Por Jeudiel Martínez
En 2007, el año de la creación de Corporación Eléctrica Nacional –Corpoelec- el gobierno negaba que hubiera problemas con la electricidad aunque los habitantes de estados del occidente de Venezuela como Carabobo y Aragua sufrían apagones casi todas las noches.
Solo con el apagón nacional de 2008 causado, como el de 11 años después, por un incendio forestal cerca de la represa de Guri, el gobierno de Chávez finalmente reconoció que la crisis eléctrica era real. Era un honor que todos los problemas no recibían.
El 21 de diciembre de 2009, decretó la “emergencia eléctrica” y, fiel a sus modos militaristas, nombró un “Estado Mayor Eléctrico” para que la enfrentara. La emergencia fue suspendida casi un año después el 30 de noviembre de 2010. Chávez anunció con su estilo triunfal:
“Hemos decidido blindar a Venezuela eléctricamente, va a ser un país blindado, no habrá sequías, ni inundaciones ni cambio climático que afecten el nuevo sistema eléctrico que está naciendo en Venezuela”[1].
El 14 de mayo de 2011, luego de dos apagones de alcance nacional, Chávez anunció un nuevo plan de racionamiento, aceptando que el sistema eléctrico enfrentaba “debilidades en la generación”[2].
El racionamiento terminó eventualmente pero dos años después, el 3 de septiembre de 2013, habría otro apagón nacional. La crisis eléctrica había sobrevivido al caudillo.
Para 2018 la situación no había cambiado: fallas constantes, sobre todo en el centro y el occidente del país en estados como Carabobo, Falcón, Zulia, Táchira[3]. Maracaibo y los municipios aledaños, con su calor abrazador, se habían convertido ya en el símbolo de la crisis eléctrica con apagones constantes de más de 8 u 12 horas[4].
Los apagones llegaron a la capital, antes protegida contra ellos, y uno particularmente severo en el mes de Marzo dejó inoperativa la plataforma del Banco de Venezuela por varios días.
Y luego en 2019, luego de que un apagón en Caracas sorprendiera a Maduro mientras transmitía en cadena nacional, una serie de catastróficos apagones iniciados el 7 de marzo hicieron palidecer a los anteriores: dejaron sin electricidad a todo el territorio nacional, muertos en hospitales a oscuras, vuelos suspendidos, comunicaciones colapsadas y gente recogiendo agua en las orillas del pútrido Guaire.
Ocurrieron 5 en marzo más otro el 9 de abril.
Depresión.
Chávez había dicho en 2006 que Venezuela sería una “potencia energética”. Era una de muchas promesas de su campaña continua como la de alcanzar la “soberanía alimentaria” y ser un “superproductor de petróleo” y, en general, un “país potencia”. Estas promesas no solo no se cumplieron sino que lo hicieron al revés: el sistema eléctrico nacional colapsó, la producción petrolera se redujo, la mayoría de los alimentos son importados y el país vive la crisis económica más grave de su historia.
No es casualidad que el país con la mayor tasa de homicidios del mundo sea también el de la inflación más alta y el que ha vivido los apagones más largos. Que la producción petrolera se haya desplomado en la misma tierra que vio su parque industrial fenecer y su generación de energía eléctrica decaer en pocos años. Que allí donde la gente más pobre tiene que recoger agua de “ríos” pútridos y comer de la basura también sea imposible pagar incluso la vivienda más modesta con un salario promedio.
Lo común a todos los aspectos del desastre venezolano es la depresión, la pérdida de fuerzas, escases, la tristeza: fuerzas productivas, poder adquisitivo, las reservas internacionales, la población económicamente activa, el cauce de los ríos todo se contrae, disminuye se merma y en esa contracción la vida se hace difícil y precaria.
En el caso de la electricidad esa depresión es tan innecesaria como en todos los otros: según el Colegio de Ingenieros hay unos 17.000 megavatios instalados de energía hidroeléctrica y una cantidad parecida de la termoeléctrica instalados en el país. En total capacidad instalada del sistema eléctrico estaría entre 25000 y 34.800 megavatios mucho más de los 20.000 que el país consume.
Parte de esa capacidad generativa es la Represa de Guri, la tercera hidroeléctrica más grande del mundo y la termoeléctrica de Planta Centro la más grande de América Latina a la que acompañan otras varias instaladas en todos los estados que hoy sufren racionamientos. Ni hablar de la abundancia de hidrocarburos, luz solar y ríos caudalosos que deberían hacer de Venezuela uno de los países con mayor generación eléctrica de la tierra y de los enormes recursos que hubo para invertir en el sector eléctrico.
Sin embargo se estima que el país “solo tenemos disponibles entre 12.000 y 13.000 megavatios»[5]. Depresión.
Desde 2009 muchas excusas se han dado para ese colapso. Por mucho tiempo se culpó al “consumo excesivo” de los usuarios -sin aumentar las tarifas para inhibir ese consumo “o hacerlo viable con nuevas inversiones. Luego, entre 2011 y 2016 se culpó a la naturaleza: fuese El Niño, las sequias periódicas o los ataques de iguanas y zarigüeyas la culpa no era del gobierno. Para el chavismo no puede serlo a pesar de que ningún otro país de la región o con un clima parecido tenía problemas como esos.
Luego se empezó a hablar de sabotajes y saboteadores. Las denuncias de ataques cibernéticos y electromagnéticos de Maduro fueron precedidas por centenares de otras menos absurdas de ataques de incendiarios y saboteadores artesanales que, visto en perspectiva, eran más verosímiles. Pero ninguna de esas teorías conspirativas jamás explicó porque la generación en Guri decayó tanto, porque las grandes termoeléctricas no generan casi nada o que pasó con los grandes proyectos como Tocoma y los Parques Eólicos convertidos en ruinas prematuras tal como la “guerra económica” nunca explicó porque PDVSA bajo su producción por debajo de un millón de barriles al día.
Cadenas causales.
El Colegio de Ingenieros de Venezuela atribuye la crisis eléctrica, a la “desinversión y falta de mantenimiento en las plantas y estaciones”[6]. Los ingenieros y especialistas en el área han señalado, repetidamente, una serie de causas, que podemos llamar operativas, para la crisis eléctrica iniciada en 2009.
Falta de mantenimiento y antigüedad de buena parte de la infraestructura eléctrica. “Tenemos por ejemplo a Planta Centro que desde diciembre de 2015 no genera MW, siendo la central térmica con mayor capacidad en el país y en toda Latinoamérica”. Centrales térmicas, como la Ramón Laguna y Tacoa “están inhabilitadas por daños particulares o falta de mantenimiento”[7].
Incapacidad para ejecutar los planes. La central hidroeléctrica Manuel Piar en Tocoma, estado Bolívar empezó a ser construida en julio de 2002, siendo su inauguración retrasada repetidamente -2012, 2014, 2015. Según el Ministro Motta Rodríguez estaría en funcionamiento para 2016 pero eso no se cumplió.
Falta de inversión en energías alternativas. El Parque Eólico de La Guajira, en que se invirtieron 200 millones de dólares en 2011, debía generar 75,6 MW, para finales de 2012, pero junto a la purificación del Guaire y la construcción de la represa de Tocoma se convirtió en un espejismo más.
La crisis eléctrica, iniciada casi al mismo tiempo de la creación de Corpoelec, fue uno de los signos tempranos del proceso de descomposición que, nueve años después, llega a sus extremos. De hecho es una verdadera imagen del chavismo que le revela en su diseño, en su diagrama. ¿Y que revela? Pues la relación misma entre chavismo y desastre. Las causas, ya no operativas sino profundas, primeras, constitutivas están claras y son fáciles de entender:
Una centralización viciosa, excesiva, cuya lógica no solo era profundamente burocrática y arcaica sino clientelar y caudillista. Su resultado es Corpoelec.
Una corrupción ilimitada que vio en el Sistema Eléctrico una oportunidad insuperable. Un resultado es el saqueo perpetrado por la empresa Derwick.
Un abandono y una apatía inexplicables, la incapacidad no solo de resistir el desgaste y la descomposición sino de moldear el tiempo, de anticiparse a él. Los síntomas de ese abandono son la falta de mantenimiento y de inversiones, su resultado son ruinas prematuras como la represa de Tocoma.
Estas tres causas son independientes entre sí. Una no requiere a la otra para existir sin embargo unas residen en las otras. La corrupción y el abandono residen en el centralismo vicioso pero estas terminaron siendo el hogar, por decirlo así, de la burocracia cívico-militar que personifica ese centralismo.
La caricia del comandante.
Si analizamos el sistema eléctrico venezolano veremos que tiene una sola línea de comando, una sola línea de financiamiento y una sola línea de transmisión.
Todas las órdenes y disposiciones vienen de la burocracia de San Bernardino, en Caracas: “A partir de la centralización del sistema eléctrico en una sola empresa (Corpoelec), se impuso desde San Bernardino (Sede del Ministerio de Energía Eléctrica) que todas las máquinas a comprarse para el parque termoeléctrico serían Siemens”[8]
Todo el financiamiento viene del gobierno central -y no de los usuarios o los gobiernos regionales. Casi toda la carga eléctrica viene de la hidroeléctrica de Guri.
Las taras que este diseño causó son incontables: para mantener la línea de comando –el poder personal y clientelar- sobre el sistema eléctrico este fue desprofesionalizado y puesto en manos de figuras sin conocimiento del área siendo el caso extremo Motta Domínguez un general de la Guardia Nacional sin experiencia en infraestructuras o electricidad que fue colocado al frente del sistema eléctrico de todo un país.
El cargo de ministro de energía eléctrica y el de presidente de Corpoelec han sido ocupados por la misma persona profundizando la confusión entre la función política de tomar las decisiones y la experticia técnica.
Para mantener la línea de financiamiento desde el gobierno central se creó una relación completamente infeliz de los usuarios con la electricidad. Gastase lo que se gastase no se pagaba nada, pero la gratuidad de la energía era una de los tantos subsidios en una relación clientelar con el estado. Chávez pensaba que todo debía ser gratis y que la gente debía serle leal: ambas ideas son inseparables. En la práctica, sus ideas hicieron que el sistema eléctrico nunca pudiera desarrollar sus propias formas de financiamiento.
Más misterioso es porque se mantuvo la dependencia con la única línea de generación que viene de Guri o porque se dejó a Guri en tal estado de abandono pese a que se la necesita desesperadamente. Parece que la enorme represa se convirtió, como la Faja del Orinoco, en la imagen confusa de un recurso ilimitado que no había que producir, que ya estaba dado. Se podía sacar la electricidad de Guri para siempre y sin esforzarse como se podía sacar el petróleo de la Faja –u oro del Arco Minero del Orinoco. Así como cualquier otra forma de producción que no fuera la petrolera pasó a segundo plano –pues el gobierno no necesitaba que la sociedad fuera productiva- la producción termoeléctrica, solar, etc. Pasaron a segundo plano frente a la riqueza energética de Guri.
Como en muchos otros casos, como ocurrió con la industria petrolera, el sistema eléctrico venezolano perdió su consistencia y su dignidad para para que el chavismo tomara la suya se convirtió, como todo el país, en materia prima para el chavismo. A partir de 2007 empresas públicas y privadas, servicios públicos, instituciones, todo se convirtió meramente en el material para fabricar un “supra-estado” chavista que fagocitó a todo el país: estatizarlo todo, de una manera o de otra, para luego privatizar al estado.
Pero todo inicia con la obsesión de Chávez con la centralización. Hacer que el país gire en torno al estado, que el estado gire en torno al chavismo y este, obviamente, en torno a la persona de su líder. Al hacer eso todo se convierte en una suerte de atributo del jefe de estado y el país, en su prótesis. El estado era la extensión de la persona de Chávez: no es la unión de los ciudadanos en un solo tejido como en el leviatanismo tradicional, sino la transformación de todo el país en la investidura, el ropaje, la armadura del jefe de estado[9].
Se entiende que en el chavismo la autonomía de cualquier tipo se considera neoliberalismo, todo ha de gravitar de forma directa y personal en torno a un centro. Y como el jefe de estado no puede encargarse de todo tiene que extenderse en figuras de confianza con las que sostiene no una relación impersonal, sea política o técnica, sino una personal de afecto, dependencia y confianza. Extendida por todo el estado esta combinación de clientelismo y caudillismo explica la desprofesionalización sufrida por entidades como Cadafe o PDVSA[10] y el éxito de figuras como Villalobos y Motta Domínguez.
Centralismo.
En Venezuela, un militarismo “neoarcaico” y caudillista, obsesionado con repetir los experimentos autoritarios y desarrollistas del siglo XX se expresó a través de las ideas de una izquierda que no tenía más horizonte que ese pasado. Es Perón, Barrientos y Perez Jiménez hablando en lenguaje de Fidel Castro. Harnecker, Borón, Dieterich y Kohan, toda la retardataria intelectualidad de izquierda en cierto sentido llegaron al poder con el Chavismo y encontraron en él sus sucesores intelectuales y espirituales: Monedero, Serrano, Salas, Curcio y tantos otros consolidaron esa toma de poder en el Celag organismo encargado de que los prejuicios y las ideas confusas se convirtieran en políticas de estado.
En el pensamiento de izquierda todo lo que no es verticalismo, burocracia, regulaciones, centralización es neoliberalismo en la práctica y posmodernismo en la teoría. Para Chávez ese pensamiento expresaba perfectamente el suyo, que no era más que la traducción literal, brutal, de categorías militares al lenguaje civil. Hacia 1998 solo la izquierda tradicional podía proveerle a un militarismo como el de Chávez los medios de expresarse.
Desde 2007 todo el país empezó a ser organizado en analogía con una fuerza militar y aunque a los civiles no se les podía exigir la disciplina si se les podía exigir lealtad y diferentes grados de obediencia. El resultado de aplicar la organización militar a la vida civil es siempre alguna forma de corporativismo. De ahí que incluso los Consejos Comunales, que son la delicia de la izquierda ilusa, fueran parte de las tantas arquitecturas monolíticas y estructuras verticales chavistas donde los dirigentes transmitían órdenes y los dirigidos demandas.
Unidad, Unidad, Unidad, era la consigna de Chávez y la centralización es un atributo esencial de esa unidad. Centralización ya problemática en sí misma donde hay algún virtuosismo político y conocimiento técnico y mucho más allí donde es meramente clientelar y caudillista. La única técnica que interesa al chavismo es una de aglomeración, para producir un cuerpo, una masa de seguidores, y el único arte uno caudillista de conducir a la grey manteniendo la unidad garantizando la lealtad y la obediencia. Todo lo demás es sometido a estos requerimientos.
Así, todas las organizaciones creadas por Chávez son abstractas, inflexibles, rígidas, sin espacio para la deliberación política o la ejecución técnica. Y el sector eléctrico no fue la excepción.
La fortaleza voladora.
Cuando Chávez tomó el poder el sistema eléctrico venezolano en manos de Cadafe “una empresa bajo el monopolio de Acción Democrática y COPEI generado fondos para esos partidos, la consecuencia de ese manejo fue por ejemplo el proyecto del Uribante-Caparo, nunca terminaban, necesitaban siempre más y más dinero”[11].
Cadafe era un mastodonte burocrático que, sin embargo, portaba la memoria y el conocimiento de “una industria centenaria, regionalizada, con distintas escuelas de ingeniería, que distingue que no es lo mismo producir energía eléctrica en el Caroní que en Plantacentro, donde necesitas quemar combustible y en el Caroní necesitas entender el agua y su comportamiento de caudal en el tiempo”[12].
Para el año 2000 el proyecto era reorganizar el sistema eléctrico atendiendo a las diferencias entre las regiones y los diferentes procesos (generación, distribución, transmisión) coordinando múltiples empresas con relaciones más directas con los usuarios. Esta concepción, que a los ojos del chavismo, seria simplemente neoliberal fue la que se aplicó en China: El sistema eléctrico Chino, casi todo estatal, se descentralizó en la gestión, el financiamiento y la generación aunque coordinándose en las políticas generales y el marco legal.
Pero en Venezuela Corpoelec se convirtió en un experimento metafísico, un monolito ajeno a las diferencias de los territorios, y de los procesos. En el mismo periodo en que China emprendía la reforma de su sector eléctrico, en Venezuela inicia la gesta necropolítica de Nervis Villalobos que luego sería hecho preso en España y deportado a EEUU[13].
Villalobos será el primero en ocupar simultáneamente un cargo de viceministro y la presidencia de la corporación eléctrica, en depurar los cuadros de la empresa por razones proselitistas y en hacer campaña abiertamente para el presidente de la república. También será responsable de masivos hechos de corrupción y del fracaso en terminar la Central Hidroeléctrica Fabricio Ojeda. Su gestión es un ensayo general de lo que sería Corpoelec.
Luego de los fracasos de Villalobos Corpoelec seria creada en medio de la ola de estatizaciones de 2007 heredando todos los vicios de Cadafe pero borrando, poco a poco, la memoria y el saber de un siglo de industria eléctrica, es decir, quitándole su consistencia y su diseño propios, su singularidad, “digiriéndola”, descomponiéndola para que pudiera ser absorbida por el chavismo. Pero ese monolito que era Corpoelec era un bloque en otro que el caudillo quiso hacer con todo el estado: crear una arquitectura verticalista, burocrática, altamente centralizada en la que no es posible comprar un tornillo en Delta Amacuro sin la aprobación de un funcionario en Caracas.
La Unidad Cívico-Militar de Chávez en la práctica estableció entre las regiones y la capital la misma relación que existe entre el imperialismo y sus colonias. Así, la relación centro-periferia, que difícilmente podemos encontrar en la actual geopolítica mundial, es uno de los factores dominantes en la política interna venezolana: el racionamiento eléctrico, la destrucción del sur del Orinoco y de la cuenca del Lago de Maracaibo parecen casos de colonialismo interno.
Si se piensa en la riqueza de edificaciones e infraestructuras de Caracas comparada la pobreza de Maracaibo, en como los edificios caraqueños se levantan amasando la riqueza de las regiones empobrecidas, entendemos que el Chavismo, en todas sus fases, no hizo más que multiplicar una explotación secular tanto de la naturaleza como de la cultura del interior del país condenado a la brutalidad y al precariedad. No extrañe que durante el chavismo las grandes ciudades venezolanas hayan vivido su decadencia: Mérida, Cumaná, Ciudad Bolívar, Maracaibo, Barquisimeto, que conservaban su dignidad y su promesa pese al centralismo son ahora la sombra de lo que solían ser. La devastación del sur del estado Bolívar y la explotación del Caroní, la decadencia de Ciudad Bolívar bajo el golpe de los saqueos y la pobreza no hacen más que continuar la explotación que hizo del Zulia, el estado más rico del país, uno de los más pobres y violentos de Venezuela.
Y cuando todo el interior del país tiene que sufrir racionamientos de electricidad mientras Caracas está libre de ellos, cuando Maracaibo y Cabimas, por décadas fuentes de la riqueza nacional, por son dejadas casi sin energía eléctrica, la crisis no hace otra cosa que reflejar la relación predatoria no solo del chavismo con el país sino de la capital con regiones donde no hay más autonomía que la arbitrariedad depredadora de las autoridades civiles y militares y el término “zona de sacrificio” que usan los ecologistas toma su pleno significado.
Ahora no solo son pequeños poblados o zonas mineras las que han sido sacrificadas sino ciudades enteras.
Si antes las regiones que producían la riqueza estaban condenadas a la pobreza para favorecer a la región capital ahora lo están también al colapso y la descomposición para que el gobierno se mantenga en el poder. Esta descomposición también afecta a la capital que, en tanto que territorio, tiene tan poca autonomía como cualquier otro. Es que el centralismo en si es brutal, abstracto, desterritorializado: es una verdadera fortaleza volante y para él cualquier zona es potencialmente zona de sacrificio, simplemente hay algunas en las que les conviene menos y otras en que este conviene más.
Llevado por el chavismo a sus límites el centralismo es ahora un poder que no puede separarse del territorio venezolano pero que no tiene un vínculo particularmente fuerte con ninguna parte de ese territorio, como la industria petrolera y minera es un enclave. Caracas es, simplemente, el lugar donde reside en un momento dado.
Pero la capital tiene también sus centros, sus periferias y sus zonas de sacrificio: las cálidas zonas de Charallave, Guarenas, Guatire y Cua aunque son parte integral de la Gran Caracas y le aportan gran parte de su fuerza de trabajo fueron incluidas en el racionamiento eléctrico y lo sufren junto a los usuales apagones.
En general la calidad de vida de su población es baja y su día a día bastante precario, de los caraqueños son los que están más cerca de ser sacrificados como la gente de Maracaibo.
Y ese sacrificio, esa explotación integral de la tierra y de su gente también es el legado de Chávez.
[1]Andrea Ballesteros. ¿Cómo llegó Venezuela a la crisis eléctrica actual? El Estímulo.
[2] Reina Carreño. 9 años de crisis: ¿Quién le “bajó los breques” a la electricidad en Venezuela? Tureporte.
[3] Elenora Delgado. Grecia Prado. Gobierno impone plan de racionamiento eléctrico de 15 horas en 6 estados. El Nacional.
[4] Teresa Luengo. Apagones de 8 y 12 horas diarias aplican en el Zulia. El Universal.
[5] Ángel Bermúdez Venezuela sin luz: cómo funciona su sistema eléctrico y por qué colapsó. BBC Mundo.
[6] Enzo Betancourt: las fallas en el sector eléctrico son por desinversión y falta de mantenimiento. Informe 21.
[7] Andrea Ballesteros. ¿Cómo llegó Venezuela a la crisis eléctrica actual? El Estímulo. 15-02-2016.
[8] Alejandro López-González El Black-Out del sistema eléctrico venezolano: ruptura del equilibrio en la generación termoeléctrica. Observatorio de Ecología Política
[9] Es la vieja cuestión del estado patrimonial y la autoridad carismática pero llevada a extremos tan delirantes que esos mismos conceptos deberían ser repensados de forma parecida como Mbembe lo ha hecho en África con el concepto de Gobierno Privado Indirecto.
[11] Entrevista Provea: Víctor Poleo: “nuestro sistema eléctrico está muriendo”. Derechos.org.ve.
[12] Ibíd.
[13] El Estímulo: Nervis Villalobos, el hombre de la fortuna “eléctrica” en Andorra. El Estimulo.com.

