Nancy Fraser: “Estamos luchando contra el patriarcado pero también contra esos feminismos que nos llevan por el camino equivocado”

En esta entrevista, la prestigiosa intelectual feminista estadounidense cuestiona lo que llama el feminismo liberal corporativo encarnado por personalidades como Hillary Clinton o Christine Lagarde, reflexiona sobre la pandemia, advierte contra el avance del populismo de derecha y se declara contraria a la cultura de la cancelación: “Me gustaría que ‘Lolita’ se siga leyendo”, dijo

Por Ana Correa

Podríamos presentar a Nancy Fraser como una de las filósofas e intelectuales más destacadas del mundo, o decir que es una rockstar de la teoría feminista, y ambas definiciones serán apropiadas. Conocida sobre todo por sus investigaciones y teorías sobre Justicia y la globalización, sus trabajos fueron y siguen siendo citados desde hace décadas por quienes impulsan reformas en los sistemas de representación con perspectivas feministas. Fraser es reconocida internacionalmente aun por quienes son blanco de sus críticas como el sistema político internacional o el feminismo que ella llama neoliberal progresista (donde incluye cada vez que tiene oportunidad desde a Hillary Clinton hasta Christine Lagarde y a Sheryl Sandberg, la directora de operaciones Facebook.

Profesora de la New School de Nueva York, ganadora de diversos premios, enseñó en universidades prestigiosas de todo el mundo y ha recibido becas de grandes instituciones. Esta académica nacida en Baltimore distingue las etapas del feminismo de la segunda ola de EEUU en dos fases: una de lucha por la distribución y otra por el reconocimiento. Actualmente reconoce una fase superadora, que es la transnacional, y alerta sobre el peligro de que el feminismo corporativo sea funcional a un sistema capitalista que trata muy mal a las mujeres trabajadoras, a las más pobres, a las cuidadoras, a las desplazadas, y a las de color. Para Fraser, en esta etapa el feminismo debería unirse con los sectores mayoritarios y más necesitados. Para eso redactó un manifiesto que se llama Feminismo para el 99 %, que escribió junto a Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya.

Como parte de este llamamiento a unirse también con los sectores ambientalistas, Fraser propone crear una movimiento para contrarrestar la actual hegemonía capitalista. De eso habla en Contrahegemonía ya, libro que publicó Siglo XXI el año pasado, y en el que se incluyen las bases del feminismo para el 99 % y la crisis del sistema capitalista neoliberal tal como está planteado. Algunos otros libros que se consiguen en Argentina son Escalas de justicia, de Herder Editorial, Prácticas rebeldes, de Prometeo y Feminismo para el 99%, de Rara Avis.

Sobre todos estos temas y sobre la pandemia, las políticas mundiales de vacunación, el populismo de derecha y la cultura de cancelación, hablamos con Nancy Fraser vía Zoom.

Entrevista con Nancy Fraser: el cambio real

-Usted ya había anticipado que la tercera fase del feminismo, luego de la etapa de la lucha por la igualdad y del reconocimiento, iba a ser un feminismo transnacional. ¿Por qué cree que esta etapa estuvo caracterizada por la lucha contra las violencias?

-No es una pregunta fácil de responder. En teoría, podría haberse desarrollado con algún otro enfoque, podría haber sido alrededor de la libertad reproductiva o algo así. Hay ciertos elementos o contingencias en la historia y en la política que no podemos deducir literalmente de nuestras teorías. El punto es que en cualquier problema que surja o se convierta en el tema de fondo del reclamo de las mujeres, lo que cuenta es cómo se enfoca y si lleva o no a las activistas y a otros a seguir el hilo de lo que sucede para conectarse con otras cosas. Mi opinión es que no se puede entender adecuadamente, y mucho menos, luchar contra la violencia de género, si no se comprende su vínculo con la división del trabajo por género, con la explotación capitalista y la instrumentalización del trabajo de las mujeres; si no se comprende su conexión con al militarismo, y con las políticas depredatorias, con el freno a la libertad reproductiva de las mujeres, etc.

Estas cosas están conectadas, forman parte de un sistema de dominación de género, y eso a su vez es parte de un sistema aún mayor que está vinculado a la dominación racial y de clase, a la destrucción ecológica y por eso creo que ahí donde la gente comienza a luchar y a reclamar en un momento dado, depende de la situación que están viviendo y de si es una lucha que se puede volver transnacional, si se propaga. Y estas cosas, como digo, no están estrictamente determinadas por nada. Lo que importa es la capacidad de hacer conexiones y ampliar la lucha, para acoger a más personas, más preocupaciones, más regiones y más problemas. Y eso es lo que creo que es emocionante de las luchas actuales, las luchas recientes que, tienes razón, en muchos lugares se han centrado en la violencia contra las mujeres, pero han tocado una fibra tan dramática para muchas personas en todo el mundo, en continentes muy separados, de hecho, y esto nos da la oportunidad, creo, de profundizar nuestro entendimiento y de profundizar y llevar adelante una lucha más amplia, más sofisticada, más radical y, por lo tanto, de mejorar nuestras posibilidades para lograr un cambio real.

-Usted advirtió también que el crecimiento del movimiento feminista se da en un contexto en el que crecen movimientos de nuevas derechas. ¿A qué lo atribuye? ¿Cree que hay alguna manera de contrarrestarlo?

-Es sumamente interesante, quiero decir, lo primero que me gustaría observar es que no todos, pero la mayoría de estos movimientos de extrema derecha, proyectan una imagen algo regresiva, reaccionaria de la masculinidad, así hablemos de Bolsonaro en Brasil, de Viktor Orban en Hungría o del propio Donald Trump, que no está exactamente donde estaba hace algunos meses pero sigue siendo un factor de poder. En todos estos casos, no me gusta usar la frase pero sería “masculinidad tóxica”, representan una especie de retroceso a los estilos patriarcales más antiguos, a unas versiones premodernas de la masculinidad. Y eso es muy interesante porque hasta su aparición nos enfrentábamos a un un rostro diferente del poder masculino, más moderno, más burocrático, más corporativo, y eso es algo que no creo que lo hayamos podido prever, pero sí podemos entenderlo, y lo entendería personalmente como una extraña forma de rebelión populista contra el capitalismo corporativo burocrático que, dicho sea de paso, no era muy amigo de las mujeres, no era amigo de las mujeres pobres, de las mujeres de la clase trabajadora, de las mujeres de color, por ejemplo. Aunque ese capitalismo burocrático no fue amable con estas mujeres, sí logró atraer el apoyo de ciertas corrientes dominantes del feminismo, las corporaciones liberales, las Christine Legarde del mundo, las Hillary Clinton, las Sheryl Sandbergs del mundo, no sé cuál sería el ejemplo argentino para ejemplificar, pero seguro debe haber uno. De todos modos, esta tendencia de feminismo favorable a los negocios corporativos, el feminismo de “romper el techo de cristal”, estaba muy integrada en el anterior capitalismo moderno neoliberal conectado con Silicon Valley, Hollywood, Wall Street, que presentaba una imagen atractiva, y, de hecho, creo que el papel de ese feminismo corporativo fue una forma de “pinkwashing” (lavar de rosa) ese neoliberalismo, saben a lo que me refiero, para darle una especie de rostro amigable para la mujer.

A esa expresión política yo la llamo neoliberalismo progresista, básicamente ha sido sistemáticamente durante décadas hacer la vida mucho más difícil para las personas de la clase trabajadora de todos los géneros y colores y no es de sorprenderse que provoque una reacción violenta, un retroceso. Y una forma de retroceso, no la única, pero una de ellas es este nuevo populismo autoritario de derecha que, como dije, se presenta como una especie de retorno pro-iglesia pro familia, pro-patriarcado, y de esa manera, parece estar rechazando el neoliberalismo progresista, ciertamente está rechazando el componente feminista del progresismo neoliberal.

A veces se presenta, como en el caso de Trump, rechazando el período del neoliberalismo, aunque eso sea una farsa y una ilusión. De todos modos, creo que el punto de partida para un análisis feminista realmente útil es comprender el papel que jugó el feminismo corporativo para apuntalar y legitimar el neoliberalismo progresista y, por lo tanto, para ayudar a crear las condiciones para el surgimiento de esta rabiosa revuelta masculinista contra el neoliberalismo progresivo que ha traído a los Trump, los Bolsonaros, los Orbans, etc.

-La teoría de la reproducción social vs la reproducción económica, cuando fue formulada, ya partía de una asimetría entre el hombre como generador de poder económico y la mujer en el ámbito doméstico y del cuidado. La pandemia nos hizo retroceder para enfrentar esta discusión. ¿Es posible dar esta discusión sólo en términos de distribución sin reconocimiento?

-Esas categorías son útiles para analizar algunos aspectos de esta coyuntura, pero ante esta pandemia de Covid nos encontramos en una especie de tormenta perfecta de irracionalidad e injusticia capitalista, porque creo que es el punto de encuentro donde todas estas mismas hebras de irracionalidad capitalista depredadora convergen. En primer lugar, comencemos con el aspecto ecológico: hablemos de la explicación más probable de cómo el virus llegó a nosotros, a los seres humanos. El virus ha estado en murciélagos, en cuevas remotas durante mucho tiempo, y nos fue transmitido a través de algunas especies intermedias. Las especies intermedias nos han transmitido el Covid19, y lo mismo sucedió con otros SARS, con el VIH. Ahora, la cuestión es ¿por qué? ¿Por qué ahora?

Y creo que hay una respuesta sencilla. Es una combinación de deforestación tropical y cambio climático. Eso es lo que induce a esta especie a migrar, moverse y encontrarse cerca de especies con quienes no habían estado antes y, por lo tanto, a través de esas especies, a nosotros. Así que hablemos de la destrucción de la selva amazónica y de la selva tropical del este y el sur de Asia. Muchas de estas cosas parecen originarse en Asia o África, pero no es solo ahí. En cualquier caso, es este desarrollo capitalista el que está creando el impulso a las especies de migrar para acercarse a nuevos organismos estresados o acercarse repentinamente unas a otras.

Ahora, los efectos de esto habrían sido horribles para los seres humanos de cualquier manera, pero se han agravado de forma incalculable por una de las características que desarrolló este capitalismo irracional e injusto, que es el vaciado del poder público durante las últimas décadas del neoliberalismo. Lo que quiero decir es que en estas cuatro décadas, la línea compartida de nuestros recursos, nuestra salud, nuestros recursos de tratamiento, nuestras capacidades de investigación, nuestra capacidad de inventar, descubrir y producir vacunas, aumentar la producción producción de equipos de protección personal, máscaras y ventiladores, etc, todo esto ha sido privatizado, no total pero sí masivamente. Hemos entregado los recursos que necesitamos para combatir una pandemia a corporaciones e instituciones con fines de lucro que no tienen ningún interés en el bienestar público; están interesados en sus declaraciones de ganancias y en los precios de sus acciones en la Bolsa.

Puedo decir que hay un país que destacaría como una brillante excepción a esto y, puede que te sorprenda, pero es Cuba, que ahora ha producido una quinta vacuna y la reparte. Cuba no es modelo de democracia, ciertamente, pero en este punto en particular, es una contra tendencia. Entonces, tenemos a los países ricos acumulando vacunas, por un lado, y por otro sé que regiones como Latinoamérica están sufriendo por la imposibilidad de acceder a las vacunas a tiempo. Y no me refiero simplemente a los países muy pobres, quiero decir, incluso países como Argentina o Brasil. Entonces, digamos que el neoliberalismo realmente ha mermado nuestra capacidad para combatir la pandemia y, por supuesto, es completamente contraproducente. No se puede luchar contra la pandemia sólo en algunos países ricos; como bien sabemos, ante la aparición de nuevas variantes, como la Delta, eso nos va a llevar a la ruina a todos. Es completamente irracional esta forma de manejarlo.

Luego, hay un lado de la reproducción social, que ya mencionas, y que tiene que ver nuevamente con el neoliberalismo, en esencia, confiscar nuestras energías, nuestro tiempo, nuestra capacidad de reproducción social. ¿Y qué hizo el neoliberalismo? Por un lado, ha exigido austeridad, por lo que los estados han recortado drásticamente el gasto en lo que llamamos reproducción social: todo lo que estaban haciendo antes en lo que respecta al cuidado de ancianos, cuidado diurno, gasto en educación, gasto en salud, etc., etc. Eso ha devuelto todo ese trabajo a las familias, a las comunidades, y sabemos lo que eso significa, a las mujeres, en general. Al mismo tiempo, ha reducido los salarios a un nivel tan bajo que ha requerido muchas más horas de trabajo asalariado remunerado por hogar, lo que ha exigido que las mujeres dediquen cada vez más de su tiempo al trabajo remunerado y también más tiempo al no remunerado.

Se recorta el gasto social, entonces se crea una gran crisis de cuidado, una enorme crisis de tiempo y una enorme crisis de atención. Lo vimos en forma tan evidente durante la pandemia cuando las escuelas cerraron e hicieron la transición al aprendizaje remoto, cuando colapsaron los recursos de cuidado de ancianos y cerraron los jardines maternales, cuando se cerraron todo tipo de servicios comunitarios. De repente, todo estaba de vuelta en los hogares. Y ahí vimos esas escenas increíbles de mujeres teniendo reuniones de trabajo por zoom desde sus autos, mientras sus hijos les golpeaban la puerta gritándoles “mami, ayudame con mi tarea de álgebra”. Es decir, un multitasking llevado a niveles de locura.

Y, por supuesto, esos son los casos de mujeres afortunadas que todavía tienen trabajos que pueden hacer de forma remota. Otras perdieron sus trabajos y sus ingresos y, como resultado, perdieron sus hogares y sus apartamentos, o los mantuvieron, pero tienen que salir a ocupar puestos de primera línea que son peligrosos e inseguros, cuando corren el riesgo de infectarse a sí mismas y a sus familias, y luego, por supuesto, sabemos qué mujeres estaban en qué situación. Dependió mucho de la clase y el color o la raza.

Luego hay una cuestión de trabajo esencial. Dejando de lado a los profesionales médicos, ¿cuál fue considerado trabajo esencial? ¿Mano de obra agrícola? ¿Mataderos, trabajo de empaque de carne? ¿Delivery y compra en almacenes? ¿Entregas de Amazon para permitir que las personas que podían quedarse en sus casa obtuvieran lo que necesitaban sin salir de casa? Eso es lo nuevo, ése es el nuevo rostro de la clase trabajadora ahora, fuertemente feminizado, fuertemente racializado. Su trabajo también es esencial, pero ellos son desechables, podrían ser enviados al peligro y si se enferman y mueren, “oh, qué lástima”.

En otras palabras, lo que estoy diciendo es que de todas estas maneras podemos ver cuán irracional es el capitalismo, cuán profundamente sexista y racializado está. Y, con todo esto, dudo en decirlo pero, no podríamos haber pedido una mejor lección de teoría social que lo que estamos viendo. Pero, ¿qué hacemos con esta lección? ¿Cómo podemos usar la lección para luchar contra este sistema que nos está matando? Entonces, sí, redistribución y reconocimiento son categorías que están bien para analizar algunos aspectos, pero creo que hay lecciones aún más profundas aquí en esta pandemia.

-¿Qué opina de la contribución del feminismo masivo a la agenda pública? ¿Cuáles son los riesgos del feminismo de élite? ¿Y cómo puede el feminismo en los países subdesarrollados querer cambiar las estructuras de producción y de Justicia, por ejemplo, si actualmente no pertenecen a ellas?

-Esa es una pregunta muy interesante e importante. Empecemos volviendo a lo que dije antes y veamos cómo un tipo de feminismo liberal corporativo, el feminismo de ‘rompamos el techo de cristal’ nos ha llevado por el camino equivocado, el feminismo que cuando habla en los medios de comunicación se centra en la meritocracia, en el management profesional de las mujeres. Ellas han ganado y han obtenido algunos beneficios de este feminismo.

Pero yo creo que la hegemonía de ese sector le ha dado al feminismo en general una mala reputación entre muchas personas y creo que eso explica por qué tenemos una reacción patológica que gana el apoyo de al menos algunos sectores de los más pobres, la clase trabajadora masculina, y creo que en realidad algunas mujeres también, por extraño que parezca, que ven en figuras como Bolsonaro a un hombre fuerte que puede protegerlas ya sea del crimen o de lo que sea. Creo que la primera tarea es disociarnos de ese feminismo y decir “no, paren, aquí estamos intentando construir otro feminismo”. Y supongo que agregaría, que desde esta perspectiva, que no hay un solo feminismo, tenemos que renunciar a esta idea de una hermandad global “la hermandad es poderosa”. No, el feminismo es un campo de discusión, está dividido por clases, está dividido por color, está dividido por ideología, y creo que lo primero es reconocer eso, y luego decir: estamos luchando por este feminismo contra ese feminismo, no sólo estamos luchando contra el patriarcado, sino que estamos luchando también contra esos feminismos que nos llevan por el camino equivocado.

Uno de mis proyectos recientes fue el llamado Feminismo para el 99%, este manifiesto que escribí en coautoría con Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya y que trató de articular un camino alternativo. No es algo que simplemente inventamos. Eso está sucediendo en el mundo. Quizás le dimos un nombre a partir de Occupied Wall Street y los otros movimientos populistas de izquierda, diferentes del tipo de populistas de derecha de los que hablábamos antes. Creo que este feminismo del 99 % podría ser una especie de paraguas bajo el cual podrían estar esos feminismos de los que hablábamos antes, las mujeres que no forman parte del sistema en el sentido de que no están en el centro del poder, tal vez ni siquiera en el mercado laboral formal, y en algunos casos casos, mujeres sin papeles, migrantes. Todo un conjunto de mujeres a las que el feminismo de ‘romper el techo de cristal’ no tuvo en cuenta.

Fraser es muy dura con el feminismo representado por figuras como Hillary Clinton (REUTERS/Gonzalo Fuentes)Fraser es muy dura con el feminismo representado por figuras como Hillary Clinton (REUTERS/Gonzalo Fuentes)

Creo que aquí es donde está la esperanza y el futuro del feminismo porque hemos visto adónde nos lleva el feminismo que fue parte del neoliberalismo progresista. No solo nos lleva a un empeoramiento de las condiciones de vida de la gran mayoría de las mujeres, sino que nos lleva a Trump, a Bolsonaro y a la reacción en contra de algunos postulados feministas. Es interesante, por cierto, que hay una excepción en el populismo de derecha que es el dirigido por mujeres, por ejemplo el de Marine Le Pen, en Francia. Ese es un interesante contraejemplo de todos estos machistas y eso probablemente exige un análisis en sí mismo de la política de género francesa, que yo misma no creo que esté en condiciones de decir nada interesante, pero sí quiero marcar como algo que debería examinarse.

-Sobre el riesgo de que tengamos un feminismo haciendo foco en las políticas de reconocimiento y no de distribución. ¿Cree que quizás los reclamos de algunas feministas de querer cancelar artistas o trabajos o música es algo que nos puede distraer de un objetivo principal de cambio estructural que garantice los derechos de los más vulnerables?

-Eso es algo que me preocupa en dos niveles. Por un lado, como dijimos, confunde algunos tipos de política de representación o de símbolos que vemos en los medios, con la política. (política real, política con P mayúscula) y es una mirada que puede llevarnos detrás de cosas que nos alejan de la verdadera lucha.

Por otro lado, me preocupa que se organice un “Pensamiento de grupo” autoritario, porque sabemos que hay casos en los que se cancela a personas que no lo merecen. Los errores ocurren. Pero no hay forma de corregirlos con este modus operandi. Entonces entramos en la lógica de Trump y los QAnon, y es un terreno que me parece problemático. Lo que no quiere decir que no esté bien que Harvey Weinstein fuera a la cárcel. Y sí es algo malo que Bill Cosbyfuera liberado a causa de un detalle técnico del juicio.

-Por ejemplo, cuando se quiere cambiar el texto de un libro escrito 200 años atrás, o una película.

-Exacto. Especialmente porque pienso que tenemos que tener una mirada más compleja sobre la tradición artística, la tradición literaria, cinematográfica, tenemos que entender que todos, todo ser humano, incluso nosotros tenemos defectos, tenemos perspectivas, tenemos puntos ciegos, buenas cualidades, malas cualidades y no quiero negar ni abandonar o censurar el arte que me produce incomodidad. Hay un ejemplo al que siempre vuelvo: Lolita, deVladimir Nabokov, el libro más políticamente incorrecto que podamos imaginarnos es también una obra maestra. No quisiera prohibir la lectura de ese libro, que chicas jóvenes no lo lean porque esté prohibido, al contrario, me gustaría que se siga leyendo. Es un ejemplo de que las cosas más problemáticas y las más brillantes pueden estar entrelazadas.

El feminismo no debería ser una forma de pensamiento de grupo; el feminismo tiene que ser una lucha que ilumine todas las complejidades de nuestra vida. Incluso cuando identifica formas estructurales de opresión y dominación verdaderamente problemáticas, que exponen a jóvenes mujeres a determinados abusos, incluso abusos sexuales. Por otro lado, podemos ser capaces de entender que haya una obra de arte que hable sobre esa misma relación abusiva. Este es el mundo en el que vivimos. No soy para nada fan de la cancelación cultural.

-Hoy, en 2021, ¿quiénes son las personas que piensa que pueden liderar la contrahegemonía al neoliberalismo conservador, en EEUU y en el mundo?

-Creo que en esta situación, la propia lucha está todo el tiempo creando nuevas figuras. Puedo decir que en Estados Unidos tenemos todo tipo de gente que está emergiendo, gente de enorme talento y carisma y capacidad de liderazgo como AOC, Alexia Ocasio Cortez, por ejemplo, ella es fantástica. La semana pasada, una brillante mujer de color, llamada India Walton, acababa de ganar en efecto las primarias democráticas en Buffalo, Nueva York, para la alcaldía de la ciudad. Y debido a que es una ciudad totalmente demócrata, será la próxima alcaldesa de Buffalo, una de las ciudades más importantes del estado de Nueva York. Ella también es una socialista democrática, como Ocasio Cortez. Y éste es un nombre del que personas ajenas a ciertos círculos no habían oído hablar hasta la semana pasada, pero ahora está en la portada de todos los periódicos del país. Así que este es solo un ejemplo y cada semana hay nuevos ejemplos.

Al mismo tiempo, quiero reconocer a las figuras heroicas que han resistido durante décadas en esta lucha: a Noam Chomsky, a Angela Davis, etc. Tenemos magníficas figuras jóvenes nuevas, y luego aquellas figuras que continúan y siguen año tras año tras año. Estas son las condiciones en las que vivimos, es un tiempo intenso, un momento de una crisis social general, una crisis no solo de la economía, o de la ecología, sino de toda la civilización, de todo el orden social, y en condiciones como estas vamos a ver lo peor y también lo mejor, y lo que tenemos que hacer es tener la esperanza de que lo mejor pueda vencer a lo peor, porque están sucediendo muchas cosas malas y gente mala emergiendo también en el liderazgo.

-¿Fallamos como civilización por no tener un plan de vacunación a nivel global?

-Absolutamente. Es un indicio del absoluto fracaso, la absoluta irracionalidad y disfuncionalidad e injusticia del orden actual. Está eso, está el clima. En el mismo sistema social que está creando estas fallas, encontramos enormes avances científicos. Sabemos que las vacunas son posibles, que hay cosas que podemos hacer para combatir el cambio climático, no es que no haya soluciones, no es una fatalidad, no es que deba ser así.

Entonces, ¿dónde están las fuerzas sociales y políticas que pueden organizarse para insistir en que la estructura de poder actual tiene que irse y un sistema completamente nuevo tiene que reemplazarla? Hay soluciones, es solo que este sistema las está bloqueando: necesitamos un nuevo sistema social que pueda implementar estas respuestas.

Giorgio Agamben: El discurso histórico al Senado

por Giorgio Agamben

Publicamos la transcripción completa del discurso pronunciado el 7 de octubre por Giorgio Agamben sobre el pase verde frente a la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado.

 

Me centraré únicamente en dos puntos que me gustaría señalar a la atención de los parlamentarios que deberán votar sobre la conversión del Decreto en ley. La primera es la obvia, subrayo la palabra obvia, contradicción del Decreto en cuestión. Sabéis que el Gobierno con un Decreto-ley especial, el número 44 de 2021, llamado escudo penal ahora convertido en ley, se ha eximido de cualquier responsabilidad por los daños ocasionados por la vacuna. Y la gravedad de estos daños resulta del hecho de que el artículo 3 del Decreto en cuestión menciona explícitamente los artículos 589 y 590 del Código Penal que se refieren al homicidio y lesión por negligencia.

Como han señalado juristas autorizados, esto significa que el Estado no se siente con ganas de responsabilizarse por una vacuna que no ha terminado su fase experimental y, sin embargo, al mismo tiempo, intenta obligar a los ciudadanos a vacunarse por cualquier medio, excluyéndoles de la vida social y ahora, con el nuevo Decreto que están llamados a votar, privándolos incluso de la oportunidad de trabajar.

¿Es posible, pregunto, imaginar una situación que sea legal y moralmente más anormal? ¿Cómo puede el Estado acusar de irresponsabilidad a quienes optan por no vacunarse, cuando es el mismo Estado el que declina formalmente toda responsabilidad por las posibles graves consecuencias, recordar los artículos 589 590 muertos y heridos de la vacuna?

Aquí me gustaría que los parlamentarios reflexionaran sobre esta contradicción que en mi opinión constituye una auténtica monstruosidad jurídica.

El segundo punto al que me gustaría llamar su atención no se refiere al problema médico de la vacuna sino al político del pase verde, que no hay que confundir con el primero, hemos sido  vacunados muchas veces, sin que esto nos obligue a mostrar un certificado.

Científicos y médicos han dicho que el pase verde no tiene importancia médica en sí mismo, pero sirve para obligar a las personas a vacunarse. En cambio, creo que se puede y se debe decir lo contrario, es decir, que la vacuna es un medio para obligar a las personas a tener un pase verde, es decir, un dispositivo que les permite controlar y rastrear sus movimientos, una medida sin precedentes.

Los politólogos saben desde hace mucho tiempo que nuestras sociedades han pasado desde hace mucho tiempo del modelo que una vez se llamó sociedad disciplinaria al modelo de la sociedad de control, una sociedad fundada en un control digital virtualmente ilimitado de los comportamientos individuales que, por lo tanto, se vuelven cuantificables en un algoritmo. Ahora nos estamos acostumbrando a estos dispositivos de control, pero me pregunto hasta dónde estamos dispuestos a aceptar que llegue este control. ¿Es posible que los ciudadanos y una sociedad que dice ser democrática se encuentren en una situación peor que los ciudadanos de la Unión Soviética bajo Stalin?

Es que los ciudadanos soviéticos estaban obligados a mostrar un pase por cada movimiento de una region a otra, pero nosotros somos obligados a mostrar un pase verde también para ir a un restaurante, también para ir a un museo, también para ir al cine, y ahora lo que es aún más grave con el Decreto que se trata de convertir en ley, incluso cada vez que vas a trabajar.

Además, cómo es posible aceptar que por primera vez en la historia de Italia después de las leyes fascistas de 1938 sobre los no arios, se creen ciudadanos de segunda clase que están sujetos a restricciones que desde un punto de vista estrictamente legal, obviamente, los dos fenómenos no tienen ninguna relación y hablo solo de analogía jurídica, sufren restricciones idénticas a las que padecían los no arios.

Todo apunta a que los decretos-leyes deben enmarcarse en un proceso de transformación de las instituciones y paradigmas de gobernanza de la sociedad en la que nos encontramos. Una transformación que es tanto más insidiosa porque, como había sucedido con el fascismo, se produce sin modificación del texto de la Constitución, pero se produce de forma subrepticia.

El modelo así erosionado y anulado es el de las democracias parlamentarias con sus derechos, sus garantías constitucionales, y en su lugar se instala un paradigma de gobierno en el que, en nombre de la bioseguridad y el control, las libertades individuales están destinadas a sufrir limitaciones crecientes. La concentración exclusiva de atención en los contagios, en la salud, me parece que nos impide percibir cuál es el significado de esta gran transformación y darnos cuenta de cómo los propios gobiernos no se cansan de recordarnos que la seguridad y las emergencias no son fenómenos transitorios, sino que constituyen la nueva forma de gobernabilidad.

Creo que en esta perspectiva es urgente que los parlamentarios consideren con mucho cuidado la transformación política en curso, que no se enfoquen solo en la salud. Lo que a la larga está destinado a vaciar el Parlamento de sus competencias al reducirlo, como está sucediendo ahora, a simplemente aprobar en nombre de bioseguridad, decretos que emanan de organizaciones y personas que tienen muy poco que ver con el Parlamento.

Gracias.

Traducción del italiano: Santiago de Arcos-Halyburton

Traición a la representación «aún no se ha guillotinado al rey»: la crítica de Guattari, Deleuze y Foucault a la «democracia indirecta»

Los filósofos modernos fabricaron un concepto de «sujeto» y de «persona» totalmente atravesado por una cuadrícula de carácter jurídico-contractual (y moralizante), grilla que a su vez está replegada sobre el modelo de las relaciones de ‘intercambio’ fiduciario1 cuya fórmula canónica es: «do ut des» (te doy para que me des).

Toda esta economía inmanente de las relaciones humanas es de carácter falocrático-patriarcal1 porque su punto de partida (milenario) es la previa división de lxs seres humanxs según el binomio disyuntivo de activo/superior (mando1 dirección1gobierno) y pasivo/inferior (obediencia1 ejecución)¡ binomio que no es sino un producto deducido de una disimetría previa (ya pre- supuesta de antemano): el binomio hetero-cis normado y normalizante varón/mujer. Así1 para todos los filósofos modernos, la ecuación dogmática fundamental incuestionada es: varón/masculino = activo y mujer/femenino = pasivo. Este es el auténtico a priori patriarcal.

Conocemos las reflexiones de Hobbes en torno al concepto de «persona» tanto en el Capítulo XVI del Leviatán (1651) como en Capítulo XV del Tratado sobre el Hombre (1658). En el Leviatán afirma que «personificar es actuar o representar a sí mismo o a otro». El ‘actor’ es una ‘persona artificial’ porque personifica o representa a otro: habla o actúa «en nombre de» o «en el lugar de» otro¡ mientras que el ‘autor’ es una ‘persona natural’ porque cuando habla o actúa se personifica o se representa únicamente a sí mismo. La economía interna de relaciones (de poder) entre estos dos polos de la relación de ‘representación’ y ‘soberanía’ funciona así: el actor personifica o representa al autor, y cuando habla o actúa, lo hace siempre «por autoridad», es decir, por autorización (vía contrato) del autor2• Sin duda que todo esto no son más que convenciones y ficciones, pero «ficciones de este género no son menos necesarias para las relaciones y los contratos de los ausentes tanto en el Estado como en el teatro».

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Por una refundación de las máquinas sociales

Por Félix Guattari, 1992; (versión públicada en «¿Qué es la ecosofía?

Esta versión en español publicada por ed. Cactus en Félix Guattari ¿Qué es la ecosofía?, textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud, traducción por Pablo Ires.

En nota a pie de página, escribe Nadaud acerca de este texto:



Producción, disociación y pandemia ultraneoliberal

por Lucyan Butori

La ingeniería social del ultraliberalismo evangélico nos está convirtiendo en algoritmos cuya función es trabajar y velar por los demás, consumirse y alienarse.

Estoy agotado. Tú que me estás leyendo también debes estar exhausto. ¿Quién en este Brasil no está agotado? Últimamente he estado pensando en el agotamiento. Desde el comienzo de la pandemia, hemos trabajado al menos el doble de lo que trabajamos antes. Y parece un poco ilógico pensar eso, porque el desempleo es cada vez mayor y más profundo y la pandemia ha obligado a la mitad de las personas a permanecer encerradas, confinadas, mientras que la otra mitad se enfrenta a la muerte a diario en la calle. Pero, como dijo una vez Seu Madruga: “no hay nada más difícil que vivir sin trabajar” [1]. Y tiene toda la razón. Esto lo hemos vivido en la práctica a diario. Siempre estamos trabajando aunque estemos cesantes, al fin y al cabo, buscar trabajo es un tipo de trabajo que requiere esfuerzo y perseverancia. Y no es fácil. Desde el gobierno de Temer y, especialmente durante el gobierno de Bolsonaro, el ultraliberalismo evangélico ha destruido el país y las relaciones sociales. Y la pandemia ha destrozado lo que no ha logrado destruir. Pero aunque sé todo esto, aunque escucho que “es culpa del capitalismo”, todavía siento que algo ha cambiado y todavía estoy exhausto. Antes, también era el capitalismo y no estaba exhausto todo el tiempo. Me acuesto en la cama al final del día sin fuerzas ni coraje, y todavía necesito estudiar. ¿Con qué voluntad? ¿Y con qué propósito? Si todo está destruido o está siendo destruido, ¿por qué debería seguir estudiando? ¿Qué hará además de cansarme aún más?

¿Que ha cambiado? Nuestra atmósfera mental ha cambiado. Como si el agua de mar en la que estábamos nadando de repente se volviera más fría. Algo exterior nos hace trabajar y producir, algo nos está agotando la energía, alimentándose de nuestra vida. Las empresas de tecnología están como siempre atrincheradas en este sistema evangélico ultraliberal, y eso nos está cambiando, obligándonos a hacer cosas y actuar como una manada, correr en el lugar. Tenemos que criticar todo, pero de forma vacía o superficial. Tenemos que mirar todo, pero acríticamente y sin reflexionar. Tenemos que comentar y escribir texto sobre todas las estupideces que pasan a diario, pero sin ninguna profundidad. Tenemos que conocer todos los temas, pero de forma superficial. Tenemos una gran cantidad de cosas que hacer, pensar, actuar y movernos, pero nos quedamos quietos, corriendo en el lugar. Oscurantismo, fanatismo, locos que salieron de las cloacas de la humanidad, reaccionarios contra el conocimiento, nazis; el cuadro de la desgracia se cierne sobre nuestras cabezas y nos rodea, asediando. Y tenemos que producir, trabajar más y estudiar más, ser “proactivos”.

He estado observando las cosas que hago durante el día y que me están absorbiendo, de alguna manera. Por ejemplo, he estado escuchando muchos podcasts y he estado completando los momentos de esfuerzo mecánico con episodios de podcast. Las materias que más me gustan son la política, la filosofía y la ciencia. Entonces, cuando lavo los platos, que es una actividad muy mecánica, en realidad estoy pensando y aprendiendo. Pensar y aprender requiere mucho esfuerzo y esto produce cansancio. Después de todo, escuchar podcasts sobre estos temas es como prestar atención a una clase importante. Así, esa actividad mecánica que solemos utilizar para vaciar la mente se convierte en un momento de doble trabajo: mecánico y mental. Esto crea fatiga. Y comencé a ver este patrón en casi todas las actividades mecánicas o semimecánicas que estaba realizando: escuchar podcasts mientras barría la casa, cocinaba, viajaba al trabajo y, lo peor de todo, jugaba videojuegos. Etcétera. Comprenda: esta no es una carta en contra del podcasting; me encanta el podcast. El problema no es el podcast. Tampoco, de vez en cuando, escuchar un podcast mientras se realiza otra actividad. El problema es que sea una regla, en aras de la productividad, hacer siempre al menos dos o más cosas al mismo tiempo. Lavar los platos, aunque sea mecánico, es un trabajo, es agotador, requiere una atención centrada en los detalles. Escuchar podcasts también puede ser un trabajo. Muy a menudo estaba haciendo dos actividades laborales al mismo tiempo, y eso es un problema, no la cantidad de podcasts que escucho. Pero me di cuenta de que he estado consumiendo mucho este medio y me estaba dejando exhausto. Así que me di de baja de varias y dejé solo las que son imprescindibles, mis favoritas. Y he estado escuchando con más moderación. Lo mismo pasó con YouTube, que consumí mucho. Qué loco, ¿verdad?

Pero, ¿por qué sucedió esto? Lo pensé y lo pensé hasta que llegué al origen, y el origen de este comportamiento que me dejaba exhausto era la situación política y social en Brasil. ¿Cómo no desesperarnos ante tanta desgracia que se despliega a diario ante nosotros? Creo que todos los seres humanos, en mayor o menor grado, tenemos ganas de aprender. Este ímpetu, sin embargo, es capturado por el sistema capitalista y convertido en un extraño impulso de productividad, producción y producción. La esencia de la creación, aquello que está en la psique humana, que nos conduce hacia el conocimiento, las artes, las ciencias y la libertad, ha sido corrompido por el sistema.

Pero todo esto parece tan superficial. Quiero decir: personal. Como si mis problemas fueran universales. Obviamente hay más, mucho más. La ideología evangélica reapareció a mediados del siglo XIX como una ruptura teológica con el dogma católico de que el lucro es un pecado. La ganancia pasó a significar mérito moral. Esta concepción distorsionada del “espíritu” capitalista [2] sentó las bases del capitalismo a partir del siglo XIX y se arraigó en la imaginación evangélica con la pseudo-filosofía del Destino Manifiesto, que predica la superioridad de Estados Unidos como pueblo “elegido por Dios para gobernar el mundo ”[3] que generó el Lebensraum de los nazis y la destrucción de tierras indígenas en Brasil. La predestinación y el éxito material como garantía de la gracia divina. La teología de la prosperidad está en deuda con el televangelismo estadounidense y el principal brazo ideológico de la derecha brasileña en las clases pobres del Brasil profundo. Aquí, ser jefe es el sueño de la mayoría. Pensamos, como sociedad, en sacar provecho y ganar dinero y ser un jefe, ser dueño de algo, mandar a la gente. En otras palabras: el sueño de ser dueño de una hacienda, producto de una colonialidad nunca superada. Mientras no somos patrones, tenemos que producir. Producir y producir. ¿Descansar? Esto es para los débiles, los perdedores, los “vagos”. Trabaje a tiempo completo, produzca y sea lo más productivo posible, sea proactivo. Esta lógica absurda impregna todos los ámbitos sociales de nuestro país, desde el ámbito laboral hasta las escuelas y universidades. La ideología evangélica ultraliberal ha transformado la realidad que nos rodea en una inmensa fábrica, donde estamos produciendo las 24 horas del día; incluso nuestras interacciones se transformaron en productividad en las redes, los llamados “contenidos”. Y también el entretenimiento que consumimos: producir contenido visto; mire miles de episodios de series en Netflix en secuencia, videos en YouTube en secuencia, podcasts en secuencia, horas y horas desplazándose en Instagram, Facebook o Twitter. De todos modos, el entretenimiento se convirtió en trabajo. Después de todo, mientras miran series, videos, feeds de desplazamiento, etc., las empresas ejecutan algoritmos y recopilan datos y metadatos que generamos, muestran más contenido y anuncios y recopilan aún más datos, que venden y revenden. Nos convertimos en fábricas de datos, o granjas en las que no cosechan ni cultivan nada, lo que nos agota. El sociólogo Jean Baudrillard creía que “así como los niños criados por lobos parecen lobos, las personas criadas por objetos parecen objetos” [4]. Creo que nos estamos volviendo más y más como algoritmos, y el trabajo de un algoritmo es funcionar.

Estamos agotados porque nos han convertido en algoritmos; esclavos del sistema a los que se les absorve toda la energía y libido, y las ganas de vivir. ¿A cambio de qué? ¿Qué nos han dado estas empresas de tecnología para renunciar tan fácilmente a nuestra libertad, energía y libido? La adicción a la serotonina producida por los gustos y la ilusión de vínculos sociales sin el esfuerzo que necesitan, evitando frustraciones, ausencias y la verdad de la incompletitud.

También estamos agotados por la asombrosa cantidad de noticias que recibimos todos los días, cada hora, cada minuto, y la mayoría son tragedias y desgracias. Y luego nos desplazamos por el feed con la esperanza de que aparezca un meme gracioso o una foto de un gatito, pero nos encontramos con la destrucción de la Amazonía, la destrucción de comunidades indígenas, la destrucción de ríos, la destrucción de áreas urbanas, la muerte del tejido social, con el hambre rondando nuestras cabezas, con atrocidades y mentiras contadas en la televisión nacional, con los medios cerrando las persianas del genocidio, con la “difícil elección” entre democracia y nazismo. Finalmente, con esa sensación de agotamiento mental y vergüenza física que irónicamente llamamos “ser brasileños”. Es agotador ver que se cometen delitos a diario y no poder hacer nada para detenerlos; es repetirse varias veces a lo largo del día la frase «puñalada mala» y desplazarse por el feed una vez más. Y todavía dicen que debemos ser productivos, que la pandemia es una oportunidad, que la crisis social es una oportunidad de crecimiento, que debemos invertir. ¿Invertir en qué, hijo de puta? ¿Oportunidad para qué, liberal pau nu cu? ¡Más de 600 mil muertos!

No sé mucho sobre el dolor, pero realmente creo que el dolor nos deja exhaustos y melancólicos. Y hemos estado de luto durante varios años. Nuestra atmósfera mental está de luto. En nuestra mente sentimos la muerte del tejido social y nos desesperamos, hundidos en la melancolía o la apatía.

Estamos agotados porque la ingeniería social del ultraliberalismo evangélico nos está convirtiendo en algoritmos cuya función es trabajar y velar por los demás, consumirse y alienarse. El fin último de esta ingeniería social es construir una sociedad ultraliberal donde los individuos hayan sido completamente separados de cualquier aspecto social y solidario, donde la atomización del individuo sea la regla, es decir, donde no haya preocupación por el otro, por el diferente, con lo social, en definitiva, con algún interés en construir relaciones y sociedad. El otro lado de este objetivo es la consolidación de un estado ultraliberal donde todos los aspectos sociales se minimizan o se eliminan por completo; la palabra clave de esto es austeridad, o, como los medios lo llaman hoy en día, topes de gasto. Para que esto suceda, el Estado debe administrarse como una empresa y que la máquina burocrática, es decir, las personas que trabajan en la gestión del Estado, deben ser tecnócratas nihilistas provenientes de la clase media. No es casualidad que todos los avances sociales construidos desde la redemocratización de Brasil se hayan borrado en los últimos años (destrucción iniciada por Temer y, si todo sigue como está, concluida por Bolsonaro). Un estado nihilista es aquél en el que la ciencia y la fiabilidad de los datos no importan y, por tanto, no tienen valor; donde el propio Estado sabotea las medidas sanitarias, retrasando, negando y distorsionando todo tipo de remediación de medidas científicamente probadas. Prolongar y hundir deliberadamente la crisis política, avivar la crisis social con gasolina, sabotear la reestructuración del país, desindustrializar y expandir el monocultivo de la soja, incentivar la ruptura social, crear valores distorsionados, alienar con teorías conspirativas, decir cualquier cosa de acuerdo a la repercusión positiva o negativa en la propia base de apoyo, matando y exterminando personas y pueblos. Y cubriendo todo con un velo de olvido o desconfianza de que nunca existió. Y el tecnócrata nihilista es el sujeto que opera todas estas cosas, trabajando como un algoritmo que no piensa y no reflexiona sobre sus propias acciones y las consecuencias de sus acciones en la sociedad, banalizando el mal que propaga como un mero tecnicismo del servicio que se le confió [5].

Brasil es un gran laboratorio al aire libre de ingeniería social a gran escala emprendido por el ultraliberalismo evangélico con la ayuda de medios liberales-conservadores, empresarios, partidos políticos y el ejército brasileño. El objetivo es el control absoluto, la creación de individuos dóciles que consumirán la alienación y trabajarán toda su vida, sin rebelarse jamás.

No seas productivo.

Rebélate!

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

Notas

[1] SEU MADRUGA. Wikiquote, [s. d.]. Disponível em: https://pt.wikiquote.org/wiki/Seu_Madruga. Acesso em: 11 nov. 2021.

[2] WEBER, Max. A ética protestante e o espírito do capitalismo. Companhia das Letras: São Paulo, 2004.

[3] SANTIAGO, Emerson. A doutrina do Destino Manifesto. Infoescola, [s. d.]. Disponível em: https://www.infoescola.com/filosofia/destino-manifesto/. Acesso em: 11 nov. 2021.

[4] CEIKA, Jonas. American Psycho, Baudrillard and the Postmodern Condition. YouTube, 28 mai. 2018. Disponível em: https://www.youtube.com/watch?v=RJfurfb5_kw&t=0s. Acesso em: 11 nov. 2021.

[5] Cf. ARENDT, Hannah. Eichmann em Jerusalém: um relato sobre a banalidade do mal. Companhia das Letras: São Paulo, 1999

Mayo de ‘68 nunca ocurrió

Por Gilles Deleuze y Félix Guattari

En fenómenos históricos como la Revolución de 1789, la Comuna de París o la Revolución de 1977, hay siempre una parte de acontecimiento irreductible a los determinismos sociales, a las series casuales. A los historiadores no les gusta esta dimensión, así que restauran retrospectivamente las causas. Pero el propio acontecimiento se encuentra en ruptura o en desnivel con respecto a las causalidades: es una bifurcación, una desviación de las leyes, un estado inestable que abre un nuevo campo de posibilidades. Prigogine ha hablado de estos estados en los cuales, incluso en la física, las diferencias mínimas se propagan en lugar de anularse y fenómenos absolutamente independientes entran en resonancia, en conjunción. En este sentido, aunque un acontecimiento sea contrariado, reprimido, recuperado, traicionado, no por ello deja de implicar algo superable. Son los renegados los que dicen: ha quedado superado. Pero el propio acontecimiento, aunque sea antiguo, no se deja superar: es apertura de lo posible. Acontece en el interior de los individuos tanto como en el espesor de una sociedad.

Claro que los fenómenos históricos que estamos invocando van acompañados de determinismos o causalidades, aunque sean de otra naturaleza. Mayo del 68 pertenece al orden de los acontecimientos puros, libres de toda causalidad normal o normativa. Su historia es “una sucesión de inestabilidades y de fluctuaciones amplificadas”. Hubo mucha agitación, gesticulación, palabras, bobadas, ilusiones en el 68, pero esto no es lo que cuenta. Lo que cuenta es que fue un fenómeno de videncia, como si una sociedad viese de repente lo que tenía de intolerable y viese al mismo tiempo la posibilidad de algo distinto. Es un fenómeno colectivo del tipo “Lo posible, que me ahogo…”. Lo posible no preexiste al acontecimiento sino que es creado por él. Es cuestión de vida. El acontecimiento crea una nueva existencia, produce una nueva subjetividad (nuevas relaciones con el cuerpo, con el tiempo, con la sexualidad, con el medio, con la cultura, con el trabajo…).

Cuando se produce una nueva mutación social, no basta con extraer sus consecuencias o sus efectos siguiendo líneas de causalidad económicas o políticas. Es preciso que la nueva sociedad sea capaz de constituir dispositivos colectivos correspondientes a la nueva subjetividad, de tal manera que ella desee la mutación. Ésta es la nueva “reconversión”. El New Deal americano o el despegue japonés son ejemplos muy diferentes de reconversión subjetiva, con todo tipo de ambigüedades y hasta de estructuras reaccionarias, pero también con la dosis de iniciativa o de creación que constituía un nuevo estado social capaz de responder a las exigencias del acontecimiento. En Francia, por el contrario, tras el 68 los poderes no han dejado de convivir con la idea de que “había que acabar con ello”. Y, en efecto, se ha acabado con ello, pero en condiciones catastróficas. Mayo del 68 no fue la consecuencia de una crisis ni de una reacción a una crisis. Más bien al contrario. La crisis actual, los actuales impasses de la crisis francesa, derivan directamente de la incapacidad de la sociedad francesa para asimilar Mayo del 68. La sociedad francesa ha mostrado una particular impotencia para operar una reconversión subjetiva a nivel colectivo, como exigía el 68: de no ser por ello, ¿cómo podría hoy acometer una reconversión económica de condiciones de “izquierda”? No ha sabido proponer nada a la gente, ni en el terreno de los estudiantes ni en el de los trabajadores. Todo lo nuevo se ha marginalizado o caricaturizado. Hoy vemos cómo la gente de Longway se aferra a sus instalaciones siderúrgicas, los productores de leche a sus vacas, etcétera: ¿qué otra cosa podrían hacer, puesto que todo dispositivo para una existencia nueva, para una nueva subjetividad colectiva, ha sido aplastada de antemano por la reacción ante el 68, tanto a la izquierda como a la derecha? Hasta las radios libres. En cada ocasión, lo posible ha quedado clausurado.

Nos encontramos por todas partes a los hijos del 68, aunque ellos no sepan que lo son, y cada país lo produce a su manera. No es una situación brillante. No son los jóvenes directivos. Son extrañamente indiferentes, y sin embargo están bien informados. Han dejado de ser exigentes, o narcisistas, pero saben perfectamente que nada responde actualmente a su subjetividad, a su capacidad de energía. Saben incluso que todas las reformas actuales se dirigen a más bien contra ellos. Se han decidido a dirigir sus propios asuntos hasta donde les sea posible. Mantienen una apertura, una posibilidad.

Esto ocurre en todo el mundo. Con el desempleo, las pensiones o la escolarización, se institucionalizan las “situaciones de abandono” controladas, tomando como modelo a los discapacitados. Las únicas reconversiones subjetivas actuales, en el orden colectivo, son las del capitalismo salvaje al estilo americano, o las del fundamentalismo musulmán al estilo de Irán o de las religiones afroamericanas al estilo de Brasil: son figuras contrapuestas de un nuevo integrismo (a las que habría que añadir el neopapismo europeo). Europa no tiene nada que proponer, y Francia tampoco parece tener una ambición que la de encabezar una Europa americanizada y rearmada que lleve a cabo desde arriba la necesaria reconversión económica. El campo de posibilidades está, por tanto, en otra parte: en el eje Este-Oeste, el pacifismo, en la medida en que se propone despotenciar las relaciones de conflicto, de rearme y también de complicidad y reparto en los Estados Unidos y la Unión Soviética; en el eje Norte-Sur, en un nuevo internacionalismo que ya no se apoa en una alianza con el tercer mundo sino en los fenómenos de tercermundización de los mismos países ricos (por ejemplo, la evolución de las metrópolis, la degradación de los centros urbanos, el crecimiento de un tercer mundo europeo como lo analiza Paul Virilio). No hay mas solución que la solución creadora. Estas reconversiones creadoras son las únicas que contribuirán a resolver la crisis actual y tomar el relevo de un Mayo del 68 generalizado, de una bifurcación o una fluctuación amplificada.

Publicado originalmente en Les Nouvelles Littéraires

3-9 Mayo de 1984.