Los signos del desastre

por Jeudiel Martínez

La luz se va por horas, a veces por días,  el agua no llega en semanas, el internet es tan intermitente como las líneas telefónicas. No hay dinero en efectivo para pagar y las plataformas de los bancos públicos no funcionan. Las unidades de transporte cada vez son menos y el metro se acerca al colapso. La combinación de falta de efectivo y de medios de transporte obliga a muchos a renunciar al trabajo o los estudios. Las gestiones más simples se hacen torturas interminables.  Incontables productos y marcas han desaparecido de los estantes de los supermercados. Las morgues rebosan de muertos, los hospitales carecen de insumos básicos y los alimentos y medicinas son escasos o muy caros. No es falso que se haya incrementado el número de personas que mendigan, sacan comida de la basura o se prostituyen por comida.

La Venezuela de hoy podría simbolizar con muchas imágenes: una máquina descompuesta y abandonada al óxido, un animal encerrado abandonado a la llaga, el hambre y la podredumbre, una ciudad desierta y llena de basura. Pero esas serían meras metáforas. Malas metáforas.

Tantos son los signos e imágenes del desastre, tan fuertes son que no necesitamos esas imágenes suplementarias: ¿es que no basta con  las aguas blancas del Pao Cachinche corrompidas por las negras y pútridas del lago de Valencia, los ríos contaminados del norte del país, las riberas del Caroní deforestadas y licuadas hasta hacerse barro, el agua color mierda que sale de los grifos? ¿No es suficiente con los presos pudriéndose en los calabozos de las policías municipales –sin audiencias, sin habeas corpus, sin agua y  sin comida- , los que escarban en la basura para buscar comida?.

Esos son los primeros signos. Signos de contaminación, de podredumbre.

Otros son  de falta, de carencia y de omisión: las bolsas de plástico y de papel que ya no se encuentran, los estantes vacíos, los productos y marcas desaparecidos de los mercados, las fábricas y comercios cerrados,  los cajeros automáticos descompuestos, el dinero en efectivo que no se encuentra, los electrodomésticos dañados por los apagones, los innumerables baños cerrados por falta de agua, las medicinas que no se encuentran, las esperas desesperadas porque se haga efectiva una transferencia bancaria, la falta de dinero en efectivo, los cientos de miles asesinados por los criminales, los 18000 asesinados por la policía, los  millones de emigrantes que no volverán, el cuerpo macilento y cada vez más flaco de los gobernados.

También hay   signos de plenitud. Los dólares fugados, las mansiones en España y dominicana,  los productos de los Clap traficados ante la vista de policías y militares, Las colas interminables para comprar cualquier cosa, la grasa que envuelve los  cuerpos atocinados de los gobernantes, los presos que rebosan los calabozos, la basura que desborda los basureros.

Pero ningún signo  es tan vehemente, tan destructor como la hiperinflación, plenitud de ceros que no valen nada, de dinero que nada puede comprar.  ¿Pueden imaginarse los abogados del chavismo, la izquierda nostálgica, los apologetas profesionales la sensación desesperante del que descubre que, cada día, se la hace imposible comprar las cosas más sencillas?

Signos de podredumbre,  de carencia, de plenitud  y, también, de fracaso. Los signos del fracaso están en todas partes del país, desde Tocoma en el Sur hasta los Andes –pasando por el cauce del río Guaire-  un nuevo tipo de ruina, la ruina prematura,  es el resultado más visible del fracaso incomparable del chavismo: proyectos inconclusos o abandonados, obras de infraestructura abandonadas , fábricas nacionalizadas que nunca produjeron nada…

En su abandono recuerdan un poco  a los restos de la época soviética pero, a diferencia de estos, no tienen grandeza o glorias pasadas que les den un aura, ningún logro perdurable al que apegarse: la ruina prematura, y también, la ruina viviente son invenciones del chavismo, como en PDVSA, que produce menos de un millón de barriles diarios, como en las empresas básicas, como todo lo que con su poder de Midas inverso el caudillo secó y destruyó.

En Venezuela incluso los peores tiranos del siglo XX dejaron algo: carreteras, unidad nacional, infraestructuras.  Pero esas ruinas están entre los signos más claros del paso de Hugo Chávez sobre la tierra. Declaran que el caudillo, el avatar de Cristo-Bolívar pasó por allí, que hizo un programa de televisión cursi, que se mintió a sí mismo y a otros con los grandes logros de la revolución que, se emborrachó con las mismas ilusiones de los ilusos que le seguían,  que asignó recursos que terminaron en el bolsillo de funcionarios tan inútiles como corruptos.

Las ruinas son su imagen, su huella y su símbolo.   Ellas y el amor y la sumisión servil que todavía inspira en sus seguidores. Ellas y la raza impúdica de nuestros nuevos amos, sus sucesores,  que prefiere cualquier cosa a dejar al poder. Ruinas prematuras, amor al poder, y tiranía. Sumémosle el agua negra sale por los grifos, los apagones,  las estafas de Derwick y Odebrecht, el crecimiento incomparable de la violencia y el crimen, y la riqueza fantástica de los bolichicos y boliburgueses: he ahí el legado.

Todo lo bueno o noble que intentó en medio de sus excesos de riqueza y de poder o se quedó en fantaseos o buenas intenciones o hace rato se perdió en la descomposición y el desastre que el mismo invocó como un aprendiz de brujo. En esta región del mundo donde el padre es a la vez ausente, mediocre y brutal, el caudillo no fue anómalo sino  normal, como si la contrapartida física de su obsesión metafísica con la unidad, fuese el desastre: unidad de los cuerpos y las almas, de la tierra y de sus riquezas en el seno del estado que se pudre y se desmorona.

Cada ruina atestigua un hechizo contrahecho, un golem mal armado del cabalista mediocre que no dejó más que ruinas, dinero en el bolsillo de los burócratas e ilusiones en la mente de los ilusos. Nadie como el caudillo  ha encarnado a la mamarrachada, el esperpento nacional que, liberado de sus últimas, de sus precarias contenciones (multipartidismo, disciplina fiscal, residuos de estado de derecho) ha mutado en desastre y corrupción ilimitados: prometió soberanía alimentaria y la comida es importada, prometió hacer de Venezuela un súper-productor de petróleo y PDVSA está quebrada, prometió democracia y dejó caudillismo y estado de excepción, prometió participación y dejó verticalismo y burocracia ¿es que hay un solo caso en que los conjuros inversos del caudillo han dejado algo que no sea lo perfectamente contrario de lo invocado, de lo ofrecido?.

¿Es que no apareció en su última alocución pública (el Golpe de Timón que  los simples creen que habría cambiado todo) hablando de “fábricas de fábricas” y “fábricas de satélites” apenas un par de años antes de que se hiciera casi imposible encontrar comida?.

Hugo Chávez fue un virtuoso en el arte de  apropiarse de todo para descomponerlo. A él ni las viudas del neoliberalismo ni nuestras izquierdas patéticas le entienden. Atribuir su método –que es el de Maduro- al socialismo soviético, o el neoliberalismo es, en el peor de los casos, estupidez doctrinaria, en el mejor una simple aproximación.

Lo que se escapa a los liberales y neoliberales tanto como a los socialistas es que la obsesión con nacionalizar y regular no fue más que el método de una privatización del estado que en el pasado ha sido llamada patrimonialismo y que hizo de Chávez más que la personificación del estado su propietario: no era Alejandro Andrade, su guardaespaldas, el encargado del tesoro público?, no fue vicepresidente del tesoro una de sus enfermeras? es que  cuidar del dinero público era una extensión de cuidar a Chávez, el tesoro público era su tesoro y la res pública su patrimonio, la confusión generalizada entre público y privado, el éxtasis del clientelismo, es uno de los signos más claros de su paso por el poder.  Por eso las misiones sociales no eran un atributo de la Seguridad Social nunca renovada sino de sus relaciones personales con Fidel Castro, una relación clientelar basada en el alquiler de mano de obra importada y no de nuevas o renovadas instituciones.

La “Unidad, Unidad, Unidad,” de la que hablaba obsesivamente parecía el empeño de convertir a todo el estado en una extensión o una prótesis de su personalidad cuyas extensiones nerviosas eran líneas clientelistas y caudillistas, de ahí la tolerancia incondicional a la corrupción de sus funcionarios, siempre que fueran leales. Esa confusión entre público y privado es un signo de esa captura del estado que no trata de , como en la simple concepción liberal, que el estado capture a la sociedad sino de que  una fuerza supraestatal capture al estado. Esa captura del estado en lo supraestatal -y su duplicación en lo paraestatal- parece ser  la esencia de todo totalitarismo sea que construya un estado a su medida, como en Cuba o que capture uno existente como en Italia o Alemania o que, como en Venezuela, lo descomponga.

En ese contexto socialistas y neoliberales se debaten para entender el desastre chavista: los primeros dicen que la propiedad privada no solo permaneció sino que las fortunas privadas se multiplicaron gracias al saqueo de la riqueza pública, los segundos que un régimen asfixiante de policía se abatió sobre la empresa…y ambos tienen razón: si el chavismo generó tal vez el más grande saqueo de la historia nacional fue uno de riqueza pública -4.000 millones de dólares según la asamblea nacional y un poco menos según los chavistas disidentes de Marea Socialista- saqueo del que participó, avido, el capitalismo privado venezolano…pero el socialismo de Chávez más que falso fue decadente, descompuesto el mismo, sin mecanismos de planificación sin todo el know how generado durante décadas para compensar las deficiencias de la planificación centralizada pero tampoco capaz de generar algo semejante a las instituciones del bienestar del norte de europa o incluso de Cuba cuyo fracaso en generar fuerzas productivas es bien conocido.

El socialismo de Chávez, que recuerda un poco al de Argelia o Libia, era ante todo un régimen de policía a través del monopolio del dólar y las expropiaciones masivas, una guerra contra el empresariado,  al que veía como un enemigo pero también una estrategia para generar un empresariado dócil, parasitario y aprovechable a través de los contratos y las asignaciones de dólares baratos: Raúl Gorrín es, sin duda, la personificación del empresario tal como lo concebía el chavismo. Por esos mismos medios se estableció todo un sistema de control bioeconómico de la población, basado en la moneda subsidiada y servicios gratuitos, un esquema de intercambio de subsidios por lealtad.

Reducido a una serie de procedimientos de baja policía, privado de todos los mecanismos racionales y el know how técnico requerido el socialismo chavista terminó convertido en un arma contra la producción y en una herramienta práctica de saqueo: Ingenios azucareros, fábricas, canales de televisión, nada escapaba del hambre de unidad de Hugo Chávez. Los resultados los conocemos, el azúcar es escasa y cara, sus fábricas nacionalizadas son cascarones vacíos…olvidemos a los tontos sin esperanza que corren gritando ¡¡esto no es socialismo ¡¡¡ a sus hermanos neoliberales, igual de imbéciles,  que giran y gritan ¡¡¡castro-comunismo¡¡¡ hay algo descompuesto, disfuncional, mamotrético en el chavismo que no sirve ni a los requerimientos del mercado libre ni a los del estado planificador: hace imposible tanto la producción económica que requiere el primero como la gestión pública más o menos ordenada que reclama el segundo: demasiado desastroso, inepto, incapaz, para establecer un mercado libre o un estatismo funcional, el chavismo los imita y los entremezcla a su manera, estatiza porque ha privatizado al estado, da poder de vida y muerte a burócratas que son magnates y empresarios,   licua lo público y lo privado en un compuesto en lo que lo único discernible son las mafias que tienden a reemplazar tanto a la burocracia como a la empresa, mafias que fundidas en oligarquías son las propietarias privadas del estado en una sociedad comanditaria que es la forma política del gobierno privado indirecto.

No basta entonces con decir que el chavismo es totalitario, lo cual es más que obvio, hace falta entender que es un totalitarismo fallido, que descompuso al país al tratar de capturarlo y que, en cierto sentido, siempre ha sido el gestor de su propio fracaso incluso antes de que la muerte del caudillo y la caída del precio del petróleo lo hicieran evidente.   ¿Es que podemos imaginar en los grandes autoritarismos de Eurasia (el saudí, el turco, el iraní, el chino, el ruso) sumergidos en apagones, el agua cortada por semanas, los bancos dejando de funcionar por días? ¿Es que podemos imaginarnos al rey de Arabia Saudita pidiéndole al presidente de Aramco que venda pollos? ¿A Mendelev peleándose con los panaderos de Moscú?, ¿a los  Castro privatizando las cárceles a los presos o declarando “zonas de paz” donde la policía no entra?. Las bufonadas tristes del chavismo, sus estándares ridículamente bajos para todo, no tienen lugar en un proyecto autoritario funcional, mucho menos en el de una potencia con pretensiones hegemónicas.

Por eso no tiene sentido comparar al chavismo con los grandes proyectos autoritarios o totalitarios de nuestro tiempo, sean cuales sean sus fallas, taras y crímenes. El chavismo es otra cosa: Comparado con las monarquías del Golfo Pérsico, el Irán de los ayatollahs la Turquía de Erdogan, por no decir de Rusia o China la Venezuela chavista es un desastre, un chiste,  solo comparable a las dictaduras africanas o a otros estados fallidos: un gobierno del desastre cuya única virtud es surfear en medio del desastre sin hundirse en él, usarlo como medio de dominio por el mayor tiempo posible.

Achille Mbembe ha hablado de la necropolítica como una política de la muerte o, al menos, como el indecidible, la frontera entre un poder moderno que hace vivir y deja morir y uno arcaico que mata y deja vivir. Pero dondequiera que Mbembe trata de reintroducir la dimensión del poder soberano que decide sobre la vida y la muerte este aparece fragmentado, fractalizado, como centenares de imágenes distorsionadas en un espejo roto. Sea la tercer mundialización programada de la margen occidental del Jordán, sea el centro o el oeste de África lo que aparecen son fragmentos, soberanía fragmentada en multitud de reyezuelos y mandarines divididos en una guerra incesante y molecular que en casi toda américa latina es conocida:  el poder de facciones armadas, mafias, policiales corruptas y esquemas de saqueo como los descubiertos por la operación Lava Jato.

De hecho la necropolítica y el “gobierno privado indirecto” de los que habla Mbembe se implican, se reflejan, tal como la fragmentación territorial y la guerra molecular, sus encuentros y consorcios parecen ser la arquitectura mutante del tercer mundo como escenario de una descomposición ilimitada.  Es cierto que esta necropolítica, esta gestión de la muerte del mundo,  es ya la de las petroleras, la del capital financiero, la de las guerras eternas en el medio oriente, pero son pocos los rincones del mundo donde el Necropoder se extiende en tal medida en que se deviene una necrocracia, es decir, donde la gestión del desastre se convierte en la racionalidad misma del poder.

Es en el centro de África, en los restos del Mar de Aral, en los rincones del mundo abandonados a la podredumbre y el desastre, allí donde la corrupción no tiene límite,  el autoritarismo se nutre del colapso y la empresa privada y el poder público se funden en la mafia y la oligarquía donde podemos encontrar algo con que comparar o conmensurar este desastre, pero siempre que entendamos, contra las teorías histéricas de las derechas y el denial infantil de la izquierda que el chavismo no es una excepción sino probablemente la tendencia en un periodo donde los poderes establecidos aceptan cada vez más el desastre y las crisis crónicas como la nueva normalidad (pensemos en la actitud hacia el calentamiento global o los desastres de EEUU en el Medio Oriente y el Norte de África) sino que el chavismo parece ser, en sí, un signo del desastre venezolano, un síntoma de un país que ya estaba en un avanzado estado de des-composición desde 1999 y que por eso mismo no solo generó al chavismo sino que no tuvo la capacidad de controlarlo o eliminarlo,  por el contrario, el antichavismo se reveló él mismo tan necropolítico como el chavismo y su verdadera condición de posibilidad (o es que el poder absoluto de Chávez habría sido posible sin desastres como el golpe de abril, el paro petrolero y la abstención de 2005?).

Cómo se verían en los años posteriores, todos los actores involucrados se convertirían en aceleradores del desastre incluso el Grupo de Lima y los EEUU con las sanciones: Trump que decepcionando a los gloriosos idiotas del liberalismo venezolano  -devenido Alt Right y adulación a Trump- no tomó la decisión soberana de destruir al chavismo sino la de gestionar su desastre relegando Venezuela, mediante las sanciones, a un Cuarto Mundo semejante a aquel en que malvive la gente de Gaza y Yemen o en el que Mugabe se las arregló para prosperar y los Castro a “resistir”.  Si el chavismo ya es signo y síntoma del desastre es porque es la imagen, la marca y el símbolo de todo de aquello en que Venezuela se convirtió en la segunda mitad del siglo XX: aquella Venezuela de la que el antichavismo triste sienten tanta saudade fue la causa del chavismo, tal como el chavismo es la causa no solo de ese éxtasis del desastre que vivimos desde 2009 (contenido solo por el fármaco petrolero) sino de las monadas de desastres contenidas en el principal.

Entender el chavismo es entender el Necropoder. Entender el Necropoder es entender la corrupción y el desastre. Corrupción, estrictamente hablando, es la destrucción de cualquier cosa por la corrosión, la descomposición y el colapso. Desastre es el desalineamiento de los astros, la dislocación cósmica que augura desastre para los mortales, es decir la pérdida de forma, estructura u orden. Son aspectos distintos de una destrucción necesaria para el devenir de las cosas. En nuestro caso, parece que la corrupción genera al desastre y el desastre acelera la corrupción en un ciclo autopoiético.

Pero un animal muerto que se pudre, se corrompe, libera elementos químicos que dan lugar a cosas nuevas igual que un desastre natural modifica el ambiente. Imaginemos un animal que nunca acabara de descomponerse -o de morir- un cataclismo no súbito sino continuo, con altos y bajas: un incendio, un diluvio o un temblor de baja intensidad que ni terminará ni diera a la tierra el tiempo para adaptarse, una podredumbre que no termina eso es Venezuela bajo el chavismo.

 

Crónica de las actuales movilizaciones indígenas en Ecuador

Por Decio Machado // Universidad Nómada del Sur

El pasado jueves, 3 de octubre, la dirigencia de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) convocó, junto a sectores del sindicalismo tradicional, un paro nacional con el objetivo de expresar su discordancia respecto a las últimas medidas económicas establecidas por el Gobierno.

El anuncio de CONAIE conllevó el inicio de una serie de movilizaciones en distintas localidades del país y asambleas permanentes en territorios con fuerte presencia indígena bajo el objetivo de coordinar una gran movilización a Quito demandando la derogación del Decreto 883. Mediante dicho decreto se viabiliza el alza de precios de los combustibles en todo el país.

El antecedente de dicha medida se encuentra en los acuerdos establecidos por el Gobierno ecuatoriano con el Fondo Monetario Internacional (FMI), mediante el cual este organismo financiero multilateral exige a las arcas públicas una optimización económica del 1,5% de su PIB mediante reformas de carácter tributario a cambio de otorgarle algo más de 10.000 millones de dólares en concepto de financiamiento durante los próximos tres años.

El problema de desequilibrio económico del Ecuador no es nuevo, ya en 2016 -última fase de la década de mandato de Rafael Correa- existían informes que recomendaban un ajuste fiscal asertivo para preservar la estabilidad macroeconómica y financiera del país fruto del desequilibrio entre gastos e ingresos existentes en esta economía desde inicio de siglo dolarizada. El gobierno correista decidió en aquel momento mantener en reserva dichos informes y no hacerlos públicos ante su población.

Dos opciones tuvo que manejar el gobierno presidido por Lenín Moreno ante tales exigencias fondomonetaristas: o incrementar el IVA en tres puntos porcentuales -medida que según los medios de comunicación parecía ser la más probable y en principio más regresiva- o la que definitivamente fue aprobada. 

A priori la opción tomada por el Gobierno ecuatoriano parecía ser la menos conflictiva. La escasa eficiencia de un modelo de subsidio que carecía de focalización y que mayormente beneficiaba a grandes empresas con alto consumo de combustible, grandes flotas de transporte y sectores de las élites económicas que disponen de más de un vehículo por unidad familiar, parecía ser la que menos rechazo social podría generar.

De esta manera el Presidente Lenín Moreno decretó el fin de los subsidios, lo que implicó un notable incremento de precios de la gasolina “extra” -la más usada en el país- pasando el galón de 1,45 a 2,41 dólares. De igual manera la gasolina Eco Pais (extra con etanol) de 1,45 a 2.53 dólares y la Súper de 2,3 a 3.07 dólares. 

La reacción inmediata fue el bloqueo de carreteras por parte del sector transporte y de vías urbanas por parte de los taxistas, siendo al día siguiente desconvocado el paro tras haberse negociado con los huelguistas un incremento de tarifas. El sector transporte está acostumbrado a doblarse de forma sistemática el brazo de los distintos gobiernos que han transitado en el poder en Ecuador. Durante la época correista llegaron incluso a legalizar una formación política en connivencia con el partido de gobierno y ocupar curules en el legislativo.

Sin embargo, por experiencia histórica el pueblo ecuatoriano es consciente de que el incremento de precios del combustible afecta al bolsillo del conjunto de la sociedad sean propietarios o no de vehículos. Los precios de los productos básicos y los indicadores de inflación suelen ser afectados de manera indirecta por este tipo de medidas.

El descontento generalizado entre la sociedad no hizo cambiar la posición de Lenín Moreno, quien  ha manifestado de forma permanente que la liberalización del precio del combustible a costos internacionales es una política -entre otras- necesaria para el mejoramiento de las finanzas públicas y sobre la cual “no hay marcha atrás”.

Las organizaciones sociales ecuatorianas definieron las medidas económicas establecidas por el Gobierno como un “paquetazo” neoliberal, argumentando que forma parte de un modelo de políticas públicas que beneficia fundamentalmente a sectores empresariales, flexibiliza el mercado laboral y achica al Estado, enviando al desempleo a cada vez mayor número de funcionarios públicos sin que estos sean posteriormente demandados por el sector privado.

Así las cosas, durante todo el pasado fin de semana se sucedieron movilizaciones y asambleas indígenas en gran parte del territorio nacional pese a que el Gobierno Nacional optó por declarar el estado de excepción buscando limitar el ejercicio del derecho a la inviolabilidad de domicilios, libertad de tránsito, libertad de asociación y de reunión. Con movilizaciones cada vez de mayor afluencia en todos los territorios afectados por la convocatoria, las resoluciones fueron unánimes: se determinó una gran movilización indefinida en el conjunto del país en rechazo a las medidas económicas y en defensa de los territorios, ríos, agua, páramos, la justicia indígena, la educación intercultural, salud, transporte y radios comunitarias.

Los cortes de carretera se sucedieron por gran parte de la red vial nacional, llegándose a contabilizar trescientos paros de vías al unísono durante diferentes momentos del pasado sábado y domingo. En paralelo, el Gobierno intentó combinar dos estrategias disímiles: por un lado se intensificaba la represión bajo el eufemístico argumento del uso de la fuerza progresivo; mientras por otro sus interlocutores buscaban desesperadamente el diálogo con los manifestantes intentando establecer propuestas de compensación a los sectores movilizados (créditos productivos a bajo tipo de interés, apoyo para la adquisición de maquinaria agrícola, reconocimiento de autoridades locales…). Nada sirvió, la dirigencia nacional de CONAIE manifestó públicamente que el diálogo con el régimen está totalmente cerrado. “No habrá ningún acercamiento con ningún representante del Estado hasta que se revea el decreto que eleva el precio de los combustibles” manifestaron de forma homogénea todos sus voceros. El conflicto se agudizó a lo largo y ancho de la geografía nacional, llegándose a retener en diversos territorios indigenas a unidades militares y policiales para posteriormente ser entregadas tras haberse liberado extraoficialmente a civiles detenidos en dichas comunidades. La CONAIE, bajo el principio de autodeterminación de los territorios indígenas, también había declarado su estado de excepción, prohibiendo la entrada de infiltrados y grupos armados pertenecientes a los aparatos de seguridad del Estado.

Amaneció el lunes más tranquilo, los voceros del Gobierno Nacional -titulares de muy diversas carteras ministeriales- salieron a los medios de comunicación a auto-felicitarse.  El número de detenidos civiles ya sumaban más de trescientos veinte en aquel momento. De los trescientos cortes de vías se había bajado a cincuenta, de igual manera el número de movilizaciones en diferentes localidades del país también había bajado… el paro indígena y las movilizaciones urbanas en diferentes partes del país aparentemente estaban en retroceso. “Se impone paulatinamente la normalidad”, llegó a aseverar en su ignorancia María Paula Romo, ministra del Interior. Sin embargo, la versión indígena era radicalmente distinta. Según Jaime Vargas, presidente de la CONAIE, “la represión de la fuerza pública permitió la movimiento fortalecerse y coordinar con sus bases y otras organizaciones sociales en cada provincia para poder desplazarnos hacia la capital”.

Apenas un par de horas más tarde comenzaban los mensajes de alerta en la capital. La Policía Nacional y el servicio de inteligencia del Estado detectaban fuerte movimiento en carreteras desde las provincias indígenas de la Sierra Central hacía Quito. La reacción no pudo ser más desafortunada, el ministro de Defensa, un general del Ejército en servicio pasivo que responde al nombre del Oswaldo Jarrín amenazó directamente a los movilizados: “Que no se provoque a la fuerza pública, no la desafíen o sabremos responder…”. Estas declaraciones encendieron aún más los ánimos de los movilizados.

Durante todo el día de ayer llegaron diversos contingentes de indígenas a la capital ecuatoriana y de forma sorpresiva también a Guayaquil, segunda ciudad en importancia del país. En diversos barrios populares de la periferia quiteña los indígenas fueron recibidos con actos de solidaridad por los pobladores locales, pese a una fuerte campaña de desprestigio y racismo posicionada por influencers de perfil ideológico conservador en las redes sociales. Con los acceso de entrada a las ciudades altamente custodiadas por las fuerzas de orden público -militares y cuerpos de élite de la policía nacional- los enfrentamientos se sucedieron por doquier. Más manifestantes detenidos, más violencia en medio de llamados poco creíbles llamados al diálogo e incluso algún que otra tanqueta policial incendiada durante las reyertas. 

Distintas puntos geográficos de la capital ecuatoriana se convirtieron en focos de conflicto entre movilizados y fuerzas del orden público. El presidente Moreno anunció una cadena televisiva gubernamental que fue tres veces aplazada y los periodistas destinados a cubrirla desalojados por los militares del palacio presidencial de Carondelet. 

Las movilizaciones populares, tanto en Quito como en Guayaquil, se combinaron con actos de vandalismo protagonizados por grupos organizados que aprovechaban la protesta para sus fines delictivos. De igual manera, militantes políticos que responden a la tendencia correista se infiltraron en las movilizaciones protagonizando asaltos de edificios públicos -Asamblea Nacional y Contraloría General del Estado- que fueron censurados por la CONAIE y otras organizaciones sociales convocantes de la marcha. En otras provincias, los movilizados ocuparon instituciones públicas tales como la Gobernación o el Consejo de la Judicatura en la provincia de Bolívar. Las movilizaciones fueron permanentes en las provincias amazónicas y en la Sierra Central, todas ellas con fuerte ascendencia indígena.

A las 21:00 horas del día de ayer por fin de dió la tan esperada cadena nacional. Moreno, custodiado por su vicepresidente a la derecha y su ministra de Defensa a la izquierda, junto a los jefes de los diferentes cuerpos militares atrás, manifestaba -con cierto nerviosismo- que el pueblo ecuatoriano esta asistiendo a un intento de golpe de Estado con asideros en un complot internacional. «El sátrapa de Maduro ha activado junto con Correa su plan de desestabilización”, aseveró el mandatario ecuatoriano, insistiendo en que las medidas tomadas “no tienen marcha atrás” y que “los saqueos, el vandalismo y la violencia demuestran que aquí hay una intención política organizada para desestabilizar el Gobierno y romper el orden constituido, romper el orden democrático”.

Para sorpresa de los ecuatorianos la cadena nacional se emitió desde la ciudad de Guayaquil, lo que implica que el Gobierno Nacional abandonó el Palacio de Carondelet en la capital quiteña para, recordando lo que hizo De Gaulle en mayo de 1968, instalarse en otra ciudad. 

La estrategia política y comunicacional del Gobierno de Lenín Moreno no pudo ser más desacertada. Nuevamente una escenografía de fuerza, el Presidente de la República rodeado de militares, que realmente emitía comunicacionalmente toda su debilidad -un Gobierno sin base social que tiene un credibilidad inferior al 16%-; en paralelo un confuso llamado al diálogo en medio de soflamas sobre que bajo ningún concepto se revisará el Decreto 883; por último una alerta sobre una supuesta trama internacional desestabilizadora tan poco creíble como las anteriormente posicionadas por Rafael Correa ante cada levantamiento indígena o paro obrero.

La noche quiteña fue larga, el vandalismo se apoderó de algunas zonas de la ciudad mientras manifestantes indígenas y estudiantes universitarios portaban carteles y pancartas cuya consigna era “Ni Correa ni Moreno”, buscando desmarcarse de la pretendida capitalización política correista de las movilizaciones.

Con la situación al límite, los movilizados se repartieron para pasar en la noche en tiendas de campaña situadas en parques públicos, en coliseos universitarios y locales de organizaciones sociales.

Sectores sociales ciudadanos solidarios con los movilizados suministraron en la noche alimentos y mantas a los recién llegados, estudiantes universitarios de enfermería atienden a los heridos y el periodismo alternativo trata de hacer coberturas coherentes sobre el qué y el porqué de lo que demandan los movilizados. En paralelo, otros sectores de ciudadanos capitalinos expresan su miedo ante la algarabía y convocan para hoy una movilización de rechazo a las movilizaciones, supuestamente para defender Quito. Mensajes xenófobos corren por las redes sociales y líderes conservadores llaman a movilizarse supuestamente contra el correísmo, intentando a su vez desmarcarse oportunistamente del Moreno, pero claramente antagónicos a lo que consideran una invasión de su ciudad por parte de “indios ignorantes”. 

Así amaneció el día hoy un país donde en estos momentos todo puede pasar… al cierre de la redacción de esta crónica, los movilizados comienzan a agruparse en zonas aledañas al centro de la ciudad Quito mientras van recibiendo nuevos contingentes de compañeros que van llegando en el transcurso del día de hoy a la capital.

Hoy posiblemente las movilizaciones serán calientes, mañana está convocada huelga general…

El fracaso del psicoanálisis. Hipótesis para un manifiesto

Lila María Feldman // Cátedra Felix Guattari + Psicoanálisis y Marxismo. ¿Fracaso del psicoanálisis?

Marie Langer, psicoanalista pionera del psicoanálisis en la Argentina, decía: “Freud y Marx han descubierto por igual, detrás de una realidad aparente, las fuerzas verdaderas que nos gobiernan: Freud, el inconsciente; Marx la lucha de clases”. Puede el psicoanálisis resolver lo segundo? Debe hacerlo, es su propósito? Si no lo hace, entonces postulamos que fracasa? Está en crisis? Sería posible pedirle al Marxismo que se ocupe del inconsciente? En todo caso, el psicoanálisis puede y debe interrogarse por su ética y su política, en su praxis, en su teoría y en sus instituciones, en su época, en cada época (hoy en particular, en estos tiempos de primacía neoliberal, pero también de avances y luchas feministas y antipatriarcales).

En el marco de debates y luchas políticas al interior, primero, y en contra después, de la más vieja, monopólica y conservadora institución psicoanalítica (la APA), que concentraba todo el poder regulando opresivamente el ejercicio profesional, (años 60-70) se dieron los desarrollos que cruzaban psicoanálisis y marxismo, así mismo enfrentando al poder y la práctica manicomnial.

Centralmente era una crítica al Poder, privilegiando en la profesión no la búsqueda de prestigio, status y logros económicos, sino desde el compromiso con la realidad social. Pensar a los psicoanalistas además, antes que nada, como trabajadores del campo de la salud mental.

Luego, es infaltable la referencia a León Rozitchner, también citado en el Manifiesto. León, releyendo “El malestar en la cultura” junto con la lectura de Marx, plantea que el capitalismo produce la negación de la propia agresión, que se vuelve contra uno mismo, en beneficio del sistema. Incluso propuso pensar al sentimiento de culpa, su génesis y su funcionalidad, como método de dominación social más potente. Señalaba que tanto a Freud como a Marx les interesaba poner de relieve la presencia de la cultura, en su dimensión histórica, en el seno del propio sujeto.

Langer, Rozitchner, como tantísimxs otrxs en la Argentina, en distintos momentos y circunstancias, se han ocupado de pensar sus puntos de encuentro, los debates y preocupaciones que acercaron Psicoanálisis y Marxismo. Este artículo se inscribe en esa historia, y coincidimos con los autores de este Manifiesto en señalar los efectos de silenciamiento y sepultamiento de tantos desarrollos del campo psicoanalítico como efectos de la última dictadura cívico- militar.

Somos muchxs lxs psicoanalistas que nos venimos ocupando del vínculo psicoanálisis y política, incluso de la política del psicoanálisis, y que sostenemos, y en este medio lo venimos haciendo, que el psicoanálisis es, también, una política.

Eso no necesariamente coincide, muchos pensamos que no, con proponer una “clínica o práctica militante”. Una clínica libertaria, que interrogue los vínculos del sujeto con determinadas servidumbres y vasallajes (internos y externos, el capital es uno de ellos) no es sinónimo de militar en la clínica. Nuestra posición no es la neutralidad pero sí lo es la abstinencia.

Por último, pensamos que el psicoanálisis se opone (en su mejor versión) a alienación, sumisión y opresión (en ese sentido se opone al mando neoliberal). En sus orígenes, el psicoanálisis fue una práctica que subvirtió un orden dado, se enfrentó a la doble moral burguesa, a los modos de concebir salud-enfermedad, fue un nuevo modo de pensar y tratar el padecimiento psíquico. El psicoanálisis, como toda praxis y campo de conocimiento, es un producto histórico social, y como tal se va recreando en el tiempo, con sus luchas, problemas, conflictos, etc. Pero por fuera de una idea de perfeccionamiento, adaptación y “progreso”.

No acordamos en plantear al psicoanálisis, los psicoanálisis habría que decir, desde un esencialismo, respecto de lo que “es” o lo que “debería ser” en términos absolutos. Ni atribuir su denominada “condición burguesa” a una particular orientación teórica. Desde cualquiera de sus orientaciones teóricas puede quedar subsumido a algún poder, o propuesta de dominación, dentro y fuera del propio campo psicoanalítico.
Muchxs pensamos que el psicoanálisis, hoy, sigue siendo resistencia y revuelta, frente a los poderes establecidos.¿Fracasó, entonces, el psicoanálisis? ¿Está en crisis? Este texto realizado por la Cátedra Abierta Félix Guattari de la Universidad de los trabajadores, así lo plantea.

El fracaso del psicoanálisis. Hipótesis para un manifiesto

Cátedra Abierta Félix Guattari de la Universidad de los Trabajadores

“El psicoanálisis hoy parece estar condenado a empezar por el final. Se trata en esencia de transmitir una teoría; en el mejor de los casos de formalizar una teoría sobre cuyos fundamentos y alcances ya nadie se pregunta. No es necesario, puesto que si ella existe en la cabeza de nuestros “gigantes del sillón”, es porque el Poder fundamentará al Saber. Yo no hago metáforas: hasta tal punto creo que lo reprimido es Marx, que entiendo que solo es posible leer algunos libros escritos por psicoanalistas mirándolos del revés” Oscar Masotta en Leer a Freud.[i]

1.

No hay múltiples intereses del psicoanálisis. En la medida en que aún no hay ni siquiera uno de orientación marxista en el poder, tanto solo hay y no podría sino haber Un psicoanálisis: el de orientación burguesa. Un único interés del psicoanálisis: el de la clase de los capitalistas en tanto personificación del capital.

2.

Lucha de clases, también en la praxis psicoanalítica. O el psicoanálisis como un campo de batallas. “Sacarle el psicoanálisis a la burguesía” (objetivo político-táctico) se presenta como momento inescindible del proyecto de una reconstrucción intergeneracional de la teoría crítica de la sociedad capitalista (objetivo teórico-estratégico). La revolución socialista (objetivo político-estratégico) exige la elaboración de un psicoanálisis marxista (objetivo teórico-táctico) como momento de la reconstitución de la crítica radical de todo lo existente. Frente a la burguesía psicoanalítica, el interés antagónico de una orientación marxista del psicoanálisis no podría ser otro que el de la clase proletaria. En virtud de la “transformación subjetiva” que se impone como momento necesario de la “transformación objetiva” implicada en la revolución socialista, su elaboración se presenta como tarea urgente. Los tres problemas de grupos delimitados por Gilles Deleuze respecto a los desarrollos de Félix Guattari en Psicoanálisis y transversalidad conservan plena vigencia: “¿De qué forma introducir la lucha de clases en la práctica y la teórica psicoanalíticas, una vez que se ha asegurado que, de cualquier modo, el capital está en el inconsciente mismo?; 2) ¿Conviene introducir, y cómo, el psicoanálisis en los grupos militantes revolucionarios?; 3) ¿ Cómo concebir y formar grupos terapéuticos específicos, cuya influencia se extienda a los grupos políticos, y también a las estructuras psiquiátricas y psicoanalíticas?” (énfasis añadido por intervención textual).

3.

La orientación lacaniana del psicoanálisis (en sus diferentes tendencias públicas) es la forma concreta que asume, en las actuales condiciones históricas del capitalismo argentino, la orientación burguesa del psicoanálisis.

4.

La necesidad histórica del lacanismo como tendencia hegemónica del psicoanálisis burgués en la Argentina, no se explica sin la eficacia genocida de la última dictadura cívico-militar.

5.

La caracterización burguesa del psicoanálisis hegemónico no refiere a una denuncia moral, una descripción sociológica, o sólo una delimitación ideológica. Responde, en lo fundamental, a un problema teórico y político. En términos decididamente teóricos, la orientación burguesa del psicoanálisis encuentra condición histórica necesaria en el fetichismo que caracteriza la conciencia enajenada. De allí la forclusión teórico-política de la “dialéctica de la modernidad” y la “inversión originaria” que la misma involucra. Se define entonces como una orientación producida a partir de la imposibilidad de introducir en su esquema que lo fundado en la moderna sociedad burguesa, es decir el capital, deviene fundamento de las prácticas sociales que asimismo lo producen, al auto-ponerse en inmanencia a las mismas como sujeto tendencialmente totalista del metabolismo social. En la escotomización de una tal inversión que hace al devenir social capitalista, estriba, por ejemplo: la necesidad teórica de postular un irreductible transhistórico desde el cual inscribir los resortes teóricos de la terapéutica. En lugar de delimitar y establecer un tal irreductible (pretender apoyar el resorte de la terapéutica en algo que no hay), un psicoanálisis marxista no podría sino orientarse en función de realizar la negación determinada de las mismas condiciones históricas involucradas en la producción de la experiencia del sufrimiento. En inmanencia a las condiciones objetivas que determinan la dominación, anidan las posibilidades de la emancipación. En inmanencia a las determinaciones objetivas que producen un sufrimiento determinado anidan las posibilidades materiales de su transformación (el sufrimiento no es “beneficio secundario” de alguien que goza, pues algo -la lógica del capital- goza en el síntoma; el sufrimiento es objetividad contradictoria del capital que se elabora conflictivamente en las personas).

6.

Psicoanálisis de orientación burguesa: manifestación teórica y/o práctica que se pretenda deudora del descubrimiento freudiano, y asimismo se sirva de la absolutización fetichizante de cualesquiera porción de la materialidad social, la cual, en tanto que objetivamente determinada por la relación social capitalista, es y no podría sino ser históricamente específica; o en su defecto, realizarse bajo la dominancia de la auto-valorización del valor (por caso, las temporalidades simbólico-imaginarias de larga duración propias del patriarcado, el monoteísmo y el lenguaje re-funcionalizadas conforme a las necesidades reales de la acumulación de capital). Aquella comporta una orientación signada por la extrapolación regresiva-prospectiva del logos del Capital (D-M-D´) en tanto que invariante transhistórica, concomitante a la inversión en el orden de las determinaciones históricas (lo que está antes, se confunde como necesariamente más determinante que lo que está después; confusión de la génesis histórica de las categorías con su dominancia lógica en la moderna sociedad de la mercancía).

7.

El revés del psicoanálisis…burgués.

Hay psicoanálisis de orientación burguesa porque hubo fetichización capitalogocéntrica. Es decir, compulsión involuntaria a invertir el orden de determinaciones históricas y, con ello, absolutizar las categorías transitorias, suprimibles y superables del capitalismo.

(Retomando la delimitación que introduce Omar Acha en Encrucijadas de psicoanálisis y marxismo sobre el problema de la abstracción social, intelectual y simbólica, señalamos que: a) toda abstracción intelectual con pretensiones de transhistoricidad encuentra sus condiciones de realización en la “hipóstasis y/o escencialización absolutizada” de una determinada abstracción social del mundo burgués; c) toda abstracción intelectual con pretensiones de singularidad irreductible encuentra sus condiciones de realización en la “particularización absolutizada” de una determinada abstracción social de la modernidad. Las abstracciones sociales son las formas límites de dominación de las relaciones sociales inherentes a las categorías reales del capital: mercancía, trabajo abstracto, valor, etc.; fetichizarlas conduce a absolutizar la dominación capitalista).

Sin ánimos de exhaustividad, entre las múltiples fetichizaciones capitalogocéntricas en las que incurre el psicoanálisis de orientación burguesa, en orden a su pregnancia en nuestros contemporáneos y a los obstáculos que introducen para la construcción de una orientación marxista del mismo, destacamos solamente las siguientes:

1) Fetichización lenguajera (o denegación formalista). Esto es, la absolutización fetichista de la experiencia objetiva del lenguaje históricamente específica de la modernidad capitalista, postulada como determinada por la estructura transhistórica a priori y universal del lenguaje. Puesta entonces como condición de la experiencia y, en última instancia, fundamento omnicomprensivo de la experiencia humana toda (particularidad disciplinaria que hace al punto de vista de la lingüística, o si se prefiere, de la teoría del significante, que se presenta como teoría de la totalidad). Para un psicoanálisis marxista, no hay inconsciente psicoanalítico porque hay barradura entre S1 y S2 en tanto invariante transhistórico de la estructura del lenguaje. Hay una tal barradura, siguiendo a Foucault: escisión entre las palabras y las cosas, porque hay capitalismo; porque hay forma-mercancía universalizada como sujeto fractal de lo social. En ese sentido, hay lo inconsciente freudiano (orden impersonal de determinaciones objetivas que opera, comandando las vidas, de espalda a la voluntad concreta de los particulares que asimismo lo re-producen) porque hay capitalismo.

2) Fetichización individualista (o denegación punitivista). Esto es, la absolutización fetichista de la premisa vivida correlativa a la objetividad del sistema de distancias que involucra la individualidad capitalista (absoluto-relativo): el hecho de no poder sino experimentar-ser sujetos de la acción/pasión, en el mismo tiempo y espacio, que somos objetos y agentes de la auto-valorización del valor. Lo cual conlleva el ejercicio de hipostasiar la grieta “constitutiva e irreductible” del “individuo” y lo “social”, en tanto que realidad transhistórica (absoluto-absoluto), redundando en una fetichización de las distancias constitutivas del individuo burgués (objeto/sujeto; verdad/saber, etc.) y entre este y lo “social” (subjetivo/objetivo). Para un psicoanálisis de orientación marxista, en cambio: a) hay grieta constitutiva del “sujeto” en tanto que hay capitalismo. Hay sujeto dividido entre la imposibilidad de no poder dejar de experimentarnos como sujeto de la acción/pasión y ser asimismo objeto-agente del capital; esto encuentra condición en que la mutación del nexo social en la modernidad, es decir el retroceso de la matriz de relaciones tradicionales signadas por formas de dependencia personal, es correlativo al nacimiento de lo inconsciente capitalista y de la conciencia libre enajenada al capital como peculiaridad del productor independiente de mercancías asimismo dependiente del lazo anónimo de la relación social capitalista; b) en rigor, para un psicoanálisis marxistamente orientado, siempre hay un Sujeto: el Capital (el valor-que-se-valoriza es el sujeto de lo inconsciente en la sociedad moderna.) Y personas, las cuales personalmente personifican dramáticamente una determinada mercancía y clase social (en lo que hace al dispositivo, personas, al menos dos: un analista y un analizante; clases sociales personalmente personificadas, siempre dos: burguesía y proletariado)[ii]; c) el psicoanálisis orientado en la senda inaugurada por la crítica de la economía política de Marx no podría sino asumir en términos ético-políticos el siguiente dictum: “Mi punto de vista (…) menos que ningún otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una criatura” (Marx, 1867: 8). En ese sentido, en tanto que marxistamente orientado, no podría sino poner en cuestión la concepción burguesa de la responsabilidad como resorte terapéutico. Quién dice sufrir, no goza. Sufre. No hay beneficio secundario de la persona en el sufrir. Un psicoanálisis marxista no responsabiliza al individuo como sujeto de la acción/padecer (concepción burguesa de la responsabilidad). Dado que tal cosa le resulta realmente imposible (límite material históricamente específico). Tampoco prescinde de la responsabilidad como resorte. Interviene, en cambio, en inmanencia a su consideración burguesa, para confrontar contra la “infértil unilateralización del pensamiento” que involucra (del o la analista) y la “sobre-culpabilización” del que sufre a la que conlleva (del lado analista hacia el/la analizante). En la moderna sociedad burguesa, para las personas es realmente imposible responsabilizarse unilateralmente como sujeto. Y esto, en la medida en que la individualidad capitalista es una relación social contradictoria, la cual se funda en el no poder sino experimentar ser sujeto de la acción/pasión, en la misma porción de la materialidad social, en que se es objeto-agente de auto-valorización del valor. Tan solo de esa contradicción que se debate conflictivamente en nosotros, en las actuales condiciones de producción y reproducción social, es que podemos realmente responsabilizarnos. Solo de Eso somos y no podemos sino ser garantes. (Responsabilizar unilateralmente como  “sujeto”: psicoanálisis en tanto engranaje del terror represivo del Estado burgués; responsabilizar unilateralmente como objeto-agente: psicoanálisis como representante del cínico-drama capitalista).

8.

Freud sobre todo, pero Lacan también a su manera… ambos hacen culto de la fetichización capitalogocéntrica. 

9.

Estamos y no dejaremos de estar en la función psicoanalítica de la reproducción social de la moderna sociedad; en el campo de lo orientado burguesamente sin mediación crítica alguna, y en última instancia, “haciendo sistema con el sistema productor de enfermedad” (Rozitchner) en tanto que, en nombre del psicoanálisis (y no sólo, puesto que también podría hacerse lo propio en nombre del marxismo), se redunde en el ejercicio de hipostasiar una realidad relativa a la sociedad burguesa (absoluto-relativa) en tanto que realidad individualizada (“singular irreductible”) o transhistórica (absoluto-absoluto).

10.

Escribe Marie Langer en Cuestionamos: “Cuestionamos las omisiones que comete el pensamiento psicoanalítico corriente. Escotomiza el modo en que la estructura de nuestra sociedad capitalista entra, a través de la familia, como cómplice en la causación de las neurosis, y en que se introduce, a través de nuestra pertenencia de clase en nuestra práctica clínica, invade nuestro encuadre y distorsiona nuestros criterios de curación.  (…) cuestionamos al Freud ideólogo que toma la sociedad como dada y al hombre como fundamentalmente incambiable. Cuestionamos, además, la institucionalización actual del psicoanálisis y su pacto con la clase dominante (…) Cuestionamos el aislamiento de las instituciones psicoanalíticas, sus estructuras verticales de poder y el liberalismo aparente de su ideología”.

11.

Un psicoanálisis marxista prescinde deliberadamente de postular y/o adscribir a todo horizonte político-normativo de neutralidad. No por resultarle una ascesis harto difícil, o por una especie de politicismo deudor de un inclaudicable compromiso militante, sino, lisa y llanamente, por resultarle realmente imposible en condiciones de producción capitalista. Entiéndase, nuestra problematización en torno al fracaso del psicoanálisis en el siglo XXI, al tiempo que categorial, no esconde asimismo un posicionamiento teórico-político comunista asumido; y consecuentemente, no escatima de explicitar razones eminentemente políticas. A saber: establecer una confrontación frontal con el psicoanálisis de orientación burguesa en todos sus planos de existencia, sin miramientos ni distinción de fondo respecto a sus tendencias internas (freudianxs de Freud y lacanianxs de Lacan: neoliberales, o, en el mejor de los casos, progresistas; freudianos y lacanianos de Perón: populismo psíquico). Y esto en virtud de la urgente tarea de “sacarle el psicoanálisis a la clase burguesa en general”.

12.

Comprender para combatir…

En el marco de la hegemonía lacaniana post-dictatorial que determina la actualidad burguesa del psicoanálisis en la Argentina, problematizar el fracaso del psicoanálisis presupone cierto rodeo a los efectos de concertar una puesta en consideración crítica respecto a la univocidad que suscita el término “psicoanálisis” entre nosotrxs. Entiéndase, no podemos referirnos a dicho fracaso sin antes delimitar, al menos someramente, que entendemos por psicoanálisis. A tales fines, nos servimos de una distinción analítica sui generis elaborada para la ocasión (precaria, rudimentaria, pero que nos servirá provisoriamente) a los efectos de dar cuenta de la realidad que involucra en el siglo XXI eso que habitualmente denominamos “El PSICOANÁLISIS” (orden de realidad habitualmente escotomizado en su complejidad histórica, y reducido a los estrechos márgenes de tan solo uno de sus planos de existencia: “La Clínica”, como destino que le asigna el psicoanálisis de orientación lacaniana). “El Psicoanálisis”, el único hegemónico por el momento, el orientado burguesamente, no es como puede leerse en boca de encumbrados psicoanalistas (incluso en el mejor de los orientados de manera burguesa): “una bolsa de gatos”. ¿Qué es “El Psicoanálisis”?, es en cierto sentido la pregunta en cuestión. En virtud de su escrutinio crítico, y de esbozar algún tipo de respuesta, conviene entonces comenzar por destacar tres planos de existencia, cada uno de los cuales involucra una determinada práctica y relación social, un micro-mundo de agentes, una ubicación geo-política y un criterio de auto-reflexividad específico (validación/legitimación). Si una tal distinción analítica contribuye a producir la necesidad de re-preguntar, ¿en qué sentido?, cuando se enuncie “El Psicoanálisis”: ya habrá sabido brindarnos su aporte. A continuación entonces los planos de existencia de psicoanálisis burguesamente orientado. A saber:

1) Psicoanálisis en tanto Movimiento político-institucional (“La Causa freudiana”, “La Internacional”, o la “Multinacional del psicoanálisis”): a) práctica paradigmática: acción político-frentista (o si se prefiere: rosca, lobby y presión corporativa en defensa de los intereses del Psicoanálisis); b) micro-mundo de agentes: políticxs del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: centros neurálgicos de la producción de saber (Francia) con filiales instaladas en los países de la periferia que responden a las ordenanzas de la casa matriz; d) criterios de auto-reflexividad: a nivel del enunciado, defensa de la singularidad y del sujeto ante el aplastamiento que ejerce el discurso capitalista (eso es lo que dicen, ¿pero qué se dice en lo dicho?); e) a nivel de la enunciación: intereses corporativos frente al avance global de la industria farmacéutica y las terapéuticas con las que ésta establece alianza de manera deliberada; perpetuación de la relación neo-colonial con sus filiales de la periferia y concomitantemente con lxs consumidorxs de sus productos (lxs practicantes). Es decir, garantizar la circulación del flujo de capitales en el sentido periferia-centro y la sumisión en términos de saber-poder en la misma orientación.

Otras observaciones: a) las diferencias entre instituciones no es obstáculo para la conformación de alianzas por la Causa Freudiana en defensa de los intereses corporativos; b) las diferencias entre las instituciones no responden a diferencias estrictamente teóricas (daremos cuenta de eso a continuación); c) la dirigencia política establece como política para sus filiales en los países periférico avanzar sin cuartel en la toma de todos y cada uno de los lugares de poder-saber que sea posible (por caso, Universidades del Sistema Público de Educación; Hospitales del Sistema Público de Salud).

2) Psicoanálisis en tanto corpus teórico de la praxis: a) práctica paradigmática: práctica teórica; b) micro-mundo de agentes: teóricos del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: Francia (con excepciones); d) criterios de auto-reflexividad: problemas de legitimación estrictamente teóricos suscitados por sectores de la intelectualidad crítica (por caso, crítica de la teoría feminista y la teoría queer, respecto al carácter evidentemente patriarcal y heterocisnormativo del corpus teórico psicoanalítico; crítica de Deleuze y Guattari en El Anti-Edipo); problemas de legitimación suscitados por determinadas coyunturas sociales y políticas (por caso, Mayo del 68); problemas de legitimación de la teoría suscitados por cambios en las preferencias de sus consumidorxs, es decir de lxs practicantes (por caso, dado que Argentina resulta una filial cardinal para las finanzas de la Multi-nacional psicoanalítica, el cambio de signo político, y la persistencia de la episteme progresista-populista entre lxs practicantes, conlleva asimismo una concesión por parte de la dirección-política. La relativamente reciente polémica Aleman-Miller en torno a la “peronización” de la filial Argentina patentiza con claridad el punto aludido); e) por último, respecto a los criterios de auto-reflexividad, cabe destacar la política editorial del movimiento relativa a lxs teóricos de El Psicoanálisis emprendida en virtud de la auto-financiación científica (oda a la propiedad privada de los medios de producción, circulación, distribución y consumo sin mediación crítica alguna).

Otras observaciones: a) cuando decimos psicoanálisis en tanto corpus teórico de la praxis, nos referimos a desarrollos teóricos que necesariamente y de manera coherente articulen la elaboración de fundamentos estrictamente teóricos (¿qué?) y cuestiones relativas al dispositivo y al método (¿cómo?); b) cuando nos referimos al micro-mundo de lxs teóricos del Psicoanálisis geo-políticamente ubicados en Francia, queremos poner de relieve que lxs prácticamente de la periferia (de los países del centro tampoco) no hacen teoría en sentido estricto. Más bien, consumen el producto teórico (y en tal caso, “acomodan”, “retocan”, “aplican”), los esquemas de inteligibilidad elaborados por lxs teóricos (volveremos sobre esto a continuación); c) ponemos el foco en lxs practicantes de la periferia (nos referimos de hecho al campo psi argentino) puesto que a nivel global el psicoanálisis en tanto práctica clínica no porta un peso significativo, sino que solo importa en virtud de los fundamentos teóricos que podría aportar. Por caso, en eso estriban los usos que del psicoanálisis hace generalmente el marxismo teórico cuando lo extiende a su campo de problemas. Busca elementos de utilidad en los fundamentos estrictamente teóricos del psicoanálisis, haciendo a un lado, sin interesarle, los desarrollos en torno al dispositivo y las cuestiones de método[iii]; d) así como cuando decimos “periferia” incurrimos en cierto desatino, puesto que nos referimos en gran medida al mundo de lxs practicantes del psicoanálisis en la Argentina, también al decir lxs teóricos “en plural” incurrimos en cierta forma en lo mismo. Luego de la muerte de Lacan, el plural se justifica sólo para hacer mención a dos teóricos: Jean Laplanche, en lo que hace a los desarrollos del denominado “psicoanálisis postlacaniano”, y Jaques Alain Miller, albacea de la Obra de Jaques Lacan, en lo que hace al psicoanálisis de orientación lacaniana. Sobre ésta segunda orientación, cabe destacar que lxs directores y directrices teóricos/as (cuando no también políticos/as) de las instituciones francesas que no participan de la Asociación Mundial del Psicoanálisis, en lo fundamental, tributan en términos teóricos al esquema establecido por Miller. Por caso, Colette Soler y Jean Allouch. No amerita mención el lugar de las direcciones teóricas (cuando no, también políticas) de las filiales de la periferia, ni de lxs psicoanalistas que ocupan lugares de poder en las Universidades locales. Es evidente que éstxs en sentido estricto no elaboran teoría, sino que inscriben su práctica teórica al mundo de la aplicación, los ajustes de adecuación y a producir literatura de divulgación[iv]. Para que se entienda el punto, algunas preguntas a modo de corolario: Lxs Profesorexs del Psicoanálisis (esxs que Masotta denominaba los “gigantes del sillón”): ¿Qué teoría del deseo de propia cosecha sostienen? ¿Postulan acaso una teoría de lo inconsciente significativamente diferencial a la postulada por Jacques Lacan y/o Sigmund Freud? ¿Elucubran y se orientan en función de otra categoría de lo real? ¿Sostienen la necesidad de otra orientación y la desarrollan consecuentemente? ¿Plantean acaso una teoría del signo en psicoanálisis? Es menester poner de relieve que la práctica académica, ser un profesional de aquello, no necesariamente involucra hacer teoría en sentido estricto. Escribir papers, por ejemplo, no es hacer teoría (en otras disciplinas científicas, por caso, la física teórica y la matemática, esa aclaración es una verdad de Perogrullo. En el psicoanálisis, no. Porta incluso aires de subversión. La medicina incluso es menos oscurantista a este respecto).

3) Psicoanálisis en tanto práctica clínico-terapéutica  (“La Clínica”): a) práctica paradigmática: práctica clínico-terapéutica de orientación psicoanalítica; b) micro-mundo de agentes: lxs practicantes del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: en términos significativos, en algunos países de la periferia, en centros urbanos de la Argentina por caso; no teniendo relevancia cuantitativa en términos globales; d) criterios de auto-reflexividad: eficacia terapéutica/exigencias jurídico normativas; e) coyunturas políticas locales/internacionales que insten una adecuación y/o aggiornamiento a nivel del enunciado (acomodación a lo políticamente correcto).

Otras observaciones: a) cuando decimos practicantes en tanto que agente del micro-mundo, nos referimos a quienes ejercen, aplican, adecuan y/o divulgan los esquemas de inteligibilidad (mercancía) producidos por lxs teóricos del psicoanálisis (en el caso de la orientación lacaniana, el establecido por Jaques Alain Miller); b) es conveniente distinguir la reflexión teorética a partir de la experiencia “clínica”, es decir en torno a lo que se hace en la clínica, o la divulgación de conceptos del psicoanálisis (lo que bien pueden realizar lxs practicantes), con la elaboración decididamente categorial de los fundamentos teóricos que se presentan como condición, esto es: que fundan el campo de lo experimentable en la experiencia, es decir el conjunto de los fenómenos pasible de hacerse presente y los que será imposible que así lo hagan, como así también el cómo del abordaje de los mismos, al igual que la orientación-dirección de la intervención. Esto segundo no es lo que hacen lxs practicantes, sino lxs teóricos. O en el caso de la orientación lacaniana, el teórico; c) es menester destacar la red de saber-poder en la que se inscriben necesariamente lxs practicantes del psicoanálisis en tanto que tales. Tomemos como referencia para esto el denominado “campo psi” en las grandes urbanizaciones en Argentina, haciendo foco nada más en los efectos de la hegemonía lacaniana a nivel de la formación académica formalmente establecida. A saber: magra posibilidad de conocer la historia conceptual de la disciplina, como tampoco los avatares político-coyunturales globales y locales que determinan la configuración actual de la misma; magra posibilidad de disponer de elementos para escrutar críticamente los fundamentos estrictamente teóricos de la propia praxis; magra posibilidad de vender la fuerza de trabajo en tanto que proletario de la psicología sin subsumirse a los imperativos de la Internacional psicoanalítica, es decir: la no adaptación conlleva riesgos de ver mermadas las posibilidades de hacerse de relación social; magra posibilidad de formarse como practicante sin subsumirse en la maquinaria formativa-recaudadora de la multinacional psicoanalítica, incluso, desde el acceso más elemental a su producción bibliográfica; magra posibilidad de vender la fuerza de trabajo en tanto que proletario de la investigación (divulgación de la doctrina) en las Universidades del Sistema Público de Educación, sin subsumirse a la línea teórica que baja la internacional a través de “los gigantes del Sillón” (cuadros medios) a los que se refería Masotta; en todo, imposibilidad de no orientarse sino burguesamente en el ejercicio de la praxis psicoanalítica (aplicación, adecuación y/o divulgación de la doctrina establecida por Jaques Alain Miller), a riesgo de estar imposibilitado para ejercerla.

13.

Fracaso del psicoanálisis… burgués.

Establecimos un mínimo de distinción analítica respecto al orden complejo de realidad que, desde una orientación marxista, se introduce a contrapelo de la univocidad fetichistaque suele suscitar el término “psicoanálisis” (objetivo: -“psicoanálisis…” –“un momento: ¿en qué sentido?, ¿respecto a cuál de sus planos de existencia?”). Hecho eso, podemos adentrarnos ahora en la problematización que nos convoca: el fracaso del psicoanálisis. Hemos dicho que nos interesa problematizar un tal fracaso como momento de una confrontación abierta con el psicoanálisis de orientación burguesa en todos sus planos de existencia. Elegimos ese y no otro momento, en virtud de presentársenos como una posibilidad de intervenir en la disputa del sentido y concomitantemente de las respuestas que, el psicoanálisis, por el momento el único que hay (en sentido dominante), el de orientación burguesa, elabora ante la crisis que lo atraviesa. Hay una relación consustancial entre lo que diagnosticamos como fracaso del psicoanálisis y su crisis (la pregunta en torno a la crisis del psicoanálisis ha sido percibida incluso por la “progresía psi”, siendo objeto de múltiples publicaciones, debates y encuentros de reflexión en el medio tanto local como internacional).

¿Qué entendemos por “crisis del psicoanálisis? Apoyándonos en uno de los insumos críticos que delimita Santiago Roggerone en ¿Alguien dijo crisis del marxismo? (2018) al momento de abordar el problema de las crisis del marxismo: problema-imposibilidad-exigencia de renovación-imposibilidad-crisis, sostenemos que el psicoanálisis atraviesa una crisis objetiva, históricamente determinada por la fase actual del capital, en tanto que la misma le presenta un conjunto de problemas relativos a la producción histórica del sufrimiento (social) y de naturaleza estrictamente corporativa (política) que exige como condición sine qua non para la resolución de los mismos una renovación que alcance la totalidad de sus planos de existencia; viéndose asimismo impedido de realizar una tal reformulación radical. La crisis del psicoanálisis es resultante del encuentro conflictivo entre tal exigencia de renovación radical y la imposibilidad objetiva de realizarla. A modo de corolario, es decir en virtud de poder explanar la efectuación de la crisis, nos remitimos a uno de los planos de existencia establecidos anteriormente: el psicoanálisis en tanto que práctica clínico-terapéutica (“La Clínica”), cerniéndonos a su realidad en el denominado “campo psi porteño”. ¿Cómo sería posible captar una tal crisis del psicoanálisis en el plano de “La Clínica”? A saber:

1) Problema: a) particularidad del sufrimiento objetivamente determinado por la fase actual del capital; b) aceleración y expansión de la dinámica semoviente de la auto-valorización del valor que incrementa la posibilidad de experimentar sufrimiento por parte de los actores particulares y agentes colectivos;

2) Imposibilidad: en lo que respecta al psicoanálisis de orientación burguesa, imposibilidad para hacer frente y asistir al sufrimiento objetivamente determinado que le presenta la fase actual del capital.

  1. a) En lo que hace al quehacer clínico-terapéutico del psicoanálisis implícitamentemediado por el Estado, es decir cuando la presencia del mismo no se torna inmediata (aunque, claro está, es imposible que deje de estar presente), señalamos lo más obvio: regulación de la práctica profesional y regulación del valor de la fuerza de trabajo, podría suceder que no se torne evidente para lxs practicante su imposibilidad de asistir el sufrimiento (practicante psi como cuentapropista y/o precariado de prepagas, obras sociales, etc.). Cabe destacar en este punto que ciertas cuestiones de dispositivo podrían contribuir a falsear la experiencia (de hecho son cuestiones estrictamente teóricas). Produciendo la experiencia en lxs practicantes de que el psicoanálisis no tendría inconvenientes para asistir al sufrimiento que le presenta el capitalismo. Esto es: a partir de que se logra asistir uno, dos, tres sufrimientos particulares, experimentado por una, dos, tres personas particulares (sufrimientos y personas que presentan ciertos privilegios que le permite recurrir a una tal terapéutica y ser pasible de su influjo); el problema es que se extrapola una ley general. A partir de lo cual se infiere la eficacia “actual” del psicoanálisis. La falsedad de una tal extrapolación se patentiza al asumir un punto de vista de la totalidad. Por caso, y no hace falta ir hasta la determinación en última instancia, a nivel del capitalismo global: ¿Cuáles son los problemas-sufrimientos que se le presentan al psicoanálisis? ¿Está a la altura de hacer frente al sufrimiento producido por la migración forzosa, los padecimientos que involucra la pauperización y precarización de las condiciones materiales de vida de sectores cada vez más vastos de la población que “estructuralmente” están impedidos de vender su fuerza de trabajo, los dramas y desgarramientos que involucra el devenir apocalíptico del capital en su huida desenfrenada de la desvalorización, los sufrimientos que involucra la violencia machista, heteronormativa y cis-sexista? El psicoanálisis de orientación burguesa, en lo que hace a esta vertiente de la imposibilidad, justifica el estar en crisis por el simple hecho de ver impedida la venta de su fuerza de trabajo como cuentapropista (“las personan no van a terapia”). Palabras más o menos, a eso queda reducido el problema. Es evidente, no todxs lxs practicantes pueden ser psicoanalistas de psicoanalistas, abocarse a lo que se abocan en gran medida los “gigantes del sillón” (cuadros-medios de la multinacional). Y asimismo, si lxs practicantes no venden su fuerza de trabajo, no disponen de dinero para adentrarse en Un psicoanálisis con los susodichos “gigantes”. He de allí que la crisis deviene un problema del Movimiento que justifica su abordaje, aunque claro está, sea un abordaje en inmanencia a los límites burgueses de su orientación.
  2. b) Esta imposibilidad para hacer frente y asistir al sufrimiento objetivamente determinado que le presenta la fase actual del capital, se torna mucho más evidente para lxs practicantes cuando se trata de su intervención en lo que increíblemente se dice “problemáticas sociales”, en la mayoría de las cuales el psicoanálisis interviene en el marco explícito de los quehaceres del Estado (practicantes psi como obrero y/o precariado del Estado); o bien, hacia el interior de los denominados “Movimientos sociales” (practicantes psi como precariado mediado por el aparato político o el Estado). Cabe destacar asimismo el sufrimiento que involucra y la impotencia que conlleva dicha imposibilidad para lxs practicantes. Acá la pregunta podría ser la siguiente: en el que-hacer clínico-terapéutico de lxs practicantes psi, ¿qué tiene que ver el psicoanálisis, en su existencia burguesa, respecto a lo que se denuncia como una imposibilidad de hacer frente al sufrimiento que se presenta en “La Clínica”?

3) Exigencia de renovación: los problemas-sufrimientos que la fase actual del capital le presenta a “La Clínica” no son pasibles de elaboración si la cuestión se reduce al micro-mundo de lxs practicantes (eso no niega que, como hemos dicho, sea posible asistir un sufrimiento determinado en una persona particular). Es menester que se parta desde allí, desde los obstáculos-prácticos, en virtud de extenderse a todos planos de existencia del psicoanálisis. Ahora bien, no basta replegarse a partir de tales obstáculos a una reflexión crítica respecto a cierto déficit del dispositivo (¿cómo?). Es necesario poder ir más allá: dirigirse a los fundamentos estrictamente categoriales del corpus teórico de la praxis (¿qué?). El psicoanálisis de orientación burguesa a nivel de “La Clínica”, desde ésta y por parte de lxs mismxs practicantes, pretende tramitar la crisis que lo atraviesa mayoritariamente reflexionando en torno al “dispositivo de transmisión” (el problema no es el qué ni el cómo, sino cómo se trasmite/divulga lo que se hace y el cómo se lo hace). Ni siquiera se avizora la posibilidad de poner en cuestión el “dispositivo clínico-terapéutico”. Por caso: a) escrutando críticamente las razones que lo justifican a nivel del cómo (¿por qué hacer “La Clínica”, la de Verdad, exigiría el dispositivo “individual”, “privado”, heredado de la clínica médica?); b) escrutando críticamente los criterios a partir de los cuáles se justifica y verifica la eficacia de la terapéutica (¿cómo saber que lo que hace llega a lograr los objetivos que se propone terapéuticamente?). El hecho de que las reflexiones en torno a la crisis, en inmanencia al psicoanálisis burgués, no llegue siquiera a poner en cuestión el “dispositivo clínico-terapéutico” estriba en lo siguiente. A saber: en tanto que praxis, como hemos señalado, la pregunta por el cómo se subtiende, indisolublemente, desde la pregunta por el qué. No es posible escindir la relación entre los fundamentos estrictamente teóricos y los postulados teoréticos del dispositivo. Indagarse por uno, conllevaría necesariamente a poner en cuestión el otro. Poner en cuestión los fundamentos, haría lo propio con el dispositivo.

(Paréntesis: hacer lo propio con el dispositivo clínico-terapéutico, conlleva por ejemplo a un problema isomórfico al que sucede en el marxismo respecto a la práctica política: cuando frente a los problemas prácticos (“no lograr hacer la revolución”), en lugar de indagar el dispositivo (problemas de organización), cierta vertiente del mismo se dirige a realizar una renovación teórica radical del archivo-Marx (por caso, lo que hace la “teoría crítica del valor”). ¿Cuál es el problema que surge? ¿En qué se resiste a ese movimiento radical? Por el supuesto de que si se asumen los obstáculos prácticos (método), si se ponen en cuestión los modos de organización (dispositivo clínico-terapéutico), se fundan nuevos presupuestos teóricos respecto de los cuales el método y la organización de antaño se demuestran ineficaces respecto a los objetivos que se persiguen (¿qué?). Entonces… “nos quedamos sin política revolucionaria. No hay política”. ¿Cómo se transcribe esto en el psicoanálisis (siempre nos referimos al burgués)? “Nos quedamos sin clínica”. Para un psicoanálisis marxista eso es falso, así como es falso el hecho de quedarse sin política revolucionaria si se intentan renovar los fundamentos decididamente teóricos del archivo-Marx.)

No sé niega, lo hemos dicho, que el psicoanálisis, hacia el interior de sus límites burgueses, pueda y logre asistir terapéuticamente el “sufrir de más” (Lacan) de una persona y/o de un agente colectivo. El problema es que la “burguesía psi” parte de la necesidad de ligar esa capacidad con una gesta subversiva o contestataria, cuando de hecho redunda en contribuir a la adaptación individual a las determinaciones objetivas del capital de una manera “menos mortífera”: sin ese “sufrir de más”. Lo cual no resta valor, ni menosprecia la labor del/la analista, respecto a la importancia que puede tener ese no “sufrir de más” para alguien en particular. Hacia el interior de la orientación burguesa del psicoanálisis, no se puede hacer sino reformismo-terapéutico: a partir de un sufrir de mas, reformar tal afecto en un “infortunio y/o infelicidad ordinaria” (palabras más o menos, eso señala Freud en Estudios sobre la histeria). Nada indica que sea posible establecer racionalmente (el psicoanálisis es ciencia conjetural, no mística) radicalidad alguna a una tal reforma afectiva. Es decir, establecer una relación necesaria entre el proceso terapéutico que tal reforma involucra y la negación/abolición de las condiciones históricas (determinaciones objetivas) que producen el sufrimiento (determinaciones subjetivas).

4) Imposibilidad: el psicoanálisis de orientación burguesa se encuentra impedido de tramitar los problemas que le presenta la fase actual del capital (en “La Clínica”: imposibilidad de asistir la particularidad que el sufrimiento le presenta), en tanto que una tal tramitación exige una renovación radical en todos sus planos de existencia. Viéndose impedido, hacia el interior de sus límites burgueses, para realizarla. Para elaborar la crisis que lo atraviesa, el psicoanálisis debería dejar de ser. Dejar de ser, tal y como lo conocemos: burgués. El psicoanálisis de orientación burguesa es necesariamente condición de posibilidad de su absolución e inhibición de la misma; condición de una refundación inmanente orientada marxistamente, e inhibición (por todos los medios) de una tal posibilidad. Impedir la refundación del psicoanálisis desde otra orientación es el objeto de desvelo de los políticos del Movimiento (dirigencia europea, cuadros-medios locales). Lxs practicantes “lo hacen, pero no lo saben”. No hay “mala fe” (la multinacional se encarga de que, a excepción de algún “desvío”, no dispongan de los más mínimos y rudimentarios insumos para el ejercicio de la crítica de los propios presupuestos teóricos; ni de su función en la reproducción de la sociedad que produce el sufrimiento).

El problema del psicoanálisis burgués no es el de su distribución, intercambio, circulación y/o consumo, sino el de su producción en el seno de la sociedad moderna. Las crisis del capital y de la reproducción social, en inmanencia a las coyunturas de la lucha de clases que las acompañan, subtienden los problemas del psicoanálisis. Es necesario, para hacer frente a eso, un psicoanálisis de la clase proletaria (en su intersección de clase, raza y género). Independencia de clase, también en la praxis psicoanalítica. La construcción decidida y el establecimiento (en todos los planos de existencia del psicoanálisis) de una orientación marxista se avizora como la única capaz de hacer frente a los desafíos que la fase actual de la acumulación capitalista le presenta al psicoanálisis. Por caso, y a modo de corolario: a) es la única orientación capaz de establecer una relación de determinación entre el capital, lo inconsciente, el deseo, el goce y el sufrimiento, habida cuenta que las categorías del capital (valor, mercancía, trabajo abstracto, etc.) son las categorías de lo inconsciente capitalista; b) es la única que podría otorgarle al psicoanálisis una crítica radical sobre el Estado capitalista y su relación con la producción del sufrimiento, derivada asimismo de las determinaciones objetivas de la unidad de la relación social capitalista; c) es la única capaz de “salvar” al psicoanálisis de la falsa extra-territorialidad que redunda en una participación involuntaria en la reproducción de las mismas condiciones objetivas que producen el sufrimiento; d) ante los “bizarrismo capusotescos” que priman respecto a “la función del dinero en psicoanálisis”, es la única capaz de introducir un mínimo de verosimilitud fundando un corpus teórico psicoanalítico que señale una única y tan solo una función del dinero: “la función de la relación social del equivalente general en el capitalismo”; e) al interseccionarse con los feminismos, la teoría queer, los estudios decoloniales, la crítica capacitista, etc., la orientación marxista es la única capaz de presentarle al psicoanálisis los mecanismos de producción desigual y combinada del sufrimiento, en virtud de contemplar no solo el consumo o la distribucióndesigual del mismo (en función de determinaciones de clase, género, raza, etc.), sino la forma de producción y reproducción de una tal desigualdad ulteriormente distribuida f) en última instancia, la orientación marxista es la única capaz de criticar radicalmente “el horizonte de su época” (Lacan). Esto es: “la época de la burguesía” (Marx). Por lo tanto, es la única capaz de elaborar una terapéutica que necesariamente contenga en sus presupuestos mismos la transformación, supresión y superación de las condiciones históricas que producen el “sufrir de más” como necesidad. Es decir: abolir la moderna sociedad capitalista.

5) Crisis: el psicoanálisis burguesamente orientado está en crisis. No hay psicoanalistas en crisis. Y eso es un problema.

6) Fracaso. Habiendo establecido algunas coordenadas mínimas respecto a la crisis del psicoanálisis, ahora sí: el fracaso del psicoanálisis. EL FRACASO DEL PSICOANÁLISIS remite al fracaso que se patentiza en su orientación burguesa respecto a elaborar, tramitar y ulteriormente lograr superar la crisis que lo atraviesa de cabo a rabo en todos sus planos de existencia. En última instancia, un fracaso correlativo a su imposibilidad de hacer frente a los problemas que le presenta la fase actual del capital hacia el interior de sus límites burgueses; asimismo asociado a su imposibilidad de dejar de orientarse burguesamente, lo cual es condición necesaria para la superación de la crisis.

14.

Es menester para el marxismo, sobre todo para aquel que se pretende por necesidad “psicoanalíticamente informado”, reponer la sospecha cuando no la imputación, foucaultiana, deleuziana-guattariana, feminista, por mencionar algunas, respecto al estatuto del psicoanálisis como engranaje histórico de la reproducción de la dominación burguesa. No es conveniente abonar al sobreentendido… Entiéndase, para un psicoanálisis marxista no se trata de desechar al psicoanálisis por mera “ciencia burguesa”. Sino más bien escrutar, poner de manifiesto, calibrar en qué sentido, en qué medida y hasta qué punto, conviene a los comunistas denegar (perder de vista) la eficacia de una tal filiación (psicoanálisis=reproducción del mundo burgués). Es tarea primordial de un psicoanálisis de orientación marxista salir al cruce de los elementos teórico-políticos burgueses (múltiples fetichizaciones capitalogocéntricas) que, bajo la forma de la solución de compromiso, se introducen en tanto obstáculo en el marxismo cuando éste extiende al psicoanálisis hacia su campo de problemas. (Por caso, se creyó encontrar en el psicoanálisis la posibilidad de elaborar los obstáculos de una “izquierda sin sujeto” (Rozitchner). ¿Estamos segurxs que como contrapartida no hemos incorporado “un sujeto sin izquierda”?)

15.

Hasta nuevo aviso, el psicoanálisis, en el mejor de los casos, es progre-reformista. Pero por eso no deja de ser, en última instancia y fundamentalmente, burgués. He de allí la presunción de partida que conviene a lxs comunistas… El psicoanálisis: primero burgués, engranaje de la reproducción del capital. Luego vemos.

16.

Tenemos una rica tradición en torno a la encrucijada de psicoanálisis y marxismo. Esa herencia nos es imprescindible. He allí una memoria fundamental. A partir de la cual hacer un legado animado desde las propias preguntas, experiencias y problemas. Un archivo que será tan nuestro como queramos que sea. La construcción colectiva de un psicoanálisis marxista es una intervención generacional en el marco de un diálogo intergeneracional. Necesitamos aliadxs estratégicxs y alianzas tácticas para elaborar un frente único contra la burguesía psicoanalítica.

[i] El texto fue intervenido performaticamente en el punto dónde la derrota política de los setenta conlleva para el intelectual argentino abandonar el marxismo como esquema de inteligibilidad general y el problema estratégico de la revolución como horizonte político.

[ii] A la luz de este segundo punto, se patentiza la fetichización cientificista del psicoanálisis de orientación burguesa. Sin demorarnos en su descripción y consecuencias iatrogénicas, basta señalar que la misma se funda en sostener al “Sujeto de la ciencia” (Lacan), reverso del cogito cartesiano, como el sujeto del psicoanálisis. Lo cual redunda en la imposibilidad de determinación en última instancia del Sujeto-Capital respecto a la ciencia moderna. Denegando asimismo la relación del sujeto del cogito con el sujeto burgués propietario y el ciudadano del Estado capitalista. Forclusión teórico-política entonces: a) de la determinaciones objetivas del Sujeto-Capital respecto al sujeto del psicoanálisis en particular y el psicoanálisis en general; b) de la determinación objetiva del sujeto burgués propietario en particular y del ciudadano del Estado capitalista en general respecto al psicoanálisis y el sujeto de lo inconsciente.

[iii] Sin intensión de demorarnos en este punto, interesa sí destacar algunas breves precisiones respecto a la extensión en lo que hace a la historia del diálogo entre marxismo y psicoanálisis. Es conveniente distinguir analíticamente, por un lado, la extensión del psicoanálisis por parte del marxismo hacia su campo de problemas. En ese sentido, los criterios de auto-reflexividad de la extensión (en que se justifica que el marxismo haga uso del psicoanálisis) son estrictamente teóricos (desatiende a los desarrollos teoréticos del psicoanálisis) y se funda en ciertos aportes que el archivo-Freud podría dispensar al campo de problemas marxistas. En lo que hace a la historia de una tal extensión en el sentido anteriormente señalado, cabe destacar los siguientes elementos que, a grandes rasgos, el marxismo consideró poder encontrar en el psicoanálisis: a) una teoría del “sujeto” que le permitiese considerar la dominación capitalista en su eficacia inconsciente, saliendo al relevo de los esquemas eminentemente conciencialistas del marxismo tradicional; b) una teoría del lenguaje que le permitiese al marxismo incorporar en sus esquemas la plurificación de la experiencia social que introduce la significancia, saliendo al relevo de cierta homogeneización de la experiencia a nivel de las personas, tal como se patentiza en ciertos análisis sociológicos (lo que se describe como siendo no es siempre lo que los particulares experimentan siendo); c) aun escasamente explorada, una teoría de la historia a través del problema de la eficacia retroactiva y multi-dimensional de las temporalidades de mediana y larga duración dilucidadas por la teoría freudiana (Acha), en virtud de elaborar el problema de la “no contemporaneidad de lo contemporáneo”; calibración teórica de la relación entre las dinámicas abstractivas de dominación impersonal producidas tanto por la especificidad histórica de la temporalidad capitalista como también por las temporalidades de longue duree del lenguaje, la dominación masculina, el patriarcado, o el monoteísmo; d) agregamos nosotros, el RSI lacaniano, en función del cual organizar el campo de fenómenos de la crítica de la economía-política, atendiendo a los planos de efectuación derivados aunque diferenciales que involucran las relaciones sociales modernas (por caso, real: valor que-se-auto-valoriza; simbólico: forma-mercancía; imaginario: eficacia especular-fetichista). Ahora bien, el sentido de extensión recientemente señalado, no debe confundirse entonces con el que destaca Freud, por ejemplo en Múltiples intereses del psicoanálisis. La extensión por Freud señalada refiere a los aportes del psicoanálisis mismo, no los que realiza otro archivo (para el caso que nos convoca: el marxismo) sirviéndose del psicoanálisis. Lo que ha hecho el marxismo con el psicoanálisis, por ejemplo encontrar “la crítica más dramática al individualismo burgués” (Rozitchner), tiene muy poco que ver con Freud, sino más bien con la mediación crítica que lxs marxistas hacen a través de él. Freud “silvestre” en extensión es ¿Por qué la guerra? (lo inconsistente de su planteo y lo inconducente de sus observaciones no ameritan escrutinio alguno). Por último, nos interesa destacar que no conviene confundir el psicoanálisis en extensión, cualquiera de los dos sentidos sea al que se aluda, a lo que podríamos establecer como psicoanálisis en inmixión marxista; o en su defecto: paradigma esquizoanalitico. Sirviéndonos de un esquema similar como el que utilizamos para examinar el psicoanálisis de orientación burguesa, respecto a éste plano de existencia del psicoanálisis marxista durante el siglo XX, único no burguesamente orientado, es posible establecer lo siguiente: a) práctica paradigmática: inmixión entre la praxis psicoanalítica y la praxis revolucionara; b) micro-mundo: militantes comunistas involucrados en la praxis del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: no la hay en la actualidad (salvo excepciones en lo que hace a la recomposición de las fuerzas teórico-políticas y la conservación generacional del archivo, por ejemplo por parte de la revista y editorial Topia en Argentina); d) criterios de auto-reflexividad: elaboración de una teoría crítica de la servidumbre involuntaria y la dominación inconsciente en el capitalismo en la inmixión del archivo-Freud y el archivo-Marx; e) conformación de un dispositivo y un método terapéutico coherente con una tal teoría; f) posibilidad de establecer una terapéutica-política específica que se prolongue en su eficacia en los grupos de militancia revolucionaria; g) antecedentes históricos: izquierda freudiana, Reich (sexpol), Guattari-Deleuze (esquizoanálisis). Y otrxs. Este plano de existencia del psicoanálisis resulta una referencia elemental y el antecedente ineludible para elaborar un psicoanálisis marxista en el siglo XXI.

[iv] A nivel nacional, mención aparte ameritarían: 1) los desarrollos del Dr. Alfredo Eidelsztein, en su deliberado y por demás encomiable intento de refundar teóricamente, desde la Argentina, los fundamentos del psicoanálisis lacaniano. No obstante ya se dejan avizorar, al menos para una orientación marxista del psicoanálisis, los siguientes límites en el desarrollo de su “programa de investigación”. Por mencionar solamente cuatro: a) el psicoanalista confunde los planos de existencia de El Psicoanálisis, cuestión que lo lleva a incurrir en ciertos desatinos argumentativos. Por caso, confunde la apropiación que lxs practicantes hacen de la teoría psicoanalítica establecida por Jaques Alain Miller (en la mayoría de los casos tendientes a una repetición terminológica pre-categorial), con los postulados y razones estrictamente teóricas en las que éste último funda los esquemas del psicoanálisis. Esto conlleva en cierto sentido a inducir déficits categoriales severos en sus planteos (arma lo que se dice en la jerga teórica “un espantapájaros” para discutir. Miller podrá ser del todo cuestionable, pero su entendimiento no es pasible de reducirse al grado de vulgaridad al que pretende reducirlo Eidelsztein. Miller es alguien lucido); b) el Dr. Eidelsztein adolece de una pre-comprensión teórica del archivo marxista en particular y del campo de problemas de la teoría crítica en general, lo cual parecería necesariamente hacer encallar su programa de investigación; c) nada parece avizorar que la pretensión crítica de refundar el psicoanálisis lacaniano redunde en una problematización respecto a la elaboración de organizaciones de nuevo tipo; en virtud de las cuales sortear los desatinos institucionales que signan los derroteros del psicoanálisis en tanto Movimiento político-institucional; d) no se perciben, hasta el momento, desarrollos teoréticos propios en torno al dispositivo y al método, por lo cual según nuestra delimitación no podría definirse en sentido estricto como teórico del psicoanálisis. No obstante lo anteriormente mencionado, el programa de investigación de Eidelsztein, sin dejar de inscribirse en el psicoanálisis de orientación burguesa, es sin lugar a dudas lo más progresivo hacia el interior de dicho campo. 2) Mención aparte ameritan los desarrollos que nos lega Silvia Bleichmar en el decurso de su trabajo como teórica de la praxis psicoanalítica. Es de esperar que sus aportes se presenten como una referencia insoslayable para la elaboración de cualquier psicoanálisis que se pretenda marxistamente orientado; 3) por último, cabe destacar a nivel nacional que el rechazo por la elaboración de un psicoanálisis “en nombre propio” como estado de ánimo generalizado en lxs psicoanalistas, y la concomitante subsunción a los esquemas importados a través de las diferentes Escuelas-filiales, es una particularidad del campo psi argentino post-dictatorial. Resaltamos en este punto la prepotencia y arbitrariedad, la actitud desafiante y la inclaudicable búsqueda de una voz propia, sino marxista, al menos sí crítico-radical, presente en las elaboraciones de Enrique Pichón Rivieré, Marie Langer y José Bleger, entre otrxs.

Fuente: http://lobosuelto.com/el-fracaso-del-psicoanalisis-hipotesis-para-un-manifiesto-catedra-felix-guattari-psicoanalisis-y-marxismo-fracaso-del-psicoanalisis-lila-maria-feldman/

David Wallace-Wells: “El problema no es la negación del cambio climático, es la indiferencia”

David Wallace-Wells, autor de ‘El planeta inhóspito’, cree que la subida de temperaturas es inevitable y que todos los paisajes del mundo van a cambiar

Por Guillermo Altares

Desde su publicación en Estados Unidos, El planeta inhóspito. La vida después del calentamiento (Debate), libro del periodista David Wallace-Wells (Nueva York, 1982) que acaba de salir en España, causó una honda impresión por la forma en que enfoca el cambio climático. Su tesis, basada en miles de datos (casi un tercio de su ensayo son notas a pie de página), es que ya es demasiado tarde: los efectos de la crisis serán devastadores, hagamos lo que hagamos. Aun así, la humanidad debe seguir recortando las emisiones, para no llegar a niveles letales de calentamiento que provocarán un sufrimiento inimaginable, pero sobre todo tiene que prepararse para mitigar los efectos de lo que, inevitablemente, viene. Director adjunto de la revista New York Magazine, su libro nació primero como un artículo y fue creciendo hasta convertirse en un inquietante aldabonazo sobre el futuro de la humanidad. Esta entrevista se realizó el lunes en Madrid.

Pregunta. ¿Estamos condenados? Su libro recuerda un poco a aquel relato de Ray Bradbury en el que dos personajes esperan con paciencia el fin del mundo, anunciado para esa misma tarde, hasta que uno de ellos se da cuenta de que se ha dejado un grifo abierto. Lo cierra y vuelve a esperar el final…

Respuesta. Es una cuestión de cómo definimos «condenados». Creo que ya es inevitable una subida de las temperaturas, es imposible evitar los dos grados de calentamiento, un nivel que los científicos consideran catastrófico. La cuestión es cuánto sufrimiento van a provocar esos dos grados. A veces caemos en la trampa de pensar de forma binaria en el cambio climático. ¿Es real o no es real? ¿Lo derrotaremos o nos derrotará a nosotros? ¿Está ya aquí o forma parte del futuro? Para mí el enfoque es que cada grado de subida de temperatura que logremos reducir evitará a su vez una enorme cantidad de sufrimiento humano. Si tenemos la esperanza de conservar el clima tal y como es ahora, creo que estamos condenados. Pero eso no significa que el proyecto de conservar la vida humana también esté condenado. En un mundo con dos o tres grados de calentamiento, con un nivel enorme de dolor y sufrimiento, seguiremos pensando cómo mejorar nuestra vida, en nuestros seres queridos… Creo que aunque suba la temperatura nuestra civilización sobrevivirá y nos adaptaremos. La cuestión es cuánto nos adaptaremos y con qué grado de calentamiento tendremos que lidiar.

P. ¿Y no podemos hacer nada?

R. Es importante entender que el aumento de la temperatura depende de nosotros. No es un proceso que ocurra fuera de nuestro control, sino a causa de lo que hacemos. Una de las cosas que hacen muy inquietante el calentamiento es que demuestra el poder que tenemos sobre el clima. Soy escéptico sobre la posibilidad de que lleguemos a vivir en un mundo que sea confortable, pero cuánto calentamiento evitaremos depende de lo que hagamos en las próximas décadas.

P. Pero una de las cosas que plantea su libro es que el clima cambia muy rápido y que unos procesos desencadenan otros. ¿Hasta qué punto tenemos la situación bajo control?

R. Creo que seguimos teniendo el control y lo tendremos todavía durante unos años. ¿En qué momento entraremos en un sistema que se calienta solo y no solo impulsado por las emisiones de carbono? No sabemos cuándo ocurrirá y da mucho miedo pensar en ese momento. Para mí es otro argumento a favor de actuar rápidamente, para no alcanzar ese punto de inflexión. Algunas partes del sistema están ya fuera de nuestro control, pero las emisiones de carbono provocadas por la humanidad siguen siendo el factor principal del cambio climático.

P. ¿Qué sensación le dejó la reciente cumbre sobre el clima de Nueva York? ¿Cree que los dirigentes fueron lo suficientemente concretos?

R. La parte geopolítica del problema me parece la más preocupante. Puedo imaginar que se encuentren soluciones tecnológicas, que naciones e individuos tomen medidas concretas, pero organizar este proyecto a nivel global me parece un auténtico desafío. El Acuerdo de París es un fracaso de hecho porque casi ningún país va a cumplir los objetivos de emisiones, y la evolución geopolítica del mundo, con países retirándose del orden internacional y abrazando el nacionalismo, hace que el problema sea mucho más difícil de solucionar. Pero creo que tenemos hacer todo lo posible para evitar esto.

P. ¿Se refiere a cada ciudadano individual, que cambie sus hábitos de desplazamiento o de alimentación?

R. Creo que las acciones individuales tienen un papel, pero muy pequeño si se compara con las acciones políticas. El impacto que los individuos pueden tener, a través de lo que compran o cómo viajan, es trivial comparado con el impacto que pueden lograr los grandes cambios políticos. Estabilizar el clima del planeta nos obliga a eliminar completamente las emisiones de carbono. No vale con reducir las emisiones, hay eliminarlas. A no ser que nos imaginemos a los ocho mil millones de habitantes del planeta renunciando a desplazarse o haciéndose veganos, lo que necesitamos es inventar proteínas no animales y lograr viajar sin avión sin marca de carbono y eso representa cambios de política a gran escala.

P. En su libro, asegura que no cree que podamos confiar solo en la tecnología para encontrar una solución a la crisis.

R. Tengo una relación complicada con la tecnología. Creo que la tecnología forma parte de la solución, sin duda. Y ya hemos logrado innovaciones, por ejemplo el progreso y el precio de las renovables. Estamos viviendo el principio de la tecnología que permite capturar carbón, pero que algo sea posible en el laboratorio no significa que se pueda aplicar en la realidad y mucho menos en la escala necesaria. Tenemos la tecnología, pero no podemos asumir que pueda ser desplegada globalmente para evitar los escenarios catastróficos. Es un problema que no puede tener una sola solución: es demasiado complicado y demasiado amplio porque cualquier aspecto de nuestra vida tiene una marca de carbono. Es el mayor problema al que se ha enfrentado la humanidad.

P. ¿Y cómo le explica eso a Donald Trump, o a Jair Bolsonaro o incluso al nuevo Ayuntamiento de Madrid, que ha rebajado drásticamente la zona de bajas emisiones actualmente existente? ¿Cómo le explica todo esto a los que niegan el cambio climático o, sin negarlo, se quedan de brazos cruzados?

R. El gran problema no es la negación del cambio climático, es la indiferencia. Tanto en Estados Unidos como en Europa, la inmensa mayoría de la población cree que el cambio climático es un hecho. El problema es que muy pocos están dispuestos a tomar medidas radicales. Eso es lo difícil: que esa gente pase de estar remotamente preocupada a estar muy preocupada por su futuro inmediato. Dirigirse al 10% o 20% que no cree en el cambio climático sería perder el tiempo. Es más o menos el mismo porcentaje de los estadounidenses que cree que en la Tierra viven alienígenas. Y a esa gente le diría: miren a su alrededor, escuchen las noticias, contemplen lo que ocurre solo con 1,1 grados de subida de las temperaturas. Ahora mismo la temperatura del planeta es más elevada de lo que ha conocido la humanidad en su historia. Y vamos a tener en el mejor de los casos un aumento de la temperatura del doble: veremos ciudades en Oriente Próximo y Asia en las que hará tanto calor que no se podrá salir a la calle en verano, habrá mil millones de refugiados climáticos. Y estamos hablando de 2040 o 2050. Y eso implica construir ciudades completamente nuevas. Necesitamos mostrar que actuar rápidamente es esencial para todos.

P. Cuando contemplamos los cuadros de los maestros holandeses durante la Pequeña Edad de Hielo no reconocemos ahora los paisajes helados que aparecen en ellos. ¿Nos ocurrirá lo mismo con los paisajes en los que vivimos actualmente?

R. Todos los paisajes del mundo van a cambiar durante este proceso. Y todo lo que pensamos que eran características inmutables de nuestro entorno se van a transformar. Creo que la Pequeña Edad de Hielo es una ilustración interesante: la humanidad sobrevivió aunque en medio de mucho sufrimiento. Pero el cambio climático provocado por el hombre es muy dramático.

P. Durante la Pequeña Edad de Hielo en algunas zonas de Europa la esperanza de vida se redujo hasta los 30 años, mucho menos que en la Edad Media.

R. Desde un punto de vista podemos decir que la cosa no fue tan mal, que sobrevivimos. Desde otra perspectiva, podemos decir que el sufrimiento fue dramático y que cambió por completo la sociedad en ese periodo. Y ahora nos adentramos en una era en la que todo será mucho más dramático. Los paisajes a los que estamos acostumbrados serán muy diferentes en nuestra vejez. Y será el reflejo a su vez de un declive agrícola, de crisis económicas y de problemas de salud pública. Ningún aspecto de la forma en que vivimos juntos en este planeta se librará de los efectos del cambio climático. Es casi como si hubiésemos aterrizado en un nuevo planeta. También pienso que somos una sociedad más adaptable y más tecnológica que en aquella época.

P. ¿Qué piensa del movimiento que encabeza Greta Thunberg? ¿Cree que es el símbolo de algo que está cambiando muy rápidamente?

R. Es el rostro de un movimiento político global enorme. Es el ejemplo de los adolescentes que ven esta crisis mucho más claramente que sus padres y que piensan, con razón, que por qué las otras generaciones están haciendo tan poco para proteger el planeta en el que van a vivir ellos. La historia de Greta es sorprendente y emocionante. Hace un año, era una adolescente sin amigos que se sentaba sola con un cartel ante el Parlamento sueco y un año después lidera marchas en las que participan millones de jóvenes y adultos y se ha convertido en el rostro indudable del movimiento contra el cambio climático. Es fascinante que se convirtiese en eso. Y es importante tener en cuenta que no está pidiendo el control, no quiere dirigir las políticas, ni siquiera realiza peticiones particulares, lo que pide es que los líderes actuales presten atención a la ciencia y diseñen políticas que la ciencia pide. No creo que exista un precedente similar en toda la historia: que una adolescente de 16 años lidere un movimiento de millones de personas. La opinión pública se está moviendo muy rápidamente, sobre todo los jóvenes, y que creo que refleja el impacto incontestable del cambio climático. Refleja que hace un año el IPCC (el grupo de expertos de la ONU) difundió un informe que mostraba que sus efectos van a ser mucho más dramáticos de lo que se pensaba hasta ese momento. Es también el reflejo de los efectos del clima extremo que vemos cada día, que nos convierte a todos en activistas climáticos. Vemos esos vídeos horribles de fuegos que en segundos devoran una ciudad entera. Y los científicos dicen que los incendios serán dos o cuatro veces peores y ni siquiera pueden hacer predicciones sobre cómo serán en un futuro más lejano. Por no hablar de las sequías y de los huracanes sin precedentes.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/10/01/ciencia/1569932819_735054.html

Michel Foucault: “Lacan aterrorizaba a los que tenían miedo”

J. Nobécourt: Suele decirse que Lacan ha sido el protagonista  de “una revolución del psicoanálisis”. Piensa que es exacta y aceptable esta definición de “revolucionario”?

M. F.– Yo creo que Lacan habría rechazado ese término de “revolucionario” y la misma idea de una revolución en psicoanálisis. El quería simplemente ser “psicoanalista”. Lo que a sus ojos suponía una violenta ruptura con todo lo que tendiera a hacer que el psicoanálisis dependiera de la psiquiatría, o a hacerlo un capítulo algo sofístico de la psicología.

El quería sustraer al psicoanálisis de la proximidad, que consideraba peligrosa, de la medicina y las instituciones médicas.

Buscaba en él no un proceso de normalización de los comportamientos, sino una teoría del sujeto. Es porque, pese a la apariencia de un discurso extremadamente especulativo, su pensamiento no era ajeno a los esfuerzos que se habían hecho para cuestionar las prácticas de la medicina mental.

J. Nobécourt: – Si Lacan, como usted dice, no ha sido un revolucionario, es totalmente cierto que sus obras han tenido una influencia muy grande en la cultura en las últimas décadas. ¿Qué es lo que ha cambiado después de Lacan en los modos de ser de la cultura?

M. F.–  ¿Qué ha cambiado? Si me remonto a los años 50, la época donde el estudiante que yo era leía las obras de Lévi-Strauss y los primeros textos de Lacan, me parece que la novedad era la siguiente: descubríamos que la filosofía y las ciencias humanas vivían sobre una concepción muy tradicional del sujeto, y que no era suficiente decir, con algunos, que el sujeto era radicalmente libre, y con otros, que estaba determinado por condiciones sociales.

Nosotros descubrimos que había que buscar liberar todo lo que se esconde detrás del empleo aparentemente simple del pronombre “yo” [je]. El sujeto, una cosa compleja, frágil, de la que es tan difícil hablar, y sin la cual no podemos hablar.

J. Nobécourt: Lacan tuvo muchos adversarios. Fue acusado de hermetismo y de “terrorismo intelectual”. ¿Qué piensa de esas acusaciones?

M. F.– Pienso que el hermetismo de Lacan se debía al hecho de que él quería que la lectura de sus textos no fuera simplemente una “toma de conciencia” de sus ideas.

El quería que el lector se descubriera él mismo [lui-même] como sujeto del deseo a través de esta lectura. Lacan quería que la obscuridad de sus Escritos fuera la complejidad misma del sujeto, y que el trabajo necesario para comprenderlo fuera un trabajo a realizar sobre sí mismo [soi-même].

En cuanto al “terrorismo”, solamente subrayaré una cosa: Lacan no ejercía ningún poder institucional. Los que lo escuchaban querían escucharlo, precisamente. Solo aterrorizaba a los que tenían miedo. La influencia que uno ejerce nunca puede ser un poder que se impone.

 

Esta entrevista a Michel Foucault, fue publicada por el  diario italiano Corriere della sera el 11 de septiembre de 1981.

Alain Deneault: «La mediocracia es la antesala de una revolución»

El filósofo canadiense Alain Deneault publica Mediocracia (Turner), un ácido ensayo donde alerta de la revolución anestésica que ha llevado al poder a los mediocres generando una sociedad injusta y sin pensamiento crítico.

Por Andrés Seoane

En pocos años se convirtió, junto a Naomi Klein , en uno de los intelectuales más importantes de la izquierda crítica de Canadá, publicando varios libros sobre las multinacionales mineras y las facilidades que concedía su país a los paraísos fiscales y reflexionando sobre la «gobernanza» como una forma de transformar la política en una retórica de gestión puramente gerencial y altamente coercitiva. En su nuevo libro, Mediocracia (Turner), el filósofo y profesor de ciencias políticas en la Universidad de Montreal, Alain Deneault (Quebec, 1970), se hunde en las raíces de nuestro sistema social para descubrir por qué las mediocridades están sobrerrepresentadas en el personal de las empresas neoliberales y en los pasillos del poder contemporáneo , es decir, por qué vivimos en una mediocracia.

Analizando varios aspectos actuales, ya sea el mal estado de la investigación universitaria, la perversión del lenguaje público y privado, el reinado de expertos o el viraje de la política hacia un centro extremo donde se desdibujan sus ejes, Denault advierte de que “ vivimos sin advertirlo en un sistema donde los individuos son destruidos por la invasión de las normas empresariales , y sometidos sin su conocimiento, incluso en el uso de las palabras mismas, a intereses capitalistas cada vez menos distintos del poder público”. Y añade que “la mediocracia no es solo un desarme intelectual, también constituye la una herramienta para desmantelar la soberanía del Estado a favor de las corporaciones multinacionales”.

Pregunta. ¿Qué es exactamente la mediocracia, qué la caracteriza y en qué nos convierte?

Respuesta. Mediocridad es en francés, como en español, el sustantivo que designa lo que es promedio, como «superioridad» e «inferioridad» se refieren a lo que es superior e inferior. Ser mediocre es encarnar el promedio, querer ajustarse a un estándar social, en resumen, es conformidad. Pero esto no es en principio peyorativo, pues todos somos mediocres en algo. El problema de la mediocridad viene cuando pasa a convertirse, como en la actualidad, en el rasgo distintivo de un sistema social. Hoy en día nos encontramos en un sistema que nos obliga a ser un ciudadano resueltamente promedio, ni totalmente incompetente hasta el punto de no poder funcionar, ni competente hasta el punto de tener una fuerte conciencia crítica . Aquellos que se distinguen por una cierta visión de altura, una cultura sólida o la capacidad de cambiar las cosas quedan al margen. Para tener éxito hoy, es importante no romper el rango, sino ajustarse a un orden establecido, someterse a formatos e ideologías que deberían cuestionarse. La mediocracia alienta a vivir y trabajar como sonámbulos, y a considerar como inevitables las especificaciones, incluso absurdas, a las que uno se ve obligado.

P. Este modelo mediocridad se ha establecido y afianzado a lo largo del siglo XX, ¿por qué ha sido así y cómo se ha extendido a todos los niveles que detalla en el libro, educativo, económico, cultural y político?

R. En el siglo XIX, la mediocridad se refería al temor de la burguesía al surgimiento de la clase media, que insistía cada vez más en que podría desempeñar un papel en áreas que alguna vez se reservaron para ella, como las artes, las ciencias, la política o el ejército. Desde esa época, autores completamente diferentes como Marx, Max Weber, Hans Magnus Enzensberger o Lawrence Peter informan de una paulatina evolución, lo mediocre se convierte en el referente de todo un sistema. En el siglo XX hay una inversión de la relación: la «mediocridad» ya no denota lo que la clase dominante teme, sino lo que organiza: un orden en el que los agentes se comportan de una manera media, intercambiable, predecible y remota . Los mediocres tomaron el poder casi sin darse cuenta, como respuesta a una evolución de la sociedad en dos aspectos. El primero, fue la transformación gradual de los oficios en empleos. Esto implicaba una estandarización del trabajo, es decir, algo promedio. Se ha generado un tipo de promedio estandarizado, requerido para organizar el trabajo a gran escala en el modo alienante que conocemos, y hemos hecho de este trabajo promedio algo incorpóreo, que pierde significado y que no es más que un medio para que el capital crezca y para que los trabajadores puedan subsistir.

“El otro aspecto de esta toma del poder”, continúa Deneault, “fue la aparición de corporaciones multinacionales en muchos sectores después de la Segunda Guerra Mundial, lo que alentó el desarrollo de protocolos de trabajo estrictos y controles administrativos globales”. Algo que hoy en día, explica, se ve acentuado y consolidado por “la financiarización del capital, que nada a favor de una oligarquía accionarial obsesionada solo por los rendimientos financieros. El trabajo, ahora estandarizado, se reduce a una actividad con criterios precisos e inflexibles que sólo permite la subsistencia . Como profesor, como administrador, e incluso como artista, uno está obligado a someterse a modalidades hegemónicas para subsistir”.

P. Achaca buena parte de la consolidación de este sistema al ámbito educativo, universitario, ¿cómo fomenta y sostiene la mediocracia?

R. La propia universidad anuncia su desviación tan pronto como asume su autoridad sobre algo más que las facultades de la mente. El conocimiento y el significado no pueden surgir del tráfico basado en intereses. Los profesores que hoy venden resultados de investigaciones a las empresas que las financian no se distinguen de los sofistas descritos por Platón. La universidad no debe privilegiar de ninguna manera las preguntas que interesan a sus «clientes», que para ella son las empresas y las autoridades públicas. Realizar trabajos de investigación en instituciones financiadas por los ciudadanos debería servir para proporcionarles conocimientos, conceptos y análisis desde los cuales puedan pensar libremente sobre su mundo, pero esto no ocurre hoy en día. En lugar de los intelectuales de antaño, hoy domina la figura del experto, que, como explicaba Edward Saïd, traduce de una forma pseudocientífica un posicionamiento que es, ante todo, los intereses de quien lo patrocina, sean empresas que van en contra del medioambiente o políticos que quieren llegar al poder . Y esta falta de independencia es algo dramático, pues no genera universitarios con pensamiento crítico, sino trabajadores para el sistema.

P. Durante todo el libro critica la deformación del lenguaje en todos los ámbitos, ¿hasta qué punto es clave cuestionar este lenguaje gerencial moderno para repolitizar la sociedad?

R. Desde finales del siglo XX en el mundo de habla inglesa se ha ido eliminando paulatinamente del vocabulario todo lo que pueda referirse a las realidades del intercambio, la ayuda mutua y la solidaridad, así como toda una serie de referencias tradicionales como clases sociales y luchas, soberanía popular, interés general, sujetos colectivos… También se ha excluido cualquier referencia filosófica a la ciudadanía, a la «república» como principio filosófico, así como a la democracia. En lugar de estos marcadores históricos, se han impuesto las barbaridades de las teorías de la organización privada: «sociedad civil» en lugar de ciudadanos, “consenso» en lugar de debate, «empoderamiento de los individuos» en lugar de solidaridad social, «responsabilidad social corporativa» en lugar de restricciones sociales, el «desarrollo sostenible» en lugar de la ecología política… Y la lista sigue sin fin. Los semánticos del poder inventan nuevos términos que los políticos, obsesionados con sus carreras y los académicos, obsesionados con sus subvenciones, repiten sin escrúpulos . Esta dialéctica es una revolución anestésica. El lenguaje ya no es un vector de significado o cuestionamiento, sino un juego de falsas pretensiones articuladas en la ideología de la ganancia.

Por eso, Deneault considera que “este statu quo mediocrático es la antesala de una revolución. Porque una revolución no es sólo barricadas ni pancartas sangrientas, sino también consiste en romper con lo establecido. Y para ello es esencial romper con este lenguaje gerencial moderno”, defiende Deneault. “Debemos volver a conectarnos con el significado, con términos que tengan memoria y un rango crítico. El lenguaje es lo que nos ayuda a cuestionar las cosas y debatir abiertamente” . En su opinión, sin la intensidad del lenguaje las ideas ven sus debates “reducidos a artificios del lenguaje, donde el que se atreve a levantar el tono queda descalificado por el epíteto extremista. Sin cuestionar los términos léxicos del debate, seguiremos desunidos e invitados, como máximo, a vivir una vida mediocre”.

P. Ahora que tanto se habla de la polarización política en nuestras sociedades usted asegura que en realidad vivimos en un centro extremo, que nunca cuestiona nuestros sistemas y estructuras actuales, ¿sería cuestionar el capitalismo sobre el que todo orbita la manera de corromper la mediocracia?

R. El extremismo, desde un punto de vista moral, es ser intolerante con todo lo que no es uno mismo. En este sentido, el centro extremo es una estrategia ideológica y comunicativa que establece como «normal», «pragmático», «ponderado», «razonable», «racional» o incluso «necesario» y «verdadero» un discurso que además se presenta como no opcional, como inevitable. Vestido con la elegancia de la razón, la esperanza y la necesidad, hay un discurso de interés destructivo frente a los ecosistemas, injusto en términos de cuestiones sociales e imperialista con respecto a la geopolítica. El marketing ideológico supera el pensamiento político. Esta política que se aprueba por una necesidad de la naturaleza, como si obedeciera a las leyes fundamentales, no busca ubicar el cursor en algún lugar del tradicional eje izquierda-derecha, sino eliminar este eje . Ejemplos hay muchos, pero uno podría ser, por no caer en tópicos, Emmanuel Macron, quien asumió el poder en lo que parece ser un golpe de estado finamente ejecutado por los poderes del dinero. Él es la figura de esta mediocracia, que disuelve la política en el lenguaje de la gestión y las altas finanzas, para actuar como si todo, absolutamente todo, en términos de la organización de la vida en sociedad, se pensara de acuerdo con los criterios vigentes en el mundo de los negocios. Todos los argumentos políticos de la actualidad, ya sean identificados como de izquierda o de derecha, parten de una suposición incuestionable de que nuestros sistemas y estructuras actuales son sólidos. Una verdadera revolución comenzaría con un reconocimiento de que el capitalismo en sí mismo es defectuoso e implicaría primero derribar esa estructura y reemplazarla con algo más humano y equitativo.

P. ¿Por qué ha llegado ahora este sistema a un punto crítico, por qué ya no podemos permitirnos la mediocridad hoy en día?

R. Podemos permitirnos vivir en la mediocridad siempre que la degradación generalizada nos satisfaga y estemos de acuerdo en la infantilización en la que el capitalismo nos sumerge en cuestiones políticas. Si estamos globalmente satisfechos con el simple estado de «empleado» y «recursos humanos» (¡tristes expresiones ahora trivializadas por el vocabulario de la administración!) o si nosotros mismos percibimos el mundo desde el punto de vista de los consumidores formateados por el marketing, no hay razón por la cual este régimen deba detenerse . Sin embargo, nos enfrentamos a problemas demasiado graves: el calentamiento global, la contaminación del aire, el colapso de las instituciones públicas… Hay tantas amenazas que no podemos estar satisfechos con confiar el poder a jefes sin visión y sin convicciones. Estamos en un punto de inflexión, la cuestión es tanto política como moral, y se refiere a que en que colectivamente merecemos algo mejor.

P. ¿Cuáles serían, entonces, las alternativas para luchar contra la mediocracia?

R. El pensamiento crítico sigue siendo una cosa fundamental, es decir, negarse a usar las ideologías de la época y caminar de acuerdo con sus prescripciones sin hacer que se detengan seriamente. Pero la modernidad nos muestra desde el siglo XIX que la crítica no es suficiente para generar formas de resistencia capaces de transformar profundamente el orden de las cosas. No hay una transformación radical únicamente cuando las personas lo deciden, sino también cuando sucede algo decisivo en términos de eventos. La crisis ecológica en la que estamos inmersos anuncia cambios de paradigma que van a influir en el cambio mucho más que la voluntad humana. No es un progreso hipertécnológico lo que nos espera, sino otros fenómenos bastante contrarios como el agotamiento de la riqueza necesaria para la fabricación de objetos de alta tecnología, la interrupción de la cadena alimenticia tradicional por la desaparición masiva de especies, la reducción considerable de tierras cultivables, la desaparición de bosques enteros, el avance del desierto, el deshielo de los glaciares, el aumento de las inundaciones, la contaminación del aire… Estos fenómenos probablemente se transformarán el mundo mucho más profundamente que cualquier Revolución francesa o del 17 de octubre.

Fuente: https://elcultural.com/alain-deneault-la-mediocracia-es-la-antesala-de-una-revolucion