«Los sirios celebran que en Ucrania se mate a generales rusos implicados en crímenes de guerra en Siria”

por Mariia Shynkarenko

Entrevista con Leila Al-Shami

 

Para la gran mayoría de los ucranianos, Siria antes de 2011 probablemente era solo otro país árabe, pero después de que comenzó la guerra, pasó a simbolizar el curso de acción que no queremos que se repita en Ucrania. ¿Qué distingue al régimen de Assad de regímenes similares en el norte de África?

A lo largo de su historia, la respuesta del régimen de Assad a cualquier tipo de disidencia ha sido siempre la represión violenta. En la década de 1970, hubo un movimiento contra el régimen de Hafez Al Assad (el padre del actual presidente). Lo que en un principio comenzó como un movimiento diverso, acabó concentrándose en la ciudad de Hama y liderado por los Hermanos Musulmanes. La respuesta del régimen fue enviar la fuerza aérea y destruir completamente la ciudad. Entre 20.000 y 40.000 civiles fueron asesinados y miles más desaparecieron en las cárceles del régimen.

Cuando estalló la revolución contra el régimen en 2011, muchos sirios eran optimistas y pensaban que Bashar Al Assad traería reformas. Llevaba una década en el poder y muchos creían que era fundamentalmente diferente de su padre; que era un modernizador más abierto. Cuando llegó al poder habló mucho de la necesidad de reformas, aunque se centró principalmente en reformas económicas más que políticas. Al final, respondió a las demandas del pueblo de la única manera que este régimen conoce: aterrorizándolos para que se sometieran.

Habiendo trabajado en el campo de los derechos humanos en Siria –con prisioneros políticos, durante la primera década de Bashar en el poder–, esperaba que la respuesta a la revolución que comenzó en 2011 fuera la represión. Aunque no esperaba la magnitud del horror que se desató, tampoco era optimista en cuanto a que Assad dimitiera rápidamente, como vimos hacer a los dictadores en Túnez y Egipto.

En Egipto, el régimen militar estaba en el poder, y su rostro era Mubarak. Así que les resultó fácil sacrificar a Mubarak y mantener a los militares en el poder. En Túnez fue similar y pudieron sacrificar a Ben Ali: hubo una transición a la democracia, pero la antigua clase dirigente estaba esperando para volver. En Siria es un poco diferente. En Siria, la cabeza del régimen es el régimen. El poder está muy concentrado en manos de la familia Assad. Además, el régimen jugó la carta sectaria –es de la secta minoritaria alauita–, por lo que logró mantener el apoyo de muchas minorías contra la oposición predominantemente sunita contra la que estaba dispuesto a llevar a cabo una violencia genocida. Además, el régimen contó con el apoyo de Rusia e Irán, que intervinieron para protegerlo.

¿El apoyo ruso jugó un papel importante para ayudar a Assad en el momento más difícil para él?

Tanto Rusia como Irán intervinieron para apoyar al régimen en momentos en que estaba cerca del colapso y parecía que la revolución podría triunfar. Irán ha brindado a Siria un apoyo financiero y económico masivo y ha enviado muchas milicias a luchar en Siria, lo que le dio al conflicto una dimensión sectaria, ya que las milicias chiítas apoyadas por Irán luchaban contra la mayoría sunita siria. E Irán intervino directamente en 2013, lo que permitió al régimen hacer avances significativos contra la oposición.

Rusia proporcionó aviones y bombas y brinda apoyo político al régimen en foros internacionales. Y Rusia intervino militarmente directamente en 2015 y ha bombardeado muchas partes del país.

Si Rusia e Irán no hubieran intervenido, Assad se habría visto obligado a abandonar el poder hace mucho tiempo. Es el apoyo extranjero y las bombas extranjeras lo que mantiene al régimen en el poder, en contra de los deseos de la gran mayoría de la población siria.

Cuando leí su libro Burning Country: Syrians in Revolution and War, no podía creer que una tragedia así pudiera ocurrir a semejante escala. Al ver los horrores que se desarrollan en Ucrania, las atrocidades que enfrentan los sirios se vuelven más tangibles para nosotros, por lo que realmente empatizo con el pueblo de Siria.

Sí, es devastador. Es aún más difícil porque este horror comenzó desde una posición de gran esperanza y fe en la revolución. La revolución tuvo tantos éxitos. Vimos, en todo el país, a la gente autoorganizarse para administrar sus asuntos diarios, creando Consejos Locales independientes y eligiendo a sus miembros: su primera experiencia de democracia en décadas. La gente dirigió escuelas, instalaciones de agua y saneamiento, hospitales. Crearon periódicos y estaciones de radio independientes. Se establecieron muchos centros de mujeres para alentar a las mujeres a desempeñar un papel activo en la revolución y la vida comunitaria. Nada de esto fue posible bajo el totalitarismo de Assad, donde se restringió toda la sociedad civil. Esta fue siempre la mayor amenaza para el régimen –porque demostraba que era posible una alternativa democrática– y por eso fue tan salvajemente reprimida.

¿Podrías hablarnos un poco sobre la política internacional del régimen sirio antes de 2011? ¿Cómo eran las relaciones con la URSS durante la Guerra Fría? ¿Cómo afectó esto al régimen?

Siria mantuvo una relación estrecha con la URSS durante la Guerra Fría, a pesar de que el régimen sirio reprimía brutalmente a los comunistas. La URSS patrocinó a Hafez Al Assad, mientras establecía relaciones para ampliar su esfera de influencia en oposición a las potencias occidentales. Proveyó armas, entrenamiento e inteligencia al ejército sirio. Muchos sirios viajaron a la URSS para estudiar durante este período.

La URSS utilizó este tipo de intercambio cultural como una táctica para adoctrinar a los ciudadanos de los países aliados con su ideología. Recientemente, hablé con activistas de África Occidental y compartieron historias similares sobre el apoyo de la URSS a los africanos para que estudiaran allí. Algunos de esta generación de africanos ahora apoyan las intervenciones de Putin en África, viéndola como un baluarte contra el imperialismo occidental/francés, por lo que esta táctica funcionó.

Cuando la Unión Soviética colapsó, Hafez Al Assad se apresuró a orientarse hacia los Estados del Golfo y comenzó a implementar reformas neoliberales para abrir el país a los inversores del Golfo. Pero las relaciones con Rusia se mantuvieron y cuando Putin llegó al poder quiso reactivar las relaciones con Oriente Medio, considerándolo una región útil en la lucha geopolítica de Rusia contra Occidente.

No creo que Rusia vea ninguna afinidad ideológica con el régimen sirio y no lo percibe como un socio importante. Creo que el apoyo de Rusia a Assad se ha utilizado como una forma de contrarrestar la influencia occidental y, en el caso de Siria, Rusia es ahora más influyente que las potencias occidentales.

También me preguntaba si Rusia aprovecha las oportunidades educativas que ofrece el Sur global para propagar sus ideas. Uno de mis médicos aquí en Viena es sirio y acepta pacientes ucranianos en particular porque habla ruso. Tuvimos una conversación política y me dijo que era de Siria, así que intercambiamos nuestras muestras de solidaridad. Pero lo primero que me resultó interesante fue que se fue a estudiar a Rusia, donde aprendió ruso. Y su país sufrió la intervención y los bombardeos rusos. Por lo tanto, me pregunto cómo ven los sirios a Rusia ahora.

La respuesta a esta pregunta depende de a qué sirios se le pregunte. Porque los sirios que están afiliados al régimen verán a Rusia como un aliado, aunque incluso dentro de ese grupo existe preocupación por la influencia externa ahora, ya sea de Rusia o de Irán.

Pero para el resto de nosotros, la mayoría, Rusia es una potencia imperialista. Ha intervenido para apoyar a una dictadura fascista para llevar a cabo un genocidio contra el pueblo sirio. El bombardeo aéreo ruso ha destruido grandes partes del país y ha apuntado específicamente a la infraestructura civil, como hospitales, en áreas controladas por la oposición. Rusia ha sido recompensada por su apoyo con lucrativos contratos de petróleo y gas. La empresa rusa Stroytransgaz, propiedad de un oligarca vinculado al Kremlin, ha recibido el 70 por ciento de todos los ingresos de la producción de fosfatos durante los próximos cincuenta años. Siria tiene una de las mayores reservas de fosfatos del mundo. Se han establecido bases militares rusas y ahora se «celebran» las fiestas nacionales rusas en Siria.

El apoyo que Rusia da al régimen no es sólo militar, sino también político. Por ejemplo, en el escenario internacional, Rusia desempeña en Siria el mismo papel que Estados Unidos desempeña en Israel. Todas las mociones que se presentan ante el Consejo de Seguridad o ante los organismos de la ONU son siempre vetadas por Rusia. Rusia otorga esa protección política para impedir cualquier medio de rendición de cuentas internacional o para avanzar con un acuerdo de paz que no se ajuste a los términos del régimen. Rusia ha sido muy activa en sus intentos de conseguir “acuerdos de paz”, pero en realidad no son acuerdos de paz. Están tratando de obligar a los sirios a capitular ante los términos del régimen.

Usted ha mencionado que hay diferentes sirios y personas con diferentes opiniones. Y hoy en día Siria se asocia en gran medida con el yihadismo y la lucha sectaria de todos contra todos. Pero la revolución siria comenzó como una protesta democrática masiva que en realidad unió a ciudadanos de diferentes orígenes étnicos y confesiones.

Entonces, ¿cuánto de la actual fragmentación y sectarismo de la lucha se debe a las políticas del régimen de “dividir y vencer”, a los yihadistas y a la incapacidad de la oposición democrática para realmente trascender los prejuicios y las mezquinas ambiciones de una solidaridad más amplia?

Para que quede claro la estructura del régimen: la familia Assad proviene de la secta alauita, que es una minoría en Siria. La mayoría de la población es musulmana sunita, pero también hay chiítas, cristianos, drusos y otros. Cuando comenzó el levantamiento, era un movimiento muy diverso. Incluía a hombres y mujeres de todos los estratos sociales, de todos los grupos religiosos y étnicos. Hubo muchos intentos de no caer en el sectarismo. En las protestas, la gente llamaba a la unidad entre todos los sirios, sostenía carteles y pancartas que hacían llamamientos a las comunidades minoritarias, etc.

Por supuesto, un movimiento democrático fuerte y no sectario era la mayor amenaza para el régimen de Assad porque podía ganar apoyo internacional. Así que el régimen de Assad tuvo que sectarizar e islamizar el conflicto. Y lo hizo muy deliberadamente, una ingeniería sectaria, por así decirlo. Por ejemplo, en 2011-2012, cuando el régimen estaba deteniendo a todos esos manifestantes pacíficos en favor de la democracia, liberó a muchos extremistas islámicos de la prisión. Y muchos de los liberados pasaron a encabezar algunas de las brigadas más radicales que existían. Por ejemplo, Hassan Aboud, uno de los fundadores de Ahrar al-Sham, fue liberado, y Zahran Alloush, el ex líder de Jaysh al-Islam, así como personas que se convirtieron en figuras importantes de Jabhat al-Nusra, que era la filial de Al-Qaeda, y también de ISIS.

La razón por la que el régimen hizo esto fue para enviar un mensaje tanto a una audiencia externa como a una interna. Externamente, quería decir: mira, esto es parte de la guerra contra el terrorismo, estamos luchando contra extremistas islámicos, puede que yo no te guste, pero estos tipos con barba son diez veces peores. En el plano interno, se enviaba un mensaje a los grupos minoritarios, a la comunidad alauita, a los grupos cristianos: se decía de nuevo que tal vez no les gustara, pero la alternativa es peor y que si estos extremistas islámicos llegan al poder, las minorías no estarán seguras.

Así que fue una táctica que funcionó tanto en el plano interno como en el internacional. El régimen también creó conflictos sectarios enviando bandas armadas de grupos alauitas conocidos como Shabiha a las comunidades sunitas para que llevaran a cabo masacres. La idea era provocar una respuesta y conseguir que las comunidades sunitas fueran a las comunidades alauitas y chiítas y también cometieran masacres. Y en ocasiones eso funcionó, hubo represalias.

Pero exactamente como usted dice, es una política de “dividir y gobernar”. Y lamentablemente, hoy en día hay muchos grupos minoritarios que no necesariamente apoyarían al régimen, pero se sienten más seguros estando del lado del régimen que del lado de la oposición. Y con el tiempo, especialmente debido a la intervención de Irán, el conflicto se ha vuelto cada vez más sectario.

¿Cómo afectó la militarización a la revolución? ¿Había alternativas?

En primer lugar, creo que es importante reconocer que la militarización era inevitable. El régimen utilizó la violencia masiva contra quienes se oponían a él y la gente tuvo que defenderse a sí misma y a sus comunidades. Se convirtió en una lucha por la supervivencia. Los métodos pacíficos de lucha son inadecuados cuando un régimen está dispuesto a utilizar tácticas de exterminio contra una población civil.

Pero la militarización trae consigo toda una serie de problemas. Margina a los activistas civiles, a quienes trabajan en sus comunidades, que son la columna vertebral de la revolución. Da poder a los señores de la guerra y a los grupos autoritarios y permite que las potencias extranjeras (que proporcionan armas) influyan en el movimiento, siempre de una manera que sirva a sus intereses, no a los intereses de los revolucionarios.

Siempre hubo una alternativa: brindar apoyo a la oposición democrática, a quienes estaban construyendo alternativas al régimen en sus comunidades, incluso bajo bombardeos salvajes. Si estas personas hubieran recibido la solidaridad que merecían, el aspecto militar no se habría vuelto tan dominante y la resistencia civil habría tenido más fuerza.

¿Cuál es el papel de la izquierda en la revolución siria? Sé que hay muchas voces destacadas, como Yassin al-Haj Saleh, Riyad al-Turk y Omar Aziz. ¿Qué puede decirnos de la izquierda?

En Siria no había una izquierda grande, independiente y organizada por dos razones. En primer lugar, el régimen de Assad reprimía a todos los izquierdistas independientes, que acababan en prisión o huían del país. El régimen luego cooptó a un gran sector de la izquierda tradicional, el Partido Comunista Sirio, que más tarde se unió al gobierno en el Frente Progresista Nacional. Se trata de una coalición de diferentes partidos, pero en general es sólo una imagen sin participación real en ella: todo está controlado por el Partido Baaz y el presidente. En segundo lugar, la estructura de la economía siria fue un factor en la ausencia de sindicatos y la formación de una cultura y una política de clase trabajadora, ya que la mayoría de los lugares de trabajo son pequeñas empresas familiares.

Así que realmente no había una base de izquierda fuerte, independiente y organizada desde la que empezar, aparte del partido de Riad Al-Turk, que se escindió del Partido Comunista Sirio, y algunos otros partidos más pequeños y kurdos que fueron perseguidos. Cuando se produjo la revolución, muchos jóvenes izquierdistas que formaban parte del Partido Comunista Sirio abandonaron el partido y se unieron a la revolución. Fueron muy francos al afirmar que sus supuestos camaradas de izquierda (tanto en Siria como a nivel internacional) traicionaron a los sirios y la lucha del pueblo. Hay una serie de grupos independientes más pequeños y luego individuos influyentes como el escritor e intelectual Yassin Al Haj Saleh y Omar Aziz, quien fue el ideólogo detrás de la idea de los Consejos Locales que se establecieron para autogobernar el territorio controlado por la oposición. Omar Aziz terminó siendo arrestado y murió en prisión, y Yassin Al Haj Saleh huyó del país y ahora vive en el exilio.

¿Cree usted que esta situación de la izquierda desorganizada en Siria podría ser la razón de la falta de solidaridad y apoyo a la revolución siria por parte de la izquierda estadounidense y europea?

Podría ser un factor, pero la ignorancia también lo es. Por ejemplo, hace unos años, sindicalistas e “izquierdistas” de todo el mundo viajaron en misión de solidaridad a Siria en apoyo del régimen. ¡Parecen ignorar por completo que los izquierdistas independientes están reprimidos y que los sindicatos independientes no existen!

La izquierda occidental en su conjunto no ha apoyado a los sirios en su lucha por la libertad. En parte, esto se debe al problema del “campismo” que se ha vuelto dominante en el pensamiento de izquierda. Estos llamados “antiimperialistas” creen que las únicas potencias imperialistas son Estados Unidos y Occidente, no ven que existen otros imperialismos, como Rusia e Irán. Por lo tanto, han apoyado al régimen, viéndolo, incorrectamente, como un baluarte contra el imperialismo occidental. No escucharon las voces sirias sobre el terreno y difundieron todo tipo de desinformación sobre lo que estaba sucediendo, negando incluso que el régimen llevara a cabo masacres químicas y absolviéndolo de toda responsabilidad.

Suena muy familiar en el contexto ucraniano.

Los partidarios de la revolución siria también suelen expresar su solidaridad con los palestinos y usted también firmó una carta en apoyo de Gaza. ¿Cuál es la relación entre los partidarios de una Siria democrática y los palestinos, especialmente teniendo en cuenta que una parte de la izquierda palestina participa en el campismo?

Desde el 7 de octubre, hemos visto muchos intentos de los sirios de acercarse a los palestinos y mostrar solidaridad. No sólo declaraciones, sino también en las habituales manifestaciones de los viernes contra el régimen, la gente lleva banderas palestinas y ha decorado las paredes con murales en apoyo a Palestina. En la ciudad de Idlib, han rebautizado una plaza central como Plaza de Gaza y la han decorado con la bandera palestina.

Los sirios sienten mucha afinidad con la gente de Palestina. Estamos conectados, históricamente, ya que la gente de Palestina, Siria, Jordania y Líbano estaban todos unidos en Bilad al Sham, nuestra cultura es muy similar. Además, la ocupación de Palestina es un tema central para los árabes y los musulmanes, debido a la magnitud de la injusticia allí y porque nuestros regímenes han utilizado la causa palestina como una forma de reforzar su apoyo entre sus propias poblaciones.

Los palestinos también se han solidarizado con los sirios desde el estallido de la revolución; lo vi yo misma, especialmente entre la gente de Gaza cuando estuve allí. Sin embargo, también hay muchos palestinos que han caído en la política campista. Muchas voces prominentes en Palestina, especialmente entre la gente de Occidente, han calumniado y desacreditado la revolución siria, apoyando esencialmente al régimen. En las protestas por Palestina que ahora tienen lugar en los campus universitarios de Estados Unidos, vemos a gente que sostiene la bandera de la milicia libanesa Hezbolá, apoyada por Irán, y la ven como parte de la resistencia a Israel. Hezbolá ha participado activamente en el genocidio contra los sirios: implementó asedios de hambre en comunidades de la oposición similares a lo que Israel está haciendo ahora en Gaza. Estos no son aliados para la liberación. Nuestra solidaridad debe basarse en principios comunes, no en qué estados participan en un conflicto. Debe basarse en las luchas de los pueblos por la libertad y la justicia social, de lo contrario no tiene sentido. Como decía la declaración a la que se refirió antes de los sirios revolucionarios en apoyo de Palestina: «la solidaridad mutua e interseccional es esencial, nuestras luchas son una, nuestra libertad depende de la libertad de cada uno de los otros».

¿Podrías contarnos algo más sobre el bando izquierdista árabe?

Tradicionalmente, en el mundo árabe hay tres corrientes políticas principales: el islamismo, el arabismo/nacionalismo y los izquierdistas. Muchos de los que crecieron y no se sintieron representados por el islamismo o el arabismo de los regímenes nacionalistas (como los grupos minoritarios en Siria) se hicieron izquierdistas. Hay una división similar a la que se observa en la izquierda global. La izquierda árabe tradicional cayó en una política campista similar, en la que el imperialismo estadounidense e Israel son el enemigo final. Muchos de ellos apoyaron la dictadura de Assad, viéndola como parte del «eje de la resistencia». Por supuesto, siempre hubo excepciones, aquellos que eran izquierdistas antiautoritarios, como los del Partido Comunista de Riad Al-Turk que mencionamos anteriormente y que lucharon por la democracia y las libertades civiles. Sin embargo, también hay una nueva generación que surgió de las revoluciones y tiene un análisis mucho más sofisticado que se corresponde con la realidad del mundo en el que vivimos, un mundo de imperialismos en competencia, que se opone a todos los opresores y apoya todas las luchas por la dignidad. Tengo muchas esperanzas en esta nueva generación, aunque hemos vivido una contrarrevolución violenta y actualmente estamos derrotados, desorganizados y traumatizados.

¿Cómo ha afectado la guerra ruso-ucraniana a Siria?

Ha habido mucha solidaridad y apoyo de los sirios hacia los ucranianos, y viceversa, ha sido hermoso de ver. Creo que nos identificamos mucho con las luchas de cada uno por varias razones. Ambos tenemos un enemigo común en el estado ruso, ambos hemos pasado por levantamientos populares antes de entrar en una situación de conflicto y ambos hemos tenido que lidiar con algunas de las políticas campistas de las que hemos estado hablando, donde nuestras luchas han sido desacreditadas y nuestros enemigos apoyados. Esto, y nuestro trauma colectivo, nos ha unido. Muchos sirios han viajado a Ucrania en misiones de solidaridad y, al comienzo del conflicto, se acercaron para dar consejos prácticos, como por ejemplo sobre cómo protegerse de los ataques de “doble toque”, que es una táctica favorita que usa Rusia para matar a tantos civiles como sea posible (después de un bombardeo, Rusia vuelve a bombardear la zona una vez que los equipos de rescate han llegado). Y he llegado a conocer a muchos ucranianos a través de su solidaridad con Siria. Los sirios celebran cuando ven a generales rusos, que estuvieron involucrados en crímenes de guerra en Siria, siendo asesinados en Ucrania; para nosotros es una pequeña muestra de justicia. Esperamos que algún día Ucrania se libere del imperialismo ruso, como esperamos que Siria también se libere.

Pero en un nivel más amplio, la guerra ruso-ucraniana no afectó tanto a Siria. Rusia tuvo que retirar algunas tropas de Siria para trasladarlas a Ucrania, pero no hizo mucha diferencia dado el momento en que se produjo, cuando la mayoría de las grandes batallas ya habían terminado.

Intentamos demostrar en el discurso global por qué es importante derrotar a Rusia, en particular porque Ucrania no es el primer país atacado por Rusia. Antes lo fueron Siria, Georgia y Chechenia. De modo que se podría delimitar un patrón de invasión. Así podríamos construir una solidaridad en torno al argumento antiimperialista de que defender y ayudar a Ucrania implica defender y ayudar a Siria y viceversa. ¿Cree que esto sucederá?

Definitivamente, tenemos que seguir avanzando en este tema. No sólo hoy, sino también a lo largo de la historia, Rusia no es una potencia imperialista. Los occidentales desconocen por completo el papel histórico de Rusia. Basta con mirar el mapa para saber que Rusia es un Estado creado a partir de una conquista colonial. Si no desafiamos la visión del mundo de la gente –en la que Occidente está en el centro de todo– no podremos responder a algunos de los desafíos que enfrentamos actualmente a nivel global.

Desde fuera parece que la revolución siria está perdida, pero en agosto del año pasado se produjo una nueva oleada de protestas en el sur de Siria. ¿Cómo valora la situación actual y las esperanzas de que finalmente se pueda derrocar a Assad?

En las zonas del país que no están bajo el control del régimen de Assad, como la provincia de Idlib y algunas partes del norte de Siria, las protestas semanales contra el régimen han continuado desde 2011 hasta hoy. Esto demuestra que la gente todavía no ha renunciado a los valores y las demandas de la revolución.

Desde agosto, ha habido un levantamiento en la provincia meridional de Sweida. Esto es interesante porque Sweida es una población mayoritariamente drusa, y su gente adoptó una posición de neutralidad cuando comenzó la revolución. No se unieron a la revolución, pero tampoco apoyaron al régimen. Sin embargo, las condiciones de vida se deterioraron mucho en los últimos años a medida que la economía se derrumbaba y esto hizo que la gente saliera a las calles a protestar. Y ahora están pidiendo claramente la caída del régimen y se identifican con otras áreas de Siria que luchan por la libertad -oímos cánticos en solidaridad con Idlib y viceversa- y ha habido muchos asaltos a las oficinas del gobernante Partido Baath y a puestos del régimen. Como son un grupo minoritario, el régimen no respondió con la violencia masiva y las detenciones que vimos en otras zonas de mayoría sunita –por las razones que mencionamos antes–, que el régimen quiere presentarse como un “defensor de las minorías”, por lo que las protestas han continuado hasta hoy.

También en el norte de Siria en los últimos meses ha habido un levantamiento contra Hayat Tahrir Al Sham, que formalmente era Jabhat Al Nusra. Se trata de una milicia islamista autoritaria que tiene mucho poder y gobierna partes del noroeste del país. Está muy claro que los sirios rechazan todas las formas de autoritarismo, ya sea del régimen o de cualquier otro grupo. La lucha sigue siendo por la libertad y la democracia.

Durante muchos años ha escrito sobre la revolución siria, que cada vez parecía más desesperanzada.

Me sentí descorazonada cuando leí su libro porque parece que no se puede hacer nada y, además, los sirios no tienen tanto apoyo en la arena internacional como, por ejemplo, Palestina o Ucrania. ¿Cómo ha logrado sobrevivir todos estos años sin desesperarse? Creo que los ucranianos necesitamos este tipo de ideas.

Los últimos años han sido muy traumáticos para los sirios. Nuestro país ha sido destruido y nuestros seres queridos han sido detenidos, asesinados o desplazados. Los que están en el exilio se enfrentan a la hostilidad, la violencia e incluso a la amenaza de ser devueltos a la fuerza a Siria. Y ahora el mundo se está normalizando con el tirano que creó nuestra miseria. A veces es difícil tener la fuerza para seguir luchando, pero ¿qué podemos hacer? La situación continúa y nosotros también debemos hacerlo.

Los sirios en el terreno no han abandonado su lucha. Por eso, los que estamos fuera debemos seguir apoyándolos, para generar conciencia sobre lo que está sucediendo en Siria. Tenemos el lujo de la distancia y el espacio para respirar. Y lo más importante, podemos organizarnos, para construir conexiones con personas que luchan en otros lugares, como estamos tratando de hacer con esta conversación.

Durante la última década y media, he establecido conexiones con personas de todo el mundo. Muchas de las cuales se sienten excluidas del discurso dominante de la izquierda por muchas de las razones de las que hemos hablado. Esto me da mucha energía para conectarme con otros, para trabajar en comunidad con personas que piensan como yo, para intentar construir una nueva visión del internacionalismo, entre los que están en las periferias, una visión que se centre en las personas, no en los Estados, y que esté en contra de todos los autoritarismos y todos los imperialismos. Ojalá que en el futuro podamos construir juntos un nuevo movimiento.

Traducido del ingles por Santiago Arcos-Halyburton

Publicado en commons.com.ua.

Leila Al-Shami es una autora y activista sirio-británica. Trabajó en el campo de la protección de los derechos humanos en Siria, participa en movimientos de solidaridad internacional y es coautora del libro «Burning Country: Syrians in Revolution and War» junto con Robin Yassin-Kassab. También se hizo conocida por sus críticas al «antiimperialismo idiota» de la izquierda occidental.

Maria Shinkarenko: politóloga, investigadora asociada en el Instituto de Ciencias Humanas de Viena.

Infinito de la comunicación / finitud del deseo

Por Toni Negri

Nunca como hoy la relación media-espectador ha estado tan demonizada, y no hace más que empeorar. Es más, se ha querido dar del mensaje mediático la imagen de una ráfaga de metralleta incrustrándose en el espectador– blanco miserable de un poder omnipresente– y aniquilándole. Este moralismo obtuso y deprimente ha cobrado el porte de un ritual, más en particular para una izquierda incapaz ya de análisis y propuestas positivas y que continúa acantonada en inútiles lamentaciones. Se nos representa una vida cotidiana dominada por el monstruo mediático como una escena poblada de fantasmas, de zombis prisioneros de un destino de pasividad, de frustraciones e impotencias. Esta demonización no es la única componente de la relación media-público-vida cotidiana. La “ciencia de la comunicación” le es un buen soporte. Porque, en efecto, la comunicación es abatida permanentemente sobre la información, y los media se conciben como funciones lineales que prolongan en la sociedad mensajes de una eficacia completamente pavloviana. Como ocurre ya en la lingüística, en las ciencias de la comunicación (o más bien en las “sedicentes” ciencias de la comunicación), hoy el lenguaje es disecado y su subjetividad evacuada. Todo lo que es ético, político, poético, interactivo, no inmediatamente discursivo, en la relación media/público (tal y como lo es ya en la relación sujeto/lenguaje), es eliminado. En esta reducción científica (¡si se la puede llamar así!) se apoyan las concepciones terroristas de los media, las lamentaciones de los moralistas y sobre todo una visión reificada e intransitiva de la vida política que se traduce en: ¡no hay nada que hacer! ¡Imposible escapar a esta esclavitud!” Aquí se confirma la sacralidad del poder, en toda esta nueva modernidad. La izquierda no propone más que la teoría de la manipulación y siente lástima por los desgraciados espectadores a los que se reduce a receptores pasivos. Desde luego, no es nuestra intención negar los efectos regresivos que provoca en sus usuarios el mundo actual de los media. No somos insensibles a la degradación del gusto y del saber colectivo, tampoco a la colonización de los universos de lo vivido. Además, nos parece absolutamente evidente que la máquina mediática actual en absoluto produce esos efectos inocentemente. En el sistema de poder actual produce conscientemente códigos infectados y epidémicos, destinados a impedir y cortocircuitar los mecanismos de producción simbólica. Selección estratégica e instrumental de los contenidos informáticos, inversión sistemática de los sentidos y los valores, reducción extrema de la información a mercancía, y de la comunicación a la enalidad y la futilidad: ¡adelante, con alegría! Pero, una vez reconocido todo esto, ¿es verdad entonces la teoría de la manipulación, podemos seguir sosteniéndola? ¿Siguen de actualidad el catastrofismo y las invocaciones líricas a liberarse de la dominación de los media productores de mercancías de las últimas críticas de la Escuela de Frankfurt? No, el ser humano no es unidimensional, y es preciso rechazar resueltamente las concepciones de las que hemos hablado hasta ahora, y que la izquierda moralizante y pesimista ha hecho suyas. En primer lugar, porque son falsas, y a continuación porque producen como resultado impotencia ética y derrotismo político. Son falsas, pues. No es este el lugar para retomar las largas discusiones, siempre interesantes por otra parte, que han acompañado al desarrollo de las ciencias lingüísticas y la superación de un estructuralismo mecánico y mezquino que han operado. Basta traer a la memoria cómo de Bajtín a Hjelmslev, de Benjamin a Deleuze, por no citar más que a algunos autores esenciales, fue reparada la grave distorsión objetivista y funcional que había sufrido la lingüística, al menos en parte. Por tanto, si hoy es posible empezar a hablar de nuevo de las ciencias de la comunicación, lo es sobre la base de un teoría que reintroduce dimensiones ontológicas y subjetivistas, elementos autopoiéticos y creativos en la descripción de los agenciamientos colectivos que se constituyen en el tejido mediático y comunicativo. La operatividad colectiva, ético-política, emotiva y creativa que actúa en el mundo de la comunicación es un elemento irreductible, una resistencia que se abre a otros caminos: está esencialmente en la base de nuevas constituciones de los sujetos y nuevas interrelaciones que no dejan de producirse. El conjunto “maquínico” de la comunicación mediática es un mundo de transformación y constitución, como el resto de los mundos “maquínicos” en los que se ve inserta la vida del ser humano. Marx había mostrado cómo la acumulación capitalista, al transformar progresivamente al ser humano, es decir, al trabajador, desarrolla al máximo su productividad, haciendo de esta una fuerza productiva capaz de autovalorizarse y por tanto de ser una fuerza revolucionaria.Mediante la acumulación de la comunicación, la consciencia del ser humano se transforma y se vuelve apta para un reconocimiento colectivo de esa ampliación de las posibilidades de saber y de las capacidades de transformación que, sólo ellas, pueden asegurarle más libertad. Entonces, aquí estamos en el corazón del problema, es decir, que hay que considerar el mundo de la comunicación como el lugar en el que las grandes fuerzas sociales del saber y la comunicación se colocan como las únicas fuerzas productivas. El trabajo colectivo de la humanidad toma consistencia en la comunicación y el paradigma comunicativo se identifica poco a poco, pero con una evidencia cada vez mayor, con el del trabajo social, con el de la productividad social. La comunicación se vuelve la forma en la que se organiza el mundo de la vida con toda su riqueza. La nueva subjetividad se constituye en el interior de este contexto de máquinas y trabajo, de instrumentos cognitivos y autoconsciencia poiética, de nuevo medio ambiente y nueva cooperación. El trabajo humano de producción de una nueva subjetividad cobra toda su consistencia en el horizonte virtual que abren cada vez más las tecnologías de la comunicación. Nos es preciso volver una vez más al análisis y la crítica marxianas del trabajo para encontrar en este proceso el mecanismo de la explotación y las razones de la revolución. Volvemos en el caso presente: es decir, en el estadio en el que, de ahora en adelante, la comunicación nos aparece como la máquina que domina a toda la sociedad, pero en cuyo interior la cooperación de las consciencias y las prácticas individuales alcanza su nivel de productividad más elevado– productividad del sujeto, cooperación de los sujetos, producción de un nuevo horizonte de riquezas y al mismo tiempo de liberación. En el seno mismo de este trabajo comunicativo, las resistencias últimas de un mundo capitalista reificado, apresado en las determinaciones fetichistas del horizonte de la mercancía, se debilitan: la realidad, la naturaleza, la sociedad se ven apresadas en la consistencia del flujo de los acontecimientos; entonces la actividad comunicativa de la fuerza de trabajo, de las consciencias comunicantes, de los sujetos cooperantes se vuelve capaz de poner en acción, radicalmente, la transformación social, sin otro límite que la finitud de nuestro deseo. Una finitud que tiene como único obstáculo lo infinito de la tarea. Entramos en una era posmediática. La segunda crítica que podemos hacer a las teorías de la comunicación que hoy nos ofrece el poder se apoya en esta constatación.

A partir de ahí podemos desmistificar la perspectiva de una esclavitud política ineluctable (y de la prosecución de la explotación del trabajo). Es decir, conscientemente, que el triunfo del paradigma comunicativo y la consolidación del horizonte mediático, por su virtualidad, su productividad, la extensión de sus efectos, lejos de determinar un mundo apresado en la necesidad y la reificación, abren espacios de lucha por la transformación social y la democracia radical. Es preciso llevar el combate al interior de este nuevo campo. Combate para reducir a todos los elementos y los agentes que repiten, en el nuevo modo de producción de la subjetividad, las viejas normas, los códigos y los paradigmas miserables del antiguo arte de reinar: lucha de reapropiación de los media y de todas las articulaciones de la comunicación. Las destrucciones que hay que operar en este campo son innumerables: ¿cómo destruir el sistema privado y/o estatal, el monopolio capitalista de la comunicación? ¿Cómo anular la intervención de los profesionales de la comunicación y de todo el sistema de códigos de poder que vehiculan? ¿Cómo minar el terreno en el que descansa ese centro de producción de los aparatos ideológicos? Pero si las destrucciones que hay que operar son amplias y arduas, mucho más importantes aún y más acaparantes son las operaciones positivas que hay que pensar. Se trata de imaginar y construir un sistema colectivo de comunicación en el que estarían excluidos lo privado y lo estatal. Se trata de construir un sistema de comunicación público basado en la interrelación activa y cooperante de los sujetos. Se trata de unir comunicación / producción / vida social en formas de proximidad y cooperación cada vez más intensas. En fin, se trata de contemplar una democracia radical tanto en la sociedad como en la producción, que ha de cobrar forma en las condiciones del horizonte posmediático. 

Publicado en francés en Futur Antérieur, nº 11, 1992/3.

Teorías de las crisis y los ciclos Kondratiev, ¿qué balance 1974-2024?

Por Rolando Astarita

En notas anteriores hemos criticado la idea de que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (LTDTG) explica las crisis cíclicas (o sea, propias del ciclo de negocios). Entre otros argumentos, dijimos que la LTDTG, en caso de verificarse, solo explicaría movimientos de largo plazo de la tasa de ganancia y de la acumulación. Lo cual es difícil de encajar en crisis y recesiones que ocurren cada, aproximadamente, 10, 12 o 15 años a lo sumo. Por esta razón, sostuvimos, Marx y Engels no recurrieron a la LTDTG cuando se refirieron a las crisis de 1836, 1847, 1857, 1866, 1873, 1882-1884, 1890. De hecho, las explicaron por la tendencia del capital a la sobreproducción (lo que supone la libre competencia).

Hemos presentado evidencia acerca de estas cuestiones. Entre otros elementos, la correspondencia de Marx y Engels referida a las crisis; lo planteado por Marx en Teorías de la plusvalía, en crítica a quienes negaban la posibilidad misma de la sobreproducción; o lo que escribió Engels sobre las crisis en el Anti-Dühring (texto que indudablemente Marx conoció). En ninguno de estos escritos la ley tendencial de la tasa de ganancia juega un rol que pueda considerarse más o menos significativo para la comprensión de las crisis. Lo cual no impide que muchos marxistas sigan sosteniendo que Marx y Engels explicaron las crisis por la LTDTG. Llegado este punto, nuestros argumentos se agotan.

Sin embargo, un segundo argumento posible sería reconocer que Marx y Engels explicaron las crisis por el impulso a la sobreproducción, y que al hacerlo cometieron un error. En ese caso habría que demostrar que las crisis del siglo XIX no ocurrieron de la manera y por las causas que barajaron.

Una variante de esta postura sería sostener que las explicaciones de las crisis por sobreproducción eran correctas para el siglo XIX, pero no lo son para las crisis de los siglos XX o XXI. Por caso, en comunicación personal un compañero me ha objetado que la teoría de las crisis por sobreproducción es “anticuada”. O sea, explicaciones como la de Engels en el Anti-Dühring, o Marx en Teorías…, estarían desactualizadas, ya que a partir de determinado momento (¿la crisis de 1900? ¿la de 1907? ¿1920-21? ¿1929-33?), la crisis habría dejado de explicarse por la tendencia a la sobreproducción, y habría pasado explicarse por la acción de la LTDTG. Un análisis que debería combinarse con los cambios ocurridos en el capitalismo. El más nombrado, la eventual supresión de la libre competencia por el monopolio. A pesar del argumento, no vemos sin embargo que los que sostienen que la explicación de Marx y Engels quedó “anticuada” hayan encarado esa eventual revisión teórico-empírica.

LTDTG y ciclos Kondratiev

A lo planteado en el apartado anterior podemos sumar un tercer argumento. Se trataría de conectar la LTDTG con los llamados ciclos largos, o Kondratiev.

Como es conocido, Ernest Mandel es el marxista de referencia de esta tesis (véase El capitalismo tardío, México, Era, 1979; Las ondas largas del desarrollo capitalista, Madrid, Siglo XXI, 1986). En su visión, las fases A, de auge y prosperidad están caracterizadas por un ascenso de las expectativas de las ganancias y de la realización de las ganancias, acompañadas del ascenso de la tasa de acumulación del capital productivo. Las fases B, de crisis y depresión, están determinadas por el descenso de la tasa de ganancia realizada y de la expectativa de ganancia, acompañada de una caída de la tasa de acumulación de capital productivo.

Siempre según Mandel, el análisis marxista había situado los movimientos de la tasa de ganancia en dos marcos temporales diferentes: a) el ciclo industrial; b) la perspectiva de largo plazo, relacionada con la vida del capitalismo (la discusión sobre el derrumbe). Mandel propuso incorporar al análisis un tercer marco temporal, el de las ondas largas de 20 a 25 años de duración. Sostuvo que después de 1848, después de 1893 y después de 1940 en EEUU y 1948 en Europa Occidental y Japón se produjeron cambios a largo plazo de ascensos de la tasa media de crecimiento económico. Ese ascenso estuvo determinado por un ascenso de la tasa de ganancia,  a pesar del descenso cíclico de la tasa media de ganancia al final de cada ciclo industrial y a pesar del declive secular que señalaría el límite histórico del capitalismo. O sea, ubicada entre las dos presiones bajistas de la tasa de ganancia (la que ocurre al final del ciclo y la secular) había lugar para un ascenso de la tasa de ganancia que determinaría una fase ascendente, de unos 25 años de duración, de la economía capitalista. Seguida por una caída de la tasa de ganancia, que estaría en la base de la fase descendente, de unos 25 años. Así, en total, tendríamos las ondas de 50 años, aproximadamente.

De manera que los “marcados ascensos” de la tasa media de ganancia explicarían los ascensos de la tasa media de producción industrial y del comercio mundial después de 1848, 1893 y 1940-1948. A la inversa, la caída de la tasa media de ganancia explicaría la baja del crecimiento económico que hubo hacia 1823, 1873, en el período de entreguerras, y hacia finales de la década de 1960. Como puede verse, la LTDTG tendría importancia para, por un lado, explicar las ondas largas; y por el otro, porque determinaría la tendencia de largo plazo al estancamiento de las fuerzas productivas capitalistas.

Más específicamente, los ascensos de la tasa de ganancia se explicarían por aumentos bruscos de la tasa de plusvalía; por la disminución de la tasa a la que crece la composición orgánica del capital; por la aceleración de la circulación del capital; o una combinación de algunos, o todos, estos factores, que contrarrestan la tendencia de largo plazo a la caída de la tasa de ganancia. Si, por el contrario, estas fuerzas contra-restantes son débiles, o solo opera alguna de ellas, se manifiesta plenamente y caracteriza un largo período depresivo, con una baja tasa media de crecimiento e incluso una tendencia al estancamiento. Esto no excluye ascensos cíclicos de la tasa de ganancia y de la acumulación del capital – o sea, un ciclo comercial “normal”- pero los períodos de recuperación son efímeros y débiles.

Mandel enfatizó que los puntos de inflexión ascendente de la tasa media de ganancia no podían explicarse sobre todo por causas económicas endógenas, sino por causas exógenas, políticas y sociales. Por ejemplo, nuevas conquistas geográficas del capitalismo; guerras; revoluciones y contrarrevoluciones, podían ser factores determinantes. Aunque, una vez iniciada la onda larga expansiva, la lógica interna del capitalismo tendía a regir el curso subsiguiente. Específicamente, la tendencia al aumento de la composición orgánica del capital, y la consecuente presión bajista sobre la tasa de ganancia. En este marco, introducía los cambios tecnológicos y las grandes innovaciones tecnológicas con repercusiones sobre todas las ramas (cuando la innovación cambia toda la tecnología básica de la producción).

Mandel consideraba, como la mayoría de los marxistas, que a partir del estallido de la Primera Guerra y el triunfo de la Revolución de Octubre, había llegado a su fin el período histórico de auge y expansión del modo de producción capitalista. Entonces el capitalismo había entrado en un período de crisis estructural. “… hemos entrado en un nuevo período histórico que implica tanto el declive como la contracción geográfica de ese modo de producción”. La prueba era la extensión a la tercera parte de la humanidad de los “Estados obreros” (URSS; Europa del Este; Yugoslavia; China, Vietnam, Corea). Las ondas largas se ubicarían por lo tanto en una tendencia de muy largo plazo al estancamiento.

Las condiciones para la recuperación de la fase larga recesiva del cuarto Kondratiev

De acuerdo a Mandel, en los 1970 se estaba entonces en la transición desde una onda larga expansiva a una onda larga depresiva. ¿Podía recuperarse el capitalismo? Mandel (1986) pensaba que la primera condición para esa recuperación era que el capital lograra “quebrantar decisivamente la fuerza organizativa y la combatividad de la clase obrera en los países industrializados más importantes” (p. 99). Debería atacar las libertades democráticas; integrar plenamente a la URSS y China en el mercado mundial: y cambiar la estructura de los países atrasados derrotando a los movimientos nacionales. Pero había pocos indicios de que cambios “tan trascendentales” estuvieran a punto de producirse (p. 101). La clase obrera y los pueblos oprimidos del mundo entraban en este período en condiciones mucho más favorables que a fines de la década de 1920 y durante la década de 1930, aunque no lo hicieran “en condiciones ideales” (p. 104). La conclusión era que la “posibilidad técnica” de un nuevo y fuerte ascenso a largo plazo de la tasa de crecimiento del capitalismo dependería de los resultados de batallas cruciales entre el capital y el trabajo en Occidente y en algunos países semi-industrializados del Tercer Mundo; entre los movimientos de liberación nacional y el imperialismo; y entre los países no capitalistas y el imperialismo (pp. 103-104).

Los ciclos Kondratiev no se verifican

La realidad es que el capitalismo se recuperó de la crisis de los años 1970, y la tesis de las ondas largas no se verificó. La discusión sobre la incidencia de la tasa de ganancia en los ciclos Kondratiev se ha convertido en abstracta por la sencilla razón que tales ciclos no existen. La mejor forma de verlo es con lo que ocurrió en los últimos 50 años. Si los ciclos largos fueran propios del capitalismo, su existencia debería haber sido más acusada a medida que el modo de producción capitalista se hizo más universal. Pero eso no es lo que ocurrió.

Según la tesis de las ondas largas entre aproximadamente 1975 y 2000 debería haber ocurrido una fase B, depresiva; seguida de una onda ascendente (fase A de un nuevo Kondratiev) hasta, aproximadamente, 2025. Sin embargo, entre 1974 y 1999 el crecimiento fue del 3,03% anual (datos Banco Mundial, precios constantes en dólares 2015). Prácticamente el mismo que en los 20 años que van de 2000 a 2020. En los 50 años comprendidos entre 1974 y 2024 el producto global creció a una tasa del 3% anual promedio. ¿Dónde están pues las ondas ascendentes y descendentes? Además, ¿cómo se puede sostener que un crecimiento promedio del 3% anual durante 25 años (1974-1999) sea “de tonalidad depresiva”? ¿Qué sentido tiene esto?

En cuento al producto per cápita, entre 1974 y 1999 aumentó a un promedio de 1,32% anual. Y entre 2000 y 2023 creció al 1,68% anual. De conjunto, entre 1974-2023 aumentó a una tasa promedio anual de 1,49%. De nuevo, ¿cómo se puede sostener que un crecimiento del producto por habitante del 1,3% anual, durante 25 años sea propio de una fase recesiva?

Por otra parte, según Mandel la fase B del Kondratiev se caracterizaría por la contracción del mercado mundial. Pero la realidad fue que entre 1974 y 1999 las exportaciones de bienes y servicios crecieron a una tasa promedio anual del 5,2%. El capitalismo penetró en China, los países de la ex URSS, de los regímenes del “socialismo real” del Este de Europa, en Vietnam, en las regiones de la ex Yugoslavia, en Albania. ¿Cómo se podían entender estos fenómenos con la tesis “el mercado mundial se contrae en concordancia con la fase depresiva larga del Kondratiev? Más en general, entre 1974 y 2023 las exportaciones mundiales de bienes y servicios crecieron al 3,8% anual promedio. ¿Contracción del mercado mundial?

Distinguir grises y matices

El hecho de que las ondas largas Kondratiev no tengan verificación empírica no niega que existen períodos –de duración variable- de elevado crecimiento (como fueron los años del boom de la segunda posguerra); períodos de crecimiento débil o tendencia al estancamiento (ejemplo Japón post 1992; zona del euro en los últimos 25 años); y períodos de crecimiento más bien débil, sin llegar a conformar por ello estancamiento. Situaciones como las que observó Engels en la década de 1890 – sobreproducción crónica- podrían ser la causa de estos períodos más bien intermedios, esto es, no de boom y no de depresión. En este respecto, en Valor, mercado mundial y globalización escribimos: “… nos parece necesario superar la visión dicotómica de, o bien crecimiento a tasas doradas del 5 o 6%, o bien depresión. Una visión rígida que se advierte en muchos análisis de heterodoxos y críticos que toman como punto de referencia las tasas excepcionalmente altas de crecimiento económico de las décadas de 1950 y 1960 para “demostrar” que desde hace 25 años (estábamos a principios de los 2000) el capitalismo está en crisis o, por lo menos, en una fase larga depresiva”.

A modo de conclusión

Hacemos un punteo de temas que deberían tratarse, en la medida que están en el meollo de mucho de lo que se discute.

*Sostener que la LTDTG no explica las crisis cíclicas no implica negar que la tasa de ganancia, y la ganancia, no sean las claves de la acumulación capitalista. El impulso del capital a aumentar al máximo la producción de plusvalía tiene su origen en el objetivo de la producción capitalista, la valorización del valor adelantado.

*Es necesario distinguir las teorías de las crisis por subconsumo de las crisis por sobreproducción. La crisis de sobreproducción ocurre porque la oferta supera la demanda, aunque aumente la demanda. Las teorías subconsumistas –en sus versiones más populares- explican las crisis por la debilidad de los salarios, o la pobreza de las masas.

*La sobreproducción precede a la caída de los precios, y por lo tanto también a la caída de las ganancias (o de la tasa de ganancia).

*Marx y Engels explicaron las crisis del siglo XIX por la sobreproducción.

*Los pronósticos sobre el ciclo Kondratiev no se verificaron en el último medio siglo. En los últimos 50 años el producto mundial creció a una tasa anual promedio del 3%; y el mercado mundial a una tasa aproximada del 4% anual. Es necesario preguntarse cuál de las explicaciones de las crisis que están en disputa se ajusta a esta realidad.

 

Profesor de economía de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad de Buenos Aires.

La desintegración del mundo occidental

Sólo calibrando el abismo del inconsciente estadounidense podremos descifrar las raíces de la ferocidad social que ahora está en plena manifestación

Por Franco ‘Bifo’ Berardi

La revolución Trump en dos movimientos

¿Recuerdas lo que dijo Joe Biden hace unos meses sobre la posibilidad de una victoria de Trump en las elecciones?

Más o menos dijo que la victoria de Trump destruiría la democracia estadounidense. Creo que no se equivocó: suponiendo que alguna vez existió la democracia estadounidense (cosa que no creo), la llegada de la pandilla Trump-Bannon-Musk representa su liquidación total.

Técnicamente hablando, la llegada de Trump pretende ser una revolución, aunque sea reaccionaria. La revolución trumpista se producirá en dos movimientos: el primero lo anuncia Steve Bannon, el estratega diabólico, el más lúcido de ese gracioso grupo.

En una charla en la Universidad de Nueva York, durante el primer triunfo de Donald, declaró: “Soy leninista”.

A un asombrado académico que pidió explicaciones, Bannon respondió: “Lenin quería destruir el Estado y ese es también mi objetivo”.

De hecho, la designación de locos incompetentes y conocidos violadores para los puestos más altos de la Administración tiende a convertir las instituciones estatales en una broma de carnaval para destruir la esfera pública.

Sin embargo, si para Lenin destruir el Estado era la premisa para construir la dictadura proletaria en nombre de una justicia futura que nunca llegó, para Bannon destruir el Estado significa permitir que se desate la dinámica profunda de la sociedad estadounidense.

Aquí viene el segundo movimiento, cuyo proponente sería Elon Musk: desatar los espíritus animales de la sociedad estadounidense, a partir de una reactivación de las dinámicas salvajes de esta sociedad, nacida de un genocidio y enriquecida por las deportaciones y la esclavitud.

El proyecto de Musk es la creación de un sistema esclavista de alta tecnología, la abolición de las protecciones sociales residuales y el uso sistemático del terror contra las minorías y los inmigrantes. La implementación de este marco programático se vislumbra en declaraciones y en los primeros pasos del proyecto DOGE [Departamento de eficiencia gubernamental y clara referencia con Dogecoin, una criptomoneda apadrinada por Musk].

Pretender que Estados Unidos es una democracia (si la palabra significa algo) implica un estado de negación sistemática, una eliminación obstinada (en el sentido freudiano de Verdrangung) de la psicogénesis del inconsciente estadounidense.

Antes de morir, hace apenas unos meses, Paul Auster escribió un libro (Bloodbath Nation) que intenta comprender la realidad (y el Inconsciente) de la entidad americana.

Auster remarca que en Berlín hay un monumento dedicado a la memoria del Holocausto. En Washington no hay nada dedicado a siglos de esclavitud.

El racismo es el núcleo del inconsciente estadounidense. Por eso Trump es el alma de Estados Unidos.

Mejor dicho: Trump es la erupción psicótica del Inconsciente blanco senescente, incapaz de conciliarse con la cantidad de violencia que acecha a la autopercepción colectiva, y con el declive (declive demográfico, declive mental, declive político).  Trump es la extroversión agresiva del autodesprecio de la cultura blanca.

El Imperio de Augusto a Calígula 

Hace veinticinco años dos eminentes filósofos escribieron, en un libro que recibió amplia atención:

“El Imperio es el poder soberano que gobierna el mundo… El Imperio está emergiendo hoy como el centro que apoya la globalización de las redes productivas y lanza su red ampliamente inclusiva para tratar de envolver todas las relaciones de poder dentro de su orden mundial… Debemos entender la sociedad de control como sociedad en la que los mecanismos de mando se vuelven cada vez más “democráticos”, cada vez más inmanentes al campo social, distribuidos en los cerebros y cuerpos de los ciudadanos…”, (Hardt, Negri: Empire, Harvard, 2000, págs. 20-23).

Deslumbrados por la luz de la era Clinton, Hardt y Negri extrañaban la sustancia nihilista del poder global de Estados Unidos y la naturaleza destructiva de las nuevas tecnologías, dependientes del modelo neoliberal. Ese libro proponía ver el Imperio posmoderno como el equivalente de la tendencia progresista implícita en la utopía de la revolución en red.

“El proyecto imperial, un proyecto global de poder en red, define la cuarta fase o régimen de la historia constitucional de Estados Unidos”. (179).

Hardt y Negri esperaban paz y prosperidad basadas en el principio peer to peer porque no vieron la duplicidad de ese principio y también porque no captaron el abismo irremediable del inconsciente estadounidense.

En el mismo año 2000, Salman Rushdie publicó un libro muy profético, titulado Fury. Leamos algunas líneas:

“…esta Metrópolis construida en Kryptonita en la que ningún Superman se atrevió a poner un pie, donde la riqueza se confundía con riquezas y el gozo de la posesión con felicidad, donde la gente vivía vidas tan pulidas que la gran y dura verdad de la existencia cruda había sido borrada y pulida, y en el que las almas humanas habían vagado tan separadas durante tanto tiempo que apenas recordaban cómo tocarse. […] Esta ciudad cuya legendaria electricidad alimentaba las vallas eléctricas que se estaban erigiendo entre hombres y hombres, y entre hombres y mujeres también”. (Salman Rushdie: Fury, Jonathan Cape, 2001, pág. 86)

La tensión que corría bajo la superficie del globalismo a principios de siglo no es percibida por los autores de Empire, quienes en cambio escribieron:

“El Imperio sólo puede concebirse como una república universal, una red de poderes y contrapoderes estructurados en una arquitectura ilimitada e inclusiva. La expansión imperial no tiene nada que ver con el imperialismo ni con aquellos organismos estatales diseñados para la conquista, el saqueo, el genocidio, la colonización y la esclavitud. Contra tales imperialismos, el Imperio extiende y consolida el modelo de poder en red”. (166-7)

En la misma página del libro, Hardt y Negri citan a Virgilio:

“Ha llegado la edad final que predijo el oráculo,

El gran orden de los siglos renace”. (167)

Poco después de la publicación de este libro, la historia del mundo tomó una dirección totalmente diferente. El golpe de escena del 11 de septiembre provocó una inversión del sentimiento predominante de invencibilidad de la hegemonía occidental.

La interminable expansión pacífica de la democracia dio paso al colapso de la hegemonía global de Estados Unidos.

Después de una década de guerras inconclusas, de decadencia social y de resentimiento creciente, la aparición de Donald Trump marcó el comienzo de una especie de guerra civil caótica en el mismo centro del Imperio.

Ahora, veinticinco años después, la guerra civil en Estados Unidos ha terminado provisionalmente y es fácil entender quién es el ganador (provisional). El ganador no es Augusto, el glorioso y pacífico Emperador glorificado por Virgilio, sino una interesante mezcla de Calígula y Nerón.

El problema de Hard y Negri, la razón por la cual su libro no logró captar el proceso inminente, radica en su indiferencia hacia la dimensión antropológica en la que se despliega la política estadounidense.

Sólo calibrando el abismo del inconsciente estadounidense podremos descifrar las raíces de la ferocidad social que ahora está en plena manifestación.

Inconcebible

Mucho más interesante que el libro de Hardt y Negri es Unthinkable: Trauma, Truth, and the Trials of American Democracy, de Jamie Raskin.

Publicado en 2022, en el primer aniversario de la ridícula insurrección que llevó a miles de seguidores de Trump al corazón político de Estados Unidos, el libro adquiere hoy un nuevo significado, tras el regreso del líder de esa manifestación subversiva.

El autor es miembro del Congreso estadounidense, elegido por el distrito electoral de Maryland, en las filas del Partido Demócrata. Jamie Raskin también es profesor de Derecho Constitucional, autoproclamado liberal y padre de tres hijos. Uno de sus hijos, Tommy, de 25 años, activista político, partidario de causas progresistas, un joven compasivo y empático, falleció el último día del año 2020.

Para ser más precisos, Tommy se suicidó debido a una depresión duradera y también –no hace falta decirlo– a la larga humillación moral de sus valores humanitarios durante los años del primer mandato de Trump.

Este libro ha sido importante para mí porque contiene una reflexión radical sobre el racismo arraigado en la democracia estadounidense (un detalle que se les escapó por completo a los autores del libro de los autoproclamados marxistas que escribieron Empire).

Para Jamie Raskin la decisión final de Tommy no es sólo una catástrofe afectiva, sino el detonante de una reflexión radical sobre la profundidad de la crisis que está desgarrando la democracia liberal.

Leí el libro justo después de su publicación y lo estoy leyendo de nuevo ahora que la vuelta de Trump a la Casa Blanca entierra para siempre la credibilidad de la democracia de ese país y cuestiona la credibilidad misma del concepto de democracia en sí.

Raskin escribe que siempre se ha considerado “radicalmente optimista acerca de cómo la Constitución de la nación misma puede mejorar nuestra condición social, política e intelectual”.

Sin embargo, tras la muerte de su hijo, su percepción de sí mismo cambió. Escribe que su optimismo constitucional se hace añicos por el predominio de la fuerza brutal sobre la fuerza de la Razón y por la propagación de la depresión.

“De repente, este optimismo constitucional me avergüenza y me avergüenza. Temo que mi alegre optimismo político, lo que muchos de mis amigos han atesorado más en mí, se haya convertido en una trampa para el autoengaño masivo, una debilidad que nuestros enemigos pueden explotar. Sin embargo, también me aterroriza pensar en lo que significaría vivir sin este optimismo y también sin mi amado e irremplazable hijo. Los dos siempre fueron de la mano y ahora puedo estar vivo en la tierra sin ninguno de ellos”.

El optimismo político de este generoso profesor de Derecho se ve sacudido por la repentina comprensión de que la democracia liberal se asienta en una base frágil. De hecho, escribe:

“Siete de nuestros primeros diez presidentes eran dueños de esclavos. Estos hechos no son accidentales sino que surgen de la arquitectura misma de nuestras instituciones políticas”.

La esclavitud forma parte del patrimonio cultural de la nación americana, al igual que el genocidio de los primeros habitantes del territorio.

¿Cómo puede esta nación pretender ser vista como un ejemplo para otra persona?

¿Cómo podemos evitar pensar que esta nación es un peligro para la supervivencia de la humanidad?

Se vuelve imposible persistir en el estado de negación: la memoria estadounidense está tan cargada de horror que ninguna evolución política puede borrar esta verdad elemental del inconsciente colectivo de un país cuyo destino manifiesto es la destrucción de toda la humanidad.

En el discurso que Biden pronunció el 6 de enero de 2022, un año después de la funky insurrección, hablando de la necesidad de rechazar la violencia, dijo: “Debemos decidir qué tipo de nación queremos ser”.

¿Decidir qué?

¿Puede Estados Unidos decidir descartar la violencia, si la historia estadounidense se basa en la violencia, la esclavitud y el genocidio?

La irredimibilidad de ese pasado es una fuente de depresión sistémica para Occidente y, por tanto, una fuente sistémica de violencia. Pero ahora, si miramos el panorama geopolítico, si miramos el panorama interno de la cultura occidental, la desintegración parece irreversible.

¿La decadencia y la desintegración del mundo occidental desencadenarán la destrucción final de lo que solíamos llamar civilización?

Desintegración

La desintegración es la tendencia que está surgiendo en todo el mundo occidental.

En los países europeos, como en Estados Unidos, por no hablar de Israel, la población está irreconciliablemente dividida por la alternativa entre democracia liberal y tiranía autoritaria. Así como la democracia liberal siempre ha sido falsa, la alternativa también lo es, pero la desintegración es real.

En mi humilde opinión, la elección de Trump acelerará la desintegración occidental. No creo que habrá una guerra civil como ocurrió durante la guerra española, con multitudes armadas enfrentándose en un frente más o menos definido. No es así como se desarrolla la guerra civil de una población demente. Tendremos una multiplicación de tiroteos racistas, de masacres, simplemente tendremos lo que ya existe, pero cada vez más generalizado, duro y violento.

La deportación masiva prometida por los vencedores resultará más bien en una reaparición del Ku Klux Klan en muchas zonas del país que en una operación real de repatriación imposible de inmigrantes indocumentados. La violencia, el miedo y la agresividad acabarán persuadiendo a muchos inmigrantes a marcharse, pero el proceso difícilmente será pacífico.

La desesperación será la fuerza impulsora de la desintegración estadounidense.

En el libro de investigación de 2020 Muertes por desesperación y el futuro del capitalismo, Anne Case y Angus Deaton describen la desesperación en términos estadísticos. Aumento de la mortalidad, particularmente entre los blancos de entre 45 y 54 años: alcoholismo, suicidio, uso de armas de fuego, obesidad y adicción a opioides (como fentanilo). Disminución general de la esperanza de vida (única entre los países avanzados): de 78,8 años en 2014 a 76,3 años en 2021. Todo esto en presencia del gasto sanitario más alto del mundo (equivalente al 18,8% del PIB).

Sin embargo, no podemos esperar una desintegración pacífica del poder estadounidense. Así como Polifemo, cegado por Ulises, corta a quienes se le acercan, el coloso está destinado a reaccionar con furia imprudente.

En un artículo publicado por e-flux, Slavoj Žižek relativiza el triunfo trumpiano e intenta verlo en perspectiva: la fórmula MAGA podría describirse de manera invertida. Después de décadas de derrotas militares, la superpotencia reconoce que no puede continuar con la política de hegemonía global y debe retirarse antes de tiempo, aceptando, sin admitirlo, una posición de poder local que debe competir en igualdad de condiciones con otras potencias locales, como Rusia, China, India.

La opinión de Žižek está bien fundada, pero mi pregunta es: ¿el bastión del supremacismo blanco aceptará su decadencia sin una reacción que pueda ser nada menos que apocalíptica?

Además, Žižek cree que Europa podría salir fortalecida de la reducción del papel geopolítico estadounidense. Europa, según Žižek, ya no será la “hermana pequeña” del gigante.

Aquí también tengo algunas dudas. La hipótesis de Žižek sólo sería cierta si la UE existiera realmente. Pero la guerra de Ucrania ha llevado a la Unión Europea a una posición de irrelevancia, debilidad y rápida desintegración.

El gobierno francés se ha derrumbado, el gobierno alemán se está derrumbando, mientras la recesión económica está destinada a empeorar.

La derrota estratégica en la guerra contra la Rusia de Putin (el legado de Biden) empuja a la Unión hacia la desintegración, mientras los aliados de Putin, elección tras elección, ganan la mayoría de los parlamentos del continente.

Para concluir este breve ensayo citaré nuevamente a Salman Rushdie:

“No puedo mirar hacia arriba. Allá arriba, ¿qué es eso? Como si un coloso con un enorme desintegrador hiciera un agujero en el aire. Lo miras y quieres morir.

Esto no se puede arreglar. No creo que haya nadie en DC o Cañaveral que sepa qué carajo hacer al respecto”. (Quichotte, Random House, 2020, pág. 374).

———————–

Biografía:

Hardt Negri: Empire, Harvard, 2000.

Paul Auster: Bloodbath Nation, 2024.

Jamie Raskin: The Unthinkable.  Trauma, Truth, and the Trials of American Democracy, 2022.

Salman Rushdie: Fury, Jonathan Cape, 2000.

Salman Rushdie: Quichotte, Random House, 2020.

Slavoj Zizek: After Trump’s Victory: From MAGA to MEGA, e-flux, November 2024.

Felix Guattari, The Three ecologies, 1989.

 

Instituciones sólidas, instituciones fluidas y más-allás

por Pablo Hupert

[1]

Buenas tardes a todes. Soy historiador, soy docente, escribo. Pero soy historiador no como los historiadores que dicen “esto ya pasó” o “esto se está repitiendo”, estoy más en la línea del que fue mi maestro, Ignacio Lewkowicz: La historia no piensa el pasado, la historia piensa los cambios. Y me fui abocando a los cambios en las instituciones y en el Estado.

Entonces la idea hoy es hablar un poco sobre las instituciones contemporáneas, y hablar también del Estado, mostrando cómo el Estado le va dando un marco a las instituciones, que hace que tengan que funcionar de diferente manera si el funcionamiento del Estado cambia.

Si vamos a uno de los fundadores de la sociología llamado Durkheim, encontramos que dice que las instituciones son algo “completamente instituido”, completamente establecido, que “se nos impone”. Hoy, en cambio, las instituciones son algo más maleable, que va cambiando, que trata de ir adaptándose a las situaciones. En ese marco general, de lo completamente instituido a lo más maleable, voy a ubicar toda mi charla y voy a contarles algunos ejemplos.

Pero empiezo por algo un poco más abstracto que es la forma del Estado para después pasar a la forma de las instituciones.

Siglos XIX-XX 1990-2001 Principios del siglo XXI
Estado-nación Estado técnico-administrativo Estado posnacional
“inconsciente” “ausente” “presente”
Suelo articulador Suelo fijador Desregulador Desarticulador Conectador Financiador
Solidez Fluidez 1 Fluidez 2
Institución “Galpón” o destitución Astitución

Tabla orientadora de tres momentos que también son tres lógicas de funcionamiento

 

Vamos a hablar de tres tipos de Estado: el Estado-nación, que se da en el siglo XX; lo que Ignacio Lewkowicz llamó Estado técnico-administrativo, que serían los ’90 del siglo pasado y lo que llamo, ya para este siglo, Estado posnacional. Siempre se siguió llamando a sí mismo “Estado nacional” pero la verdad es que fue funcionando de diferentes maneras. Vamos a empezar por el posnacional, al que le dicen “Estado presente”, ¿no? Siempre hay algo para reclamarle, nunca está lo suficientemente presente, siempre tiene algo más para hacer o para gestionar.

Pero también va variando, según el gobierno, a qué se llama “presente”; a mí me parece que durante el gobierno de Macri el “presente” era más estar presente en el tema de la seguridad, en la lucha contra el narcotráfico; en los gobiernos llamados progresistas, por ahí la idea era estar más presente en las cuestiones sociales y algunas cuestiones económicas de desarrollo del mercado interno. Pero, en general, en un Estado presente, el Estado da capacitaciones o programas para incluirse en el mundo, en la sociedad, en el mercado. Al de los ’90 se lo llama, por contraste retroactivo, Estado ausente, un Estado que se retiró de la regulación de lo social y de la intervención económica, que trataba de limitarse a impartir justicia y a dar educación y salud, con bajo presupuesto. Y el tercero, el Estado-nación, del que se dice ahora que era un Estado presente pero, vamos a ver, no era solamente un Estado presente y visible; yo le digo Estado inconsciente porque hay un institucionalista francés que tiene un libro que se llama El Estado y el inconsciente y decía, en la década del ’70, “el inconsciente es el Estado”. Así que era un Estado inconsciente no porque no sabía lo que hacía sino porque era…

-Inmanente.

Inmanente, sí, está buena esa palabra. Estaba en el inconsciente de la población, o en el inconsciente de las instituciones también. Este Estado era un Estado que articulaba las diferentes instituciones, les daba un marco para articularse. Por ejemplo, la familia apoya a la o el docente de la escuela; no como hoy que la familia le reclama al docente que sea entretenido, o le dice que si el alumno fue bochado fue por su culpa; eso sería un ejemplo de articulación entre dos instituciones, la familia y la escuela. Pero la articulación también se daba por ejemplo entre la fábrica y el hospital. Ahora, el supuesto de esas articulaciones del Estado no era algo explícito; en la ley de educación de 1884, la primera ley de educación pública, gratuita y obligatoria, dice “los chicos deberán ir a la escuela”, pero no dice “las familias deberán apoyar a las maestras”; eso se daba. En este sentido digo que era inconsciente: el Estado estaba presente como un suelo que no se veía ni se publicitaba (mientras que el posnacional se publicita a sí mismo todo el tiempo) y que le daba el marco a las instituciones para articularse entre sí. Ignacio Lewkowicz dice que el Estado-nación era una “paninstitución” y una “metainstitución”, pues funcionaba como el suelo de las instituciones (incluyendo como instituciones tanto el cuartel como la madre, etc.). Me han contado, por ejemplo, que este CeSAC hace alguna articulación con otro CeSAC o alguna articulación con algún jardín de infantes, o alguna escuela. Por su parte, la universidad donde trabajo, en José C. Paz, hace articulaciones con otras universidades del conurbano o del exterior, con alguna empresa… en fin: estas articulaciones que surgen de cada institución es algo muy propio de este siglo. En el siglo XX, las articulaciones interinstitucionales estaban dadas de antemano, sostenidas desde el centro estatal, podría decirse que de una vez y para siempre (pues así se representaban a sí mismas); en los ’90, las articulaciones se perdían; y, en el siglo XXI, las articulaciones las hace cada institución. Las articulaciones eran fijas en el siglo XX, entre el sindicato y la fábrica, o entre el sindicato y el Ministerio de Trabajo; así, ese Estado no era solo un Estado que articulaba, era un Estado que fijaba. El problema en ese tiempo con ese Estado-nación era la repetición de las rutinas, era que era difícil cambiar las cosas; era un Estado que disciplinaba, disciplinaba al chico que se quedaba sentado mirando hacia adelante a las maestras, disciplinaba al trabajador que obedecía al jefe y al paciente que obedecía al médico, que a su vez obedecía al jefe y a los libros, etc.

-Sí, por ahí esta cosa de los valores, la moral y los valores, como que estaban más enfocados en el deber ser del ciudadano.

-Sí, era como que había reglas muy claras para todo que te antecedían, entonces en las articulaciones ya sabías por dónde ir, por esta cosa fija que vos decías.

Claro. Voy a hacer un esquema de esto: a todo el siglo XX, lo llamamos “solidez”, Ignacio Lewkowicz al momento de los ’90 (la segunda columna en nuestro cuadro) lo llamó “fluidez” y este tiempo (el siglo XXI, la tercera columna del cuadro), que también es fluido, yo le digo “segunda fluidez”. Lo que pasa en el siglo XXI es que las instituciones tienen que moverse sin tener el suelo que tenían en el siglo XX.

-A ver, se me ocurre un ejemplo. Me acuerdo de una situación con un odontólogo, digo, podría ser cualquier disciplina pero me acuerdo de ese caso en particular. A partir de las transformaciones que se vienen produciendo en la administración pública de la Ciudad, de pronto, nuestros compañeros no sabían con quién tenían que hablar para solicitar los insumos o los controles, o las cuestiones que necesitaban para poder hacer su tarea de manera sanitariamente correcta. Ese podría ser un ejemplo de lo que estás diciendo, como no tener con quién hablar, no saber quién está regulando, de dónde vienen las reglas o a quién le puedo reclamar.

Claro, eso, y además que, cuando encontrás con quién hablar, puede pasar que un día esa persona deje de trabajar o se tome licencia y de vuelta tenés que averiguar con quién tenés que hablar; no es que viene un reemplazo -como si no hablaras con un cargo, con un rol instituido, sino con una persona puesta ad hoc. Dicho en pocas palabras, las conexiones entre instituciones se descalabran, a la vez que se gestionan cada vez (la gestión ad hoc es un rasgo saliente del Estado posnacional). Ahora más resumen todavía…en el siglo XX hay capitalismo industrial y en el siglo XXI hay capitalismo financiero. Lo que importa es que el capitalismo industrial era un capitalismo que generaba lazos y las fábricas duraban más tiempo abiertas; en el capitalismo financiero los capitales entran y se retiran según cómo estén los ciclos económicos; los ciclos económicos se suceden más rápidamente que en el capitalismo industrial y cuando se retiran los capitales se rompen las relaciones laborales y se rompe la capacidad del trabajo de armar sociedad, de armar vínculo social.

-Y se desterritorializa también.

Sí, se desterritorializa. El capital se desterritorializa porque puede ir de un país a otro según como convenga pero también nos desterritorializamos nosotres que andamos de un trabajo para otro; antes uno tenía su trabajo, ahora uno tiene varios trabajos, ¿cuál es su trabajo? ¿Cuál es el lugar que te constituye subjetivamente, que te arma la vida? Por ahí es la dispersión del trabajo lo que te constituye en la vida. Justamente, como es una dispersión, no te la arma mucho, no tanto como en el siglo XX, digamos. Que la vida te la arme una fijación o que te la arme una dispersión es un mundo de distancia.

Ahora resumamos conceptualmente los tres momentos. En la solidez había un Estado que funcionaba como metainstitución, una subjetividad disciplinada que llamamos ciudadano y una institución completamente establecida que se le imponía. En la primera fluidez había un Estado que dejó de ser metainstitución (y ninguna otra instancia funcionaba como tal) y la subjetividad que aparece es la del consumidor. En la segunda fluidez (al menos hasta la llegada de Milei; deberemos ver qué se configura a partir de ahora) viene habiendo un Estado que es más una red que un suelo metainstitucional, la subjetividad sigue siendo la del consumidor (con cambios en los que no entraré hoy) y las instituciones se fluidifican.

Bien. Después veremos si hace falta agregar algo más; ahora vamos a hablar de algunas instituciones.

Voy a empezar dando ejemplos de instituciones fluidas, a las que llamo “astituciones”. Una la voy a llamar “la feria judía” (yo soy judío y hubo un tiempo en que me dediqué a estudiar estas cosas). De 2007-2008 en adelante, se empezaron a hacer las festividades judías en plazas, en Palermo; no hacía falta ser judío para ir. Había un stand donde comprabas remeras, otro stand donde comprabas comida judía, otro stand donde podías charlar con un rabino, otro stand donde había un cómico, etc. Uno paseaba por ahí. Esta forma de festejar es una ¿institución? que se da a cielo abierto, no bajo techo y entre cuatro paredes como se hubiera dado en el siglo XX. Además, cuando uno entraba a una institución del siglo XX, los recorridos estaban reglados, normados, uno sabía por dónde tenía que ir según el grupo al que perteneciera dentro de la institución (por ejemplo, alumno o socio o comisión directiva, etc.). En cambio, en la feria, los recorridos son los recorridos del consumidor que va de un stand a otro, no grupal sino individualmente, según sus gustos. (Escribí sobre esto en Una interfaz judía). Yo no sé, esto lo verán ustedes, pero estaría bueno que pensemos o que traten de pensar si los recorridos que se dan dentro del CeSAC son como los recorridos que se daban en un hospital clásico…

-No, bajás del auto y ya atendés en la vereda, no sería lo más convencional. O, si no hay lugar adentro, atendés afuera o en la plaza…

-No hay recorridos establecidos acá.

-Claro, porque ni siquiera hay lugares fijos de atención por disciplina, entonces es como que todo circula.

-No hay servicios como en los hospitales. Ningún centro de salud tiene servicios. A diferencia de los hospitales que tienen servicios separados…

¿Ediliciamente separados?

-Claro, no hay servicios. Pero para una mamá que viene con su hijo enfermo, pide un turno, lo atendemos, pide la medicación y se va a su casa, es un recorrido fijo. Quizás en alguna otra disciplina no es fijo pero en muchas sí.

-A lo mejor antes había algo más homogéneo de funcionamientos como de los hospitales o incluso de los centros de salud, bastante cortados por la misma tijera.

Eso es importante. “Fijo” también incluía la idea de homogeneidad que dice Daniela.

-Igual pensaba esto que decía Belén; suponete que viene una mamá con un niño para atender por una cuestión aguda, por ejemplo, que está con fiebre, pero en la consulta comenta algo más (suponete que comenta una situación de violencia de género o no sé). Tal vez en el consultorio externo del hospital te dicen “bueno, venga a hablar con Servicios sociales”, “va a tener que sacar turno”.  Acá, lo que pasa es que, si Belén escucha eso en la consulta, por ahí probablemente le preguntás algo más a la señora, vas a la cocina y hablás con Vero, etc.: digo, se arma como un dispositivo.

-Claro, se arma ahí sobre la marcha como…

Hay una gestión ad hoc del tratamiento, pero es una gestión colectiva, no febril y automática.

-Tal vez en otro lado, no digo que no se arma, digo que tal vez es más complicado que se arme. En el hospital no es tan seguro. Por ahí el médico no va a buscar a la trabajadora social, no lo hace.

-Depende dónde. En algunos hospitales sí, en otros no, pero es más difícil ir de un lugar a otro, acompañar eso…

Por lo que vengo escuchando en otros lados, hay una práctica de buscar la derivación: tampoco está tan preestablecido a dónde voy a mandar al paciente. Tengo que buscar a un profesional o buscar un servicio en otro hospital, “hacer red”, como se dice, para lograr la derivación. Entonces, el hospital también se fluidifica; no solo se fluidifica el nivel de atención primaria. Ocurre que tampoco el hospital tiene el suelo estatal-nacional del siglo XX. Para seguir funcionando, todas las instituciones deben encontrar la manera de devenir astituciones. Quizás lo que cuentan ustedes (esto de ir a la cocina a charlar con alguien más cómo atender una situación) le da una vuelta de tuerca a la derivación, porque no es un desentenderse sino un armar equipo para atender esa situación; van más allá de la típicamente astitucional atención de la demanda.

Tenemos entonces un primer conjunto de ejemplos donde los recorridos no están prestablecidos como dentro y entre las instituciones sólidas. Paso a otra institución. Yo doy clases de psicología institucional en UNPAZ, en José C. Paz; ahí, como segundo parcial las chicas (suelen ser chicas) tienen que hacer un informe sobre una institución y de ahí que trajeron un caso de un Centro de Atención Primaria de Salud (CAPS) cercano. El CAPS tenía varios profesionales. Había una enfermera, una trabajadora social, un médico clínico (que a la vez era el director del CAPS), un pediatra, una especialista de estimulación temprana, una obstetra-ginecóloga, una odontóloga… Eran 7 u 8 especialidades, pero con algunas características: el médico solamente atendía dos veces por semana y era el director, pero no había un momento donde trabajara de director. Ocupaba formalmente ese cargo, pero su único horario en el CAPS era dos veces por semana atendiendo pacientes. Cuando había que plantear problemas o dificultades, no se sabía bien a quién reclamar; la trabajadora social trataba de gestionar alguna cosa, de elevarlo al municipio sin pasar por el director de su Centro… Además, esos dos días que el clínico atendía no alcanzaban para atender a todos los pacientes, que debían ir a las 05:00 AM a pedir turno; el tipo tenía el consultorio privado al lado del CAPS y les daba el celular a los pacientes para que le pidieran turno privado. Como una confusión entre lo público y lo privado, una mezcla ahí medio turbia.

También pasaba que la pediatra y la ginecóloga habían dejado de recibir sus salarios, y entonces dejaron de atender; esas especialidades ya no estaban funcionando. Pero no hubo un movimiento institucional para decir “páguenles a nuestras compañeras” o, si no las consideran compañeras, “páguenles a las dos especialistas que el Centro necesita funcionar y dar todos los servicios”. A la odontóloga se le había roto el equipamiento y tampoco podía atender y no había un momento en que hablar con el director para que hiciera el reclamo al municipio; la odontóloga, hasta el momento, iba pero no atendía. Lo que les estoy intentando contar, más allá de cosas que parecen de negligencia o abandono o lucro, es que no hay un espacio común fuera de la atención de cada profesional, no había un espacio que fuera un espacio de tiempo propio de la institución. Esto se puede contrastar con lo que pasaba en los actos escolares hace muchas décadas, en tiempos sólidos: iban todos los padres de todos los grados al acto el día feriado; cuando yo era chico ya no era el día feriado pero sí eran los siete grados, los siete años. En cambio, ya cuando mis hijes iban a la escuela, en el tercer lustro de este siglo, iba solamente el grado que actuaba.

-Los otros padres no quieren ver a tu hijo actuar… (risas)

Claro, la institución empieza a comprender que cada uno tiene su trabajo, sus ocupaciones, y los padres dejan de pensar que tienen que ir al acto patrio. En otras palabras, la institución no puede ya moldear las conductas y las expectativas de su población. Por otra parte, cuando a los actos patrios iba todo el colegio, ahí toda la comunidad escolar se veía a sí misma reunida y tomaba cuerpo como comunidad escolar. Había ahí un espacio de tiempo que es de la institución y no de cada maestra o cada grado. Además, esa comunidad escolar así reunida era la representación de toda la Nación, que no está toda junta cotidianamente en la escuela pero ese día sí funciona como símbolo, como representación de ella.

-¿La fluidez tiene que ver, pregunto, con algo de esta fragmentación de los procesos?

La fluidez se asocia muchas veces más bien con la flexibilidad, pero lo que quiero señalar hoy es esto que dice ella: que se descompone o se fragmenta lo común. La entrevista que me hicieron, que mencionó Cecilia al presentarme, se llama “Satisfacer demandas no produce común”. Lo que digo allí es que las instituciones fluidas van corriendo detrás de satisfacer las demandas individuales o familiares al tiempo que los miembros de la institución van corriendo detrás de cumplir la tarea de su metro cuadrado, y lo común no se produce. Así que, lo que pasa acá en este CeSAC, este momento que tienen todes juntes una vez por semana, y otros momentos que me cuentan que tienen, no es tan común en la generalidad de los casos. Así que, ustedes están haciendo más allá de lo que hay -después vamos a hablar de los más-allás.

Otro ejemplo de astitución puede ser un Centro de Formación Profesional. Los CFP son escuelas de oficios para adultos que dan cursos cuatrimestrales. Los amigos del CFP 24 dicen que los CFP se convierten generalmente en “cursaderos”. ¿Cuál sería la imagen de un cursadero? Va cada persona que quiere aprender un oficio, hace los cuatro meses de plomería o de lo que sea y se va, intenta insertarse en el mercado por sí misme, pero en el camino no tiene ningún contacto con la institución en tanto institución. Les profes también: van a dar los cursos que dan y se van a otras escuelas a trabajar para completar un ingreso.

-Yo te iba a dar ese ejemplo justamente, no solo lo docentes de formación profesional; en las escuelas secundarias también ocurre que los profesores se llaman “profesor taxi” y van a un montón de instituciones y no tiene permanencia institucional ni diálogo con el proyecto escolar; se ve mucho en la escuela secundaria.

Se ve mucho la no permanencia institucional, y, si hay permanencia, se ve la no pertenencia institucional. También en las cátedras universitarias suele pasar algo así, donde cada profesor elige qué textos dar en su comisión. Pasa que hablan entre les integrantes “¿A vos qué te gusta dar? Bueno, está bien vos da eso…”. Quiero subrayar una cosa. En el mundo fluido, siempre hay un caso diferente, no es como en el siglo XX que por ahí una escuela funcionaba igual o muy parecido en Jujuy y en la Capital o en La Pampa.

-Al menos respondía a los mismos estándares. Mismo programa, mismo manual…

Mismo programa, no era que cada docente armaba su proyecto pedagógico.

-Ni te digo en los equipos de los estudiantes que dicen “bueno, vos hacés tal parte, yo hago tal parte, y juntamos todo” y hacen un Frankenstein.

Ah sí, en estos trabajos que me presentaron las alumnas, como lo hacen en el Google Drive, se ve que no funciona bien lo de la leída final…(risas). No funciona muy bien lo de armar una versión común del equipo o grupo.

-Se ve que hablaron sobre fragmentación fragmentando el trabajo.

Exactamente. Así que, el trabajo, que se supone que es algo común, era más bien un patchworkAsí, en ese trabajo estaba dicho como cuatro veces que el médico iba dos veces por semana.

-Era para que te quede claro. (risas)

Sí, me quedó clarísimo (risas). Quiero decir que en el siglo XX también habían CFPs, pero la gran diferencia es que había un mundo del trabajo con el cual el CFP tenía un nexo, nexo dado por el marco estatal-nacional, y no un nexo como hoy, tendido a tientas por cada cursante.

Entonces el rasgo más saliente de la astitución, de la institución fluida, es que no crea común o que lo desarticula. Otros dos rasgos salientes son su precariedad y la fiebre restitutiva. Con precariedad me refiero tanto al caso de que una articulación interinstitucional o una derivación sanitaria pueden no durar más que una o dos veces como a que la institución fluida misma puede no durar (casos del Plan FinES y del Programa Conectar Igualdad), como así también a que sus trabajadores sean contratades por un tiempo limitado y no de manera vitalicia, entre otras precariedades posibles, entre las que no es la menos relevante la precariedad de los logros alcanzados (un centro de salud o un servicio hospitalario logran armar un equipo, pero no se sabe por cuánto tiempo, o un centro cultural que trabaja con talleres para adolescentes de sectores vulnerables logra que uno de ellos vaya a la escuela pero ese adolescente no tiene garantizadas las condiciones necesarias para sostener la escolaridad, se trate de buena alimentación o de acompañamiento familiar). La precariedad (de los logros tanto como de los recursos humanos y presupuestarios) instala otro rasgo saliente de las astituciones, que es la fiebre restitutiva. El trabajador astitucional intenta todo el tiempo restituir la estabilidad de los viejos establecimientos, las instituciones sólidas. Todo logro puede desvanecerse y debe ser restituido todo el tiempo. Así, el trabajador astitucional funciona un poco como la subjetividad heroica de la que hablan Ignacio Lewkowicz y Elena de la Aldea. Les leo:

“Desde su omnipotencia, el héroe cree que no hay dificultad que no se pueda enfrentar con buena voluntad y esfuerzo. Todo problema debe ser resuelto. Para la subjetividad heroica, los problemas podrían no existir; entonces es claro qué hay que hacer frente a un problema: eliminarlo. Todo lo que no se puede entender lo explica en términos de falta, de carencia, de limitación: falta capacitación, o falta formación, o faltan conocimientos, o falta tiempo, o dinero, o recursos, o presupuesto, o etc. Y habitualmente todo junto. Y el problema se soluciona eliminando la falta con más trabajo, más recursos, más conocimientos, más…  Si hay un problema es porque hay algo diferente a lo que debería haber. Si hay un elemento en la situación que no debería estar, hay que eliminarlo. Si debiera haber algo que no hay, si falta algo para que las cosas sean como deben ser, hay que añadirlo y eliminar la falta […]

“La subjetividad heroica no necesita pensar qué hay que hacer… ya sabe. Y si el tiempo apremia, no hay tiempo para pensar: se necesita un héroe […] El héroe mismo no puede negarse a nada porque él mismo es un objeto: “un objeto de servicio” […] También el héroe pierde su potencia como sujeto.”[2]

Si tomamos estos tres rasgos de la astitución (la descomposición de lo común, la precariedad y la fiebre restitutiva), queda claro que se trata de un dispositivo de captura de nuestra potencia, un inhibidor de una subjetivación, un obstáculo a la invención de posibles y a la composición de común. Me dirán que las antiguas instituciones sólidas también eran todo eso, y no lo puedo negar, pero lo eran de otra manera. Las sólidas lo hacían por fijación y repetición; las fluidas lo hacen por movimiento y repentización. Así las cosas, surge la pregunta por cómo zafar de su captura, y vengo viendo que se puede ir más allá de esas prácticas descomponedoras con prácticas que practican ideas heterogéneas a las ideas practicadas por las prácticas astitucionales. Les voy a contar algunas de ellas, algunas prácticas que van más allá de la captura astitucional.

Comienzo por la Escuela n°4 de Chubut, es una escuela primaria en Rawson, Chubut. Había una nena, Frida, que no iba; cuando fueron a ver qué pasaba que no iba Frida (esto está contado en un libro que escribió la directora de la escuela, Teresa Punta), vieron que Frida vivía en una isla y cuando subía la marea no podía ir a la escuela. El punto era qué hacer acá. Una opción, la opción astitucional, fluida, hubiera sido pedir un bote y adaptar las cosas para que ella pueda estar incluida en la escuela. La escuela hizo otra cosa.

Instituciones sólidas Institución fluida o astitución Más-allás
Club judío Feria judía  ?
Cátedra Comisiones conectadas  ?
Exclusión de Frida Bote para Frida (reclamo restitutivo-inclusivo) Escuela heterogénea
Hospital público CAPS JCP policonsultorio CESAC Salud comunitaria
Escuela CFP “cursadero” CFP 24
Consorcio en vivienda social “reclamadero” Común-consorcio
Alimenta una abstracción Crea un común ligado a esa abstracción Atiende demandas[3] Crea comunes ligados a problema-tarea

Versión sólida, versión fluidificada y versión más-allá-de-la-fluidificada de distintas instituciones

 

En el siglo XX, probablemente, esta nena Frida, si hubiera vivido en una isla, hubiera quedado excluida de la escuela porque había una escuela homogénea. Esto de la escuela adaptada para cada chico también está en la maestra integradora; no se manda ahora a un chico con alguna discapacidad a una escuela especial; se lo pone con maestra integradora en una escuela común. No estoy diciendo cosas que estén mal que pasen; estoy señalando cómo la institución homogénea, sólida del siglo XX, se va fluidificando. La idea de que había un solo docente por aula ha cambiado y de que el alumnado era homogéneo, también. La forma de personalizarle la escuela a Frida por ahí hubiera sido ponerle un bote pero lo que ellas, directora y maestras de la escuela n°4, hicieron fue decirle “bueno, vení cuando baje la marea”. Era una nena que tenía que hacer primer grado y, cuenta la directora, «Frida hace escuela con las mareas», y cuando puede está con su grado, cuando está con la persona que limpia por ahí la persona que limpia le enseña algo o en otros momentos está con la bibliotecaria y la bibliotecaria le enseña algo, en otros momentos está con la secretaria… según la hora a la que pueda venir. Pero no desarmaron el grado para armárselo a Frida. Entonces, lo que arman es una escuela en la heterogeneidad. Hay una invención interesante, que es que la heterogeneidad no desarma la escuela sino que la arma; la escuela se compone en y con la diversidad de situaciones que se le presentan. Por eso este es un más-allá de la institución fluida o astitución.

En el caso del CFP de Flores, que es el CFP 24, este empezó a hacer milongas una vez por mes, cine- debate, a hacer que los emprendedores que hay en los cursos puedan vender lo que producen no individualmente sino en una feria que organiza la escuela y que organizan los mismos cursantes cortando la calle un fin de semana por mes. La escuela sale al barrio, y sale como escuela. Así, empieza a armar común con el barrio y empieza a armar común entre les cursantes. Se convierte en un más-allá del cursadero. Les cursantes, además, se convierten en cursantes “crónicos”, pues quieren seguir en la escuela, y se anotan en el curso donde haya vacantes con tal de seguir en la escuela porque se generó un clima muy lindo, de mucha pertenencia, gracias al cual no les importa anotarse en un curso distinto al que habían planeado, pues quieren seguir vinculados.

No sé cuál puede ser el más allá de la feria judía o de la cátedra fragmentada, pero me gustaría después sugerir que este CeSAC propone un más allá de ese CAPS de José C. Paz.

El CFP 24 y varios centros de formación profesional eran centros que se abrieron en la década del ’40 del siglo XX, donde se trataba de formar en oficios para que hubiera obreros que pudieran estar capacitados para las fábricas que se abrían. Eran una respuesta a la falta de mano de obra calificada. El CFP 24 dice “hoy ya no existe ese mundo del trabajo, ya no existe esa fábrica”; entonces empiezan a hacer proyectos cooperativos, organizan esa feria una vez por mes en la puerta de la escuela, en la calle, empiezan a amalgamarse los talleres o los cursos que se dan dentro del CFP, etc. Así, empieza a haber una nueva relación entre el trabajo y la escuela.

-¿Sabés que a nosotros el CFP 24 nos donó máscaras? ¿Se acuerdan? Cuando empezó la pandemia. Ellos tenían una impresora 3D entonces empezaron a hacer las máscaras.

Sí, el CFP hace muchas cosas por el estilo. En un momento diseñó unos carritos plegables para los cartoneros… Está bueno porque es un caso donde tejer red también hace algo, ¿no?, tiene efectos. En otro momento fueron a una escuela de Misiones a construirle un baño y un tanque de agua; le servía por supuesto a la escuela y le servía a la gente que hizo plomería en el CFP para ver cómo se construía un baño en la práctica, pero además quedaba una red.

-Bueno, a nosotros el proyecto de ampliación del CeSAC nos lo dibujaron los chicos de la Universidad de Avellaneda, y lo hicieron como trabajo de graduación, quiero decir, nos servía a nosotros y les servía a ellos también.

Pero también se tejieron conexiones; se compuso un común que puede ser incubadora de otras cosas.

-Estaba pensando en algunos dispositivos también, en esto de ir más allá, como en la movida de los martes que después termina siendo que hay gente que se queda a la huerta, como que empieza a haber algo de eso ahí. En dispositivos que se hacen acá al lado en el predio, actividad física y con otras cosas también. Y generó una muy buena asistencia. (…) y que de ahí surgió después una señora que fue a buscar la tierra para la huerta y otras cosas también.

¿Hay una huerta en este momento?

-Casi. Está en proceso.

Quiero dar un ejemplo más de astitución y su más-allá. Hay una asociación civil que trabaja con consorcios de viviendas sociales. Se trata de viviendas que los municipios hacen y a donde relocalizan a gente que vive en barrios carenciados informales (“villas”). En Argentina hay una ley que dice que en la propiedad horizontal tenés que formar un consorcio. Esta asociación civil ayuda a los vecinos y vecinas a armar un consorcio. Cuando me leyeron en Esto no es una institución, lo del “cursadero” les resultó muy ilustrativo de la captura astitucional, y entonces dijeron “que el consorcio no se convierta en un administradero” (porque un consorcio podría ser simplemente pagar las expensas y armar un excel para administrarlas), ni tampoco en un “reclamadero” (porque generalmente la vivienda social tiene vicios de construcción lamentablemente y entonces les vecinos se limitan a usar el consorcio como espacio donde quejarse a la municipalidad).

Esta asociación civil crea, con les vecines, un común en el consorcio. Si ustedes conocen un poquito de consorcios, saben que las asambleas se reúnen en primera convocatoria y en segunda convocatoria. La segunda convocatoria no hace falta que tenga quórum. Como nunca van todos los vecinos y van cinco o seis, siempre las asambleas consorciales se reúnen en segunda convocatoria. Media hora después del primer llamado, la asamblea puede empezar a sesionar sin quórum. Estas chicas de la asociación civil no hacen segunda convocatoria; si no hay quórum la asamblea se suspende y se convoca para otro día. Se trata de que los vecinos y vecinas puedan atender sus problemas comunes en común. Además de reclamos empezaron a surgir ideas como, por ejemplo, embellecer los espacios comunes. Los espacios comunes que muchas veces se convierten en depósitos donde se arrumban el carrito del cartonero, basura, trastos viejos, etc. Un grupo de vecines dijo “queremos parquizar este espacio”. Lo que pasa es que no ocurre lo que prejuzgamos, que parquizar es algo aristocrático, que embellecer el jardín es algo aristocrático. Pues no: la gente de una vivienda social o de una villa también quiere tener bellos los espacios comunes. Hicieron contacto con la cátedra de paisajismo de la UBA y encararon el embellecimiento de su espacio común, experiencia que luego tomaron otros consorcios de vivienda social. En estas experiencias -y otras como estas- empieza a haber una relación social, el vecino deja de ser alguien hostil, alguien del que desconfiar, y empieza a haber más una atmósfera de confianza; no es que todos se hagan amigos pero se da esa atmósfera de confianza y una tendencia a un hacer conjunto, a un hacer común.

Y ahora viene cuál puede ser el más allá del policonsultorio que vimos en ese CAPS; es un CeSAC que ustedes conocen (risas). CeSAC significa “centro de salud y acción comunitaria”. Hace un tiempo, el Gobierno de la Ciudad cambió “acción comunitaria” por “atención comunitaria”. Pero este CeSAC del barrio de La Boca hace acción comunitaria y sale del edificio y hace atención de salud extramuros, pero no tanto para atender individualmente a tal o cual paciente como para abordar la complejidad y diversidad social de la enfermedad y considerar las condiciones habitualmente no consideradas por la medicina hegemónica, como las habitacionales o las familiares y las biográficas, además de trabajar con organizaciones, esto es con colectivos del barrio (un club, un jardín de infantes, un comedor, una agrupación política), y no solo con pacientes individuales. Se trata entonces de un cambio en el paradigma biomédico, en el que ya se sabe qué enfermedades hay, se sabe qué demandas van a traer les pacientes, qué tratamientos se les va dar a esas enfermedades, tanto en el sentido de los medicamentos que se van a necesitar como en el sentido del dispositivo que montar para efectivizar el tratamiento (en el paradigma biomédico, el dispositivo ya está montado, en general es el hospital, pero puede ser otro efector, incluido un CeSAC que no hace todo este trabajo de pensar colectivamente qué dispositivo montar cuando un actor colectivo del barrio plantea una problemática colectiva de salud). Este CeSAC que ustedes conocen va, charla, se reúne con organizaciones de La Boca (organizaciones territoriales, organizaciones religiosas, organizaciones políticas, clubes, escuelas, agrupaciones de inquilinos). A veces es un problema que tiene que ver con la vivienda. Hace poco fueron problemas que tenían que ver con la sexualidad de les adolescentes, una problemática planteada por un club del barrio; entonces diseñaron un dispositivo para trabajar eso en el club. Les adolescentes no van al CeSAC, sino que el CeSAC sale a buscarlos a ese club del barrio que le planteó la problemática, pero que se la planteó porque el CeSAC piensa en términos de salud comunitaria y territorial. Esto es, sale a enterarse qué problemáticas hay en su barrio y no espera que lleguen por sí mismas y previamente configuradas a su sala de espera; esto es, sale a configurar esas problemáticas en términos de salud comunitaria y territorial, pues no vienen tipificadas. Al mismo tiempo, se entera de esas problemáticas que no llegan a la sala de espera ni se configuran previamente porque teje redes con organizaciones, es decir, teje territorio.

Otra forma que ha encontrado este CeSAC de ir más allá del policonsultorio es el largo proceso que elles llaman “recuperación del predio”. Se trata de un predio que pertenecía al Ministerio de Deportes de la Ciudad y que, luego de años de lucha (que incluyó el cierre del CeSAC por tres días), el CeSAC y las organizaciones del barrio consiguieron, en 2020, que pasara al Ministerio de Salud y quedara a cargo de la directora del CeSAC. Durante 2020 y 2021, iniciaron un proceso en el que pensaron el uso de ese predio: no se limitaron a decir “hagamos más consultorios y más sala de espera”, no cayeron en ese automatismo (el que responde a la demanda de satisfacer las demandas). Al contrario, durante ese tiempo tejieron red, armando una mesa de trabajo donde se reunían quincenalmente los actores colectivos[4] del barrio, incluido el CeSAC y un grupo de estudiantes de arquitectura de la UNDAV (Universidad Nacional de Avellaneda). En ese espacio, tomaron distancia del automatismo de satisfacer la demanda de cada paciente que llega al lugar y pensaron cómo usar el predio haciéndole lugar al territorio que se produce al interactuar con el barrio. Y pensaron que, además de más consultorios y más sala de espera, más espacio para la farmacia y la administración, también hacían falta espacios de la comunidad. El resultado es un proyecto arquitectónico que tiene un patio donde se pueden hacer festivales o peñas barriales, un salón de usos múltiples donde se pueden hacer actividades colectivas y una terraza acondicionada como huerta a trabajar comunitariamente. Ese proyecto fue declarado de interés por la Legislatura de la Ciudad, y ahora se viene la lucha para que el Gobierno de la Ciudad lo construya. Me detuve en este proyecto y su historia (que por supuesto abrevié muchísimo) para mostrar un más-allá de la astitución que va más allá en más de un sentido: primero, forma común al reclamar que el predio pase al área de salud, luego, forma común (la mesa de trabajo) al pensar qué construir en el predio, un común que se mantiene reclamando que el proyecto arquitectónico se construya, y finalmente propicia espacios comunes en el edificio que el común proyectó. En un más-allá no se sabe si el sujeto son las personas o es, más bien, el encuentro colectivo, el común. El sujeto en este más-allá no es ni la médica ni la paciente, ni el docente ni el cursante, sino el encuentro entre elles, el territorio que se teje entre la institución y el barrio.

Redondeando, estos tres casos de más-allás que les cuento son casos muy singulares pero justamente valen porque son singulares, porque nos sacan de la corriente general. Hay una posibilidad de ir más allá de la “demandificación” de lo social: no es todo atender demandas; es también que lo social mismo encuentre problemas comunes que trabajar comúnmente. Se trata de armar común, pero de armar común alrededor de alguna idea o concepto que poner a trabajar en la situación. No es decir, “ah, como somos todos de La Boca, ya está, somos comunidad”; con eso no alcanza. La Boca es una geografía que no necesariamente hace territorio; las actividades del CeSAC y actividades culturales como murgas o clubes, van creando territorio, hacen territorio en el sentido de hacer relaciones sociales que sí hacen una geografía social, no una geografía objetiva. Bueno, todo eso que hace el CESAC es un proceso de salud comunal, pero ahí hay una idea de salud colectiva, que se va gestando en las prácticas de salud comunitaria, como en el CFP hay una idea de relación entre trabajo y escuela que se va gestando al relacionarlos, como en los consorcios hay una idea de paisaje popular o de consorcio común, de un consorcio que no es solamente administración y reclamo, sino también relación de confianza entre vecines, producción de hospitalidad común.

Bien. Voy a tratar de redondear diciendo qué hace cada tipo de institución. La institución sólida creaba común pero el común era más bien trascendente, porque no estaba adentro de la institución sino que estaba fuera, era la Nación; entonces el común era un común abstracto, y la institución ligaba con ese común. Quiero distinguir ese común del mercado. El mercado nos atraviesa a todos, pero el común nacional es un común simbólico. El mercado y su lógica la compartimos todos pero, en tiempos de solidez, había una representación de lo común. En el mercado no nos representamos que compartimos algo con los demás.

-Es más como una competencia por ahí.

Hay una competencia. También hay una cooperación porque está la cooperación entre quienes potabilizan el agua y los que la usamos, pero no se ve la cooperación, o tenemos una cooperación con los colectiveros y los mecánicos que arreglan los colectivos, pero tampoco hay una representación de esa cooperación.

Pasemos a la institución fluida, a la que le digo astitución. Esta es una palabrita que inventé para acortar y para diferenciar de la institución clásica, para diferenciar de institución sólida y también para decir que no pasa algo que pasaba en los ’90, que era la destitución, ni tampoco lo que se imaginaba en los años kirchneristas, una restitución. No sabía qué prefijo ponerle y le puse la a-; no suena muy bien pero es para decir que no hay destitución ni tampoco restitución. Pero antes de decir algo más sobre la astitución quiero detenerme en esas instituciones destituidas de los ’90 que Ignacio Lewkowicz llamó “galpones”. Les leo:

“La velocidad del mercado amenaza la consistencia ya fragmentada de las instituciones, nacidas para operar en terrenos sólidos. De esta manera -sin función ni capacidad a priori de adaptarse a la nueva dinámica-, se transforman en galpones. Esto es, en un tipo de funcionamiento ciego a la destitución de la lógica estatal y a la instalación de la dinámica de mercado. Vale decir que esta ceguera compone un cuadro de situación donde prosperan suposiciones que no son tales, subjetividades desvinculadas, representaciones e ideales anacrónicos, desregulaciones legitimadas en nombre de la libertad, opiniones varias, etcétera. Se trata, en definitiva, de configuraciones anómicas que resultan de la destitución de las regulaciones nacionales, de reductos hostiles donde la posibilidad de producción vincular deviene, a priori, imposible.” (“Escuela y ciudadanía”, En Pedagogía del aburrido, p. 32-3, subrayados míos)

Las astituciones o instituciones fluidas son las que vienen de esa destitución o directamente nacieron después de ella, ya en tiempos mercantiles, y cuyo funcionamiento ya no es ciego a la dinámica de mercado. No son una destitución ni tampoco una restitución, sino organizaciones fluidas que renuevan sus servicios para satisfacer nuevas demandas, recurren a las redes sociales o piden financiamiento a organismos internacionales y a organizaciones del “tercer sector”. Al mismo tiempo, se adaptan a condiciones cambiantes (fluidas) y a la incertidumbre y a que vuelta a vuelta se les derrumbe lo que trabajosa y febrilmente van armando. Por eso, al mismo tiempo pasa algo en los miembros de las instituciones fluidas que es querer todo el tiempo recomponer lo que todo el tiempo se está desarmando. Entonces, hay una idea de restitución, pero es una zanahoria detrás de la cual corremos; no es una institución como antes ni que va a volver a ser como antes. Entonces, la astitución corre detrás de satisfacer demandas y, justamente por satisfacerlas, justamente por necesitar funcionar en sintonía con la lógica del mercado, no crea común. Ocurriría, por ejemplo, si acá no hubiera huerta y solamente le dieras al paciente el medicamento o el tratamiento para que lo retire y que se vaya: no arma ningún tipo de vinculación del CeSAC con el barrio, ni del barrio con el CeSAC. O satisfacer demandas sería que un CFP sea solamente un cursadero o que un consorcio sea un reclamadero o un festejo étnico sea un paseo de entretenimiento o que un CAPS sea solamente un policonsultorio. En los más-allás, en cambio, se crea un común, pero es un común local, no es el común nacional, es un común abierto a que entre más gente, es un común abierto a articularse con otros comunes.

Entonces, para resumir, hubo un tiempo de solidez donde en las instituciones se formaban grupos, que eran los tiempos del capital industrial y de Estado-nación, hubo otro tiempo de primera fluidez donde nos desorientamos porque no sabíamos cómo manejarnos en el mercado y las instituciones fueron destituciones, y hubo o viene habiendo un tercer momento donde las instituciones son astituciones o instituciones fluidas, que aprenden a manejarse con recursos mercantiles y manageriales, proactivos. Y justamente porque atienden demandas de manera proactiva no crean común. Este común se crea cuando logramos desarrollar espacios más allá de la astitución, donde la institución fluida o astitución se convierte en una plataforma -porque lo que hace el CFP 24 o lo que hace el CeSAC de La Boca no lo pueden hacer si no existe el CeSAC y el CFP 24-, plataforma para un común, pero este común ya no es como la nación, que estaba por encima de todos nosotros y que era trascendente, que era una mediación externa; es un común que formamos los cuerpos haciendo juntos, haciendo trama consecuente.

Debo decir algo más sobre los “más-allás” de la astitución; son “más-allás” porque lo que hay no es una atención febril de demandas, es un parar la pelota y juntarnos entre otros para ver qué surge. Lo colectivo, si logra evitar el reclamadero, el cursadero y otros “-aderos”, es un espacio de potencia, un espacio donde aparecen posibles imprevistos e imprevisibles en los “-aderos” que disuelven lo común (o directamente -como el policonsultorio- evitan que se forme). La expresión “ver qué surge” parece una forma de decir, pero encierra una apuesta y unos procedimientos: procedimientos de reunión, de reflexión, de acompañamiento en el no-saber, de acompañamiento en el entusiasmo, etc., así como una apuesta a la potencia de lo colectivo. Se van construyendo lazos colectivos que van produciendo ideas, proyectos, iniciativas, acciones comunitarias que producen común, común que a su vez produce ideas, proyectos, iniciativas, acciones comunitarias.

[Ver el intercambio con les asistentes donde se palpa lo potente y saludable de hacer común]

[1] Este texto reúne dos conferencias pronunciadas el 5/12/23 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en un Centro de Salud y Atención Comunitaria (CeSAC) y el 17/5/24 en el Encuentro Marplatense de Configuraciones vinculares y Análisis institucional «Lo vincular como escenario: intervenciones posibles en lo diverso y adverso», Facultad de Psicología, UNMdP.

[2] https://lobosuelto.com/wp-content/uploads/2019/09/la_subjetividad_heroica_escrito_por_elena_de_la_aldea.pdf

[3] Para ver la demandificación como dinámica propia de las astituciones, clic aquí: www.pablohupert.com.ar/index.php/demandificacion-en-el-trabajo-sanitario/.

[4] Esta lista da una idea de la diversidad de actores reunida alrededor de esa mesa: Comisión Unidad Ejecutora PRUA La Boca- CCC, La Boca Resiste y Propone , Red Solidaria de La Boca, Grupo de Vivienda y Hábitat de La Boca, Merendero Madres Sembrando Conciencia, Frente Popular Darío Santillán , Mutual Casa Tasso, Club Bohemios, Centro comunitario Actuarte, Agrupación Peronista Descamisados, Agrupación Vecinos de La Boca, Centro Comunitario Copitos, Frente Social Peronista, Club Social Nápoles, Promotoras de Salud Movimiento Evita, Movimiento Popular Los Pibes, FM Riachuelo, La Campora La Boca, Casa Salesiana San Juan Evangelista , Escuela Popular de Arte Esther Ballestrino, Escuela Popular de Salud Comunitaria, Fundación CasaSan, Centro Cultural Expreso Imaginario , Centro de Jubilados Esther Nieves, Trabajadores y trabajadoras del CeSAC Nº 46, Trabajadores y trabajadoras del CeSAC Nº 9, Asociación Civil CICOPS, Colectiva Migrante Kuña Atype, Frente Patria Grande, Grupo Comunitario Los Niños Primero, Asociación Civil Nuestro Hogar, Asociación Civil san Jorge, Centro Comunitario 4 de Octubre, Comedor Esperanza de La Boca, UTE D.E. Nº 4, Maestros de La Boca , Casa del niño, niña y adolescentes La Boca (tomada de un documento presentado por el CeSAC y estos “adherentes” al Ministerio de Salud de la Ciudad en 2024).

Publicado en https://www.pablohupert.com.ar/index.php/instituciones-solidas-instituciones-fluidas-y-mas-allas/#_ftn1

 

“Las redes sociales son máquinas de subjetivación especialmente útiles a la extrema derecha”

El profesor brasileño analiza en su último libro los rasgos de la extrema derecha emergente en diversos contextos, especialmente a partir de los liderazgos de Bolsonaro, Trump y Milei.

Por Alberto Azcárate / elsaltodiario.com

Con motivo de la presentación en España de su libro Bolsonarismo y extrema derecha global. Una gramática de la desintegración, hemos entrevistado por vía telemática a Rodrigo Nunes, profesor de filosofía moderna y contemporánea en la Pontificia Universidad Católica (PUC) de Río de Janeiro, y de Teoría Política y Organización en la Essex Business School. Ha sido también profesor invitado en las universidades de Londres (2007-8), de East London (2008-2009), de Westminster (2008) y de la Jan Van Eyck Academie (2010), así como académico visitante en la Universidad de Brown (2018-2019).

Sus respuestas aportan un repertorio de singular lucidez y contundencia conceptual, desde una gestualidad política que trasciende la impotencia del progresismo.

Se respiran aires de fin del mundo conocido. Y por primera vez desde la posguerra no es la izquierda sino la extrema derecha la que cuestiona -sin inhibiciones- la democracia liberal como modelo de convivencia. ¿Se trataría simplemente de la farsa que -según el conocido aserto marxista- sucedería a la tragedia de la versión original, o estaríamos ante una crisis de época inédita, atravesada por nuevos paradigmas?
El triunfo reciente de Trump sugiere que el avance continuo de la extrema derecha quizás nos obligue a invertir el dicho: si su primera victoria tenía algo de farsa, la segunda se anuncia como tragedia. Su crecimiento entre los votantes, y particularmente la caída de los demócratas, comprueban que no estamos frente a un mero hipo, sino a tendencias de largo plazo. Hablamos de cosas como la estagnación económica, el aumento del subempleo y de la precarización, la concentración de riqueza y de poder político –muy claramente ejemplificado por la figura de Elon Musk–, el calentamiento global.

Está claro que la extrema derecha no tiene ni diagnósticos ni soluciones reales para ellas; de hecho, sus políticas solo tienden a intensificarlas. Pero ella responde a los sentimientos antisistémicos que estos problemas despiertan con la promesa de una ruptura radical, mientras que el centrismo de izquierda y derecha se dedica a la defensa de pequeños cambios incrementales, de una democracia vaciada, de instituciones sin credibilidad, de un crecimiento económico que ya no puede atender a todos.

Aunque pueda puntualmente ganar elecciones, este tipo de reacción logra como mucho retardar el avance de la extrema derecha, haciendo con que vuelva más fuerte después de un tiempo. Ha sido así en EEUU, será luego en Francia, quizás también en Alemania, y probablemente también en Brasil y el Reino Unido en unos años.

¿Esta extrema derecha emergente en países centrales y periféricos, podría tener algunos trazos comunes en los perfiles de sus liderazgos y en sus abordajes y estrategias? Pienso en personajes como Trump, Bolsonaro, Milei…
Los rasgos comunes tienen mucho que decir sobre el momento de crisis en que vivimos. Estos son en general personajes que vienen de fuera o de los márgenes de la política, y con eso se benefician de una percepción de que las fuerzas políticas tradicionales se han vuelto indistintas. Saben utilizar bien las plataformas digitales para sobrepasar los medios tradicionales y tienen algo de la figura del troll, combinando una extrema desensibilización frente al sufrimiento del otro con una comunicación que escapa a las convenciones de la política profesional y juega con una ambigüedad constante entre la sinceridad y la broma.

Aunque sean a menudo asociados a la fuerza y la autoridad, su apelo viene antes de la combinación de la disciplina y permisividad que representan: permisividad para los que “se la merecen”, los ciudadanos de bien, los que “son como nosotros”; y disciplina para los demás. De este modo, encarnan una concepción de mundo en que el orden –las relaciones de poder que están codificadas en los valores tradicionales, pero también en las relaciones de mercado– está por encima de la igualdad formal frente a la ley. Estos últimos factores no son accesorios, sino esenciales: es lo que explica que ni los intentos de desestabilización de la democracia ni las eventuales condenas criminales acaban por debilitar estas figuras frente a sus apoyadores.

Además de estas semejanzas estructurales, hay mucha emulación y colaboración directa entre estos líderes, y por ende bastante intercambio de técnicas, tácticas y estrategias.

¿Qué es lo que está agotado para esos amplios sectores, de la realidad construida bajo el orden liberal, que esta ultra derecha sabe interpretar y traducir en políticas activas?

Las políticas efectivamente implementadas no traen soluciones a ese agotamiento sino la radicalización de sus condiciones. Pero esto no importa porque la extrema derecha logra desplazar hacia los otros jugadores un rechazo que podría estar dirigido contra las reglas del juego.

Más de cuatro décadas de hegemonía neoliberal han producido una explosión de la desigualdad, y por lo tanto una gran cantidad de perdedores. Hubo, sin embargo, un momento en los años 90 y 2000 en que una sucesión de burbujas financieras creó en muchas partes una ilusión de expansión y las condiciones para políticas de reconocimiento que favorecieron a sectores de grupos históricamente marginalizados como mujeres, personas LGBTQIA, negros etc. Es lo que Nancy Fraser nombró “neoliberalismo progresista”, frecuentemente patrocinado por una vieja socialdemocracia que se había vuelto, en términos económicos, ardientemente neoliberal.

La crisis de 2008, cuyos efectos siguieron propagándose por el mundo durante los años siguientes, y que en algún sentido nunca se acabó, pone fin a este momento. De cierto modo, es la plausibilidad de las promesas de buena vida del neoliberalismo que se acaba ahí, porque la economía nunca volvió a ser lo que era, y porque queda claro que, en horas de crisis, será la gente común que pagará para mantener las ganancias de los más ricos. Lo que resta, entonces, es una disputa cada vez más feroz por migajas cada vez menores, una perspectiva que la sombra del cambio climático vuelve aún más siniestra. La naturalización de esta idea de que, en la base de la pirámide social, hay un conflicto inevitable de todos contra todos, facilita la operación retórica elemental de la extrema derecha, que consiste en promover la confusión de derechos con privilegios y viceversa.