trabajo (y su explotación), con el tiempo ofrece un nuevo valor que se realiza en mayor capital-dinero. Por lo tanto, la demanda de capital-dinero impulsa la demanda de crédito. Los bancos crean dinero o crédito como parte de este proceso de acumulación capitalista, pero no el capital financiero separado de la producción capitalista. Los defensores de la TMM / chartalistas argumentan que la demanda de dinero es impulsada por los “espíritus animales» de los agentes individuales (los keynesianos) o por el estado que necesita crédito (los chartalistas). Por el contrario, la teoría marxista del dinero estima que la demanda de dinero, y por lo tanto su precio, es finalmente determinada por el ritmo de acumulación del capital y el consumo capitalista.

La teoría y la historia del dinero 

Esto plantea la cuestión de fondo de las diferencias entre la Teoría Monetaria Moderna, sus orígenes chartalista, y la teoría marxista del dinero. La teoría del dinero de Marx es específica del capitalismo como modo de producción, mientras que la TMM y el Chartalismo son ahistóricos. Para Marx, bajo el capitalismo, el dinero es la representación del valor y, por lo tanto, de la plusvalía. En la fórmula D-C-P-D’, D puede intercambiarse con C porque D representa C y D’ representa C’. El dinero no podría hacer el intercambio posible si la intercambiabilidad no fuera inherente a la producción de mercancías, si no fuera una representación del trabajo abstracto socialmente necesario y por lo tanto del valor. En ese sentido, el dinero no surge en el intercambio, sino que es la representación monetaria del valor del intercambio (RMVI), o del tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN).

La teoría de Marx analiza las funciones del dinero en una economía capitalista mercantil. Es una teoría históricamente específica, no una teoría general de la moneda a lo largo de la historia, ni una teoría del dinero en las economías pre-capitalistas. Así que, si bien es cierto que el dinero aparece por primera vez en la historia como una unidad de cuenta de los impuestos y los pagos de la deuda (como los chartalistas y Keynes señalan), ello no contradice la teoría del dinero en el capitalismo de Marx.

De todos modos, tengo grandes dudas de que, históricamente, la deuda del estado fuese la razón de la aparición del dinero (volveré a abordar este tema en futuras nota). David Graeber, el antropólogo anarquista, parece sostener esto en su libro, La deuda: los primeros 5000 años. Pero no me acaba de convencer. Marx sostiene que el dinero surge naturalmente en la medida que la producción de mercancías se generaliza. El estado simplemente valida la forma dinero, no la inventó. De hecho, creo que la cita de Locke que utiliza Graeber en la p.340 de su libro resume bien el argumento. “Locke insiste en que no se puede hacer valer más una pequeña pieza de plata si se la denomina ‘chelín’ que hacer a un hombre de baja estatura más alto por declarar que en la actualidad un pie tiene quince pulgadas”.

En la exposición clásica del Chartalismo, Knapp argumentó que los estados han designado históricamente la unidad de cuenta y que, al exigir que los impuestos se pagarán en una forma particular, garantizó que esa forma circularía como medio de pago. Todo contribuyente tendría que conseguir el dinero suficiente definido arbitrariamente por el estado y tendría que recurrir al intercambio monetario. Joseph Schumpeter refutó este enfoque cuando dijo: “Si Knapp se hubiera limitado a afirmar que el Estado puede declarar un objeto o un documento judicial o una ficha (con un signo) moneda de curso legal y que la declaración a este efecto de que un determinado documento de pago o ficha sería aceptado como satisfacción de los impuestos hubiera supuesto un importante avance en la asignación de algún valor a ese documento de pago o ficha, hubiera implicado una verdad aunque fuera obvia. Pero si hubiera afirmado que dicha acción del Estado determinaría el valor de ese documento de pago o ficha, hubiera sido una propuesta interesante, pero falsa”. [Historia del Análisis Económico, 1954]. En otras palabras, el Chartalismo es obvio y está en lo cierto o es interesante e incorrecto.

El dinero como mercancía o surgido de la nada 

Marx argumentó que el dinero en el capitalismo tiene tres funciones principales: como medida de valor, como medio de intercambio, y “el dinero como dinero”, que incluye el pago de la deuda. La función de medida de valor se deduce de la teoría del valor trabajo de Marx y esta es la principal diferencia con los Chartalistas / TMM, que (por lo que se) no tienen ninguna teoría del valor y, por lo tanto, una teoría de la plusvalía.

En efecto, para los exponentes de la TMM, el valor es ignorado a favor de la primacía del dinero en las relaciones sociales y económicas. Véase esta explicación de uno de los partidario de la TMM de su relación con la teoría del valor de Marx: “El dinero no es una mera ‘expresión’ o ‘representación’ de la creación de valor agregado privada. En su lugar, la TMM supone que el dinero como columna vertebral fiscal y flujo macro-económico implican juntos un horizonte material compartido de producción y distribución … Al igual que el marxismo, la TMM basa el valor en la construcción y mantenimiento de una realidad material colectiva. En consecuencia, rechaza la  teoría de la utilidad neoclásica, que basa el valor en el juego de las preferencias individuales. Pero, en contraste con el marxismo, la TMM sostiene que la producción de valor está condicionada por la capacidad fiscal abstracto del dinero y la jerarquía de la mediación que soporta. La TMM no descarta de ningún modo la fuerza de la gravitación física en la realidad humana. Más bien, de manera implícita de-prioriza la causalidad de la gravedad en los procesos políticos y económicos, mostrando las condiciones ideales en las que el dinero real se distribuye a través de la estructura piramidal“.

Si se abre uno paso en esta jerga escolástica, creo que significa que la TMM difiere de la teoría del dinero de Marx afirmando que el dinero no está vinculado a ninguna ley del valor que la arrastra como la ‘gravedad’, sino que tiene la libertad de expandirse y, de hecho, cambiar por si mismo de valor. ¡El dinero es la fuerza causal principal del valor, no al revés!

En mi opinión, esto no tiene sentido. Se hace eco de las ideas del socialista francés Pierre Proudhon en la década de 1840 que afirmaba que el problema del capitalismo era el sistema monetario en sí, no la explotación del trabajo y el modo de producción capitalista. Esto es lo que Marx pensaba del argumento de Proudhon en su capítulo sobre el dinero en los Grundrisse: “¿Pueden las relaciones de producción existentes y las relaciones de distribución que les corresponden ser revolucionadas por un cambio en el instrumento de la circulación?” Para Marx, “la doctrina que propone trucos en la circulación como una forma de, por un lado, evitar el carácter violento de estos cambios sociales y, por otro, de hacer estos cambios aparezcan no como una condición previa, sino resultado gradual de estas transformaciones en la circulación” comete un error fundamental y es una interpretación errónea de la realidad del capitalismo.

En otras palabras, la separación del dinero del valor y hacer del dinero la principal fuerza de cambio en el capitalismo es no reconocer la realidad de las relaciones sociales en el capitalismo y la producción con fines de lucro. Sin una teoría del valor, los partidarios de la TMM entran en un mundo económico ficticio, donde el estado puede emitir deuda y convertirla en créditos a cuenta del estado por un banco central, a voluntad y sin límite o repercusiones en el mundo real del capital productivo,  aunque nunca es tan simple como parece.

Para Marx, el dinero hace dinero a través de la explotación del trabajo en el proceso de producción capitalista. El nuevo valor creado se materializa en productos para la venta; el valor obtenido está representado por una cantidad de dinero. Marx comenzó su teoría del dinero como una mercancía como el oro o la plata, cuyo valor puede ser intercambiado con otras materias primas. Así que el precio o el valor del oro anclan el valor monetario de todos los bienes. Sin embargo, si el valor o el precio del oro cambian debido a un cambio en el tiempo de trabajo necesario para la producción de oro, entonces también lo hace el valor del dinero como precio de otros productos básicos. Una fuerte caída en el tiempo necesario para la producción de oro y por lo tanto una caída en su valor darían lugar a un fuerte aumento de los precios de otros productos (oro español de América Latina en el siglo XVI) – y viceversa.

La siguiente etapa en la naturaleza del dinero fue el uso de papel o monedas fiduciarias fijadas por el precio del oro, el patrón oro y, finalmente, la etapa de las monedas fiduciarias o ‘dinero de crédito’. Pero, contrariamente a la opinión de los TMM o Chartalistas, esto no cambia el papel o la naturaleza del dinero en una economía capitalista. Su valor todavía está ligado a la SNLT en la acumulación capitalista. En otras palabras, el dinero mercancía tiene / contiene el valor mientras que el dinero no mercantil representa / refleja el valor y, debido a esto, puede medir el valor de cualquier otra mercancía como expresarlo en forma de precios.

Los estados modernos son claramente cruciales para la reproducción de dinero y el sistema en el que circula. Sin embargo, su poder sobre el dinero es bastante limitado – y como dijo Schumpeter (y Marx habría dicho), los límites son más claros a la hora de determinar el valor del dinero. La Casa de la Moneda puede imprimir el número de billetes y monedas que quiera, pero no puede decidir lo que representan. Esa relación se determina mediante un sinnúmero de decisiones de fijación de precios de las empresas privadas, principalmente, que reaccionan de manera estratégica a la estructura de costes y la demanda a la que se enfrentan, en competencia con otras empresas.

Esto hace que el valor del dinero respaldado por el estado sea inestable. En realidad, la teoría chartalista lo reconoce. Según esta, el principal mecanismo por el cual el Estado proporciona valor a la moneda fiduciaria es mediante la imposición de obligaciones fiscales a sus ciudadanos y proclamando que aceptará sólo una cierta forma de pago (sea la que sea) para satisfacer esas obligaciones fiscales. Pero Randall Wray, uno de los escritores más activos de esta tradición, admite que si el sistema de impuestos se rompe, “el valor del dinero caería rápidamente hacia cero.” De hecho, cuando la solvencia del estado está seriamente cuestionada, el valor de las monedas nacionales colapsa y exige cambios en los productos reales, tales como el oro, como forma de acumulación para almacenar el valor. El precio del oro se disparó en el inicio de la actual crisis financiera en 2007 y otro aumento aún mayor tuvo lugar a principios de 2010, cuando la crisis de la deuda de los países del sur del Euro, agravó la situación.

Las conclusiones de política económica

A menudo escucho a distintos defensores de la TMM decir que “el dinero puede ser creado de la nada» . El ‘Dinero bancario no existe como resultado de la actividad económica. En cambio, el dinero bancario crea actividad económica’. O esto: ‘ El dinero para un préstamo bancario no existe hasta que nosotros, los clientes, solicitamos un crédito. (Ann Pettifor). La respuesta breve a esta idea es que “sí, el estado puede crear dinero, pero no puede fijar su precio”, o valor. El precio del dinero se decide en el tiempo mediante el movimiento del capital fijo así como el tiempo de trabajo socialmente necesario. Si un banco central ‘imprime’ dinero o acepta créditos a cuenta del Estado, facilita al Estado el dinero que necesita para poner en marcha programas de empleo, infraestructuras, etc., sin sin tener que recurrir a medidas fiscales o la emisión de bonos. Esta es la conclusión de política económica de la TMM. Esa es la ‘salida’ a una crisis capitalista causada por una caída en la producción del sector privado.

La TMM y los chartalistas proponen que la inversión del sector privado se sustituya o complemente la inversión del gobierno ‘pagada’ mediante la ‘creación de dinero de la nada’. Pero este dinero pierde su valor si no guarda ninguna relación con el valor creado por los sectores productivos de la economía capitalista, que determinan la SNLT y todavía dominan la economía. En lugar de ello, el resultado será el aumento de precios y / o la caída de la rentabilidad que a la larga ahogará la producción del sector privado. A menos que los proponentes de la TMM estén dispuestos a aceptar una propuesta política marxista: es decir, la apropiación del sector financiero y los ‘altos mandos’ del sector productivo a través de la propiedad pública y un plan de producción, frenando o poniendo fin a la ley del valor en la economía, sin lo que la política de gasto público mediante la creación ilimitada de dinero fracasará. Hasta donde se, los exponentes de la TMM evitan cuidadosamente y hacen caso omiso de esa conclusión política. Tal vez porque al igual que Proudhon no entienden la realidad del capitalismo, prefiriendo los ‘trucos de circulación’; o tal vez porque en realidad se oponen a la abolición del modo de producción capitalista.

Por supuesto, nada de esto ha sido probado en la vida real, porque la política de la TMM nunca se ha aplicado (ni por supuesto, la política económica marxista en una economía moderna). Así que no sabemos si la inflación se dispararía por la creación ilimitada de dinero para financiar programas de inversión. Los partidarios de la TMM defienden que  la ‘monetización del déficit’ concluiría una vez que se alcanzase el pleno empleo. Pero eso plantea la cuestión de si el sector privado en una economía puede ser sometido a la fina manipulación del Banco Central y la política de estado. La historia ha demostrado que no es así y no hay manera de que los gobiernos puedan controlar el proceso de producción capitalista y los precios de producción “de una manera tan afinada”.

Incluso el principal exponente de la TMM, Bill Mitchell, es consciente de este riesgo. Como dice él mismo en su blog, “Piense en una economía que está saliendo de una recesión y en fuerte crecimiento. Los déficits presupuestarios todavía podrían expandirse en esta situación, lo que los haría obviamente procíclicos, pero aún así la estrategia fiscal seguiría siendo la correcta debido a que el crecimiento del gasto público neto es el motor del crecimiento y de la economía hacia el pleno empleo. Incluso cuando el crecimiento del gasto no gubernamental es positivo, los déficits presupuestarios son apropiados si apoyan el movimiento hacia el pleno empleo. Sin embargo, una vez que la economía alcanza el pleno empleo, no sería apropiado para el gobierno seguir impulsando la demanda agregada nominal mediante la expansión de los gastos discrecionales, ya que correría el riesgo de inflación.” (El subrayado es mío).

Parece que la TMM, al final, se reduce a ofrecer una teoría para justificar el gasto público sin restricciones para mantener y / o restaurar el pleno empleo. Esa es su tarea, no otra. Es por esto que atrae la simpatía de la izquierda del movimiento obrero. Pero esta aparente virtud de la TMM oculta su lado negativo como un obstáculo para el cambio real. La TMM no dice nada acerca de por qué existen convulsiones en la acumulación capitalista, excepto que el estado puede reducir o evitar los ciclos de auge y caída mediante un uso juicioso del gasto público en un proceso de acumulación dominado por el capitalismo. Por lo tanto, no tiene una política de cambio radical en la estructura social.

La explicación marxista es más completa, ya que integra dinero y crédito en el modo de producción capitalista, pero también muestra que el dinero no es el problema decisivo en el modo de producción capitalista y que el control de las finanzas no es suficiente.  Por lo tanto, puede explicar por qué las soluciones keynesianas no funcionan bien para sostener la prosperidad económica.

2- Los trucos de la circulación

Como he señalado, la TMM es hija de lo que se llama Chartalismo, a saber, la teoría de que el dinero es históricamente creación del estado y no, como afirma la teoría neoclásica, una extensión del comercio de trueque; o la visión marxista de que el dinero aparece con el surgimiento de los mercados y la producción de mercancías (“El dinero cristaliza necesariamente del proceso de intercambio, en el que los diferentes productos del trabajo son, de hecho, equiparados entre sí, y por lo tanto convertidos en mercancías …. En la medida en que la transformación de los productos del trabajo en mercancías se lleva a cabo, una mercancía en particular se transforma en dinero.”- Marx capital Vol 1).

No abordaremos si el Chartalismo es un relato histórico preciso de la aparición del dinero. En su lugar, me refiero a una excelente exposición corta de la historia del dinero del economista marxista argentino, Rolando Astarita (aquí). Astarita también ha analizado la TMM en varios artículos, y me apoyaré en algunos de sus argumentos. Baste decir que argumentar que el dinero sólo surgió debido al papel del Estado en las economías precapitalistas no se corresponde con los hechos.

Sin embargo, la TMM parte de la convicción de que es el estado (no las relaciones mercantiles capitalistas) las que establecen el valor del dinero. Randall Wray, uno de los  principales exponentes de la TMM sostiene que el dinero toma su valor no de la mercancía “sino más bien de la voluntad del Estado de aceptarla como forma de pago”. El fundador del Chartalismo, Knapp, dice: “el dinero es una criatura de la ley” ; “La denominación de medios de pago de acuerdo con las nuevas unidades de valor es un acto libre de la autoridad del Estado”; y “en los sistemas monetarios modernos la decisión [del Estado] es siempre suprema”. De este modo, el sistema monetario moderno “es un fenómeno administrativo” y nada más.

Keynes también apoyó este punto de vista chartalista. En su Tratado sobre el dinero, Keynes afirma: “se alcanzó el dinero chartalista o estatal cuando el Estado asumió el derecho de declarar que forma de dinero acepta en un momento dado” . Así que “el dinero contable, especialmente aquel en el que las deudas, los precios y el poder adquisitivo general se expresan, es el concepto básico de la teoría del dinero”.  No creo que sea correcto decir que la TMM bastardiza a Keynes (como hizo un comentario a mi primera parte) – por el contrario, la TMM y Keynes están de acuerdo en que el dinero es un producto de la creación del estado en la medida en que el estado decide la unidad de cuenta de todas las transacciones.

Pero decidir la unidad de cuenta (por ejemplo, si dólares o euros) no es lo mismo que decidir su valor para las transacciones, es decir, como una medida o depósito de valor. La TMM supuestamente apoya el enfoque del dinero ‘endógeno’, es decir, que el dinero es creado por las decisiones de los empresarios para invertir u hogares para gastar, y de los préstamos que los bancos les otorgan para ese propósito. Así que los bancos hacen préstamos y así crean dinero (emitido por el estado). El dinero es depositado por los receptores de préstamos y pagan impuestos al estado. Según la TMM, los préstamos son creados por los bancos y los depósitos son absorbidos por los impuestos, en ese orden. En un nivel simple, la TMM se limita a describir cómo funcionan las cosas en la banca y el dinero. Y esto es lo que muchos partidarios de la TMM argumentan: ‘todo lo que estamos haciendo es hacer una descripción’.

Pero la TMM va más allá. Se argumenta que el Estado crea el dinero con el fin de recibir el pago de los impuestos. El Estado puede imponer impuestos a los ciudadanos y puede decidir la naturaleza de la moneda de curso legal que sirva de dinero. Así que el dinero es un producto del estado. Por lo tanto, la TMM tiene un circuito de dinero que sería: dinero del estado – otros (entidades no estatales) – impuestos – dinero del estado. El estado inyecta dinero en el sector privado, y el dinero es luego reabsorbido con la recaudación de impuestos. De acuerdo con la TMM, contrariamente a lo que pensamos la mayoría de nosotros de forma simplista, la emisión de dinero y la recaudación de impuestos no son alternativas contrapuestas, sino acciones que ocurren en diferentes momentos del mismo circuito. Así que si un gobierno tiene un déficit fiscal y gasta más de lo que recibe en impuestos, el sector no estatal tiene un excedente que se puede utilizar para invertir, gastar y emplear a más asalariados. El déficit del Estado por lo tanto se puede financiar mediante la creación de más dinero. Los impuestos no son necesarios para financiar los gastos del estado, sino para generar demanda de dinero (¡pagar impuestos!).

Pero el circuito de la TMM no muestra lo que sucede con el dinero que los capitalistas y los hogares tienen. En la TMM, M (en valor) se puede aumentar a M’ puramente mediante un dictat del estado . Para Marx, M sólo puede ser aumentado a M’ si la producción capitalista incrementa el valor de las materias primas que se venden por más dinero. Esta fase es ignorada por la TMM. El circuito de la MTT se inicia desde el estado a los sectores no estatales y de nuevo al estado. Pero esto ocurre al revés, causalmente. El circuito capitalista comienza con el capitalista y el dinero a través de la acumulación y la explotación del trabajo y llega de nuevo al capitalista, que paga después al estado los impuestos, etc. La TMM hace caso omiso de esto. Pero demuestra que el dinero no es exógeno a la actividad económica capitalista. Su valor no es controlado por el estado.

La TMM crea la ilusión de que todo este proceso se inicia y termina con el gobierno cuando realmente comienza dentro del sector capitalista, incluyendo el sistema bancario. Los impuestos no pueden absorber por completo el dinero porque los impuestos lógicamente se producen después de un cierto nivel de gasto en la producción privada. Los impuestos son generados cuando el sector privado gasta y los gobiernos deciden utilizar los impuestos para movilizar algunos recursos para el estado. Los ingresos privados y el gasto en recursos preceden a los impuestos.

Otra chartalista, Tcherneva escribe: “Los chartalistas argumentan que, puesto que el dinero es un monopolio público, el gobierno tiene a su disposición una forma directa para determinar su valor. Recuerde que para Knapp los pagos con la moneda miden un determinado número de unidades de valor. Por ejemplo, si el Estado requiere que para obtener una unidad muy potente de dinero una persona debe proporcionar una hora de trabajo, entonces el dinero tendría un valor exactamente de una hora de trabajo. Como emisor monopolista de la moneda, el Estado puede determinar el valor que la moneda tendrá mediante el establecimiento de los términos en los cuales se obtiene el dinero de alta potencia “(página 18). Política estatal de ‘precios exógenos’ de Tcherneva es bastante similar a las del socialista utópico del siglo XIX John Gray  que creía que mediante la emisión de bonos que tuvieran un precio determinado exógenamente para representar el tiempo de trabajo, las economías podrían favorecer el crecimiento y el pleno empleo – una opinión que Marx criticó .

La TMM difiere del gasto público mediante déficit fiscal keynesiano en que sus defensores defienden déficits públicos permanentes con el fin de impulsar la economía y lograr el pleno empleo de los recursos. De esta manera, el estado se convierte en el “empleador de última instancia”. De hecho, los partidarios de la TMM afirman que el paro puede ser resuelto dentro del capitalismo. Así que no hay necesidad de cambiar las formaciones sociales basadas en el capital privado. Todo lo que se necesita es que los políticos y los economistas reconozcan que el gasto público ‘financiado’ mediante la creación de dinero puede resolver el problema y alcanzar el pleno empleo.

Tcherneva escribe: “Los chartalistas proponen una política de pleno empleo en la que el estado establece exógenamente un precio importante para la economía, que a su vez sirve como un ancla para todos los demás precios …. Esta propuesta se basa en el reconocimiento de que el Estado no se enfrenta a limitaciones financieras operativas, que el desempleo es el resultado de la restricción de la emisión de moneda, y que el Estado puede ejercer una fijación de precios exógena (fijación de precios exógena)”. Esta conclusión política es bastante irónica. Conduce a la opinión de que el pleno empleo se puede lograr mediante la emisión “exógena” de moneda a un precio fijo. Y, sin embargo, la TMM rechaza el argumento monetarista de que un aumento exógeno de la cantidad de dinero debe conducir a un aumento de la actividad económica. ¡Pero pareciera que la TMM también tiene una teoría exógena de dinero!

Como Cullen Roche, un keynesiano ortodoxo, resume : “La TMM trata de reinventar la rueda y argumentar que es culpa del gobierno (e implícitamente, del resto de la sociedad) que no se pueda encontrar trabajo … La TMM defiende una causalidad invertida, comenzando con el estado y elaborando a partir de él”.  Roche continúa :“la causalidad real es que los recursos privados necesariamente preceden a los impuestos. Sin un sector privado de generación de ingresos altamente productivo no hay nada especial acerca de los activos creados por un gobierno y es literalmente imposible que estos activos sigan siendo valiosos. Creamos equidad cuando producimos bienes y servicios reales o aumenta el valor de mercado de los activos con respecto a sus pasivos a través de la producción. Es completamente ilógico y tonto argumentar que uno puede simplemente “imprimir” equidad de la nada. La deuda pública es, lógicamente, un pasivo de la sociedad que la crea. La deuda pública agregada es una responsabilidad que debe ser financiada por el rendimiento productivo de esa sociedad “.

Un comentario recibido a mi primera parte cuestionó mi afirmación de que los partidarios de la TMM creen que el dinero puede ser creado de la nada – que esto era una distorsión de la TMM. El argumento real de la TMM es que el gasto público puede financiarse mediante el aumento de la actividad económica y por lo tanto más impuestos. Yo cito algunos economistas que hablaron de ‘crear de la nada’, pero al parecer estos no son verdaderos partidarios de la TMM. Pero el experto fiscal británico y economista, Richard Murphy, es sin duda un defensor de la TMM. Y según él “los gobiernos pueden hacer dinero de la nada, a voluntad … La TMM defiende que todo el gasto público está, de hecho, financiado por dinero creado de esta manera, creado por los bancos centrales en nombre del gobierno … La TMM argumenta lógicamente como consecuencia que no hay tal cosa como impuestos y gastos cuando se considera la actividad del gobierno en la economía; sólo puede haber gasto e impuestos.” Del mismo modo, Stephanie Kelton es actualmente la economista más popular de la TMM. Ella defiende que los gobiernos pueden expandir el gasto cuanto sea necesario para lograr la plena utilización de los recursos productivos en una economía gracias al dinero del estado, porque este tipo de gasto es ‘autofinanciado’.

El dinero sólo tiene valor porque hay un valor en la producción que lo respalde. El gasto público no puede crear ese valor – de hecho, algunos gastos del gobierno pueden destruir valor (armamento, etc). El valor productivo es lo que da credibilidad al dinero. Un sector privado productivo genera el producto interno y los ingresos pasivos que dan credibilidad crediticia al gobierno en el primer lugar. Cuando esa credibilidad no existe, esa confianza en la moneda del Estado puede desaparecer rápidamente, como vemos en Venezuela o Zimbabwe, e incluso Turquía en este momento (volveré a ello en una nota futura).

Para citar de nuevo a Cullen Roche: “la producción productiva, necesariamente, precede a los impuestos. En este sentido, es apropiado decir que la producción productiva sostiene al dinero. Y si la producción productiva colapsa no hay grupo armado de hombres que puedan obligar a la gente a pagar impuestos … Así que el punto importante es que un gobierno tiene efectivamente limites en su gasto. Está limitado por la cantidad y calidad de la producción productiva de su sector privado. Y la cantidad y calidad de los ingresos que el sector privado puede crear es la cantidad de ingresos que limita la capacidad del gobierno para gastar“. Esta es una terminología keynesiana: pero si cambiamos la palabra ‘ingresos’ o ‘producción’ por ‘valor’, es similar en términos marxistas.

La teoría del dinero de Marx coincide con el enfoque endógeno en la medida en que es el sector capitalista el que crea la demanda de dinero; para actuar como medio de cambio y depósito de valor. Los bancos hacen préstamos y crean depósitos, y no viceversa. De hecho, la teoría del dinero de Marx es más consistentemente endógena que la de la TMM porque reconoce la primacía del proceso de acumulación capitalista (con bancos y mercados) a la hora de decidir el valor del dinero, no ningún papel ‘exógeno’ del estado. Como dice Astarita: “la diferencia fundamental entre el enfoque marxista del dinero y el enfoque chartalista gira alrededor de este único punto. En la concepción de Marx, el dinero sólo puede ser entendido como una relación social. En el enfoque chartalista, es un artificio en el que las determinaciones sociales esenciales están ausentes …“barre debajo de la alfombra” la centralidad del trabajo productivo, y la explotación del trabajo, la verdadera base sobre la que se asienta la sociedad capitalista“.

El Estado no puede establecer a voluntad el valor del dinero que se emite por la sencilla razón de que, en una economía capitalista, no es dominante y omnipotente. Las empresas capitalistas, los bancos e instituciones dominan y toman decisiones sobre la base de la ganancia y la rentabilidad. Como resultado, de forma endógena determinan el valor de las mercancías y el dinero. La ley del valor de Marx defiende que el valor está anclado en el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción global de mercancías (bienes y servicios), es decir, mediante la productividad media del trabajo, las tecnologías y la intensidad del trabajo. El estado no puede superar o ignorar esta realidad.

Y es una realidad. Permítanme ofrecer algunas pruebas empíricas simples (algo que los defensores de la TMM no hacen). El gasto público en las economías modernas, en particular las que son objeto de la reflexión de la TMM (que no tienen mucho que decir sobre las denominadas ‘economías emergentes’ – pero volveré a ello en una nota futura), como los EE.UU. o el Reino Unido o el G7, es alrededor de un 30-50% del PIB. La inversión pública es sólo alrededor del 3-5% del PIB. Que hay que compar con la inversión del sector capitalista de un 15-25%, mientras que el gasto de los hogares varía entre el 55-70% del PIB. El volumen de bonos del gobierno nacional en manos privadas en los EE.UU. es sólo el 4% del patrimonio neto del sector privado.

Hice un pequeño análisis empírico de la relación entre el gasto público y el desempleo. De acuerdo con la TMM, se podría esperar que cuanto mayor es la proporción del gasto público en una economía, más bajo es el desempleo. Pero !la evidencia demuestra lo contrario! El gasto público en Francia es de más del 55% del PIB, del 39% en Japón y un 38% en los EE.UU.. Pero ¿cuál de estos tres países tiene la mayor tasa de desempleo? Francia 9%; Japón 2,4% y los EE.UU. 4%. La mayoría de las economías capitalistas avanzadas con los coeficientes de gasto público más altos tienen mayores tasas de desempleo. Esto demuestra que hay otras razones que la falta de gasto público para explicar el nivel de desempleo en las economías capitalistas.

Así que la emisión de dinero por el estado no es un motor clave de la economía y el empleo. Por supuesto, los defensores de la TMM a veces argumentan que este es el problema: basta con ampliar el gasto público, en particular las inversiones, financiarlas con ‘emisión de dinero’ y el estado de forma exógena superará o evitará las dificultades de la acumulación capitalista. Sin embargo, esta respuesta nos lleva inmediatamente a la cuestión, conscientemente ignorada por la TMM, de que es el sector capitalista el dominante en las economías modernas, para bien o para mal, no el dinero emitido por el estado.

¿Es realista que la TMM afirme que la única razón de las economías modernas sufran desempleo se debe a que los políticos no aplican la TMM y que los gobiernos gasten tanto como sea necesario, respaldados por la emisión de dinero controlado por el Estado? Ese no era el punto de vista de Keynes o Marx. Keynes creía que la causa del desempleo era la falta de inversión de los capitalistas; Marx dijo lo mismo (aunque el ejército de reserva de mano de obra es el resultado del sesgo pro-capital en la acumulación capitalista). La diferencia entre Marx y Keynes era lo que provoca cambios en la inversión. Para Marx era la rentabilidad; Para Keynes los ‘espíritus animales’ o la ‘confianza empresarial’. Ambos vieron las líneas de falla dentro del capitalismo: Keynes en el sector financiero; Marx en el capitalismo en su conjunto. Por el contrario, la TMM cree que es sólo ¡el hecho de no permitir que el estado amplíe la emisión de dinero!

Pero tal vez la crítica más elocuente de la TMM es que, dado que no reconoce la importancia del sector capitalista en su circuito de dinero y sólo la dicotomía estado/’sector no estatal’, no puede decirnos nada acerca de por qué y cómo hay depresiones regulares de la producción y la inversión en las economías modernas. Sobre esta cuestión, los partidarios de la TMM tienen la misma posición que los keynesianos ortodoxos: que puede ser debido a una falta de ‘demanda efectiva’ o a causa de los ‘espíritus animales’ y no con ninguna contradicción en el modo capitalista de producción. Pero para los defensores de la TMM esta cuestión es irrelevante. Los partidarios de la TMM tienen la misma visión que el economista ortodoxo keynesiano Paul Krugman, a saber, que en realidad no importa cuál sea la causa de una depresión: lo más importante es salir de ella mediante el gasto público. En el caso de Krugman través del gasto público gracias a una emisión de bonos juiciosa; en el caso de la TMM con gasto público financiado por la emisión de dinero.

Llámenme anticuado, pero creo que la ciencia avanza mejor mediante la búsqueda de las causas de porque las cosas suceden para entender mejor qué medidas se pueden aplicar de forma útil para evitar las consecuencias indeseadas (la vacunación de enfermedades, por ejemplo). Esperar ciegamente a ver si el gasto público funciona no es científico. De hecho, los economistas marxistas han trabajado mucho para demostrar que las grietas en la rentabilidad del capital es la explicación más convincente de las crisis recurrentes, no la falta de demanda ni la austeridad en el gasto público. Y eso implica medidas para reemplazar completamente la economía monetaria con fines de lucro.

La respuesta al desempleo o para acabar con las crisis no radica en el simple recurso a la emisión de dinero, como afirma la TMM. La TMM se basa en lo que Marx llamó “los trucos de la circulación”: “la doctrina que propone trucos de circulación como una forma de, por un lado, evitar el carácter violento de estos cambios sociales y, por otro, de hacer que estos cambios no aparezcan como una condición previa sino el resultado gradual de estas transformaciones en la circulación”.

La TMM alega que tiene una teoría endógena del dinero, pero en realidad defiende una exógena, basada en la emisión de dinero del estado. Afirma que el gasto público puede ampliarse cuanto sea necesario para alcanzar el pleno empleo a través de la emisión de dinero, sin ninguna referencia a la actividad productiva de la economía no estatal, en particular, la rentabilidad del sector capitalista. De hecho, de acuerdo con la TMM, el capitalismo puede sobrevivir y lograr un crecimiento armónico y pleno empleo mediante «trucos de circulación”. La TMM ignora u oculta las relaciones sociales de explotación de la mano de obra con fines de lucro. Y al vender ‘aceite de serpiente’ en su lugar, la TMM desorienta al movimiento obrero sobre cuales deben ser los cambios fundamentales.

3- Un respaldo al capitalismo

Voy a intentar abordar ahora los aspectos prácticos, en otras palabras, ¿cuáles son las propuestas de política económica que los partidarios de la TMM proponen que un gobierno aplique con el fin de crear más puestos de trabajo y mejores salarios sin provocar inflación?

Desde la Gran Recesión, los economistas de izquierda han tratado de refutar las teorías de la económicas neoliberales dominante que exigen presupuestos gubernamentales equilibrados y una reducción de los altos niveles de deuda pública.  Las políticas de austeridad neoliberales han significado recortes de las prestaciones sociales, de los servicios públicos, el estancamiento de los salarios reales y un aumento del desempleo. Naturalmente, el movimiento obrero quiere revertir estas políticas que hacen que los trabajadores paguen por el fracaso de los bancos y el capitalismo.

La alternativa habitual suele venir del keynesianismo tradicional, es decir, más gasto público (mediante la ejecución de déficit en los presupuestos anuales) para impulsar la demanda efectiva en la economía capitalista, crear puestos de trabajo y aumentar los salarios. Y aquí es donde entra en juego la TMM. Como el portavoz de la TMM Randall Wray escribe, lo que la TMM aporta a la política de estímulo fiscal keynesiano es el argumento teórico de que “un gobierno soberano no puede quedarse corto de su propia moneda”. Dado que el estado tiene el monopolio de fijar la unidad de cuenta (dólares o euros o pesos), puede crear tanto dinero como sea necesario, distribuir ese dinero a entidades no estatales, y así impulsar la demanda y crear puestos de trabajo e ingresos. Como dice Stephanie Kelton, una de las principales exponentes de la TMM y asesora de Bernie Sanders, “El emisor de la moneda nunca puede quedarse sin dinero, ya que siempre puede imprimir más dólares, pesos, rublos, yenes, etc.”

Por lo tanto, los déficits presupuestarios del estado (y el aumento de la deuda del sector público) no son un problema. Y debido a que casi siempre hay ‘holgura’ en las economías capitalistas, es decir, desempleo y recursos infrautilizados, siempre hay espacio para impulsar la demanda, no sólo temporalmente hasta que el sector capitalista se recupere de nuevo (como en las políticas keynesianas), sino de forma permanente. Esto suena muy atractivo a la izquierda en el movimiento obrero.  He aquí una justificación teórica del gasto público y los déficits presupuestarios ilimitados para lograr el pleno empleo sin tener que tocar las complicadas limitaciones del sector capitalista de la economía. Todo lo que se necesita es que los políticos y los gobiernos reconozcan el simple hecho de que el Estado no puede quedarse sin dinero.

La política económica de la TMM implícita en esa premisa teórica es lo que llaman “trabajo garantizado” por el gobierno. A todo el mundo se le garantiza un puesto de trabajo si quiere o lo necesitan; el gobierno los empleará en proyectos; o pagará por ellos para conseguirles un trabajo. La mayoría de las personas trabajan para las empresas capitalistas o el gobierno, pero el desempleo se mantiene y puede engullir a un sector considerable de la población activa. Así que el gobierno debe actuar como un “empleador de última instancia”. No reemplazar a las empresas capitalistas, sino movilizar a las personas en edad de trabajar que el capital no emplea. Según Randall Wray: “Bastaría con gestionar un programa colchón de mano de obra”.   Se podría definir como un respaldo del gobierno al capitalismo.

Bill Mitchell es un destacado economista de la TMM de Australia y ha hecho campaña incansablemente por el trabajo garantizado por el gobierno.  Él lo describe como “‘un programa de empleo público permanente que ofrece un trabajo con un salario digno (mínimo) a cualquier persona que quiera trabajar pero no puede encontrar empleo” ….  Los empleos del programa de trabajo garantizado movilizaría el ‘fondo’, en el sentido de que los salarios mínimos no competirían con la estructura salarial del mercado de trabajo. Al no competir con el mercado de trabajo privado, el trabajo garantizado evitaría las tendencias inflacionarias del viejo keynesianismo, que intentó mantener plena utilización de la capacidad mediante la ‘contratación de la parte superior’“.

Garantizar un trabajo a todos suena muy bien. Pero, al parecer, no va a ser un trabajo con un salario digno (un salario con el que las personas puedan vivir dignamente). No, sólo será un ‘salario mínimo’ para asegurarse de que no “compite con la estructura salarial del sector privado”. En otras palabras, con Amazon o Wal-Mart, o las pequeñas empresas comerciales y de ocio, que seguirán pudiendo pagar a sus trabajadores salarios muy bajos (en o cerca del mínimo) sin interferencias del trabajo garantizado, porque dichos empleos tendrán que pagar menos.

Así, el trabajo garantizado actúa como un respaldo para el sector privado: no lo reemplaza. Bill Mitchell otra vez: “El Gobierno opera una reserva de estabilización de puestos de trabajo para absorber a los trabajadores que no pueden encontrar empleo en el sector privado. Esa reserva se expande cuando disminuye la actividad del sector privado. El TG cumple esta función de absorción para reducir al mínimo los costes asociados con el flujo de la economía. Así que el gobierno absorbe continuamente a los trabajadores desplazados del sector privado. Los trabajadores de la “reserva de estabilización” tendrían el salario mínimo, que establecería un piso salarial para la economía”.

En cierto modo, esto me recuerda a la idea de la Renta Básica Universal. La RBU también es un respaldo al capitalismo, al proporcionar ingresos básicos a las personas, incluso si no trabajan. El TG ofrece un salario mínimo si desean trabajar. Pero ninguno de ellos amenaza o reemplazar la estructura salarial del sector capitalista o las decisiones del capital sobre a quién emplear y en qué condiciones. Como dice Mitchell: “Para evitar afectar a la estructura salarial del sector privado y para asegurar que el TG es consistente con una inflación estable, la tasa salarial del TG debe ajustarse al nivel del salario mínimo”.

Y ¿qué tipo de empleos serán? Por definición no serán puestos de trabajo cualificados dado que el gobierno “contratará en el fondo”. Pero serán en proyectos útiles sin ánimo de lucro, como la construcción de carreteras, puentes, etc:  “muchas actividades socialmente útiles, incluyendo los proyectos de renovación urbana y otros programas ambientales y de construcción (reforestación, estabilización de dunas de arena, control de la erosión del valle del río, y similares), la asistencia personal a los pensionistas, y otros programas comunitarios. Por ejemplo, los creadores podrían contribuir a la educación pública como artistas itinerantes”.

Cuando leí esa lista, me recordó al New Deal de Roosevelt de la década de 1930. Con Roosevelt, la Works Progress Administration  (WPA) puso a trabajar a muchos desempleados en una amplia gama de programas de obras públicas financiados por el gobierno, con la construcción de puentes, aeropuertos, presas, oficinas de correos, hospitales y cientos de miles de millas de carreteras. Todo a cambio de ingresos muy básicos. ¿Resolvió el problema del altísimo desempleo durante la Gran Depresión? En 1933 la tasa de desempleo alcanzó el 25%; en 1938 fue el 19%; así que no fue un gran éxito. Los defensores de la TMM dirán que fue debido a que no se aplicó correctamente, dado que Roosevelt seguía tratando de equilibrar el presupuesto del gobierno, no incurrir en un déficit permanente.

El objetivo del programa de TG es proporcionar puestos de trabajo sólo con un salario mínimo. Lo que también me recuerda las famosas ‘reformas’ laborales de Hartz en Alemania en la década de 2000, que crearon programas para los desempleados con el salario mínimo estricto. La tasa de desempleo se redujo pero los salarios reales se estancaron. Aunque el desempleo está en su nivel más bajo desde la reunificación alemana en 1990, 9,7% de alemanes con trabajo todavía viven por debajo del umbral de la pobreza, definido como un ingreso de alrededor de € 940 por mes, mas o menos. De hecho, la cifra de trabajadores pobres ha crecido del 7,5% en 2006 e incluso supera la media del 9,5% en la UE, según datos de Eurostat.

Los salarios reales alemanes y el PIB per cápita

Si quiere saber cómo se sienten los empleados remunerados con el salario mínimo en el contexto alemán, lea esto.

El otro problema con el gasto público sin límite defendido por la TMM es la inflación. El estado puede controlar y emitir la moneda y los gobiernos nunca puede quedarse sin ella, pero el sector capitalista controla la tecnología, las condiciones de trabajo y el nivel de calificación y la intensidad de la fuerza de trabajo. En otras palabras, la productividad del trabajo (valor real) no está bajo control del estado a pesar de su monopolio de la impresión de moneda. Así que una economía está limitada por la productividad y el tamaño de la fuerza de trabajo cuando está totalmente ocupada. Si el gobierno sigue inyectando dinero cuando no se puede aumentar la producción, habrá inflación de los precios de los productos y/o inflación en los activos financieros especulativos.

Los partidarios de la TMM son conscientes de este problema. Bill Mitchell dice:  “cuando el nivel de actividad del sector privado es tal que las presiones de precios y salarios se convierten en el precursor de un episodio inflacionario, el gobierno puede manipular los ajustes de política fiscal y monetaria (mejor política fiscal) para reducir el nivel de la demanda del sector privado”.  En otras palabras, el gobierno va a recortar el gasto o aumentar los impuestos y/o las tasas de interés como la teoría económica dominante.  Como resume Randall Wray: “La solución es evitar gastar más una vez se alcanza el pleno empleo; y controlar cuidadosamente el gasto incluso antes de alcanzar el pleno empleo para evitar cuellos de botella”.

Así que estamos de vuelta a la gestión macro keynesiana tradicional, algo que abismalmente fracasó en la década de 1970 cuando las economías capitalistas experimentaron estagflación, es decir, un aumento de la inflación y del desempleo al mismo tiempo. La razón fue que la inflación y el empleo no están bajo el control del Estado en una economía capitalista, sino que dependen de la rentabilidad del capital y de las decisiones de inversión de los capitalistas. La TMM sólo ofrece un respaldo a la inversión y al empleo capitalista, no una alternativa.

Si hay inflación a nivel nacional que frene las exportaciones de un país, los defensores de la TMM proponen hacer flotar la moneda. Así no hay controles de capital ni interferencias en los mercados de divisas. Randall Wray: “dejaría que dólar flotase”. Lo que podría ser aceptable para los EE.UU., cuya moneda, el dólar, es la moneda de reserva internacional y tiene que ser sostenida por los estados extranjeros y las empresas para hacer negocios. Pero esa no es la situación de las economías capitalistas más pequeñas, sobre todo de los llamados países emergentes. Si la inflación se afianza porque el gobierno está imprimiendo pesos, liras o bolivares sin parar para tratar de mantener el pleno empleo, mientras que la producción capitalista colapsa, el resultado será la hiperinflación. Y si las monedas están flotando sin ningún tipo de control, el valor de las monedas se desplomará, como en Turquía, Argentina, Venezuela, etc.

Lo que esto demuestra es que la TMM es en gran medida una teoría orientada a Australia  y EE.UU. y que sus prescripciones de política económica no tienen ninguna aplicación viable en la mayoría de las economías globalmente, al igual que la teoría y la política keynesianas. El Estado puede controlar la emisión de su moneda, pero no puede controlar su valor frente a otras monedas o al oro, el dinero mundial. Si los tenedores o compradores potenciales pierden la confianza en el valor de una moneda, su valor colapsará, lo que aumenta la inflación.

La mayoría de los dirigentes sindicales se oponen a la austeridad. Pero no quieren una política que signifique la destrucción de las relaciones económicas capitalistas: algo demasiado aterrador, arriesgado y no ‘realista’, por lo que buscan políticas que ofrezcan revertir la austeridad sin poner en peligro el capitalismo, como la financiación keynesiana del déficit. La TMM ofrece una justificación teórica novedosa para la financiación del déficit permanente: el Estado controla el dinero como unidad de cuenta y no hay límite, por tanto, al gasto público y el aumento de la deuda pública no es ningún problema. La única restricción es cuando los recursos se agotan y la inflación pueden sobrevenir. Entonces es el momento de gravar fiscalmente.

De esta manera, la TMM actúa como un respaldo del capitalismo: el Estado es el empleador de último recurso, pero no el principal empleador. Busca compensar (apañar) los fracasos de la producción capitalista, no reemplazarla.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession. La presente contribución es la suma de tres artículos publicados por M. Roberts en su blog el 28 de enero, el 3 de febrero y el 5 de febrero de 2019.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster

China: El feminismo se abre camino

Por Wang Zheng

Esta contribución aborda la militancia feminista partiendo de la cuestión de la violencia conyugal e intenta explorar la relación entre militancia espontánea y feminismo de Estado en el contexto del rápido desarrollo de un movimiento social que reivindica la igualdad de sexos. Se analizarán las fuerzas, pero también los límites, del movimiento feminista actual con el fin de explicar esta significativa transformación política, que mezcla la herencia de la época maoísta y las prácticas feministas contemporáneas.

Antes y después de Tiananmen

Hacia mediados de los años 1980, mientras los intelectuales chinos están resucitando las ciencias sociales en el marco del discurso sobre la modernidad científica, mujeres educadas, habitantes de medios urbanos, comienzan a implicarse en actividades de una amplitud limitada. Organizan salones o conferencias para discutir sobre cuestiones femeninas, o llevan a cabo investigaciones sobre las mujeres con el fin de intentar responder a los problemas que estas encuentran en un periodo de transformación económica y social radical. El hecho de estudiar a las mujeres con la ayuda de métodos científicos es considerado una manera de tomar distancias respecto a las limitaciones del análisis maoísta de clase. En 1986, cuando la campaña contra la liberalización económica hace fracasar los esfuerzos intelectuales de reforma política, muchos intelectuales deciden volverse hacia la investigación sobre las mujeres, que constituye un medio viable de continuar interesándose en el cambio social.

Tras los acontecimientos de Tiananmen, las investigadoras feministas se encuentran con un entorno político más hostil, donde las actividades organizadas, tanto de pequeña como de gran envergadura, ya no son autorizadas. Gao Xiaoxian, la fundadora de la Asociación de Shaanxi de Investigación sobre las Mujeres y la Familia, una de las mayores ONG feministas actuales, fue degradada tras Tiananmen por problemas políticos debido a que había organizado un salón de mujeres a comienzos del año 1989.

De hecho, una gran parte de los salones y grupos de discusión organizados por intelectuales desaparecen tras los acontecimientos de Tiananmen, aunque algunos se reconstruirán cuando el gobierno chino anuncie su decisión de acoger la Cuarta Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer.

Aunque la militancia espontáneamente organizada en China conoce su apogeo a comienzos del año 1989, el término ONG no aparece en el discurso público hasta el momento de la preparación de dicha conferencia. Las feministas chinas, aprovechando la ocasión política de oro que se les ofrecía, son las primeras en hacer esfuerzos considerables para popularizar y legitimar este concepto. Se publican muchos artículos en el periódico de la Federación de Mujeres, el Diario de las mujeres chinas, y en su revista Colecciones de estudios femeninos. Estas publicaciones cuentan las actividades de diversas ONG de mujeres en el extranjero y explican que las organizaciones no gubernamentales no son organizaciones anti-gobierno. Dado que el Fórum de las ONG sobre las mujeres forma parte del paquete impuesto al país anfitrión de la conferencia, el gobierno chino no tiene otra opción que autorizar la formación de las ONG de mujeres y calificar como tal a la Federación China de Mujeres. Sin embargo, la paranoia del partido ante el activismo espontáneamente organizado estalla a la luz pública cuando decide desplazar el Fórum de las ONG sobre las mujeres de Beijing a Huairou, donde centros de conferencias todavía en construcción e incluso tiendas de campaña sirven para acoger a las treinta mil participantes en el fórum. Es un momento de gran tensión para el gobierno, pero al mismo tiempo una experiencia rica en enseñanzas. Nadie, entre las treinta mil feministas extranjeras o las cinco mil participantes chinas, organiza ninguna acción de protesta contra el gobierno chino, a pesar de los provocadores rumores destilados por este para justificar un agobiante dispositivo de seguridad.

Otro acontecimiento también significativo: los organismos de financiación internacionales refuerzan su apoyo a la militancia organizada de las mujeres chinas. La Fundación Ford, con una encargada de programa feminista, Mary Ann Burris, responsable de la financiación, tiene un papel crucial en el desarrollo de las ONG al financiar los proyectos de las militantes y su participación en las múltiples reuniones internacionales que preceden al fórum. Este apoyo ayuda a muchas militantes de la Federación de Mujeres exteriores al sistema a recuperar actividades paralizadas a consecuencia de Tiananmen.

La Cuarta Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer: una etapa clave para el feminismo chino

La Cuarta Conferencia de Naciones Unidas aporta conceptos y categorías de análisis a las militantes chinas que se apresuraron a utilizar estos nuevos instrumentos teóricos para ir más allá de la vulgata inspirada en Engels sobre la liberación de la mujer utilizada en el partido. En 1993 se introduce por primera vez por militantes el concepto de género, gracias a los esfuerzos colectivos de la Sociedad China de Estudios Femeninos en EE UU y con el apoyo de la Fundación Ford. La Sociedad China de Estudios Femeninos, financiada por la Fundación Ford, ha colaborado con universitarias chinas en la organización de muchos talleres feministas en China desde 1993. Los miembros de la Sociedad han trabajado también en la publicación colectiva de trabajos feministas muy difundidos entre las feministas en China. En 1993, en Beijing, jóvenes profesionales chinas y feministas occidentales crean juntas el grupo de traducción feminista Oriente al encuentro de Occidente, con la idea de traducir trabajos feministas al chino y popularizar de forma eficaz diversos conceptos feministas internacionales a través de los mass media chinos.

Aparte de estas actividades de traducción, las numerosas reuniones preparatorias del Fórum de las ONG sobre las mujeres permiten a las militantes chinas observar por primera vez cómo funcionan las ONG en el extranjero. No hay duda de que el Fórum de las ONG sobre las mujeres en Huairou ocasiona encuentros fértiles. La violencia conyugal, los derechos de gays y lesbianas o incluso los derechos de las prostitutas, cuestiones hasta entonces tabú en China, figuran entre los temas abordados.

Además del concepto de ONG, entre los otros conceptos traducidos y difundidos durante este periodo figuran el género (en tanto elemento cultural y socialmente construido y como sistema jerárquico que reproduce relaciones de poder), la emancipación de las mujeres y el desarrollo sostenible centrado en las mujeres. Con ayuda del eslogan, muy conocido por la población, Unámonos al mundo, las feministas chinas consiguen difundir estos conceptos y militan abiertamente por poder unirse a los movimientos internacionales de mujeres. Llaman a adoptar un programa de desarrollo que dé prioridad a la justicia social y a la igualdad entre hombres y mujeres en un período de polarización creciente de género y de clase arrastrado por la economía capitalista de mercado. Mientras la categoría marxista de clase es abandonada como instrumento analítico, a causa de su relación con el maoísmo o de su crítica del capitalismo, la categoría de género se introduce y se hace operativa en el discurso corriente, como espejo crítico de la jerarquía social y de la injusticia. Pronto, algunos de estos conceptos son recuperados por otros grupos sociales, como por ejemplo los obreros y los campesinos, que utilizan el término de grupos desfavorecidos para defender sus propios derechos e intereses.

Mientras millares de mujeres chinas absorben con avidez las diversas ideas y temáticas desarrolladas por las comunidades feministas internacionales en Huairou, la delegación oficial china en la Conferencia forcejea con los conceptos expuestos en la “Plataforma de acción” y la “Declaración de Beijing”, dos documentos preparados por Naciones Unidas. A este respecto, hay que reconocer a la Federación China de Mujeres el haber hecho un notable trabajo de difusión de estos documentos por medio de sus canales oficiales. El concepto de género y toda una serie de temáticas feministas mundiales se han difundido en China a través de los medios de comunicación de esta institución.

Gracias a la habilidad de las feministas chinas tanto dentro como fuera del sistema oficial, la Cuarta Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer se transforma en una especie de juegos olímpicos donde está en juego el honor nacional. Desde finales del siglo XIX se utiliza a las mujeres para representar a la nación, la civilización y la modernidad; el postulado colonialista europeo de que se puede valorar una civilización por la condición concedida a las mujeres, erróneamente considerado como un concepto socialista, constituye hace tiempo el principal elemento de adhesión que conecta igualdad de sexos y modernidad en China.

Un ascenso del activismo desde 1995

Durante la década siguiente, las feministas refuerzan de forma considerable su activismo. A finales de la década ya aparecieron tres redes nacionales: Género y desarrollo, Stop a la violencia conyugal y Mujeres y estudio de género. Aunque las militantes trabajaron en temáticas mucho más diversas de lo que sugieren las orientaciones de estas redes, actualmente constituyen los principales canales de activismo y reciben importante financiación internacional. Aunque en distintos niveles de desarrollo, estas redes feministas comparten varias características.

En primer lugar son independientes del Estado, tanto financieramente como en la manera de identificar las temáticas ligadas a los intereses de las mujeres. Están dirigidas de manera independiente por mujeres que ocupan o no una función oficial. Dicho esto, su dependencia respecto a donantes internacionales plantea la cuestión de su durabilidad. Por otra parte crean mecanismos que permiten transformar las instituciones oficiales utilizando las ideas y las prácticas feministas, pero sin estruendo. Entre las numerosas actividades innovadoras puestas en marcha por todo el país, podrían citarse las sesiones de formación sobre género organizadas por las oficiales, los talleres de formación sobre el liderazgo para mujeres rurales, los grupos de trabajo locales sobre violencia conyugal, los hogares de acogida, los talleres de formación de profesorado de universidad y también los programas de estudios femeninos.

Estas actividades, que se distinguen de la definición convencional de los movimientos sociales, nunca toman la forma de protestas o de manifestaciones de calle. Implican al sistema y a las instituciones estatales por medio de actividades realizadas en espacios cerrados y, por consiguiente, escapan a la atención de la seguridad pública en China y de la vigilancia china en el extranjero. Por lo general, los principales trabajos sobre las transformaciones políticas actuales en China suelen ignorar la militancia feminista organizada, aunque esta constituye, en China, un desafío real y serio para quien quiera teorizar el sistema político chino. En fin, los organizadores de estas redes son conscientes del papel que juegan en la transformación política de China. Haciendo suyos los conceptos utilizados por Maxine Molyneux, intereses prácticos de género e intereses estratégicos de género, las líderes feministas consiguen elevar el nivel de exigencias vinculadas a los intereses de las mujeres y generar cambios portadores de una visión feminista. Analizaremos más adelante los desafíos específicos a que se ven confrontadas.

Stop a la violencia conyugal: una asociación emblemática en la evolución del feminismo chino

La violencia conyugal, jiating baoli, es un término chino reciente que ha pasado al lenguaje corriente después de 1995. Aunque la definición de violencia conyugal va más lejos del hecho de pegar a su mujer, el problema de las mujeres golpeadas constituye el aspecto principal y esta práctica sigue estando muy extendida en las culturas patriarcales. En la mayor parte de las regiones chinas, da laopo –el hecho de pegar a su mujer– sigue siendo una componente normal de la vida conyugal. En la segunda mitad de los años 1940, durante la Revolución comunista, las mujeres del partido intentaron movilizar a las campesinas abordando la cuestión de las prácticas locales de abuso contra las mujeres (nuedai funü). Tras la creación de la Federación China de Mujeres (en 1950), la lucha contra el nuedai funü se recoge en el programa de las federaciones locales. Las miembros de estas federaciones conocen mejor que nadie el predominio de la violencia conyugal porque a ellas se les suele informar de los casos particularmente graves. Una de las primeras en movilizarse para hacer adoptar una legislación contra la violencia conyugal fue Chen Zhunlian, que era miembro de la Federación de Mujeres de Changsha. Desde 1994 comienza a militar a favor de adoptar una legislación local en la materia.

En esa misma época, en otras provincias, las miembros de las federaciones de mujeres comienzan a su vez a explorar la posibilidad de una reglamentación local. En síntesis, el tabú que constituía, en el momento de la Cuarta Conferencia de Naciones Unidas, cualquier discusión pública sobre violencia conyugal en China es la expresión de un Estado dirigido por un Partido Comunista patriarcal que se preocupa ante todo por su imagen pública ante una audiencia internacional, y no el reflejo de las prácticas efectivas dentro de la Federación.

Tras la Conferencia, la Federación utiliza el hecho de que se debe poner en marcha la “Plataforma de acción” y la “Declaración de Beijing” para hacer públicos los objetivos de igualdad de sexos. Dado el deseo de la clase dirigente china de formar parte de los procesos mundiales, la adhesión a los movimientos feministas internacionales constituye en adelante una actitud legítima, aunque la Federación continúa evitando el término feminista. Después de la Conferencia, “Unirse al movimiento internacional de mujeres” se convierte en una consigna popular en las publicaciones de la Federación de Mujeres. La Federación China de Mujeres declaró 2004 como el año de difusión de “la prioridad de política nacional de igualdad entre los hombres y las mujeres”. Todo el sistema de la Federación se moviliza para educar a la vez a los oficiales y al gran público en esta “política nacional” que, hasta entonces, no había aparecido en ningún texto legislativo. La dirigente de la Federación de Mujeres, Gu Xiulian, hizo una gira de conferencias en la escuela central y las escuelas provinciales del partido para hablar de la importancia de realizar esta “política nacional”, una actividad faro de este año temático.

La red Stop a la violencia conyugal, una de las más importantes ONG feministas en la China actual, nace en 1998 cuando tres feministas de Beijing participan en un simpósium en la India. El descubrimiento del activismo de las militantes locales en este país anima a estas profesionales a explorar la situación de violencia conyugal en China. Los procesos vividos en la asociación Stop a la violencia conyugal ilustran algunos procesos comunes a las diferentes organizaciones feministas. Ge Youli, la más joven de las tres feministas de Beijing que participaron en el simpósium en la India, cofundadora del grupo de traducción Oriente al encuentro de Occidente y antigua asistente de Mary Ann Burris, encargada de programas en la Fundación Ford, explica que las organizadoras pretendían ante todo poner en marcha un programa de intervención sobre la violencia conyugal. Deseaban también transformar la cultura política china introduciendo procedimientos democráticos participativos habitualmente utilizados por las ONG feministas extranjeras, pero completamente nuevas para China. Como ella misma destaca en una entrevista:

“Pienso que en nuestro movimiento y en nuestro tipo de organización, deberíamos buscar de manera consciente un modo que sea diferente al estilo gerencial o al estilo de organización tradicional. ¿Qué clase de modo? Un modo participativo, igualitario y compartido que no excluya, ni jerarquice, ni controle. Me parece por tanto que el proyecto de violencia conyugal reviste dos aspectos significativos: en primer lugar, este proyecto ha sido el primero en atacar abiertamente el fenómeno de la violencia conyugal y en explorar las teorías y modos de acción que se refieren a ella en China. Segundo punto significativo: al tiempo que se establecía, ponía en marcha y organizaba nuestro proyecto, hemos intentado crear un modelo nuevo diferente del modelo tradicional masculino. Creo que estamos implicadas de manera activa en el establecimiento de una nueva cultura y que, finalmente, el feminismo debe crear una nueva cultura. Debe romper con la cultura antigua, tradicional, y crear una cultura nueva”.

El objetivo explícito de transformar una cultura masculina animando la participación de las mujeres en los procesos políticos por medio de prácticas feministas es compartido por muchas feministas chinas. En realidad, muchas de entre las más activas han estado implicadas en la creación de una democracia de género, de un posicionamiento y de una práctica políticas que significan la emergencia de un actor nuevo en la escena política en la era de las reformas. En este sentido, la historia del proyecto Stop a la violencia conyugal muestra un periodo crucial, durante el cual las feministas chinas han configurado con éxito espacios sociales para una acción portadora de una transformación feminista del sistema político y de las instituciones sociales.

Además, la reflexión realizada por estos diversos grupos les ha llevado a entrar en relación con el poder, aunque sin esta desconfianza o este miedo al Estado que se espera por lo general. Al contrario, se nota una facilidad y una confianza notables en estas militantes. Dos factores pueden explicar este fenómeno único: en primer lugar, y aunque la economía de mercado ha hecho desaparecer muchos principios, valores y prácticas socialistas, la igualdad de sexos continúa siendo sinónimo de modernidad en el discurso oficial, lo que ha resultado ser muy útil para las feministas en sus diversas tácticas para hacer avanzar los intereses de las mujeres y generar un cambio social. Al declarar que simplemente están poniendo en marcha una prioridad de política nacional, obtienen una legitimidad para comprometerse en la militancia feminista. Si la persistencia de la violencia conyugal daña la imagen de China, entonces las feministas chinas están ayudando al gobierno a librarse de ese estigma. Han jugado con habilidad esta carta internacional (o más bien nacionalista) para obligar al gobierno a rendir cuentas de sus actos. Asimismo, en los años que siguen a la Cuarta Conferencia de Naciones Unidas, la Federación, que sirve de puente entre el partido y las masas, ha mostrado ser el mejor canal de infiltración feminista.

Una ONG particular china: la Federación de Mujeres de China

Desde comienzos de los años 1950, el sistema de federaciones de mujeres estableció organizaciones locales hasta en la más pequeña comunidad rural y en todos los barrios de las ciudades. Aparte del propio partido, es la única organización de masas en cubrir un espacio y una población tan extensos. Dado que su estructura jerárquica está calcada de la administración gubernamental, a cada nivel del gobierno corresponde una federación de mujeres. Aunque no forma parte del gobierno, el personal de la Federación se cuenta entre sus asalariadas y las dirigentes son nombradas por el departamento de organización del partido al mismo nivel administrativo y con los mismos privilegios que cualquier empleado del gobierno de igual rango. El estatuto no-gubernamental aunque oficial del que goza la Federación da a esta organización de lucha contra la discriminación sexual mucho más poder que a cualquier otra ONG en China.

Las ONG de mujeres que colaboran con la Federación, como la ONG Stop a la violencia conyugal, tienen así acceso tanto a los recursos humanos como al poder oficial de la Federación. El proyecto Stop a la violencia conyugal, lanzado en 2000 con un presupuesto de 800.000 dólares procedentes de múltiples donantes, se transforma pronto en una ONG registrada, afiliada en 2003 a la Asociación China para Estudios Jurídicos. Esta ONG, que hoy día se llama Red y Centro de investigaciones Stop a la violencia conyugal, agrupa a militantes individuales en toda China. Representa también a más de sesenta y tres instituciones (centros de estudios femeninos en las universidades, federaciones locales de mujeres, oficinas de la administración civil, etc.) en veintiséis provincias. Las federaciones locales de mujeres son las socias privilegiadas de la Red. En cuanto a sus miembros individuales, se trata bien de personas empleadas del gobierno o de la Federación de Mujeres, o de profesionales de los sistemas jurídico, médico, educativo o de medios de comunicación. Cada vez se ve más mujeres que se han beneficiado de la ayuda de esta red convertirse a su vez en militantes y aportar un apoyo a otras mujeres sobre el terreno. En resumen, la asociación es una ONG feminista que juega un papel no solo abogando por un cambio del discurso oficial, sino también penetrando el sistema oficial, con el fin de establecer un mecanismo institucional para aprobar nuevas leyes y cambiar las prácticas locales.

La existencia misma de esta ONG nacional registrada nos recuerda los gigantescos progresos políticos realizados por las militantes chinas desde 1989. La ONG no solo ha conseguido poner en tela de juicio las restricciones a la militancia espontáneamente organizada, sino que además, con otras muchas ONG, ha roto de hecho el monopolio de la Federación China de Mujeres en materia de representación de los intereses de las mujeres. Esta última, que es de hecho una ONG gubernamental, dispone en adelante de un espejo para preguntarse si realmente es una organización de defensa de los intereses de las mujeres. Asume los conceptos y problemáticas surgidas del movimiento internacional de mujeres por miedo a verse marginada en un proceso de modernización basado en la igualdad de sexos. Chen Mingxia, coordinadora del consejo de administración de la Red Stop a la violencia conyugal y una de las iniciadoras de este proyecto, especialista en derecho en el Instituto para la Investigación sobre Derecho de la Academia de Ciencias Sociales china, comenta así las relaciones entre su ONG y la Federación:

“En nuestra relación con la Federación de Mujeres, intentamos conservar nuestra independencia al tiempo que buscamos una colaboración. Hoy día, la gente en el extranjero es bastante crítica con la Federación y piensa que se trata a la vez de una institución gubernamental y una ONG. Pero yo pienso que, cualquiera que sea su naturaleza, la Federación es ante todo una red nacional que incluye seis niveles administrativos y que, por ello, puede ser de gran ayuda a nuestro proyecto de lucha contra la violencia conyugal. Además, es también una organización de mujeres. Deberíamos cooperar con sus miembros… En otras palabras, insistimos en nuestro marco conceptual y nuestros principios de independencia (del sistema oficial). Dentro de este marco conceptual basado en el principio del feminismo o de la generalización del análisis de género, podemos colaborar en muchos ámbitos. Por tanto, mantenemos realmente buenas relaciones con las federaciones de mujeres locales, que desean trabajar en nuestro proyecto y ayudarnos” (entrevista de Shi Tong con Chen Mingxia, 6/09/2005, para el proyecto Global Feminism).

El hecho de que Chen Mingxia ponga el acento en la calidad de la relación con las federaciones de mujeres locales es muy revelador. Beneficiándose de la potencia financiera de los donantes internacionales, la Red Stop a la violencia conyugal ha creado un modo de participación único en estos tiempos de transformación política de China. Dado que el aparato institucional de la Federación de Mujeres se extiende hasta el más pequeño pueblo o barrio, la colaboración entre la ONG y la Federación de Mujeres permite a las universitarias y a las profesionales feministas de las principales ciudades, como Beijing, comunicar con mujeres locales en regiones periféricas. Su colaboración permite a una ONG horizontal tener acceso a canales verticales. Así adquiere la legitimidad que le permite implicar al Estado a todos los niveles.

En fin, la red pasa por encima de las fronteras teóricas entre Estado y sociedad. Un enfoque holístico de la violencia conyugal requiere una campaña ambiciosa que movilice a la vez a la sociedad y al Estado. Por ello, tanto las ONG como los gobiernos, desde el nivel central al local, pueden ser elegidos para financiaciones concedidas por la Red para proyectos de lucha contra la violencia conyugal. Así, algunas ramas del gobierno solicitan recibir financiación de esta ONG y trabajar sobre esta temática. Maniobrando con tacto en varios terrenos a la vez, la Red Stop a la violencia conyugal se ha convertido en un motor de primer orden de promoción de cambios sociales, culturales, jurídicos y políticos sin los cuales es imposible luchar de manera eficaz contra la violencia conyugal, y como tal es reconocida por el Estado. En cierto sentido, esta ONG constituye una red tan diversificada que se infiltra en el Estado.

Contradicciones y límites del movimiento feminista chino…

Al contrario que los movimientos feministas transnacionales, que ponen el acento en los múltiples sistemas de opresión y en las interconexiones entre género, clase, raza, etnicidad, sexualidad y otras, llama la atención la ausencia del concepto de clase en el análisis feminista chino. En un sentido, el rápido ascenso de la categoría analítica de género se ha producido en China en detrimento de la de clase. En los años 1980, las investigadoras contribuyeron a la deconstrucción del análisis maoísta de clase que había eclipsado y difuminado las temáticas de género al presentar una visión esencialista de la mujer. En los años 1990 encontraron en el concepto de género un instrumento analítico mucho más eficaz que esta feminidad esencializada. En la economía de mercado posmaoísta, el Estado, con la ayuda cómplice de los intelectuales, ha abandonado en el momento oportuno el análisis marxista de clase. Olvidados también los antiguos principios de justicia social y de igualdad, en su lugar hemos asistido al ascenso del neoliberalismo económico y de una agudizada polarización de clases durante estas dos últimas décadas, y el Estado ha vigilado muy de cerca las actividades espontáneas sobre temáticas de clase.

Sin embargo, clase y género se cruzan con frecuencia, porque muchas mujeres viven con muy pocos recursos, tanto en la ciudad como en el campo. En este contexto, la centralidad del género funciona a la vez como negociación feminista para promover los valores de justicia social frente a la ideología dominante del darwinismo social en una economía capitalista cada vez más invasora, y como evasión de cuestiones más sensibles que habría que entender partiendo de la noción de clase.

Visto bajo este ángulo, el éxito de la Red Stop a la violencia conyugal está muy ligado al hecho de que trata de la cuestión del género y que esta cruza otras líneas de división social. Ello posibilita evitar la noción de clase, aunque, al nivel local, las responsables de las federaciones de mujeres observan la intersección del género y de la clase en el fenómeno creciente de violencia conyugal. De hecho, por ejemplo, en proyectos de género y desarrollo dirigidos a poblaciones y regiones afectadas por la pobreza, ambas se interpenetran. Además, muchos proyectos feministas están ya orientados hacia los grupos sociales desfavorecidos: se interesan por las mujeres caídas en la marginalidad, sobre todo las obreras despedidas, las obreras migrantes, las asistentas domésticas y todas aquellas que disponen de pocos recursos para oponerse a la injusticia económica.

…y riesgo de recuperación por el Estado

En todo caso, las feministas chinas, por su incapacidad para elaborar un marco crítico claro que permita abordar jerarquías y desigualdades múltiples, corren el riesgo de ser recuperadas por el Estado. Si han conseguido implicar al Estado, en gran parte se debe a que muchas de ellas operan en el interior de los parámetros de la cultura política actual. En una época en que las mujeres son las primeras afectadas por prácticas como las reducciones de efectivos, los despidos, las jubilaciones anticipadas y las graves violaciones del derecho laboral en el sector privado, se sigue esperando la emergencia de redes nacionales que defiendan los derechos de las trabajadoras, aunque algunos grupos feministas a nivel local están atentos desde hace tiempo al sufrimiento que la injusticia económica impone a las mujeres. El Centro para el Desarrollo y los Derechos de las Mujeres de la Universidad Politécnica del Noroeste, en Xian, ha movilizado a obreras despedidas que se han convertido en asistentas domésticas y reivindican el reconocimiento de derechos y ayudas por el gobierno. Sin embargo, este esfuerzo de organización de mujeres procedentes de la clase obrera forma parte del concepto de derechos y del desarrollo de las mujeres. Las feministas chinas tienen plena conciencia de los límites de la tolerancia del Estado hacia la militancia organizada y pocas de ellas están dispuestas a abandonar el confortable ámbito del género para aventurarse en el campo minado que representaría la puesta en marcha de un activismo centrado en las problemáticas de clase. Muchas militantes feministas de primera fila saben que han adquirido una legitimidad sobre las cuestiones de género y no quieren ponerla en peligro comprometiéndose en temáticas políticamente sensibles.

A veces es difícil distinguir entre esta prudencia táctica y el deseo de ser aceptadas por el sistema oficial. Tal vez el peligro de ser recuperadas por el Estado sea más real para las feministas universitarias que para aquellas cuya militancia está anclada entre las mujeres en situación de marginalidad. Las universitarias, estando más cerca de los centros de poder que las otras, pueden estar más tentadas por las recompensas que el Estado consiente a las intelectuales que dan prueba de docilidad.

En el actual contexto político e intelectual de China, resulta difícil para las feministas comprometerse abiertamente en debates que den sentido a sus acciones políticas. Así, las acciones y las ideas problemáticas y ambiguas no se cuestionan. Por el momento, las feministas están preocupadas por su estrategia consistente en implicar al Estado a través de la Federación de Mujeres, y muestran cierta complacencia sobre los resultados positivos de sus estrategias innovadoras. Continuamos a la espera de un examen crítico de los efectos de estas relaciones triangulares sobre las ONG. A título de ejemplo, la Federación, deseando promover la investigación, ha creado una Asociación China para la Investigación sobre las Mujeres. Universitarias especialistas de género, incluyendo eminentes investigadoras, han sido invitadas a entrar en el consejo de administración de la asociación. Si se considera el aspecto positivo de las cosas, la acción de la Federación aporta la legitimidad necesaria para el desarrollo de los estudios femeninos y de género en China. Sin embargo, poca gente reconoce que este papel semioficial puede también ejercer una influencia corrosiva sobre las universitarias que han hecho tantos esfuerzos, partiendo de las posiciones marginales en que se encontraban, para establecer un campo de estudios feministas en el mundo universitario chino. Estas mujeres descubren ahora que su activismo en materia de promoción de los estudios femeninos podría llevarles a ocupar funciones semioficiales en el seno de la asociación. De hecho, el mecanismo de la Federación China de Mujeres, que quiere promover los estudios femeninos y de las mujeres en el mundo universitario, serviría también para cooptar a estas universitarias y hacer que se identifiquen, conscientemente o no, con las posiciones de la Federación.

Sin un espacio intelectual abierto para poder debatir y definir las diferencias entre estrategia y objetivo, es de temer que el oportunismo político se convierta cada vez más en el objetivo de las militantes que aspiran a posiciones oficiales o semioficiales. El activismo nacido de la marginalidad serviría entonces de trampolín para acceder al poder. En uno de los escasos análisis críticos del feminismo chino, publicado en una página web, una autora observa que “el hecho de implicarse en la causa feminista en China no supone prácticamente ningún riesgo. Las universidades, los institutos de investigación, los medios de comunicación y la prensa aceptan, todos, el feminismo, que en poco tiempo se ha convertido en un recurso para las feministas que buscan ser promovidas, publicadas y reconocidas en sus instituciones”.

Aunque podamos preguntarnos si esa aceptación del feminismo por el mundo universitario es real de verdad, la autora tiene razón al subrayar que un movimiento político teóricamente subversivo se deja recuperar por el pensamiento dominante. A diferencia de la Red Stop a la violencia conyugal, una organización cuyo objetivo único coincide con las preocupaciones a largo plazo de la Federación de Mujeres, se supone que la Red de estudios femeninos y de género debería ser un espacio de activismo para la crítica intelectual feminista y la producción de nuevos saberes. Hasta qué punto pueden permitirse las feministas chinas criticar la cultura política existente y las ideologías dominantes, está estrechamente ligado a su capacidad para definir de manera consciente la posición que cada parte ocupa en el entramado de relaciones triangulares entre las organizaciones no gubernamentales, la Federación China de Mujeres y el Estado.

Wang Zheng es profesora universitaria y fundadora y codirectora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad de Fudan en la Universidad de Shanghai

Traducción: viento sur

Es el feminismo el que está articulando la oposición social y política a la derecha

Por Cinzia Arruzza

Cinzia Arruzza es académica de la New School for Social Research (Nueva York) y activa militante feminista. Visitó Chile en marzo de este año invitada por el Grupo de Estudios Feminista con la colaboración del Centro de Investigaciones Estéticas Latinoamericanas de la Universidad de Chile. Durante su estadía presentó su libro más reciente Feminismo para el 99%. Un manifiesto (2019) escrito en coautoría con Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya. Conversó con Pierina Ferretti, investigadora de la Fundación Nodo XXI y parte del equipo editorial de Cuadernos de Coyuntura. Agradecemos a Cinzia el concedernos esta entrevista en su apretada agenda en Chile y al Grupo de Estudios Feminista por facilitar este encuentro y hacernos parte de las actividades que Cinzia desarrolló en su visita.

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Has sido una activa organizadora de la Huelga Internacional de Mujeres y acabamos de tener una enorme movilización en distintos lugares del mundo. ¿Cuál es tu balance de esta jornada y cuáles son los desafíos que se abren para el movimiento feminista internacional después de esta gran movilización?

Primero tenemos que distinguir los Estados Unidos del resto del mundo. Allá no tuvimos realmente una gran movilización este año en el 8 de marzo y una de las principales razones fue que la Women’s March1, la organización que convocó esa gran movilización contra Trump se convirtió en una ONG y eso, por supuesto, no facilitó realmente la organización de una gran movilización desde abajo y la dinámica de movimiento. Además, el año pasado, en 2018, hubo una decisión política de centrarse en las elecciones, entonces la consigna fue power to the polls (poder para las urnas). La idea era que la resistencia contra Trump debía moverse desde las calles hacia las urnas y el objetivo fue elegir la mayor cantidad de candidatas progresistas como fuese posible y, por supuesto, se trataba de candidatas del Partido Demócrata. Esto claramente desmovilizó, en el sentido de que nosotras como Internatinal Women’s Strike2no tuvimos las redes, ni la infraestructura, ni el dinero, ni la visibilización para gatillar un proceso de movilización feminista y ellas (Women´s March) fueron el punto de referencia para la mayoría de la gente que quería movilizarse por el feminismo y esto tuvo un fuerte impacto en la posibilidad de tener un movimiento.

Nosotras en Estados Unidos organizamos marchas en algunas ciudades, pero fueron pequeñas y lo que estamos haciendo ahora especialmente es tratar de popularizar el movimiento feminista en Estados Unidos, porque uno de los problemas en la izquierda de este país es que no presta mucha atención a lo que pasa en otros lugares del mundo, es un poco aislada. Realmente la izquierda estadounidense no discute sobre las luchas políticas de otros lados, ni la posibilidad de inspirarse en ellas. Es realmente muy difícil. Entonces, el trabajo que estamos haciendo ahora es entrevistar a feministas que organizan el movimiento a nivel internacional. Por ejemplo, organizamos una gira de nuestras compañeras Luci Cavallero de Argentina3 y Julia Cámara de España4, precisamente en el intento de popularizar el movimiento, de mostrar que hay algo importante que está sucediendo a lo largo del mundo. Eso con respecto a los Estados Unidos.

Ahora bien, internacionalmente, pienso que esto es inmenso. El movimiento este año creció y se expandió en diversos países que no tenían movimiento feminista en años recientes como, por ejemplo, Bélgica y Suiza; en Alemania se organizó la huelga por primera vez y hubo también un proceso en Francia, un intento de organizar, aunque es pequeño todavía. En Italia hubo una gran huelga general que fue más grande que el año pasado y en España fueron seis millones en huelga de acuerdo a los datos de los sindicatos más conservadores. También aquí en América Latina. En Chile claramente fue enorme, fue inmenso; en Argentina continúa creciendo y fortaleciéndose. Hubo varias manifestaciones en ciudades importantes de Brasil y también en México. También en países como Turquía, en Estambul hubo una manifestación masiva que fue atacada por la policía ya que el contexto es extremadamente difícil. Entonces, creo que el movimiento está en una dinámica expansiva, está creciendo, está todavía muy vivo y esto por supuesto nos plantea el problema de qué hacer más allá de la organización del 8M o más allá de organizarnos contra la violencia de género internacionalmente, porque claramente el movimiento está creciendo, pero no puede ir solo de una manifestación a otra y la discusión seria que tenemos es ¿qué debemos hacer ahora?, ¿cómo expandimos este movimiento más allá?

No tengo una receta para esto, pero ciertamente pienso que después de tres años de huelga de mujeres es el momento de fortalecer la coordinación internacional del movimiento para establecer los puntos que debemos discutir entre nosotras y cómo podemos organizar encuentros transnacionales. En Italia, por ejemplo, están discutiendo llamar a un encuentro europeo y mediterráneo y sería genial poder organizar uno en las Américas, no solo de América Latina (para que Estados Unidos despierte). Y estamos pensando en el futuro la posibilidad de reuniones globales y la razón por la cual esto es importante es que, si bien este movimiento está luchando por demandas locales, también está articulado transnacionalmente en sus luchas y para hacer esto mejor creo que son necesarias discusiones internacionales, para la coordinación, el intercambio de ideas, de prácticas, etc. Esto es lo primero.

Además, pienso que uno de los elementos del poder de este movimiento es que en muchos países se ha roto con ciertos aspectos del feminismo de la segunda ola, como, por ejemplo, el separatismo o la exclusión de las trabajadoras sexuales o las mujeres trans y en varios países las manifestaciones son mixtas, si bien, obviamente, las lideresas son mujeres trans y cis. Y creo que esto es muy importante, ya que el poder de este movimiento es su potencialidad de lo que ustedes en América Latina llaman “transversalidad”, el poder involucrar a toda la sociedad, el poder movilizar todos los aspectos de la sociedad, desde los lugares de trabajo a la producción social, escuelas, universidades, hospitales, etc., y hacerlo desde la perspectiva de un feminismo anticapitalista. Pienso que esto es algo realmente poderoso y deberíamos insistir en ese punto.

Ahora hablemos de la contracara de esto. Si bien es innegable que el movimiento de mujeres y el feminismo está teniendo una capacidad de movilización y de coordinación a nivel internacional que no tiene en este momento ninguno de los actores tradicionales del siglo XX (movimiento obrero, partidos políticos de izquierda, etc.), es innegable también el avance que han tenido las fuerzas conservadoras y las versiones más radicalizadas de la derecha, con un discurso anti derechos, homofóbico, misógino y autoritario. Se observa incluso el avance de un discurso abiertamente antifeminista, que pone al feminismo como una amenaza para la familia y el orden social. El problema que vemos es que estos discursos no son marginales, sino que tienen capacidad de dar dirección cultural a importantes franjas sociales. Bolsonaro ganó por las urnas. ¿Cómo explicas estos avances de la derecha radicalizada? Además, tú acabas de publicar un libro sobre La República de Platón en el que discutes su tesis de que la tiranía es producto de un exceso de democracia5. ¿Qué elementos de esa reflexión te sirven para comprender estos giros autoritarios?

Voy a comenzar por el libro. Mi intento en este libro fue mostrar que la crítica de Platón a la tiranía es realmente una crítica a la democracia y es, además, una crítica antidemocrática a la democracia. Entonces debemos estar muy atentas a los argumentos que sostienen que son los excesos de la democracia los que producen la tiranía. Este es un argumento que Platón articuló en La República y que encontramos a lo largo de toda la historia del pensamiento occidental. Pienso que debemos dejar esto atrás. Y ¿por qué? porque es lo que vemos alrededor. Si miramos por ejemplo a Trump en Estados Unidos, hay muchos artículos que citan a Platón y señalan: “Ah, Platón estaba en lo correcto cuando decía “miren lo que pasa cuando hay mucha democracia””. Y estos son artículos escritos por liberales que supuestamente están defendiendo el sistema democrático. Sin embargo, este argumento es paradójico, porque si tú miras la forma en que funcionan las elecciones en Estados Unidos, está absolutamente claro que es difícil llamar a Estados Unidos una democracia: por la forma en que funciona el sistema electoral, por la enorme cantidad de gente que está privada de derechos civiles o porque están encarcelados y entonces no tienen derechos políticos o porque están bajo libertad condicional también sin derechos políticos o porque no pueden registrarse para votar porque son pobres y no pueden viajar al lugar donde están las urnas. Y, por supuesto, esta gente que está privada de derechos civiles son negros, latinos y gente blanca pobre. Entonces hay una exclusión en las elecciones de un gran sector de la clase trabajadora, especialmente de la parte racializada de la clase trabajadora. Por lo tanto, se podría decir que si esta gente hubiese votado Trump no habría ganado o al menos podemos imaginar que hubiesen tenido menor interés en votar por él. Espero que mi libro ayude a clarificar que estos son argumentos que tenemos que desechar. Necesitamos más democracia, no tenemos exceso de democracia en ningún lado, solo tenemos déficit de democracia.

Ahora bien, lo señalamos en el Manifiesto…6 que escribimos con Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya, pienso que el gran problema actualmente es que tenemos un número de fuerzas democráticas o auto-llamadas progresistas alrededor del mundo (lo que nosotras llamamos neoliberalismo progresista), que llevaron adelante medidas de austeridad y políticas neoliberales que contribuyeron a atacar -en el nombre de la modernización- los derechos laborales y a desmantelar el Estado de bienestar, que contribuyeron a deteriorar las condiciones de vida de las personas y que administraron la crisis del 2008 haciendo a la gente común pagar por ella en vez de a los bancos. Pensemos en Obama rogando a Wall Street. Al mismo tiempo, la razón por la cual llamamos neoliberalismo progresista a estas fuerzas es que se han atrapado a sí mismas en este lenguaje y discurso progresista, pro derechos para la población gay, pro mujeres, pro elección y antirracista (aunque son ellos quienes deportan a los inmigrantes). Entonces, lo que está pasando ahora es que hay un nuevo fascismo o fuerzas políticas reaccionarias que están emergiendo y creciendo, que se presentan como quienes pueden resolver la crisis provocada por las políticas que deterioraron las condiciones de vida de millones de personas pero que identifican la fuente de los problemas precisamente en estos aspectos del neoliberalismo progresista; entonces, el problema son las personas trans o el problema son los migrantes o el problema son la mujeres, la libertad de las mujeres que está desintegrando la familia. Es un fenómeno muy peligroso, porque son fuerzas capitalistas que no proveen ningún tipo de respuesta para las necesidades reales de la gente, sino que básicamente proveen una narrativa tóxica para entender lo que pasa, que no apunta realmente al capitalismo o al neoliberalismo y que utiliza a los migrantes, las mujeres, la gente racializada o las personas queer como chivos expiatorios.

Uno de los riesgos es que básicamente estamos atrapados entre los progresistas neoliberales y la extrema derecha y por supuesto la gente tiende a pensar que tiene que apoyar a las fuerzas democráticas para que nos defiendan. Sin embargo, como señalamos en el Manifiesto, ninguna de estas alternativas es una solución, porque en realidad son complementarias. Entonces, desde nuestro punto de vista, el movimiento feminista está realmente indicando el camino hacia de salida con estas masivas movilizaciones contra la derecha. Si miramos Argentina, Brasil, Italia es el feminismo el que está articulando la oposición social y política a la extrema derecha. No por casualidad, sino que precisamente porque nos están atacando a nosotras primero.

Otra razón (del crecimiento de las fuerzas reaccionarias y de extrema derecha) creo que tiene que ver con la crisis de la masculinidad que está ocurriendo a lo largo del mundo. La crisis de la masculinidad es algo bueno, pero que desafortunadamente está conectada con el efecto del neoliberalismo sobre las condiciones de la vida. Los hombres ya no pueden ser más el sostén de la familia porque están desempleados, precarizados, etc. Esta crisis de masculinidad también produce esta violencia tóxica contra las mujeres. Entonces de nuevo no veo otra alternativa que luchar por una gran expansión del movimiento feminista contra todo esto.

Recientemente has publicado junto a Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya el libro Feminismo para el 99%. Un manifiesto y allí sostienen que el feminismo tiene capacidad para articular distintas luchas sociales anticapitalistas en el mundo de hoy. Sin duda, en diferentes lugares del mundo observamos procesos de resistencia y de lucha contra las condiciones de vida a las que grandes masas de personas están sometidas. Sin embargo, observamos también que la articulación y la acumulación de fuerza en el campo subalterno aún es insuficiente para hacer avanzar los intereses de las mayorías frente a los del capital. ¿De qué maneras crees que esta heterogeneidad y la fragmentación puede ser articulada por el feminismo?

Es una pregunta difícil. En realidad, la fragmentación es un producto del capitalismo y de la manera en la que el capitalismo produce diferentes formas de opresión que también están conectadas con diferentes formas de subjetividad. Y este proceso es particularmente evidente en países donde el neoliberalismo es especialmente fuerte, como en Estados Unidos, por ejemplo, y he escuchado que aquí en Chile pasa lo mismo. Quizás Chile sea el “niño símbolo” del neoliberalismo. Entonces, uno de los riesgos que puede haber, y esta es una vieja manera de pensar en la izquierda, es que deberíamos hacer abstracción de todas estas diferencias y concentrarnos en aquello que tenemos en común. Y esto generalmente se traduce en decir, por ejemplo, “no discutamos sobre feminismo y concentrémonos en una lucha común”. Yo creo que esto es un error y creo que, al contrario, lo que tenemos que hacer es, precisamente, mostrar cómo todas estas formas de opresión y estas diferentes condiciones -primero debemos reconocer que son diferentes y que debemos analizarlas como diferentes formas de opresión- se hallan internamente conectadas. No son fenómenos independientes, están conectados entre sí y conectados a los mecanismos del capitalismo. Por lo tanto, cuando articulamos demandas local o internacionalmente, esas demandas tienen que tener en cuenta toda esta diversidad, pero al mismo tiempo tienen que tener en cuenta el hecho que todas estas formas están conectadas entre sí. Entonces efectivamente tenemos enemigos en común y tenemos necesidades comunes. Es algo difícil, pero creo que el movimiento lo está haciendo. La interseccionalidad ha sido muy útil desde esta perspectiva, al enfatizar la necesidad de tener en cuenta la condición específica de las mujeres negras, al abandonar esta idea de que hay una mujer universal, de que somos todas iguales y hermanas y en insistir en la idea de que nos volvemos hermanas a través de la lucha. No es que ya seamos hermanas, que ya estemos en hermandad, sino que es a través de la lucha que podemos construir esa hermandad. Al mismo tiempo, lo que a menudo falta en la interseccionalidad es la noción de conexión interna y estructural entre estas diversas formas de opresión y desde esta perspectiva el feminismo marxista, la teoría de la reproducción social, está haciendo un aporte enfocándose en esto. Entonces en elManifiesto…, de lo que hablamos es básicamente de una forma de feminismo universalista, de un feminismo para todo el mundo, de liberación para todos y todas, pero de un universalismo que no está basado en abstracciones vacías como “la mujer”, sino más bien de un universalismo que está hecho de las conexiones e interconexiones entre diversas perspectivas y formas de opresión.

En tus trabajos sobre feminismo y marxismo has insistido en la necesidad teórica de comprender las relaciones entre patriarcado y capitalismo desde una perspectiva unitaria, es decir, de entender que la opresión sexual, que el patriarcado, no son sistemas autónomos, sino que son formas de dominación producidas y reproducidas por el capital. Ahora bien, entendemos que para ti esto no se trata de una discusión “académica” sino de un problema político. ¿Por qué es relevante políticamente mirar la opresión sexual desde esta perspectiva? ¿Cuáles son las potencialidades políticas que una perspectiva unitaria aporta para la lucha anticapitalista? ¿En qué se traduce esto en términos políticos?

La contribución política es precisamente que, si analizamos los mecanismos que producen las opresiones, pero también las jerarquías entre las mujeres, entonces, a través del lente de la reproducción social y de los efectos que el capitalismo ejerce sobre la reproducción social, podemos identificar programas o demandas políticas que nos ayuden a todas/os. Un ejemplo feminista típico es el aborto. Ahora bien, generalmente el movimiento feminista se ha concentrado solamente en el derecho al aborto, pero esto era dejando fuera otro aspecto del problema de la autonomía sobre el cuerpo, que es el derecho a la reproducción; y esto aplica especialmente para las mujeres negras, las mujeres racializadas. En otras palabras, mientras que las mujeres blancas en Estados Unidos, por ejemplo, son incentivadas a tener hijos/as, las mujeres negras son concretamente, no solo en palabras, desalentadas a tenerlos/as. Históricamente ha habido esterilizaciones masivas, por ejemplo, en las prisiones y también los costos de la reproducción son tan altos que claramente las mujeres pobres y negras por lo general tienen problemas de acceso a la posibilidad misma de tener hijos/as. Entonces en Estados Unidos ahora se habla de “justicia reproductiva” y no solamente de aborto. La justicia reproductiva incluye un sentido de autonomía del cuerpo que considera precisamente el derecho a no tener hijos y a tenerlos cuando quieras tenerlos. Concretamente, esto significa una demanda no solamente por aborto libre y por lo tanto atención de salud pública para un aborto libre, sino también atención de salud pública para la reproducción. De este modo se puede luchar juntos. Porque en los años ’70, como señala Angela Davis en Mujeres, raza y clase, lo que ocurría era que el movimiento era predominantemente blanco y se concentraba solamente en el aborto y la anticoncepción y ese tipo de cosas, pero para las mujeres negras esto era percibido como otro intento más por excluirlas de la reproducción. Entonces hemos aprendido la lección y ahora la lucha es por la justicia reproductiva y esto significa que queremos, por ejemplo, atención de salud pública.

En el mismo libro sostienen la necesidad de superar el feminismo liberal, blanco y elitista, representado por figuras del estilo Hillary Clinton. Sostienen además que ese feminismo liberal está en bancarrota y se ha mostrado impotente para detener los avances conservadores, como lo muestra el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Sin embargo, en países como el nuestro, donde todavía no tenemos cuestiones básicas de cualquier ideario liberal, como el derecho al aborto, y donde culturalmente el peso del conservadurismo y de la religión son todavía muy grandes, vemos que propuestas propias del liberalismo en términos de autonomía y libertad individual, de libertad para elegir, de empoderamiento e igualdad de oportunidades, tienen una adhesión importante entre las mujeres que se han acercado al feminismo en los últimos años. ¿De qué manera crees que un feminismo para el 99%, un feminismo anticapitalista, tiene que relacionarse con el feminismo liberal, en contextos donde, a diferencia de lo que ustedes plantean para Estados Unidos y Europa, este no está necesariamente en bancarrota, sino que tiene todavía capacidad de procesar los malestares de las mujeres?

Creo que es lo mismo que en Italia o en otros países. Pienso que, por ejemplo, si organizas la lucha por el aborto, en un sentido puedes tener alianzas, alianzas políticas en la lucha con el feminismo liberal. Pero lo que es importante es articular una perspectiva alternativa al feminismo liberal. En otras palabras, no apoyarse solamente en su narrativa, no hablar solamente de “libertad de elección”, sino hablar de sistema de salud pública, de justicia reproductiva; en Chile, justicia reproductiva para las mujeres mapuche. Entonces, claramente hay algunos elementos, incluso derechos formales, respecto de los cuales se puede tener un punto de conexión, como alianzas provisionales. Pero lo importante es no abandonar la radicalidad del movimiento para lograr estas alianzas. Las alianzas deben ser entre fuerzas que de todos modos tienen perspectivas políticas diferentes, lo que significa que una perspectiva de feminismo anticapitalista tiene que ser articulada de manera crítica con el feminismo liberal, pero que, a la vez, en casos como manifestaciones a favor del aborto, este sea bienvenido a sumarse. Pueden participar de la lucha, pero tiene que estar claro que hay una diferencia, de que hay dos ideas muy diferentes sobre lo que es el feminismo. Entonces, ¿cómo articular? Esto localmente no lo sé, porque depende de las circunstancias específicas. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, en el tema del aborto, inevitablemente hay una especie de alianza, por así decirlo, con feministas democráticas-liberales, que hablan de la libertad de elección, que quieren defender el aborto, porque el aborto es básicamente imposible en varios estados, pero lo que es importante es que lo que estamos haciendo no se apoye en sus consignas, en su análisis; nosotras estamos organizadas en torno a nuestra propia perspectiva, nuestras propias consignas y nuestro propio análisis.

*Pierina Ferretti. Editora de Cuadernos de Coyuntura.

*Traducción: Sofía Brito y Vicente Montenegro.

Fuente: http://lobosuelto.com/es-el-feminismo-el-que-esta-articulando-la-oposicion-a-la-derecha/

¿Nuestro mundo será un día godardiano? (sobre el proyecto godardiano de socialización de la moneda-imagen)

Por Jun Fujita Hirose

La derrota política del cine

El libro de Mark Alizart, Criptocomunismo, parte de una constatación: “la sociédad de información es pobre en información. […] No intercambiamos más que una información «pobre» en información […], al lado de la cual existe una información «rica» en información.”

La información compleja no cesa de acumularse en el arte, la ciencia o la filosofía, pero lo que circula en nuestra sociedad es siempre la información simple, incluso con todos los aparatos informáticos de que disponemos hoy. Nuestro mundo todavía no conoce la verdadera “revolución informacional”. Es esta constatación la que conduce a Alizart a concebir una nueva formación social, basada en las técnicas de la blockchain y capaz de hacer circular la información compleja monetizándola.

Jean-Luc Godard hace una constatación semejante. Pero la relaciona con una derrota política del cine. En Entrevista entre Serge Daney y Jean-Luc Godard, película que realizó en 1988 en el marco de la preparación de sus famosas Historia(s) del cine (1988-1998), el cineasta recapitula las vicisitudes históricas del cine de la manera siguiente: dado que el cine era el “único arte que partía de lo visual y que era popular a la vez”, los cineastas tenían un cargo político inédito, el de subvertir el pueblo hablante en un pueblo vidente; sin embargo, en cuanto la llegada del cine sonoro, ellos renunciaron a asumirlo; después, surgieron unos “sobresaltos” tales como el neorealismo italiano o la Nouvelle Vague francesa, pero no fueron nada más que minorías resistentes. Godard concluye: “Algo era posible, si la gente tuviera dificultad para llamar las cosas por sus nombres. […] No somos curados de lengua.”

Para Godard, la imagen se distingue de la habla por su doble riqueza, en información y en energía. Como muchos otros cineastas, Godard se adheiere a la definición dada por Manoel de Oliveira de la imagen: “saturación de signos maníficos que se bañan en la luz de su ausencia de explicación”. De un lado, la imagen lleva en ella una multitud de moléculas semióticas; y, del otro, muestra todos estos microsignos en su estado de pura potencialidad, o sea en su plenitud de furezas virtuales, implicadas, puramente prospectivas.

En cuanto a la habla, Godard la considera como una forma de información pobre en información y vacía de energía: la habla no lleva más que un número limitado de macrosignos; y, los explica articulándolos en una unidad semántica determinada, donde toda virtualidad es excluida.

Para contornear mejor la perspectiva godardiana, se puede prestar atención suplementaria al hecho de que en ésta la imagen no es considerada como siendo “trasparente” respecto a su objeto. Su doble riqueza, informativa y enérgica, no viene de una presentación de las cosas en transparencia. En la película con Daney, Godard afirma, en efecto, que la imagen no es sino “una nueva manera de llamar las cosas por sus nombres”. Así como la habla, la imagen es un “nombre” que dar a una realidad. Pero, en contraste con el nombre-habla, que integra o sintetiza cada realidad en macrosignos, el nombre-imagen la diferencia o analiza en microsignos.

En resumen, para Godard, la imagen es una forma de información incomparablemente más informativa y enérgica que la forma-habla. De ahí, por ejemplo, esta observación que hace, en la misma película de entrevista, a propósito de la barbaridad nazi: “No se mostró los campos. La gente más o menos habló de ellos, pero no los mostró, aunque era la primera cosa que mostrar.” La idea del cineasta es clarísima: si se dejó que los nazi mataran a 9 millones de personas, lo hizo porque es sólo la habla la que se circulaba en la sociedad de entonces; y, si la imagen hubiera estado en circulación, se habría podido invertir el curso de las cosas.

La habla no moviliza a la gente. No alimenta la acción, no hace sino decir los precios de cosas. La habla es una moneda muerta, moneda que sirve para “interpretar el mundo” pero que no induce a “transformar el mundo”. Para Godard, la imagen, al contrario, puede ser una moneda viviente, cuya abundancia informativa no se reduce a la comunicación de precios o a la comunicación tout court (ya que toda “comunicación” es la de precios), y cuya plenitud enérgica se dispone siempre a actualizarse empujándonos a la destrucción del mundo existente y a la creación de un nuevo.

El cine habría podido y debido hacer circular la moneda-imagen en la sociedad y hacer venir así a un pueblo vidente. Habría podido y debido imponerse como un nuevo banco central. Pero, según Godard, son los cineastas mismos los primeros en haber traicionado este proyecto político del cine, restableciendo la convertibilidad de imagen en habla, e incluso restaurando el semental de habla. Así murió el pueblo vidente al poco de nacer.

El cine estableció su nueva alianza con el pueblo hablante existente al fin de los años 1920, es decir, al preciso momento del krash de Wall Street. En Letter to Jane, película realizada en 1972 bajo el choque Nixion (el fin del semental de oro y del sistema Bretton Woods), Godard y su colaborador Jean-Pierre Gorin dicen: “Antes del sonoro, el cine mudo tenía una base de partida materialista. El actor decía: soy (filmado), por lo tanto pienso. Después del sonoro, hubo un New Deal entre la materia filmada (el actor) y el pensamiento. El actor se puso a decir: pienso (que soy un actor), por lo tanto soy (filmado). […] Cada actor del mudo tenía su propia expresión, y el cine mudo tenía verdaderas bases populares. Al contrario, cuando el cine hablará como el New Deal, todo actor se pondrá a hablar la misma cosa.”

En su convertibilidad “rooseveltiana” en habla, las imágenes se redujeron a “hablar la misma cosa”, es decir, a expresarse sólo en términos de precios. Sin embargo, según Godard, esto no quiere decir que el proyecto cinematográfico de instauración de la moneda-imagen haya sido completamente anulado. El proyecto se reactivó desde Roma, ciudad abierta de Roberto Rossellini (1945), en el interior mismo del cine sonoro, lo cual necesitó una nueva estrategia: hacer “tartamudear” al cine sonoro por sabotear su mecánica de conversión de imagen en habla. Los partisanos del proyecto, siendo uno de ellos Godard por excelencia, velaban por que el propio cine “tuviera dificultad para llamar las cosas por sus nombres”.

Acuñada y reacuñada sin parar en las pantallas del mundo entero y ante los ojos de toda la gente, la moneda-imagen jamás conoció empero la menor circulación en sociedad. Todavía no existe el pueblo que vea tartamudeando. Nos contentamos siempre con la moneda-habla. El proyecto político del cine está así en el impasse absoluto. Y, por lo que yo sé, ningún cineasta, incluso Godard, tiene la menor idea para despejar la situación.

 

Plus-realidad, más allá del plusvalor

Mark Alizart diría: los cineastas se equivocaron de campo de batalla. Llevaron su lucha en la superestructura, aunque su verdadero campo de batalla era la estructura de base. Dejaron así totalmente intacto su verdadero adversario: el capitalismo ou su moneda-dinero.

En efecto, desde el punto de vista de la estructura de base, los cineastas se contentaban siempre de presentar su producto de imagen como una mercancía entre otras. El propio Godard no dejaba de hablar del cine como un “pequeño comercio”. Si los cineastas intentaban imponer el cine como banco central, lo hacían sólo contra la “lengua”, banco emisor de la moneda-habla, y jamás contra la Reserva federal y sus homólogos internacionales.

¿La moneda-imagen podría abolir la moneda-habla sin abolir la moneda-dinero al tiempo? ¿La circulación superestructural de la moneda-habla no es determinada por la circulación infraestructural de la moneda-dinero, incluso subordinada a ésta?

El dinero es una forma de información tan pobre como la habla en información, y tan rica empero como la imagen en energía. La moneda-dinero es una moneda enérgica pobre en información (a semejanza del ATP en bioquímica), y a este título constituye la moneda infraestructural de nuestra sociedad capitalista.

Gilles Deleuze y Félix Guattari, en El anti Edipo (1972), apuntan que en el sistema capitalista, la moneda-dinero no deja de escindirse en dos tipos de flujo inegales, a saber: de un lado, en flujo de capital, bajo forma de medio de financiamiento; y, del otro, en flujo de intercambio, bajo forma de medio de pago o de poder de compra. Por retomar las fórmulas de Marx, el flujo de capital se traduce en D-M-D’, fórmula según que el dinero aparece como formando parte del capital, el cual se valoriza sin fin a través de su transformación material continua, de dinero en mercancía, de mercancía en dinero, de dinero en mercancía de nuevo, y así sucesivamente; en cuanto al flujo de intercambio, él se expresa en M-D-M, fórmula según que el dinero aparece como constituyendo el “equivalente general”, el cual permite intercambiar una mercancía por varias mercancías diferentes, como lo hace el proletario, el cual no posee nada más que su fuerza de trabajo para vender y necesita sin embargo comprar una panoplia de medios de existencia.

Se divisa la pobreza de la moneda-dinero en información cuando se capta ésta en el circuito de intercambio M-D-M. La moneda-dinero como medio de pago es une estructura de macrosignos, signos aritméticos que representan a los valores de cambio de objetos-mercancías. El dinero aparece aquí como siendo paralelo a la habla. En la represantación por dinero, así como en la represantación por habla, se empobrece masivamente las informaciones del objeto, reduciéndolas a una delgada realidad calculable o contable. Y es de este paralelismo dinero-habla del que se trata cuando Godard afirma que “el guión viene de la contabilidad” en su película titulada Guión del film Pasión (1982).

En cuanto a la riqueza de la moneda-dinero en energía, ella se manifiesta cuando se capta ésta en el circuito de capital D-M-A’, o sea bajo su forma de medio de financiamiento. Si el poder de compra es una potencia de reproducción, y, en este sentido, una potencia impotentada en términos de producción, el financiamiento es una potencia de producción en su estado puro, potencia de destrucción y creación. En otros términos, si la moneda-dinero como poder de compra se limita a “interpretar el mundo”, ya no es así  cuando la moneda-dienro adquiere su forma finaciera, es decir, cuando aparece como una masa de fuerzas prospectivas: ella se muestra, esta vez, bien capaz de “transformar el mundo” y efectivamente no cesa de transformarlo actualizándose, lo cual nos hace hablar de “acumulación original continua” del capital. A este respecto, Deleuze dice algo importante en uno de sus cursos dados en la época de la publicación del anti Edipo: “No hay que concebir un hombre poderoso […] como alguien que tiene más dinero en su portafolio que un obrero. […] Su potencia no viene de un poder de compra más grande, viene de eso que él maneja y determina: la dirección del flujo de financiamiento. Seguro que él tiene un poder sobre el flujo de poder de compra de sus obreros, pero lo tiene porque, ante todo, es dueño de un flujo de financiamiento.”

Volvamos a nuestro tema. Hemos visto que los cineastas se comportan como si bastara atreverse con la moneda-habla para socializar la moneda-imagen. ¿Qué significa esto con respecto a la dualidad diferencial que acabamos de ver de la moneda-dinero? Esto significa que los cineastas reconocen la moneda-dinero sólo en su aparición en el circuito de intercambio, y que ignoran su otro lado, aunque es de este otro lado del que ella ejerce su poder de destrucción y creación sobre la sociedad.

Según Deleuze y Guattari, es el flujo de capital el que delimita a la mobilidad del flujo de intercambio y, por esto, gestiona a su manera todo lo social, es decir, todo el proceso de reproducción de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción. Si las cosas pasan así en la estructura de base y la realidad superestructural es determinada, como dice Marx, por la infrastructural, entonces ¿no deberíamos decir que la dominación persistente de la habla como moneda superestructural atañe, ella también, al poder de organización de la moneda-dinero como capital? Es el “capital-dinero” el que organiza a la reproducción de un pueblo doblemente impotentado, pueblo que no sabe más que hablar al nivel superestructural y no conoce más que el poder de compra al nivel infraestructural.

Maurizio Lazzarato, en La fábrica del hombre endeudado, libro publicado primero en francés en 2011 y ya clásico, saca de la teoría deleuzo-guattariana de la moneda-dinero un programa para reactivar la revolución proletaria: “Así como el capital debe transformar el dinero […] en capital, el proletariado debe transformar el flujo de poder adquisitivo [de compra] en flujo de subjetivación autónoma e independiente, en flujo de interrupción de la política del capital […]. »

El filósofo italiano realza aquí el aspecto revolucionario de la convertibilidad de la forma muerta en forma viviente de la moneda-dinero. Pero, si mantenemos la misma sustancia monetaria que es el dinero, ¿cómo podemos impedir que el flujo de subjetivación autónoma proletaria convierta en un mero flujo de financiamiento capitalista, incluso desde su aparición? ¿No es justamente tal conversión la que efectivamente sucedió en la historia con las tomas de control proletarias de los medios de producción, las cuales se convirtieron todas en capitalismos monopolísticos de Estado, y la que está concretándose hoy bajo forma de conversión neoliberal de cada obrero en micro-empresa? Precisamente aquí está la apuesta política fundamental del proyecto cinematográfico de instauración de la moneda-imagen.

La imagen se distingue del dinero por su riqueza informativa. Si la moneda-dinero es una moneda éneérgica pobre en información, la moneda-imagen es una moneda enérgica ricaen información. Si la moneda-dinero alimenta nuestras actividades productivas, lo hace siempre canalizándolas, por su pobreza en información, en un número limitado de direcciones homogenizadas. La moneda-imagen, al contrario, puede mobilizar nuestras productividades abriéndolas, por su riqueza en información, hacia una multiplicidad de direcciones heterogéneas. ¿No es tal abertura la que determinaría el flujo de subjetivación autónoma proletaria dotándolo de poder de “interrupción de la política del capital”?

¿Nuestro mundo será un día godardiano? ¿El pueblo sabrá un día ver? El pueblo vidente vendrá cuando la moneda-imagen habrá barrido la moneda-dinero. Este pueblo godardiano ya no seguirá el circuito de intercambio M-D-M, ni incluso el de capital D-M-D’, sino un nuevo circuito R-I-R’, según el cual se convierte una realidad en imagen para producir múltiples realidades nuevas heterogéneas: producción de plus-realidad por medio de la moneda-imagen puesta en circulación. Y el cine se mostrará entonces como banco central “distribuido” o, por retomar la expresión de Mark Alizart, como “banco verdaderamente popular”, en el sentido de que tendremos todos capacidad para emitir moneda-imagen, es decir que seremos todos cineastas. El pueblo vidente será un pueblo productor autónomo, en la medida en que será su propio banquero.

La modena-imagen no será otro que esta “máquina” de que habla Norbert Wiener: “la máquina es un dispositivo que local y temporalmente parece resistir a la tendencia general de aumento de la entropia [de información]. Mediante su capacidad de tomar decisiones, puede producir a su alrededor una zona local de organización en un mundo cuya tendencia general es la contraria.” ¿No es de tal máquina anti-entrópica de la que se trataba cuando Godard retomó, como el título de uno de los episodios de Historia(s) del cine, la definición dada por André Malraux del arte: “moneda de lo absoluto”?

Fuente: http://lobosuelto.com/nuestro-mundo-sera-un-dia-godardiano-sobre-el-proyecto-godardiano-de-socializacion-de-la-moneda-imagen-jun-fujita-hirose/

José Cláudio Souza Alves: “En Rio de Janeiro la milicia no es un poder paralelo. Es el Estado”

En una entrevista concedida a Pública, portal de periodismo de investigación brasileño liderado por mujeres, el sociólogo José Cláudio Souza Alves explica las relaciones entre legisladores y milicianos en Rio de Janeiro, y afirma que la familia Bolsonaro es heredera política de diputados ligados a grupos de exterminio en los años 90. Y resume: “la milicia es el Estado”[1].

Aquí los principales tramos de la entrevista que realizó Pedri Gregori:

 

P: ¿Cómo nacieron las milicias de Río de Janeiro?

SA: Su prototipo estalló con mucha fuerza durante la dictadura militar. En 1967 surgió la Policía Militar con gran poder y como cuerpo auxiliar de los militares de la época. Hacia finales de los años 60 estos policías militares y otros agentes de seguridad que actuaban como sicarios comienzan a formar grupos de exterminio, escuadrones de la muerte. Estos grupos se fueron expandiendo y fortaleciendo durante los años 70. Luego, en los 80, los civiles comenzaron a liderar grupos de exterminio, pero siempre vinculados con los agentes del Estado. Y ya con la llegada de la democracia, más bien desde los 90, esos sicarios de los 80 comenzaron a ser electos como alcaldes, diputados y concejales.

Así, entre 1995 y el 2000 comenzó a establecerse la forma que tienen hoy las milicias de la Baixada Fluminense, Zona Oeste y Rio de Janeiro, que están asociadas a las ocupaciones de tierras urbanas. Se trata de liderazgos que emergieron de esas ocupaciones y la mayoría son policías militares, policías civiles, bomberos o agentes de seguridad, y actúan donde antes tenía presencia el narcotráfico -y en una relación de confrontación con los narcotraficantes-. Al mismo tiempo, establecieron una estructura de poder similar, basada en la cobranza de “impuestos”, y la venta de servicios y bienes urbanos como agua, vertederos o terrenos.

 

P: ¿La población apoya a las milicias?

SA: La milicia surgió con un discurso que pretendió erigirla en un contrapeso al narcotráfico. Y ese discurso aun cuela. Sin embargo, con el tiempo la población fue viendo que las milicias no toleran la confrontación. La gente ha comenzado a tener miedo y ya no los apoya como antes. La historia de las milicias siempre es así.

 

P: ¿Cuál es la historia de Rio das Pedras?

SA: Rio das Pedras es una comunidad en expansión en la que viven nordestinos muy pobres. Allí existen terrenos en los que nadie puede construir porque son inadecuados, son muy inestables. Entonces sólo existe una franja puntual de tierra donde pueden hacerse edificaciones; son tierras irregulares, devueltas por la Unión, o tierras de particulares que no consiguieron asentarse por alguna razón. Entonces la milicia pasa a controlarlas, tomarlas y legalizarlas -muchas veces vía la Prefectura, pagando el IPTU (impuesto sobre la propiedad predial y territorial urbana) de esos inmuebles. Como el sistema catastral no está regulado, fácilmente los milicianos tienen acceso a información y controlan esas áreas. Y luego las venden.

 

P: ¿En Rio das Pedras surgió la primer milicia de Rio?

SA: No es tan así. A mi modo de ver, la milicia surgió en diferentes lugares al mismo tiempo. En Rio das Pedras, pero también en la Zona Oeste de Rio y también en Duque de Caxias, en la Baixada Fluminense. Como señalé antes, entre 1995 y 2000, más o menos, se dio un periodo de surgimiento de esas ocupaciones urbanas de tierras, si bien no tal cual se presentan hoy, sí con liderazgos comunitarios próximos a lo que sería un control por la violencia de esos espacios, un control político más autoritario.

Lo que sucede es que en Rio das Pedras eso se dio más rápidamente que en los demás lugares. Entonces allí comenzó esa dinámica de cobro de impuestos, que en las demás zonas aun no existía. Se trata de una comunidad miserable, empobrecida, que está constituyéndose a partir de una red migratoria de nordestinos. Esta comunidad ha quedado de rehén de un grupo de milicianos convocado y financiado por empresarios y comerciantes para “brindar protección”, impedir que entre el narcotráfico.

 

P: ¿cuántas son las milicias que hay actualmente en Río de Janeiro?

SA: Sé que son muchas. Por ejemplo, hay varias que actúan en Sao Bento y en el Pilar, que es el segundo mayor distrito de Duque de Caxias. Las hay en Nova Iguaçú y en Queimada. Prácticamente en cada municipio de la Baixada Fluminense hay milicias. Seropédica, por ejemplo, es hoy una ciudad dominada por milicianos. Ellos controlan los impuestos por seguridad que cobran del comercio, de la extracción de arena y de otros servicios; por ejemplo, un moto taxi tiene que pagar 80 reales por semana para funcionar, y un vendedor de palomitas de maíz paga 50 reales por semana. Una locura. A pesar del discurso de la seguridad, ellos también controlan la distribución del agua, del gas, del tabaco, de la bebida. Y también cobran por realizar ejecuciones sumarias.

Asimismo, las milicias están envueltas en el tráfico de drogas, con algunas facciones específicas. El Tercer Comando Puro funciona en algunas ciudades de la Baixada a partir de acuerdos con milicianos, que ganan dinero, por ejemplo, alquilándoles áreas protegidas. Se trata de la misma relación que tiene la policía con el narcotráfico: funciona en la medida en que se paga un soborno.

Por lo tanto, hay un mercado que mueve millones, desde hace ya tiempo.

 

P: En la investigación llevada a cabo por la operación llamada “Los Intocables” se cita el Escritorio de la Muerte, un grupo de exterminio que es contratado para matar. ¿Eso es común?

SA: Sí. Nunca oí hablar de una milicia que no tuviera la práctica de la ejecución sumaria. Normalmente la milicia tiene un equipo o un grupo responsable de las ejecuciones sumarias. El comerciante que no quiere pagar, el morador que no paga el inmueble que compró, cualquier desacuerdo o interferencia con los intereses de la milicia va a ser punido por ese brazo armado.

La novedad de la milicia es la variedad de servicios que brindan más allá de la ejecución sumaria y de la seguridad: agua, bombonas de gas, conexiones ilegales de tv por cable, transporte clandestino de personas, tierra, terrenos, inmuebles. La milicia no se queda ahora fija en grandes comerciantes o empresarios. Ha pulverizado esa antigua realidad y se ha ido sofisticando.

 

P: ¿En qué otros negocios ilegales actúan los milicianos?

SA: En Duque de Caxias roban petróleo de los oleoductos de Petrobrás e instalan minidestilerías en casas particulares. Todo ilegal y con un inmenso riesgo. Allí venden combustible adulterado. También hacen entierros clandestinos de basura en medio de esa región con dragas y tractores. Son mil reales por camión de basura. Y no importa el origen: pueden ser desechos contaminantes, industriales u hospitalarios.

 

P: La milicia tiene también control sobre los bienes públicos, como basurales, y ellos se apropian de esos espacios para llevar a cabo actividades ilegales…

SA: La base de una milicia es el control militarizado de áreas geográficas. Entonces el espacio urbano en sí se transforma en una fuente de ganancia. Si controlas militarmente -con armas y por medio de la violencia- ese espacio urbano, ganarás dinero con ese espacio urbano. ¿De qué manera? Por ejemplo, vendiendo inmuebles. Hay un programa del Gobierno federal llamado Mi Casa, MI Vida, que busca garantizar el derecho a la vivienda. Pero la milicia llega y controla militarmente esa área, e incluso determina quién va a ocupar la casa; o cobra impuestos a sus habitantes.

También venden inmuebles y tierras, que pueden ser de la Unión o de particulares. Así, ese control militarizado de esos espacios es la base de la milicia. ¿Cómo disponen de esa información necesaria? La conocen desde dentro de la estructura del Estado.

Y hay que tener un respaldo político para hacer eso. Voy a poner un ejemplo: en Duque de Caxias, un numero razonable de escuelas públicas no es abastecido por el sistema de agua de la CEDAE (Compañía Estatal de Aguas y Alcantarillado). Allí el agua no llega. ¿Cómo funcionan esas escuelas? Compran el agua a camiones distribuidores. ¿Quién es el que la vende? ¿Quién ganó la licitación para la distribución de agua a un precio estratosférico? Personas ligadas a los milicianos. Así, la Prefectura se beneficia con la venta de información y los ingresos de los milicianos crecen.

La Baixada y Rio de Janeiro son grandes laboratorios de ilicitudes y de ilegalidades que se asocian para fortalecer una estructura de poder político, económico y cultural, geográficamente establecido y enraizado en la violencia, en el control armado.

 

P: ¿La milicia surgió en Rio de Janeiro por la ausencia del Estado?

SA: Hay una continuidad del Estado. El sicario es votado, el miliciano es votado; tiene relaciones directas con el Estado. El miliciano es el Estado. Por eso no me parece adecuado pensar que surgieron ante al ausencia del Estado. Son los poderes públicos los que determinan quién va a operar el control militarizado y la seguridad de un área. Porque son los propios agentes del Estado. No es un poder paralelo. Se trata de un Estado que avanza en operaciones ilegales y se vuelve aun más poderoso que en el ámbito legal. Porque allá él dispone sobre la vida de la gente de manera totalitaria, y las personas no pueden oponerse.

 

P: Pero, por otro lado, quien elige a los políticos milicianos es la población…

SA: Sí, pero no me parece adecuado afirmar que los residentes de estos lugares son complacientes y cómplices del crimen. ¿Esas personas eligieron a Flávio Bolsonaro, que ahora se ha descubierto que posiblemente tenga vínculos con esos grupos? Lo eligieron, pero ¿en qué condiciones viven ellos como para llegar hasta esto? Esas poblaciones están sometidas a condiciones de miseria, de pobreza y de violencia que se imponen sobre ellas.

Cinco décadas de grupos de exterminio terminaron en un 70% de votos por Bolsonaro en la Bajada. Y tres gestiones del PT en el Gobierno federal, 14 años en el poder, no socavaron esa estructura. Otorgaron el programa Bolsa Familia y varios grupos se vincularon al PT y se beneficiaron, pero el PT no alteró para nada realidad de la mafia. De hecho, el PT hizo alianzas electorales con esos grupos.

 

P: ya que mencionó la historia de Flávio Bolsonaro, ¿qué vincula al gabinete de un político a un miliciano, como fue el caso de éste con la madre y la esposa de Adriano Magalhaes da Nóbrega?

SA: En primer lugar, el discurso de la familia Bolsonaro, comenzando por el padre desde hace ya algún tiempo, y luego éste proyectando políticamente a sus hijos. Ellos son los herederos del discurso del delegado Sivuca (Jose Guilherme Godinho Sivuca Ferreira) quien acuñó la expresión “un buen delincuente es un delincuente muerto”, o de un Emir Larangeira, ambos electos diputados en 1990 y miembros del brazo político de los grupos de exterminio.

Ese discurso se perpetuó y se consolidó. Está claro que los milicianos van a respaldar ese discurso y van a fortalecerse a partir de el porque expone el plan de seguridad pública defendido por Bolsonaro. El dice que los policías militares son los héroes de la nación y que, por lo tanto, deben ser apoyados, respaldados y reconocidos. De hecho serán blindados por la ley, a través de la exclusión de ilicitud que está en el programa de Bolsonaro. Así, hay sectores que desde la dictadura militar operan en la ilegalidad, en la ejecución sumaria, que son muy receptivos a ese discurso. No es casual que Flávio Bolsonaro haya hecho referencias a ellos en la Asamblea Legislativa, y que haya rendido honores a dos de estos milicianos presos.

 

P: Más allá de ese discurso simbólico, ¿usted ve también un vínculo financiero entre los milicianos y los políticos?

SA: Hay operaciones que se dan por dentro de la estructura política oficial. Por ejemplo, en Duque de Caxias hay un registro general de inmuebles y de tierras que son de la Unión. Hay milicianos que están pendientes, en el catastro de la Prefectura, de los que están irregulares, por ejemplo, porque no se han pagado sus impuestos. Así, el miliciano comienza a pagar el IPTU, cancela la deuda y consigue que la propiedad sea registrada a su nombre. Y la Prefectura lo hace. Lógicamente, el propietario original nunca tendrá el coraje de exigir la devolución de esa propiedad, porque está controlada militarmente.

Sin esos elementos, sin esos individuos, sin esa conexión directa con la estructura estatal no habría milicias actuando como lo hacen hoy. Es determinante. Por eso digo que no es poder paralelo al Estado. Es el poder del Estado.

Y hay políticos que están siendo electos con el dinero de las milicias. Éste financia el poder de un político como Flávio Bolsonaro, y el poder político de un Flávio Bolsonaro va a favorecer el lucro de los milicianos. Va en las dos direcciones. Es determinante entonces que esa estructura sea así, y sólo se perpetúa porque es así.

 

P: ¿son comunes los casos como el de la madre y la esposa de Adriano Magalhaes de Nóbrega, que fueron contratadas como asesoras en el gabinete de Flávio Bolsonaro?

SA: Sí. Eso es muy común. Se crea un vínculo de poder y de dinero con esas personas. Ese señor, a partir de su esposa y de su madre, creó un vínculo inmediato con Flávio Bolsonaro y eso le dio fuerza en su comunidad. Y así se crea una estructura de poder que es familiar. Ellos [los Bolsonaro] defienden la estructura familiar. Y si usted investiga un poco más, el asunto también es religioso, porque las milicias tienen vínculos con cierta estructura religiosa evangélica. Es como una estructura perfecta, tradicional, conservadora, con un lenguaje religioso que tiene una gran credibilidad en amplios sectores de la sociedad. Por eso también es que las milicias, los sicarios de la Baixada, y los políticos afines actúan a cara lavada. El tipo llega al barrio y dice: -“yo soy el cara, yo soy el matador, tengo vínculos con fulano y mengano. Yo ocupo este cargo”. Eso para dejar bien claro que si usted fuera a intentar alguna cosa, a eso es a lo que se va a enfrentar. Es la base total del miedo, y es muy real.

 

P: Respecto de ese capital político, ¿ellos tienen el poder de manipular el voto de la población durante el periodo electoral? ¿Existe una red organizada para eso?

SA: En verdad las milicias venden los votos de una comunidad entera, como un paquete. Tienen el control preciso del votante, del lugar de votación de cada persona que tenga el derecho de sufragio. Saben cuántos votos va a haber y hasta son capaces de identificar a quienes no los hayan votado, con las consecuencias previsibles del caso.

 

P: Pero ¿no han habido acciones para desmontar esa estructura, como se vio en Rio das Pedras?

SA: La operación Los intocables tiene un perfil más general. Yo he sido bastante crítico respecto de ese tipo de operaciones. Como la milicia es una red, y muy grande, por cada preso hay 100 más para ocupar su lugar. Porque si mantienes la estructura funcionando económica y políticamente, va a perpetuarse. Nadie toca a esa gente; en general sólo intervienen sobre el narcotráfico. Y éste no es el más poderoso. La milicia es más poderosa que el tráfico, entre otras cosas por que la milicia se vota, y el narcotráfico no. La base de la milicia está en expansión y no se toca; es el Estado. En cambio, el traficante vive para matar y morir.

Incluso hay más: si observas a los milicianos presos, verás que tienden a ser blancos, no negros. Podrá aparecer algún pardo o moreno. Tampoco son flacos, están bien alimentados. Y yo creo que la clase a la que pertenecen los milicianos es muy diferente a la de los narcotraficantes. No son ni tan negros, ni tan pobres, ni tan periféricos.

 

P: El caso Marielle[2] volvió a los focos esta semana porque los milicianos que fueron presos en la operación Los intocables integraban el Escritorio del Crimen, grupo sospechado de estar tras su muerte. A fines del año pasado, el secretario de Seguridad Pública de Rio, Richard Nunes, afirmó que el asesinato habría estado relacionado con la apropiación de tierras. ¿Cree que su muerte se dio porque ella entorpecía los negocios de los milicianos?

SA: Hay dos razones. Por un lado, la de incomodar y perjudicar los intereses de la milicia. Ella tenía el poder para hacerlo, como impulsar una comisión de investigación parlamentaria, esto es, exigir una investigación para obligar al Estado y a los medios a centrarse en el problema. Y el otro elemento es que ella era mujer. Y era una mujer cuyas acciones eran intensas, verdaderas y no se amedrentaba. Nunca se subordinó. Y la verdad es que ellos no soportan a las mujeres con esos rasgos. Marielle Franco, Patrícia Acioli[3], que fue asesinada también, y Tania Maria Sales Moreira[4] -aunque murió de cáncer estaba amenazada de muerte- tenían ese perfil. Eran mujeres con mucho coraje, mucha determinación. Y la misoginia de las milicias hace que no soporten ese tipo de mujer, y por eso las eliminan.



[1] Souza Alves fue vicerrector de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro y hace 26 años que investiga las milicias en el estado de Rio de Janeiro.

[2] Marielle Franco era concejala en la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro cuando fue asesinada a tiros junto con su chofer en marzo de 2018 [N. de la T.].

[3] Jueza carioca que llevaba adelante investigaciones sobre narcotráfico y milicias fue muerta a tiros el 12 de agosto de 2011 [N. de la T.].

[4] Fiscal de la República [N. de la T].

 

sociólogo brasileño

Fuente: publica

Traducción:Camila Vollendender / sinpermiso.info

Geografía invisible de la ira de clase trabajadora

Por Christophe Guilluy

El sociólogo Christophe Guilluy [aquí entrevistado por Guido Caldiron para il manifesto global], que se ha convertido en controvertida estrella del debate político e intelectual con su La France périphérique (Flammarion, 2015), en la que proponía una interpretación de la nueva geografía social globalizada de Occidente, ha publicado ahora No Society ([Taurus, Madrid, 2018 ] La società non existe en su versión italiana), que analiza el origen y efectos de lo que describe como “final de las clases medias occidentales”. De acuerdo con Guilluy, la actual ola populista no es, en este sentido, más que la punta del  “iceberg” de un difundido resentimiento de la antigua clase trabajadora, privada de su papel y “estatus” y marginada, geográficamente incluso, de los centros de las metrópolis globales.

El populismo de derechas se alimenta de la idea de que Europa se encamina hacia un declive inevitable. Pero si bien describen un derrumbe del continente en términos identitarios, usted pinta, en cambio, un cuadro de crisis desde un punto de vista social, y habla acerca  del “final de la clase media occidental”. ¿Qué ha sucedido exactamente?

No creo en la noción de declive. Europa sigue siendo el continente más rico del planeta. La cuestión es diferente, sin embargo: tiene que ver con el hecho de que tenemos que vérnoslas con un modelo económico que ya no integra las categorías más modestas que solían formar la base de la clase media occidental. Son jornaleros, oficinistas, agricultores, propietarios de pequeños negocios, que todavía constituyen la mayoría, pero que no han encontrado su lugar dentro del modelo neoliberal. Sin deslizarse necesariamente hacia la pobreza, esas categorías han quedado socialmente debilitadas, y por tanto creen que el modelo económico propuesto por las clases dominantes no ha resultado ventajoso para ellos.

¿Por qué se ha traducido este “desclasamiento” hacia abajo en un sentimiento de resentimiento que tiene como consecuencia un choque entre  “los de abajo” y “los de arriba”, en lugar de adoptar la forma tradicional del conflicto social?

Aunque la globalización —y su corolario, la división internacional del trabajo — ha permitido el surgimiento de una clase media china o india, ha destruido al mismo tiempo los empleos industriales de las clases trabajadoras occidentales. Por doquier en Occidente, los empleos de las clases trabajadoras o han desaparecido o se han convertido en precarios. Al mismo tiempo, el mercado de trabajo está polarizado, y ahora se divide entre empleos de altas capacidades y bien pagados, y empleos precarios, “trabajos de mierda” que atrapan a las clases populares en una forma de inestabilidad permanente. Por esta razón, hablo acerca de un lento proceso de “abandono de la clase media”, que comenzó con los trabajadores, luego con los agricultores, y hoy ha alcanzado a los empleados y a los autoempleados, que son cada vez más precarios.

Esta situación explica el retorno de un conflicto social entre las precarias clases trabajadoras occidentales y las demás, las clases más altas, que se han integrado en el sistema.

Su libro se abre con una cita de Margaret Thatcher, que declaró en 1987 que “la sociedad no existe”. Treinta años después del estreno de las políticas neoliberales encarnadas por la Dama de Hierro y Reagan, ¿se ha convertido en realidad tan siniestro pronunciamiento?   

Ese “la sociedad no existe” de Thatcher describe un proceso global que ha tendido a achicar el Estado del Bienestar y los servicios públicos. La idea de que la clase trabajadora no debería esperar nada del Estado se vio luego acompañado por otro punto de inflexión de envergadura: la “secesión de las élites” que ya identificó Christopher Lasch en los años 80. Esta “secesión” no implica sólo a la clase de las élites sino al conjunto de las clases más altas, las que se benefician del modelo económico que se ha impuesto gradualmente, y que se concentran en las grandes metrópolis globalizadas.

No Society constituye la culminación del proyecto de investigación que comenzó con La France périphérique, en la que describía usted el éxodo de la clase obrera hacia zonas cada vez más marginales en términos de servicios, empleos y oportunidades. ¿Se está produciendo ese mismo fenómeno en el conjunto de Occidente? ¿Y qué relación existe entre este fenómeno y la exclusión social de los barrios periféricos?    

Ya se trate de Francia, los Estados Unidos, o el Reino Unido, la creación de empleos y riqueza se concentra, de media, en las metrópolis globalizadas. Se vuelven cada vez más ricas y gentrificadas, y se han convertido en las nuevas ciudadelas del siglo XXI. Por primera vez en la historia, la mayoría de las clases trabajadoras ya no vive donde se crean los empleos sino en ciudades pequeñas, ciudades desindustrializadas de tamaño mediano o zonas rurales, en las que el empleo es cada vez más escaso y donde vemos una “retirada” de servicios públicos. El contexto de los barrios periféricos, empezando por las banlieuesfrancesas, es diferente. Esas zonas pobres se encuentran ahora dentro de metrópolis cada vez más ricas, e ilustran perfectamente el funcionamiento de la ciudad globalizada, en la que las desigualdades están constantemente en aumento. Son, de hecho puntos de recogida para una fuerza de trabajo destinada a empleos de bajas capacidades y mal pagados, que precisa la burguesía de la metrópolis (sobre todo, en la construcción, en servicios personales o de comidas). Se trata de un modelo potencialmente explosivo, porque en estos terrenos la división social esconde separación étnica.

¿Qué relación existe entre la crisis del mundo de la clase trabajadora, luego la de la clase media, y el ascenso del populismo de derechas? ¿Puede usted trazar una suerte de geografía social del fenómeno?

En todos los países desarrollados, el populismo se manifiesta dentro de la misma categoría sociológica (las clases bajas) y en la misma geografía (zonas rurales, ciudades pequeñas, pequeñas urbes desindustrializadas). La Norteamérica de la periferia fue la que eligió a Trump, y la periferia del Reino Unido la que decidió a favor del Brexit. Y aunque el contexto nacional, social y económico sea distinto, la dinámica que entrañan es más o menos la misma. En la región Norte-Paso de Calais, antiguo bastión de la izquierda, las clases trabajadoras, y especialmente los jornaleros y la población rural votan ahora  al Rassemblement National de Marine Le Pen.

En este contexto social, ha surgido en Francia el movimiento de los gilets jaunes (“chalecos amarillos”). En su opinión, ¿qué representa y qué peso podría tener en el resultado de las elecciones en su país?  

Creo que este movimiento representa la encarnación concreta del concepto de “la Francia de la periferia“. El mapa de las primeras protestas en las rotondas de tráfico en noviembre, donde empezó todo, se corresponde de modo preciso con la geografía de la Francia dispersa, donde encontramos a todos los grupos sociales más vulnerables, los que han quedado sometidos a una situación frágil por el actual modelo económico: tanto jornaleros como empleados, rurales y urbanos, jóvenes y pensionistas. Desde este punto de vista, los gilets jaunesrepresentan una señal positiva de la recomposición de una clase, algo que está actualmente en proceso. Sin embargo, es importante advertir que este movimiento no es de izquierdas ni de derechas sino que representa a las clases trabajadoras del siglo XXI, las cuales, si bien representan una mayoría, ya no parecen creer en la dualidad derecha-izquierda. Más allá de la cuestión del populismo, estamos viendo un éxodo desde la “sociedad líquida” de abajo, a cargo de las clases populares.

Habla usted del crecimiento de la “paranoia de la identidad” que acompaña al desarrollo del multiculturalismo. En su opinión, las clases dominantes promueven la apertura a los migrantes porque saben que pueden mantener inalteradas las “fronteras invisibles”—tanto sociales como urbanas—que les separan de los “extranjeros”, algo a lo que no pueden atenerse las clases trabajadoras. En su opinión, ¿de qué anticuerpos podríamos disponer contra el racismo?

Yo creo que las clases dominantes y la nueva burguesía explotan e instrumentalizan a los inmigrantes. Por esa razón hablo de la hipocresía de la “burguesía cool” que apoya las ideas de una ”sociedad abierta”, pero vive en realidad en sus ciudadelas segregadas, no en los vecindarios donde se concentra la inmigración. Así pues, es necesario dejar una cosa clara: la proporción de los racistas es exactamente la misma entre las clases trabajadoras y entre los burgueses. Si las clases altas y formadas no se deslizan hacia el populismo es sólo porque tienen los medios para erigir su “barrera invisible”. Esta es la razón por la cual cuestionarnos sobre esta cuestión constituye un requisito previo para reducir las tensiones. En mi trabajo he introducido el concepto de “inseguridad cultural”, tratando de mostrar que, sobre todo en un entorno de clase trabajadora, no es tanto la relación con “el otro” lo que suscita problemas sino más bien la inestabilidad demográfica la que lleva al temor de convertirse en minoría y perder un capital social y cultural al que se atribuye gran importancia. Es un temor que aflige a todas las clases trabajadoras, independientemente de sus orígenes.

En la conclusión de su libro, dice usted que el reto ya no estriba en “gestionar el declive social” sino más bien el de rehacer la sociedad de nuevo.

Creo que es la única educación posible. Pero no podemos “rehacer la sociedad” sin integrar a las clases populares que representan la mayoría de la población. Las protestas populares no lo detendrán, y los gilets jaunes y los partidarios del Brexit seguirán existiendo durante los próximos cien años si nada cambia. Por esta razón, las clases dominantes —incluyendo aquí a los partidos políticos— deberían revisar sus programas. Resulta necesario responder a nuevas necesidades sociales y culturales, teniendo en cuenta que la gente no va a desaparecer.

geógrafo de campo, hurga desde hace veinte años en las fracturas sociales francesas, a las que consagró un atlas en el año 2000, ‘Atlas des fractures françaises’ [Éditions L´Harmattan, 2000] seguido del ‘Atlas des nouvelles fractures sociales’ [Autrement, 2004] — coescrito con Christophe Noyé — y, en 2010, de ‘Fractures françaises’ [Bourin Éditeur]. Creador del concepto de “inseguridad cultural”, su libros más conocidos y discutidos son ‘La France périphérique. Comment on a sacrifiè les clases populaires’ [Flammarion, 2014] y ‘Le Crépuscule de la France d’en haut’ [Flammarion, 2016]. Acaba de publicar ‘No society. La fin de la clase moyenne occidentale’ (Flammarion, octubre de 2018)

Fuente:

il manifesto global