Irán: Cuarenta años de desigualdad

Por Yasmmine Mather

La administración estadounidense prefirió los islamistas a los izquierdistas, dice Yassamine Mather.

La conmemoración del 40 aniversario del levantamiento de febrero de 1979 en Irán ha estado marcada por docenas de seminarios académicos en Europa, numerosos documentales producidos por los medios de comunicación en idioma persa, así como el habitual desfile militar dentro del país.

Los documentales producidos fuera de Irán se centran en los recuerdos de personajes clave que aún están vivos, desde la esposa del ex sah, Farah Diba, y los funcionarios de la corte de Pahlavi, hasta Abolhassan Banisadr, uno de los aliados más cercanos del ayatola Ruhollah Jomeini en 1979, que actualmente está exiliado en Francia. La mayoría de ellos han hecho comentarios similares en anteriores aniversarios de la revolución iraní, pero esta vez las citas de los informes del general estadounidense Robert Huyser (desclasificados originalmente en 2015), que han sido repetidas por varias agencias de noticias, nos dan una mejor idea de los planes de los EE. UU. después de la partida del sah.

Los opositores iraníes de la República Islámica han difundido diversas teorías conspirativas sobre la misión secreta de Huyser en enero de 1979. Sin embargo, los documentos publicados muestran la confusión que emanaba de la administración Carter, que intentaba gestionar los eventos a miles de kilómetros de distancia, en circunstancias en las que no había entendido las razones detrás de las protestas masivas contra su tirano favorito en el Medio Oriente. Una de las tareas principales de Huyser fue alentar al sah a abandonar el país y detener un posible golpe militar por parte de los generales leales a él. Según el periodista de la BBC World Service, Kambiz Fattahi, que ha estudiado los documentos desclasificados del departamento de estado, diez días después de la partida del sah Jomeini envió un mensaje a Washington ofreciendo un acuerdo:

Si el presidente Jimmy Carter pudiera usar su influencia en el ejército para despejar el camino para su toma de poder, sugirió Jomeini, calmaría a la nación. Se restablecería la estabilidad y se protegerían a los ciudadanos y los intereses de Estados Unidos en Irán.[1]

La nota de Jomeini al presidente fue desclasificada en 2016, pero solamente ahora, en el 40 aniversario de la revolución islámica, los comentarios y análisis de la misma se han hecho bien conocidos – arrojando más luz sobre las negociaciones secretas de la administración Carter en las semanas cruciales después de la huida del sah de Teherán. Si bien, como he señalado, la misión principal de Huyser era impedir que los generales pro-sah organizaran un golpe militar, de hecho, les había dado luz verde para el mismo si la izquierda pudiera tomar el poder. En otras palabras, el acuerdo secreto demuestra que la administración estadounidense temía más a la izquierda que a los islamistas –especialmente a la clase trabajadora, cuyas huelgas habían paralizado el país–. En la verdadera tradición de la «intervención extranjera» de los Estados Unidos, sobre todo durante la guerra fría, era mejor aliarse con los islamistas contra las fuerzas seculares y de izquierda.

El plan acordado entre el gobierno de Carter y Jomeini (a través de sus asesores seculares) era frenar el movimiento de los trabajadores y organizar una transferencia de poder sin problemas a Jomeini. Lo que destruyó esos planes fue la participación de los homafars (técnicos y tripulantes de vuelo junior) en las fuerzas aéreas iraníes, que tomaron las armas contra sus comandantes en apoyo de la Organización de las Guerrillas del Pueblo Iraní el 11 y12 de febrero.

Como he escrito en varias ocasiones, en febrero de 1979 no nos enfrentábamos a una situación de «doble poder» en Irán. Así como los islamistas eran poderosos antes del levantamiento, los activistas de izquierda fueron los últimos en ser liberados de prisión. De hecho, bajo el sah los islamistas habían sufrido mucha menos represión que la izquierda –las reuniones celebradas en mezquitas y otras instituciones religiosas habían sido toleradas–. También estaban mucho mejor económicamente, beneficiándose de las donaciones del bazar. Es por eso que el movimiento religioso estaba mucho mejor organizado que la izquierda y otras fuerzas seculares. Además, la izquierda estaba políticamente confundida, cometió muchos errores y permitió que los islamistas les ganaran la partida.

Mirando retrospectivamente los carretes de películas de hace 40 años es interesante ver cómo la situación actual en Irán no es lo que se preveía en el momento de la revolución de febrero. A fines de 1978 y principios de 1979, dos de los eslóganes comunes en las manifestaciones eran: «¡Pan, trabajo, libertad!» E «¡Igualdad, independencia!». Cuarenta años después, no creo que nadie en su sano juicio pueda decir que los iraníes han ganado la “libertad” o la “igualdad”, por no hablar de democracia. El líder supremo domina la agenda política, mientras que los presidentes son «elegidos» de entre una lista preseleccionada de partidarios del orden actual. Las prisiones están llenas de activistas de los derechos civiles y laborales y la orden religiosa chiita ni siquiera puede tolerar la oposición dentro de sus propias filas. Los líderes del movimiento verde reformista han estado bajo arresto domiciliario durante los últimos diez años.

Por eso, cuando me pidieron que hablara en un seminario para conmemorar el 40 aniversario, decidí hablar sobre «Igualdad» y su relación con la “independencia”.

Desigualdad

No hace falta decir que el pueblo iraní no se habría rebelado contra el sah si no hubiera sido por la enorme brecha entre los ricos y los pobres. En ausencia de un apoyo financiero para el campesinado, la «reforma agraria» del sah había empobrecido el campo, mientras que el éxodo masivo a las grandes ciudades creó una gran extensión de barrios marginales.

Existían dos universos paralelos, no solo en términos de ingresos y niveles de vida, sino también en términos de cultura. Las clases superiores seculares en el norte de Teherán menospreciaban a los pobres e incluso a la clase media baja. Las mujeres de clase alta, occidentalizadas, utilizaban la palabra chadori (el manto largo que usan las mujeres devotas) como un término despectivo. En palabras de Pierre Bourdieu, ciertas formas de «capital cultural» se valoraban por encima de otras y ayudaron u obstaculizaron la movilidad social tanto como el ingreso o la riqueza.

Lejos de ser una ‘conspiración occidental para deponer al sah, porque se estaba volviendo demasiado poderoso’ (una de las teorías expuestas por los monárquicos iraníes), el levantamiento fue un resultado directo de los fracasos del régimen del sah al responder a la crisis económica que siguió al boom de principios de los setenta. La mayoría de los trabajadores cualificados sufrieron una caída en sus niveles de vida en 1976, mientras que la «Revolución Blanca» en la agricultura dejó a un gran número de campesinos sin tierra y sin dinero, lo que los obligó a buscar empleos estacionales en las grandes ciudades. La recesión los dejó desempleados e indigentes. Además de los dos grupos anteriores, los pequeños productores independientes se vieron obligados a cerrar el negocio y a veces cayeron en bancarrota debido a la decisión de la cámara de comercio de Irán de apuntalar la posición ya privilegiada de los grandes capitalistas. La corrupción y el gobierno de una camarilla cortesana significaron que muchos comerciantes tradicionales, a menudo asociados con el bazar, se vieron privados de las grandes ganancias al alcance de los sectores más privilegiados de la clase dominante.

Este tipo de decisiones, que ejemplifican la arrogante dictadura de la familia real, alimentaron el descontento político generalizado, mientras que la supresión de la izquierda y, de hecho, de toda la oposición secular permitió que secciones del clero y el movimiento islámico movilizaran lo que en realidad era descontento de clase en nombre de la religión. El clero, que había sobrevivido a las medidas represivas de la dictadura del sah llegando a acuerdos con el régimen, estaba en una posición mucho mejor para beneficiarse del descontento político que los grupos seculares y socialistas, que habían sufrido muchas pérdidas en sus filas debido a las ejecuciones y encarcelamientos. En el verano de 1978, las manifestaciones religiosas en las principales ciudades fueron lideradas por el clero, financiadas por el bazar y apoyadas por productores independientes, los pobres urbanos y los estudiantes.

Después de la revolución, las protestas contra la desigualdad y por mejores salarios y condiciones de trabajo continuaban en las fábricas y en toda la industria petrolera, por lo que el nuevo gobierno islámico atacó a los manifestantes y activistas laborales. Para un régimen cuyo apoyo principal se basaba en el bazar y los pequeños capitalistas, la defensa de la propiedad privada se convirtió en algo primordial.

Además, la mezcla no homogénea (multiclase) en el campo de los islamistas requería una política de negación de la lucha de clases, o al menos marginarla y eliminarla de la agenda política. Este bloque social, unido bajo el paraguas de la cultura religiosa, no tenía otra manera de superar los antagonismos de clase dentro de él entre los pobres habitantes de las barriadas de chabolas y los representantes de los bazares, más acomodados. El nuevo estado religioso necesitaba «unidad» y en consecuencia desarrolló rápidamente un odio hacia la izquierda, que quería continuar la lucha, y propugnaba la acción de la clase obrera independiente. En el primer mes después de llegar al poder, el nuevo régimen utilizó paramilitares y partidarios civiles para atacar las protestas de los trabajadores. En marzo de 1979, los asistentes a una reunión de trabajadores petroleros en la refinería de Teherán fueron atacados por las milicias de Hezbollah y Bassij, que gritaban Hezb faghat hezbollah: «Solo un partido: el partido de Allah».

Nuevo y débil

La guerra Irán-Irak (1980-88) fue la única ocasión en que el estado tomó medidas de bienestar social como la emisión de cupones para la mayoría de la población. Las duras condiciones creadas por la guerra enmascararon algunas de las desigualdades subyacentes dentro del país. Pero incluso entonces los ricos y poderosos podían pagar sobornos para evitar que sus hijos fueran enviados al frente, algunos incluso encontraron formas de enviar a sus hijos al extranjero para evitar el servicio militar obligatorio. En otras palabras, no hubo mucha igualdad en cuanto a los que fueron enviados al frente, donde cientos de miles de soldados perdieron la vida.

El final de la guerra estuvo marcado por la reintegración del país en la economía mundial. La muerte de Jomeini llevó al nombramiento de un nuevo líder supremo, Ali Jamenei, que en comparación era relativamente débil –no era aún el dictador en el que se convertiría en los años posteriores–. Era completamente leal a Akbar Rafsanjani, el clérigo principal que lo había nominado como vali faghih («guardián de los imbéciles» o líder supremo). La dominación internacional del capital financiero y la globalización, así como el ascenso de una poderosa facción «reformista» en el régimen iraní, allanó el camino para un plan masivo de reconstrucción de postguerra, totalmente en línea con el nuevo orden mundial capitalista. Nadie persiguió esto con más entusiasmo que el ayatolá Rafsanjani, que ya era un hombre de negocios con una considerable fortuna personal. Este período marcó el comienzo de una brecha cada vez mayor entre los ricos y los pobres en la República Islámica de Irán.

Este es el momento en que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se involucraron en ayudar a la economía de Irán –una situación que ha durado hasta hoy, a pesar de los reclamos de «independencia» de los líderes islámicos–. Estas instituciones impulsaron la política de privatización y la maximización de las ganancias en aras del «crecimiento» (además del fin de los subsidios de bienestar).

El siguiente informe del Banco Mundial de octubre 2018 ofrece un razonable resumen de la situación:

Las autoridades iraníes han adoptado una estrategia integral que abarca reformas basadas en el mercado, tal como se refleja en el documento de previsión a 20 años del gobierno y en el sexto plan de desarrollo quinquenal para el período 2016-2021 … En el frente económico, el plan de desarrollo prevé una tasa de crecimiento económico anual del 8%, reformas de las empresas estatales y del sector financiero y bancario, y la asignación y gestión de los ingresos del petróleo, como principales prioridades del gobierno durante el quinquenio.[1]

Sin embargo, en Irán –como en todas partes bajo el capitalismo neoliberal– no hubo un «efecto filtración». No se redujo la brecha entre los ricos y los pobres, y mucho menos se cumplieron las promesas de «igualdad». Mientras que los clérigos y sus más cercanos partidarios civiles y militares han ganado miles de millones de dólares con el contrabando y el mercado negro, los iraníes corrientes se han enfrentado al hambre, la pobreza extrema y la muerte debido a la escasez de medicamentos y equipos quirúrgicos. Sin duda, el despliegue de una riqueza esperpéntica añade el insulto a la lesión, pero el líder supremo no presta mucha atención a la lesión.

El año pasado, una periodista del New York Times se sorprendió por lo que vio en un programa presentado por la progubernamental Press TV:

No fue solo la riqueza lo que me impactó, sino también la forma en que los del «uno por ciento» iraníes alardeaban de los símbolos de la decadencia occidental sin temor a las represalias del gobierno…

Después de una revolución que prometía una utopía igualitaria y se comprometió a erradicar el gharbzadegi –los estilos de vida modernos y occidentalizados de los iraníes cosmopolitas– ¿cómo algunos se han vuelto tan ricos? Resulta que gran parte de la riqueza de Irán está en manos de los propios encargados de mantener la justicia social. Líderes religiosos de línea dura, junto con la Guardia Revolucionaria Islámica, han diseñado un sistema en el que son principalmente ellos, sus familiares y sus leales amiguetes quienes prosperan.[1]

El hijo de un diplomático iraní, Sasha Sobhani, que aparentemente tiene medio millón de seguidores en Instagram, publicó recientemente unas fotografías de sus viajes a las islas griegas. Aparecía sentado en la cubierta de un yate caro bebiendo champagne. Debajo de un post escribió: “¿Hasta cuando estaréis celosos de mí?”

En otras palabras, no queda nada de las consignas igualitarias del levantamiento de febrero. Hoy en día, la mayoría de jóvenes iraníes se ríen de las afirmaciones de sus gobernantes de perseguir la «justicia social» y, como en febrero de 1979, los iraníes viven en dos universos paralelos. En el norte de Teherán, helados recubiertos de oro y automóviles Lamborghini y Porsche, son un mundo aparte de la vida real de millones de iraníes que se enfrentan al hambre y la falta de medicamentos básicos, por no mencionar a las decenas de miles que todavía viven en barrios de chabolas, como Nassir Shahr en las afueras de Teherán. Además, el predominio de la cultura superficial, de celebridades, de tipo estadounidense, se ha extendido ampliamente a través de las redes sociales entre los sectores acomodados de la juventud iraní, lo que significa que los ricos ostentan su riqueza sin vergüenza, aumentando la ira y el resentimiento de la mayoría de la población.

El umbral de la pobreza en 2018 se situó aproximadamente en $ 480 al mes por hogar. Esto significa que el 33% de la población, más de 24 millones de iraníes, vive por debajo de ese umbral de pobreza. El ingreso medio de un hogar promedio es de tan solo $ 885, haciendo que quienes se encuentran por encima del umbral de la pobreza oficial tengan que luchar para llegar a fin de mes. El uno por ciento superior gasta 86 veces más que el uno por ciento más pobre. Según el periódico iraní Donya-e-Eqtesad, «el 10% más pobre de la población gasta una 14ª parte de la suma gastada por el 10% más rico”.

Sanciones

Cuando Donald Trump reimpuso las sanciones contra Irán, después de la retirada unilateral de Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) en noviembre de 2018, los sectores petrolero y bancario de Irán fueron fuertemente dañados. La moneda perdió más de la mitad de su valor el año pasado. No es necesario recordar a los lectores que quienes están en el poder, o cerca de los centros de poder, no se han visto afectados por estas nuevas sanciones. Todavía pueden comprar bienes a los tipos de cambio irreales del gobierno –vendiéndolos al precio semioficial altamente inflado, asegurándose así enormes ganancias–. Además, los relacionados con los centros de poder tienen un monopolio sobre la distribución de alimentos y medicinas. La mayoría de ellos ha amasado su fortuna astronómica a través del control del mercado negro durante la era de las sanciones. Este grupo utiliza su experiencia en el contrabando en el creciente sector de la economía negra para acumular aún más riqueza a expensas de la clase trabajadora y los pobres.

Jamenei y cada vez más el gobierno del presidente Hassan Rouhani dicen a los iraníes que los «sacrificios» que están haciendo valen la pena, porque, al fin y al cabo, Irán es ahora políticamente independiente. Esto, desde luego, no es cierto. El acuerdo nuclear firmado en 2016 fue, de hecho, un signo de sumisión al dictado occidental. Hablando ante la multitud reunida para las celebraciones del levantamiento de febrero, Rouhani dijo que el país estaba en «estado de guerra» y mientras que los iraníes cuestionan cada vez más el precio que tienen que pagar por esta célebre «independencia», la realidad obvia es que ésta no tiene sentido, dada la dependencia económica del país del capital global. Las sanciones económicas han tenido un efecto devastador en la economía de Irán precisamente por esta dependencia –al menos en términos de la importación de productos básicos–.

Para ejercer la hegemonía es útil que, además de la independencia económica, se disfrute de un apoyo abrumador dentro de las propias fronteras. Pero esto difícilmente puede lograrse si se acusa a los trabajadores que protestan por la falta de pago de los salarios de ser agentes de poderes extranjeros; si se arresta a cada abogado que se atreve a representar a un activista de izquierda; ¡si se acusa de espías a maestros jubilados y empleados estatales que exigen el pago de sus pensiones ganadas con tanto esfuerzo!

En el 40 aniversario de la revolución islámica, el estado iraní cumplió con la rutina habitual de las celebraciones masivas en las calles, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intercambiaban insultos en Twitter.

Trump escribió: “40 años de corrupción. 40 años de represión. 40 años de terror. El régimen en Irán ha producido solamente #40añosdefracaso. El sufrido pueblo iraní merece un futuro mucho más brillante”.

Zarif respondió: “#40añosdefracaso en aceptar que los iraníes nunca volverán a la sumisión. #40añosdefracaso en ajustar la política estadounidense a la realidad. #40añosdefracaso para desestabilizar a Irán a través de la sangre y el dinero. Después de 40 años de malas decisiones, es hora de que @realDonaldTrump reconsidere la política estadounidense fallida”.

Los clérigos y su gobierno lograron que decenas de miles de iraníes asistieran a las celebraciones. Sin embargo, la mayoría eran soldados, maestros, alumnos y empleados del gobierno. Las imágenes muestran que no hubo ni el entusiasmo ni la espontaneidad de 1979. En contraste, las manifestaciones del mes pasado en la planta azucarera de Haft Tapeh y las protestas de los trabajadores en Ahvaz a mediados de enero demostraron que el espíritu de 1979 está vivo y fuerte. Si va a haber algún cambio en Irán, vendrá de estas fuerzas, y definitivamente no de los partidarios del «cambio de régimen desde arriba» patrocinado por la administración Trump, Arabia Saudita e Israel.

Notas

  1. www.bbc.co.uk/news/world-us-canada-36431160
  2.  www.worldbank.org/en/country/iran/overview
  3.  www.nytimes.com/2014/06/11/opinion/clerical-rule-luxury-lifestyle.html?_r=0
es una socialista iraní exiliada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña «Fuera las manos del Pueblo de Irán» (HOPI).

Fuente:

https://weeklyworker.co.uk/worker/1238/forty-years-of-inequality/

Traducción:Anna Maria Garriga Tarré / sinpermiso.info

Justa Montero: “El feminismo de Ciudadanos entra en contradicción con el que convoca la huelga feminista”

Anticipa un éxito, otro, del movimiento feminista en la huelga de este año. Cree que, si hoy nadie puede dejar de hablar de feminismo, es gracias al empuje del movimiento feminista autónomo en los últimos años. Justa Montero, militante feminista de larga trayectoria, alerta contra el feminismo que pretende asegurar derechos para una pocas sin tocar las estructuras que generan la desigualdades para todas.

Por Patricia Reguero

Justa Montero empezó su militancia en el movimiento feminista en los años 70. Formaba parte de un grupo universitario con un nombre “horroroso”, dice: la Asociación Universitaria para el Estudio de los Problemas de la Mujer. Militaba en un grupo de San Blas que facilitaba información sobre aborto y anticonceptivos en los últimos años de la dictadura. Es fundadora de la Asamblea Feminista de Madrid y una de las veteranas de la Comisión Feminista 8M, encargada de coordinar la huelga feminista.

Sobre la convocatoria de huelga feminista el 8M, es optimista y anticipa un éxito (otro) del movimiento feminista en la movilización por los derechos de las mujeres con unas demandas que nada tienen que ver con ese “feminismo liberal” hecho a la medida de Ciudadanos. “Hoy nadie puede dejar de hablar de feminismo y nosotras mantenemos una autonomía y una forma de organizarnos que ha llevado a lo que nunca se hubiera pensado”, asegura. Montero es además una de las firmantes del manifiesto por un feminismo internacionalista hecho público este miércoles junto a Angela Davis, Nancy Fraser o Verónica Gago. Hablamos con ella pocas horas antes de que empiece la jornada de huelga feminista.

El comunicado “Hacia la internacional feminista” publicado ayer, ¿a qué momento responde?

Una de las cosas que refleja el 8M es una práctica de un nuevo internacionalismo feminista que nos está uniendo a partir de las convocatorias de huelga en 2016 en Argentina, pero el comunicado va más allá del 8M. El nuevo internacionalismo feminista parte de la práctica en nuestros territorios concretos y desde ahí hace una propuesta global de cambio de sociedad, que tiene que ver con una articulación internacional, porque los problemas que denunciamos tienen que ver con procesos internacionales que hacen que las políticas extractivistas con capital del norte global ataquen los derechos de las mujeres en países del sur. Este manifiesto es testimonio de esos procesos que se están dando de los movimientos feministas en distintos países.

¿Es eso lo que algunas llamas “feminismo de cuarta ola”?

No soy mucho de olas, pero si sirve para entenderse… El momento actual responde a un proceso de los últimos años caracterizado de partir de las prácticas feministas desde la diversidad, no como suma de identidades particulares sino como reflejo de cómo las mujeres estamos atravesadas por otros sistemas de poder (clase, raza, políticas coloniales). Eso dibuja un mapa de los conflictos que atraviesa nuestros cuerpos y nuestras vidas que es muy amplio. Y esta ola tienen que ver con esa capacidad de las mujeres para analizar la situación y plantear alternativas desde una dimensión global, poniendo el foco en las causas estructurales y en el propio sistema.

¿El año pasado se dijo que la huelga feminista había marcado un “hito”? ¿Se puede repetir un hito?

La huelga feminista del 2019 va a ser un exitazo. Los vemos porque se nota en la calle, y porque esta semana de revuelta feminista, como la hemos llamado, está contribuyendo a movilizar. El que sea un éxito tiene que ver con la realidad y con la percepción que tenemos la mujeres de esa realidad. El año pasado conseguimos poner sobre la mesa los muy diversos problemas que atraviesan nuestros cuerpos y nuestras vidas, y durante todo este año hemos conseguido que sea motivo de debate social. El año pasado dijimos que nadie iba a poder mirar a otro lado, y lo hemos conseguido. El problema es que los cambios concretos materiales no se han dado y cuando decimos que tenemos mil motivos es porque los motivos que planteábamos en la anterior huelga siguen vigentes al 99%, eso también provoca mucha indignación y mucha rabia.

En 2018 la huelga era un proceso, y esta idea se repitió durante varios meses. ¿Sigue siendo un proceso la huelga feminista en 2019?

La huelga sigue siendo un proceso y siempre lo hemos visto así. En ese proceso se han incorporado muchísimas más mujeres, hemos notado cambios en asociaciones, cambios en los sindicatos… Por ejemplo, con respecto a los sindicatos, aunque este año UGT y CC OO no han respondido a nuestra petición [de huelga de 24 horas], CC OO Enseñanza convoca 24 horas. Y eso es producto de un proceso en el que las mujeres feministas sindicalistas han estado presionando. Ahora estamos en una situación de enfrentar la jornada del día 8 sabiendo que es un éxito asegurado.

Algunas críticas de 2018 tenían que ver con la duda de si en la huelga estábamos todas. El anuncio de Afroféminas de que no se suma la huelga feminista, ¿se puede leer como un fracaso en el intento de hacer una huelga de todas para todas?
Creo que no. La propuesta de huelga es una propuesta clarísima para que todas las mujeres tengan un espacio y puedan hacer la huelga de una u otra forma. En relación a si todas las mujeres se sienten incluidas, creo que las mujeres racializadas tienen muchas voces y, de hecho, dentro de la Comisión 8M existe una Comisión de Migración y Antirracismo que ha estado muy activa durante todo el proceso y que ha participado desde la propia comisión 8M. Gracias ese sentirnos todas parte de este proceso, en el argumentario no hay un eje de fronteras, como el año pasado, sino que la perspectiva de las mujeres racializadas y de la lucha contra el racismo es transversal. A iniciativa de esta Comisión, la primera acción de la semana de revuelta feminista fue una concentración el CIE de Aluche. No es que con eso se resuelva todo, pero sí es un paso adelante y ahora hay que seguir avanzando.

Ha habido algunas las tensiones dentro de la Comisión 8M, ¿pueden esas tensiones, como la postura del feminismo transexcluyente, o el debate en torno a la prostitución, debilitar este 8M?

Las mujeres trans están en la Comisión 8M, no hay debate sobre eso. Forman parte del trabajo colectivo, son voceras… Dentro de la comisión 8M ese debate no existe, sino que el debate está en otros feminismos, y creo que es marginal. Con respecto a la prostitución, en primer lugar hay que decir que no se está poniendo en primer plano algo importantísimo, que es el acuerdo que hay, unánime y recogido en las propuesta de la Comisión Feminista 8M sobre el tema de la trata. En las propuestas está explícitamente recogida la denuncia de la trata con fines de explotación sexual y laboral y los problemas que está habiendo por la no aplicación y no desarrollo de la normativa tanto española como comunitaria. Luego hay que entender que estamos hablando de la Comisión Feminista 8M, que es enormemente plural y heterogénea, donde coexisten las posiciones abolicionista y proderechos. Hemos tenido tiempo atrás este debate con el objetivo de aproximar posiciones, porque muchas estamos convencidas de que podemos ir aproximando posiciones, pero es que el planteamiento de la Comisión 8M es trabajar sobre lo que nos une, sobre consensos, teniendo en cuenta que lo que hacemos es un llamamiento a una huelga, y que en el movimiento feminista existen muchos colectivos con distintas posiciones que están manifestando a lo largo de todo el año.

Circula la idea de que se prohíbe discutir sobre esto: no. No se puede prohibir una discusión dentro de un movimiento crítico como es el movimiento feminista, sino que no se aborda en la Comisión 8M, puesto que no reúne consenso. Nos parece que esta forma no pone límites a nada sino que plantea la necesidad de pensar cuáles son los mejores momentos para ir avanzando en temas que son difíciles.

Con la cercanía de unas elecciones generales, ¿está habiendo un intento por parte por parte de los partidos para capitalizar la fuerza del 8M?

Dentro de lo que es la Comisión 8M hay mujeres que están en partidos y sindicatos, pero allí estamos a título individual y creo que, después de dos años, hay respeto y confianza entre nosotras. Ahora, en el panorama político actual, evidentemente que estemos en un contexto electoral distorsiona muchísimo los mensajes y el debate político. Nos parece bien en el sentido de que es un éxito del movimiento feminista haber conseguido que todos los partidos se tengan que pronunciar. Lo que nosotras planteamos está en el centro del debate y de las políticas, esto es implícita o explícitamente un reconocimiento al éxito de nuestra movilización. El problema es que, al entrar en el momento electoral, los partidos discuten entre ellos, no se ponen a debatir sobre lo que son nuestras propuestas. Lo que tienen que hacer es responder a lo que nosotras decimos, decir qué políticas van a seguir respecto a lo que planteamos. Y, en segundo lugar, respetar la autonomía y el protagonismo del movimiento feminista.

¿Qué te ha parecido esto del feminismo liberal de Ciudadanos?
El año pasado, como les cogimos de improviso y nadie se creía lo que estábamos gestando, tuvieron que pronunciarse en el último momento. Desconfían, no saben lo que es la potencia del feminismo aquí y a nivel internacional. Ahora, hace apenas una semana todos están empezando a plantearlo dentro de sus discursos. En relación a Ciudadanos, llama la atención que de repente hayan salido intentando protagonizar y liderar el movimiento feminista.

Ellas plantean una propuesta que es claramente confrontada con la que se hace de cara a la huelga feminista, creo que en todos los terrenos. Primero, intentan deslegitimar al propio movimiento, como ya hicieron al año pasado con otros argumentos. Y luego crean la ilusión de que feminismo liberal significa derechos para todas, cuando el feminismo liberal del que ellas hablan se nutre de la propia filosofía liberal donde los derechos individuales son carentes de cualquier proyección social. Plantean unos derechos individuales compatibles con política neoliberales que no solo profundizan en las desigualdades sino que en ese proceso aumenta la de exclusión social de las mujeres. Además, plantean unos derechos individuales apelando a unas mujeres que son una minoría. Es un feminismo donde la situación de las mujeres migrantes no entra, ni la de las mujeres en situación de precariedad, y que pretende hacer compatibles unos derechos con el mantenimiento de las estructuras que generan que no existan derechos para todas las mujeres. Es una contradicción.

Pero entonces, ¿el feminismo liberal se puede llamar feminismo? ¿Aceptamos barco como animal de compañía?
Hay una disputa por el término, ya lo dijimos el año pasado después del 8M. Hemos conseguido una hegemonía, y ahora el término feminismo, que estaba denostado, ya no lo está. Esto tienen un aspecto importantísimo y es que cientos de miles de mujeres ven en el feminismo una referencia, pero en esa disputa por el contenido del feminismo entra todo el mundo, incluidos los partidos de derecha. No es una disputa simplemente retórica, sino que lo es también por las políticas que se plantean, y Ciudadanos ha entrado de lleno en esta disputa y le quiere dar un contenido propio que para mí entra en contradicción con la propuesta que supone el feminismo que llama a la movilización a millones de mujeres con una huelga feminista.

Tu trayectoria en el movimiento feminista es larga. ¿Los debates que se producen hoy te suenan a algo por lo que ya has pasado, por ejemplo con el tema de la prostitución?

En el movimiento feminista siempre ha habido mucho debate, y además me parece un elemento positivo. Por un lado hay un desarrollo de la teoría feminista muy fuerte, y por otro esta teoría dialoga con el activismo, desde el cual también se hace teoría feminista. Entonces, en la medida en la que el movimiento feminista tuvo una expresión pública, esto ha sido un elemento constante y creo que enriquecedor. Y nunca en el movimiento feminista ha habido temor a los debates aunque a veces hayan sido muy apasionados. Ahora bien, creo que el debate actual respecto a la prostitución tiene un nivel de virulencia que yo no había visto antes. A mí personalmente esto me ha sorprendido y creo que eso está haciendo que muchas mujeres no se atrevan a dar su opinión porque son descalificadas. Eso es un mal síntoma.

¿A qué retos de enfrenta este 8M?

Tenemos el reto de poder visibilizar ante toda la sociedad la realidad y las exigencias de las mujeres, y de mostrar que el movimiento feminista en su pluralidad es una fuerza que no está dispuesta a ceder nada hasta conseguir un cambio en profundidad de esta sociedad. Nos vamos a enfrentar a la resistencias que haga falta y lo haremos con fuerza y con una pasión que hace que seamos una referencia.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/justa-montero-el-feminismo-de-ciudadanos-entra-en-contradiccion-con-el-que-hace-el-llamamiento-a-la-huelga-feminista

Antonio Casilli: Trabajador digital, el ‘invisible’

Interactuar en internet también es ‘trabajar’, pues se consume produciendo; tal su provocación.

Por Iván Bustillos / La Paz

En julio del pasado año estuvo en Bolivia el sociólogo italiano Antonio Casilli, vino a presentar el libro Trabajo, conocimiento y vigilancia. 5 ensayos sobre Tecnología, texto publicado por la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (Agetic). Uno de los más renombrados “sociólogos de internet” en Europa, Casilli propone interesantes tesis de lo que sería el “trabajador digital”, la vigilancia masiva por internet y su conflicto con la privacidad, y la construcción del conocimiento en las redes. Con un mundo diferenciado pero global, provoca mirar internet de otro modo.

— La creencia generalizada es que los robots nos están quitando el trabajo. Parece que usted tiene otra percepción del asunto.

— Diré que es al revés, que más bien son los seres humanos los que están tomando el trabajo de los robots. La idea de que los robots van a tomar el trabajo de los humanos es muy vieja, del siglo XIX, cuando pensábamos que las primeras máquinas a vapor iban a reemplazar el trabajo humano. Eso no ha pasado. Son las máquinas las que cambian, se renuevan; cada vez que hay una nueva ola de nuevas máquinas siempre vuelve la misma profecía de que éstas nos van a reemplazar. Ahora estamos con máquinas digitales, que para poder funcionar requieren de un trabajo y entradas en el sistema; esas entradas son el trabajo digital.

— Usted dice que el trabajo digital es invisible, disperso, precario, menos solidario…

— Que quede claro que el trabajo digital no es el de los expertos, de los ingenieros que crean el software. Se trata más bien de personas, que ya se puede llamar ‘proletariado digital’, que hacen tareas muy simples, estandarizadas, a las que se paga muy poco, hasta no se les paga. Estamos ante un trabajo que no se ve, porque está invisibilizado a propósito por los creadores de las plataformas. No es invisible por su esencia, es invisibilizado por los propietarios de dichas plataformas. Es trabajo que no está reconocido como tal, porque los trabajadores están considerados consumidores; además, hay trabajadores que hacen tareas tan pequeñas que no se consideran trabajo, sino microtrabajo. Estos falsos consumidores y los microtrabajadores realizan una labor muy importante, que es entrenar a las inteligencias artificiales.

— ¿Esto es propio de los países centrales, de alta tecnología, o se despliega también en otros del Tercer Mundo, digamos?

— Es un fenómeno global, que no es solo para los países de alto ingreso; sin embargo, el valor que es generado por este microtrabajo no está repartido de manera igual. Los países centrales, del norte, son los que han comprado este microtrabajo y sacan provecho de él. Si nos fijamos dónde viven los microtrabajadores, que reciben los ingresos (más) bajos, vienen de los países en vías de desarrollo o países pobres; entonces, son ellos los que realizan este microtrabajo. Vemos que las desigualdades que reflejan este microtrabajo, en general, siguen las mismas tensiones que ha producido el colonialismo.

— Este trabajador digital, señala usted en otra parte, llega a cien millones; y si hay algo que lo distingue es que es ‘consumidor-productor’. Parece que el solo hecho de usar internet ya no es tan inocente como antes.

— En efecto. Claro que cien millones se refiere a los microtrabajadores que reciben algunos centavos para estas microtareas. Pero, si empezamos a hablar de los consumidores-trabajadores, ahí hablamos de miles de millones de personas; en realidad, cada uno de nosotros. Aparte de que tengamos un trabajo propio, realizamos estas microtareas y generamos valor.

— Parece que también ha cambiado el concepto de empresa.

— Las plataformas no son como las empresas del siglo XX. La característica de las empresas era la centralización de algunas funciones y la fidelización de los trabajadores con un salario. Fuera de la empresa era el lugar del mercado; pero hoy las plataformas son como un híbrido entre empresa y mercado: como empresa, centralizan y acumulan las ganancias; pero como mercado, allí fluctúan los precios. Por ejemplo, la plataforma Amazon es, de un lado, una empresa que centraliza las ganancias y que estructura de una manera muy jerárquica el trabajo; pero, de otro lado, es una plaza de mercado, donde fluctúan los precios, que incorpora a estos consumidores-trabajadores, a los microtrabajadores.

— ¿Hay experiencias de defensa  de este microtrabajo; que los sindicatos se estén renovando?

— En algunos países los sindicatos están cambiando y se están interesando en los trabajadores digitales. Experiencias en Francia y Alemania. Sindicatos muy importantes han creado plataformas digitales para proteger a los trabajadores del sector digital. También se apoya a trabajadores de África o de Asia, que son los que más realizan el microtrabajo. Hay esfuerzos de hacer plataformas cooperativas, basadas en el principio de hacer evolucionar las plataformas para alejarse del concepto capitalista.

— ¿Y el Estado? ¿Qué papel está jugando en esta nueva realidad?

— Es difícil, porque los Estados que yo conozco son los europeos, y éstos buscan tener alianzas con las plataformas capitalistas y no defender a los trabajadores, porque consideran que la presencia de estas plataformas en su territorio va a ser una fuente de ingresos y riqueza, y también una fuente de datos masivos de vigilancia sobre los trabajadores. Pero, sí hay una forma de cambio que puede aparecer en la relación entre Estados y plataformas, que es a través de la fiscalización. Francia, y de manera general Europa, de último están pensando cómo utilizar la fiscalización para sacar impuestos sobre la cantidad de datos producidos en cada uno de los países, y cómo utilizar estos ingresos para financiar políticas redistributivas.

— Vigilancia masiva y datos privados. ¿La sola fecha de nacimiento es un dato que puede venderse, o responder sobre gustos, colores, lo que fuera?

— Cuando hablamos de los datos personales en las plataformas, como Facebook, en realidad estamos hablando de datos realmente muy colectivos. Si usted comparte en las plataformas qué música le gusta o qué opiniones políticas tiene, en realidad está dando también información sobre todo el entorno, su familia, sus amigos. Porque los grupos en estas plataformas se conforman en base a intereses comunes. Por eso digo que no hay nada más colectivo que un dato personal. Entonces, el que la plataforma se esté apropiando de los datos de una persona en realidad significa que se está adueñando de un grupo, de una cadena de personas, que de poco en poco llega a ser la humanidad entera. Porque la estructura misma de estas plataformas hace que cada uno de nosotros esté relacionado con cualquier otra persona a través de cinco o seis grados de separación, o hasta menos. ¿Qué significa grado de separación? significa que entre yo y Putin, el presidente de Rusia, por ejemplo, hay solamente cuatro personas, que yo conozco a alguien que conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a Putin. Lo mismo entre yo y un microtrabajador en Filipinas. Entonces, cada dato que se me roba a mí es también un dato que se roba al resto de estas personas.

— ¿Se puede vender información, tendencias, estadísticas…?

— En general, estos datos no son vendidos como tales, sino que están monetizados. Significa que se provee un acceso a estos datos, una suscripción, a otras plataformas, empresas, Estados, medios de comunicación; esta monetización de los datos provee a estas grandes empresas un gran flujo de efectivo. Pero esto no es lo único: además de vender el acceso a estos datos, también se los conserva dentro de las plataformas para poder entrenar las inteligencias artificiales, entrenar los modelos de aprendizaje automático, hacer que los robots aprendan a comportarse de la misma forma que las plataformas.

— En la construcción de conocimiento en internet, la idea básica parece: todos contribuyen, pero siempre hay alguien que monitorea, Wikipedia, Google.

— Primero hay que entender que Wikipedia no es solo una enciclopedia, sino una galaxia de enciclopedias en varios idiomas. Hasta ahora la Wikipedia con más influencia es la versión en inglés. Pero el problema no es tanto el de Wikipedia, sino de Google, esto porque Wikipedia ha regalado toda su base de conocimiento a Google, a cambio de facilitar el acceso; así, si alguien busca a Antonio Casilli en Google, el primer resultado va ser Wikipedia; entonces, quien controla Wikipedia de alguna forma controla a Google. Por esta razón, cuando alguien quiere influir, introducir un sesgo político en los resultados de Google tiene mucho interés en ir a modificar los artículos de Wikipedia. Aunque Wikipedia es una experiencia colectiva, colaborativa, muy positiva, está rodeada de empresas y plataformas depredadoras, capitalistas, que buscan cómo torcer Wikipedia para sacarle provecho. El desafío más grande en este sentido es construir una plataforma de conocimiento común que logre ser independiente, que no pueda ser apropiada por las otras plataformas (de concepto capitalista).

Antonio Casilli. Presentó el libro Trabajo, conocimiento y vigilancia. 5 ensayos sobre Tecnología (Agetic, Embajada de Francia, 2018). Ensayos del autor en los últimos diez años sobre el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el mundo laboral, la privacidad y el saber.

Datos

Nombre: Antonio Casilli

Nació: En 1972, en Italia.

Profesión: Trabaja en The College of Telecommunications at the Paris Institute of Technology (Telécom Paris Tech).

Perfil

Casilli inició el debate público en la academia francesa sobre el mundo del trabajo digital; en 2017 cofundó la Red Europea de Trabajo Digital (ENDL).

La influencia del prestigio en la difusión de las ideas

Por Viviane Callier

Un modelo inspirado en el contagio de enfermedades infecciosas muestra que las ideas que se originan en instituciones prestigiosas llegan más lejos que otras igualmente buenas pero que nacen en centros más modestos.

 

Al igual que ocurre con las enfermedades infecciosas, las ideas que surgen en el ámbito académico también se contagian. Sin embargo, hasta ahora los investigadores no tenían del todo claro por qué algunas ideas llegan tan lejos mientras que otras igualmente buenas permanecen en relativa oscuridad.

Ahora, un equipo de científicos de la computación ha usado un modelo epidemiológico para simular la transmisión de ideas entre instituciones académicas. Los resultados muestran que las ideas originadas en centros prestigiosos provocan «epidemias» de mayor tamaño que aquellas igualmente buenas pero que nacen en centros menos famosos, explica Allison Morgan, investigadora de la Universidad de Colorado en Boulder y autora principal del estudio. «Eso implica que, manteniendo constante la calidad de una idea, el lugar donde esta nace determina cuán lejos llegará», señala Aaron Clauset, también de Boulder y coautor del trabajo.

Eso no solo es injusto, sino que pone de relieve «una gran debilidad en nuestra forma de hacer ciencia», opina Simon DeDeo, profesor de ciencias sociales y de la decisión de la Universidad Carnegie Mellon, quien no participó en el estudio. Hay muchos investigadores altamente capacitados que no terminan en instituciones de primer nivel. «[Esas personas] están generando buenas ideas que sabemos que se están perdiendo», añade DeDeo. «Nuestra ciencia, nuestro sistema académico, no es tan bueno como podría ser debido a ello.»

Para llevar a cabo su trabajo, los autores analizaron un conjunto de datos sobre la contratación de personal académico en el área de ciencias de la computación en EE.UU. y Canadá. Después, los cruzaron con una base de datos de artículos publicados por esos mismos investigadores contratados. A partir de ahí, estudiaron cómo se movían las ideas relativas a cinco grandes temas de investigación.

Observaron que la contratación de un investigador daba cuenta de dicho movimiento en más de un tercio de las ocasiones. Y que, en el 81 por ciento de esos casos, la transmisión tenía lugar desde una institución de mayor prestigio a una de menos. A continuación, el equipo simuló el proceso mediante un modelo de propagación de enfermedades infecciosas y halló que el tamaño de una «epidemia» (medido a partir del número de instituciones que publicaron estudios sobre una idea después de que esta se diese a conocer) dependía del prestigio del centro de origen. Los resultados se publican en EPJ Data Science.

El modelo sugiere que «puede haber un gran número de buenas ideas que nacen en el medio del pelotón», sostiene Clauset. DeDeo está de acuerdo: hay mucho trabajo de calidad que se hace en lugares que no son famosos. «Podemos aprender mucho de ellos, y podemos aprender cosas que nadie más sabe porque ni siquiera se les está prestando atención», concluye el investigador.

Referencia: «Prestige drives epistemic inequality in the diffusion of scientific ideas», Allison C. Morgan et al en EPJ Data Science, vol. 7:40, diciembre de 2018.

Doctora en biología, escribe en distintas publicaciones científicas

Fuente:

https://www.investigacionyciencia.es/noticias/la-influencia-del-prestigio-en-la-difusin-de-las-ideas-17213

El abecedario de Frantz Fanon

El pensamiento y acción del escritor, pensador y activista Frantz Fanon es crucial para entender los movimientos emancipadores a partir de los años 60 y 70.

Por Revue Ballast

“Cada vez que la libertad y la dignidad humana se ponen en cuestión, nos concierne a todos, blancos, negros o amarillos (1)”, afirmaba este nativo de Fort-de-France (Martinica) para explicar su compromiso, en 1943, con el Ejército francés de liberación. Pero el joven soldado —herido de gravedad en el pecho por el estallido de un obús— no tardaría en confesar su desilusión: el racismo perduraba en las filas republicanas. Una década más tarde, siendo ya psiquiatra, se incorporó a la lucha por la independencia de Argelia, hasta el punto de presentarse como uno de sus conciudadanos y con el deseo de ser enterrado allí —como así se hizo a principios de los años 60, con tres de sus libros a su lado—. El autor de los ya clásicos Los condenados de la tierra y Piel negra, máscaras blancas consideraba que los análisis marxistas debían ser “ligeramente ajustados” cuando se trataba de pensar el colonialismo: un viaje, en 26 letras, sobre una de las grandes figuras revolucionarias del siglo XX.

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Antisemitismo: “El antisemitismo me toca de lleno, me conmueve, me provoca un increíble rechazo que me debilita, me niega la posibilidad de ser humano. No puedo desolidarizarme de la suerte reservada a mi hermano. Cada uno de mis actos compromete a la humanidad. Cada una de mis reticencias, de mis miedos, expresa humanidad”. (Piel negra, máscaras blancas)

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Burguesía nacional: “En el seno de esta burguesía nacional no se encuentran ni industriales ni inversores. La burguesía nacional de los países subdesarrollados no se orienta hacia la producción, la invención, la construcción o el trabajo. Se canaliza por completo hacia actividades de tipo intermedio. Estar en el circuito, en el entramado, tal parece ser su vocación profunda. La burguesía nacional tiene una psicología de hombre de negocios, no de patrón industrial”. (Los condenados de la tierra)

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Colonialismo: “Reiterémoslo, todo grupo colonialista es racista”. (“Racisme et Culture”, Présence Africaine, junio-noviembre 1956)

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Deshumanización: “Así pues, durante una primera fase, el invasor instala su dominación, afirma masivamente su superioridad. El grupo social subyugado militar y económicamente es deshumanizado según un método polidimensional”. (“Racisme et Culture”, Présence Africaine, junio-noviembre 1956)

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Europa: “Es preciso que el tercer mundo retome la historia de la humanidad teniendo en cuenta, al mismo tiempo, las tesis, en ocasiones prodigiosas, defendidas por Europa y, también, los crímenes de Europa, de los cuales los más abominables habrían sido: sobre la persona, la dislocación patológica de sus funciones y el despiece de su unidad. En el marco de una colectividad, la ruptura, la estratificación y las tensiones brutales alimentadas por las clases. Finalmente, en la escala más amplia de la humanidad, los odios raciales, la esclavitud, la explotación y, sobre todo, el genocidio exangüe que supone la marginalización de la mitad de la humanidad”. (Los condenados de la tierra)

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FLN: “El FLN interpela a la izquierda francesa y a los demócratas franceses pidiéndoles que apoyen toda huelga iniciada por el pueblo francés en contra del aumento del coste de la vida, contra los nuevos impuestos, las restricciones a las libertades democráticas en Francia, consecuencias directas de la Guerra de Argelia”. («Les Intellectuels et les démocrates français devant la révolution algérienne», El Moudjahid, diciembre 1957)

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Genio: “Los nuevos vínculos no deben pasar por la sustitución de una barbarie por otra, ni por una nueva aniquilación del hombre por el hombre. Lo que queremos nosotros, argelinos, es descubrir al hombre tras el colonizador; ese hombre que es, a la vez, agente y víctima de un sistema que le asfixiaba y le reducía al silencio. Por nuestra parte, desde hace varios meses hemos rehabilitado al colonizado argelino. Hemos arrancado al argelino de la opresión secular e implacable. Nos hemos puesto en pie y avanzamos. ¿Quién puede retrotraernos a la servidumbre? Queremos una Argelia abierta a todos, propicia al genio. Así lo deseamos y así lo haremos”. ( L’An V de la révolution algérienne , Maspero, 1959)

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Guardia: “El colonizado se mantiene siempre en guardia, descifrando con dificultad los múltiples códigos del mundo colonial. Ya que nunca sabe si ha traspasado o no el límite”. ( Los condenados de la tierra )

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Historia: “El colono hace la Historia y es consciente de que la está haciendo. Y como se refiere constantemente a la historia de su metrópolis, deja claro que él es la extensión de esta metrópolis. La historia que escribe no es, por lo tanto, la historia del país que él saquea, sino que es la historia de su nación devastando, violando y matando de hambre”. (Los condenados de la tierra).

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Invención: “Serán desalienados los negros y blancos que no se hayan dejado encerrar en la Torre sustancializada del Pasado. Yo soy un hombre, y tengo que llevar conmigo todo el pasado del mundo. De ninguna manera debo extraer del pasado de los pueblos de color mi vocación original. No es el mundo negro quien dicta mi conducta. […] En todas partes del mundo hay gente que se busca. Yo debo recordar en cada instante que el verdadero cambio consiste en introducir la invención en la existencia. Me creo interminablemente en este mundo hacia el que me encamino”. (Piel negra, máscaras blancas)

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Jornada: “Es suficiente, para entender esta sensibilidad, con estudiar, con calcular simplemente, la cantidad y la profundidad de las heridas sufridas por el colonizado durante una sola jornada bajo el régimen colonial. En todo caso, hay que recordar que un pueblo colonizado no es simplemente un pueblo dominado. Durante la ocupación alemana, los franceses siguieron siendo hombres”. (Los condenados de la tierra)

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Kenia: “En las colonias de poblamiento del tipo Kenia, Argelia o Sudáfrica se ha logrado la unanimidad: solamente la lucha armada provocará la derrota de la nación invasora”. (“Accra: l’Afrique affirme son unité et définit sa stratégie”, El Moudjahid, diciembre 1958)

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Liberación: “La verdadera liberación no es esta seudoindependencia en la cual los ministros con responsabilidad limitada compadrean con la economía dirigida por el pacto colonial. La liberación es el fin del sistema colonial, desde la prevalencia del lenguaje del opresor y la transformación en provincias, hasta la unión aduanera que conserva, en realidad, al antiguo colonizado entre las redes de la cultura, la moda y las imágenes del colonialista”. (“Décolonisation et indépendance”, El Moudjahid, abril 1958)

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Momificación: “La puesta en marcha del régimen colonial no conlleva de por sí la muerte de la cultura autóctona. Al contrario, a partir del análisis histórico se concluye que el objetivo pretendido es más una agonía continuada que la desaparición total de la cultura preexistente. Esa cultura, antaño viva y abierta hacia el futuro, se encierra, paralizada por el estatuto colonial, atrapada por el yugo de la opresión. A la vez presente y momificada, declara contra sus integrantes. Les define, de hecho, de manera irrevocable. La momificación cultural provoca una momificación del pensamiento individual. La apatía que se aprecia de forma global en los pueblos coloniales no es más que la consecuencia lógica de esta operación”. (“Racisme et Culture”, Présence Africaine, junio-noviembre 1956)

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Negociación: “Durante las negociaciones sobre la independencia, se trataron en primer lugar las cuestiones ligadas a los intereses económicos: bancos, zonas monetarias, permisos de exploración, concesiones de explotación, inviolabilidad de las propiedades robadas a los campesinos durante la conquista, etc. De la empresa civilizadora, evangélica o cultural no se dijo una palabra”. (“Vérités premières à propos du problème colonial”, El Moudjahid, julio 1958)

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Operación mágica: “Desde hace cuatro años no paramos de repetir a aquellos que ocupan el Parlamento francés que el colonialismo francés no será objeto de ninguna operación mágica y que, por lo tanto, resulta inútil esperar una desaparición progresiva”. (“Lettre à la jeunesse Africaine”, El Moudjahid, mayo 1958)

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Pueblo negro: “Existen las mismas diferencias entre un antillano y un dakariano que entre un brasileño y un madrileño. Lo que se busca al englobar a todos los negros bajo el término de ‘pueblo negro’ es arrebatarles cualquier posibilidad de una expresión individual. Para así obligarles a responder de la idea que nos hacemos de ellos”. (“Antillais et Africains”, Esprit, febrero 1955)

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Racismo: “El racismo vulgar, en su forma biológica, corresponde al periodo de la explotación brutal de los brazos y piernas del hombre. El perfeccionamiento de los medios de producción provoca el fatal camuflaje de las técnicas de explotación del hombre y, por lo tanto, de esas formas de racismo”. (“Racisme et Culture”, Présence Africaine, junio-noviembre 1958)

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Siglo XIX: “Asimismo, frente al extraordinario poder de los hacendados blancos, la abolición de la esclavitud en el siglo XIX se mostró ineficaz para crear una mejora real de la situación de los trabajadores negros. Estos tuvieron que seguir trabajando como jornaleros en las plantaciones y, todavía hoy en día, sus miserables cabañas se levantan junto a la lujosa casa del propietario”. (“Aux Antilles, naissance d’une nation?”, El Moudjahid 1958)

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Síndrome: “Síndrome norteafricano. Hoy en día, el norteafricano que se presenta a una consulta soporta el lastre de todos sus compatriotas. El de todos aquellos que no tenían más que síntomas, todos aquellos de los que decían: Nada a lo que agarrarse (entiéndase: sin lesión). Pero el enfermo que tengo aquí, frente a mí, cuyo cuerpo me obligo a suponer atravesado por una consciencia, un cuerpo que ya no es un cuerpo completo, o es al menos doblemente cuerpo por el desconcierto y el horror –este cuerpo me pide que le escuche sin demora– me provoca indignación”. (“Le syndrome nord africain”, Esprit, febrero 1952)

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Tortura: “La tortura en Argelia no es un accidente, un error o una falta. El colonialismo no se entiende sin la posibilidad de la tortura, la violación o la masacre. La tortura es una modalidad en las relaciones ocupante-ocupado”. (“L’Algérie face aux tortionnaires français”, El Moudjahid, septiembre 1957)

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Unidad: “La Unidad africana es una base a partir de la cual nos proponemos realizar los Estados Unidos de África sin pasar por la fase nacional chovinista burguesa con su comparsa de guerras y lutos”. (“Cette Afrique à venir”, Por la Revolución africana)

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Voz: “Quiero que mi voz sea brutal, no que sea agradable, no la quiero pura, no la quiero transcendente. La quiero rasgada por todas partes, no quiero que se distraiga porque, en resumen, hablo del hombre y de su negación, de la podredumbre cotidiana de la humanidad, de su espantosa renuncia”. (Lettre à un français”, Por la Revolución africana)

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Wright: “El hombre objeto, sin medios para existir, sin razón de ser, quebrado en lo más profundo de su esencia. Donde el deseo de vivir, de continuar, se hacen cada vez más borrosos, cada vez más fantasmagóricos. Es en ese momento en que aparece el famoso complejo de culpabilidad. Wright en sus primeras novelas da una descripción muy detallada”. (“Racisme et Culture”,Présence Africaine, junio-noviembre 1956)

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Youssef: “Con [el bombardeo de] Sakiet Sidi Youssef el pueblo tunecino se ha convencido de que no solamente los franceses pretenden castigarlos por su solidaridad hacia el pueblo argelino sino de que también piensan tomar como pretexto esta solidaridad para reconquistar Túnez, demostrando así, de una vez por todas, que el Magreb es uno y que debe ser dominado por el imperialismo francés”. (“Le sang maghrébin ne coulera pas en vain”, El Moudjahid, febrero 1958)

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Zona: “Una conferencia en Berlín pudo repartir el África desmembrada en tres o cuatro banderas. Actualmente, lo que importa no es que tal o tal región de África sea territorio de soberanía francesa o belga: lo que importa es que las zonas económicas estén protegidas”. (Los condenados de la tierra).

1. Citado por Alice Cherki en Frantz Fanon, portrait, Seuil, 2011.

ARTÍCULO ORIGINAL
Artículo originalmente publicado en Revue Ballast.

 

Toni Negri: “No hacen falta héroes, ni vanguardias, ni líderes. El liderazgo nace dentro del movimiento”

Filósofo, profesor, referencia del comunismo autónomo, Negri fue a Madrid a presentar una autobiografía, Historia de un comunista.

Por Pedro Castrillo y Pablo Elorduy

Escribe Toni Negri (Padua, 1933) que cada mañana programa, aún desde la cama, el resto de la jornada: “Cuando te preparas de esa manera, tampoco los acontecimientos inesperados consiguen hacerte daño”. Quizá por ese motivo, tal vez por malas experiencias en otras entrevistas, pide que le enviemos las preguntas antes de nuestra cita. Filósofo, profesor, referencia del comunismo autónomo, Negri vino a Madrid a presentar una autobiografía, Historia de un comunista (Traficantes de Sueños, 2019), recuerdo en tres movimientos de una vida consagrada a la acción política y a la investigación del marxismo y el comunismo en los márgenes del comunismo y el marxismo. Una vida marcada por la II Guerra Mundial, por la primavera autónoma italiana y el triunfo neoliberal en Europa a partir de los 70. Desde una perspectiva de radical antagonismo de clase, Negri ha vivido con hambre de verdad y con la esperanza de la felicidad en la tierra que define a un verdadero comunista.

¿Se reconoce en el niño que sufrió aquella guerra, aquella violencia, aquel dolor?

No lo sé, es mucha la distancia… La guerra es algo que no se olvida. Es la expresión del mal absoluto. Lo que me da miedo hoy día es oír gritos de guerra por parte de los gobernantes neoliberales que, cuando no consiguen llevar a cabo su programa, aseveran que el desastre está al llegar. Por desgracia, conocemos bien cómo han funcionado a lo largo de la historia esas dinámicas del desastre, del “tras de mí, el diluvio”, y cómo han acabado siempre con resultados desastrosos. Y, a pesar de todo, la situación actual es la siguiente: el neoliberalismo está fracasando. Y nosotros hemos de encontrar la fuerza para resistir a ese fracaso, para oponerle nuevas experiencias, nuevas capacidades de desarrollo, nuevas capacidades de movilización. La guerra no es un recuerdo, es una pesadilla, una pesadilla de la que hay que conseguir liberarse sabiendo que, para liberarse, resulta necesario construir algo nuevo.

¿De dónde surge la rebeldía capaz de defender la vida en común, en un momento en el que solo parecen importar determinadas vidas individuales?

Yo soy un hombre del siglo XX y nuestra experiencia ha sido construir, antes y después del 68, un proyecto de vida que fuese un proyecto de vida militante, es decir, un proyecto de vida común. Así, con muchos compañeros construimos el operaísmo, una teoría y una práctica que empezamos a desarrollar a finales de los años 50, dentro y fuera del movimiento obrero existente entonces en Italia, incluido el Partido Comunista. El Partido Comunista se había convertido para entonces en una máquina, una especie de Saturno que realmente se comía a sus propios hijos. Y, por tanto, se trataba de innovar. Sin actitudes jupiterianas, sin enfoques mitológicos. De manera muy pragmática, empezamos a hacer lo único que nos parecía honesto: reconstruir una relación de clase, constituir una nueva fuerza de clase. Esa fue la gran apuesta del operaísmo italiano, que duró prácticamente veinte años. Hasta que el movimiento creció tanto que los enfrentamientos eran ya con el poder. El enfrentamiento se desencadenó y el poder… El poder ganó. El operaísmo continuó tras aquella derrota, y esto es algo muy importante.

Pero, para responder a vuestra pregunta: ¿Por qué? Porque la lucha de clases es nuestra vida. La lucha de clases ha sido siempre nuestra vida. La descubrimos cuando éramos pequeños, a través de la guerra, durante la reconstrucción, a través de la Resistencia —una resistencia antifascista que fue masiva, amplia, en la zona del norte de Italia donde he vivido—. Y de esas cosas he aprendido, de esas realidades, a salir de la soledad, de aquella soledad a la que los lutos familiares de la guerra me forzaron.

El común se encuentra así, se encuentra en la reconstrucción, el común no es algo antiguo que haya que recuperar. El común es algo que se construye, es un conjunto de personas, de fuerzas que avanzan juntas, que construyen un colectivo. Y más aún hoy, cuando el trabajo se ha transformado, cuando el trabajo se ha vuelto cooperativo, más que de cadena de montaje: un conjunto de singularidades, un conjunto de lenguajes, de cosas comunes puestas juntas, de elementos cognitivos, intelectuales. Por todo esto, actualmente resulta fácil entender qué es el común.

Toni Negri entrevista
Toni Negri, en un momento de la entrevista ÁLVARO MINGUITO

Dices que “no hacen faltan héroes”. ¿Por qué resulta tan importante que la construcción de vidas en el común no parta del ascenso, de la búsqueda, de héroes, de redentores?

[Ríe] Se sufre ya bastante cuando el sueldo es bajo, bastante heroico es vivir una vida sencilla como para que haya que inventarse cosas más complejas. Además, ese discurso de que no tenemos absolutamente la necesidad de héroes, ni de vanguardias, ni de otras trascendencias… no es un discurso anarquista, sino un discurso positivo comunista. Tan solo en la necesidad se construye en común, nos descubrimos mutuamente, encontramos la posibilidad, la capacidad, de establecer direcciones. No hacen falta héroes, ni vanguardias, ni líderes. El liderazgo nace dentro del movimiento. Una tesis que sostengo —que sostenemos, Michael Hardt y yo— es que la estrategia nace siempre de los movimientos. Luego, si existen emergencias tácticas, se pueden delegar cosas en algunos compañeros, pero la estrategia la hacemos siempre en común, especialmente hoy día, porque el modo de producción se ha modificado.

En este nuevo contexto, solo a través del encuentro entre movimientos, de la intersección continua de las fuerzas en juego, podemos ser capaces de construir un terreno estratégico, una perspectiva de lucha duradera. Desde ese punto de vista, considero imprescindible no necesitar héroes, no necesitar nada que esté por encima de nosotros. Se trata de un acto de humanismo profundo. Desde ahí nace la dirección de la realidad.

Has hablado recientemente del problema de la reconstrucción de un nuevo internacionalismo, ¿pero sobre qué bases? Existe ya una dimensión internacional en el movimiento feminista, ¿pero cuál es el papel de las fuerzas del trabajo en ese nuevo internacionalismo?

Los internacionalismos han representado desde siempre uno de los puntos más altos del deseo comunista. Son algo fundamental. El movimiento comunista nace como movimiento internacionalista. “Proletarios de todo el mundo, ¡uníos!”. El internacionalismo a menudo ha sido traicionado por el nacionalismo, que nos ha llevado a las guerras más terribles del siglo XX. Por otra parte, el internacionalismo ha representado una fuerza enorme. Nadie olvida la fascinación por el internacionalismo proletario, tanto en su memoria como en su práctica: la Internacional, las Brigadas Internacionales en España…Para mí, estos han sido elementos centrales de mi formación.

Existió también un internacionalismo fundamental en el 68, que acompañó, a lo largo de la década de los 60, la liberación de lo que era ya una vieja ideología comunista que se desmoronaba frente a la burocracia, a la necesidad de la Razón de Estado y, en el fondo, ante la ausencia de una revolución que hubiese alterado, de manera efectiva, el modo de producción. Con todo esto no niego la importancia de la Unión Soviética. La Unión Soviética fue el elemento central del siglo XX, sin la Unión Soviética no habríamos tenido reformismo capitalista, sin la Unión Soviética no habría existido el New Deal, no habría existido nada de todo eso. La Unión Soviética fue un punto de referencia para todos nosotros, y lo es aún, es la posibilidad de una revolución anticapitalista. Y esa posibilidad está aún ahí, presente, y nadie podrá borrarla.

Dicho esto, hoy día resulta necesario reconstruir el internacionalismo, y hay que reconstruirlo a partir de la derrota inmediata de los nacionalismos que se están reconstituyendo y que pretenden conformar una línea posible, realista. Y no es cierto. El nacionalismo no es realista porque el mundo, la globalización, son una realidad dentro de la cual hemos de situarnos. Si no nos concienciamos de que la globalización es el punto central, de que es más fuerte que todas las formas del Estado; si no nos damos cuenta de que la globalización es ya un dato físico… Si no nos damos cuenta de todo eso, estamos perdidos. Los nacionalismos son elementos totalmente provinciales respecto a la realidad actual de la lucha de clases.

Teniendo en cuenta los recuerdos que evocas de tu primer viaje a España en Historia de un comunista y toda tu experiencia, dinos ¿qué es el fascismo?
El fascismo es la cara feroz, la cara destructiva, en un cierto sentido, del dominio capitalista. Lo es en el plano netamente productivo, pero lo es también en todas las formas de la vida. Actualmente está naciendo un nuevo fascismo aquí y allá. Un fascismo que niega un nivel de civilización realmente elemental. Por tanto, el fascismo es algo que hay que combatir con todas las fuerzas. ¿Qué recuerdo hoy del fascismo? Yo era solo un niño bajo el fascismo. El fascismo me hace pensar en las bombas de los Aliados.

El fascismo en España me recuerda situaciones en las que se decía una frase en un bar, o en un lugar público, una frase un poco provocadora, recordando a las Brigadas Internacionales o a Lorca, también a Lorca, a “los grandes poetas”, como los llamábamos fuera de España… Cuando alguien decía una frase de ese tipo, todo se quedaba en silencio. Pero esos son episodios que recuerdas como niño. Lo que para mí son recuerdos del fascismo se encarna en otro tipo de manifestaciones. Hoy día ese fascismo es aún peor, quizás porque uno de sus aspectos más esenciales es la lucha contra las conquistas femeninas de libertad.

Antes decías que sin la Unión Soviética no habría existido el reformismo, el Estado del bienestar, ¿pero qué fue la URSS, es decir, el comunismo de partido? Y, respecto a esto, ¿qué otra cosa podría ser el comunismo, o como se ha intentado que fuera en el proyecto de la autonomía?

Estuve en la Unión Soviética en 1960, tenía 27 años y viajé allí en calidad de funcionario de un partido hermano. Mi experiencia fue desastrosa, porque el contacto con el mundo de los funcionarios, de los políticos soviéticos, me hizo descubrir la burocratización del sistema, la incapacidad para establecer relaciones reales, no solo en el contexto de la política interna sino también con los compañeros de la Internacional. En ese momento abandoné aquel mundo para sumergirme directamente en la lucha de la autonomía.

¿Qué puede ser hoy día el comunismo? No lo sé [risas]. Los proyectos nacen siempre de las luchas. Por ejemplo, los datos más evidentes que se extraen de las luchas actuales reflejan un aspecto anticapitalista. Hay que destruir los beneficios capitalistas, hay que destruir la propiedad. La lucha contra la propiedad se está convirtiendo de nuevo en uno de los principios fundamentales de las luchas que se llevan a cabo. La dimensión comunista se coloca, en primer lugar, a favor de la destrucción de la propiedad privada. Y la destrucción también de la propiedad pública cuando la propiedad pública no es sino una representación de la privada: una simple transformación teórica de sus finalidades, pero que mantiene, en realidad, como esencia, la búsqueda del beneficio [en su acepción marxista, N. del T.]. El segundo punto que está emergiendo de forma masiva, es la asunción de que el salario mínimo, la base sobre la que se vive, ha de ser igual para todos. Resulta realmente necesario disponer de una renta básica que represente, para todos, la oportunidad de vivir, de reproducirse, de crear. Hay que darle a todo el mundo, como punto de partida, la posibilidad de ser libres.

En este contexto, hay dos elementos fundamentales. Por un lado, la destrucción del mito según el cual el capitalismo propietario es capaz de construir algo bueno y, por otro lado, el convencimiento de que solo la productividad social es capaz de crear nuevo valor económico, además de valor civil. Únicamente sobre esta base podremos empezar a pensar en una organización comunista de la sociedad. Y tenemos que empezar a pensar del mismo modo también desde un punto de vista político, siendo perfectamente conscientes de que, a estas alturas, el sistema de representación está caduco, que ya no es aceptable, que traiciona los elementos fundamentales de nuestra acción política. Hoy día hemos de ser capaces de construir formas asamblearias que sepan tener formas de gobernarse, derivar en sistemas de gobierno. Necesitamos instituciones del común, para construir comunismo.

En los tiempos del big data, del control algorítmico, de las plataformas digitales, ¿cómo afrontar la dinámica explotación-liberación ?

Desde un punto de vista concreto, de pequeñas experiencias, de experiencias de base, está fuera de toda duda que es posible echar abajo cada uno de esos elementos. Las plataformas digitales, sin duda alguna, podrían construirse de forma cooperativa. ¿Qué es lo que se premia, desde el punto de vista capitalista, en esta historia? Se premia el respeto a la organización del trabajo. Pero destruirla, destruir el management, es algo que considero posible. Existen ya hipótesis que se desarrollan ampliamente en ese sentido. Creo que esa es la parte más sencilla.

El problema es que no basta con acabar con la explotación diciendo: “Ah, mira qué bien, ahora la explotación nos la imponemos nosotros mismos, y ganamos un poco más. Distribuyamos los beneficios del patrón, distribuyámoslos pero sigamos por la misma senda”, que es más o menos la forma en la que nació el socialismo soviético. Se distribuía la explotación. Evidentemente, nosotros creemos en algo distinto, creemos que la actual potencia tecnológica podría disminuir la carga de trabajo, transformarlo en algo diferente, eliminarlo incluso. De tal forma que se pueda cuidar, alargar la vida, hacerla más feliz. Nuestro problema es entender cómo la producción, y la circulación y la reproducción, pueden, no solo ser algo único, sino funcionar de forma coordinada para después someterlas, gradualmente, a un ideal, a una construcción de vida libre, de vida feliz.

Considero que actualmente resulta fundamental introducir un poco de esta utopía dentro de la crítica. Ya no podemos seguir moviéndonos sobre la base de una crítica que no sea colorida, que no esté cargada de los sabores de la vida. Hemos de reconstruir la utopía de una vida liberada, más allá de la crítica a los medios de producción.

Hoy día tenemos relaciones de participación que llegan a niveles increíbles. La construcción de algoritmos no es mecánica, nace de los cerebros, de las personas. La cooperación dentro de los sistemas actuales, de los más altos sistemas productivos actuales, es puramente intelectual, puramente cognitiva. A ese nivel se pueden hacer infinidad de cosas. El problema es otro. El problema es saber qué queremos hacer. No es fácil. Tenemos que apropiarnos de todo, sí, pero apropiarnos de todo significa también darle la vuelta al sentido de las cosas. Y esto significa, a su vez, buscar la libertad, buscar esa posibilidad de producción en la que las personas se hallen libres de la miseria del trabajo.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-toni-negri-no-hacen-falta-heroes-ni-vanguardias