Esa masacre detrás del actual pacto social chino

Por Tommaso de Francesco

El giro de Deng Xiaoping, —una acumulación basada en el mercado para luego lanzar los cimientos del socialismo chino—, se había materializado desde principios de la década de 1980 con la cancelación de los 60.000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista y ya no igualitaria.

En la noche entre el 3 y el 4 de junio de 1989, el Ejército Popular Chino reprimió con la violencia de los tanques la protesta masiva que desde el 26 de abril y por iniciativa de los estudiantes que querían celebrar la muerte del ex secretario del Partido Comunista Hu Yaobang, se habían instalado y habían estado manifestándose durante semanas en la plaza de Tianannmen.

Fue un baño de sangre, el de los jóvenes estudiantes que habían comenzado la protesta, pero al final la mayoría de las víctimas fueron los trabajadores, las fuentes oficiales hablaron de 300 muertos, pero otras fuentes, tanto internas como externas, hablaron, de forma más veraz, de miles de muertos. Lo que realmente no podía soportar el nuevo liderazgo chino guiado por Deng Xiaoping, el modernizador pro-occidental que había regresado al poder a fines de la década de 1970 después de haber sido derrocado por el movimiento de la Revolución Cultural nacido contra la ocupación de parte del partido de toda la esfera política y contra la «vía capitalista de Deng», era la extensión de la protesta, ahora generalizada en todo el país y precedida, un mes antes, por la sangrienta revuelta de los trabajadores de Changsha.

Tianannmen será el catalizador, símbolo y detonador de esta protesta social. Desde ese momento, hasta el día de hoy, según las mismas fuentes oficiales chinas, las victimas han sido decenas y decenas de miles, como nuestra Angela Pascucci siempre ha recordado.

En 1989, la extensión y radicalidad de la movilización social cuestionó dos principios fundamentales del giro de Deng: por un lado, las modernizaciones (industria, agricultura, defensa, ciencia/tecnología) comenzaron con la expectativa de la innombrable «quinta» modernización, la de la democratización de la política y la sociedad sobre la que había insistido el movimiento del «Muro de la Democracia» ya en 1979, también aquel reprimido por Deng; y, por otro lado, la unidad del Partido Comunista Chino que cuestionó la gran movilización en curso. No se pudo imitar el cambio que Gorbachov, de visita en China justo a mediados mayo, representó en la URSS.

Los ojos de los medios de comunicación internacionales se limitaron a ver la representación en papel maché de la estatua de la libertad, la americana, erigida en Tianannmen por grupos de estudiantes y la pintura arrojada en un único retrato de Mao. Pero había algo más en la plaza. Además de las miles de imágenes de Mao y las banderas rojas, había trabajadores, campesinos inmigrantes, mujeres…, el ágora, la práctica de la democracia para los sujetos golpeados por las reformas de Dengh.

Esta era la total representación del descontento de la nueva China, devastada por un modelo distorsionado que desde principios de la década de 1980 Deng puso en marcha junto con la dirección del partido guiado entonces por Zhao Ziyang, que luego se opondría a la represión de la protesta.

El giro de Deng Xiaoping, una acumulación basada en el mercado para comenzar entonces las bases del socialismo chino, se había materializado desde principios de los años 80 con el cierre de los 60,000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista que ya no era igualitaria; con el sistema de doble precio, con los mínimos bajo control estatal en lugar del control del mercado de materias primas (antesala de un vasto sistema de corrupción); con, la introducción de «zonas económicas especiales» abiertas a inversiones capitalistas extranjeras; el inicio de las migraciones masivas del orden de cientos de millones de personas a las ciudades «especiales» disponibles para la sobreexplotación de las multinacionales, con el empobrecimiento de la gran China del interior, distorsionando el equilibrio existente entre el campo y la ciudad; la construcción de una nueva clase de súper ricos con la reducción a cero del «tazón de arroz de hierro», el bienestar mínimo pero igual para todos.

Las transformaciones sociales y las contradicciones que se derivarán de ello se refieren a la China de hoy, que se ha convertido en el único país verdaderamente capitalista en la faz del mundo, con ganancias y un alto PIB (un espejismo para Occidente) reinvertido. El pacto social actual en China se basa en la violencia «oculta» ejercida en aquellos días de principios de junio de 1989 en Tianannmen.

Es cierto que el modelo chino de transformación del «socialismo real», que podríamos llamar capitalismo de partido centrado solo en el crecimiento económico, no ha fracasado como la iniciativa de Michail Gorbachov en la URSS con la perestroika, la glasnost y el Congreso de los Diputados del Pueblo que tuvo como objetivo cambiar sólo la esfera política; pero el alto PIB alcanzado, el hiperproductivismo y ahora la siempre importante «Ruta de la Seda», que no compensan al nuevo liderazgo «armonioso» de Xi Jinping de los desastres causados por la destrucción del medio ambiente en China, con el abismo de la desigualdad rampante. y con la búsqueda espasmódica y competitiva de materias primas por el mundo.

La realidad china actual muestra los términos de un desarrollo que para poder existir debe dividir a 1.400 millones de seres humanos de manera desigual y debe destruir y robar los recursos energéticos. Nosotros, a partir de la masacre de Tianannmen, podemos preguntarnos: ¿a qué precio?

veterano periodista romano, es codirector desde 2014, junto a Norma Rangeri, del diario “il manifesto”. Poeta epigramático y satírico, es también autor de novelas y cuentos y compilador de diversas antologías literarias.

Fuente:

https://ilmanifesto.it
Traducción: Ana Jorge / sinpermiso.info

Portugal: La crisis del régimen en un régimen de crisis

Por Francisco Louça

Que cada cual arrima el ascua a su sardina es una vieja ley de la humanidad y no hay excepciones (y mucho menos este cronista, por así decirlo). Sin embargo, saberlo no basta para interpretar la pequeña disputa provocada por las declaraciones del Presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa,  en una reunión en la Fundación Luso-Americana, en la que anticipó una larga crisis de las derechas. Se podría reducir todo a un presidente que teme desequilibrios en el sistema político y sabe que en este caso, la cooperación con el Gobierno del PS, lo que alguien ha llamado un «bloque central-institucional” sería devaluada por el predominio del Primer Ministro en caso de una victoria por un amplio margen, o de un líder del PSD que, en caso de emergencia, se refugiase en lugares comunes sobre la crisis universal de los regímenes políticos para evitar hacer comentarios sobre las perspectivas de su partido,

Podrían aumentar las críticas de algunas personalidades históricas sueltas del PSD contra Marcelo, pero ni son muchos ni sus críticas muy explícitas como para exigir pedir contención u otras rimas. Tenemos así una conversación en circuito cerrado, que se difuminará tan pronto como los resultados de las elecciones de octubre demuestren la incapacidad de las derechas de crear polarización política, de salir de su amargo pasado – todo gira alrededor del retorno anhelado de Passos Coelho, lo que lo dice todo sobre la novedad que la derecha supone para el país – y en disputar el centro donde el PS se ha instalado sólidamente.

Pero hay más fuego que humo. De hecho, hay una crisis de régimen y en varios países, crisis larvada en algunos casos, en otros explosiva. Por lo menos en la Unión Europea es así; sin embargo, vamos a ver a qué solución se llega para los cargos de la Comisión, el Consejo y el BCE. Y puesto que la UE es el alfa y omega de toda la ideología y la política de las derechas y el centro, lo que obliga a una convivencia comprometedora, esta inestabilidad descubre sus dificultades estructurales. En varios de los países más poderosos ya no saben qué es el  régimen, ni qué partidos lo componen, ni la hoja de ruta a seguir. Se apilan las fantasmagorías, los tratados son reemplazados por actos discrecionales, la gestión de la economía es incompetente, los acuerdos son minúsculos y las soluciones perversas, de la inmigración a la moneda, y los dirigentes dan miedo. Así las cosas, nuestra crisis nacional de régimen todavía tiene otros contornos, más allá de la contaminación europea. El modelo actual, aplazando la reestructuración de la deuda para hacer una gestión a corto plazo de las cuentas públicas, impone fuertes restricciones al desarrollo social y la reconversión energética, como se puede comprobar por el estertor de algunos servicios públicos y la falta de otras inversiones, a pesar del alivio en los bolsillos de los trabajadores. Diez años de recortes (o veinte años, en el caso de los ferrocarriles) suponen un alto precio en hospitales, escuelas y el transporte, que hacen estallar las costuras. No sé qué ventaja puede tener para las derechas sugerir que existe una crisis de régimen, pero implica que la cosa es más grave que su miseria actual: recuerda simplemente que ha estado haciendo de las suyas y que, a lo sumo, se limita a exhibir el argumento trivial de que todos son culpables.

Así que sí, hay una crisis de régimen, hay un régimen de crisis en esa crisis de régimen. Y eso es lo que preocupa a la derecha, el centro no puede obviar, y constituye un desafío para las izquierdas. Comencemos por la derecha: el régimen de crisis es esa forma de ser de las derechas cuando se limitan a ensayar trucos para evadirse. Las campañas de Nuno Melo y Paulo Rangel fueron ejemplares en este sentido. Hubo muchas fotos, casos, acusaciones, la política fue reemplazada por el frenesí. Continuará así. He escrito, y estoy cada vez más convencido de ello, que el efecto Trump o Steve Bannon será muy profunda en las derechas, que imitan las tecnologías tóxicas (¿quién lanzó el SMS que anunció la elección de Basta! y de la Alianza el domingo por la tarde de las elecciones?), radicalizan la política (la «ideología de género» es repetida por los más inesperados “mini-bolsonaristas”), tratan de crear una agenda de “corrupción», multiplican el odio, entran a tiros en los debates. Fue un fracaso en las elecciones europeas y, en lugar de aprender la lección, la apuesta se incrementará en las elecciones legislativas. La crisis de las derechas, como intuye el Presidente Rebelo de Sousa, está aquí para quedarse, reemplazará a los actuales líderes, volverá a orientar las políticas de estos partidos y será para peor. Este régimen de crisis es un camino sin vuelta atrás.

En el centro, la cuestión no está mejor. El régimen de la crisis es en este caso la sustitución de la política por el deseo de poder absoluto. ¡Mayoría absoluta o muerte! es un chantaje que ya fue ensayado en la crisis de la dimisión del gobierno a causa de la huelga de los maestros, grotesco episodio que muestra hasta qué punto se puede llegar en este desvarío. Ahora se acumulan los errores de presunción: la selección de la lista para las elecciones europeas tenía su precio, la eliminación forzada de Ferro Rodrigues puede ser aún más cara, y el deslumbramiento de algunos líderes socialistas y oponentes a los acuerdos con la izquierda, que ahora acarician la idea de una alianza PS-PAN, menospreciando al PAN como si fuera un nuevo Daniel Campelo, dice mucho de la forma descuidada y papanatas cómo se abordan las respuestas que un partido debe al país. Percibo la prisa, intuyo tiempos difíciles y el desgaste de la Unión, con tensiones económicas y costes adicionales para mantener el status quo de las políticas sociales: el gobierno quiere ganar margen de maniobra para evitar las presiones de la izquierda, que le permita una navegación de bajura que no pierda de vista la costa, volviendo a lo que siempre le ha gustado ser. Así, el PS, erigido en partido del régimen, quiere volver a ser el más sutil y peligroso de sus enemigos, él mismo.

Por último, la crisis del régimen no escatimará a las izquierdas. Les exige presentar propuestas coherentes y dirigentes capaces de responder a la crisis del régimen. El régimen de la crisis, en este caso, es el doble reto de mantener su representación social y ampliar su espacio de acción para llegar a ser el protagonista de las alternativas. Si la derecha vivirá sus años de crisis, la izquierda debe convertirse en quién condicione la política portuguesa. Veremos si es capaz.

catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

Gerald Hayo: “Las violaciones correctivas a mujeres LBQ son una práctica común en Kenia”

La activista keniata denuncia en el documental Nowyou are a woman cómo sobrevivió a una violación múltiple por ser lesbiana y cómo las mujeres no heterosexuales de su país son forzadas a tener hijos y a casarse para encontrar libertad.

Por Rubén Serrano

Kenia es uno de los 70 países del mundo que a fecha de marzo de 2019 criminaliza tener relaciones con alguien de tu mismo sexo. Actualmente, ser homosexual en Kenia se castiga con hasta 14 años de prisión. La situación se agrava si eres una mujer lesbiana, como es el caso de Gerald Hayo, que sobrevivió a una violación múltiple correctiva organizada por su propia familia. La activista dedica ahora su vida a luchar por los derechos de las mujeres lesbianas, bisexuales y queer (LBQ) del país africano. Fire!!, la Muestra Internacional de cine Gay y Lésbico de Barcelona, ha estrenado con el cartel de “entradas agotadas” el documental Nowyou are woman de la periodista Alba Muñoz, en el que Hayo relata su historia al mundo. En un momento en el que hablar supone exponerse, Hayo quiere romper con el silencio sistemático que invisibiliza las vulneraciones de derechos humanos y la desigualdad que sufren las mujeres keniatas que no siguen el mandato de la heterosexualidad.

Tu hermano y tu madre organizaron una violación múltiple correctiva para “curar” tu homosexualidad y para convertirte en una “mujer de verdad”. ¿Cómo de comunes son estas violaciones en Kenia hacia las mujeres LBQ?

Las violaciones correctivas en Kenia son una práctica común debido a diversas razones. Entre ellas porque la familia junto con otras personas piensan que [ser LBQ] está mal y, por tanto, necesitan corregirte. Es algo con lo que las víctimas tienen que vivir, reduce tu autoestima y afecta a la forma con la que te relaciones con los demás. Puede llegar a hacerte sentir que no vales la pena y puede hacer que sientas hostilidad y falta de respeto hacia otros seres humanos.

Tu familia no acepta que seas homosexual. ¿Qué le sucede a una mujer LBQ en Kenia si su familia la rechaza?

En muchos casos cuando sales del armario en Kenia como mujer LBQ eres propensa a ser violada, a que te repudien y a matrimonios forzosos. Muchas veces la familia intenta encontrar formas de curarte, incluso usando la medicina tradicional o rezando. Se aseguran de encontrar la forma de curarte porque creen que la homosexualidad no es algo con lo que se nace, sino que es algo aprendido por presión social o por imitación.

No pudiste terminar tu educación debido a tu orientación sexual. ¿Es algo que también se repite en las vidas de otras mujeres LBQ?

Es algo muy usual entre nosotras. Muchas ocasiones te expulsan del colegio por ser homosexual y tus padres deciden no pagar tu educación hasta que demuestres que no lo eres. Pero, ¿cómo lo demuestras? Si no vas a la escuela, te fuerzan a casarte o simplemente te dicen que te vayas.

¿Cómo cambió la relación con tu familia después de la violación?

Me fui de casa y sigo sin vivir cerca de ellos. Creo más en lo que quiero que en lo que puedo dar y lo que quiero es conseguir paz con mi familia y conmigo misma. No me importa lo que ellos quieran, porque lo que ellos quieren no me está ayudando.

¿Qué supone ser una mujer LBQ para la sociedad keniata?

La sociedad keniata no reconoce a las mujeres LBQ. La gente cree que no existen, pero ya no solo las mujeres LBQ sino la propia homosexualidad. Si ven a alguien con tatuajes o piercings, piensan que pueden ser homosexuales. La idea general en Kenia es que la homosexualidad es una secta.

Entonces, ¿a qué peligros se puede enfrentar una mujer LBQ en Kenia por parte incluso de su propio entorno?

El caso más común es el abuso verbal. Puedes ir por la calle y de pronto alguien te puede llamar shoga [término suajili para referirse de forma despectiva a las personas homosexuales]. Es como si fueras el demonio. Puedes estar con tu moto y cruzarte con alguien que decide seguirte para quizá violarte o hacerte cualquier cosa que puede justificar. Simplemente dicen “esta es lesbiana” y no les sucede nada. La gente sabe y tiene la certeza de que si golpean o asesinan a una persona homosexual no les ocurrirá nada. Además, si te arrestan y tienes una imagen masculina, te envían a las celdas de los hombres donde ocurren muchas violaciones. Hay casos en los que te detienen, le suplicas a la policía que te deje salir porque te van a violar allí dentro y la propia policía se acuesta contigo a cambio de dejarte salir. Eso también esta sucediendo.

¿Esto solo ocurre si eres mujer LBQ?

No quiero concebirlo como que es una cosa que tan solo te pasa si eres homosexual, porque también he visto cómo han violado a mujeres heterosexuales.

Lo denuncias abiertamente en el documental: ¿Las mujeres LBQ de Kenia son forzadas a tener hijos, por ejemplo a través de la violación?

Sí. Ser madre en Kenia es muy importante porque, conforme mas creciendo, te das cuenta de que tu círculo cercano da por hecho que vas a casarte, asentarte en un sitio y tener una familia. Pero al mismo tiempo, si eres lesbiana, bisexual o queer, algunas mujeres LBQ piensan que no deberías ser madre. Hay estigma. No puedes ser madre y que el padre de tu hijo no esté contigo, porque eso significa que has tenido sexo con muchas personas diferentes y que quizá eres prostituta. Ser madre soltera y lesbiana es muy difícil.

En el documental también expones que cuando una mujer LBQ tiene hijos encuentra un poco de libertad y su familia empieza a aceptarla. ¿Que tengan hijos es una solución eficaz para lograr su integración social?

Es una buena escapatoria. Cuando tienes gente a tu alrededor que piensa que tienes 20 o 25 años y que ya deberías tener una familia, si tienes un hijo te puedes proteger a ti misma. Puedes argumentar que tu marido se ha muerto, ¿sabes? Si te atacan, tienes algo con lo que defenderte, ya que si eres homosexual entienden que no puedes tener niños debido al tipo de relación sexual que mantienes.

Tú eres creyente. ¿Qué papel desempeña la religión en la homofobia imperante de Kenia?

La influencia del discurso religioso en la homofobia es enorme. Los ciudadanos creen en los líderes religiosos porque como representan a Dios tenemos que confiar en todo lo que dicen. Si dicen que la homosexualidad es demoníaca y que está mal, todo el mundo lo verá de esa forma. Nadie te cree si dices que eres homosexual y que crees en Dios. Estas dos piezas no pueden ir juntas: si eres homosexual, no puedes creer en Dios y si dices que crees en Dios, no eres homosexual.

Gerald Hayo 1
Gerald Hayo.

Kenia se podría haber convertido en el primer país del África del Este en despenalizar la homosexualidad. Sin embargo, hace unas semanas el Tribunal Supremo decidió no hacerlo. ¿Qué supone esta decisión para el país y para las personas LGTBI+?

Es una decisión muy triste. Todo el proceso iba a tener un impacto tanto negativo como positivo porque las actitudes hacia las personas LGTBI+ todavía son muy diferentes. Por una parte, la resolución es negativa porque la gente ha recordado que la homosexualidad es ilegal. El veredicto ha vuelto a encerrar en el armario a muchas personas LGTBI+. Quizá, personas que iban a salir del armario ahora tienen miedo de hacerlo. Mis amigas llevaban esta pulsera [señala una banda con la bandera del arcoíris] y ahora se la han quitado. Incluso caminar por la calle no es fácil. Por otro lado, si ladecisión ha dejado algo positivo es el saber que se podría haber conseguido un cambio histórico. Este proceso también evidencia que la comunidad ha abierto los ojos de nuevo y que quiere tener esta conversación. Para nosotras y nosotros, significa volver a plantear esta conversación de un modo diferente.

¿Cómo os organizáis y cómo resistís contra la discriminación y la violencia las mujeres LBQ?

Las mujeres LBQ en Kenia nos organizamos de forma diferente porque hay varias organizaciones en todas las regiones del país. Lo que tenemos en común es que luchamos por el empoderamiento económico, legal y sanitario. Los hombres homosexuales ya tienen espacios y el Gobierno los tiene en cuenta como una población clave. Es a través de la sanidad por donde las mujeres LBQ se pueden hacer visibles y por donde podemos empezar a hablar

¿Qué ha permitido que los hombres homosexuales tengan un espacio en Kenia que las mujeres LBQ aún no tienen?

Los hombres homosexuales pueden acceder al sistema sanitario y esto es un privilegio. Tienen lugares a los que acudir a hacerse las pruebas [de VIH] y organizaciones que luchan contra el VIH y el sida les ofrecen la medicación. El Gobierno es consciente del problema. Sin embargo, las mujeres LBQ no tienen espacios así. Incluso hay organizaciones en los que las mujeres LBQ no son fuertes debido a esa falta de visibilidad.

¿Temes por tu vida y por tu seguridad en Kenia?

Sé que no es seguro salir del armario en Kenia pero he estado muerta y ahora no lo estoy, así que puedes sobrevivir. He intentado averiguar qué es lo peor que me podía pasar cada vez que decía públicamente que soy lesbiana y la mayoría de las veces en las que lo contaba no pasaba nada. Si le explicas a alguien tu realidad, te entiende. Nunca he recibido una actitud negativa y eso me da más poder para creer que si encontramos otra forma de hablar este tema, las cosas irán mejor. Siempre hemos hablado a través de líderes religiosos, trabajadores sanitarios o la policía. Queremos nuestra voz. Tenemos que hablar por nosotras mismas.

En el documental explicas que te gustaría ser como una llave para abrir mentes y hacer que la gente tenga un mejor entendimiento sobre la homosexualidad. ¿Cómo se puede derrotar la homofobia?

El poder para conseguir ese cambio tiene que venir de una herramienta nueva en lugar de utilizar una que ya existe. Quiero que ese cambio no provenga de algo que ya esté escrito ni de algo que tengas que leer para poder entender. Mi arma es mi realidad. Creo que juntando y documentando nuestras vidas, la gente podrá saber que la mujeres LBQ existimos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/kenia/gerald-hayo-las-violaciones-correctivas-a-mujeres-lbq-son-una-practica-comun-en-kenia-

Venezuela y la «geoecopolítica» del oro (I)

Por Emiliano Teran Mantovani

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Aunque el oro es un commodity de muy alto valor en el sistema capitalista global, ha sido el petróleo el que ha marcado determinantemente la historia contemporánea de Venezuela. Pero como es sabido, esta nación construida en torno al crudo, se encuentra hoy en medio de la peor crisis de su historia, colapsada y haciendo aguas por todos lados. El derrumbe de la Venezuela petrolera está produciendo una revalorización de otros commodities distintos al crudo, y va generando la emergencia de nuevos escenarios y formas de disputa por los llamados “recursos naturales” en el país.

En este complejo contexto, el oro cobra una importancia crucial. Ya en la década de los años 90, cuando se sufrían los efectos de la debacle económica iniciada en los 80s, se consideraba a este metal como uno de los principales respaldos para enfrentar la crisis de la deuda externa y sustentar políticas de ajuste neoliberal. En aquellos años se sugería una política de pago de la deuda con oro. El para entonces Presidente Rafael Caldera abría el camino a la minería aurífera en la Reserva Forestal de Imataca, lo que no ocurrió sin resistencias por parte de organizaciones sociales y voceros sensibilizados por el ambiente, generando una de las movilizaciones más interesantes de la historia de los movimientos ecologistas venezolanos contemporáneos.

Hoy, el oro se está constituyendo como uno de los principales refugios económicos del Gobierno de Nicolás Maduro. Pero esto es necesario verlo más allá de las tendencias a la expansión de la mega-minería (con el Arco Minero del Orinoco como proyecto emblemático) y las pretensiones del Gobierno de captar la mayor cantidad posible de toneladas de este metal precioso. La devastadora crisis, el muy considerable retroceso de la circulación de la renta petrolera (y la gigantesca pérdida de valor del bolívar), el colapso del Petro-Estado y la generalización de la corrupción, han estimulado extraordinariamente la multiplicación de las economías informales de extracción y las disputas territoriales, en buena medida orientadas a la apropiación directa de recursos, siendo el oro el commodity más preciado y el que genera mayores rivalidades. Y estas disputas están siendo violentas, muy violentas, lo que incluye la participación de grupos armados organizados de diverso tipo.

Visto a escala geográfica, más que formas segmentadas, estos procesos de extracción aurífera se nos presentan como complejas y amplias ramificaciones territoriales que impactan determinantemente localidades específicas (como El Callao, Las Claritas, Tumeremo, Alto Paragua, Ikabarú, Yapacana, Tocuyito, por mencionar ejemplos), pero que se expanden hasta abarcar y transformar cuencas hidrográficas, biorregiones, zonas fronterizas (de Colombia, Guayana, Brasil), hasta, en última instancia, articularse con redes internacionales de commodities.

Así que Venezuela no está siendo sólo atravesada por las diversas dimensiones de los conflictos que giran en torno al petróleo, sino al mismo tiempo por un bullente entramado de conflictos multi-escalares que giran alrededor del oro. Esta trama puede ser entendida como la geo-ecopolítica del oro, en la medida en la que se cruzan simultáneamente intereses económicos transnacionales y disputas geopolíticas e intercapitalistas, formas de organizar y capitalizar la naturaleza desde la gestión nacional-estatal del extractivismo, grupos de poder territorial (que pueden ser ilegales, criminales y armados), economías locales de la extracción, grandes impactos ambientales y comunidades afectadas e involucradas en estos conflictos.

A diferencia del petróleo, que se caracteriza por una extracción realizada fundamentalmente a través de infraestructuras, tecnologías de punta y un negocio altamente monopolizado por transnacionales y estados nacionales, el oro puede ser arrancado de la tierra por numerosos actores, sin requerir necesariamente amplias maquinarias o procesos muy complejos para su extracción. En las fiebres del oro, todos son potenciales mineros. La crisis de la Venezuela petrolera y esta particular geo-ecopolítica del oro son una clara expresión de la forma actual del extractivismo en el país: rapiña, violencia, ilegalidad y, en buena medida, sobrevivencia.

 

Venezuela y las cadenas globales del oro: la articulación entre legalidad e ilegalidad

Fuente: Verité, «The Nexus of Illegal Gold Mining and Human Trafficking Report»

Muchos saben de dónde sale el oro, pero pocos, muy pocos, saben hacia dónde va. Son las cadenas globales de valor de este metal precioso, que operan entre la legalidad y la ilegalidad. En varios países de América Latina, del total del oro extraído, más del 75% proviene de la minería ilegal. En Venezuela, esta cifra supera el 90%. Así que no estamos ante un fenómeno marginal, sino constitutivo de la minería aurífera, lo cual se ha intensificado marcadamente con la globalización.

En estas cadenas globales del oro, las violentas minas de Venezuela se conectan también con redes y mercados muy oscuros de la ilegalidad y el crimen organizado, intermediarios internacionales y agentes de las corporaciones transnacionales (que operan en las sombras), grupos armados locales, actores del conflicto armado colombiano y/o funcionarios militares corruptos. Son estructuras de poder que se instalan, que se institucionalizan, que se vuelven dominantes, controlando al menos una parte del proceso de apropiación y distribución global de este commodity.

Esta forma de la actividad minera vincula mercurio y sangre, altos niveles de deforestación con trata de personas, devastación de cuencas hidrográficas con trabajo forzado. Su rentabilidad puede ser superior a otros sectores de las economías ilícitas como el tráfico de drogas (por eso parte de estos segmentos han migrado al negocio de la minería ilegal).

Con la crisis venezolana, el Gobierno nacional ha intensificado su participación en los procesos de extracción de oro, pero hasta la fecha no ha reactivado sus enclaves minero-industriales formales, ni mucho menos ha podido instalar y operativizar otros nuevos. Esto implica que para la captación de las nuevas toneladas de oro que han sido presentadas en medios televisivos y prensa escrita y digital –recuérdese las imágenes del Presidente Maduro con varios lingotes de oro en el Palacio de Miraflores–, el Gobierno termina haciendo parte y metiéndose de lleno en estas complejas redes globales del oro, a pesar de que anuncie que todo ello se realiza sólo con pequeños mineros organizados por el Estado, que no usan mercurio y que practican una minería amigable con el ambiente.

En estas cadenas globales, el oro puede recorrer varios países, antes de llegar a refinerías que se encuentran en diversas partes del mundo. Entre los grandes refinadores se encuentran Estados Unidos, Canadá, Suiza, Italia, Emiratos Árabes Unidos, entre otros. Las ventas de oro por parte del Gobierno de Venezuela, que hoy están formalmente afectadas por las sanciones impuestas por los Estados Unidos, fluyen por canales alternativos como Turquía o Uganda, aunque previo a las sanciones volaban hacia varios de los canales hegemónicos mencionados, en operaciones subterráneas y quasi clandestinas vinculadas principalmente al pago de la deuda externa y sus servicios.

Diversos informes han mostrado cómo la gran mayoría de las grandes refinadoras reciben en diferentes proporciones oro proveniente de la minería ilegal. Así que ese oro, que proviene de entornos tan violentos, de alta degradación ambiental y despojo social, se “lava” y se funde con oro legal, para luego pasar ‘blanqueados’ a las bóvedas de los bancos (centrales o privados) de los países más ricos del planeta, a las grandes empresas joyeras y a productores diferentes aparatos eléctricos que usan este material, mientras sigue marcando el ritmo de los mercados bursátiles de commodities.

El significado del oro en el contexto de la crisis económica mundial es tremendo, y más si se resalta la crisis del (patrón) dólar, la guerra comercial y los progresivos pasos de varios países y mercados para ir desacoplándose de este patrón y diversificar los respaldos y valores de cambio mundiales. Es en este contexto que, por ejemplo, deben interpretarse las sostenidas y aceleradas compras de oro por parte de potencias como Rusia y China, las cuales al mismo tiempo se han posicionado de diversas maneras en el proyecto del Arco Minero del Orinoco; o las disputas por el control del oro venezolano, evidentes en medidas neocoloniales como la confiscación de reservas auríferas venezolanas almacenadas en bancos internacionales (como el caso del Bank of England).

De esta forma, se alimenta globalmente el extractivismo aurífero en Venezuela. El actual Gobierno venezolano está engranado con el brutal proceso neocolonial global de despojo que conlleva esta actividad para el país y los territorios directamente impactados, al proponer un esquema de expansión de la minería sin precedentes, con una vertiginosa lógica de flexibilización y favorecimiento al capital transnacional. El proyecto del Arco Minero del Orinoco refleja esta forma de extractivismo salvaje que se trata de imponer en el país, que combina modalidades informales/ilegales con los modos de los proyectos formales de mega-minería industrial. Este extractivismo de ajuste representa una nueva fase del saqueo, conformado básicamente para sostener grupos de poder locales, nacionales y extranjeros. Nada de interés para el pueblo, aunque la neolengua gubernamental así lo insista.

 

Resistencias y derecho a la vida

La geo-ecopolítica del oro nos revela que, bajo esta lucha de intereses corporativos, de redes criminales internacionales, de una razón de Estado que operacionaliza el despojo y la devastación en nombre del pueblo, se encuentran numerosas comunidades, pueblos y ecosistemas severamente impactados. En toda América Latina se producen resistencias ante esta actividad extractiva, como la defensa del Páramo de Santurbán y las luchas contra el proyecto de La Colosa en el Tolima (Colombia); las constantes movilizaciones en Cajamarca contra el proyecto Conga (Perú); o las luchas de los indígenas shuar, junto a otras organizaciones sociales, contra el proyecto Mirador en la cordillera del Condor (Ecuador).

En Venezuela, plagada de conflictos por el oro, también se han producido resistencias (principalmente de pueblos y comunidades indígenas), las cuáles han estado muy marcadas por la crisis actual. La descomposición del estado de derecho, el fortalecimiento de grupos armados en los territorios, así como la precarización de la vida, han fortalecido formas de lucha por la sobrevivencia, arrinconando las aspiraciones de defensa de la naturaleza.

Los indígenas pemón, al sur del estado Bolívar, han defendido primordialmente su autodeterminación territorial como pueblo y su derecho a vivir, planteando una dura resistencia, que ha sido combatida por el Estado a través de la violencia y la fuerza de las armas. Los pemón se han convertido en uno de los símbolos de las resistencias de los pueblos indígenas del país y han logrado hacer converger una serie de solidaridades en varias partes del país. Estas convergencias representan la juntura de voluntades, descontentos y anhelos de cambio, que aunque provengan de ámbitos y gremios muy diferentes, revelan las potencialidades de reencuentro del campo popular en torno a agendas de lucha que surgen desde abajo (algo que se va replicando, como en el caso de las movilizaciones en defensa del Cerro La Vieja). Abren posibilidades embrionarias de articulación hacia plataformas o movimientos amplios. Y sobre todo, contribuye a crear condiciones para la emergencia de nuevas subjetividades políticas, nuevas cosmovisiones y formas de lucha en las que las luchas por el territorio, por la naturaleza y contra el extractivismo sean también parte de la agenda esencial de los movimientos populares.

El escenario es muy complejo y adverso, pero también muy contradictorio, inestable, y en realidad, lleno de oportunidades.

 

Emiliano Teran Mantovani es miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Cordones sanitarios y democracia

La aplicación en Francia y Alemania de medidas profilácticas contra el nacionalpopulismo se inspira en aquella tradición de la democracia que aboga por la defensa proactiva de sus valores constitutivos
Por JESÚS CASQUETE
Las elecciones autonómicas andaluzas del pasado 2 de diciembre inauguraron un escenario político novedoso en España. El ensanchamiento del panorama de partidos relevantes a nivel estatal hasta abarcar cinco fuerzas políticas, dos a la izquierda y tres a la derecha, abrió una nueva era de fragmentación que, sujeta a los vaivenes lógicos de los ciclos electorales, ha venido seguramente para quedarse. La novedad en Andalucía no fue el adiós al bipartidismo, a esas alturas ya periclitado en el conjunto del país, sino la irrupción de un nuevo actor político, la extrema derecha representada por Vox, que saltó desde su intrascendencia anterior a condicionar el gobierno de la comunidad autónoma más poblada del país. Las elecciones generales del 28 de abril consolidaron ese espacio político, acto seguido ratificado (aunque con una apreciable pérdida de votos) con su secuela de los comicios locales y autonómicos del pasado 26 de mayo. Porque afectan a los fundamentos del orden democrático, las preguntas son de calado: ¿cómo reaccionar desde el sistema político a la presencia de la ultraderecha en las instituciones representativas? La implementación de medidas profilácticas en forma de cordón sanitario, de aislamiento ¿es una exquisitez buenista preñada de moralina, o un imperativo moral y político del que pende la salud democrática de un país?

España es un recién llegado a esta tesitura y, a juzgar por la indefinición y la rapidez con que se ha solventado, también al debate de si el nacionalpopulismo es un interlocutor político válido y susceptible de entrar en los juegos de negociación para formar gobiernos a nivel local, regional y nacional. La falta de discusión acompañó a las negociaciones del gobierno en Andalucía, y parece que la misma tónica despunta en la conformación de alcaldías y los gobiernos regionales. El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid son los casos más emblemáticos, pero no únicos. Comoquiera que sea, se da por supuesto, sin mayores disquisiciones, que Partido Popular, Ciudadanos y Vox llegarán en la mayor parte de las instancias a algún tipo de entendimiento entre sí, como si la democracia se dirimiese solo como una mera suma de escaños y concejales.

La experiencia de algunas democracias consolidadas de nuestro entorno, en algunos casos dilatada, en lidiar con expresiones de nacionalismo desatado y excluyente ofrece unas pautas para orientarnos en el dilema de si resulta moralmente permisible, y saludable en términos democráticos, entablar negociaciones con la extrema derecha. No será ocioso reparar en los ejemplos más relevantes. En Francia cada vez que la extrema derecha ha pasado a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales se ha activado un “frente republicano” para concentrar el voto en los candidatos alternativos a Jean-Marie Le Pen, en 2002, y a su hija Marine, en 2017. Elocuente es asimismo el caso de Alemania. Allí la experiencia del acceso al poder en enero de 1933 del nacionalsocialismo, tras el colapso de su primera experiencia de democracia durante la República de Weimar, posibilitó tras la guerra el diseño y puesta en práctica de una “democracia militante”. Esta concepción de la democracia se ha plasmado en la erección de diques para impedir que la pesadilla del desaforo nacionalista vuelva a dejar ningún resquicio abierto a la extrema derecha. Todo el abanico parlamentario sin fisuras, desde la derecha a la izquierda, desde liberales a verdes, se ha conjurado para aplicar una profilaxis implacable frente a cualquier brote de extrema derecha, del que el partido Alternativa por Alemania no es sino su última expresión, como antes lo fueron los Republikaner o el Partido Nacional Democrático (NPD), de orientación neonazi. El recordatorio reciente de Annegret Kramp-Karrenbauer, la sucesora de Angela Merkel al frente del partido demócrata-cristiano, según el cual “no puede haber cooperación con los populistas de derecha” (El País, 17-V-2019), es un toque de atención en toda regla a sus socios españoles del Partido Popular. Por las mismas fechas, Ska Keller, cabeza de lista de los verdes alemanes en las elecciones europeas, se mostraba “muy, muy impactada” (El País, 21-V-2019) porque las negociaciones de gobierno en Andalucía incorporasen a Vox.

La filosofía subyacente en Francia y Alemania a la aplicación de medidas profilácticas en forma de cordón sanitario encuentra su fuente de inspiración en aquella tradición de la democracia que aboga por la defensa proactiva de sus valores constitutivos, aquellos que le otorgan su fundamento y finalidad. Un orden liberal y democrático, y en particular los actores políticos encargados de vehicular la voluntad popular y de velar por el interés común que son los partidos, no puede permanecer indiferente ante el cuestionamiento de principios fundamentales como son la igual dignidad humana, los derechos iguales de las personas o la soberanía popular. Cuando un partido como Vox estigmatiza como “yihadismo de género” al feminismo que vindica la igualdad real, está socavando la dignidad de ese amplio sector de la ciudadanía que puja por reducir la desigualdad que padecen las mujeres en virtud de la lotería natural del nacimiento. Cuando ese mismo partido anuncia que viene a poner remedio a la “partitocracia inútil” que ha regido en España desde la Transición, no hace sino denostar la legitimidad de los partidos políticos, con todas sus imperfecciones, para forjar y canalizar la voluntad popular, por no mencionar que lo hace recurriendo a una categoría de resabio fascista popularizada entre nosotros por el exministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora.

El ataque nacionalpopulista a la línea de flotación del orden democrático es una razón necesaria y suficiente para tomar en serio la recomendación formulada hace medio siglo por Dolf Sternberger, el politólogo alemán: “¡Ninguna libertad para los enemigos de la libertad! ¡Ningún compromiso con los enemigos de los compromisos! ¡Ningún derecho igual para los enemigos de los derechos iguales!”. La democracia es cuestión de aritmética, de forja de mayorías, pero también de contextos morales compartidos. Cuando una fuerza política socava los valores constitutivos del orden democrático, no solo es lícito sino también necesario establecer cordones sanitarios o, si se prefiere, resulta imperativo adoptar medidas de afirmación democrática.

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Jesús Casquete es profesor de la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Fellowen el Zentrum für Antisemitismusforschung (ZfA) de Berlín.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190612/Firmas/26681/Jesus-Casquete-tribuna-extrema-derecha-democracia-politica-democracia-cordon-sanitario.htm

Emiliano Terán Mantovani: «El área de bosques deforestados en el Arco Minero del Orinoco equivale a 141 mil canchas de fútbol»

Por Oswin J. Barrios
141 mil canchas de fútbol es el equivalente a los bosques deforestados en los municipios mineros del estado Bolívar entre 2001 y 2014, por la actividad extractiva.

En el Día Mundial del Medio Ambiente, Emiliano Terán, representante del Observatorio de Ecología Política de Venezuela (OEPV), informó a Radio Fe y Alegría Noticias que la actividad extractiva que hace el Arco Minero del Orinoco (AMO) la realizan con mercurio, sustancia prohibida por el presidente de la República, Nicolás Maduro, en 2016.

“Los lingotes de oro que muestra Maduro por televisión viene de la minería ilegal; aunque hayan prohibido el mercurio, lo utilizan. No es un secreto para nadie”, expresó Terán.

Igualmente, señaló que dicha actividad “involucra grupos armados, criminales”, también proyectos cooperativos donde no se tiene ningún tipo de registro. “El proyecto del Arco Minero se ejecuta de una forma bastante turbia y sospechosa”, refirió.

Calificó la labor que hace el Ministerio de Ecosocialismo como una contradicción, pues, según él, lo que intentan es “enverdecer un proyecto que tiene una dimensión brutal de devastación para los pueblos indígenas. Lo muestran como minería ecológica, un proyecto para cuidar el ambiente”, criticó.

En febrero de 2016, el presidente Nicolás Maduro decretó una superficie ubicada al sur del río Orinoco, con una extensión de 111 mil 843 kilómetros cuadrados (mayor que el territorio de Bulgaria, Liberia o Cuba) como Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco, una idea que Hugo Chávez, su predecesor en el cargo, había anunciado al país en 2011.

En ese lugar se encuentran las riquezas minerales más grandes de Venezuela: oro, diamante y coltán, las cuales reposan en las entrañas del Macizo Guayanés desde hace millones de años.

En un intento por remontar la caída de los precios del petróleo y tratar de paliar la profunda crisis económica que sufre Venezuela, el mandatario nacional ensaya sustituir la renta petrolera por la renta minera.

Un análisis de imágenes satelitales (Landsat), realizado por la NASA, precisa la extensión de bosques deforestados en los municipios mineros del estado Bolívar entre 2001 y 2014 el equivalente a 141 mil canchas de fútbol.

Escuche la entrevista aquí: