¿Por qué ‘El Capital’ de Marx sigue siendo importante?

Entrevista a David Harvey
por Daniel Denver
La locura de la razón económica

Ha pasado más de un siglo y medio desde que Karl Marx publicara el primer volumen de ‘El Capital’ . Es un tomo masivo e intimidatorio, uno libro que muchos lectores podrían verse tentados a evitar. El erudito inglés David Harvey cree que hay que leerlo. Harvey ha enseñado ‘El Capital’ por décadas. Sus populares cursos sobre los tres volúmenes del libro están disponibles de forma gratuita en línea y, han sido vistos por millones en todo el mundo. En su último libro, «Marx, ‘El Capital’ y la locura de la razón económica» Harvey aborda la irracionalidad del sistema capitalista.

Haz estado enseñando ‘El Capital’ por bastante tiempo. ¿Puedes darnos una breve descripción de cada uno de los tres volúmenes del famoso libro de Marx?

Marx era muy detallista, y a veces es difícil entender exactamente cual es toda su concepción del funcionamiento del capital. Pero en realidad, es simple. Los capitalistas comienzan con una cierta cantidad de dinero, llevan el dinero al mercado y compran lo que llamaremos productos primarios -medios de producción y fuerza de trabajo- y los ponen a trabajar en un proceso laboral que producen un nuevo producto. Esa nueva mercancía produce ganancias en forma de dinero. Estas ganancias se distribuyen en forma de rentas e intereses, con este dinero que necesita volver a circular se re-inicia el ciclo de producción y de ganancias.

Es un proceso de circulación. Los tres volúmenes de ‘El Capital’ tratan los diferentes aspectos de ese proceso. El primero habla de la producción. El segundo habla del proceso de circulación ( lo que llama «realización» o la forma en que la mercancía se convierte de nuevo en dinero.) Y el tercero tiene que ver con la distribución: cuánto le corresponde al propietario, al financiero, al comerciante, antes de que todo el proceso se vuelva a iniciar y el capital sea re-integrado al proceso de circulación.

Esto es lo que trato de enseñar, para que la gente entienda las relaciones entre los tres volúmenes de Capital y no se pierda por completo en un solo volumen o en partes de ellos.

Una diferencia importante de tú trabajo es que prestas mucha atención a los volúmenes dos y tres, además del volumen uno, mientras que muchos académicos estudiosos de Marx se concentran principalmente en el volumen uno. ¿Por qué?

Los tres son importantes. Esto es lo que dijo básicamente Marx: «en el volumen uno trato de esto, en el volumen dos trato esto, y en el volumen tres trato de otra cosa.» Está claro que Marx, tenía una idea de la totalidad del proceso de circulación del capital. Su plan fue dividirlo en tres elementos y en tres volúmenes. Así que solo sigo lo que Marx dijo lo que estaba haciendo. Ahora, el problema, por supuesto, es que los volúmenes dos y tres nunca se completaron, y no son tan completos como el volumen uno.

El otro problema es que el volumen uno es una obra maestra literaria, mientras que los volúmenes dos y tres son más técnicos y difíciles de seguir. Entonces, entiendo por qué hay personas que se queden con el volumen uno. Lo que estoy diciendo es: «No, si realmente quieres entender cuál es la concepción del capital de Marx, entonces no puedes entender solo la producción. El capital se trata de la circulación. Se trata de llevarlo al mercado y venderlo. Y, más tarde se trata de distribuir las ganancias «.

Parece que una razón por la que es importante comprender la dinámica de expansión constante que impulsa al capitalismo, es lo que usted llama -citando a Hegel- un «mal infinito». Explíquenos qué es este «mal infinito».

La metáfora del «mal infinito» está en el volumen uno. El sistema tiene que expandirse porque su único objetivo es la obtención de ganancias; crear lo que Marx llamó la «plusvalía», y la plusvalía al re-invertirse crea más plusvalor. Por tanto su mecánica es circular lo más rápido posible: el capital para sobrevivir requiere de una expansión constante.

Y eso es lo que hace: si creces al 3 por ciento anual permanentemente llegas a un punto en que la cantidad de expansión requerida es absolutamente enorme. En el tiempo de Marx, había mucho espacio en el mundo para expandirse. Ahora, en este momento de la historia, sí se sigue creciendo surgirá un grave problema medioambiental: ¿hacia dónde vamos a seguir expandiéndonos? A este fenómeno de la expansión incontrolada se refiere la metáfora «mal infinito» .

En el volumen tres, Marx dice que la única forma que el capital puede seguir expandiéndose es mediante la expansión monetaria. Porque con el dinero teóricamente no hay límite. Si hablamos de fabricar cemento, o algo material, la cantidad que se pueda producir tiene un límite físico. Pero con el dinero, se puede simplemente agregar ceros a la oferta monetaria global.

Es lo que se ha hecho después de la última crisis, se ha agregado ceros a la oferta de dinero por parte de los Bancos Central a través medio de la llamada» flexibilización cuantitativa». Este dinero ha fluido nuevamente a los mercados bursátiles provocando nuevas burbujas en los activos, especialmente en los activos de los mercados inmobiliarios.

Ahora se está volviendo a una situación peligrosa , en cada área metropolitana del mundo que he visitado, hay un gran auge en la construcción y los precios de los activos inmobiliarios están aumentando . Está se ha vuelto ha producir porque se está creando dinero y ese dinero no sabe donde y en que invertir, excepto en la especulación inmobiliaria o en activos para la especulación.

Para ti, como geógrafo, cuando Karl Marx habla del capitalismo también está hablando sobre los problemas del espacio y el tiempo. ¿Por qué los ejes espacio y tiempo son tan críticos?

Veamos un ejemplo del eje tiempo. En realidad las tasas de interés son hipotecas para el futuro. Es decir, pedir prestado es hipotecar nuestro futuro. La deuda es un trampa para nuestro futuro. Con los prestamos estamos limitando el futuro porque tenemos que pagar nuestras deudas. Pregúntele a cualquier estudiante que deba $ 200,000: su futuro esta «ejecutado», porque tienen que pagar su deuda. La ejecución hipotecaria del futuro es una parte relevante de los temas tratados en ‘El Capital’ .

El llamado «eje espacio» se explica porque el capital necesita expandirse. Durante mucho tiempo existió la posibilidad que si tu capital no podía expandirse en un espacio dado, tomabas tu capital y buscabas otro espacio. Por ejemplo, Gran Bretaña producía una gran cantidad de capital excedente en el siglo XIX, y gran parte de ese capital se trasladó a América del Norte, a América Latina, a Sudáfrica. Entonces, hay un eje espacial , un aspecto geográfico en el tema de la expansión.

La expansión trata de obtener lo que llamo «negocio espacial». Si tienes un exceso de capital. ¿Que vas a hacer con él ? Bueno, debes buscar una solución espacial, lo que significa que sales y construyes algo en otro lugar del mundo. Si tienes un continente «inestable» entonces el capital busca otros lugares en los que pueda expandirse. En el pasado había muchos lugares en el mundo para expandirte pero ahora gran parte del mundo está prácticamente cubierto.

La reorganización espacial no es simplemente expansión. También es reconstrucción. Con la actual desindustrialización, en los EEUU y en Europa, el capital reconfigura las áreas industriales a través de reurbanización urbana, y entonces, las fábricas de algodón de Massachusetts se convierten en condominios habitacionales.

En el fondo, el capital camina a quedarse sin espacio ni tiempo, porque ha hipotecado el futuro. Ese es uno de los grandes problemas del capitalismo contemporáneo.

Hablas sobre «futuro ejecutado». Obviamente este término es muy aplicable cuando se trata de deudas en los hogares, pero…

Creo que el término «ejecución hipotecaria» es muy interesante. Millones de personas perdieron sus viviendas con la reciente crisis. Su futuro fue ejecutado. Pero, al mismo tiempo, la economía de la deuda no se ha ido. Pensé , por un momento, que después de 2007-8, el capital haría una pausa en la creación de deuda, pero lo que ha ocurrido es un gran aumento de la deuda .

El capitalismo contemporáneo nos carga cada vez con una mayor cantidad de deuda. Esto debería preocuparnos a todos. ¿Cómo se van pagar las deudas? ¿De qué manera? ¿Vamos a seguir creando más y más dinero, para que luego ese dinero no tenga a dónde ir, excepto a la especulación?

Cuando se comienza a construir viviendas para que las personas inviertan y no para que las personas vivan se producen fenómenos insólitos. Una de las cosas más sorprendentes de la China contemporánea es que se han construido ciudades donde no vive nadie. La gente compro las viviendas porque es una «buena inversión».

Es precisamente la cuestión del crédito lo que te llevó a tomar prestada la frase de Jacques Derrida, «la locura de la razón económica». Coloquialmente, se invoca la locura para estigmatizar a las personas con enfermedades mentales. Pero lo que Marx nos muestra (y lo que tu libro nos muestra) es que el sistema en realidad es una locura.

Para entender lo que pasa hay que mirar con detenimiento lo que sucede durante una crisis. Sabemos que el capital produce crisis periódicamente. Y una de las características de las crisis es que provocan siempre un excedentes de mano de obra: personas desempleadas, que no saben cómo ganarse la vida. La crisis, al mismo tiempo, son la consecuencia de los excedentes de capital que no encuentran un lugar donde obtener una tasa de rendimiento adecuada. Tienes dos excedentes sentados uno al lado del otro y una situación donde la necesidad social es crónica.

El sistema necesita juntar capital y trabajo para producir, pero no puede hacerlo, porque lo que quiere producir ya no es rentable. Y, si no es rentable, entonces no se crea más capital, entonces lo que se produce es depresión . Así terminamos con el capital excedente y la mano de obra excedente, una al lado de la otra. Todo el sistema es el colmo de la irracionalidad económica.

Nos han enseñado que el sistema económico capitalista es altamente racional. Pero no lo es, por ningún lado. En realidad produce irracionalidades increíbles.

Escribiste recientemente que Marx rompió con «socialistas moralistas» como Proudhon, Fourier, Saint-Simon, y Robert Owen. ¿Quiénes eran estos socialistas, y por Marx rompió con ellos?

En las primeras etapas del desarrollo capitalista, había graves problemas de explotación y sanidad en las industrias. Las personas razonables, incluidos los profesionales y la propia burguesía, empezaron a mirar esto con horror. Se desarrolló una especie de repugnancia moral contra el industrialismo. Muchos de los primeros socialistas fueron moralistas, en el buen sentido del término, y expresaron su indignación moral al proponer la construcción de una sociedad alternativa basada en el bienestar común y la solidaridad social, y cuestiones de este tipo.

Marx observó la situación y llegó a la conclusión que el problema con el capital no es que sea solo inmoral. El estaba convencido que sí se intenta confrontar al capital con la razón moral nunca se va a llegar demasiado lejos, porque el sistema se autogenera y se auto-reproduce. Tenemos que enfrentar la auto-reproducción del sistema.

Marx se dedicó al análisis científico del funcionamiento del capital y concluyó que realmente necesitamos reemplazar todo el sistema. No se trata solo de higienizar las fábricas, tenemos que lidiar con el capital como sistema.

¿Has visto ‘El joven Karl Marx’?

He visto la película y la obra. Marx es un personaje de su tiempo, y creo que es interesante mirarlo desde esa perspectiva.

Pero lo que quiero decir es que todavía estamos en una sociedad fustigada por la acumulación de capital. Marx se abstrajo de las particularidades de su tiempo y explicó la dinámica de la acumulación del capital, marcando su carácter contradictorio: porque, su fuerza motriz, está envolviendo a todo el mundo en una deuda infinita.

Marx explicó que necesitamos ir más allá de la protesta moral. Hay que describir un proceso sistemático con el que debemos lidiar y entender su dinámica, porque de lo contrario cualquier tipo de reforma moral se verá cooptada por el capital. La historia lo ha demostrado.

Todos pensamos que s realmente fantástico que tengamos Internet. Inicialmente, también, muchos pensaron que era una tecnología liberadora que permitiría una gran paso para la libertad humana. Pero mirad lo que ha sucedido. La red está dominado por unos pocos monopolios que recopilan nuestros datos y los venden a personajes sórdidos que lo utilizan con fines políticos.

Algo que comenzó como una tecnología liberadora de repente se ha convertido en un vehículo de represión y opresión. Si te haces la pregunta, «¿cómo llegó a suceder esto?», Puedes tener dos repuestas : fue debido a personas malvadas o, pensar con Marx, que lo que ha pasado con Internet esto es consecuencia del carácter sistemático del capital. Ocurrió ayer con otros avances tecnológicos y volvió a ocurrir con Internet.

No existe una buena idea moral que el capital no pueda cooptar y convertirlo en algo horrendo. Casi todos los esquemas utópicos que han cruzado el horizonte en los últimos cien años se han convertido en una distopía por la dinámica capitalista. A eso apunta Marx cuando escribe: «Hay que lidiar con este proceso. Si no lo haces, no vas a crear un mundo alternativo que pueda ofrecer libertad a la humanidad «.

Hablemos de las contradicciones de ese proceso. Marx era un crítico feroz del capitalismo, pero también admiraba sus poderes de «destrucción creativa». Por ejemplo, pensó que el capitalismo era una gran mejora respecto del feudalismo. ¿Qué deberíamos pensar hoy de la «destrucción creativa»?

Lo que destruye el capitalismo es bastante obvio. Pero por otro lado, debemos tener en cuenta el aumento de los ingresos en lugares como China e India, y los procesos de construcción masiva de infraestructuras que está ocurriendo en esos países. ¿Cómo abordar estos procesos contradictorios?

Tienes razón al mencionar esto, porque Marx no es simplemente un crítico del capitalismo, también es un fan de algunas de las cosas que el capitalismo construye. Esa es una de las mayores contradicciones de todo para Marx.

El capital ha desarrollado la capacidad tecnológica y organizativamente para crear un mundo mucho mejor. Pero lo hace a través de las relaciones sociales de dominación en lugar de la emancipación. Esta es la contradicción central. Y Marx nos sigue diciendo: «¿Por qué no usamos toda esta capacidad tecnológica y organizativa para crear un mundo que sea liberador, en lugar de uno que sea de dominación de los más fuertes?»

Los marxistas tienen opiniones contradictorias sobre la globalización; un debate que por cierto, se ha vuelto más confuso que nunca. ¿Cómo crees que la izquierda debería calificar el proteccionismo de Trump? ¿De que manera el proteccionismo es distinto al neoliberalismo?

A Marx realmente le interesó el fenómeno que hoy llamamos la globalización. En el Manifiesto Comunista , hay un pasaje que habla de ello. Creía que potencialmente era emancipador. Pero la pregunta es ; ¿Porqué las posibilidades emancipadoras no se toman en cuenta? ¿Porqué la globalización se usan como medio de dominación de una clase sobre otra? Aunque sea cierto que algunas personas en el mundo han mejorado sus ingresos, hoy ocho hombres tienen tanta riqueza como el 50 por ciento de la población mundial.

Marx nos dice que tenemos que hacer algo al respecto. Pero, al hacerlo, dice no podemos ponernos nostálgicos y declarar : «queremos volver al feudalismo» o «queremos a vivir de la tierra». Tenemos que pensar en un futuro distinto, usando todas el tecnologías que tenemos, pero utilizándolas con un propósito social en lugar de aumentar la riqueza y el poder en cada vez menos manos.

Es la misma razón por la que Marx rompió con sus románticos contemporáneos socialistas. Las teorías económicas liberales y los economistas convencionales omiten esto tratando de convencerse asimismo de la inexistencia de las contradicciones. Al mismo tiempo, expresan un deseo piadoso; «las contradicciones presentes no deberían existir «.

¿Qué proponen hacer los economistas liberales? ¿Por qué ocultan o evitan analizar el proceso de acumulación?

Odian las contradicciones. No encaja con su cosmovisión. A los economistas les encanta enfrentar lo que llaman problemas, porque los problemas tienen soluciones. Las contradicciones no. Los «problemas existen todo el tiempo, y por tanto debes manejarlos.

¿Cómo enfrentaron los economistas la crisis de los años 30, de los 70 y la del 2007-2008 ? En todas las crisis el capital excedente y el trabajo excedente se sientan uno al lado del otro, pero ambos están paralizados ¿ Porque nadie de los economistas convencionales explica porque pasa esto? ¿ Tienen alguna idea de cómo volver a armonizar ambos factores para que puedan funcionar con fines socialmente productivos?

Keynes intentó hacer algo al respecto. Pero, en general, los economistas no tienen idea de cómo enfrentar estas contradicciones. Mientras tanto Marx nos recuerda que esta contradicción está en la naturaleza de la acumulación de capital. Y esta contradicción produce las crisis periódicas, que cobran vidas y crean miseria. Esyos tipos de fenómenos deben ser abordados. Y la economía tradicional ni siquiera tiene los instrumentos teóricos que expliquen las crisis.

En tu libro escribes que «aparentemente cuando se produce capital excedente y mano de obra excedente no hay una forma sencilla de volver a unirlos». Después de la reciente crisis, ¿qué ha pasado con estos dos factores? Capital excedente y mano de obra excedente? ¿ La forma en que se han reintegrado ha dado como resultado una nueva forma de capitalismo? ¿Seguimos viviendo bajo el neoliberalismo o se ha instalado algo nuevo?

La respuesta a la crisis de 2007-2008, la mayor parte del mundo (con la excepción de China) fue sometido a una política de austeridad neoliberal. Lo cual empeoró las cosas. Desde entonces, hemos tenido más y más recortes. Pero, esta respuesta, no ha funcionado nada de bien. Aunque lentamente, el desempleo ha bajado en los EEUU, pero se ha disparado en lugares como Brasil y Argentina.

Y el crecimiento salarial es bastante lento…

Sí, los salarios no han ido a ninguna parte. Luego está lo que la administración Trump ha estado haciendo. Lo que el ha hecho es seguir aplicando las políticas neoliberales. El presupuesto que aprobaron en diciembre pasado es un documento puramente neoliberal. Básicamente, beneficia a los tenedores de bonos y a los propietarios de capital, y deja todos los demás a un lado. Lo que ha sucedido es algo que tanto le gusta a los neoliberales: la desregulación. La administración de Trump ha duplicado las desregulaciones: en medio ambiente, leyes laborales, etc. En realidad Trump ha duplicado las soluciones neoliberales.

El argumento neoliberal tuvo mucha legitimidad en los ochenta y noventa. Pero hoy nadie cree en esa formula. Todos se dan cuenta de que es una estafa en la que los ricos se hacen más ricos y los pobres son cada vez más pobres.

Estamos empezando a aparecer un proteccionismo étnico-nacionalista-autárquico, que es un modelo diferente. Este si que no encaja bien con los ideales neoliberales. Podríamos dirigirnos a algo que es mucho menos agradable que el neoliberalismo, la división del mundo en facciones beligerantes y proteccionistas que luchan entre sí por el comercio.

El argumento de alguien como Steve Bannon es que tenemos que proteger a los trabajadores de América de la competencia en el mercado laboral limitando la inmigración. En lugar de culpar al capital, culpa a los inmigrantes . La segunda cosa es obtener el apoyo de la población blanca mediante la fijación de aranceles culpando a la competencia china de la crisis.

En efecto, hay una derecha que está recibiendo una importante cantidad de apoyo por su política antiinmigrante y anti-deslocalización. Pero el mayor problema para el empleo no es la deslocalización, sino el cambio tecnológico. Alrededor del 60 o 70 por ciento del desempleo que se produjo a partir de la década de 1980 se debió a un cambio tecnológico. Tal vez el 20 o 30 por ciento se debió a la deslocalización.

La extrema derecha ahora tiene una política. Esa política no solo ha llegado a los EEUU, también tiene bases en Hungría, India, Rusia. La política etno-nacionalista y autoritaria está comenzando a dividir el mundo capitalista en facciones en guerra. Sabemos lo que sucedió con ese tipo de cosas en la década de 1930, por lo que todos deberíamos estar muy preocupados. Las políticas de extrema derecha no son la respuesta a las contradicciones del capitalismo. Si el etno-nacionalismo conquista a los neoliberales, tendremos un mundo aún mucho peor.

Las contradicciones son importantes dentro de la coalición gobernante conservadora en los EEUU, Pero creo que es un error cuando se ven como nuevas. Han estado latentes durante mucho tiempo. En Gran Bretaña, a fines de la década de 1960, Enoch Powell hablaba de » ríos de sangre » si continuamos con esta política de inmigración. El fervor anti-inmigrante ha existido por mucho tiempo.

Durante los años ochenta y noventa, se mantuvo oculto, porque había suficiente dinamismo en la economía capitalista global para que la gente dijera: «este régimen de libre comercio con políticas de inmigración razonablemente benignas nos funcionan a todos». Desde entonces, mucha gente ha cambiado de opinión y ha ido en la otra dirección.

Has mencionado el enorme poder de la automatización. ¿Qué dice Marx sobre la automatización? ¿El fin del trabajo realmente está cerca?

Vine a los EEUU en 1969, y fui a Baltimore. En la ciudad había una gran industria de hierro y acero que empleaba a unas treinta y siete mil personas. En 1990, las acerías todavía producían la misma cantidad de acero, pero empleaban a unas cinco mil personas. Ahora casi no existen trabajadores en las acerías. El punto es que la automatización expulsa a los trabajos masivamente en todos los lugares y muy rápido.

La izquierda pasó mucho tiempo tratando de defender esos trabajos y luchó contra la automatización. Ha sido una estrategia equivocada por un par de razones. La automatización venía de todos modos, y la izquierda iba a perder de todos modos. En segundo lugar, no veo por qué la izquierda debe oponerse totalmente a la automatización. La posición de Marx sería que debemos hacer uso de la inteligencia artificial y la automatización para aligerar la carga de trabajo.

La izquierda debería estar diciendo: «bienvenida la inteligencia artificial y la automatización, pero deben darnos mucho más tiempo libre». Marx sugiere que el tiempo libre es una de las cosas más emancipadores que podamos tener, lo dice en una frase hermosa: «el reino de la libertad comienza cuando el reino de la necesidad ha quedado atrás». Marx imagina un mundo en que las necesidades puedan ser resueltas. Conjetura que en el futuro se podrá trabajar un par de días a la semana, y el resto del tiempo es tiempo libre.

Ahora, tenemos todas estas innovaciones que ahorran trabajo en el proceso laboral, y también en el hogar. Pero si preguntas a la gente, ¿tienes más tiempo libre de lo que alguna vez tuviste? La respuesta es «No; tengo menos tiempo libre». Hay que organizar la sociedad para que tengamos todo el tiempo libre que sea posible, de modo que trabajando menos, como consecuencia de la automatización, podamos hacer lo que queramos con el tiempo libre. Este es el tipo de sociedad que Marx tenía en mente. Hoy nos damos cuenta que es una idea factible.

Lo que nos detiene es que todas las nuevas tecnologías se están utilizando para aumentar las ganancias de Google y Amazon. Hasta que nos ocupemos de las relaciones sociales y las relaciones de clase que hay detrás de todo esto, no podremos utilizar estos fantásticos dispositivos y oportunidades de manera que beneficien a todos.

¿Qué piensas de la renta básica universal?

En Silicon Valley quieren un ingreso básico universal para que las personas tengan suficiente dinero para pagar Netflix, y eso es todo. ¿Qué clase de mundo es ese? Habla de una distopía. El ingreso básico universal es una cosa, pero el verdadero problema es Silicon Valley y quienes monopolizan los medios de comunicación y de entretenimiento.

El ingreso básico universal en algún momento podría estar en la agenda, pero no lo ubico en la cima de mis prioridades políticas. De hecho, hay aspectos que pueden ser altamente negativos si se sigue el modelo de Silicon Valley.

¿Crees que el cambio climático pone de manifiesto los límites de la expansión permanente que requiere el capitalismo, o el capitalismo podrá capear la crisis climática para deterioro de todo el mundo?

El capital podría capear la crisis del cambio climático. De hecho, si nos fijamos en los desastres climáticos, el capital puede convertir esto en lo que Naomi Klein llama «capitalismo de desastres». Si hay un desastre, bueno, tienes que reconstruir. Los desastres climáticos ofrecen muchas oportunidades para que el capital se recupere de forma rentable.

Desde el punto de vista de la humanidad, creo que tal como están las cosas no podremos evitar los desastres producto del cambio climático. Pero el capital tiene una óptica diferente. El capital puede aprovechar estos fenómenos y, siempre que sea rentable, lo harán.

Hablemos de resistencia. Escribes que la producción y el consumo son facetas centrales del capitalismo y que «las luchas sociales y políticas contra el poder del capital, deben tomar diferentes formas y requieren de diferentes tipos de alianzas estratégicas, si quieren llegar a tener éxito » ¿Cómo debería ser la relación entre las luchas laborales, y las luchas contra el Estado, contra el encarcelamiento masivo, contra los desalojos o contra los préstamos depredadores?

Una de las virtudes de considerar la circulación del capital como un todo, es que identificar los diferentes ámbitos de lucha contra este sistema. En el tema medio-ambiental Marx nos habla sobre una relación metabólica con la naturaleza. Por tanto, las luchas sobre la relación humana con la naturaleza se vuelven políticamente significativas. Ahora que mucha gente que está preocupada por el tema ambiental posiblemente creerán que: «podemos enfrentar el cambio climático sin enfrentar la acumulación de capital».

Me opongo a esa opinión. Vamos a tener que enfrentarnos con la acumulación de capital, porque con un 3 por ciento de crecimiento permanente, este crecimiento se transformará en un grave problema ambiental. No habrá una solución al problema ambiental sin enfrentar la acumulación de capital.

Hay otros aspectos. El capital ha sido durante mucho tiempo un sistema de producción de nuevas necesidades y deseos. El capital es un sistema que produce consumismo. Acabo de regresar de China, y me di cuenta en solo tres o cuatro años hay un inmenso aumento del consumismo. Esto es lo que el Banco Mundial y el FMI aconsejaron a los chinos hace veinte años: «están ahorrando demasiado y no están consumiendo suficiente». Así que ahora los chinos se han visto obligados a crear una verdadera sociedad de consumo. Hace veinte años, en China, lo que se necesitaba y deseaba era una bicicleta, y ahora se necesita y desea un automóvil.

El capital utiliza múltiples formas para sortear las crisis . La publicidad desempeña un papel significativo, pero más importante es la invención de «estilos de vida» completamente nuevos. El capital salió de sus dificultades en 1945 -en los EEUU- a través de la sub-urbanización; la creación de un estilo de vida completamente nuevo.

Hoy todos tenemos teléfonos celulares. Esta es creación de un estilo de vida, y ese estilo de vida no es algo que un individuo pueda elegir. La gente piensa : » tengo que tener un teléfono celular, aunque no sé cómo funciona la maldita cosa». Hoy lo quiera o no la gente tiene un teléfono celular. Aunque el artefacto surgió por una razón particular, el capital encontró la forma de organizar un estilo de vida a su alrededor . Ahora estamos envueltos en ese estilo de vida.

En el caso de los procesos de sub-urbanización hay imágenes icónicas ¿ qué se necesitaba en los suburbios? ; para empezar necesitabas una cortadora de césped. Si fueras un «emprendedor inteligente» en 1945, te habrías metido en la producción de cortadoras de césped porque todo el mundo tenía que tener una cortadora de césped . Era el estilo de vida que se impuso.

Ahora, está sucediendo una suerte de rebelión ante las imposiciones de la publicidad . La gente está empezando a decir: «queremos hacer algo diferente». Hay pequeñas comunidades, en las áreas urbanas y en las áreas rurales, donde se intenta construir un estilo de vida diferente. Los que más me interesa son aquellas comunidades que usan las nuevas tecnologías -como los teléfonos celulares e Internet- para crear un estilo de vida alternativo con formas novedosas de relaciones sociales, básicamente son formas de vida sin estructuras jerárquicas de poder. Son experiencias muy distintas a las de nuestra vida cotidiana y sobretodo a las estructuras totalmente jerarquizadas de las grandes corporaciones.

Luchar por un estilo de vida es bastante diferente a luchar por salarios o por mejorar las condiciones del trabajo en una fábrica. Sin embargo, desde el punto de vista de la totalidad, existe una relación entre estas diferentes luchas. Me interesa que la gente conozca cómo y porqué la lucha por el medio-ambiente y contra el consumismo está relacionada con las formas de producción del capital . Sí se analizan estas relaciones se obtendrá una imagen del conjunto de lo que es una sociedad capitalista, y los diferentes tipos de insatisfacciones y alienaciones que existen con los componentes del capital, que Marx identificó en su tiempo.

¿Cómo ves la relación entre las luchas contra el racismo y las luchas contra el productivismo y el consumo?

Dependiendo de dónde se encuentre uno en el mundo, la respuesta cambia. Aquí en los EEUU, este es un gran problema. No ocurre lo mismo si estás viviendo en China. Pero aquí, las relaciones sociales siempre se cruzan por cuestiones de género, raza, religión, etnia y cosas por el estilo.

Por lo tanto, no se puede tratar la cuestión de la producción de estilos de vida o la producción de deseos y necesidades sin abarcar la cuestión de lo que sucede mercados de vivienda con segregación racial y cómo la cuestión racial se utiliza de distintas maneras.

Cuando me mudé a Baltimore, una de las cosas que estaba sucediendo eran los desahucios masivos : la industria inmobiliaria utilizó las diferencias raciales para forzar un éxodo blanco de determinados barrios y así provocó una alta rotación en el mercado inmobiliario, obteniendo grandes ventajas económicas.

Las preguntas de género que surgen en torno a las cuestiones de la reproducción social también son primordiales en una sociedad capitalista. Estos problemas son parte del proceso de acumulación de capital.

Cuando hablo de esto, a menudo me meto en problemas porque parece que la acumulación capitalista es menos importante en estos asuntos. La respuesta No. Los antirracistas tenemos que enfrentar al capitalismo que es parte del racismo y la perpetuación de las distinciones raciales.

Aquí en los EEUU, tenemos un conjunto de preguntas de este tipo que son de suma importancia. Pero, de nuevo, ¿pueden responderse sin abordar en algún momento la forma en que la acumulación de capital fomenta y perpetúa las diferencias sociales? La respuesta a eso, para mí, es No. No creo que eso sea posible. Los antirracistas también deben ser anticapitalistas si quieren llegar a la verdadera raíz del problema.

Eres muy conocido por tu trabajo académico, pero tal vez seas mejor conocido como un maestro especialista en Marx. ¿Por qué crees que es importante para los izquierdistas -fuera de la academia- comprometerse con el trabajo de Marx?

Cuando estás involucrado en el activismo, generalmente tienes un objetivo muy específico. Digamos, envenenamiento por pintura con plomo. Te ves obligado a organizarte porque el 20 por ciento de los niños del centro de Baltimore sufre por envenenamiento por pintura con plomo. Estás involucrado en una batalla legal y de lucha contra los lobbies de los poderosos. La mayoría de las personas que conozco que están involucradas en organizaciones de activistas de este tipo están tan ocupadas con los detalles que a menudo olvidan del panorama general de las luchas en su país, y mucho menos del mundo.

Pero, estas las personas necesitan ayuda, solidaridad. La pintura con plomo es mucho más fácil de combatir si tienes la colaboración del personal del sistema educativo, que conviven con los niños en estas escuelas. Se empiezan a construir alianzas. Y cuantas más alianzas puedas construir, más poderoso será el movimiento con el envenenamiento por plomo.

Intento no sermonear a las personas sobre lo que deberían pensar o hacer , lo que hago es tratar de crear un marco de pensamiento para que las personas puedan ver el conjunto de las relaciones que conforman la sociedad contemporánea. Las personas pueden formar alianzas en torno a los problemas que les conciernen y, al mismo tiempo, movilizar su poder ayudando a las personas con las cuales han creado alianzas.

Creo en la construcción de alianzas. Para construir alianzas, debes tener una imagen del conjunto de la sociedad capitalista. Estudiando a Marx aprendes el conjunto del funcionamiento del sistema y eso creo que es muy útil.

Krítica. Traduccion de Emilio Pizocaro

Texto completo en: https://www.lahaine.org/fM4G

David Harvey: el espacio como una clave

Por Maciek Wisniewski
«Se nos está acabando tanto el espacio como el tiempo. Y esto es uno de los grandes problemas del capitalismo contemporáneo»

I) ¿El mensaje central de la obra de David Harvey (davidharvey.org)? “En el principio era –y sigue siendo– el espacio” (véase: Space as a keyword, en: Spaces of global capitalism, 2006, p. 117-148). Después de contribuir al desarrollo de su disciplina madre reconceptualizando el espacio como algo relativo (Explanation in geography, 1969), Harvey –un geógrafo y economista político inglés desde hace décadas afincado en EEUU– inauguró toda una disciplina aparte: la geografía marxista. Redescubriendo la problemática espacial contenida en Marx cuyo análisis de la dinámica capitalista se asentaba en la producción del espacio –algo que pocos, como por ejemplo, Henri Lefebrve, notaron (véase: D. Harvey: a critical reader, 2006, p. 121-142)– y rellenando sus lagunas ( Limits to Capital, 1982), llevó el espacio al seno del materialismo histórico, aunque –en sus propias palabras– parecía más fácil llevar el marxismo a la geografía, que la geografía al marxismo.

II) Para él, desde sus orígenes, el neoliberalismo fue un proyecto político a fin de restaurar el poder de la clase alta. Anclado en el espacio y dedicado a su producción –urbanización, privatización de tierra, neoextractivismo, nuevo cercamiento de bienes comunes– siempre ha sido malo en crear la riqueza, pero bueno en redistribuirla hacia arriba mediante la acumulación por desposesión, abriendo nuevos mercados y despojando a la gente (A brief history of neoliberalism, 2005). Todos estos rasgos resaltan hoy en el afán de su relegitimación –como señala Harvey apuntando a una conexión incómoda neoliberalismo-extrema derecha–, emprendido por Trump o Bolsonaro (“cuyo principal asesor económico es un ‘ Chicago Boy’ que quiere hacer lo mismo en Brasil que se hizo en Chile durante la ‘primera ola neoliberal’”) quienes para asegurar las óptimas condiciones para la acumulación empoderan a las élites, suprimen las conquistas sociales y abren nuevos espacios para el capital: tierras federales estadounidenses y/o Amazonia brasileña.

III) Haciendo de la ciudad uno de sus principales objetos de interés (Social justice and the city, 1973) y siendo fiel a la premisa marxiana de que “el capitalismo anihila el espacio a fin de asegurar su sobrevivencia”, Harvey apunta a la urbanización como la clásica salida de la crisis de sobreacumulación, señalando a la vez sus limitaciones (temporales): el aumento de la deuda y la generación de más crisis. Así fue la historia de la producción del espacio urbano en Francia decimonónica (Paris, the capital of modernity, 2003) y en EEUU –¡los suburbios!– después de la Segunda Guerra. Tratando a las urbes como el principal espacio del conflicto social –y siguiendo otra vez a Lefebrve– ve en la ciudad (¡”a la que todos tenemos un derecho”!) también un importante espacio de resistencia (Rebel cities: from the right to the city, to the urban revolution, 2012) y concientización de clase, el papel que antes cumplía la –no tan extinta– fábrica (https://lahaine.org/dW2E).

IV) Centrada en los modos en que el capital estructura los turbulentos paisajes que nos rodean, la mirada harveyana es necesariamente selectiva. Si bien Harvey logró ampliar el campo de la teoría y práctica marxista, en su obra hay también varios espacios faltantes. El alcance de su geografía –como él mismo lo admite (New Left Review, 8/2000, p. 75-97)– se limita al Norte y a las zonas urbanas, algo que se observa también en sus teorizaciones del imperialismo (The new imperialism, 2003) donde el Sur permanece oscurecido. Lo mismo se puede decir de las cuestiones de raza o género –cuya irrupción en las pasadas décadas aumentó el campo de la crítica– aunque Harvey no está completamente ciego a ellas apuntando por ejemplo al componente racial en la crisis de vivienda en EEUU (Socialist Register, Vol. 48, 2012) o subrayando que no era una casualidad que la segunda ola del feminismo viniera de los suburbios.

V) La principal premisa de la teoría del desarrollo geográfico desigual de Harvey: el capital se reproduce cambiándose de un lugar del mundo al otro (Spaces of hope, 2000; Spaces of capital, 2001), se condensa mejor en su concepto de solución espacial mediante la cual el sistema busca expandirse: China –para él– es hoy en día “la ‘solución espacial’ global por excelencia”. Empujado por la crisis de sobreacumulación no sólo se perpetúa, sino también reconstruye: destruye espacios en una parte del planeta (la ciudad como Detroit), sólo para volverlos a producir en otra (decenas de nuevas ciudades chinas). También la crisis económica tiene para él –siendo esto una fascinante historia para contar– su distribución geográfica desigual: en su pleno desarrollo unos lugares florecen (Turquía), mientras otros, apenas al lado (Grecia), agonizan (https://lahaine.org/fM4H). “No obstante –enfatiza en otro lugar– ya se nos está acabando tanto el espacio como el tiempo. Y esto es uno de los grandes problemas del capitalismo contemporáneo” (https://lahaine.org/fM4G).

Fuente: https://www.lahaine.org/bM5M

Biopoder y Biocapital

El trabajador como moderno homo sacer

Por Jaime Osorio

Texto publicado en Revista NUEVA ÉPOCA ˆ AÑO 19 ˆ NÚM. 52 ˆ SEPTIEMBRE-DICIEMBRE 2006

En este trabajo se establecen las particularidades del biopoder, en el contexto en que el capital, su dinámica y despliegue, rigen el sentido del mundo y su organización. Desde ese horizonte se retoman los planteamientos de Michel Foucault y Giorgio Agamben, autores en cuyas obras se encuentran algunas de las principales propuestas sobre el tema, y se señalan sus aportes así como los límites de sus formulaciones. Se sostiene, en polémica con Agamben, que en el actual orden social es el trabajador asalariado el moderno homo sacer y que sólo develando esa posición se está en condiciones de comprender las variadas formas como el capital pone la vida en entredicho, sea como refugiados, migrantes, etcétera. Esta reflexión ofrece argumentos que justifiquen considerar al biocapital como categoría que asume y supera, en términos hegelianos, la de biopoder.

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La vocación del poder de apoderarse de la vida y someterla a sus atribuciones soberanas constituye un proceso antiguo. Sin embargo, la emergencia de fenómenos inéditos en esa vieja tendencia permite hablar de la constitución de algo nuevo, que se ha expresado en la noción de biopoder. En este trabajo nos interesa establecer las particularidades del biopoder en el contexto donde el capital, su dinámica y despliegue, rigen el sentido del mundo y su organización. Desde ese horizonte retomaremos los planteamientos de Michel Foucault y Giorgio Agamben, autores en cuyas obras se encuentran algunas de las principales propuestas sobre el tema, y señalaremos los que consideramos sus aportes, así como los límites de sus formulaciones. Este ejercicio de reflexión pretende ofrecer argumentos que justifiquen hablar del biocapital como categoría que asume y supera la del biopoder.

BIOPODER Y BIOCAPITAL

En una apretada síntesis que tiene la particularidad de precisar las coordenadas del tema, Michel Foucault señala que el poder sobre la vida se desarrolló desde el siglo XVII en dos formas principales:

[uno] centrado en el cuerpo como máquina: su educación, el aumento de sus aptitudes […], su docilidad, su integración en sistemas de control eficaces y económicos […] [el segundo formado] hacia mediados del siglo XVIII, fue centrado en el cuerpo-especie […] que sirve de soporte a los procesos biológicos: […] los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida […] todos estos problemas los toman a su cargo una serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población. Las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida [es así como emerge un poder] cuya más alta función no es ya matar sino invadir la vida enteramente [con ello] se inicia […] la era de(l) […] “biopoder”.1

No es que con anterioridad la vida no estuviera presente en la historia. Lo nuevo es “la entrada de los fenómenos propios de la vida de la especie humana en el orden del saber y del poder”.2 De esta forma “lo biológico se refleja en lo político”, permitiendo que “el dominio que puede ejercer (el poder) sobre (seres vivos) deberá colocarse en el nivel de la vida misma”.3

El periodo considerado por Foucault (siglos XVII y XVIII) corresponde grosso modo con los tiempos del capitalismo en el mundo central que contempla aspectos de la acumulación originaria y de la manufactura. Foucault reconoce que “ese bio-poder fue, a no dudarlo, un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo; éste no pudo afirmarse sino al precio de la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante un ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos”.4 Más aún, “el ajuste entre la acumulación de los hombres y la del capital, la articulación entre el crecimiento de los grupos humanos y la expansión de las fuerzas productivas […] fueron posibles gracias al ejercicio del bio-poder en sus formas y procedimientos múltiples”.5

Los vínculos entre los movimientos económico-políticos del capital y la vida no constituyen puntos de atención para Foucault en el tratamiento del tema, más allá de las breves referencias antes señaladas. Son esos vínculos, sin embargo, los que aquí nos interesa destacar, porque conforman, como veremos, el piso primordial desde donde construir la reflexión sobre el biopoder. Postulamos que el campo del biopoder se aloja en la relación capital-trabajo, que es la que articula el sentido del mundo societal en que hoy los hombres se desenvuelven. Esa relación constituye entonces un punto privilegiado de análisis, como Marx ya lo destacó. Centremos nuestra atención en ella destacando los aspectos que nos permitan asentar sobre nuevas bases la noción de biopoder.

CORPOREIDAD VIVA: BASAMENTO DEL BIOCAPITAL

El trabajo, como trabajo útil, es condición de vida del hombre, al permitir la gestación de valores de uso, de bienes que permiten su vida y la reproducción de la sociedad. Esta condición perenne y natural de intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza asume, sin embargo, una impronta particular en el capitalismo, convirtiéndose en una actividad donde la vida misma de los trabajadores queda expuesta y en entredicho.

El acontecimiento fundante en este giro histórico se ubica en los procesos que propiciaron la violenta y masiva separación de los trabajadores de los medios de producción y de los medios de subsistencia6 y su conformación en tanto capital, reseñados por Marx en la llamada “acumulación originaria”.7 De allí en adelante será primordialmente la dinámica económica y política gestada a partir de ese proceso la que permitirá que dichos medios se enfrenten a los trabajadores como algo ajeno y que los somete. Para los productores despojados, sólo les será posible acceder a los medios de subsistencia bajo formas mediadas por la venta de sus capacidades física y espirituales que le permiten trabajar. El trabajo se conforma así como un proceso que pondrá frente a frente, y de manera recurrente, al capitalista y a los trabajadores: uno, como poseedor de los medios de producción y de subsistencia; otros, como poseedores de su fuerza de trabajo.

Esta es la premisa básica que organiza el trabajo en el mundo regido por el capital. La constitución de la fuerza de trabajo en mercancía encierra, como en toda mercancía, una unidad contradictoria. Quien la vende la enajena por un valor de cambio, como forma de acceder a los medios de subsistencia. Quien la compra la adquiere para “disfrutar” su valor de uso, esto es, del trabajo mismo. En esa situación se dibujan las fronteras que enmarcan el territorio que aquí nos importa destacar.

Toda venta de una mercancía supone para el vendedor desprenderse de la misma, al consumarse el proceso, y su entrega al comprador, para que éste disponga de la misma como mejor le convenga. Pero en la venta y compra de la fuerza de trabajo se hace presente un hecho paradojal: las capacidades físicas y creativas que permiten trabajar no son ajenas a la corporeidad viva del trabajador.8 Esto implica que no es posible separar materialmente la fuerza de trabajo de la existencia misma de su propietario. No hay una distinción ontológica entre una y otra. Por tanto, al hacer entrega de la mercancía vendida, la fuerza de trabajo, su propietario no sólo termina entregando a aquélla, sino el plus de su propia base material en tanto ser viviente. No hay desprendimiento posible entre su cuerpo vivo y su capacidad de trabajo y entre su existencia como ser vivo y dicha capacidad.9

Lo que se pone en juego en esta transacción, por tanto, no es algo ajeno a la vida misma del trabajador. En esta particular relación mercantil no sólo está presente el intercambio de valores y de productos útiles: es la propia existencia de uno de los contratantes la que se pone en entredicho. La “libertad” del trabajador de disponer de su fuerza vital y ponerla a la venta en el mercado, lleva consigo, de manera simultánea, pero oculta, el poner a disposición de otro, el capital, su propia existencia. Ésta parece un elemento excluido del proceso de intercambio. Sin embargo, es el elemento verdaderamente incluido. Sin vida y cuerpo no hay fuerza de trabajo.

La recuperación del trabajador de la integridad sobre su ser, al reapoderarse de su capacidad de trabajo al final de la jornada, sólo sirve para velar que es su existencia toda la que queda en entredicho. Porque ese reapoderamiento sólo constituye un pequeño paréntesis dentro de un proceso que obliga al productor a tener que volver a presentarse durante toda su vida útil al mercado como vendedor de su fuerza vital.10 El dinero que percibe por su mercancía, bajo la forma del salario, fluctúa en torno al valor de los bienes que necesita para reponer sus fuerzas físicas y espirituales, no para acumular y romper con su condición de hombre despojado de medios de producción y de subsistencia.11 A ello se reduce su condición de hombre libre en este terreno. Desde esta perspectiva, el pequeño paréntesis de reapropiación del trabajador de su existencia deja de ser tal, para convertirse en un tiempo de reposición que reclama el propio capital.

Es en estas coordenadas donde se encuentran los puntos nodales del poder del capital sobre la vida y la base de una teoría del biopoder en el capitalismo. Ellos constituyen, sin embargo, los puntos ciegos de las reflexiones de Foucault y de Agamben, proyectando una sombra que cubre sus discursos, más allá de las virtudes y nuevos horizontes que sus análisis han abierto sobre el tema.

Si en términos de la teoría de la explotación desarrollada por Marx, la fuerza de trabajo se nos presenta como una mercancía de excepción, capaz de crear más valor que el que ella vale, lo que como exclusión la convierte en lo sustancialmente incluido en el “inmenso arsenal de mercancías” establecido por el capital, desde la teoría del biocapital el vínculo capital-corporeidad viva del trabajador destaca los cimientos de un orden social que reposa, como exclusión,12 en el poder del capital sobre la vida, siendo ésta lo verdaderamente incluido. Si aquella teoría nos lleva al examen del antagonismo- complemento capital-trabajo, ésta nos orienta hacia el antagonismo-complemento capital-vida. En términos del análisis vale diferenciarlas, pero, a su vez, volver a integrarlas, como requisito para la cabal comprensión del proceso. Desde aquí ya podemos vislumbrar la necesaria asunción del capital como unidad económica y política. Toda separación forma parte de los velos que ocultan aquella condición.

LA VIDA COMO SIMPLE TRABAJO EXCEDENTE

El antagonismo-complemento que pone de manifiesto que es la vida misma del propietario de la mercancía fuerza de trabajo la que se encuentra expuesta, asume nuevas dimensiones cuando consideramos la lógica que rige el uso de esta mercancía, esto es, el trabajo mismo. Para ello debemos abandonar la esfera de la circulación para adentrarnos en la de la producción. Y ya en ese movimiento “parece como si cambiase algo la fisonomía de los personajes de nuestro drama. El antiguo poseedor de dinero abre la marcha convertido en capitalista, y tras él viene el poseedor de la fuerza de trabajo, transformado en obrero suyo […]”. El primero “pisando recio”, el segundo “receloso, de mala gana, como quien va a vender su propia pelleja […]”.13

Esta viva imagen puede parecer exagerada. Sin embargo sólo es una pálida expresión de la esencia del trabajo en el capitalismo, donde la lógica de la valorización incesante del capital busca producir y apropiarse del mayor tiempo de trabajo excedente.14 La existencia del trabajador, en tanto encarnación del potencial generador de nuevo valor se ve así sometida a un mando despótico,15 el del capital, a cuya naturaleza le es inherente un hambre insaciable de tiempo de trabajo que rebase el tiempo de trabajo necesario.

Bajo esta dinámica, todas las formas de organización del trabajo operan para que el trabajador termine siendo simple encarnación de tiempo de trabajo. El tiempo de descanso, que se proyecta como reapropiación de su existencia, aparece para el capital como tiempo improductivo. Sin embargo, termina siendo en realidad tiempo del capital, ya que en él el trabajador reproduce las condiciones para que el capital pueda volver a extraer sus fuerzas físicas y espirituales. Por ello, en definitiva, “[…] el obrero no es, desde que nace hasta que muere, más que fuerza de trabajo”, señala Marx, y “todo su tiempo disponible es, por obra de la naturaleza y por obra del derecho, tiempo de trabajo y pertenece, como es lógico, al capital para su incrementación”.16

De condición de vida, en la organización capitalista el trabajo reposa en una tendencia contraria, tanto por la particular relación entre fuerza de trabajo y corporeidad viva del trabajador, así como por el elemento que motoriza el trabajo en esta organización societal, una insaciable hambre de trabajo excedente. Es el trabajo-vida expuesta el particular-universal, lo verdaderamente excluido-incluido en el orden capitalista, y que aparece, sin embargo, como pura excepción, frente a una realidad que se proyecta de manera inversa, en tanto trabajo-vida.

LA LIBERTAD DEL TRABAJADOR COMO FICCIÓN DE UNA VIDA QUE NO LE PERTENECE

Una de las condiciones que reclama el proceso de venta de la fuerza de trabajo es que ésta sea ofrecida en el mercado “por su propio poseedor”, lo que implica que “sea libre propietario de su capacidad de trabajo, de su persona”. Es así como el trabajador se pone enfrente de otro propietario, el del dinero-capital. Tenemos entonces un intercambio entre “personas jurídicamente iguales”. A ello se agrega que la venta de su fuerza vital se realice por tiempos delimitados, ya que “si la vende en bloque y para siempre, lo que hace es venderse a sí mismo, convertirse de libre en esclavo, de poseedor de una mercancía en mercancía”.17

En definitiva, para que el dinero se convierta en capital, “el poseedor del dinero tiene […] que encontrarse en el mercado […] con el obrero libre”, entendido en una doble acepción: que pueda disponer libremente de su fuerza de trabajo como de su propia mercancía”, y que no disponga de otras mercancías donde “su trabajo se materialice”.18

Pero “la órbita de la circulación”, que es donde se realiza la compra-venta de la fuerza de trabajo, opera como fetiche del proceso de reproducción en su conjunto. Por ello es que puede presentarse como “el verdadero paraíso de los derechos de los hombres”. En su interior “sólo reinan la libertad, la igualdad, la propiedad”.19 En la realidad la figura del trabajador “libre” debe ser delimitada, para romper con las ilusiones que ella genera.

En tanto “libre” por ser dueño de su mercancía, esa ilusión se sostiene por la posibilidad del “cambio constante de patrón y la fictio juris del contrato de trabajo, (los que) mantienen en pie la apariencia de su libre personalidad”.20 Pero, “en realidad, el obrero pertenece al capital antes de venderse al capitalista. Su vasallaje económico se realiza al mismo tiempo que se disfraza mediante la renovación periódica de su venta gracias al cambio de sus patrones individuales […]”.21

Ello se explica porque su otra condición de libertad, la no posesión de medios de producción y de medios de subsistencia, su despojo total, lo convierten en un no- libre,22 y esta condición hace que “se vea obligado” a vender “su propia fuerza de trabajo”.23 Es la “esclavitud encubierta”24 lo verdaderamente incluido en la existencia del obrero libre. La recuperación de la posesión de su mercancía fuerza de trabajo, una vez finalizada la jornada de trabajo, no hace más que ocultar e invertir la situación de una vida que no le pertenece, “puesto que (en ese tiempo sólo) reproduce la fuerza productora de riqueza para otros”.25 Por ello, más allá de la fictio juris, “desde el punto de vista social, la clase obrera, aún fuera del proceso directo de trabajo es atributo del capital, ni más ni menos que los instrumentos inanimados”.26

La “esclavitud” del trabajador moderno no significa desconocer sus especificidades. El esclavo de la organización esclavista pertenece jurídicamente al esclavista y, por tanto, es tan suyo como un arado o como un animal de carga. El moderno esclavo jurídicamente no pertenece al capitalista. Es un hombre libre. Pero su separación de los medios de vida y de producción en un régimen que perpetúa dicha separación, lo obliga –bajo una forma de violencia donde se juega su sobrevivencia– a tener que someterse diariamente al mando despótico del capital. “El esclavo romano se hallaba sujeto por cadenas a la voluntad de su señor”, en tanto “el obrero asalariado se halla sometido a la férula de su propietario por medio de hilos invisibles”.27

Frente a derechos iguales en la libertad del capital de comprar fuerza de trabajo y la libertad del trabajador de venderla (todos hombres “libres” en términos jurídicos), termina imponiéndose la fuerza. Es en ese cuadro que el capital crea los cuerpos dóciles que su reproducción requiere. Esto reclama un largo proceso de violencia manifiesta del capital sobre los trabajadores y sus cuerpos, en aras de “vencer todas (sus) resistencias” y disciplinarse a la nueva condición de trabajadores “libres”.28 Alcanzada esa meta, “se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales”, proceso que “sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero”.29

La apropiación de la vida constituye un aspecto que pone de manifiesto la dimensión política del capital. Sin embargo, esa dimensión encuentra fundamentos en un aspecto mucho más primario, referido a lo que se vincula. Lo particular del capital es que a ese aspecto primario vinculante, añade su capacidad de apropiarse de la vida en un cuadro donde los trabajadores son jurídicamente libres. Adentrémonos en estos asuntos y en los desdoblamientos y manifestaciones que presenta en el capitalismo.

EL CAPITAL COMO UNIDAD ECONÓMICO-POLÍTICA

El capital es una unidad que se manifiesta bajo formas desarticuladas y ocultas. Es una condición de su despliegue la fetichización de su naturaleza; que las “forma(s) exterior(es) de manifestarse, […] ocult(en) y ha(gan) invisible la realidad invirtiéndola”,30 a fin de que la explotación, la dominación y el mando despótico sobre la vida desaparezcan del horizonte en la simple vivencia y percepción. Por ello, es tarea central de la crítica, rearticular la unidad de lo disperso para desentrañar lo que permanece velado.

Toda relación de explotación es primariamente una relación política.31 Sin mando y dominio la explotación como fenómeno social reproducido de manera permanente no sería posible.32 Esto es lo que se destaca cuando se afirma que el capital es fundamentalmente una relación social: es mando, dominio y poder despótico (que se ejerce sobre hombres “libres”, y que incluye la vida de los trabajadores), y es un vínculo de explotación. Es la condición de relación social entonces lo que hace a la esencia política-económica del capital, lo que solda y condensa lo político y lo económico como una unidad que integra la apropiación de la vida.

Esa unidad, en su despliegue, el capital la fractura, proyectando y construyendo lo económico y lo político como mundos ajenos, separados y autónomos. Este paso permite “la necesaria presencia como no-económico de lo político para que lo económico se pueda presentar como lo no-político”.33 Este es un primer recurso de la fetichización, que permite dislocar dominio y explotación.

A ello se agrega un segundo recurso donde, una vez establecido lo económico y lo político como esferas independientes, trastoca, a su vez, la naturaleza de cada esfera, propiciando una nueva despolitización, tanto de la economía como de la política, por la vía de desarticular y encubrir el aspecto social de las relaciones que las caracterizan, esto es, las relaciones de explotación, por un lado, y las de dominio, por el otro. El mercado y el contrato social se conforman así en las formas fundamentales que reclama el capital para terminar de velar el aspecto relacional, sustentando en ambos al individuo como el soberano. En el primero, la economía se proyecta como el resultado de decisiones individuales (y las desigualdades sociales como el resultado de diferencias en materia de esfuerzo, talento, preparación y aprovechamiento de oportunidades). El segundo se concibe como el resultado del pacto entre individuos, de la cesión de soberanías entre iguales, lo que cristaliza en el Estado de todos.34

Hablar de la relación social como el fundamento político del capital implica poner a la luz el aspecto donde el capital es de manera simultánea relación de dominio y de explotación.

Destacar la unidad política y económica del capital no significa desconocer la necesidad, con fines analíticos, de asumir la originalidad de la esfera económica y la originalidad de la esfera política. Es lo que considera Marx cuando en sus obras maduras se dedica a desbrozar la naturaleza de la economía que despliega el capital. Pero este análisis se realiza por la vía de una “crítica de la economía política”, sin romper los vínculos de aquélla con su esencia política. Por el contrario, allí se trata de poner de manifiesto esa esencia política desde el campo económico. La clave es que sea desde la economía, sea desde la política, no se establezcan rupturas entre la unidad política y económica del capital, y no se desarticule la relación social que hacen a su esencia. Así podremos reconstituir lo que la fetichización disloca y fractura.

Lo anterior permite una primera aproximación al horizonte de visibilidad, así como a los límites que plantean la reflexión de Foucault y Agamben en torno al bio- poder. No es un problema menor que ambos dejen de lado el nudo más significativo de la moderna sociedad capitalista, la relación capital-trabajo, como base de una teoría del biopoder. Como hemos intentado mostrar, es allí donde reposa el punto nodal para la comprensión del ejercicio del poder sobre la vida en este ordenamiento societal. Ambos autores asumen una perspectiva que despolitiza el análisis, a pesar de su aparente radicalidad, ya que diluyen los referentes sociales vinculados en las nociones de poder y de biopoder. ¿Poder y mando de quiénes?, ¿sobre la vida y la existencia de quiénes?, ¿poder para alcanzar qué? En uno y otro, estos interrogantes quedan sumidos en los límites de la política despolitizada a la que hemos hecho alusión, por lo que terminan atrapados en el vaciamiento de las relaciones sociales (de explotación y de dominio, que terminan cristalizando en clases sociales) que realiza la fetichización del capital. Foucault habla del poder como relación, pero al diluir las clases sociales y sus intereses en la infinidad de puntos donde el poder se ejerce, las relaciones entre aquellas pierden el sentido social propio del capital y no tienen mayor significación que las relaciones de poder entre paciente-psiquiatra, penitente-confesor o profesor-alumno, en la microfísica de un poder atomizado, descentrado y desjerarquizado.35 En Agamben, hablar del poder soberano sin definir su sentido y encarnaciones sociales, es quedarse a nivel de una entelequia que flota en el devenir de los tiempos.

DIVERSAS MODALIDADES DE EJERCICIO DEL BIOCAPITAL

Hemos visto que el poder del capital sobre la vida reposa en el hecho de que la fuerza de trabajo que “compra” y se apropia forma parte indisoluble de la corporeidad viva del trabajador y se encuentra inscrita en su propia existencia como simple ser viviente. Y que la apropiación de la existencia misma, encubierta como libertad del obrero, es sometimiento al poder despótico del capital que busca, por su propia naturaleza, apropiarse de toda la vida del trabajador, a fin de incrementarse de manera incesante. En definitiva, “el capitalista lo que más anhela es que el obrero disipe, lo más posible y sin interrupción, sus dosis de fuerza vital”.36 Aquí reposa la esencia de la apropiación y exposición de la vida en el capitalismo. Veamos algunas de las modalidades como el capital lleva adelante este proceso.

VIDA INFRAHUMANA

Si en su tarea de desarrollar una teoría de la explotación en el capitalismo para Marx era fundamental asumir como supuesto que “las mercancías […] se compran y venden siempre por todo su valor”, incluyendo a la “fuerza de trabajo”,37 esto es, “tomar como punto de partida el cambio de equivalentes”,38 ello no significa que desconociera el peso histórico de la tendencia del capital a “hacer descender el salario del obrero por debajo del valor de la fuerza de trabajo”,39 o que desconociera que a la hora de “disfrutar” el valor de uso de la fuerza de trabajo, el capital termine desfalcando y agotando de manera prematura a los trabajadores. En definitiva, haciendo del trabajo condición de muerte.

Es necesario ver ahora desde un nivel de abstracción menos general –que tiene como trasfondo la violación del valor de la fuerza de trabajo, proceso que Ruy Mauro Marini calificó de superexplotación y que ubicó como el elemento definitorio del capitalismo dependiente–40 qué ocurre cuando la voracidad de tiempo de trabajo excedente del capital rompe las fronteras civilizatorias con que se reviste, para regresar de manera recurrente (sólo frenado por cálculos de realización y de las luchas sociales) a sus olvidados orígenes históricos, allí cuando el capital irrumpió en la vida humana “chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza”. Aquello que parecía una vieja historia de violencia y despotismo ya superada, es en realidad una historia siempre presente, excluida y encubierta en muchos momentos y espacios, pero que constituye lo verdaderamente incluido en su accionar, y con particular intensidad en el capitalismo dependiente.

El valor diario de la fuera de trabajo tiene como referente una determinada noción de años de vida útil del trabajador y de años de vida sin más. Es este valor total el que define entonces el valor diario:41 Qué bienes, en términos de alimentos, vestuario, vivienda, salud, educación, descanso y otros deben considerarse a efectos de que un trabajador pueda vender su fuerza de trabajo y vivir a su vez en condiciones normales una determinada cantidad de años, y producir también los brazos que lo reemplazarán. Por ello, el valor de aquella mercancía incluye también el valor de reproducción de una familia. El elemento histórico moral le da a la mercancía fuerza de trabajo una impronta particular, en tanto no se trata de reproducir animales sin más, sino seres humanos, acostumbrados a formas particulares de alimentación, y que van formando parte de una sociedad donde aparecen nuevos bienes, que al abaratarse, pasan a formar parte de los bienes salarios.

En el acto mismo de la compra-venta de la fuerza de trabajo, que hemos visto que implica la apropiación de la corporeidad viva del trabajador, se gesta un mecanismo en donde junto a la apropiación de trabajo excedente se imbrica una otra violencia con implicaciones sobre las condiciones de existencia de los trabajadores. Porque cuando tenemos una reducción forzada del salario por debajo del valor de los bienes indispensables para reponer la vida del trabajador, el capital logra que “el fondo necesario de consumo del obrero” se transfiera a su órbita y se convierta en parte de su “fondo de acumulación”.42

El capital cuenta con múltiples recursos para imponer salarios por debajo del valor, donde la creación de una superpoblación relativa es uno de ellos. Apoyado en las leyes del mercado y de la libre concurrencia, sobre

las cuales opera su capacidad de generar población excedente, el capital adquiere la fuerza de trabajo en condiciones que ponen de manifiesto a su poseedor y a su familia que no podrán reproducir de manera normal su propia existencia como seres humanos. En este cuadro sólo les espera una vida infrahumana. Y todo ello ocurre recién en la circulación, en el contrato inicial, cuando el trabajador como libre poseedor no pasa aún al taller, como propiedad “jurídica” del capitalista.

Este gesto “antagonista y homicida” del capital, esta desnudez de su poder despótico, constituye el modo en que se relacionan millones de trabajadores en nuestros días con el proyecto civilizatorio del capital. Más allá de lo que diga el derecho a la vida y los derechos del hombre en el campo jurídico, lo cierto es que estos quedan como letra muerta en el capitalismo realmente existente, allí donde la excepción termina convir- tiéndose en norma.

VIDA DESFALCADA

¿Qué es una jornada de trabajo? En esta pregunta se encierra mucho más que un asunto de dimensiones jurídicas y de tiempo. Expresa una frontera donde lo que se pone en juego es la mayor o menor rapidez como el capital consumirá la vida del trabajador,43 es decir, establecerá un ejercicio particular del biopoder o del biocapital. “En vez de ser la conservación normal de la fuerza de trabajo la que trace el límite a la jornada, ocurre lo contrario: es el máximo estrujamiento diario posible de aquella el que determina, por muy violento y penoso que resulte, el tiempo de descanso del obrero”.44

No es la protección de la vida el punto de referencia. Es el incremento del capital el que pulsiona, exponiendo la existencia del trabajador. Por ello el capital “no tiene inconveniente en abreviar la vida de la fuerza de trabajo, al modo que el agricultor codicioso hace dar a la tierra un rendimiento intensivo desfalcando su fertilidad”.45

A pesar de que se aumente el salario por las horas extraordinarias de trabajo, hay un punto donde dicho incremento no permite la recuperación del trabajador. La simple prolongación de la jornada por largos tiempos de vida del obrero, aún con mejores salarios, “no conduce solamente al empobrecimiento de la fuerza humana de trabajo […] Produce, además, la extenuación y la muerte prematura de la misma fuerza de trabajo”, y tiende a “acortar la duración de (la) vida” del trabajador.46

El establecimiento de topes a este afán desenfrenado de extender el tiempo de trabajo es resultado de “una larga y difícil guerra civil, más o menos encubierta, entre la clase capitalista y la clase obrera”.47 Como en toda guerra, la fuerza define las victorias y las derrotas. Sin embargo, no debe perderse de vista que las victorias de la clase obrera universal en la materia se desarrollan en el terreno de reducir el tiempo de trabajo excedente, lo que no es poco, pero aún insuficiente para que el trabajo retome su condición de vida.

Con la intensificación del trabajo el capital busca reducir las horas muertas y la porosidad presente en el tiempo de trabajo, a fin de elevar el trabajo excedente, todo lo cual termina expresándose en una mayor cantidad de valores de uso al final de la jornada. Esta forma de elevar la producción, que se sustenta en un mayor desgaste de la fuerza de trabajo, es distinto a un incremento apoyado en la elevación de la capacidad productiva, vía nuevas máquinas o nuevas formas de organización del trabajo. Intensidad y productividad son fenómenos ligados, pero diferenciados. La última es la base de un nuevo orden societal, donde se multiplican la masa de bienes disponibles sobre la base de mantener e incluso reducir el esfuerzo y el desgaste físico y espiritual individual, lo que permite ampliar el tiempo libre.

Pero el capital revierte esto en lo contrario y a mayor productividad, vía adelantos tecnológicos, abre las puertas para imponer “un desgaste mayor de trabajo durante el mismo tiempo” y propicia “una tensión redoblada de la fuerza de trabajo, tupiendo más densamente los poros del tiempo de trabajo”.48 Si la prolongación de la jornada consume la vida del trabajador considerando el tiempo en su magnitud extensa, con la intensificación aquello se alcanza por la medida del tiempo en tanto su “grado de condensación”.49

Con la prolongación de la jornada, así como con la intensificación del trabajo, el capital logra apropiarse en la actualidad de años futuros de trabajo y de consumir ahora años futuros de vida del trabajador. A pesar de que exista un pago mayor por las horas extras o por la mayor producción, el valor total de la fuerza de trabajo se ve violada. Su vida es así desfalcada y puesta en entredicho.

TORMENTOS DE TRABAJO Y TORMENTOS DE MISERIA

Al capital no le es suficiente la fuerza vital de un número de cuerpos vivos determinada por la lógica de su simple reproducción “natural”. La valorización reclama brazos a su disposición para potenciales expansiones, para reemplazar a los prematuramente agotados y para que los obreros activos rindan más trabajo excedente. Todo ello es posible tras la conformación de una población relativa excedente, propiciada por la elevación de la composición orgánica del capital. La supeditación formal de los trabajadores al capital termina de cerrar su círculo, convirtiéndose en supeditación real.

En locución biopolítica, el proceso anterior termina de “poner remate al despotismo del capital”,50 ya que tanto los trabajadores activos como los semiactivos e inactivos quedan supeditados a su mando y sus vidas quedan instaladas en “la necesidad del sacrificio como conditio sine qua non de la socialidad”.51 Todos los trabajadores se constituyen en atributos del capital, diferenciándose simplemente en la forma en cómo éste los consumirá y agotará. A unos, por los tormentos del trabajo, a otros, por los tormentos de la miseria.52 A todos, por convertir sus vidas en vida desnuda, aquella a la que el capital puede dar muerte de manera impune.

Si en el trabajador activo (semiactivo o inactivo por temporadas) el capital termina atrapando la corporeidad viva en tanto se posesiona efectivamente de la fuerza de trabajo allí contenida, en el pauperismo,53 la violencia y el despotismo sobre la vida se realiza como una doble exclusión: ni el cuerpo vivo ni la fuerza vital de trabajo parecieran encontrarse bajo el reino del biocapital y su poder despótico. Es más, llegado a un cierto punto, el pauperismo se constituye en un lastre para aquel, lo que acentúa su apariencia de ajeneidad con la valorización, a pesar de sus inseparables vínculos e inclusión.54 La contradicción entre valor y valor de uso, alcanza aquí forma en la corporeidad de la clase obrera como un todo: la valorización del capital sólo es posible a condición de la negación, como valor de uso, de la fuerza de trabajo de uno de sus segmentos.

La lógica que rige la relación capital-trabajo-vida pone de manifiesto que no son ni el derecho a la vida, ni el trabajo como condición de vida los elementos que subyacen en aquella lógica y en su despliegue en el capitalismo. Por el contrario, es la tendencia a agotar la vida de los trabajadores lo verdaderamente incluido en esta organización societal. Con este horizonte regresemos a las propuestas de Foucault y Agamben en torno las particularidades del biopoder.

LOS LÍMITES DEL “HACER VIVIR” Y EL MODERNO HOMO SACER

“HACER VIVIR, DEJAR MORIR”

En la modernidad “ya no se trata de hacer jugar la muerte en el campo de la soberanía, sino (más bien) de distribuir lo viviente en un dominio de valor y de utilidad”,55 señala Foucault. Esto no implica olvidar que “la vieja potencia de la muerte, en la cual se simboliza el poder soberano, se halla ahora cuidadosamente recubierta por la administración de los cuerpos y la gestión calculadora de la vida”.56

Foucault no desconoce que el poder soberano de dar muerte sigue en pie en la modernidad capitalista. Pero es la vida ahora la que el poder busca gestionar. Por ello insiste en que “el dominio que pueda ejercer sobre (los seres vivos) deberá colocarse (ahora) en el nivel de la vida misma”. Más aún, “haber tomado a su cargo a la vida, más que la amenaza de asesinato, dio al poder su acceso al cuerpo”.57

En definitiva, el poder soberano moderno reposa en producir y gestionar la vida. El giro no es menor: “una de las transformaciones […] masivas del derecho político del siglo XIX consistió […] en completar ese viejo derecho de soberanía –hacer morir o dejar vivir– con un nuevo derecho, que no borraría el primero pero lo penetraría, lo atravesaría, lo modificaría y sería un derecho, o mejor, un poder exactamente inverso: poder de hacer vivir y dejar morir”.58

El apotegma “hacer vivir, dejar morir” del actual poder soberano, como contraposición al derecho soberano anterior de “hacer morir, dejar vivir”, presenta diversos problemas que tienden a obscurecer más que aclarar la relación capital-vida en la moderna sociedad capitalista. ¿Cuál es el significado de este “hacer vivir”?: ¿a qué vida se hace referencia?, ¿a una vida en condiciones humanas, digna de ser vivida, o a una en condiciones inhumanas?, ¿a una vida de hombres libres o a una sometida “por hilos invisibles” a nuevas condiciones de esclavitud?

Pero el problema más serio es que aquella sentencia deja a obscuras el aspecto clave: si el capital establece gestos de poder referidos a cuidar la vida, a reproducirla, estos gestos se establecen en un campo contradictorio con la dinámica que deviene de su propia naturaleza, que propicia no sólo apoderarse de la vida, sino dejarla expuesta a la condición de una vida reclamada para ser arrebatada. Es por ello que “el hombre moderno es un animal en cuya política está puesta en entredicho su vida de ser viviente”.59 Es Foucault el que señala lo anterior. Y esta formulación, de enorme significación a la luz del análisis que realiza Marx, según hemos visto, termina por no encontrar un espacio de resolución en el discurso del pensador francés, desarmado para enfrentar el antagonismo, en el capitalismo, entre el “hacer vivir” y el que la vida, sin embargo, esté en entredicho.60

LA VIDA EXPUESTA

Es en la reflexión propuesta por Agamben donde la condición de vida expuesta, de vida en entredicho, alcanza mejores condiciones de explicación, aunque pronto emergen, a su vez, los límites impuestos por su construcción teórica. El homo sacer, una figura del derecho romano arcaico, constituye para Agamben el ejemplo que resume la situación paradojal del poder soberano occidental y su relación con la vida: un hombre sagrado, que no puede ser objeto de sacrificio, por estar fuera del derecho divino, al cual, sin embargo, cualquiera puede dar muerte impunemente, sin ser considerado homicida, porque también se encuentra excluido del derecho de los hombres. Una doble exclusión que lo deja incluido en el derecho de una vida expuesta a la que cualquiera le puede poner fin.

El andamiaje de la reflexión de Agamben se funda en “la afirmación según la cual ‘la regla vive sólo de la excepción’ (por lo que) debe ser tomada […] literalmente”.61 Más aún, “la estructura de la excepción […] parece ser […] consustancial con la política occidental”.62 De allí que ésta constituya el nudo lógico desde el cual construye su reflexión: el particular que da sentido al universal.

Si el Estado de excepción nos permite comprender uno de los ejes del poder soberano del Estado moderno, en tanto exclusión-inclusión,63 también allí se hace presente un segundo eje, referido a la relación que guarda dicho poder con la vida: el derecho siempre ha contado como fundamento su vínculo con la vida desnuda, pero también como inclusión-excluida, en tanto en el estado de excepción los derechos fundamentales (siendo el principal el derecho a la vida) quedan suspendidos. De esta forma, son “las implicaciones de la nuda vida en la esfera política (lo que) constituyen el núcleo originario –aunque oculto del poder soberano”.64

Agamben analiza los conflictos presentes en la unión-distinción derechos del hombre y derechos ciudadanos, lo que lo lleva a señalar que se ha producido una “irremediable disociación entre nacimiento y nación“, como resultado de la creciente introducción en el derecho de Occidente de la distinción entre una vida auténtica (la de los ciudadanos, cualificados por pertenencia a un Estado-nación) y una nuda vida derivada del nacimiento, que termina despojada de todo valor político. En esta línea Agamben sostiene que “el refugiado (se constituye en) un concepto límite (ya) que pone en crisis radical las categorías fundamentales del Estado-nación, desde el nexo nacimiento-nación, al nexo hombre-ciudadano”.65 Por ello, “la creciente desconexión entre el nacimiento, la nuda vida, y el Estado-nación es el hecho nuevo de la política de nuestro tiempo y lo que llamamos campo de concentración es precisamente tal separación”.66

Pero las nociones de ciudadano y su negación, el no-ciudadano, no constituyen el mejor soporte para establecer las fronteras entre “vida auténtica” y nuda vida, “despojada de todo valor político” en el orden social capitalista. Ellas nos dejan atrapados en la política no-política desplegada por el capital, donde la ciudadanía oculta que la existencia del trabajador en su sentido relacional primario, sea o no ciudadano, es la que se encuentra expuesta en el mundo del capital. Es sobre este peldaño que se establecen variadas formas de vidas desnudas sometidas a su poder despótico.

Atrapado en la noción despolitizada de ciudadanía, de manera conclusiva Agamben afirma que es “el campo de concentración […] el paradigma biopolítico de Occidente”,67 entendido como “la materialización del estado de excepción y […] la consiguiente creación de un espacio en el que la nuda vida y la norma entran en un umbral de indistinción”, abarcando los campos de detención de migrantes, hasta las “zones d‘attente de los aeropuertos internacionales […] en los que son retenidos los extranjeros que solicitan el reconocimiento del estatuto de refugiado”.68

EL TRABAJADOR COMO MODERNO HOMO SACER

Estas conclusiones ponen de manifiesto los límites señalados en la reflexión sobre el biopoder de Agamben: terminan por reducir a un cierto número de hombres, los no- ciudadanos, sean refugiados políticos o migrantes, la expresión social de la vida expuesta en el capitalismo. Como hemos podido demostrar, es el trabajador69 la expresión del moderno homo sacer en la sociedad regida por la lógica del capital. Su vida desnuda queda en entredicho desde el momento mismo que se ve obligado a poner a disposición del capital no sólo su fuerza de trabajo sino su cuerpo viviente. Es su corporeidad viva la que termina expuesta diariamente, agotada y desfalcada por los diversos mecanismos que el capital emplea en el proceso de trabajo, azuzado por el hambre de valorización y de trabajo excedente. Este es un añadido a su propio drama, “un drama ajeno que lo sacrifica día a día y lo encamina […] a la destrucción”.70 La inclusión de ese cuerpo viviente está excluido del acuerdo que establece el intercambio. Es un plus de vida ajena que el capital se apropia, convirtiéndola en el verdadero soporte del orden económico-político que despliega. El capital conforma así un espacio de poder soberano de excepción, una economía-política donde la vida expuesta de los trabajadores se constituye en norma.71 En esta condición de exclusión-incluida, “ninguna vida es más política que la suya”.72

BREVE CONCLUSIÓN

Develando al capital, su unidad económica y política, y las relaciones sociales que lo constituyen, se estará en mejores condiciones para comprender por qué el orden económico y político que organiza se deposita en la vida desnuda, aquella que puede ser arrebatada de manera impune. La vida expuesta de los trabajadores es así la clave para comprender cualquier otra forma (trabajadores activos, semiactivos o inactivos; no migrantes o migrantes; con o sin contrato; ciudadano o refugiado, etcétera) como en el capitalismo la vida es puesta en entredicho. No es entonces el campo de concentración el paradigma biopolítico en Occidente, como señala Agamben. Por el contrario, ese paradigma establece su nomos no sólo en los espacios tradicionales que reclama el capital para valorizarse, sea en las esferas de la producción y de la circulación, sino en todos los espacios societales donde se produzca y reproduzca la relación capital-trabajo. Todo pauper (despojado de medios de producción) se encuentra atrapado en las redes de dicha valorización, la que conjuga vida-muerte en formas variadas y diversas.

 

B I B L I O G R A F Í A

Agamben, Giorgio. Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Pre-Textos, traducción y notas de Antonio Gimeno Cuspinera, Valencia, 1998.

Anderson, Perry. Tras las huellas del materialismo histórico, Siglo XXI Editores, Madrid, 1983. Antunes, Ricardo. ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo,Ediciones Herramienta, Buenos Aires, 2003.

Avalos, Gerardo. “La política del capital”, mimeo, UAM-Xochimilco, México, 2005.

Bales, Kevin. La nueva esclavitud en la economía global, Siglo XXI Editores, España, 2000. Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Contrahistorias, traducción y presentación de Bolívar Echeverría, México, 2005.

Echeverría, Bolívar. Valor de uso y utopía, Siglo XXI Editores, México, 1998.

Foucault, Michel. Historia de la sexualidad, I, “La voluntad de poder”, Siglo XXI Editores, traducción de Ulises Guiñazú, México, 1977, décimo quinta edición 1987.

——. Vigilar y castigar, Siglo XXI Editores, México, trad. Aurelio Garzón del Camino, 1976. ——. Defender la sociedad, FCE, traducción de Horacio Pons, México, 2002.

——. Seguridad, territorio, población, FCE, Argentina, 2006.
Marx, Karl, El Capital, FCE, traducción de Wenceslao Roces, México, tomo I, 1946 [1973]. ——. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858, Siglo XXI Editores, México, traducción de José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scarón, 1971. Osorio, Jaime. El Estado en el centro de la mundialización. La sociedad civil y el asunto del poder, FCE,México, 2004.

Tarcus, Horacio (comp.). Disparen sobre Foucault, El Cielo por Asalto, Buenos Aires, 1993.

 

Notas

1 Michel Foucault, Historia de la sexualidad, I, “La voluntad de poder”, Siglo XXI Editores, México (trad. Ulises Guiñazú), 1977, pp. 168-169.

2 Ibid., p. 171 [cursivas del autor].

3 Ibid., p. 172 [cursivas del autor].

4 Ibid., p. 170.

5 Ibid., p. 171.

6 “El poner al individuo como trabajador, en esta desnudez, es en sí mismo un producto histórico”. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858, Siglo XXI Editores, México (trad. de José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scarón), tomo I, 1971, p. 434.

7 Karl Marx, El Capital, Fondo de Cultura Económica, México (trad. Wenceslao Roces), 1946, séptima reimpresión 1973, tomo I, cap. XXIV, pp. 607-649.

8 “Entendemos por capacidad o fuerza de trabajo el conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase”. Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 121.

9 “La fuerza de trabajo sólo existe como actitud del ser viviente. Su producción presupone, por tanto, la existencia de éste. Y, partiendo del supuesto de la existencia del individuo, la producción de la fuerza de trabajo consiste en la reproducción o conservación de aquél”, por lo que “el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de los productores”. Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 124 [cursivas del autor].

10 “[…] el obrero, tras un trabajo siempre repetido, sólo tiene, para el intercambio, su trabajo vivo y directo. La propia repetición, in fact, es sólo aparente. Lo que intercambia con el capital es toda su capacidad de trabajo que gasta, digamos, en 20 años”. Karl Marx, Elementos fundamentales… op. cit., tomo I, p. 233.

11 Aquí tomamos como supuesto todavía la condición de un trabajador y no del conjunto de trabajadores. Pero entendemos que “hablar de obrero y no de clase obrera, implica dejar de lado por ahora el problema de los sustitutos del obrero debido al “desgaste”. Por ello, al señalar “obrero” se le supone “como sujeto perenne presupuesto, al capital, y no todavía como individuo perecedero de la especie obrero”. Karl Marx, Elementos fundamentales… op. cit., p. 264 [cursivas del autor].

12 “La nuda vida tiene, en la política occidental, el singular privilegio de ser aquello sobre cuya exclusión se funda la ciudad de los hombres”. Giorgio Agamben, Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Pre-Textos, España (traducción y notas Antonio Gimeno Cuspinera), 1998, p. 17.

13 Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 129 [cursivas del autor].

14 Esto difiere de “aquellas sociedades económicas en que no predomina el valor de cambio, sino el valor de uso del producto, (donde) el trabajo excedente se halla circunscrito a un sector más o menos amplio de necesidades, sin que del carácter mismo de la producción, brote un hambre insaciable de trabajo excedente”. Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 181 [cursivas del autor].

15 “Pero si, por su contenido, la dirección capitalista” constituye “un proceso social […] para la creación de un producto […] y […] un proceso de valorización del capital, por su forma, la dirección capitalista es una dirección despótica”. Esto es “el alto mando […] se convierte en atributo del capital […]”. Karl Marx, op. cit., pp. 267-268 [cursivas del autor].

16 Karl Marx, op. cit., p. 207.

17 Karl Marx, op. cit., p. 121.

18 Karl Marx, op. cit., pp. 121-122.

19 Karl Marx, op. cit., p. 128.

20 Karl Marx, op. cit., p. 482 [cursivas del autor].

21 Karl Marx, op. cit., p. 486.

22 Esta “desposesión” es, sin embargo, su condición de libertad para organizar un nuevo orden, que vaya más allá de la propiedad privada sobre los medios de producción.

23 Karl Marx, op. cit., p. 122. “La reproducción de la fuerza de trabajo, obligada, quiéralo o no, a someterse incesantemente al capital como medio de explotación, que no puede desprenderse de él y cuyo esclavizamiento al capital no desaparece más que en apariencia porque cambien los capitalistas individuales a quien se vende, constituye en realidad uno de los factores de la reproducción del capital”. Karl Marx, op. cit., p. 518. 24 Karl Marx, op. cit., p. 646.

25 Karl Marx, op. cit., p. 482.

26 Karl Marx, op. cit., p. 482.

27 Karl Marx, op. cit., p. 482. En su estudio sobre la esclavitud a fines del siglo XX, Kevin Bales destaca como un elemento central “la falta de propiedad legal” del esclavo, lo que constituye “un privilegio para los propietarios”, dado su fácil reemplazo, ante una masiva oferta de brazos (y cuerpos). En esta relación, ya no se trata sólo de “robar el trabajo de alguien, sino su vida entera”. En La nueva esclavitud en la economía global, Siglo XXI, España, 2000, pp. 6-8. La esclavitud constituye una modalidad de explotación que se adecúa a la explotación propiamente capitalista. De allí su acelerado crecimiento en las últimas décadas, como pone de manifiesto el estudio de Bales.

28 “A los trabajadores “libres” (“de toda posesión” y “de toda forma de existencia objetiva”) se le(s) presentaba como única fuente de recursos la venta de su capacidad de trabajo o la mendicidad, el vagabundeo y el robo. Está históricamente comprobado que esa masa (de fuerza de trabajo) intentó al principio esto último, pero que fue empujada fuera, de esa vía, por medio de la horca, la picota, el látigo, hacia el estrecho camino que lleva al mercado de trabajo […]”. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, op. cit., p. 470.

29 Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 627.

30 Karl Marx, op. cit., p. 452. Marx señala lo anterior en referencia al salario y la transformación que realiza del valor y precio de la fuerza de trabajo en valor y precio del trabajo, con lo cual “borra toda huella” entre “trabajo necesario y trabajo excedente”.

31 Foucault lo manifiesta así: la “constitución (del cuerpo) como fuerza de trabajo sólo es posible si se halla prendido un sistema de sujeción”. Y agrega: “El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido”. Vigilar y castigar, Siglo XXI Editores, México, 1976 (trad. de Aurelio Garzón del Camino), pp. 32-33. Cabe señalar que no compartimos la visión general de poder que Foucault despliega en este texto y en otros libros, y que criticaremos brevemente en páginas siguientes.

32 La gestación de un producto excedente permite su apropiación por no productores. Ello supone un gesto político de violencia y, para persistir y reproducirse, de dominio y ejercicio de poder político.

33 Gerardo Ávalos, “El despliegue político del capital”, mimeo, UAM-Xochimilco, p. 32.

34 “Lo político del capital se presenta como no-político, y lo que se presenta como político está revestido de relatos míticos (la representación popular, la soberanía ‘popular’, etcétera)”, Gerado Ávalos, op. cit., p. 32.

35 A ello alude Perry Anderson cuando sostiene, en relación con Foucault (asunto que podemos extender a Agamben), que en su discurso “el poder pierde cualquiera determinación histórica; ya no hay detentadores específicos del poder, ni metas específicas a las que sirve su ejercicio”. Perry Anderson, Tras las huellas del materialismo histórico, Siglo XXI Editores, España, 1983, p. 59 [cursivas del autor]. No es un problema menor la no distinción entre poder y poder político en Foucault. Para una profundización crítica de éste y otros problemas, véanse los ensayos de Dominique Lecourt y Máximo Cacciari en el libro de Horacio Tarcus (compilador), Disparen sobre Foucault, Ediciones El Cielo por Asalto, Buenos Aires, 1993. También, de Jaime Osorio, El Estado en el centro de la mundialización. La sociedad civil y el asunto del poder, Fondo de Cultura Económica, México, 2004, en especial el cap. I, pp. 19-52.

36 Karl Marx, Elementos fundamentales… op. cit., p. 234.

37 Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 251.

38 Karl Marx, op. cit., p. 120.

39 Karl Marx, op. cit., p. 251.

40 Véase su Dialéctica de la dependencia, México, Editorial Era, 1973. Lo anterior no implica que la violación de la fuerza de trabajo no ocurra en el mundo central. Su especificidad en el capitalismo dependiente se ubica en su papel estructural, no contingente, y en la preeminencia de la compra- venta de la fuerza de trabajo por abajo del valor y de la prolongación de la jornada de trabajo como formas fundamentales, lo que no excluye a la intensidad, aunque en niveles inferiores a lo que acontece en el mundo central.

41 La relación entre estos dos valores de la fuerza de trabajo se encuentra en Karl Marx, op. cit., p. 440.

42 Karl Marx, op. cit., p. 505.

43 Extendiendo o intensificando el trabajo “[…] el capital consume la fuerza de trabajo con tanta rapidez, que un obrero de edad media es ya, en la mayoría de los casos, un hombre más o menos caduco”, Karl Marx, op. cit., p. 543.

44 Karl Marx, op. cit., p. 208.

45 Ibid.

46 Ibid.

47 Ibid., p. 238 [cursivas del autor].

48 Karl Marx, op. cit., p. 337.

49 Karl Marx, op. cit., p. 337.

50 Karl Marx, op. cit., p. 542.

51 Bolívar Echeverría, Valor de uso y utopía, Siglo XXI Editores, México, 1998, p. 113.

52 La ley general de la acumulación capitalista da buena cuenta de este proceso: “lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario, es decir, en la clase [activa, semiactiva e inactiva (NdA)] que crea su propio producto como capital, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo y de ignorancia y degradación moral”. Karl Marx, El Capital, op. cit., p. 547.

53 “Los últimos despojos de la superpoblación relativa son […] los que se refugian en el pauperismo”. Esta capa social se conforma de tres categorías: “Primera: personas capacitadas para el trabajo” […] segunda: “huérfanos e hijos de pobres”; tercera: “degradados, despojos, incapaces para el trabajo”, como “los obreros que sobreviven a la edad normal de su clase” y “las víctimas de la industria”; “los mutilados, los enfermos, las viudas, etcétera”. Karl Marx, op. cit., p. 545.

54 “El pauperismo es el asilo de inválidos del ejército obrero en activo y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Su existencia va implícita en la existencia de la superpoblación relativa, su necesidad en su necesidad, y con ella constituye una de las condiciones de vida de la producción capitalista”. Karl Marx, op. cit., pp. 545-546.

55 Michel Foucault, Historia de la sexualidad, op. cit., p. 174.

56 Michel Foucault, op. cit., p. 169 [cursivas del autor].

57 Michel Foucault, op. cit., pp. 172-173.

58 Michel Foucault, Defender la sociedad, Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2000; México, 2002 (traducción de Horacio Pons), p. 218 [primeras cursivas del autor]. Este libro recoge su curso en el Collège de France en el ciclo lectivo 1975-1976.

59 Michel Foucault, Historia de la sexualidad, op. cit., p. 173 [cursivas del autor].

60 Por ello afirma: “cuando los individuos [en el nivel del contrato social] se reúnen […] para delegar a un soberano un poder absoluto sobre ellos […] lo hacen para proteger su vida. Constituyen un soberano para poder vivir. ¿Y puede la vida, en esa medida incluirse, efectivamente, entre los derechos del soberano? ¿Acaso no es ella la que funda esos derechos? […] ¿La vida no debe estar al margen del contrato, en la medida en que fue el motivo primero, inicial y fundamental de éste?”. Defender la sociedad, op. cit., pp. 217-218. El alegato anterior –que “corresponde a una discusión de filosofía política” y de “juristas” adscritos a las posturas contractualistas–, retomado por Foucault, no permite sin embargo adscribir a éste en esas corrientes. Pero lo trae a colación para darle mayor peso a su planteamiento del cambio producido en el terreno del poder soberano en torno al “hacer vivir”. La argumentación camina en la dirección de negar el que la vida esté realmente en entredicho.

61 Giorgio Agamben, Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, op. cit., p. 42.

62 Giorgio Agamben, op. cit., p. 16.

63 Agamben, siguiendo a Carl Schmitt, destaca que el soberano “está al mismo tiempo, fuera y dentro del ordenamiento jurídico”, ya que tiene “el poder de proclamar el Estado de excepción y de suspender […] la validez del orden jurídico mismo”. De esta forma “cae […] fuera del orden jurídico normalmente vigente (pero) sin dejar por ello de pertenecer a él”. Op. cit., p. 30.

64 Giorgio Agamben, op. cit., pp. 15-16.

65 Giorgio Agamben, op. cit., p. 170.

66 Giorgio Agamben, op. cit., p. 223.

67 Giorgio Agamben, op. cit., p. 230.

68 Giorgio Agamben, op. cit., p. 222.

69 En tanto trabajador colectivo, al decir de Marx, y las variadas existencias que lo conforman. Sobre una lectura para el presente véase de Ricardo Antunes, ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo, Ediciones Herramienta, Buenos Aires, 2003.

70 Bolívar Echeverría, Valor de uso y utopía, op. cit., p. 197.

71 “La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla”. Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Contrahistorias, traducción y presentación de Bolívar Echeverría, México, 2005, p. 22.

72 Giorgio Agamben, op. cit., p. 233.

 

Se va a caer

Rita Segato dialoga con Verónica Gago

¿Qué es hacer política en medio del colapso patriarcal? Con esta pregunta y en conversación como modo del pensamiento, como propicia Rita Segato, las palabras se disparan buscando un vocabulario para lo que la marea feminista no para de hacer emerger. Su mamá, cuenta, se asustaba de lo que llamaba su “lengua viperina”: de encantamiento y de maldad. De poder construir y destruir realidades con la palabra. “Estamos viendo emerger una realidad bajo nuestros ojos y tenemos que darle nombre, generarle retóricas, porque es una política que se distingue de la ficción institucional de lo que se llama convencionalmente política”. Esa politicidad emergente está transtocándolo todo. ¿Cómo cambia la política con la entrada en escena de una politicidad de las luchas feministas en las calles, en las casas y en las camas?

¿De qué tipo de política hablamos?

Una vez que algo que es parte de nuestra experiencia vivida es nombrado, pasa a obtener un status de existencia como parte de la realidad. Es por eso que todos los autoritarismos intentan siempre ejercer un control muy grande sobre las palabras. En este momento, la escena política está pasando de las manos de los hombres a las de las mujeres y necesitamos escudriñar y nombrar todo lo nuevo que hay en este tránsito de la historia. La política está frente a una nueva era, y lo que va a reencaminar la sociedad hacia otro horizonte histórico, con más bienestar para más gente, no va a ser el camino que siempre hemos seguido, que es tomar el Estado para desde allí reencaminar la historia, porque ese camino hasta ahora nos ha venido fallando. Se intentó atraer la adhesión de la gente a los progresismos por medio de dar más acceso al consumo, pero eso fracasó estrepitosamente en Brasil y en Argentina… y en otros países, como Bolivia, parece no estar causando el efecto esperado.

Creo que esto tiene que ver también con el papel de las economías ilegales, con su expansión vinculada a dinámicas de consumo justamente, y con lo que significan los Estados en América latina. Son elementos de balance central para la última década, ¿no?

En un continente donde los Estados nacionales son el resultado de la historia de las sociedades, con sus conflictos, sus guerras y alianzas, como es en Europa, la relación Estado-Sociedad es muy diferente a la de nuestros países. Los verdaderos héroes de nuestras independencias murieron asesinados, exilados o en el más absoluto abandono y ostracismo, y las élites criollas, de identidad ambigua e insegura, junto a sus amanuenses, fundaron repúblicas de doble llave operativa para recibir la transferencia de los bienes coloniales de ultramar a la administración en territorio. Construyeron así un aparato estatal como recipiente para la transferencia de los bienes coloniales –la tierra, los minerales y la mano de obra– de la sede ultramarina a la sede regional. Solo se trató de un cambio de manos, de un cambio en la gerencia nada más…. Es por eso que la gestión criolla nunca dejó de mantener una relación de exterioridad con relación a lo administrado, por eso podemos decir que nunca dejaron de tener una relación colonial con lo administrado. Los estados arquitectados de esa manera procedieron entonces a inventar sus naciones y trazar las sospechosas y artificiales líneas de puntos que conocemos.

En ese sentido se originan como Estados contra la sociedad.

Exacto. Es por eso nuestras sociedades, los pueblos que la forman, nunca se sienten parte del Estado, ni aunque voten. Más bien solo le temen al Estado. Y estados formados así, con su fragilidad constitutiva, fundacional, presentan una vulnerabilidad extrema a la inflación de la esfera para-estatal de control de la vida. En nuestros países, el estado de excepción y la dualidad del estado también inherentes a la gestión de la vida de los países europeos, es decir, las llaves alternativas de control de la sociedad en situaciones de excepción, se hipertrofian con una facilidad extraordinaria. Nuestras repúblicas presentan una vulnerabilidad constitutiva a esa hipertrofia y a la instalación de una esfera para-legal, para-militar, para-económica y para-política de control de la vida de sectores cada vez más amplios de la población.

Y eso es perceptible, ¿verdad?

Sin duda. En México, inclusive, los sectores críticos prefieren hablar de un narco-estado, fundiendo en una entidad única e indisoluble el control criminal y estatal de la vida. Yo prefiero conservar la diferencia, es decir, las dos categorías, la de estado y para-estado y no adherir a la fusión de ambas.

¿Por qué?

Porque en la representación social dominante, en los esquemas sociales de todxs nosotrxs, el Estado existe. Entonces, existe una institucionalidad y una ley. Esa fe estatal mantiene en pie y hace posible la interacción social en muchísimos espacios, aunque es constatable que el Estado opera a dos aguas. Pero eso siempre fue así porque las elites lo armaron, lo arquitectaron, para operarlo legal y para-legalmente, en un registro o en otro. Entonces, prefiero hablar de Estado y de para-estado porque la diferenciación entre ambas estructuras de control social se encuentra todavía vigente como representación en las conciencias de las personas, en el recurso formal a la Justicia de Estado y en la persistencia constatable de algún nivel de fe institucional. De cualquier forma, a lo largo de mi camino estudiando el tema de los feminicidios y observando la expansión y transformación de la escena violenta en México y el Triángulo Norte de América Central (El Salvador, Guatemala y Honduras) fui percibiendo la transformación de la relación entre Estado, Para-Estado y Sociedad. En Ciudad Juárez, que fue mi primer trabajo en la región, percibí cómo operadores del Estado, es decir, personas insertadas en la gestión pública, funcionaban como prótesis del para-Estado. Lo describí diciendo que había vasos comunicantes muy bien irrigados, adherencias, entre la esfera para-estatal y la esfera estatal de control de la vida. Diversas formas de enriquecimiento no lícito: parte del lucro de las maquilas y los diversos tráficos –de substancias, personas y capitales no declarados en su camino de atravesamiento hacia los bancos del Norte– producían una para-economía a la sombra de la protección de gestores actuando en el campo estatal, que necesitaba a su vez de una fuerza para-policial de protección de esos bienes y de un mancomunamiento estrecho y pacto de silencio entre todos los involucrados. Era claramente el crimen organizado extendiendo sus tentáculos y atrapando actores del campo estatal.

Algunos años después, ya conceptualizas esto de otra manera…

Cuando estoy escribiendo mi texto sobre las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, comprendo que ha sucedido un cambio en esa escena. ¡Fue literal!, sucedió al digitar uno de los subtítulos del ensayo. Al escribir el subtítulo “La captura del Estado por el crimen organizado” refiriéndome al carácter de proteico de algunos elementos del campo estatal que operan teledirigidos por actores criminales, súbitamente me dí cuenta de que ese subtítulo ya no describía la realidad, ya no nombraba lo que realmente existía, y lo cambié. De forma que ahora esa sección del ensayo se llama “La captura del crimen organizado por el Estado”. Es el Estado el que ya en ese momento captura y burocratiza el crimen, las fuentes de ingresos que la política de Estado necesita. Y vemos que hay un momento en que el bandido social, anti-estatal, al estilo Pablo Escobar, deja de existir; aunque cruel, ese bandido representaba un papel antagónico para las elites operadoras del Estado. Hay un momento en que eso cambia y el Estado coloniza, burocratiza el crimen. En 2006, mafias locales junto a sicariatos locales, corporaciones armadas que prestan servicio, contaban con operadores del estado que los asistían de varias formas – eso se muestra claramente en la cooperación de esos actores del campo estatal por el encubrimiento y la manipulación de evidencias en los feminicidios. Ahora, las elites operadoras del aparato estatal son las que conducen la operación criminal. Ha habido un cambio.

¿Qué es lo que cambia ahora con el feminismo? ¿Cómo interviene frente a esta compleja imbricación de violencias y economías?

El feminismo desarma la política matona. Lo que cambia con el formato de la politicidad femenina es que forma parte de otra historia, es que pone fin a la política matona. Por eso es tan insoportable cuando vemos a una feminista haciendo política matona sin darse cuenta de que es la del otro lado de la historia porque esa política matona cuenta para su producción y su accionar con el recurso humano de la población masculina formateada por el mandato de masculinidad. Si se desmonta el mandato de masculinidad se acaba la política matona.

¿Cómo caracterizarías esa política?

El matonismo político es una característica muy fuerte de nuestro país. Uno de los síntomas de ese matonismo que se articula con la política son las barras bravas, mano de obra disponible para la política matona. Están en la economía y en la política. Y el peligro es que se están pareciendo demasiado a las maras, son proto-maras y, si se expanden, podrán ofrecer un riesgo enorme para la salud de la sociedad. Son una presa fácil para convertirse en lo que es hoy el cáncer del Triángulo Norte de América central. Una vez que se instala eso no se desinstala más. Es lo complicado de El Salvador por ejemplo. La mara no es el crimen organizado, sino que es reclutada por el crimen organizado. Las maras son más próximas a las falanges pero sin un ideario otro que su propio poder de control social y territorial. ¿Cómo se evita la reproducción de ese mal social? Es algo que me saca el sueño. Es ahí que el desmonte del mandato de masculinidad es fundamental en las escuelas, en los barrios y en las organizaciones.

Me parece entonces que una relación clave es entre mandato de masculinidad y un modo específico de “mano de obra” que tiene que ver con cierta articulación entre economías legales, para-legales e ilegales.

Tal cual. Porque la mano de obra bélica para ese mal social del que hablo es formateada por el mandato de masculinidad y su pedagogía de la crueldad. Por eso, una política en clave femenina, primero, no puede ser matona y, segundo, va a cambiar la historia porque va a impedir que se reproduzca ese modo de hacer política. ¿Te parece interesante?

Me parece fundamental para pensar un momento donde el salario deja de ser la forma de estructuración de la autoridad masculina y esa autoridad busca afirmarse desde otras economías.

Total, porque el mandato patriarcal va a formatear unos niños que se van a disponibilizar para este tipo de actividades que organizan la reproducción de la vida con estas lógicas.

Esas lógicas evidencian al salario como institución precaria, intermitente y cada vez más vista como un “privilegio” para ciertos sectores sociales. Asegurar la reproducción de la vida por fuera del marco salarial sería lo que fusiona mandato de masculinidad con nuevas economías.

Se necesitan otras formas de producción de riqueza y otros canales por los que fluya el dinero. En ese sentido, hemos visto cómo se falló en el intento institucional de sanear las fuerzas de seguridad. Hay que cruzar ambas cosas y entender a qué venimos las mujeres con una nueva forma de hacer política. La política matona no puede prescindir ni de barras bravas ni de fuerzas de seguridad que actúan simultáneamente dentro del orden policial y dentro del orden para-policial. Todo eso se cae si nosotras conseguimos dar un nuevo rumbo a la forma de hacer política. Hilamos, tramamos, tejemos la política dentro de la sociedad, construimos una sociedad nueva, des-generada, despatriarcalizada. Ese es nuestro trabajo, y va a incidir directamente en el formato de la política y en el rumbo de la historia.

¿Y cómo se cruza esto con las formas de violencia contra las mujeres?

No es que nos matan porque necesitan matarnos. Nos matan porque la producción de masculinidad necesita de un espectáculo de crueldad que relate su existencia y su presencia como fuerza a cargo del control social. Y esto está en la sociedad y no en el Estado. Por eso es necesario cambiarlo en la sociedad. No se cambia desde el Estado. En este momento la lucha política es en la sociedad y pasa por nuestra acción. Ha caído en nuestras manos por el rotundo fracaso de todos los intentos cuando estuvo en otras manos. Por eso siempre digo: “ningún patriarcón hará la revolución”. ¿Por qué? Porque lo han intentado varias veces… sin jamás llegar a destino. Con el patriarcado en pie, no se reorienta la historia en dirección a una sociedad menos opresiva y más benigna.

¿Qué tipo de estructura tiene lo nuevo?

Hablemos de la emergencia de la ex hijas de genocidas. Me impresiona como emerge ese colectivo, de forma espontánea, con el intento de impunidad del 2×1. Eso sobreviene cuando al Estado se lo ve fallar. El Estado había apoyado mecanismos de justicia y luego amenaza con retirarse del papel de sustentar la ley. Es entonces que diversas conciencias dispersas, no mancomunadas, que no hicieron arreglo alguno entre sí, irrumpen con un mismo gesto: sacarse el nombre del padre. Es el afloramiento de una estructura. Esto es relevante para lo que estamos diciendo porque las marchas de mujeres a partir del Ni Una Menos surgen también de esa misma forma: como el afloramiento de una estructura cuando el Estado colapsa como fuente de justicia y legalidad ante los feminicidios. Esos afloramientos son la consecuencia de un vacío de legalidad, son un grito de las mujeres que emana de lo más profundo de la sociedad como una queja contra el matonismo de nuestra vida social y política. Es por eso que las movilizaciones actuales de las mujeres indican el tránsito y la inminencia de un cambio de era. No hay que economizar palabras para decir hasta qué punto estamos ante la posibilidad un cambio de era. Y es precisamente la alarma que ha sonado en los gabinetes que trabajan para la manutención del poder de los dueños de la vida y su recurso al fundamentalismo monoteísta lo que nos indica la centralidad de lo que estamos tocando con nuestras luchas contra el orden político del patriarcado y su mandato de masculinidad. El feminismo toca el centro de gravedad de la reproducción de la desigualdad.

Un discurso en una clave similar, vinculando varios de estos elementos, fue el que dijo Marta Montero, la mamá de Lucía Pérez, tanto en la asamblea en la que llamamos al paro del 5D como en Plaza de Mayo luego.

Es un matonismo que está en la sociedad y en la estructura de la política sustentando la existencia de patrones de la vida. Entonces, el Estado no puede auxiliarnos porque está absolutamente afectado, tomado, secuestrado por el matonismo. Lo que vemos hoy es un entramado de dueños con su séquito feudal. La dueñidad consiste en una re-feudalización de la política que atraviesa los partidos, las comisarías, los tribunales, los sindicatos y las barras bravas del futbol. Ahora, las mujeres estamos diciendo que no hay buena política construida con fondos recaudados a base del sufrimiento de la gente y en particular del sufrimiento de las mujeres.

Me parece importante remarcar que este análisis, como venís insistiendo, no es moral, y que expresa una trama política y económica.

El tema es que las dos piernas de la política partidaria convencional, a la que llamé política matona, tan típica de la Argentina, tan establecida por aquí, son las barras bravas y la policía: las dos actúan en la recaudación para las cajas electorales y también en la “seguridad”, es decir, en el control de la sociedad. Así se estructura el matonismo que sustenta la política convencional. Dicho en otras palabras, en términos más técnicos, las dos actúan en la para-economía y en la para-seguridad, propias de mi definición de esfera para-estatal de control de la vida, que tan fácilmente se inflaciona en las repúblicas latinoamericanas. Ese es precisamente el estilo de política que deja de existir cuando entra en escena la política en clave femenina o, lo que llamo también, la politicidad de las mujeres. Me gusta definirla como una política de las cocinas. Estamos en realidad buscándole las palabras a este tiempo nuevo, y no debemos temerle a esa búsqueda y sus inevitables titubeos. Esta perspectiva teórico-política está en construcción, y necesariamente tendrá que ser una construcción colectiva. Pero el punto de vista y la plataforma desde la cual imaginamos y hablamos es la historia de las mujeres, la historia de su forma de hacer política, que por un tiempo ha quedado rasurada, innominada, expulsada del reino de lo político cuando el tránsito a la colonial-modernidad intenta desbaratar los mundos comunales. La comunalidad, o vincularidad de tipo comunal, y la politicidad femenina van de la mano y son un camino histórico diferente al de la politicidad masculina, la burocracia y el Estado. Esas dos historias caminan entrelazadas, naturalmente, pero tienen genealogías diferentes. Es importante hacer notar aquí que en nuestro continente los mundos comunales son de raíz no-blanca, indígena y también amefricana, para usar el preciso término acuñado por Lelia González en Brasil.

Hoy el movimiento feminista, en sus múltiples expresiones, empuja un flujo de desestabilización que no deja estructura sin conmover: desde las organizaciones partidarias a las familias; de los sindicatos a las agrupaciones indígenas; pasando por generaciones diversas. Muchas organizaciones intentan “contener” esto pero justamente persiste como desborde.

Dentro de las organizaciones políticas hay poderes que quieren preservar esa política matona. Y esas organizaciones son las que acceden al Estado y controlan la nación. Y es constatable que en las entrañas de esas organizaciones – partidos, sindicatos…. – por tanto se practica dentro de ellas algo que se puede identificar como un autoritarismo sobre las mujeres que se transforma en un autoritarismo de estado sobre las mujeres. Por eso las denuncias no se pueden resolver sólo dentro de las organizaciones ni llevando la cuestión al reclamo hacia el Estado. En general percibimos el autoritarismo de Estado sólo en relación a las ideologías políticas y a las clases sociales. Pero no estamos percibiendo que hay un autoritarismo de Estado con relación a las mujeres. Esto se ve en cómo se frena la lucha del aborto. Cuando los senadores dicen que no a las mujeres que están en la calle, no le dicen que no al aborto pues, como sabemos, ninguna ley frena las prácticas de aborto, ya que el aborto nunca dejó de practicarse todo el tiempo y cada vez más. Lo que están diciendo es “acá quien escribe la ley somos nosotros”, o sea, la actitud de los senadores que votaron contra el pedido del movimiento organizado de las mujeres es parte de una política matona que enuncia y exhibe ante la sociedad su propiedad sobre la lapicera que escribe las leyes: es un enunciado de poder. Yo digo que la prohibición del aborto es una forma de autoritarismo de Estado como la dictadura.

¿Qué es esa otra política que estamos haciendo? Para avanzar en rasgos…

Es una política que desafía a los sujetos formateados por el mandato de masculinidad, que responden a una política organizada por el valor de la obediencia corporativa. Insisto con que hay mujeres que son matonas, que hacen política de esa forma. Pero una politicidad en clave femenina es –no por esencia sino por experiencia histórica acumulada-, en primer lugar, una política del arraigo espacial y comunitario; no es utópica sino tópica; es pragmática y orientada por las contingencias y no principista en su moralidad; próxima y no burocrática; investida en el proceso más que en el producto; y sobre todo solucionadora de problemas y preservadora de la vida en el cotidiano.

¡Hay todo un programa para trabajar en los distintos espacios, con iniciativas diversas! (risas) Este tipo de transversalidad sin embargo quiere ser devaluada cuando se la quiere traducir en términos únicos de pertenencias partidarias.

Para mí hay un innegociable: los pañuelos son verdes. Nuestros antagonistas en términos de proyecto histórico han percibido antes que nosotras mismas que el tema del patriarcado es el cimiento. Ellos, con su reacción fundamentalista feroz y desvariada, nos están mostrando que lo nuestro no es un problema de minoría, no es un problema de un grupo particular de la sociedad que seríamos las mujeres, sino que es un tema que, si bien llevado, puede finalmente, transformar la historia y derrocar el autoritarismo y los esquemas donde su poder se instala. Ellos nos lo están diciendo. Y es algo que nosotras como movimiento social no habíamos percibido a fondo: que nuestro movimiento puede modificar el rumbo de la historia.

Esto se lee en la ferocidad de la triple contra-ofensiva que se orquesta: a la vez militar, financiera y religiosa. Quiero decir: tiene la proporción que nos hace leer a contraluz nuestra fuerza.

Exacto. Ellos, por su reacción de alerta máxima, nos están diciendo la fuerza que tiene nuestro movimiento para hacer colapsar todos los tipos de asimetría de nuestra sociedad, todas las formas de predación. Es importante percibir que la fuerza de la palabra es enorme y que nosotras estamos hablando en otro plano y tenemos que hacer un gran esfuerzo por dotar nuestro camino de una retórica nueva. Un gran esfuerzo por nombrar. Por supuesto la vida tiene diversos estratos. La ficción institucional que es la política convencional es uno. Pero lo que está surgiendo ahora es otra cosa. Yo creo que es una política que podríamos decir que se saca de encima el nombre del padre. Es un tipo de emancipación psíquica con consecuencias incalculables. Esto se ve en la manera de las mujeres de estar en la calle y en la manera en que hoy las niñas hablan, lo que leen, cómo perciben y cómo argumentan. Escucharlas es un deslumbre. Todo esto nos muestra el afloramiento de una profunda insatisfacción con una política que se queda en la ficción institucional y apela al mandato de masculinidad organizado en barras bravas y en la para-policialidad.

Es en ese modo de hacer política que está desplegando el movimiento feminista en su multiplicidad donde también se producen otros mecanismos y espacios de organización. Me parece un punto importante que no se infantilice al feminismo como espacio de lo “social” cuando a eso se le da una carga peyorativa, pre-política.

Pensemos dónde deliberan las mujeres y las disidencias. Lo hacen en esa cocina de la política que es la política de las mujeres. No tengo ningún problema en hablar de cocina. Ahí se delibera a la vista de tods, por ahí pasa la gente todo el tiempo: llega gente, se va otra, es un lugar de reunión y actividad de puertas abiertas. Lo impactante de hoy es que estamos frente a una marea no regida burocrática ni detonada por un voluntarismo. Es lo que es y está sucediendo.

En ese sentido lo importante de hoy es que se anuda de manera inédita masividad y radicalidad.

En ese mismo sentido digo que es un afloramiento, una emergencia. Hay que remarcar que esto se da aquí, en el Sur, donde nuestras propias tecnologías de sociabilidad están vigentes y tienen muchísima fuerza. Por eso es fundamental que nuestro feminismo no se deje devorar por las categorías del norte ni los protocolos del Norte, que emanan de otra historia nacional.

Justamente una de las categorías más importante es la surgida de las luchas de Centroamérica, protagonizadas por lideresas territoriales, que hablan de “cuerpo-territorio”. Me parece una síntesis político-conceptual que dice mucho de este momento de los feminismos, donde las resistencias a los megaemprendimientos extractivistas es una clave política fundamental.

Las mujeres son las sujetas del arraigo. Está en las manos de las mujeres lo que se ha preservado como diversidad genética, por su selección de lo que se cultiva en las huertas pequeñas, por ejemplo. Son el nudo del tejido comunitario. Por eso se las agrede de tal forma en las actuales guerras informales. Cuando se mata a una gran lideresa como Berta Cáceres se comete un femicidio, a pesar de que líderes hombres también mueren asesinados por defender lo que ella defendía. Sin embargo, su muerte es otra, lo que se desaparece es mucho más que una persona, un liderazgo particular: lo que se mata en ella es una modalidad de la política, una forma propia de politicidad, de gestión colectiva. Se femicidó en ella una politicidad en clave femenina. En el feminicidio el matonismo se afirma como política. En el cuerpo de las mujeres y de las sexualidades disidentes el ojo del patriarcado lee lo más humano de lo humano: la capacidad de desobedecer, de disentir, de desacatar. Esos cuerpos son en sí el peligro del desacato.

Fuente: Página 12

Democracia, Igualdad, Emancipación en un mundo cambiante

Por Jacques Rancière

Comenzaré desde el nudo entre dos de los conceptos que se proponen para el reflejo de nuestro panel: igualdad y emancipación. Recordaré brevemente los dos puntos principales que están implícitos en la idea de la emancipación.

El primero es que la igualdad no es un objetivo a alcanzar. No es un nivel común, una cantidad equivalente de riquezas o una identidad de las condiciones de vida que deben alcanzarse como consecuencia de la evolución histórica y la acción estratégica. En cambio, es un punto de partida. Este es un principio que no es una medida común entre los individuos, es una capacidad a través de la cual los individuos actúan como poseedores de un poder común, un poder que pertenece a todos. Esta capacidad no puede verificarse. Debe asumirse como un principio de acción, pero solo se verifica mediante la acción misma. La verificación no consiste en el hecho de que mi acción produce igualdad como resultado. Promulga la igualdad como un proceso. Actúo, actuamos como si todos los seres humanos tuviéramos la misma capacidad intelectual. La emancipación significa primero el respaldo de la presuposición: puedo, somos capaces de pensar y actuar sin maestros. Pero somos capaces en la medida en que pensamos que todos los demás seres humanos están dotados de la misma capacidad. Segundo, la emancipación significa el proceso a través del cual verificamos esta presuposición. La igualdad no se da, es procesual. Y no es cuantitativo, es cualitativo.

La idea de emancipación descarta la oposición hecha por la tradición llamada “liberal” entre la libertad de pensamiento como el poder interior autónomo y la dignidad del individuo y la igualdad del pensamiento como la restricción de lo colectivo sobre los individuos. “Gratis” es igual a “igual”: no significa una propiedad de individuos. Designa la forma de su acción y su relación con otros individuos. La presunción de igual capacidad es un principio de libertad compartida, en contraste con la suposición de que los seres humanos solo pueden actuar racionalmente como individuos y cooperar racionalmente en una comunidad de acuerdo con un principio de subordinación. La autonomía ha sido un concepto clave en la política emancipatoria moderna. Pero debe ser entendido correctamente. No significa el poder autónomo de un sujeto como opuesto a las fuerzas externas: significa una forma de pensamiento, práctica y organización libre de la asunción de la desigualdad, libre de restricciones jerárquicas y creencias jerárquicas. Significa la oposición de dos tipos de sentido común y dos mundos comunes, uno basado en el proceso de verificación de la desigualdad y el otro basado en el proceso de verificación de la igualdad. Esto es lo que está involucrado en el concepto de desacuerdo que propuse para conceptualizar el conflicto político. El desacuerdo no es un conflicto de fuerzas, ni un conflicto de ideas y valores. Es un conflicto entre dos mundos comunes o dos sentidos comunes. Esto es lo que significa el escenario de secesión de los plebeyos romanos en el Aventino que puse en el centro de mi análisis de lo que significa “desacuerdo”. En el sentido común que fundamenta la dominación de los patricios, no puede haber discusión entre los patricios y los plebeyos porque los plebeyos no hablan. Ellos solo hacen ruido. La presuposición de la desigualdad no es una idea simple, está incorporada en la realidad concreta de un mundo sensorial, por lo que los plebeyos no deben simplemente argumentar que también son seres que hablan, sino que también inventan una dramaturgia completa para crear un mundo sensorial donde lo inimaginable – e incluso imperceptible – el hecho de que hablan se hace perceptible.

Esta idea de emancipación nos hace pensar en política en términos de conflicto de mundos en contraste con la idea dominante que lo asimila a un conflicto de fuerzas. Es un conflicto de mundos comunes. La emancipación social no es la elección de la comunidad contra el individualismo. La misma oposición de la comunidad al individualismo no tiene sentido. Una forma de comunidad es siempre una forma de individualidad al mismo tiempo. No se trata de la presencia o ausencia de vínculos sociales, sino de su naturaleza. El capitalismo no es el reino de la individualidad: organiza un mundo común propio, un mundo común basado en la desigualdad y que lo reproduce constantemente, de modo que aparece como el mundo : el mundo real en el que vivimos, nos movemos, sentimos, pensamos y actuar Es el mundo ya existente con sus mecanismos y sus instituciones. Frente a su evidencia sensible, el mundo de la igualdad parece ser siempre un mundo tentativo que debe ser constantemente rediseñado, reconfigurado por una multiplicidad de inventos singulares de actos, relaciones y redes que tienen sus formas propias de temporalidad y sus modos propios de eficiencia. . Es por eso que la secesión de los plebeyos en el Aventino es paradigmática: el mundo de la igualdad es un “mundo en formación”, un mundo de brechas específicas en el sentido común dominante, de interrupciones del modo “normal” del mundo. Implica la ocupación de espacios específicos, la invención de momentos específicos cuando el mismo paisaje de lo perceptible, lo pensable y lo factible se replantea radicalmente. El conflicto del mundo es asimétrico en su principio.

Pero el hecho es que esta disimetría ha sido oscurecida por la evidencia de un término medio que parecía ser común al mundo de la igualdad y el mundo de la desigualdad y también para designar un mundo y una fuerza. Ese término estaba funcionando, con su gemela, llamada mano de obra. Por un lado, el trabajo era el nombre de la fuerza que el capitalismo reunía y organizaba para su propio beneficio y la realidad de la condición de aquellos que fueron explotados por el capitalismo. Pero, por otro lado, era la fuerza que se podía reensamblar contra ese poder capitalista, reensamblado como una fuerza de lucha en el presente y la forma de vida del futuro. De esta manera, el mundo del trabajo parecía ser el producto de la desigualdad y el productor de la igualdad. Los dos procesos se realizaron en un solo proceso. La tradición marxista estableció esta conjunción dentro del escenario “progresivo”, según el cual la desigualdad es un medio y una etapa histórica por la cual pasar, para producir la igualdad. Se decía que el capitalismo no solo producía las condiciones materiales de un mundo de reparto equitativo de las riquezas comunes, sino también la clase que lo derrocaría y organizaría el mundo común por venir. Para desempeñar este papel, la organización de los trabajadores tenía que asumir e interiorizar, primero en el presente de la lucha, la virtud de la disciplina de fábrica que les había inculcado el capitalismo.

La tradición anarquista se opone a la visión de la desigualdad de la igualdad de opinión y la constitución de las formas actuales de trabajo cooperativo y otras formas de vida.Pero este contrapositorio aún descansaba en la idea del “término medio”: la idea del trabajo como una forma de vida, una fuerza colectiva de lucha y la matriz de un mundo por venir. Está claro que el trabajo ya no se puede postular hoy como la identidad de una fuerza y ​​un mundo, la identidad de una forma de lucha en el presente y una forma de vida del futuro. Mucho se ha dicho sobre el final del trabajo o si se ha vuelto inmaterial. Pero el capitalismo no se volvió inmaterial, incluso si parte de su producción es el conocimiento, la comunicación, la información, etc. La producción material no desapareció del mundo común que organiza. En su lugar, se trasladó, lejos de sus antiguas ubicaciones en la Vieja Europa, en nuevos lugares donde la fuerza de trabajo era más barata y más obediente. La producción no material también implica formas clásicas de extracción de valor de los trabajadores mal pagados y formas de trabajo no remunerado proporcionadas por los propios consumidores. El trabajo no desapareció.En cambio, se fragmentó, se arrancó y se dispersó en varios lugares, y varias formas de existencia se separaron unas de otras de modo que ya no constituían un mundo común.

Junto con esta perturbación económica vinieron las reformas legislativas adoptadas en todo el mundo para volver a hacer del trabajo un asunto privado. Estas reformas no solo eliminaron los derechos y beneficios sociales adquiridos por las luchas obreras del pasado, sino que convirtieron el trabajo, los salarios, los contratos de trabajo y las pensiones en un asunto meramente individual, concerniente a los trabajadores tomados uno a uno y no más colectivo. El trabajo no ha desaparecido, sino que ha sido despojado del poder que lo convirtió en el principio materialmente existente de un nuevo mundo encarnado en una comunidad determinada. Esto significa que ahora estamos obligados a pensar en el proceso de emancipación, el proceso de crear su propio mundo como un proceso específico, desconectado de las transformaciones del proceso económico global. También enfrentamos la dificultad de lidiar con esta situación. Creo que esta nueva situación y la dificultad para lidiar con ella están perfectamente expresadas por los lemas que han resonado en varios idiomas durante los movimientos recientes: “democracia real ya”, “nuit debout”, “ocupan todo” o ” san douli “. Todos toman su eficiencia en una interfaz ambigua entre la lógica del conflicto de fuerzas y la lógica de la oposición de los mundos.

“Ocupar” y “ocupación” son los ejemplos más reveladores de esta ambigüedad. Vienen de la tradición histórica de la lucha de la clase obrera. Los “ataques de sentada” de los ataques pasados ​​cuando los trabajadores ocuparon el lugar de trabajo, crearon un conflicto de fuerzas idéntico a una demostración de igualdad. Los huelguistas no solo bloquearon el mecanismo de explotación sino que también afirmaron la posesión colectiva del lugar de trabajo y los instrumentos de trabajo y convirtieron el lugar dedicado al trabajo y la obediencia en un lugar para la vida social libre. La nueva “ocupación” toma el principio de transformar la función de un espacio. Pero este espacio ya no está dentro del espacio, y el espacio se define dentro de la distribución de actividades económicas y sociales. Ya no es un espacio de lucha concreta entre Capital y Trabajo. Como Capital se ha convertido cada vez más en una fuerza de dislocación, que destruye los lugares donde podría organizarse el conflicto, las ocupaciones ahora tienen lugar en los espacios disponibles: los edificios que las contingencias del mercado inmobiliario han dejado vacíos o las calles que normalmente están destinado a la circulación de individuos y mercancías, y a veces a las manifestaciones de los manifestantes. El proceso de ocupación transforma aquellos espacios destinados a la circulación de personas, bienes y valores en lugares donde las personas se quedan y afirman por el hecho mismo de permanecer en oposición a los poderes capitalistas de circulación y dislocación.

El nombre “ocupación” sigue siendo el mismo y sigue pervirtiendo el uso normal del espacio, pero el proceso de ocupación ya no es un conflicto de fuerzas para ocupar un lugar estratégico en el proceso de reproducción económica y social. Se ha convertido en un conflicto de mundos, una forma de secesión simbólica que se materializa y simboliza en un lugar aparte. Occupy Wall Street se llevó a cabo en un parque ubicado al lado del centro de este poder financiero que ha destruido las fábricas que anteriormente eran el sitio de los movimientos de ocupación. El movimiento español de Indignados creó, durante una campaña electoral, asambleas que se presentan como la sede de la “democracia real ahora”. La verdadera democracia se enfrentaba a la autorreproducción del elenco representativo. Pero la “democracia real” era, en la tradición marxista, el futuro de la igualdad material opuesto a la “democracia formal” burguesa. Era un futuro prometido como consecuencia de la toma del poder estatal y la organización de la producción colectiva. Ahora designa una forma de relación entre los seres humanos que debe practicarse en el presente tanto en contra como más allá del sistema jerárquico de representación. La democracia real en cierto sentido se volvió más formal que la “democracia formal” estigmatizada por la tradición marxista. No solo equiparó la promulgación de la igualdad con la forma de la asamblea, sino que todos los individuos tenían el mismo derecho pero impuso una serie de reglas tales como la igualdad de tiempo permitida a todos los oradores y el poder para que los individuos bloqueen la decisión de la asamblea. mayoría.

La ocupación se ha convertido en el nombre de una secesión. Pero esa secesión ya no es la acción de una comunidad específica que reclama sus derechos. En cambio, parece ser la materialización de una aspiración a lo común, como si lo común fuera algo perdido, algo que tuviera que ser reconstruido a través del acto específico de reunir a una multitud de individuos anónimos que realizaran públicamente su ser igual al igual que su ser en común. Es por eso que esa secesión, ese ser-aparte, se expresó en términos paradójicos, y especialmente por el extraño lema adoptado por muchas asambleas como la afirmación de la democracia real: “Consenso en lugar de líderes”.Parece paradójico postular el consenso como la virtud específica de la asamblea disensiva reunida en espacios ocupados. Se puede argumentar que el disenso consiste precisamente en la constitución de otra forma de comunidad basada en la horizontalidad y la participación. Pero el problema de la democracia no se trata tanto del número de personas que pueden ponerse de acuerdo en el mismo punto como de la capacidad de inventar nuevas formas de promulgación colectiva de la capacidad de cualquiera.

Al subrayar esta paradoja, no estoy dispuesto a menospreciar esos movimientos.Algunas personas han enfrentado al pacifismo de las asambleas consensuales la necesidad de una acción violenta que confronte directamente al enemigo. Pero la “confrontación con el enemigo mismo” puede ser pensada y practicada de diferentes maneras y la mayoría de las formas de acción directa opuestas a las asambleas del Pacífico -por ejemplo, destrucción de los autómatas bancarios, escaparates u oficinas públicas- También fueron expresiones simbólicas de una oposición de mundos en lugar de acciones estratégicas en una lucha por el poder. Otras personas han criticado precisamente esta falta de estrategia; dijeron que estos movimientos no podían cambiar nada a la dominación capitalista e hicieron nuevos llamados para la edificación de las organizaciones de vanguardia destinadas a tomar el poder. Pero tal respuesta es incapaz de resolver las paradojas de la emancipación. La visión estratégica del mundo que lo sustenta es una visión de desigualdad que produce igualdad. Esa estrategia ha sido promulgada por los partidos comunistas y los estados socialistas del siglo XX y todos sabemos sus resultados. La desigualdad solo produce desigualdad y lo hace incesantemente. Además, esta visión del mundo estratégica ha perdido la base sobre la que descansaba, es decir, la realidad del trabajo / trabajo como un mundo común.

Ahora nos enfrentamos a la disimetría entre el proceso de igualdad y el proceso de desigualdad. La igualdad no hace los mundos de la misma manera que la desigualdad.Funciona, por así decirlo, en los intervalos del mundo dominante, en superposición al modo “normal” – dominante – jerárquico – de la creación del mundo. Y uno de los aspectos principales de la disimetría es precisamente el hecho de que el proceso de igualdad descarta la propia separación de los fines y los medios sobre los que se basa la estrategia de desigualdad que produce la igualdad. Esto es lo que la libertad significa en última instancia. La libertad no es una cuestión de elección hecha por los individuos.Es una forma de hacerlo. Una acción libre o una relación libre es una acción o una relación que encuentra su logro en sí misma, en la verificación de la capacidad y ya no en el resultado externo. En las sociedades jerárquicas del pasado, era el privilegio de una pequeña categoría de seres humanos llamados los “hombres activos” en contraste con todos aquellos que estaban sujetos al reino de la necesidad. En los tiempos modernos, la libertad se democratizó primero en el dominio estético con la categoría kantiana y schilleriana del juego libre como un fin en sí mismo y un potencial que pertenece a todos. Entonces el joven Marx hizo más, ya que hizo la definición misma de comunismo que equiparaba con el final de la división laboral: el comunismo, dijo enParís. Manuscritos significa humanización de los sentidos humanos; es el estado de cosas en el que esta capacidad de humanización se despliega en sí misma en lugar de usarse como un simple medio de ganarse la vida. Y lo ilustró con el caso de estos trabajadores comunistas en París, que se reunieron en un primer nivel para debatir sobre sus intereses comunes, pero lo hicieron más profundamente para disfrutar de su nueva capacidad social como tal.

Cierto es que el análisis de Marx se basó en la identificación del trabajo como la capacidad humana esencial. Cuando el trabajo ya no puede desempeñar este papel, la tarea de crear un mundo donde los fines de la acción no sean más distintos de sus medios puede parecer paradójica en sí misma. La comunidad libre e igual es algo que ya no puede depender de un sustrato empírico dado. Debe ser creado como un objeto de voluntad. Pero, por otro lado, esto ya no se planteará en términos de medios y fines. Es por eso que tiende a convertirse en un deseo global de otra forma de relaciones humanas. Esta ocupación ha sido la más ilustrada en Occupy Wall Street por las múltiples extensiones del uso del verbo “ocupar” que lo convirtió en el significante de una conversión global a otra forma de habitar el mundo: “ocupar el lenguaje”, “ocupar la imaginación” , “Ocupe el amor” y eventualmente “Ocupe todo”, lo que parece significar: cambie su forma de tratar con todo y con todas las formas existentes de relaciones sociales. Tal vez este enigmático lema encuentra su mejor traducción en el lema griego “No vivas más como esclavos”. Esta frase no solo invita al rebelde contra la intensificación del gobierno capitalista. Invita a inventar aquí y ahora modos de acción, formas de pensar y formas de vida opuestas a las que se producen y reproducen perpetuamente por la lógica de la desigualdad, la lógica de la dominación capitalista y estatal.

Creo que esta solicitud ha encontrado una respuesta a la invención de esta forma llamada “espacio social libre”, una forma que adquirió una fuerza particular en los movimientos sociales de este país. Lo que hace que esta noción sea importante en mi opinión es que pone en tela de juicio las oposiciones tradicionales entre las necesidades del presente y las utopías del futuro o entre la dura realidad económica y social y el “lujo” de la democracia “formal”. Aquellos que abrieron tales espacios dejaron en claro que no solo querían responder a las situaciones de necesidad, desposeimiento y angustia creadas por la intensificación del gobierno capitalista. No querían dar cobijo, comida, cuidado de la salud, educación o arte a aquellos que estaban privados de esos bienes, sino crear nuevas formas de ser, pensar y actuar en común. Podemos extraer de esto una definición más amplia de esta forma: un espacio social libre es un espacio donde la separación misma de las esferas de actividad: producción material, intercambio económico, cuidado social, producción e intercambio intelectual, desempeño artístico, acción política, etc. – se pone en duda. Es un espacio donde las asambleas pueden practicar formas de democracia directa, no solo para otorgar los mismos derechos a todos, sino para tomar decisiones colectivas sobre cuestiones concretas. De esta forma, una forma de acción política tiende a ser la célula de otra forma de vida. Ya no es una herramienta para la preparación de una emancipación futura, sino un proceso de invención de formas de vida y modos de pensar en el que la igualdad fomenta la igualdad.

Lo que esta oración está por hacer es cambiar todas las formas de organización de la vida y los modos de pensar que están determinados por la lógica de la desigualdad, la lógica de la dominación capitalista y estatal.

Por supuesto, sabemos que estas células de una nueva vida social están constantemente sujetas a problemas internos y amenazas externas. Este “presente presente” es siempre un presente precario. Pero no tiene sentido, creo, que haya pruebas de que todo es vano mientras la revolución global no haya tomado el poder y destruido la fortaleza capitalista. Este tipo de juicio es una forma de poner la fortaleza en nuestras cabezas, de instituir un círculo de imposibilidad proclamando que nada puede cambiarse antes de que todo haya cambiado. La emancipación siempre ha sido una forma de inventar, en medio del curso “normal” del tiempo en otro momento, otra forma de habitar el mundo sensible en común. Siempre ha sido una forma de vivir el presente en otro mundo en lugar de diferir su posibilidad. La emancipación solo prepara el futuro en la medida en que se seca en las brechas actuales que también son surcos. Lo hace al intensificar la experiencia de otras formas de ser, vivir, hacer y pensar. Los espacios sociales libres creados por los movimientos recientes heredan las formas del mundo -cooperativas de producción y formas de educación popular- creadas por los movimientos obreros del pasado y en particular por los movimientos anarquistas. Pero nuestro presente ya no puede compartir la creencia que sostuvo las formas de autoorganización del pasado. Ya no puede confiar en la suposición de que el capitalismo produce las condiciones de su propia destrucción, y que el trabajo constituye un mundo orgánico del futuro ya en gestación en el vientre del viejo mundo.Más que nunca, el mundo de la igualdad parece ser el producto provisorio de invenciones específicas. Nuestro presente nos urge a redescubrir que la historia de la igualdad es una historia autónoma. No es el desarrollo de estrategias basadas en transformaciones tecnológicas y económicas. Es una constelación de momentos, algunos días, algunas semanas, algunos años que crean dinámicas temporales específicas, dotadas de más o menos intensidad y duración. El pasado no nos dejó lecciones, solo momentos que debemos extender y prolongar en la medida de lo posible.

* El presente texto es el discurso de Jacques Rancière en B-FEST (Festival Internacional Antiautoritario de Babylonia Journal), que se celebró el 27/05/17 en Atenas con el título Democracia, Igualdad, Emancipación en un mundo cambiante. La traducción griega se puede encontrar aquí .

Robespierre. Una política de la filosofía

Por Georges Labica

El 27 de diciembre de 1930 nacía en Toulon el insigne filósofo marxista francés Georges Labica. Lo recordamos con este texto introductorio a su penetrante estudio del principal actor de la Revolución Francesa: Maximilien Robespierre.

 

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INTRODUCCIÓN. UN PENSAMIENTO DE LO INÉDITO

¿Para qué añadir un nuevo Robespierre a una bibliografía que comporta ya algunas sumas decisivas y que no ha cesado de extenderse, a pesar de las reservas recientemente manifestadas, después de la conmemoración del bicentenario de la Revolución de 1789, en relación con el Incorruptible? Simplemente porque me ha parecido que el pensamiento político de Maximilien Robespierre merecía ser tomado en serio. Este es un libro de un filósofo que escucha a uno de lo suyos.

De quien conviene, de entrada, subrayar la originalidad.

El carácter propiamente innovador del pensamiento de Robespierre, aunque no tenga nada de excepcional en su época, puesto que este carácter innovador es compartido por muchos de sus contemporáneos (Saint-Just, Marat, Grégoire, Couthon, de Gouges, Billaud, Roux, Babeuf, etc.), no adquiere menos un valor emblemático. Se trata de pensar la Revolución en el momento mismo en que se produce, en el momento en que, a veces a tientas, a veces de forma fulgurante, ella pretende controlar intelectualmente sus actos, inventando toda una terminología con todas sus piezas. Esto no tiene precedentes. Es difícil y más de lo que se cree, acotar el concepto de revolución, incluso para nosotros que nos beneficiamos del corpus marxista y de un siglo y medio de experiencias históricas y teóricas. Aún más lo era para Robespierre, que fue el producto de la Revolución, literalmente hecho por ella, arrebatado por su movimiento, obstinándose tenazmente, esta vez, sin nada análogo, en captarla, ceñido a sus procesos, no habiéndola vista venir, ni anticipar, pero siguiéndola, dejándose inspirar día a día y tratando en vano, lo sabemos, asegurar su control. Marx, durante su vida, preparó la Revolución, determinó sus condiciones, previó sus actores y fuerzas motrices, estableció las vías, los fines y sugirió las perspectivas, pero no la hizo. Se como sea y a pesar de sus compromisos episódicos o marginales, él fue únicamente un espectador, en 1848, como bajo la Comuna. Lenin, desde los últimos años del siglo XIX, prepara el octubre soviético, que es su creación, la culminación del trabajo sin des can so de dos decenios. Hizo la Revolución que tenía en la cabeza y cuyo advenimiento le sorprendió en plena redacción, suspendida inmediatamente, de El estado y la Revolución, que ponía las bases de su porvenir y exponía sus etapas. Él dirigió la Revolución según sus principios, fundó un nuevo tipo de poder, gobernó la sociedad, promulgó las reglas de acuerdo con sus posibilidades y midió sus contradicciones. Aún más: adoptó los medios para su universalización, fundando la Internacional comunista. Orquestó su defensa, aseguró su ejemplaridad, mundializó su práctica.

Nada que ver con Robespierre. En 1775, a los diecisiete años, el brillante alumno del colegio Luis el Grande, vio como se le confiaba el honor de recitar el cumplido de costumbre a la joven pareja real, Luis XVI y María Antonieta. El 26 de abril de 1789, era un abogado de treinta años, que gozando de una notoriedad local de buen gusto, bien integrado en su medio, miembro de la Academia de Arras y orgulloso de pertenecer a la Sociedad de los Rosati, donde hace ri mas gentilmente, fue elegido diputado del Tercer Estado de Artois en los Estados Generales. En contraste con los grandes tenores, con la reputación ya adquirida, fuera cual fuera, los Condorcet, La Fayette, Barnave, Siéyès o Mirabeau; a diferencia de Marat, del cual estará tan próximo, que había publicado, catorce años antes, su Las cadenas de la esclavitud (1774), Robespierre solo es alguien anónimo, entre otros miles. Sus intervenciones en la Constituyente, aunque numerosas, pasarán desapercibidas. Así, él nacerá con la Revolución, al mismo tiempo que ella, y será el más intransigente en encarnarla hasta su muerte.

Es justo decir, con el conjunto de sus intérpretes, que su existencia se confundirá totalmente con la trayectoria de la Revolución (1) desde 1789 hasta 1794, desde su primera toma de palabra, el 18 de mayo de 1789, a la última, el 26 de julio de 1794 (8 de Thermidor). Con su ejecución, como dirá Laponneraye, y tantos otros después de él: “La Revolución se paró y volvió sobre sus pasos” (Robespierre, p. 22). El 7 de enero de 1795, la panadera Pommier hizo, ante el estupor de sus clientes, que la denunciaron, esta constatación: “Desde que asesinaron a Robespierre, se hizo la contrarrevolución” (2). Entendámoslo: la Revolución en su radicalidad. A la que, consciente y voluntariamente, Robespierre consagró y sacrificó su vida. Él lo experimentaba y lo anunciaba, desde los primeros versos en los Rosati:

El único momento crucial del justo, en su última hora,

Y el único del que entonces seré desgarrado,

Es ver, muriéndose, la pálida y sombría inquietud

Destilar en mi frente el oprobio y la infamia

De morir por el pueblo y de ser aborrecido por él (3).

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Él lo repetirá constantemente, no sin un cierto masoquismo, hastaclos últimos discursos en el club Jacobino (“No me veréis mucho tiempo”) y en la Convención (“Qué amigo de la patria puede querer sobrevivir…”). Hasta el punto que su fin es asimilable a un suicidio político deliberado. No es menos exacto reconocer que el Incorruptible —epíteto que se impone desde la primavera de 1791— fue objeto, por esa razón, de una popularidad sin igual, y quizás como lo asegura Massin, “amado por el pueblo de Francia como ningún jefe político, ningún gobierno de su tiempo” (p. 6) (4). Lo testimonian sus elecciones, de las cuales la última, casi unánime, a la presidencia de la Convención (6 de junio 1794), y el hecho de que él transitaba siempre, incluso en los peores momentos, a pie, sin protección.

El pensamiento de la Revolución, hay que insistir en ello, el pensamiento de un fenómeno tan global como el de la Revolución francesa, no tiene, hablando estrictamente, un predecesor. De ahí el empréstito por parte de los hombres de 1789, a las figuras legendarias de la Antigüedad romana. Robespierre fue perfectamente consciente de esta novedad. En abril de 1789, en su Dedicatoria a los manes de Jean-Jacques Rousseau, él evoca “la peligrosa carrera que una Revolución increíble acaba de abrir ante nosotros” (subrayado por G.L.). Él declara, el 25 de diciembre de 1793: “la teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la Revolución que la ha traído. No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos, que no han previsto de ninguna manera esta Revolución, ni en las leyes de los tiranos que, contentos de abusar de su poder, se ocupan muy poco de buscar su legitimación”. Lo nuevo, es la autocreación revolucionaria, “la primera república del mundo” (noviembre de 1793), que da a Francia, dice en embargado por el entusiasmo, “dos mil años de adelanto sobre la especie humana”. Es “la era francesa” y su absoluta novedad, que Destutt, en su Gramática, opone a Montesquieu. La primacía y la originalidad de la Revolución francesa, en relación con la revolución americana, fueron saludadas igualmente por Condorcet y por Burke.

Nadie estuvo más convencido de ello que Robespierre: “Los Franceses son el primer pueblo que ha establecido la verdadera democracia, llamando a todos los hombres a la igualdad y a la plenitud de los derechos del ciudadano” (4 de febrero) de 1794.

El último aspecto, también él adecuado a lo inédito que nos llama la atención: la elocuencia de Robespierre, es decir su obra. No se trata de considerar aquí su estilo oratorio, tema controvertido, a pesar de que, si es cierto, como dice Korngold, que él “fue el ídolo del bello sexo más que cualquier otro hombre de la Revolución” y que “cada vez que él tomaba la palabra, las mujeres se atropellaban en las tribunas” (p. 27; igualmente, p.64, 85, 245), debemos, por lo menos, atribuirle “la elocuencia del corazón”. ¿No es significativo que alguien que era, ante todo, un asceta, un virgen, que suscita algunas pasiones (la de su hermana, Charlotte, la de la señorita Duplay), cuya vida sentimental fue sin duda inexistente, por causa de la revolución haya seducido con su palabra a las mujeres de su tiempo? Pero se trata de levantar acta de que Robespierre fue, por excelencia, un hombre de palabras y únicamente esto. Desde sus alegatos de joven abogado hasta sus largas exposiciones en la Convención, 100 intervenciones a la Asamblea en 1790, más de 300 en 1791 (Guillemin, p.71), de 250 a 300 bajo la Convención, 200 en 144 sesiones del Consejo general de la Comuna (Bouloiseau A, p. 18-19), he aquí su obra, completada por los artículos de su diario El Defensor de la Constitución, por las cartas, por un Carnet y por Notas, publicadas por Mathiez. En total un millar de discursos, muchas veces redactados con cuidado, repetidos al menos dos veces en el mismo día, en el Club y en la Asamblea, reproducidos oficialmente y difundidos en toda Francia, otras veces improvisados, a medida de las coyunturas y de los debates. No eran obras acabadas, aunque muchos textos, sobre todo los de la Convención (lo veremos más adelante), merecen ampliamente este estatuto, mientras que Marat, que tenía quince años más que él escribió diversos libros antes y durante la Revolución, igual que Saint-Just, que tenía quince años menos. He aquí otra singularidad, el pensamiento de la Revolución, su palabra, se casa con su desarrollo, hecho de sobresaltos, se pega a sus actos, discurre sobre ella, la sostiene y la desaprueba, busca su coherencia e intenta comprenderla teóricamente, sin antecedentes que la prefiguraran, sin consecuencias que fijasen su figura. La cancioncilla popular de 1792, último cumplido a M. Petion, sin duda tiene razón:

Es el hombre más elocuente

Después de Robespierre… (5)

A estas especificidades probadas que definen el pensamiento político del principal actor de la Revolución, está consagrado este libro.

Notas:

    (1) No fue el caso, lo sabemos, ni de Mirabeau, ni de Condorcet, ni de Danton, ni de Marat, ni de Hebert, desaparecidos, durante el camino, de diversas maneras… tampoco el de Saint-Just, ausente al inicio.

    (2) Citado por D. Godineau, Les tricoteuses, París, Alinéa, 1988, p. 292.

    (3) M. R. Oeuvres, t. I, p. 246.

    (4) Robespierre “fue, escribe Soboul, y continúa siendo el Incorruptible, el único entre nuestros hombres políticos, desde casi dos siglos, en haber merecido este título” (p. 225).

    (5) Chansonnier Révolutionnaire, éd. De M. Delon y P.-E. Levayer, París, Gallimard, 1989, p. 83.

      Introducción del libro de Georges Labica Robespierre. Una política de la filosofía.

      Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/robespierre-una-politica-de-la-filosofia/