Por Jeudiel Martínez
Trump prefiere guerras comerciales a las guerras de verdad.
Niall Ferguson.
La imagen de Juan Guaidó y su mentor político Leopoldo López rodeado de militares alzados pasó de lo épico a lo ridículo en pocas horas. Primero los dos civiles, rodeados por hombres de armas, aparecían encabezando una insurrección: la “Operación Libertad” en la Base Aérea de La Carlota. Pero a las horas, todo se mueve a un plano panorámico que revela la verdad: no están dentro de la base sino parados al frente de ella y rodeados por unos pocos hombres. Podía ser un chiste de Los Simpson.
Y no pasa nada más. Ni es un épico standoff con las fuerzas chavistas pues salen pronto de allí y ningún general, ningún batallón, ningún comandante se pronuncian, aparecen solo unos pocos fieles que salen a desafiar la represión y a ser atropellados por las tanquetas como si su único papel fuese que Pepe Mujica mostrase sus verdaderos colores y el del golpe que López cambiara el lugar de su detención.
Pero esta ridícula ejecución, la última en una larga serie de fracasos antichavistas, no debe engañarnos: se trataba de conspiración muy vasta que abarcaba el más alto gobierno. Eso y solo eso la hace importante. Es probable que, a partir de esa fecha, el antichavismo deje de ser un factor relevante en la política venezolana y que esta intentona no haya sido más que la primera manifestación visible de un acercamiento entre los militares venezolanos y sectores de la oligarquía chavista con el gobierno de Trump.
El jefe de la Policía Política, Manuel Ricardo Cristopher Figuera, era parte de la conjura. Cristopher fue uno de los alzados del 4 de Febrero y tuvo una carrera relativamente discreta y la confianza de Chávez y Maduro. Además de su estratégico cargo Cristopher Figuera, fue subdirector de la Dirección de Inteligencia Militar director general del Centro de Seguridad y Protección de la Patria (Cesspa), subdirector del Centro de Estudio Situacional de la Nación y edecán de Hugo Chávez durante 12 años[1]. Ya ubicado en la Inteligencia Militar algunos aseguran que fue el responsable no solo de torturas sino de extorsiones. Sus relaciones con la inteligencia cubana al parecer eran excelentes. Cuando estalló la crisis por el asesinato de Fernando Albán Cristopher fue el hombre que escogió Maduro para reemplazar a Gustavo Gómez López de quien se asegura es un operador de la otra cabeza del Chavismo: el jefe de la Asamblea Constituyente Diosdado Cabello.
Cristopher Figuera publicó una ambigua carta antes de huir del país: Mi Comandante en Jefe, cuando le entregué el escrito … lo hice porque descubrí que muchas personas de su confianza, estaban negociando a sus espaldas, al menos eso creo; pero no negociaban por el bien mayor del país. Lo hacían por sus propios y mezquinos intereses.
Poco después le serian retiradas las sancione por el gobierno de EEUU. La ruptura se está dando al más alto nivel.
Investigaciones de medios locales y el País de España dicen que sus fuentes, de oposición, culpan a Leopoldo López y a Guaidó de haber adelantado la operación: habría existido un decreto de transición, un plan de 15 puntos y un amplio acuerdo, que habría incluido al presidente del Tribunal Supremo Maikel Moreno. Distintas fuentes aseguran que Padrino López, el ministro de la defensa y principal sostén de militar de Maduro era parte de la conjura; desde el gobierno de los EEUU lo aseguran así, pero puede haber estado contra informando o espiando para Maduro.
Otras fuentes más afines a Guaidó y López dicen que el golpe fracasó por el exceso de demandas y ambiciones de Moreno o por informaciones falsas que les habrían hecho adelantar las acciones. Presuntos militares alzados han declarado que la operación fue adelantada debido a una ruptura en las negociaciones y la inminencia del arresto de Christopher Figuera.
Pero las fisuras en la cúpula chavista no serán reparadas tan fácil –no pueden serlo- y este golpe no es en lo absoluto un cuartelazo: no es tanto un conflicto entre EEUU, oposición y chavismo sino un encuentro entre ellos. Por eso la carta de Figuera contrapone su actitud a la de los que negocian de manera egoísta a espaldas del Presidente insinuando claramente que él negociaba abiertamente y sin intereses personales.
Esto puede ser una justificación de sus acciones y una distorsión de la verdad pero también algo más: El primero de muchos signos de que en Venezuela la conjura es la forma que la negociación política está tomando: su expresión.
Opciones sobre la mesa.
La campaña presidencial de Donald Trump inició en la Universidad de Florida ofreciendo una cruzada hemisférica contra el socialismo que lo borraría del hemisferio occidental. La cruzada no solo al derrocaría a los gobiernos de Nicaragua, Venezuela y Cuba sino contendría al socialismo within de Sanders y Ocasio-Cortez. “La prensa toma a Trump literalmente, pero no seriamente. Los votantes lo toman seriamente, pero no literalmente” pocos han entendido la lapidaria frase de Salena Zito[2] que, entre otras cosas, alude a las grandes frases y las promesas irrealizables de Trump.
En otro contexto el magnate ya había explicado para qué sirve la exageración y las metas desmesuradas tan comunes en la empresa americana: “Me gusta pensar en grande. Siempre me ha gustado. Para mí es muy simple: si igual vas a pensar, puedes pensar en grande”[3]. Pensando en lo grande, lo inverosímil, estaba cortejando al voto de latinos conservadores de Florida cuyo apoyo necesita él en unas elecciones en las que tendrá en contra, como en las pasadas, a las minorías y la población urbana además de un significativo rechazo.
Ya se ha señalado como trata de mantener su apoyo[4] entre los segmentos de minorías que le dieron su voto y de hecho ha demostrado la capacidad de crecer entre el electorado latino más conservador y menos preocupado por racismo e inmigración[5], por ejemplo evangélicos y veteranos de guerra. Entre estos destacan los de Florida estado cuyos 29 votos en el Colegio Electoral son para Trump más importantes que todo el petróleo del Orinoco. La causa anti-castrista es clave para movilizar a esos latinos conservadores y, vinculada como él lo hizo con combatir a socialistas como Sanders y Ocasio podría unir y galvanizar a buena parte de su base.
No sabemos si esa estrategia le funcionará en EEUU pero en Venezuela ya resultó: se formó en pocos días una secta de gente Alt Right que hacia memes de Trump vestido como un prócer de la independencia, se tomaba como cierto todo lo que decía y estaba convencida que tras una invasión casi incruenta los EEUU harían bien en Venezuela el trabajo que no hicieron en Irak: una ingeniería civilizatoria que la haría renacer y volver al redil del mundo occidental.
Los que creen esto también creen otras cosas: que hay un plan siniestro para quemar iglesias en Europa, que las campañas publicitarias de Gillette erosionan la masculinidad y que la emigración musulmana destruirá a “Occidente”. Sabiendo que tipo de iluso cree en esas cosas no es sorprendente que esa evasión de la realidad sea comparable a los más locos delirios del chavismo, incluido el de que Hugo Chávez tenía un conflicto real con los EEUU a pesar de que las compras de petróleo de ese país, básicamente, financiaron la “revolución bolivariana” así como los subsidios a Cuba y el clientelismo planetario que hizo de casi toda la izquierda mundial una extensión del chavismo.
La invasión salvadora es sin embargo una ilusión persistente reactivada periódicamente con la repetición casi ritual del refrán todas las opciones está sobre la mesa que sedujo también a muchos venezolanos comunes, más pragmáticos, que soñaban con que EEUU extrajera al chavismo como se extrae un tumor o una garrapata y que ahora dicen que Guaidó y López “le jodieron la vaina al negro” dixit: arruinaron los planes de Cristopher Figuera.
En la geopolítica los ilusos son un poco como la gente que cree que la lucha libre mexicana es un deporte y no un show. Y lo que realmente ha ocurrido es que al Show anti-imperialista de Chávez, un gran showman, le ha sucedido un Show intervencionista de Trump que no le cede nada al caudillo de Barinas en dominio de las cámaras. No en balde los dos son maestros de la Telerealidad: Chávez gobernaba desde ella y Trump la usó para catapultarse al poder.
Pero la invasión de EEUU siempre fue eso, una ilusión: El Presidente Trump prefiere las guerras comerciales a las guerras de verdad han dicho conservadores decepcionados[6] de que Trump no vaya a intentar una intervención “benévola” como la de Bush en Panamá o Clinton en los Balcanes[7]. Las fuentes del New Yorker son todavía más explicitas: “El problema para Bolton es, que Trump no quiere la guerra. El no inicia operaciones militares. Para tener el trabajo Bolton tuvo que cortarse las bolas y ponerlas en él escritorio de Trump«[8].
Pero esto significa realmente muy poco para todos lo que compartían imágenes de Trump vestido como un prócer o le mandaban mensajes por Twitter diciéndole que sería magnífico si paras las elecciones de 2020 ya hubiera sacado del poder al Chavismo y el Partido Comunista de Cuba.
Pero decirle a estos Alt Right que se toman a la vez en serio y literalmente lo que dice Trump la verdad de sus intenciones es tan inútil como decirle a la izquierda que aplica la reductio ad petroleum a todo lo que tiene que ver con Venezuela que las acciones de los EEUU son para otra cosa que apropiarse de hidrocarburos que, para Trump, están en el tercer o cuarto lugar de importancia en el mejor de los casos y no se comparan con esos 29 preciosos votos del colegio electoral de florida.
Es como si en Venezuela todos hubieran olvidado que Trump es autor de un libro llamado: The art of the Deal: no es que él esté en contra de negociar en general o de negociar con Irán en particular, Trump es un negociador, es que no le gusta ni Obama ni el acuerdo que este hizo. No es que crea que debe aplastar a Corea del Norte con Fuego y Furia iniciando una guerra devastadora a kilómetros de Seúl y Tokio es que creyó que podía sacarle un buen acuerdo a Kim si le presionaba hasta el extremo. Lo que ha llevado Trump al comando de esa inmensa maquinaria aeronaval que es EEUU es la lógica del capital financiero y de los bienes raíces.
El interés de Trump en Venezuela es electoral y geoestratégico y su objetivo explícito, repetido una y otra vez, derrocar a Maduro en acuerdo con los militares venezolanos. Para ponerlo en términos de Mario Puzzo Trump les está haciendo una oferta que no pueden rechazar y para eso está usando la “máxima presión”. Lo que pide es sacar a Maduro y la cúpula chavista del poder, lo que ofrece, además de retirar las sanciones, no lo sabemos (aunque Padrino ha dicho que ha habido sobornos) más no parece que haya sido suficiente.
Pero durante meses el campo de los ilusos tuvo como verdades absolutas las amenazas de Trump –quien tenía tan pocas ganas de invadir Venezuela como las tiene de bombardear Corea- y tomando las declaraciones de Bolton, Pompeo y Rubio como si representasen las intenciones de la administración de Trump, que sería una especie de monolito sagrado y no una alianza entre un independiente y el partido Republicano en la que la última palabra la tiene el Presidente.
Parece que la política de Trump es la resultante de una relación inestable del presidente con las facciones de un partido en el que es una especie de huésped, es decir, entre Trump, que quiere replegarse y no gastar en más guerras[9] y sus asesores y aliados, belicistas delirantes como Bolton que creen que EEUU debe intervenir en Irán, Cuba, Corea del Norte y Venezuela a la vez. Pero el trumpismo puro, como lo explica Ferguson, es “continuar la guerra por otros medios”, Hacer de las finanzas y el comercio armas o herramientas de coacción, hacer de los ecosistemas financieros y comerciales campos de lucha. Es así es como logra un presidente aislacionista evitar ceder al ascenso de China, preservar áreas de influencia y proteger ciertos intereses: «La lógica del Trumpismo es simplemente intimidar a los otros imperios, explotando el hecho de que son más débiles que los Estados Unidos, para extraer concesiones y reclamar victorias«[10].
Las consignas inverosímiles de Trump son irrealizables pero ellas son como los delirios de la ciencia ficción: orientan la realidad, se proyectan en ella y por tanto son lo contrario de las ilusiones de la izquierda o el Alt Right que la evaden: construir el muro, hacer llover Fuego y Furia sobre Corea, sacar al partido comunista de Cuba del poder y destruir la República Islámica son tan imposibles ahora como lo era poner al hombre en la luna pero esa sola imagen-fabula cambió al mundo. Y Trump, a su manera, es el Disney de un imperio en decadencia: sus ficciones políticas como “Build the Wall” mueven cosas aunque sean canticos xenófobos.
Sabemos que Trump no logrará exactamente lo que quiere pero que tampoco fallará por completo, el resultado estará en algún lugar intermedio y, ciertamente, no en un punto de equilibrio. La amenaza tiene que ser desproporcionada porque Trump no puede limitarse a sí mismo desde el inicio y el adversario nunca puede saber que tan lejos realmente quiere llegar el magnate anaranjado. Eso es todo lo que significa la frase “todas las opciones están sobre la mesa”.
Así, se coaccionó a China para mejorar los términos de la relación comercial con EEUU, se quiere hacer lo mismo con México y Centroamérica para que hagan algo para detener la emigración y a Europa para que aporte más a la OTAN, a Corea del Norte contenerla y encauzarla y a Irán mutilarlo para sacarle otro acuerdo más severo o tal vez convertirlo, literalmente, en un estado paria, cada vez más débil, y a merced de Israel y Arabia Saudita.
Del mismo modo y a una escala mucho más baja del poder se quiere coaccionar a los militares venezolanos para que dispongan de Maduro y el alto gobierno.
La vulgaridad y maltrato de Trump, incluso a sus aliados, es más que un rasgo personal: es la expresión pura, sin filtros, de la intención de explotar al máximo las enormes asimetrías militares entre EEUU y las otras potencias para extraer los máximos provechos tercerizando los costos a otros, él quiere que incluso en sus interacciones personales esas asimetrías sean evidentes. No hay Bullies amables.
Pero el método de Trump es el mismo de cualquier mafia, monopolio o protection racket (compra mis productos o te subiré los aranceles) pues mafia es la inmanencia del control y la coacción. Método sintomático de un poder que decae y ya no puede aportar al mundo un orden con su bien y su mal: solo acelerar y explotar la degradación. Así, es el comercio global el que pagara los costos de la guerra comercial con China y el planeta en si el que pague su rechazo al acuerdo de Kioto.
Sea como sea las relaciones internacionales se están convirtiendo en un sistema de coacciones que continua la guerra por medios comerciales y financieros. Convertir el sistema comercial y financiero global en un arma parece ser la alternativa que la facción de Trump ha ofrecido ante la oferta de guerra continua de la facción de los Clinton.
Cívico-Militar.
En concreto el error de La Secta no fue solo el hacer al gobierno de EEUU la pantalla de un montón de fantasías sobre lo que es o debe hacer “occidente” sino el creer que la racionalidad de Trump, es como la de Bolton y Rubio, es decir, para ellos –como para la izquierda- los gobiernos no son ensamblajes, combinaciones activas entre fuerzas, sino solo la expresión de identidades.
Pero hay otro error todavía más extendido el de creer que la negociación se opondría al conflicto y a la lucha. Sin duda que las negociaciones no son la guerra pero son luchas. Todo conflicto puede desdoblarse en negociación porque el conflicto en si ya es una interface entre los contendientes y las fuerzas en pugna. Y lo que la gaffe de Guaidó y López ha demostrado que tipo de interface se está estableciendo entre los poderes establecidos en Venezuela y los EEUU.
Por eso el golpe fallido fue, en la práctica, esa negociación con la que han estado soñando esos chavistas que quieren aparecer como voces moderadas y no son más que voceros de algunas de las facciones más corruptas y dañinas del chavismo. En realidad han sido las agresiones y las sanciones de EEUU las que han hecho la negociación posible.
Unida a la profundización de la crisis la “máxima presión” de Trump ha logrado aflojar la rigidez y la fosilización del chavismo, su incapacidad de fluir y adaptarse, su vileza fundamental porque noble es lo que es “capaz de transformarse, mientras que la vil ya no puede”. Y el material del que el chavismo está hecho es la “Unión-Cívico Militar” que es extremadamente duro y rígido.
En el chavismo es muy difícil cambiar algo sin afectar algún interés creado o alterar algún habito, sin causar gritos de ¡!traición!! O ser acusado de neoliberal: la secta del Celag, por ejemplo, se ha opuesto no solo a eliminar el control de cambios sino al aumento de la gasolina que descapitalizó al tesoro público: el chavismo, tal como le dejó hecho Hugo Chávez no concibe la flexibilidad y esa rigidez la expresa su pensamiento formado en categorías binarias y toscas. Traicionar para el chavismo no solo es una ruptura de la forma es el cambiar la forma.
Pensemos en las elecciones de 2018 que precipitaron este nuevo desastre: no aceptó la alternatividad en el poder como el Sandinismo o el PRI preservando sus intereses en un régimen poliárquico, multipartidista, pues esa alternación es para el chavista promedio inconcebible, aberrante, y para la alta dirigencia insensato y suicida.
Tampoco aceptó una vía intermedia: con el chavismo convertido en un supra-gobierno gracias a la constituyente y su control de las FFAA y el Tribunal Supremo hubieran podido poner a Henry Falcón en la misma posición en que Chávez tenia a los gobernadores de oposición que es, mutatis mutandis, el que tienen los reformistas iraníes ante los Ayatolas y la Guardia Revolucionaria: la de una oposición cautiva, mutilada y funcional al poder establecido.
Ni siquiera lo hicieron bien a la hora de aferrarse al poder pues hubieran podido también lanzar de candidato a una figura más simpática –tal vez Héctor Rodríguez Gobernador de Miranda- y renovar la dirigencia del PSUV pero impusieron a Maduro y reeligieron la directiva del partido a dedo.
Pero tampoco logró hacerse viable a sí mismo como un régimen de partido único: países como Egipto o Argelia e incluso Cuba tienen al menos modelos económicos durables que les permiten mantener cierta productividad, controlar la inflación y recibir inversiones, pero el chavismo esencialmente destruyó la moneda, acabó con las fuerzas productivas e hizo casi imposible recibir inversiones mucho antes de que Trump hiciera su cerco financiero.
En esas condiciones todo lo que Trump y su staff tuvieron que hacer fue intensificar la crisis que la rigidez suicida del chavismo había creado: es como patear con fuerza a alguien que va tropezando por una pendiente. ¿Y qué ocurrió? la presión financiera y las amenazas unidas a la profundización de la crisis lograron que Maduro empezara a hacer, lentamente, todo lo que no hizo en 5 años de gobierno: contuvo un poco la corrupción, aflojó los controles cambiarios, abandonó la ruinosa manera de gobernar de Chávez y Giordani. Incluso fue la amenaza de usar la ayuda humanitaria para derrocarlo –y no la preocupación por la vida de la gente- lo que hizo que, tras varios años, se decidiera a solicitársela a sus aliados y hacer un acuerdo con la Cruz Roja.
En 2018 cuando la presión comercial y financiera se incrementó brutalmente debido a las sanciones a PDVSA Maduro finalmente logró parar por un tiempo el ascenso del dólar paralelo pero ya era tarde…para él y para las figuras clave de la cúpula chavista pero no necesariamente para todo el chavismo y ciertamente no a para las Fuerzas Armadas.
La conjura como negociación.
La inmensurable disparidad en términos de poder militar y económico ha hecho pensar a la izquierda a los halcones americanos y-recientemente a la derecha venezolana- que EEUU puede conquistar a placer cualquier territorio. Así como Bolton no ve problema en que EEUU haga guerras en Siria, Irán, Corea del Norte Cuba y Venezuela a la vez, los izquierdistas creen que el acceso a los recursos naturales se logra mediante conquistas militares como en la antigüedad o el colonialismo del siglo XIX.
Evidentemente EEUU podría derrotar militarmente a Cuba, Siria o incluso Irán, podría obliterarlos de hecho pero el problema estratégico va más allá de las disparidades de fuerzas y entra en las consecuencias –nunca lineales- de semejantes acciones. Semejante obviedad es olvidada constantemente.
De hecho no tenemos razón para especular que ocurre en esos casos pues Vietnam e Irak nos demuestran, de dos maneras distintas, “orgánica” e “inorgánica” cuáles son los resultados: no se trata solo de si el paisito valiente puede encontrar una forma de ganar la guerra –o al menos de no perderla- sino de los costos y consecuencias que genera el acto de guerra directo, esos costos y consecuencias son los que disuaden de las intervenciones:
“Hoy la preocupación entre los especialistas norteamericanos está en que ocurriría después de una intervención ante el colapso de la FANB, el saqueo de sus arsenales, la proliferación de grupos paraestatales, la destrucción absoluta de la infraestructura, y la inexistencia de instituciones sólidas que contribuyan a la estabilización del país. Es un escenario de caos no solo dentro de Venezuela, sino también con un profundo impacto en la seguridad de toda la región. Es así como la mayor arma de disuasión del chavismo ante la amenaza de intervención militar extranjera es la promesa de mayor violencia, anarquía e inestabilidad generalizada.”[11]
El chavismo se ha convertido en un booby traped regime un régimen trampa: no importa que la idea de pelear, como Vietnam, una guerra del pueblo orgánica y organizada sea una fantasía de la izquierda. El chavismo no necesita un Dien Bien Phu o una ofensiva del Tet: aunque pierdan pueden arrastrar a los invasores a su desastre elevarles sus costos, causarles bajas que, aunque mínimas, serán injustificables ante el público y las instituciones americanas: explosiones, ataques de milicias, destrucción de infraestructuras pueden no ser una amenaza militar real al poder de los EEUU pero los ponen en una situación en que no ganan nada y en la que no tienen la intención de estar.
Podría decirse que, si se da una invasión, el chavismo podría mutar en una suerte de bomba sucia y extender su desastre por todo el continente.
Solo él delirio de grandeza venezolano –el desubique como le dicen aquí: la incapacidad de distinguir la situación- puede convencerse a sí mismo de en EEUU están dispuestos a “estar en Venezuela por al menos seis años y gastar 80 mil millones de dólares para reestablecer el orden en el país”[12] como, según Niall Ferguson habría dicho un informe del Pentágono. Pero de todas las esperanzas absurdas del Alt Right venezolano la más ridícula fue aquella de que EEUU comprendería que no podía entenderse con los militares venezolanos, que serían como piratas somalíes, y se decidiría a reconstruir las fuerzas armadas con gente honesta.
Claramente se ha olvidado con qué clase de elementos se entienden y cooperan El Pentágono y la CIA en todo el mundo y se ignora que para Trump la Fuerza Armada Venezolana es lo que le permite extraer el máximo de provecho de la caída de Maduro con el mínimo de costos.
Para 2020 a Trump no necesita ninguna cruzada anti-socialista le basta con tener a Cuba cercada, presionar a Ortega, derrocar a Maduro, capturar o al menos sacar del poder y perseguir a figuras como Cabello y El Aissami y lograr unas elecciones en Venezuela. En el largo plazo le basta con romper la alianza entre Venezuela y Cuba, expulsar o perseguir a Hezbolah, terminar o reducir la cooperación militar con Rusia y minimizar o condicionar la presencia China.
Todo esto es posible siempre que la Fuerza Armada Venezolana cambie su orientación estratégica y acepte una cooperación aunque sea limitada con los Estados Unidos. El siglo XX está lleno de ejemplos de giros de esta naturaleza e incluso en el XXI Siria y Libia hicieron lo posible por ponerse en el “lado bueno” de los EEUU. El resultado de no permitírselo fue desastroso y el triunfo del aislacionismo de Trump tiene mucho que ver con el fracaso del proyecto “románico” de hacer reconstruir Irak a imagen y semejanza de su destructor y de las aventuras necropoliticas de Hillary Clinton.
Así, puede negociar en Venezuela como negoció en Corea, nunca ha querido otra cosa. Lo que pasa es que su interlocutor aquí no es Maduro ni la plana mayor del chavismo, mutatis mutandis la cúpula chavista aquí es la bomba atómica y militares como Padrino López y Cristopher Figuera ocupan el lugar de Kim Jon Un. Pero han fallado, al menos hasta ahora, no solo porque sus agentes locales –los antichavistas- son ineptos sino porque no han entendido la racionalidad y los cálculos de los militares venezolanos, la estructura del material de que el chavismo está hecho: esa maraña o “fieltro” llamada Unión-Cívico Militar.
En la forma anglosajona de pensar lo importante es lo conveniente y la conveniencia se expresada en términos de costos y beneficios. Pero el chavismo es la combinación de una burocracia ridículamente centralizada con una red clientelar inmensa. Trump busca que los otros hagan lo que él quiere para evitar pérdidas mayores aprovechando el enorme poder acumulado por los EEUU. Al hacerlo casi nunca ofrece ganancias, terceriza los daños a otros: «América First» es una verdadera consigna.
El chavismo, por otro lado, piensa en términos de lealtad o complicidad y la lealtad se paga de diversas maneras. Venezuela históricamente improductiva y saturada de petrodólares y recursos minerales es, efectivamente, una “sociedad de cómplices” en que, a todo nivel, se intercambia tolerancia a las acciones de los otros. Pero es un intercambio no comercial sino clientelar cuya conveniencia se calcula es distinto a la mercantil o militar.
De esa complicidad “horizontal” Chávez extrajo una lealtad vertical, pero hacerlo implicó no solo usar táctica y estratégicamente la corrupción –no es casualidad que en todo su gobierno no haya una sola investigación importante- sino que el elemento militar, más propenso a las relaciones jerárquicas, permeara a toda la sociedad fuese directamente, con los militares activos o retirados ocupando cargos políticos y burocráticos o imponiendo a los civiles si no la disciplina militar si las ideas castrenses de subordinación y jerarquía. El chavismo fue, claramente, una toma de poder militar, pero una integral, micropolítica, que va mucho más allá del cuartelazo y por eso mismo no puede ser desplazada del poder con uno: el material cívico-militar tiene que ser deshecho y rehecho.
Evidentemente ni siquiera a un presidente más claro y sutil que Trump le interesarían los detalles de esa operación: le basta con decapitar al chavismo, quitarle lo que tiene de Red Centralizada y dejarle a los operadores locales el problema de cómo organizarse en el futuro. Los militares tendrían que aceptar que otros partidos llegaran a la presidencia, aprender a coexistir y combinarse con ellos y abandonar las pretensiones de una identidad “chavista y socialista” que tendría el monopolio del estado. Lo que estos pedirían a cambio de eso es mucho y muy complejo pero inicia con retirar las sanciones que son las que les obligan a negociar y termina, seguramente, con mantener los privilegios sobre el presupuesto público y el subsuelo que la inquietante corporación Camminpeg personifica y que han cimentado su alianza con y en la oligarquía chavista.
De entrada el material cívico-militar debía su cohesión a la circulación generosa de dinero y al liderazgo carismático de Hugo Chávez, debilitadas esas dos fuerzas de atracción y con una descomposición generalizada que parece haber alcanzado los cuarteles no extraña que esté sumamente debilitado. Muchos son los signos de ello y la traición de Cristopher Figuera es simplemente la prueba de que la fractura que tanto obsesiona a la oposición si existe y ya no solo en potencia sino en acto.
Que el general la presente como un acto de lealtad a Maduro y de auto preservación de las Fuerzas Armadas es algo más que justificación aunque también lo sea. En medio de la crisis compuesta que vive Venezuela la concepción clientelar y caudillista de la conveniencia se ha erosionado profundamente: ahora tienes que ser leal sea que te convenga o no: si hay electricidad bueno y si no la hay también.
Pero Trump no ofrece suficientes incentivos y Maduro no inspira lealtad. Eso quiere decir que el proceso de división será lento y difícil y no sabemos en que resultará. Parece que hay otras fuerzas, como la inteligencia cubana y los asesores rusos, que mantienen cohesionadas a las Fuerzas Armadas en torno a Maduro así el material cívico-militar se esté erosionando. Parecido al proverbial duelo de lo indetenible con lo inamovible se abrirá un pulso de meses en que la presión de EEUU será mantenida e intensificada para generar nuevas fracturas.
Las movilizaciones de Guaidó son cada vez más exiguas y el gobierno empieza a disolver la Asamblea Nacional poco a poco. La población, dispersa, usa su energía en emigrar o sobrevivir. Ya descartada la multitud, el movimiento democrático, como fuerza gracias a la represión del gobierno y la cooptación del descontento y la rebeldía por el antichavismo; derrotada y debilitada la oposición las dos únicas fuerzas, los únicos personajes que quedan en la obra parecen ser los EEUU y la corporación militar venezolana o lo que de ella quede en medio de la descomposición general.
El pulso entre esas dos fuerzas una desterritorializada y otra territorial, entre una enorme flota y una fortaleza en un litoral. Es una lucha pero también una negociación pues la flota necesita conservar a la fortaleza, incorporársela y la fortaleza necesita estar abierta al mar. Así, EEUU trata de imponerles no solo cierta conducta sino cierto tipo de cálculo y de racionalidad mientras ellos resisten a esa coacción.
Y la única forma que los Estados Unidos tiene para para hacer la presión sobre los militares a la vez más duradera y más intensa es transferir esa máxima presión al conjunto del país cooperando con la obra necropolitica del chavismo…
[1] Poderopedia. Manuel Christopher. Octubre 30 de 2018.
[2] Salena Zito. Taking Trump Seriously, Not Literally. Septiembre 23 de 2016
[3] Peter Economy Winning Negotiation Tactics From Donald Trump’s ‘The Art of the Deal’
[4] “In preparation for 2020, the president is focused on the minority vote”. Charles M. Blow. Trump’s Other Base. New York Times. Abril 10, 2019
[5] Nicholas Riccardi. Latino support for GOP steady despite Trump immigration talk. Diciembre 28, 2018
[6] Niall Ferguson. Trump won´t take on Maduro´s Muchachos. Mayo 5 2019.
[7] Niall Ferguson. We’d better get used to Emperor Donaldus Trump Octubre 6, 2018
[8] Dexter Filkins. John Bolton on the Warpath. Abril 29, 2019
[9] “se está contrayendo, se está retrotrayendo y reconcentrándose en sí misma, para una vez que haya cogido fuerza volver a ampliarse y tratar de recuperar ese dominio mundial que está perdiendo” Irene Hernández Velasco. Pedro Baños: «La aparente locura de Trump es una estrategia perfectamente planificada». 1 febrero 2019.
[10] Niall Ferguson. We’d better get used to Emperor Donaldus Trump
[11]Andrei Serbin Pont. La anarquía como disuasión Mayo 8 2019
[12] Niall Ferguson. Trump won´t take on Maduro´s Muchachos.

