El desconcierto boliviano

Por Oscar Vega Camacho

1.

Los recientes sucesos en Bolivia vuelven a desafiar a los modos de entender y nombrar lo que ocurre en la actualidad. Como también a las formas de situarnos y orientarnos en los fluctuantes campos de batalla y en las evanescentes fronteras donde se disputan el hacer y el sentido de la política. Buscando en los hilos sueltos voy a comenzar con una cita de René Zavaleta Mercado de Las masas de noviembre, publicado en 1983 donde reflexionaba acerca del golpe militar de 1980, ya casi al final, apuntaba:

“En cualquier forma, la historia política se desarrolló rebasando de un modo largo la más bien modesta capacidad de análisis de la izquierda, enferma ahora como antes no sólo de tristes ideas sino de un antiintelectualismo que se diría militante. Las explicaciones, como es sabido, giraron en lo básico en torno a la intervención argentina y la cuestión de la cocaína. Una causa emergente (los argentinos, la cocaína) habría alterado -a su juicio- un curso de las cosas que de otra manera habría estado a salvo. Así de ocasional sería la historia del país. Los hechos enseñan más bien que Bolivia contenía al mismo tiempo grandes masas activas y también reflejos estáticos profundos. Las estructuras sociales, incluso la boliviana, suelen ser más conservadoras de lo que parecen y hay siempre un poderoso conjunto de medios reaccionarios en cada país. En este caso, la propia revolución democrática había ido concediendo los medios para el montaje del aparato que actuó sin éxito con Natusch y con éxito con García Meza.”

El recurso a buscar solamente en las causas emergentes y, ante todo, ocasionales como son el cómo y el por qué de un golpe de Estado, termina conduciendo a una reducción de los hechos, generando nebulosas convicciones para encubrir y eludir un curso de las cosas, o, como el polémico ensayista le gusta decir: “Así de ocasional sería la historia del país”. Porque están justamente empecinados a mantenerse cegados ante la realidad y se han inmunizado ante la memoria y la historia que los constituye, desplegando sus “tristes ideas” como incapacidades de un mínimo sentido crítico del orden de las cosas y mucho menos de las palabras.

Con esta cita no vamos a pretender explicar el desconcierto boliviano, pero nos puede ayudar a advertir y a empezar a recoger algunos hilos que puedan reorientar nuestras perspectivas para poder abordar y considerar la densidad de las diferentes temporalidades históricas puestas en juego. Es decir, al menos pongamos a valorar las subjetividades y los acontecimientos en sus propias dimensiones, sin tener que reducirlos a sujetos y hechos pasivos de poderosas fuerzas oscuras que pueden definir el destino y hacerlo manifiesto. Pues si, tenemos que recurrir a René Zavaleta Mercado, como un mínimo homenaje a un pensador intempestivo que, por supuesto, en su tiempo y en la actualidad, en sus diferentes intervenciones siempre incomodó y desacomodó a aquellas firmes tribunas con que se autodenominan de izquierda.

Pero no solamente pudo ironizar en torno a estas argumentaciones y explicaciones sobre las astucias del golpe de Estado, sino también precisó que no es suficiente utilizarlo como un indice de comprehension para querer oponerlo al gobierno democrático, porque desde la perspectiva de lo nacional-popular aquellas valorizaciones cobraban completamente otros sentidos, a partir de las acciones materiales que persiguieron y ejecutaron. Con lo cual,

nuevamente desordenaba el tablero y el orden histórico instituido por la hegemonía de clase y cultura dominante. Porque, para Zavaleta Mercado, plantearse un posicionamiento en la actualidad, es siempre en términos de procesos y tendencias, que puedan poner en consideración las densidades históricas y las temporalidades políticas que se juegan, con la urgencia de una perspectiva de lucha y emancipación.

2.

Los tiempos han cambiando radicalmente desde aquellas fechas y también las condiciones de las luchas, pero aún se mantienen tercamente en el transcurso temporal un orden de las cosas y una repartición de lo cognoscible. De esta manera, se establecieron continuidades y rupturas, y sé fueron configurando las disputas en los usos de la memoria y la historia. Esto es lo que se ha puesto en juego al tratar a la descolonización como proyecto político de emancipación. Y con la experiencia del proceso constituyente en Bolivia, que tuvo la fuerza y la capacidad para abrir horizontes y orientaciones a transitar. Esta es la potencia boliviana, que en su momento pudo imprimir y proyectar horizontes y sentidos a experimentar al nombrar: plurinacional, autonomía, vivir bien, pluralismo e interculturalidad. Que aún puedan ser potentes palabras vivas, que vibran y designan proyectos posibles de modos de vida y de vivir, es parte de lo que está en juego hoy en día.

Por lo tanto, quiero comenzar y subrayar fuertemente el profundo carácter colectivo y deliberativo con que se fue construyendo aquel horizonte constituyente y señalar que una vez promulgado como la nueva constitución, con todas las revisiones y cambios que requirió para su negociación y pacto con los opositores, se mantendrá presente la estructura y los componentes de transformación estatal. Pero una vez promulgado en 2009 y elegido Evo Morales con una muy amplia votación para su implementación a partir de 2010, no se optó por encaminar una transformación estatal sino por la continuidad y crecimiento del aparato estatal existente. Fue el momento de la encrucijada de los caminos a seguir. En consecuencia, se dio por finalizado el tiempo de deliberación y participación de la parte gubernamental, ya que ahora se iniciaba un tiempo para trabajar y vigorizar lo sé tenia, de cuidar el status quo, por lo que, ahora correspondía gestionar y administrar como fieles y buenos burócratas el supuesto nuevo ámbito estatal. Con solo el cambio de nombres y nomenclatura la política constitucional ya estaba finalmente realizada, con lo que se estaba eludiendo la profundidad y la magnitud de la crisis de la forma Estado-nación que heredamos y ahora sostenemos.

Se ha ahondando en una crisis persistente que cuando se manifestaba era tratada como meras deficiencias y descoordinaciones de políticas institucionales que podían ser rápidamente corregidas, aunque en efecto tenían continuamente interpelaciones sobre la ineficacia y corrupción como un modo atávico de cultura institucional publica. Desde ese punto vista, el lo publico, la dimensión institucional y gestión administrativa, no se transformo, quizás creció en volumen y papeleo, y mas bien con el estatismo centralista terminó reforzando y acentuando su papel de autoridad, y se impone como función estrictamente normativa. Todos aquellos cuidados que en el proceso constituyente eran las claves para poder democratizar los espacios y las instancias publicas, sociales y culturales son barridos y silenciados en la prácticas institucionales y cotidianas. De esta manera, todo aquel aparato estatal debía desmontarse para descolonizarlo persistirá y en sus propias entrañas termina cultivando su veneno y su posibles agonías, o, como apuntaba Zavaleta Mercado, “concediendo los medios para el montaje de su aparato”.

3.

Es necesario poder distinguir los distintos tiempos en el proceso politico boliviano que se abren y visibilizan en ascenso desde el 2000 y se configuran con capacidad de poder constituyente desde 2003 con la Agenda de Octubre. El rápido ascenso y amplio triunfo electoral de Evo Morales en 2005 es a través del compromiso con está Agenda, como también las principales tareas gubernamentales en la primera gestión presidencial: instalación de la Asamblea Constituyente, la denominada nacionalización de los recursos hidrocarburos, y el inicio de los juicios de responsabilidad a autoridades de gobiernos pasados. Pero a partir de la promulgación de la Constitución y las nuevas configuraciones de alianzas y pactos para encaminar las nuevas elecciones, se gesta un primer profundo cambio de correlación de fuerzas y perspectivas para las tareas primordiales estatales, ahora en concordancia con aquellos núcleos de poder económico, territorial y empresarial, en especial agroindustrial. Este sera el nuevo rostro progresista de la nueva gestión y de la construcción de la Agenda 2025, que apuntará a la modernización de la sociedad y estatal, apostando al salto de la industrialización de los recursos naturales y en convertir al país en el principal exportador de energía de la región. Toda la agenda de los movimientos indigenas campesinos originarios empieza a desplazarse y trastocarse, las distintas organizaciones se encuentran en la urgencia de reelaborar sus estrategias o empezar a enfrentarse nuevamente ante el poder estatal. En esa tendencia gubernamental los conflictos sociales cambian de escenario y protagonistas: desde las heridas del TIPNIS en 2011hasta las luchas actuales de Tariquía en el Chaco.

Será también un tiempo en el que se optará más por un aparato de la maquinaria electoral del partido, ahora con toda la fortaleza de ser un partido oficial, ante las organizaciones sociales e indigenas que planteaban políticas constitucionales de transformación. Quizás, en esta opción radica el núcleo principal del escándalo por corrupción del FONDIAC en 2015, que terminó catapultando a toda una generación de dirigentes indigenas que activaron y participaron en el proceso constituyente, dejando un camino más despejado e instrumental para el MAS como el partido político hegemónico. De esta manera, las organizaciones se encontraron cada vez más en una situación de subordinación y funcionalidad, o sino terminaban siendo desplazadas y fragmentadas, e incluso duplicadas, y consecuentemente perdiendo cada vez la articulación y la rotación entre dirigentes y base.

4.

El escenario en la gestión presidencial que comenzó en 2016 cambio radicalmente y se visibilizo con los resultados del referéndum para modificar la constitución y poder habilitar una nueva candidatura para las próximas elecciones. No solamente perdió en el resultado del referendum sino que se encamino a una estrategia legal para poder imponer su voluntad. Y efectivamente, el panorama de la dinámicas sociales y económicas de la ultima década estaban modificando la fluidez y la trama cultural y organizativa del escenario político, nuevas subjetividades y también nuevas . Es decir, el cómo poder leer no solamente el resultado del referendum después de resultados tan alentadores de las elecciones presidenciales meses antes, porque la pregunta fue también para los votantes el por qué tan pronto, apenas iniciada está nueva gestión presidencial, vamos a tener que decidir el rumbo de las próximas elecciones de cuatro años más adelante, qué estamos poniendo en juego o es que no llegaremos con la robustez suficiente en los próximos años. Porque, para estos votantes, no solamente se creaban mayores incertidumbres y recelos hacia la clase política, la brecha entre gobernantes y gobernados, sino también la experiencia evidenciaba que las justas electorales y consultas no estaban contribuyendo a dirimir sus asuntos, ni intereses, y mucho menos horizontes políticos, mas bien estaban siendo rehenes de las exigencias por los reacomodos y prebendalismos que suscitaban.

Estas son las consecuencias de la despolitización organizada y promovida estatalmente, ahora repetían es un tiempo de las clases medias y las ciudades en crecimiento, como si fueran las palabras claves para poder tratar y debatir lo que sucede en Bolivia. Con el sentimiento de que como nos va tan bien en la lectura económica somos la envidia de los países vecinos, al parecer nuestras preocupaciones y deseos finalmente se modernizaron. Estos son “los tristes pensamientos” con que nos teníamos que desempeñar los siguientes años y esforzarnos para poder en explicar que el curso de las cosas que empezaba a desbordar al ámbito estatal y a las dinámicas de la sociedad, por lo cual, no es casual que empiezan a surgir nuevas fronteras para la lucha política con el ascenso de los movimientos ecológicos y feministas, y quizás más tibiamente con respecto a lo público y los servicios.

En estas condiciones la erosión del sustento social de Evo Morales y de las iniciativas partidarias, que en este panorama tan agudo de despolitización ensayaran buscar una reelección presidencial con unas campañas electorales que declaraban ser los únicos garantes de la estabilidad política y el crecimiento económico. Cuando en el mundo globalizado se estaban desatando las furias nacionalistas y las defensas del proteccionismo económico, culpabilizando el malgasto de los derechos sociales y el privilegiar a las minorías, y condenando al aislamiento y traslado de los inmigrantes. En Bolivia podíamos enorgullecernos de nuestros logros estadísticos y del reconocimiento en los organismos internacionales, dejamos de ser pobres, o, al menos, la pobreza extrema. Cuando el orden de las cosas, la dureza de la realidad nos estaba interpelando cotidianamente, de qué milagro boliviano podíamos aferrarnos cuando el sueldo no alcanzaba para el mes, si es que se tenia sueldo porque el mayor porcentaje del trabajo es precario y extremadamente competitivo, los servicios no dan garantías y ni beneficios sociales, pues, había que endeudarse. Somos finalmente con esta forzada modernización una población mayoritariamente de precarios y de endeudados. ¿Qué horizontes pueden prometer? ¿Estabilidad y crecimiento, acaso se les puede creer?

Estos son algunos de los nudos donde se gesta aquella incredulidad e inconformidad en un momento electoral, también ayudara a vislumbrar la cuestión generacional que dará cuerpo a las resistencias ante el malestar del fraude electoral. Son los jóvenes, como decimos para poder visibilizarlos, cuando son la mayoría de la población en nuestros países sudamericanos. Pues, si ellos pusieron el cuerpo para que la rebelión y protesta pacífica pudiera sostenerse durante días, semanas. Las luces y los micrófonos mediáticos se enfocaban para captar las figuras de las voces políticas, que podían admirarse y agradecer la entrega de los jóvenes pero no pasaban de allí, ya que si no son convertidos en capital votante, no quieren sus usos, ni sus practicas, y mucho menos sus solidaridades y redes. Persisten aquellas visiones de la sociedad tradicional que son “jóvenes”, es decir, son materia dócil que hay que enderezar con los valores instituidos, porque también son fácilmente susceptibles de descarrilarse o abrazar ajenos idealismos. Es decir, hay que formarlos, hay que hacerlos. Allí radica el desencuentro generacional, social y cultural que está emergiendo con diferentes facetas en Bolivia y en todo Sudamérica, y tendremos que aprender a ver y a escuchar si queremos politizar estos mundos imposibles.

Un componente decisivo en el marco de lo que denominó la rebelión ciudadana pacífica serán la rearticulacion de los comités cívicos, como la vertiente más fuerte de lo anti-político. Se presentan como no-politicos para poder ejercer la mayor incidencia con efectos politicos, la vena de que son ciudadanos cualquiera que lo hacen por convicción cívica y patriótica, nos da los elementos básicos de su procedencia y su proceder en la tradición más cristalina del poder urbano y comercial, como también familiar y patriarcal. No es necesario para nuestro propósito deslindar más los asombros y peligros que conllevan, pero si señalar un regreso rearticulado y con mucha capacidad de dirimir en próximos espacios y actores de la escena política. Esta es la vertiente conservadora y reaccionaria, que para muchos habíamos finalmente abandonado y superado, pero su regreso intempestivo y tan seguro estaba cobijado por la profunda

despolitización desplegada desde el aparato estatal y alimentado por la extensión que han cobrado las iglesias de todo signo como las redes más firmes para las multiples estrategias de sobrevivencia de una sociedad precarizada y endeudada.

5.

El desconcierto es generalizado en Bolivia, pero también fuera de sus fronteras. Es decir, estamos en el desconcierto globalizado, viviendo, si puede decir así, en las ruinas del neoliberalismo -como titula su reciente libro Wendy Brown- porque no ha sido solamente el paso de aquel torbellino neoliberal con recetas de ajustes estructurales y libre comercio, sino también se ha mudado a un sutil y poderoso despliegue tecnológico de comportamientos y deseos para poder producir subjetividades. En ese sentido, en Sudamerica y en Bolivia nos hemos modernizado y han jugado un rol decisivo los denominados gobiernos progresistas porque nos hemos contemporanizado globalmente finalmente y han sido estos gobiernos progresistas los instrumentos más idóneos y sutiles para su plena implementación y despliegue a través de toda la sociedad. Lo que tenemos ahora son las hilachas y fragmentos sociales, un abigarramiento extendido -que quién sabe si Zavaleta Mercado lo preveía- en las ruinas del neoliberalismo que están activando y replanteando los posibles horizontes de emancipación. La furia ya está en la calle, pero también la alegría de estar y conversar poder para tejer los mundos y vidas por venir.

El desconcierto boliviano no es motivo de tristeza ni desengaño ni decepción, es efectivamente un tiempo de “tristes ideas”, con la imposición de cívicos, valores y biblias, y también con personajes muy cuestionables en el rol de politicos. Plantearse, que es pasajero, que es un gobierno de transición y que las próximas elecciones son la vía institucional para poder vislumbrar y dirimir las condiciones de vida y sus modos de gestionar las decisiones que continuamente afectan a todos y a todo. No está en la cabeza ni el corazón y mucho menos en el estomago, pero nuestro voto, ya sabemos, es obligatorio, tenemos que asistir religiosamente ante la urna. Podemos ser alegres aún …

Para poder combatir y resistir en las ruinas del neoliberalismo hay que utilizar todos los recursos que heredamos en la lucha, sin memoria y sin dignidad como nos enseñan las luchas indigenas y afroamericanas, no hay cuerpo que resista y pueda caminar, hablar, producir y crear. Para ello, tenemos que modificar nuestras escalas y perspectivas para poder producir múltiples subjetividades felices y creativas, como nos vienen enseñando en su ascenso los movimientos feministas, la potencia y la fuerza se produce al advertir la vulnerabilidad y fragilidad del cuerpo, de la vida y lo viviente, para así poder generar, producir y crear las disponibilidades y ductilidades en lazos, redes y comunes. Paso a paso, en la casa, barrio, comunidad, territorio, ciudad, naciones, pueblos, un otro mundo a inventar.

El desconcierto puede ser también la oportunidad para crear los caminos por venir.

El despertar de octubre y el cóndor: Notas desde Ecuador y la región

Por Catherine Walsh

Estas notas comenzaron como una necesidad, mi necesidad, de reflexionar sobre la rebelión y protesta de los pueblos durante dos semanas en Ecuador, una protesta de rebelión que viví y que continúa afectando mi cuerpo, mente, espíritu y alma. A diferencia de muchos de los análisis que circulan en el mundo intelectual “crítico”, no tienen la intención de imponer una interpretación singular, asumir una voz autorizada, simplificar los hechos o hacer que los eventos, movilizaciones y movimientos sean objeto de estudio. Son notas, parte de un texto inacabado y en desarrollo, escritas a partir de mi sentipensar, notas que abren la reflexión sobre la complejidad de lo vivido y lo que continúa. Sin embargo, a medida que Chile y Bolivia también comenzaron a explotar, las notas crecieron, crecen y crecerán, y con ellas mis preguntas sobre las coincidencias, las relaciones y las conexiones …

I.
Ha pasado un mes desde el “despertar de octubre” en Ecuador. Me refiero al “despertar” de protesta social masiva, lo que probablemente fue el mayor levantamiento indígena y huelga nacional en la historia de esta plurinación andina-amazónica-pacífica. Mientras decenas de miles de personas marcharon desde las Provincias a la ciudad capital de Quito, miles también ocuparon oficinas de los gobiernos provinciales, bloquearon carreteras y comercio, y cerraron la operación del país, todo en respuesta y resistencia a las políticas económicas impuestas por el estado y el FMI, incluyendo el decreto presidencial que eliminó los subsidios al combustible.

El hecho de que este despertar de protesta fue liderado, en gran parte, por mujeres no ha sido suficientemente reconocido. Tampoco se reconoce —en los medios de comunicación o en las propias organizaciones indígenas— el papel de las mujeres en repensar, recrear y sembrar el movimiento, la política, la lucha y la vida de hoy (en Ecuador y la región), o su papel de despertar la resistencia y re-existencia en estos tiempos de opresión capitalista-patriarcal-colonial, de violencia, destrucción y muerte.

Pero también me estoy refiriendo a otro “despertar”, él de la represión y violencia autorizadas y dirigidas por el estado. Sin duda, el despertar del estado en Ecuador fue impulsado por la carta de intención de marzo de 2019 con el FMI y sus demandas de reformas estructurales económicas, sociales y tributarias. El hecho de que estas reformas violen los derechos económicos, sociales y culturales nacionales e internacionales y amenacen la existencia misma de la mayoría de la población, es motivo suficiente para protestar, como lo es la inconstitucionalidad de la carta de intención, que fue firmada por el presidente Lenin Moreno sin aprobación previa de la Asamblea Nacional (el Congreso).

Pero, al contrario de lo que pueda parecer, el “despertar del estado” no es del estado-nación o estado nacional tal como lo conocemos. Más bien, es de la corporación estatal o del estado corporativo constitutivo de las etapas nuevas y emergentes de la acumulación e interés capitalista- colonial-global.1 Es un despertar, sacado a la luz en Ecuador, de nuevas estrategias y configuraciones de la matriz de poder colonial, en la que, como he argumentado en una carta reciente al difunto Aníbal Quijano, el estado corporativo desnacionalizado y el aparato o complejo militar-policial son parte.2

En este sentido, Ecuador evidencia lo que algunos de nosotrxs hemos sospechado por un tiempo: el naciente despertar o renacimiento del cóndor. Mi referencia, simbólicamente, es al ave, enorme, longevo y con semblanza de buitre, nativo de los Andes y que se cree casi extinto. Literalmente,es al “Plan Cóndor”, la campaña clandestina respaldada por Estados Unidos que comenzó a tomar forma en los años 60 bajo Kennedy contra la “amenaza cubana” y continuó a lo largo de las administraciones de Johnson, Nixon, Ford, Carter y Reagan. Sin duda, sus antecedentes empezaron décadas antes, en las operaciones de la CIA coordinadas con y por Nelson Rockefeller e impulsadas por el control del petróleo en la región. La misión del Plan Cóndor era de erradicar la influencia y las ideas soviéticas, comunistas y socialistas, y suprimir —a través de la violencia, la represión y el terror— a la oposición social y los movimientos, incluidos los movimientos indígenas, que amenazaban los intereses del capital y el avance del neoliberalismo. Los gobiernos de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil fueron los principales miembros, aunque Ecuador y Perú también formaron parte.

¿No es el despertar de octubre evidencia del renacimiento del cóndor y de un Plan Cóndor II tomando forma e iniciando su operación?

No sugiero una repetición de lo sucedido hace más de 50 años, sino un nuevo capítulo o secuela. La configuración, los actores, las alianzas y las estrategias actuales ciertamente no son las mismas; no es olvidar la presencia, particularmente en México y Colombia —pero no solo allí— de pactos narco, paramilitar, estatales. Me refiero a las formaciones y corporaciones estatales presentes y emergentes a lo largo de la región en las cuales los intereses extractivos y del capital global —y sus lazos obvios— son partes constitutivas. Las complicidades y la configuración actuales no son solo sembradas y movidas por los EE. UU., aunque sin duda su gobierno, aliadas empresas einstituciones “multilaterales” (el FMI, el BID, el Banco Mundial, la OEA, etc.) son céntricos del juego. Las complicidades y las configuraciones con el capitalismo global también están adentro mismo de los países latinoamericanos. Fueron y están en los llamados gobiernos progresistas, aunque muchos de la izquierda tradicional niegan reconocer. Están en las oligarquías y élites, los intereses empresariales y en las iglesias (es decir, alianzas evangélica-políticas que incluyen católicos conservadores y Opus Dei), por nombrar solo algunos. La cooptación y la corporación de gobiernos locales y de líderes comunitarios, en particular de líderes indígenas y campesinos, son parte del plan, dando una cara mucho más compleja y diversa a la operación, pero también permitiendo alcanzar uno de los objetivos estratégicos: la grave debilitación y fragmentación de las comunidades y los movimientos sociales. Por todo esto y muchas razones más que aún no hemos descubierto, el nuevo Plan Cóndor es mucho más complejo que su predecesor.

El despertar de octubre es del cóndor ahora en vuelo y movimiento. Pero también, y al mismo tiempo, es de los pueblos y la gente en resistencia, rebelión y en acción insurgente y creativa de (re)vivir y (re)existir. Ecuador fue el comienzo. Luego vino Chile donde las protestas dirigidas por estudiantes contra las políticas neoliberales y por una Asamblea Constitucional y nueva Constitución (del pueblo y no pinochetista), han llevado a las calles a millones de personas de todas las edades en una rebelión de dignidad. Es una movilización que ya tiene casi un mes, sin la necesidad de figuras o líderes. La respuesta estatal: represión y violencia desproporcionada y brutal, cuyos niveles se vieron por última vez con Pinochet y su Plan Cóndor. En las palabras televisadas del presidente Piñera: “Estamos en una guerra contra un enemigo muy poderoso: elpueblo”. Si bien la violencia en Santiago (televisada y en las redes sociales) es evidencia, lo que no se ve en los medios ni en la prensa es la violencia, deshumanización y exterminio aún más brutales autorizadas y dirigidas por el estado en Wallmapu, el territorio y las comunidades de la nación mapuche.

Bolivia vino después. Allí, las inconsistencias y sospechas de fraude de las elecciones nacionales del 20 de octubre despertaron la rebelión, una respuesta de los pueblos a las complejas tensiones sociales y políticas que el gobierno de Evo / García Linera ha agravado durante mucho tiempo, con su autoritarismo político-patriarcal, su economía extractivista, su intencionada fragmentación y debilitamiento de los movimientos sociales, y su imposición de un otro mandato presidencial después que un referéndum popular dijo que NO.

La rebelión tomó el país, no en una simple polarización de aquellos a favor y en contra de Evo, sino en una amalgama de luchas, fuerzas, intereses y visiones mucho más complejas, políticamente, culturalmente y socialmente enraizadas y con ideas y prácticas diferenciales de (pluri)nación, gobierno, democracia, poder, existencia y pueblo. En esta mezcla, la rápida escalada del caos, confrontación y violencia no fue (o no solo fue) dirigida por el estado como ocurrió en Ecuador y que ocurre en Chile. En cambio, su ímpetu parece estar vinculado, en gran parte, a laoposición “cívica”: a una élite regional derechista con claros intereses capitalistas, religiosos y patriarcales, y con posturas anti-indígenas, racistas, fascistas y machistas. Es esta “oposición” que ha trabajado durante las últimas décadas para mantener viva el colonialismo interno y la colonialidad. Aquí no se trata solo de los niveles de violencia, sino de sus formas particularmente terroríficas: deshumanizaciones de líderes y autoridades indígenas, especialmente a mujeres, la caza de personas asociadas al gobierno y la quema de casas, entre otras, que recuerdan y continúan el largo horizonte de la empresa-matriz colonial en su proyecto interno y a la vez global.

Con la renuncia de Evo el 10 de noviembre, algunxs dicen que comenzó el “golpe”. Otros, incluidos Evo y García Linera, argumentan que el “golpe” fue constitutivo del esfuerzo por desacreditar las elecciones. Otras y otros sostienen que la ira, la indignación y el descontento social en torno a las elecciones y el presunto fraude proporcionaron el momento perfecto para poner en práctica el derrocamiento que los miembros de la oposición conservadora boliviana, con el apoyo de los Estados Unidos y la OEA, habían estado preparando. Me viene a la mente la “retirada” delgobierno, hace algunos años atrás, de Zelaya en Honduras (orquestada por la OEA y los Estados Unidos).

La autoproclamación hoy, 12 de noviembre, de la senadora blanca, rubia, ultra derechista y religiosamente conservadora Jeanine Áñez como presidenta interina, y su objetivo declarado públicamente: “a pacificar el país”, son indicativos de lo que está por venir. » Suelo con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas: la ciudad no es para los indios, que se vayan al altiplano o al chaco!» dijo en un tuit del 14 de abril de 2013 que ahora recircula por las redes. Otro tuit el 20 de junio de 2013: “Que el año Nuevo Aymara no luciera del alba! ¡Satánicos, a Dios nadie lo reemplaza!”

Con la Biblia en alto, se regocijó esta noche frente al palacio presidencial. La Biblia y la banderade “Democracia”, una democracia, sin duda, concebida y controlada desde las nuevas configuraciones y estrategias coloniales que mencioné anteriormente y especialmente emergente en América Latina hoy, en las que la alianza de la religión y la política es un parte componente. Una democracia diseñada para devolver a Bolivia al redil, asegurándose de que todo lo que amenaza su avance, especialmente los pueblos indígenas, campesinos, sectores populares, jóvenes, feministas y mujeres atrevidas, y también las ideas, prácticas y conocimientos que incomodan y desafían los valores conservadores-occidentales-religiosos, deben ser disipados, controlados, dominados, eliminados, exterminados. ¿Podemos dudar del renacimiento, la presencia y el vuelo del cóndor hoy?

II.

El sonido de las bombas de gas lacrimógeno y de los helicópteros las 24 horas del día todavía resuenan en mis oídos, junto con el rugido agudo de los aviones de guerra que sobrevolaron Quito durante 4 horas al día la semana siguiente del paro-levantamiento. ¿Una demostración de poderío militar o simplemente “práctica”, como afirmaban las noticias oficiales, para un día de conmemoración de la fuerza aérea? Las resonancias invaden mis sueños, junto con las imágenes duraderas de niveles de brutalidad policial, represión estatal y violencia nunca antes vistas en esta plurinación ecuatoriana.

¿Por qué la fuerza excesiva de la policía y los militares contra miles de personas —mujeres, hombres, jóvenes y niñxs, indígenas, negrxs, mestizxs, urbanxs y rurales—, la gran mayoría en protesta pacífica? ¿Cómo comprender el uso grave y desproporcionado de bombas de gas no solo en las calles, sino también en las zonas declaradas de paz, incluido el Parque Arbolito, las cocinas comunales y la Universidad Politécnica Salesiana donde se alojaron más de 5000 mujeres, niñxs y ancianxs cada noche? ¿Qué pasa con el uso de caballos para dispersar y pisotear la gente (imágenes que recuerdan la invasión española de hace más de 500 años)? ¿De pronunciamientos gubernamentales que culpan a cubanos y venezolanos (supuestamente enviados por Maduro) por la desestabilización? Pronunciamientos que también han ocurrido en Bolivia y Chile, sin evidencia ninguna. ¿Y cómo “leer” la declaración pública del Ministro de Defensa, capacitado hace años en la Escuela de las Américas durante el gobierno de Febres Cordero (colaborador clave del Plan Cóndor I), declaración que autorizó el uso de todos los medios necesarios, incluidas las armas letales, para proteger las instalaciones estratégicas y el estado? Dijo: “No se olviden que las Fuerzas Armadas, orgullosamente, tienen la experiencia de la guerra”.3

Las palabras del presidente Moreno en la reciente inauguración en Quito de la 174a sesión de laComisión Internacional de Derechos Humanos ofrecen un tono similar: “Una de las característicasdel estado democrático moderno es su reserva en el monopolio del uso de la fuerza … un uso de la fuerza del estado que permite la existencia de sociedades pacíficas. Esta situación [de octubre]requería el uso de la fuerza”.4

Si bien no se emplearon armas letales, la violencia desproporcionada tuvo su efecto aterrador; las estadísticas hasta el día de hoy: 12 muertos, 11 mutilados por el impacto de las bombas de gas, 1340 heridos en incidentes con las fuerzas públicas, 1152 encarcelados (un número que, un mes después, sigue en aumento).5

Por supuesto, las estadísticas no cuentan las historias de las personas asesinadas, brutalmente golpeadas, torturadas, secuestradas, desaparecidas, pisoteadas, gaseadas, gravemente heridas por balas de goma de corto alcance, o de las detenidas ilegalmente sin respeto a los derechos humanos, la Constitución y debido proceso legal. No evidencian el racismo o la fuerza machista y patriarcal. Y no revelan las complicidades: hospitales que excluyeron a los heridos, policías que atacaron brigadas médicas en la calle, el obispo católico que cerró la puerta de la catedral a la procesión fúnebre en Riobamba de un líder indígena asesinado, por nombrar solo algunos.

Ni las estadísticas ni los análisis políticos que circulan internacionalmente cuentan el dolor y el horror de lo vivido, los efectos físicos, psicológicos, emocionales y económicos —de entonces y ahora— para las personas, las familias y las comunidades; no cuentan sobre la falta de reparación o la escalada desenfrenada del racismo anti-indígena en el discurso del gobierno, la prensa, los sectores conservadores, de élite y algunos de clase media, y en actualidad de la vida cotidiana. En cambio, y con demasiada frecuencia, estos análisis, escritos desde la distancia, contribuyen a la deshumanización, a la inhumanidad y deshumanidad(es) autorizadas y declaradas, y a la idea de que la política y la lucha política —aún con demasiada frecuencia concebida en los términos simplistas y binaristas de derecha e izquierda— tienen más importancia que la existencia misma. El reciente informe sobre los derechos humanos durante el levantamiento indígena y la huelga nacional de octubre, publicado por la Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, se centra en los testimonios de aquellas mujeres, hombres, jóvenes y niñxs cuyas vidas han sido gravemente afectadas por la violencia estatal autorizada, así proporcionando un contexto humano y humanizante para evidenciar lo ocurrido.6

III.

Es el 13 de octubre. Comienza el tan esperado diálogo entre las organizaciones indígenas y el gobierno. En cumplimiento con la demanda del movimiento indígena, el diálogo se televisa en todos los canales nacionales; un buen ejemplo de cómo las negociaciones podrían y deberían llevarse a cabo en este estado plurinacional (reconocido como tal por la Constitución de 2008). La sesión de varias horas termina con la revocación del presidente Moreno del Decreto 883, cuyo propósito era de eliminar los subsidios estatales de gasolina. Con la revocación llegó el anuncio de que se negociaría un nuevo decreto.

Miles de mujeres y hombres indígenas celebraron en la Casa de Cultura; muchos otros y otras participantes y simpatizantes de la protesta se unieron en las calles aledañas. Sin embargo, fue una especie de victoria pírica, importante sin duda para poner fin a las rondas de violencia de los 11 días de protesta y movilización, pero insuficiente para eliminar la incidencia y la presencia del FMI y sus demandas de reforma estructural y control económico, político y social. Insuficiente para abordar y reparar las violencias cometidas por las fuerzas estatales, e insuficiente para atender las causas del creciente empobrecimiento, la creciente violencia (especialmente contra mujeres) y el despojo, desplazamiento, desposesión y contaminación territorial, resultados de una economía extractivista (erigida y asentada en el gobierno de Rafael Correa) que hoy no conoce límites ni reclamos de daño. Insuficiente para hacer de la Constitución, considerada por muchxs la más radical del mundo (con su reconocimiento, entre otras áreas, de los derechos de la Naturaleza), un documento de praxis.

Si bien el diálogo organizado por el gobierno continúa con algunos sectores, la CONAIE y el movimiento indígena, junto con otras organizaciones sociales y colectivos, han tomado su propio camino en el Parlamento plurinacional de los pueblos. La propuesta del Parlamento presentada al gobierno el 31 de octubre deja claro el problema: el sacrificio de la sociedad para cumplir con los indicadores de crecimiento económico y las demandas del sistema capitalista. “El cambio en la perspectiva civilizatoría, … la transición desde una visión capitalista hacia una nueva forma de relación entre la sociedad, la naturaleza y la producción, … políticas públicas más coherentes, éticasy humanas” son los principios rectores de este importante documento que describe un plan de reforma económica, política, social y tributaria que se centra en las personas y la comunidad, y que tiene un alcance estructural. Los representantes del gobierno, incluido el presidente, rechazaron el plan directamente.

Las palabras televisadas del recién nombrado jefe del Conjunto de las Fuerzas Armadas hacen un indirecto a esta propuesta y al movimiento indígena: “Nuestras fuerzas armadas no vamos a permitir imponer un modelo que intenta en contra de los términos de la democracia básica.”7

¿Coincidencia que estas palabras llegaron el mismo día de la “democracia” de la autoproclamadapresidenta de Bolivia, el mismo día en que Trump anunció con orgullo que América Latina está volviendo a la democracia y que solo quedan Venezuela y Nicaragua?8

No es coincidencia, digo yo, sino parte del plan, de los despertares de octubre (y ahora noviembre) y del cóndor ahora en movimiento y vuelo regional.

…Estas notas, sin duda, continuarán…

Notas:

1 Ver: José Ángel Quintero Weir, “La emergencia del Nosotrxs,” Pueblos en camino. 18 enero, 2019.https://pueblosencamino.org/?p=6988

2 Catherine Walsh, “Reflexiones en torno a la colonialidad/descolonialidad del poder en América Latina hoy. Unacarta a Aníbal Quijano”, Otros Logos. Revista de Estudios Críticos, 10, diciembre 2019.http://www.ceapedi.com.ar/otroslogos/

3 http://www.teleamazonas.com/2019/10/oswaldo -jarrin-analiza-situacion-del-bloqueo-de-vias/

4 Citado en el diario La Hora, 9 de noviembre 2019, p. B3.

5 Milagros Aguirre, “Las medidas verdades de una rebelión de 11 días,” Quito: Comité Ecúmenico de Proyectos,October 2019. http://www.rebelion.org/docs/262149.pdf

6 Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, Verdad, Justicia y Reparación. Informe de verificación sobre derechos humanos. Levantamiento indígena y paro nacional, 3-13 de octubre 2019. Quito, October 2019.https://www.inredh.org/archivos/pdf/informe_final_alianza_%202019_oct.pdf

7 Ecuavisa, 12 de noviembre 2019.

8 Citado por Jorge Gestoso en noticias Telesur, 12 de noviembre 2019. Ver también:https://www.telesurtv.net/news/trump-amenaza-venezuela-nicaragua-tras-golpe-bolivia-20191111-0050.html

La revolución digital: Una revolución técnica entre libertad y control

Por André Vitalis

Al calificar la revolución digital de revolución técnica se señala de partida la inspiración elluliana de mi escrito. Como se sabe, Jacques Ellul escribió mucho tanto sobre la técnica como sobre la revolución. No conoció Internet pero se interesó por la informática, e hizo diferentes valoraciones a medida que ésta iba evolucionando. A comienzos de los años 1950, en La técnica o la apuesta del siglo, la presenta como una “técnica en segundo grado” a la que augura un hermoso futuro; en 1977, en El sistema técnico, constituye el aglutinante que facilitará la integración de los distintos subconjuntos; en Cambiar de revolución, en 1982, es susceptible, gracias a la aparición del microordenador, de ser puesta al servicio de un proyecto revolucionario; en fin, en El bluf tecnológico, publicado en 1988, se revisa su importancia a la baja, en la medida en que no ha ayudado al sistema a reformarse. Al comienzo de esta última obra, Ellul nos confía que había comenzado, diez años antes, la redacción de un libro sobre el impacto de la informática en la sociedad pero que ante la rapidez de la evolución técnica renunció a su proyecto y abandonó las doscientas páginas ya redactadas: “No llegaba a dominar la materia a tratar, escribe. Huía entre mis dedos tan pronto pensaba haberla comprendido” (Ellul, 1988, p. 11). Hay que recordar esta bella lección de modestia y de apertura por parte de un pensador mundialmente conocido por sus análisis de la técnica.

De esta “revolución digital”, esta puesta en red y en datos que estamos viviendo con Internet, no conocemos ni todas las prolongaciones ni todas las consecuencias. Como antes de ella la revolución de la escritura o de la imprenta (Goody 1978 ; Eisenstein 1991), esta revolución nos transforma mucho más de lo que podemos transformarla. Es una revolución técnica en que la mejora de los medios precede muy ampliamente a las ventajas e inconvenientes que puede aportar. Se puede constatar hoy día que ha abierto nuevos espacios de libertad, aunque al precio de un mayor control sobre el individuo.

Se puede y se debe dar un mayor rigor semántico a la palabra revolución que, en sentido estricto, supone siempre una intencionalidad y la realización de un cambio social en profundidad. En relación a esta perspectiva de un cambio radical, la revolución digital es entendida de diferentes maneras. Tras hacer mención a una concepción optimista que Ellul siempre criticó, trataremos de mostrar que su contribución a un verdadero proyecto revolucionario no se puede dar por sentada.

La “revolución digital” es a la vez previsible e inesperada. Nacida del cruce de una lógica liberal con una lógica libertaria, ofrece nuevas posibilidades de expresión que no deben hacer olvidar otros aspectos menos positivos.

Esta revolución de lo digital prolonga una sociedad industrial en crisis preservando sus posibilidades de crecimiento. A comienzos de los años 1970, sociólogos y economistas anunciaron el advenimiento de una sociedad post-industrial, en la que las tecnologías de la información tendrían un lugar central. Informes oficiales, como el japonés Jacudi de 1972, mostraron que una sociedad de la información podía constituir una alternativa a una sociedad industrial considerada demasiado contaminante. En 1978, el informe Nora/Minc, en Francia, aboga en el mismo sentido, y diez años más tarde en Estados Unidos, un informe del MIT (Massachusetts Institute of Technology) recomendaba al Estado federal invertir masivamente en las industrias electrónicas para conservar la supremacía del país en la economía mundial. En 1993, el anuncio por el gobierno americano de la construcción de autopistas de la información y, dos años más tarde, el del G7 de construcción de una sociedad mundial de la información, nos hicieron entrar de lleno en la era digital.

Todos estos proyectos se caracterizaron par una gran impronta liberal. Se reconoce a las empresas privadas el papel principal en la edificación de esta sociedad de la información con una intervención mínima de los Estados. El sello liberal se encuentra también en la prioridad dada al crecimiento de los medios, sin definir antes los objetivos o las reformas deseables a las que deberían servir estos medios. Como señala Jean-Claude Michéa en su libro El imperio del mal menor (2007), el pensamiento liberal siempre se ha mostrado pesimista sobre las capacidades humanas para construir una buena sociedad. Prefiere verles perseguir sus intereses personales regulados por la mano invisible del mercado y actuar en el mundo con las armas de la ciencia y de la técnica. A falta de definición de finalidades, las nuevas técnicas y las redes de información son consideradas buenas y útiles en sí mismas, y volvemos a encontrar aquí, multiplicado por diez, el encantado discurso que desde el telégrafo ha acompañado siempre a la innovación en la comunicación. Como por un efecto mágico, estas nuevas técnicas permitirán trabajar con más eficacia, participar mejor en la vida democrática, difundir más y mejor el conocimiento y, en general, aportar una solución a todos los problemas sociales (Breton, 1992).

Veinte años más tarde, todas estas promesas están lejos de cumplirse. Sin embargo, se puede considerar que las opciones adoptadas tenían una pertinencia económica real. La puesta en marcha de une infraestructura mundial de información ha asegurado un desarrollo de los intercambios y permitido a las empresas americanas reforzar su supremacía. Tras el reinado de la máquina, con IBM, y el del software después, con Microsoft, ahora son los datos, con Google y Facebook, quienes dominan el mundo digital.

La revolución digital ha abierto nuevos espacios de libertad gracias a las funcionalidades que proponen las nuevas herramientas, pero también, y sobre todo, gracias al carácter democrático de Internet. Esta red universal es un espacio de comunicación mundial al alcance de todos. Constituida por un número indeterminado y potencialmente ilimitado de puntos interconectados, ofrece un modo de comunicación desterritorializado y sin punto central de control.

Este carácter democrático de la red que, en 2014, tenía 3.000 millones de usuarios, lo debemos a una sorprendente conjunción, que habría podido no producirse, entre instituciones financiadas por fondos públicos y la actividad autónoma de investigadores y apasionados de la informática, en muchos casos influenciados por los medios americanos de la contracultura (Halpin, 2009). Internet fue construido de partida para poder resistir a un ataque militar, después fue puesto al servicio de la comunidad científica. Gracias a la contribución de científicos independientes y de hackers con la consigna de “la Web para todos, para todo y en todas partes”, a comienzos de los años 1990 la red fue puesta a disposición de la mayoría. Estos contribuidores compartían una cultura común de la solidaridad y de la ayuda mutua, que se encuentra en su obra. Para ellos, la prioridad debía estar en el interés colectivo y en la gratuidad, por delante de cualquier otra consideración.

Pronto aparecieron empresas sensibles al interés de la red como fuente de ganancias pero, a pesar de ocupar un lugar cada vez más importante, no han podido cuestionar en lo fundamental estas opciones de partida. Estas decisiones de apertura, de universalidad y de gratuidad, por encima de la potencia de una herramienta digital interactiva, son las que han permitido a un número cada vez mayor de individuos acceder a enormes stocks de informaciones, comunicarse entre sí en foros y poder expresarse en el espacio público. Desde 2003, la Web participativa ha multiplicado estas posibilidades con los blogs, las wikis y las redes sociales. El mundo de la información se ha transformado. He estudiado en detalle un caso ejemplar de esta transformación en el momento de la marea negra del Erika, a finales de 1999, cuando en Francia había 6 millones de internautas y acababa de aparecer la primera página web colaborativa (Vitalis, 2005). La información difundida por Internet en esos momentos de crisis cuestionó la información ofrecida por el gobierno, los expertos y los medios de comunicación, mostrándose por lo general más fiable. Aparecieron de forma inesperada en la escena pública nuevos actores informativos que no habían sido invitados, rompiendo el monopolio de la palabra gubernamental y mediática.

La revolución digital es ambivalente porque las nuevas libertades que permite van a la par de un aumento del control social. Le contrapartida de la sociedad de la información es la sociedad de control. Internet facilita la participación, pero es al mismo tiempo un sistema que despoja a los internautas de sus datos.

Todo soporte digital (redes de telecomunicación, pero también las tarjetas bancarias o los teléfonos móviles) comporta una característica fundamental: conserva el rastro de las diferentes transacciones efectuadas, ya sea el haber pasado por tal lugar a tal hora, haber accedido a tal servicio o a tal banco de datos. Estos rastros no son inmediatamente perceptibles para el usuario, que ignora en general su captación, almacenaje y tratamiento. Esta producción automática e invisible de informaciones personales constituye un recurso comercial de primer orden. Gracias a ellas se conoce el gusto de los individuos, sus centros de interés o sus opiniones, y el marketing puede establecer perfiles y segmentaciones de comportamientos.

La recogida y el tratamiento de estos rastros son, si se puede hablar así, el precio de la gratuidad de los servicios ofrecidos en Internet. El individuo digital goza de la mayor libertad en la red, pero bajo la mirada de los poderes económicos y policiales. El ejemplo del navegador Google es, en este sentido, particularmente esclarecedor. Los rastros dejados por sus millones de usuarios son almacenados y tratados en 30 enormes centros de datos y de cálculo repartidos por el mundo. El tratamiento de estos datos partiendo de palabras clave permite a la empresa remunerarse con la publicidad contextual que aparece en los márgenes de las respuestas logradas en una búsqueda. La mayor libertad de acción lleva paradójicamente a la mayor posibilidad de observación y de análisis. Esta cartografía planetaria de identidades atenta gravemente al derecho a la vida privada, que las muchas leyes informáticas y las libertades intervenidas desde hace treinta años se muestran incapaces de proteger. La empresa, después de haber querido conservar indefinidamente estos datos, ha aceptado reducir la duración de su conservación a nueve meses. El problema de la propiedad de los datos producidos por la digitalización de los soportes nunca se ha planteado. La centralización y el tratamiento de los datos personales por empresas privadas atentan al derecho a la intimidad de las personas, pero implican también intereses para la gestión colectiva. Así, aunque Google no entiende nada del mecanismo de propagación de los virus, esta empresa puede sin embargo prever dos semanas antes que las autoridades sanitarias competentes el grado de propagación del virus de una gripe.

Como muestra el éxito de las redes sociales donde los individuos desvelan por sí mismos informaciones consideradas hasta entonces confidenciales, la preservación del derecho a la vida privada no parece hoy una preocupación prioritaria. No obstante, desde las revelaciones de Edward Snowden en junio de 2013, esta cuestión retiene más la atención (Lefébure, 2014). Es difícil permanecer indiferente, sobre todo para los Estados, ante el saqueo mundial de datos personales efectuado por la Agencia Nacional de Seguridad Americana (NSA) con la complicidad de los operadores de telecomunicaciones y de los gigantes de Internet. En el Net mundial organizado en Sao Paulo en abril de 2014 por la presidenta de Brasil, las prácticas de esta agencia fueron objeto de una condena unánime, así como el actual modo de gobierno de la red.

La digitalización de los soportes posibilita la puesta en práctica de un modelo inédito de vigilancia, tanto mejor tolerado al ser invisible y no estar en manos de un único Big Brother. Los objetivos de esta vigilancia son esencialmente comerciales y securitarios. Es una vigilancia masiva, basada en la captación y el tratamiento de los rastros de cerca de 3.000 millones de internautas; es una vigilancia de anticipación, que trata de prever el comportamiento del individuo para determinar estrategias muy orientadas a influir en sus compras o para tomar las medidas necesarias en caso de comportamiento desviado. Como se ve, el internauta y el usuario de soportes digitales es un individuo que goza de una gran libertad, pero es también un individuo convertido en un sospechoso y en una diana comercial (Mattelart et Vitalis, 2014).

La revolución digital como fundamento de una revolución política que permitirá realizar todas sus promesas

Para algunos, hace falta una revolución política para que se puedan manifestar todas las potencialidades liberadoras de las técnicas digitales. Para ello, hay que suprimir las relaciones de clase y de dominación del capitalismo que hoy día impiden esta manifestación. Se puede reconocer aquí una recuperación del pensamiento marxista que las teorías de las multitudes se esfuerzan en actualizar (Granjon, 2006). Voy a presentar brevemente las distintas componentes de estas teorías que se complementan y refuerzan entre ellas, a saber: la tesis del nuevo imperio, del capitalismo cognitivo y de la era post-mediática. Es útil mencionar las teorías de las multitudes, en la medida en que ponen en el centro de sus análisis las nuevas herramientas y las redes de comunicación, concediéndoles un papel decisivo. Se encuentran también en forma edulcorada en muchos discursos.

La teoría del nuevo imperio fue defendida por Antonio Negri y Michael Hard en el libro Imperio, publicado en 2000, que hizo mucho ruido y se convirtió en una de las referencias del movimiento altermundialista. Para estos autores, el imperio es un aparato descentralizado y desterritorializado de gobierno que está en todas partes y en ninguna. El poder de un capital mundializado se ejerce ahora en un espacio global en el que las antiguas soberanías de los Estados-naciones se han vuelto caducas. En este contexto emerge un nuevo sujeto revolucionario, la multitud, a partir de formas de producción cada vez más inmateriales y comunicacionales. Internet constituiría una primera aproximación y un primer modelo. La multitud reúne a individuos singulares cuya principal característica es organizarse en red y participar en un trabajo basado en la cooperación. Este nuevo actor es un sujeto sometido a los nuevos modos de producción y, al mismo tiempo, un sujeto político que posee la capacidad de emanciparse de esta dominación para promover el bien común.

Estamos en definitiva ante una nueva etapa de la lucha de los explotados contra el poder del capital. Negri y Hardt quisieron escribir un nuevo manifiesto comunista para nuestro tiempo. El proletariado industrial es sustituido por un sujeto más colectivo e híbrido, adaptado al trabajo en red y comunicacional. Estas nuevas herramientas, desprendidas del dominio del capital, permitirán construir una sociedad más libre, más justa y más democrática. No hay que esperar una gran noche pero, a la larga, la victoria sobre las fuerzas de explotación es ineluctable y desembocará en la invención de nuevas formas de representación y de gobierno.

La teoría del capitalismo cognitivo, anunciando el advenimiento de una tercera revolución industrial y la emergencia de nuevas relaciones de producción, refuerza la filosofía política del nuevo imperio. Una forma todavía inédita de capitalismo, el capitalismo cognitivo, habría sucedido desde 1975 al capitalismo industrial, que, por su parte, había suplantado al capitalismo mercantilista y esclavista (Vercellone, 2003). El trabajo industrial ha cedido el lugar a un trabajo inmaterial donde la información y la comunicación ocupan un lugar esencial. Al igual que antes debieron industrializarse todas las formas de la vida social, el trabajo y la sociedad deben hoy informatizarse. A medida que se generaliza la automatización, ya no se valoriza la fuerza de trabajo, sino la inteligencia y la creatividad. El valor ya no se mide en tiempo de trabajo, sino que se refugia en adelante en lo que no puede ser programado y en la capacidad de resolución de los problemas. Para el economista Yann Moulier Boutang, teórico de esta nueva forma de capitalismo, “el nuevo sistema de producción se basa en el trabajo de cerebros reunidos en red por medio de ordenadores. La sociedad en red, hecha posible por la informática, transforma las condiciones de intercambio de conocimiento, de producción de la innovación y las posibilidades mismas de captación de valor por las empresas” (Boutang, 2007: 87).

Los trabajadores de esta vida reticular y colaborativa, que gozan de una amplia autonomía, no pueden dejar de cuestionar un sistema basado en la apropiación privada de las riquezas que no permite que el mayor número se beneficie de las ventajas aportadas por las tecnologías de información y de comunicación. La experiencia del software libre muestra que el derecho de propiedad puede ser reinterpretado radicalmente, así como que se puede revisar de arriba abajo la condición salarial en un momento en que las fronteras entre trabajo y no-trabajo se vuelven cada vez más sutiles.

Las teorías de la era postmediática se interesan, por su parte, en el cambio radical aportado por una red interactiva como Internet en un espacio hasta entonces monopolizado y modelado por medios de comunicación unilaterales, a los que no se puede responder y que desde un centro irrigan una lejana periferia. La entrada en una era postmediática consiste en una reapropiación individual y colectiva de las máquinas de información, de arte y de cultura.

Podemos liberarnos ya del dominio de un medio de comunicación como la televisión que, basándose en una disociación entre la producción y la recepción, ha aplastado las subjetividades (Stiegler, 2009). Internet pone en entredicho esta lógica unilateral al permitir a la mayoría ser a la vez receptora y productora de información. La red permite la expresión de uno mismo, la participación, la organización de una inteligencia colectiva y la creación de medios de comunicación alternativos. En lugar de comportamientos de consumo pueden manifestarse comportamientos de contribución. La creación de una enciclopedia en línea como Wikipedia demuestra lo que puede producir una lógica de intercambio y de participación. Si, en el pasado, los llamados medios comunitarios no pudieron cuestionar seriamente el unilateralismo de los medios de comunicación masivos, el medio digital y reticular les pone fin.

Otra idea de la revolución que pone en cuestión la revolución digital

Tras los acontecimientos de mayo 68 en Francia, Jacques Ellul emprendió una reflexión de largo alcance sobre el fenómeno revolucionario, al que dedicó varios libros (Vitalis, 2013). A partir de una amplia aproximación histórica, muestra ante todo que no se debe confundir una revuelta con una revolución. A diferencia de la primera, en la segunda hay un pensamiento previo y la voluntad de imponer un proyecto por la vía de los hechos, creando nuevas instituciones. Sobre todo, muestra que después de la Revolución francesa de 1789, la revolución, que había sido asimilada hasta entonces en términos negativos de terror y de violencia, va a ser considerada desde una imagen positiva. Marx se apoyó en este ejemplo para elaborar su teoría de la lucha de clases y del proletariado revolucionario. Él y sus sucesores contribuyeron a poner en orden la revolución, que se vuelve un fenómeno previsible que va en el sentido de la historia mientras que anteriormente expresaba un rechazo a avanzar hacia el futuro. De alguna manera, se va a insertar en un modelo preestablecido, donde la libertad se confunde con la necesidad. Ya no hay lugar para la expresión espontánea y la búsqueda de vías originales e inéditas. Se necesitan profesionales de la revolución y un partido, y aplicar tácticas y estrategias para apoderarse del poder. El Estado, así como las posibilidades técnicas, nunca son cuestionados. Al contrario, se quiere hacer de éstos los principales vectores de realización y de avances de la revolución. En una célebre fórmula pronunciada en un congreso de los Soviets en 1920, Lenin decía: “El socialismo es el poder de los soviets más la electrificación”.

Ellul critica radicalmente esta concepción de una revolución política que se piensa en el sentido de la Historia, realizando por medio de un cambio de poder todas las promesas de la técnica. Para él, la técnica puede constituir una ayuda, pero puede ser también un obstáculo. No yendo necesariamente en el sentido de la historia, no estando a remolque del cambio técnico, una verdadera ruptura revolucionaria es siempre algo improbable.

Voy a retomar tres problemáticas ellulianas, en el cuestionamiento de la revolución digital: la problemática de la técnica apropiada, la problemática de la relación fin/medio y la problemática de los límites.

El autor de La técnica y la apuesta del siglo considera que las sociedades más desarrolladas económicamente son sociedades técnicas donde lo que importa ante todo es la elección de los medios más eficaces. La neutralidad de la técnica es cuestionada por tanto en la medida en que ésta, al volverse autónoma, ya no depende de las decisiones políticas y del libre arbitrio del usuario. La elección de los medios es esencial y se puede comprender por qué rechazar determinadas técnicas para no estar sometido a su lógica. En la historia ha habido muchos rechazos a recurrir a nuevas técnicas de comunicación, como lo testimonian el rechazo a la escritura, la contestación de la imagen o la oposición a la imprenta. También hoy se observan rechazos a la utilización de Internet por personas muy minoritarias que poseen todos los medios intelectuales y financieros para volverse internautas. Las razones del rechazo son múltiples y siempre motivadas: temor de dependencia y de manipulación, vinculación a otros soportes que se estiman más propicios a la reflexión, falta de utilidad, etc. (Boudokhane, 2008).

Las técnicas son más o menos favorables a la libertad y a la creatividad del individuo. Es conocida en este sentido la elección de Ivan Illich en favor de técnicas amigables que favorecen la autonomía y el dominio humanos. La noción de tecnología apropiada o de tecnología dulce de Ellul es muy cercana. Hasta 1970, éste último consideraba que el sistema técnico era un sistema inquebrantable que no tenía más que una orientación de poder. A partir de esta fecha, la automatización y la informatización pueden permitir cambiar esta orientación. En su libro Cambiar de revolución, la microinformática, a diferencia de la gran informática, es considerada como un posible instrumento de liberación en la medida en que hace posible la descentralización, la coordinación entre pequeños grupos a través de redes o llevar la decisión a la base.

Esta evaluación positiva podría también hacerse hoy a una red como Internet, habida cuenta de su carácter democrático. Sin embargo debe ser revisada cuando se constata que la red se ha convertido en el instrumento de una vigilancia masiva y de una centralización de los datos personales por Estados y empresas. Lo primero para hacer de ella un instrumento de comunicación apropiado sería elaborar una carta mundial de la informática y de las libertades que protegiera la vida privada en todas las partes del mundo, garantizando a todo internauta el acceso a su duplicado digital, con la posibilidad de borrar las partes que desee (Vitalis, 2008a).

Intervenir lo más arriba posible la oferta de tecnologías antes de que éstas se impongan sería la mejor manera de beneficiarse de tecnologías dulces y apropiadas. Por ejemplo, las empresas de distribución han sido hasta ahora las más interesadas en el Internet de los objetos y han financiado los primeros estudios. No es cierto que la mayoría vea con buenos ojos esta invasión próxima de su vida cotidiana por miles de microchips comunicantes e indiscretos.

Una técnica orientada hacia el poder es siempre un obstáculo para un proyecto revolucionario que debe hacerse contra él. Una técnica apropiada es necesaria pero no suficiente para hacer una revolución. Hace falta también y sobre todo una voluntad revolucionaria, una decisión. Volvemos a encontrar aquí la problemática esencial de las relaciones entre los medios y los fines, debiendo darse la prioridad, a diferencia de lo que ocurre en una sociedad, a las finalidades. El contexto político y social es por tanto determinante. Ellul pensó que a comienzos de los años 1980 era posible una revolución, porque acababa de aparecer una técnica apropiada como la microinformática, pero también, y sobre todo, porque en ese momento histórico preciso se manifestaba una profunda voluntad de cambio.

Para dar una idea de la radicalidad de un cambio verdaderamente revolucionario, voy a recordar los cinco cambios que, según Ellul (1982), debería realizar la revolución de finales del siglo 20: una ayuda totalmente desinteresada a los países del Sur gracias a una reconversión de la potencia industrial occidental; la opción de no-potencia, privilegiando el medio más humano y más respetuoso con la naturaleza respecto al medio más eficaz; la separación y la diversificación en todos los ámbitos con una preferencia por la autogestión; la reducción drástica del tiempo de trabajo; y, en fin, el abandono del trabajo asalariado gracias a nuevas modalidades de reparto de la riqueza.

En este comienzo del siglo 21 nos encontramos ante una situación paradójica. Mientras a las revoluciones del pasado les faltaron medios, hoy día la superabundancia de medios parece quitarnos todo deseo de revolución. Se multiplican las revueltas, pero cuanto más técnica es la sociedad, más imposible se vuelve la revolución. El dominio de la técnica exige la determinación de límites. En otras palabras, no siempre se debe hacer lo que técnicamente es posible hacer. A falta de capacidad de autolimitación de nuestras sociedades, de alguna manera las presiones externas, como el calentamiento climático o las contaminaciones del medio ambiente, nos obligan a modificar nuestros modos de producción y de consumo. Parece que las técnicas digitales, a priori no contaminantes y que pueden permitir economizar energía, deberían ser excluidas de este cuestionamiento. Ante su continuo y rápido crecimiento, algunos consideran sin embargo que habría que reexaminar esta opinión (Flipo, 2007). En algunos países, las infraestructuras digitales consumen cerca del 10% del consumo total de electricidad. Un estudio reciente afirma que hasta 2020, el impacto de los enormes centros de datos y de cálculo en CO2 sobre el medio ambiente sería más importante que el de toda la industria de transporte aéreo.

El movimiento por el decrecimiento muestra que se puede escoger voluntariamente la vía de la autolimitación. Poniendo en entredicho un imaginario demasiado exclusivamente económico y la noción de progreso que lo acompaña, este movimiento, directamente inspirado en las tesis de Ellul, propone una verdadera ruptura. El problema, en este caso, es saber si las tecnologías digitales pueden ser afectadas por este movimiento. No se entiende por qué hay que fijar límites a técnicas de almacenaje y de tratamiento de signos que ofrecen nuevos espacios de expresión y de relación muy útiles y apreciados en estos tiempos de crisis social. El éxito de las redes sociales parece ir a la par con el ascenso de las incertidumbres, como si sus participantes tuvieran necesidad de asegurar su identidad y sus lazos sociales.

Las nuevas redes y las herramientas de comunicación no deben sin embargo convertirse en el todo de la información y de la comunicación. Aunque las consecuencias de su utilización sobre las percepciones y las representaciones son difíciles de evaluar, es verdad que no siempre son positivas (Virilio, 1995, 1996). En estas condiciones, un derecho a la desconexión debe ser acogido favorablemente, así como la iniciativa de algunas escuelas de privar de pantalla y de televisión durante una decena de días a los nativos digitales.

André Vitalis es profesor emérito de la Universidad de Burdeos, Francia.

https://journals.openedition.org/communiquer/1494

Traducción: Javier Garitazelaia para viento sur

Referencias

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Bolivia: un levantamiento popular aprovechado por la ultraderecha

Por Raúl Zibechi

El levantamiento del pueblo boliviano y de sus organizaciones fue lo que en última instancia provocó la caída del gobierno. Los principales movimientos exigieron la renuncia antes de que lo hicieran las fuerzas armadas y la policía. La OEA sostuvo al gobierno hasta el final. La crítica coyuntura que atraviesa Bolivia no comenzó con el fraude electoral, sino con el sistemático ataque del gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera a los movimientos populares que los llevaron al Palacio Quemado, al punto que cuando necesitaron que los defendieran, estaban desactivados y desmoralizados.

1.- La movilización social y la negativa de los movimientos a defender lo que en su momento consideraron “su” gobierno fue lo que provocó la renuncia. Así lo atestiguan las declaraciones de la Central Obrera Boliviana, de docentes y autoridades de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), de decenas de organizaciones y de Mujeres Creando, quizá la más clara de todas. La izquierda latinoamericana no puede aceptar que una parte considerable del movimiento popular exigió la renuncia del gobierno, porque no puede ver más allá de los caudillos.

La declaración de la histórica Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), cercana al gobierno, es el ejemplo más claro del sentimiento de muchos movimientos: “Presidente Evo ya hiciste mucho por Bolivia, mejoraste la educación, salud, le diste dignidad a mucha gente pobre. Presidente no dejes que tu pueblo arda ni te lleves más muertos por encima presidente. Todo el pueblo te va a valorar por esa posición que tienes que tener y la renuncia es inevitable compañero Presidente. Tenemos que dejar en manos del pueblo el gobierno nacional”.

2.- Este triste desenlace tiene antecedentes que se remontan, en apretada síntesis, a la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) en 2011. Luego de esa acción multitudinaria, el gobierno empezó a dividir a las organizaciones que la convocaron.

Mientras Morales-García Linera mantuvieron excelentes relaciones con el empresariado, dieron un golpe del Estado contra el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), dos organizaciones históricas de los pueblos originarios. Mandaron a la policía, echaron a los dirigentes legítimos y atrás llegaron, protegidos por la policía, los dirigentes afines al gobierno.

En junio de 2012 CIDOB denunció “la intromisión del gobierno con el único propósito de manipular, dividir y afectar a las instancias orgánicas y representativas de los pueblos indígenas de Bolivia”. Un grupo de disidentes con apoyo del gobierno desconocieron a las autoridades y convocaron una “comisión ampliada” para elegir nuevas autoridades.

En diciembre de 2013, un grupo de disidentes de CONAMAQ, afines al MAS, tomaron el local, golpearon y expulsaron a quienes allí se encontraban con apoyo de la policía, que permaneció resguardando la sede e impidiendo que las legítimas autoridades pudieran recuperarla. El comunicado de la organización asegura que el golpe contra CONAMAQ se dio para “aprobar todas las políticas en contra del movimiento indígena originario y del pueblo boliviano, sin que nadie pueda decir nada”.

3.- El 21 de febrero de 2016 el propio gobierno convocó un referendo para que la población se pronunciara a favor o en contra de la cuarta reelección de Morales. Pese a que la mayoría dijo NO, el gobierno siguió adelante con los planes de reelección.

Ambos hechos, el desconocimiento de la voluntad popular y la expulsión de las legítimas direcciones de movimientos sociales, representan golpes contra el pueblo.

Más grave aún. En la mañana del miércoles 17 de febrero, días antes de la celebración del referendo, una manifestación de padres de alumnos llegó hasta la alcaldía de El Alto. Un grupo de cien manifestantes ingresó por la fuerza al recinto provocando un incendio en el que murieron seis personas. Los manifestantes que se escudaron en la movilización de los padres pertenecían al oficialista Movimiento al Socialismo (MAS).

Este es el estilo de un gobierno que denuncia “golpe” pero una y otra vez ha actuado de forma represiva contra los sectores populares organizados que enfrentaron sus políticas extractivistas.

4.- Las elecciones del 20 de octubre consumaron un fraude para la mayoría de las personas en Bolivia. Los primeros datos apuntaban hacia una segunda vuelta. Pero el conteo se detuvo sin explicación alguna y los datos que se ofrecieron al día siguiente mostraban que Evo ganaba en primera vuelta, ya que obtenía más de 10% de diferencia aunque no llegara a 50% de los votos.

En varias regiones se producen enfrentamientos con la policía, mientras los manifestantes queman tres oficinas regionales del tribunal electoral en Potosí, Sucre y Cobija. Las organizaciones ciudadanas convocan a una huelga general por tiempo indeterminado. El día 23, Morales denuncia que está en proceso “un golpe de estado” por parte de la derecha boliviana.

El lunes 28, se intensifica la protesta con bloqueos y enfrentamientos con la policía, pero también entre simpatizantes y opositores del gobierno. Como en otras ocasiones, Morales-García Linera movilizan a las organizaciones cooptadas para enfrentar a otras organizaciones y a personas que se oponen a su gobierno.

El 2 de noviembre se produce un viraje importante. El presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, que mantenía una alianza con el gobierno de Morales, Luis Fernando Camacho, llama al ejército y a la policía a “ponerse del lado de la gente” para forzar la renuncia del presidente, invocando a dios y la biblia. El viernes 8 se amotinan las primeras tres unidades policiales en Cochabamba, Sucre y Santa Cruz, y los uniformados fraternizaron con los manifestantes en La Paz. Dos días después, con un país movilizado, el binomio ofrece su renuncia verbal, que no escrita.

5.- En este escenario de polarización, debemos destacar la notable intervención del movimiento feminista de Bolivia, en particular el colectivo Mujeres Creando, que encabezó una articulación de mujeres en las principales ciudades.

El 6 de noviembre, en plena polarización violenta, María Galindo escribió en el diario Página 7: “Fernando Camacho y Evo Morales son complementarios”. “Ambos se erigen en representantes únicos del ‘pueblo’. Ambos odian las libertades de las mujeres y la mariconada. Ambos son homofóbicos y racistas, ambos usan el conflicto para sacar ventaja”.

No sólo exige la renuncia del gobierno y del tribunal electoral (cómplice del fraude), sino la convocatoria de nuevas elecciones con otras reglas, donde la sociedad esté involucrada, para que “nadie necesite nunca más de un partido político para ser escuchad@ y para hacer ejercicio de representación”.

La inmensa mayoría de las personas que habitan Bolivia no entró en el juego de la guerra que quisieron imponer Morales-García Linera cuando renunciaron y lanzaron a sus partidarios a la destrucción y el saqueo (en particular en La Paz y El Alto), probablemente para forzar la intervención militar y justificar así su denuncia de un “golpe” que nunca existió. Tampoco entraron en el juego de la ultraderecha, que actúa de forma violenta y racista contra los sectores populares.

6.- La izquierda latinoamericana, si es que aún queda algo en ella de ética y dignidad, debemos reflexionar sobre el poder y los abusos que conlleva su ejercicio. Como nos enseñan las feministas y los pueblos originarios, el poder es siempre opresivo, colonial y patriarcal. Por eso ellas rechazan los caudillos y las comunidades rotan sus jefes para que no acumulen poder.

No podemos olvidar que en este momento existe un serio peligro de que la derecha racista, colonial y patriarcal consiga aprovechar la situación para imponerse y provocar un baño de sangre. El revanchismo político y social de las clases dominantes está tan latente como en los últimos cinco siglos y debe ser frenado sin vacilaciones.

No entremos en el juego de la guerra que ambos bandos nos quieren imponer.

Lamento boliviano o sobre la otra servidumbre

por Jeudiel Martinez

Estoy viendo que hasta las publicaciones trotskistas -tan patéticas como tristes- están hablando escandalizadas del golpe en Bolivia. Como hace mucho tiempo los marxistas abandonaron el análisis político en favor de una especie de moralismo, de un escándalo perpetuo contra la derecha , entonces eso no extraña. El problema es que, en este caso, incluso si uno creyera en la acción del enemigo malo-malo, de la gente mala-mala, tendría que preguntarse no sólo como las acciones de Evo Morales les abrieron las puertas sino sobre la legitimidad de esta idea de la reelección indefinida que viene derecho desde el siglo XIX.

El hecho es que, para esta gente, el resultado -el derrocamiento de Evo- agota todo el análisis: Evo renunció presionado y las protestas las dirigía la derecha. Es como un titular que dijera “un hombre muere” y algunos gritaran “asesinos!!!” el hombre pudo suicidarse, tal vez la mujer lo mató porque estaba harta de sus golpes, tal vez lo mató por su dinero o, tal vez, simplemente manejó borracho o le busco pleito a quien no debía…pero la cadena causal y sus condiciones, es lo que la izquierda quiere borrar con los gritos de “golpe” y la victimización de los poderosos, entonces no hace falta ningún tipo de análisis sobre porque los militares bolivianos hicieron eso (además de, tal vez, decir que “siempre fueron” de derechas), porque las protestas fueron tan vastas y porque la derecha pudo hegemonizarlas. Es decir, la condena moral reemplazó al análisis político: nunca, no importa lo que haga el gobierno, la gente no debe participar en una protesta que pueda ser apoyada o capitalizada por la derecha igual que las muchachas no deben tener sexo antes del matrimonio. Es decir, incluso esta izquierda “disidente”, las micro-camarillas de marxistas esclarecidos creen que la gente tiene que soportar cualquier cosa porque “qué dirá la gente, que somos de derecha?”

Pero el colmo de la miseria no es la narrativa sobre Bolivia sino sobre el fallido 2017 Venezolano: cuando revuelta contra Maduro la mayoría de los marxistas venezolanos, e incluso de la izquierda “crítica” no veían en la gente que protestaba, incluso los jóvenes, más que derechistas “atacando las conquistas de los trabajadores”, yo he tenido que oir a gente que sin temor a insultar su propia inteligencia dice que un muchacho de 20 que se exponía al plomo de la Guardia Nacional, lo hacía solo por odio a la izquierda o a las conquistas de los trabajadores…de verdad alguien que protesta, arriesgando la vida, en un país en ese nivel de miseria y descomposición lo hace porque “es de derecha”?. Por eso es que gente como Mantovani, en representación de la “disidencia mantenida” dijo ante la prensa europea que toda la gente que pasó por la ordalía de 2017 eran…derechistas. Y nada más.

A nadie se le ocurre lo obvio: que en países donde gobierna la izquierda no solo la gente es empujada, reactivamente a la derecha, sino que -más importante- la izquierda no tiene NADA QUE DECIR sobre todo si, como en Venezuela, se rehúsan llamar tiranía a la tiranía. En fin, es más simple creer estas cosas que entender que cualquier venezolano se moriría de la risa con la idea de que Maduro es neoliberal o el de Chávez no era verdadero socialismo: el purismo moralista les excusa de entender porque no tienen nada que decirle a la gente o de entender una situación en que el gobierno de Bolivia prácticamente estaba dándole a la derecha la legitimación que había perdido.

En el fondo incluso lo que la izquierda “disidente” quiere es que no se luche contra gobiernos de izquierda, se pueden, como no, hacer reivindicaciones sociales pero nunca disputar el poder político, es decir, ante Maduro o Morales solo se puede ser reformista, pero en el momento en que se cuestiona la continuidad en el poder de la izquierda ya se ha pasado para el campo de la “derecha”…es apenas anecdótico decir que marxistas de hace 70 años se habrían reído de esta idea de rechazar una revuelta en vez de tratar de conducirla: la izquierda postrera y el marxismo postrero de nuestros tiempos ya no tienen la fuerza para eso y están sujetos a los gobiernos de izquierda (la mayoritaria, la dominante, la nacional-popular, castrista…monárquica) por una especie de “lealtad negativa” que les impide radicalizarse…..es fácil ver el resultado: como la gente común, libre de la prisión ideológica, no tiene formas de hacerse excusas ante el autoritarismo o el desastre la izquierda queda, o aislada, o sirviendo de comparsa a gobiernos caídos o en crisis, como esa gente de minorías que los candidatos gringos ponen en el fondo cuando hay que tomarse una foto…y no es eso tambíen servidumbre voluntaria?.

La teoría de las ondas largas y la tecnología contemporánea

Por François Chesnais

En julio-agosto de 2007, con el cierre, que pasó casi desapercibido, de filiales de fondos de alto riesgo de grandes bancos, comenzaba la crisis económica y financiera mundial de 2007-2009, llamada en EE UU y países anglófonos la Great Recession. Más de doce años después, la economía capitalista mundial no conoce todavía una recuperación de la acumulación, medida en líneas generales por el nivel del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. A diferencia de la gran mayoría de las economías europeas y de Japón, EE UU ha conocido una breve alza cíclica que ha creado ilusión pero ya ha terminado. A este lado del Atlántico, la contracción del PIB alemán durante dos trimestres se considera como el signo anunciador de una recesión en la principal economía de la zona euro 1/. La proyección más reciente del FMI confirma un movimiento de descenso de la tasa de crecimiento del PIB para las economías del G7 que ya no es compensado por los países emergentes (China incluida). Los años 2012-2016, cuando estos últimos tiraban bien que mal del crecimiento mundial, ya no son más que un recuerdo.

Este artículo deja de lado las finanzas y la financiarización y trata de la teoría de las ondas largas, que se abordaron brevemente en un artículo anterior en A l’Encontre 2/, centrándose en el lugar que ocupa la tecnología. El objetivo es ver en qué sentido las características de las dominantes tecnologías contemporáneas de la informatización y la automatización (TIC) pueden ayudar a comprender el momento actual del sistema capitalista mundial. El artículo procede a una relectura de los dos principales autores que se han ocupado de la teoría de las ondas largas, Joseph Schumpeter y, en el marco marxista, Ernest Mandel. En su libro de 1980 Long Waves of Capitalist Development. A Marxist Interpretation Mandel se preguntaba por qué los marxistas, que habían estado en el origen de la teoría, se habían desinteresado después dejando el campo libre a los neo-schumpeterianos 3/. El escaso eco de la muy tardía publicación de este libro en francés, con el título Les ondes longues du capitalisme 4/, acompañado de un largo postfacio de Michel Husson 5/, no dio respuesta a su pregunta. Tal vez tenga relación con el desinterés de los economistas marxistas por la tecnología, expresada hoy en la casi ausencia de trabajos económicos sobre la informatización y la automatización. He encontrado un único artículo reciente en inglés 6/]. En 2015, en un artículo que rozaba el tema, Henri Wilno habló de la pertinencia potencial de los trabajos sobre las ondas largas y concluyó que estaba potencialmente abierto un vasto programa de investigación 7/. Las referencias a los libros de Mandel eran demasiado breves como para incitar a los lectores a profundizar en ellos. Citaremos aquí extensos pasajes, y también de aquellos investigadores-militantes que han comentado la gran edición francesa de SpätKapitalismus (en español: El capitalismo tardío, México, Era, 1979).

La teoría de las ondas largas

Comencemos por el origen marxista vigorosamente reivindicado por Mandel. No es seguro que la teoría marxista de las ondas largas hubiera nacido sin los comentarios que Trotsky hizo en 1923 a cuenta de los trabajos del historiador económico ruso N. D. Kondratieff (víctima más tarde del gran Terror estalinista) 8/. Según Kondratieff, el movimiento del capitalismo implicaba grandes ciclos (que señaló estadísticamente) de una cincuentena de años, en los que la fase de contracción resultante del agotamiento de las fuerzas que habían empujado la expansión precedente era seguida necesariamente de una recuperación, cuyo carácter era de alguna medida automático. La tesis de Kondratieff tenía implicaciones a la hora de apreciar la situación económica y por tanto política mundial de los años 1920, y por consiguiente para la estrategia de la III Internacional 9/. Siguiendo los trabajos de Parvus 10/, un militante ruso de la Segunda internacional, Trotsky acepta la idea de ciclos largos (que denomina ondas largas) con dos fases, una fase de expansión y una fase de contracción. Su aportación consiste en sostener que si las causas del fin de la expansión son endógenas al movimiento de acumulación del capital, el paso a una nueva larga fase expansiva sólo puede resultar de factores externos. En una carta de 1923, La curva del desarrollo capitalista, enumera tres: la adquisición de nuevos países y continentes, el descubrimiento de nuevos recursos naturales así como las guerras y las revoluciones:

“En lo que se refiere a los segmentos de la curva capitalista de desarrollo que el profesor Kondratiev propone designar también como ciclos, su carácter y su duración vienen determinados no por el juego interno de las fuerzas capitalistas, sino por las condiciones externas que encauzan su desarrollo. La adquisición de nuevos países y continentes, el descubrimiento de nuevos recursos naturales y, a su paso, los acontecimientos de orden superestructural tan importantes como son las guerras y las revoluciones, determinan el carácter y la sucesión de las fases de ascenso, estancamiento o declive del desarrollo capitalista. (…) En el momento actual es imposible prever hasta qué grado se iluminará tal o cual sección de la historia y cuáles serán sus primeras luces, por medio de una investigación materialista procedente de un estudio concreto de la curva capitalista y de la interrelación de esta última con todos los aspectos de la vida social” 11/.

La idea de que la adquisición de nuevos países y continentes sea externa al movimiento del capitalismo fue corregida por el propio Trotsky en el prólogo a la edición francesa de La revolución permanente. Allí insiste en la necesidad impuesta a los países capitalistas de orientarse hacia el mercado exterior: “La evolución del capitalismo (…) ha hecho del todo necesaria una extensión sistemática de su base. En el curso de su desarrollo y, por consiguiente, en el curso de la lucha contra sus propias contradicciones internas, cada capitalismo nacional se vuelve cada vez más hacia las reservas del mercado exterior, es decir, de la economía mundial”. Las presiones exteriores del siglo XIX fueron tanto transoceánicas (Inglaterra hacia India, Argentina, etc.) como continentales (la frontera estadounidense). Las guerras y las revoluciones se consideran externas. El caso más claro es la fase de expansión provocada por la Segunda Guerra mundial que se inició en los Estados Unidos en 1942 y en los otros países después de 1945-48. Por último, el descubrimiento de nuevos recursos naturales, que Mandel extendió con toda razón a las principales innovaciones tecnológicas, aunque no figuran en la lista de Trotsky.

En base a sus trabajos estadísticos, Kondratieff propuso una periodización del primer y segundo ciclo y de la fase ascendente del tercero que lleva su nombre. Fue aceptada con ligeras correcciones por Schumpeter en Business Cycles, así como por Ernest Mandel en Le troisième âge du capitalisme 12/ y después en Long Waves of Capitalism Development 13/. Francisco Louça propuso un término medio entre distintas periodizaciones en este cuadro:

Periodización de las cuatro ondas largas

Fase ascendente Fase descendente
Primera onda larga 1789-1816 1816-1847
Segunda onda larga 1848-1873 1873-1896
Tercera onda larga 1896-1919 1920-1939/45
Cuarta onda larga 1940/45-1967/73 1968/73-¿?

Fuente: Francisco Louça, Introducción a la edición francesa de Long Waves of Capitalist Development

El signo de interrogación de la parte baja de la columna de la derecha corresponde a la cuestión planteada por Mandel, a la que nos referiremos más adelante: “si se puede deducir de la teoría de las ondas largas que una nueva onda larga expansionista vaya a suceder a la actual larga depresión” 14/. Observando hoy día los factores externos enumerados por Trotsky, no se ve cuál podría estar en el origen de una quinta onda. En los años 1990 China ofreció de forma muy pasajera al capital una última frontera, antes de orientarse ella misma hacia el mercado exterior, en este caso un mercado mundial con muy débil crecimiento y concurrencia exacerbada. Pese a las grandes tensiones en Oriente Medio, no está a la orden del día una guerra y, de todas formas, salvo desliz, no tendría la amplitud destructiva para propulsar el inicio de una nueva onda larga. Queda la hipótesis explorada por Mandel de una revolución tecnológica que podría eventualmente llevar a una fase de expansión. El progreso de la automatización lleva a responder más que nunca de forma negativa. Hagamos antes un desvío por Marx y Schumpeter.

Marx: el maquinismo, de la ciencia y la tecnología a la formación de un sistema técnico que atraviesa todas las actividades

En la sección primera del célebre capítulo del libro primero de El Capital sobre el maquinismo y la gran industria se encuentra un análisis de la génesis y posterior toma de poder total de un sistema técnico que puede ayudar a comprender el de la informática durante los últimos ochenta años. Voy a comentar algunos extractos 15/.

Marx destaca ante todo el papel jugado por la ciencia y la tecnología:

«(….) los primeros elementos científicos y técnicos (de la gran industria) fueron desarrollados poco a poco durante la época de las manufacturas. Las hilaturas de telar continuo (throstle mills) de Arkwright, desde su origen, se movían con agua. Pero el empleo casi exclusivo de esta fuerza oponía dificultades cada vez mayores. Era imposible aumentarla a voluntad o suplir su insuficiencia. A veces fallaba y era de naturaleza puramente local. Sólo con la máquina a vapor de doble cilindro de Watt (double-acting steam-engine) se descubrió un primer motor capaz de engendrar por sí mismo su propia fuerza motriz consumiendo agua y carbón y cuya potencia estuviera enteramente regulada por el hombre. Móvil y medio de locomoción, urbana y no rústica como la rueda hidráulica, permitía concentrar la producción en las ciudades en lugar de diseminarla por el campo. En fin, es universal en su aplicación técnica y su uso depende relativamente poco de las circunstancias locales. El genio de Watt se muestra en los considerandos de la patente de 1784. No describía su máquina como una invención destinada a fines particulares, sino como el agente general de la gran industria. Presiente aplicaciones, como el martillo de vapor por ejemplo, que no fueron introducidas hasta medio siglo después. Aunque duda de que la máquina de vapor pueda ser aplicada a la navegación. Sus sucesores, Boulton y Watt, expusieron en el palacio de la industria de Londres, en 1851, una de las más colosales máquinas de vapor para la navegación marítima”.

El segundo tema es la autonomización de la máquina:

“Una vez transformadas las herramientas de instrumentos manuales del hombre en instrumentos del aparato mecánico, el motor adquiere por su parte una forma independiente, completamente emancipada de los límites de la fuerza humana. La máquina-herramienta aislada, tal como la habíamos estudiado hasta ahora, cae por ello mismo al rango de un simple órgano del mecanismo de operaciones. Un solo motor puede en adelante poner en movimiento varias máquinas-herramientas. Con el número creciente de máquinas-herramientas a las que se debe simultáneamente dar propulsión, el motor crece mientras la transmisión se metamorfosea en un cuerpo tan vasto como complicado (…).

El sistema de máquinas propiamente dicho sólo reemplaza a la máquina independiente cuando el objeto de trabajo ha recorrido sucesivamente una serie de distintos procesos graduados ejecutados por una cadena de máquinas-herramientas diferentes, aunque combinadas unas con otras. (…) Las herramientas especiales de los diferentes obreros en una manufactura de lana por ejemplo, las del batidor, el cardador, el doblador, el hilador, etc., se transforman en otras tantas máquinas-herramientas especiales donde cada una forma un órgano particular en el sistema del mecanismo combinado”.

Así emerge el gran autómata:

“Un sistema de maquinismo forma por sí mismo un gran autómata, desde que es puesto en movimiento por un primer motor que se mueve a sí mismo. El sistema de máquinas-herramientas automáticas recibe su movimiento por transmisión de un autómata central, es la forma más desarrollada del maquinismo productivo. La máquina aislada ha sido reemplazada por un monstruo mecánico cuyo gigantesco armazón llena edificios enteros. Su fuerza demoníaca, disimulada de entrada por el movimiento cadencioso y casi solemne de sus enormes miembros, estalla en la danza febril y vertiginosa de sus innumerables órganos de operación (…).

El sistema se vuelve objetivo, es decir emancipado de las facultades individuales del obrero; el proceso total es considerado en sí mismo, analizado en sus principios constituyentes y sus diferentes fases, y el problema que consiste en ejecutar cada proceso parcial y en conectar los diversos procesos parciales entre ellos, se resuelve por medio de la mecánica, de la química, etc., lo que no obsta desde luego para que la concepción teórica deba ser perfeccionada por una experiencia práctica acumulada a gran escala”.

La dependencia inicial de los capitalistas respecto a los obreros especializados:

“Las grandes invenciones de Vaucanson, de Arkwright, de Watt, etc., sólo podían ser aplicadas porque el período manufacturero había legado un número considerable de obreros mecánicos hábiles. (….) Aparte del alto precio de las máquinas fabricadas de esta manera –y éste es asunto del capitalista industrial–, el progreso de industrias ya basadas en el modo de producción mecánica y su introducción en nuevas ramas quedan sometidas a una única condición, el aumento de obreros especialistas, cuyo número, por la naturaleza casi artística del trabajo, sólo podía aumentar lentamente”.

Había que superarla:

“Las dimensiones crecientes del motor y de la transmisión, la variedad de máquinas-herramientas, su construcción cada vez más complicada, la regularidad matemática que exigían el número, la multiformidad y la delicadeza de sus elementos constitutivos a medida que se apartan del modelo proporcionado por el telar, ya incompatible con las formas prescritas por sus funciones puramente mecánicas, el progreso del sistema automático y el empleo de un material difícil de manejar, el hierro por ejemplo, en lugar de la madera –la solución a todos estos problemas, que las circunstancias hacían aparecer sucesivamente, tropezó sin cesar con los límites personales que el propio trabajador colectivo de la manufactura no sabía superar. Máquinas como la moderna prensa de impresión, el telar de vapor y la máquina cardadora, no habrían podido ser proporcionadas por la manufactura”.

También está el tema del proceso obligatorio de difusión:

“La transformación del modo de producción en una esfera industrial arrastra una transformación análoga en otra. Se percibe en primer lugar en las ramas industriales, que se entrelazan como fases de un proceso de conjunto, aunque la división social del trabajo las haya separado, y transformado sus productos en otras tantas mercancías independientes. Así la hilatura mecánica hizo necesario el tejido mecánico, y ambos llevaron la revolución mecánico-química a la lavandería, la imprenta y la tintorería. También la revolución en el hilado del algodón provocó la invención de la desmotadora para separar las fibras de esta planta de sus semillas, invención que hizo posible la producción de algodón a la inmensa escala que hoy día se ha vuelto indispensable (…).

La revolución en la industria y la agricultura ha necesitado una revolución en las condiciones generales del proceso de producción social, es decir en los medios de comunicación y de transporte. [Éstos] eran completamente insuficientes para cubrir las necesidades de la producción manufacturera, con su división ampliada del trabajo social, su concentración de obreros y de medios de trabajo, sus mercados coloniales, por lo que hubo que transformarlos. (…) los medios de comunicación y de transporte legados por el período manufacturero se convirtieron en obstáculos insoportables para la gran industria con la febril velocidad de su producción centuplicada, su lanzamiento continuo de capitales y de trabajadores de una esfera de producción a otra y las nuevas condiciones del mercado universal que había creado. (…) el servicio de comunicación y de transporte fue poco a poco adaptado a las exigencias de la gran industria, por medio de un sistema de barcos de vapor, ferrocarriles y telégrafos. Las enormes masas de hierro que desde entonces hubo que forjar, soldar, cortar, perforar y modelar exigieron máquinas monstruosas cuya creación estaba vedada al trabajo manufacturero”

Con el nombre de revolución industrial, ésta fue la revolución tecnológica correspondiente al primer ciclo Kondratieff y a la primera onda del cuadro de Louça.

Schumpeter: la innovación y no la ciencia y la tecnología como fuerza motriz de los ciclos largos

La primera formulación de la relación entre tecnología y ciclos largos es de Schumpeter. En el grueso libro Business Cycles que publicó en 1939, hace de los ciclos largos un elemento central de su teoría del desarrollo del capitalismo en periodo largo o teoría de la evolución (título de su primer libro de 1912 16/). Busca el apoyo de Marx: “mantenemos (y en este sentido completamente de acuerdo con Marx) que el progreso tecnológico está en la esencia misma de la empresa capitalista y no puede ser separado de ella” 17/. A diferencia, casi cualitativa, de cómo Marx examinó el progreso técnico en relación con la producción de la plusvalía y vio en el maquinismo “la captura del conjunto de las ciencias al servicio del capital” 18/, Schumpeter introduce una importante distinción entre innovación e invención, llegando a escribir que “es absolutamente indiferente que una innovación implique o no una novedad científica. Aunque la mayor parte de las innovaciones puedan ser atribuidas a una determinada conquista en el ámbito de los conocimientos teóricos o prácticos, hay muchas en que no es así”19/. Escrito en 1939, habría hecho falta sobre todo hablar de aquellas en las que sí era el caso. Era el momento en que la gran apertura científica de los años 1900-1910 (la relatividad general de Einstein y la física cuántica de Max Planck) encontraban su aplicación en Alemania y en EE UU en el ámbito militar, desembocando en la fisión nuclear.

La definición de innovación de Schumpeter es muy amplia, puesto que incluye “los cambios tecnológicos en la producción de productos ya utilizados (subrayado mío), la apertura de nuevos mercados o de nuevas fuentes de aprovisionamiento, la taylorización del trabajo, la mejora en el mantenimiento de los materiales, la creación de nuevas organizaciones comerciales como los grandes almacenes, en resumen, toda manera diferente de hacer en el ámbito de la vida económica” 20/. La relación de estas formas de cambio con los ciclos Kondratieff está en que no son acontecimientos aislados y no se reparten uniformemente en el tiempo. “Tienen tendencia a venir en racimos, en primer lugar porque algunas de las empresas, y después la mayoría, siguen la estela de las innovaciones exitosas; y también porque las innovaciones tienen tendencia a concentrarse en algunos sectores y en su proximidad» 21/. Las series estadísticas que le sirven para corroborarlo, corrigiendo un poco la periodización de Kondratieff, privilegian claramente a EE UU y lo mismo ocurre con las innovaciones estudiadas. Así, la construcción de ferrocarriles, que se extienden durante un ciclo y medio (o sea unos ochenta años) pierde su cualidad de innovación –en el sentido de novedad– para conservar la de vector de muy importantes inversiones que sirven de alguna medida de espina dorsal de la acumulación estadounidense en un larguísimo período. Así también, aunque en EE UU la introducción de la taylorización del trabajo data del tercer Kondratieff, hay que esperar a después de la Segunda Guerra Mundial, o sea, al cuarto, para que se adopte en Europa. Los efectos de racimo deben hacerse a una escala tal que “las perturbaciones sean grandes, en el sentido de que perturban el sistema existente, no pueden ser absorbidas suavemente y suponen un proceso específico de adaptación” 22/. Las perturbaciones a las que se ve forzada a adaptarse la sociedad son pilotadas por los industriales que se benefician de ellas: “el automóvil nunca habría adquirido su actual importancia y convertido en un reformador de la vida cotidiana si se hubiera quedado en lo que era hace treinta años y si no hubiera logrado modelar las condiciones ambientales —las carreteras, entre otras — necesarias para su propio desarrollo” 23/.

Destaquemos que Schumpeter, igual que Mandel más tarde, insiste en que “es de la mayor importancia dominar la historia económica de la época, del país o de la industria (….) antes de sacar una conclusión del comportamiento de las series cronológicas. La historia general (social, política y cultural), la historia económica, y más en particular la historia industrial no son sólo indispensables sino en realidad son los más importantes en contribuir a la comprensión de nuestro problema. Todos los demás materiales y métodos, estadísticos y teóricos, están sometidos a ellas y no sirven para nada sin ellas” 24/. Schumpeter designa al primer Kondratieff con el nombre de “burgués” porque “los intereses y las actitudes de las clases industriales y comerciales han controlado las políticas y todas las expresiones culturales más que en ningún otro período anterior o posterior” 25/. Utiliza la etiqueta neo-mercantilista para caracterizar el segundo Kondratieff en el que hay “dos tipos de cambios: uno representado por síntomas como el recrudecimiento de la protección (en EE UU la tarifa Dingley de 1897) y el aumento de los gastos de armamento; el otro por síntomas como el nuevo espíritu de la legislación fiscal y social (en Alemania los seguros sociales alcanzaron 1,1 billones de marcos en 1913), la creciente marea política del radicalismo y el socialismo, el crecimiento y la evolución de las actitudes del sindicalismo, etc.» 26/. Schumpeter no encontró nombre para el tercer Kondratieff (la tercera onda larga en el cuadro de Louça).

Las tecnologías portadoras de la segunda revolución industrial

Sin tomar posición sobre la teoría de Schumpeter, el economista historiador Robert Gordon trabajó en la misma dirección. En el caso de EE UU, estudió las tecnologías que nacieron en la fase de declive de la segunda onda del cuadro de Louça antes de desarrollarse a lo largo de la tercera. Publicó primero un rotundo estudio para el Nacional Bureau of Economic Research sobre el debilitamiento de la innovación estadounidense 27/, antes de convertirlo en libro 28/. Después sintetizó las conclusiones de sus investigaciones en un nuevo estudio en respuesta a las críticas recibidas 29/. Incluye una parte sobre la segunda revolución industrial y otra sobre la tercera y la actualmente en curso de las tecnologías de la informática y de la comunicación (TIC). Con algunas diferencias temporales y especificidades nacionales, su análisis vale también para los países de Europa occidental.

Para Gordon, “las tres tecnologías de uso general fundamentales de la segunda revolución industrial que dieron nacimiento a decenas de invenciones que cambiaron la vida” han sido la electricidad, el motor de combustión interna y la telegrafía sin hilos. Edison produjo la primera bombilla eléctrica en 1879 y distribuyó electricidad a clientes del bajo Manhattan en 1882, una revolución que hacía posible los ascensores, los edificios de gran altura, las herramientas eléctricas fijas y portátiles, los aparatos domésticos y también la climatización, transformando la vida y el trabajo de los americanos. Karl Benz produjo el primer motor fiable de combustión interna en Alemania, su primera patente data de 1886, la primera fábrica estadounidense Oldsmobile se abrió en 1896. En fin, la telegrafía sin hilos inventada en 1879 por un inglés de nombre Hughes, pero patentada por Marconi desde 1897, permitió a EE UU estar conectado con Europa en 1901.

En EE UU la electricidad tuvo poco impacto antes de 1900, salvo en los grandes almacenes. Pero después de 1900, la utilización de la electricidad despegó a tal velocidad que en 1929 prácticamente todas las viviendas urbanas estaban ya conectadas a la electricidad. El primer rascacielos (Woolworth) se terminó en 1913 y la mayor parte de Manhattan se volvió vertical en 1929. Entre 1890 y 1930, los hogares americanos se beneficiaron progresivamente de la electricidad, del gas, del teléfono, del agua corriente y de las conducciones de aguas residuales. El agua corriente y el alcantarillado contribuyeron a la primera fase de la liberación de las mujeres, y también permitieron el descenso de la mortalidad infantil en la primera mitad del siglo XX. En el caso del automóvil, hubo un periodo de gestación mientras las invenciones permitían combinar la potencia del motor de combustión interna con la frágil estructura inicial inspirada en los vehículos arrastrados por caballos, desarrollando las transmisiones, los frenos y otros componentes esenciales. Partiendo de cero en 1900, en 1929 la proporción de vehículos automóviles en los hogares americanos había alcanzado el 89 por ciento. Ese mismo año el 93% de los agricultores de Iowa poseía un vehículo de motor. No hay que olvidar el papel de la Segunda Guerra Mundial, en la que Gordon destaca los efectos “de aprendizaje de alta intensidad por la práctica” de los gastos militares. La Segunda Guerra Mundial dio a EE UU su primer avión a reacción (el Bell P-59), la penicilina producida industrialmente y la energía nuclear. Más importante aún, fábricas como los astilleros de Henry Kaiser enseñaron a gestores y a obreros cómo acelerar radicalmente la producción.

Según Gordon, hay tres aspectos a destacar en la segunda revolución industrial. El primero es su naturaleza multidimensional. Al contrario del carácter unidimensional de la revolución de los TIC (examinada más adelante), las innovaciones de la segunda revolución industrial se añadieron unas a otras: la electricidad y sus repercusiones; el agua corriente y el alcantarillado; los vehículos automóviles y sus invenciones complementarias como las autopistas, los desplazamientos personales y los supermercados; las diversiones del fonógrafo a la radio, la televisión y el cine; la salud pública y la reducción de la mortalidad; y una revolución en las condiciones de trabajo que eliminó el trabajo de los niños y cambió la vida laboral, de brutal y breve pasó a ser algo menos exigente físicamente, al menos en la forma. El segundo aspecto a destacar es que todo ocurrió a la vez. Todas estas transformaciones, que se superpusieron unas sobre otras, apenas existían en 1880 pero estaban casi terminadas en la América urbana en 1929. El tercer aspecto es que hasta 1972 el progreso económico consistió principalmente en la consolidación de los aspectos incompletos de la segunda revolución industrial por medio de numerosas invenciones subsidiarias y complementarias: difusión de aparatos domésticos en los años 1950, invención de la televisión para completar la radio y el cine, extensión de la climatización desde el marco comercial al residencial, construcción de la red de carreteras interestatal entre 1958 y 1972, y por último el desarrollo del transporte aéreo civil, de su minúscula área inicial en 1940 a su uso profesional y personal, acabando con el pleno equipamiento en aviones a reacción de la aviación civil que Gordon sitúa en 1972.

Las revoluciones tecnológicas en El capitalismo tardío

Mandel situó la estrecha asociación de las ondas largas con los grandes cambios tecnológicos en el marco teórico marxista. Al igual que Trotsky, endogenizó su fase de contracción y añadió a los factores de recuperación y de expansión los cambios científicos y tecnológicos. En el postfacio a su obra, Jesús Albarracín y Pedro Montes escribieron que su trabajo sobre las ondas largas puede ser considerado como la “principal aportación de Mandel al marxismo contemporáneo” 30/. La constatación de los cambios de periodo o de fase ya se encuentra en Engels, y más tarde en los grandes teóricos revolucionarios de los años 1910-1925: la de los años 1880-1890, de la que Engels comenta el importante papel jugado por las comunicaciones en la extensión del mercado mundial; el paso del capitalismo de libre competencia al de los monopolios, cuyos rasgos formuló Lenin en El Imperialismo, estadio superior del capitalismo. Según Albarracín y Montes la aportación de Mandel consiste en ofrecer una solución al siguiente problema teórico:

“En la literatura marxista tradicional, la dinámica del capitalismo venía definida por dos movimientos diferentes. Por un lado, el ciclo vital como régimen social, determinado por las leyes de desarrollo del modo de producción (crecimiento de la composición orgánica del capital, formación del ejército de reserva industrial, caída tendencial de la tasa de ganancia, progreso tecnológico). Por otro, los movimientos a corto plazo, determinados por las crisis periódicas. Para Marx, ambos movimientos no eran independientes y, sobre todo, no podían concebirse como fenómenos mecánicos. A largo plazo, la caída de la tasa de ganancia era inevitable, pero una serie de factores (el aumento de la tasa de explotación, el imperialismo, el aumento de la velocidad de rotación del capital, etc.) podía contrarrestar esta caída durante un cierto lapso de tiempo, de manera que las leyes de desarrollo capitalista no podían ser utilizadas como si fueran una piedra filosofal para comprender el capitalismo en cada periodo histórico. (….) No era posible por tanto formular una teoría general de las crisis industriales periódicas que sirviera tanto para el capitalismo de la primera mitad del siglo XIX, por ejemplo, como para el posterior a la Segunda Guerra mundial” 31/.

Al igual que Schumpeter, el análisis de Mandel parte del ciclo decenal con sus crisis bastante regulares atribuidas por Marx en parte a la duración de la vida media de las máquinas. El grado de severidad de estas crisis va a depender de la fase en que se producen dentro del movimiento más largo, el de largas ondas cuya fase de expansión se presenta como “un periodo de acumulación del capital bruscamente acelerado” que sigue a “un período de innovación técnica radical” 32/. Así, “la historia del capitalismo aparece no sólo como una sucesión de ciclos industriales de 7-10 años, sino también de periodos más largos de cincuenta años” cuya cronología se muestra en el cuadro de Louça. Cada uno corresponde a una revolución tecnológica: la revolución industrial caracterizada por la sustitución de la energía hidráulica por la máquina de vapor; la revolución tecnológica del motor de vapor producido mecánicamente (las máquinas-herramientas); la revolución tecnológica de la química, de la electricidad y del motor de explosión; en fin, la revolución tecnológica en curso en el momento en que escribe Mandel (que denomina la tercera) de la “control generalizado por medio de máquinas con equipo electrónico» 33/.

En cada periodo, la revolución tecnológica que comienza va a provocar un “alza brusca de la tasa de ganancia debida a cuatro causas en diversas combinaciones: descenso brusco de la composición orgánica media del capital; elevación brusca de la tasa de plusvalía subsiguiente a una derrota radical de la clase obrera; descenso brusco del precio de algunos elementos del capital constante; acortamiento brusco del ciclo de renovación del capital constante” 34/. El paso de la fase de expansión a la fase de contracción se produce en el momento en que el alza de la composición orgánica del capital conduce al descenso de la tasa media de ganancia, y después de la inversión. La sub-inversión que sigue tiene por consecuencia “la puesta en barbecho del capital”, al que se recurrirá cuando comience la siguiente revolución tecnológica. Mandel no contempla que el capital en barbecho sea captado por los bancos y que la acumulación financiera se alce contra la acumulación real. No mide las consecuencias del endeudamiento del Tercer Mundo a partir de 1978. Hay que esperar al postfacio de Albarracín y Montes en la edición de 1997 de su obra para que se aborde la “hipertrofia financiera” 35/.

En cambio, dedicar desde 1972 un capítulo entero a la penetración en la producción del “control generalizado por medio de máquinas con equipo electrónico”, de los “procesos de producción accionados sin intervención de la mano del hombre” 36/, o sea, la automatización en sus formas iniciales, era la demostración de que seguía muy de cerca la evolución de las tecnologías. Analizando los rasgos de la “tercera revolución tecnológica”, Mandel muestra que los procesos informatizados tienen su origen en el sector militar; por una parte, en el armamento nuclear donde “toman la forma de una necesidad fisiológica absoluta; por otra, en la defensa aérea que exige la acumulación de datos para poder sacar conclusiones casi instantáneas” 37/. En EE UU, y después en Europa y Japón, la aplicación industrial del “tratamiento electrónico de los datos” fue introducida en la industria química y después en un número creciente de industrias en las que la reducción de costes salariales directos por “eliminación radical del trabajo vivo del proceso de producción se ha convertido en un objetivo central para el capital”. General Motors comenzó a utilizar robots en sus fábricas a partir de 1961.

No es posible hablar aquí del conjunto de rasgos y consecuencias de la tercera revolución tecnológica descritas por Mandel. Estoy obligado a remitir a los lectores al libro. Pero hay una dimensión que le parece de tal importancia que habla de ella en 1981 en su prefacio a la edición inglesa del libro III de El Capital: “la extensión de la automatización más allá de un umbral conduce, inevitablemente, primero a un descenso del volumen total del valor producido, después a un descenso del volumen total de la plusvalía producida”. Saca de ahí conclusiones extremadamente pesimistas:

“La barbarie, como resultado posible del hundimiento del sistema, es hoy día una perspectiva mucho más concreta y precisa de lo que era en los años veinte y treinta. Los mismos horrores de Auschwitz y de Hiroshima parecerán ligeros en comparación con los horrores a los que una degradación continua del sistema confrontará a la humanidad. En estas circunstancias, la lucha por una salida socialista adquiere la importancia de una lucha por la supervivencia misma de la civilización humana y de la raza humana” 38/.

Las ondas largas del capitalismo: informatización, automatización, crecimiento y ganancia

En el libro con ese título (aparecido en francés en 2015) Mandel continúa el análisis de los efectos de la informatización y de la automatización (que denomina robotismo) planteando las cuestiones de manera menos dramática. Se pregunta si “a pesar del declive histórico del sistema capitalista, éste podría todavía repetir su milagro de 1940 (48) y, tras un largo período de limpieza durante los años 1970, 1980 y 1990, abrir un nuevo periodo de expansión acelerada comparable al del periodo 1893-1913, o incluso al del periodo 1948-1968”. O, por el contrario, “la explosión violenta (que Mandel sitúa en la crisis en dos tiempos de los años 1970) de las contradicciones internas del modo de producción capitalista después de un largo período en que fueron reprimidas implica que la nueva onda larga de estancamiento relativo o de débil crecimiento está ahí para quedarse por un periodo indeterminado” 39/. La respuesta es que sí: las cifras estadounidenses, cuya fiabilidad es superior a todas las demás, muestran que éste es el caso. La fase descendente de la cuarta onda del cuadro 1 comienza en 1978. El descenso del ritmo de acumulación expresado aproximadamente por la tasa de crecimiento se contrarrestó al principio por las medidas coordinadas por Paul Volker en 1980-1982 antes de que se instalase un ritmo del 5%, a pesar de los efectos de arrastre de las inversiones directas en el extranjero de los grupos industriales y comerciales estadounidenses en China, a pesar de las inversiones ligadas a la nueva economía, y a pesar del recurso masivo al endeudamiento que permitió retrasar la crisis hasta 2007-2008. Diez años después del fin de la Great Recession, la tasa de crecimiento tal como la define la contabilidad nacional estadounidense apenas supera el 4%.

Gráfico 2

Tasa de crecimiento del PIB de los Estados Unidos 1930-2017

Fuente: https://www.multpl.com/us-gdp-growth-rate

En la recapitulación teórica incluida al comienzo de su libro, Mandel escribe que una «verdadera revolución tecnológica implica una revisión radical de las técnicas de base en todos los ámbitos de la producción y de la distribución capitalistas, incluidos los transportes y las telecomunicaciones» 40/. Como ya se ha visto más arriba, esta revisión comenzó en los años 1940. Lo que comienza en 1995 es “un nuevo salto adelante cualitativo en la automatización (es decir, una transición masiva de la semi-automatización a la automatización)”, añadiendo que “también las técnicas de ingeniería genética pueden conducir a innovaciones radicales en la agricultura, la farmacéutica, el equipamiento científico, y en otra veintena de ramas industriales”. Su hipótesis es la siguiente:

“Una sustitución radical de máquinas por hombres (la nueva ola de automatización puede ser calificada de robotismo) implicaría de forma casi inevitable una reducción masiva del empleo productivo total. Dicha reducción radical del trabajo productivo implicaría muy probablemente un fuerte descenso de la masa de plusvalía, aun cuando un nuevo progreso de la productividad del trabajo y una tendencia al estancamiento o incluso al descenso de los salarios reales deberían hacer aumentar fuertemente el total de plusvalía relativa (la fracción de la semana de trabajo total durante la cual los trabajadores producen el equivalente a los bienes que compran con su salario). En estas condiciones, un aumento de la tasa de plusvalía sólo puede ser relativo, en ningún caso proporcional a los nuevos y enormes gastos necesarios para financiar el robotismo. La tasa de ganancia no experimentaría un gran aumento», pero para los trabajadores “el resultado global de un salto cualitativo hacia delante en la automatización (de hecho, la transición de la semi-automatización a la automatización) sería un aumento radical del desempleo permanente (…), la aplicación generalizada de los microprocesadores llevaría a la supresión radical de empleos en el trabajo de oficina, la administración, las telecomunicaciones e incluso la enseñanza. Profesiones enteras como contables, consultores informáticos y empleados bancarios serían devastadas si no completamente suprimidas” 41/.

Veamos primero el progreso de la automatización y la destrucción de empleos y después la evolución de la tasa de ganancia. Uno de los primeros estudios realizados por dos investigadores de la universidad de Oxford en 2013 42/ estimaba que el 47% de los oficios en EE UU podría ser ejercido por máquinas automatizadas. A este estudio le han seguido otros muchos. Las conclusiones difieren un tanto de uno a otro, pero todos van en el mismo sentido. El ritmo es más lento que “un salto adelante cualitativo”. El estudio publicado en 2017 por McKinsey estimaba que el 55% de los empleos japoneses, el 46% de los empleos estadounidenses y el 46% de los empleos de las cinco mayores economías europeas desaparecerán a causa de la informatización del trabajo antes de 2030 43/. El más reciente y más conservador es el publicado por la OCDE en abril de 2019, según el cual la informatización y la robotización harían desaparecer el 14% de los empleos de aquí a veinte años. La OCDE define los empleos con “alto riesgo de automatización” (en amarillo en la figura 4) como los que tienen al menos un 70% de posibilidades de ser robotizados. Los empleos que corren un riesgo de “cambio significativo” son los que tienen entre el 50% y el 70% de posibilidades de ser automatizados. Los principales sectores de empleo afectados son aquellos que la OCDE define como “medianamente cualificados”, “cuya naturaleza rutinaria hace bastante fácil la codificación en une serie de instrucciones que una máquina puede cumplir”. Dicho de otra manera, los obreros cualificados, operadores de máquinas, trabajadores en cadenas de montaje, o incluso los asalariados que realizan tareas de secretariado.

Gráfico 3

Efectos de la automatización de los empleos en los países de la OCDE

El estudio de la OCDE incluye también el siguiente gráfico sobre la producción (lo que significa también la utilización) de robots industriales. El crecimiento fue muy lento antes de acelerarse en 2011 y sobre todo a partir de 2014.

Gráfico 4

Número de robots industriales producidos anualmente, en millares de unidades (2000-2017)

La cuestión del ritmo del movimiento de robotización ha sido abordada por Moody 44/. La desarrollaré de forma más completa: la decisión de una empresa de recurrir a robots en sus fábricas o de introducir en los sectores de servicios técnicas informatizadas muy eficientes, y por tanto reducir el número de sus asalariados, depende de un conjunto de factores: el nivel salarial, la intensidad de la concurrencia, la rentabilidad prevista de la inversión. Estos factores vienen configurados por la mundialización del capital. Así, puede ser más ventajoso para una empresa deslocalizar una fábrica hacia un país con bajos salarios en vez de invertir en robots. Así mismo, la acentuación de la precarización del trabajo con sus efectos sobre los salarios puede ralentizar la informatización de algunos empleos de servicios.

Los efectos sobre la tasa de ganancia de haber recurrido a procesos informatizados y automatizados pueden ralentizar el progreso de su adopción. Volviendo al esquema teórico de Mandel, el progreso de la informatización y la automatización tiene como tendencia:

1) una elevación de la composición orgánica media del capital;

2) una elevación efectiva de la tasa de plusvalía como consecuencia de la mundialización del ejército de reserva industrial como consecuencia de la mundialización y desreglamentación del capital;

3) una reducción del precio de elementos del capital constante; y

4) un acortamiento del ciclo de su renovación. Puede ocurrir que los últimos no contrarresten a los otros tres en los efectos de la elevación de la composición orgánica.

Husson tiene su propia manera de medir la tasa de ganancia y de concluir en su alza 45/. En esto, como en Finance Capital Today, me pondré del lado de los economistas anglófonos, como Michael Roberts (severamente juzgado por Wilno en un artículo de 2015) de quien tomo el siguiente gráfico.

Gráfico 5

Movimiento de la tasa de ganancia en EE UU (conjunto de la economía 1949-2015)

Siguiendo el comentario de Roberts sobre este gráfico, “la tasa de ganancia corresponde a la fórmula de Marx s/c+v, o sea la plusvalía en relación al capital constante y al capital variable, midiendo el capital constante a precios históricos y a precios corrientes. El periodo tiene cuatro fases: la edad de oro tras la Segunda Guerra mundial que alcanza su cénit en 1965; la crisis de rentabilidad de los años 1970 que alcanza su punto más bajo en 1980-1982; después, el periodo neoliberal de recuperación y de estabilización de la rentabilidad; por último, el periodo todavía en curso de volatilidad y ligera baja”. El gran inconveniente de la tasa de ganancia media es que oculta el desfase abierto en la rentabilidad entre las empresas tomadas en su conjunto y los grupos cotizados en bolsa en Standard & Poor 500, que se benefician de estar a la vez en posición de mando en las cadenas de valor mundiales y de tener mejores condiciones para colocar ventajosamente en los mercados financieros las ganancias no reinvertidas. Estos grupos están a su vez jerarquizados. Así, en 1975 los cien primeros grupos cotizados en Standard & Poor 500 distribuían el 50,1% del total de dividendos y en 2015 el 68,7% 46/.

Roberts es el único en proponer una estimación del movimiento de la composición orgánica del capital. En el gráfico 6 aparecen las estimaciones para los dos últimos sub-períodos a comparar. Las estimaciones tienden a corroborar la posición de Mandel, a la que no hace referencia Roberts.

Gráfico 6

Movimiento de la composición orgánica en EE UU (1946-2015)

(OCC = composición orgánica del capital, ROSV = tasa de plusvalía, ROP = tasa de ganancia)

La tercera revolución industrial y la productividad

Es crucial distinguir entre la profundidad de la penetración de la informática en forma de recurso a programas cada vez más eficaces y el efecto que tiene sobre la reproducción ampliada y el crecimiento mundiales. Bajo el título “Dueños del mundo”, la edición del 5 de octubre de 2019 del semanario de la City The Economist se inquieta por el papel pronto preponderante de los programas informáticos en las decisiones de inversión financiera en un número creciente de mercados. Pero al mismo tiempo la tasa de crecimiento del PIB está apática. A finales de los años 1980, el muy conocido economista americano Robert Solow declaró que “se ven ordenadores por todas partes, salvo en los indicadores de productividad”, comentario conocido después con el nombre de paradoja de Solow. La aceleración del crecimiento durante la nueva economía de la segunda mitad de los años 1990 le aportó un desmentido provisional, pero después las cifras le han dado la razón. El gráfico 7 referido a cinco países muestra cómo el crecimiento cesa hacia 2004, salvo para Corea del Sur. Se suceden dos mesetas, la primera hasta 2007 para los cuatro “viejos países industriales”, la segunda situada más abajo que la primera después de 2008 y para todos los países, incluida Corea.

Gráfico 7

Un motor de crecimiento renqueante

Fuente: Noah Smith https://www.bloomberg.com/opinion/articles/2018-12-04/maybe-we-have-the-economic-growth-equación-backward

Patrick Artus ha expresado la perplejidad compartida por muchos: “No se comprende bien por qué, a pesar del desarrollo de lo digital y del esfuerzo de investigación y de innovación, los aumentos de productividad disminuyen y el crecimiento a largo plazo se vuelve débil, en resumen no se sabe ya analizar la situación a largo plazo de las economías” 47/. Precisemos que la tasa de productividad depende de la cantidad de trabajo empleado, de la cantidad invertida en máquinas y equipamientos informáticos, así como de un factor llamado residual resultante de la eficacia con que son empleados trabajo y capital físico combinados. Una vez más debemos a Roberts un gráfico que muestra esta descomposición para diferentes subperiodos en EE UU, el último de los cuales conoce una caída espectacular de la productividad.

Figure 8

EE UU contribución de los tres componentes a la producción, aparte de la agricultura

En su análisis de la tercera revolución industrial Gordon da una explicación para EE UU que resumo aquí 48/. El crecimiento de la productividad de la segunda mitad de los años 1990 ha sido un paréntesis debido a un descenso sin precedentes y nunca repetido del coste de la velocidad y de la capacidad de memoria de los ordenadores, así como a un aumento nunca igualado de la parte del PIB dedicada a la inversión en los TIC. Ésta disminuyó con el crack bursátil de 2000-2002, pero el crecimiento de la productividad continuó siendo fuerte hasta 2004 a causa del desfase entre la producción y la compra de equipos informáticos y la curva de aprendizaje que permite utilizarlos de manera eficaz y productiva 49/. El efecto Internet de los años 1996-2004 sólo dio un empujón temporal al crecimiento de la productividad. La crisis de 2007 abre el periodo de fuerte descenso calculado por Roberts. Las tecnologías introducidas –desde el salto adelante de la miniaturización (microprocesador) y de los volúmenes de cálculo y de transferencia de datos– durante los años 1980 del Capitalismo tardío se componen de: 1) el ordenador personal con sus múltiples posibilidades, 2) la digitalización de códigos de barras, 3) las ventanillas automáticas bancarias, 4) la televisión por cable y por satélite, 5) Internet, el correo electrónico, la comunicación en la Web, 6) el comercio electrónico (con sus efectos sobre múltiples sistemas de distribución), las diversas redes sociales, 7) los teléfonos móviles, los teléfonos inteligentes, 8) los diversos sistemas de reserva en línea, de gestión de cadenas de aprovisionamiento, las múltiples plataformas de interrelación (del taxi a la distribución de comidas pasando por áreas de la llamada administración pública, incluyendo los catálogos digitalizados de las bibliotecas).

Tecnologías con efectos macroeconómicos difíciles de superar. Las controversias sobre el impacto de los nuevos avances se refieren a los pequeños robots, la inteligencia artificial, la impresión 3D y los vehículos sin conductor. La aparición en el mercado de EE UU de un pequeño robot muy barato, 25.000 dólares, el Baxter, levantó una gran polvareda. La posición de Gordon sobre los robots es la misma que la de los estudios arriba citados. Será un proceso largo y gradual antes de que los robots, fuera de los sectores manufactureros (sin excluir de este sector en sentido amplio la relación entre la automatización de la genómica y la farmacéutica) y los almacenes de grupos como Amazon, sustituyan al empleo en los sectores de servicios o de la construcción.

La impresión 3D es una innovación que vale para operaciones puntuales, como la producción de una corona en un gabinete dental en lugar de tener que enviar un molde a un especialista externo. La impresión 3D responde a la producción personalizada más que a la producción masiva. Puede aumentar la productividad en los laboratorios de concepción que crean modelos de nuevos productos, pero no tendrá incidencia macroeconómica. En cuanto al Big Data la mayor parte de los usos son juegos de suma cero. La cantidad de datos electrónicos aumenta de manera exponencial desde hace décadas. Pero la ralentización del crecimiento de la productividad americana ha coincidido con la introducción de los smartphones y de los iPads que tratan enormes cantidades de datos.

El coche sin conductor ofrece ventajas realmente menores respecto a la invención del coche, o a las mejoras de la seguridad que han reducido por tres las muertes por mil vehículos desde 1950. Se puede distinguir entre los coches y los camiones. La gente utiliza el coche para ir de A a B. En relación con las posibilidades ya ofrecidas en telefonía, Internet y música, se podrá mirar una pantalla de ordenador y crear un e-mail. Los camiones sin conductor podrían aumentar la productividad respecto a la muy pequeña categoría de empleos de camioneros en los Estados (unos 3,5 millones). Sin embargo, conducir de un lugar a otro sólo es la mitad del trabajo de los camioneros. Los chóferes de UPS saltan del camión, buscan los paquetes y los entregan en las empresas y en las residencias, sabiendo si hay que dejar los paquetes en el porche delantero o en un escondite del porche trasero. Los camiones de mayoristas llegan a los supermercados y se detienen en los muelles de descarga. Los chóferes son responsables de cargar los palés. Y Gordon acaba señalando que a pesar de la revolución informática el almacenamiento de los productos en las estanterías se hace por humanos y no por robots.

Para concluir

En lo que me concierne, la respuesta a la pregunta de Mandel es que se ha instalado definitivamente una “nueva larga ola de estancamiento relativo o de débil crecimiento”. Roberts es más circunspecto: “Sigue en curso la fase descendente del ciclo capitalista mundial. Puede haber por tanto vida para el capitalismo mundial, aunque en este momento vaya a ritmo lento”50/. Wilno concluía su artículo de 2015 diciendo que estaba potencialmente abierto un vasto programa de investigación. Habría que incluir ahí el intento de diseñar la configuración técnica, económica y geopolítica de la producción de la informática pero también de su utilización con fines de control social. La recogida y tratamiento masivo de datos proporcionan al capital y a los Estados una capacidad sin precedente de control político, y el Partido Comunista chino aparece claramente en cabeza. En fin, hoy en día la amenaza de barbarie que atormentaba a Mandel no viene del descenso del volumen total de la plusvalía producida. Está en el plano del cambio climático y del agotamiento de los recursos naturales vitales donde “la lucha por una salida socialista adquiere la importancia de una lucha por la supervivencia misma de la civilización humana y de la raza humana” 51/. Esta lucha comienza por el continuo combate teórico principista contra las fuerzas políticas que, aún bienintencionadas, no reconocen el fundamento capitalista del antropoceno y, por tanto, el necesario carácter radicalmente anticapitalista de la lucha en el terreno de las condiciones eco-esféricas de la reproducción social.

François Chesnais es economista y autor de varias obras sobre la mundialización y financiarización de la economía

http://alencontre.org/economie/la-theorie-des-ondes-longues-et-la-technologie-contemporaine-ii.html

http://alencontre.org/economie/la-theorie-des-ondes-longues-et-la-technologie-contemporaine-ii.html

Traducción: Javier Garitazelaia para viento sur

Notas

1/ www.lemonde.fr/economie/article/2019/08/14/le-pib-allemand-se-contracte-de-0-1-au-deuxieme-trimestre-conformement-aux-attentes_5499271_3234.html

2/ https://alencontre.org/economie/de-nouveau-sur-limpasse-económica-historique-du-capitalisme-mondial.html

3/ Ernest Mandel, Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, Verso, London, 1980, p.1 (edición en castellano: Las ondas largas del desarrollo capitalista, traducción de Javier Maestro, Madrid, Siglo XXI de España, 1986).

4/ Ernest Mandel, Les ondes longues du capitalisme, Editions Syllepse, Paris, 2014.

5/ www.contretemps.eu/a-lire-la-postface-de-les-ondes-longues-du-developpement-du-capitalisme-de-ernest-mandel/

6/ Kim Moody, High Tech, Low Growth: Robots and the Future of Work, https://brill.com/view/journals/hima/26/4/article-p3_1.xml

7/ Es el caso del artículo de Henri Wilno de 2015, www.npa2009.org/idees/tenter-de-comprendre-la-phase-actuelle-du-capitalisme-un-retour-sur-les-ondes-longues

8/ Nicolai Dimitrievitch Kondratieff fue director en los años 1920 del Instituto de coyuntura de la URSS en Moscú. Fue detenido en 1930 bajo la acusación de introducir métodos burgueses en la planificación y de sabotear la agricultura. Pasó ocho años en campos de concentración antes de ser fusilado en 1938. Ver Nicolai Kondratieff, Les grands cycles de la conjoncture, edición organizada y presentada por Louis Fontvielle, Economica, París, 1992.

9/ Francisco Louça informa de este debate en su introducción al libro de Mandel en la segunda edición en inglés de 1995.

11/ Sobre Parvus, ver Mandel, Le troisième âge du capitalisme, traducción francesa de Spätkapitalismus (1972), Les Editions de la Passion, Paris, 1997, pp.101-102 y la introducción de Francisco Louça ya citada.

11/ https://www.marxists.org/francais/trotsky/oeuvres/1923/04/lt19230421.htm

12/ Ernest Mandel, Le troisième age du capitalisme, pp.107-109.

13/ Ernest Mandel, Long Waves of Capitalist Development, op. cit., p.82

14/ Ernest Mandel, Long Waves of Capitalist Development, op. cit., p.6.

15/ Extractos de la primera sección de El Capital, libro primero. El análisis minucioso de la organización de la explotación y la maximización del plusvalor producido y apropiado por el capital se hace en la sección III.

16/ Para la traducción francesa ver Joseph Schumpeter, La théorie de l’évolución économique, Dalloz, Paris, 1935 con una introducción de François Perroux.

17/ Joseph Schumpeter, Business Cycles, A Theoretical, Historical and Statistical Analysis of the Capitalist Process, 1939 en la versión abreviada con una introducción de Rendigs Fels, p.16. http://classiques.uqac.ca/classiques/Schumpeter_joseph/business_cycles/schumpeter_business_cycles.pdf

18/ “La invención se vuelve un oficio y la aplicación de la ciencia a la producción inmediata se convierte en sí misma en un punto determinante para la ciencia, que la solicita”. Marx, Manuscrits de 1857-58, los llamados Grundrisse, Editions Sociales, Paris, 2011, p. 660.

19/ Schumpeter, Business Cycles, p.82.

20/ Schumpeter, Business Cycles, p.82.

21/ Schumpeter, Business Cycles, p.98.

22/ Ibid.

23/ Schumpeter, Business Cycles, p.174.

24/ ] Schumpeter, Business Cycles, p.20.

25/ Schumpeter, Business Cycles, p.243.

26/ Schumpeter, Business Cycles, p.294.

27/ Robert J. Gordon “Is U. S. Economic Growth Over? Faltering Innovación Confronts the Six Headwinds,” NBER Working Paper 18315, Agosto 2012.

28/ Robert J. Gordon, The Rise and Fall of American Growth: The U.S. Standard of Living Since the Civil War. Princeton University Press. 2016.

29/ Robert J Gordon, “The Demise of U.S. Economic Growth: Restatement, Rebuttal, and Reflections”, NBER Working Paper No. 19895, Febrero 2014. https://www.nber.org/papers/w19895.pdf

30/ Jesús Albarracín y Pedro Montes, Postface de 1996, p .519 (versión en castellano en http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article22116&id_syndic_article=2439

31/ Albarracín y Montes, Postface, p .516

32/ Le troisième âge du capitalisme, p .95.

33/ ] Le troisième âge du capitalisme, p .100.

34/ Le troisième âge du capitalisme, p .96.

35/ Albarracín y Montes, Postface, p.529.

36/ Le troisième âge du capitalisme, p.155.

37/ Ibid.

38/ Mandel, “Introducción al libro III de El Capital”, Penguin, Londres, 1981, pp. 87-89.

39/ Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, p.83. Todas las citas están traducidas de la edición inglesa disponible en PDF. https://libcom.org/files/ernest-mandel-long-waves-of-capitalist-development-a-marxist-interpretación.pdf

40/ Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, p.19.

41/ Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, p.83-85

42/ https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf

43/ https://www.mckinsey.com/ /media/mckinsey/featured%20insights/Digital%20Disrupción/Harnessing%20automación%20for%20a%20future%20that%20works/MGI-A-future-that-works-Executive-summary.ashx

44/ Ver Kim Moody, High Tech, Low Growth.

45/ Ver su artículo de 2010 en Inprecor http://hussonet.free.fr/debaprof.pdf , así como su recensión de Finance Capital Today https://www.contretemps.eu/husson-chesnais-capital-financier-limites-capitalisme/

46/ Ver el interesante y poco citado artículo de Kathleen Kahle y René Stulz , “Is the US Public Corporation in Trouble?”, Journal of Economic Perspectives, Vol.31, N°3, 2017 //pubs.aeaweb.org/doi/pdfplus/10.1257/jep.31.3.67

47/ Citado por Michel Husson en su artículo de marzo de 2018 (https://www.vientosur.info/spip.php?article13626)

48/ Gordon, The Demise of U.S. Economic Growth, 2014 op.cit.

49/ Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, The Second Machine Age, New York, Norton, 2014.

50/ ] https://thenextrecession.wordpress.com/2016/02/14/robert-j-gordon-and-the-rise-and-fall-of-american-capitalism/

51/ Mandel, “Introducción a la edición inglesa del libro III de El Capital”, op.cit