Los fallos del neoliberalismo van más allá de la política

Por Mike Konczal

La editorial Vox publicó una excelente discusión con el economista Brad Delong donde argumenta por qué los neoliberales alineados a la izquierda (que “usan el mercado para fines democrático-sociales cuando éste es más efectivo, y a menudo lo es”) deberían sentirse cómodos “con el hecho de que la batuta haya pasado a nuestros colegas de izquierda. Todavía estamos aquí, pero no es el momento para que lideremos”.

Delong se centra en el aspecto político de este cambio, señalando que no hay ningún punto de encuentro entre la derecha conservadora y los neoliberales de izquierda en el que pudieran tratar de negociar políticas basadas en el mercado. “Barack Obama se incorpora al gobierno con la política de salud de Mitt Romney, con la política climática de John McCain, con la política fiscal de Bill Clinton y con la política exterior de George H.W. Bush” y, sin embargo, los conservadores no le dan crédito, le llaman socialista y atacan cada una de estas ideas tanto como lo harían con políticas más de extrema izquierda.

Me sitúo justo en medio de esta transición, en un espacio en el que hay personas mayores, que tienen ideales igualitarios, pero cuyos instintos fueron moldeados por esta era neoliberal, y también personas más jóvenes, cuyos instintos son moldeados por la crisis financiera, el estancamiento secular y la creciente precariedad. También he llevado un rifle en esta batalla, intentando mover el partido a la izquierda, y está sucediendo. Pero este movimiento está ocurriendo en gran parte porque la historia que los neoliberales de izquierdas nos contaron sobre la economía misma, no solo su política, se ha derrumbado.

Aquí hay dos afirmaciones sobre las compensaciones aceptables de la economía de mercado que asocio con el neoliberalismo de izquierda, las cuales no han podido describir la economía tal como es actualmente. La primera es que las políticas neoliberales crearían más crecimiento. Claro, la desigualdad podría aumentar, pero también lo harían los salarios; e incluso si éstos no crecen, la movilidad sube y baja en la escala de ingresos. Delong lo expresa así: «El crecimiento económico primero, la redistribución y la red de seguridad después».

La segunda idea es que, si terminamos con la injerencia del gobierno en las empresas, el mercado se volverá más dinámico, competitivo e innovador. Claro, puede haber cierto nivel de ganancias y comportamiento cuestionable en el corto plazo, pero el propio mercado lo arreglaría, de modo que a largo plazo el sector corporativo se viera mucho más saludable en términos de ganancias y dinamismo.

Quiero fundamentarlo de esta manera, en dos declaraciones intelectuales sobre las compensaciones de un régimen de políticas, para ayudar a comprender por qué se derrumbó la confianza que el neoliberalismo de izquierdas mostró alguna vez sobre los supuestos básicos de la economía. Una razón es fundamentarla en un conjunto específico de ideas. El neoliberalismo es una palabra engañosa, que a veces significa un centrismo triangular, o un proyecto político para «encapsular» el mercado contra los desafíos democráticos, o simplemente la euforia asociada al pensamiento mercantilizado. Aquí, podemos discutir dos cosas que la gente creía, ideas que motivaron todo un aparato político, que ya no son convincentes. Otra posibilidad es mostrar que esto no es (solo) una cuestión de que los trabajadores tengan salarios bajos, o que el comercio haya tenido más obstáculos de los que se concebían anteriormente, o que esta u otra cosa sean malas. Esto es una cuestión de ideas: las ideas han fallado y necesitamos otras nuevas.

 

Los fallos económicos del neoliberalismo de izquierdas

Vamos a investigar un poco. La primera compensación es que la economía se volvería más desigual bajo la política neoliberal, pero que las políticas neoliberales también conducirían a un aumento del crecimiento del PIB. Esto, a su vez, también conduciría a un mayor crecimiento salarial, mayor movilidad y mayor dinamismo económico. Esa era la teoría. La desigualdad realmente creció en este período de tiempo, primero en el lado de los ingresos en el mercado laboral y después en las rentas del capital.

Los efectos positivos de una mayor desigualdad nunca tuvieron lugar. A partir de 1980, la tasa de crecimiento de la economía se desaceleró. Mientras que la economía creció a un 3,9 por ciento al año desde 1950 a 1980, desde 1980 solo ha crecido a una tasa de 2,6 por ciento. El crecimiento salarial también se desaceleró, divergiendo del crecimiento económico general y del crecimiento de la productividad.

Las cifras de movilidad, sin embargo, son más reveladoras. La tasa de aumento de la movilidad relativa —la tasa a la que las personas subirían y bajarían en la escala económica— mengua en comparación con los aumentos observados a mediados del siglo. Lo que es peor, la movilidad de ingresos absoluta, que alguien esté mejor que sus padres, también se ha reducido. Según una investigación dirigida por el economista Raj Chetty, el 90 por ciento de los niños nacidos en 1940 ganaría más que sus padres. Esto solo se aplica al 50 por ciento de los niños nacidos en la década de 1980. Incluso si aumentara la tasa de crecimiento del PIB a tasas más rápidas de mediados del siglo, esto no restablecería la movilidad absoluta. En su lugar, encuentran que podría restaurar más del 70 por ciento del descenso al cambiar la distribución del crecimiento a lo largo de la distribución del ingreso para que coincida con la de mediados del siglo. La compensación negativa entre el crecimiento y la redistribución nunca se encontró en los datos. Una investigación reciente realizada por el Fondo Monetario Internacional revela que esta compensación no existe en la práctica; en todo caso, la relación es la opuesta.

En cambio, estamos viendo un resurgimiento de los argumentos estructurales de que los salarios están cada vez más determinados por estructuras institucionales en lugar de medidas individuales. La sindicalización impulsó el crecimiento salarial de mediados de siglo, especialmente para la población negra. Las tasas impositivas más altas comprimieron la distribución de los salarios a la que apuntaba el mercado. Las ideas sobre la medida del «capital humano» individual de los salarios, donde las personas venden su trabajo en un mar indiscriminado de negocios, se debilitan en presencia de las llamadas «superfirmas». El ciclo económico ha vuelto a aparecer como una característica central de la lucha económica.  Gran parte de esta confianza del neoliberalismo de izquierdas, en mi lectura, surgió de la idea de que las recesiones severas y prolongadas eran cosa del pasado. Y el uso de incentivos del mercado para tratar de proporcionar seguridad social y bienes en esferas clave de la vida es deficiente a la hora de cambiar los ingresos, además de ser políticamente débil.

La segunda fue también la sensación de que si el gobierno se despojara de los negocios, innovarían y crecerían para salir de los problemas sociales. La relajación de la aplicación de la ley antimonopolio llevaría a una mayor competencia e innovación, como se dijo. Los sindicatos ya no se interpondrían en el camino de las empresas. Un sector financiero desatado financiaría y lideraría a toda la empresa. La idea de poder de mercado, o concentración, fue vista como un concepto ridículo en la órbita de otras ideas como el supuesto poder disciplinario de los mercados.

Vimos lo que pasó con el sector financiero. Pero hay dos cosas más amplias que sucedieron a su lado. Primero, a nivel de las empresas individuales, su dinamismo ha caído drásticamente. La tasa de nuevas empresas ha caído. A su vez, esto ha cambiado la curva de edad de las empresas, ya que las empresas de más de 11 años de edad representaban el 70 por ciento de los trabajadores en 2000, pero el 75 por ciento de los trabajadores en 2014. En las dos últimas décadas el dinamismo del mercado laboral también ha disminuido, así como la probabilidad de que los trabajadores dimitan o cambien de trabajo.

Pero lo más revelador es el efecto sobre la economía en general. La Q de Tobin es una medida de la equidad sobre el valor contable de una empresa. Si alguna vez supera el 1, significa que las empresas son demasiado rentables y deberían invertir más para reducirlo a 1. La Q de Tobin se ha duplicado a más de 1 y no muestra signos de desaceleración. En términos más generales, hay varias complejidades que, en conjunto, apuntan a un amplio poder del mercado en la economía. Como han resumido la economista Gauti Eggertsson y otros, ha habido un aumento sostenido en la tasa real de ganancia, una disminución en la tasa de interés, que se redujo aproximadamente a la mitad desde 1980, aun cuando el rendimiento promedio medido del capital es relativamente constante, y una ruptura de la conexión entre beneficios e inversiones. Otra forma de verlo: las ganancias corporativas siguen siendo altas, incluso cuando las tasas de interés reales han disminuido en las últimas décadas. El hecho de que las ganancias sigan siendo tan altas en términos nominales, incluso a medida que disminuyen las tasas de interés, ha llevado a los economistas a discutir una “participación en los beneficios” que ha aumentado a expensas de la participación tanto del capital como del trabajo. Todos estos factores juntos (altas tasas de ganancia y beneficios, bajas tasas de interés, inversiones débiles) apuntan a un importante problema de poder del mercado que afecta a la macroeconomía.

 

Dónde nos deja esto

Estas suposiciones de fondo han estado perdiendo fuerza desde la mitad del gobierno de Obama. Si alguna vez fue razonable creer en ellos es una buena pregunta, pero está al margen de la cuestión, ya que estas ideas ya no son capaces de convencer a los liberales, hasta el punto de que hacen oídos sordos a ideas alternativas. ¿Por qué presuponer siempre que los negocios y los mercados son los líderes en innovación y dinamismo si el sector corporativo parece un hinchado mecanismo de generación de rentas dominado por los accionistas? ¿Por qué suponer que los multimillonarios son una bendición para nuestra sociedad si la mayoría de las personas no están mejor que sus padres? ¿Por qué molestarse en apoyar este régimen económico si no puede demostrar que estas compensaciones han merecido la pena?

Tampoco hay muchas respuestas convincentes a la derecha. Una reacción es decir que nada ha cambiado, o que los últimos 40 años desde Reagan han supuesto más gobierno y socialismo en lugar de un giro hacia el neoliberalismo. No creo que la gente lo encuentre convincente. Otra opción es tratar de ubicar la disfunción en la política gubernamental afirmativa, y si solo conseguimos que el gobierno se salga del camino, progresaremos. Estos argumentos no son muy convincentes y, ciertamente, no están a la altura del desafío de describir o mitigar lo ocurrido. El conjunto de la gobernanza conservadora no hizo nada significativo para corregir estas ideas fallidas. El actual cambio a la izquierda habría ocurrido incluso sin Trump, aunque éste acelera la necesidad de un nuevo conjunto de ideas, porque lo que necesitamos ahora son ideas sobre todo un régimen económico.

es un ex ingeniero financiero, miembro del Instituto Roosevelt

Fuente:

http://rooseveltinstitute.org/the-failures-of-neoliberalism-are-bigger-than-politics/

Traducción:Sergio Vega Jiménez/sinpermiso.info

Quinn Slobodian: «Desde su origen, el neoliberalismo responde a la pregunta de cómo proteger al capitalismo de la democracia»

Por Hernán Garcés

Entrevista a Quinn Slobodian, historiador

– En pocos meses su obra ‘Globalists: The End of Empire and the Birth of Neoliberalism (Harvard University Press, 2018) ha sido catapultada por la comunidad académica al canon de los imprescindibles para comprender el neoliberalismo- «Quien piense que los neoliberales no creen en un Estado fuerte nunca ha leído a los neoliberales, porque toda su filosofía política consiste en cómo rediseñar el Estado»

Once años atrás, cuando los efectos de la Gran Crisis no habían hecho más que comenzar, el ex primer ministro francés Michel Rocard responsabilizó a un economista neoliberal de todos los desmanes : “¡[Milton] Friedman ha creado esta crisis! Está muerto y realmente lo lamento, ya que vería bien que fuera juzgado ante la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad. Su idea de que el funcionamiento de los mercados es perfecto ha permitido a toda la codicia y la voracidad humana expresarse sin límites”.

Si la filosofía neoliberal es corresponsable de la crisis, como postulaba Rocard, queda por responder a las preguntas fundamentales: ¿Cómo surge el neoliberalismo? ¿Quiénes fueron sus promotores? ¿Cuáles eran sus objetivos? ¿Cómo consiguieron que los Estados no pusiesen límites a los mercados? El historiador Quinn Slobodian, profesor del Wesley College (EEUU), responde a todas estas preguntas, y más, en el apasionante libro Globalists: The End of Empire and the Birth of Neoliberalism (Harvard University Press, 2018), que en cuestión de meses ha sido catapultado por la comunidad académica al canon de los imprescindibles para comprender el neoliberalismo y que, incomprensiblemente, aún no tiene fecha de publicación en español.

Slobodian explica cómo un grupo de personas, los globalistas, traumatizados por la desaparición del Imperio austrohúngaro, se ponen a trabajar para que las instituciones de las nuevas democracias no tengan a su alcance la posibilidad de poner en cuestión el libre comercio. Su gran instrumento será el derecho -una específica concepción del derecho- como herramienta indispensable para impedir a gobiernos y parlamentos democráticamente elegidos cualquier atisbo de cambio que pueda afectar a la economía de mercado. También abogarán por la creación de instituciones supranacionales que vinculen legalmente a que los Estados no puedan desviarse de las reglas preestablecidas y que dispongan de mecanismos legales que les permita forzar a los Estados a rectificar. El historiador canadiense demuestra cuán frágil es la relación que une la democracia y el capitalismo, y cómo los neoliberales toleran la democracia siempre y cuando esta se atenga a las reglas del juego que ellos previamente han dictado.

Su libro desmonta la narrativa del origen del neoliberalismo como un movimiento surgido de una reunión de intelectuales en Mont-Pèlerin (Suiza) en 1947 a la que asistieron, entre otros, Friedrich Hayek, Ludwig von Mises y Milton Friedman.

Existen dos formas de responder a la pregunta sobre los orígenes del neoliberalismo. Hasta la fecha consistía en buscar el momento exacto en el cual se utilizó por primera vez el sintagma neoliberalismo. Como indico en mi libro, fue en el Coloquio Walter Lippmann, en 1938, cuando un grupo de personas se reúne para discutir lo que consideraban como el fracaso del liberalismo del laissez faire del siglo XIX, y la necesidad de ser proactivos en la construcción de un Estado con competencias limitadas. A mí la pregunta que me interesaba responder no era la fecha en que se usó el término por primera vez, sino a qué nos referimos cuando hablamos del movimiento intelectual del neoliberalismo y los problemas que afronta.

El movimiento intelectual del neoliberalismo habría empezado tras la desaparición del Imperio austrohúngaro al acabar la Primera Guerra Mundial…

El desenlace de la Primera Guerra Mundial marca el comienzo del fin de la era de los imperios europeos. Hayek y Mises, súbditos del Imperio austrohúngaro, se enfrentan a nuevas condiciones políticas, como la generalización del sufragio universal, el fin del modelo imperial como la forma estándar de organizar el mundo y, por lo tanto, el de los Estados-nación como forma de organización política. El neoliberalismo surge en el contexto de una serie de desafíos al sistema de gestión global del capitalismo que había existido hasta ese momento; es un movimiento en constante evolución, que desde su origen responde a la pregunta de cómo proteger el capitalismo de la democracia y de la fragmentación.

En su libro se refiere a Hayek y Mises y su idea de un doble gobierno como organización política, inspirado en el Imperio austrohúngaro, que separe la política y la cultura de la economía.

En el Imperio Austrohúngaro la descentralización de los diferentes territorios permitía una cierta autonomía de la administración local. Por ejemplo, en la educación la Constitución autorizaba la enseñanza en una lengua específica cuando la hablaba una masa crítica. Sin embargo, en los intercambios económicos y comerciales las reglas eran intangibles, lo que hacía del Imperio Austrohúngaro un espacio sin fronteras económicas que garantizaba la libre circulación de personas, mercancías, y capitales. Pienso que para Hayek y Mises este era el modelo ideal de organización del mundo, donde los derechos de propiedad y movimiento de capital fueran absolutos con alguna libertad en el gobierno político local y la cultura.

En su idea de un doble gobierno que separe la política de la economía Carl Schmitt inspira al movimiento neoliberal.

Cuando se menciona al jurista Carl Schmitt hay que ser cuidadoso debido a su simpatía con los nazis y haber fundamentado jurídicamente su toma del poder. Dicho esto, si uno escribe sobre el periodo entre la Primera y Segunda Guerra Mundial no se puede ignorar su figura, porque por aquel entonces era insoslayable, se estuviese o no de acuerdo con él. Para Schmitt, el siglo XIX supuso la aparición de dos mundos que estaban en permanente tensión. Por un lado, el imperium, que es el mundo de la soberanía de los Estados por cuyo conducto ejerce el poder sobre la población. Por otro, el dominium, que es el mundo de la propiedad. Según Schmitt, el sueño de los liberales es que la propiedad debiera ser absoluta (dominium), incluso eclipsando la soberanía (imperium). Pero para Schmitt, esta visión del mundo es inaceptable porque el hecho de que el mundo del dominium tenga un poder de veto sobre el mundo del imperium desacredita a la democracia y la soberanía. Cuando el economista liberal alemán Wilhelm Röpke lee a Schmitt lo halla fascinante y señala que, al contrario de Schmitt, ese es el mundo al que aspiran. Como explico en mi libro, para los neoliberales el mundo de la economía se tiene que imponer siempre al mundo de la política. Esta es la diferencia entre los neoliberales y los liberales o keynesianos, que tienden más hacia el mundo de la política.

Usted explica cómo un hecho nuevo que los economistas activistas que desarrollaron el movimiento neoliberal durante el periodo de entreguerras pusieran por primera vez sus conocimientos al servicio exclusivo del capital. ¿Por qué? ¿Cómo?

Desde finales del siglo XIX el trabajo del economista activista consistía en intentar salvar las diferencias entre las demandas de la clase trabajadora y las del capital: cómo satisfacer a la clase trabajadora para que no cayese en la tentación del comunismo. Siguiendo sus recomendaciones, se pusieron en práctica iniciativas como la Seguridad Social y el reconocimiento de algunos derechos laborales. Durante el periodo de entreguerras se desarrolla un nuevo campo de investigación, el de los ciclos económicos, que consiste en asesorar a los inversores sobre cuándo debe realizarse una inversión. También se convierte en una forma de conocer el ritmo interno de la economía. La idea es que hay una serie de pautas que se repiten y que, si las estudias como un cardiólogo lo hace con el corazón, puedes comprender cómo funciona la economía. Economistas como Hayek y Mises, que trabajaban como consultores para la Cámara de Comercio Internacional, utilizaron los ciclos económicos para ponerlos al servicio de los intereses de la patronal. Por ejemplo, empezaron a cuestionar los acuerdos de la Austria de posguerra porque establecían seguros de desempleo y organizaciones sindicales, a los que consideraban obstáculos para el restablecimiento de los ciclos económicos. Es un nuevo modelo de economista activista que no se identifica con el objetivo de crear una cierta paz entre el capital y el trabajo como hicieron sus predecesores en el siglo XIX.

La imagen que ha vendido el movimiento neoliberal de un Estado débil es una falacia y persigue todo lo contrario…

Quien piense que los neoliberales no creen en un Estado fuerte nunca ha leído a los neoliberales, porque toda su filosofía política consiste en cómo rediseñar el Estado. Como explico en el libro, el caso más obvio es el ordoliberalismo, corriente de pensamiento alemán que desde los años treinta reivindica explícitamente un Estado fuerte con economía de mercado. El principal argumento de los neoliberales es que el Estado debe ejercer el poder de manera intensiva y no extensiva. Por lo que la pregunta no es si tiene que haber más o menos Estado, sino qué tipo de Estado. Como señala el académico Stefan Kolev, miembro de la Sociedad Mont Pelerin, la pregunta debe ser cualitativa no cuantitativa. La falacia del Estado débil es un éxito de la máquina de propaganda de los neoliberales y, en particular, de Milton Friedman, quien hizo creer al público la idea de que las reformas que sugería reducirían el Estado, consiguiendo tanto su no intromisión en la vida de las personas como su alejamiento de la actividad económica.

Uno de los puntos centrales de su libro es la importancia de la denominada Escuela de Ginebra y sus objetivos para comprender el movimiento neoliberal.

Quisiera puntualizar que la escuela de Ginebra no existe en sí misma. He acuñado el término para describir una serie de personas que tuvieron un papel relevante en el movimiento neoliberal y que de una manera u otra tienen una conexión con Ginebra. Lo que une a estas personas es que coinciden que el problema central del neoliberalismo es la construcción de un orden institucional global para proteger el capitalismo. Para ello no es suficiente que la protección esté asegurada a nivel municipal o nacional, sino tiene que serlo a nivel global. Consideraban necesario que hubiese un gobierno mundial que pudiese poner orden en el caso de que un gobierno se atreviese a romper las reglas y causara repercusiones negativas en todo el sistema.

Y la escuela de Ginebra se enfrenta a las políticas keynesianas…

Al final de la Segunda Guerra Mundial el grupo keynesiano es más fuerte y propone, para proteger al capitalismo global, la distribución, redistribución y compensación entre las economías nacionales. Considera necesario aislar las economías nacionales de los efectos disruptivos de los movimientos globales del capital. El sistema de Bretton Woods nace a partir de ese postulado. La escuela de Ginebra está en desacuerdo con este sistema y propone un marco minimalista que proteja con mayor severidad los derechos de propiedad, que no haya redistribución entre Estados y que exista una fórmula legal para ejercer presión sobre estos cuando se desvían de la regla. Para ello descubrieron el modelo de la Corte Europea de Justicia, que replicaron, aún con mayor intensidad, en la Organización Mundial del Comercio.

Un capítulo de su libro está dedicado a la división que provocó entre los neoliberales la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE).

Como explico, algunos neoliberales consideraron inaceptable la CEE por su Política Agraria Común (PAC). Alegaban que aceptar una protección absoluta en un área tan importante como la agricultura era incompatible con sus postulados y que la CEE debería haberse adherido a un sistema similar al GATT. Al mismo tiempo, cuando se creó la CEE, en 1957 y hasta 1961, no había una institucionalización de las leyes de competencia. Pero cuando se interpretó dicha ley en 1962 en el sentido de otorgar competencia a la Corte de Justicia de la CEE para, por ejemplo, forzar a los Estados miembros a que impidieran subsidiar a ciertas empresas nacionales, ello fue un auténtico descubrimiento para muchos neoliberales. Como indicaba antes, para estos es muy importante un diseño suprainstitucional que disponga de mecanismos para forzar a los Estados a que no se salten las reglas, y la Corte de Justicia de la CEE cumple dicha función. Por lo que, respecto a su pregunta, la respuesta dependerá a qué neoliberal se dirija. Para unos, la PAC les hacía inaceptable apoyar a la CEE. Para otros, las leyes de la competencia y su supervisión eran tan potentes que, a sus ojos, podían ignorar los efectos para ellos nefastos de la PAC. El Tratado de Maastricht (1992) es otra historia. Para la economista Victoria Curzon-Price, hasta la fecha la única mujer que ha ocupado la presidencia de la sociedad Mont Pelerin, nos encontramos ante una integración Ferrari que permite de forma agresiva, utilizando la Corte de Justicia de la Unión Europea y las leyes de la competencia, desembarazarse de cualquier atisbo de participación estatal en el sector privado.

Además del apoyo explícito de Milton Friedman a la dictadura del general Pinochet, usted menciona en su libro como un pilar del neoliberalismo a Wilhelm Röpke, que apoyó abiertamente al régimen sudafricano del apartheid, y a Hayek, que se opuso a que se impusieran a éste sanciones internacionales porque destruían “el orden económico internacional” ¿Qué concepción tiene el neoliberalismo de la democracia?

La cuestión de la democracia es la forma más simple de criticar al neoliberalismo, al considerarlo una filosofía antidemocrática. Al mismo tiempo, todo sistema político existente es de una manera u otra antidemocrático. Un gobierno representativo es una forma muy peculiar de entender la soberanía. Por lo que no pienso que sea tan excepcional su forma condicional de entender la democracia. Dicho esto, el neoliberalismo impone condiciones en su forma de entender la democracia, y su gran influencia no es tanto en el campo de la economía sino en el del derecho. Uno de los puntos principales de mi libro es el haber demostrado la conexión existente entre el derecho y el neoliberalismo.

¿Cómo opera la relación entre el derecho y el neoliberalismo?

El sistema normativo neoliberal establece límites, hasta dónde puede ir una democracia, y les es absolutamente indiferente lo que diga el Parlamento. Adoptan este sistema con entusiasmo porque les permite experimentar con nuevos tipos de mercado, nuevas formas de conducta empresarial así como saciar las necesidades de los consumidores. En ese sentido, adoran la democracia. Pero cuando la democracia toma conciencia que tanto los mercados como la propiedad pueden ser contraproducentes, la tolerancia de los neoliberales por la democracia se desvanece. Rápidamente intentarán normativizar a nivel constitucional las prácticas y los límites de la democracia. Y lo hacen de tal manera que favorecen a los ricos frente a los pobres y reproducen un sistema basado en la competencia en lugar de la equidad económica y social. Volviendo a su anterior pregunta, no creo que los neoliberales tengan como objetivo la destrucción de la democracia, sino canalizarla de una forma muy particular. Pienso que el eslogan de la izquierda de decir “más democracia, más democracia” es correcto, pero si nuestra crítica al neoliberalismo quiere ser tomada en serio es necesario ser muy claro sobre cuál es nuestra versión de la democracia y su sistema normativo.

¿Cómo contempla la reacción a la constitucionalización del sistema normativo neoliberal?

Pienso que se está poniendo en cuestión este modelo porque es una ficción. Los países soberanos se vinculan legalmente para acogerse a estas normas constitucionales, pero vemos que no es verdad. Alemania y Francia han incumplido en numerosas ocasiones el límite del 3% del PIB de desequilibrio presupuestario impuesto por la Unión Europea, como también lo ha hecho Italia hace unos meses. Todo está abierto a negociación. Y estas obligaciones son vinculantes solo cuando los gobiernos deciden hacerlo. En EE UU creo que el año 2016 ha sido una verdadera sacudida de sentido común para ver que estas normas constitucionales vinculantes pueden deshacerse. Ahora, con la administración Trump, es la guerra respecto al comercio, y algunos piensan que esto es bueno – lo que está abierto a discusión –porque permitiría dirigirla en la buena dirección. Y esto me lleva hablar de lo más extraordinario que ha ocurrido en EEUU en los últimos meses: Alexandria Ocasio-Cortez. Es una chica de ¡29 años! que hace un año era una camarera y desde hace unos meses es la congresista más influyente y ha conseguido poner en el centro del debate un tipo impositivo marginal del 70% para los más ricos. Y Edward Luce, columnista del Financial Times en EEUU, diciendo que tiene razón. ¡Es increíble! Ya nadie compra la idea que hay un acuerdo que lo impide y que las manos están atadas. Todo está abierto, lo que es muy peligroso, pero también muy emociónante.

Aprovechando que menciona el fenómeno de Alexandria Ocasio-Cortez, ¿es usted optimista o pesimista sobre el futuro del neoliberalismo?

Pienso que la versión legalista constitucional del neoliberalismo está pasando por un mal momento, pero si algo define el pensamiento neoliberal es su capacidad para desarrollar estrategias cuando el capitalismo se siente amenazado. Ahora mismo hay dos ideas en auge que están interrelacionadas. La primera es que, en vez de construir instituciones supranacionales, las abandonas para no estar sujeto a ninguna regla de gobernanza. Una versión aún más extrema es la tradición anarcocapitalista, bajo la premisa de una nueva organización social en la cual te deshaces del gobierno y te recluyes en una comunidad cerrada que está protegida por fuertes medidas de seguridad. La segunda idea es el neonaturalismo, que consiste en poner en cuestión la igualdad de los seres humanos y por lo tanto unos son más inteligentes que otros y mejores agentes económicos. Y que esta diferencia no es aleatoria, sino que se debe a razones culturales e incluso raciales. Esta idea está en auge entre los neoliberales alemanes, por ejemplo. Su discurso es que los alemanes se proyectan en el futuro y, por el contrario, los turcos y los musulmanes solo piensan en el corto plazo. Por lo tanto, no es posible construir una sociedad con ellos, por lo que es necesario repartir el mercado según comunidades raciales o culturales, lo que justificaría la exclusión de aquellos y que los alemanes se fortifiquen. Creo que es necesario empezar a reflexionar muy seriamente sobre este tema.

Fuente: https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/neoliberalismo-pregunta-proteger-capitalismo-democracia_6_886521364.html

Esteban Rodríguez Alzueta: “La seguridad es vidriera política”

por Daniel Enzetti

Es sociólogo y especialista en temas criminológicos. Dirige la Maestría en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes, forma parte del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) y participa de la Campaña Nacionalcontra la Violencia Institucional. En su reciente libro Temor y control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno (Futuro Anterior ediciones), Esteban Rodríguez Alzueta analiza una especie de mal endémico. Más allá de los funcionarios de turno, la inseguridad “se propone gobernar controlando la pobreza y manipulando el miedo de los ciudadanos”, explica.

–Usted habla de punitivismo de arriba y punitivismo de abajo. ¿A qué se refiere?

–Uno se pregunta siempre por qué gobiernos que encararon reformas sociales importantes no han podido poner en crisis ciertas prácticas institucionales de seguridad que vienen de los años ’90. En otras palabras: por qué los gobernantes pasan, y la policía permanece.

–¿Y cuál es la respuesta?

–La explicación no está en la pasión autoritaria de determinado funcionario, sino en que las articulaciones que distintas agencias desarrollaron en esa época todavía continúan intactas. Hablo del dispositivo de temor y control.

–Donde aparece la marginación social…

–Claro, una marginación perseguida como problema económico, por transformarse en robo, y como problema político, por ser identificada como un verdadero “peligro para la sociedad toda”. Volviendo a los punitivismos de tu pregunta, prefiero decir que no hay “olfato policial”, sino “olfato social”. No existen detenciones sistemáticas por averiguación de identidad sin llamadas al 911. Son procesos de estigmatización nutridos por un imaginario del miedo policialista de la seguridad.

–Imaginario que el poder policial usa como excusa para intervenir, seguramente.

–Por supuesto. Analizar esto profundamente agranda los problemas para cualquier Estado, porque poner en crisis la violencia policial supone al mismo tiempo poner en crisis ese imaginario social.

–¿A quién beneficia un permanente estado de miedo?

–El miedo es una categoría ambigua, tramposa. No todos tenemos miedos igual, y el miedo sobreviene por cuestiones muy disímiles. A veces, manifestar miedo es pasar boleta al gobierno de turno. Venimos de una gran crisis de representación, con una oposición a la que no se le cae una idea, incapaz para representar a los sectores que no están de acuerdo con el oficialismo. Frente a esa falta de propuestas, esos sectores buscan nuevos canales para manifestar su disidencia. Y ahí aparece el tema de la seguridad, que se ha convertido en la vidriera de la política…

–Lo que en su libro usted llama “demagogia punitiva”…

–Sí, porque muchas veces, el dirigente queda preso de la encuesta y del mal humor diario que va digitando el periodismo. Esos dirigentes saben que tienen un problema con la policía, pero no saben cómo resolverlo. Podés ofrecer los mejores estándares en materia de seguridad, pero si matan a una embarazada en la puerta de un banco, el capital político ganado lo licuaste en una mañana.

–¿Por qué se pudo con los militares y no con la policía?

–Estamos ante una institución corporativa, que desarrolló sus propios intereses y prácticas, que maneja territorios como nadie, ni siquiera un partido político. Siempre les digo a mis alumnos: imaginen un partido con 60 mil militantes permanentes, rentados, comunicados, movilizados y armados. Bueno, eso es la Bonaerense. Frente a semejante poder, los dirigentes, en lugar de reformar, negocian.

–No basta con la llamada “purga policial”.

–Es que la purga policial no cambia nada. La solución no es sacar a las manzanas podridas, sino cambiar el canasto que las contiene. Algo interesante y grave que produjeron los ’90 es que separaron el “delito” del “miedo al delito”. Y te lo grafico: si hacemos cálculos, hoy los índices del delito se mantienen más o menos estables. Pero, sin embargo, la “sensación de inseguridad” aumenta. Y eso cambia hábitos: la gente se atrinchera, compra perros malos, pone rejas, contrata guardias. Y lo que es peor: apunta con prejuicio a los que no tienen el mismo “estilo de vida”. Todo fogoneado por los medios. Eso habilita pasiones punitivas que reclaman salidas represivas que necesitarían otras respuestas, mucho más inclusivas.

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=7392

Multitud y principio de individuación

Por Paolo Virno

Las formas de vida contemporáneas atestiguan la disolución del concepto de “pueblo” y de la renovada pertinencia del concepto de “multitud”. Estrellas fijas del gran debate del siglo XVII, y, hallándose en el origen de una buena parte de nuestro léxico ético-político, estos dos conceptos se sitúan en las antípodas el uno del otro. El “pueblo” es de naturaleza centrípeta, converge en una voluntad general, es el interfaz o el reflejo del Estado; la “multitud” es plural, huye de la unidad política, no firma pactos con el soberano, no porque no le relegue derechos, sino porque es reacia a la obediencia, porque tiene inclinación a ciertas formas de democracia no representativa. En la multitud, Hobbes verá el mayor peligro para el aparato del Estado (“Los ciudadanos, cuando se rebelan contra el estado, representan a la multitud contra el pueblo.” Hobbes, 1652: XI, I y XII, 8). Spinoza descubrirá precisamente ahí, en la multitud, la raíz de la libertad. Desde el siglo XVII, y casi sin excepciones, es el “pueblo” quien la obtiene y gestiona. La existencia política de las múltiples, en tanto que múltiples, fue apartada del horizonte de la modernidad: no sólo por los teóricos del Estado absolutista, sino también por Rousseau, por la tradición liberal y por el propio movimiento socialista. Sin embargo, hoy la multitud se desquita al caracterizar todos los aspectos de la vida social: los hábitos y la mentalidad del trabajo posfordista, los juegos de lenguaje, las pasiones y los afectos, las formas de concebir la acción colectiva. Cuando constatamos este desquite, es necesario evitar al menos dos o tres necedades. No es que la clase obrera se haya disipado con arrobo para dejar sitio a las “múltiples”, sino más bien, y la cosa resulta mucho más complicada y mucho más interesante, que los obreros de hoy en día, permaneciendo obreros, no tienen la fisonomía del pueblo, pero son el ejemplo perfecto del modo de ser de la multitud. Además, afirmar que las “múltiples” caracterizan las formas de vida contemporánea, no tiene nada de idílico: la caracterizan tanto para bien como para mal, tanto en el servilismo como en el conflicto. Se trata de un modo de ser, diferente del modo de ser “popular”, es cierto, pero, en sí, no desprovisto de ambivalencia, con una dosis de venenos específicos.

La multitud no aparta con gesto de travieso la cuestión del universal, de lo que es común, compartido: la cuestión del Uno; más bien la redefine por completo. Tenemos, para empezar, una inversión del orden de los factores: el pueblo tiende hacia el Uno, las “múltiples” se derivan del Uno. Para el pueblo, la universalidad es una promesa; para las “múltiples”, es una premisa. Cambia también la propia definición de lo que es común, de lo que se comparte. El Uno alrededor del cual gravita el pueblo es el Estado, el soberano, la voluntad general; el Uno que la multitud tiene tras de sí es el lenguaje, el intelecto como recurso público e interpsíquico, las facultades genéricas de la especie. Si la multitud huye de la unidad del Estado, es solamente porque comunica con un Uno diferente, preliminar antes que concluso. Y es sobre esta correlación que hay que preguntarse más en profundidad.

La aportación de Gilbert Simondon, filósofo muy querido por Deleuze, sobre esta cuestión es muy importante. Su reflexión trata de los procesos de individuación. La individuación, esto es, el paso del bagaje psicosomático genérico del animal humano a la configuración de una singularidad única es, quizá, la categoría que, más que ninguna otra, le es inherente a la multitud. Si prestamos atención a la categoría de pueblo, veremos que se refiere a una miríada de individuos no individualizados, es decir, comprendidos como sustancias simples o átomos solipsistas. Justo porque constituyen un punto de partida inmediato, antes que el resultado último de un proceso lleno de imprevistos, tales individuos tienen la necesidad de la unidad/universalidad que proporciona la estructura del Estado. Por el contrario, si hablamos de la multitud, ponemos precisamente el acento en la individuación, o en la derivación de cada una de las “múltiples” a partir de algo de unitario/universal. Simondon, al igual que, por otras razones, el psicólogo soviético Lev Semenovitch Vygotski y el antropólogo italiano Ernesto de Martino, han llamado la atención sobre parecida desviación. Para estos autores, la ontogénesis, es decir, las fases del desarrollo del “yo” [je] singular, es consciente de sí misma, es la philosophia prima, único análisis claro del ser y del devenir. Y la ontogénesis es philosofia prima precisamente porque coincide en todo y para todo con el “principio de individuación”. La individuación permite modelar una relación Uno/múltiples diferente de la que se esbozaba un poco antes (diferente de la que identifica el Uno con el Estado). Se trata, así, de una categoría que contribuye a fundar la noción ético-política demultitud.

Gaston Bachelard, epistemólogo entre los más grandes del siglo veinte, ha escrito que la física cuántica es un “sujeto gramatical” en relación al cual parece oportuno emplear los más heterogéneos predicados filosóficos: si a un problema singular se adapta bien un concepto filosófico, en otro puede convenir, por qué no, un plano de la lógica hegeliana o una noción extraída de la psicología gestaltista. Del mismo modo, la manera de ser de la multitud ha de calificarse con atributos que se encuentran en contextos muy diferentes, a veces incluso exclusivos entre ellos: Reparemos, por ejemplo, en la antropología filosófica de Gehlen (indigencia biológica del animal humano, falta de un “medio” [milieu] definido, pobreza de los instintos especializados; en las páginas de Ser y Tiempo consagradas a la vida cotidiana (habladurías, curiosidad, equívoco, etc.); en la descripción de los diversos juegos de lenguaje efectuados por Wittgenstein en las Investigaciones filosóficas. Ejemplos todos discutibles. Por el contrario, incontestablemente, dos tesis de Simondon son absolutamente importantes en tanto que “predicados” del concepto de multitud: 1) el sujeto es una individuación siempre parcial e incompleta, consistente más bien en los rasgos cambiantes de aspectos pre-individuales y de aspectos efectivamente singulares; 2) la experiencia colectiva, lejos de señalar su desintegración o eclipse, persigue y afina la individuación. Si olvidamos otras muchas consideraciones (incluida la cuestión, evidentemente central, de cómo se realiza la individuación, según Simondon) vale aquí la pena concentrarse en estas tesis, en tanto que contrarias a la intuición, e incluso escabrosas.

Pre-individual

Volvamos al comienzo. La multitud es una red de individuos. El término “múltiples” indica un conjunto de singularidades contingentes. Estas singularidades no son, sin embargo, una circunstancia sin nombre, sino, por el contrario, son el resultado complejo de un proceso de individuación. Resulta evidente que el punto de partida de toda verdadera individuación es algo aún no individual. Lo que es único, no reproducible, pasajero, proviene, de hecho, de lo que es más indiferenciado y genérico. Las características particulares de la individualidad arraigan en un conjunto de paradigmas universales. Ya hablar de principium individuationis significa postular una inherencia extremadamente sólida entre lo singular, y una forma u otra de potencia anónima. Lo individual es tal, no porque se sostenga en el límite de lo que es potente, como un zombie exangüe y rencoroso, sino porque es potencia individuada; y es potencia individuada porque es tan sólo una de las individuaciones posibles de la potencia.

Para establecer lo que ha precedido a la individuación, Simondon emplea la expresión, bien poco críptica, de realidad pre-individual. A cada una de las “múltiples” le es familiareste polo antitético. Pero, ¿qué es exactamente lo pre-individual? Simondon escribe: «Se podría llamar naturaleza a esta realidad pre-individual que el individuo lleva consigo, tratando de encontrar en la palabra naturaleza el significado que le daban los filósofos presocráticos: los Fisiólogos jónicos encontraban ahí el origen de todas las especies de ser, anterior a la individuación: la naturaleza es realidad de lo posible que, bajo las especies de este apeirón del que habla Anaximandro, hace surgir toda forma individuada; la Naturaleza no es lo contrario del Hombre, sino la primera fase del ser, siendo la segunda la oposición entre el individuo y el entorno [milieu]». Naturaleza, apeirón(indeterminado), realidad de lo posible, ser aún desprovisto de fases; podríamos continuar con diferentes variaciones sobre el tema. Sin embargo, aquí parece oportuno proponer una definición autónoma de lo “pre-individual”, no contradictoria respecto de la de Simondon, sino independiente de ella. No es difícil reconocer que, bajo la misma etiqueta, existen contextos y niveles muy diferentes.

Lo pre-individual es, en primer lugar, la percepción sensorial, la motricidad, el fondo biológico de la especie. Es Merleau-Ponty, en su Phénoménologie de la perception, quien observa que «Yo no tengo más consciencia de ser el verdadero sujeto de mi sensación que [la que tengo] de mi nacimiento o de mi muerte» (Merleau-Ponty, 1945, p.249). Y también: «La visión, el oído, tocar, con sus campos que son anteriores y permanecen extraños a mi vida personal» (Merleau-Ponty, 1945, p. 399). La sensación escapa a la descripción en primera persona: cuando percibo, no es un individuo singular quien percibe, sino la especie como tal. A la motricidad y a la sensibilidad se le añaden tan solo el pronombre anónimo “se”: se ve, se oye, se experimenta placer o dolor. Es cierto que la percepción tiene a veces una tonalidad autorreflexiva: basta con pensar en tocar, en ese tocar que es también siempre ser tocado por el objeto que se manipula. Quien percibe se percibe a sí mismo avanzando hacia la cosa. Pero se trata de una autorreferencia sin individuación. Es la especie quien se auto-percibe de la conducta, y no una singularidad autoconsciente. Nos equivocamos si identificamos, si vemos relación entre dos conceptos independientes, si mantenemos que ahí en donde hay auto-reflexión podemos también constatar una individuación; o, inversamente, que si no hay individuación ya no podemos hablar de autorreflexión.

Lo pre-individual, en un nivel más determinado, es la lengua histórico-natural de su propia comunidad de pertenencia. La lengua es inherente a todos los locutores de la comunidad dada, como lo es un “medio” [milieu] zoológico o un líquido amniótico, a un tiempo envolvente e indiferenciado. La comunicación lingüística es intersubjetiva y existe mucho antes de que se formen verdaderos “sujetos” propiamente dichos: está en todos y en nadie, para ella también reina lo anónimo “se”: se habla. Es sobre todo Vygotski quien ha señalado el carácter pre-individual, o inmediatamente social, de la locución humana: el uso de la palabra, primeramente es inter-psíquico, es decir, público, compartido, impersonal. Contrariamente a lo que pensaba Piaget, no se trata de evadirse de una condición original autista (es decir, hiperindividual, tomando la vía de una socialización progresiva; al contrario, lo esencial de la ontogénesis consiste, para Vygotski, en el paso de una socialidad completa a la individuación del ser hablante: «el movimiento real del proceso de desarrollo del pensamiento del niño no se realiza de lo individual a lo socializado, sino de lo social a lo individual» (Vygotski, 1985). El reconocimiento del carácter pre-individual (“inter-psíquico”) de la lengua posibilita que de algún modo Vigotski se anticipe a Wittgenstein en la refutación de “un lenguaje privado”, del tipo que sea. Por otro lado, y es lo que aquí más importa, eso le permite inscribirse en la corta lista de pensadores que han tratado la cuestión del principium individuationis. Tanto para Vygotski como para Simondon, la “individuación psíquica” (es decir, la construcción del Yo [Moi] consciente) sobreviene en el terreno lingüístico, y no en el de la percepción. En otros términos: en tanto que lo pre-individual inherente a la sensación parece destinado a permanecer por siempre tal cual es, lo pre-individual que corresponde a la lengua es susceptible de una diferenciación interna que desemboca en la individualidad. No se tratará, aquí, de examinar de manera crítica el modo en que para Vygoski y para Simondon se realiza la singularización del ser hablante; y menos aún de añadir hipótesis suplementaria alguna. Lo importante es únicamente establecer la diferencia entre el dominio perceptivo (bagaje biológico sin individuación) y el dominio lingüístico (bagaje biológico como base de la individuación).

Finalmente, lo pre-individual es la relación de producción dominante. En el capitalismo desarrollado, el proceso de trabajo requiere las cualidades de trabajo más universales: la percepción, el lenguaje, la memoria, los afectos. Roles y funciones, en el marco del posfordismo, coinciden profundamente con la “existencia genérica”, con el Gattungswesendel que hablan Feuerbach y el Marx de los Manuscritos económico-filosóficos a propósito de las facultades más elementales del género humano. El conjunto de las fuerzas productivas es, ciertamente, pre-individual. No obstante, el pensamiento tiene una importancia particular entre esas fuerzas; atención: el pensamiento objetivo, sin relación con tal o tal “yo” [moi] psicológico, el pensamiento del cual la verdad no depende del asentimiento de los seres singulares. Respecto a esto, Gottlob Frege ha utilizado una fórmula quizá poco hábil, pero que no carece de eficacia: “pensamiento sin soporte” (cf. Frege, 1918). Por el contrario, Marx ha forjado la célebre y controvertida expresión de General intellect, intelecto general: el General intellect (es decir, el saber abstracto, la ciencia, el conocimiento impersonal) es también el “principal pilar de la producción de riqueza”, ahí en donde por riqueza debemos entender aquí y ahora, plusvalía absoluta y relativa. El pensamiento sin soporte o General intellect deja su huella en el “proceso vital de la propia sociedad” (Marx, 1857-1858), al instaurar jerarquías y relaciones de poder. Resumiendo: es una realidad pre-individual históricamente cualificada. Sobre este punto no vale la pena insistir más; únicamente retener que a lo pre-individual perceptivo y a lo pre-individual lingüístico es necesario añadirle un pre-individual histórico.

Sujeto anfibio

El sujeto no coincide con el individuo individuado sino contiene en sí, siempre, una cierta proporción irreductible de realidad pre-individual; es un precipitado inestable, algo compuesto. Es ésta la primera de las dos tesis de Simondon sobre la cual quisiera llamar la atención. “Existe en los seres individuados una cierta carga de indeterminado, esto es, de realidad pre-individual, que ha pasado a través de la operación de individuación sin ser efectivamente individuada. Podemos llamar naturaleza a esta “carga de indeterminado” (Simondon, 1989, p. 210). Es completamente falso reducir el sujeto a lo que es, en él, singular: “el nombre de individuo es abusivamente dado a una realidad mucho más compleja, la del sujeto completo, que comporta en él, además de la realidad individuada, un aspecto inindividuado, pre-individual, natural. ” (Simondon, 1989, p. 204).

Lo pre-individual es percibido ante todo como una suerte de pasado no resuelto: la realidad de lo posible, de donde surge la singularidad bien definida, persiste aún en los límites de esta última: la diacronía no excluye la concomitancia. Por otro lado, lo pre-individual, que es el tejido íntimo del sujeto, constituye el medio [milieu] del individuo individuado. El contexto (perceptivo, lingüístico o histórico) en el cual se inscribe la experiencia del individuo singular es, en efecto, una componente intrínseca (si se quiere, interior) del sujeto. El sujeto no es un entorno [milieu], sino que es, para una cierta parte de él mismo (la no individuada) su entorno [milieu]. De Locke a Fodor, los filósofos que desatienden la realidad pre-individual del sujeto, ignorando, así, lo que en él es medio [milieu], están avocados a no encontrar vía de tránsito entre “interior” y “exterior”, entre el Yo [Moi] y el mundo. De ese modo se entregan al error que denuncia Simondon: asimilar el sujeto al individuo individuado.

La noción de subjetividad es anfibia: el “Yo hablo” cohabita con el “se habla”, lo que no podemos reproducir está estrechamente mezclado con lo recursivo y con lo serial. Más precisamente: en el tejido del sujeto se encuentran, como partes integrantes, la tonalidad anónima de lo que es percibido (la sensación en tanto que sensación de la especie), el carácter inmediatamente inter-psíquico o “público” de la lengua materna, la participación en el General intellect impersonal. La coexistencia de lo pre-individual y de lo individuado en el seno del sujeto está mediado por los afectos; emociones y pasiones señalan la integración provisional de los dos aspectos, pero también su eventual desapego: no faltan crisis, ni recesiones ni catástrofes. Hay miedo, pánico o angustia cuando no se sabe componer los aspectos pre-individuales de su propia experiencia con los aspectos individuados: “En la angustia, el sujeto se siente existir como problema traído por él mismo, y siente su división en naturaleza pre-individual y en ser individuado. El ser individuado es aquí y ahora, y este aquí y este ahora impiden a una infinidad de otros aquí y ahora venir a la luz; el sujeto toma consciencia de él mismo como naturaleza, como indeterminado (apeirón) que nunca podrá actualizarse hic et nunc, que no podrá jamás vivir” (Simondon, 1989, p. 111). Hay que constatar aquí una extraordinaria coincidencia objetiva entre el análisis de Simondon y el diagnóstico sobre los “apocalipsis culturales” propuesto por Ernesto de Martino. El punto crucial, tanto para de Martino como para Simondon, reside en el hecho de que la ontogénesis, es decir, la individuación, no está garantizada de una vez por todas: puede regresar sobre sus pasos, fragilizarse, estallar. El “Yo pienso”, además del hecho de que posea una génesis azarosa, es parcialmente retráctil, está desbordado por lo que le supera. Para de Martino, lo pre-individual parece, a veces, inundar la singularidad: esta última es como aspirada en el anonimato del “se”. Otras veces, de manera opuesta y simétrica, nos fuerza en vano a reducir todos los aspectos pre-individuales de nuestra experiencia a la singularidad puntual. Las dos patologías –”catástrofes de la frontera yo-mundo en las dos modalidades de la irrupción del mundo dentro del ser-ahí y del reflujo del ser-ahí en el mundo” (E. de Martino, 1977) –son solamente los extremos de una oscilación que, bajo formas más contenidas es, sin embargo, constante y no suprimible.

Con demasiada frecuencia el pensamiento crítico del siglo veinte (pensamos en particular en la escuela de Francfort) ha entonado una cantinela melancólica acerca del supuesto alejamiento del individuo con respecto a las fuerzas productivas y sociales, así como con respecto a la potencia inherente a las facultades universales de la especie (lenguaje, pensamiento, etc.). La desgracia del ser singular ha sido atribuida precisamente a este alejamiento o a esta separación. Una idea sugestiva, pero falsa. Las “pasiones tristes”, por decirlo con Spinoza, surgen más bien de la proximidad máxima, e incluso de la simbiosis, entre el individuo individuado y lo pre-individual, ahí en donde esta simbiosis se presenta como desequilibrio y desgarro. Para bien y para mal, la multitud muestra la mezcla inextricable de “yo” [je] y de “se”, singularidad no reproducible y anónima de la especie, individuación y realidad pre-individual. Para bien: al tener cada una de las “múltiples” tras de sí el universal, a modo de premisa o de antecedente, no tiene la necesidad de esta universalidad postiza que constituye el Estado. Para mal: cada una de las “múltiples”, en tanto que sujeto anfibio, puede siempre distinguir una amenaza en su propia realidad pre-individual, o al menos una causa de inseguridad. El concepto ético-político de multitud se funda tanto sobre el principio de individuación como sobre su incomplitud constitutiva.

Marx, Simondon, Vygotski: el concepto de “individuo social”.

En un pasaje célebre de losGrundrisse (que se titula “Fragmento sobre las máquinas”), Marx designa al “individuo social” como al verdadero protagonista de cualquier transformación radical del estado de las cosas presentes (cf. Marx, 1857-1858). En un primer momento, el “individuo social” se parece a un oximoro coqueto, a la unidad desaliñada de los contrarios; en suma, a un manierismo hegeliano. Es posible, por el contrario, tomar este concepto al pie de la letra, hasta convertirlo en un instrumento de precisión, para hacer que resurgan formas de ser, las inclinaciones y las formas de vida contemporáneas. Pero ello es posible, en buena medida, justamente gracias a la reflexión de Simondon y de Vytgoski sobre el principio de individuación.

En el adjetivo “social” hay que reconocer los trazos de esta realidad pre-individual que, según Simondon, pertenece a todos los sujetos. Como en el sustantivo “individuo”, reconocemos la singularización advenida de cada componente de la multitud actual. Cuando Marx habla de “individuo social”, se refiere a la intrincación entre “existencia genérica” ( Gattungswesen) y experiencia no reproducible, que es la marca de la subjetividad. No es por azar que el “individuo social” aparece en las mismas páginas de losGrundrisse en las que se introduce la noción de Generall intellect, de un “intelecto general” que constituye la premisa universal (o pre-individual), así como la partitura común para los trabajos y los días de las “múltiples”. La parte social del “individuo social” es, sin ninguna duda, el general intellect , o bien, con Frege, el ” pensamiento sin soporte “. Sin embargo, no sólo: consiste también en el carácter de conjunto inter-psíquico, es decir, público, de la comunicación humana, puesto de relieve muy claramente por Vygotski. Además, si traducimos correctamente “social” por “pre-individual”, tendremos que reconocer que el individuo individuado del que habla Marx se perfila también sobre un fondo de percepción sensorial anónimo.

En sentido fuerte son sociales tanto el conjunto de las fuerzas productivas históricamente definidas como el bagaje biológico de la especie. No se trata de una conjunción extrínseca, o de una simple superposición: el capitalismo plenamente desarrollado implica la plena coincidencia entre las fuerzas productivas y los dos otros tipos de realidad pre-individual (el “se percibe” y el “se habla”). El concepto de fuerza de trabajo permite ver esta fusión perfecta: en tanto que capacidad física genérica y capacidad intelectual–lingüística de producir, la fuerza de trabajo es, decididamente, una determinación histórica, pero contiene en sí misma, completamente, ese apeirón, esa naturaleza no individuada de la que habla, así como el carácter impersonal de la lengua, que Vygotski ilustra en varios lugares. El “individuo social” marca la época en la cual la cohabitación entre singular y pre-individual deja de ser una hipótesis eurística, o un presupuesto oculto, para devenir fenómeno empírico, verdad arrojada a la superficie, estado de hecho pragmático. Se podría decir: la antropogénesis, esto es, la constitución misma del animal humano, llega a manifestarse en el plano histórico-social, deviene finalmente visible, al descubierto, conoce una suerte de revelación materialista. Lo que se llama “las condiciones trascendentales de la experiencia”, en lugar de permanecer ocultas tras el telón, se presentan en primer plano, y, lo que es más importante, devienen ellas también objetos de experiencia inmediata.

Una última observación, aparentemente marginal. El “individuo social” incorpora las fuerzas productivas universales, no obstante declinarlas según modalidades diferenciadas y contingentes; al contrario, está efectivamente individuado justo porque les da una configuración singular al convertirlas en una constelación muy especial de conocimientos y de afectos. Es por esto que, toda tentativa de circunscribir al individuo por la negativa, fracasa: no es la amplitudde lo que en él se excluye lo que llega a caracterizarlo, sino la intensidad de lo que converge. Y no se trata de un positividad accidental, desajustada y, finalmente, inefable (dicho sea de paso, nada es más monótono y menos individual que lo inefable). La individuación se acompaña de la especificación progresiva, así como por la especificación excéntrica de reglas y de paradigmas generales: no es el agujero de la red, sino el punto en que las mallas están más apretadas. A propósito de la singularidad no reproducible, podría hablarse de un plusvalor de legislación. Para decirlo con la fraseología de la epistemología, las leyes que cualifican lo individual no son ni “aserciones universales” (es decir, válidas para todos los casos de un conjunto homogéneo de fenómenos) ni “aserciones existenciales” (revelaciones de datos empíricos fuera de cualquier realidad o de un esquema conectivo); se trata más bien de verdaderas leyessingulares. Leyes, porque dotadas de una estructura formal comprenden virtualmente una “especie” entera; singulares, en tanto reglas de un solo caso, no generalizables. Las leyes singulares representan lo individual con la precisión y la transparencia en principio reservadas a una clase “lógica”; pero, atención, una clase de un solo individuo.

Llamamos multitud al conjunto de los “individuos sociales”. Hay una suerte de encadenamiento semántico precioso entre la existencia política de las múltiples en tanto quemúltiples, la vieja obsesión filosófica en torno alprincipium individuationis y la noción marxiana de “individuo social” (descifrada, con ayuda de Simondon, como la mezcla inextricable de singularidad contingente y de realidad pre-individual.) Este encadenamiento semántico permite redefinir, desde su base, la naturaleza y las funciones de la esfera pública y de la acción colectiva. Una redefinición que echa abajo el canon ético-político basado en el “pueblo” y en la soberanía estática. Podría decirse –con Marx, pero lejos, y en oposición a una buena parte del marxismo– que la “sustancia de las cosas esperadas” se encuentra en el hecho de conceder el máximo de relieve y de valor a la existencia no reproducible de cada miembro singular de la especie. Por paradójico que eso pueda parecer, la teoría de Marx debería hoy día comprenderse como una teoría rigurosa, es decir, realista y compleja, del individuo. Así, como una teoría de laindividuación .

Lo colectivo de la multitud

Examinemos ahora la segunda tesis de Simondon. No tiene precedentes. Va al encuentro de la intuición, viola las convicciones arraigadas del sentido común (como, por lo demás, es el caso de muchos otros “predicados” conceptuales de la multitud). Habitualmente se considera que el individuo, desde el momento en que participa en un colectivo, debe de zafarse de algunas de sus características individuales, renunciando a ciertos signos distintivos que en él se entremezclan, y que son impenetrables. Parece que en lo colectivo la singularidad se diluye, que es hándicap, regresión. Pues bien, según Simondon, eso es una superstición: obtusa desde el punto de vista de la epistemología, y equívoca desde el punto de vista de la ética. Una superstición alimentada por quienes, tratando con desenvoltura elprocessus de individuación, suponen que el individuo es un punto de partida inmediato. Si, al contrario, admitimos que el individuo proviene de su opuesto, es decir, del universal indiferenciado, el problema de lo colectivo toma otro aspecto. Para Simondon, contrariamente a lo que afirma un sentido común disforme, la vida de grupo es el momento de una ulterior y más compleja individuación. Lejos de ser regresiva, la singularidad se pule y alcanza su apogeo en el actuar conjuntamente, en la pluralidad de voces; en una palabra, en la esfera pública.

Lo colectivo no perjudica, no atenúa la individuación, sino que la persigue, aumentando desmesuradamente su potencia. Esta continuación concierne a la parte de realidad pre-individual que el primer proceso de individuación no había logrado resolver. Simondon escribe: “No debemos hablar de tendencias del individuo que le llevan hacia el grupo, ya que hablar de estas tendencias no es hablar propiamente de tendencias del individuo en tanto que individuo: ellas son la no-resolución de los potenciales que han precedido a la génesis del individuo. El ser que precede al individuo no ha sido individuado sin más, no ha sido totalmente resuelto en individuo y medio [ milieu]; el individuo ha conservado con él lo pre-individual, y todo el conjunto de individuos tiene también una especie de fondo no estructurado a partir del cual una nueva individuación puede producirse” (Simondon, 1989, p.193). Y más adelante: “No es cierto que, en tanto individuos, los seres estén atados los unos a los otros en lo colectivo, sino en tanto que sujetos, es decir, en tanto que seres que contienen lo pre-individual” (Simondon, 1989, p. 205). El fundamento de grupo es el elemento pre-individual (se percibe,se habla, etc.) presente en cada sujeto. Pero en el grupo, la realidad pre-individual, intrincada en la singularidad, se individualiza, mostrando, a su vez, una particular fisionomía.

La instancia de lo colectivo es aún una instancia de individuación: lo que está en juego es dar una forma contingente e imposible de confundir con el apeirón (lo indeterminado), es decir, con la “realidad de lo posible” que precede a la singularidad; dar forma al universo anónimo de la percepción sensorial, al “pensamiento sin soporte ” o general intellect. Lo pre-individual, inamovible en el interior del sujeto aislado, puede adquirir un aspecto singularizado en las acciones y en las emociones de las múltiples: Como un violoncelista que, interactuando dentro de un cuarteto con el resto de intérpretes, encuentra algo de su partitura que justo ahí se le había escapado. Cada una de las múltiples personaliza (parcial y provisoriamente) su propia componente impersonal a través de las vicisitudes características de la experiencia pública. Exponerse a la mirada de los otros, la acción política sin garantías, la familiaridad con lo posible y con lo imprevisto, la amistad y la enemistad, todo eso alerta al individuo y le permite, en cierta medida, apropiarse de este anónimo “on” del que proviene, para transformar el Gattungswesen, la “existencia genérica de la especie”, en una biografía absolutamente particular. Al contrario de lo que sostenía Heidegger, es solamente en la esfera pública que podemos pasar del “se” al “sí-mismo”.

La individuación de segundo grado, que Simondon llama también la “individuación colectiva” (un oximoro próximo a aquél que contiene la locución “individuo social”), es una pieza importante para pensar de manera adecuada la democracia no representativa. Puesto que lo colectivo es el teatro de una singularización acentuada de la experiencia, o constituye el lugar en el cual puede finalmente explicarse lo que en una vida humana resulta inconmensurable e imposible de reproducir, nada de eso se presta a ser extrapolado, y, menos que nunca, “delegado”. Pero cuidado: lo colectivo de la multitud, en tanto que individuación del General intellect y del fondo biológico de la especie, es exactamente lo contrario de cualquier anarquismo ingenuo. Frente a él, es más bien el modelo de la representación política, con su voluntad general y su “soberanía popular”, el que se convierte en intolerable (y a veces feroz) simplificación. Lo colectivo de la multitud no delega derechos al soberano, no ya que no pacte porque se trata de un colectivo de singularidades individuadas: para él, repitámoslo, lo universal es una premisa , y no una promesa .

Raúl Zibechi: “La derecha gana porque la izquierda abandonó el campo de batalla”

Por Martín Villarroel Borgna

El periodista y escritor uruguayo analiza el avance de la derecha en América Latina y afirma que la organización “desde abajo” es la apuesta de resistencia.

Es jueves 7 de marzo y cae la tarde en Montevideo. El feriado de la semana de carnaval marca un ritmo tranquilo y despreocupado de una ciudad que, al día siguiente, se teñirá de violeta con 300 mil personas marchando en el Paro Internacional de Mujeres. Aprovechamos para tomar unos mates con Raúl Zibechi y conversar sobre el viraje a la derecha en la región, la crisis de las izquierdas y la territorialización de la marea feminista.

“La región camina, sin dudas, a un período de ultraderecha muy pesado”, dice Zibechi apenas se prende el grabador.Periodista, educador popular y activista uruguayo, muy ligado a las luchas y resistencias de los movimientos sociales de América Latina, se acomoda en la silla para compartir su mirada coyuntural.

La vuelta al patio trasero

Es necesario analizar varios planos para entender dónde estamos parados, afirma. El primero relacionado a las garras imperialistas sobre nuestro continente: “Por un lado, tiene que ver con la disputa geopolítica China-Estados Unidos, que es muy fuerte en este momento. Estados Unidos viene de una derrota muy fuerte en Siria”, que se suma a las enormes dificultades “para mantenerse en el mar del sur de China, que es otra zona estratégica ante la pujanza China”. Esto da como resultado que “Estados Unidos está en un proceso de retirada de algunos escenarios fundamentales”, comenta.

“En este período de declive de la hegemonía de Estados Unidos, es que necesita afirmarse en su patio trasero. Y, sobre todo, en el Caribe y Centroamérica”, asegura Zibechi y enumera el largo prontuario de invasiones, ocupaciones y golpes militares llevados a cabo desde el siglo XIX por los vecinos del norte. “El escenario es ese: Estados Unidos nuevamente con mucha fuerza en América Latina”, remarca.

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La opción por el miedo y la intolerancia

La segunda parte de esa lectura se complementa con “un viraje a la derecha muy fuerte de las sociedades y del arriba”. Los gobiernos neoliberales de Colombia y Chile hoy se fortalecen en bloque junto a sus pares de Argentina, Ecuador, Paraguay y Brasil, y en oposición a Venezuela como eje aglutinador. En este escenario, el peso de las políticas reaccionarias de Brasil en la región es determinante.

Más allá de las clases dirigentes, lo que preocupa es cómo repercute en los pueblos. “Una sociedad que se ha vuelto radicalmente intolerante –explica Zibechi-. Si bien creo que el arriba está muy mal y muy derechizado, el abajo también.Clases medias y sectores populares donde las iglesias pentecostales están haciendo un laburo muy profundo y donde la gente los apoya”.


“La palabra fascista me parece que hay que llenarla de contenido –analiza el periodista uruguayo, autor de varios libros-. Hablamos de una sociedad que quiere el orden militar y policial. Donde se tejen alianzas con los militares, con el narco y con los paramilitares para matar negros y poner en su lugar a las lesbianas y disidencias. Entonces, es una sociedad que ha hecho una opción muy jodida. Es una opción de miedo, de no saber dónde pararse. Es una reacción muy fuerte contra el feminismo”.


Y esta coyuntura presenta un horizonte negro para los tres gobiernos progresistas que quedan. “Venezuela asediada y aislada, con una oposición interna muy fuerte; Bolivia y Uruguay que tienen elecciones este año donde es muy posible que gane la derecha. El escenario es muy negativo para el progresismo, muy negativo para las izquierdas que han perdido protagonismo y que han perdido, sobre todo, trabajo de base”, afirma Zibechi.

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Imagen: Colectivo Manifiesto

La izquierda te la debo

Según el análisis del periodista uruguayo, las dificultades para delinear una estrategia política emancipadora y el abandono del trabajo territorial son los puntos nodales para entender el cambio de hegemonía en la región y donde los gobiernos progresistas y los movimientos sociales nos debemos una fuerte autocrítica.

Lo que caracteriza hoy al movimiento popular “es una falta de norte en casi toda la región, muy claramente en Brasil, donde hay muy poquitos grupos que están haciendo un trabajo territorial”, destaca.


“La izquierda brasileña de lo único que habla es de Lula –apunta Zibechi-. Está muy bien pedir por la libertad de Lula, yo defiendo la libertad de Lula. Pero no se puede hacer política en base a la libertad de Lula: tenés que estar en la favela, tenés que estar en los barrios, en los quilombos, en los lugares donde está la gente y organizar. Eso es lo que hacían hace 50 años las comunidades eclesiales de base, la educación popular, la izquierda. Y hoy se abandonó. La derecha gana porque la izquierda abandonó el campo de batalla”.


“Hoy, lo único que queda como izquierda es un aparato sindical muy pequeño, que defiende intereses corporativos -y que está bien que los defienda-, pero, definitivamente, esa no puede ser la única expresión de la izquierda”, sentencia Zibechi.

Los pies en la tierra

En esa misma línea, el periodista asevera que “el gran desastre que dejó la crisis del progresismo es la pérdida de horizonte a largo plazo: la pérdida de horizonte estratégico”.

Dentro del campo popular, se puede ver “una gran desorientación, un gran desnorteo, una incapacidad para distinguir lo estratégico de lo táctico”. Y se refiera a lo que es lo estratégico: “Es en lo que nos afirmamos: trabajo territorial, trabajo de largo plazo, de organización, de formación, de soberanía alimentaria, de educación, de salud. Y tácticamente, vemos y nos movemos. Por ejemplo, si creemos que con un gobierno progre nos va ir mejor con el de Macri, jugamos algunas fichas a eso. Pero no hipoteco la organización para irme detrás del candidato. Creo que hay mucho de eso”.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Zibechi no duda en definir que el trabajo estratégico es la recuperación de territorio. Enumera varias experiencias que, en los últimos tiempos, vienen profundizando el trabajo de base y los pies en la tierra, como el Movimiento Passe Livre (MPL), la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT) o el Encuentro de Organizaciones (EO), por nombrar algunos. “El trabajo territorial fue el gran salto adelante del movimiento piquetero. Ante el cierre de fábricas, retornamos al territorio y hacemos en el territorio otro tipo de organización, otra vida. Organización y trabajo arraigado en el territorio”, señala.

La recuperación territorial como horizonte estratégico es en lo que se basa la práctica de algunas organizaciones urbanas, campesinas y también los pueblos originarios, ahí es donde el entrevistado reconoce la potencia: “Yo creo que ese es el futuro”. “Y si somos cuatro haciendo trabajo territorial y cuatro mil mirando la tele y aplaudiendo al candidato, no me importa: porque esos cuatro son los que empiezan con todo”, agrega Zibechi.

La marea, cuando baja, ya no tiene vuelta atrás

—¿Y cómo leés la marea feminista?

—El feminismo es la luz en medio de las sombras. Es el movimiento que ha marcado un punto de inflexión, sobre todo, en el cono sur, y que le ha puesto límites al conservadurismo, al poder, al Estado. Y que, además, atraviesa a toda la sociedad.

El uruguayo ceba un mate y se queda en silencio. Afuera, ya se vive la ansiedad por un nuevo Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, que, en Montevideo, reunirá cerca de 300 mil personas en un rugir violeta. Tiempo de rebelión. Zibechi no puede ocultar su entusiasmo sobre la territorialización del feminismo.

“Luego de esta gran explosión, cuando baje la ola y esta enorme fuerza del movimiento vuelva con las mujeres a los territorios, a los pueblos, a las comunidades y empiece a territorializarse, ahí cambia todo. Es donde empieza la historia más rica, el movimiento feminista con fuerza territorial. Ahora viene un momento fascinante”, resume Zibechi.

Publicado originalmente en La tinta

Nancy Fraser: “Necesitamos una definición totalmente diferente del concepto de clase trabajadora”

Por Adriana M. Andrade y Elena de Sus
Nancy Fraser (Baltimore, 1947) tiene los ojos cansados. Su primera mañana en Madrid la ha dedicado a dar entrevistas. Al acabar esta con CTXT, tiene una hora para descansar antes de hablar con más periodistas. Por la tarde dará una charla y al día siguiente, dos más. La activista feminista ha venido invitada por el museo Reina Sofía en colaboración con Medialab y el Grupo de Estudios Críticos (GEC) y nadie quiere perder la oportunidad de escucharla. Mientras intenta acabar un café, la profesora de la New School for Social Research de Nueva York se emociona al hablar de las nuevas generaciones de mujeres demócratas, se enfada cuando se le sugiere que el feminismo divide a la izquierda y defiende la participación de los hombres en el feminismo.

En 2017, en otra entrevista con CTXT, predijo que la clase obrera estadounidense acabaría rebelándose contra Trump porque no estaba cumpliendo con lo que había prometido. ¿Cree que está sucediendo?

Es difícil de decir. Sospecho que sí, sospecho que tendrá problemas para ser reelegido, no creo que pueda mantener su base de votantes de clase trabajadora. Creo que la situación es muy volátil, lo más importante es que la gente no quiere seguir viviendo bajo esta forma de capitalismo neoliberal financiarizado y globalizado. Esto empeora sus condiciones de vida, y la gente quiere un cambio. Trump lo prometió, pero resulta que no ha creado más empleo ni nada parecido. Está empeñado en levantar el muro. Llegados a cierto punto eso ya no es satisfactorio para, al menos, una parte de sus votantes. Para algunos eso es suficiente, pero no para la gente que le hizo presidente. Ganó las elecciones gracias a la clase trabajadora blanca de Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Estos no son racistas radicales, votaron a un racista porque no había nadie más que ofreciese algo parecido a un gran cambio. Antes, muchos de ellos habían votado a Bernie Sanders en las primarias demócratas, los mismos que votaron a Trump. Y ocho millones de ellos habían votado a Obama en 2012. Eso demuestra que no son racistas. Esta gente sigue queriendo un cambio y si los demócratas eligieran al candidato correcto, lo votarían. Por otro lado hay muchos racistas en Estados Unidos, y estos seguirán con Trump. También está la pregunta de si el Partido Republicano y los votantes acérrimos republicanos se quedarán con Trump o acabarán hartos. Estos son votantes que, en cualquier caso, los demócratas nunca han conseguido. Creo que Trump será vulnerable en 2020.

¿Cree que es más fácil votar a un racista que a una mujer?

No creo que ese fuese el problema. Era más fácil votar a un racista que iba a hacer grandes cambios que a una mujer que decía que iba a continuar con las políticas de Obama.

¿Las candidatas demócratas, nuevas como Alexandria Ocasio-Cortez o antiguas como Elizabeth Warren, pueden ser una alternativa real?

La nueva generación de gente como Ocasio-Cortez es fantástica. Algunas de ellas son socialistas democráticas como Bernie Sanders y tienen mucha energía y destreza en el uso de las redes sociales, para mí son impresionantes. Elizabeth Warren también es muy impresionante, incluso más que Sanders, tiene propuestas concretas. No es tan buena como Sanders a la hora de articular una visión general, pero en los detalles de las políticas es excelente. Estas son mujeres de izquierdas, mujeres antisistema, que quieren hacer un gran cambio estructural en el funcionamiento de nuestro país y del mundo. Esto me da muchísima esperanza.

Mi candidato preferido sigue siendo Bernie Sanders. Es un milagro, extraordinario y maravilloso. Ninguna otra persona ha hecho tanto en Estados Unidos como él. Ha empujado al Partido Demócrata hacia la izquierda, ha cambiado el discurso y, de momento, le apoyo a él. Pero también estaría muy contenta si Elizabeth Warren fuese presidenta.

Hablemos de feminismo. Usted lleva militando y teorizando desde los años 70. ¿Cómo ha cambiado el movimiento?

Para mí este es el momento más emocionante de mi vida desde los años 60 y 70. Creo que estamos viendo una ruptura con el feminismo corporativo liberal que ha dominado las últimas décadas, el feminismo de Sheryl Sandberg, Christine Lagarde o Hillary Clinton. Ahora las feministas más jóvenes se han dado cuenta de que esa vía está muerta, de que ese camino solo nos lleva a más Trumps. Porque eso conecta al feminismo con las fuerzas que, básicamente, destruyen la vida de la gente en todo el mundo.

Hay un sentimiento de que necesitamos una nueva dirección, en gran parte centrada en la lucha por la reproducción social, las escuelas, las viviendas, el transporte público, la sanidad. Todas aquellas áreas donde el neoliberalismo empuja a los Estados a “desinvertir” en nombre de la austeridad. Esto se ve en las huelgas en aquellos trabajos donde predominan las mujeres: profesoras, enfermeras… Se ve en cosas como el #MeToo, que es fundamentalmente una lucha de clases (una revuelta contra los jefes) y sobre el derecho a tener un espacio de trabajo libre de violencia, asaltos y abusos. Aunque los medios han puesto el foco en Hollywood, el centro real de esta lucha está en la agricultura, en las camareras de piso, en las empleadas domésticas, y también en las actrices que son muy vulnerables al abuso. Muchos de estos colectivos tienen menos recursos, no tienen papeles y no les queda más opción que rendirse. Estas son las áreas vanguardistas de la lucha feminista, y no solo de la feminista, también de la social, y punto. Dada la debilidad de los sindicatos en los centros manufactureros tradicionales, la primera línea de la lucha ya no es la industria como lo era en los años 30. Esta es una crisis que pone la reproducción social como centro y frente de batalla. Y por lo tanto, a las mujeres. Es una nueva situación estructural: tenemos nuevas generaciones de mujeres a las que no les interesa el feminismo de las élites liberales. Es un momento tremendamente fructífero, muy emocionante. Por supuesto, la misma crisis que ha propiciado el cambio en el feminismo también ha causado el auge de movimientos repugnantes, supremacistas, xenófobos, anti-inmigración y racistas. Es un momento de riesgo y de oportunidad.

Para lograr un cambio, entendemos que el capitalismo tiene que ir desapareciendo, poco a poco pero sin pausa. ¿O qué sistema se propone?

No sé si necesitamos un nombre para ese sistema, aunque yo lo llamaría socialismo democrático, pero no soy dogmática, puede tener otros nombres. Creo que la idea central es que ya no es suficiente el pensamiento de los movimientos socialistas tradicionales, no basta con cambiar las relaciones de producción y socializar la propiedad de los medios de producción. Lo que de verdad tenemos que pensar es la relación entre producción y reproducción. La relación entre la economía y el sistema político. ¿Cómo dibujamos la línea entre las cuestiones que marcan las relaciones entre el mercado, los propietarios de las empresas y las decisiones democráticas? Tenemos también que pensar en una nueva relación con la naturaleza, que no esté basada en los combustibles fósiles. El cambio es mayor de lo que propone el socialismo tradicional. Porque no está centrado solo en la producción, sino en otros aspectos de la vida.

Y no sé exactamente qué nombre dar a esto, pero lo importante es empezar a analizar el alcance de lo que necesitamos. El cambio climático es suficiente para entender que estamos al borde de una catástrofe y que necesitamos un cambio de dirección rápido y transformador. Dudo que el capitalismo pueda desfosilizar la economía a tiempo, y esto hay que hacerlo en unas pocas décadas. Si resulta que estoy equivocada y hay una nueva forma de capitalismo que aún no podemos imaginar, que puede hacer todas las cosas que necesitamos, vale, dejemos que lo intenten. Pero si no pueden, tenemos que estar listas para hacer otra cosa, el capitalismo no es sacrosanto, es un sistema histórico que tuvo un inicio y puede tener un fin.

¿Entonces no necesitamos una revolución?

Tal vez no una revolución con la vieja idea de la toma de la Bastilla, ni de cortar la cabeza al rey, ni de tomar el Palacio de Invierno, pero creo que será una revolución. Si una revolución quiere decir un cambio transformador en las estructuras básicas de la sociedad y no simplemente reformas, entonces creo que sí, que estamos hablando de una revolución. No creo que estemos hablando de un proceso largo y lento de cambio gradual. Primero, como he dicho antes, con el cambio climático no tenemos tiempo. Segundo, estamos en medio de una crisis tan severa como la de los años 30, que llevó a cambios enormes. Fue el cambio de un tipo de capitalismo a otro, pero igualmente un cambio estructural grande: la invención de la democracia social, del capitalismo de Estado, todo eso vino tras dos guerras mundiales. Estamos en una crisis aguda y esperemos no necesitar una tercera guerra para solucionarlo. Los cambios suceden rápidamente. Deberíamos distinguir entre reformismo en un determinado periodo que se desarrolla en varias décadas y los periodos de crisis donde hay cambios más rápido y profundos. Y este es un periodo de crisis.

Hay algo de controversia dentro de la izquierda porque algunos dicen que el protagonismo del feminismo o el ecologismo favorecen la división de la clase trabajadora. ¿Qué les diría?

Estoy completamente en desacuerdo. Lo han entendido completamente al revés. Primero, ¿qué quieren decir con clase trabajadora? ¿No son las mujeres parte de la clase trabajadora? ¿No lo son las personas trans? ¿Las migrantes, las racializadas? ¿Quién creen que está haciendo el trabajo para que la sociedad siga funcionando? Necesitamos una definición completamente diferente de lo que es la clase trabajadora. No son solo hombres blancos en fábricas, de hecho, de esos, cada vez hay menos dentro de la clase trabajadora. El tipo de feminismo por el que abogo es un movimiento de clase, contra el 1% o el 10%, y eso tiene que ver con poner las preocupaciones de las mujeres pobres, racializadas, migrantes y de la clase trabajadora en el centro, en vez de integrar a las clases profesional y directiva en el feminismo. Estamos en plena lucha de clases dentro del feminismo: debemos reorientarlo hacia la clase trabajadora. Además creo que si le dices a la gente que no hable de sus problemas reales no creas solidaridad, no consigues que se unan a tu movimiento. Les llevas a un camino de exclusión, y no necesitamos un feminismo excluyente, ni una clase obrera excluyente. Necesitamos una posición en la que todas estas corrientes se comuniquen y se apoyen mutuamente. Diciéndoles “shhh, estáis dividiendo”, les echas fuera. Tendrían que estar diciendo justo lo contrario, deberían estar diciendo: “Queremos ser parte de vuestra lucha y que seáis parte de la nuestra”.

Hablemos de los medios de comunicación. ¿Cómo están tratando los grandes medios estadounidenses los temas de feminismos?

La cuestión principal es que son militantemente anti Trump. Esto es lo más importante en cuanto a los medios tradicionales consolidados. Algunos tienen mucho que hacerse perdonar, especialmente el New York Times, que básicamente nos vendió la guerra de Irak en base a la mentira de las armas de destrucción masiva, y ahora intenta enmendarse y recuperar su credibilidad. Están investigando cualquier pequeña cosa sobre Trump para tratar de pillarlo. Su línea editorial es profeminista, lo que siempre ha querido decir feminista liberal, pero hoy buscan ofrecer un espectro de opinión algo más amplio. En esto no son los líderes, pero siguen el asunto, si hay algo importante, lo publican. El movimiento del feminismo del 99% en Estados Unidos no está para nada cerca del éxito del 8M en España. Nosotras somos más pequeñas y estamos más marginadas. Pero los medios empiezan a notar que algo está pasando en el feminismo. The New Yorker tiene mucho más mérito por la estupenda investigación sobre los abusos de Harvey Weinstein que realizó Ronan Farrow.

¿Y la televisión?

La televisión está completamente dividida por Trump. Tenemos un paisaje mediático polarizado, a todas horas, todos los días de la semana.

¿Los canales anti Trump apoyan el feminismo?

Sí, y están muy preocupados por la diversidad. Siempre tienen cuidado de tener a mujeres negras, a hombres negros, a latinos, mujeres queer… Todo está muy bien empaquetado, pero creo que su fuerza reside en su furia hacia Trump. Las distinciones entre un tipo y otro de feminismo palidecen y se vuelven insignificantes, y eso es un problema. Pero luego está la blogosfera, en la que puedes encontrar de todo. Y por supuesto las redes sociales. Trump es un mago de las redes sociales, especialmente Twitter. Pero Alexandria Ocaso-Cortez y la nueva generación de políticas de izquierdas feministas también. Así que hay un contrapeso desde ese lado.

El #MeToo, por ejemplo, empezó en las redes sociales.

Las redes sociales son importantes a la hora de que las mujeres cuenten sus propias historias. Pero hay que decir que fueron los periodistas de investigación los que de verdad consiguieron que las mujeres empezaran a hablar.

O sea que seguimos necesitando buen periodismo y periodismo de investigación.

Absolutamente, es extremadamente importante. Hay que distinguir el periodismo de investigación, que es esencial, de los tertulianos [talking heads] en el negocio de la opinión. Los programas de televisión 24/7 son bustos parlantes. El problema es que los periódicos no son rentables y muchos no han aprendido a usar su presencia online para crear beneficios. Con lo que han tenido que hacer recortes en el periodismo de investigación, lo que es una pena.

Para ir acabando, ¿qué papel deben jugar los hombres en esta nueva etapa feminista? ¿Qué posición deben tomar?

Mi definición es muy simple: eres feminista si crees que la desigualdad de género existe, si crees que no está bien y quieres cambiarla. Con esa definición los hombres pueden ser feministas, y eso no quiere decir que quiera que sean los líderes del movimiento. Es fantástico que en las manifestaciones del 8M en España hayan participado tantos hombres, eso es maravilloso, demuestra que el feminismo es un movimiento para la humanidad, no un movimiento para los grupos de interés. Estoy muy contenta de ver a los hombres apoyándolo y uniéndose. En tanto que es una lucha sobre la reproducción social, también quiere decir que los hombres feministas se comprometen a hacer su parte del trabajo de reproducción social. Estamos intentando cambiar la relación entre producción y reproducción y desgenerizar los trabajos reproductivos para que todos estén involucrados en el cuidado de niños o en las tareas domésticas.

¿Y cómo lo conseguimos?

No creo que pueda responder a eso. Pero crear este movimiento es el primer paso.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190403/Politica/25374/nancy-fraser-feminsimo-trump-adriana-m-andrade-elena-de-sus.htm