Violencia y explotación en el capitalismo histórico

Entrevista a Heide Gerstenberger

Por Benjamin Bürbaumer

Figura clave del debate alemán sobre la derivación del Estado, la autora vuelve aquí a exponer los lineamientos generales de su crítica a las principales corrientes de dicho debate, marcando los límites de una derivación puramente lógica de la forma estatal capitalista y la necesidad de incorporar la dimensión histórica al análisis del Estado 1/. Siguiendo esta crítica, Gerstenberger plantea que una figura central en la derivación lógica del Estado, el trabajo asalariado libremente contratado, no responde a una lógica general del capitalismo, sino a una de sus formas históricamente determinadas. En consecuencia, se plantea la compatibilidad entre trabajo forzado y acumulación de capital, proponiendo a la figura del asalariado libre, no como forma natural del capital, sino como el resultado de luchas políticas. Llevadas estas reflexiones al plano de las formas actuales de la acumulación capitalista se destaca la existencia de nuevas formas de trabajo forzado surgidas a partir de las políticas desregulatorias implementadas desde los años 70. Alejada de visiones centradas en una sola forma típica de Estado capitalista, correspondiente únicamente a los países centrales, Gerstenberger se inserta así en el debate sobre las transformaciones en la acumulación de capital, sus relaciones con el Estado y sus formas particulares de existencia en las sociedades periféricas.

Numerosas teorías marxistas consideran al Estado capitalista bajo el paradigma del contrato. El intercambio mercantil generalizado habría remplazado a la violencia directa de los poderosos por relaciones de dominaciones impersonales, mediadas únicamente por diferencias de ingresos y por la compulsión del mercado de trabajo. Desde esta perspectiva, la violencia se habría convertido en esencialmente social o económica antes que directamente política. La historiadora Heide Gerstenberger se opone claramente a este diagnóstico: para ella se trata de una generalización excesiva basada únicamente en un capitalismo domesticado, que como tal no puede describir la esencia misma de las relaciones políticas que prevalecen bajo el capitalismo. En esta entrevista, realizada por Benjamin Bürbaumer, la autora desarrolla las articulaciones profundas entre relaciones capitalistas y violencia política directa. Nos muestra con claridad que una lectura no euro-céntrica de la historia moderna implica considerar la persistencia del trabajo forzado en la larga duración [long durée]. Si en algunos lugares el capitalismo fue capaz de deshacerse de estas prácticas iliberales fue solo bajo la presión popular; lo que indica, en este tiempo de globalización y de nuevos servilismos legales que la acompañan, la tarea a la orden del día.

1.- Usted ha participado activamente de los debates marxistas sobre el Estado capitalista desarrollados en los años 70 que apuntaban, en particular, a resaltar los límites de las políticas estatales reformistas. Es en este contexto en el que se desarrolla el enfoque de la derivación puramente lógica del Estado dentro de una sociedad capitalista. Usted ha criticado la teoría de la derivación al insistir en la necesidad de analizar la constitución histórica del Estado capitalista. ¿Por qué el enfoque histórico fue una enmienda indispensable a los debates de la derivación?

Los marxistas que en la década de 1970 intentaron desarrollar una teoría del Estado capitalista estaban convencidos de que este podía derivarse de las estructuras fundamentales del capitalismo expuestas por Marx en El Capital. Estos debates han resaltado el hecho de que, si bien el carácter de clase del poder estatal capitalista a menudo se expresa a través de la justicia de clase como en otras formas de política de clase abierta, su base más importante radica en la separación entre el Estado y la sociedad. Han señalado acertadamente que esta separación – ya observada por Hegel – no se basa en la ausencia de una intervención política en la sociedad, sino en la igualdad formal de los ciudadanos ante la ley. Igualdad de los ciudadanos que hace aparecer al Estado como una instancia neutra, separada de los conflictos de clase que caracterizan a las sociedades capitalistas. Dicha neutralidad formal es posible porque, en el capitalismo, la fuerza de trabajo debe ser vendida como mercancía en el mercado por su propietario. Es por esta razón que la protección estatal de la propiedad privada implica formalmente a todos los propietarios de mercancías. Con el desarrollo de las políticas sociales por parte del Estado, su apariencia neutral con respecto a una política de clase, inherente a su forma, es reforzada. Frente a dicha apariencia, la tarea de la crítica social ha sido mostrar los límites de las reformas políticas y sociales en las sociedades capitalistas.

Proponer un análisis de la forma del poder estatal capitalista constituyó un avance teórico, ya que, contrariamente a la concepción del poder estatal como un mero aparato represivo al servicio de la clase dominante, permitió dar cuenta del desarrollo del Estado de bienestar. Sin embargo, su pertinencia teórica se vio limitada por su renuncia a incluir cualquier análisis histórico. De esta forma, dicha teoría fue incapaz de analizar tanto la especificidad del poder estatal colonial como de dar cuenta de las restricciones a las políticas sociales que sucederían tan solo unos años después de dicho debate. Nos hemos dado cuenta, tardíamente, a partir de la globalización capitalista, de que nuestro foco teórico, y por lo tanto también político, en la neutralidad formal respecto a una política de clase, era el resultado de una situación histórica específica. Contrariamente a lo que asumieron quienes participaron en el debate de la derivación, sus concepciones teóricas se basaban, menos en una deducción lógica del poder estatal capitalista a partir de las estructuras fundamentales del capitalismo que en la expresión de una situación histórica especifica. Renunciar al análisis histórico del desarrollo del poder estatal capitalista ha demostrado, por lo tanto, ser un impasse histórico y teórico.

2.- Su último libro se titula El mercado y la violencia – el funcionamiento del capitalismo histórico. Podemos leer esta obra como una crítica del marxismo político que considera que las formas violentas de apropiación económica desaparecen en el capitalismo para dar lugar a la lógica del contrato. ¿Cómo ha podido desarrollarse la relación reificada entre los sujetos de derecho, que se expresa a través del contrato, sin que desaparezca la violencia directa en el capitalismo?

Los contratos existieron mucho antes del capitalismo. Dos razones -una ligada a la política revolucionaria, la otra a la ideología- explican por qué esta figura jurídica se impuso bajo el capitalismo.

Para comenzar, las relaciones de trabajo no podían ser relaciones contractuales hasta que sus elementos centrales no dejaran de estar sometidos a reglas señoriales. Antes de ello, existían o bien reglas impuestas por las autoridades feudales o bien decisiones emanadas de corporaciones que gozaban de monopolios. En algunos casos aislados, como los artistas empleados directamente por su cliente, la competencia regulatoria era prerrogativa exclusiva de señores particulares. Estos contratos realmente negociados entre partes generalmente no se referían a relaciones contractuales a largo plazo, sino que concernían únicamente a obras aisladas.

La imposición progresiva de las relaciones laborales contractuales se ha relacionado en todas partes a conflictos políticos. Es en Francia, donde las luchas revolucionarias contra la desigualdad ante la ley y contra los privilegios señoriales llevaron a la abolición de las corporaciones y a la institución de la personalidad jurídica masculina, donde este hecho puede verse más claramente. Es por esta razón que en Francia los trabajadores tenían el derecho de contratar y rescindir contratos de trabajo mucho antes de que las relaciones sociales capitalistas fueran dominantes y antes del surgimiento del capitalismo industrial

En Inglaterra, por otro el contrario, la desigualdad fundamental de los súbditos del rey se impuso y reprodujo socialmente durante la Edad Media, en lugar de sancionarse institucionalmente, y el poder reglamentario autónomo de las corporaciones fue limitado. La generalización de las relaciones capitalistas de trabajo necesitaba entonces una reforma de la Ley de Maestros y Siervos, vigente durante siglos, pero la abolición de las regulaciones legales precapitalistas de las relaciones laborales no era necesaria. En efecto, el desarrollo del capitalismo en Inglaterra tuvo lugar sin la creación de formas de contrato libre hoy consideradas como características del «trabajo libre asalariado». Los trabajadores eran libres de firmar un contrato de empleo asalariado pero no podían darlo por terminado. Hasta mediados de la década de 1870, se podía penar a los trabajadores que rescindían un contrato de trabajo sin el consentimiento del propietario de los medios de producción. Si bien la posibilidad de recurrir a la violencia estatal no fue utilizada sistemáticamente por los empresarios, muchos sí lo hicieron. El trabajo asalariado no se encontraba entonces separado de la dominación estatal, por lo que la política y la economía aún no estaban separadas formalmente. El punto de inflexión se produjo como resultado de las luchas políticas que condujeron a una ampliación de los derechos de voto y que dieron mayor peso a las demandas de los trabajadores organizados.

A su vez, la hegemonía de las relaciones de producción basadas en contratos libremente contraídos fue también resultado del movimiento internacional para la abolición de la esclavitud. Este último hizo del contrato el criterio del trabajo asalariado libre para diferenciarlo de la esclavitud. Los contratos se convirtieron así en el principal operador de la legitimación de la explotación capitalista; y ya desde la segunda mitad del siglo XIX, los falsos contratos, que enmascaran la realidad del trabajo forzado por la violencia directa, se han convertido en un hábito.

3.- Su libro ofrece un tratamiento exhaustivo de la cuestión de la colonización y cómo esta se inserta en el capitalismo. A este respecto, usted enfatiza que el elemento decisivo no fue el grado de racionalidad económica de la explotación de las colonias, sino su forma política. ¿Qué nos enseña sobre las estrategias de acumulación de capital la forma política en la que se apoya la explotación colonial?

El Estado colonial ha sido constantemente un aparato que organiza una represión abierta en vistas de la explotación. Desde este punto de vista, se parecía mucho más al aparato de dominación de las sociedades europeas del Antiguo Régimen que al Estado capitalista de los países metropolitanos. Hoy se ha establecido que, si bien la explotación de la población indígena en las colonias ha enriquecido a ciertas personas, incluidos algunos miembros del aparato estatal, ha reportado menos beneficios económicos a la sociedad metropolitana de los que durante mucho tiempo habíamos pensado. Esto se aplica también a las fases históricas durante las cuales, al menos en las colonias inglesas y francesas, se intentó forzar el desarrollo económico. La dominación colonial se ha mostrado duraderamente significativa para el desarrollo de las colonias y las post colonias y, por lo tanto, en el resto del mundo. Por un lado, al transformar a los indígenas en nativos, el Estado los ha designado como inferiores, posibilitando ser tratados de esta forma por parte de los ciudadanos. Por otro lado, la dominación colonial organizó la economía de forma tal de convertir a las colonias en proveedoras de la metrópoli, impidiendo entonces el desarrollo de un capitalismo propio en las colonias.

Podemos concluir que la violencia directa es tendencialmente practicada en aquellos lugares donde no se ve obstaculizada por las luchas políticas; y esto a pesar del hecho que, según muestra la experiencia, dicha violencia sea la causa de magros beneficios económicos.

4.- Entre los conceptos clave en su libro, dos son particularmente notables: la «domesticación del capitalismo» y la «explotación desregulada” 2/. ¿Cuál es la contribución de estos dos conceptos a la comprensión del funcionamiento del capitalismo?

La expresión “capitalismo domesticado” es utilizada por Wolfgang Streeck. En este caso se refiere al desarrollo del Estado de bienestar y a la atenuación del conflicto de clase a él asociada. Por mi parte, utilizo este término para referirme a la protección legal de las actividades sindicales, otorgada para que los intereses de los trabajadores puedan expresarse de manera de contribuir a la resolución pacífica de los conflictos sociales. Utilizo el término «domesticado» para designar estas relaciones porque la depredación de la explotación capitalista no se encuentra aquí abolida fundamentalmente. En la historia del capitalismo, la efectividad continua de esta domesticación es regularmente explícita, especialmente en Alemania, donde dónde durante el período nacionalsocialista un “capitalismo domesticado” fue reemplazado por un régimen de trabajo dictatorial. También uso la expresión «capitalismo domesticado» para evitar la de «Fordismo». En cuanto esta última se utiliza para caracterizar una fase histórica precisa, supone una correlación entre el desarrollo de formas concretas de producción y unas de relaciones políticas; hipótesis que no está demostrada empíricamente.

La «explotación desregulada» se refiere principalmente a la fase histórica del capitalismo globalizado, por lo tanto, al período que se abre en la segunda mitad de los años setenta. El término refiere a los límites que se han impuesto, durante el desarrollo del capitalismo, a la valorización de la fuerza de trabajo por parte de los propietarios privados. Limitaciones provocadas por el poder estatal en las sociedades capitalistas de las metrópolis. Con la fundación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), después de la Primera Guerra Mundial, y más tarde con el Consejo Económico y Social de la ONU, se crearon acuerdos internacionales para limitar la explotación. Después de intentar durante mucho tiempo extender los estándares impuestos en las sociedades de las metrópolis capitalistas e internacionalizar estas convenciones a todos sus Estados miembros, la OIT revisó su estrategia en 1998. Desde entonces ha defendido los «estándares laborales fundamentales», aquellos que espera se puedan lograr en los países menos desarrollados desde el punto de vista capitalista. Pero ninguna de estas organizaciones internacionales puede forzar la ratificación de una convención, ni tienen la capacidad de imponer la implementación de una convención ratificada. Lo que no quiere decir, sin embargo, que sean totalmente ineficaces ya que, cuando los humanos luchan por mejores condiciones, pueden invocar el hecho de que, si bien la opinión pública internacional apoya las relaciones laborales capitalistas, también respalda su regulación. En la fase histórica del capitalismo globalizado, la opinión pública internacional percibe la «explotación desregulada» como una práctica violenta, ya que a menudo toma la forma de ataques directos a la libertad y la salud de los trabajadores. Sin embargo, yo también incluyo en la desregulación a la imposición de jornadas laborales muy largas, la exposición de los trabajadores a sustancias peligrosas para la salud, la restricción de la libertad de movimiento de los trabajadores, así como las múltiples formas de discriminación directa.

5.- ¿Cuál es la relación entre el trabajo libre y el trabajo forzado en el capitalismo globalizado? Al referirse a Jairus Banaji, usted recuerda que bajo el capitalismo los contratos tienen la función de hacer que el trabajo parezca voluntario y racional. Al mismo tiempo, usted señala que hoy en día son raros los derechos de propiedad sobre la fuerza de trabajo, un rasgo característico de la esclavitud.

Como dije anteriormente, las compañías que hoy usan relaciones de trabajo forzoso a menudo anticipan un posible enjuiciamiento por parte de las autoridades estatales falsificando contratos. El trabajo forzado, impuesto por la violencia, todavía existe. Se basa literalmente en la compra de seres humanos o en cuando las deudas funcionan como base para una explotación continúa de los deudores y sus descendientes. La esclavitud por deuda sigue prevaleciendo en la India. En Mauritania, la esclavitud persiste a pesar de sus muchas aboliciones desde 1981. Lo mismo ocurre en Níger. Algunos restringen el término esclavitud a estos casos, otros, como Kevin Bales, lo utilizan para todas las formas de explotación en las que los humanos no pueden salir de su lugar de trabajo de forma temporal o permanente.

Este debate terminológico [esclavitud-trabajo forzado] tiene causas políticas. El término esclavitud se usa hoy para expresar indignación moral de una manera particularmente enérgica, pero en general su uso ha sido cada vez menos extendido desde que las potencias coloniales afirmaran que la esclavitud había sido abolida en sus respectivas colonias; aunque en India se otorgaran excepciones oficiales para la llamada esclavitud doméstica o en Níger se decretaran reglas de transición especiales. Sin embargo, el trabajo forzoso, requerido por los Estados coloniales, fue presentado como un medio para civilizar a las poblaciones colonizadas. Aunque la Sociedad de Naciones adoptó convenciones a favor de la abolición de la esclavitud en 1926 y 1930, a las que se refieren las Naciones Unidas, es la expresión trabajo forzoso la que ha dominado, incluso en los convenios de la OIT. Por ejemplo, la legislación brasileña considera que el trabajo forzado es esclavitud, y como tal puede dar lugar a una condena, aunque la posibilidad de enjuiciamiento real ha sido reducida en el otoño de 2017. Yo rodeo estas discusiones terminológicas con el uso de la expresión “explotación desregulada”, que integra la trata de personas real, pero también las prácticas laborales que ponen en peligro la supervivencia biológica y social de los trabajadores, hombres, mujeres y niños. Son trabajadores explotados desreguladamente aquellos que, por ejemplo, se encuentran regularmente impedidos de salir de su lugar de trabajo.

La persistencia del trabajo forzado por la violencia y la simultánea renuncia a la esclavitud clásica se explica, sobre todo, por la posibilidad de encontrar un reemplazo barato de la fuerza de trabajo en cualquier momento. La globalización ha empujado a un inmenso número de hombres y mujeres al mercado laboral en busca de cualquier tipo de ingreso. Dado que para muchos puestos de trabajo hay una oferta laboral mundial que en potencia es prácticamente ilimitada, los propietarios de capital pueden ahorrar los costos en bienes durables para la reproducción y tienen la capacidad de desprenderse de aquellos trabajadores que ya no son valorizables de forma económica. Muchos de los que realizan trabajos forzados, incluidas las trabajadoras sexuales, han sido engañados para llegar a esa posición. Sin embargo, muchos también están dispuestos a aceptar cualquier trabajo remunerado.

6.- ¿En qué medida el estudio de los trabajadores inmigrantes, por ejemplo, el personal de asistencia en cuidados, los jornaleros o los trabajadores temporales, ayuda a comprender las características fundamentales de la explotación de la fuerza de trabajo en el capitalismo globalizado?

En muchos países, los trabajadores migrantes están formalmente o de facto excluidos en gran medida del Estado de bienestar. El hecho de que estén legalmente definidos como extranjeros los expone a una explotación extrema. Esta práctica no solo se ve facilitada por la falta de control de las leyes de protección existentes, sino también por la tendencia, prevaleciente en las sociedades capitalistas de las metrópolis, a que los ciudadanos consideren al Estado de bienestar como su privilegio. La globalización favorece la migración laboral, ya sea porque se abren nuevas oportunidades o porque se han destruido formas de protección social. Simultáneamente los ataques contra los derechos y las ganancias sociopolíticas de los trabajadores en las metrópolis capitalistas han contribuido al desarrollo de un rechazo a la inmigración dentro de estas sociedades. La globalización promueve el nacionalismo.

7.- Usted señala que, a diferencia de los trabajadores migrantes, los trabajadores en áreas off-shore e in-shore no suelen abandonar su país de nacimiento. Sin embargo, en el plano jurídico, se encuentran en un lugar separado, ficticio. ¿Por qué estos espacios se vuelven centrales en el capitalismo globalizado y cuáles son sus consecuencias para los trabajadores?

Las zonas off-shore se constituyen como exclaves del área legal nacional. Aunque, especialmente en el caso de las zonas francas, pueden ser regiones geográficamente separadas, se trata antes que nada de espacios jurídicos. Estos son excepciones a la ley nacional decretada por el Estado al igual que lo son los centros financieros extraterritoriales o los buques bandera de conveniencia. Estos derechos particulares se comercializan internacionalmente para atraer inversores. En el caso de las zonas off-shore, siempre se ofrecen a los inversores extranjeros la eliminación de los derechos de aduana así como beneficios fiscales. Todas las condiciones para la inversión se negocian entre los propietarios del capital extranjero y los estados en cuestión. Hasta hace poco, los estados a menudo aceptaban prohibir la actividad sindical en los sitios de producción afectados. Hoy en día existe una tendencia de renunciar a esta exigencia, pero eso no ha cambiado la persecución de los sindicalistas y huelguistas. En las áreas de producción off-shore, los trabajadores están particularmente sujetos a la competencia internacional de oferta de mano de obra, ya que las empresas se reservan el derecho de reubicar la producción allí donde se cumplan sus requisitos. Aunque en muchos estados que han creado zonas off-shore existe una ley laboral así como medidas de seguridad reguladas que también se aplican a dichas áreas; su débil aplicación implica que los trabajadores aún están en gran medida desprotegidos frente a la competencia del mercado de trabajo internacional. Utilizo el término in-shore para describir las relaciones laborales impuestas a los trabajadores nacionales que no trabajan en una empresa en condiciones off-shore. Los propietarios de capital nacional se benefician del hecho de que los inversores extranjeros negocien malas condiciones laborales. Además, sus prácticas están menos expuestas a las críticas de la opinión pública internacional. Esto también aplica a los proveedores de las compañías que operan en centros off-shore y que no tienen una relación contractual directa con una multinacional extranjera. Bajo esta forma es que recientemente hemos descubierto que niñas indias fueron detenidas y torturadas en fábricas de seda después de que a sus padres se les prometió que recibirían una gran suma de dinero al final del contrato.

8.- ¿Podría usted explicar por qué el estudio del capitalismo global la lleva a enfatizar la relevancia estructural de la soberanía en el marco del Estado-nación?

La soberanía nacional es la base del derecho internacional. Todos los Estados reconocidos por las Naciones Unidas tienen derecho a decidir sus asuntos internos sin limitaciones externas. E incluso si se ejerciera tal restricción, económica o política, no cambiaría el hecho de que los tratados internacionales, salvo raras excepciones, son válidos solo desde el momento en que han sido ratificados por las autoridades competentes del Estado.

Los Estados soberanos deciden qué leyes se aplican en un país. Sus gobiernos también pueden decidir reducir el carácter general de las leyes creando espacios legales separados. Que las condiciones legales off-shore se ofrezcan internacionalmente equivale a una mercantilización parcial de la soberanía nacional.

Los propietarios de capital que actúan hoy internacionalmente no tienen interés en que se haga pública la importancia de su influencia en las decisiones políticas en los países en desarrollo. Prefieren que los actores con los que negocian sean vistos como representantes de un estado soberano. De esta forma, es el gobierno el responsable de la venta de los recursos del país y de cualquier otra medida perjudicial. El gasto para sobornar a los políticos es necesario en este caso, pero este dinero suele ser una buena inversión económica.

Entrevista fue realizada por Benjamin Bürbaumer para la revista Periode: http://revueperiode.net/violence-et-exploitation-dans-le-capitalisme-historique-entretien-avec-heide-gerstenberger/,

La presentación y la traducción a partir de la versión francesa por Javier Waiman

http://www.intersecciones.com.ar/index.php/articulos/55-violencia-y-explotacion-en-el-capitalismo-historico

Notas:

1/ Tanto la principal contribución de la autora como las intervenciones más relevantes de dicho debate pueden consultarte en: https://herramienta.com.ar/sites/default/files/Estado_y_Capital.pdf. Esta reciente compilación, realizada por Alberto Bonnet y Adrián Piva, constituye la primera presentación extensa de este debate en lengua española.

2/ Hemos aquí traducido la expresión «l’exploitation décloisonnée» como “explotación desregulada” en tanto hace referencia, fundamentalmente, al proceso de perdida de las limitaciones y regulaciones legales que habían sido impuestas a la contratación del trabajo que inicia a fines de los años 70.

Sergio Cesaratto: «El problema es Alemania, no Italia»

El Viejo Topo

Enemigo del euro, el economista Sergio Cesaratto arroja aquí un poco de luz sobre el conflicto que enfrenta a los mandatarios europeos con el gobierno italiano. Cesaratto (de quien El Viejo Topo publicará en breve su exitoso Seis lecciones de economía) imparte clases en la Universidad de Siena sobre Crecimiento económico y Políticas fiscales de la Unión Europea.

—El Comisario de Asuntos Económicos, Moscovici, y el responsable de Estabilidad Económica de la UE, Dombrovskis, han declarado que el gobierno italiano va abierta y conscientemente en contra sus compromisos consigo mismo y con otros Estados miembros. Le acusan de violar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

—Pero ese es un pacto absurdo, porque durante la fase de depresión los presupuestos públicos tienen el deber de entrar en déficit y apoyar la economía. Lo que sí es necesario es reducir los intereses de la deuda, y el BCE dispone de los medios para intervenir y facilitarlo.

—Dombrovskis reprocha al gobierno italiano que pretenda resolver el déficit incrementando la deuda, en vez de presentar un presupuesto equilibrado.

—Gastamos 65.000 millones al año en intereses –el mismo dinero que damos a la educación– nos dice Moscovici. Bien, ¿queremos reducir la deuda para reducir los intereses? Hagámoslo, pero con cuidado, porque esta es la receta que en los últimos años ha matado a la economía italiana. En lugar de reducir la deuda, primero reduzcamos el tipo de interés, de modo que liberemos recursos para apoyar la demanda, y así también lograremos reducir la deuda.

—¿Y cómo reducir el interés?

—Los tipos de interés no los deciden los mercados, sino los bancos centrales cuando quieren hacerlo. Si no quieren, dejan que lo hagan los mercados. Y ese es precisamente el problema de nuestra deuda, que ha empeorado desde que los mercados tomaron el relevo del banco central. Si el BCE quiere, puede hacerlo. Ya lo hizo en 2010-2012, comprando bonos del Estado de unos pocos países, valores griegos, irlandeses, portugueses, españoles e italianos… Si el BCE empezara a comprar valores, los mercados recuperarían la confianza en la deuda pública de Italia y los tipos de interés caerían. Y el gobierno podría usar lo que se ahorre en el pago de intereses para implementar su programa electoral.

—¿Cree que el BCE lo hará?

—No, no lo hará. Para empezar, porque Draghi está acabando su mandato. En segundo lugar, porque primero debería convencer a los alemanes. En 2012 pudo pronunciar el famoso discurso de “lo que sea necesario” solo porque convenció a Merkel de que, de lo contrario, el lunes siguiente ya no existiría el euro.

—Japón tiene un ratio deuda/PIB del 250%; Grecia del 180% e Italia del 132%. ¿Por qué se preocupan tanto los inversionistas en el caso italiano?

— Al evaluar la sostenibilidad de la deuda pública hay que tener en cuenta dos factores: 1) Si está denominada en moneda nacional o extranjera; 2) Si está principalmente en manos de acreedores nacionales o extranjeros.

Una deuda denominada en moneda nacional y en manos de residentes se considera generalmente segura. Este es el caso de Japón. En particular, en Japón, los principales tenedores de bonos del Estado son su banco central y el sistema financiero nacional, que no se espera que vayan a especular contra su propio gobierno. El hecho de que la deuda pública japonesa se mantenga a nivel nacional no es sorprendente. Dado que Japón tiene tradicionalmente superávit de comercio exterior, la economía no depende de préstamos externos. Además, su deuda está denominada en yenes y el gobierno puede confiar en el Banco de Japón como comprador final, lo que tranquiliza a los inversores privados. Esto también significa que los tipos de interés –y el rendimiento de los bonos– están bajo control. Este círculo virtuoso mantiene estable la relación deuda/PIB. Si la deuda de Japón estuviera denominada en moneda extranjera y en manos de no residentes, la economía estaría expuesta a oleadas de pánico financiero. En el caso de Grecia, España e Italia, no existe ningún banco central que pueda actuar como comprador de último recurso.

El problema de la deuda pública italiana es su denominación en moneda extranjera (el euro) y la falta de un banco central nacional, cosas que van de la mano con la ausencia de control de los flujos de capital. Pero, a diferencia de España, Italia no tiene una exposición significativa con países extranjeros.

—¿Cómo llegó Italia a este nivel de endeudamiento? ¿Es por despilfarro o es un asunto más sistémico?

—El gran salto de la deuda pública italiana tuvo lugar en los años ochenta. Los setenta fueron un período de conflicto social que condujo a la inestabilidad de los precios. Sin embargo, un tipo de cambio flexible mantuvo la competitividad exterior, mientras que la política del Banco de Italia impidió el aumento de la deuda pública. A finales de la década, la élite italiana eligió un nuevo régimen de política económica basado en el tipo de cambio fijo y un banco central independiente.

Sin embargo, la pérdida de competitividad exterior provocó problemas de demanda agregada y, como dijo Stiglitz, los países con déficit por cuenta corriente persistentes o en expansión a menudo se ven obligados a contraer déficit fiscales para apoyar la demanda agregada. “Sin déficit fiscal, tendrían un alto nivel de desempleo”, escribió Stiglitz en 2010. Estos déficits fiscales y los elevados tipos de interés necesarios para mantener la paridad de los tipos de cambio en el SME provocaron la explosión del ratio deuda pública/PIB. El intento de imponer una “restricción externa” está en la base del problema de la deuda italiana.

Aunque Italia ha recuperado el aliento desde que dejó el SME en 1992, ha repetido el error de atarse las manos con su participación en la Unión Monetaria Europea. En la primera década del euro, Italia utilizó los tipos de interés más bajos y una política fiscal restrictiva para reducir el ratio deuda/PIB de alrededor del 125% al 100%, al precio del estancamiento de la demanda interna, que ha frenado la inversión y el crecimiento de la productividad.

La pérdida de competitividad externa –también debido a las políticas neomercantilistas alemanas– no ha ayudado. Como consecuencia de la crisis financiera y, sobre todo, del retraso en la intervención del Banco Central Europeo y de la imposición de la austeridad, el ratio deuda/PIB volvió a aumentar hasta el 130%.

Italia necesita desesperadamente una reactivación de la demanda interna a través de una política presupuestaria expansiva. Esto requiere que los tipos de interés se mantengan comparables a los niveles franceses. Italia ha sido rigurosa en sus cuentas públicas desde 1991, mucho más que Alemania, por lo que merece un apoyo. Por supuesto, se debe firmar un pacto de sangre para estabilizar la relación deuda/PIB, o para reducirla lentamente de manera compatible con el crecimiento.

—Sin embargo las agencias de calificación y los mercados internacionales están ejerciendo cada vez más presión. Y la Comisión Europea pide más disciplina fiscal.

—El problema de la economía europea es Alemania, no Italia. Es la mentalidad de la élite alemana, caracterizada por un modelo mercantilista que insiste en la moderación fiscal y salarial. Sostengo que la disciplina europea (o alemana) es la principal responsable del aumento de la deuda pública, el estancamiento económico y el declive. Los mercados financieros están asustados porque los inversores temen que Italia pueda descarrilar como resultado de la expansión fiscal sin el apoyo europeo.

—Usted reprocha a Alemania haber violado las reglas del juego, no solo las que recogen los Tratados, sino también las no escritas pero reconocidas por la disciplina económica como necesarias para el funcionamiento de un sistema de tipo de cambio fijo como el euro. ¿Qué reglas viola Alemania?

— Una economía excedentaria necesita llevar a cabo políticas económicas expansivas; exactamente lo contrario de lo que está ocurriendo ahora con Alemania y sus políticas mercantilistas, que dan como resultado un superávit desproporcionado y adopta una política fiscal restrictiva con superávit presupuestario. En concreto, Alemania viola dos reglas básicas: durante años ha tenido un superávit comercial muy superior al 6% establecido por el Six Pack, un reglamento europeo; se niega a abandonar la moderación salarial para impulsar la demanda interna y, por lo tanto aumentar las importaciones, y al hacerlo también viola dos reglas que de hecho no están escritas: la de la convergencia, en la zona euro, de las tasas de inflación cercanas al 2%, y la de mantener el crecimiento de los salarios nominales en línea con la productividad.

—En su último libro se habla de “doble moral”, un concepto, el de moral, que generalmente tiene muy poco que ver con la economía. A menos que se esté refiriendo al ordoliberalismo, un pensamiento económico germano vinculado a la economía social de mercado…

—Sí, por supuesto me refiero al ordoliberalismo, una ideología –me resulta difícil llamar a esta mezcolanza de palabras una economía– que impregna la forma de pensar de las élites alemanas. El pensamiento ordoliberal se ha convertido en portador de un juicio moral en la economía a través del “principio de responsabilidad” y el consiguiente concepto de “culpa”, y todo lo que no es un presupuesto equilibrado se ha convertido en inmoral: la deuda es inmoral, etc… Pero como suele suceder, el moralista es el mayor pecador. El Estado alemán ha ayudado a los bancos alemanes con cientos de miles de millones, y eran bancos especulativos que estaban en crisis porque fueron los protagonistas de la crisis financiera estadounidense. La deuda de guerra alemana fue en parte perdonada y en parte aplazada, pero la benévola Berlín no tuvo la misma actitud con Grecia. Y con la crisis, Alemania se ha sobreequipado: el euro débil ha favorecido aún más sus exportaciones, la fuga de capitales de los países periféricos a sus bonos del Estado ha conllevado enormes ahorros en los gastos de intereses. Se ha calculado que entre 2010 y 2015 el Estado alemán ha tenido un ahorro de intereses de 100.000 millones de euros, ¡equivalente al 3% del PIB!

—La Lega Norte parece estar empujando a la economía hacia un modelo orientado a dar facilidades a las empresas, fomentando una generosa reducción de los costes empresariales: un impuesto fijo con dos niveles (15-20%) y ningún aumento del IVA. El Movimiento 5 Estrellas piensa en un estímulo impulsado por la demanda, con un ingreso mínimo garantizado (780 euros) y una revisión de las reformas de las pensiones. ¿Puede Italia hacer todo eso y mantener un déficit presupuestario inferior al 3%, o incluso al 1,6%, como afirma el Ministro de Economía Giovanni Tria?

— Si Italia tuviera que hacer frente a las mismas tasas de interés que Francia en la deuda pública, podría permitirse una política fiscal expansiva moderada, consistente con la estabilización de la relación deuda/PIB.

En mi opinión, la posición del Gobierno italiano debería ser la siguiente: Italia ha mantenido un buen nivel de disciplina fiscal desde 1991 (superávit primario); si no fuera por las políticas equivocadas de la UE y del BCE, el ratio deuda/PIB se situaría en el nivel francés (100%). En cualquier caso, un 130% no es muy diferente. ¿Por qué Italia no debería obtener apoyo europeo a cambio de un compromiso para estabilizar el ratio deuda/PIB al nivel actual? Eso es razonable.

Desafortunadamente, Berlín dirá nein. Con el cambio en la gestión del BCE y un gobierno alemán más a la derecha, las cosas podrían incluso empeorar. Italia debería entonces prepararse para la salida. El principal problema de una salida sería la posible represalia franco-alemana. Demasiado para los sueños europeos del presidente Mattarella.

—Como economista, ¿qué políticas cree que ayudarían más al crecimiento italiano?

— Italia no necesita un impuesto fijo, sino una campaña contra la evasión fiscal. Por supuesto, siempre que sea posible, sería deseable que los impuestos fueran más bajos, pero esa no es la prioridad. La economía debe dar prioridad a las familias que se encuentran por debajo del umbral de pobreza. Sin embargo, preferiría un plan de empleo en lugar de una renta básica generalizada. La infraestructura y la educación también son prioridades.

—Los bancos italianos, griegos y españoles tienen una gran cantidad de préstamos morosos. Esto se debe en parte a las personas que no pueden pagar sus préstamos y en parte a que las pequeñas y medianas empresas ya no son rentables. ¿La disciplina fiscal está ayudando a los bancos a reducir sus préstamos en mora?

—La morosidad es claramente el resultado de la austeridad. Por tanto, continuar con las mismas políticas no ayuda. La ausencia de un banco central que cubra la deuda pública y el aumento de los tipos de interés también afectan al coste del crédito para las empresas y los hogares italianos. Los bancos italianos cumplen con su trabajo de apoyar la economía. Los grandes bancos alemanes son instituciones especulativas, y están entre los protagonistas de la crisis financiera estadounidense. Todavía están repletos de activos tóxicos. La opinión pública alemana debería estar mejor informada al respecto. Como señala Adalbert Winkler, los economistas alemanes se quejaron cuando Draghi se movilizó para apoyar la deuda pública italiana, pero no dijeron nada cuando el gobierno alemán salvó a sus bancos atrapados en la crisis estadounidense. La actual caída del valor de los títulos del Estado italiano también ha tenido un impacto negativo en los balances de los bancos italianos. Por supuesto, forzarlos a deshacerse de ella sería un suicidio.

—El Banco Central Europeo pondrá fin a su programa de adquisición de valores en diciembre de 2018. ¿Cómo afectará esto a la economía italiana?

— No cambiará mucho, los bonos del Tesoro italiano ya están fuertemente penalizados, injustificadamente. Por supuesto, si se produjera un ataque especulativo a la deuda italiana, tener un Draghi o un Trichet marcaría una diferencia. En este sentido, parece que Alemania también quiere evitar un nuevo presidente polémico como Weidmann. Sin embargo, las reformas de la gobernanza económica europea propuestas por Berlín son desestabilizadoras. La intención es privar a la Comisión Europea del poder de controlar y sancionar el cumplimiento de las normas fiscales, entregándolas a un Fondo Monetario Europeo y finalmente a los mercados. Esto deja poco espacio para la negociación política, y en última instancia es suicida. Ningún gobierno italiano puede sumarse a estas reformas.

—¿Italia destruirá la zona euro?

— Mi respuesta espontánea sería: “Eso espero”. Creo que la zona euro es una jaula antidemocrática. Hasta cierto punto, esto también se aplica a la UE, que es una institución neoliberal. Por ejemplo, la UE ha prohibido las políticas industriales patrocinadas por el Estado y ha obligado a Italia a privatizar sus empresas públicas, principalmente vendiéndolas a empresas extranjeras, que a menudo las han desmantelado.

Italia destruirá la zona euro si Bruselas empuja al país a su destrucción a través de la especulación del mercado y las políticas de austeridad. ¿Quién está destruyendo la Eurozona y el comercio mundial, Italia o los superávits fiscales y exteriores de Alemania? Mi temor es que, aunque se vea expuesta a un ataque financiero y a una troika, Italia no se rebelará contra los dictados y permitirá que un nuevo Mario Monti masacre el país en nombre de Europa. Desafortunadamente, la tragedia griega nos enseña que la resiliencia de la gente ante las dificultades económicas (y a la estupidez) es infinita.

—En cualquier caso, el hecho de que no existan normas para la salida del euro pone a todos los países ante un salto en el vacío en el caso del eurexit o de la ruptura del sistema del euro, una posibilidad que no debe excluirse en caso de que se produzca una nueva crisis financiera. ¿Qué significaría la salida del euro para Italia?

— La perspectiva de una reforma progresiva de la zona euro es más bien negra. La lógica alemana impulsa a que nos alimentemos en los mercados hasta que seamos disciplinados (¡como si realmente fuéramos indisciplinados!). En el caso de una crisis financiera y un ataque de los mercados a la deuda pública italiana, las hipótesis son: a) Troika más un nuevo Monti (ya hace tiempo que está preparado: Enrico Letta, con quizás Draghi como Presidente de la República). b) Salida. La salida implica problemas formidables tanto a corto como a largo plazo. Mucho depende de si hay o no represalias europeas. En resumen, a corto plazo, los “amigos” europeos pueden desconectar Target 2, el sistema de pago electrónico en el que viajan nuestras operaciones bancarias. Sería una parálisis, pero también un acto de guerra contra nosotros. A medio plazo, existe el problema de la deuda externa no renegociable. Se trata de abrir negociaciones. Menos preocupante es el frente devaluación/inflación, sobre el que se están pronosticando los catastrofismos más tontos. La devaluación de la lira sería limitada. La inflación debe ser controlada por una política de ingresos estricta. Los salarios aumentarán a medida que aumente la productividad. Sería importante que con el espacio que nos diera la devaluación se pudiera proceder a una expansión fiscal para que el empleo y la productividad se reanuden de inmediato. Pero el punto clave sería la actitud de Francia y Alemania.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/articulo/el-problema-es-alemania-no-italia/

Para leer a Gramsci (y dejar de degradarlo)

Por Ignacio Lewkowicz

25-04-92, I.L

  1. Las unicas lecturas que estan a la altura de esta crisis del marxismo son las lecturas activas, es decir, las lecturas que abran diagonales medianamente nuevas ‑por ridiculas que sean. El comentario nos transforma en objetos de esta crisis. La tarea militante hoy exigida es ser sujeto de la destrucion activa del marxismo.
  2. Lo que interesa no es tanto Gramsci como pensamiento escrito sino su esfuerzo por pensar. Nos interesa mas como simbolo que como doctrina: Gramsci es “el que esta pensando” y no “el que ha pensa­do esto”. No nos interesa hoy tanto su teoria como su actitud teorica. Tal actitud teorica se puede resumir en una frase ‑vacia como toda consigna‑ que puede servir de ayuda memoria: “en situa­ciones de hegemonia enemiga, buscar la inconsistencia, para soste­ner el antagonismo”.
  3. ¿Por que carga asi las tintas Gramsci con los intelectuales?. Todo depende de la diagonal de lectura. El tema ya clasico para ubicar esta diagonal de lectura para Gramsci es su “relacion” con Lenin. Critico, enriquecedor, redundante o refutador, tales son las variantes “en‑si”. Es decir, tales son las variantes para una lectura que cree en las relaciones en‑si entre los textos. Pero para una lectura que ya descree de la realidad sustancial del autor en “su” letra, que sostiene que las filiaciones ‑por su naturaleza imaginaria‑ estan siempre en revision, las relaciones entre dos pensamientos son siempre resultado de operaciones de lectura. Son interpretaciones, que se valoraran segun los crite­rios que se decidan: esquematicamente, por un lado el criterio academico de adecuacion, por el otro, un criterio que valore la capacidad activa o reactiva de la lectura practicada.
  4. Simplificando mucho las cosas ‑trazando una linea de demarca­cion‑ se puede plantear que hay dos modos de situar la relacion. Un modo academico y un modo militante. Los resultados son radical­mente distintos. En terminos academicos, Gramsci y Lenin serian dibujados segun el prototipo del teorico de las ciencias sociales. Una teoria se contrasta con otra teoria. Dos discursos sobre el mismo objeto ‑el Estado y la Politica‑ tienen siempre una compara­cion posible. Del cuadro de semejanzas y diferencias se inferira la relacion de desarrollo, redundancia, refutacion, o lo que sea. Pero si situamos a Lenin y Gramsci ya no como dos profesionales de las ciencias sociales, sino como dos militantes, el aspecto de su relacion empieza a cambiar.
  5. Nuestra decision para leerlos consiste en sostener que se trata de dos militantes, de dos intelectuales organicos del proletaria­do, que analizando concretamente situaciones concretas, deciden abrir lineas estrategicas distintas para inscribir historicamente la misma voluntad politica antagonica. Este argumento que sigue se propone esbozar lineas para esta lectura y vislumbrar los efectos.
  6. Vuelvo, entonces, a la pregunta originaria: ¿por que Gramsci carga tanto las tintas sobre los intelectuales? Dos respuestas aparentemente contradictorias, cuyo tejido nos situa un Gramsci contemporaneamente activo: por un lado, porque la infraestructura no hace lazo social; por el otro, porque la infraestructura no presenta inconsistencias.
  7. Todo lazo social es efecto de un discurso. Todo lazo social es imaginario. Puede estar posibilitado desde determinadas condicio­nes economicas ‑ya de por si efecto de discurso‑, pero la consis­tencia del lazo no es proporcionada por el funcionamiento economi­co. La pregunta no dicha (?) de Gramsci es la siguiente. ¿Cual es el fundamento de los agrupamientos sociales efectivamente existen­tes? La respuesta esta en Rousseau, bajo la forma de respuesta a la pregunta “¿que es lo que hace que un pueblo sea un pueblo?”. La voluntad general, “pues si no hubiese un punto en el cual todos concordasen, ninguna sociedad podria existir”. De hecho, Gramsci viene a preguntarse por el mecanismo real de la consistencia social. Una vez levantada por Marx definitivamente, la imagen mitica del contratro social ya no puede ser reconvocada. Pero de hecho funciona algo asi como una especie de “efectos de un contra­to”. ¿Cuales son los mecanismos efectivos de este funcionamiento? El discurso hace lazo, la funcion‑”intelectual” es estructurante de la consistencia imaginaria del lazo.
  8. El problema del lazo social no tiene valor alguno en la coyun­tura en que trabaja Lenin. No es que no valga para Lenin, sino que no cumple ninguna funcion en su coyuntura. Y la esencia del mar­xismo es el analisis concreto de situaciones concretas. Lo que concreta las situaciones no es la carga de informacion empirica sino la existencia de una voluntad politica, de una fuerza hetero­genea. Lo que hace lazo es el poder de fuego politico‑militar. Lo que disuelve el lazo es otra fuerza politico‑militar. Nadie hace consideraciones estrategicas sobre la debilidad proyectiva de un peon en un problema de mate.
  9. La coyuntura italiana, en cuyas carceles piensa Gramsci, no presenta inconsistencias a nivel de la “infreastructura economica”. La inconsistencia no vendra de consideraciones del tipo eslabon mas debil, porque los deja sin politica posible a quienes habitan en un eslabon consistente y pujante del funciona­miento economico del capitalismo. El campo de una lucha estrategi­ca posible es el de la hegemonia. La lucha cultural estrategica es el lugar por el cual hacer saltar la inconsistencia de la hegemo­nia.
  10. Gramsci y Lenin comparten la voluntad antagonica. Lenin piensa el antagonismo en situaciones concretas de explosividad extrema. De ahi la ilusion que asocia antagonismo=virulencia, como si el antagonismo fuera un matiz, una especie de color local de la contradiccion, de la unidad y lucha de contrarios. Afortunadamen­te, despues de Mao, el concepto de antagonismo se desligo de las imagenes del antagonismo. Ya no es una especie de pintura enarde­cida de un odio de clases sino un concepto formal: la heterogenei­dad cualitativa, la exclusion afirmativa, la imposibilidad de afirmarse en inclusion estructural: es el concepto de aquel con­junto que para postularse debe subvertir la ley de construccion de las partes del conjunto que lo “incluye”. Lenin piensa ‑y practi­ca‑ un antagonismo en situaciones explosivas, en ausencia absoluta de hegemonia enemiga, en situaciones mantenidas por la fuerza seca. Gramsci piensa ‑y practica‑ el antagonismo fuera de situa­ciones explosivas, donde la hegemonia enemiga, lejos de haber fracasaso, se fortalece. Tambien Gramsci posee el don del mal. El mal no es cuestion de modales: no se reduce a violencia fisica. Es malvado aquel que se afirma
  11. El riesgo de una situacion caracterizada por la hegemonia burguesa es la aniquilacion de cualquier capacidad politica hete­rogenea. Independientemente del lenguaje del mismo Gramsci, que sistematicamente cae en simetria para concebir la lucha de clases, se puede interpretar su esfuerzo teorico en clave de voluntad de conservar la capacidad heterogenea: un principio de no‑inclusion que haga fracasar la hegemonia de la estructura. Lo practicado, pero no explicitado por Gramsci, lo no‑dicho estructurante de su labor teorica parece ser este negarse a caer en estructuras de inclusion, afirmarse quebrando las reglas de la inclusion hegemo­nica. Y si una clase es hegemonica en la medida enque conserve el monopolio intelectual, entonces la tarea militante es una labor intelectual heterogenea: dotar de consistencia a la voluntad politica.
  12. Lo peculiar de nuestro gran calabozo es esta especie de terror por el bosque: lo peculiar de nuestro gran calabozo es su capaci­dad de inclusion, su virtud representativa, que no deja nada fuera, que todo lo encarcela. Salvo mi voluntad heterogenea ‑dice Gramsci en prision, ignorando los destinos de su obra en nuestro gran calabozo actual‑. En esta linea: calabozo=estructura de inclusion total. La estructrura que amenaza fagocitarse cualquier capacidad heterogenea es la idea burguesa de nacion. ¿Que opone Gramsci a tal inclusion? Ya no un principio formal de internacio­nalismo. No se trata de sustituir un principio de inclusion ideo­logico (“nacion”) por un principio de inclusion verdadero (“clase”) como se sustituye lo falso por lo verdadero cuando el predicador lleva la buena nueva. Se trata de enfrentar a una estructurta de inclusion su exceso especifico. El punto de partida del antagonismo es la estructura de inclusion: solo lo que es de un todo le puede hacer obstaculo. El principio de internacionalis­mo se transforma en una declaracion moral cuando pierde su virtud politica: cuando deja de ser el exceso de una estructura de inclu­sion. Conservar la voluntad politica no suele ser conservar los enunciados en que la voluntad se sostiene en determinada situa­cion, suele ser raro: conservar la consistencia antagonica libran­dose de los enunciados que pueden ser incluidos. Para Lenin, no existe marco de inclusion ideologica nacional. Bien puede hacerse cargo de la declaracion del Manifiesto: los proletarios no tienen patria. En la situacion en que “trabaja” Gramsci la inclusion nacional es la inclusion ‑empezando por la lengua nacional que establece la comunicabilidad entre los dialectos‑. El punto de partida del antagonismo es que la estructura de inclusion es nacional.

 II – PERIODISMO INTEGRAL, O TRANSFORMACIÓN DEL UNIVERSO HEGEMÓNICO.

  1. Notablemente, la construcción que Gramsci hace del periodismo integral es casi una definición exhaustiva de militancia activa. Se trata, más que de una doctrina completa del militante, de una exigencia y una tarea: una directiva teórica y política.
  2. El periodismo integral no dispone de un lector ya capturado de antemano para el combate antiburgués. El Iskra de Lenin era un órgano de discusión interna entre militantes, donde se polemizaba sore la orden del día. Pero Lenin interviene en una situación concreta de ausencia absoluta de hegemonía enemiga. Para Gramsci, en cambio, el mundo presenta otra imagen. En situación de hegemo­nía enemiga, el lector es ajeno y hay que salir a pescarlo. Luego, el punto de partida concreto son los hábitos culturales del lec­tor; mientras que el objetivo estratégico es subvertirlos (y no meramente cambiarle el contenido). ¿Qué lee? ¿Cuándo lee? ¿Cuánto lee? ¿Qué titulares lo impacta? ¿Qué formato le es maleable o tentador? Todo esto se transa en función de construir una cultura alternativa, es decir, heterogénea y de masas. Caso contrario estaríamos en una disolución populista o un vanguardismo elitista.
  3. El periodista integral activo no baja línea. De manera muy distin­ta a los hábitos mal heredados de un leninismo hecho doctrina, nunca el problema estratégico de Gramsci es difundir la consigna justa. El periodista integral, vector de la cultura alternativa, apunta a la subversión del sentido en los signos y del modo de razonamiento. Porque ni el código ni su lógica son neutros: son función de la clase hegemónica. La batalla cultural estaría perdi­da si se situara a nivel de los mensajes y no a nivel del código. Los textos de Stalin y las declaraciones de Gorbachov son la prueba empírica catastrófica que debería convencer a cualquier empecinado, incluso a nosotros. Una subversión del código y su lógica son las condiciones imprescindibles para una cultura alter­nativa.
  4. Gramsci investiga los mecanismos concretísimos de producción de la ideología burguesa para ahí trabajar en función del fracaso de tal hegemonía. El lugar de producción de una identidad será el lugar de crítica de la producción de una diferencia, de resignifi­cación de una identidad.
  5. El problema de la cultura alternativa es: ¿cómo inscribir el materialismo histórico en las masas? ¿Cómo hacer que la filosofía de la praxis, materialismo histórico, se haga sentido común? (Sentido común = folclore de la filosofía.) Resignificando el sentido común transformarlo en buen sentido subvirtiendo los hábitos culturales y los mecanismos de razonamiento pero jamás sustituyendo una identidad por otra, un término por otro, etc.
  6. Las opciones parecen ser dos:

a‑ foquismo: un nuevo código completo ‑ jerga.

b‑ populismo: disolución en el viejo código.

Luego,

c‑ ni otro absolutamente nuevo ni lo mismo absolutamente viejo, sino resignificación del código viejo.

 

 III. OTRA VUELTA DE TUERCA.

  1. La conexión entre Mao y Gramsci es, académicamente hablando, un disparate. Lo que equivale a decir que, hablando seriamente, es una conexión necesaria. Para la academia es mezclar al más bueno de los demócratas occidentales con el más malo de los déspotas orientales. Estas distinciones de modales no valen nada para un pensamiento militante. Gramsci y Mao son las primeras huellas de un post‑leninismo por venir.
  2. En su calabozo, Gramsci piensa, para no enloquecer, la verdad del marxismo existente en su coyuntura y aun hoy sin procesar: revolucion cultural. La piensa en términos sintomáticos. Pero hay desarrollos tales de tal verdad ,que otra vuelta de tuerca en nuestra lectura nos obliga a criticar las tesis de nuestro punto de partida. Habíamos partido de postular que Gramsci se interesaba en el problema de la cultura y los intelectuales porque no existía en tal; coyuntura ninguna otra chance táctico‑política de consti­tuir una fuerza revolucionaria. Se nos presentaba como una deci­sión astutísima, pero puramente táctica, impuesta a la voluntad política por las condiciones particulares en que se desenvolvía tal militancia.
  3. Y bien podía ser que Gramsci se pensara de esta manera. Pero esta diagonal resultó no ser la más activa. No existe apuesta táctica que no modifique o aclare la voluntad estratégica, una vez que el pensamiento se ha desligado de la creencia en los medios y los fines. Afirmar una decisión táctica no es borrarla en el resultado. En rigor, táctica y estrategia no son medios y fines. Haber decidido que el campo cultural es tácticamente decisivo conlleva también la decisión de haber hecho del campo cultural el lugar de la estrategia: dar consistencia a una hegemonía social nueva, punto verdadero de no retorno.
  4. En este sentido la crítica gramsciana del mecanicismo y el fatalismo es clave: no es una discusión de matiz táctico sino una línea de demarcación fundamental. “A propósito de la función histórica desarrollada por la concepción fatalista de la filosofía de la praxis, se podría hacer su elogio fúnebre reivindicando su utilidad para un período histórico, pero, justamente por ello sosteniendo la necesidad de sepultarla con todos los honores del caso”._ La voluntad política marxista es destrucción del universo de significaciones burgués, revolución cultural, trastorno decisi­vo de “toda la superestructura jurídico‑política e ideológica”. La revolución en el modo de producción es una apuesta táctica que rindió gigantescos servicios, y hoy es rigurosamente inútil. Ser gramsciano hoy, lo mismo que ser maoista es haberse enterado de la directiva política de la época: subversión de los parámetros burgueses que hoy estructuran la cultura.
  5. ¿Qué es una revolución cultural? La apertura de una nueva disposición de la experiencia humana. Una revolución cultural es la posibilidad de masas de inaugurar una nueva experiencia del mundo y del hombre. Esta es la gran política marxista: no llevar al poder a una doctrina sino abrir unnuevo horizonte a lo posible, tal la sabiduría de Marechal._ Esquemáticamente, con bestialidad canibalesca, una nueva experiencia es una nueva disposición de las preguntas kantianas. Se puede caracterizar una época o una cultura por el modo en que se situan respecto de las preguntas “qué debo hacer”, “qué puedo conocer”. “qué me es dable esperar”. El modo de situarlas puede variar tanto en las respuestas como, en el sentido más decisivo, en las preguntas. Desde esta definición se sigue: revolución = revolución cultural = apertura a una nueva experien­cia del ser = corte por advenimiento de nuevos principios que regulan la experiencia._
  6. Pero abrir tales nuevas dimensiones exige un lenguaje adecuado que las posibilite. El código, sus signos, las significaciones organizadas por ellos excluyen de antemano cualquier tentativa de abrir tales juegos. Es necesaria una lingÜística compatible con un sujeto. Nietzsche inventó la filología activa. Gramsci el perio­dismo integral. ¿Qué pensar? ¿A partir de qué? “Este contraste entre el pensar y el obrar, esto es, la coexistencia de dos con­cepciones del mundo, una afirmada en palabras y la otra manifes­tándose en el obrar mismo, no se debe siempre a la mala fe. La mala fe puede ser una explicación satisfactoria para algunos individuos singularmente considerados … pero no es satisfactoria cuando el contraste se verifica en la vida de las amplias masas; en tal caso dicho contraste sólo puede ser la expresión de contra­dicciones más profundas de orden histórico social. Significa ello que un grupo social tiene su propia concepción del mundo, aunque embrionaria, que se manifiesta en la acción”._ Aquí claramente la acción de masas excede la comprensión de las masas porque excede por completo el saber filosófico y científico de la época.

¿Qué pensar? La acción. ¿A partir de qué? De la acción: de su carácter de exceso respecto de lo pensable en tal situación.

  1. ¿Qué significa una acción que exceda el cuadro del saber? Que por ahí está circulando algo radicalmente nuevo, para lo cual no hay palabra en la cultura. Tal acción es la verdad de la hegemonía en la medida en que indica su fracaso. La hegemonía no fracasa por el hecho de que algunas conciencias se les escapan sino porque la acción creadora de las masas la excede, aunque la conciencia de los individuos que soportan tal acción esté capturada por la hegemonía.

Si falta la palabra, tal acción no puede inscribirse en la cultura ni producir sus efectos: no puede desplegarse como expe­riencia nueva. Es necesario el intelectual orgánico que la inter­prete, que la descifre, que suplemente el campo de lo enunciable para darle una consistencia de exceso. Recordemos que la interpre­tación mínima es la consigna.

Tal acción sin palabra indica una singularidad que habrá que nominar para luego inscribir como experiencia.

  1. Así construye Gramsci la filosofía de la praxis, suturada absolutamente a la politica ‑independiente de cualquier relacion estructural con la ciencia‑ segun el primer dictamen de Althusser . Esta construcción es equivalente a la segunda formula­ción del materialismo dialéctico por Althusser._ No se trata ni de una teoría del conocimiento ni de una síntesis de los resultados de la ciencia: la filosofía de la praxis piensa el discurso para una práctica que está siendo explotada ideológicamente por el código. La filosofia de la praxis enhebra las practicas ‑la “accion pura”‑ cuyo sentido desentona con el discurso en que se “sostiene”. La filosofia de la praxis intenta dar consistencia de discurso a aquello que se presenta como no‑ideologico. Y en la decision de Gramsci lo no‑ideologico en cuanto tal es el obrar. Y todo obrar es politico. La funcion del intelectual organico con­siste en dotar de discurso (subversivo) a las prácticas sin di­scurso (ideológico). La diferencia radica en que mientras Althus­ser (se) sostiene que la ciencia es lo no ideológico como tal, Gramsci sostiene que es la acción de masas la que excede la capa­cidad hegemónica del discurso ideológico. Pero tampoco es cuestion de entrar en un jueguito academico de diferencias Gramsci‑Althus­ser. Haciendola corta, para una lectura militante se trata de la misma relacion que la Gramsci con Lenin. En situaciones concretas distintas, la folisofia marxista apuesta siempre a dar consisten­cia heterogenea, critica, a lo no ideologico en cuanto tal. En situaciones concretas distintas la filosofia marxista apuesta a lo que presenta algun viso de posibilidad critica. Y se sostiene que tal practica es lo no‑ideologico en persona._

 

UNA VUELTA MAS DE TUERCA

  1. Lo que se va perfilando, si damos por buena esta interpretacion de Gramsci, es una ruina progresiva de la concepcion “ajedrezada” de la politica, entendida en terminos de tactica y estrategia ‑que en general remite a la relacion de medios y fines. Para seguir en esta lectura, habria dos caminos, o trastornar de base las nocio­nes de tactica y estrategia o abandonarlas definitivamente por estar inexorablemente contaminadas de metafisica.
  2. Por razones de tradicion, de buena tradicion, nuestra lectura decide conservar los terminos, intuyendo que es posible desligar­las de las connotaciones tradicionales ‑de la mala tradicion. La movida decisiva consistiria en romper la imagen de estrategia=objetivos a‑priori. En su lugar, llamar estrategia a una voluntad de afirmar lo que irrumpiere, indiscernible desde hoy. No disenar puntos de llegada sino apostar a la consistencia a‑posteriori de lo que se arranque del lugar en que el discurso dominante lo estaca. Si la accion es lo que desborda y resquebraja la hegemonia ‑y por ello apostamos a la accion‑, habra que llamar estrategia a la quiebra de la hegemonia ‑y no a su sustitucion por otra mas feliz‑. El trabajo intelectual no consistira mas en disenar mejores futuros. El intelectual no consentira mas al honor de ser considerado visionario filantropo.
  3. En Gramsci suele aparecer como “objetivo estrategico” no la conquista de una posicion sino la autonomia politica, la cual quisieramos leerla como quiebra de la hegemonia, como fracaso de la totalizacion estatal, como presentacion de un Otro. La tarea que prescribe, bajo hegemonia adversaria ‑y hoy parece que toda hegemonia es adversa‑ consiste en leer la accion de masas                                                                      que perturba la hegemonia. La filosofia de la praxis debera movi­lizar los recursos que tiene y los que no para dotar de una con­sistencia racional a posteriori a la accion de masas que ya esta operando. La cristalizacion doctrinaria del materialismo dialecti­co ‑que Gramsci llama concepcion fatalista o mecanicista de la filosofia de la praxis‑ pretende fijar a‑priori la racionalidad de las acciones por venir. Frente a este racionalismo dominante, Gramsci no opone un espontaneismo irracionalista. Toma otra posi­cion frente a la alternativa leninista entre espontaneidad de las masas y direccion conciente.(Donde la direccion conciente ‑segun la interpretacion oficial‑ detentaba de antemano la razon por venir). No opone racionalidad/irracionalidad sino razon a‑priori/razon a‑posteriori. No opone razon/accion espontanea sino que situa a la razon como lectura de la accion espontanea de masas.
  4. Asi planteado, el sentido de la politica no seria la obtencion de tal realidad sino la propagacion de lo heterogeneo ‑y el fan­tasma constitutivo de su politica no seria la sociedad equis sino la “autonomia politica”.

 

ILUSTRACION (“a”:demostracion)

“El hombre activo, de masa, obra practicamente, pero no tiene clara conciencia teorica de su obrar, que sin embargo es un cono­cimiento del mundo en cuanto lo transforma. Su conciencia teorica puede estar, hiastoricamente, incluso en contradiccion con su obrar. Casi se puede decir que tiene dos conciencias teoricas (o una conciencia contradictoria): una implicita en su obrar y que realmente lo une a todos sus colaboradores en la transformacion practica de la realidad; y otra superficialmente explicita o verbal, que ha heredado del pasado y acogido sin critica. Sin embargo esta conciencia “verbal” no carece de consecuencias: unifica a un grupo social determinado, influye sobre la conducta moral, sobre la direccion de la voluntad, que puede llegar hasta un punto en que la contradictoriedad no permita accion alguna, ninguna decision y produzca un estado de pasividad moral; y poli­tica. La comprension critica de si mismo se logra a traves de una lucha de “hegemonias” politicas, de direcciones contrastantes, primero en el campo de la etica, luego en el de la politica, para finalmente arribar a una elaboracion superior de la propia concep­cion de la realidad”.

IL – 25-04-92

Vivir la belleza de forma colectiva

“¿Quién es una persona hermosa? ¿Qué es lo que merece la pena y merece ser amado? ¿Cuál es la identidad y la personalidad que debe de ser amada más? ¿Quién está en posesión de actitudes que llevan a amar? Tenemos que ser capaces de buscar, revelar y desarrollar la belleza y lo que es más querible. Tu razón de quedarte entre estas filas es la habilidad de ser una fuente de amor y de belleza”. (Abdullah Öcalan)

Antes de que la estética fuese confinada a la esfera de la filosofía y del arte, antes de ser concebida como un cuerpo femenino que apela a los deseos de los hombres, todo ese valor añadido, belleza y significado de la vida, era percibido como sagrado y hermoso. Abdullah Öcalan señala esto de forma muy contundente: “No reconozco la belleza fuera de una sociedad ética y política. ¡La belleza es ética y política!”. Especialmente con el surgimiento y alzamiento del poder y del Estado, la belleza y la bondad solo fueron capaces de ser protegidas mediante la lucha. El dicho de Zaratustra “Piensa, habla y actúa bien”, trazó unos principios, un camino en el cual muchos como Mani, Buda, Confuncio y Sócrates desarrollaron pensamientos para defender los valores sociales.

En las culturas del mundo surgieron héroes, profetas, tótems, deidades, religiones, creencias, que mostraron a la gente el camino a la belleza, la bondad y el bien. En el periodo más largo de la historia humana, debido a la personificación en la mujer de todo lo sagrado de la vida y de la representación de la mujer en la sociedad de esta cultura comunal, ella era vista como fuente de belleza.

En la antigüedad, en periodos en los que las condiciones de vida humana eran limitadas, aquello que reforzaba las condiciones para la reproducción, nutrición, y protección era venerado y considerado hermoso. Entre los artefactos arqueológicos más impresionantes de las épocas del Paleolítico y Mesolítico, están las muy debatidas figuras femeninas, que son referidas habitualmente como las Venus, y que encarnan este fenómeno. Considerando que a pesar de los escasos medios de sustento bajo una vida no sedentaria, donde las condiciones para la corpulencia eran casi imposibles, la veneración a la fertilidad y las Venus -que jugaban un papel notable en la vida-, se convirtieron en símbolos para valores sociales tales como la belleza y lo sagrado. Estas figuras representan mujeres de grandes vientres y pechos prominentes colgando hasta sus anchas caderas, que están a menudo en proceso de dar a luz.

En la geografía de Oriente Medio se pueden encontrar figuras femeninas de mayor tamaño y significado sugerente, de principios de la Era Neolítica, cuyos inicios se estiman hacia el 6.500 AC (Antes de Cristo). Entre las más antiguas de ellas, están las casas de Çatalhöyük, con relieves de representaciones de mujeres, tan antiguas como de entre el periodo de 6.500 hasta el 5.600 AC. En estos relieves están en general embarazadas y tienen pechos grandes. Öcalan hace referencia a la fuente de las figuras femeninas de Çatalhöyük cuando escribe que: “La revolución Neolítica (…) se desarrolló en la cuna de los ríos Éufrates, Tigris y Zab. Comienza allí y llega hasta Çatalhöyük. La mujer es la primera en desarrollar la agricultura y la cría de animales. Es representada como protegiéndose junto a dos leopardos. En excavaciones en estos lugares han surgido muchas figuras femeninas, porque el poder de la mujer era hegemónico”. La famosa Potnia Theron (señora de las bestias), entre lo que parece ser dos panteras, es tanto una madre como una jueza de la naturaleza. De acuerdo a una arqueóloga, Potnia debía haber sido la madre de otras diosas que habrían constituido una fuente de esperanza para campesinos y pastores desde el inicio del Neolítico hasta el alzamiento de las religiones monoteístas de dominación masculina.

En periodos posteriores, la belleza, la fertilidad, la bondad y el bien encontraron sentido para las comunidades matricéntricas agricultoras en los cultos a la diosa. Inanna para los Sumerios, Ishtar para los Akkadios, Astarte para los Cananeos, Kubaba y después Cibeles para los Hurritas y los Hititas, el-Uzza para la península Arábiga, Demeter para las culturas latinas, y Afrodita para los griegos, representaban símbolos, rituales y prácticas comunes. Todas ellas son diosas de la fertilidad, del amor y de la belleza. Öcalan reivindica que la tradición de Inanna-Afrodita representa una feminidad que todavía no ha perdido su belleza, su encanto sexual y su fuerza física. Lo que es entonces representado en las diosas es la tradición agricultora de la sociedad, su forma de vida ético-política. Todavía es posible encontrar rastros de las culturas de la diosa en los restos de las sociedades ético-políticas, y reconocer las inmensas luchas generadas en lugares en los que esta cultura es fuerte. Aunque no hay rastro de ellos al principio apareciendo junto a las diosas, los dioses emergieron primero como sus pequeños hijos y después como sus maridos. Dumuzi junto a Inanna, Tammuz al lado de Ishtar, Baal con Astarte, Attis junto a Cibeles, Osiris con Isis, y Adonis junto a Afrodita. El ritual sagrado del matrimonio, que es una unión de la diosa con su pareja elegida, celebrado a comienzos de la primavera, ocurría en términos de la diosa. Las elegías relatan la belleza y fertilidad de este proceso. En otoño, Dumuzi, Tammuz, Bal, Attis, Osiris y Adones mueren, representando la vuelta de la naturaleza a la tierra, solo para reunirse con la diosa de nuevo en el comienzo de la primavera. Estas historias mitológicas todavía prevalecen en nuestros epopeyas tales como Leyla y Majnoun, Mem y Zîn, Kerem y Aslı, Tahir y Zühre, Yusuf y Zulaikha, Arzu y Qamber, Siyabend y Xecê, historias que todavía hoy son contadas. La belleza de las mujeres en las elegías en las historias épicas de amor representan, de hecho, a las diosas como la fuente de la vida y de la belleza, a la vez que expresan un anhelo por la Era. Por esta razón, en estas históricas trágicas, el amor siempre es atacado por fuerzas malévolas: los amantes nunca consiguen reunirse en este mundo maligno, pero su amor se mantiene como la fuente de la verdadera belleza. Por eso Farhad y Shirin se dicen una al otro: “He encontrado la perfección solo en ti / De ahora en adelante no puedo esperar crear perfección / Mi primera derrota es mi derrota suprema / El trabajo de Farhad se ha completado / Shirin se opone a las palabras de Farhad. /Dice: Ya estamos embarcadas en la creación / Todas las bellezas serán preguntadas a nosotros / Embarcamos en ello lo bueno y correcto / Nuestro pensamiento buscará siempre la eternidad / Borra todo lo que creaste si así lo deseas / Si quieres, crea todo de nuevo / Si así lo deseas, cuenta una pasión que no se disminuirá a sí misma / Camina hacia los tiempos esperándonos / Quiero que superes mi belleza / No quiero quedarme sola en la naturaleza / Debo entenderme a mí misma con aquello que tu creaste / Dame mayores bellezas…”. (Traducción no oficial).

La superstición del salario

Por Ezequiel Gatto

El entrevistador se asoma al vértigo de algo que se disemina en esta crónica de la charla con el filósofo Franco Berardi, Bifo, quien habló del futuro sombrío sin abandonar el goce político.

I

Es uno de esos atardeceres que justifican vivir en esta ciudad. Franco Berardi, Claudia –su compañera– y yo, caminamos por calle Catamarca mientras conversamos. Bifo dice que éste era un buen momento para venir porque en unos años le será más difícil. Tiene 69 años. Calcula su propia muerte para decidir los movimientos que hace. Le digo que me alegra que haya decidido conocer Rosario. Cuando llegamos a la puerta del sindicato le explico rápidamente lo que sé de la vida actual y reciente de Empleados de Comercio. Entramos a la sala donde junto a Adriano Peirone conversaremos públicamente con Bifo invitados por la Facultad Libre. Noto que ríe, parece alegre de estar acá. Saluda, lo saludan. Mientras proceso mis nervios como puedo, le cuento a esta pareja de italianos que, como ellos, viví en Bologna. “Un año como repositor de jugos en el Ipercoop de Porta Lame”, les tiro, sabiendo que es casi imposible que ese elemento tan banalmente cotidiano no les cause gracia. Explotan. Yo me río con ellos.

Asomo la cabeza por entre el telón para ver si hay gente. Está repleto. Veo amigxs, conocidxs, rostros familiares a los que no les puedo poner nombre y desconocidos. Pibxs de veinti, personas de sesenti y, nosotrxs, los casi cuarenti. Las butacas no alcanzaron así que hay gente sentada en los pasillos del teatro. Circulan mates, se alistan cuadernos y anotadores, las pantallas de algunos teléfonos blanquean las caras de sus usuarios, otros rostros están concentrados en los libros que trajeron de sus casas o acabaron de comprar. Cae sobre todxs ellxs una luz entre amarilla y naranja que me transmite tranquilidad. La luz y el sonido son factores decisivos para nuestra sensibilidad. Vuelvo a pensar en el actual cambio de la luminaria urbana de la ciudad, una mezcla de apelaciones al costo y a la seguridad está haciendo volver a la luz blanca, incandescente, omnipresente. La luz naranja relaja, la blanca estimula. ¿Más estimulación necesitamos?

Vuelvo al teatro, a la gente que fue. Me pregunto cómo habrán llegado a leer a Bifo ¿En algún colectivo u espacio político? ¿En internet? ¿En la facultad? ¿Por amigos, docentes, compañeros, libreros, editores? La producción y circulación de libros tiene muchas modalidades (impresa, digital, privativa, colaborativa, feriante): ¿por cuál de ellas habrán llegado a títulos como Generación Post Alfa (2007), Félix (2013), La sublevación (2014), El trabajo del alma (2016), Fenomenología del fin (2017)? ¿Qué inquietudes, problemas y apuestas los retuvieron en esos textos? ¿Qué leyeron de Bifo que les hizo decir “esto está buenísimo, esto me sirve”? ¿Con qué no están de acuerdo?

¿Y qué hay de la efectividad? ¿En qué química social local hay un componente bifiano activo? ¿Qué clase de traducciones han tenido lugar? Me hago estas preguntas sin demasiado ánimo de responderlas: más aún, sin deseo de responderlas. No me interesa contestarlas sino disfrutar del vértigo de algo que se disemina, se diversifica y multiplica. Es casi un goce contemplativo, un goce político contemplativo.

II

Mientras repaso las preguntas que armé, escucho aplausos. Bifo y Adriano ya están sentados en la mesa, listos para arrancar la conversación. Luego de los agradecimientos y las presentaciones, le pedimos a Bifo que empiece hablando de Futurability, su último libro todavía no publicado en español. Toma el micrófono, sabiendo que lo primero es ir al punto donde late la objeción. Abre la boca y espanta un fantasma, que no es el del comunismo:

“Algunos amigos me dicen ‘Tienes que ver un médico, las cosas que escribes son demasiado pesimistas. Tienes que estar deprimido’. La verdad es que no lo estoy. Me parece que soy un materialista, y como materialista mi tendencia, mi deseo y mi actividad no es prever el futuro. Los materialistas no son profetas. Es analizar el presente. Y cuando analizo el presente, las cosas se han vuelto muy sombrías. Y en el presente podemos, no digo leer el futuro sino individuar tendencias, fuerzas, formas imaginarias que contienen mucho de lo que no puede no desarrollarse en el tiempo que viene. Y en esta actividad me di cuenta del hecho que la década que viene está marcada: el nazismo vuelve en larga parte del mundo. No quiero ser demasiado asertivo, pero veo desde las Filipinas a Estados Unidos, a la Italia a la Hungría, a la Rusia, a la Argentina de Macri. Es una tendencia clara hacia la violencia y el regreso de la esclavitud y la guerra. Me  parece inscripto en el presente. Y como los amigos me dicen ‘Estás deprimido, querido, tiene que ver un médico’, he decidido escribir un libro donde no hablo de este futuro sombrío”.

Hubo un tiempo, hace diez años atrás, en que lo leíamos y nos parecía que estaba yendo hacia una versión posobrerista del Apocalipsis. Ahora, un colapso financiero global, una masa social que pide venganza (y ya no reparación), un cambio de gobierno y un terremoto regional que amontonó muchas cosas a la derecha después, sus indicaciones se volvieron datos de lo cotidiano. En ese escenario, creo que no sólo sus amigos lo han interpelado por lo sombrío: intuyo que él mismo decidió empezar a buscar los puntos de potencia que nos saquen de esto. Lo escucho y me acuerdo de Heráclito. Debe ser por lo de “Oscuro”, pero también por lo de pensar el cambio y ser uno mismo capaz de cambiar. Y de cambiar el modo de pensar los cambios. Futurability es la búsqueda de la posibilidad. Una pequeña revolución copernicana que pone el eje donde antes estaba el margen: “En Futurability intento analizar el presente e implícitamente definir la tendencia hacia la cual estamos andando, pero al mismo tiempo intento decir que la posibilidad no está cancelada. Si el poder es la imposición de una forma sobre las muchas posibilidades y la potencia es la energía que hace posible el desarrollo de una posibilidad, la posibilidad es un campo que tiene el carácter de ser no infinito pero múltiple, hay muchas posibilidades en cada instante”.

Ezequiel Gato, Adriano Peirone, Franco “Bifo” Berardi

III

Está lloviendo mierda, un cáncer de locura, odio y tristeza se esparce por los cuerpos y experiencias, y a veces a uno le queda la sensación que preguntar es un lujo o un bien superfluo. Me digo que no, que es también por no preguntar que se arman las catástrofes. Le preguntamos, lxs que estábamos sentados a su lado y en las butacas y el piso, por la memoria y la transmisión generacional, por la imaginación y la política, por el vínculo entre trabajo y salario, por los memes como comunicación política, por el feminismo y las alternativas, por los riesgos del desempleo en Argentina. De mi parte, hay una pregunta que hace tiempo que me gustaría hacerle a Bifo. Sobre las alternativas a la economía de las finanzas, el endeudamiento, los salarios a la baja y la expansión de cierta desalarización (que llaman emprendedurismo pero es un monotributismo precario) que no tiene nada de liberador. Sé que se la voy a hacer cuando lo escucho decir:

 ¿Qué hay de posible hoy que no podemos ver debido a la Gestalt dominante? Un desarrollo del conocimiento y la tecnología según los intereses de la mayoría de la sociedad. ¿Es una desgracia si, por la inteligencia artificial, desaparece el 50% de los empleos? No, no lo es. Es una posibilidad extremadamente rica”. Y: “Autonomía significa tener la capacidad de desarrollar la posibilidad por fuera del dominio del capital. Esto, que es muy bueno a nivel teórico, siempre choca con la respuesta que viene del capital. Por eso no se puede olvidar un elemento antagónico, pero el acento tiene que estar puesto sobre la autonomía”. Y: “¿Qué expectativas tenemos? ¿Qué estamos esperando? Aquí entra el problema de la imaginación. ¿Puedo esperar volar? No. ¿Puedo imaginar vivir en condiciones que no sean de esclavitud? Actualmente, no. Pero es posible. Es posible pero no lo vemos, es posible pero no la imaginamos”.

Entonces, le cito algo que escribió en El trabajo del alma (2016) y le pregunto sobre las experiencias y deseos poscapitalistas: “¿Detectas alternativas en ciertas formas y prácticas económicas actuales? Y ¿cómo pensás la salida del salariado, y de la deuda, que impiden el desarrollo de otras posibilidades?” Garabatea algo en su cuaderno, se toma un instante para hacer la logística de sus ideas y dice:

“Antes que nada, hay que dar una definición de riqueza. No hemos entendido bien qué significa riqueza. En el tiempo capitalista y al interior del patriarcado es esencialmente un concepto acumulativo. La acumulación como pulsión patriarcal de objetivación. Pero riqueza es la posibilidad de gozar. Parece escandaloso pero es sencillo. Además, hemos aceptado la superstición del salario, la idea de que si no trabajas no puedes sobrevivir. Es una creencia que se superpone a la realidad y transforma las posibilidades en una Gestalt. El salario es una fuerza, una imposición. Hoy ya no es necesario. La potencia de la tecnología nos ofrece la posibilidad de emanciparnos del trabajo. Yo no estoy proponiendo la pereza generalizada, lo que estoy proponiendo es una liberación de la actividad humana de la forma salarial.”

Pienso que Bifo retoma al Marx y el Engels de la Ideología Alemana cuando dan aquella célebre definición del comunismo –compuesta por dos tercios campesinos, un tercio literario y, llamativamente, cero elemento industrial: “apacentar el ganado, pescar, hacer crítica literaria”– como un tipo de organización del trabajo y la sociedad que no fuerza a quedar fijado en una posición para garantizarse la subsistencia, dando “a cada uno según sus necesidades y recibiendo de cada uno según sus posibilidades”, permitiendo el desarrollo de diferentes capacidades. Un comunismo genérico. Bifo se apuntala ahí, pero deja de lado la hipótesis esencialista de Marx, que suponía que así habíamos sido en un comienzo (el comunismo primitivo) y que la división del trabajo nos había convertido en esclavos de las separaciones humanamente producidas, que el comunismo vendría a re-unir y superar.

Sometiendo la cuestión del trabajo a la riqueza de disponer del propio tiempo, Bifo radicaliza esta versión de la actividad venciendo al trabajo y, así, toma posición frente a la otra gran perspectiva que ha definido la cultura obrera: la que reivindica al trabajo no sólo como productor de valores sino como principio identitario y modo de producir mundo. Rechazo o apropiación. Esa tensión entre la riqueza del tiempo y la cuestión del trabajo como modo de adscripción, es un aspecto que deja (o vuelve) a dejar planteado un dilema que, incluso con las grandes diferencias entre las condiciones europeas y las argentinas, no cesa de ser una tensión política fundamental.  Creo que esa discusión, ramificada de múltiples maneras y expresada en innumerables tópicos (empleo y desocupación, derechos sociales, inteligencia artificial, trabajo y feminismo, la producción no remunerada de información, renta universal, 1% vs. 99%, salario ciudadano, etc.) la seguiremos teniendo durante un buen tiempo. Me quedo pensando en que necesitamos una investigación amplia y articulada sobre las prácticas concretas que hoy construyen mundos poscapitalistas, para multiplicarlas, pensarlas, visibilizarlas; para tirar del hilo de las posibilidades, para devenir tendencia.

IV

Encontrarse con alguien que uno ha leído no siempre garantiza un buen encuentro. A veces es mejor no conocer a los autores. Los nervios, no tener nada para decirse fuera de los textos, la hosquedad y la timidez, entre tantas otras posibilidades, pueden aparecer y teñir de un gris real a la fantasía multicolor. Viceversa, llegar con expectativas muy bajas puede resolverse en una alegre sorpresa. Esta vez las expectativas eran altas y lo que sucedió nos dejó a muchxs entusiasmadxs,  pensando que un diagnóstico, aunque oscuro, si bueno, es luminoso; que algunas provocaciones son como umbrales para abrir el juego.

Durante toda la charla, presté atención a la gesticulación de Bifo. Piensa con las manos, me dije en un momento. Las usa como un actor dramático, de una obra de Shakespeare o de Fritz Lang, o como he visto en fotos que gesticulaba Foucault. Palmas hacia arriba, dedos flexionados. Forman un conjunto tenso que aferra una idea. Que no se ve, pero está ahí, entre las manos. Las ideas, pienso cuando miro a Bifo hablar, son eso que, muchas veces, hace hacer a las manos.

Fuente: http://revistarea.com/la-actividad-contra-el-trabajo/

Notas al margen sobre las Memorias de Daniel Bensaïd

Por Gilbert Achcar

Ningún intelectual ha encarnado mejor y tanto tiempo el espíritu (revolucionario) de Mayo de 1968 como Daniel Bensaïd.

Es conocida la categoría gramsciana de intelectuales orgánicos, ya sean los que produce la clase dominante con el fin de asentar su hegemonía ideológico-cultural como los que emergen en el combate contra-hegemónico llevado a cabo por las capas subversivas del orden social establecido. ¿Pero cómo calificar a Daniel, intelectual sesentayochista por excelencia, representante de un espíritu revolucionario que se apoderó del movimiento de masas en el tiempo de algunas mañanas, antes de contraerse como cuero viejo con el paso de los años hasta el punto de que en su décimo aniversario no era ya más que un recuerdo lejano en la conciencia colectiva de la gran mayoría de sus actores?

“En 1978 ya había pasado el coche-escoba de la Unión (y de la desunión) de la izquierda […] Duelo por las grandes esperanzas y entierro sin mucha pompa del cambio anunciado.» (p. 93.) Con el paso de una década a otra –1978, 1988, 1998, 2008– el Mayo de los revolucionarios de 1968 se ha visto cada vez más ahogado por la recuperación de la ideología dominante, hasta el punto de tener que resignarse a «admitir que no hay un único “espíritu de Mayo”, sino espíritus en plural, su Mayo y el nuestro, que se opone tanto a su confiscación liberal aí como a su denigración regresiva”. (p. 105.)

Las primeras páginas de las Memorias de Daniel Bensaïd expresan muy bien su indignada protesta frente al ejército de renegados y embaucadores del espíritu original del Mayo francés.

¿Cómo designar por tanto a un intelectual que representa la continuidad minoritaria de un momento fugaz de radicalización, mucho más efímero, superficial e infinitamente menos trágico que la Comuna de París, que produjo sus comunerosconvertidos con los años en antiguos, como el abuelo materno de Daniel, comunero a los catorce años? Dejando asomar un punto de orgullo, el impaciente destaca su vinculación con la tradición revolucionaria francesa por parte de esta línea materna, tanto por la experiencia real del abuelo como por el imaginario de los ascendientes de este último (“me gusta pensar que pudieron participar en aquellos primeros círculos subversivos que Marx y Engels frecuentaron en 1844, durante su estancia parisina”, p. 33).

Propondría llamarlo intelectual simbólico, remitiéndome a uno de los sentidos que los diccionarios dan al término símbolo, sentido tomado, al parecer, de una definición de Alfred de Vigny en 1830: “persona que encarna, personifica de manera ejemplar”. Daniel Bensaïd sin duda ha encarnado, personificado de manera ejemplar el Mayo 1968 francés. Ya por este mismo hecho, se situaba en la continuidad de la larga serie de irrupciones revolucionarias –1789, 1792, 1830, 1848, 1871– que marcó el tiempo largo de la Revolución francesa, como identificó François Furet a la vista de los sobresaltos del ciclo revolucionario inaugurado a finales del siglo 18.

Los actores más jóvenes de la gran revolución fallida de 1968 constituían de forma manifiesta la herencia de estos sobresaltos, mientras la masa de participantes de más edad, encuadrada por los verdaderos intelectuales orgánicos de la clase obrera francesa del momento, creía encontrarse ante un remake de la huelga general de 1936 (en la cual la conmemoración de la Comuna de París constituyó un momento álgido, dicho sea de paso), un remake en que los Acuerdos de Grenelle debían preceder a la victoria electoral de un nuevo Frente Popular en vez de sucederla, como ocurrió con los Acuerdos de Matignon en 1936. Lo cierto es que el resurgimiento de gorros frigios en las grandes mareas humanas de 1968 testimoniaba esta continuidad de la tradición revolucionaria francesa. Más allá del simple espíritu de Mayo, Daniel Bensaïd encarnaba el conjunto de esta herencia, en su punto más alto –hasta el punto de que tomó parte en la batalla del bicentenario en 1989 personificando literalmente a la Revolución, con un libro redactado en primera persona, Yo, la Revolución: Remembranzas de una bicentenaria indigna (haciendo un guiño a La Vieja Dama indigna de René Allio).

En mayo de 1968, sin embargo, Daniel se reconocía sobre todo en la figura de Ernesto CheGuevara, a media distancia de las figuras de Mao y de Trotsky que constituían con la del Che la tríada legendaria de la radicalización estudiantil – sin olvidar la tendencia libertaria que se encarnó más bien en la figura de proa de esta radicalización representada por otro Daniel, sobre el que hicieron hincapié el poder y los medios de comunicación. Resulta que los dos Daniel, Bensaïd y Cohn-Bendit, fueron los principales animadores del Movimiento del 22 de Marzo, que partiendo de Nanterre iba a encender el fuego en el llano universitario. El Judío alemán de 1968 se ha impuesto históricamente como el intelectual orgánico por excelencia de la generación real de estudiantes sesentayochistas, pasados en su gran mayoría de una erupción revolucionaria, que resultó pubertaria, al estado de bobos, cuyo horizonte insuperable se ha vuelto la mejora de las condiciones ecológicas –una generación pasada, en suma, del rojo y negro al verde pálido, cruzado con rosa claro. Por su parte, el hijo de judío argelino, de nombre árabe, el episodio glorioso de 1968 expresaba sobre todo la persistencia del espíritu revolucionario, a contra-corriente de la evolución de la masa realmente existente de sus actores; de ahí su calificación de intelectual simbólico.

Todo revolucionario que piense que su deber es hacer la revolución, según la famosa fórmula del Che, es forzosamente voluntarista, la propia expresión lo es de manera suprema, al igual que lo es, si no más, la fórmula leninista del revolucionario profesional. Daniel estuvo eminentemente impregnado de este “voluntarismo político, galvanizado por la iluminación todavía activa del acontecimiento” (p. 117). Sus años más voluntaristas cubren básicamente la primera década que va de 1968 –del Mayo francés de aspecto festivo, ocurrido justo tras la ofensiva vietnamita que inauguró este annus horribilis para el sistema capitalista mundial– al final amargo de las ilusiones, con el telón de fondo del aborto del proceso revolucionario en Portugal y, en Indochina, el paso de la imagen de un Vietnam heroico a la de una Camboya de pesadilla, que el primero no tardó en invadir. El reflujo de la gran ola de 1968 se caracterizó por la reconversión de un puñado de intelectuales sesentayochistas en profesionales del marketing de un pensamiento nulo, en palabras de Deleuze.

Los “vuelos líricos” de los futuros “nuevos filósofos” en el inmediato post-1968 fueron sin embargo mucho más “delirantes” (p. 93) que la exageración voluntarista del alcance del acontecimiento que traducía la obra redactada en caliente en 1968 por Daniel Bensaïd y Henri Weber, Mayo 68: un ensayo general, una obra cuyo título constituye por sí mismo todo un programa. De estos años de hiper-voluntarismo, Daniel habla en dos capítulos de sus Memorias, con títulos evocadores: “La historia nos mordisqueaba la nuca” –se puede apreciar la desencantada atenuación de la expresión original lanzada por Daniel, cuando la historia mordíacon buenos dientes, expresión que constituyó la “máxima de nuestra impaciencia revolucionaria” (p. 126); “El tiempo del leninismo apresurado”, cuyas raíces se sumergen en la elaboración teórica de un “(ultra) leninismo, obnubilado por el momento paroxístico de la toma del poder” (p. 127), inspirado por el Lenin de Lukacs muy articulado en torno a la actualidad de la revolución.

El gusto a plomo que dejaron estos años locos –sobre todo en la experiencia edificante que fueron las incursiones de Daniel en América Latina, en particular en Argentina, al ritmo de la ola guevarista que acabó por reproducir el fracaso boliviano del Che, sin lograr extraer las lecciones adecuadas– se vislumbra en este comentario sorprendente, casi enigmático, que cierra el capítulo titulado “La violencia domesticada”. Daniel, revolucionario impenitente, decididamente alérgico a todo legalismo, se resigna mal al abandono de la violencia revolucionaria programada: quiere más bien

“esforzarse por disciplinarla y domesticarla, lo que supone desarrollar una nueva cultura jurídica y una cultura de la propia violencia. […] Algunos códigos militares y algunas artes marciales han esbozado pasos en esta dirección” (p.232).

Durante la segunda década post-sesentayochista, Daniel partirá bajo otros cielos en busca del Graal revolucionario– sobre todo Brasil, y también México. Nuevas decepciones, con un PT brasileño que confirmó su acelerado aprendizaje de la trayectoria histórica de la social-democracia europea, pasando en pocos años del socialismo radical al reformismo electoralista, esperando insertarse en la mutación social-liberal de la era de la mundialización. Y con un dirigente campesino trotskysta mexicano que parece inspirado en la filmografía de Elia Kazan, pasando del ¡Viva Zapata! a La ley del silencio, o dicho de otra manera de dirigente campesino revolucionario a dirigente social corrupto (para completar el escenario, fue asesinado ametrallado junto a otras catorce personas en 2007). La corrupción gangrenó al México que, con la LCR francesa, fue la joya de la Cuarta Internacional, ese “bonsai de Komintern” (p.361). (La joya brasileña, organizada en forma de tendencia en el seno del PT, que le sucedió como la portadora de las esperanzas de la Internacional en América Latina, degeneró a su vez una quincena de años más tarde).

Una gran melancolía caracterizó el vigésimo aniversario de Mayo 1968, con un embalsamamiento mediático de primera clase del recuerdo de la gran rebelión, y una fiesta de la LCR con una desesperante escasa asistencia. Como por desafío, rechazo a claudicar, Daniel y Alain Krivine firmaban un Mayo sí!, con el subtítulo de Rebeldes y arrepentidos. Desafío renovado por Daniel en esas otras exequias que fueron las ceremonias del bicentenario de la Revolución francesa, que ya se ha citado antes. Pero el desafío simbólico al espíritu de los tiempos no basta para conjurarlo. El hundimiento de la URSS fue vivido por Daniel como una derrota histórica, aún estando por encima de cualquier sospecha de simpatía por el estalinismo. Lo que tenía para él un gusto a derrota era más bien el final de una época marcada por la creencia en la actualidad de la revolución en sintonía con el Octubre 1917 ruso, cuyo espíritu, se quería creer, seguía incubando como cenizas bajo el estiércol estaliniano.

“Había llegado la hora del cierre de los posibles”, escribe Daniel citando a Deleuze (p. 370), cierre aún más desmoralizador porque la uniporalidad imperial hacia la que se inclinaba el mundo tenía acentos triunfalistas, aunque hacía agua por todas partes. Este gran giro histórico es objeto de un capítulo que Daniel tituló “Vientos de torbellino”, en contra de la glorificación de los “Vientos del Este” por una minoría de la LCR y de la Internacional, dirigida por Gérard Filoche, que no tardaría en abandonar la Liga, de la que había sido uno de sus muy primeros fundadores, para unirse a la izquierda del Partido socialista. Nada expresó mejor esta divergencias de juicios sobre la caída del Muro que el intercambio de exclamaciones entre los dos protagonistas de este debate: “¡Champagne!” exclamó Filoche, en un congreso internacional reunido en 1991; “¡Champagne y Alka-Seltzer!” replicó Bensaïd, que cita esta expresión sin mencionar el intercambio en que surgió inicialmente (p.370).

Aquél fue el momento melancólico de Daniel, durante el cual redactó en tres años, “llevado por [un] impulso grafomaníaco”, lo que califica de “trilogía sobre la historia y la memoria” (p. 380): la obra sobre la Revolución, seguida de otra sobre Walter Benjamin y por fin la obra sobre Juana de Arco. Las obras de la trilogía de 1989-1991, admite Daniel, “parecen alejadas de Marx”. Se trataba, afirma, “de un recorrido paralelo, para volver mejor a la cuestión del comunismo, por el enmarañado camino de las herejías, por el desvío de la racionalidad mesiánica, por el sendero escarpado de una lógica del acontecimiento” (p. 412.) Ese momento melancólico no tardó en transformarse en apuesta melancólica, según el título de la obra que Daniel publicó en 1997 y en la que el desafío volvía a la carga. “La apuesta se vuelve melancólica cuando lo necesario y lo posible divergen” (p. 454.) Pero entonces la apuesta no es otra que la manifestación renovada, una vez más, del optimismo voluntarista que se burla del pesimismo intelectualista.

Entre tanto, Daniel había fundado en 1992 una Sociedad para resistir al espíritu de los tiempos –tema que presidirá su reflexión y sus actividades desde entonces: en 1998 publicó un breve Elogio de la resistencia al espíritu de los tiempos, en 2001 Los Irreductibles. Teoremas de la resistencia al espíritu de los tiempos, y el mismo año Resistencias. Ensayo de topología general, a la vez que lanzaba, todavía en 2001, la revista ContreTemps [Contra-Tiempo]. Esta misma noción inspira los títulos del opus magnum de Daniel, publicado en 1995 en dos volúmenes complementarios, Marx el intempestivo y La Discordancia de los tiempos – una obra que se sitúa en contra de toda visión lineal de la temporalidad y de cualquier determinismo positivista, en nombre de la pluralidad de los posibles y del papel de los imponderables. El opus magnum de 1995 es la culminación de una larga acumulación teórica en la que trabajo universitario, trabajo de formación teórica (sobre todo en la escuela internacional militante de Amsterdam) y debates internos se conjugan para producir una suma que constituye innegablemente un marxismo original y de los más ricos, según esta visión pluralista del marxismo expresada en el nombre de una colección editorial que Daniel contribuyó a lanzar: “Mil marxismos”.

El mismo año en que apareció este trabajo considerable reapareció con ímpetu el viejo topo de la lucha de clases en la superficie de esta Francia que creía haberlo enterrado definitivamente después de 1968. El otoño caliente de 1995 fue el pico más elevado de las lucha sociales hexagonales desde el Mayo francés. Precedidas por la rebelión zapatista en 1994, las huelgas de 1995 anunciaban un nuevo ciclo de luchas que la manifestación de Seattle en 1999 daría un fuerte impulso en vísperas del nuevo siglo. “El comienzo de los años ochenta fue crepuscular, es cierto. Pero las señales de la renovación aparecieron antes de lo que se imaginaba, dibujando poco a poco la forma fluctuante de un movimiento por llegar, que no tiene nombre” (p. 461).

Estos “años de renacimiento”, escribe Daniel, fueron aquellos en que “tuteó directamente a la muerte” (p. 448). Cuando estalló el otoño caliente en Francia, era considerado un cadáver andante, el año siguiente se encontró verdaderamente in articulo mortis, antes de que las triterapias vinieran a darle un nuevo plazo que no habría podido imaginar que iba a renovarse durante quince años. En esta doble recuperación imprevista e inesperada, histórica y personal, Daniel sacó una inmensa energía de resistencia, a la vez que extraía de la experiencia concreta de la mortalidad –natural e inevitablemente– una filosofía de la existencia personal definida por el carpe diem del verdadero epicurismo (y no de su caricatura vulgar). Físicamente disminuido, volcó su energía en la escritura: “A falta de poder actuar y viajar a mi manera, escribir se ha convertido en la expresión privilegiada de esta condición espectral” (p. 449); – condición de un espectro que no por ello sonríe menos (cf. La Sonrisa del espectro, aparecido en 2000).

En los quince años de vida que obtuvo de propina, para mayor felicidad de Sophie, su compañera, de sus amigos y de sus camaradas, un Daniel tanto más entrañable porque la enfermedad le había liberado “de las vanidades cotidianas, de las preocupaciones ridículas y de los cálculos de interés” y vuelto más sensible aún “a los nuevos encuentros, a las amistades, que se hacen y se deshacen” (p. 451), llegó a publicar una quincena de obras de diversa talla, todas ellas obras de combate político y filosófico, el más importante de los cuales es su Elogio de la política profana, aparecido en 2008 y dedicado a cuatro camaradas de su generación, muertos prematuramente antes que él.

Su autobiografía, Una lenta impaciencia, es una obra magnífica, en que la belleza de la escritura alumbra la confesión, poco creíble a primera vista, que hace Daniel, animal político donde los haya, cuando dice que ha llegado “a preguntarme si la política era verdaderamente mi tipo, y si no me he equivocado de vocación” (p. 451). Una aclaración confirmada por el frecuente recurso de Daniel a los préstamos literarios, poéticos y paraliterarios a lo largo de sus Memorias, hasta la conclusión tomada de André Breton justificándose por esa afirmación: “El ojo de la poesía ve en ocasiones mucho más lejos que el de la política” (p. 468). Toda la obra de Daniel Bensaïd deja transparentar esta tensión entre una vocación literaria frustrada y una vocación política abrazada en detrimento de la primera, una tensión que se encuentra en Trotsky, el revolucionario cuyo nombre llevó (y a veces sufrió) como etiqueta hasta el fin de sus días.

Sin embargo, entre los grandes revolucionarios, Daniel profesaba la admiración más tierna por Blanqui. Sentía con toda razón una gran afinidad con el Encerrado, la afinidad del intelectual simbólico portador de una tradición revolucionaria francesa que va de los Jacobinos a Mayo 1968 con quien fue uno de los principales intelectuales orgánicos de la encarnación social real de esta tradición durante seis décadas cruciales del siglo 19: Louis Auguste Blanqui, medio-poeta medio-político, que comenzó también su carera revolucionaria participando en manifestaciones estudiantiles en el Barrio Latino; Blanqui, continuador del ala izquierda babouvistea del jacobinismo y precursor del leninismo, ese otro heredero del jacobinismo.

Cualquiera que esté familiarizado con la obra de Daniel Bensaïd reconocerá hasta qué punto fue influido por la recopilación publicada en 1972 por Miguel Abensour y Valentin Pélosse, que reagrupaba obras de Blanqui enmarcadas por otros textos. Entre otras, se encontraba la Instrucción para tomar las armas, escrito de Blanqui redactado con ese espíritu hiper-voluntarista como se denomina al blanquismo, y publicado en un cara a cara con extractos de la obra de Charles Fourier; pensamientos de Blanqui publicados bajo el título de Contra el positivismo, un ataque virulento a Auguste Comte; La Eternidad por los astros, obra del tiempo de la melancolía posterior al sangriento aplastamiento de la Comuna de París (“En el fondo, esta eternidad del hombre por los astros es melancólica”, escribe el propio Blanqui al final de la obra); y también las tesis “Sobre el concepto de historia” de Walter Benjamin, vueltas a publicar entonces por primera vez en francés desde 1947, en un momento –1972– en que Benjamin no se había convertido todavía en el objeto de una moda intelectual.

Este libro de 230 páginas contenía algunos de los temas e ingredientes fundamentales que caracterizarán el pensamiento futuro de Daniel Bensaïd, un pensamiento inscrito en la eternidad real –la que profieren las obras de largo alcance, mucho más seguramente de la que profieren los astros. Y la presencia político-intelectual de Daniel no está cerca de eclipsarse. Ha salido del presente para situarse de forma duradera en la posteridad revolucionaria: ese porvenir dura largo tiempo.

6/11/2018

http://www.contretemps.eu/daniel-bensaid-intellectuel-symbolique/